A 95 años de su asesinato: Pancho Villa, uno de los líderes de la Revolución Mexicana, que encabezó una invasión de EEUU

Las historias de los grandes revolucionarios tanto Villa como Zapata fueron ampliamente tergiversadas por los “vencedores” de la revolución, luego reagrupados en lo que hoy es el PRI.

Las plumas de connotados escritores fueron utilizadas para ello. Fue hasta los años setentas del siglo XX que aparecieron publicaciones de investigadores que dieron a conocer una visión más apegada a la realidad. En el caso de Francisco Villa hay que destacar los trabajos del historiador alemán Friederich Katz.

Sin embargo las hazañas e historias de Villa al igual que las de Zapata nunca dejaron de manifestarse en el imaginario popular, a pesar de la indiferencia del partido en el poder. Desde los viejos corridos hasta los más nuevos inclusive compuestos por rockeros de los 80’s, siguieron manteniendo viva la leyenda del Centauro del Norte , como podemos apreciar en esta pequeña muestra de música y letra para conocer a este caudillo de la revolución en Nueve canciones que cuentan la vida y la muerte de Francisco Villa.

Luces y sombras de su papel en la Revolución Mexicana marcaron el derrotero de Villa. Él era parte de “la larga historia de conflictos agrarios y sociales en distintas zonas de Chihuahua, Durango y la comarca lagunera, de donde surgieron los contingentes centrales de lo que luego fue la División del Norte”. Al comienzo de ésta, estaba compuesta de una sumatoria de caudillos combatientes locales que luego decidieron centralizarse bajo el mando de Villa.

Tuvo en sus manos la vida de Obregón, de quien desconfiaba como agente carrancista, pero los demás dirigentes le obligaron a perdonarle la vida. La dureza de los combates le hacían imponer su mano dura apoyado en sus Dorados lo que aprovechaban los enemigos para denostarlo. Finalmente, a pesar del boicot de Carranza le quebraría el espinazo al ejército federal.

En Palacio Nacional

El avance de las fuerzas revolucionarias en la capital mexicana, fue el cenit de la gesta de Villa y Zapata, después de la Convención de Aguascalientes, de la que Carranza, escoltado por Obregón, huyó cuando comprobó que los demás generales querían suprimirlo como Jefe de la Revolución, título que se auto otorgó al lanzar el Plan de Guadalupe, éste no paró hasta llegar a Veracruz,mientras Villa y Zapata arribaban a la capital, como lo relatamos en Un día como hoy, de 1914, Zapata y Villa toman la Ciudad de México.

Batallas decisivas

No pudiendo convertir la capital en su centro de operaciones para cercar a sus enemigos en el puerto, Villa y Zapata se replegaron hacia sus centros de origen.Esto marcó el destino de la batalla entre Convencionistas y Constitucionalistas, éstos apoyados materialmente por el gobierno yanqui. La suerte quedaría echada en un importante episodio de la revolución: La primera batalla de Celaya

Castigando a los capitalistas yanquis

Hay que considerar un hito histórico: la Batalla de Columbus, la única vez que un ejército latinoamericano invadió suelo estadounidense, en El día que Pancho Villa invadió Estados Unidos.

El 9 de marzo de 1916, 600 milicianos pertenecientes a la División del Norte encabezados por el General Francisco Villa cruzaron la frontera mexicana hacia los Estados Unidos y atacaron a la población fronteriza de Columbus. Fue la única vez en la historia norteamericana que un ejército latinoamericano atacó su territorio.

Las aguerridas tropas villistas se lanzaron contra un destacamento militar y luego de 6 horas de combate fueron rechazadas hacia México, en lo que se conoció como la Batalla de Columbus. Los seguidores de Villa capturaron 80 caballos, 30 mulas y 300 fusiles; incendiaron un hotel y mataron a ocho militares estadounidenses y diez civiles.

En respuesta, el gobierno de los EE.UU. envió el 14 de marzo de 1916 la Expedición Punitiva encabezada por el General John J. Pershing compuesta en un principio por casi cinco mil soldados que fueron aumentados hasta completar la cifra de diez mil. El ex presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower, y el general George Patton, líderes militares de EE.UU en la Segunda Guerra Mundial fueron parte de la expedición que tenía por objetivo capturar a Villa para ser juzgado en territorio norteamericano como un bandido. La expedición culminará desastrosamente en febrero de 1917, sin haber logrado el objetivo de capturar al líder de los campesinos revolucionarios en el estado de Chihuahua y habiendo resentido las relaciones políticas con el entonces presidente Venustiano Carranza.

La invasión de las fuerzas villistas a Columbus fueron la respuesta de Pancho Villa al apoyo norteamericano a Carranza en la guerra civil y tuvo un componente de venganza particular que era capturar y fusilar a Sam Ravel, un traficante de armas norteamericano que había estafado a Villa vendiéndole munición inservible a pedido expreso del gobierno de Woodrow Wilson.

Francisco Villa y Emiliano Zapata fueron los líderes revolucionarios del campesinado mexicano que luego de terminar con la dictadura de Porfirio Díaz se enfrentaron a Victoriano Huerta y posteriormente a Venustiano Carranza que representaba las pretensiones de la naciente burguesía mexicana de poner fin a la Revolución Constitucionalista sin tocar la propiedad de la tierra a favor del campesinado. Villa en Chihuaha y Zapata en Morelos pusieron fin al latifundio y repartieron la tierra entre los campesinos.

El punto más alto de la revolución campesina será el 4 de diciembre de 1914, cuando los dos líderes revolucionarios sellen su alianza en la Ciudad de México ocupada por las fuerzas campesinas que habían derrotado a las tropas de Carranza obligándolo a refugiarse en Veracruz. Y si en aquel encuentro Zapata y Villa sellaron la unidad de la División del Norte y las fuerzas zapatistas bajo el programa esbozado en el Plan de Ayala y la Convención Constituyente revolucionaria de Aguas Calientes, también allí mostraron la impotencia política de la dirección campesina al negarse a tomar el poder en sus propias manos.

Luego de la derrota campesina en la Revolución Mexicana, Washington, que en un principio apoyaba a Villa, se pasara decididamente a sostener el bando constitucionalista encabezado por Carranza. En este sentido la invasión al territorio norteamericano por Pancho Villa buscaba relanzar la ofensiva de su ejército revolucionario luego de las derrotas sufridas durante 1915 en manos del líder militar de los constitucionalistas Álvaro Obregon, que marcaron el ocaso de las fuerzas revolucionarias campesinas y la consolidación de la dirección burguesa de la Revolución mexicana.

La invasión a Columbus y la persecución por las tropas estadounidenses acrecentaron el mito de Villa quien había encabezado las grandes victorias militares del campesinado contra los constitucionalistas al mando de su temible División del Norte, verdadero brazo armado de la revolución campesina.

Una consecuencia de la Expedición Punitiva y su fracaso va a ser la imposición como credo oficial de la política exterior mexicana de la Doctrina Carranza, que reafirmaba la soberanía económica y territorial mexicana frente a las amenazas estadounidenses.

Defendiéndose de la invasión gringa

El ejército yanqui no pudo atrapar a Villa y, por el contrario, fue repelido por pobladores del norte del país, en lo que los gringos suponían que iba a ser una tarea sencilla, tuvieron que abandonar la misión sin lograr su objetivo final (como en Irak y Afganistán en nuestros días ¿a poco no?). Aquí te ofrecemos dicho relato sobre la respuesta bélica de Estados Unidos: Una “expedición punitiva” estadounidense repelida por el pueblo.

Fin de la División del Norte

La batalla de Agua Prieta fue el último intento de Villa por recomponerse luego de las derrotas de Celaya, pero fue vencido con la acción coordinada de Obregón y el gobierno yanqui que le permitió el transito al manco de Celaya por su territorio para sorprender a Villa. Y es que para entonces la Revolución Mexicana había llegado a convertirse para EE.UU. en un foco potencial de sedición que afectara sus intereses y la estabilidad del sistema de dominación imperialista en ciernes, como relatamos en: La Revolución mexicana y los Estados Unidos de América.

Francisco Villa no puede pasar desapercibido en la historia, como los gobernantes de los ricos quisieran, y hasta tienen que recordar el aniversario de su asesinato, para apropiarse de una gran gesta histórica del pueblo mexicano y vaciarla del contenido más avanzado que encarnaron el mismo Villa y Emiliano Zapata: la lucha por la tierra y contra los hacendados.

(Fuente: La Izquierda Diario)

¡Viva Mexico, cabrones!: La trágica muerte de Pancho Villa que forjó un mito nacional

El padre de México reaparece cada 20 de julio como mito fantasmagórico en las calles del país donde solo la muerte es capaz de transformar un grito revolucionario en lema nacional.

“Parral me gusta hasta pa’ morirme” vaticinó sin saberlo Pancho Villa, el padre de la nación mexicana, con permiso de Pedro Páramo. Corría el año 1923 y se acercaba el relevo del presidente laboralista Álvaro Obregón, al que aspiraban Plutarco Elías Calles —quien acabaría levantándose en armas— y Adolfo de la Huerta. El héroe revolucionario había mostrado abiertamente su apoyo a este último con la esperanza de extender sus reivindicaciones sobre la soberanía campesina, pero la burguesía estadounidense guardaba 150 balas en la recámara para impedirlo.

Desde hacía años, Francisco Villa vivía apartado de la vida pública junto a su familia en una hacienda de Canutillo, localidad perteneciente al estado de Durango. Desde allí partió a principios de julio rumbo a Hidalgo de Parral, ciudad ubicada en el sur de Chihuahua, donde pretendía reunirse con algunos camaradas. Sus hijos “sintieron algo” antes de su partida y rompieron a llorar agarrados a sus piernas, de acuerdo al testimonio de Juana María Villa. “Si no nos volvemos a ver en esta vida, nos veremos en la otra”, les consoló su padre la última vez que lo vieron.

Pese a ser consciente de que bullían conspiraciones para acabar con su vida, algunas de ellas frustradas por él mismo, confiaba en la limpieza de los candidatos presidenciales, según relata Friedich Katz en su biografía sobre Pancho Villa. Por eso rehusó la escolta de 50 hombres que habitualmente le protegía en sus viajes y únicamente anduvo acompañado por cinco, entre los que se incluían el general Trillo y su asistente de confianza, Daniel Tamayo.

A bordo de su mítico automóvil Dodge Brothers, atravesó Parral para dirigirse a Río Florido con la intención de bautizar al hijo de un amigo. Allí, un grupo armado estuvo a punto de asesinarle de no ser porque decenas de niños que salían de un colegio se atravesaron en la carretera. La acometida culminaría 10 días después, cuando la comitiva de Villa retomó el camino a Canutillo.

Era el propio Villa quien conducía el coche a su paso por la calle Gabino Barrera cuando un hombre ataviado con un sombrero de palma, que más tarde sería identificado como Juan López, agitó la mano exclamando “¡Viva Villa!”, el viejo grito de guerra de la división encbezada por el líder revolucionario que ahora anunciaba su muerte: no era más que una señal que indicaba a los asaltantes que el conductor reducía la velocidad para girar a la derecha.

Tras el punto ciego de la curva les aguardaba una nube de balas que destrozó los cristales del vehículo; 150 para ser exactos, de las cuales 13 atravesaron el cuerpo robusto de la revolución mexicana causando, al instante, su muerte. “Tres hombres de la escolta terminaron también muertos y dos heridos”, relataba al día siguiente la crónica de ‘El siglo de Torreón’.

Los encargados de ejecutar la operación fueron Jesús Salas Barraza, diputado local de Durango, y su cómplice Melitón Lozoya, en coordinación con el general Joaquín Amaro. Pero la autoría intelectual corría a cargo del todavía presidente Álvaro Obregón y su sucesor, Plutarco Elías Calles, que respondieron así a las demandas del Gobierno de Estados Unidos, cuyas condiciones para reconocer la legitimidad de su análogo mexicano pasaban por la eliminación de Villa.

El cadáver de Pancho Villa no encontró reposo en el cementerio de Parral, profanado por mercenarios a sueldo del rey de la prensa sensacionalista, William Randolph Hearst, en busca de su calavera. Tal vez por ello reaparece cada 20 de julio como mito fantasmagórico en las calles del país donde solo la muerte es capaz de transformar un grito revolucionario en lema nacional: ¡Viva México, cabrones!

(Fuente: El Confidencial)

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