Expulsión de los moriscos andalusíes

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09/04/2021 todo el día
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El 9 de abril de 1609 el rey castellano Felipe III firmó el decreto de expulsión de los moriscos. Alrededor de 300.000 andalusíes se vieron obligados a abandonarlo todo por el mero hecho de ser cristianos nuevos.

“Fue una decisión política identitaria de representación del poder. No es una casualidad que ese mismo día, el 9 de abril de 1609, se firmara la tregua con los protestantes holandeses tras la Guerra de los Doce Años. Con este gesto Felipe III le estaba diciendo al mundo: Hemos pactado con los herejes protestantes, pero somos tan católicos que somos capaces de expulsar al 4,30% de nuestra población por ser moriscos”, explica Manuel Peña Díaz, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba y director de la revista Andalucía en la Historia que edita el Centro de Estudios Andaluces. Esta publicación ha recogido en su número de este mes un artículo del mismo Peña Díaz y una entrevista con el hispanista francés Bernard Vincent, uno de los grandes especialistas en el tema y autor de varios libros sobre este éxodo.

La expulsión de estos antiguos musulmanes, oficialmente convertidos al catolicismo pero que en su mayoría seguían conservando sus costumbres, afectó especialmente a Sevilla que, con 7.000 moriscos, era la ciudad con mayor número de estos cristianos nuevos. De Andalucía se vieron obligados a salir unos 32.000 según las cifras oficiales.

“Para justificar el decreto, la monarquía los acusó de herejes y alegó que los moriscos suponían un peligro para el país por la posibilidad de que se aliasen con los otomanos de Estambul o con los berberiscos del Norte de África; pero la realidad es que su salida es la consecuencia de un fracaso pastoral. La Iglesia no fue capaz de convertirlos totalmente y por eso apoyo la decisión del monarca”, comenta Peña Díaz.

Según el historiador la maurofilia estaba muy extendida en el país y existía una corriente de los moriscos que buscaba una síntesis con la espiritualidad cristiana. Prueba de ello son los libros plúmbeos que aparecieron en el Sacromonte de Granada en el siglo XVI y que contenían textos cristianos tanto en árabe como en latín, aunque al final resultaron ser falsificaciones para apoyar esta necesidad de acercamiento.

“Una de las formas que los cristianos tenían de detectar a los moriscos era por la higiene. Los acusaban de que se lavaban una vez a la semana, los viernes, y que incluso lo hacían en diciembre; frente a los cristianos que huían del baño. Parece ser que el tiempo le ha dado la razón a los moriscos y que sus costumbres son ahora las nuestras. Ellos cocinaban con aceite de oliva, mientras que los cristianos lo hacían con tocino; comían muchas frutas y verduras, usaban perfumes y vestían ropas de colores vivos”, dice el historiador.

El origen del flamenco y de los verdiales malagueños puede estar, según el historiador, en los moriscos que para evitar el éxodo se unieron a los gitanos nómadas llevando consigo sus cantes y bailes.

Fuente: https://elpais.com/diario/2009/04/10/andalucia/1239315733_850215.html / 

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Francisco Vílchez

Andaluz de Granada (1980). Grado en Humanidades en la UGR. Pluriempleado en el sector servicios y aficionado a hablar de lo que la prensa no dice ni pío.

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