El gobierno “progre” comienza su andadura

Las barrabasadas que el primer ministro borbónico, elegido el martes por mayoría simple, fue soltando cuando se hallaba en funciones de ciudadano muy español, muy patriota y muy defensor de la Carta Magna, parecían dormir el sueño de los hipócritas, hasta que Gabriel Rufian, por un lado, e Inés Arrimadas por el otro, le recordaron algunas de sus afirmaciones más contradictorias.

Rectificar es de sabios, dijo un buen día el poeta británico Alexander Pope, que no pudo conocer a Pedro Sánchez porque aquel vivió en el siglo XVII y el nuevo mandatario parece que todavía no ha abandonado la Luna. Si Pope hubiera presenciado la sesión de investidura (167 síes contra 165 noes y 18 abstenciones) murmuraría algo así como “este tipo no solo no rectifica, sino que se calla ante las verdades que le recuerdan desde la izquierda republicana y por la derechona monárquica”.

Efectivamente, Sánchez, en su mejor imitación de una estatua de sal, miraba a Carmen Calvo con cara de póker, cuando se oyó en el hemiciclo: “¿Qué tal duerme usted, cuando sabe que va a nombrar como ministros/a a cuatro comunistas? Hace unos meses, declaró que jamás podría dormir tranquilo si esos cargos los detentara la gente de Podemos. ¿Y ahora, cómo se siente?“. La cara de Iglesias era un poema. La de Sánchez una careta.

Don Pedro no pidió disculpas a Cataluña, a su pueblo, o a Unidas-Podemos, por los desprecios y vejámenes de los que aún siguen siendo víctimas decenas de líderes del gobierno catalán, sus instituciones, organizaciones sociales y cientos de miles de ciudadanos/as que fueron objeto de palizas, golpes y agresiones gratuitas, por parte de unas “fieras de seguridad” a las que el PSOE animaba y elogiaba, aunque las órdenes provenían del gobierno de Rajoy.

Pablito Iglesias, que lloraba de emoción ante los 150.000 euros anuales que se van a llevar entre él y su compañera, como responsables de sendas carteras, evitó, con la complicidad de su socio de la Moncloa,  que en el acuerdo suscrito entre ambos, no se dedicara ni una sola línea a abordar los disparatados sueldos públicos de las miles de personas que forman el cuerpo político del país. Los cocodrilos son más sinceros cuando vierten lágrimas.

Los sueldos más espectaculares no son los de ministros o vicepresidentes, pero podrían ser los de Manuel Marchena, Presidente de la sala de Supremo que condenó a los independentistas, y los de quince magistrados que componen la Sala de lo Penal, que perciben, cada uno, más de 115.000€ anuales, lejos de los 300.000 que en 2019 ganó Carlos Lesmes, magistrado que dirige el Tribunal Supremo.

Mientras decenas de miles de jubilados/as esperan los 5, 6 ó 7 euros que “aumentarán” su retiro mensual en un 0’9%, resulta lógico que los componentes de ese grupo de rock progresivo que forma el nuevo gobierno, vea como “progresan” sus salarios y prebendas. Todo un ejemplo de ayudas sociales… ¿o socialdemócratas?

Fuente: www.tenacarlitos.wordpress.com

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Francisco Vílchez

Andaluz de Granada (1980). Grado en Humanidades en la UGR. Pluriempleado en el sector servicios y aficionado a hablar de lo que la prensa no dice ni pío.
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