Málaga, 8 de febrero de 1937: “La desbandá”

Tras haber iniciado el ataque a la provincia de Málaga a principios de año, el ocho de febrero de 1937, tropas fascistas de camisas negras, mercenarios marroquíes y el ejército franquista al mando de Queipo de Llano, logran entrar en la Ciudad de Málaga, apoderándose de ella y controlándola en unas pocas horas, debido a que se encontraba defendida sólo por unos pocos miles de milicianos voluntarios mal pertrechados, al extremo de que Tan siquiera contaban con fusiles suficientes para todos ellos.

Ante el avance de fascistas y franquistas, que superaban ampliamente a los defensores en número y armamento, desde Roda y Marbella, y el cerco de la ciudad por el norte y el oeste, se inicia la evacuación de la población hacia por el este, hacia Almería, por una carretera que conectaba ambas ciudades bordeando la costa. Esta marcha multitudinaria por la carretera fue conocida como “la desbandá”.

Una multitud desorganizada y asustada huía por la misma cargando con lo que podían de sus posesiones, algunos en vehículos o montando animales, pero la inmensa mayoría a pie. Se cifra en más de 150.000 los que emprendieron la huida. Desde las estribaciones de la cercana Sierra eran constantemente hostigados por los francotiradores fascistas, que les disparaban. Por mar por los buques de guerra: Canarias, Almirante Cervera y Baleares; que les cañoneaban sin descanso. Desde el aire era la aviación franquista la que realizaba constantes incursiones y bombardeos sobre ellos.

La costa apenas ofrecía posibilidad de refugio, y en más de una población les dieron la espalda a los refugiados al paso por las mismas por el miedo a las represalias fascistas tras la más que segura próxima ocupación de las mismas por los franquistas. Como consecuencia, miles de hombres, mujeres y niños indefensos y desarmados, fueron asesinados durante los días de viaje trascurridos hasta su llegada a Almería. Según las fuentes se calcula entre 5.000 y 10.000 los muertos que quedaron en la cuneta.

Este genocidio intencionado de malagueños/as ha pasado a la historia como “la masacre de Málaga”. A la misma habría que sumar otra simultánea producida en la propia ciudad, también calculada en varios miles de víctimas. Muchos fueron fusilados tras juicios sumarísimos en cuya participación se destacó el que décadas después sería el primer Presidente de un Gobierno del Rey Juan Carlos I, Carlos Arias Navarro, razón por la que pasaría a ser conocido, desde entonces, con el apelativo de “Carnicerito de Málaga”.

La Otra Andalucía

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