1 de abril de 1937: bombardeo fascista de Jaén

el 1 de abril de 1937, aviones de la Legión Cóndor, formada por voluntarios nazis alemanes que apoyaban al ejército fascista de Franco durante la mal llamada guerra civil (1936-1939), atacó la ciudad y causó la muerte a 159 personas y heridas a 280, la mayor parte de ellas mujeres y niños.  El militar golpista Gonzalo Queipo de Llano, lugarteniente de Franco, dio la orden para que estos aviones bombardeasen la ciudad aquel día con el fin de aterrorizar a la población civil y desmoralizar al bando republicano.

El ataque fue un “paseo militar” para los germanos, puesto que la ciudad no era una enclave militar destacado ni en ella se desarrollaba combate alguno, por lo que la población no estaba preparada, no existían baterías antiaéreas, ni se dio alarma ninguna, por lo que no hbo defensa posible. El ataque se produjo de una sola pasada a las cinco y veinte de la tarde, hora que quedó marcada varios días en el reloj de la Iglesia de San Ildefonso que se bloqueó.

Juan Cuevas Mata, Historiador y autor del artículo titulado “El bombardeo de Jaén”, nos dice que la relativa tranquilidad con que Jaén vivía la Guerra Civil, se vio de golpe interrumpida por una escuadrilla de bombarderos. Seis trimotores aparecieron inesperadamente desde detrás de las montañas de Jaén. Surgieron de la nada, desde las Peñas de Castro, después de haber rodeado el monte de Jabalcuz a baja altura. De este ataque, nos dice Juan Cuevas, que se llevó a cabo en una sola pasada de dos formaciones en cuña, de tres aviones cada una. “En el reloj de San Ildefonso quedaron marcadas, por mucho tiempo, las cinco y veinte de la tarde”.

Las bombas afectaron a numerosas calles y plazas: Fuente de Don Diego, Olid, Batería, Miguel Romera, Jorge Morales, Los Romeros, Ancha, Mesones, Deán Mazas, Correa Weglison, y muchas más.

El ataque pilló por sorpresa, nadie lo esperaba, por ese motivo no se dio la alarma que normalmente debe preceder al bombardeo. La rapidez del ataque y la imprevisión, hizo que a Jaén el bombardeo le pillara desprevenida y a los jiennenses en sus quehaceres cotidianos. Ni siquiera se contaba con baterías antiaéreas.

“… Los familiares a los que cogió fuera lloraban desesperados en los escombros. Recuerdo a un niño, de unos diez años, muriendo entre una puerta y la pared… Todo el tiempo que duró el bombardeo lo pasamos en un patio que había allí muy amplio, y yo hacía lo que veía hacer a los demás. Me ponía las manos en la cabeza”, comentaría después del bombardeo el Consejero D. Nemesio Pozuelo.

En la calle Federico de Mendizábal, conocida como Mesones, estaban varias decenas de jiennenses, sobre todo mujeres y niños, guardando cola para comprar carbón. Muchos murieron y el resto quedó con heridas de diversa consideración. Los Hospitales, vivieron una situación de gran angustia, ante las terribles escenas que se sucedieron, con los familiares desesperados agolpándose en los pasillos y puertas de los mismos.

Entre los asesinados hubo muchos niños. Clara Aguilar, de la calle Mesones, solo tenía 7 años. María Collado Amaro y sus tres hijos, que vivían en la calle Batería, también murieron. Pedro Gómez Gallego, de 9 meses y Teresa Gómez Delgado, de 5 meses, no llegarían a conocer un nuevo día. Ignacio Montoro, y su hermano José, de dos años, también murieron, en la calle Olid número 5.Dolores Ortega, de la Ctra. de Granada, tenía solo nueve años. Pilar Yerón tenía 5. Francisca Pérez, 10. Rafael Vadillos, 6.

Apenas al día siguiente, el 2 de abril, se constituyó una comisión para dotar a Jaén de refugios antiaéreos. En tan solo cinco días presentarían los arquitectos el proyecto, con  seis refugios situados en las plazas de la Magdalena, Merced, Martínez Molina, Santiago, San Juan y San Ildefonso. Se instalaron además dos sirenas e incluso se crearon unas defensas antiaéreas de más que dudosa efectividad, que fueron simuladas con tubos del órgano de la catedral pero que consistían en simples ametralladoras. Loa cobardes de la Legión Condor ya no se atrvieron a volver a atacar. Jaén ya no era una ciudad indefensa.

La Otra Andalucía

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