Alemania: Entrevista a Die Linke: “Una izquierda que se aleja de las capas socialmente discriminadas es, también ella, responsable de la subida de las derechas”

Albrecht Müller: El diario de mi región publicó el 22 de noviembre en primera página el siguiente titular: “Wagenknecht destrona a Merkel”. Hubiera sido fantástico de haberse tratado de la cancillería. Sin embargo, se trata de una encuesta, de la que NachDenkSeiten ya informó el 21 de noviembre. Que haya superado en esta encuesta de preferencias a Angela Merkel es reseñable y gratificante. ¿Qué significa? ¿Qué piensa hacer con este potencial?

Sahra Wagenknecht: Por descontado, me alegré mucho del resultado de la encuesta, pero no debe ser sobreinterpretado. En este sondeo los encuestados deben puntuar si un político “representa sus intereses” o no. Los resultados varían de semana a semana por algunos puntos, lo que puede hacerle a uno subir o bajar. Así pues, ese puesto exacto es, por ahora, temporal. Lo que me alegra es que en estas y otras encuestas parecidas por lo general recibo buenos resultados. Eso muestra que la política que defiendo es la que muchos apoyan. Esta opinión es para mí un importante estímulo para continuar trabajando políticamente para otras mayorías y por una sociedad más solidaria.

AM: ¿Cómo podrían utilizarse estos resultados para reemplazar a Merkel o a su sucesora en la cancillería?

SW: Hace años que propongo otra línea política para La Izquierda de la que representa la actual dirección del partido. No debemos convertirnos en un partido del estilo verde-liberal, que con sus temas y discurso llega, en el mejor de los casos, a la clase media urbana y con estudios superiores. La tarea de un partido de izquierdas es representar a quienes deben esforzarse cada vez más por mantener su bienestar, esto es, a los damnificados por la globalización neoliberal, no a sus ganadores. Con esto no quiero decir que una izquierda que se perfile como defensora consecuente y popular de la clase media-baja y de los pobres pasado mañana pueda alzarse con la cancillería, pero en todo caso sería más fuerte que La Izquierda actual que, por desgracia, con la ausencia de Turingia y Bremen despide este año con un resultado catastrófico en las elecciones.

AM: Usted es algo así como la voz de la razón en un ambiente por lo demás muy poco dado a ella. Planteemos que su voz sigue siendo escuchada, ¿cuáles serían sus principales propuestas programáticas?

SW: Me parece importante aclarar los cambios de orientación que ha experimentado en las últimas décadas la política de izquierdas, su base social y su percepción pública en casi todos los países de la Unión Europea. Según una concepción clásica, la cuestión social, la lucha por buenos salarios y una seguridad social, era el núcleo de una política de izquierdas. En correspondencia, los partidos de izquierdas tenían su base en aquellos que dependían de un mercado laboral correctamente regulado, una buena infraestructura pública y un Estado del bienestar fuerte. Todas estas características fueron duramente combatidas en el marco de los estados nacionales y progresivamente socavadas a través de la globalización de la economía, la apertura de los mercados y los tratados comunitarios, que consagraban la retirada del Estado y la limitación de sus competencias reguladoras. Este desarrollo es una amenaza existencial para los estándares de vida de los antiguos votantes de los partidos de izquierdas. Para muchos, el declive social ha dejado de ser un temor en el futuro para convertirse en una amarga realidad presente, como ocurre con quienes han sido relegados a los empleos de bajos salarios en el sector servicios o para muchos de nuestros mayores con pensiones de miseria.

AM: ¿Sólo hay perdedores?

SW: También hay ganadores de la globalización neoliberal. Principalmente pertenecen a ellos la capa superior tradicional, que dispone de rentas y capital para invertir, y que pudo aumentar enormemente sus dividendos y riqueza en estos últimos años. Pero es importante entender que hasta cierto punto también pertenecen los ganadores la nueva clase media urbana, es decir aquellos en las nuevas profesiones altamente cualificadas y remuneradas que existen desde las finanzas y el asesoramiento hasta la programación de software, la publicidad o los medios. La mayoría de estos trabajos han surgido en grandes empresas de ámbito internacional, integradas a menudo en relaciones laborales transnacionales. Exigen el conocimiento de idiomas y un conocimiento profundo de otras culturas. Esta nueva clase media, surgida en las últimas décadas como un medio social autónomo y que reside en los encarecidos barrios de moda de las grandes ciudades, vive en otro mundo y tiene, en muchos aspectos, otros intereses que los del cartero que le sube por las escaleras sus pedidos por internet, la mujer que le limpia su casa o también el trabajador industrial de la pequeña ciudad, atenazado por el temor de que en cualquier momento su empresa será deslocalizada a un país con salarios más bajos o estándares medioambientales menos exigentes y, con ello, que desaparezcan las últimas empresas que pagan bien en su región.

AM: ¿Hablamos de los mismos sectores del electorado que han perdido los partidos de izquierdas?

SW: Las rentas altas urbanas son hoy el grupo de votantes más importante de Los Verdes, pero cada vez más también de los socialdemócratas y La Izquierda. Este medio social tiene una manera de pensar y de vivir según la cual, desde su punto de vista, la globalización, la emigración, la Unión Europea y el Estado nacional, son, hoy, de “izquierdas”, mientras que las antiguas corrientes mayoritarias socialdemócratas son de repente sospechosas de nacionalismo o incluso de racismo. El resultado es que la mayoría de los trabajadores y pobres considera hoy “la izquierda” como una ideología de los gobernantes, de quienes sacan tajada de la globalización neoliberal, y no se equivocan del todo. Es una evolución incorrecta, y grave. Una izquierda que se aleja de las capas socialmente discriminadas y sus intereses es, también ella, responsable de la subida de las derechas. La última victoria de la socialdemocracia danesa demuestra, por ejemplo, que una izquierda con una estrategia popular y orientada a las aspiraciones de la mayoría social puede volver a imponerse de manera sorprendentemente rápida a los partidos de derecha. Eso también sería posible en Alemania.

AM: ¿Cómo podría llevarse este discurso razonable a lo organizativo o a los medios?

SW: Se trata de tomar conciencia de qué va mal y por qué. Aceptar que antiguos votantes de La Izquierda no se pasan a Alternativa para Alemania (AfD) porque de repente se hayan tornado racistas, sino porque no se ven reflejados en partes importantes de la oferta política de la actual izquierda. No se puede declarar superado al Estado nacional, por ejemplo, y al mismo tiempo reclamar un fuerte Estado del bienestar, ya que no existe condiciones institucionales transnacionales ¡y menos aún el consenso!, para una redistribución a gran escala y una red social garantista. Pero justamente eso, una seguridad en los estándares de vida y no simplemente de existencia, fue antaño una de las demandas del Estado social alemán. Al apostar por un retorno de lo social en la política de izquierdas en vez de abanderar las políticas de identidad de moda de turno no se hace uno muchos amigos en los medios de comunicación, ni siquiera en los supuestamente de izquierdas. En ese sentido, tanto más importante son blogs como NachDenkSeitenMakroskop y otros para dar a conocer esa posición a la opinión pública. Personalmente acabo de abrir un canal de YouTube que espero que tenga repercusión. Comenzaré comentando semanalmente la actualidad y respondiendo a comentarios y preguntas.

AM: ¿Qué pasará con Aufstehen [En pie]?

SW: Aufstehen tiene hoy más de 150.000 miembros y vuelve a presentar una tendencia al alza. Se trata abrumadoramente de personas sin carnet de partido de lo que fue el medio socialdemócrata y que hoy apenas se sienten representados por los partidos de izquierdas. Muchos participan en grupos locales y organizan encuentros y acciones, como un debate entre Kevin Kühnert y yo misma en septiembre, que tuvo una repercusión nacional. La tarea decisiva, la de llevar a las calles un movimiento amplio con reivindicaciones sociales, no se ha cumplido hasta la fecha, aunque sigue siendo de plena actualidad. Los sueños de desmantelamiento social de la actual presidencia de la CDU pueden conducirnos a una situación de urgente necesidad de oponerse al próximo recorte de las pensiones y otros tipos de recortes en todo el país.

AM: ¿Ve la posibilidad de unificar a todos los grupos progresistas en nuestro país?

SW: Hay una parte significativa de nuestra población que hoy no tiene ninguna voz política y que no se ve representada por ningún partido. Tampoco por AfD, que, en parte, es la opción electoral de estas personas, representa en modo alguno sus intereses y la mayoría de ellos lo saben. Si la izquierda política se presentase como una fuerza convincente –ya fuesen los socialdemócratas, La Izquierda, o ambos partidos– que, de manera creíble, pugnase por un nuevo orden económico y social, que asegurase el bienestar de la clase media amenazada, demoliese el sector de trabajos precarios y mal pagados y protegiese a los ciudadanos de la explotación, la inseguridad y los tiburones financieros, esto sería, con toda seguridad, una fórmula de éxito. Además, urge por motivos medioambientales una re-regionalización de la economía, un Estado fuerte, innovador y con capacidad de inversión, y poner fin a la producción de usar y tirar, que es una gran derrochadora de recursos. Debemos hablar de nuevas formas de propiedad económica que posibiliten una nueva orientación en ese sentido. La sociedad anónima, con sus accionistas y orientación incondicional a los beneficios a corto plazo, no es ninguna base para ello.

Fuente: www.sinpermiso.info

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Carlos Ríos

Vine al mundo en Granada en 1977. Soy licenciado en Geografía y trabajador en el sector de la enseñanza. Escribí "La identidad andaluza en el Flamenco" (Atrapasueños, 2009) y "La memoria desmontable, tres olvidados de la cultura andaluza" (El Bandolero, 2011) a dos manos. He hecho aportaciones a las obras colectivas "Desde Andalucía a América: 525 años de conquista y explotación de los pueblos" (Hojas Monfíes, 2017) y "Blas Infante: revolucionario andaluz" (Hojas Monfíes, 2019).
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