Simone Maulu, independentista de Cerdeña: “La auténtica izquierda es la izquierda independentista”

El pasado 26 de septiembre, tres días después de ser detenido en el aeropuerto de Alguer por las autoridades italianas, el expresidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, regresó a la isla de Cerdeña para asistir a unas jornadas culturales y en la Corona de  Logu , la asamblea de cargos independentistas sardos, que se celebraba en el pequeño municipio de Oristany. Entre los anfitriones estaba el IRS  (Independencia República de Cerdeña), un partido con aires de movimiento social que se reconoce en el internacionalismo y la izquierda transformadora. Simone  Maulu, portavoz de la formación, pone en contexto aquella reunión y el proceso de confluencia en el que se encuentra la lucha por la autodeterminación en Cerdeña, la segunda isla más grande del Mediterráneo, sometida al control político, el expolio y el empleo militar de Italia desde 1861.


Por lo general se desconoce bastante la realidad sarda. ¿A qué lo atribuyes?

Nuestra historia no se enseña en la escuela y, cuando hablan los libros, se nos describe como un pueblo atrasado. A partir de ahí, aparece el fenómeno de la vergüenza de nosotros mismos, la creencia de que no valemos nada y somos perdedores, cuando es exactamente lo contrario. Ante este déficit, desde iRS  reclamamos que se enseñe nuestra historia a todos los centros educativos, ya que este vacío tiene repercusiones en el ámbito cultural y lingüístico. Nuestra lengua –románica como el castellano, el catalán, el occitano y con un fuerte sustrato  prelatino que incluye palabras idénticas al euskera– no tiene rango oficial y, más allá de algunas publicaciones, está prohibida en las escuelas y la administración. Y esto provoca que cada vez menos jóvenes la utilicen, hasta el extremo de que, si no invertimos la tendencia, en una generación podría desaparecer.


Si nos centramos en la situación económica y social, ¿en qué problemas se encuentra Cerdeña?

Destacaría la falta de inversiones en el sector del campesinado, el más importante de la isla, lo que genera la paradoja de que, en lugar de ser exportadores de esta riqueza, el 80% de las frutas, verduras y carnes que consumimos son de importación. También importamos más de 300  quintales al día de pan congelado, cuando Cerdeña siempre ha sido famosa por sus cultivos de trigo. Éste es el resultado de las políticas que nos impone el Estado italiano: destruye nuestra producción para convertirnos en una isla de servicios y, a base de menospreciar la actividad agrícola, permite que los especuladores abrumen las tierras no cultivadas apoderen del negocio de la energía renovable. Al fin y al cabo, los políticos que han gobernado o gobiernan ahora Cerdeña han utilizado el poder como trampolín para su carrera personal en el parlamento italiano o en los grandes partidos del Estado.


¿El independentismo sardo es la respuesta a estas carencias?

Nuestra independencia no nace contra ellos, sino a favor de la liberación nacional y social de la isla. Éste fue el motivo del nacimiento de iRS , cuya voluntad es devolver a Cerdeña el papel histórico que ha tenido en el seno del Mediterráneo. Y esto significa recuperar la transmisión de nuestra historia, geografía, economía y forma de ser felices, lo que exige apropiarnos de nuestras instituciones. Porque, sin poder legal e institucional, difícilmente podremos prosperar.


¿La independencia política es su garantía?

Sí, pero antes es necesario conquistar la independencia energética, alimentaria, fiscal y cultural. La soberanía política sólo será la culminación de un cambio más profundo, que no debe contemplar la búsqueda de una democracia formal que divide a la gente, sino un sistema que active a la población en la búsqueda activa y de los temas que le afectan. No sólo es una toma de conciencia, sino una asunción de responsabilidad, puesto que no podemos delegar el futuro y la felicidad en los demás. En definitiva: necesitamos un cambio radical en la estructura institucional que implique a la ciudadanía, superando a la democracia delegada por una democracia participativa.

¿El ecologismo y el antimilitarismo van asociados a este cambio que defiende?

Son principios para todos los que no se reconocen en la filosofía dominante, que es profundamente capitalista, militar y opresora. Una filosofía que ve la tierra como un activo sobre el que sacar provecho y no como patrimonio colectivo a preservar. En Cerdeña, tenemos el 60% de las instalaciones militares italianas, que ocupan una superficie de 35 mil hectáreas que deberían servir para actividades civiles y productivas. Pero en cambio, son arrendadas a multinacionales que prueban dispositivos de guerra, incluidos misiles de uranio empobrecido, y ejércitos que realizan maniobras en la zona.

¿Qué beneficio le saca el Estado italiano?

Se calcula que unos 50.000 euros por hora. Pero lo peor no es que haga negocio, sino que permite una actividad que causa un enorme perjuicio sobre el medio y la salud de la población. De todas formas, gracias a nuestra persistencia, hoy ya son 130 los comités locales dispuestos a combatir la contaminación, defender el territorio del saqueo de varios particulares y evitar la implementación de proyectos especulativos que dañan el ecosistema.

A diferencia del independentismo vasco o corso, el movimiento sardo siempre se ha caracterizado por la desobediencia civil no violenta. ¿Qué explicación ves?

iRS fuimos el primer movimiento de la isla en declararse no-violento. Y lo hicimos a pesar de que algunos lo veían una blasfemia. Pero nuestra elección es clara: no queremos responder a la violencia con mayor violencia, sino hacerlo con una forma de lucha que llamamos guerrilla virtual. Es decir: una guerra de guerrillas formada por acciones simbólicas e imaginativas.


Hasta ahora, ¿cuáles han sido las más relevantes?

Recuerdo en el 2001, cuando diferentes líderes del movimiento ocuparon el polígono militar de Salto di Quirra, que acoge la mayor plataforma de lanzamiento de misiles de Europa. Nadie hasta entonces se había atrevido a acercarse a esa zona. Y después, en 2005, organizamos una gran manifestación en Palau contra la presencia de la base estadounidense en Cerdeña que alojaba submarinos con motor nuclear. La marcha acabó con la ocupación de la isla de Santo Stefano donde, frente a las puertas de la instalación militar, bajamos las banderas estadounidense e italiana e izamos la sarda. Pocos meses después, los estadounidenses abandonaron su base. Sin olvidar la ocupación, el mismo año 2005, de Villa Certosa, la residencia que  Silvio Berlusconi, entonces primer ministro italiano, quería construirse en un recinto de la isla de 4.500 metros cuadrados que incluye un parque de 126 hectáreas. Al ver la impunidad con la que había actuado, un centenar de activistas ocupamos Villa Certosa con disciplina militar, pero de forma absolutamente pacífica, que demuestra que se pueden cambiar las cosas si hay voluntad, organización, imaginación y coraje en las ideas. Creo que Cataluña, especialmente en los últimos años, lo ha demostrado con creces.

A pesar de estas campañas, todavía no sois mayoritarios ni influyentes en las instituciones. ¿Cuál es el principal motivo?

Tenemos poca presencia institucional, cierto. Y eso que en 2012 una investigación sobre identidad, autonomía e instituciones regionales, realizada por la Universidad de Cagliari en colaboración con la Universidad de Edimburgo, apuntaba a que el 40% de los sargos se declaran partidarios de la independencia, el 90% cree que las instituciones sardas se gestionan mal y un 80% que Cerdeña debería tener más competencias y, por tanto, más soberanía. En cualquier caso, el reto es traducir este potencial en consenso político y trabajar para alcanzar la República independiente de Cerdeña. En cuanto a la presencia institucional, el problema es que somos víctimas de una ley electoral golpista que impone una barrera del 10% en las coaliciones y un 7% a quien se presenta solo. Una golpe letal para la pluralidad democrática, ya que con estos umbrales, cualquier movimiento que concurre fuera de una coalición y obtiene un bagaje de 80.000 votos, es imposible que entre en el Parlamento sardo. La otra gran batalla, pues, es cambiar esta ley y, en paralelo, luchar por recuperar la pluralidad informativa que antes se expresaba en numerosas emisoras de radio y televisión locales, pero que, con la llegada del digital terrestre, muchas han desaparecido. Hoy sólo tenemos una televisión que cubre toda Cerdeña y dos periódicos vinculados a la política italiana. muchas han desaparecido. Hoy sólo tenemos una televisión que cubre toda Cerdeña y dos periódicos vinculados a la política italiana. muchas han desaparecido. Hoy sólo tenemos una televisión que cubre toda Cerdeña y dos periódicos vinculados a la política italiana.

El proceso de diálogo que  iRS  ha iniciado con  ProgReS  y Torra! bajo  el nombre de Est Ora, ¿abre un camino de oportunidades para el independentismo sardo?

Con este proceso pretendemos romper el modelo de sociedad competitiva e individualista en el que vivimos. Pero queremos hacerlo a partir del círculo, símbolo de nuestra cultura milenaria basada en el diálogo. El círculo aplasta jerarquías, estimula la colaboración y exige respeto, a la vez que permite superar las guerras fratricidas entre separatistas. Aprendiendo otras experiencias, creemos que Est Ora dará frutos, porque se están involucrando en ellos antiguos activistas, jóvenes universitarios y personas que nunca habían encontrado un proyecto que les animara. Todo esto nos da fuerza para seguir creciendo.

¿Qué relaciones mantenéis con el independentismo catalán?

Muchos de sus representantes vienen cada año a nuestra Festa Manna, un evento histórico para el independentismo, así como en las conferencias internacionales que organizamos. Y por nuestra parte, participamos como observadores tanto en la primera consulta de Arenys de Munt como en el referéndum del 1 de octubre, el acto de soberanía popular más importante que ha tenido lugar en Europa en los últimos siglos. Para nosotros, el independentismo catalán es una esperanza para todos los pueblos en lucha, puesto que con el referéndum puso de manifiesto esta Europa falsamente democrática y que la auténtica izquierda es la izquierda independentista, ya que las izquierdas estatales, que por naturaleza deberían ser portadoras de la emancipación y el cambio, están alineadas con los conservadores y quienes repriman los impulsos populares en lugar de escucharlos. Ante esto, el único antídoto es la colaboración de las naciones sin Estado y la defensa solidaria con los movimientos que plantean un modelo alternativo de Europa.

¿Pueden Cataluña y Cerdeña contribuir a esto desde el Mediterráneo?

Sin duda, porque la Europa actual es la de un conglomerado de estados al servicio de los mercados, bancos, FMI y multinacionales. Actores de un neoliberalismo contra el que la única salida está en manos del independentismo y el internacionalismo social. Ahora bien, para que estos movimientos de base, trabajadores y asociaciones de diferentes ámbitos se conviertan en una alternativa, es necesario que intensifiquen las relaciones. No tanto para fortalecer la solidaridad, que también; sobre todo para generar iniciativas comunes. Cerdeña, Cataluña, Córcega y País Vasco podrían empezar a tejer esta red y, de hecho, ya lo están haciendo.

Fuente: Directa.

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1 respuesta

  1. 28/10/2021

    […] entra­da Simo­ne Mau­lu, inde­pen­den­tis­ta de Cer­de­ña: “La autén­ti­ca izquier­da es la iz… se publi­có pri­me­ro en La otra […]

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