18 de agosto de 1487: La primera caída y matanza de Málaga

El 18 de agosto de 1487, tras meses de resistencia encarnizada y heroica por parte de sus habitantes al sitio al que los tenían sometidos las huestes castellano-aragonesas, Málaga se rinde a los invasores.

El asedio a la ciudad había durado alrededor de cuatro meses, durante los cuales los malagueños no sólo resistieron exitosamente cada envestida del  invasor, sino que realizaron varias salidas, a modo de contraataques, que produjeron innumerables bajas entre los sitiadores, haciendo cundir el desconcierto y el desánimo entre los mismos.

Málaga, por tanto, como muchas otras poblaciones andaluzas, y en contraposición a la falsa calificación que a aquellos hechos les otorga la historiografía oficial, nunca fue tomada, sino entregada por sus habitantes, rendidos no por las armas sino mediante el hambre y la sed. Nunca existió una “Toma de Málaga”, como tampoco de Granada, Sevilla, Huelva, etc., más que en la calenturienta imaginación del españolismo.

Al día siguiente, el 19 de agosto de 1487, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón harían su entrada triunfal. Tuvieron que retrasarla 24 horas debido a los miles de cadáveres que tapizaban sus calles y al hedor que éstos despedían por el proceso de descomposición, acelerado por el calor veraniego. Una vez retirados entraron como ocupantes.

No habían muerto en combate. Fueron asesinados por los ejércitos conquistadores en venganza por la resistencia ofrecida. La frustración de unas tropas que en número cercano a los cien mil soldados profesionales habían sido incapaces de vencer a unos pocos miles de milicianos y voluntarios inexpertos les hizo caer con saña sobre una población famélica y ya desalmada.

La Matanza fue premeditada. Ordenada por los “reyes católicos” como escarmiento por haberse opuesto a ellos con las armas en la mano y como mensaje a los andaluces de las poblaciones aún libres de lo que les esperaría en el caso de que pretendieran resistirse a sus conquista, como habían hecho  lo los malagueños. Miles de ellos fueron asesinados, hombres, mujeres y niños.

Alrededor de 15.000 supervivientes fueron encerrados en el primer campo de concentración de la historia, el improvisado en el Corral de la Alcazaba malagueña, y posteriormente vendidos como esclavos.

Málaga no sólo simboliza el genocidio sufrido por nuestro pueblo durante la conquista, así como la gloriosa resistencia ofrecida por nuestro pueblo, sino igualmente la mentira de la “repoblación” castellana. Una repoblación de Andalucía que en realidad era llevada a cabo con andaluces procedentes de lugares ya anteriormente pacificados.

Para la repoblación de la ciudad ordenada por los reyes castellano-aragoneses tras su sangrienta conquista, estos recurrirían a unas1.520 familias procedentes de los reinos “castellanos”. De ellas 589 acuden del Reino de Sevilla (Sevilla, Cádiz y Huelva), 270 del de Córdoba y 125 del de Jaén.  Sólo unos pocos centenares, 225 del de León y 165 del de Toledo no eran andaluces, y una parte de ellos no se asentaría definitivamente y volverían a sus tierras pasados unos años.

La Otra Andalucía

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