Otras opiniones

  • Porqué abandono Stop Desahucios
    Logotipo APR2
    21/11/2017
    Me llamo Aurora González Gómez. Llegue a Stop Desahucios hace 6 años movida en principio por la necesidad de ayudar a mis hijos que se encontraban atrapados entre el entramado hipotecario y la crisis capitalista. Lacras generadas por la oligarquía financiera que se ha beneficiado grandemente de ellas en la última década. Mi compromiso en Stop Desahucios ha sido total desde entonces: grupos de trabajo, acciones, desahucios... En virtud de la responsabilidad que todo miembro de Stop Desahucios tiene: salvar las vidas humanas que se encuentran en las garras de la banca. Salvar vidas humanas y garantizar que vivan una vida digna con unos suministros básicos de luz, de agua y de gas garantizados como un derecho. Es un compromiso tan duro como reconfortante porque hemos comprobado como, en muchísimas ocasiones, ha dado frutos. Desde hace un tiempo no estoy cómoda en Stop Desahucios. Considero incompatible la valiosa lucha que llevamos contra el poder financiero de la oligarquía con que en nuestro seno se acepte personas de ideología fascista. Ideología que no sólo no esconden sino que hacen gala de ella ante los demás miembros de Stop Desahucios. Como si con su bandera franquista pudiéramos taparnos del frío que en estos meses de invierno va a azotar muchos hogares por tener la luz y el agua cortados por no poder pagarlas. Yo no olvido que la financiación de la Banca March fue clave en el alzamiento fascista de 1936 y ni que en el franquismo nacieron todas las grandes empresas españolas que cotizan en bolsa, todas ellas responsables de lo que hoy nos están haciendo a tantas familias obreras. Tampoco olvido a las decenas de miles de trabajadores/as andaluces y andaluzas asesinados por el franquismo en nombre de su rojigualda. Cuando plantee el tema en Stop Desahucios la gente se posicionó a favor de este individuo. Cosa que todavía no puedo entender. Viendo la actitud de los que yo consideraba mis compañeros y de los responsables de la asamblea (con una influyente responsabilidad como negociadores con los bancos) que no han hecho nada por remediar esta situación y plantarle cara al fascismo (alimentado por la banca y el Estado) dejo Stop Desahucios. A partir de ahora voy a continuar luchando por los derechos de la clase trabajadora andaluza. Pero teniendo muy claro que con el fascismo no puede haber ni tolerancia ni medias tintas.
    Viva Andalucía libre, antifascista y sin desahucios.



  • La Revolución Rusa: Logros, derrotas y fracasos
    Logotipo APR2
    19/11/2017
    A cien años de la Revolución Rusa es necesario re-examinar esa experiencia por la importancia que tiene, en sí mismo, el conocimiento de la primera revolución proletaria triunfante en el plano nacional  (la Comuna, como se recordará, se limitó a la ciudad de París). Pero también para extraer algunas lecciones que nos parecen de suma utilidad para el análisis de los desafíos que enfrentan las experiencias progresistas y de izquierda en la América Latina contemporánea. En otras palabras, no estamos proponiendo un ejercicio de arqueología política sino una  reflexión sobre un gran acontecimiento del pasado cuyas luces pueden servir para iluminar el presente. Quisiera comenzar planteando en primer lugar las dificultades que acechan cualquier tentativa de realizar un balance de un proceso histórico tan complejo como un cambio revolucionario. Se cuenta que cuando al líder chino Zhou En Lai se le preguntó que pensaba de la Revolución Francesa su respuesta dejó pasmado a sus interlocutores occidentales: “es demasiado pronto para saber”. Lo mismo repitió uno de sus compatriotas en un seminario convocado en París para conmemorar los doscientos años de aquella gesta de 1789. Más allá de lo anecdótico estas observaciones son de un cierto valor metodológico a la hora de formularnos la misma pregunta sobre la Revolución Rusa. ¿Cuál es su  legado? El pensamiento convencional, inficionado por los valores conservadores de la burguesía y de la academia, emite un diagnóstico terminante: aquella fue una aberración que tenía fatalmente que culminar en el totalitarismo para luego desplomarse por el peso de su extravagancia histórica. Para autores inscriptos en esa corriente interpretativa la Revolución Rusa fue un doloroso paréntesis en la hegeliana marcha de Europa hacia la libertad. Claro que una reflexión más sobria ofrecería una visión diferente: la de una revolución que transformó al país más atrasado de Europa en una fortaleza industrial y militar que jugó un papel decisivo en la derrota del fascismo; que posibilitó erradicar la plaga del analfabetismo que sumergía a la enorme mayoría de la población, sobre todo la femenina, en las sombras de la ignorancia y la superstición; que propició un desarrollo científico y técnico que le permitió neutralizar el chantaje atómico a que había sido sometida por Estados Unidos luego del holocausto de Hiroshima y Nagasaki y, como si lo anterior fuera poco, tomó la delantera en la carrera espacial con el lanzamiento del primer satélite artificial de la historia. No sería exagerado decir, en consecuencia, que la historia contemporánea se divide en un antes y un después de la Revolución Rusa. No fue una más de las tantas revueltas populares contra un orden insoportablemente injusto pues marcó un quiebre histórico que desde la rebelión de Espartaco venía signada, hasta la Comuna de París, con la marca de la derrota. Según John Roemer, “la revolución bolchevique fue, pienso, el evento político más importante ocurrido desde la revolución francesa porque convirtió en realidad para centenares de millones, o quizás miles de millones, de personas por primera vez desde 1789 el sueño de una sociedad basada en una norma de igualdad más que en una norma de avaricia y ambición.” Por supuesto, el pensamiento convencional de la  burguesía, y de las ciencias sociales, ha dado su veredicto y, como decíamos más arriba, lo ha instalado como una verdad irrefutable: la RR fue una gran tragedia, un desgraciado error, un monumental fracaso que provocó un sinfín de pesares a la humanidad. Se trata de un diagnóstico para nada inocente. Los pensadores de la burguesía oscilan entre dos actitudes: o se desviven por ignorar a la RR, fingir que no hubiera existido y, cuando esto es imposible, satanizarla sin miramiento alguno. El reverso de ese planteamiento es nada menos que la reafirmación del carácter eterno del capitalismo, o la imposibilidad de la revolución, o su previsible monstruosa degeneración. Para los pensadores del orden vigente lo anterior es prueba irrefutable de que el capitalismo es la Santísima Trinidad de nuestro tiempo: lo que fue, lo que es y lo que será. Es imprescindible desmontar esta tergiversación de la verdad histórica. Ocaso o continuidad del ciclo revolucionario A tal efecto comenzaría diciendo que más allá del vergonzoso derrumbe de la experiencia soviética (¡la más grande revolución en la historia de la humanidad se derrumbó sin disparar un solo tiro!, recordaba Fidel) y los avatares sufridos por lo que podría adecuadamente caracterizarse como el “primer ciclo” de las revoluciones socialistas, nada autoriza a pensar que la tentativa de las masas populares de “tomar el cielo por asalto” se encuentre definitivamente cancelada o que con el triunfo del capitalismo ante el colectivismo soviético hayamos llegado al final de la historia, tal como lo propone Francis Fukuyama. Dos razones avalan esta presunción: por un lado, porque las causas profundas, estructurales, que produjeron aquellas irrupciones del socialismo en Rusia, China, Vietnam, Cuba –irrupciones inevitablemente prematuras, como aseguraba Rosa Luxemburgo pero no por ello necesariamente destinadas al fracaso-  siguen siendo hoy más vigentes que nunca. La vitalidad de los ideales y la utopía socialistas se nutren a diario de las promesas incumplidas del capitalismo y de su imposibilidad congénita e insanable para asegurar el bienestar de las mayorías. Otra sería la historia si aquél  hubiera dado pruebas de su aptitud para transformarse en una dirección congruente con las exigencias de la justicia y la equidad. Pero, si algo enseña la historia de los últimos treinta años, la época de oro de la reestructuración neoliberal del capitalismo, es precisamente lo contrario: que éste es “incorregible e irreformable” y que  si se produjeron progresos sociales y políticos significativos durante la luminosa expansión keynesiana de la posguerra –en donde el capitalismo ofreció todo lo mejor que puede ofrecer en términos de derechos ciudadanos y bienestar colectivo, como lo anotara la inolvidable Ellen Meiksins Woods– aquéllos no nacieron de su presunta vocación reformista sino de la amenazante existencia de la Unión Soviética y el temor a que las masas europeas fuesen “contagiadas” por el virus comunista que se había apoderado de la Rusia zarista. Fue esto lo que estuvo en las bases de las políticas de extensión de derechos sociales, políticos y laborales de aquellos años y no una convicción profunda de la necesidad de producir tales cambios. Diversos autores han insistido sobre este punto al afirmar que la fortaleza del movimiento obrero y los partidos socialistas y comunistas europeos fueron amenazantes reflejos de la existencia del campo socialista tras la derrota del fascismo. Pero una vez desintegrada la Unión Soviética y desaparecido el campo socialista el supuesto impulso progresista y democratizador del capitalismo se esfumó como por arte de magia. En su lugar reaparecieron la ortodoxia neoliberal y los partidos neoconservadores con su obstinación por revertir, hasta donde fuese posible, los avances sociales, económicos y políticos logrados en los años de la posguerra. El resultado es una Europa que hoy es mucho más injusta que hace treinta años. Los resultados de tales políticas han sido deplorables, no sólo en la periferia capitalista europea –Grecia, España, Portugal, Irlanda, etcétera- sino también en los países del centro que aplicaron con mayor empecinamiento la receta neoliberal, como el Reino Unido y, principalísimamente, Estados Unidos. La clave interpretativa de la victoria de Donald Trump reside precisamente en eso. Como veremos más adelante la reestructuración regresiva del capitalismo ha tenido connotaciones sociales tan negativas que la validez del socialismo como “crítica implacable de todo lo existente” sigue siendo ahora tanto o más contundente que antes. En efecto, el capitalismo actual se puede sucintamente caracterizar por tres grandes rasgos: Primero, una fenomenal concentración de la riqueza, tema central de la obra de Thomas Piketty que comprueba como en doscientos años el capitalismo no hizo otra cosa que acrecentar la proporción de la riqueza social en manos de la burguesía y aumentar la desigualdad económica. Téngase en cuenta, a modo de ejemplificación, lo siguiente: 8 individuos –no empresas, sino individuos- tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial. Ni Marx, Engels y Lenin en sus peores pesadillas podían haber imaginado algo así. Pero eso es lo que existe hoy. El 1 % más rico de la población mundial tiene más riqueza que el 99 por ciento restante y la tendencia no da muestras de atenuarse sino todo lo contrario. Segundo, por una intensificación de la dominación imperialista a escala mundial, sobre todo después de la desintegración de la URSS, para asegurarse recursos económicos no renovables e indispensables para el sostenimiento del modelo de consumo de EEUU y los países del capitalismo metropolitano. Unas mil bases militares de EEUU en todo el mundo y Estados Unidos, el gendarme capitalista mundial, convertido en una plutocracia guerrera cuyas fuerzas están presentes en cada rincón del planeta para preservar la estabilidad del capitalismo global. 80 bases oficialmente contadas en América Latina y el Caribe con una tendencia creciente. La OTAN reuniendo la mayor acumulación de fuerzas y pertrechos militares sobre la frontera de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial. Una depredación sin precedentes del medio ambiente –la llamada “segunda contradicción del capitalismo” por James O’Connor- de la naturaleza, y tentativas de garantizar de manera exclusiva para EEUU el suministro de petróleo y de agua, recursos que existen en abundancia en América Latina. Pero si efectivamente no llegamos al fin de la historia consagrando el triunfo final del capitalismo y la democracia liberal y, por consiguiente, cerrando definitivamente las posibilidades de nuevas tentativas de “tomar el cielo por asalto”; si esto es así entonces se torna necesario formular una segunda hipótesis. Aún cuando el socialismo hubiese fracasado irreparablemente en sus diversas tentativas a lo largo del siglo veinte, y suponiendo también que el capitalismo hubiera logrado resolver sus profundas contradicciones, ¿cuáles son los antecedentes históricos o las premisas teóricas que permitirían pronosticar que nuevas revueltas anticapitalistas no habrían de producirse en el futuro? Sólo una absurda premisa que postule la definitiva extinción de la protesta social, o el congelamiento irreversible de la dialéctica de las contradicciones sociales podría ofrecer sustento a un pronóstico de ese tipo. Lecciones de las revoluciones burguesas Dado que lo anterior no sólo es improbable sino imposible, una ojeada a la historia de las revoluciones burguesas podría ser sumamente aleccionadora. En efecto, entre los primeros ensayos que tuvieron lugar en las ciudades italianas a comienzos del siglo XVI en el marco del Renacimiento italiano y la revolución inglesa de 1688 –¡la primera revolución burguesa triunfante!– mediaron casi dos siglos de intentos fallidos y derrotas aplastantes. Si bien el primer ciclo iniciado en Italia fue ahogado en su cuna por la por la reacción  señorial-clerical, mucho más tarde habría de iniciarse otro, en el norte de Europa, caracterizado por una larga cadena de exitosas revoluciones burguesas. Ante lo cual surge la pregunta: ¿por qué suponer que las revoluciones anti-capitalistas tendrían tan sólo un ciclo vital, agotado el cual desaparecerían para siempre de la escena histórica? No existe fundamento alguno para sostener dicha posición, salvo que se adhiera a la ya mencionada tesis del “fin de la historia” que, dicho sea de paso, no la sostiene ningún estudioso medianamente serio de estos asuntos. Siendo esto así, ¿por qué no pensar que estamos ante un reflujo transitorio –que podría ser prolongado, como en el caso de las revoluciones burguesas; o no, debido a la aceleración de los tiempos históricos– más que ante el ocaso definitivo del socialismo como proyecto emancipador? De hecho, uno de los rasgos de la crisis actual es que estalló producto de las contradicciones internas, irresolubles, generadas por la desorbitada financiarización del capitalismo y su desastroso impacto sobre la economía real. El desplome del 2008 –del cual aún las economías capitalistas no se han recuperado- no fue provocado por una oleada de huelgas o grandes movilizaciones de protesta en Estados Unidos o en Europa Occidental sino por la dinámica de las contradicciones entre las diversas fracciones del capital. Sin embargo, su resultado fue que, por primera vez en el mundo desarrollado, el tendal de víctimas del sistema reconoció que el causante de sus padecimientos (desempleo, caída de salarios reales, desalojos hipotecarios, etcétera) ya no eran los malos gobiernos (que por cierto los hay), o situaciones meramente coyunturales sino que el gran culpable era el capitalismo. Eso fue lo que plantearon los “indignados” en Europa y el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos, lo cual revela un inédito salto en la conciencia popular y una promisoria evolución ideológica que les permite identificar con claridad la naturaleza del sistema que los oprime y explota. Retomando el hilo de nuestra argumentación acerca de los ciclos de las revoluciones sociales quisiéramos expresar nuestro acuerdo con la postura adoptada por el “marxista analítico” John Roemer cuando afirma que el destino de un experimento socialista muy peculiar, el modelo soviético, “que ocupó un período muy corto en la historia de la humanidad” para nada significa que los objetivos de largo plazo del socialismo, a saber: la construcción de una sociedad sin clases, se encuentren condenados al limbo de lo imposible. Tal visión es considerada por este autor como “miope y anti-científica”: (a) porque confunde el fracaso de un experimento histórico con el destino final del proyecto socialista; (b) porque subestima las transformaciones radicales que la sola presencia de la Unión Soviética produjo en nuestro siglo y que, a través de complejos recorridos, hicieron posible un cierto avance en la dirección del socialismo. Dice Roemer que: “Partidos socialistas y comunistas se formaron en cada país. Sería muy difícil evaluar los efectos globales de esos partidos en la organización política y sindical de los trabajadores, en la lucha antifascista de los años treinta y cuarenta, y en la lucha anticolonialista de los años de posguerra. Pero bien podría ser que el advenimiento del Estado de Bienestar, la socialdemocracia y el fin del colonialismo se deban, en su génesis, a la revolución bolchevique.” Es más, tal como lo señala Doménico Losurdo en el texto ya mencionado todas las luchas coloniales, de los negros, de las mujeres, de las minorías y, por supuesto, de los obreros y a favor de la democracia tuvieron su fuente de inspiración en la Revolución Rusa. La extensión del sufragio en Europa de la posguerra no hubiera ocurrido de no haber mediado la toma del Palacio de Invierno y la instauración del gobierno de los soviets. Es decir que la misma democracia burguesa recibió un impulso decisivo desde la lejana Rusia. Además, el genio político de Lenin permitió romper las artificiales barreras que separaban las luchas de los negros y los blancos; de los europeos y de las “naciones agrarias” y los asiáticos. En suma: el revolucionario ruso convirtió a todas las luchas particulares en una sola gran lucha universal por la construcción de una nueva sociedad. Incluso puede decirse, con pruebas en la mano, que el proceso de “desegregación racial” en Estados Unidos fue decisivamente influenciado por la sola existencia de la Unión Soviética. La Corte Suprema de Estados Unidos que había reiteradamente sancionado la legalidad de la segregación en las escuelas públicas de ese país hasta 1952 cambió de parecer ese año tras recibir diversos informes que la exhortaban a ello porque, decían, el sostenimiento de la segregación de niños negros y blancos en las escuelas públicas alimentaba la campaña comunista de la URSS y desalentaba a los amigos de Estados Unidos. ¿Fracasos o derrotas? Ahora bien: más a allá de todo lo anterior hay un tema central a dilucidar y es establecer una distinción entre el “fracaso” de un proyecto reformista o revolucionario y la “derrota” del mismo. ¿Es razonable decir que todas las experiencias del siglo pasado en realidad fracasaron (tesis que sostienen entre otros John Holloway, Michael Hardt y Antonio Negri) o no sería acaso más apropiado decir que fueron derrotadas?  El fracaso supone un problema esencialmente endógeno; la derrota remite a una lucha, un conflicto, una oposición externa que se enfrenta al proyecto emancipatorio. Fracaso por mis propias limitaciones y debilidades; soy derrotado cuando alguien se opone a mis designios. Si bien existe un claroscuro, un área difusa intermedia en la cual fracaso y derrota se confunden es posible, sin embargo, establecer la predominancia de uno o de la otra. En el caso de la RR es indudable que el proceso adoleció de graves incoherencias internas, especialmente tras la muerte de Lenin, pero también lo es que se desarrolló bajo las peores condiciones imaginables: la crisis y la devastación de la primera posguerra, la guerra civil y la intervención, en ellas, de una veintena de ejércitos foráneos que asolaron el país, y luego, estabilizada la situación, la industrialización forzada, la colectivización forzosa del agro y la invasión alemana con su secuela de destrucción y muertes. Bajo esas condiciones, hablar de “fracaso” es por lo menos un exceso del lenguaje y una infame acusación política. Viniendo al caso de América Latina, ¿hasta qué punto podría decirse que la experiencia de la Unidad Popular en el Chile de Allende fue un fracaso? Mucho más apropiado sería decir que fue un proyecto derrotado, por una coalición de fuerzas domésticas e internacionales bajo la dirección general de Washington que desde la noche misma del triunfo de Salvador Allende el 4 de Septiembre de 1970 ordenó, por boca de su presidente Richard Nixon, “hacer que la economía chilena gima. Ni una tuerca ni un tornillo para Chile”. ¿Qué sentido tiene entonces que algunos autores hablen del “fracaso” de la revolución cubana, acosada y asediada por más de medio siglo de bloqueo económico, comercial, diplomático, informático y mediático? ¿Y cómo caracterizar lo ocurrido en China y Vietnam? ¿Podría decirse sin más que son casos de “fracaso” del socialismo? ¿Es posible ya emitir un veredicto definitivo? ¿Por qué no pensar, en cambio, que la RR logró éxitos extraordinarios a pesar de tan difíciles condiciones: alfabetización masiva, promoción de la mujer, industrialización, defensa de la patria, derrota del fascismo. ¿Puede llamarse a esto un fracaso? ¿Por qué no revisar nuestra concepción del proceso revolucionario, dejando de lado la muy popular imagen que lo concibe como una flecha que asciende rada e ininterrumpidamente desde el pútrido suelo del capitalismo hacia el diáfano cielo del comunismo? Álvaro García Linera ha reflexionado mucho sobre el tema, y en uno de sus ensayos dice algo que conviene tener muy en cuenta: “Cuando Marx analizaba los procesos revolucionarios, en 1848, siempre hablaba de la revolución como un proceso por oleadas, nunca como un proceso ascendente o continuo, permanentemente en ofensiva. La realidad de entonces y la actual muestran que las clases subalternas organizan sus iniciativas históricas por temporalidades, por oleadas: ascendentes un tiempo, con repliegues temporales después, para luego asumir, nuevamente, grandes iniciativas históricas.” O, como dice en otra de sus intervenciones, el destino de los luchadores sociales no es otro que el de “luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse” hasta el fin. Esa es la dialéctica de la historia y eso es lo que una correcta epistemología no puede dejar de reflejar en sus análisis. Avances, estancamientos, retrocesos, nuevos saltos adelante, detenciones, otros avances y así siempre. Ese es el movimiento real, no ilusorio, de la historia. Todo bien, pero ¿cómo explicar entonces el derrumbe de la RR? No es tarea para asumir aquí pero sí deberíamos enunciar unos pocos elementos causantes de su colapso. Por supuesto, la degeneración burocrática de la URSS ya era un factor sumamente negativo advertido por Lenin en sus últimos escritos, como también lo era la política de “coexistencia pacífica” y la tentativa de emular las formas productivas del capitalismo. Esto lo señaló con su habitual fiereza el Che Guevara en su crítica a los manuales de economía de la URSS, los “ladrillos soviéticos” como él los llamaba. Pero además de esto estuvo la Tercera Revolución Industrial (microelectrónica, informática, automatización, toyotización, etcétera) que se erigió en un obstáculo formidable para un modelo económico fordista, de total estandarización de la producción en masa que por su rigidez burocrática y la enorme asignación de recursos para la defensa no pudo adaptarse a las nuevas condiciones de desarrollo de las fuerzas productivas. La intensificación de las presiones militares en contra de la URSS, que llega a su paroxismo con la “guerra de las galaxias” de Reagan, obligó a Moscú a desviar ingentes recursos para defenderse ante la belicosidad estadounidense. A esto agréguesele el ataque combinado del más formidable tridente reaccionario del siglo veinte: Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, protagonistas de un ataque político y cultural de devastadores efectos ya dentro de las fronteras del campo socialista donde no por casualidad la Iglesia Católica había elegido a un Papa polaco para desde ahí socavar la estabilidad de las democracias populares del Este europeo.  Por supuesto, la consideración de estas cuestiones excede con creces los límites de este trabajo, pero no queríamos dejar pasar inadvertido este crucial asunto. Agréguese a ello la asombrosa ineptitud de la dirigencia soviética para explicar que era lo que se estaba haciendo en la era post-estalinista, con Mijail Gorbachov a la cabeza, y qué sentido tenían todos esos cambios y hacia dónde se dirigía al país. En otras palabras, ni el partido ni los soviets eran ya organismos vivientes sino espectros ambulantes sin ninguna capacidad de expresión de la realidad social. Siete tesis sobre política, reformismo y contrarrevolución en América Latina Quisiera, por último, concluir esta breve reflexión planteando algunas lecciones de interés para las luchas actuales en Nuestra América. Y lo haré enunciando una serie de tesis, asumiendo que son correctas recordando aquel pionero trabajo de un gran sociólogo y antropólogo mexicano, Rodolfo Stavenhagen, justamente denominado “Siete tesis equivocadas sobre América Latina” y en las que demolía meticulosamente el saber convencional de las ciencias sociales de los años cincuenta y sesenta.  Por eso me ha parecido conveniente aclarar que, en este caso, confío en que estas tesis sean correctas aunque siempre es conveniente tener la mente abierta para admitir cuestionamientos, reflexiones o experiencias concretas que podrían obligar a reformularlas. No es casual que nos hayamos planteado esta sistematización al cumplirse cien años de un acontecimiento que Hegel sin duda habría caracterizado como “histórico-universal”: la Revolución Rusa. Su sorpresiva irrupción en la historia, su triunfo, su contribución a la democratización universal (tema negado por el saber convencional de la ciencia política), su degeneración y posterior derrota abren, un siglo después, numerosos interrogantes de gran actualidad. Pero no sólo ella. Otros ejemplos históricos de América Latina son igualmente fuente de inspiración para estas breves páginas en donde estas tesis serán apenas enunciadas y que confío serán motivo de un trabajo de más largo aliento a realizar en los próximos meses. Sin más preámbulos pasamos entonces a la consideración de las tesis. Primero, como en Rusia, como en Chile, cualquier proyecto, aún los de naturaleza tibiamente reformista, desatarán en nuestros países una virulenta respuesta de los agentes sociales del orden y la conservación. En el caso de América Latina y el Caribe, dada la excepcional importancia estratégica que la región tiene para el imperio y la larga historia de dominación oligárquica, no hace falta una revolución para desencadenar una sangrienta contrarrevolución. Cualquier idea en contrario, o toda negación de esta, diríamos, ley fundamental de la revolución, es una peligrosa ilusión. Recordemos lo acontecido en numerosos experimentos reformistas en países tan diversos como Guatemala 1954,  Brasil 1964; República Dominicana 1965, Argentina 1966 y 1976; Chile, 1973, y lo que ha venido ocurriendo en fechas recientes en Bolivia, 2008;  Honduras, 2009; Ecuador, 2010; y Venezuela a poco de iniciado el proceso bolivariano con el golpe del 11 de Abril del 2002, el paro petrolero de fines de ese mismo año hasta febrero del 2003, la abstención insurreccional de la oposición que no presentó candidatos a la elección de la Asamblea Nacional en 2005 y la escalada de violencia iniciada luego de la muerte de Chávez, procesos todos estos que fueron bañados en sangre. Lula una vez observó que en Brasil la oligarquía es tan racista y reaccionaria que el sólo hecho de ver a un negro o un mulato subirse a un avión le provoca un odio visceral capaz de incitarla a cometer los más horrendos crímenes. Por ejemplo, prender fuego a un indio por el sólo hecho de serlo, como se hizo en Brasilia en los años que era presidente, o a jóvenes sospechosos de “portación de cara incorrecta”, como lo perpetró la “oposición democrática” en Caracas en por lo menos tres oportunidades. Segundo, en contextos reformistas, progresistas y mucho más, en los marcos de una revolución, sería fatal caer en la ilusión de pensar que existe oposición leal. La derecha no conoce lo que es eso: su deslealtad es permanente e incurable. Aquí y en todas partes cuando no es gobierno la derecha siempre es conspirativa y destituyente. Como lo recordara Maquiavelo, los ricos jamás van a dejar de ver a cualquier gobernante como un intruso, aún aquellos que se desviven por complacerlos. Mucho más si quien lleva las riendas del estado tiene la osadía de promover políticas contrarias a sus intereses. Y, amenazada, aunque sea superficialmente por iniciativas reformistas, el tránsito desde la oposición institucional a la  contrarrevolución violenta se efectúa en muy poco tiempo. La respuesta a la contrarrevolución y sus estrategias criminales y violentas no puede ser la misma que se concede, en épocas normales, a la oposición. Venezuela es, otra vez, un ejemplo de las consecuencias que tuvo el hecho de no reaccionar con la suficiente energía ante las tácticas violentas de la fracción extremista y terrorista de la oposición. Esta política, inspirada en el propósito de evitar el escalamiento de la violencia, tuvo por resultado exactamente eso y colocó al país al borde de una guerra civil. Por otra parte, al no defender adecuadamente el orden público mediante la represión legal de los violentos facilitó que el sector extremista se convirtiese durante  meses en la fracción hegemónica de la oposición, subordinando e intimidando a fuerzas opositoras que seguían apostando a los dispositivos institucionales.  El resultado fue una larga demora en la pacificación del país,  y un muy elevado número de muertos, heridos y propiedades públicas y privadas destruidas por la violencia desatada por el sector terrorista de la oposición, amén de darle pábulos a las campañas internacionales de satanización del gobierno de Nicolás Maduro. Tercero, todo proceso de cuestionamiento al capitalismo en el plano nacional origina una respuesta internacional, porque el capitalismo es un sistema-mundo, al decir de Immanuel Wallerstein, signado por el imperialismo, con ramificaciones locales pero completamente internacionalizado y que tiene un “Estado Mayor” que se reúne anualmente en Davos y un conjunto de instituciones de alcance planetario que funcionan como los perros guardianes que custodian los privilegios y las prerrogativas del capital. Casos concretos: el FMI, el BM, la Organización Mundial del Comercio, la Comisión Europea, a las cuales hay que agregar organizaciones informales como el grupo Bilderberg y la ahora desfalleciente Comisión Trilateral. Defender estos procesos transformadores, por lo tanto, sólo podrá hacerse construyendo una adecuada correlación internacional de fuerzas. Puede ser un país grande, como lo fue la República Soviética en los primeros años de la revolución; o pequeñísimo, como la isla de Granada, en el Caribe, pero la respuesta de la “internacional burguesa” será siempre la misma: aplastar a las fuerzas insurgentes, cortar de raíz ese proceso y evitar la propagación del virus revolucionario.  Y si para ello es necesario destruir un país se lo destruirá sin miramiento alguno. Se lo hizo, pero no de manera irreversible, en Rusia; se lo hizo por completo en Granada, y se lo está haciendo infructuosamente en Cuba desde 1959 y en Venezuela en los últimos años. Aunque en la academia el tema del imperialismo no se tiene casi nunca en cuenta, los decidores de la política de Estados Unidos saben que esto es así. Dos perlas apenas para ratificar lo dicho: las declaraciones de Karl Rove, principal consejero del presidente George W. Bush cuando dijo “Nosotros ahora somos un imperio, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras usted está estudiando esa realidad –si quiere, juiciosamente- nosotros actuaremos otra vez, creando otras nuevas realidades que usted puede estudiar también. … Nosotros somos los actores de la historia, y usted, todos ustedes, deberán conformarse con tan solo estudiar lo que nosotros hacemos.” Y la más reciente, de apenas ayer, del Secretario de Estado de Donald Trump, Rex Tillerson, cuando dijo que “EEUU dice que está estudiando la forma de derrocar a Maduro. Las diferentes agencias de información e inteligencia de Estados Unidos están evaluando qué acciones pueden tomar para forzar al presidente de Venezuela a abandonar el poder de forma voluntaria o imponer un cambio de Gobierno en el país.” La omnipresencia del imperialismo es tan agobiante que ha terminado por ser naturalizada. Es como el aire: está en todas partes y tal vez por eso se torna invisible. La inmadurez política de las fuerzas populares todavía no ha comprendido esta importante lección y no perciben la forma en que el imperialismo actúa de manera coordinada y en un tablero de ajedrez planetario. Basta para ello contraponer la organicidad de Davos con la absoluta inorganicidad del Foro Social Mundial, que en una opción suicida votó en contra de la creación de un organismo de coordinación mundial de las luchas populares, por temor a re-editar la experiencia de la Tercera Internacional.  El  internacionalismo de las fuerzas populares es condición necesaria para librar esta batalla exitosamente. De ahí la importancia de la ideas de Fidel, del Che y de Chávez que se plasmaron en la UNASUR y la CELAC y en otras iniciativas integracionistas y latinoamericanistas. Cuarto: la existencia de un partido revolucionario, el “Príncipe Colectivo” de Gramsci, es esencial para el éxito del proceso revolucionario. Esto no significa asumir como modelo de partido el teorizado por Lenin en el ¿Qué Hacer?  (uno de los cuatro modelos de partido del autor), pero sí de una formación política preparada ideológica y prácticamente para asumir la dirección del proceso. La ausencia de ese partido (en la Bolivia de la Asamblea Popular de Juan José Torres en 1971, o en Venezuela antes de la creación del PSUV); su fragmentación (los seis partidos de la UP en Chile); o la dilución o abandono de sus ideas, como ocurriera con el PT en Brasil o la SD en Europa y en América Latina (el PRI en México, el APRA  en el Perú, Liberación Nacional en Costa Rica)  en cualquiera de sus variantes es fatal para el futuro del proceso revolucionario.  Esto no significa minimizar otros formatos de organización política, como los movimientos sociales, con los cuales es imprescindible lograr una virtuosa articulación. Pero a la hora de plantearse la conquista del poder estos no pueden sustituir al “Príncipe Colectivo” capaz de ofrecer una visión totalizadora e integral del proyecto emancipatorio, superadora de los particularismos de los movimientos y de las enormes limitaciones del espontaneísmo de las masas, capaz de producir heroicas acciones de rebelión y resistencia pero incapaz de asegurar la conquista del poder, el problema número uno de toda revolución según los clásicos del marxismo. Quinto: la educación, la concientización política al estilo Paulo Freire es una condición esencial del triunfo de cualquier proyecto reformista o revolucionario. Es lo que plantea Lenin en su cuarta teorización sobre el partido: la primera se plasma en el ¿Qué Hacer?; luego el POSDR-bolchevique como partido típico de la II Internacional; en la inminencia de la RR  aparece la tercera teorización, y el partido se eclipsa y el protagonismo lo asumen los Soviets;  la cuarta teorización, a comienzos de los años veinte tiene al partido como educador, como formador de la nueva civilización, creador del “hombre nuevo” del Che. Y esta es la tarea fundamental, que desgraciadamente no hicieron, o hicieron de modo incompleto y mal, los procesos emancipatorios del “ciclo progresista” que se iniciara con el ascenso de Hugo Chávez Frías a la presidencia de Venezuela. En todas estas experiencias se cayó en el error de pensar que el “boom de consumo” crearía conciencia política; que los gobiernos que se esmeraran por realizar una profunda política social que sacara de la pobreza extrema a millones de personas cosecharían la lealtad y la gratitud de los redimidos. Lo lograron, pero sólo parcialmente porque una parte significativa de esos sectores populares incorporados al consumo y empoderados con nuevos derechos no se identificaron con los gobiernos que habían acudido a socorrerlos ni cerraron filas en torno de sus organizaciones partidarias o sus candidatos. Un sector nada desdeñable, obnubilado por su renovado poder adquisitivo, hizo suyas las aspiraciones y orientaciones político-ideológicas de los conservadores sectores medios. En palabras de Frei Betto, estos procesos progresistas más que ciudadanos crearon consumidores, y estos actuaron políticamente en consecuencia. Imitaron no sólo las pautas de consumo de las capas medias sino también sus orientaciones políticas. Sexto: para que el partido y el gobierno de una revolución puedan cumplir su misión histórica se requiere un denodado esfuerzo para evitar la deformación burocrática y fortalecer el debate y la democracia protagónica de base. Esta degeneración tiene profundas raíces sociológicas y no es nada  fácil de contrarrestar. Lenin se percató de la gravedad del problema en los últimos años de su vida. Mao lo advirtió a tiempo y por eso lanzó su Revolución Cultural concebida para abortar la deformación burocrática de la revolución china. Era una idea correcta pero que desató una dinámica política que se le escapó de sus manos y produjo consecuencias desastrosas. Pero, insisto, la lucha contra el burocratismo y el sustitutivismo, cuando la dirección reemplaza al protagonismo de la base, es una tarea de excepcional importancia. Lo anterior es tanto más importante si se recuerda que el estado, todo estado, aún el revolucionario, es una institución que abriga en su seno tendencias esencialmente conservadoras. La burocracia lo es, y no hay estado sin burocracia y la lógica weberiana de la misma hace que el funcionariado, aún el de los estados revolucionarios, llegue inclusive a ser poco amigable con los procesos de cambio, desconfíe de la iniciativa de las masas, prefiera las discusiones “a puertas cerradas” y manifieste una tendencia a buscar soluciones “técnicas” cuando toda la vida social está inficionada de la política. Esto supone, en consecuencia,  que los gobiernos progresistas deben alentar la organización autónoma de la base popular. Cuestión muy difícil porque aún los gobiernos más radicales se sienten amenazados cuando sus propias organizaciones, identificadas con el proyecto emancipatorio, actúan de manera independiente y temen los efectos desestabilizadores que pudieran derivarse de sus demandas. Este puede ser un problema, sin duda. Pero otro más serio es cuando esas organizaciones de base están controladas “desde arriba” y maniatadas por el poder porque, en tal caso, su utilidad política es igual a cero. Su debilidad y su docilidad ante las directivas gubernamentales lejos de fortalecer al gobierno terminan debilitándolo. Es una dialéctica compleja y difícil, y la reacción de los gobernantes siempre es de suma suspicacia en relación a este tema. En línea con esto por algo decía Chávez: ¡”Comunas o nada!” Séptimo: recordar que una cosa es el acceso al gobierno y otra completamente distinta, mucho más ardua, la conquista del poder del estado. Este es el entramado de fuerzas sociales de las clases dominantes en sus diversas expresiones: en la economía, la política, la prensa, las fuerzas armadas, las instituciones judiciales, los gobiernos locales, la iglesia, etcétera. Es lo que en la ciencia política norteamericana autores como Peter Dale Scott llaman “deep state”, un gobierno en las sombras, electo por nadie, responsable ante nadie, que no deben rendir cuentas y que articula los intereses más poderosos de la sociedad. Llegar al gobierno es un buen paso adelante, pero si no se complementa con la dinámica avasallante de la calle, es decir, con la organización y movilización política de las clases y capas populares y su concientización, es bien poco lo que un gobierno de izquierda podrá hacer. La neutralización, esterilización o expropiación de aquellas fuentes no democráticas de poder político es esencial para garantizar el futuro de cualquier reforma y mucho más de cualquier revolución. Tal vez uno de los rasgos más salientes de la coyuntura actual en países como Brasil, Argentina y Perú sea el hecho de que el poder real y sus agentes conquistaron el gobierno, revirtiendo un proceso inconcluso por el cual las fuerzas de izquierda que habían llegado al gobierno fracasaron en sus proyectos –en caso de que los hubieran tenido- de conquistar el poder. Nada de esto es novedoso. Ya lo decía con toda claridad Maquiavelo cuando observaba que la grandeza de la república romana reposaba sobre el equilibrio entre el Senado (es decir, la nobleza) y el Tribuno de la Plebe, o sea, el pueblo. En términos contemporáneos diríamos el adecuado balance entre las instituciones del estado y la calle. Pregunta: ¿era la situación económica del Brasil mucho peor que la que caracterizaba a Venezuela en 2016? No. Y entonces, ¿por qué cayó Dilma, indefensa, ante una caterva de bandidos y corruptos como los que la juzgaron y depusieron de la presidencia y en cambio no cayó Maduro, acosado por una ofensiva política, diplomática y mediática en medio de una gravísima crisis económica? Respuesta: porque cuando el bolivariano sale al balcón del Palacio de Miraflores tiene un millón de seguidores dispuestos a pelear por su gobierno y cuando Dilma abría el balcón del Palacio del Planalto en la plaza sólo estaba el jardinero haciendo su trabajo. Su gobierno y el de Lula habían desmovilizado a todas las organizaciones populares, comenzando por el PT, siguiendo por la CUT y así sucesivamente. Y cuando las hienas del mercado se abalanzaron sobre Dilma la presidenta estaba indefensa, a merced de sus verdugos. Conclusión Lo expuesto más arriba permite apreciar como algunos de los problemas que atribularon a la Revolución Rusa desde sus inicios se reproducen, por supuesto que con características diferentes habiendo transcurrido un siglo, en los procesos reformistas y emancipatorios de América Latina. Los actores no son los mismos; el sistema internacional experimentó profundas mutaciones; el marco geopolítico latinoamericano que nos sitúa como el “patio trasero” del imperio es radicalmente distinto al que prevalecía en Rusia con el triunfo de la revolución, pero la dinámica de la lucha de clases y su expresión en el plano del estado y, como decía Gramsci, y de “las superestructuras complejas” revela sorprendentes paralelismos y recurrencias que constituyen útiles lecciones que sería por lo menos imprudente no tomar adecuadamente en cuenta y que conforman el andamiaje básico de lo que con cierta cautela podríamos considerar como una “sociología de las revoluciones”. A un siglo del emblemático cañonazo del Aurora nuestra región enfrenta una encarnizada contraofensiva imperialista dispuesta a barrer con los avances registrados desde finales del siglo pasado. El proyecto norteamericano no podría ser más ambicioso: cerrar el odioso (para Washington, por supuesto) paréntesis abierto por la Revolución Cubana y restablecer la “normalidad” en el hemisferio, entendida ésta como una dócil colección de gobiernos sumisamente plegados a los designios, mandatos y prioridades de la Casa Blanca. Para evitar tan fatídico desenlace será preciso hacer memoria y recordar las enseñanzas de los padres fundadores de la Patria Grande: Bolívar, San Martín, Artigas y tantos otros, y más tardíamente, las de Martí. Pero también tomar nota de los avatares corridos por otros procesos revolucionarios, y el caso de la Revolución Rusa por muchos motivos es de una especial trascendencia para nuestros pueblos. En este trabajo procuré explorar ese terreno, en la esperanza de que otros se sumen a esta empresa colectiva para, a partir del conocimiento de la experiencia soviética poder discernir las formas más efectivas para profundizar y radicalizar nuestros procesos emancipatorios y evitar cometer algunos errores que, como lo demuestran los casos de Argentina y Brasil, están ocasionando grandes sufrimientos a nuestros pueblos y amenazan con desandar el camino recorrido en las últimas dos décadas. (Fuente: CubaDebate / Autor: Atilio Borón)



  • Los dos bandos y la izquierda contemplativa
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    19/11/2017
    No hay ni puede haber dos Españas, puesto que ni siquiera hay una; pero sí que hay dos bandos irreconciliables, que, en última instancia, son los mismos de siempre (ya lo dijo Platón mucho antes que Marx: “En todas las ciudades, grandes y pequeñas, hay dos bandos en guerra permanente, los ricos y los pobres”). Los mismos de siempre, pero con peculiaridades muy relevantes, que al parecer están confundiendo a algunos sectores de la izquierda. La más importante de estas peculiaridades es la confluencia de antiguas reivindicaciones soberanistas e identitarias con antiquísimas reivindicaciones de clase. No todos los independentistas catalanes son de izquierdas, no todos aspiran a construir una república socialista; pero un buen número de ellos han comprendido (como muchos vascos, como la mayoría de los cubanos) que en el seno del capitalismo salvaje no hay espacio para la libertad y la justicia, y que la defensa de la propia independencia es un aspecto fundamental de la lucha contra un imperialismo depredador que quiere arrebatarles a los pueblos su identidad para poder arrebatarles todo lo demás. Y al igual que en Euskal Herria, en Catalunya la izquierda independentista no ha excluido la posibilidad de aliarse coyunturalmente con un sector de la burguesía, ante la imperiosa necesidad de hacer frente a un Estado terrorista dispuesto a todo con tal de impedir la autodeterminación de las personas y de los pueblos. A algunos, entre los que me incluyo, nos chirrían y preocupan estas alianzas interclasistas; pero tan simplista como dejar de lado esta preocupación sería -es- rasgarse las vestiduras y tirar del manual del perfecto comunista. “Ni guerra entre los pueblos ni paz entre las clases”, no lo olvidemos nunca, y menos en estos tiempos confusos; “La religión es el opio del pueblo”, recordémoslo todos los días; pero analicemos cuidadosamente cada coyuntura concreta antes de hacer algo o dejar de hacerlo en función de una consigna. He oído a viejos camaradas decir que el procés es una maniobra de la burguesía catalana y que se niegan a apoyar a meapilas como Junqueras y Puigdemont (por no mencionar los exabruptos de Frutos); una visión tan simplista como su contraria: la de quienes dicen -con horror o entusiasmo, según los casos- que el procés es una revolución orquestada por los antisistema. Para bien o para mal (y de nosotros depende que sea para bien), la realidad no es tan simple. Los puristas de la izquierda contemplativa deberían recordar que Chávez tenía una virgencita en su despacho y cada dos por tres esgrimía su crucifijo de bolsillo para ahuyentar a los vampiros del imperialismo; deberían recordar que el catolicismo es un fenómeno sumamente complejo y contradictorio, en el que tienen cabida cosas tan dispares como la teología de la liberación y los Legionarios de Cristo, y que en Catalunya hay un influyente sector de la Iglesia que tiene poco que ver con el nacionalcatolicismo del Opus Dei y la Conferencia Episcopal; deberían recordar que la burguesía catalana está escindida, y que la izquierda puede y debe aprovechar esa fisura. Y, sobre todo, deberían recordar los puristas que, en ocasiones, se puede avanzar junto a extraños compañeros de viaje sin renunciar a nada importante. Y que ahora no se trata de alterar un resultado electoral dentro del juego parlamentario al uso (como cuando el PSOE apelaba al “voto útil”), sino de asestar un golpe contundente, tal vez decisivo, a un Gobierno podrido y un Estado terrorista. Ahora mismo, los dos bandos, pese a todas las complejidades y provisionalidades, se definen e identifican claramente: a un lado, los sinvergüenzas que siguen diciendo que esto es una democracia y los necios que se lo creen; al otro, los que tienen claro que hay que acabar con la España negra de los herederos de Franco, con su bandera mutilada y con el españolismo del “a por ellos”. Y tal como están las cosas, y por más que se empeñen los equidistantes en nadar y guardar la ropa, quien no está en un bando, está en el otro. En estos momentos decisivos, quien no se opone abiertamente al terrorismo de Estado, se convierte en su cómplice. (Fuente: La Haine / Autor: Carlo Frabetti)



  • Podemos se define sobre Andalucía cuando habla sobre Cataluña
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    11/11/2017
    La situación catalana ha obligado a todos -también a Podemos/IU- a tomar posiciones y a clarificar su discurso, estrategia y orientación políticas. La retórica vacía, la ambigüedad calculada; el uso ventajista de la manipulación y la ignorancia; no aguantan bien en un escenario políticamente tensionado, como el que ha provocado Cataluña. Todos se han visto obligados a retratarse. Y no sólo sobre Cataluña. También sobre Andalucía. LA HISTORIA COMO ESCENARIO POLITICO Podemos ha venido utilizando desde hace tiempo una versión manipulada de la historia de la Transición en Andalucía. Frente a la manipulación del PSOE sobre el significado del 4D y el 28f ha sostenido otra manipulación, la suya (en la que convenientemente olvidan siempre las estafas de los Estatutos de 1981 y 2007). Frente a la versión susanista del “agravio comparativo” como corsé españolista para las reivindicaciones andaluzas le han opuesto no una visión alternativa sino otra lectura aparentemente distinta pero asentada en las mismas bases y objetivos que los que enuncia el PSOE: eliminar del horizonte cualquier curso político propio andaluz y darle sentido a Andalucía sólo desde una instrumentalización española, sea con uno u otro color partidario. La crisis catalana les ha obligado a darle protagonismo, intentando incluso utilizar la experiencia andaluza como aval para su actuación en relación a Cataluña. Si el PSOE enfatiza ahora sobre el 4D como una presunta acción por la uniformidad española (“Andalucía por la igualdad”) Podemos, por su parte, ha reconvertido retrospectivamente el 4D de 1977 sólo en una movilización en la que Andalucía se pronunció por ser “como la que más”. Y sin negar la presencia entonces de ese aspecto, le han puesto interesada sordina a los otros dos elementos esenciales de aquella protesta que le dieron carácter y fondo: uno, la afirmación de Andalucía como pueblo específico y dos, la exigencia de que Andalucía fuera sólo lo que quisieran los andaluces, porque sólo desde Andalucía se podían resolver los problemas andaluces. Podemos ha hecho apología no de los méritos sino precisamente de los limites políticos del 4D cuando lo ha comparado a las ultimas Diadas catalanas. Recordemos que en el 4D andaluz había deseos y aspiraciones pero no claridad en causas, medios y objetivos -y por eso fue asimilado y obviado- como sí lo ha habido en las recientes protestas catalanes. En el 4D, además, fueron organizaciones españolas (o de ámbito español, que a estos efectos es lo mismo) las que entonces llevaron la batuta y ordenaron el proceso; en tanto ahora en Cataluña son organizaciones catalanas. Y por supuesto se han olvidado del “Pacto de Antequera” de 1978 que sustituyó al 4D (hasta el punto de provocar la ausencia de manifestación aquel año) para encauzar aquel impulso y encerrarlo en el marco constitucional. Pablo Iglesias y Teresa Rodriguez han loado el llamado “desbloqueo” de la autonomía andaluza tras el referéndum del 28f y lo han presentado como modelo cara a Cataluña para posibilitar ese referéndum trampa -“pactado y legal”, dicen- en el que asientan uno de los pilares de su discurso catalán. Se refieren a lo que en 1980-1981 fue una reinterpretación retrospectiva de la Ley que permitía -usando el  art. 144- dar por buena para Andalucía la vía autonómica del 151 puro (un artículo hecho aposta por Clavero Arévalo para que nadie lo pudiera transitar). Un apaño legal. Se han olvidado de recordar que entonces coló esa operación -pactada inicialmente por UCD y PSA-PA y a la que se apuntaron el resto, incluido el PSOE- porque políticamente era necesario y útil y además tolerable para el Régimen español. Permitía reintroducir a Andalucía en el proyecto constitucional español y apagar un foco social peligroso sin demasiado coste: porque se veía que el futuro lo iba a gestionar un PSOE afín y porque el Estatuto que estaba cocinándose por consenso de UCD, PSOE, PCE y PSA-PA le daba a España claras garantías de sometimiento andaluz. Nada que ver con actual cuestionamiento catalán del orden español. En sentido negativo pero ilustrativo, el Régimen español no dejó entonces que Navarra se fusionara a la C.A. Vasca, por ejemplo. Y además -y esto es importante- a través de los Pactos Autonómicos de 1981 el Régimen se encargó de desactivar la singularidad de Andalucía, sumergiéndola en el pantano de las Murcias, Castillas, Extremaduras, Riojas... que obtuvieron regaladas gracias a esos pactos instituciones parlamentarias y otros añadidos que el art. 143 -a las que estaban destinadas- no contemplaba en un principio. El Régimen español no podía arriesgarse entonces a quedarse a 5: Cataluña, CAV, Galicia, Andalucía y "España Profunda"; por lo que pudiera pasar. Ese fue -por cierto- el auténtico "café para todos". (Que aquí coló sin pena ni gloria porque aquí empezó muy pronto a colar todo). Así pues, lo que han venido haciendo Pablo Iglesias y Teresa Rodriguez no es tanto recuperar la historia para llamar la atención sobre la necesidad de adaptar "la ley a la democracia" cuanto asumir, hacer propia y hacer propaganda de una antigua estafa política contra Andalucía; intentando vendérsela como modelo a los catalanes utilizando a los andaluces. Lo mismo que, por cierto, hacen Garzón y Maillo desde IU -la vieja casa de Iglesias- cuando dicen que quieren a Andalucía como "vacuna" frente al proceso catalán. Y AL FINAL: LA ESTRATEGIA Podemos ha hecho sonsonete de su linea ante Cataluña todo lo que reafirme a. Que la solución a las demandas de Cataluña no puede resolverse en Cataluña sino en España (que es lo que le da a su dirigencia protagonismo y justificación). B. Que esa resolución ha de ser pactada; “legal” según la ley española, claro. Podemos (o sus delegaciones) consecuentemente nunca ha sido no ya “independentista” sino tampoco realmente “soberanista”. Podemos no ha reconocido nunca de hecho la soberanía del pueblo catalán ni directa ni indirectamente. Tampoco ha sido nunca rupturista. De ahí su negativa a reconocer ni al referéndum del 1º de octubre ni a la proclamación de la República Catalana el 27. Las variaciones tácticas provocadas por la evolución de los acontecimientos o la necesidad de situarse ante la represión española sin perder espacio político no han alterado estas premisas estratégicas que están en el núcleo constitutivo de Podemos (y de IU, por no dejarla atrás) En ese contexto del Podemos de Pablo Iglesias se sitúa el Podemos de Teresa Rodriguez (por silencio, también el de Diego Cañamero) y por supuesto la IU de Garzón/Maillo. Recapitulemos hechos para repasar como se aplican en la practica estas premisas. En septiembre pasado en torno a la Diada, Anticapitalistas -corriente/asociación interna fundadora de Podemos a la que pertenece Teresa Rodriguez-  publicó en internet un comunicado en el que apoyó la actuación de las fuerzas políticas y sociales que han iniciado la insumisión catalana. Sin embargo, cuando Teresa Rodríguez en una larga entrevista radial en Canal Sur fue preguntada sobre la situación de Cataluña su argumentario fue entonces sustancialmente similar a los de Iglesias, Colau -y áun a los de Coscubiela- al menos en lo políticamente relevante. Hasta el punto de que la ausencia de diferencias sustantivas permitió explicar la entonces prácticamente nula repercusión de la entrevista, ya que se limitó a explicitar ideas que –en medio del paroxismo de la crisis catalana- no resultaban especialmente incomodas para el Poder español. Entonces dijimos: “Si pesamos política y mediáticamente a Teresa Rodríguez en relación a Anticapitalistas resulta evidente el muy diferente eco y consecuencias políticas de uno y otro posicionamiento. Imaginemos qué hubiera ocurrido si Rodríguez –portavoz del tercer grupo en número de escaños en el Parlamento andaluz- difunde la posición pública de Anticapitalistas sobre esta cuestión en lugar de atenerse al guion de Pablo Iglesias/Colau y cuales hubieran sido sus consecuencias en el debate político y social andaluz. ¿No hubiera sido eso, además, un ejercicio práctico de esa “solidaridad” –en este caso con Cataluña- con la que tanto justifican su existencia las organizaciones de ámbito estatal español? Un apoyo especialmente relevante al provenir de Andalucía, con todo lo que ello implica en Cataluña”. Al poco, el 13 de Septiembre, Teresa Rodriguez y Miguel Urbán publicaron en el diario La Vanguardia un articulo titulado “Del “daño irreparable” al 1-O. Por el derecho a decidir” en el que la dirigente citada afirmaba, pareciendo rectificar: “Agotadas la vía federalizante del Estatut y la búsqueda de un referéndum pactado con el Estado –como se hizo en los casos de Quebec y Escocia–, sólo queda desde el punto de vista democrático reconocer la legitimidad de la convocatoria del referéndum el próximo 1 de octubre y que sea la ciudadanía catalana la que decida si quiere o no separarse del Estado español para, como sería deseable, poder llegar luego a un nuevo tipo de relación, basada en la voluntad y no en la fuerza, entre todos los pueblos del Estado español.” Y anotamos entonces el cambio, aun con todas las reservas y prudencias pertinentes y con nuestra expresa disconformidad con la salida deseada por Rodríguez. Pero poco duró este reconocimiento por Teresa Rodriguez -y lo que representa- de la legitimidad del “unilateralismo”, utilizando los términos al uso, que vienen a ser sinónimos de una estrategia nacional propia no subordinada ni dependiente. La sucesión de acontecimientos y el acoso del PSOE los pondrían pronto de nuevo en sintonía con Pablo Iglesias. Aquí los datos. El 27 de octubre se proclama la República Catalana. Luego y de inmediato Iglesias declara que considera “ilegal” e “ilegítima” la “declaración de independencia” catalana. Al punto Teresa Rodríguez y José Mª González Kichi se desmarcan pública y políticamente de un nuevo comunicado de Anticapitalistas sobre Cataluña en el que estos reconocían la legitimidad del accionar catalán, situándose expresamente al costado y detrás de Iglesias. Y para cerrar el episodio, Iglesias vuelve a declarar que “considera fuera de Podemos” a los que reconocen la soberanía del Parlamento catalán. ¿Porque esta secuencia de hechos? ¿Por "reconocer" o "no reconocer" a la República Catalana, como dijo simplificadamente alguna prensa?. En absoluto. La causa -como bien percibió y planteó el jefe y autodefinido “patriota español” Iglesias- es que Podemos no reconoce la legitimidad del procedimiento de proclamación de la República Catalana y por tanto tampoco reconoce la soberanía inherente y capacidad constituyente del Parlamento catalán para la nación catalana. Podemos sólo ve y acepta procesos “de la ley a la ley” española y administrados y dirigidos en y desde España. Un punto central que nos afecta directamente a Andalucía porque los motivos que hacen incompatible a Podemos con el curso catalán son perfectamente aplicables a un desarrollo soberanista de la lucha andaluza.(*) Por eso al plegarse a la posición de Iglesias, asumirla y sostenerla lo que hicieron Kichi y Teresa Rodriguez fue mucho más que asegurarse un lugar o un puesto dentro de Podemos. Negaron también para Andalucía su soberanía. Incluso a través de su Parlamento. Por eso se puede decir que cuando han hablado sobre Cataluña se han definido sobre Andalucía. Y esto último nos interesa sobremanera. [PS. ¿Y Cañamero...? ¿Dónde está políticamente?. Ahora que toca, ¿qué ha dicho o qué dice?. Hasta ahora y desde hace semanas y semanas, nada. "No sabe, no contesta". Así pues, por omisión, se puede inferir y responder: donde Iglesias, Kichi y Teresa. Porque hay silencios que hablan por sí mismos.] (*) Sobre estos asuntos ver mis artículos: “Contra el federalismo español” y “Objetivos de Andalucía y cretinismo constitucional” (Fuente: Revista de Pensamiento Andaluz / Autor: Javier Pulido)



  • Los CDR catalanes: Se hablará de ellos
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    11/11/2017
    Los CDR. Comitès de Defensa de la República. Nueva palabra para añadir al extenso vocabulario generado por el procés. Un procés que ya no es sólo "El Procés". La cosa ha derivado hacia un lugar indeterminado que va más allá y que todavía no tiene nombre. Quizás porque, de hecho, todavía no es ni un concepto. Pasan tantas cosas y tan rápido y todo se transforma a tanta velocidad que "la cosa" no tiene ni tiempo de enfriarse que ya vuelve a estar cociéndose en el horno con un ingrediente nuevo. Provisionalmente podríamos denominarlo metaproceso, como para decir alguna cosa. Y es una corriente de aire que, básicamente, suma los movimientos del llamado régimen del 77 para que nada se mueva, un franquismo sociológico a quien el aznarismo le hizo perder la vergüenza de ser lo que es y una Europa de los estados que es un dinosaurio burocrático que vive alejado de la gente y de la realidad. ¿Consecuencias de todo eso que se mueve? De momento en Catalunya ya hemos tenido dos huelgas generales en un mes. La de ayer con menos participación que la del 3 de octubre, pero mucho más importante por las consecuencias que puede tener a nivel social. De entrada por el papel de los dos grandes sindicatos. Javier Pacheco, líder de las CCOO de Catalunya, dijo: "Aquí las huelgas generales las convocamos nosotros". Pacheco lo decía porque esta huelga no era cosa suya sino de la Intersindical-Confederació Sindical Catalana (I-CSC), minoritaria e indepe. Pues bien, ahora Pacheco ya sabe que ha perdido el monopolio de convocar nada. Mientras, Camil Ros, secretario general de la UGT de Catalunya, era abucheado durante la intervención en el acto de la plaza de la Catedral de BCN. Por no haber dado apoyo a una huelga que se hacía, entre otras cosas, en apoyo de la consellera Dolors Bassa, vinculada a la UGT desde el año 2000 y secretaria general de las comarcas gerundenses entre el 2008 y el 2015. La sociedad evoluciona y cambia y los sindicatos continúan como si el mundo se hubiera quedado a finales del siglo XX. Y lo peor para ellos es que todo el mundo lo ha visto. Y paralelamente a este cambio de paradigma sindical, la aparición de los ya mencionados CDR. Doscientos treinta, según dicen ellos mismos en su cuenta de Twitter. Ayer (por le domingo 8nde noviembre) los CDR fueron los responsables de cortar el AVE en BCN y Girona, varias autopistas y carreteras y las fronteras con Francia en la Jonquera, la Seu d'Urgell y Puigcerdà. Y en este último caso la cosa ha durado hasta esta mañana, después de una noche con temperaturas bajo cero y nevando. Gente de todas las edades y de todo el territorio demostraron capacidad de convocatoria, de determinación y de resistencia. Y, sobre todo, una gran organización que funciona fuera de partidos y entidades tradicionales. Pero, creo, lo más relevante fue el aviso. De lo que puede pasar según cómo. Para los CDR fue un ensayo general de cara a futuras movilizaciones y la demostración de cómo se puede parar un país. Para los señores (y señoras) 155 fue un toque de atención: hay alguien con suficiente fuerza como para parar un país y que sabe cómo hacerlo. Oiremos hablar de ellos. Apunte. Se llaman CDR. (Fuente: El Nacional.cat / Autor: Iu Forn)



  • Fetiches y supersticiones en el process catalán. Reflexiones para el debate
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    08/11/2017
    Hace unos días un apreciado camarada latinoamericano conversaba conmigo por whastapp sobre la situación del proceso independentista catalán. Este dirigente de una organización revolucionaria del país de Salvador Allende y Miguel Enríquez, decía textualmente “¿Oiga, al parecer el Estado español tomó el control total de Cataluña?”. Yo le contesté con un lacónico “Sí”. De inmediato volvió a preguntar, “¿Y existen independentistas que salgan a pelear?”. Ante mi telegráfico “No”, afirmó “Que lamentable”. Mi nuevo “Sí” fué contestado con un “Bueno, pero no se enfade conmigo, yo soy chileno, no catalán”. Esta breve conversación, completamente intrascendente para el rumbo de los acontecimientos en curso, sintetiza la perplejidad y el desconcierto en que se encuentra una buena parte de la solidaridad internacionalista con Cataluña, y considero que un considerable sector del pueblo trabajador catalán que defiende la República. El relato hegemónico entre las personas y fuerzas que en Galiza defendemos el derecho de autodeterminación, que el 27 de octubre saludamos con alegría la proclamación de la República catalana, está condicionado por la lógica pequeño burguesa mayoritaria en la práctica totalidad de las organizaciones que nos autosituamos en el campo de la izquierda. Sin embargo, no sólo es la carencia de una interpretación de clase, pero básicamente la inexistencia de una línea política genuinamente clasista en el movimiento independentista de Cataluña, lo que nos permite entender, pero no compartir, todo lo que está pasando. Ante la natural negativa del régimen oligárquico español a pactar con las autoridades autonómicas catalanas un referéndum de autodeterminación, entre permanentes vacilaciones y erráticas medidas, finalmente el Govern siguiendo el mandato del Parlament, decide organizar un referéndum sin la autorización de Madrid. El 1 de octubre fue la constatación empírica de la firme determinación de un sector muy cuantitativo del pueblo catalán de querer decidir su destino, desafiando la brutal represión española, en lo que fue uno de los movimientos de desobediencia civil más masivos en las últimas décadas a escala global. En esa heroica jornada la Cataluña republicana logró simbólica y mediáticamente desmontar las falacias del régimen, y demostrar sobre el terreno que un pueblo autoorganizado, que pierde el miedo, puede vencer al más poderoso enemigo. El seguimiento prácticamente total de la huelga general del 3 de octubre convocada por las organizaciones sindicales de clase, aunque desvirtuada por el Govern y los partidos de Junts pel Sí al mutarla en un paro cívico en “clave de país”, fue desaprovechada para acelerar la declaración de la República. Se dejó desvanecer deliberadamente el momento subjetivo más álgido del movimiento de masas independentista. Se dejó enfriar una coyuntura sociopolítica magnífica permitiendo la recuperación de un Estado español aún aturdido por el estado de shock, provocado por los cerca de 2 millones trescientos mil catalanas y catalanes que habían participado en una consulta declarada “ilegal” urbi et orbi, en la que venció abrumadoramente el sí a la independencia nacional. Perdida de la iniciativa por el independentismo Contra todo pronóstico y básicamente frente a las lecciones de la rica experiencia histórica de la lucha de clases y de liberación nacional, nuevamente la orientación y los pasos a dar volvieron a quedar en manos de los aparatos políticos y de las élites independentistas. Pero España fue ágil. Esa misma noche un telegráfico discurso de Felipe VI, de facto una declaración de guerra en toda regla a Cataluña, logró recuperar la iniciativa para el régimen. El unionismo comenzó a disputar la calle como espacio hasta el momento prácticamente exclusivo de la Cataluña rebelde e independentista. El Senado bajo control del PP activa el artículo 155 con apoyo del PSOE, y la respuesta de Puigdemont fue una proclamación de 8 segundos, y la inmediata suspensión de la independencia, en la sesión del 10 de octubre, en aras de no quebrar la “negociación”. La decepción y desmovilización que provocó este disparo sin pólvora, fue nuevamente aprovechado por el Estado español para presionar a la burguesía nacional catalana mediante diversos recursos: atemorizando con más represión, con detenciones, e iniciando una campaña más propagandística que real de descapitalización de Cataluña. En este contexto son detenidos y apresados los Jordis, los dos dirigentes de las principales organizaciones de masas independentistas. La voluntad negociadora expresada por Puigdemont de solucionar el conflicto en una mesa, alcanzó tal grado de comedia cuando a lo largo del día 27 de octubre, entre una nueva crisis en el Govern saldada con el abandono del traidor Santi Vila, el President retrasa y posteriormente desconvoca una declaración institucional en la que tenía previsto anunciar la convocatoria del elecciones autonómicas para evitar a la desesperada que el Senado activara el 155. ¡Misión imposible!, que básicamente supondría un grave incumplimiento del mandato popular del referéndum de autodeterminación. Pero ante la falta de garantías de cumplimiento de las demandas mínimas exigidas por el Govern para desactivar una nueva proclamación de la independencia, con el PNV como interlocutor entre ambas partes, las posiciones inmovilistas españolas, derivadas de la involución y fascistización del régimen postfranquista, provocan un giro copernicano. Finalmente en esa misma tarde en una fría sesión del Parlament la bancada independentista aprueba sin gran entusiasmo la proclamación de la República catalana. Pero de nuevo, contra todo pronóstico siguiendo la lógica de mi camarada Marco Riquelme, no se avanza en la implementación de esta decisión histórica. El independentismo más allá de una macrofiesta y de unos discursos de Puigdemont y Junqueras en las escaleras del Parlament, entre un baño de alcaldes, con ciertos barnices épicos, vuelve a dar un paso atrás. Nuevo capítulo del golpe de estado En cuanto el Senado aprueba el artículo 155 y convoca elecciones autonómicas el 21 de diciembre, en lo que es un nuevo capítulo del golpe de estado contra Cataluña promovido por los partidos de la oligarquía [PP, PSOE e C´S], con una tibia oposición de Podemos e IU, las fuerzas independentistas optan por no activar la resistencia, por no aprobar en el Parlament las primeras leyes republicanas, renunciando a defender sus instituciones, controlar el territorio y a desafiar el Estado español mediante la convocatoria de una huelga general indefinida, con cientos de miles de personas colapsando las vías de comunicación y las infraestructuras estratégicas, para forzar la verdadera negociación sobre los términos de cómo se produce el traspaso de poderes y la salida ordenada de España del territorio catalán. Con una Cataluña intervenida y ocupada de facto por un pié de fuerza de más de 10 mil efectivos de las fuerzas coercitivas del Estado español, Puigdemont, acompañado por mitad de su Gobierno, opta por refugiarse en Bruselas para evitar entrar en prisión bajo la acusación de “rebelión, sedición y malversación de fondos públicos”. En este contexto de represión in crescendo en el que son cesados más de 200 altos responsables de la Generalitat, y controlados sin resistencia alguna los Mossos de Esquadra por el Minsterio español de Interior, el independentismo, sin la confirmación definitiva de la CUP, opta por participar en las elecciones autonómicas convocadas por España. De inmediato, tiene lugar el segundo gran golpe represivo, con la detención en la tarde del 2 de noviembre del vicepresidente Oriol Junqueras y siete Consellers por órdenes de la “Audiencia Nacional”, y una orden de captura internacional contra Puigdemont y el resto del Govern legítimo de Cataluña refugiado en Bélgica. Nuevamente la represión funciona como activador y aglutinante, sacando a las calles decenas de miles de personas indignadas por la detención del Govern. La Intersindical-CSC anuncia huelga general para el 8 de noviembre. Medida imprescindible para recuperar la iniciativa. Sólo la clase obrera catalana, con la solidaridad activa del conjunto de los proletariados del Estado español, podrá consolidar la República, provocando una herida mortal en la monarquía y en el corrupto y criminal régimen del 78. En los próximos meses viviremos momentos amargos y complicados, ¿pero desde cuando el parto de un mundo nuevo se logró sin dolor? Condicionantes a superar por la dialéctica de los hechos La génesis y desarrollo del procés, edificado en base a un conglomerado muy plural de fuerzas políticas y sociales, que oscilan entre el neoliberalismo y una difusa izquierda anticapitalista, condiciona el futuro de la actualmente virtual República catalana. Seguir creyendo en el empleo exclusivo de la práxis pacifista, de la no violencia como principio indiscutible y permanente, en la eficacia de los 198 métodos de desobediencia civil elaborados por Gene Sharp en el manual De la dictadura a la democracia, es a día de hoy más que una simple ingenuidad infantil, expresión de la más pura creencia metafísica. Es no querer asumir que España está dispuesta a sacar los tanques y la Legión para aplastar a sangre y fuego los anhelos de libertad del pueblo catalán. Es no querer ver que Ghandi venció el colonialismo británico no por sus prédicas pacifistas, pero si porque la emergente República India contaba con centenares de miles de fusiles. “Marx afirmó en 1848 y en 1871 que existen en una revolución momentos en que abandonar una posición al enemigo sin combate desmoraliza más a las masas que una derrota sufrida en combate”. [Lenin, “El significado histórico de la lucha en el seno del Partido en Rusia”]. Continuar confiando en que la UE va reconocer la nueva República, a medida que las más mínimas márgenes de diálogo y negociación desaparezcan por la intolerancia española, es negarse a aceptar la naturaleza de ese espacio económico imperialista conformado por Estados contrarios a cualquier alteración de las fronteras de sus respectivos mercados que contribuyan para a su desestabilización interna y puedan provocar una crisis superior al Brexit. ¡Hasta Portugal fue desagradecido, no correspondiendo a la contribución histórica de la rebelión catalana contra Felipe IV, para el inicio de la restauración de su independencia nacional en 1640! Tradición combativa La Cataluña contemporánea posee una rica tradición combativa e insurgente. El independentismo en la década de los veinte del pasado siglo se dotó de las milicias “Escamots” promovidas por Estat Catalá, destacando la fracasada tentativa de declarar la República en los fets de Prats de Molló. El movimiento obrero anarcosindicalista se dotó de grupos de autodefensa [“Los Solidarios”], activos entre las dos primeras décadas del siglo XX para hacer frente al terrorismo patronal, germen de los posteriores Comités de Defensa de la CNT. Las marxistas POUM y PSUC contaban com milicias obreras. Fue el proletariado en armas quien derrotó el golpe fascista de 1936 en las calles de Barcelona. La guerrilla antifranquista estuvo muy presente en Cataluña en la década de cuarenta. Durante el franquismo hubo experiencias notables de lucha armada [Exèrcit Popular Catalá (EPOCA), Front D´Alliberament Català], y en período del postfranquismo Terra Lliure. Sin embargo, parece que el karma del binomio protestas “pacíficas y democráticas” que repiten como loros todos los portavoces del independentismo, a lo que a veces se suma el concepto “cívico”, determina aparentemente el consenso de la acción teórico-práctica del conjunto del movimiento republicano catalán. El factor tiempo puede ayudar a la resistencia catalana, pues la recesión que los economistas pronostican padecerá el Estado español en 2018, el descontrol del déficit y la caída tangencial del PIB, son espadas de Damocles que aunque la oligarquía oculta, pueden favorecer las expectativas de la República emergente. Pero no podemos desconsiderar la evolución fascistizante del régimen, que no descartará un desplazamiento hacia una democracia burguesa de corte autoritario, inspirado en el modelo turco. Llegados a este punto, con parte del Govern detenido y la otra en el exilio, en prisión los líderes de la ANC y de Òmnium, la previsible detención de la Mesa del Parlament, la CUP amenazada de ilegalización, con un Estado español en plena deriva autoritaria, cohesionando así importantes segmentos de la población alrededor del discurso supremacista y chauvinista español que justifica toda forma de represión, con unos medios de [des]información aplicando con entusiasmo la doctrina de Goebbels, ¿cuál es la estrategia a seguir para construir la República catalana? Salvo Finlandia [diciembre de 1917] y Eslovenia [junio de 1991], que si alcanzaron su independencia de forma “pacífica”, aunque en el país nórdico hubiera una cruenta guerra civil en los meses posteriores, y en el balcánico unas escaramuzas saldadas con diez víctimas mortales, no existen casos en la Europa del siglo XX en que la nación opresora permitiese pacíficamente la independencia de la nación oprimida. A pocos días del centenario del inicio de la insurrección obrera que permitió el triunfo de la Revolución bolchevique debemos leer Lenin, extraer lecciones históricas que permanecen plenamente vigentes. En el “Estado y la Revolución” encontramos respuestas teóricas perfectamente aplicables a lo que hoy sucede, pues “los grandes problemas de la vida de los pueblos se resuelven sólo por la fuerza”. ¿O consideramos obsoleta la declaración del I Congreso de la Internacional Comunista [marzo de 1919] de que la “República burguesa –inclusive la más democrática- no es más que un aparato que permite a un puñado de capitalistas aplastar las masas trabajadoras”? El PP, la organización criminal que ostenta el gobierno español es una banda que representa los intereses de una voraz y violenta oligarquía que está dispuesta a emplear toda la fuerza imprescindible, primero contra Cataluña, y si esta es derrotada, posteriormente contra los pueblos que no nos dejamos asimilar, pero también contra toda forma de disidencia política y social, para perpetuar sus obscenos privilegios. No nos dejemos arrastrar por el relato hegemónico de barniz democraticista y legalista pues “el pacifismo y la prédica abstracta de la paz son una forma de embaucar a la clase obrera y que no se rebele contra su opresor”. [Lenin] Los procesos históricos son testarudos y existen una serie de leyes históricas que antes o después prevalecen, liberando a los pueblos y a la clase trabajadora de las hipotecas y limitaciones impuestas por relatos idealistas. ¿Porque el conflicto entre Cataluña y el Estado español va ser un caso excepcional? Pase lo que pase, siempre con la Cataluña insurgente que no se resigna a renunciar a su libertad.



  • Xi toma el control total del futuro de China
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    08/11/2017
    Xi Jinping  ha sido consagrado como líder más poderoso de China desde Mao Zedong después de que un nuevo legado de pensamiento político con su nombre fuese incluido en los estatutos del Partido Comunista. La simbólica medida se produjo el último día del XIX Congreso, que duró una semana en Beijing, en el que Xi se ha comprometido a dirigir la segunda mayor economía del mundo hacia  una “nueva era”  de poder e influencia internacionales. En la ceremonia de clausura en el Gran Salón del Pueblo de la época de Mao, se anunció que el pensamiento de Xi sobre el “socialismo con características chinas para una Nueva Era” quedaba inscrito en los estatutos del partido. “El Congreso acuerda por unanimidad que el pensamiento Xi Jinping ... constituye [una de] las guías de acción del partido en su constitución”, afirma una resolución. Al mismo tiempo, se anunció el nuevo Comité Permanente del Politburó de siete miembros. Todos estos líderes supremos tienen más de 62 años y por lo tanto no serán elegibles para convertirse en secretario general del partido dentro de cinco años. Lo que significa con toda seguridad que Xi tendrá un tercer mandato, algo sin precedentes, como líder del partido hasta 2029 y así seguirá a la cabeza de la máquina de estado chino toda una generación. Lo que esto me dice es que, bajo Xi, China nunca iniciará el desmantelamiento del partido y la máquina del estados para desarrollar una 'democracia burguesa' basado en una economía de mercado plena y capitalista. China seguirá siendo una economía fundamentalmente dirigida y controlada por el estado, con los ‘sectores claves' de la economía de propiedad pública y controlada por la elite del partido. Las empresas extranjeras no encuentran esta perspectiva atractiva, como era de esperar. En una encuesta de enero entre 462 empresas de Estados Unidos de la Cámara Americana de Comercio en China, el 81 por ciento dijo que se sentían menos bienvenidos en China, mientras que más del 60 por ciento tienen poca o ninguna confianza de que el país abrirá aún más sus mercados en los próximos tres años. De hecho, China sigue ocupando el puesto 59 entre los 62 países evaluados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en términos de apertura a la inversión extranjera directa. Al mismo tiempo, la IED es cada vez menos importante para la economía: en 2016 representó poco más del 1 por ciento del PIB de China, por debajo del 2,3 por ciento en 2006 y un 4,8 por ciento en 1996. Una causa de preocupación aún mayor para las multinacionales son los planes de Beijing para replicar tecnologías extranjeras y apoyar a sus ‘campeones nacionales’ que puedan exportarlas globalmente. Un programa puesto en marcha en 2015, llamado Hecho en China 2025, tiene como objetivo hacer que el país sea competitivo dentro de una década en 10 industrias, incluyendo aviones, vehículos de nueva energía, y la biotecnología. China, bajo Xi, tiene como objetivo no sólo ser el centro manufacturero de la economía mundial, sino también ocupar un lugar destacado en innovación y tecnología para competir con los EEUU y otras economías capitalistas avanzadas dentro de una generación. Beijing tiene como objetivo impulsar la cuota de robots de fabricación nacional a más del 50 por ciento de las ventas totales en 2020, que fue ya del 31 por ciento el año pasado. Las compañías chinas como E-Deodara Robot Equipments, Siasun Robot & Automation y Anhui Efort Intelligent Equipments aspiran a convertirse en multinacionales, desafiando a compañías similares como ABB Robotics de Suiza y la japonesa Fanuc por el liderazgo en unmercado de 11 mil millones de dólares. Bajo XI, China también ha redoblado esfuerzos para construir su propia industria de semiconductores. El país compra alrededor del 59 por ciento de los chips que se venden en todo el mundo, pero los fabricados en el país representan sólo el 16,2 por ciento de los ingresos de las ventas globales de la industria, de acuerdo con la consultora PwC. Para cambiar esto, Made in China 2025 destina 150 mil millones de dólares de inversión en 10 años. Un  informe de enero de 2017 del Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Tecnología de EE UU detalla los amplios subsidios de China a sus fabricantes de chips, la obligación de las empresas nacionales de comprar sólo a proveedores locales, y el requisito de que las empresas estadounidenses transfieran tecnología a China a cambio de acceso a su mercado . Y el imperialismo estadounidense tiene miedo. El secretario de Comercio de Estados Unidos Wilbur Ross ha descrito el plan como un “ataque” al “genio americano.” En un excelente nuevo libro, The US vs China: Asia’s new cold war?, Jude Woodward, un asiduo visitante y conferenciante en China, señala las medidas desesperadas que los EEUU está adoptando para tratar de aislar a China, bloquear su progreso económico y cercarla militarmente. Pero también afirma que esta política está fallando. China no está aceptando el control que la quieren imponer las multinacionales extranjeras; está desarrollando continuamente vínculos comerciales y de inversión con el resto de Asia; y, con la excepción del Japón de Abe, está teniendo éxito en mantener a los estados capitalistas asiáticos ambivalentes entre la 'mantequilla' de China y las 'armas' de Estados Unidos. Como resultado, China ha sido capaz de mantener su independencia del imperialismo estadounidense y del capitalismo global como ningún otro estado. Esto nos lleva a la cuestión de si China es un estado capitalista o no. Creo que la mayoría de los economistas políticos marxistas están de acuerdo con la teoría económica dominante que asume o acepta que China es capitalista. Sin embargo, no es mi caso. China no es capitalista. La producción de mercancías con fines de lucro, basada en relaciones espontáneas del mercado, es lo que caracteriza al capitalismo. La tasa de ganancia determina sus ciclos de inversión y genera crisis económicas periódicas. Esto no se aplica en China. En China, la propiedad pública de los medios de producción y la planificación del estado siguen siendo dominantes y la base de poder del Partido Comunista se basa en la propiedad pública. El ascenso económico de China se ha conseguido sin que el modo de producción capitalista sea dominante. El “Socialismo con características chinas” es una bestia extraña. Por supuesto, no es 'socialismo' de acuerdo con ninguna definición marxista o de control obrero democrático. Y ha habido una expansión significativa de las empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras en los últimos 30 años, con el establecimiento de un mercado de valores y otras instituciones financieras. Pero la gran mayoría del empleo y la inversión tiene lugar a través de empresas públicas o por instituciones que están bajo la dirección y el control del Partido Comunista. La mayor parte de las industrias competitivas globales de China no son multinacionales de propiedad extranjera, sino empresas estatales chinas. Y puedo proporcionar algunas pruebas que, en la medida que yo sepa, no han sido planteadas por otros comentaristas. Recientemente el FMI publicó una serie de datos completa del tamaño del sector público y de su inversión y su crecimiento, que se remonta 50 años para todos los países del mundo. Estos datos ofrece algunos resultados sorprendentes. Demuestran que China tiene un stock de activos del sector público por valor de 150% del PIB anual; Sólo Japón tiene algo similar con el 130%. Todas las otras economías capitalistas importantes tiene menos del 50% del PIB en activos públicos. Cada año, la inversión pública de China en relación al PIB es de alrededor del 16% en comparación con el 3-4% en los EEUU y el Reino Unido. Y aquí está la cifra decisiva. El volumen del stock de activos productivos públicos en relación con los activos del sector capitalista privado en China es tres veces mayor. En los EEUU y el Reino Unido, los bienes públicos son menos del 50% de los activos privados. Incluso en las 'economías mixtas' de India o Japón, la proporción de activos públicos en relación con los privados solo es del 75%. Esto demuestra que en China la propiedad pública de los medios de producción es dominante - a diferencia de cualquier otra economía importante. Un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China encontró que “La parte de propiedad y control estatal de la economía china es grande. Basándose en suposiciones razonables, parece que el sector público visible- las empresas estatales y las entidades controladas directamente por las empresas estatales, representan más del 40% del PIB no agrícola de China. Si se consideran las contribuciones de las entidades controladas indirectamente, colectivos urbanos y empresas municipales públicas, la proporción del PIB de propiedad y control del Estado es de aproximadamente el 50%”. Los grandes bancos son propiedad del Estado y sus políticas de crédito y de depósito están dirigidas por el gobierno (para disgusto del Banco Central de China y otros elementos pro-capitalistas). No hay flujo libre de capitales extranjeros dentro y fuera de China. Los controles de capital son impuestos y aplicados y el valor de la moneda se manipula según los objetivos económicos (para gran disgusto del Congreso de Estados Unidos y los fondos de cobertura occidentales). Al mismo tiempo, el aparato del Partido  Comunista / estado se infiltra en todos los niveles de la industria y la actividad en China. De acuerdo con un informe de Joseph Fang y otros ( http://www.nber.org/papers/w17687 ), hay organizaciones del partido en cada corporación que emplea a más de tres miembros del partido comunista. Cada organización del partido elige a un secretario del partido. El secretario del partido es el eje central del sistema de gestión alternativa de cada empresa. Esto amplía el control del partido más allá de las empresas estatales a las empresas privatizadas y las empresas propiedad de los gobiernos locales en el sector privado o “nuevas” organizaciones económicas” como se las llama. En 1999, sólo el 3% de ellas tenía células del partido. Ahora la cifra es de casi el 13%. Como señala el informe: “El Partido Comunista Chino (PCC), controla la promoción profesional de todo el personal de alto nivel en todas las agencias reguladoras, todas las empresas de propiedad estatal (EPE), y prácticamente todas las principales instituciones financieras de propiedad estatal (EPE) y las posiciones determinantes del partido en todas, menos las empresas más pequeñas, no públicas, que siguen sometidas a una dirección leninista”. La realidad es que casi todas las empresas chinas que emplean a más de 100 personas tienen un sistema de control basado en células del partido. Esta no es una reliquia de la era maoísta. Es la estructura actual establecida específicamente para mantener el control del partido en la economía. Como el informe de Fang dice:  “El Departamento de Organización del PCCh gestiona todas las promociones de alto nivel de todos los bancos, reguladores, ministerios y organismos gubernamentales, empresas estatales, e incluso muchas empresas no públicas, designadas oficialmente. El partido promueve a gente en los bancos, agencias reguladoras, las empresas, los gobiernos y los órganos del Partido, gestionando gran parte de la economía nacional en un gran cuadro de gestión de recursos humanos. Un cuadro joven y ambicioso puede comenzar en un ministerio estatal, unirse a los mandos intermedios de un banco público, aceptar un alto cargo del partido en  una empresa cotizada, ser promovido a un puesto de regulación superior, aceptar el nombramiento como alcalde o gobernador de provincia, convertirse en un CEO de un banco público diferente, y quizás por último, ascender a los escalones superiores del gobierno central o el PCCh - todo gracias al Departamento de Organización del PCCh”. El Partido Comunista de China es mencionado en los estatutos de muchas de las mayores empresas del país, que describen al partido como un elemento director que juega un papel central de “una manera organizada, institucionalizada y concreta” y “provee dirección [y] gestiona la situación general”. Hay 102 empresas estatales clave con activos de 50 billones de yuanes, que incluyen empresas públicas de petróleo, operadores de telecomunicaciones, generadores de energía y fabricantes de armas. Xiao Yaqing, director de la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales del Consejo de Estado (SASAC), escribió en la publicación de la Escuela Central del Partido  Tiempo de Estudio que cuando una empresa estatal tiene un consejo de administración, el jefe del partido también tiende a ser el presidente del consejo. Los miembros del Partido Comunista en las empresas estatales forman el “el fundamento de clase más sólido y fiable” que permite al Partido Comunista gobernar. Xiao califica la idea de la “privatización de los bienes del Estado”  como un pensamiento mal orientado. Estos 102 grandes conglomerados contribuyeron el 60 por ciento de las inversiones exteriores de China a finales de 2016. Las empresas estatales, incluyendo  China General Nuclear Power Corp  y  China National Nuclear Corp  han asimilado tecnologías, a veces occidentales con cooperación o sin ella, y ahora tienen proyectos en Argentina, Kenia, Pakistán y el Reino Unido. Y la gran ‘Nueva Ruta de la Seda' para el centro de Asia no está dirigido a obtener beneficios. Se trata de expandir la influencia económica de China a nivel mundial y extraer recursos tecnológicos y naturales para la economía nacional. Esto también contradice la idea común entre algunos economistas marxistas de que la exportación de capital de China para invertir en proyectos en el extranjero es producto de la necesidad de absorber el 'excedente de capital' doméstico, similar a la exportación de capital de las economías capitalistas antes de 1914, que Lenin consideró una característica clave del imperialismo. China no está invirtiendo en el extranjero a través de sus empresas estatales debido a un 'exceso de capital' o incluso porque la tasa de ganancia de las empresas estatales y capitalistas esta cayendo. Del mismo modo, la gran expansión de la inversión en infraestructura a partir de 2008 para contrarrestar el impacto del colapso del comercio mundial desde la crisis financiera global y la Gran Recesión que golpea las economías capitalistas no ha sido un gasto público a través del endeudamiento de tipo keynesiano, como la mayoría de los economistas y (algunos) marxistas argumentan. Fue un programa de inversiones de las corporaciones estatales planificada y financiada por los bancos de propiedad estatal dirigidos por el Estado. Fue lo que Keynes llamó una 'inversión socializada’, pero que nunca fue puesta en práctica en las economías capitalistas durante la Gran Depresión, porque hacerlo sería sustituir el capitalismo. La ley del valor del modo de producción capitalista opera en China, principalmente a través del comercio exterior y la entrada de capitales, así como a través de los mercados internos de bienes, servicios y fondos. Por lo que la economía china se ve afectada por la ley del valor. Eso no es realmente sorprendente. No se puede 'construir el socialismo en un solo país' (y si un país está bajo una autocracia y sin democracia obrera, es así por definición). La globalización y la ley del valor de los mercados mundiales se filtran a la economía china. Pero el impacto es 'distorsionado', 'frenado' y bloqueado por la 'interferencia' burocrática del estado y la estructura del partido hasta el punto de que todavía no puede dominar y dirigir la trayectoria de la economía china. Es cierto que la desigualdad de la riqueza y el ingreso en China bajo el 'socialismo con características chinas' es muy alta. Hay un creciente número de multimillonarios (muchos de los cuales están relacionados con los líderes comunistas). El coeficiente de Gini de China, un índice de desigualdad de los ingresos, ha pasado del 0,30 en 1978, cuando el Partido Comunista comenzó a abrir la economía a las fuerzas del mercado, a un máximo del 0,49 justo antes de la Recesión Global. De hecho, el coeficiente Gini de China ha subido más que en cualquier otra economía asiática en las últimas dos décadas. Este aumento fue en parte el resultado de la urbanización de la economía en la medida en que los campesinos rurales han emigrado a las ciudades. Los salarios urbanos en los talleres y las fábricas están dejando atrás cada vez más los ingresos de los campesinos (no es que los salarios urbanos sean nada del otro mundo, porque a los trabajadores de montaje de i-pads de Apple se les paga menos de 2 dólares la hora). Pero también es en parte el resultado de la élite que controla las palancas del poder y se está enriqueciendo, permitiendo al mismo tiempo que algunos multimillonarios chinos ‘florezcan’. La urbanización se ha ralentizado desde la Gran Recesión y también lo ha hecho el crecimiento económico y el índice de desigualdad de Gini se ha reducido un poco. La economía china se protege parcialmente de la ley del valor y la economía capitalista mundial. Pero la amenaza de la 'vía capitalista' permanece. De hecho, los datos del FMI muestran que, mientras que los activos del sector público en China siguen siendo casi dos veces mayores que los activos del sector capitalista, la brecha se está cerrando. Bajo Xi, parece que la mayoría de la élite del partido continuará con un modelo económico que está dominado por las corporaciones estatales dirigidas a todos los niveles por cuadros comunistas. Esto es debido a que incluso la elite se dan cuenta de que si adopta la vía capitalista y la ley del valor se convierte en dominante, se expondrá al pueblo chino a una inestabilidad económica crónica (booms y crisis), a la inseguridad de empleo e ingresos y a mayores desigualdades. Por otra parte, Xi y la élite del partido están unidos en su oposición a la democracia socialista como cualquier marxista la entendería. Desean preservar su régimen autocrático y los privilegios que se derivan de él. La gente todavía tienen un papel que jugar. Han luchado batallas locales por el medio ambiente, sus pueblos y sus puestos de trabajo y salarios. Pero no han luchado por más democracia o poder económico. De hecho, la mayoría apoya al régimen. Los chinos apoyan al gobierno, pero están preocupados por la corrupción y la desigualdad - las dos cuestiones que Xi afirma que está combatiendo (pero en las que fracasará). Una reciente encuesta realizada por el Centro de Investigación Pew encontró que el 77% de los encuestados creen que su forma de vida en China necesita ser protegida de la “influencia externa”.  El politólogo Bruce Dickson colaboró con expertos chinos para estudiar la percepción pública del Partido Comunista de China gobernante. Los investigadores llevaron a cabo entrevistas directas con unas 4.000 personas en 50 ciudades de todo el país. Dickson concluyó: “No importa cómo se mida, no importa qué preguntas se pregunten, los resultados indican siempre que la gran mayoría de la gente está realmente satisfecha con el status quo”. Parece que Xi y su banda durarán bastante tiempo.



  • Revolución rusa: la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos
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    07/11/2017
    La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, anunció Marx en el Manifiesto Comunista. Los grandes saltos históricos se produjeron cuando las clases intervinieron como tales. En la Antigüedad, las rebeliones de esclavos; en el Medioevo, los levantamientos campesinos; la burguesía, en las grandes revoluciones del siglo XVIII; y en el Capitalismo, la clase obrera. La Revolución rusa mostró al mundo que, cuando los trabajadores actuaron como clase, poniendo en pie organismos como los soviets y con un partido dirigiendo a su vanguardia, incluso estableciendo alianza con otras clases sociales, protagonizaron el episodio más importante de la historia humana. En las últimas décadas, con el triunfo del neoliberalismo, la burguesía impuso una ideología en dónde el progreso se logra por la vía del esfuerzo individual, a través del ascenso social que pueda hacer cada uno. Los denominados gobiernos posneoliberales, más allá de los discursos, no han cambiado sustancialmente esa ideología. Pero esto no siempre fue así y no es algo eterno, así lo demuestran las revoluciones a lo largo de la historia. La Revolución rusa evidenció que, cuando los trabajadores intervinieron como clase, poniendo en pie sus propios organismos, se obtuvieron avances inéditos, en la vida material y cultural del conjunto del pueblo, imposible de lograrse en algún país capitalista por la vía del esfuerzo individual. 1917: El año que cambió la historia de la clase obrera Tres años habían pasado desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, que había creado sufrimientos superiores a los habituales y, también, las condiciones para la revolución. Un proceso de huelgas y manifestaciones se agudizó producto del desgaste por la guerra. La insurrección comenzó el 23 de febrero del calendario ruso (8 de marzo), en el día Internacional de la Mujer, las obreras de distintas fábricas de Petrogrado se declararon en huelga al grito de “¡abajo la autocracia!” y “¡abajo la guerra!” y fueron seguidas por los obreros del barrio de Viborg, dirigidos mayoritariamente por los bolcheviques. Días después, el zar Nicolás II renunció al trono del Imperio Ruso. A doce años de la primera revolución, en 1905, en ese país renació el Soviet de Petrogrado, un organismo compuesto por delegados obreros y soldados (en su mayoría campesinos armados por la guerra), y la huelga se generalizó a todas las fábricas. La revolución se expandió a Moscú y al resto de Rusia. En este primer momento de la revolución, los soviets estaban en manos de dos partidos que buscaban conciliar con la burguesía, los socialistas revolucionarios y los mencheviques. Ambos consideraban que la revolución era burguesa por las tareas que tenía que llevar adelante. Los bolcheviques eran una pequeña minoría. Trosky explica que la Revolución de Febrero presentó una paradoja, porque las masas (obreros, militantes bolcheviques y soldados) habían protagonizado la insurrección sin que ningún partido la preparara. El poder lo tenían los soviets, pero estos al estar dirigidos por partidos conciliadores, le entregaron el poder a la burguesía. Así, surgieron dos instituciones de características muy distintas: el Gobierno Provisional, el órgano político de la burguesía y los terratenientes, y los soviets, órganos de gobierno de obreros, campesinos y soldados. En Rusia entonces, se daba una situación de “doble poder”, dos poderes irreconciliables, como los intereses de las clases a las que representaban. Los socialrevolucionarios y mencheviques, que dirigían los soviets, tenían la estrategia de subordinarlos al poder burgués buscando una alianza con la burguesía liberal. Había pasado un mes y medio de la revolución y la guerra continuaba, a pesar de la exigencia de “paz” de las masas. Entre los dirigentes del Partido Bolchevique que estaban en Rusia, Stalin (1) y Kamenev (2), primaba el desconcierto e impusieron una línea de apoyo crítico al Gobierno Provisional. Sus dirigentes más experimentados se encontraban en el exilio. Recién el 3 de abril, Lenin pudo volver a Petrogrado y cambiar la estrategia del partido: había que enfrentar al Gobierno Provisional y conquistar la mayoría de la clase obrera y los soviets. Si estos rompían con la burguesía, podían ser, no sólo organismos de autoorganización, sino “la única forma posible de gobierno revolucionario” y la base para construir un nuevo Estado. La situación de “doble poder” no podía mantenerse en el tiempo. O triunfaba la política de Lenin y los bolcheviques, de no depositar ninguna confianza en el gobierno provisional, o se liquidaba la revolución. Es así que, en el I Congreso de los Soviets, Lenin explica que: “los soviets son una institución que no existe en ninguno de los Estados burgueses parlamentarios de tipo corriente, ni puede coexistir con un gobierno burgués”. Las masas, hartas de la guerra que el gobierno se negaba a terminar, en julio llevaron adelante en Petrogrado, multitudinarias manifestaciones armadas, que querían entregarle “todo el poder a los soviets”. Pero en las provincias no se daba la misma situación, ni entre los campesinos, ni entre los soldados en el frente. Había un peligro de que el alzamiento prematuro de Petrogrado fuese aplastado. Los bolcheviques, conscientes de esto, intentaron contener a las masas y propusieron una manifestación pacífica. El gobierno hizo correr un rumor de que Lenin era un espía alemán; de esta forma ilegalizaron el Partido Bolchevique, detuvieron a Trotsky y a otros dirigentes y Lenin tuvo que pasar a la clandestinidad. La contrarrevolución ganó las calles y en agosto, el General Kornilov (3) quiso ir por más e intentó un golpe de Estado. El gobierno provisional, liderado por el socialrevolucionario Kerenski(4), para detenerlo, necesitaba la ayuda de los bolcheviques y de los obreros, por lo que tuvo que levantar las proscripciones y permitir su armamento. Trotsky, en su texto Lecciones de Octubre, cita una carta de Lenin al Comité Central, en la que el dirigente del Partido Bolchevique es categórico en cuanto a mantener la independencia política aun en casos extremos como un golpe reaccionario: “Ni siquiera ahora debemos apoyar al gobierno de Kerensky. Sería faltar a los principios. ‘¿Acaso no hay que combatir a Kornilov?’, se nos objetará. Claro que sí; pero, entre combatir a Kornilov y apoyar a Kerensky, media una diferencia, existe un límite, y este límite lo franquean algunos bolcheviques, cayendo en el ‘conciliacionismo’, dejándose arrastrar por el torrente de los acontecimientos”. La posición de Lenin fue seguida por los bolcheviques, que dispuestos al combate, instauraron las Brigadas Rojas que pusieron en pie de guerra a Petrogrado y obligaron al gobierno a entregar más de 10 mil fusiles. Los ferroviarios frenaron los trenes de las tropas golpistas, y muchos de sus soldados se pasaron al bando de la revolución. Kornilov fue derrotado y la fama de los bolcheviques se extendió por toda Rusia, ganando rápidamente la mayoría en todos los soviets. Mediaba septiembre y los soldados comenzaron a negarse a continuar la guerra, la alianza entre ellos y las guardias rojas de los soviets, se selló con el pedido de armamento generalizado para los obreros. Las condiciones estaban maduras para la toma del poder e iniciaron los preparativos a plena luz del día. El gobierno provisional, impotente, sólo podía especular cuál sería la fecha. Entre la dirección de los bolcheviques había sectores que dudaban y se oponían a la insurrección (Zinoviev [5] y Kamenev). Lenin luchó contra estos y ganó a la mayoría del partido. En las primeras horas del 25 de octubre del calendario ruso (7 de noviembre) se puso en marcha el plan para la toma del poder. El Comité Miliar Revolucionario, dirigido por Trotsky, tomó los edificios estratégicos de la capital, las oficinas de correos y telégrafos y las principales vías de comunicación. La planificación fue tan impecable que encontró poca resistencia a su paso hacia el Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. La toma del poder se dio en la madrugada previa al comienzo del Segundo Congreso de los Soviets, actuando en su defensa, se disolvió el gobierno provisional y la clase obrera llegó a la cima, instaurando un gobierno de los trabajadores, continuador del legado de la gesta de La Comuna de París. La “normalidad” capitalista no se puede mantener eternamente Las revoluciones son los momentos en donde las masas intervienen en los acontecimientos históricos, a diferencia de los tiempos “normales”, en donde la historia corre a cargo de especialistas de oficio (monarcas, ministros, burócratas, parlamentarios y sus instituciones). La burguesía, que detenta el poder del Estado, busca que la clase obrera no intervenga como clase independiente. A través de distintos mecanismos, y llevados adelante por los partidos que le responden y todo tipo de funcionarios, burócratas, medios de comunicación, etc., imponen una ideología y, hasta en un sentido, una práctica en donde el mejoramiento de las condiciones de vida dependen del esfuerzo individual. Pero esto a la larga no es más que una ilusión. Porque el capitalismo necesita la concentración de trabajadores en fábricas y ciudades, no puede evitar las crisis económicas de forma recurrente y los ataques que se desprenden de ellas y que obligan a las grandes masas a actuar en conjunto como clase. En definitiva, los capitalistas generan sus propios sepultureros y las condiciones para la revolución. Como afirma Trotsky, en La Historia de la Revolución rusa: “en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto está bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”. En el proceso de la lucha de clases, los trabajadores crean órganos de autoorganización, como los soviets, que juegan un papel fundamental en las revoluciones. Pero, como se vio, estos pueden estar dirigidos por partidos conciliadores con los partidos de la burguesía y, por lo tanto, están sujetos a deformaciones. Es por eso que, en los momentos cruciales la dirección política se torna un factor decisivo. El Capitalismo genera las condiciones para la revolución y, en ésta, muy probablemente las masas superan sus viejas instituciones y crea nuevas formas para organizarse, más democráticamente, territorialmente y, en un grado cada vez mayor, según el proceso revolucionario vaya avanzando. Pero no por esto el partido revolucionario se construirá de forma espontánea. Es una tarea que debe llevarse adelante en los tiempos “normales”. Depende enteramente de la vanguardia de la clase obrera y de todos los que abrazamos la causa del socialismo. Como afirma Trotsky, a diferencia de la burguesía, la clase trabajadora no puede tomar el poder de manera espontánea, sin un partido que dirija a la vanguardia en el proceso de la insurrección: “Una clase explotadora se encuentra capacitada para arrebatárselo a otra clase explotadora apoyándose en sus riquezas, en su “cultura”, en sus innumerables concomitancias con el viejo aparato estatal. Sin embargo, cuando se trata del proletariado, no hay nada capaz de reemplazar al partido”. Notas: 1 Stalin Josef, miembro del Partido Bolchevique desde 1903 y de su Comité Central desde 1912. Fue nombrado Secretario General del Comité Central del Partido Comunista Ruso en 1922. Artífice de la degeneración burocrática del PC ruso y de la Internacional Comunista. Creador de la “teoría del Socialismo en un solo país”. Organizó los Juicios de Moscú en la década de 1930 que liquidaron a la mayoría de los líderes de la época de Lenin. 2 Kamenev Lev, antiguo bolchevique, miembro del Comité Central en 1917, año en que se opuso a las Tesis de Abril y a la Insurrección de octubre. Presidente del Soviet de Moscú en 1918. Luego de la muerte de Lenin forma la “Troica” con Stalin y Zinoviev contra Trotsky. En 1926 se une con Trotsky para conformar la Oposición Unificada, expulsado del Partido en diciembre de 1927 capituló y fue readmitido en 1928, en 1932 vuelve a ser expulsado y condenado a muerte y ejecutado en el primer Juicio de Moscú. 3 Kornilov Lavr, oficial de carrera, fue nombrado comandante en jefe por Kerensky en julio de 1917 4 Kerensky Alexandre, socialrevolucionario ruso. Después de la Revolución rusa de 1917 fue jefe del gobierno provisional, desde julio hasta la Revolución de Octubre. 5.  Zinoviev Grigori, dirigente bolchevique, presidió la Internacional Comunista desde 1919 hasta 1926. Luego de formar la troica con Stalin y Kamenev en 1924, realizó numerosas acusaciones contra Trotsky, luego se autocriticó y se unió a Trotsky en la Oposición Unificada. Aunque rompió con ella al poco tiempo fue condenado y fusilado en el primer Juicio de Moscú. (Fuente: La Izquierda Diario / Autores: Jazmín Jiménez y Emilio Salgado)



  • La Revolución de 1917 y la cuestión nacional y colonial
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    07/11/2017
    Conmemoraremos este 7 de noviembre un siglo de la gran revolución socialista de 1917, sin duda, la experiencia de transformación social más trascendente en el ámbito mundial del siglo XX. Aun para los enemigos jurados de la revolución, la toma del poder por los bolcheviques, marca una nueva época para la humanidad: la del inicio de una experiencia socialista en un inmenso país, de los más atrasados de Europa. Para los trabajadores de la Rusia zarista, y de otras naciones europeas, carne de cañón de la guerra inter-imperialista iniciada en 1914, la revolución social constituía el único camino para lograr la paz, conquistar el poder político y derrotar al capitalismo. Correspondió a la alianza de obreros, campesinos y soldados del imperio ruso dar ese primer paso de alcance histórico universal. Por siglos, las clases dominadas habían padecido diversas formas de opresión y servidumbre. Sus movimientos de resistencia fueron siempre salvajemente reprimidos. Los explotados por los distintos sistemas de clase experimentaron todas las formas de lucha, en búsqueda permanente de una vida mejor; desde la rebeldía armada contra los opresores, hasta movimientos de naturaleza mesiánica y utópica. Incluso formas primitivas de rebeldía social como el bandolerismo dirigido contra los ricos y conquistadores extranjeros, producto del impacto del capitalismo en el mundo periférico y rural, expresaban el ardiente anhelo de sobreponerse a la miseria extrema impuesta por las clases dominantes. Los pueblos cantaban y mitificaban a esos irreductibles que se lanzaban a una muerte segura en aras de una vida nebulosamente imaginada de igualdad y libertad. La Revolución de 1917 fue el triunfo de los millones de hombres y mujeres que sufrieron prisión, tortura, hambre, persecución, destierro; de los que depositaron su fe en un futuro distinto para la humanidad. Esta revolución hace realidad los sueños y las utopías multiseculares. Encarna el espíritu de las y los combatientes de la Comuna de París, primera clarinada de un gobierno de trabajadores. Muchas son las enseñanzas y experiencias vigentes que para los y las revolucionarias de hoy día mantiene la revolución bolchevique. Una de ellas, que es particularmente significativa, se refiere al aporte que la Revolución de 1917 hace a la llamada cuestión nacional y colonial, y, particularmente, al derecho de pueblos y naciones a la autodeterminación. Con el nuevo gobierno revolucionario, se establece en el otrora imperio conocido como “cárcel de los pueblos”, un nuevo tipo de comunidad estatal (supra)nacional, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, la URSS, en la que se buscó suprimir la desigualdad económico-social entre las naciones, nacionalidades y grupos étnicos, y, en la que, paralelamente, se experimentaron formas de gobierno inéditas para la época, los soviets, que pretendían integrar a representantes de esa alianza de obreros, campesinos y soldados que había hecho posible el triunfo revolucionario. Lenin, como dirigente máximo de la revolución, procesa teórica y políticamente la autodeterminación como el derecho de pueblos y naciones a la independencia, la separación estatal, la formación de estados propios. La autodeterminación era una reivindicación democrática que emergía de los principios liberales de la democracia burguesa, aunque en sus análisis conceptuales Lenin va más allá de la interpretación liberal. En realidad, la Revolución del 1917 fue el acontecimiento decisivo que influyó en la radicalidad de este principio. En marzo de ese año, el gobierno provisional de la Rusia revolucionaria anuncia que desea establecer la paz unilateralmente, sobre la base del “derecho de las naciones a decidir sobre sus destinos”. Lenin y los bolcheviques comprendieron el valor que tenía el sentimiento nacional para sus fines de transformación social, asumiendo en los hechos las omisiones y posiciones equívocas de Marx y Engels con respecto a la cuestión nacional. Partiendo del mismo presupuesto teórico de Marx sobre la revolución mundial, Lenin vislumbra, sin embargo, el significado de la cuestión nacional como un elemento que fortalecería la lucha por el socialismo. En su “balance de la discusión sobre la autodeterminación”, Lenin señalaba que los socialistas: “Deben estar en favor del aprovechamiento para los fines de la revolución socialista de todos los movimientos nacionales dirigidos contra el imperialismo. Cuanto más pura sea la lucha del proletariado contra el frente común imperialista, tanto más esencial será, evidentemente, el principio internacionalista de que el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre”. Planteamiento fundamental en el proceso descolonizador del siglo XX. Contrario a la tesis que mantienen autores como Richard Pipes y Neil Harding, de que hay una continuidad programática e ideológica entre Lenin y Stalin, considero que en la cuestión nacional esta supuesta continuidad no sólo no existe, sino de hecho asistimos a una ruptura sin retorno entre ambos dirigentes, que no puede ser soslayada. A pesar de la influencia negativa del estalinismo en la política sobre la cuestión nacional, se dieron avances significativos a partir de la Revolución de 1917 en el desarrollo de naciones, nacionalidades y pueblos de la Unión Soviética. El estalinismo y la desaparición de la URSS no pueden afectar un juicio objetivo sobre el significado y los alcances de esa gloriosa revolución, incluso en la derrota del nazi-fascismo en la Gran Guerra Patria. Uno de los logros cardinales fue la construcción nacional de pueblos y nacionalidades que no habían podido integrarse como naciones y nacionalidades en la etapa prerrevolucionaria, como Ucrania, Bielorrusia, Georgia, los pueblos de Transcaucasia y Moldavia; los del Asia Central, Siberia y el Extremo Oriente, muchos de los cuales antes de la revolución vivían en el aislamiento y en la marginación en todos los órdenes. La revolución dio la posibilidad de integrar a la vida del país a sujetos sociopolíticos que posteriormente reclamaron derechos y reivindicaciones. Sería una tergiversación histórica negar, igualmente, el notable desarrollo económico, político, cultural alcanzado por los más de 100 pueblos, naciones y etnias que integraron la URSS a partir del establecimiento del poder soviético. Asumir el claroscuro de esta experiencia dramática de lo que fue la historia de la cuestión nacional en la URSS es la base para un planteamiento realista y objetivo del balance histórico de la revolución bolchevique en torno a esta importante problemática del mundo actual. (Fuente: Resumen Latinoamericano / Autor: Gilberto López y Rivas)



  • La artillería como esencia de España
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    05/11/2017

    Nota: para Boro y Alfredo Ramos, y para todas las personas perseguidas por su praxis democrática.

    Acorralado en el debate, el Cardenal Cisneros no tenía respuestas convincentes a los argumentos de un sector de la nobleza y de la burguesía castellana que se oponía en 1516 a que Carlos V de Alemania fuera proclamado rey porque buscaban soluciones justas a la aguda crisis sucesoria, así que el envejecido regente abrió una ventana mostrándoles la unidad de artillería desplegada en el patio: «Esto son mis poderes», les dijo. La razón de la fuerza contra la fuerza de la razón. Cinco años después aquella brutal amenaza fue materializada a cañonazos con la masacre de la revolución comunera en 1521. El Cardenal Cisneros no descubría nada nuevo: la represión ha sido siempre el recurso último de los sistemas explotadores, mientras que Maquiavelo tampoco inventaba algo desconocido hasta entonces al decir que «Los suizos son muy libres porque tienen muchas armas». Es un tópico periódicamente reactivado el criticar al marxismo diciendo que carece de una «teoría del poder» –que no sólo del Estado-, porque, según se afirma con docta ignorancia y burda mala fe, olvida, descuida, ignora, etcétera, otras muchas formas de poder que no sean las que se basan en la violencia directa. No tiene sentido demostrar ahora lo insostenible de estos mantras que tanto ayudaron a desactivar la lucha de clases desde los ’70 con las obviedades faucaultianas de los micropoderes, por ejemplo, entre otras mercancías ideológicas. Solamente decimos que la teoría marxista del poder en el capitalismo gira sobre la dialéctica entre el fetichismo de la mercancía y las violencias, que son aplicadas en la medida en que el fetichismo va perdiendo eficacia integradora. Esta teoría ha sido vaciada de potencial revolucionario por la versión reformista del gramscismo con su engrudo insípido sobre el consenso y la coerción. Maquiavelo y Cisneros escribieron en el momento en que la burguesía mercantil endurecía su lucha contra el feudalismo, cuando el valor de cambio y el dinero empezaban ya a disolver con su ácido inhumano las viejas relaciones sociales dominantes a la vez que mostraban ya los primeros indicios del fetichismo de la mercancía, proceso que sólo se desarrollaría en toda su destructividad con la revolución industrial de finales del siglo XVIII. Sin embargo, la mundialización del fetichismo no anula la valía de las tesis de ambos políticos, porque, en el caso de Cisneros, la represión vuelve a descubrirse como la esencia de España cuando pierden efectividad los medios de «consenso», o dicho con rigor marxista, cuando el fetichismo empieza a debilitarse y debe ser urgentemente ayudado por las violencias, o simplemente debe dejar el espacio a la artillería. Maquiavelo es tan vigente como el belicoso cardenal pero justo por lo contrario, por la veracidad incuestionable de la otra parte de la unidad y lucha de contrarios ahora en el plano teórico: Catalunya y otras naciones oprimidas sólo han sido independientes de facto cuando han dispuesto de artillería propia, como los suizos, pasando a sufrir la opresión cuando fueron vencidas o rindieron sus armas al invasor. Lo mismo debemos decir con respecto a las clases trabajadoras explotadas por la burguesía: sólo mediante su lucha, sólo mediante lo que Rosa Luxemburgo definía en 1906 como la «violencia obrera» que es más poderosa y efectiva que el parlamentarismo, únicamente así el pueblo trabajador puede conquistar y defender su libertad. Parafraseando a Sendoa Jurado: la paz se pierde, de recupera y se defiende «a hostias». Por lo tanto no debe sorprender que recurramos a la teoría marxista del poder, a sus primeros adelantos parciales presentes en Cisneros y Maquiavelo, por citar algunos casos, y a la brillantez sintética de Rosa y Sendoa, para comprender la lógica interna que conecta el posible destino de compañero Boro y la cárcel para Alfredo Ramos, con los juicios pendientes, con el de los compañeros del grupo musical Insurgentes, los gaztes de Altsasu, las cuarenta y ocho personas llevadas a juicio por su solidaridad con prisioneras y prisioneros vascos y los varios juicios pendientes contra independentistas, la persecución de luchadoras y luchadores andaluces, los cientos de personas golpeadas por la ley Mordaza, las decenas de sindicalistas que están en el filo de juicios y de expulsiones de sus empleos por defender derechos elementales porque la artillería legal ya triangula su tiro contra el derecho de huelga, la aplicación del 155 contra Catalunya y las amenazas de aplicarlo de nuevo no sólo si el independentismo vuelve a ganar las elecciones catalanas sino también contra Euskal Herria y Castilla-La Mancha… Como venimos insistiendo, la coherencia interna de estas represiones no es otra que la necesidad burguesa de asegurar el orden explotador en el marco de acumulación de capital que es España. Sin mayores precisiones ahora, el Estado contuvo el malestar creciente que estalló parcialmente en las famosas «mareas» y en el 15-M de 2011 gracias a los bomberos de Podemos y de otros reformismos político-sindicales, entre otras razones. Pero las diversas subcrisis que confluyen en la estructural que mina las bases de España y que el Cardenal Cisneros quiso resolver a cañonazos, siguieron agudizándose confirmando la dialéctica del desarrollo desigual y combinado. En esta diferencia de ritmos e intensidades, la lucha nacional catalana surgió como una de las expresiones fundamentales de la crisis sistémica de España porque justo en esos años la izquierda abertzale se descompuso por el volantazo brusco dado por una parte de su dirección. En Catalunya la burguesía siempre había combatido las reivindicaciones nacionales de forma bastante disimulada gracias al colaboracionismo de los gobiernos autonómicos, pero empezó a oponerse frontalmente a ellos desde el momento en que vio que podían radicalizarse hacia el núcleo de su poder: la propiedad privada. Otra vez más, la caldera subterránea de las contradicciones del sistema llegó a niveles de presión que encendieron todas las alarmas y desbordaron las válvulas de seguridad. El traslado de sedes sociales y fiscales de muchas grandes empresas desde Catalunya a España es una de las armas terroristas más efectivas del capital, pero tiene muchas más, sobre todo la última, la artillería española. Por ahora la patronal ha pedido a la justicia española que ilegalice el ejercicio del derecho de huelga nacional catalana convocado para este 8 de noviembre, y ayer se supo que ya está activada la querella para ilegalizar a la CUP. Para comprender el calado profundo de la estrategia represiva de la burguesía en Catalunya debemos analizar su unidad de intereses esenciales con el capitalismo español del que forma parte insustituible. En otro texto anterior –La crisis de España y la Constitución de Antequera de 1883. La independencia de Andalucía como acto revolucionario- hacíamos referencia al último informe del club de explotadores, la CEOE, que reconocía un aumento espectacular de las resistencias, paros y huelgas obreras desde comienzos de 2017 y sobre todo desde este verano. El empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo, la destrucción de derechos sociales y de libertades, la intensificación de la opresión nacional, el envalentonamiento del terrorismo patriarcal, semejante involución acompañada del resurgir del fascismo cotidiano también impulsa la autoorganización obrera y popular, aunque a paso lento por ahora a causa de la debilidad de la izquierda revolucionaria. Los más recientes datos del CIS muestran que el 41% de la población del Estado tiene dificultades económicas para llegar a final del mes, que el 35,4% ahorra poco al mes, que el 12,3% tiene que recurrir a sus ahorros para llegar a final de mes. Otro informe del INE dice que el 58% de la población se endeuda para llegar a final de mes, mientras que sólo el 40% puede ahorrar algo al año. En Madrid, la compra de un piso se come los primeros seis años y medio de sueldo, 78 sueldos íntegros mensuales, lo que explica muchas de las dificultades cotidianas teniendo en cuenta que están descendiendo las pensiones de las personas jubiladas cuya aportación a la economía familiar es cada vez más importante. El panorama es tanto más inquietante cuanto que un estudio del BBVA que llega hasta 2013 muestra que la mal llamada «clase media» -asalariados con sueldo alto y otras prebendas, lo que les hacía creer que ya habían «ascendido socialmente»- se ha contraído en alrededor de 3 millones de personas desde el comienzos de la crisis por las duras reducciones salariales directas e indirectas, en servicios sociales, salarios diferidos, etc. Por si fuera poco, el FMI ha advertido que los puestos de trabajo creados en los últimos tiempos «son de mala calidad», es decir, precarios, inciertos, con muy poca o con nula productividad del trabajo. Por ejemplo, la precariedad laboral ha subido cuatro puntos desde 2013, un punto al año, siendo ahora del 27,38% según estadísticas oficiales, lo que significa que, además de otras razones que sería largo enumerar, ha aumentado la debilidad del capitalismo español para hacer frente a una agudización de la crisis, y ello a pesar de que entre 1970 y 2014 los pueblos trabajadores del Estado han perdido nada menos que 15 puntos del PIB en lo que se llama «el reparto de la tarta» que han ido a manos de la burguesía. Son estas tendencias fuertes las que hacen que el Cardenal Cisneros, el general Franco y el rey Felipe VI enseñen su artillería en los momentos críticos, como en 1516, 1936 y 2017, por citar algunas fechas. Nos encontramos ante la esencia de España: la razón de la fuerza contra la fuerza de la razón. La artillería material e ideológica se justifica así misma con el nacionalismo imperialista español que, en realidad oculta el egoísmo de la burguesía: El último informe de Oxfam Intermón descubre que entre 2015 y 2016, o sea en un año, las fugas de capital español a los paraísos fiscales se han multiplicado por cuatro. Peor aún, la gran permisibilidad fiscal permite que desde 2007 Hacienda haya dejado de ingresar no menos de 27.000 millones de €, una cantidad muy necesaria para recuperar el salario indirecto y público ya que con sólo 12.000 millones de € se cubrirían las rentas mínimas para todas las familias sin ingresos. Pues bien, el terrible aumento de las personas encarceladas por su militancia política y democrática y sobre todo el incremento espectacular de la «lista de espera», no es sino otra forma de actuar de la artillería, forma que puede endurecerse si prestamos atención a las reiteradas declaraciones de la Ministra de Defensa.

    IÑAKI GIL DE SAN VICENTE EUSKAL HERRIA, 5 de noviembre de 2017




  • La izquierda de paco-tilla
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    04/11/2017
    Tras ver -y oír- a Francisco Frutos en una manifestación encabezada por la extrema derecha, cabría pensar que “pacotilla” viene de Paco; pero no, es un término de origen náutico que coloquialmente se usa para designar “algo de inferior calidad o hecho sin esmero” (DRAE). Aunque en este caso, por una curiosa coincidencia, la izquierda de pacotilla coincide en buena medida con la izquierda de Paco. Porque, lamentablemente, Paco Frutos no es un caso aislado en el seno de la izquierda a la que representa. A sus 78 años, podríamos pensar piadosamente que el “cansancio” que lo llevó a retirarse de la primera línea de la política hace ya una década, ha degenerado en deterioro neuronal; pero alguien tan joven y tan representativo como Alberto Garzón dice las mismas sandeces sobre el independentismo, y aunque cuida un poco más las formas y evita salir en la foto con la extrema derecha, la apoya con parecido fervor. “¡Soy un traidor!”, gritaba el ex secretario general del PCE en la última manifestación españolista, a modo de recurso retórico para añadir acto seguido: “¡Un traidor a la mentira!”. Querido Paco, no se puede traicionar la mentira: la mentira se desenmascara, se desmonta, se rebate, pero “traicionar la mentira” es una contradictio interminis. Y si intentamos conferirle algún sentido a tu flatusvocis, es peor, pues solo se puede traicionar a los del propio bando; ¿quieres decir, con tu críptica frase poética, que hasta ahora militabas en la mentira y de pronto has decidido pasarte al bando la verdad? Aclárate con el lenguaje, Paco, que es el primer paso para aclararse con todo lo demás, sobre todo con la política, que tanto juega con las palabras, y casi siempre juega sucio. Diríase que lo que os pasa a Garzón y a ti, y a tantos otros afiliados -de manera ingenua u oportunista- al binomio IU/CCOO, es que os sentís más cómodos con la derecha que con la izquierda verdadera, la que se enfrenta realmente a la clase dominante y pone de manifiesto, por contraste, vuestra condición de izquierdilla “de inferior calidad y hecha sin esmero”. Con todos sus defectos -y sus excesos-, la izquierda abertzale, la CUP, Izquierda Castellana, Red Roja, el PCPE y los anticapitalistas en general os tienden un espejo que os devuelve la imagen vergonzosa de vuestras claudicaciones y componendas, de vuestra sumisión a los poderes establecidos; lo cual explica que, como los vampiros, evitéis la claridad y los espejos. Pero nada explica que os echéis en brazos de la extrema derecha y que vayáis de la mano de quienes apalean a la población indefensa y encarcelan a los pacifistas. Una cosa es que la izquierda de pacotilla se olvide del Manifiesto Comunista, y otra que ignore la Declaración Universal delos Derechos Humanos. Una cosa es desertar, y otra pasarse al enemigo. (Fuente: La Haine / Autor: Carlo Frabetti)



  • La crisis de España y la Constitución de Antequera de 1883. La independencia de Andalucía como acto revolucionario
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    02/11/2017

    Nota: Ponencia presentada a las III Jornadas por la Constitución Andaluza organizadas por Nación Andaluza y Sindicato Unitario, sobre la actualidad de la Constitución de Antequera de 1883, celebradas en la ciudad de Granada el 28 y 29 de octubre de 2017.

    1. PRESENTACION

    2. LENIN NOS AYUDA UN POCO

    3. EL CONTEXTO DE ANTEQUERA

    4. LA CONSTITUCION DE ANTEQUERA

    5. LOS NACIONALDEMOCRATAS

    1.- PRESENTACION

    El pasado 25 de julio, día nacional de Galiza, se conoció el Manifiesto de Compostela. Hemos dicho en otro texto –La crisis de España como marco de acumulación del capital, 31 de agosto de 2017- que el Manifiesto era tanto la culminación de un proceso de acercamiento y debate internacionalista como la apertura de otro proceso que se considera imprescindible ante la crisis de España como marco de acumulación de capital. Decíamos en esa ponencia que no estamos ante la llamada «crisis del régimen del ‘78» sino ante una nueva crisis estructural del capitalismo español, es decir, de nuevo se están agudizando rápidamente los antagonismos internos a las contradicciones que minan al Estado desde sus inicios proto burgueses.

    La tesis de que nos enfrentamos sólo a una «crisis del régimen del ‘78» únicamente aprecia parte –que no todas- de las expresiones sociopolíticas externas de la crisis estructural, dejando fuera de su visión otras realidades; pero sobre todo, no bucea hasta el fondo, hasta las raíces históricas que hacen que, inevitablemente, el Estado español sea siempre ferozmente antiobrero y antipopular, sea una cárcel de pueblos, sea incapaz de integrar a las burguesías «regionales», sea incapaz de mantener la carrera imperialista por la productividad del trabajo, sea incapaz de reducir su corrupción hasta las tasas «normales» en otros capitalismos, etcétera.

    Es cierto que unas facciones de la burguesía intentaron modernizar su Estado, y tal vez fuera posible que lo intentasen de nuevo con la cacareada «segunda transición» que fracasaría porque dejaría sin tocar esas contradicciones estructurales. La tesis de la «crisis del régimen del ‘78» reivindica con razón reformas o cambios, según las versiones, democráticos urgentes en estos momentos, pero debe ser integrada en una perspectiva estratégica más amplia que a la fuerza pasa por el debate de si es posible llegar al socialismo –que no únicamente a la III República- sin acabar con los pilares de la «nación española» en su sentido actual, burgués, es decir, como el marco material y simbólico de producción de valor, reproducción de la fuerza de trabajo y de acumulación ampliada del capital en ese trozo de la península ibérica que el nacionalismo español llama España.

    Tenemos dos ejemplos palmarios que muestran la imposibilidad de cambios cualitativos hacia el socialismo como trampolín al comunismo desde el Estado-nación español actual. Uno es el de la sobreexplotación y marginalidad periférica de Andalucía, nación en la que el 32,3% de la población es pobre y el 41,7% se encuentran al borde de la llamada «exclusión social»: todas y todos sabemos que el PSOE de Andalucía es una fuerza clave en el PSOE, en el Estado y en el nacionalismo español. Según datos muy recientes, ahora mismo hay no menos de 2.600.000 andaluzas y andaluces que necesitados de recibir la renta básica de lucha contra el empobrecimiento. Pues bien, el PSOE-A en el gobierno sólo presta ayuda a 45.000 familias, o sea no llegan a 200.000 personas si suponemos que cada unidad familiar tiene 4 personas.

    El empobrecimiento, la precarización, la marginalidad del pueblo trabajador andaluz después de tantos años de gobierno del PSOE-A no responde sólo a razones estrictamente económicas sino también al lugar periférico de sobreexplotación que el Estado español impuso a Andalucía, como veremos. El nacionalismo español se volcó a la desesperada para borrar el potente sentimiento andalucista que mostró su arraigo en aquella gigantesca manifestación del 4 de diciembre de 1977 exigiendo derechos burgueses idénticos a los de Catalunya, Galiza y Euskal Herria.

    Hoy la realidad andaluza sería muy otra si el nacionalismo español no hubiera logrado silenciar aquel gran sentimiento de identidad. ¿Cómo lo hizo? Antes que nadie, deben ser las fuerzas andalucistas las que lo expliquen. Con todos los respetos en esta ponencia sólo podemos sugerir algunas hipótesis: la situación del independentismo popular por las represiones permanentes en el franquismo y en plena «transición» como el asesinato de García Caparrós en Málaga en 1977; el papel de la izquierda española con su tesis de que al socialismo sólo podía llegarse dentro de una república española fuerte y unida, reduciendo la reivindicación nacional andaluza a una simple autonomía regionalista de segunda categoría; la nefasta acción de amnesia histórica y potenciación del españolismo del PSOE; el oportunismo cobarde de la mediana y pequeña burguesía ante la perspectiva de un independentismo popular que podría fortalecerse peligrosamente si lograba conquistas importantes; la permanente intervención del Estado y del bloque de clases dominante en Andalucía acelerando la periferización en medio de una severa crisis económica con sus efectos desestructuradores como la emigración, etcétera…

    Sea como fuere, aquella identidad fue sumergida en agua helada. Se pretendió liquidar hitos fundamentales como la Constitución de Antequera, el regionalismo andaluz y la Asamblea de Ronda de 1918, el «trienio bolchevique», la figura de Blas Infante, la Asamblea de Municipios en Sevilla en 1931, la masacre de Casas Viejas, los debates entre las «dos Andalucías» geográficamente diferenciadas, la Asamblea en la Diputación de Sevilla pocos días antes de la sublevación fascista para debatir sobre un Estatuto, la sistemática represión franquista del andalucismo popular y la fabricación de una falsa Andalucía de castañuelas, toros y sol como uno de los sostenes de la «nación española» y como reclamo turístico, el resurgir de las luchas campesinas, populares y obreras y la recuperación de tierras.

    Dado que el PSOE-A es una pieza clave del capitalismo en Andalucía y en el Estado español, es imposible creer que la Andalucía popular, no la de los señoritos, pueda avanzar hacia su libertad dentro del Estado español, y es imposible creer que esa misma libertad pueda ser disfrutada por todas las clases y pueblos explotados si continúa existiendo el Estado-nación español.

    Es conocida la profunda identidad nacional españolista del PSOE-A, como del PS de la CAV y de Nafarroa, o de Galiza, etcétera, y su apoyo absoluto al nacionalismo imperialista del PSOE, el que impulsa la aplicación del Artº 155 contra Catalunya. El PSOE-A y las restantes sucursales autonómica, regionales y provinciales del PSOE es una máquina burocrática de fabricar alienación para fortalecer la «unidad nacional española» en Andalucía y con ella la tasa de ganancia del capital y su acumulación ampliada en y gracias al Estado. El PSOE-A y el PS de Catalunya son dos patas fundamentales del PSOE y las dos sucursales asumen que se aplique el Artº 155 a Catalunya, la parte ahora más consciente de su identidad nacional propia de los Països Catalans en su conjunto.

    Por tanto, cuando hablamos del PSOE hablamos de la Nación Española, de su Estado y de su burguesía. Y una de las preguntas es: ¿puede pensarse que las clases y naciones oprimidas avanzaremos al socialismo en su sentido verdadero, el comunista, que por tanto supone la previa independencia de las naciones oprimidas para que, en condiciones de democracia socialista, pueda decidir qué alianzas establecen con otros pueblos, sin vencer previamente el poder represor del PSOE, de la Nación Española, de su Estado y de su burguesía? Hay más preguntas. Una de ellas que responderemos en otra ponencia próxima es: ¿podemos avanzar al socialismo en el sentido que lo entendemos siguiendo la senda de Podemos, del grueso de Izquierda Unida y del PC de España, y de otros sectores que se dicen marxistas y que niegan en la práctica en derecho de autodeterminación?

    Llegamos así al otro ejemplo, el del hachazo asestado a los derechos del pueblos catalán con el Artº 155 de la Constitución monárquica española –y la amenaza de aplicarlo también a Euskal Herria y Castilla-La Macha, por ahora- supone una triste confirmación de la perspectiva histórica y de las tareas que estamos debatiendo entre las fuerzas políticas que firmamos el Manifiesto de Compostela.

    La burguesía española no puede tolerar que Catalunya se independice y no sólo por la pérdida económica que ello implica sino también por el efecto dominó que tendría –ya lo está teniendo- sobre la concienciación de otras naciones oprimidas, en los sectores más organizados de la clase trabajadora del Estado y sobre la misma legitimidad del marco estatal de acumulación ampliada del capital que llaman “España”. La crisis estructural del Estado explica por qué se ha advertido a Euskal Herria, que tiene todos los «ingredientes» para que se le castigue con el Artº 155, y por qué también se ha amenazado a Castilla-La Mancha pese a enormes diferencias con el Pueblo Vasco.

    En una ponencia anterior –España contra Catalunya, del 20 de septiembre de 2017- repetíamos los cuatro grandes bloque de abismos insalvables que impiden que lo que se llama “España”, o sea el marco estatal de acumulación ampliada de capital, pueda constituirse en Estado-nación capitalista al estilo de los Estado-nación de la primera oleada de revoluciones burguesas triunfantes:

    Una, rechazo a integrar democráticamente a las burguesías «regionales», y ahora mismo, con el Artº 155 golpeando a Catalunya y amenazando a otras Autonomías, tenemos otro ejemplo irrebatible. Dos, atraso creciente en la productividad del trabajo confirmado por muchos más datos nuevos: a pesar de la espuria recuperación fugaz, el Estado se enfrenta a crecientes fuerzas que merman su «independencia nacional», como la decisión del BCE para dejar de comprar activos y las exigencias alemanas de más rigor en el cobro de deudas, o el dato de que España ha bajado dos puestos más en el ranking de la competitividad mundial, y por no extendernos sobre la dependencia creciente de España basta saber que el capital extranjero ya controla el 43,1% de las acciones de la Bolsa española.

    Tres, la gigantesca corrupción estructural e histórica del bloque de clases dominante es ya inocultable también a escala mundial: un informe europeo muestra que España es el Estado de la UE que menos medidas aplica contra la corrupción judicial, de modo que al aumentar el rechazo público a la corrupción se debilita uno de los sistemas más efectivos para facilitar la acumulación ampliada del capital en un reino caracterizado por su orgulloso analfabetismo científico y tecnológico: España ocupa el tercer lugar del mundo en economía sumergida por detrás de Grecia e Italia. Aunque la propaganda masiva y la guerra psicológica contra el independentismo catalán han logrado desplazar a la corrupción de las primeras noticias, sin embargo el creciente hartazgo popular va minando la legitimidad del sistema.

    Y cuatro, la «costumbre» de recurrir a las soluciones represivas, violentas, al palo, antes que a los métodos de integración, cooptación, negociación, a la zanahoria, que hemos visto se está confirmando con el Artº 155, y que se refuerza desde hace tiempo contra la lucha de clases en su generalidad. La escalada represiva venía de antes, pero se endurecerá por la exigencia de la CEOE de parar en seco el recrudecimiento de la lucha de clases que se está produciendo desde comienzos de 2017 e intensificando en los últimos meses, según demuestra su reciente informe que siempre la valora a la baja por intereses obvios; dentro de esta radicalización incluimos el aumento de las luchas de las mujeres trabajadoras, el descenso del poder de la Iglesia, etc.

    Como síntesis de esta cuádruple quiebra en sus bases, abismos que no nos cansamos de analizar en nuestras ponencias, es lógica la multiplicación en los últimos tiempos del vandalismo fascista abiertamente consentido por el Estado contra las izquierdas y contra el reformismo duro. Un fascismo brutal y tosco, extremadamente violento en muchas de sus expresiones pero que sirve para ocultar dos procesos de fondo más amenazadores: uno, el fascismo invisible y hasta educado que penetra en los intersticios de la cotidianeidad reforzando la irracionalidad más dictatorial en los micropoderes con los que el capital asegura en buena medida su reproducción ampliada. Y otro, relacionado con el anterior en determinados contenidos, el reforzamiento de las tres expresiones del nacionalismo español que veremos luego cuando recurramos a Lenin para entender qué sucede.

    Lo que llaman «España» es el constructo ideológico subjetivo que cohesiona y legitima, junto a otros, la lógica burguesa inmanente a la valoración ampliada del capital en ese espacio productivo y reproductivo. En cuanto constructo ideológico, «España» y su nacionalismo imperialista es una fuerza material objetiva imprescindible para lubricar la explotación de clase, patriarcal y nacional que sustenta la producción de plusvalor.

    La interacción entre lo subjetivo y lo objetivo se materializa por ejemplo no sólo en la política del PP, PSOE, Unidos-Podemos, Ciudadanos, Izquierda Unida, etc., en la negación sustancial de los derechos nacionales de los pueblos oprimidos sino también y sobre todo en las manifestaciones en defensa de la «unidad nacional española» ya sea en su núcleo más reaccionario y fascista como en su forma supuestamente «democrática».

    2.- LENIN NOS AYUDA UN POCO

    «España» como aceite ideológico que lubrica el proceso de acumulación, la han ido formando desde arriba, verticalmente y de manera desigual pero combinada a medio plazo las clases dominantes de pueblos y naciones de la península con guerras, pactos y acuerdos entre ellas. Estas violencias, frecuentemente atroces, y negociaciones más o menos claudicantes o ventajosas según los casos, eran la base para cooptar y atraer, o marginar e incluso aplastar a las fracciones débiles o resistentes de las clases propietarias en esos pueblos que por las razones que fueren se resistían a ser absorbidas por las fuerzas centrípetas del Estado dominante cada vez más centralizado y más fuerte.

    No hace falta decir que la primeras y últimas víctimas, las victimas permanentes y más golpeadas fueron y son las mujeres trabajadoras, las clases explotadas, los pueblos ya oprimidos para entonces o que sufrieron y sufren enormes tajos en sus libertades nacionales hasta perderlas incluso.

    Desde finales del siglo XV la centralización estatal que empezaría a llamarse España en los textos oficiales de la burocracia del Estado en menos de un siglo, se sustentaba material, cultural e ideológicamente en dos grandes soportes caracterizados por su esencia violenta física y moral, como eran la Iglesia y la Inquisición, y el Ejército. Ambos aparatos de fuerza producían una ideología nacionalista funcional a la centralización del Estado.

    La educación católica y la represión cultural y científica de la Inquisición sirvieron mientras las fuerzas productivas no necesitaban muchos conocimientos tecnocientíficos cada día más sofisticados y complejos. La educación moderna y laica, el librepensamiento crítico, fue reprimida durante siglos, manteniéndose el dogmatismo cerril y autoritario bastantes decenios después de haberse acabado legalmente con la ignominia de la esclavitud entre las décadas de 1870 y 1890. Recordemos la dura historia de la Institución Libre de Enseñanza creada en 1876.

    España es un ente que tiende a empequeñecer con el tiempo una vez que el bloque de clases dominante en el marco estatal de acumulación no supo ni quiso dirigir la transición al capitalismo desde las ruinas de un imperio saqueador y genocida, putrefacto en sus contradicciones internas, y superado definitivamente por las burguesías en ascenso. La fracción más poderosa del bloque de clases dominante, apoyada por otros grandes sectores de este bloque en el poder, anteponía primero sus propios intereses y luego los del conjunto de ese bloque de poder, sacrificando todo desarrollo progresista y masacrando preventivamente incluso cualquier germen revolucionario. Una y otra vez eran liquidados o desactivados los intentos modernizadores y reformistas que surgían de vez en cuando, antes de que pudieran arraigar entre los pueblos y transformarse, tal vez, en fuerzas revolucionarias, como veremos en el resumen de la historia de Andalucía entre comienzos del siglo XIX y 1883, año de la Constitución de Antequera.

    La historia del pueblo andaluz está surcada además de por una decisiva presencia subterránea o pública de estallidos de heroica resistencia a las explotaciones múltiples, también y en el interior de esta admirable constancia de una tendencia a la radicalización de la conciencia y cultura popular básicas hacia una conciencia y cultura nacional en proceso de plasmación política, es decir, que tiene como objetivo la conquista de la independencia estatal.

    El nacionalismo español es muy consciente de esta tendencia de fondo, de esta latencia innegable que resurge cuando confluyen determinadas crisis parciales en una gran crisis del sistema explotador. Y siempre la ha perseguido a muerte desde el momento, más o menos corto, en el que el nacionalismo español entendía que esa reivindicación había superados los muy estrechos límites de la tolerancia de Madrid.

    La intelectualidad progresista española intuía borrosamente algunos de los cuatro bloques de quiebras que venimos analizando, como se vio en el fugaz esfuerzo regeneracionista provocado por las derrotas de 1898, e intentaba buscar soluciones desde su ideología nacionalista. No es este el lugar para extendernos en la historia terrible de cómo la casta intelectual democraticista y progresista española ha combatido los derechos de las naciones oprimidas por su Estado, y en concreto los de Andalucía. Pero el problema es más grave y sus raíces son más profundas que las del simple nacionalismo «progresista» español.

    Llegados a este punto tenemos que buscar referentes históricos similares en aquella época a la situación de Andalucía y del Estado español. Tienen que ser referentes aprendidos de grandes imperios en descomposición por los impactos asestados por el capitalismo mundial contra ellos, por ejemplo el imperio zarista, el chino, el austro-húngaro, el turco… Por proximidad, los más aleccionadores son el austro-húngaro y el zarista. Las propuestas del austro-marxismo en lo referente a la autonomía nacional-cultural y al papel de la intelectualidad sobre todo, en estas cuestiones desbordan el límite de esta ponencia y además carecen de la radicalidad político-cognoscitiva de las tesis de Lenin en la misma época, por lo que recurrimos a este revolucionario:

    En diciembre de 1913 Lenin estudió la complejidad de las corrientes intelectuales del nacionalismo gran-ruso, zarista aún en esos momentos, y llegó a la conclusión totalmente válida para el nacionalismo imperialista español incluso en la actualidad, de la existencia de, al menos, tres grandes corrientes político-ideológicas dentro del nacionalismo opresor: una era el de los nacional-reaccionarios, conocidos de sobra por los muchos decenios de sus barbaridades; otro era el de los nacional-liberales, conocidos más recientemente y denunciados por las fuerzas revolucionarias, y el más moderno hasta entonces, el que estaba apareciendo en aquellos momentos de crisis: lo que Lenin define como nacionaldemocracia (Lenin, Los demócratas constitucionalistas y el “derecho de los pueblos a la autodeterminación”. Obras Completas. Progreso. Moscú 1984, Tomo 24, pp. 222-224)

    Como en otros muchos problemas, Lenin supo captar mejor que nadie las contradicciones en su estado vivo: la lucha de las clases y de los pueblos en el imperio zarista había creado una intelectualidad revolucionaria que para mediados del siglo XIX defendía con vigor los derechos de las y los oprimidos. Herzen, Ogarev, Bakunin, Belinsky, Chernychevski y otros explicaban que los pueblos no rusos, las y los campesinos, etc., tenían derechos que chocaban con la dictadura zarista. Las leyes de liberalización de la servidumbre en 1861 y el potente desarrollo socioeconómico desde 1880 fortalecieron estas demandas. La revolución de 1905 demostró que, en su raíz, eran incompatibles con el zarismo.

    Para detener la creciente legitimidad de la rebelión, la casta intelectual imperial tuvo que afilar y mejorar los brutos argumentos del nacionalismo gran-ruso reaccionario, dando paso al nacionalismo gran-ruso liberal que también quedó desbordado con el tiempo. Para 1913 el nacionalismo gran-ruso democraticista, o «nacionaldemocracia» era ya criticado por la izquierda como la versión más reciente del nacionalismo imperialista del zarismo. La guerra de 1914 tensionó todas las contradicciones de la opresión nacional, que llegaron al nivel de lo insoportable a partir de verano 1916, estallando entre otoño e invierno de 1917.

    Lenin seguía atentamente el rugir del volcán advirtiendo tan temprano como 1913 que ni la democracia constitucionalista ni la versión nacionaldemocrática del nacionalismo imperialista gran-ruso podían resolver la opresión nacional. Sólo la revolución podría hacerlo. Su agudeza y su exquisito método dialéctico, enriquecido en aquellos años por la rigurosa relectura de Hegel, por los estudios sistemáticos del imperialismo y del Estado, le permitieron identificar las tres fundamentales versiones intelectuales del nacionalismo imperialista gran-ruso, que a su vez eran parte de la misma evolución ideológica del nacionalismo reaccionario de otras burguesías, por ejemplo de la española como veremos en el quinto capítulo.

    Ahora mismo, en 2017, no sólo los Països Catalans, Euskal Herria y Galiza somos objeto de las presiones represivas del nacionalismo más reaccionario español, y del nacionalismo liberal, y de su versión nacionaldemocrática, sino también lo están siendo ya otros pueblos que el andaluz que se enfrenta a la pugna entre su corriente independentista y las promesas de la versión nacionaldemocrática del nacionalismo español, que analizaremos en el capítulo quinto. Esta tercera corriente del mismo nacionalismo español se presenta como la única que puede garantizar por su «alma izquierdista» la definitiva «transformación democrática» del Estado español para resolver la «crisis del régimen del ‘78» mediante el logro, por fin, de la «nación de naciones» que debe ser España.

    De esta forma se escamotea el debate decisivo sobre la viabilidad histórica de España como marco de acumulación de capital, con todos los horizontes teóricos y políticos que cierra y que abre, para disolver la realidad objetiva –las fuerzas represivas en Catalunya, las bases yanquis en Andalucía, la OTAN en Euskal Herria, la escuadra española en Galiza, por ejemplo- en divagaciones abstrusas sobre el «patriotismo constitucional», la «multi-identidad» dentro de la «ciudadanía democrática», sobre la «multi-culturalidad» en un «gobernanza» que ha superado las «identidades pre-políticas», etcétera.

    3.- EL CONTEXTO DE ANTEQUERA

    Antes de exponer los logros fundamentales de la Constitución de Antequera, debemos resumir rápidamente sus raíces sociales porque no surgió de la nada, sino que fue el resultado cualitativo de una intensa acumulación cuantitativa de duras experiencias de masas, de derrotas y masacres desatadas por las fuerzas represivas. Estas luchas respondían a los cambios socioeconómicos de fondo que Andalucía estaba sufriendo como efecto de los cambios de los flujos económicos tras la independencia de Nuestra América dentro a su vez de la industrialización europea, a lo que hay que unir los efectos de la opresión nacional impuesta por el Estado español que, obligatoriamente, le condenaba a ser zona periférica del centralismo.

    Incluso en el inicio de este proceso uniformador, que se mostraba por ejemplo en las nuevas leyes de 1833 y 1835 que controlaban aún más a la Diputaciones en detrimento de los pueblos y en beneficio del Estado central, ya resurgió la vieja tradición juntera andaluza. Fue la profunda crisis de sucesión de ese 1835 entre isabelinos y carlistas la que sirvió de chispa para que se creara la Junta Suprema de Andújar en ese año en defensa de Isabel II pero desde un federalismo andaluz muy arraigado.

    La Junta Suprema de Andalucía en Andújar demostró gran capacidad de autoorganización en forma de Estado de facto, que no de iure, ya que movilizó con sus propios recursos un importante ejército que se resistió a disolverse cuando se lo ordenó el gobierno español. Ante la negativa de la Junta a desarmarse, España, que veía con inquietud el progresismo de Andújar, envió un ejército para destruirla pero el ejército se amotinó y no invadió Andalucía. El gobierno español cambió entonces de táctica: consiguió romper la unidad andaluza atrayendo a sus proyectos estatalistas a Córdoba, Sevilla y Cádiz, lo que originó una pequeña guerra civil entre andaluces.

    El paso de Málaga a las posiciones españolas supuso la muerte de la Junta, cuyo mayor logro fue demostrar que se podía actuar como un Estado de facto con un proyecto progresista burgués para la época si se mantenía la unidad andaluza. Pero el bloque de clases dominante formado por la gran burguesía terrateniente optó por España a costa de empobrecer y explotar su país. De entre las varias razones que le impulsaban a vender su nación al ocupante destacan tres: el temor al progresismo del sector burgués que impulsaba a la Junta Suprema, el temor a los destrozos que en sus propiedades causaría una definitiva invasión española, y sobre todo, el miedo a la revolución popular que latía en el interior de Andalucía.

    Los tres grandes miedos y otros temores de clase no eran infundados porque el pueblo trabajador andaluz malvivía en condiciones insufribles. Como sucede siempre en la lucha de clases, cuando el pueblo y los sectores progresistas son derrotados, la gran burguesía procede a vengarse. En Andalucía el bloque de clases dominante, la alta burguesía y los grandes terratenientes más la Iglesia en cuanto poder socioeconómico, se vengaron nada más hundirse la Junta Suprema de Andújar: recordemos que el inhumano «decreto de señorío» de 1837 permitía a los terratenientes apropiarse de las tierras comunales presentando como «prueba» unos papales fácilmente falsificables. La creación de la Guardia Civil en 1844, si bien responde a una decisión tomada para reprimir el malestar social en todo el Estado, también tenía mucho que ver con la especial intensidad de las formas de resistencia del campesinado andaluz.

    Destruida así toda posibilidad de autogobierno, se aceleró la periferización impuesta por Madrid y agudizada desde 1845, asfixiando el incipiente desarrollo capitalista endógeno de Andalucía. Tenemos el ejemplo del primer y fallido despegue industrial de Málaga que no resistió mucho por varias razones que nos remiten a la estrategia del Estado español con respecto a su «mercado nacional»: no mejorar las comunicaciones con Málaga y Andalucía, no potenciar otras industrias cercanas ni la cualificación de la fuerza de trabajo del país, mantener los altos costos del carbón asturiano por la dependencia española hacia Gran Bretaña, etcétera. Sin embargo, el potencial productivo andaluz era tan grande que en otros lugares empezaron despegues similares sobre todo en agricultura que hicieron de Andalucía una economía importante pero dependiente de España.

    Las contradicciones entre el bloque progresista, con componentes revolucionarios, y el conservador y reaccionario se agudizaron al extremo debido a las profundas quiebras del desarrollo andaluz: fue surgiendo una burguesía federalista que desbordaba los estrechos límites del Estado, lo que propició que su natural sentimiento cantonalista empezara a concretarse en un embrionario sentimiento nacional que se enfrentaba a la monarquía borbónica como expresión del centralismo español.

    Pero en el subsuelo crecía al malestar popular por las duras condiciones de malvivencia: la segunda desamortización, la de 1855, fue otro tremendo golpe contra el campesinado que veía cómo «el amo» era cada vez más rico y poderoso mientras las y los campesinos cada vez más pobres y aplastados; de rebote también era golpeado el artesanado, las y los trabajadores urbanos y la vieja pequeña burguesía, porque todos estos sectores, franjas y fracciones de clases sufrían los efectos de la centralización y concentración de tierras y de capitales en la muy reducida clase dominante, bendecida por la Iglesia y protegida por el ejército español y sus grupos armados privados.

    Sin embargo y debido a la propia lógica contradictoria del capitalismo, en medio de la miseria y de la sobreexplotación surgían los grandes negocios de la burguesía andaluza: en 1846 se creó el Banco de San Fernando en Cádiz, y en 1856 el Banco de Málaga. Las desigualdades eran tan terribles que era comprensible y lógico, por tanto, que estallase la insurrección popular de 1857 y que prendiera en amplias zonas de la provincia de Sevilla fue una respuesta a la imparable marginación y explotación: el pueblo quemó el cuartel de la Guardia Civil en Utrera, recuperó fincas, destruyó archivos y registros de propiedad.

    La represión fue salvaje: más de un centenar de asesinados y trescientos prisioneros. La masacre no aplastó la confluencia entre un sector burgués y pequeño burgués progresista y amplias franjas populares, jornaleros, artesanos… En Junio de 1861 seis mil campesinos armados ocupan durante una semana el pueblo de Loja. En Iznajar los alzados ocuparon el cuartel de la Guardia Civil.

    La represión sostenida logró mantener mal que bien el orden de la explotación durante unos pocos años, hasta que a finales de 1868 y tras la demostrada incapacidad de la burguesía reformista de llevar adelante la su rebelón de septiembre en Cádiz, se reinició una oleada de revueltas populares que se sostiene durante 1869 en las que se va percibiendo la formación de una identidad popular andaluza que surgirá a los pocos años en amplio movimiento federalista y cantonalista. Surgió el denigrado «bandolerismo social» que liberó pueblos, administró justicia popular, recuperó bienes y fue exterminado con cerca de tres mil muertos y miles de represaliados.

    Sin embargo, la proclamación de la I República en febrero de 1873 azuzó de nuevo la eterna reivindicación del pueblo andaluz de una radical reforma agraria y la devolución de los comunales privatizados en beneficio de los terratenientes. La negativa de la República a avanzar en estas y otras medidas imprescindibles, defraudaron a las fuerzas progresistas. En justa respuestas, las diversas intensidades y matices de los sentimientos de identidad cantonal, regional-fuerte y hasta nacional, sin mayores precisiones ahora, volvieron a mostrar su fuerza entre verano de 1873 y comienzos de 1874, sobre todo en Cartagena y en Andalucía.

    Todas y todos conocemos las represiones posteriores, y el golpe de Estado del general Pavía en enero de ese 1874, un militar que había ahogado en sangre la revolución cantonal andaluza, que prepararía con sus armas las condiciones para la reinstauración de la monarquía en 1876, cerrando toda expectativa de progreso democrático dentro del sistema estatal.

    Entre 1881 y 1882 una sequía arrasadora ahogó en hambre al campesinado andaluz lo que propició nuevas luchas y acciones clandestinas de recuperación de alimentos y otros bienes vitales en tiendas y almacenes de la clase dominante: la justicia popular practicaba el derecho a vivir recuperando lo que le había quitado la clase dominante. Si el hambre azotaba al campesinado también se debilitaba la economía del artesanado y de las y los trabajadores urbanos, de los pequeños tenderos e incluso de la vieja pequeña burguesía. La autoorganización campesina llegó a pensar en hacer una huelga general a finales de 1882 antes de la temporada de lluvias que se preveían para invierno de 1882-1883.

    Fue en este contexto extremo cuando fuerzas federalistas, democráticas y progresistas decidieron convocar un debate nacional para elaborar una Constitución que sirviera no sólo como revulsivo, como acicate de la conciencia nacional del pueblo andaluz, sino a la vez como guía presente y como objetivo irrenunciable que había que conquistar lo antes posible. Entre 1882 y 1883 en las juntas y asambleas federales fue llenándose de contenido una ansia creciente entre el pueblo de Andalucía: luego ese contenido recogido de entre el pueblo adquirió en octubre de 1883 la forma de Constitución de Antequera, muy progresista para su época, como vamos a ver.

    Pero el potencial de futuro de la Constitución de Antequera dependía en buena medida de la dialéctica entre la fuerza popular y la decisión de la burguesía progresista, que era muy débil cuantitativamente. Además, el desarrollo industrial fue apagándose desde ese final del siglo XIX: la burguesía andaluza en sí era reducida en comparación a todavía potente clase latifundista estrechamente unida a la Iglesia y su poder estremecedor.

    Esta burguesía débil no pudo crear un capitalismo autocentrado en Andalucía, endógeno al menos en los aspectos centrales, como hemos visto en el caso malagueño. Por el contrario, muchos capitales autóctonos abandonaban Andalucía para establecerse en mercados extranjeros fueran del Estado español o de otros lugares europeos. Por si fuera poco y debido a las leyes españolas que cedían amplios derechos al capital foráneo, Andalucía era drenada en sus recursos mineros, agrarios, industriales, etc., por las firmas exteriores que no invertían prácticamente nada en el país saqueado, empobreciéndolo aún más. Y para rematar el hundimiento, como Andalucía no modernizaba su tecnología, no invertía en capital constante, iba rezagándose cada vez más de modo que cuando bajaron los precios de las mercancías simples en el mercado internacional, la economía del país se desplomó.

    Una de las excusas que ponía el bloque de clases dominante andaluz era que la economía no se recuperaba porque las continuas resistencias multifacéticas del pueblo, incluidos los estallidos sociales, etc., asustaban a los inversores, ahuyentaban a los capitales foráneos, reducían los beneficios, obligaban a mayores gastos en vigilancia y control para mantener el orden y la productividad…

    Por estas circunstancias, la Constitución de Antequera fue vista desde el principio como un peligro porque podía dotar de un objetivo preciso y una estrategia adecuada al malestar social innegable. La desaparición del imperio en 1898, los intentos regeneracionistas, las exigencias de algunos capitalistas para que el Estado iniciara por fin un proteccionismo arancelario, económico e inversor, estas y otras presiones que facilitaron un ligero repunte industrial en el norte del Estado, no ayudaron a Andalucía. La política de Cánovas y de Maura, con su «revolución desde arriba», buscaban aplastar toda resistencia obrera y popular, reforzar el nacionalismo español y su centralidad estatal, y modernizar en lo posible la economía.

    El desesperado subimperialismo que pretendía recuperar el Estado español desde 1902-1904 rememorando los delirios imperiales del siglo XVI contra el norte de África, para compensar derrota de 1898, exigía una mayor supeditación de Andalucía como base militar de operaciones subimperialistas, proyecto que a su vez exigía la llamada «paz social» en la retaguardia, el apoyo absoluto de la burguesía andaluza al subimperialismo español, y la supeditación estratégica y estructural de Andalucía a los proyectos de Madrid. En este contexto era obvio que la Constitución de Antequera era un peligro para el intento de crear la muy centralizada y subimperialista nación burguesa española, intento fallido como se aprecia.

    4.- LA CONSTITUCION DE ANTEQUERA:

    Aquí vamos a hacer un rápido comentario de los artículos de la Constitución de Antequera que nos parecen más actuales desde la perspectiva de la crisis del marco estatal de acumulación y de la emancipación de los pueblos explotados.

    El Artº 1 del Título Primero sobre Condiciones y Objetivos de la Federación dice que son las autonomías cantonales las bases del poder andaluz que se establece como Federación andaluza según el Artº 4. Este modelo chocaba frontalmente con el ultracentralismo estatal que Madrid estaba imponiendo a la fuerza, provocando fuertes conflictos y tensiones por ejemplo en la parte de Euskal Herria que acababa de ocupar el ejército español con el apoyo de la burguesía autóctona con la guerra entre 1873 y 1876, llamada «carlista». El modelo cantonal de Antequera tenía además sorprendentes similitudes con la experiencia autoorganizativa de la Comuna de París de 1871, que sirvió como base definitiva para que Marx y Engels asentaran lo esencial de la teoría del Estado, o mejor decir de la Comuna, según rectificó autocríticamente Engels en 1875.

    En todo el Título Primero no se cita el derecho burgués de propiedad, lo que es decisivo. Esta ausencia podría ser interpretada en el sentido de que los redactores entendían como obvio este derecho que por su arraigo social no necesitaba ser defendido en la Constitución. Se pude aducir también que la actual Constitución española espera hasta el Artº 33 para establecer el derecho de propiedad privada y de herencia, y que en el articulado precedente se defienden los derechos individuales y colectivos, lo que podría sugerir que tendrían un rango superior al derecho burgués de propiedad.

    Sin embargo, el derecho a la propiedad burguesa está presente desde el principio mismo de la actual Constitución monárquica española sin esperar al Artº 33, precisamente en su forma sibilina de imponer por la fuerza la «propiedad nacional española» sobre las naciones oprimidas, que quedan subsumidas, o mejor decir, desintegradas en la «Nación española». Es decir, a diferencia de la Constitución de Antequera, republicana, federalista, cantonalista y andaluza, la actual monárquica, centralista y española impone la propiedad privada burguesa en el pilar del marco estatal de acumulación del capital: la explotación de las naciones oprimidas que son españolizadas a la fuerza.

    En el apartado D del Artº 4 se dice «Estudiar en principio la igualdad social y preparar su advenimiento definitivo, consistente en la independencia económica de todos». En el léxico del republicanismo federal y democrático de la época el principio de «igualdad social» era muy parecido al del reformismo prohudoniano y socialista utópico que se centraba en la igualdad formal en el área de la circulación sin atacar la desigualdad real en la esfera de la producción de plusvalor. Aun así, teniendo en cuenta el contexto sociopolítico del ideario federalista andaluz, es muy importante esta directa referencia a la «igualdad social» en un Título Primero que no recoge nada sobre el derecho burgués de propiedad.

    En el Título Segundo sobre los Habitantes de Andalucía, se especifican qué requisitos deben cumplir las personas para ser ciudadanas de Andalucía, y por tanto para ser beneficiadas por una Constitución tan progresista como la de Antequera: el Artº 5 se establece que sólo hacen falta dos años de residencia en Andalucía para adquirir la ciudadanía andaluza. En el apartado C del Artº 6 se dice que se perderá la ciudadanía « Por embriaguez habitual». En el apartado D del Artº 6 se dice que se perderá la ciudadanía «Por recibir sueldo de Gobierno extranjero», y en el apartado E del Art. 6 se dice que se perderá la ciudadanía «Por asistencia habitual de la Beneficencia pública».

    Tiempo mínimo en España para recibir la ciudadanía. Puede creerse que atenta contra la libertad individual y que es autoritarismo exigir buena conducta social en lo relacionado con el alcohol y la vagancia para ser ciudadano. Sin embargo, visto desde la perspectiva socialista histórica hay que saber que en el socialismo utópico se valoraba mucho el buen comportamiento social y ético como un valor emancipador en una sociedad podrida por todos los vicios burgueses. Recuérdense las muy actuales críticas del joven Engels de 1845 al papel del alcohol como arma contra la clase trabajadora, y en las muy coherentes críticas de la izquierda del momento contra los destructores efectos de los «vicios burgueses» sobre la conciencia y forma de vida de las clases trabajadoras.

    Estos criterios son coherentes con la máxima del socialismo «De cada cual según capacidad, a cada cual según su trabajo», o «Quien no trabaja no come», etc., que siguen siendo válidas en el presente: debe prohibirse enriquecerse explotando el trabajo del pueblo u holgazanear a su costa; también debe prohibiré ser un agente a sueldo de potencias extranjeras. La Constitución de Antequera conecta así como principios elementales del socialismo.

    Profundizando un poco más en la decisiva cuestión del derecho de propiedad, el Titulo Tercero sobre Derechos y Garantía: Deberes, sería totalmente rechazado hoy en día por el neoliberalismo rampante. Hay tres artículos que precisan las limitaciones del derecho burgués de propiedad que sí es nombrado muy brevemente: Artº 9, apartado Q: «El derecho de propiedad limitado por los derechos sociales sin vinculación ni amortización perpetua». Artº 21:«Nadie será privado del goce de sus bienes, haberes y derechos, a no ser por sentencia judicial; tampoco se encarcelará por deudas de carácter civil»; y Artº 22: «Toda expropiación por causa de utilidad, irá precedida de la correspondiente indemnización».

    O sea, los derechos sociales –antesala del derecho socialista- limitan el derecho de propiedad. En contra del individualismo burgués y en especial en su forma maltusiana y neoliberal, que anteponen el derecho individual al derecho, el derecho burgués en contra del derecho social, colectivo. La Constitución de Antequera bordea el derecho socialista al anteponer la igualdad y el derecho social al derecho burgués. Desde esta posición se comprende fácilmente el contenido de los artículos 21 y 22 arriba citados: en las condiciones andaluzas era vital garantizar esos derechos dada la gran impunidad de la gran burguesía bancaria, industrial y latifundista para golpear los derechos y las muy reducidas propiedades de los sectores resistentes, y para apropiarse de los comunales.

    Otros artículos del Título Tercero estipulan por ejemplo: « El derecho a la asistencia pública para los inútiles para el trabajo que carezcan de medios», derecho que hoy se está liquidando sin escrúpulos. También se prohíben por ejemplo: « Dedicar fondos directa o indirectamente al sostenimiento de los ministros o del culto de cualquiera religión»; «Abandonar la instrucción pública, dejando de sostener escuelas los Municipios, institutos los Cantones, establecimientos de enseñanza superior la Región»; « Descuidar la salubridad pública, dejando de costear el personal facultativo necesario»; « Permitir que la beneficencia la enseñanza, los cementerios o cualquier otro servicio público quede en poder de una clase, por lo que se secularizan»; « Mantener género alguno de relaciones entre la Iglesia y el Estado»; o se obliga a « Se establece la instrucción gratuita y obligatoria hasta los doce años para ambos sexos».

    Según el Artº 14 «Se reconoce la independencia civil y social de la mujer. Toda subordinación que para ella establezcan las leyes queda derogada desde la mayoría de edad». Según el Artº 15 «Todo Ciudadano andaluz, es elector. También lo serán las mujeres que, poseyendo las condiciones de ciudadanía, cursen o hayan cursado en establecimientos de enseñanza secundaria o profesional, nacionales o extranjeros». Como vemos, las trabas legales que se ponen en el Artº 15 a las mujeres sin enseñanza secundaria o profesional refleja todavía la fuerza de la opresión patriarcal pero también la fuerza en ascenso de las reivindicaciones feministas.

    El Artº 33 es de un valor incuestionable sobre todo ahora que la burguesía presiona para restringir lo más posible o en su totalidad derechos elementales conquistados por la clase obrera y el pueblo gracias a enormes y heroicas luchas: «Se reconoce a los obreros, el derecho de huelga pacífica y la práctica de la resistencia solidaria». ¿Cuándo y por qué una huelga pacífica se transforma en resistencia solidaria? ¿Qué es la resistencia solidaria? La praxis obrera responde estas y otras dudas con sus hechos, y frente a esta prueba histórica del algodón no sirven de nada las letanías y salmodias del reformismo pacifista. Tampoco puede ocultarse la lógica que conecta el Artº 33 de la Constitución de Antequera de 1883 con el reconocimiento del derecho a la rebelión que se hace en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

    El Título Cuarto «Del Poder Federal y Sus Facultades» vuelve a tensar las relaciones con los derechos burgueses llegando a la incompatibilidad en algunos de ellos, como en el apartado R del Artº 37: «Legislar respecto a los puntos siguientes: 1º Horas de trabajo. 2º Institución de Jurados mixtos de obreros y capitalistas. 3º Garantías para la vida, higiene y seguridad de los obreros. 4º Organización y existencia de los Gremios profesionales destinados a garantir los intereses colectivos de los operarios en sus relaciones con el capital, pero sin intervención en los asuntos interiores de dichos gremios». En el punto 6 del apartado R del Artº 37 se establece el «Crédito en favor de las sociedades obreras, ya agrícolas, ya industriales». Y en el punto 9: «Sostenimiento de los ancianos, huérfanos, viudas e inutilizados del trabajo, y creación de Cajas de asistencia».

    Para esas fechas del siglo XIX sectores de la burguesía europea debatían mucho sobre la necesidad de establecer desde el Estado formas de ayuda social que paliasen las duras condiciones de vida y trabajo de las clases explotadas. No lo hacían por humanismo altruista, desinteresado, sino porque la experiencia empezaba a enseñarles que, a la larga, era más rentable compaginar la zanahoria con el palo que emplear solamente la fuerza y el miedo, el palo. Bismarck sabía mucho de eso, pero no era el único. Ahora bien, la Constitución de Antequera no plantea nada parecido a una especie de «proto Estado del bienestar», sino que proyecta un modelo de Estado democrático popular cercano al concepto de Comuna de Engels y Marx de 1875.

    En efecto, en el Titulo Quinto «Del Poder Legislativo» hay tres artículos que merecen ser reseñados por su contenido de democracia radical: Artº 48: «Las sesiones deben ser públicas, así como las de las Secciones y Comisiones, salvo cuando los intereses del País exijan otra cosa, pero jamás podrá votarse Leyes ni discutirse los Presupuestos y las cuentas en sesión secreta.». Secretismo y Burocracia son el cemento del Estado opresor, según el joven Marx. Desde esta visión radicalmente democrática y horizontal, Comuna, Soviet, Consejo, Asamblea, Junta, Cantón… son formas diferentes de denominar a la autoorganización del pueblo en sus propias bases de producción y reproducción.

    Según el Artº 49: « Cada semana habrá señalado un día en el cual existirá la barra. Todo Ciudadano andaluz, toda Sociedad o Corporación laica, podrá presentar y defender cuantas mociones o proyectos estimen de interés general, siempre que no vengan a modificar la Constitución y estén autorizados por cincuenta firmas auténticas de Ciudadanos andaluces. Los proyectos serán presentados en la Secretaría del Congreso, que los hará publicar en el Diario de Sesiones, señalando con ocho días de antelación aquel en que debe comenzarse a discutirse. La Secretaría podrá, de acuerdo con la Presidencia, negar la discusión al proyecto. Todo proyecto no tomado en consideración y que altere el texto constitucional, será necesariamente discutido, si lo piden diez mil Ciudadanos o tres Diputados».

    Variando en intensidad democrática y en las formas organizativas, lo expuesto en Artº 49 tiene alguna relación con las experiencias democráticas horizontales y directas de la Comuna de París y de otras muchas experiencias autoorganizativas de las clases y de los pueblos explotados. En el Artº 51 se asume con un lenguaje propio una exigencia lógica desde la democracia socialista, como es la destitución de las personas elegidas a cualquier cargo: «Los Diputados son inviolables en sus votos y opiniones, pero sus electores podrán imponerles el Mandato imperativo y retirarles sus poderes para los efectos del sufragio permanente».

    Los Títulos Sexto y Séptimo sobre el poder ejecutivo y el judicial respectivamente, muestran la decisión de las fuerzas democrático-burguesas y populares de avanzar hacia unos poderes que emanen del «pueblo» y no de los privilegios seculares de los terratenientes, de la Iglesia, de las fuerzas monárquicas y de sus ejércitos.

    En el decisivo Título Octavo «De La Hacienda Regional» se lee en el Artº 78: «La Contribución es sobre el capital fijo, nunca sobre el circulante, ni sobre la renta; será única y se aplicará a los capitales superiores a cincuenta pesetas». En el Artº 79: «La contribución crece progresivamente con el capital. La Ley determinará la razón progresiva de este crecimiento y la que corresponde a los incrementos sucesivos del capital imponible, los tipos mínimos y máximo de dicha razón y la índole y naturaleza de los valores que se estimarán como capital fijo». En el Artº 81: «Nunca podrán establecerse contribuciones indirectas y menos crearlas sobre los servicios públicos».

    El reformismo blando, el que lloriquea infantilmente por todo pero se arrodilla cuando recibe la orden del Estado, ve este articulado de la Constitución de Antequera como peligrosamente demagógico y populista porque puede excitar las ilusiones imposibles de la «gente», de los de «abajo». El reformismo duro, el que pretende avanzar hasta el borde, hasta el límite de la tolerancia del capital, deteniéndose ahí solo cuando constata que el Estado ya no va a permitir más reivindicaciones por justas que sean, retrocediendo de inmediato cuando siente en peligro su apacible comodidad parlamentaria, tiene estos artículos como el sueño utópico que nunca intentará alcanzar ni menos aún superar.

    Para la izquierda revolucionaria, la conquista de este articulado es un necesario e importante avance táctico que multiplica las fuerzas conscientes de la clase trabajadora para acelerar el tránsito al comunismo. Hablamos de la siempre debatida dialéctica entre reforma y/o revolución, entre el papel de la reforma como impulsora de fuerzas sociales dentro de la estrategia revolucionaria.

    En el también fundamental Título Noveno «Del Ejército Regional» el Artº 85 dice: «La designación de los Jefes, oficiales y clases corresponde a los subordinados respectivos, tanto para el ejército permanente como para la reserva. Así, los individuos eligen a los cabos y sargentos, éstos a los oficiales hasta el grado de capitán inclusivo, y los oficiales a los Jefes».

    En su origen, las tribus nómadas y algunos ejércitos precapitalistas elegían democráticamente a sus dirigentes; otro tanto hacían algunos ejércitos campesinos y de las comunas revolucionarias burguesas en el medievo. Los ejércitos absolutistas tenían mandos de la alta nobleza y una disciplina brutal. Los «ejércitos nacionales» de la burguesía tenían y tienen mandos profesionales, pero los ejércitos revolucionarios campesinos, artesanos y trabajadores desde el siglo XVII hasta ahora han simultaneado la elección directa de los mandos bajo con la selección de los mejores mandos altos. La Constitución de Antequera retoma parte de estas eficaces costumbres.

    Los Títulos Décimo, Undécimo Duodécimo sobre el llamamiento al pueblo, variaciones constitucionales y ampliación federativa, respectivamente, también reflejan las dinámicas de fondo vistas en los Títulos precedentes y en toda la Constitución de Antequera.

    5.- LOS NACIONALDEMOCRATAS

    Llegados a este punto es necesario volver a la ayuda que nos proporciona Lenin cuando, en diciembre de 1913, hablaba de las tres versiones del nacionalismo gran-ruso: los nacional-reaccionarios que en el Estado español actual son los nacionalistas más derechistas y descaradamente imperialistas, desde el PP hasta Ciudadanos; los nacional-liberales, entre los que sin mayores problemas incluimos al PSOE y a un buen rebaño de tertulianos e intelectuales pesebreros, así como otros grupos; y los nacionaldemócratas, cuyo almirante es Podemos y los grumetes el sector de IU y otras «izquierdas» que le obedecen, pero hay que hacer la honrosa salvedad de que en su interior sobrevive una pequeña corriente que defiende el socialismo y el derecho de autodeterminación.

    Exceptuando Finlandia y algunos pocos pueblos más, las luchas nacionales no tuvieron tanta fuerza en la revolución rusa de 1905 y sus coletazos de 1906 como la lucha de clases en su acepción normal. La represión y las tenues reformas de Stolipin lograron cierta «normalización social», pero en 1911 se reinició la lucha de clases y la lucha nacional interna al imperio zarista y fuera de él se agudizó desde 1912. La intelectualidad rusa estaba unida en la defensa de la unidad del imperio zarista, aunque variando en sus soluciones reaccionarias, liberales o democráticas. Por esto Lenin habla de los demócratas constitucionalistas, es decir, que supeditan su fervor democrático a la limitada constitución burguesa de entonces.

    Sin entrar aquí a la evolución del pensamiento de Lenin sobre la opresión nacional, al lugar que ocupan los años de 1912 a 1914 en esa evolución, a su especie de autocrítica silenciosa por no percatarse a tiempo de la importancia de las luchas nacionales en la revolución de 1905, por el impacto que sí tuvo en él la sublevación finlandesa en ese momento, etc., sí es cierto que desde finales de 191 hasta verano-otoño de 1914 hasta el período abierto desde 1917, sí es verdad que Lenin y algunos bolcheviques comprendían la importancia clave de estudiar el pasado de las luchas nacionales, sus contradicciones clasistas, los programas y objetivos por lo que luchaban.

    La izquierda española no hizo nada de eso descontando excepciones muy honorables de muy contadas personas como José Díaz en un tiempo muy limitado. Los marxistas de las naciones oprimidas por el Estado español sí prestaron mucha más atención a las lecciones de la historia por razones estratégicas obvias, aunque siempre dentro del encuadre teórico establecido en la época. Un ejemplo inquietante por sus efectos amnésicos en las generaciones posteriores lo tenemos en la casi nula atención prestada a la Constitución de Antequera y a su potencial de futuro.

    Ciento treinta y cuatro años después de su redacción, la Constitución de Antequera nos recuerda que en determinadas condiciones los pueblos oprimidos pueden mantener una línea roja interna a su historia que les conecta entre ellos, en especial cuando las crisis parciales confluyen en una crisis estructural que les golpea a todos ellos de manera desigual pero combinadamente.

    Ahora padecemos una crisis de esas, de las que afectan a los pilares del marco estatal de acumulación que no únicamente a la superestructura política de dominación impuesta en la mitad de los ’70 con la excusa de que, al fin, se había conseguido cuadrar el círculo de la irracionalidad: fusionar monarquía y democracia. La Constitución monárquica de 1978 expresa esa gran mentira de un imposible metafísico que oculta a los ojos de las clases explotadas y pueblos oprimidos el enmarañamiento de profundas dinámicas de violencia e injusticia que se empezaron a entretejer desde finales del siglo XV, y que en lo que concierne a parte de las raíces populares de la actual Andalucía, desde comienzos del siglo XIII, como mínimo.

    La Constitución de Antequera es cualitativamente superior en su contenido democrático y en su potencial emancipador, a los ordenamientos jurídicos de las dos Repúblicas españolas y de la Constitución monárquica vigente. Esta es la razón por la que sobre ella cae un plomizo silencio que impide que sea conocida y debatida para ver cómo puede iluminar no sólo a la nación trabajadora andaluza sino también a cualquier reflexión sobre la lógica de las contradicciones que hierven en el interior de la realidad, en esos espacios salvajes de la sobreexplotación cotidiana en donde se produce el valor, se reproduce la fuerza de trabajo explotable y se asegura lo decisivo de la acumulación ampliada de capital, es decir, esos espacios en los que se sustenta el marco estatal capitalista llamado «España» por el nacionalismo del bloque de clases dominante en ese trozo de la península.

    Los nacionaldemócratas y el sector progre del nacional-liberalismo español sostienen que debería iniciarse la «segunda transición» aprendiendo de los errores de la «primera» que ha fracasado creando la «crisis del régimen del ‘78». Muchos hablan de reformar en profundidad la Constitución monárquica de ese año, otros de democratizarla en cuestiones como es el llamado «ordenamiento territorial» -(¿x?)-, pero muy pocos plantean en la práctica diaria la necesidad perentoria de avanzar a la III República y de reconocer el derecho de autodeterminación. Peor aún, fuera del independentismo andaluz y de la izquierda internacionalista aquí representada, nadie cita a Constitución de Antequera fundamentalmente por ignorancia.

    No caigamos en el ilusionismo idealista: los nacionaldemócratas huirían espantados si estudiasen sin las gafas de plomo de su ideología nacionalista lo aprobado en Antequera en 1883 porque contradice en todo su ideal de España a pesar de las lógicas limitaciones sociales que tiene el documento por el contexto que hemos analizado anteriormente. Del mismo modo que Marx y Engels aprendieron de Irlanda, Polonia, Argelia, China, India…; del mismo modo que Lenin aprendió de China, Finlandia, Irlanda, del imperialismo, etcétera…; de la misma forma en que Trotsky, Mao, Fidel, Ho, etcétera aprendieron del antiimperialismo de los pueblos, extrayendo por destilación teórica sus lecciones positivas, ahora la izquierda nacionalista española y los nacionaldemócratas deben estudiar autocríticamente las experiencias de las naciones que su Estado oprime, empezando por la Constitución de Antequera.

    Cuando lo haga, perdón, si lo hiciera con rigor y método descubriría con pesadumbre que ha estado perdiendo el tiempo…

    IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

    EUSKAL HERRIA 25 de octubre de 2017




  • En el origen del conflicto palestino: Centenario de la Declaración Balfour
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    02/11/2017
    A menudo resulta difícil establecer la fecha en que se inicia un conflicto, determinar la fecha de su nacimiento. Sin embargo, el de Palestina nació el 2 de noviembre de 1917 con la Declaración Balfour cuando, según explica el escritor húngaro de origen judío y nacionalizado británico Arthur Koestler, una nación (Reino Unido) ofreció solemnemente a otra (los judíos) el territorio de una tercera (los árabes de Palestina). El 2 de noviembre de 1917 el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigía una “carta de intención” al diputado conservador y banquero Lionel Walter Rotschild, amigo de Haïm Weizman, líder de la rama británica de la Organización Sionista Mundial (OSM) y futuro primer presidente de Israel, verdadero destinatario de la misiva. El 8 de noviembre la carta aparecerá en la prensa británica antes de entrar en la historia como la Declaración Balfour. ¿Qué decía aquella carta?: “El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina y dedicará sus mayores esfuerzos para lograr este objetivo, quedando en claro que no se hará nada que pueda atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías ni contra los derechos ni los estatutos políticos de los que gozan los judíos en cualquier otro país”. Se imponen, de entrada, algunas observaciones referentes a los términos usados. En efecto, la Declaración Balfour es digna de una antología de circunloquios. Así, la expresión “hogar nacional en Palestina” constituye un testimonio de la prudencia del gobierno británico – que luego el movimiento sionista adoptará como propia – en lo referente a un compromiso claro respecto a un Estado judío y su extensión. Volveremos sobre lo que se sobrentiende en la afirmación de que “no se hará nada que atente contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías”. Señalemos, sin embargo, que con el término “colectividades no judías” la carta se refería por medio del negativo a unos 700.000 árabes palestinos, musulmanes y cristianos, que entonces vivían en Palestina. Cuando los judíos rechazaban el sionismo En esa época incluso en el seno del gobierno inglés por los representantes del establishment judío británico, especialmente Lord Edwin Samuel Montagu (1879-1924), secretario de Estado en India, estaba en contra de los proyectos de Haïm Weizman y Lionel Walter Rotschild. Los judíos hostiles al sionismo basaban su postura en consideraciones “prácticas”: estrechez y pobreza del territorio, dificultades climáticas, “el problema árabe”, etc. Se oponían también a la “teoría sionista de una nacionalidad [judía] sin patria, que tendría como consecuencia transformar a los judíos en extranjeros en sus países natales [y que] pondría en peligro a los judíos en los países donde habían obtenido igualdad”. Teoría que, finalmente, “comprometería a los judíos palestinos – unos 60.000 entonces – en luchas mortales con sus vecinos de otras razas”. El Comité Conjunto, expresión de este establishment, consideraba que el sionismo “no constituía ninguna solución a la cuestión judía ahí donde se planteaba” y, aún más, temía que “la creación de un Estado judío en Palestina dañe inevitablemente la situación de los judíos de la diáspora y ponga en peligro los derechos que habían adquirido” (1). Por consiguiente, los medios judíos llamados “asimilados” temían que se cuestionara su estatuto. Así, Lord Montagu consideraba que “la existencia de un Estado judío en Palestina despertaría dudas acerca de la fidelidad de los judíos de la diáspora a sus países y crearían una presión que obligaría a los judíos a emigrar a Palestina contra su voluntad”. Además, estos temores se veían multiplicados, recuerda Arno J. Mayer (2), por las consecuencias de los pogromos en Rusia: “Temiendo que ese flujo de extranjeros (los Ostjuden, refugiados judíos de Europa del este) pudiera provocar un recrudecimiento de la judeofobia, la comunidad anglo-judía bien afincada apoyó unas leyes que limitarían la inmigración procedente de Europa oriental […] al tiempo que creaba organizaciones de caridad”. Es curioso constatar aquí que sus simpatías por el sionismo no le impidieron al propio Arthur James Balfour dictar en 1905 gracias a su condición de primer ministro medidas antiinmigratorias (la Aliens Act) destinadas a los judíos que abandonaban la Rusia zarista. En efecto, a principios de siglo unos 2,5 millones de judíos huyeron de la miseria y de los pogromos con destino, principalmente hacia EEUU, pero unos 150.000 se instalaron en Inglaterra, sobre todo en el barrio londinense del East End, lo que en 1902 y 1903 provocó oleadas de violencia antisemita. “Europa del oeste”, recuerdan Catherine Kaminski y Simón Kruk (3), “orientada al acceso de los judíos a la igualdad, al derecho de emancipación, a la esperanza de la asimilación en el resto de la población, conocía reacciones hostiles en la mayoría de los casos al sionismo”, percibido como un peligro frente a los derechos recientemente adquiridos. De este modo, Max Nordeau, cofundador del OSM, explicaba que “el principal enemigo con el que debía combatir el sionismo se hallaba en el interior de la propia comunidad judía”. El congreso fundacional del OSM había tenido lugar en Basilea (1897) en vez de en Munich como deseaba Theodor Herlz, debido a “la viva oposición al sionismo de la comunidad judía muniquesa [que] había presentado reiterados pedidos al ayuntamiento para impedir que se celebrara dicho congreso en la ciudad”. A fin de cuentas, la decisión de enunciar la Declaración Balfour se tomó gracias a un compromiso semántico, ya que el hecho de no mencionar un “Estado judío” satisfacía a los oponentes judíos al proyecto: “El establecimiento de Palestina como hogar nacional de los judíos“ se cambió por el del “ establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”. Decir “en Palestina” permitirá así a Londres frenar las ambiciones sionistas denominadas “maximalistas” que también tenía el ojo puesto en la ribera este del río Jordán. Las ambigüedades del sionismo cristiano Fue en Reino Unido donde desde la primera mitad del siglo XIX se había afirmado un “sionismo cristiano” fundamentado al mismo tiempo en las “previsiones” de San Pablo y las aspiraciones imperialistas británicas. Para el apóstol [San Pablo] la Redención solo se llegaría a producirse cuando los judíos volvieran a reunirse en Palestina, pero… para convertirse ahí al cristianismo. Desde 1853 el dirigente del movimiento evangélico británico Lord Shaftsbury sugería a las autoridades inglesas un establecimiento judío en Palestina bajo la garantía de las Potencias (4). Algunos líderes sionistas retomarán más tarde la fórmula “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. En 1844 se había fundado en Londres la “Sociedad británica y extranjera para la restauración de la nación judía en Palestina”. Muy presente en el seno de las élites victorianas y de los medios literarios románticos británicos, este sionismo cristiano tuvo eco en Francia (5) aunque se mantuvo más vivo en los países mayoritariamente protestantes (6) y aún hoy se mantiene muy activo en los medios evangélicos estadounidenses. Queda por saber si la tesis de “un derecho al regreso luego de 2000 años de ausencia” de los judíos desperdigados por el mundo hubiera podido ser escuchado y encontrar semejante éxito en otro lugar que no fuera el de la civilización judeocristiana. Lord Montagu, nos dice Walter Laqueur (7), consideraba a los militantes sionistas… agentes alemanes. Efectivamente, Michel Korinman nos recuerda que precisamente hasta la Declaración Balfour el sionismo se inscribía más bien en una “geopolítica alemana”(8). No es por azar, observa Korinman, que fuera en Colonia donde se estableció en 1905-06 la oficina central del OMS (9). Laqueur nos recuerda asimismo (10) que pese a una propuesta de Weizman de trasladarla a los neutros Países Bajos, la sede ejecutiva del sionismo permaneció en Berlín a lo largo de toda la guerra. Fue luego de la declaración Balfour cuando Londres se transformó en el centro del movimiento sionista mundial. Existe una sorprendente similitud con el discurso dirigido al otro lado del Canal de la Mancha a las autoridades por los dirigentes sionistas. El Hilfsverein der Deutschen Juden (Centro de cooperación de los judíos alemanes), cuyo objetivo era regular la emigración judía, en especial a Oriente Próximo, había destacado desde 1902 que el establecimiento de un hogar judío en “Palestina” solucionaría una serie de problemas comunes al Reich y a los judíos. Se atenuaría el antisemitismo alemán, se frenaría la inmigración de judíos rusos (polacos) a Alemania (difícilmente asimilables), poco deseada por los propios judíos alemanes y “el definitivo arraigo de un hogar germanófilo en una región, que interesaba sobremanera al Reich, enriquecería geopolíticamente a Alemania”. Ciertamente el Reich deseaba una germanización de Palestina por medio de implantaciones de judíos hablantes de yiddis, pero dudaba de la posibilidad de realizar el proyecto y chocaba con el hecho de que el medio joven-turco rechazaba totalmente la idea de una Palestina judía. Del mismo modo, Mark Mazower demuestra que en su lucha contra Rusia los alemanes también desplegaron intentos de seducir a los judíos de Polonia, en ese momento provincia rusa. Korimnman, como Laqueur y otros, demuestra también que aunque el ejecutivo sionista se había declarado neutro en setiembre de 1914 en Copenhague, “los dirigentes sionistas de toda Europa, excepción hecha naturalmente de Rusia, juzgaban que era su deber apoyar lo mejor posible a sus patrias respectivas” ya que Weizman no respetaba más esta neutralidad de lo que lo hacían los sionistas alemanes. E inversamente tanto los gobiernos centrales como Inglaterra “cortejaban” a las diferentes ramas del movimiento sionista, incluidas las comunidades judías estadounidenses. Korinman se subleva, por lo tanto, contra las tesis que presentan a la Declaración Balfour como “un resultado casi ineluctable” y critica “la tendencia predominante entre algunos historiadores a destacar los aportes de Haïm Weizmann”. Recuerda que “las cosas eran mucho más complicadas” y que aunque no alcanzaran a concretarse existía “una convergencia real de intereses entre los judíos [sionistas] y los alemanes desde comienzos del siglo [XX]”. De modo que el periodista vienés Theodor Herlz “preconizaba el uso de su lengua en” Palestina” en el futuro”. Mientras tanto ”los dos encuentros entre Herzl y Guillermo II fueron muy exitosos. Los dirigentes austríacos, por otra parte, estimaban mucho a Herzl”. Aunque sea un hecho poco conocido, el 4 de junio de 1917 hubo también la “Declaración Cambon”, es decir, una carta del secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores francés Jules Cambon dirigida al líder sionista Nahum Sokolow a quien le manifestaba el apoyo oficial de París al proyecto sionista, lo que de hecho precipitó la Declaración Balfour. El pacto franco-británico, firmado en 1904 y en el que Balfour había participado, no fue tan cordial como se pretendía demostrar. Los cálculos británicos La pregunta de qué motivó al gobierno británico su proclamado apoyo al proyecto sionista ha suscitado deferentes respuestas. No todas son convincentes. ¿Se trataba, como afirma algunos, de impulsar a los judíos alemanes y austro-húngaros a desvincularse de sus gobiernos? Lo que opina Korinman sobre el patriotismo de las comunidades judías de los diversos países beligerantes y sobre la rivalidad desplegada por los diferentes gobiernos europeos para seducir a sus movimientos sionistas debería en cierto modo relativizar esa tesis. “Se atribuía a los judíos”, escribía el orientalista Maxime Rodinson, “un papel importante en el movimiento revolucionario ruso. Era capital darles razones para apoyar la causa aliada. No es en absoluto una coincidencia que la declaración Balfour preceda en cinco días a la fatídica fecha del 7 de noviembre (25 de octubre en el calendario juliano) en que los bolcheviques se apoderan del poder”. Mencionada de manera más recurrente, la idea de frenar la radicalización de la revolución rusa, muchos de cuyos dirigentes eran de origen judío, e impedir la deserción de Rusia en el frente oriental europeo, es más que probable que haya pesado en las consideraciones británicas. Estas expectativas (debidas a las ideas ya corrientes en la época y en las que además intervenían los responsables sionistas) sobre el “poder oculto” de los judíos parecen no menos irreales. En efecto, los bolcheviques rechazaban el sionismo que “desviaba a los trabajadores judíos de la lucha social junto a sus camaradas no judíos”. Y también se sabe que una de las razones de la radicalización cada vez mayor de la opinión pública rusa después de la revolución de febrero fue precisamente el rechazo a permanecer en guerra. En 1930 Winston Churchill recordaba que no se debía considerar la Declaración “una promesa realizada por motivos sentimentales [sino que] se trataba de una medida práctica tomada en interés de una causa común”, a saber, que el movimiento sionista “en ningún lugar era más visible que en EEUU” y que “sus talentosos dirigentes y sus múltiples ramificaciones” ejercían una “apreciable influencia” sobre la opinión pública estadounidense. Sin duda se evidencian aquí la franqueza y el cinismo de Churchill. También se pueden detectar en su discurso algunos fantasmas como el de la “numerosas ramificaciones” … El Viejo León coincide con Laqueur, para quien en ese momento “solo el peso indiscutible que había adquirido el movimiento sionista en el aliado estadounidense mantenía la atención británica”. Efectivamente, son muchos los que atestiguan el aumento de la potencia del movimiento sionista en EEUU durante la Primera Guerra Mundial. De los 5.000 miembros con los que contaba en 1905, afirma Nadine Picaudou, en 1918 habrían llegado a 150.000 sobre una comunidad judía que rondaría entonces los 4 millones de miembros. Este crecimiento se debía especialmente a Louis Brandeis, el primer judío que se convirtió en juez de la Corte Suprema en 1916. Ahora bien, Brandeis era cercano al presidente Thomas Wodrow Wilson y su prestigio, prosigue Laqueur, había sido “utilizado a fondo” por los dirigentes sionistas británicos como Haïm Weizmann en sus negociaciones con un gabinete británico ansioso por incorporar a EEUU a la guerra. La intención de precipitar la entrada de EEUU en la guerra constituye, efectivamente, un motivo más de la Declaración Balfour, ya que se suponía que la promesa de un hogar nacional judío ayudaba al presidente Wilson, con el apoyo de la comunidad judía estadounidense, a oponerse a los “aislacionistas”. Una observación al respecto: resulta curioso mencionar esa entrada en guerra como un objetivo de la Declaración Balfour dado que esta ya había tenido lugar el 6 de abril de 1917, seis meses antes de la carta a Lord Rothschild. No es menos cierto que Lord Balfour había dirigido ese mismo año la misión británica enviada a EEUU para conseguir su apoyo a los Aliados. Y que la OMS se había acercado al Foreign Office valiéndose de su capacidad de influencia, dicho sea de paso “inflada”, sobre las autoridades estadounidenses para presionarlas a entrar en guerra en el caso de que los británicos les garantizaran Palestina. Reticencias estadounidenses Sin embargo, recuerda útilmente Laqueur, en EEUU “las masas judías” eran “antirrusas” ya que regularmente se denunciaba la política antisemita del imperio zarista. Por lo tanto, la mayoría de los judíos festejaban las derrotas rusas frente a Berlín. Hubo que esperar hasta 1916-17 para que se percibiera una evolución: más que el naufragio del Lusitania en mayo de 1915 y a pesar de la conmoción considerable que suscitó en toda la población de EEUU, las mentalidades evolucionarn claramente a favor de la Entente con la guerra submarina a ultranza llevada a cabo por los alemanes a principios de 1917, el telegrama Zimmerman del 16 de enero de 1917 y el torpedeo del Vigilentia el 6 de abril. Finalmente, la igualdad de derechos otorgada a los judíos en Rusia por la revolución de febrero de 1917 fue lo que privó a los judíos estadounidenses de la motivación esencial de su pacifismo y su aislacionismo: la hostilidad a la Rusia zarista… Sin embargo, conviene no ante datar el apoyo que dio EEUU al movimiento sionista, lo mismo que, por otro lado, el apoyo cada vez más ”incondicional” dado después al Estado de Israel a partir de la década de 1960 y especialmente luego de la guerra de junio de 1967. Los diplomáticos estadounidenses destinados en el imperio otomano, reconoce Laqueur, desempeñaron al comenzar el siglo un importante papel en la protección del naciente Yishouv , la comunidad judía que habitaba Palestina antes de 1948. ¿Fundaba eso una política estadounidense respecto al movimiento sionista? Triunfo del aislacionismo estadounidense Laqueur recuerda que en setiembre de 1917, dos meses antes de la Declaración Balfour, los británicos “sondearon” a Wilson respecto a una declaración favorable al proyecto sionista. Pero este rechazó involucrarse. Algo que, según el historiador, fue como “una ducha fría para los sionistas”. Y algo más: al año siguiente, el presidente presentó sus “Catorce puntos” en los que denunciaba la diplomacia secreta de sus aliados europeos, los llamados Acuerdos de Sykes-Picot . Finalmente, cuando los desacuerdos franco-británicos sobre Siria se volvieron manifiestos durante el transcurso de la Conferencia de la paz, Wilson propuso establecer una comisión investigadora – la Comisión King Crane – con el encargo de la Sociedad de las Naciones (SDN) de recoger la opinión de las poblaciones locales. Una comisión en la que tanto París como Londres se negaron participar y cuyas conclusiones fueron totalmente en contra de las aspiraciones sionistas. En efecto, el informe King-Crane advertía respecto a los objetivos de un Estado judío y una inmigración judía ilimitada frente a unos sentimientos antisionistas “intensos” en Siria y en Palestina. También consideraba que la imposición de la Declaración sería “una flagrante violación del principio de [autodeterminación] y de los derechos de la población”. Preconizaba además el mantenimiento de la unidad del conjunto de la “Gran Siria” e insistía en la necesidad de establecer ahí una potencia mandataria única. Con el rechazo de la SDN por parte del Congreso estadounidense, su negativa a ratificar el tratado de paz de Versalles (1919), la vuelta al aislacionismo y al America First !, ambos alimentados por la Red Scare (el miedo a los rojos), los estadounidenses solo volverán a Oriente Próximo a finales de la década de 1920, nos dicen Alain Gresh y Dominique Vidal, tras la estela de sus compañías petroleras. Y hasta la víspera del segundo conflicto mundial su preocupación por Palestina y el conflicto que ahí se incubaba será tanto menor cuanto que durante todos los años que siguen a la Declaración Balfour y la Segunda Guerra Mundial el movimiento sionista se hallará profundamente dividido entre sionismo europeo y estadounidense. En 1921 Weizman destituirá a Brandeis de sus funciones de presidente de la organización sionista estadounidense. En efecto, como buen estadounidense y fiel a los principios del neoliberalismo, Brandeis rechazaba toda tutela de una OSM “que al plantear que los judíos eran nacionales diferentes de los demás” […] solo quería oír hablar de inversiones rentables” en materia de colonización en Palestina y quería establecer “un Yishouv urbano e industrial”. Y ello mientras que el sionismo europeo preconizaba un Yishouv agrícola, por la preocupación de controlar la tierra. Repudiado por la OSM, el sionismo estadounidense, él mismo desgarrado, reducirá drásticamente su contribución financiera a la “central” sionista. De hecho, a principios de noviembre de 1917, en el momento de la Declaración Balfour, la preocupación principal de Londres era Francia. Presentar a EEUU una propuesta “altruista” en el marco de los derechos de los pueblos caros a Wilson (“un hogar nacional para el pueblo judío”) parecía muy útil en el enfrentamiento con París. Esto es lo que a nuestro entender lleva a la razón fundamental de la Declaración. Proteger el canal de Suez Ya en 1915 Sir Herbert Samuel, primo prosionista de Lord Montagu, declaraba en una reunión del gabinete que “el establecimiento de una gran potencia europea (Francia) tan cerca del canal de Suez sería una permanente y formidable amenaza para las vías esenciales de comunicación esenciales del Imperio”. ¿Es esta clarividencia lo que lo convertirá en el primer alto comisario británico de la Palestina del Mandato? Frente a Francia, Londres se beneficiará del apoyo del movimiento sionista. ¿Acaso ya 1914 Haïm Weizman no argumentaba ante los británicos que “si Palestina cae en la esfera de influencia británica y Gran Bretaña alienta ahí el establecimiento de los judíos, como dependencia británica, podremos tener dentro de 25 o 30 años un millón o más de judíos; ellos (…) constituirán una guardia efectiva para el canal de Suez?”. Los sionistas intentarán, además, sacar partido de esta importancia repentina publicando en febrero de 1919 un memorando que reivindicaba del hogar nacional ampliado a la margen oriental del Jordán. En los hechos, las negociaciones relativas a Oriente Próximo árabe se limitarán rápidamente en un diálogo-enfrentamiento entre franceses y británicos, y a la única cuestión de los territorios “sirios”. En efecto, el porvenir de “Siria” constituía la piedra en el zapato de las discusiones que se referían esencialmente a los límites del territorio reivindicado por Francia: ¿cuál sería la frontera entre las zonas de influencia francesa y británica? ¿cuál sería la frontera entre el Líbano y Palestina? A fines de 1918 Francia cedía a Reino Unido el vilayet (provincia) de Mosul a cambio de su apoyo a las reivindicaciones sobre Cilicia y Siria. París renunciaba a reivindicar Galilea y obtenía una participación francesa en la Turkish Petroleum Company embolsándose el 25% de su parte alemana de la preguerra. El petróleo de Mosul asegurará a Francia el aprovisionamiento de petróleo hasta la Segunda Guerra Mundial. En lo referente a Palestina se renunciará muy pronto a la internacionalización a beneficio de un Mandato británico que incluía Transjordania. La Conferencia de San Remo (19 al 26 de abril de 1920) ratificará la creación de Mandatos: Francia en el Líbano y Siria; Reino Unido en Iraq y Palestina, incluida Transjordania. Y en consecuencia, la traición de las promesas hechas a los aliados árabes. Decisiones que corroborará el Tratado de Sevres (10 de agosto de 1920). Entre otras tareas incluidas en el Mandato, el Tratado de Sevres confiará a los británicos la tarea de trabajar en el establecimiento de un “hogar nacional” para los judíos en Palestina. Será está una primera consagración de la Declaración Balfour a la que se añadirá la de la SDN que aprobará en julio de 1922 las disposiciones de Sevres. En la “jaula de hierro” colonial Rashid Khalidi ha mostrado en qué sentido el mandato británico en Palestina creará una “jaula de hierro” para las aspiraciones de los árabes de Palestina. Un yugo “concebido precisamente para excluir el principio y la puesta en marcha de un gobierno representativo en Palestina y toda otra modificación constitucional que se orientara en tal sentido”. La Declaración Balfour aseguraba “que no se haría nada que pudiese atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías”. En efecto, lo importante era aquí “los derechos civiles y religiosos”. Nunca se abordarán los derechos políticos de la población árabe palestina. He aquí lo que permite relativizar el argumento frecuentemente enarbolado según el cual el Yichouy habría llevado a una guerra de independencia y de “liberación nacional” contra los británicos tras la Segunda Guerra Mundial. Y ello con el objetivo de borrar el reproche según el cual Israel sería “un hecho colonial”. Otro argumento utilizado comúnmente es mencionar la ausencia de una “metrópoli” en el caso del sionismo, en oposición a los casos “clásicos” de colonización. Tanto las observaciones de Khalidi como la Declaración de Balfour, tanto las esperanzas del “Auswärtiges Amt” como la Declaración de Cambon demostrarán que se trata de una conclusión precipitada. El proyecto sionista ciertamente tuvo una “metrópoli”. Colectiva y europea. Concluyamos con Laqueur: “Si Europa no hubiera sido el teatro de una exacerbación del odio antijudío, el sionismo muy bien podría no ser más que una pequeña secta filosófico-literaria de reformadores idealistas”. Y el historiador precisa: “Ni siquiera la Declaración Balfour obtuvo el éxito esperado entre las masas judías. Después de 1918 la cantidad de inmigrantes judíos provenientes de Europa central se contaba por centenas y no por miles, y, por así decirlo, no vino ninguno de Europa occidental ni de EEUU”. Fue el antisemitismo del viejo continente y su paroxismo nazi, poco después de que EEUU hubieran limitado drásticamente la inmigración, lo que multiplicaron las oleadas de inmigración judía a Palestina. Fueron los británicos los que aplastaron la gran revuelta palestina entre 1936 y 1939. Sin ellos y el apoyo europeo, el proyecto sionista hubiera sido letra muerta. Notas: 1 Walter Laqueur, Histoire du sionisme, Calmann-Lévy, 1973, p. 215. 2 La solution finale dans l’histoire, La Découverte, 2002, p.72. 3 Le nationalisme juif et le nationalisme arabe, PUF, 1983 ; p 71-80. 4 NDLR: “Existe un país sin nación; y ahora Dios con su enorme sabiduría y su complacencia nos entrega una nación sin país”, citado en Albert Hyamson, “Brtish British Projects for the Restoration of Jews to Palestine”, American Jewish Historical Society Publications, 1918, No. 26; p. 140. 5 Recordemos el llamado de Napoleón Bonaparte (1799) (que no tuvo eco) dirigido desde Gaza a los judíos de oriente, a “volver a ser dueños” de Palestina con el apoyo de Francia y la defensa (1851) de un “Estado judío desde Suez hasta Esmirna” del secretario de Napoleón III, Ernest Laharanne. 6 El gobierno francés se hallaba sometido a las presiones de la Iglesia católica y de los medios económicos que tenían intereses financieros en el imperio otomano. 7 Op. cit., p. 196. 8 «Le sionisme, une géopolitique allemande », Hérodote, n° 53, 2e trimestre 1989. 9 Durante la guerra y pese a una propuesta de Weizmann de transferir la sede del ejecutivo sionista a los Países Bajos, que eran neutros, esta permaneció en Berlín, aun cuando tras la Declaración Balfour Londres se convirtió en el centro del movimiento sionista mundial (Laqueur, op. cit., p. 203 y 207). 10 Ibid. (Fuente: Orient XXI - Rebelión / Autor: Paul Delmonte / Traducción: Susana Merino)



  • ¿Qué se ha hecho mal? (En torno a la DUI y la actuación del Gobern)
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    01/11/2017
    El Govern parece haber renunciado a hacer efectiva la declaración de independencia. No había nada preparado, en parte porque desde el día 1 por la tarde hasta el día 27 por la mañana, la conversación de los que han comandado todo eso fue sobre si ir o no ir a elecciones, en lugar de preparar lo que se podía hacer para asegurar la máxima efectividad de la declaración de independencia. Tampoco hay ninguna de las estructuras de estado que se nos habían prometido en varias contiendas electorales. Las estructuras de estado, hay que decir, como concepto, no necesitaban 5 años para ser llevadas a cabo. Hacía falta, eso sí, tener preparada la parte legislativa, como la ley del referéndum y de transitoriedad, y los decretos que se derivan. Esta quizás es la parte más desarrollada, que el Govern y el Parlament han renunciado a activar de momento, y cada vez es más difícil y más simbólico. Todo lo hacemos en el momento más débil. Y también había que tener una cierta seguridad material y psicológica, que se darían órdenes a funcionarios claves, en particular a los Mossos. Ya dije días antes del 27-S que el único argumento legítimo para no declarar la independencia era "no podemos". Pero que era un argumento que hacía falta hacerlo explícito, por el bien del país, e implicaba que los que se habían presentado como responsables de hacerlo posible no podían seguir ocupando los lugares de mando. ¿Por qué no había nada preparado? Hasta horas antes del referéndum del 1 de octubre, el marco general con el que gran parte del liderazgo trabajaba era que el Estado se impondría y no podríamos ir a votar. De hecho, a lo largo de todo el verano y hasta mediados de septiembre, la tesis más repetida (a mí, personalmente) era que Rajoy aplicaría el 155 antes del referéndum y se convocarían elecciones inmediatamente. En aquel momento ya pensé que esta era básicamente una idea que surgía de las entrañas de la política catalana y que había quien trataba de venderla a Madrid. Eso explica por qué el referéndum se hizo con una mano delante y la otra detrás. Básicamente, se hizo con tres cosas: las urnas, el censo universal y las infraestructuras (lugares de votación y centro de datos). Estas cosas se hicieron en formato de guerrilla, de manera tal que casi nadie sabía el todo de la ecuación y, los que creían que podía salir bien, confiando en la gente. Esta fue la clave. La gente no fue processista, la gente defendió las urnas porque allí residía su libertad: y lo hicimos con los cuerpos y el peso de la historia, igual que el Estado respondió, y fracasó, con los cuerpos de seguridad y el peso de la historia. Nuestro mando no se esperaba que el referéndum saliera tan bien, sobre todo ante la policía. Y el mismo día 1 por la tarde ya se empezó a discutir, como he dicho, si había que ir a elecciones. Los tres argumentos más poderosos para ir eran que no había nada preparado, que con el referéndum el soberanismo había ampliado el círculo para incluir parte de la izquierda federalista (y que con una DI se reducía, mientras que con unas elecciones se consolidaba), y que habría muertos y el president y el Govern serían responsables. Estos argumentos, juntamente con una visión de las relaciones internacionales que me parece vacía de historia, llevaron a la suspensión del día 10. Hacía días que se pensaba una fórmula suspensiva, como ya expliqué, para dar tiempo a prepararse, para aparecer como los dialogantes en la escena internacional, y para tratar de forzar el Estado a negociar. De todas las versiones posibles, la fórmula que se escogió era la más débil, igual que con la preparación del referéndum. La versión más débil que dejara todas las puertas abiertas y el máximo margen de maniobra al Govern de la Generalitat. Eso dio cierto aire, pero también dio todo el margen de reacción al Estado, que se puso a operar en todos los frentes: el político, con el discurso del miedo; el judicial, con la detención de Sànchez y Cuixart, y el internacional, deslegitimando el referéndum y el bando catalán en general. Cada día la Generalitat era más débil, las órdenes tenían menos posibilidad de ser obedecidas, había menos predisposición psicológica a dar instrucciones, el miedo se extendía por la población y la clase política, y el Estado vio que no tenía ninguna necesidad de intercambiar 155 por elecciones, que es el pacto que ofreció Puigdemont, o que le hicieron creer que Moncloa aceptaría, por los canales abiertos con Urkullu, Mas y Santi Vila. Pero Moncloa dijo que no, el jueves por la mañana. En Madrid se dice que Rajoy quería, pero que el partido, el aznarismo y la Zarzuela le dijeron que ni hablar. Quizás es cierto, pero tiendo a desconfiar de los relatos que dicen que el rey es bueno y la corte mala. Si quieres que una cosa pase, creas las condiciones para hacerla posible. Y Rajoy ha alimentado la represión y el castigo como marco operativo. El jueves por la mañana el presidente informó al grupo parlamentario que no había ninguna mediación, que no tenía el control de los Mossos y que tampoco había un crédito concedido para operar. Es en este momento que algunos parlamentarios del PDeCAT, como el alcalde de la Seu d'Urgell, Albert Batalla, o Jordi Cuminal, sottogoverno de la presidencia de Mas, anunciaron que dejaban de ser diputados y rompían el carné del partido. Algunos consellers se opusieron, con el argumento que la represión sería igualmente, y que valía la pena protegerse institucional y socialmente. Pero cuando se supo que el 155 se aplicaría igualmente, con elecciones o sin, y que la persecución judicial no se detendría, el president y el entorno del mando decidieron que esta decisión la tenía que tomar el Parlament, y no un hombre solo. Es una decisión acertada, y tiene un pero. La razón por la cual Puigdemont no quiere tomar la decisión solo es, a mi entender, que preveía una represión dura contra el pueblo, que podía llevar que hubiera enfrentamientos violentos y muertos. Puigdemont compró el marco que dice que la represión del Estado es su responsabilidad y que, por lo tanto, tiene que operar de manera tal que no la provoque, o al menos, que no pese sobre su conciencia. La perversidad de este argumento es que no tiene fin. La represión tiene muchas caras, algunas más sutiles, que acortan y arruinan vidas, como sabemos todos. Y la necesidad de evitarlo en toda costa lleva, al final, a la sumisión total. Es muy peligroso infantilizar estos marcos represivos, a la larga lo empeoran todo. Sobre estas premisas no se puede construir ninguna comunidad política ni ninguna libertad, con una excepción: que lo hagas explícito y dejes que la gente sepa qué pan se da y pueda escoger. Pero una vez has decidido ir a una declaración de independencia, a pesar de la liturgia triste con que se hizo, tienes que ir con todo lo que tienes. Desde el aparato simbólico (arriar la bandera española), el legislativo (convocar el Parlament inmediatamente para aprobar los famosos decretos que se dice que hay preparados y establecer la ilegalidad de la aplicación del 155 en Catalunya), el ejecutivo (todo el mundo en los despachos o en el Palau), emitir órdenes e instrucciones para hacer efectivo aquello que es a tu poder (publicar la declaración en el DOGC, incluido), el internacional (contactar cancillerías formalmente para informar de la nueva situación), y el municipal (tienes 700 alcaldes dispuestos a hacer que en muchas zonas del país no tengas ningún problema y te puedas centrar en las partes críticas) y sobre todo, el social. Centenares de miles de personas estaban dispuestas a defender la república con actitud de resistencia pacífica. La organización de muchos CDR es operativa y magnífica, y son muchas las ideas que estaban listas, al menos en parte. Rodear la sede del Govern y del Parlament, marchas lentas para bloquear los desplazamientos policiales, miles de tractores auto-organizados para bloquear infraestructuras, complicidades sindicales, huelga general indefinida y un discurso de liderazgo inequívoco mientras se ponen en marcha las primeras medidas. ¿No todos los mossos te obedecerán? Cierto. Pero ni hace falta que los pongas todos en esta tesitura, ni hace falta que los envíes a enfrentarse a la Guardia Civil. Eso y mucho más era ir con todas. Pero en los discursos de las escaleras del Parlament, ante los alcaldes, ya se vio que este no era el tono ni el objetivo. La gente celebraba, pero nadie pensó que hubiera que defender nada porque no había nada concreto que defender: ¿dónde estaba el president? ¿qué hacía el Govern? ¿por qué había la bandera del Reino de España ondeando en el Palau de la Generalitat de la República catalana recién declarada? La gente, claro, se fue a casa. Y los consellers también, después de una breve reunión. Algunos ya empezaron a pensar como enfilar hacia el "exilio"; temporal o no, no lo sabemos. Las reuniones del fin de semana no han sido mejores. El discurso del sábado del president Puigdemont alimentó este marco: parecía escrito por un penalista, para evitar que el Estado tuviera más argumentos para encerrarlo. Aparte de la indignidad que supone actuar así cuando tienes dos personas injustamente secuestradas en Soto del Real, es inútil: el Estado te empurará siempre (siempre que le convenga). Creer que se pueden modular las palabras para evitarlo es creer que puedes intercambiar 155 por elecciones, o que puedes negociar con el Estado alguna cosa que a ellos no les convenga. Es un marco que nos ha llevado a fracaso tras fracaso y que está en el centro de lo que está pasando. Pero Rajoy también tenía sus problemas. El primero es que la represión del día 1 de octubre le ha supuesto un coste internacional que no es despreciable y el segundo es que la represión del día 1 de octubre no funcionó. Grabaos a fuego las imágenes de los lugares donde la policía se tuvo que marchar. No pudieron frenarlo, y un ridículo así no lo puede aguantar políticamente sin caer en la humillación total y definitiva. La única alternativa era escalar la violencia, eso es: hacer que el ejército tomara el control, y, o bien ordenarles que todo fuera teatro o bien arriesgarse a violencia de verdad, no de balas de goma sino de balas de metal. Un 155 llevar durante 6 meses es un riesgo muy alto de asumir. La otra posibilidad era convocar elecciones y aplicar el 155 en versión administrativa y a ver si así desangras al Govern, divides el soberanismo, y ganas unas elecciones que legitimen todo lo que quieres hacer a Catalunya pero que tienes muy complicado de hacer sin caer en la anarquía y el ridículo internacional. Los mensajes públicos y privados de la comunidad internacional indicaban que este era un camino más aceptable. Por eso digo que las elecciones del 21 de diciembre explican tanto la fortaleza de Rajoy (puede hacerlo) y su debilidad (necesita hacerlo). He escrito que soy partidario de ir a estas elecciones, porque no sacas nada de boicotearlas, especialmente con un gobierno que no está dispuesto a tratar de hacer efectiva la declaración con todo lo que tenía a su alcance. Y que había que hacerlo convocante el Parlament contra el 155 y protegiendo las instituciones. No me parecía ni me parece una contradicción porque las urnas son las urnas, y en la medida en que son el campo de juego, es tu campo de juego, aunque sean unas elecciones coloniales. Los partidos parece que están entrando, en este marco, y por lo tanto, ahora los peligros son otros: ¿elecciones para hacer qué? El problema del escenario actual es que el Govern está en retirada y entregando las instituciones al Estado, cosa que nos hace cada vez más débiles, incluso si ganamos y una nueva guardia toma el mando. El escenario de elecciones no es malo porque nuestra fuerza es la gente, y todo combate en las urnas es un combate pacífico que nos hace más fuertes y hace prosperar la verdad. Tienes que utilizar todos los instrumentos que tienes para plantar cara, sobre todo los que te son favorables por las razones correctas. Ahora bien, las elecciones no pueden ser una manera de hacer lo mismo y entrar en el bucle infinito. Es decir: no por tener un gobierno que es más independentista en los discursos que en los hechos, que hace creer a la gente que está preparado cuando no lo está, y que cuando toma una decisión, la improvisa y no está dispuesto a poner toda la fuerza al servicio de la decisión. Es trabajo nuestro que el discurso lacrimógeno y folclórico no lleve hacia el bucle. Este Gobierno y este mando han sido capaces de hacer que haya un referéndum, sí, aunque por los pelos, pero no son capaces de hacer efectiva la declaración y, además, están quemados. Cuando la gente se juega 30 años de prisión todas las decisiones son comprensibles. Incluso ir al extranjero a protegerse o a proteger el poder simbólico de la institución, y a continuar con la estrategia de implicar tantos poderes europeos como sea posible, a fin de que del caos salga alguna negociación. Pero eso no quiere decir que sea una estrategia ganadora o que no sea nuestro deber fiscalizarla, incluso asumiendo el hecho de que tenemos que hacer lo posible para protegerlos. Que arriesguen 30 años de prisión o de exilio no es una cosa menor: es una salvajada. Sobre todo para los que han llegado los últimos al Govern, los consellers de julio, los que entraron para hacer el referéndum sin información sobre lo que se había hecho y sobre lo que realmente se estaba dispuesto a hacer. Estos son las víctimas de una gran irresponsabilidad, y se han jugado con la mejor fe disponible más de lo que se ha jugado nadie. Nuestra prioridad ahora sólo puede ser protegerlos como metáfora de proteger el país. Por eso, si el Govern quiere hacer un servicio al país, aparte de resistir, podría hacer uso de su autoridad para asegurarse que quien sea que se presente a las elecciones no vaya a hacer folclore, a aprovecharse del dolor que ellos y sus familias (y los Jordis y sus familias), con el fin de crear un estado de ánimo que permita colar lo mismo de siempre. Se juegan muchos años en la prisión y vale más que tengamos un Parlament dispuesto a defenderlos de verdad, y no a intercambiarlos en un mercado de cinismos y cálculos que siempre salen mal. Cómo enderezar esta situación no es una pregunta fácil, y no creo que nadie tenga las respuestas del todo. Mi instinto dice que tenemos que ir a ganar las elecciones del 21-D con toda la fuerza de la que seamos capaces, pero el problema de fondo no se puede ignorar. Necesitamos más dosis de verdad y menos dosis de astucia. Que de la misma manera que ha habido una revolución cultural en los corazones de los catalanes, que han aprendido a perder el miedo y a hacerse responsable de sus actos, y que es eso y no otra cosa lo que vimos el día 1 de octubre, esta misma revolución tiene que llegar a nuestra praxis política, en los instrumentos discursivos y ejecutivos que utilizamos para justificar nuestras acciones y hacernos responsables de nuestros actos. Y eso ahora mismo quiere decir un cambio de guardia, sí. Quiere decir apostar por una nueva generación de políticos que deje claros qué quiere hacer hasta el detalle. Vamos a lista unitaria o listas separadas, es exigible dejarnos de "secretos" y de sobrentendidos, y detallar con claridad qué quieres hacer y desde qué valores lo defiendes. Nuestro debate público no es suficiente ni para resistir España ni para hacer efectiva la independencia. Está la gente, y por eso tenemos que ir a ganarlos también en sus elecciones coloniales, pero hasta ahora no hemos tenido un gobierno a la altura del que la gente estaba dispuesta a hacer para ser libre. Pero no quiero simplificar: un cambio de guardia no es el problema de fondo. El problema es estructural y tiene que ver con una cultura política basada en la sumisión, que genera monstruos y seca la imaginación. Y de eso estamos todos infectados, con las excepciones que haga falta, pero que son excepciones que han sido arrinconadas en la marginalidad durante años o que las fuerzas fácticas del país tratarán de hacer pasar por locas. Pero no plantar cara a nuestra propia cultural política es condenar los perseguidos a más persecución, es dejarlos tirados, y por muchos errores que se hayan cometido, no sólo no hay otra dignidad que la de protegerles, también la de crear las condiciones para poder rescatarlos, incluidos los Jordis y el Govern entero. Justamente por eso no podemos aceptar cualquier cosa, y tenemos que exigir a los políticos o que se retiren o que hablen claro sobre qué podemos hacer y cómo. Lo más importante es que limpiemos el discurso político de dobles sentidos y podamos todos ver más claro, que también es una manera de ser libres. Soy optimista porque he visto cambiar a la gente a mí alrededor, y una vez has probado la libertad, no vuelves dentro el armario si no te obligan. Y con todas las prudencias, ahora no pueden obligarnos como antes. La corriente de fondo es a nuestro favor. Comprometámonos y trabajémoslo. (Fuente: El Nacional.cat / Autor: Jordi Graupera)



  • Alberto Garzón se arroja en brazos del Estado fascista y centralista
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    01/11/2017
    No hace más que seguir una tradición característica de los dirigentes de Izquierda Undida desde su fundación hace más de 30 años, empezando por Gerardo Iglesias y con Anguita de fantoche estrella. Son las secuelas de otra tradición, la del PCE, desde los años cincuenta y, muy especialmente, su colaboración en el enmascaramiento del fascismo durante la transición. A pesar de décadas de traición declarada y descarada, Alberto Garzón se sigue calificando de “comunista” y pontificando en su última entrevista donde se pueden leer estupideces acerca de los “ricos y pobres” y otras del calibre de “las ‘clases populares’ a ratos sustituyen como sujeto político a la más clásica ‘clase obrera’”, algo que por suerte o por desgracias sólo ocurre “a ratos”, pero otras veces no. Pero sobre todo Garzón hace lo que mejor sabe: posicionarse a favor del Estado centralista y fascista en plena lucha del pueblo de Catalunya por su derecho a la autodeterminación. A esto la Internacional Comunista lo llamaba “socialfascismo”, que es el punto de llegada en el que desemboca siempre el reformismo. Lo mismo que todos los charlatanes, Garzón enfrenta a la clase obrera con los derechos nacionales, como si fueran cosas opuestas, para acabar concluyendo que “la independencia de Catalunya no va a permitir a las clases populares vivir mejor ni emanciparse del capitalismo”, lo cual es absolutamente falso. Lo que Garzón oculta es que Catalunya es una nación, por lo que la independencia es una de tantas reivindicaciones democráticas que la clase obrera, toda la clase obrera, incluyendo la española, no sólo debe apoyar o solidarizarse sino que deben ponerse al frente y dirigirla, como cualquier otra lucha justa dirigida contra el Estado. Todo el esfuerzo de los socialfascistas, como Garzón e Izquierda Undida, va dirigido precisamente a impedir que la clase obrera dirija la lucha de Catalunya por sus reivindicaciones nacionales, porque se trata precisamente de eso, de dejarlo en manos de la burguesía, para luego acusar al movimiento nacionalista de “burgués”, que para los demagogos “de izquierda” debe ser algo así como la peste. No sólo “lo burgués” es siempre ajeno a “lo obrero” sino que deben parecer enfrentados en cualquier circunstancia. Ese es el corto esquemita que sobre la lucha de clases tienen en su cabecita los tipos como Garzón. Naturalmente, ese esquemita cutre lo extienden a su noción de “internacionalismo” que, de la misma manera mecánica, lo consideran opuesto al “nacionalismo”, una etiqueta repartida a todo un amplio movimiento de masas. Por si esos sujetos degenerados no han viajado nunca a Catalunya, deberían ver fotos de las movilizaciones populares que hay por todos los rincones, donde la lucha ha alcanzado una escala típica de cualquier movimiento nacional. Los atolondrados socialfascistas deben aprender que en un movimiento nacional tan amplio no sólo participan los nacionalistas sino todos. ¿O no han digerido aún que el internacionalismo surge precisamente para defender los intereses nacionales de los pueblos oprimidos por el colonialismo y el imperialismo?, ¿qué creen ellos que fue la Internacional Comunista? En contra de lo que Garzón dice, el derecho de autodeterminación no sólo lo exigen “las partes más ricas”. ¿O se ha creído que en Catalunya las partes “más ricas” suman millones de personas y que son ellas justamente las que salen a la calle a que la policía les rompa la cabeza? ¿Nos quieren hacer creer los socialfascistas que cuando Marx y Engels defendieron la consigna “Proletarios del mundo, ¡uníos!” se referían a la unión forzosa de trabajadores de naciones diferentes dentro de un mismo Estrado?, ¿eso es todo lo que han entendido? Dan pena… Al respecto, en la tradición marxista no hay “de todo” sobre el derecho de autodeterminación, como Garzón pretende hacer creer. En Catalunya la reciente batalla ha dibujado una raya en el suelo. El que no defienda la autodeterminación no sólo está fuera del marxismo, sino fuera de la democracia. Dentro y fuera de Catalunya está con el fascismo, es un fascista y hay que tratarle como tal. No hay otra etiqueta para él. (Fuente: Editorial del Diario Octubre)



  • ¿Por qué Alberto Garzón no es comunista?
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    30/10/2017
    El diputado de Unidos Podemos, miembro de la dirección del PCE y coordinador federal de IU, Alberto Garzón Espinosa, al calor de la promoción de su último libro (1), alardea de ser “comunista” y asegura que “no es coherente ser comunista e independentista”, llegando incluso a afirmar que “no entiendo a los independentistas catalanes que se dicen de izquierdas”. Para cualquiera con un nivel cultural por encima del analfabetismo funcional, no dejan de ser sorprendentes estas afirmaciones, sobre todo teniendo en cuenta la realidad del movimiento comunista en todo el mundo. Porque, precisamente, quienes más han luchado por la independencia de las naciones y de los pueblos oprimidos a lo largo de la historia han sido los comunistas. Seamos biempensantes y demos por hecho que el señor Garzón ha tenido acceso a esa información. ¿A qué viene entonces tanta cháchara sobre “comunismo” y sobre los males del independentismo? A lo peor es que no hablamos de lo mismo. Para el señor Garzón, y es lo que se desprende no sólo de su reciente libro, sino también de sus múltiples declaraciones en los últimos años, ser “comunista” es “una actitud”, una pose. Independiente de lo que piense cada uno acerca de él, el comunismo, en sí mismo, es a la vez un proyecto de emancipación social y, a la vez, el movimiento revolucionario práctico para realizar tal proyecto. Y, dado que la única clase verdaderamente revolucionaria –en tanto en cuanto es la clase absolutamente desposeída– es la clase obrera, el comunismo es la máxima expresión de las ideas emancipadoras de la clase obrera y su organización más avanzada. Pero volvamos a la historia. Cuando, tras la muerte del dictador fascista Francisco Franco, en 1977 el PCE se entregó atado de pies y manos al régimen para asegurarse un huequito en el continuismo monárquico –seguido de los Pactos de La Moncloa para maniatar al movimiento obrero–, perdió definitivamente su carácter comunista. Por si quedaba alguna duda, en 1986 la nueva dirección que desplazó al carrillismo giró aún más a la derecha con el proyecto de liquidar al “viejo” PCE y sustituirlo por un conglomerado electoral, en el que participaban desde el carlismo al Partido Humanista (Izquierda Unida). Como bien explicaba entonces Nicolás Sartorius, se trataba de dotarse de un “sujeto político” sin ideología -esto es, sin una visión propia del mundo–, unido sólo en torno a un programa reformista de mínimos. Hasta el punto que, con la excusa de luchar contra la corrupción, Julio Anguita ha llegado a llamar a pactar hasta con la extrema derecha “si son honrados”. Programa, programa, programa. De esta forma, el PCE dejaba de ser un partido revolucionario y se convertía en una “corriente de opinión” reformista, cuyo objetivo no era acabar con el Estado y la propiedad burguesa, sino sólo limar los peores aspectos del capitalismo. Pongamos un ejemplo: la renuncia a la nacionalización de la banca –“Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio” (2). A cambio, el PCE, IU, Podemos y el propio señor Garzón proponen la creación de un banco público que “compita” con el dominio omnímodo de la banca capitalista. Una cosa es reconocer los males del capitalismo, y otra cosa es estar dispuesto a acabar con él. “Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada” (2). Pero esto al señor Garzón le viene grande. Lo mismo cabe decir del apoyo sin fisuras del señor Garzón al Estado oligárquico español, a su constitución –lo de la “república” es sólo a efectos folclóricos: para todo lo demás no se cuestiona al “ciudadano Borbón”– y a la “indivisible unidad” de ese Estado. El “derecho de autodeterminación” de los pueblos –seña de identidad histórica de los comunistas– lo reconoce sólo a efectos formales: está “a favor” de ese derecho, pero siempre en contra de que se ejerza. Ignora que toda revolución socialista –encabezada siempre por las fuerzas comunistas– ha sido inseparable de la batalla por la independencia nacional. Tome nota, señor Garzón. Si tan “patriota” español es, renuncie a su irreductible postura de permanecer en el bloque imperialista europeo (UE) a machamartillo. Podríamos seguir con una interminable lista de claudicaciones contrarias al comunismo del señor Garzón. Pero todas ellas tienen algo en común: ser reconocido por la burguesía y por los medios de comunicación de la oligarquía como un “político serio”. Se lo vacilan, pero él lo intenta. Pretende transmitir respeto y, a cambio, da pena. Entonces, si ni de coña cabe decir del señor Garzón que “sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente” (2), si –como en el caso de Cataluña– no está por aquello de que “los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante” (2), ¿a cuenta de qué ese interés en declararse “comunista”? Volvamos a la historia. Con la muerte definitiva del PCE en 1986, bien se preocuparon los liquidadores –Iglesias, Anguita, Llamazares– de no soltar las siglas históricas. Por un lado, porque cualquier otro grupo organizado podría reivindicarlas para sí. Por otro, porque todo el montaje de IU sólo se sostenía por el trabajo de los miembros del PCE, que eran absoluta mayoría. Una mayoría que creía estar haciendo una labor “comunista”, por mucho que en la práctica sólo alimentaban a los enterradores del comunismo en España. He aquí que lo que se hizo una vez con el PCE, lo ha vuelto a hacer el señor Garzón con IU, pero en peor. Si el PCE se travistió en IU, pero controlando la nueva organización, ahora IU se ha incrustado como grupo residual minoritario en Unidos Podemos –más Podemos que Unidos–. Lo primero una tragedia. Lo segundo una farsa. Y claro, el señor Garzón se lamenta por las esquinas del “poco protagonismo” de IU en la escena política. Una escasa presencia que va acompañada de la deserción en masa del grueso de los afiliados de IU, asqueados de verse subsumidos en un partido que no es “ni de derechas ni de izquierdas”. Perdiendo autoridad en Unidos Podemos –donde depende totalmente de la benevolencia de Pablo Iglesias–, de capa caída en IU, el señor Garzón, político profesional, pretende apoyarse en cierta clientela, nostálgica del PCE comunista, para no perder comba en el mercado electoral. El señor Garzón, pequeñoburgués reformista –ma non troppo–, ve su figura tambalearse en naderías, y pretende investirse con el prestigio que aún conserva el término “comunista”. Pero no cuela. A pesar de su relativa juventud, el diputado Garzón no es comunista ni por asomo. Más bien es la viva imagen de la vieja izquierda “progre” española, nacionalista (española) e insustancial, que nos ha llevado a la desmovilización y a la desesperanza en los últimos cuarenta años. Y da pena. Mucha pena. Notas: (1) Garzón, A. Por qué soy comunista. (2) Marx, K. y Engels, F. Manifiesto del Partido Comunista. (Fuente: Canarias Semanal / Autor: Teodoro Santana)



  • El “comunista” Paco Frutos se quita la careta y exhibe su verdadera condición, la de reaccionario
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    30/10/2017
    El solo hecho de haber participado en una manifestación infectada por reaccionarios y franquistas —convocada por Societat Civil Catalana— le inhabilita por completo como individuo de izquierdas. Si a eso le sumamos que su participación no ha sido precisamente silenciosa y carente de protagonismo, entonces ni que decir tiene. La derecha más rancia del Estado español le ha cedido un espacio. El ex secretario General del Partido Comunista de España (PCE) ha subido al estrado. Y lo ha hecho para decir una sarta de mentiras y de sandeces, las mismas que los convocantes querían que dijera. No le ha costado mucho complacerles. ¿Será que, disfrazado de comunista, es uno de ellos? Todo indica que sí. Ahí, orgullosamente encaramado en el estrado y en su estúpida arrogancia, ha pronunciado unas palabras que nunca las diría una persona que, en verdad, fuese de izquierda. De manera chulesca, ha arremetido contra los independentistas acusándoles de lo que no son: “Os vengo a hablar de la izquierda no nacionalista, suponiendo que haya izquierda nacionalista”, ha comenzado a exhibir su cinismo. “Permitidme usar el lenguaje del adversario. Soy un botifler (*). Un traidor contra el racismo que estáis creando”. Y ha añadido que “los botiflers reales sois vosotros porque enfrentáis a la gente sin motivo y os cargáis la libertad de quienes no piensan como vosotros”. Y ha continuado con su vomitera de palabras rancias: “Quiero darles una recomendación: parad. Hay que recuperar la sensatez”. Asegurando que él representa a “la izquierda plural, la izquierda no nacionalista”, se ha preguntado: “¿Dónde está la izquierda que no está aquí?”. Frutos no es un tonto, así que debía saber dónde estaba la izquierda; por supuesto, muy, muy lejos de allí. Jugando con las palabras y haciéndose el gracioso, Frutos ha dicho que es un traidor. Y claro que lo es. Pero no por no ser independentista, que está en tu perfecto derecho de no serlo, sino por haber liderado un partido que vendió al franquismo a buena parte de la clase obrera de este engendro que llamamos España, y por haber participado de un vergonzoso silencio alejado de la autocrítica durante tantos años. El PCE tardó casi 30 en desvincularse de la Constitución española. Paco Frutos —a los hechos nos remetimos— todavía sigue anclado en ella. (Fuente: Editorial de Insurgente) (*) Nota de LAE: Como botiflers eran denominados por los catalanes de comienzos del XVIII los traidores partidarios de los borbones, durante la guerra de resistencia a Felipe V. Por extensión lo usan hoy los soberanistas para señalar a los actuales traidores al pueblo catalán y sus derechos nacionales que apoyan al Estado Español y al régimen del 78 encabezado por el Borbón. onsecuentemente, lo de Frutos es confesión de lo obvio.



  • El gato y el ratón (En respuesta al tuit de Alberto Garzón, de IU)
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    26/10/2017
    Dice Alberto Garzón (IU) en un reciente twitter: “Rajoy y Puigdemont son dos irresponsables. La sociedad está aburrida y cansada de verlos jugar al gato y al ratón”. Pues qué queréis que diga. A mí la frase me parece un cúmulo de despropósitos. Pero vayamos por partes. Empecemos por lo del gato y el ratón. Las diferencias entre estos dos animales son grandes. No solo en peso y tamaño, donde aquellas son abismales, sino por su propia naturaleza. El gato es felino, cazador innato. Cuenta para ello con fuertes colmillos y afiladas garras. Digamos además que los ratones forman parte de su dieta habitual. Estos últimos son roedores. Entre sus gustos culinarios se encuentra el grano, el queso, las sobras de comida.., pero no la carne de gato. A menudo, cuando un gato persigue a un ratón, suele jugar con éste hasta que acaba con él. El juego consiste en recortar sus espacios, arrinconarlo, dejarlo escapar… pero todo es una farsa, pues siempre acaba en las fauces del felino. Se dice que todo esto es un juego pero, ¡ojo!, aquí el único que juega es el gato. Para el ratón todo es miedo, pánico, terror. El juego es cruel y sádico. El juego infantil del gato y el ratón consiste en tratar de impedir que el primero coma al segundo. Para los niños y niñas es evidente que el bueno es el ratón, al que hay que defender, y el malo el gato, a quien hay que dificultar la cacería. Pues bien, llegados aquí, si como Garzón afirma Rajoy y Puigdemont son gato y ratón, ¿quién es uno y quién es el otro?, ¿quién tiene colmillos (policía, guardia civil, Tribunal Constitucional, artículo 155,…) y quien no? ¿A quién hay que defender y a quién obstaculizar la caza? El juego entre Catalunya y el Estado español es muy desigual. El segundo es por naturaleza felino. En su dieta, los ratones son algo esencial. El gato-Estado español, desde su propio nacimiento, ha comido naciones y pueblos allá donde los ha encontrado: la Península, Europa, América, Asia, África. Sin ellos, la nación España-Estado español, no hubiera podido nacer ni existir. Y hoy, a pesar de encontrarse viejo y decrépito, este gato-Estado no puede por menos que seguir afirmándose como carnívoro. Porque nadie, que yo sepa, conoce gatos veganos. Por eso el actual Estado español no puede concebirse sino como cárcel de pueblos. Garzón dice que la sociedad está aburrida y cansada de ver jugar a Rajoy y Puigdemont. Yo, personalmente, identifico el estar aburrido y cansado con sentarme y bostezar, pero éste no es el caso. Desde hace seis años no hay en Europa un país en el que, como en Catalunya (si alguien conoce alguno, que lo diga) se haya mantenido un nivel de debate, participación y movilización ciudadana más alto. Las imágenes que nos llegan de allí expresan cualquier cosa menos aburrimiento. La política se vive por todos sus rincones, cafeterías, centros de trabajo y estudio, plazas,.. Así pues, ¿a qué sociedad”¡ se refiere Garzón cuando habla de aburrimiento y cansancio: a la catalana, a la española o a ese concepto-chicle de gente que sirve para cualquier cosa? Algunos estrategas de escuadra y cartabón han afirmado que el proceso catalán estaba alentado y conducido por la burguesía. Los frontales críticas hechas por ésta contra el mismo (CEOE, Foment del Traball Nacional,..) y la actual fuga de las principales empresas catalanas (Caixa Bank, Sabadell, Aguas Barcelona, Codorniu, Gas Natural,.), no les han hecho bajarse del carro. Ellos son como esos rancios arzobispos que ven al Maligno en todo aquello que no comulga con su credo. Porque el unionismo es así, cualquier nacionalismo o patriotismo está infectado.., menos el suyo propio, el de la gran nación. Joaquín Sabina lo ha expresado mejor que nadie: “Estoy en contra de quien quiera hacer una patria pequeñita…”. Pues eso, ¡a reconquistar Guinea, Cuba, Filipinas, México, Perú, Países Bajos,..! ¡Ande o no ande, patria grande!. “Rajoy y Puigdemont son dos irresponsables”, afirma Garzón. Puestos a decir, podía haber incluido también a Trump en la lista. Total, por el precio… Porque incluso en el caso de que el Govern catalán haya sido irresponsable, cosa que no comparto, igualar a éste con el de Rajoy y el PP en un momento en que la autonomía catalana está siendo decapitada, es un despropósito total. Leí recientemente a Angela Davis un artículo en el que se pronunciaba contra la conversión del slogan “las personas negras también tenemos derechos”, en ese otro de “todas las personas tenemos derechos”. Criticaba así que tras la universalización del lema inicial se invisibilizada el problema denunciado, es decir, la marginación de la población afro-americana; paro, trabajo, cárcel, vivienda. Tras la defensa abstracta de los universales derechos humanos, suele desaparecer así la desigualdad social realmente existente: capitalistas y currantes, hombres y mujeres, negras y blancos. Hablar de plurinacionalidad en el Estado español es hoy, en gran medida, un sarcasmo. Porque solo una de esas naciones, España, cuenta con Constitución, leyes básicas, Policía (los Mossos no tienen competencia para actuar en Madrid), Tribunal Constitucional, pero nada de eso tienen Catalunya o Euskal Herria. Las competencias autonómicas, tal como acabamos de ver, son graciosas concesiones del poder central que pueden ser suprimidas a voluntad. Por eso mismo, hablar de plurinacionalidad sin decir que una de esas naciones es nación-gato y otras son naciones-ratón, es tramposo. Claro está, si la solución para que acabe eso que Garzón llama aburrido juego del gato y el ratón, es someterse a una legalidad felina hecha a la medida de las zarpas del poder, esa solución no es tal. Seis años seguidos de intentos catalanes de diálogo y humillaciones centralistas lo atestiguan. La solución, claro está, es difícil, pero esta deberá seguir buscándose en la profundización –y mejora- de las vías democráticas, de movilización y desobediencia civil llevadas a cabo hasta ahora. Sin estrategias que apunten hacia una ruptura democrática no hay salida. Hoy, hablar de pacto y reforma es vender humo. La solidaridad con Catalunya es hoy esencial, porque ante lo que nos encontramos no es tan solo ante una agresión a la soberanía catalana, sino frente a una regresión y recorte generalizado de libertades democráticas de todo tipo. El objetivo del Régimen es acabar con la disidencia. Así de claro. (Fuente: Insurgente / Autor: Sabino Cuadra Lasarte)



  • La del 78, una constitución preparada por el franquismo
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    25/10/2017
    ¿Para qué sirve la constitución española…? Una carta que se diseñó de manera que, los antiguos franquistas y avenidos llamados de izquierda, prepararon para que nada se mueva en cuanto a los derechos de los pueblos y en la que sólo se ha tocado aspectos para pagar la deuda de los bancos, con dinero público, y para justificar y afianzar una monarquía que nadie eligió. Hablamos de una constitución que no da respuesta a la sociedad actual y donde el 80% de ésta no se ve encajada ni reflejada, además que han desmontado, por medio de Decreto Ley, los derechos conquistados en luchas por el pueblo y los trabajadores. No hace mucho se abrió un debate entre indenpendentistas canarios, donde una parte hablaba de usar el sistema de “derecho” español, la vía electoral y la ley D´Hondt, para desde las urnas conseguir el paso a la independencia o derecho a decidir: por su puesto, visto lo visto, ésta no es ninguna garantía para lograr los fines de la soberanía nacional de Canarias. Es constatable que el sistema tiene todo amarrado y bien atado para que ningún partido independentista logre sus fines. Cuando las negociaciones de los diferentes gobiernos españoles con ETA, en cuanto a la renuncia de la lucha armada y el acercamiento de los presos vascos a su país, los distintos gobiernos de España declararon públicamente que el independentismo cabía en su estado de derecho como cualquier otro partido: es una ironía que te dejen participar de su “democracia, pero no te dejen ejercer los derechos por los que el pueblo te coloca en su parlamento. Todo un montaje en cuanto los partidos del sistema, los bien llamados de gobierno, que al tener siempre la mayoría –porque están financiados por empresas y bancos o con fondos públicos– no dejarán que las reivindicaciones independentistas lleguen democráticamente a su finalidad ya que están ellos para impedirlo. No tiene lógica intelectual que se diga que el independentismo cabe en el estado de derecho, pero no se respete el derecho a decidir que estos propugnan para sus naciones: ¿es que no saben cuáles son los fines del independentismo….? Hay que recordar, cuando el plan Ibarretxe y su hoja de ruta fue llevado al parlamento español para negociarlo democráticamente, que la respuesta de la mayoría de la Cámara fue darle con la puerta en la cara. Lo mismo ocurre en Catalunya y ocurrirá con Canarias, a no ser que la divina providencia cambie la Constitución y deje abierta la vía de los pueblos a decidir su futuro, como verdaderamente debería de existir en los países democráticos. Estamos bajo el imperativo de una constitución dónde no existe división de poderes, donde es notorio que se politiza la justicia y según para qué o quiénes. España tiene presos políticos que no debe existir en un país democrático, mas, ningún corrupto de importancia perteneciente a los gobiernos está en la cárcel, asunto en el que se atisba que la justicia es muy diligente para actuar en los asuntos políticos, pero muy lenta para los casos manifiestos de corrupción y desaparición de pruebas. La UE se quiere hacer garante internacional en el caso de Catalunya –especialmente Alemania y Francia– apoyando a España desde su caduca y amañada constitución del 78… Obviamente, no desde una constitución europea, que no existe ni describe los derechos fundamentales de las personas ni de los pueblos, sino que aprobaron –después de muchos intentos y rechazos de las naciones de Europa– un libro que procede desde el Tratado de Roma –el tratado de Lisboa–, donde han seleccionado lo que les interesa y donde excluyeron de ese acuerdo la 4ª parte del Tratado de Roma que sí hablaba de este tema de las naciones. Por estos y otros motivos, Europa no se debe pronunciar ni actuar en el caso de Catalunya, y cuando lo hace es porque su finalidad es seguir saqueando a los pueblos, ya esta UE carece de legitimidad popular y no garantiza los derechos de los nacionales, por lo que no le queda otra que supeditarse al marco del derecho internacional ya que Europa no es un Estado. Todo se ciñe a un paripé de los mercaderes, como antes he mencionado al Tratado de Lisboa, que no es una constitución sino el blindaje de la Europa de los bancos, el FMI, el BCE, el Club y los acuerdos de París, y no de los intereses de los pueblos. Hay caso manifiesto de corrupción con Jordi Pujol –también independentista catalán–, pero a éste no lo tocan porque ha co-gobernado con los indistintos gobiernos españoles y sabe mucho de la corrupción endémica del reino. Sin embargo, encarcelan a políticos limpios de corrupción por ser independentistas, inventando un delito de sedición que sólo se retrotrae al Medievo o a la Inquisición. Para más inri, se atreven los representantes del reino a hablar de adoctrinamiento en las escuelas catalanas, cuando su aparato falaz de propaganda no ha parado en un proselitismo recurrente contra Catalunya que ha calado en la parte del pueblo más despolitizado o menos letrado. Si quieren que hablemos de adiestramiento, los canarios sabemos mucho de eso porque lo hemos padecido y padecemos en la enseñanza españolista en las aulas y el proceso secular de asimilación y alienación en el que se ha metido a nuestro indefenso pueblo canario desde hace quinientos años. No, amigos del reino e incaustos del mismo: España no es un país democrático, es una dictadura camuflada con una mano de latex, aunque el barniz se le cae con rapidez porque ya cumplió su ciclo de brillantez y camuflaje. (Fuente: El País Canario / Autor: Isidro Santana León)



  • El golpe “legal” de Estado
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    25/10/2017
    Se habla de que el Art. 155 se está empleando “legalmente” para “defender los derechos de todos los españoles”, incluidos los catalanes y, supongo, que también los de las colonias africanas como Canarias. Por mi parte aclaro que no necesito “defensores” como el Sr Rajoy y su troupe que me defiendan de aquello que, como he expresado repetidas veces,  pienso y práctico: Que todo PUEBLO constituido como tal y conforme a los dos Pactos de Derechos Humanos y los acuerdos de la VI Asamblea General de la ONU, refrendados en la VII (16/12/1966) Parte I, Art. 1º: “Todos los pueblos tienen el derecho a disponer por sí mismos. En virtud de este derecho determinarán libremente su régimen político y asegurarán libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Estos preceptos son de Derecho Internacional Positivo, rango superior al de las Constituciones estatales A partir de 1976, con la ratificación general –España incluida- la Autodeterminación es un Derecho Humano Fundamental que tienen las comunidades humanas que posean las características sociológicas de pueblo y que, como tales, se mantienen integradas, ocupando tradicionalmente un territorio determinado y diferenciadas de las demás, condiciones que -con exceso y muchas más- cumple nuestra Nación Canaria, pero también los cumplen pueblos como el catalán o el vasco. Frente a esta norma de Derecho Internacional Positivo, los “constitucionalistas” españoles –españolismo rancio, puro y duro con ribetes del “a por ellos”- oponen el Artículo 155 y el “interés general” como continuidad a la política agresiva que exhibieron en el intento de Referéndum catalán y a las actuaciones judiciales que han conducido a la nueva etapa de llevar a prisión a ciudadanos cuyo delito es defender sus derechos e ideas creando, una vez más, las figuras de los presos políticos. El tan cacareado Art. 155 de la actual Constitución Española solo tiene dos apartados
    1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
    2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.
    En ninguno de ellos se especifica que el Gobierno o el Senado pueden suspender y cesar a un presidente o un gobierno autonómico. Desde luego que eso va más allá de “dar instrucciones a las autoridades autonómicas” Es más, si miramos el Estatuto de Autonomía de Catalunya que, además, no es el que fue aprobado en Catalunya en Referéndum y en el Congreso Español y que luego, a instancias del PP y su campaña de recogida de firmas, fue RECHAZADO POR EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL  dominado entonces y hoy por la derecha reaccionaria española, vemos con claridad que hacerlo de esta forma es un evidente GOLPE DE ESTADO y como tal, FASCISTA con la connivencia lógica y esperable de C’s y la vergonzante de la supuesta izquierda del PSOE. Textualmente en el Estatut encontramos delimitadas y precisadas las causas por la que puede ser cesado en sus funciones un President, cosa que hoy el Sr. Rajoy ha eliminado limpiamente. Lo de secuestrar además el Parlament resultado de la voluntad popular y restringir y mediatizar su actividad es propio de los regímenes que poseen la fuerza militar para imponerse sobre las voluntades de los pueblos, propia de los fascismos y los colonialismos de viejo y nuevo cuño. Las causas de cese de funciones del Presidente de la Generalitat quedan establecidas por el artículo 59 de la ley 3/1982 y los artículos 129 y siguientes del reglamento del Parlamento de Cataluña de 2005. Son causa de cesamiento del President.
    • La aprobación de una moción de censura, que en caso de ser admitida a trámite procede a la celebración de un debate en que pueden intervenir el President, y el candidato que propone la materia. En el caso de ser aprobada, el President es cesado, de igual manera que el resto del gobierno y queda investido como nuevo presidente el candidato explícitamente propuesto en la moción.
    • Por la denegación de una moción de confianza, en que después de un debate previo, si al President se le deniega la confianza, es cesado conjuntamente con los demás miembros del Gobierno.
    • Dimisión
    • Por notoria incapacidad física y mental, reconocida por el Parlament y que inhabilita al President ejercer sus funciones.
    • Por defunción.
    En estos dos últimos casos, el Presidente del Parlamento de Cataluña asume las funciones del President de la Generalitat, y debe preparar las elecciones de un nuevo Parlament para la elección de un nuevo presidente. El ESTADO ESPAÑOL, en este caso, además de impedir el DERECHO DEMOCRÁTICO A DECIDIR y el de AUTODETERMINACIÓN que tiene todo pueblo como Derecho Humano Fundamental, incumple también su propia legislación. Es un ataque en toda regla a la democracia que supuestamente rige la vida pública de esta cárcel de pueblos llamada ESPAÑA. Por ello, a mi juicio y opinión es un deber democrático oponerse a todo tipo de decisión injusta y dictatorial. (Fuente: El País Canario / Autor: Francisco Javier González)



  • En el 53º aniversario de la Bandera Nacional Canaria
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    22/10/2017
    No es casual que nuestra enseña tricolor con siete estrellas haya sido inspirada y fundada hace 53 años en el exilio por un movimiento político que propugnaba la libertad de Canarias. Es ese, precisamente, el mismo éxodo que a lo largo de siglos ha sido el destino obligado de los trabajadores canarios para, mediante la emigración impuesta o clandestina, buscar el sustento más allá de nuestras fronteras que nos ha hecho errar durante siglos por medio mundo. A partir de esos precedentes, a los canarios se nos ha coartado la consolidación y el desarrollo de nuestra identidad como territorio africano abierto a un espacio sociocultural tricontinental que conforma nuestra actual singularidad. Hemos sufrido los efectos de un prepotente y exterminador nacional- españolismo que insiste en querer borrar cualquier atisbo de nuestra personalidad vernácula que, aunque lo silencien, tienen sus más nobles y emarcados referentes mucho antes  de la cruenta y salvaje dominación española. Se nos ha impedido dotarnos de un propio autogobierno que encauce cabalmente nuestro bienestar. Nuestra economía continúa siendo sitiada por un sistema de dependencia y de expolio aborreciblemente colonial que promueve que una maraña de entidades empresariales y financieras foráneas aquí asentadas mantengan una  extracción irrefrenable de capital hacia el exterior directamente proporcional a las enormes carencias que nuestro pueblo sufre. No podemos pasar aquí por alto, la complicidad de la miserable y egoísta burguesía canaria, sin la cual esta sucesión de desmanes no sería  posible. Como menoscabos añadidos para nuestra mayoría social, hay que sumar los perniciosos efectos colaterales que, lejos de desaparecer, se mantienen en forma de inferior inversión por habitante, injusta distribución de la riqueza, alto desempleo, miserables salarios, indeseables condiciones laborales y la pobreza  que alcanza a cerca de la mitad de nuestros conciudadanos, circunstancias estas que nos segregan de la pretendida condición de españoles con la que  eufemísticamente se nos apoda. Por ello, es este 22 de octubre fundacional de nuestra enseña, en Intersindical Canaria también alzamos la voz para que, además de reivindicar la bandera blanca, azul y amarilla con siete estrellas como símbolo inequívoco de nuestra Nación Canaria, también exigir el derecho a decidir para dotarnos de auténticos mecanismos de autogobierno y poder popular que nos permita un benefactor reparto de nuestros recursos y alcanzar un bienestar que tras siglos de discriminación nos equipare, al menos y como inicio, a los ciudadanos de los que dicen son nuestros “iguales” europeos. No existe Comunidad alguna en el actual estado español con mayores razones para ejercer su derecho a decidir y lograr su plena soberanía política y económica. Esta apelación justiciera y libertaria no es nueva ni superficial: iniciada por nuestro antepasados durante un largo siglo de resistencia frente a los conquistadores y durante el que se forjó el inicio de la actual Nación Canaria, ha tenido su relevo en otros muchos compatriotas que en diferentes épocas y circunstancias, han sido duramente perseguidos e incluso asesinados por su ideario anticolonialista y emancipador. Secundino Delgado, Guillermo Ascanio, Javier Fernández Quesada, Antonio González y Antonio Cubillo, entre otros, ocupan un lugar destacado e indeleble en la historia de resistencia frente a la opresión nacional y laboral de nuestra nación. Hoy, además, en ese marco deleznable de sinrazón y  acoso contra las libertades cívicas y nacionales, levantamos también la voz para exigir la libertad de los presos políticos víctimas de la acción represiva del actual gobierno y de los aparatos represivos del Estado español, de los que la nacionalista canaria Aisha Hernández  y los soberanistas catalanes, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, son los más recientes exponentes. (Fuente: El País Canario / Autor: Jaime Bethencourt Rodríguez*) *(Secretariado Nacional de la Intersindical Canaria)



  • España es mentira
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    20/10/2017
    España no es una nación. Desde hace más de un siglo es un accidente político, que arrastra un fracaso nacional. Su sucedáneo, el Estado español administra y gestiona este accidente, como un armatoste peligroso en entredicho. Un obstáculo para la libertad de los pueblos y el progreso de las gentes. La España histórica, la de los libros de historia, es un pasado… de rosca que ya no vende. Una historia sospechosa, in vigilando, de conquistas, imperios y abusos con un estrambote de cuarenta años de franquismo (1939−1978) y otros cuarenta de dictadura constitucional (1978−2018). Blanqueada en un referéndum justito. Y por si alguien no lo sabe, Franco también ganó su dos referéndums: 1947 y 1967. En esto gama a los nuevos dictadores. Esta España falsa, de los libros y la educación oficial, nace en Covadonga a pedradas y muere en Cuba a machetazos, agotada por penosos siglos de violencia imperial. En la manigua cubana fracasa la España de Sagunto, Numancia, Las Navas, Otumba, Lepanto… y cae el mito de una nacionalidad, que nunca existió. Cuyos atributos, como escribió Malleda eran: “fantasía, pereza, ignorancia y rutina”. Una España que llevaba a Hernán Cortés en la bragueta y al Cid, bajo la boina. La clamorosa inferioridad militar española se hunde definitivamente en aguas del Caribe, frente a los Estados Unidos. Culmina entonces la caída de un imperio de zánganos hidalgos y reyes holgazanes. Cuando el suelo del imperio se hunde, cae sin alternativa el proyecto de nación y la idea de España, que descansaba sobre el expolio ultramarino y la servidumbre de millones de campesinos. En medio de la gran crisis del 98, surgirá aquel regeneracionismo de Cámara de Comercio, que culpa a la oligarquía y al caciquismo de todos los males. Los regeneracionistas del 98, trataron entonces en vano de espabilar a sus colegas. Siguiendo el derrotado camino de antecesores como los ilustrados, los racionalistas o los arbitristas de siglos anteriores. La burguesía periférica (catalanes, vascos) aliada con los trigueros de la meseta y los aceitunos andaluces, encuentra un respiro intelectual en los Costa, Malleda, Picavea, Isern y otros que quieren convierten la derrota del imperio, en Estado hidraúlico. Albacea de la crisis y sublimación de la nación que no existe o de la raza, que no se ve. Serán los mimbres necesarios para educar a las clases medias emergentes, en el patrioterismo pre-fascista que tanto aprovechó el 18 de julio, como carne de cañón y banderín de enganche, para mantener el estado de los negocios en sus altos dividendos. De este modo, España se convierte en el sujeto agente de una identidad que se descompone antes de definirse. Provocando el nacimiento de los intelectuales mesetarios del 98, críticos con la España nacional y enamorados de la Castilla nutricia. Que adopta el regeneracionismo, congénito y fracasado, atravesando el quehacer público español desde Cánovas hasta hoy, pasando por las tres dictaduras (la de Primo de Rivera, la de Franco y la de 1978). La crisis es también aprovechada por los pueblos peninsulares sometidos: Euskadi, Catalunya, Galiza… Que han iniciado su propio despegue nacional, denunciando que España como comunidad histórica no tiene nada en común, con ellos. Como supuesto nacional, a partir de aquel Galeuzka prefigurado desde finales del XIX, lo que iba a ser España se resume en un fracaso, que solo se mantiene vampirizando la diversidad de las colonias interiores. En el mosaico de pueblos joseantoniano, no hay nada nacional que pueda llamarse España. A pesar de lo subvencionados esfuerzos de la historiografía jacobina. La historia de los pueblos “españoles”, por mucho que se intenten falsas ecuaciones y sumas imposibles, no puede construir una veraz Historia de España. Debido a esto, los continuos esfuerzos de la España-estado por encontrar a España-nación se convierten en otros tantos zarpazos militares sangrientos. Como habían sido las guerras contra Catalunya del siglo XVIII y fueron las del XIX contra los vascos. A lo que se añade el sangrado brutal de 1936, contra todos. Con Franco, España se convierte en un proyecto definitivamente trasnochado, con el objetivo de mantener la unidad territorial del absolutismo borbónico y el patrimonio cultural castellano. Abusivamente llamado “español”. Como hegemonía nacional, la Historia de España no aparece, desde entonces, en el cruce de reclamaciones de las jóvenes nacionalidades, que cuartean el Estado y sus imposiciones. Si se descuentan de la Historia de España, las historias de las naciones prohibidas y la crónica de su represión, solo queda un páramo extenso. Imposible de llenar con una contradictoria y contestada Constitución. Por mucho que sirviera, en 1978, a una Transición militarizada y a unos partidos pre-corruptos. Lo que se llama Historia de España, pasó entonces, a ser la suma de las historias robadas a otros pueblos. El día que se juzguen estos robos, España quedará sin datos propios, sin identidad, sin carisma, sin libertad. Como escribió Picavea: “Una enfermedad, agravada desde el siglo XVII”. Una mentira, que se desmiente a cada paso. España se avergüenza, con los del 98, de su pereza, rutina, ignorancia e imperialismo. Y con el franquismo la españolidad se retira confusa, de las mentes y conciencias. La quiebra se acelera. Sin Cuba, ni los últimos de Filipinas, sin Imperio… España no es nada. Salvo sus pretores franquistas, que mandan disparar a las tropas en las naciones ocupadas. A finales de siglo, se ha convertido en un mendigo llamando a la puerta de Europa, que vive de las migajas de sus turistas. Donde no la dejan entrar por sus impresentables señas de identidad política. Y a medida que las nuevas historiografías, de las colonias interiores, encuentran la verdad histórica, se resiente la falsa identidad española que hacía guardia junto a los luceros. España pierde historia y se descompone vieja y maloliente, con la puja de los nuevos aspirantes a Estado. Y empieza el siglo XXI, con una ley dictatorial insostenible y una nueva crisis, que recuerda cada vez más al 98. Porras contra votos Pero también es cierto que hay otra España. Sensata y abochornada con su currículum imperial. Una España que de verdad merece el nombre de regeneracionista. Una España, sin embargo, que sigue en el limbo de la Historia y la política. Sin conseguir hacerse oír. Sin presencia política, ni existencia social suficiente. Para poder cambiar las cosas de oficio. Estos españoles conscientes nunca han logrado imponer su sensatez, ni su progresismo, en el imperio. Son los otros perdedores. Herederos de la línea liberal, de los educadores de la libre enseñanza, del movimiento obrero y social de los años treinta, de los republicanos que perdieron la guerra y la postguerra. Han estado siempre marginados y arrastrados por los campeadores. El drama de los españoles de esta historia triste es que se ven identificados, a la fuerza, con un proyecto rancio y decadente que atraviesa la falsaria historia oficial de España y malvive de la negación de otros proyectos. Mientras que las naciones emergentes viven su historia en positivo y avanzan hacia la libertad, la fracasada construcción española sigue siendo la opresora e imperialista de antes. Disfrazada ahora con el nuevo imperio de la ley. El derecho de conquista, impuesto por los ocupantes. Y cuando la derecha y el neofalangismo de corbata, quieren blanquear esta historia, con argumentos leguleyos y antidemocracia de cuartel, tienen que repetir la misma historia de siempre: intolerancia, negación y envío de tropas. El imperio español pasó a la Historia. El legado de los Reyes Católicos, el testamento de Isabel ha caducado. Está en la fase final de su desaparición. Aunque ahora se agarre a la dictadura constitucional, como último eslabón de la débil ideología que justificaba su presencia en los territorios ocupados. Pero su nacionalismo es impresentable. No puede sostenerse, en el siglo XXI, con desprestigiadas hazañas bélicas y necesita otra historia. Un recambio menos triste que la Historia de España del padre Mariana. Las “glorias” españolas de mayor duración: el imperio y el franquismo, hace tiempo que han sido repudiadas. Nefastas e irrepetibles, no sirven como pórtico para una historia nacional, que no existe. Y la salida dictatorial del 78, se agrieta y cuartea por los eslabones más débiles. Nadie se atreve a reivindicar la mentira sangrienta de una Historia de España reflejo de su propia crisis, como nación cuartelera, sostenido con analfabetismo y atraso. Ramalazo de su imperio y de la dictadura personal más larga de Europa. Rematada hoy con una monarquía sin legitimar y en entredicho. Que no sabe solucionar sus problemas dejando votar a los afectados. Por eso se esgrime el incansable argumento de la vieja ley, del 78. Que en su día blanqueó la sucesión. Pero hoy se ha vuelto tan reaccionaria e inservible como las anteriores. Y prohíbe el derecho a decidir, bajo la cobertura del Tribunal constitucional de los invasores. La Inquisición constitucional, contra la herejía política de los que quieren votar, según sus normas. No las del derecho de conquista. Catalunya está demostrando, a esta España, que cuando se lleva a sus últimas consecuencias una voluntad política de independencia, el imperio se tambalea. Tiemblan los poderes fácticos de la ocupación, resoplan los creadores de opinión asalariados y nadie encuentra, en sus leyes dictatoriales, la respuesta adecuada. Es decir, aquella que no pase por el envío de tropas. Cualquiera que sea el resultado final de esta contienda, la mentira España ha quedado tocada. Una vez más al descubierto la falacia que empezó a inventar, por el siglo XVI, el padre Mariana. De cuyas ubres de tradición, ley y orden han mamado los historiadores e historiografía oficial desde el franquismo. Y que sirven de base a los políticos del sistema actual. El simple hecho de impedir por la fuerza que alguien ejerza el derecho a voto, aunque este sea contrario a nuestros intereses, coloca a cada uno en su sitio. España en el centro del ring, con los guantes puestos de la intolerancia de los vencedores de espada y armadura. Catalunya en el rincón de los perdedores, acorralados, pero justos y racionales. Y el resto de Europa escandalizada por la vergüenza ajena, de ver la desigualdad pelea televisada, entre las porras y votos. España en el sitio, que le asignó el padre Mariana, en el centro del imperio cristiano, que siempre ha querido ser. La España de Frascuelo y de María, ironizada por Machado. O el pueblo de cabreros, descrito por Gil de Biedma. Que duerme junto al catecismo y a la espada. El ballestero que busca su presa y otea el horizonte, desde el páramo castellano, impidiendo que nadie se mueva en sus dominios. España ha acabado siendo una mentira y un fracaso nacional, por que ha sido siempre uno de esos Estados que ha basado su razón de ser en la negación y ocupación de otros pueblos. Pero el tiempo ha pasado y la sensibilidad consciente, incluso de muchos españoles, se ha actualizado. España ya no puede vivir de su imperio. Por mucho que sea el imperio de la ley. Tal vez Euskadi o Catalunya no puedan alardear de sus éxitos políticos. Porque no los tienen. Pero si de sus razones históricas justas. En cambio, España no puede presumir de leyes, y seguir viviendo como si estuviéramos en el imperio donde no se ponía el sol. Estamos en un siglo en que las ocupaciones imperiales, las invasiones territoriales, los desembarcos de marines en otros países son odiosos y fuera de la Ley universal. Nadie las defiende. Nadie las quiere. España ocupó Catalunya en el siglo XVIII. Arrasó ciudades, saqueó pueblos… Los mercenarios borbónicos de Felipe V, acabaron con la vida de miles de resistentes. Las leyes propias fueron suprimidas, la lengua y la cultura perseguida. Toda una serie de atropellos, que suelen seguir a las invasiones en la Historia. Que se repitió, corregido y aumentado, en la guerra de 1936. Pero recordar esto, como hacía el franquismo, ya no prestigia a sus autores. Ni a los actuales poderes, sucesores directos de los autores de estas masacres históricas. Que se aprovechan de sus concecuencias. Por eso la alianza hispanófila no lo menciona nunca. Lo que pasa hoy es consecuencia de lo que pasó en Catalunya en el siglo XVIII. O en Euskadi en el XIX. Y mucho antes en Galiza, Canarias etc. El gobierno español ya lo sabe. Y su la banda de la porra, seguirá hablando de leyes y mandando a sus marines contra los pueblos oprimidos. Los medios tóxicos seguirán vendiendo la dictadura constitucional “que nos hemos dado”, aunque solo la hayan votado menos del 40% del actual censo electoral. Y si alguien no lo remedia, en Nochebuena tendremos que apagar el televisor. Otro año más. Para no escuchar una vez más hablar de la mentira España. (Fuente: Boltxe / Autor: Josemari Lorenzo Espinosa)



  • El derecho de autodeterminación y la Bandera Nacional Canaria
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    18/10/2017
    Con los sucesos catalanes –de los que hay mucho que aprender- vuelvo a oír y leer la opinión entre los independentistas canarios de que no debemos hablar de AUTODETERMINACIÓN sino de DESCOLONIZACIÓN, como si fueran cuestiones contrapuestas y no complementarias. Quiero contribuir a clarificarlo según mi criterio. La “Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos” que aprobó en 1789 la Asamblea Nacional francesa afirmó en su Artículo 1º que “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.” Parecía una utopía de los revolucionarios franceses pero fue el fundamento de los actuales “Derechos del Hombre” que forman parte esencial del Derecho Internacional. Los Derechos Humanos se distinguen de otros derechos subjetivos por ser universalmente válidos. No necesitan la aprobación de ninguna instancia política ni verse reflejados en ninguna Ley o Constitución porque, como recoge el Art. 1º de la Declaración Universal “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. De esos Derechos Humanos recogidos en esa Declaración, hay unos que responden a las exigencias de la ley natural, como el Derecho a la Vida o el de Libertad de Conciencia y es dentro de esos derechos de carácter fundamental donde las Naciones Unidas han colocado, en un lugar preeminente de los textos jurídicos al Derecho de Autodeterminación de los Pueblos confiriéndole el rango de Derecho Internacional Positivo que obliga a todos los Estados signatarios de la Declaración. De esa forma, en los dos Pactos de Derechos Humanos que la ONU ha redactado y los Estados suscrito, figura como Artículo Primero y único de la Parte I, que se reserva íntegramente para la Autodeterminación de los Pueblos. La VI Asamblea General de la ONU, por la resolución 545 de 5 de febrero de 1952 obligó a la “inserción en el Pacto o los Pactos Internacionales relativos a los Derechos del Hombre de un artículo sobre el derecho de los pueblos a disponer por sí mismos” y así, los adoptados en la VII Asamblea el 16 de diciembre de 1966 se encabezan con la Parte I, Art. 1º que reza “Todos los pueblos tienen el derecho a disponer por sí mismos. En virtud de este derecho determinarán libremente su régimen político y asegurarán libremente su desarrollo económico, social y cultural”. A partir de 1976 en que se logra la adhesión mayoritaria de los Estados constituyentes –entre ellos España- y de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, esos pactos entran en vigor. A partir de entonces la Autodeterminación es un Derecho Humano Fundamental que tienen las comunidades humanas que posean las características sociológicas de pueblo y que, como tales, se mantienen integradas, ocupando tradicionalmente un territorio determinado y diferenciadas de las demás, condiciones que -con exceso y muchas más- cumple nuestra Nación Canaria. Es evidente que no es la voluntad del estado español cumplir sus compromisos sobre la Autodeterminación de los Pueblos. Nunca lo ha sido. Lo estamos viendo en el caso de Catalunya sobre su Derecho a Decidir, la represión que ha desatado y las maquinaciones estatales españolas que lo impiden. No es, de todas formas, el caso de Canarias. El nuestro es un territorio colonial, situado en otro continente, conquistado y mantenido por la fuerza de las armas al que se le dota de una falsa autonomía para evitar su descolonización.  Ya en su momento, España declaró a sus colonias africanas (Canarias, Ceuta, Melilla, Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial) como “Provincias o Plazas de Ultramar” para no estar sujetas a la Resolución 1514 (XV Asamblea General de la ONU) del 14 de diciembre de 1960 de la “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, que parte de reconocer “el apasionado deseo de libertad que abrigan todos los pueblos dependientes y el papel decisivo de dichos pueblos en el logro de su independencia,” y que “ los pueblos del mundo desean ardientemente el fin del colonialismo en todas sus manifestaciones” tras una serie de recomendaciones, termina exigiendo en su punto 7 y último que. “Todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la presente Declaración”. Canarias adquiere unidad y entidad con el fenómeno de la colonización, cuando este pueblo, invadido y esclavizado, toma conciencia de ello, de que es diferente del invasor y se rebela. Pasamos de ser 7 islas cantonalizadas a ser una única nación, colonizada sí, pero nación. Así, la Rebelión de los Gomeros o la del Mencey Ichasaguas en Tenerife fueron los primeros episodios en la larga lucha de liberación que aún no hemos culminado y las añepas que simbolizaban esas luchas fueron nuestros primeros símbolos nacionales, como lo fueron luego las que crearon el PNC en el exilio cubano, con sus estrellas blancas izada en el Ateneo de Aguere, el MIC en el venezolano y sus estrellas rojas,  la RIA en la clandestinidad patria o las tres tiras verticales, blancas, azul y amarillas que confeccionaron para Canarias Libre en 1961 Dª Mª del Carmen Sarmiento y sus hijos Arturo y Jesús Cantero que inundaron las fiestas del Pino en el Teror de 1961, pero para la definitiva bandera nacional canaria hay que esperar a la fundación por Antonio Cubillo del MPAIAC el 22 de Octubre de 1964 en el exilio argelino. Ese día, hace ahora 53 años, que todas las luchas anteriores y las que desde entonces se han desarrollado por la libertad, la descolonización y la independencia de esta Nación Canaria se han arropado bajo sus siete verdes estrellas. Esa bandera nuestra presidió la ceremonia que refrendó, el 20 de julio de 1968 en Argel la Declaración Solemne de la OUA que reza “Las Islas Canarias forman parte integrante del continente africano y sus habitantes tienen derecho a la autodeterminación y derecho a la independencia como todos los países colonizados de África”, declaración que por su carácter de “Solemne” carece de caducidad y sigue, por lo tanto, totalmente vigente. Unidas quedan aquí la Autodeterminación y la Independencia, justificadas y cimentadas en la realidad de nuestra situación colonial. En resumen, nuestra Descolonización. Prohibida y perseguida por el colonialismo  pasa a ser conocida por el pueblo canario a raíz de las emisiones de “La Voz de Canarias Libre” que la describen. Fue un maremágnum al principio. Se colocaban mal las estrellas, incluso con algunas como en la bandera venezolana. Fue la militancia popular la que extendió su conocimiento enarbolándola en manifestaciones y fiestas o colgándola de puentes de las autopistas que, para que la Guardia Civil española no las arrancara, se les adosaba un paquete de velas pintadas de canelo simulando cartuchos de dinamita. Fue la que acompañó a los entierros de los asesinados por la policía española como Bartolomé García Lorenzo y Javier Fernández Quesada y la que llevaron en su viaje a la eternidad de la memoria colectiva patriotas como Julio Bastarrica, José Manuel de Villena, Tomás Chávez, Hupalupa, Antonio Cubillo, Víctor León, Antonio Morongo, Juan Valiente, Belén María y tantos otros que ocuparán siempre un lugar en nuestro corazón y brillarán entre los verdes luceros de la esperanza de nuestro pueblo. La nuestra es pues una bandera de libertad, de rebeldía, de insumisión, con el preciso significado de la Descolonización y la Independencia y, al mismo tiempo, es una bandera de esperanza en un futuro mejor para este pueblo canario que ha soportado siglos de vejaciones, saqueos y colonialismo, muy distinta a la que se nos quiere imponer desde el oficialismo, con los perros acollarados que usaron los conquistadores como animales de guerra contra nuestros antepasados guanches. Estamos en tiempos difíciles, con nuestras organizaciones en un proceso de retroceso frente al españolismo ramplón del ¡a por ellos! Y el ¡yo zoy españó, españó…! con una ciudadanía desnortada y desmotivada, sumisa a una burguesía criolla decadente y unas formaciones pseudonacionalistas que tergiversan el sentido del independentismo tratando incluso de apropiarse de nuestra bandera sin asumir el verdadero significado de lucha anticolonial con el que nació. Las estrellas libertarias brillarán pese a todo porque tenemos razón y derecho. Compañeros: La Lucha sigue hasta la independencia ¡Viva nuestra bandera insumisa! ¡Hagamos de este 22 de Octubre un punto de inflexión para afrontar el futuro! Gomera, a 12 de octubre de 2017, sin nada que celebrar (Fuente: El País Canario / Autor: Francisco Javier González)



  • Venezuela, octubre de 2017: La vitalidad del chavismo
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    17/10/2017
    Pasada la medianoche del domingo la edición digital del diario Clarín (Buenos Aires) no decía una palabra sobre el resultado de las elecciones venezolanas. Su colega La Nación, en cambio, titulaba de la siguiente manera lo ocurrido en Venezuela: “Rotunda victoria del chavismo en las regionales, resultados que la oposición no acepta”. En un caso ninguneo absoluto de la noticia: el acontecimiento no existió; en el otro, manipulación de la noticia, porque el énfasis está puesto en el hecho de que, como era previsible, la oposición no aceptaba su derrota. El Nuevo Heraldo (Miami) es más cauteloso, y titula así: “Chavismo gana 17 de 23 gobernaciones; oposición venezolana denuncia posibilidad de fraude en elecciones”. Lo que se da como un hecho para La Nación pasa a ser una posibilidad de fraude para el periódico de Miami. El Nacional de Caracas también destacaba las 5 gobernaciones obtenidas por la MUD frente a las 17 del PSUV. Al terminar de escribir estas notas aún no se había definido la situación del estado Bolívar, que de ningún modo podría alterar el paisaje electoral. En la Argentina casi todos los programas informativos de la mañana de hoy, lunes, oficialistas declarados o vergonzantes, sólo hablaban del fraude. Para fundamentar tan grave acusación entrevistaban a irreprochables informantes, todos ellos férreos opositores al gobierno bolivariano que decían, sin aportar una sola prueba, que las elecciones habían sido fraudulentas. Repito: para esos pseudo-periodistas -en realidad pérfidos agentes de propaganda de la derecha- los dichos de los rabiosos perdedores de ayer son evidencias más que suficientes para desechar el veredicto de las urnas. Es obvio que el resultado registrado ayer domingo en Venezuela es un duro golpe para la derecha, no sólo de ese país sino de toda América Latina. Un revés para los planes golpistas y destituyentes obsesionados por derrocar a Nicolás Maduro y, de esa forma, apoderarse del petróleo venezolano que es lo único que le interesa a Washington. Ese resultado es, asimismo, un caso excepcional donde un gobierno atacado con saña desde el exterior: guerra económica, ofensiva mediática, agresión diplomática (la OEA, gobiernos europeos, etcétera), amenazas de intervención del gobierno de Estados Unidos (declaraciones de Donald Trump, Rex Tillerson, Mike Pompeo, y otros personajes menores) y que provoca indecibles sufrimientos a la población logra prevalecer en las urnas. No recuerdo otro semejante en donde ante esta perversa constelación de factores desestabilizadores un gobierno haya salido triunfante en las urnas con una mayoría absoluta de votos, en torno al 54 por ciento. Una proeza similar la concretó Salvador Allende. Enfrentado a un ataque muy pertinaz aunque no tanto como el infligido a Venezuela, obtuvo un gran resultado en las elecciones de diputados de Marzo de 1973 al alzarse con el 44.2 % de los votos, impidiendo que la oposición de derecha alcanzara los dos tercios necesarios en el Senado para destituir al presidente chileno. Aún así, está lejos del guarismo obtenido por el chavismo. Y Winston Churchill perdió las elecciones convocadas con la finalización de la Segunda Guerra Mundial a manos del laborista Clement Attlee: 49.7 % contra 36.2 % de Churchill. Las penurias de una guerra, declarada o no, afectan negativamente a los partidos gobernantes y Churchill lo sufrió en carne propia, todo lo cual realza aún más la notable victoria obtenida por el chavismo en las elecciones regionales del día de ayer. Por supuesto, como era previsible, la derecha habla de un fraude: ¿habrá habido tal cosa en el Zulia, en Táchira, en Mérida, en Nueva Esparta y Anzoátegui, donde triunfó la oposición? O sea, donde esta triunfó no hubo fraude sino un límpida consulta ciudadana; donde perdió, hubo fraude. Un disparate. Aquellos son estados muy importantes, y curiosamente el gobierno del “dictador” Nicolás Maduro aceptó el revés electoral sin chistar. El rechazo de la derecha y sus aliados fuera de Venezuela ante las reiteradas derrotas sufridas a manos del chavismo es una práctica viciosa que se arrastra desde que Hugo Chávez triunfara en los comicios presidenciales de Diciembre de 1998. Como es bien sabido, las relaciones entre la derecha y la democracia siempre han sido tirantes. Su historia es la historia de un matrimonio mal avenido que da pie a “una relación infeliz.” La primera acepta a la segunda sólo cuando la favorece, cosa que no ocurre con la izquierda que invariablemente aceptó el veredicto negativo de las urnas, como lo demuestra la historia venezolana en estos últimos 18 años. La victoria roja en el crucial estado de Miranda, arrebatado a Henrique Capriles, es todo un símbolo de la vitalidad del chavismo pese a las enormes dificultades que venezolanas y venezolanos enfrentan en la vida cotidiana como producto principal, si bien no exclusivo, de la fenomenal agresión externa. Por el tamaño de su electorado Miranda es el segundo distrito del país. Pero el chavismo también triunfó en Lara, Carabobo y Aragua, que son los tres que le siguen por la dimensión de su cuerpo electoral. Pero la derrota del oficialismo en la llamada “media luna”: Zulia, Táchira y Mérida, estados fronterizos con Colombia, es preocupante y no puede ser medida tan sólo en términos electorales. Allí anidan sectores animados por un fuerte espíritu secesionista que, si las condiciones internas llegaran a deteriorarse, podrían convertirse en una crucial cabeza de playa para facilitar alguna intervención foránea en Venezuela. A pesar del sabotaje al proceso electoral y las denuncias anticipadas de fraude, lanzadas con el objeto de desalentar la participación popular en el comicio, el 61.14 % que acudió a las urnas –algo más de diez millones de ciudadanos- se ubica por encima del promedio histórico para este tipo de elecciones estaduales y constituyen motivo de envidia de más de un país cuyas credenciales democráticas jamás son puestas en cuestión por la ideología dominante. Por ejemplo, Chile, en donde en las últimas elecciones presidenciales participó, en el balotaje entre Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, apenas el 41.9 del padrón electoral. Pese a esto la canalla mediática no cesa de caracterizar al gobierno bolivariano como una “dictadura”. Muy extraña, como lo recordaba Eduardo Galeano: con elecciones cada año -22 con las que se celebraron el día de ayer- ­y aceptando las derrotas cuando se produjeran. Sin duda, un duro rompecabezas para los politólogos y publicistas del establishment que tienen que vérselas con una rarísima “dictadura” adicta a las elecciones. Para resumir: el chavismo, que antes contaba con 20 gobernaciones pierde tres y retiene 17. Pero la recuperación de Miranda y Lara tiene un significado político muy especial porque se reconquistan dos baluartes desde los cuales la derecha planeaba relanzar sus aspiraciones presidenciales. Lo que se viene no parece difícil de discernir. Desesperada por su frustración electoral un sector de la derecha, acicateada por sus amos estadounidenses, anuncia su voluntad de largarse por tercera vez a “calentar las calles” y apostar a la violencia criminal como forma de acabar con el chavismo. Cosa que habrían hecho de todas maneras porque un triunfo como el que se les escapó de las manos y que anhelaban con tanta (infundada) esperanza los habría envalentonado para “ir por más” y exigir la renuncia de Maduro y un llamado anticipado a elecciones presidenciales. O sea, desconocimiento de las elecciones cualesquiera fuesen sus resultados. Como perdieron su debilísimo espesor democrático se habrá licuado por completo y –ojalá me equivoque- seguramente veremos el súbito resurgimiento de la ola terrorista que asoló el país durante más de tres meses. En tal caso, será responsabilidad indelegable del gobierno garantizar el orden público aislando a los sectores terroristas y evitando que, con sus desmanes y su “intransigencia”, se pongan a la cabeza de la oposición. Pero para que tal cosa no ocurra será necesario no sólo impedir con energía la irrupción de la violencia sino también fortalecer los canales de diálogo con las fuerzas políticas que apostaron a la institucionalidad democrática y que conquistaron el gobierno en cinco estados. Venezuela no puede volver a transitar por la pesadilla padecida entre Abril y Julio del corriente año. Su pueblo no merece la reiteración de tamaño castigo y la revolución bolivariana no debe volver a transitar al borde del abismo como ocurriera durante aquellos aciagos meses. En suma: una importante victoria del chavismo, logros significativos de la oposición en algunos estados de gran importancia económica y geopolícia, y la esperanza de que, esta vez, se evite la recaída en el espiral de la violencia política persistentemente promovido por la derecha, con el impulso que le ofrece la Casa Blanca y la complicidad de las oligarquías mediáticas que desinforman y embrutecen a las poblaciones de Nuestra América. (Fuente: CubaDebate / Autor: Atilo Borón)



  • Arrolló el chavismo: hay que festejar pero que nadie baje la guardia
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    17/10/2017
    El chavismo vuelve a ganar como el pasado 30 de julio, y gana por varias razones indiscutibles. La primera porque las elecciones se dieron en un marco de absoluta paz, sin ningún tipo de incidentes. Segundo porque el voto fue masivo, el bravo pueblo salió otra vez a votar con todo, como el pasado 30 de julio para la Constituyente. En un país donde el voto no es obligatorio salieron a cumplir con su mandato democrática el 61,4% de los votantes. El resultado oficial es implacable para quienes apostaron a la desaparición del chavismo: 17 gobernaciones sobre 22 quedaron para el PSUV. Y puede sumarse una más en las próximas horas, si se consolida el triunfo en el Estado Bolívar. Además, para mayor escarnio de los que hasta hace pocos días apostaban a la violencia, el chavismo se impuso en Miranda, generando allí una victoria estratégica. Esto no es un milagro, sino que es la mejor demostración de conciencia cívica e ideología revolucionaria que posee el pueblo de Chávez y de Maduro, esas mujeres y hombres que derrotaron a la violencia con su movilización en las calles y a través de las urnas. La democracia participativa es para ellos y ellas un arma invencible, y la han sabido usar de la misma manera que en los momentos más duros, siguieron construyendo Revolución. La oposición ha quedado otra vez sin discurso y por más que sus padrinos Trump, Luis Almagro y la Unión Europea cacareen y amenacen, la verdad es la única realidad. No hay nada que pueda quebrar la dignidad y la valentía del pueblo venezolano que hoy,otra vez, ha arrollado al fascismo encubierto detrás de la MUD y sus orientadores internacionales. Derrotada nuevamente en el ámbito local, ahora a la oposición sólo le queda recostarse en la agresión internacional que se seguirá gestando, sin duda, con Estados Unidos como ariete fundamental. Por un lado, insistiendo en la idea de la intervención directa, y para ello podrían estar pensando en gestar lo que Almagro puso en práctica días atrás con la idea del “gobierno paralelo”. No es extraño que intenten lo que en otro momento trataron de hacer en la llamada “media luna” boliviana y que Evo Morales supo derrotar. En esta ocasión, no es de extraár que el Imperio trate de aprovechar la victoria de la oposición en los estados fronterizos, como Zulia, Táchira y Mérida, para imaginar allí una base de aterrizaje intervencionista. En ese marco, los medios hegemónicos, que en los últimos días invisibilizaron la elección, ahora ya están cantando “fraude” y seguramente en los próximos días calentarán el ambiente nuevamente con el retorcido argumento que “la dictadura de Maduro” se ha “inventado” un triunfo que no es tal. El nivel de infamia que destilan estos medios no sorprende, pero frente a cada una de estas maniobras se volverá a levantar, sin dudas, el muro inexpugnable del pueblo bolivariano. El mismo que lanzó su grito de “no pasarán” el 30 de julio y que este 15 de octubre lo ha reafirmado plenamente. A festejar entonces, en Venezuela y en la Patria Grande, pero a no bajar la guardia ni un tantito así, como diría el Che. Ya que el enemigo que se enfrenta es el mismo del que ya nos advirtieran Martí, Bolívar, Fidel y Chávez. (Fuente: Resumen Latinoamericano / Autor: Carlos Aznárez)



  • 12 de octubre, el "descubrimiento" de América y la historia oficial
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    15/10/2017
    ¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían? Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos? ¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos? Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía? Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar. Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón [la corona española los consideró legalmente como menores de edad]. Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India. Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia. El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua. El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe. Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar. Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente. Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos. En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho. En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos. En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas. Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros. El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones. Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor. Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima. Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza. Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo? En el año 1942, cuando EEUU entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección. ¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra? Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro. ¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones? Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó: —¡Nosotros seremos cada vez más! —¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio. —Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos. Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa. Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces. Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visado, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower. (Fuente: Portal Oaca - La Haine / Autor: Eduardo Galeano)* *(Texto del libro “Ser como ellos”)



  • 12 de octubre: “Orgulloso de ser español”
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    15/10/2017
    Como cada año, desde hace mucho tiempo (opino que desde hace demasiado), se viene celebrando en esta fecha, el 12 de octubre, lo que se conoce como el Día de la hispanidad. Fecha, en la que se conmemora la llegada Colón al continente americano, y el comienzo de una de las más sanguinarias campañas imperialistas que nos han enseñado en los libros de historia. Pero esta fecha, este 12 de octubre de 2017 es un día de la hispanidad diferente. Lo digo porque en este año, mucha gente que aprovechaba estas fechas para ir de puente y visitar a sus familiares (como va a hacer un humilde servidor), va a aprovechar para exaltar algo que lo más probable que hubiera pasado de ello toda su vida hasta hoy, su españolidad. Día en que, para desgracia de este amigo que os escribe y una cantidad ingente de lectores de este medio, estará marcado por una inundación en balcones y fachadas de rojigualdas, posts de Facebook resaltando su orgullo español, movilizaciones por toda la geografía estatal en pos de ese sentimiento, muchas, una infinidad de memes de la misma índole y burlándose de la ejemplar lucha que está llevando el pueblo catalán, y a eso encima sumarle la marcha de un ejército cuyo Jefe de Estado Mayor, a pesar de muerto, sigue siendo ese señor de 1.63 metros, que miraba al sol de frente con una camisa nueva que le bordó su mujer ayer (pista: se apellidaba Franco). Todo ello, protagonizado por gente que, como comenté previamente, “lo más probable que hubiera pasado de ello toda su vida hasta hoy”, que viene de una época en la que sentirse español tenía el mismo valor para la sociedad que el hecho de que se te rompiera la bolsa de la compra (que no quiero decir que no sea baladí que te ocurra eso mientras regresas del supermercado a casa).¿Y todo a raíz de qué?, si, lo has sabido desde que empezaste a leer esto, por Catalunya (lo escribo así y no con eñe por mi más sincero respeto y admiración al pueblo catalán y su amalgama). Pero suele ser normal en el Estado español este tipo de fenómenos (lo mismo pasó cuando Cuba, con otro resurgimiento de ese sentir español). Después de esta pequeña introducción, voy a ir al quid de la cuestión, lo que ha llevado a que este artículo viera la luz, que no es otro que invitarte a reflexionar, y que te lo pienses dos veces antes de decir deliberadamente, y gritar en este día, a los cuatro y cinco vientos, “orgulloso de ser español”. Pero…, ¿qué implica estar orgulloso de ser español?, ¿estar orgulloso de pertenecer a un pueblo que cada 12 de octubre celebra la mayor de las masacres jamás que ha cometido?,¿estar orgulloso de pertenecer a un pueblo que territorio que pisa, territorio que expolia los recursos de las gentes nativas de esa zona, haciéndolas vivir en la miseria?, ¿orgulloso de un pueblo que tiene como símbolo actual una bandera cuyos colores representa la masacre y represión de la gente que intentó luchar por la democracia y la libertad, que luchó contra el fascismo, y que tal vez vas a colocar mañana en tu casa?, ¿orgulloso de pertenecer a un país que abre procesos judiciales a marionetistas por su arte, o arruina la vida de una pobre chica por hacer un chiste de Carrero Blanco?, ¿orgulloso de pertenecer a un país cuyas fuerzas del orden público provocaron más de 800 heridos a gente que ni si quiera estaba cometiendo un delito, que única y exclusivamente lo que hacían era colocar un papel en una urna?, ¿un pueblo, que a pesar de ser consciente de todo esto, el ÚNICO artículo que ha salido a defender masivamente de su amada constitución es él número 2 (el de la unidad de España)? (la cosa estaría mucho mejor si hubiera habido la misma movilización cuando se vilipendiaban por parte los poderes públicos los artículos 20 -libertad de expresión- y 47 -vivienda digna-, o cuando ciertos partidos políticos financiaban las arcas públicas suizas). Podría seguir diciendo más y hablando de los crímenes que se han cometido en nombre de España, pero tampoco quiero entretenerte para que al menos hoy puedas, después de leerme, aprovechar, si puedes, el pasar un rato agradable con tus seres queridos. Algo bueno tenía que tener este día. Si al leer esto, he conseguido calar en tu consciencia, que te lo pienses seriamente dos veces antes de decir “estoy orgulloso de mi patria”, “estoy orgulloso de mi país” o estoy “orgulloso de ser español”, y haberte hecho consciente de que hay que cambiar una infinidad de cosas, y de motivarte a ser parte de ese cambio que se tiene que dar si o si, por un camino que no te voy a marcar yo, ya que como libre individuo que eres eso te toca decidirlo a ti. Este humilde servidor, en primer lugar, te felicita, y, en segundo lugar, se habrá ido contento a la cama esta noche. Si por el contrario, me vas a saltar con que “el imperio británico masacró más indios que el español, el español fue mucho más benevolente” (decirte que aun así siguen siendo vidas humanas asesinadas única y exclusivamente por vivir allí y luchar por su libertad contra los intereses económicos de un imperio), que la “policía no se pasó tanto, sólo golpeó a 800 de las 7. 504. 008 que viven allí”, cuando el único delito que hicieron fue poner un papel en una caja, “que los marionetistas se lo merecían por hacer apología al terrorismo” pero bien que el Estado no persigue igualmente la exaltación del fascismo, movimiento que no se caracteriza por ser precisamente pacífico, basándose en ese principio de libertad de expresión que defienden en función de cómo salga el sol esa mañana, te invito, como hace el youtuber Masa al final de la canción “La invasión” del rapero Día Sexto, a que firmes la “Declaración Unilateral de Independencia de la Vida (DUIV), un proceso cuyo único objetivo es quitarnos de arriba el fascismo en orden y sin alertar mucho a la sociedad. Si estás a favor del apaleamiento de civiles que sólo pretendían votar, que solo llevaban papeletas y urnas, es evidente que no tienes solución, así que hazle un favor a este mundo, y muérete. Créeme, el mundo, te lo agradecerá, el mundo, será un poquito mejor sin ti”. Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí, y que decir más que un cordial saludo y un fuerte abrazado de vuestro amigo Justiniano. ¡Hasta la victoria, siempre! (Fuente: El País Canario / Autor: Justiniano López)



  • Catalunya la indómita, el estado autoritario y los cómplices miserables
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    04/10/2017
    1. Catalunya la indómita El 19  de julio de 1936 los obreros y obreras de Barcelona, con las armas en la mano y el corazón  rebosante de dignidad y amor por  la libertad, derrotaron la insurrección fascista e iniciaron uno de  los proceso revolucionario más apasionantes del siglo XX,  sustituyendo en la práctica al poder establecido por el Comité Central de Milicias Antifascistas de Catalunya liderizado por la CNT pero con participación de todas las fuerzas antifascistas y que inicio un proceso de colectivización de la producción en las principales industrias de la ciudad, iniciaron también la  creación de milicias populares que marcharon expandiendo la revolución con  la colectivización  de las tierras rumbo al Frente de Aragón en la lógica, de llevar al mismo tiempo la guerra contra los franquistas y la revolución social. Todos y todas sabemos el dramático final de la revolución catalana, y que si bien,  en cierta medida contribuyeron a su derrota las divergencias internas entre las fuerzas revolucionarias, es evidente que fue la vota fascista de Franco que con apoyo de Hitler y Mussolini derrotó a la II República y con ella a las fuerzas revolucionarias catalanas. La épica de la revolución catalana, permite observar algunas características fundamentales  del diferencial histórico de Catalunya respecto al estado español que son útiles para entender lo que sucede hoy en la nación catalana. Un primer punto es el entrelazamiento entre planteamientos soberanistas y de autodeterminación con el deseo de construirse como una sociedad basada en la justicia social,  otro aspecto fundamental es la enorme capacidad del movimiento popular de base en Catalunya para desbordar lo político institucional y marcarle  la hoja de ruta llevándolo a posiciones de ruptura. Finalmente podemos observar también el enorme miedo que esta potencia creadora  genera en las élites económicas y políticas que no dudaron entonces ni dudan ahora  en aplacar la fuerza libertaria del pueblo catalán con la mayor de las violencias. Hoy que la indómita Catalunya desafía y rompe por las costuras el corset constitucional creado por el pacto entre fascistas y traidores que fue la transición de finales de los 70, si bien el actual Procés no es comparable ni en objetivos ni en actores con lo sucedido el 36, si que se puede rastrear el mismo espíritu indomable ya que lo que hoy se sueña en Catalunya articula, como entonces, el derecho de autodeterminación y soberanía con el proyecto de una Catalunya republicana y socialmente avanzada, asimismo queda claro que, a partir de la Diada de 2012 las organizaciones sociales como el Ómnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana y, finalmente el pueblo trabajador catalán movilizado han sido capaces de desbordar e imponer agenda a los  partidos nacionalistas tradicionales representantes de la mediana burguesía catalana (Antes Convergencia y hoy el PDCAT) que antes manifestaban sentirse “cómodos en España” y hoy practican actos de desobediencia civil que dejan más que en evidencia a la domesticada y legalista izquierda españolista. Además también puede verse con claridad cómo, con el avance del Procés, las posiciones basculan cada vez más hacia la izquierda con un enorme peso de la Esquerra Republicana y una cada vez mayor fuerza y capacidad interpeladora de las CUP, quienes con mayor claridad representan la herencia de la Catalunya rebelde. Finalmente es también remarcable la clara sintonía entre la gran burguesía catalana y la derecha española en su afán de cortar por medio de la violencia y el autoritarismo este proceso popular, porque entienden y, en esto no se equivocan, que una República Catalana nacería bajo una correlación de fuerzas mucho menos favorable para los intereses del gran capital que la actual comunidad autónoma sujeta a los designios del conservador Reino de España. 2. El estado autoritario Sería muy ingenuo sorprendernos ante la reacción del Estado español, ante la lucha del pueblo catalán. El Reino de España, desde sus orígenes basa su construcción en el dominio y la conquista de otros pueblos, es tal vez por ello que el problema territorial nunca ha podido resolverse y ante la reacción soberana de los pueblos, la lógica estatal ha sido siempre la de combinar represión con pactos con  las élites de las diferentes naciones bajo su dominio. Es así que la dictadura franquista intentó con extrema violencia borrar todo vestigio de autogobierno, además de la lengua y cultura catalana como ya había intentado hacerlo Felipe V sin lograrlo a pesar de la dura represión. Por eso tras la muerte del dictador, los herederos del franquismo diseñaron su transición “democrática” en complicidad con aquellos que, a cambio de acceder al reparto de lo público, aceptaron traicionar sus principios renunciando a sus señas de identidad y aceptando una constitución que blindaba un estado monárquico capitalista  con economía de mercado y manteniendo los privilegios de las élites económicas, la iglesia y, unas fuerzas armadas y policiales, que mantienen la lógica represiva de la dictadura. Cerrando en falso tanto el debate sobre la democratización económica. como el de las naciones oprimidas dentro del estado cuyo estado de las “autonomías” responde más a los intereses particulares y al reparto grosero de la riqueza con las élites catalana, vasca o canaria que, a los deseos de libertad, justicia y autodeterminación exigidos por los pueblos. Queda claro que, a esta altura el edificio de la transición y la constitución que lo sostiene hacen aguas y se resquebrajan por todas partes, la crisis del capitalismo y su gestión por el Partido Popular tendente a que toda la factura de la misma sea pagada por las clases trabajadoras, protegiendo a los banqueros y grandes empresarios mientras miles de familias se iban al paro o perdían sus viviendas, la estela de una corrupción sistémica que lejos de ser un problema simplemente de algunas personas parece ser la forma habitual en que funciona la política en el estado, y la cerrazón autoritaria a la hora de negociar impugnado inclusive  el Estatuto de Autonomía aprobado por Catalunya en 2006, han ido acelerando un proceso en que, para un pueblo como el catalán, en el que menos de un 10% vota por el Partido Popular sea cada vez más intolerable aceptar la imposición de sus políticas. No obstante es bueno recalcar que, al contrario de lo que dicen los medios manipulados de comunicación, Catalunya lleva años intentando pactar un referéndum con el Estado en que sea el pueblo quien decida su futuro, frente a ello la respuesta del Partido Popular ha sido atrincherarse detrás de una interpretación rígida e inamovible de la legalidad constitucional para evitar dar un solo paso hacia la resolución del conflicto. resulta irónico que se invoque la constitución para decirle no al referéndum, y no se haya tenido en cuenta su artículo 47 referido al derecho a una vivienda digna para evitar, por ejemplo, los miles de desahucios que han ejecutado los banqueros. O negarse a discutir cambios en el texto constitucional cuando, por otra parte y sin consultarle a nadie, el PSOE y el PP han reformado el artículo 135 para poner el pago de la deuda por encima de los derechos de las personas. Ante esto el pueblo catalán no ha tenido otra alternativa que plantearse una vía unilateral que se ve reflejada en la convocatoria al referéndum del 1 de octubre. Es obvio que cualquiera preferiría una consulta pactada  como en Escocia o Canadá, pero quienes le achacan el no haber llegado a ningún pacto a los independentistas catalanes, parecen olvidar que el acervo autoritario franquista del Estado español y su gobierno han demostrado no tener ni cintura ni intención de resolver el tema de manera consensuada. Es por eso que, las detenciones de dirigentes y funcionarios catalanes, la incautación carteles referidos a la consultas del 1O, el prohibir charlas como la de Ana Gabriel en Vitoria o el congelamiento de las cuentas de la Generalitat, no son más que las lógicas acciones de un régimen para el cual la democracia no es más que una careta que se retira en cuanto esta pone en riesgo el status quo y que lleva la represión y el autoritarismo en los mismos genes, ante lo cual se diga lo que se diga los pueblos tienen derecho a autodeterminarse aún contraviniendo las normas injustamente impuestas por el poder. 3. Los cómplices miserables Hay algunos cómplices obvios del Partido Popular en su campaña de agresión contra el pueblo de Catalunya, los principales obviamente están en un Poder Judicial cuya presunta independencia a esta altura no se la creería ni el más ingenuo, ese mismo que con tanta laxitud investiga los verdaderos desfalcos de las arcas públicas perpetrados por el partido de gobierno y la Casa Real,  es el primero en apuntarse con la mayor rapidez a emitir disposiciones contra el derecho a decidir del pueblo catalán. Obviamente merece una mención especial el rol miserable de los medios de comunicación masivos, todos ellos cercanos al poder y que, cuidando de mantener  matices intrascendentes en su línea editorial, se han dado a la tarea de convencer a sus audiencias que lo “dictatorial” es que una mayoría parlamentaria le devuelva al pueblo la potestad de decidir a través de un referéndum y que lo “democrático” es impedirlo por el uso de la fuerza. El uso del lenguaje engañoso ha llegado a niveles tan absurdos que llegan al ridículo como hablar de “apología del referéndum” o de “referéndum autoritario”. También era obvia la complicidad del PSOE, finalmente son quienes han hecho posible, y esto no deberíamos olvidarlo, un segundo gobierno de Rajoy, lo cual solamente suma una más a su larga lista de traiciones a la clase trabajadora. Pero donde parece estar el punto de inflexión es en la posición rastrera y de pura conveniencia que han asumido el PNV por una parte y Coalición Canaria y su gemelo Nueva Canarias por otra, todos ellos apostando, en un momento en que el Partido Popular y con él el  régimen del 78 hacen aguas, a jugar al nacionalismo domesticado y, a cambio de migajas,  sostener al gobierno y sus presupuestos aún a costa de la propia dignidad y traicionando los derechos históricos de Catalunya y, con ella, cerrándole las puertas a las aspiraciones de sus propios pueblos. Es claro que el Estado haciendo aguas, difícilmente soportaría que se le abra un nuevo frente de batalla por ejemplo en la combativa Euskal Herria, de allí la importancia para el españolismo más rancio de la posición sumisa asumida por el PNV, esperemos que el pueblo vasco tome apunte de esta traición. Finalmente, a pesar de la intoxicación mediática y de la indefinida y ambigua actitud de la izquierda política española, los trabajadores y las trabajadoras de los distintos territorios del Estado, deberían entender que la Indómita Catalunya está abriendo una profunda grieta en el régimen caduco y que si hacemos fuerza y apoyamos su digna lucha, por esa brecha puede comenzar a asomarse un torrente de libertad y justicia capaz de barrer con la monarquía, la corrupción y las élites oligárquicas que nos oprimen, por eso y por compromiso solidario con el derecho inalienable de los pueblos a determinar su propio destino, hoy toca estar sin vacilaciones ni dobles discursos a favor del 1-O y decir alto y claro: ¡Visca Catalunya Lliure! (Fuente: El País Canario / Autor: René Behoteguy Chávez)



  • La primavera catalana
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    03/10/2017
    Escribo en caliente, pero quiero pensar en largo porque aún queda trecho. Ayer, 1-O. Mañana, huelga general. Pasado, República catalana. Es la tercera imagen que recordaré mientras viva. La del mayo-68, siendo un chaval, estudiante en Madrid. La de la Transición de los setenta vivida en la insurgente Euskal Herria y su Margen Izquierda vizcaína. Y finalmente, la del ahora mismo: la primavera catalana. Me recrearé con ellas y seguiré pensando hasta el fin que todo sigue siendo posible. La democrática violencia constitucional del Estado español asaltó ayer colegios, secuestró urnas, abrió cabezas. Le molestaban las sonrisas, los cantos, la imaginación desbordada, la fiesta en la calle. Los carteles, pancartas, trípticos y charlas fueron tachados de apología de mil y un delitos; las democráticas votaciones en Ayuntamientos y Parlament, de pura sedición. Sobres, papeletas y urnas fueron perseguidas cual si fueran armas de destrucción masiva. El sagrado orden constitucional debía ser restaurado. Oigo decir que el responsable de ese estado de excepción es el PP y su Gobierno. Se pide así la dimisión de Rajoy y se afirma que hay que echar al Gobierno. ¿Cómo negar u oponerse a esto? Nadie mínimamente demócrata lo puede hacer. Vale pues: ¡Qué dimita Rajoy!, ¡Echemos al Gobierno del PP! Ahora bien, con todo lo que ha caído, ¿es esto lo único que se puede decir? El problema no es solo el PP y su Gobierno. Hay bastante más. El PSOE ha apoyado también plenamente su actuación, exigido la aplicación de la ley y el orden y aplaudido el envío de cuantos medios policiales hicieran falta para impedir el referéndum catalán. Sus franquicias PSC, PSE, PSN no se han salido tampoco de este guión. Y mientras aplaudían los procesamientos, las sanciones, la vergonzosa ocupación policial…, hablaban hipócritamente de la necesidad de dialogar. Querían el diálogo, sí, –también hablaba de esto Rajoy-, pero con un independentismo derrotado, postrado de rodillas, rodeado de procesos de sedición, de multas millonarias, de embargos de propiedades. Hoy Sánchez habla de negociar. Pero si fuera coherente debería reclamar el archivo inmediato de todos los procesos abiertos contra la Presidencia y Mesa del Parlament, el Presidente y Consellers de la Generalitat y cuantas personas o instituciones hayan impulsado este referéndum. Porque no hacer esto, supone admitir un chantaje inadmisible. Hablar de diálogo y negociación sin exigir rebobinar lo anterior y poner el contador a cero supone convertirse en cómplice de una farsa inadmisible. Hablar hoy de negociación requiere reconocer también, necesariamente, que la legalidad vigente no es tabla de ley o mandamiento sagrado alguno. Si después de lo visto en Catalunya durante este largo proceso, rubricado a hostias ayer mismo, la soberanía única española es principio y fin de todas las cosas, la negociación no sería tal, sino un trágala inaceptable. Si no se admite que el futuro está abierto (autonomía, federalismo, confederalismo, independencia…), sin condición previa alguna, el diálogo no será sino farsa. Por eso la baraja franquista no sirve, está marcada. Tampoco sus árbitros. El PSOE no es parte de la solución, sino del problema. Fue él quien cepilló en Madrid el Estatut Catalán previamente aprobado por casi un 90 % del Parlament; quien se opuso en el Congreso a que la Ley de Referéndum fuera reformada para que Catalunya pudiera ser consultada sobre su futuro y quien rechazó igualmente que la reforma estatutaria de Ibarretxe, aprobada por el Parlamento Vasco, fuera siquiera tramitada en el Congreso. La declaración del carácter plurinacional del Estado español en el último Congreso del PSOE es mero fuego de artificio. Ayer éramos nacionalidad. Hoy nos dicen que somos nación. Palabras huecas. Entre todas las naciones que dicen componen el Estado español, afirman a la vez que hay una que es más nación que otras y esa es España. España es la única que dispone de soberanía política para decidir su futuro, para hacer referéndum, para formular consultas. España es la única que puede tener Constitución, Ejército y Tribunal Constitucional. Para los demás quedan solo las sobras. Repito, el PSOE no es parte de la solución, sino del problema. Levantar estrategias políticas sin contar con esto es apostar por el fracaso… o tratar de encubrir un nuevo fraude. Hay más. Bastante más. La responsabilidad del estado de excepción y la represión sobre Catalunya no es solo atribuible al Gobierno del PP y a la complicidad del PSOE. El problema va bastante más allá y tiene que ver con la propia conformación del actual Régimen español. La Judicatura, y en especial sus más altas instancias, no es un poder independiente sino que, tal como se ha revelado en las últimas semanas, es un mero correveidile del Gobierno. El actual poder judicial es herencia directa de toda la casta togada franquista, sostén de una dictadura genocida, y eso imprime carácter. De ahí que su más alto órgano, el Tribunal Constitucional, no contento en su día con el cepillado del Congreso español al Estatut catalán, lo trocease luego a conciencia quedando ya éste definitivamente irreconocible. Sus señorías son así. ¿Y qué decir de esa Policía y Guardia Civil enviada por miles a Catalunya para imponer a mamporro limpio el orden constitucional? No me queda espacio ya para glosar este sabroso tema, pero digamos como mínimo que, más allá incluso que en la propia Judicatura, la termita franquista ha encontrado en esos cuerpos y jerarquías sus más preciado hábitats. ¿Lo dejo así o comienzo a hablar de cargas policiales, malos tratos, torturas,…? No, el problema no es el PP y su Gobierno, que también lo son. Lo es el Régimen surgido de una Transición tramposa al que hasta hace bien poco se gritaba en las calles -¿quién ha ahogado aquel clamor?- “¡le dicen democracia y no lo es!”. Hay que echar el Gobierno, ¡sí!; hace falta diálogo, ¡por supuesto!, pero si todo se queda en reformas ajustadas a los parámetros constitucionales actuales, la solución será lampedusiana: se cambiarán algunas cosas para que todo siga siendo igual. Sin ruptura democrática no hay solución. Ayer, 1-O; mañana, Huelga General; pasado, República catalana. “Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allá...” Siguiente estación: Euskal Herria. (Fuente: Viento Sur / Autor: Sabino Cuadra)



  • En Catalunya soplan vientos de pueblo
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    03/10/2017
    Se olía en el aire que este domingo iba a ser un gran día para el pueblo catalán y los pueblos del mundo que luchan por el derecho de autodeterminación. Sin embargo, no caben dudas que el asombro con que el mundo ha contemplado la gigantesca patriada protagonizada por hombres y mujeres de Catalunya ha generado una descarga eléctrica de solidaridad internacional. Por un lado, se pusieron en práctica todas las tácticas de resistencia, preparadas al correr de esta pasada semana, sabiendo que el enemigo que se enfrentaba era nada menos que el poderoso y brutal imperio español. Un régimen que abreva desde hace décadas en la opción continuista del franquismo, aunque en algunos períodos se disfrazara de transición, de socialdemocracia o apostara directamente a reafirmarse en el fascismo como ocurre actualmente con el gobierno de Mariano Rajoy. Teniendo claro que el desafío era de gran envergadura pero a la vez urgentemente necesario, la actual administración catalana, compartida por Juntos por el Si y la Candidatura de Unidad Popular (CUP), se propusieron dar los pasos necesarios para que sea la democracia popular, a pie de calle, la que le pusiera sal y pimienta al referéndum independentista. De allí en más, se planificó la batalla del 1/O contando con un plan A, un plan B y sucesivamente todas las letras del abecedario a fin de concretar el objetivo anhelado de votar. Simplemente eso, votar, lo que para el gobierno ultraderechista español se convirtió en algo más que un desacato a sus leyes nonárquicas y por ende medievales. A partir de ese momento, miles de personas se manifestaron en las calles durante toda la semana, se consiguieron unificar solidaridades de un amplísimo espectro, desde los Mossos (la policía catalana autonómica), los bomberos, los empresarios, los estudiantes, la totalidad de las centrales sindicales, los campesinos montados en sus tractores y hasta las más pequeñas pero utilísimas (por su poder de militancia) organizaciones sociales y populares. O sea, privó desde el comienzo la unidad férrea de quienes se iban a convertir en protagonistas de una jornada excepcional. Eso es lo que comenzó a desarrollarse en la noche del sábado cuando cientos de personas ocupaban los colegios electorales donde se iban a depositar las urnas, algunos eran centros reales de votación y otros, solo señuelos para entretener a las fuerzas represivas (guardias civiles y policías españoles) cuando sus amos decidieran soltarles la cadena y les ordenaran cumplir el mandato fascista de “a por ellos”. Pero cuando un pueblo se empodera nada puede con él: ni siquiera la estrategia más violenta del terrorismo estatal, tantas veces puesta en juego por el gobierno de Madrid contra los primos de los catalanes, las y los independentistas vascos. Vale la pena recordar que algunas de las escenas más violentas vividas este domingo en las calles de Catalunya fueron moneda corriente desde 1936 hasta hace muy poco tiempo en las calles de la Nación vasca. En la mañana del domingo los acontecimientos se aceleraron: primero llegó el aviso de los obreros portuarios de Barcelona, incluidos como tantos en el plan general de Resistencia, advirtiendo que miles de Guardias Civiles (la temible policía franquista de ayer y de hoy) habían descendido de los barcos que los habían trasladado hasta Catalunya, y avanzaban como jauría cebada por el odio, dispuesta a impedir que el referéndum se realizara. Armados con porras y armas de fuego chocaron contra una multitud cuyo único método de defensa fueron sus propios cuerpos y una dignidad a la que jamás podrán aspirar las tropas de asalto españolistas. Así fueron destruidas puertas de lugares donde se aprestaban a sufragar miles de personas, robadas boletas, que rápidamente eran reemplazadas por otras, golpeados ancianos, niños, mujeres (a varias de ellas se las arrojó escaleras abajo de uno de los colegios electorales, hiriéndolas con saña). Sin embargo, el referéndum siguió con más fuerza aún. Por cada ofensiva policial, se iba sumando el número de heridos (al final del día superaban los 800 y uno de ellos en grave estado) pero nada arredraba a quienes querían ejercer su derecho a elegir y no a arrodillarse frente a la prepotencia colonial. Si un colegio electoral era clausurado, se corría la voz entre las largas colas de votantes que había que dirigirse hacia otro centro similar, ubicados a veces en los sitios más inimaginables, despistándose así en varias oportunidades a los perros de caza con uniforme. Las órdenes del gobierno catalán y del comando de “operaciones” de la Resistencia, eran cumplidas con rigor. A los “Mossos” se les impidió entrar en combate contra los invasores españoles ya que ello hubiera terminado en una balsera imparable, pero a la vez se les propuso asegurar que la votación funcione. Fueron muchos los integrantes de esta policía local que lloraban de impotencia al ver cómo sus vecinos eran golpeados con saña o quitados del medio como paquetes desechables en los muros humanos que protegían los colegios electorales. En un momento del día, también se decidió que era válido votar en diferentes sitios no prefijados, y si esto tampoco fuera posible, hacerlo por internet, lo que también en algunas zonas fue impedido por el bloqueo informático dispuesto por Madrid. Resultó de un heroísmo sin par este pueblo catalán en su decisión de resistencia pacífica y activa, ya que en su construcción de una moderna Fuenteovejuna se permitió desafiar a lo peor del régimen en materia represiva. Al final del día, la compensación vino de la mano de haber obtenido más de 2 millones de votos para el SI independentista contra solo 176 mil del NO, habiéndose perdido unos 700 mil votos por la clausura violenta de numerosos colegios. El franquismo de Rajoy y el Partido Popular, contando con la complicidad reiterada a lo largo del tiempo del PSOE, desconoció el Referéndum, como era previsible, y lo consideró una “simple escenificación”. En otro andarivel, volvió a repetirse la actitud ambigua de Izquierda Unida y de quienes se dicen “progresistas” (alineados en Podemos e instancias similares, siempre con el “pero…” en la boca a la hora de apoyar causas justas), mostrando la hilacha de su adhesión, por sobre todas las cosas, a la España unida territorialmente, y no aceptando que nadie se salga de ese redil. La conclusión de esta jornada histórica, deja muchas enseñanzas. Antes que nada, confirmar que cuando un pueblo se une en pos de la emancipación nacional, dejando atrás diferencias que no son nimias pero pueden postergarse en virtud de enfrentar al enemigo principal, la victoria se convierte en algo posible. Victoria agridulce, es cierto, porque obligatoriamente pesan en el debe y el haber, los cientos de heridos y heridas y hasta la posibilidad cierta de que un pacífico votante esté al borde de la muerte por la paliza recibida sobre su cuerpo por parte de un policía enardecido. ¿Pero cuándo en el camino hacia la independencia de los pueblos no hubo que soportar situaciones de violencia, de terror y de muerte? Lo importante es que nadie en Catalunya, desde el presidente Luis Puigdemont hasta el último voluntario y voluntaria del Referendum, bajó la guardia y retrocedió. Otra circunstancia a destacar, es que este 1/O es un camino sin retorno. “Nada será igual a partir de ahora”, declaró una diputada de la CUP, y es bien cierto. A Rajoy y a su banda criminal (incluida la monarquía instalada por la mano del dictador Franco), siempre tan preocupados por los derechos humanos en Venezuela, les va a salir el tiro por la culata ya que todo el mundo observó con angustia, como este domingo las calles de Barcelona y del resto de Catalunya retrocedieran en el tiempo 80 años atrás, cuando el franquismo convirtió ese mismo territorio en un espacio de persecución y terror. Esta vez, como en aquella ocasión, la barbarie estuvo a cargo de los herederos de quienes torturaron y mataron a miles y miles de personas. La gran diferencia, es que en las actuales circunstancias un muro popular les hizo frente. Gente de a pie, de todas las clases sociales, completamente desarmados, y los derrotó, para escarnio de la dirigencia fascista y de ese sector de la sociedad, mezcla de lúmpenes neo nazis y nostálgicos del franquismo. No resultó extraño que como lo hicieron a partir de 1936, usaran la consigna anquilosada de “salvar a España de los separatistas, por Dios, por la Patria y el Rey”. La independencia está a la vuelta de la esquina en Catalunya. Luego vendrá el País Vasco (donde 30 mil almas salieron este fin de semana a la calle para apoyar la gesta catalana), los andaluces, los gallegos y una larga fila de naciones sin estado, a la que esa entelequia apellidada España conquistó a sangre y fuego en los mismos años en que generaron el mayor de los holocaustos de pueblos originarios en Abya Yala. Cuando los nietos y nietas de los cientos de miles que hoy, en las calles de Catalunya, se jugaron la piel en defender su tierra y su memoria histórica, les pregunten qué pasó ese 1 de octubre de 2017, la respuesta se llenará de recuerdos llenos de emotividad: “Se puso la primera piedra de esta Independencia que ahora te parece tan natural. Costó sangre, sudor y lágrimas pero lo logramos”. (Fuente: Resumen Latinoamericano / Autor: Carlos Aznárez)



  • Miguel Cano (SU): Derecho a la autodeterminación. Visca Catalunya lliure
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    30/09/2017
    Desde Andalucía queremos enviar un fuerte y sincero saludo a nuestros hermanos y hermanas del Sindicato Unitario de Barcelona, a nuestros amigos y amigas de la Intersindical Alternativa de Cataluña, a las compañeras y compañeros de la Coordinadora Obrera Sindical, que aún no conocemos directamente pero tenemos en alta estima, a la infatigable Candidatura de Unidad Popular, a los trabajadores y trabajadoras que, desde sus diferentes opciones organizativas y participativas, han defendido y defienden con sus cuerpos a las Instituciones catalanas y a sus representantes políticos de la intervención de las fuerzas represivas del Estado. Saludos a todo el pueblo catalán, ese sector de catalanes y catalanas que luchan en estos momentos por la conquista del derecho de autodeterminación para su nación, ojalá podáis vivir el momento de la victoria. Nosotras y nosotros, miembros de la clase obrera en la nación andaluza, en estos momentos no podemos más que defender el derecho de autodeterminación de las naciones. La lucha por la conquista de la democracia exige el fin de los privilegios de unas naciones sobre otras. Así se consideró en la II Internacional en el congreso de Londres de 1896, en el programa del Partido Socialdemócrata Obrero Ruso en 1903 y en la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde se defiende el derecho de toda nación a constituirse en Estado y, por lo tanto, a separarse del Estado que la mantiene sumisa. La clase obrera que lucha sabemos cómo se las entiende el Estado de Derecho español en cuanto a la defensa de los privilegios de los poderosos. La beatificada transición del franquismo no derogó las torturas en comisarías, no derogó el levantamiento de calumnias contra los y las que han luchado durante los 40 años de gobiernos representativos contra las injusticias y por la igualdad. Lo que derogó, paso a paso, fueron todas las conquistas y libertades democráticas que arrebatamos al franquismo. La ejemplar transición mantuvo intactos los aparatos del estado franquista, jueces, policía, guardia civil, altos funcionarios del estado, etc. y dejo el poder económico en manos de los de siempre. Gracias a la actual lucha del pueblo catalán, miles de personas han empezado a comprobar cómo se las gastan los organismos oficiales, los aparatos de estado, cuando ven peligrar los privilegios de las élites enriquecidas durante el franquismo, y más enriquecidas con la llamada democracia. También gracias a vuestra lucha, miles de personas comprueban la hipocresía de nuestros gobernantes y del régimen político surgido de la transición. La máxima que reza en todas las dictaduras así como en los regímenes representativos, es la de aplicar todo el peso de la ley a los enemigos y el favoritismo para los amigos. El tándem bipartidista gobernante durante estos últimos 40 años ha sido ejemplo de corrupción, de compra de voluntades y de eliminación sistemática de quienes se les oponían. También los representantes ordinarios del Estado en las diferentes comunidades autónomas, salvo honrosas excepciones. Como muestra un botón y como botón Susana Díaz, verdadera virreina de los borbones en Andalucía, energética social-liberal y, por lo tanto, vanguardia en la extorsión constante contra los trabajadores y trabajadoras en Andalucía. Al finalizar la era González, ninguno de los empresarios y banqueros imputados por aquel entonces, ni terminaron en prisión ni devolvieron el dinero que robaron. Aznar dio un paso más, aprovechó el dinero ilegal obtenido con sus trapicheos y los de sus amiguetes para ganar las elecciones que una y otra ha dado el gobierno al inefable Rajoy.  Éstos políticos, banqueros y demás miembros de las élites imputados, también en la mayoría de los casos, ni son condenados ni devuelven lo robado. Ahora unos pretenden y otros apoyan al encarcelamiento de los representantes legítimos del pueblo catalán y a que paguen hasta el último céntimo de euro de sus patrimonios personales los gastos que estuvieran provocando su actividad legislativa: manda huevos, como diría aquel innombrable ministro del Partido Popular. Esta gentuza sin escrúpulos, igualan democracia a Estado de derecho, igualan democracia a leyes realizadas por el personal representante de los pueblos. Sólo un país o un Estado pueden ser verdaderamente democráticos cuando el pueblo tiene la capacidad de cambiar las leyes, de desobedecerlas. Estos que se pasan una horita los domingos en misa, son los mismos que volverían a matar a quién llaman mesías. Su Cristo vino, en el caso de que hubiera venido, a desobedecer la ley. Cumplió la que venía bien a sus fines, lo que la ley mosaica estipulaba para la venida del salvador, pero incumplió la que se oponía a sus fines. Expulsó a los mercaderes del templo, curró en sábado… en fin, la sedición que acabó con su vida, en el caso de que hubiera existido. También Pablo de Tarso exhortó a los judíos de Roma al incumplimiento de la ley, pues para el apóstol, la ley no era criterio de justicia, único fin democrático que puede tener una ley, la búsqueda de la justicia social, de la igualdad social. Los derechos de hoy son las luchas y desobediencias a las leyes injustas del pasado: el derecho al voto femenino fue por la lucha de las sufragistas, la abolición de las leyes racistas en Estados Unidos por la lucha del movimiento por los derechos civiles (la mujer negra que desafió la ley de segregación que le impedía sentarse en autobuses para blancos), el fin del aparheid en Sudáfrica por la lucha de Nelson Mandela y el CNA, los derechos de manifestación, reunión, asociación y huelga en la España actual por la lucha del movimiento obrero antifranquista. Todas esas luchas en su momento fueron ilegales, y dieron lugar a conquistas de derechos que hoy son legales. Los derechos se conquistan ejerciéndolos. Estos que escupen a sus dioses, a sus profetas y a las leyes que elaboran cuando no les viene bien a sus fines de enriquecimiento, ahora nos quieren dar clase de demócratas, precisamente a los que hemos estado dispuestos hasta con perder la vida por la defensa y la conquista de la democracia, la clase obrera. Malditos sean. Ahora tenemos otros actores y actrices en los parlamentos del Estado, el central y los autonómicos. Estos están a favor de un referéndum pactado pero no están a favor de la secesión. Es decir, no están a favor del derecho de autodeterminación. Quieren que votéis y convenceros para que no os salgáis de España. Con esta postura lo que se defiende en última (y primera) instancia, son las fronteras levantadas a finales del siglo XV a espada y cruz, a base de hogueras y esclavización, cuando no eliminación, del diferente. Tras la total conquista de Andalucía con la Toma de Granada, en la Europa capitalista que comenzaba a gestarse, se impuso la eliminación del otro, del diferente. Es el inicio de lo que llama Blas Infante, era flamenca. Esa Europa que, como nos dijo el anticolonialista Fanon en Los Condenados de la Tierra,  no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina donde quiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo… Europa ha justificado sus crímenes y ha legitimado la esclavitud en la que mantiene a las cuatro quintas partes de la humanidad. Fanon incluye en la crítica a los EE.UU, colonia europea que decidió imitar a Europa… convertido en un monstruo donde las taras, las enfermedades y la inhumanidad de Europa ha alcanzado terribles dimensiones… Defender el privilegio de la nación española de constituirse en Estado frente a las demás naciones incluidas en ese Estado es defender las taras, las enfermedades y la inhumanidad de Europa que ha alcanzado terribles dimensiones. Una Unión Europea construida sobre la base de la defensa de la propiedad privada, la libertad de empresa y evitar la expansión de la revolución bolchevique para, una vez derribado el muro de Berlín, comenzar de desmontar todas las conquistas sociales, democráticas y laborales que la clase obrera hemos podido institucionalizar con nuestras luchas y sacrificios. Camaradas, estamos con todos y todas ustedes en la defensa a la autodeterminación de vuestro pueblo, así como en la lucha común de toda la clase obrera por derribar al sistema capitalista y la construcción de democracia, del poder del pueblo, por la igualdad y el fin de los privilegios de unos sobre otros. Andalucía, 30 de septiembre de 2017 Miguel Cano (Miembro de la Secretaría Federal Colegiada del Sindicato Unitario de Andalucía - SU)



  • Carta a los andaluces de Cataluña: A la ciudadanía catalana de origen andaluz
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    30/09/2017
    Ante el 1º de Octubre. Soy un andaluz que os escribe a título personal. No pretendo representar a nadie más que a mi mismo. Aspiró sólo a compartir con vosotros y vosotras algunas de mis inquietudes y reflexiones ante el referéndum del 1º de octubre en la que Cataluña decide su futuro. Seguro que conocéis al respecto los diversos puntos de vista desde el lado catalán y desde el lado español. Mi intención es haceros llegar –a cuantos pueda- un punto de vista andaluz; de un andaluz. Sé que vuestra realidad es plural. Lógicamente. Afortunadamente. Pero aun así, no puedo olvidar mi tristeza cuando fui repasando los municipios dónde obtenía buenos resultados Ciudadanos en las últimas elecciones autonómicas catalanas de 2015; dónde ganaba y dónde quedaba como segunda fuerza. Sé que luego ha habido otras elecciones y se han producido migraciones de voto pero esa mudanza –que ahora no quiero detenerme ni en analizar ni en valorar- no endulza en absoluto aquella impresión. Quizá no sea políticamente correcto decirlo en el debate actual, pero para mí era evidente lo que significaban aquellos resultados. [¿Quién no conoce en Andalucía L’Hospitalet, Gavá, Sant Boi…; quien no tiene allí o cerca parientes o amigos?.]. En aquel momento, y puestos a escoger, muchas personas de clase trabajadora y de origen andaluz (por nacimiento o familia), habían apoyado a España frente a Cataluña, votando a un partido de derechas como es Ciudadanos. Os pido ahora que reflexionéis sobre las causas que os han llevado a vosotros o a vuestros padres y abuelos a esta tesitura. Una estimación usual sobre la emigración andaluza en el siglo XX la cifra en cerca de dos millones y medio de personas. Algo así como si “alguien” hubiera deportado en masa a toda la población de las actuales provincias de Jaén, Granada y Córdoba, dejándolas completamente vacías. En total, un saldo negativo de 2.206.000 personas para Andalucía entre 1911 y 1990. Hoy todavía en torno a uno de cada cinco andaluces vivos reside fuera de Andalucía y centenares de miles de ellos en Cataluña. Llegaron allí huyendo de la miseria, la explotación y la represión. Ese “alguien” responsable de ese inmenso despojo tiene nombre… ¿Quién mandaba entonces en Andalucía? ¿Cataluña o España?. ¿Quién creo y protegió el orden político y social que expulsó de Andalucía a tantos andaluces? ¿Sólo fue un Gobierno o un Régimen o fue algo constante, programado, mantenido? Desde la Conquista castellana hasta 1982 ¿quién negó políticamente la mera existencia de Andalucía, manteniéndola dividida en reinos y luego en provincias desprovistas de todo poder, simples parcelas en donde ejercer la tutela exterior? ¿Quién nos mandó?. ¿Cataluña o la Monarquía española, primero, y luego España?. ¿Quiénes son los que aún hoy quieren dividirnos para dominarnos? ¿Quién impide que Andalucía tenga capacidad para resolver sus problemas en función sólo de la voluntad de los andaluces?. ¿Adónde miran buscando inspiración o protección?. ¿A Barcelona o a Madrid? En Cataluña, durante mucho tiempo se ha afirmado que “España nos roba”. No entremos ahora en ello. Pero sabéis que primero la Monarquía española y luego España han recaudado durante siglos en Andalucía mucho más de lo que le hubiera correspondido proporcionalmente por su riqueza y población (por poner sólo un ejemplo entre 1790-1795, las rentas provinciales recaudadas en Andalucía representaban nada menos que el 41,2% de todo lo recaudado por el Tesoro español cuando su población entonces andaba por el 18,5% del total (Domínguez Ortiz, Andalucía en la Edad Moderna, Los Andaluces, Istmo, 1980). Nosotros, andaluces, desde luego que podemos decir no sólo que “España nos robó” sino que continua haciéndolo, y a la vista está. ¿Dónde residía y reside el Poder que organizó y se benefició de tamaño expolio?. ¿En Barcelona o en Madrid?. Y luego –con la colaboración de los poderosos andaluces, siempre más pendientes de su bolsillo y de Madrid que de su pueblo- Andalucía fue “subdesarrollada”, empobrecida, desindustrializada… Es verdad que este proceso terminó beneficiando a Cataluña o a algunos sectores catalanes pero, reflexionad, nuevamente ¿dónde estaba el Poder que organizó y protegió la reducción de Andalucía a una condición cuasi-colonial?. ¿De dónde partían las ordenes que exprimían las tierras y minas andaluzas; que reprimían Andalucía y la mantenían sujeta?. ¿De Barcelona o de Madrid? ¿Quién ha pretendido quitarnos el flamenco, diciendo que es algo “español”; cómo si las soleares se criaran en Soria y los fandangos nacieran espontáneamente en Ponferrada?. Como la literatura, el arte, la historia… siempre universal o española, pero nunca andaluza. ¿Quién ha provocado que aún hoy nuestros jóvenes apenas estudien nuestra historia y conozcan nuestra cultura?. ¿Madrid o Barcelona?. ¿Quién ha provocado y se ha beneficiado de que muchos andaluces aún se avergüencen de su expresión andaluza y ha asociado nuestra forma de comunicarnos con la incultura?. ¿Quién hace que todavía hoy prácticamente todos los medios de comunicación hablados –incluidos los públicos- que emiten en Andalucía parezcan editados en Madrid y que sólo se escuche el andaluz cuando ocasionalmente se entrevista a la gente por la calle o comparece algún líder político o artista? ¿Qué atenta más a la dignidad de los andaluces? ¿Esa realidad o el hecho de que instalados y viviendo en un país que no es el propio, sea una necesidad y un hecho lógico conocer y dominar la lengua y la cultura del país en el que la vida nos ha llevado…? Y podría seguir así, casi indefinidamente… Ahora pensad. ¿Por qué seguís en Cataluña?. “Por la vida”, responderéis. Porque aquí tengo el trabajo; la casa que tanto me costó construir o comprar; porque aquí están mis hijos o mis nietos…. O también porque aquí nací y aquí me crie. Todo eso es verdad. Pero añado -con dolor inmenso- reconoced también que no retornáis a Andalucía –aunque no sea exactamente la que dejasteis, vosotros o vuestros padres o abuelos- porque Andalucía sigue sin ofertaros a la inmensísima mayoría condiciones para volver, aunque ese fuera vuestro deseo. Sabéis perfectamente que aquí seguimos teniendo siempre una media de 1o puntos de desempleo más que la estatal y hasta cerca de 15 o 20 que la que sufrís allí. Que aquí los salarios siguen siendo más bajos y las condiciones laborales peores; que domina el enchufe y el compadreo… ¿Quién es el inductor y el principal beneficiario de esta situación?. ¿Dónde hay que buscarlo?. ¿En Madrid o en Barcelona?. No quiero entrar en todo lo que habéis pasado desde que llegasteis a Cataluña, desde que abandonasteis vuestro pueblo o vuestra ciudad de origen o desde que os llevaron por primera vez de nuevo acá a pasar las vacaciones… Los malos y los buenos momentos. Los conflictos en el trabajo, en el barrio o en la calle… Millones de experiencias no se pueden resumir. Pero sí puedo plantearos unas cuantas preguntas. Incluso si seleccionáis todos aquellos episodios en que fuisteis objeto de un trato injusto –por la razón que fuera- ¿compartís la idea de que el problema de Cataluña se soluciona expulsando de Cataluña a los catalanes o lo que resulta equivalente, sometiéndolos y callándolos por la fuerza?. ¿Sois de los que jalearían el “A por ellos” – es decir, “a por los catalanes”- con que han despedido en la puerta de algunos cuartelillos a quienes el Gobierno español va a utilizar para intentar imponer el silencio y la continuidad de su dominio?. [¿Quién os asegura que no os consideren también merecedores de similar tratamiento? ¿Y si no a vosotros mismos, a vuestros parientes, o a vuestros vecinos o al novio de la niña….?] ¿Habéis olvidado o perdonado lo que han significado para los andaluces (y para vosotros) esa bandera con la que acompañaban ese grito; la bandera de los Borbones y de Franco? [¿o es que os habéis creído que la inventaron para apoyar a un equipo de futbol?]. No voy a intentar predecir el futuro. Pero sí puedo asegurar que todos y todas recordareis siempre lo que hicisteis y con quien y de qué lado estuvisteis el 1º de Octubre de 2017. Y a pocas horas de que ese día llegue, me atrevo a pediros que volváis a reflexionar sobre lo que significa no sólo para Cataluña sino también para Andalucía. El domingo en Cataluña se van a decidir muchas cosas. Y lo de menos es lo que puedan sacar de beneficio los Rajoy, los Rivera y los que ellos protegen. Si España gana, no sólo pierde Cataluña, también Andalucía. Si España gana con vuestra ayuda no sólo será difícil mirar a la cara a quienes viven a vuestro lado, el día siguiente. Si España gana con vuestro apoyo habréis dicho –lo que es terrible- que estáis del lado de todo lo que os hizo sufrir a vosotros o a vuestros padres. Y que apoyáis una Andalucía sometida, encadenada. Confío –deseo- que el 1º de Octubre la mayoría de vosotros y vosotras, ciudadanía catalana de origen andaluz, -hermanos andaluces- os situéis del lado de la Libertad. De Cataluña. Y por eso, de Andalucía. Javier Pulido Andalucía, 29 de Septiembre de 2017 (Fuente: Revista de Pensamiento Andaluz)



  • Ni Rajoy ni la Guardia Civil podrán con Catalunya
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    29/09/2017
    Ni “choque de trenes” como afirma el ex secretario de los comunistas españoles, Julio Anguita, ni tampoco “golpe de Estado civil”, según señalan los “socialistas” y ex jefes en los años 80 de los escuadrones de la muerte denominados GAL, Alfonso Guerra y Felipe González. El referéndum catalán que tanto molesta a la España franquista y prepotente es una reivindicación histórica de un pueblo que, como el vasco y otros de la península, están hastiados del dominio y el pillaje de un reino que hace agua por donde se lo mire. Lo que ahora está ocurriendo no es nuevo, hay toda una historia detrás que tanto Rajoy, como el PSOE y hasta los “ni ni” de Podemos quieren ignorar: Cataluña es una nación oprimida por España desde su ocupación por las tropas borbónicas en 1714, y la posterior supresión de las instituciones catalanas y la prohibición de su lengua mediante decretos impuestos “manu militari” y promulgados por Felipe V entre 1707 y 1716. Lo que ahora va a ocurrir este 1 de octubre a través de las urnas ya fue intentado en 1873 a pocos días de proclamarse la Primera República cuando José García Viñas y Paul Brousse proclamaron en Barcelona el “Estado catalán federado con la República Española”. Una de sus primeras reivindicaciones fue constituir un gobierno provisional, convocar a elecciones y disolver el Ejército. Pero las diferencias entre sectores de la burguesía y las duras intimidaciones del gobierno de Madrid hizo culminar muy rápido la ilusionante intentona. Sin embargo, muchos años después se insistiría en el tema, al anunciar Lluis Companys, desde los balcones del Ayuntamiento de Barcelona, la proclamación de la II República. Era el 14 de abril de 1931 y un día después, Francesc Maciá, representante de Esquerra Republicana (un partido histórico que ahora también impulsa el referéndum) se hizo cargo del Gobierno catalán. Madrid volvió a negar ese derecho y entre amenazas y promesas, logró que se negociara la dimisión de Maciá, pero a cambio se concedió impulsar una Autonomía que recién fue proclamada en 1932. Pero el espíritu catalán, rebelde y no condescendiente con los cantos de sirena del españolismo imperial, hizo que dos años después, Companys, como presidente de la Generalitat, proclamara otra vez el Estado Catalán. La razón era de lógica pura: la entrada de representantes de un partido ultra católico, centralista y conservador denominado CEDA en el gobierno de la II República dirigido por Alejandro Lerroux, desbordó el vaso de la paciencia catalana y volvió a aflorar la necesidad de romper cadenas con quienes falseaban los principios autonomistas que proclamaban. Al igual que las actuales amenazas de Mariano Rajoy y el resto de los poderes fácticos borbónicos, Lerroux montó en cólera, declaró el estado de guerra, y envió al ejército a enfrentarse con valientes jóvenes catalanes que decidieron defender su soberanía con las armas en la mano. Después de duros choques, que dejaron un saldo de más de 40 muertos y 3 mil detenidos, la derrota volvió a sacudir las ansias libertarias de un pueblo que jamás se resignó a ser esclavo. Companys y varios de sus seguidores fueron condenados a 30 años de cárcel, pero el triunfo del Frente Popular en febrero del 36 los premió con una amnistía y la cesión nuevamente del derecho a reinstaurar la Generalitat. Duró poco, ya que tres años después el alzamiento victorioso del fascista Francisco Franco atropelló con furia los derechos alcanzados hasta ese momento. Suprimió las libertades y la emprendió represivamente contra todo aquel que se opusiera a sus designios disciplinadores. La lengua catalana fue prohibida y se atropellaron todos los vestigios de una cultura originaria, que para el franquismo inquisitorial representaba lo demoníaco. Fueron largos años de penuria y sorda resistencia. Muerto el dictador, Cataluña volvió a contar con sus instituciones, dentro de una autonomía controlada, pero siempre dependiendo tributariamente de Madrid. En otras palabras, el centralismo español (a través de una transición amañada de derecha a izquierda) siguió llenando sus arcas usufructuando del poderío económico catalán. Y para ello, en un largo período que recién en los últimos años se ha ido dejando de lado, contó siempre con la complicidad de la burguesía catalana. Pero las cosas han ido cambiando para bien. Por un lado, porque jamás el pueblo catalán cedió en su conciencia política a la idea de considerar que las cadenas atadas y bien atadas por el franquismo y sus descendientes podían durar toda la vida. Como dijera un poeta, el independentismo es como un río correntoso al que no se lo frena con muros represivos ni cantos de sirena. Desde lo más hondo de sus entrañas, siempre se ha defendido la tesis de que Cataluña es una Nación y que más temprano que tarde llegaría el día del gran enfrentamiento con el poder central colonial. Hubo todo tipo de intentos, desde la lucha armada protagonizada por Terra Lliure, que fue descabezada a punta de represión y detenciones, hasta el surgimiento de numerosas organizaciones de lucha tanto social, política y cultural. La lengua, a lo largo de los años, se hizo masiva y se convirtió en uno de los elementos fundamentales de la identidad libertaria e independentista. Pero faltaba algo, que finalmente llegó: por un lado, la decisión de la burguesía catalana de romper amarras con sus antiguos socios (algo que sus pares vascos jamás han hecho) y por el otro, el surgimiento de una fuerza independentista de izquierda, la Candidatura de Unidad Popular (CUP), que con una importante práctica militante en barrios y pueblos, le sumó a la lucha por la Liberación Nacional el aditamento fundamental para cerrar el círculo. No alcanza con la independencia, hay que bregar también por el socialismo, sentenció la CUP. Como resultado de grandes movilizaciones populares, votaciones no reconocidas y expresiones multitudinarias sobre la necesidad de independizarse de quienes no solo usufructúan de su economía sino que (como ocurre con el pueblo vasco) desprecian la catalanidad, el actual gobierno de coalición integrado por Junts pel Si (que agrupa a la centro derecha de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Demócratas de Cataluña y Moviment d’Esquerres) y por la izquierda popular revolucionaria de la CUP, se tomó la valiente decisión de convocar al referéndum del 1 de octubre. El objetivo: la Independencia, sin más vueltas. A partir de ese momento, no solo esa entelequia llamada España sino también sus socios de la Unión Europea pusieron el grito en el cielo y amenazan con lanzar truenos y centellas contra los osados independentistas. Más aún, demostrando que poco diferencia al PP con el PSOE, e incluso con una izquierda boba que jamás ha entendido los procesos de emancipación nacional, la respuesta ha sido lanzar sobre Cataluña una verdadera invasión represiva de lo peor del fascismo franquista: la Guardia Civil. Con gritos de “Arriba España y Viva Franco”, los uniformados, al igual que en los años de la dictadura, entran con sus vehículos en Barcelona y otras ciudades, agitando la odiada bandera rojigualda y haciendo gestos soeces contra los transeúntes que los miran sorprendidos. Pero poco les duró la fiesta: al generar los nuevos cruzados las primeras detenciones de las autoridades gubernamentales catalanas, el pueblo se lanzó a la calle, los cercó, los enfrentó y expresándolo con todas las letras, obligó a retirarse de algunos sitios a la jauría. Se vivieron escenas increíbles como la de cientos de jóvenes golpeando los coches policiales, embadurnándolos con stikers del referéndum, y hasta colgando la bandera catalana independentista en el mástil de un local de la Guardia Civil. Así están las cosas en Catalunya. Con la policía colonial allanando imprentas, secuestrando miles de boletas del referéndum, cerrando páginas webs independentistas y amenazando con detenciones de los altos funcionarios del Gobierno local. Más aún, algún general trasnochado también insinúa sacar los tanques para frenar a los “rojos”. Pero todo será en vano. Existe la convicción de que no alcanzarán los 10 mil guardias civiles enviados por Madrid, ni tampoco el linchamiento mediático, para detener tantas ansias de libertad. De nada le servirán a Rajoy y su comparsa, las palmaditas en la espalda de Donald Trump o los mensajes de “buena voluntad” de la OTAN. La suerte ya está echada. La Nación catalana será libre e independiente, contra viento y marea. Y luego vendrá Euskal Herria y una larga lista de asignaturas pendientes a nivel de territorios invadidos y mancillados por el poder fascista español. (Fuente: Resumen Latinoamericano / Autor: Carlos Aznáres)



  • Recordando a Txiki, Otaegi, Sánchez Bravo, García Sanz y Baena Alonso (los últimos fusilados del franquismo)
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    28/09/2017
    El 27 de septiembre de 1975 no fue un día cualquiera. En la mañana del citado día Franco consumó sus últimos fusilamientos; las balas asesinas acabaron con la vida de cinco militantes antifranquistas. Cuando cuarenta y dos años después y de diferentes maneras el sangriento dictador sigue vivo en la “democracia española”, bien vale la pena recordar aquel fatídico día. Francisco Franco intervino en público por última vez el 1 de octubre de 1975, durante el aniversario de su proclamación como Jefe del Estado. Y largó su retórica fascista desde el balcón principal del Palacio Real, sito en la madrileña Plaza de Oriente. Siempre se dijo que aquel acto se celebró ante un millón de seguidores, pero lo cierto es que en aquella plaza difícilmente pudieron caber más de cien mil personas. No podía faltar a su lado Juan Carlos de Borbón. Entonces príncipe y desde seis años atrás heredero de Franco a título de rey, ultimaba su siniestro aprendizaje. Solo cuatro días antes habían sido fusiladas las cinco últimas victimas del franquismo con Franco: Juan Paredes Manot —Txiki—, Ángel Otaegi, José Luís Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y José Humberto Baena Alonso; los dos primeros militantes de Euskadi ta Askatasuna —ETA— y los otros tres del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota —FRAP. Los cinco revolucionarios fueron condenados a muerte tras juicios farsas. El 20 de noviembre de 1973, ETA hizo volar literalmente a Luís Carrero Blanco, y, de regreso a tierra, el Presidente del gobierno franquista ya era cadáver. Entre aquel año y el verano de 1975, la actividad de la organización vasca golpeó con bastante intensidad a las Fuerzas de Orden Público —FOP—. Por su parte, el FRAP, que existía desde mediados de los años sesenta, aunque su actividad armada la inició en el verano de 1975, combatía a la dictadura con atentados contra policías y guardias civiles. A Franco le urgía, pues, poner freno al movimiento armado contra el fascismo que él representaba. Así que, el 22 de agosto de 1975, el Consejo de Ministros presidido por el sangriento dictador aprobó el Decreto Ley Antiterrorista. La ley fue aprobada única y exclusivamente para aplicársela a los militantes de ETA y del FRAP. Aquella Ley Antiterrorista contemplaba la posibilidad de celebrar juicios sumarísimos contra civiles en menos de veinticuatro horas. También permitía prorrogar el plazo de detención en dependencias policiales, pasando de tres a cinco días —obsérvese cómo en la actual “democracia española” la ley en ese aspecto no difiere gran cosa—, y con autorización judicial hasta diecinueve. Al amparo de la citada ley, entre el 28 de agosto y el 19 de septiembre se celebraron cuatro juicios sumarísimos. El fin de los mismo no era otro que el de condenar a muerte a los supuestos responsables de varios atentados producidos contra las FOP. Concretamente, se juzgaron la muerte del Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón, en Azpeitia, el 3 de abril de 1974; la del policía muerto en el transcurso del atraco a una sucursal bancaria en Barcelona, el 30 de julio de 1975 —estas dos acciones fueron atribuidas a ETA—; la muerte del teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez en el madrileño barrio de Carabanchel, el 16 de agosto de 1975, y el atentado contra el policía Lucio Rodríguez, igualmente en Madrid, el 14 de julio del mismo año —la autoría de éstos dos últimos atentados se le atribuyó al FRAP. Se debe recordar que las únicas pruebas presentadas por la acusación, para condenar a los militantes revolucionarios, fueron las declaraciones que aquellos mismos habían hecho ante la policía y la Guardia Civil bajo salvajes torturas. En un principio fueron once los condenados a la pena capital, pero el Consejo de Ministros del 26 de septiembre conmutó la pena de muerte a seis de los condenados por la de 30 años de cárcel. Ese mismo día, a las ocho de la tarde, León Herrera y Esteban, ministro de Información y Turismo por aquel entonces, anunció que sería al amanecer del día siguiente, el 27 de septiembre de 1975, cuando se ejecutarían las cinco penas de muerte. Masivas movilizaciones se sucedieron en todo el Estado español para protestar por las injustas condenas y exigir su abolición. También en Europa el rechazo de las mismas fue muy importante. En Lisboa asaltaron la embajada española; en Estocolmo se celebraron numerosas concentraciones con Olof Palme, primer ministro sueco, a la cabeza; en Oslo, al frente de las manifestaciones se puso el presidente noruego, Uro Kekonen… Incluso el papa Pablo VI solicitó clemencia para los condenados. Sin embargo, de nada sirvieron las movilizaciones; el corazón del dictador no podía ablandarse. A Juan Paredes Manot “Txiki”, preso en la prisión Modelo de Barcelona, lo fusilaron junto al cementerio de Collserolla, en las afueras de la ciudad. Nacido en Extremadura y crecido en la gipuzkoana localidad de Zarautz, tan sólo contaba con 21 años. Ángel Otaegi, de 33 años y natural de Nuarbe, Gipuzkoa, fue fusilado a las nueve menos veinte de la mañana, en la prisión de Burgos. Los tres militantes del FRAP fueron fusilados en Hoyo de Manzanares, Madrid. José Luís Sánchez Bravo contaba con 22 años y murió a las nueve y media; Ramón García Sanz, con 27, a las nueve y diez, y José Humberto Baena Alonso, de 24, a las diez y cinco. Francisco Franco murió cincuenta y cuatro días después, pero previamente ya había dejado todo atado y bien atado, Así lo anunció públicamente en 1969: “Cuando, por ley natural, mi Capitanía llegue a faltar, que inexorablemente tiene que faltar algún día, es aconsejable la decisión que hoy vamos a tomar, que contribuirá, en gran manera, a que todo quede atado y bien atado para el futuro”. A día de hoy, el Jefe del Estado ya no es Juan Carlos de Borbón, el sucesor formado e impuesto por el mismo Franco. Ahora, con el único mérito de ser su hijo y sin que la ciudadanía tampoco lo haya elegido, es Felipe VI. No le defraudó al sanguinario dictador en todos estos años su obediente alumno. El ahora rey emérito, ya dejó bien claras sus intenciones desde el principio: “No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia”. Y la clase política más influyente de éste país siempre le facilitó su trabajo. No cabe la menor duda, cuarenta y dos años después de sus últimos fusilamientos, Franco sigue vivo. Satisfecho de su alumno y de su obra, ahora reside en la “democracia española”. (Fuente: Insurgente / Autor: editorial de Insurgente)



  • Catalunya: Nos incumbe, nos inspira
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    25/09/2017
    Se ha abierto una brecha. Hace años, al menos desde la capital del reino, muy pocos se hubieran atrevido a presagiar que el martillo que la ha provocado seria empuñado por el pueblo catalán. Claro, hace años era precisamente desde Madrid desde donde los portavoces de la indignación popular hecha partido nos decían que ellos habían llegado a la política para “romper con el candado del Régimen del 78” y hoy hemos de acudir con asombro al transformismo político de esos mismos portavoces, un transformismo que podríamos analizar hasta en tono de burla de no ser por la confusión que están sembrando. Ser ambiguos en momentos como los que estamos viviendo solo fortalecerá al orden actual de las cosas. Esperar que partidos como el PSOE o el PP, que llevan años turnándose para recortar derechos sociales, económicos y políticos, ofrezcan “garantías” para un referéndum de autodeterminación en el Estado español es, en el mejor de los casos, de una ingenuidad insoportable. Nos dicen: “cambiemos al gobierno de Madrid para que el pueblo catalán pueda decidir”. Que pasa, señorías, ¿acaso están ustedes queriendo decir que la soberanía catalana tiene que pasar por Madrid? Si como dicen, Catalunya es una nación, entonces debería ser soberana y, por lo tanto, decidir su futuro al margen de injerencias externas. Si quieren continuar en la senda democrática del soberanismo y del derecho de los pueblos a decidir su destino, convendría que no fuesen a medio gas. Si se analiza el conflicto con profundidad, se descubre que la disputa política que está teniendo lugar destapa la incapacidad para maniobrar que, en términos de democracia, tiene el Régimen del 78, el cual está poniendo al descubierto en su primera gran crisis su calavera franquista. Este régimen se caracteriza por una serie de principios que quedaran “atados y bien atados” después de que el franquismo pariese a nuestra cacareada democracia y se aprobase la Constitución de 1978, en la cual quedaron plasmados los mencionados principios tras ser maquillados por algunas de las conquistas sociales que el proletariado de aquellos años consiguió, conquistas que hemos ido viendo desaparecer en estos cuarenta años de bendita democracia, después de los ríos de sangre vertidos ellas. La propiedad privada sobre los medios de producción, la libertad de explotación, la monarquía heredada de Franco e impuesta por éste con la Ley de Sucesión de 1947, la intención de participar de la rapiña imperialista, la innegociable unidad de la nación, que mantendría los mismos símbolos identitarios, como el himno y la bandera… Todos ellos principios que el Régimen del 78 heredó de su tiempo pretérito y que quedan reflejados en la Constitución de 1978, Constitución que tendría como garante al mismo ejercito golpista del 18 de Julio, el cual no se vio sometido a destitución o depuración alguna. Atado y bien atado. Empieza a ser palpable que nuestra democracia lo es sólo en un sentido formal, pues en lo material el pueblo está totalmente incapacitado para decidir o transformar las cuestiones fundamentales. Hoy, la obtusa hegemonía del Régimen del 78 está siendo desafiada por el pueblo catalán, que a pesar de las amenazas y de la campaña de miedo a las que es sometido, inunda sus calles en un titánico y determinado esfuerzo por democratizar sus ciudades y pueblos. Muchos serán los desafíos, los enemigos, con los que habrá que lidiar, tanto externos como internos, pues a pesar de que bajo el marco de la Constitución de 1978 es imposible alcanzar la libertad para las masas trabajadoras, que puedan ser las protagonistas de su destino y que se convierta en realidad su potencial creador, sería un completo error pensar que, una vez superado ese marco legal, se podrán conseguir en la Republica catalana los interesados y necesarios objetivos que compartimos los obreros y obreras de todo el mundo bajo un marco legal tutelado y orientado por la burguesía catalana. Por lo tanto, quienes apostamos por el socialismo como proyecto de liberación popular, hemos de acudir al encuentro de nuestros hermanos y nuestras hermanas catalanas en su lucha contra la hegemonía del régimen y en su legítima aspiración de construir una sociedad donde las relaciones sean entre iguales y donde las mayorías desposeídas no se vean obligadas a someterse a las minorías propietarias. La lucha contra este régimen, cualesquiera que sean los frentes en los que se le plante batalla, es la lucha compartida contra el dominio del que somos presa millones de ciudadanos bajo esta forma de institucionalización de la dictadura del capital que es el Estado español. Sí, hoy vine aquí a hacer apología de un peligroso delito. Vine a hacer apología del referéndum de autodeterminación que el 1 de Octubre celebrará el pueblo catalán. Algunos ya sabemos lo que es ser condenados por delitos de motivación moral e ideológica, por lo que cuento con que la justicia venga a recordarle su imprudencia a este reincidente. Ya la veo venir desde mi celda en esta cárcel de este remoto lugar de Castilla. Se acerca imperturbable y decidida. Tricornio en la testa y águila sobre el hombro se cierne contra quienes osan “quebrar la convivencia” en sus dominios. Es la Santa Constitución de 1978. Prisión de Navalcarnero, septiembre de 2017 Alfonso “Alfon” Fernández Ortega (Fuente: La Haine)



  • ¡Y no estaba muerto, no, no y no!. Me refiero a Franco y a su obra, claro. ¡De qué, si no!
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    24/09/2017
    El título del artículo es el estribillo de una canción que cantaba el gitano Peret, rey de la rumba catalana. Un Peret que participó poco antes de su muerte en el Concert per la Llibertat. Nosaltres decidim, en el Camp Nou, organizado en 2013 por Ómnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana, al que acudieron 90 000 personas. Quizás, si hoy viviera, habría salido también a la calle para cantar esa canción a los guardias civiles que asaltaron las dependencias de la Generalitat. El franquismo “no estaba muerto, no, no...!” Cada día que pasa se evidencia más que la Constitución española no es sino mero celofán con el que se envolvió aquel franquismo agonizante al que, tras el boca a boca que le practicaron en la Transición el PSOE, PCE, CiU..., se presentó en sociedad como modélica democracia. En los años siguientes, con el PSOE en el Gobierno, la “modernidad” arrasó: autovías, quinto centenario, turismo a espuertas, inversiones a mansalva, privatizaciones por doquier, Olimpiadas, AVE,.. España asombraba, o al menos, eso era lo que nos decían. Bajo los oropeles de la nueva democracia nos colaron un monarca de cuatro caras, una judicatura servil al Dictador, un Ejército y Policía sostén de 40 años de crímenes, una banca-eléctricas-constructoras que gozaron privilegios sin fin y una rancia jerarquía clerical que bendijo todo lo anterior. Por imposición militar, se fotocopió la vieja España “una, grande y libre” franquista y esta pasó a ser ahora indisoluble, indivisible y asentada en una soberanía única y un Ejército garante de lo anterior. Había nacido el Régimen de 1978. Decir así, de pasada, todo lo anterior, no da la medida de lo que aquello fue. Es demasiado general. Hace falta concretar más. De los 16 jueces con plaza en el Tribunal de Orden Público franquista (decenas de miles de años en condenas impuestas), 10 pasaron a lucir toga en la nueva Audiencia Nacional. Algo parecido sucedió con quienes portaban sable en las parodias militares judiciales que condenaron a garrote vil o fusilamiento a Puig Antich, Txiki, Otaegi, Baena, García Sanz y Sánchez Bravo. Autobuses de policías y guardias civiles fueron a presenciar y jalear sus fusilamientos. Todo el fascio parásito y reaccionario del Movimiento Nacional (profesorado de “Formación del Espíritu Nacional”, “Sección Femenina”, “Frente de Juventudes”,....) pasó en bloque a tener nómina y sillón en la nueva Administración democrática. Y todo aquello lo coronó Juan Carlos I, aquel que juró los Principios del Movimiento, lealtad al genocida y reconoció la legitimidad de aquél Régimen nacido el 18 de julio de 1936 gracias a un golpe de estado. Los doscientos guardias civiles (números, cabos, sargentos,...) que asaltaron el Congreso y dieron un golpe de estado el 23-F salieron de rositas. Ninguno de ellos fue procesado siquiera. Tan solo fueron juzgados los que tenían rango de oficial y sus benévolas condenas fueron bendecidas con generosas libertades condicionales e indultos. Por si fuera poco, todos ellos pudieron luego incorporarse a sus puestos, pues no fueron inhabilitados. Y allí siguieron, creando escuela. Resulta así de barato dar un golpe de estado siendo cabo o sargento, porque si sale mal no te pasa nada y si triunfa te ascienden. Si hay un próximo, seguro que se apuntarán más. Otra cosa es que seas alcalde o funcionario catalán y acuerdes facilitar la colocación de una urna el 1-O, pues podrás ser procesado por los gravísimos delitos de sedición, desobediencia, prevaricación,... Tras los procesamientos de la Presidenta del Parlament y miembros de su Mesa, ha venido la implantación de un auténtico estado de excepción. Se amenaza a cientos de alcaldes, miles de funcionarios, medios de comunicación,... En la democracia española propiciar un referéndum es bastante más grave que dar un golpe de estado. Democracia basura. “De padres gatos, hijos michinos”, se dice aquí, en Navarra. Hay quienes se han llegado a creer que vivimos en una democracia con sus libertades, su separación de poderes, su camisita y su canesú. Pero no, aquellos jueces, militares, policías, fascistas del Movimiento, golpistas del 23..., han creado escuela en los aparatos del Estado. La misma cúpula militar que en 1978 les pasaba papelitos a los siete padres constituyentes ordenándoles cómo debía redactarse aquello de la España indisoluble e indivisible, la soberanía única española y la tutela castrense, son los que hoy, en lo básico, han diseñado y están ejecutando ese estado de excepción al que antes me he referido. A nada que se ha rasgado el celofán que las envolvían, las sacrosantas instituciones han comenzado, no solo a oler, sino a heder. Hiede el Gobierno, su servil Judicatura y todas las instancias del Estado; hieden los medios de comunicación y hiede también ese recién estrenado PSOE “plurinacional” que hace gorgoritos pidiendo diálogo mientras aplaude la política del PP en defensa de la legalidad y la soberanía única española. Por toda la geografía estatal se gritó recientemente aquello de “¡le llaman democracia y no lo es!”. Para algunos, aquello tenía que ver tan solo con una ley electoral antidemocrática y un bipartidismo asfixiante. Para otros iba mucho más allá. Se hablaba así de “romper con el Régimen de 1978” y lo que ello suponía: monarquía, tutela militar, clericalismo, centralismo, IBEX-35.. Pero muchas de estas segundas voces se han ido apagando, acomodándose a los límites de esa misma “democracia” que antes se denunciaba por falsa y vacía. Y hoy lo que prima es la legalidad, la bilateralidad y las garantías. Pero no, el franquismo vive, “no estaba muerto, no, no”. El proceso catalán y su referéndum lo ha puesto más que nunca en evidencia. Toca ahora empujar fuerte para ensanchar la brecha abierta en Catalunya. Porque el derecho de huelga se conquistó mediante huelgas y la derogación del servicio militar obligatorio a través de la insumisión. Entonces no se habló de condicionar aquello a vías legales y bilaterales. No lo hagamos ahora. Levantar banderas de democracia y libertad sin hablar de ruptura es vender humo. (Fuente: Viento Sur / Autor: Sabino Cuadra Lasarte)



  • Debemos prepararnos para aguantar la trituradora de derechos y libertades
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    23/09/2017
    Transcripción ampliada de la intervención realizada el pasado 11 de septiembre de 2017, en el acto organizado por la Comissió Independentista Fossar de les Moreres, integrada por el Comité Català de Solidaritat Internacionalista (CCSI), la Associació Catalunya Corsica, la Federació d’Entitats de la Mediterrània Mare Nostrum y Estat Català: Compañeras, compañeros, es un honor volver a estar aquí, en esta plaza histórica para repasar rápidamente qué está sucediendo. Desde Euskal Herria miramos con admiración y buena envidia, la sana, cómo seguís avanzando hacia la conquista de derechos fundamentales, como el de la independencia. No hace falta que os diga que contáis con todo el apoyo del independentismo vasco: os debemos mucho. Vosotras, los colectivos que organizáis este evento nunca nos habéis abandonado; estuvisteis con Euskal Herria en los peores momentos de la peor represión. Nos ofrecisteis esta tarima en las situaciones más duras para que, desde aquí, denunciáramos ante el pueblo catalán cual era nuestra realidad. No lo olvidamos. El internacionalismo se practica en las situaciones más peligrosas o no es internacionalismo. La conveniencia oportunista es lo contrario: olvidar al amigo que nos ayudó siempre para acercarse a quien puede abrirnos despachos y medios que prensa para obtener más votos. Catalunya, Galiza, Euskal Herria, Andalucía y el resto de pueblos y clases explotadas nos encontramos ahora mismo en una agudización tremenda de las contradicciones que hemos venido exponiendo aquí, colectivamente, en los últimos años. Desde hace cinco siglos el capitalismo español va retrocediendo de manera imparable en la jerarquía imperialista, frente al avance de otras economías capitalistas más productivas, más tecnificadas e incluso con relaciones sociales de producción no tan autoritarias y medievales como las españolas. Los muy contados y fugaces intentos modernistas - Carlos III en el siglo XVIII y las dos Repúblicas - no detuvieron esta caída; tampoco lo lograron las brutalidades asesinas de las dictaduras y de los gobiernos reaccionarios obsesionadas por echar atrás la marcha de la historia reinstaurando el Imperio católico. La llamada “crisis del régimen del 78” es solo una pequeña muestra del fracaso de la estrategia impuesta por el capital español con el apoyo decidido del tardofranquismo y del reformismo, sobre todo el que se dice de “izquierdas”, para salvar la crisis española subiendo al tren europeo, a lo que entonces se llamaba Mercado Común Europeo y ahora Unión Europea. La famosa “Transición” fue sobre todo diseñada y dirigida desde Estados Unidos, Alemania Occidental, Gran Bretaña y el Estado francés, es decir, desde la OTAN. Mal que bien y empeorando con el tiempo, aquella solución que se pretendía fuera definitiva empezó a cuartearse por las presiones sísmicas de las contradicciones del capitalismo mundial inocultables ya desde mediados de la década de 1990, sobre todo con el estancamiento japonés y con la crisis de los “Dragones Asiáticos” de 1996 - 1997. Para comienzos del siglo XXI eran apreciables las fisuras creadas en los cimientos del decrépito castillo español por las fuerzas tectónicas de las contradicciones que le pudren de manera definitiva desde el siglo XVII: la explotación nacional de los pueblos no españoles era una pieza clave del Imperio católico y fue, es y seguirá siendo una de sus quiebras objetivas irresolubles como lo confirmamos ahora mismo en Catalunya. Pues bien, recordad cómo aquí mismo, sobre este entarimado, un 11 de septiembre hacíamos mención a la advertencia de los espartanos a los caminantes que se dirigían a Atenas: desconfiad de los atenienses, les decían, sobre todo cuan­do os hacen regalos. Revivíamos aquella lección histórica porque en noviembre de 2003 y ante las próximas elecciones catalanas, el entonces secretario del PSOE, Rodríguez Zapatero, había prometido frente a 17.000 asistentes al mitin electoral celebrado en Barcelona, que respetaría y apoyaría la reforma del Estatut, que haría el nuevo Parlament, cuando fuera presidente del Gobierno de España, cargo que logró a finales de 2004. La crisis que ya se estaba incubando en los cimientos de la cárcel de pueblos que es España reforzaba la certidumbre catalana del fracaso del Estatut, de su impotencia para resolver los problemas diarios. Oficialmente, la economía iba viento en popa aunque cada vez más familias tenían que endeudarse para mantener su nivel de vida, señal de que los salarios iban rezagándose. Los cambios del mercado mundial, el auge del poder financiero, la impunidad del capital ficticio, la recentralización estatal dirigida por el gobierno de Aznar, el impulso oficial al nacionalcatolicismo español…, estos y otros cambios mostraban claramente la inutilidad del Estatut. A partir de 2004 el autonomismo catalán creía que teniendo en cuenta estas amenazantes tendencias visibles el Gobierno de España por fin entregaría el regalo prometido por Zapatero, la aceptación de un nuevo y necesario Estatut capaz de modernizar Catalunya frente a los visibles peligros que se avecinaban, dentro de una modernización del Estado entero. La Gran Crisis de 2007 y su agravamiento en 2009 hizo aún más perentoria la necesidad de un nuevo Estatut, pero el capitalismo español estaba ya en quiebra práctica. La solución que impuso la burguesía internacional y española desde 2010 fue la devastación social generalizada y dentro de esta la sobreexplotación de los pueblos oprimidos. En Catalunya se lanzó con fruición sádica al desmantelamiento de los servicios públicos y ayudas básicas mientras que el empobrecimiento golpeaba al pueblo trabajador: privatizar casi era sinónimo de clímax. En este contexto de involución el Tribunal Constitucional destrozó en 2010 el nuevo Estatut que había sido debatido y aprobado por mayoría en el Parlament. Lo hizo además con un innegable sentido punitivo, de escarnio público. El dirigente socialista Alfonso Guerra mostró la prepotencia machista y engreída del nacionalismo español al decir que se habían “cepillado” el Estatuto catalán. No fue un error menor, otro más de los tantos que comete a diario el nacionalismo español: su chulería fue un hachazo a la memoria, identidad y cultura popular catalana. Marx escribió una vez que una nación vejada y humillada termina convirtiéndose en un “león herido” que retrocede para tomar impulso antes de saltar contra el opresor. Como en todo pueblo, sea oprimido o no, la lucha de clases interna determina los bloques sociales en pugna, y en las naciones ocupadas esos efectos objetivos de la lucha de clases en su interior repercuten en sus alianzas respectivas con el exterior. Esta dialéctica hace que, en realidad, el “león herido” dispuesto a saltar sobre su agresor sea en su inmensa mayoría el león popular, o para volver a Marx, sea la “nación trabajadora” que va tomando conciencia, auto organizándose y estableciendo alianzas tácticas con los sectores de la pequeña y muy escasa mediana burguesía dispuestos a enfrentarse al enemi­go. Desde 2011, groso modo expuesto, esta dinámica se desarrolló en Catalunya siempre en contraposición con el bloque social que acepta la ocupación con cualquier excusa. Entre ambos extremos, entre la izquierda y la derecha, fluctúa una masa indecisa que se mueve, aumenta o decrece según los vaivenes de la misma lucha y en buena parte según cómo las fuerzas democráticas y de izquierdas contrarresten la pedagogía del miedo y la oleada de represiones sutiles o brutales que aplica el Estado con el apoyo de la derecha y el silencio del reformismo. Por la misma naturaleza del conflicto, tarde o temprano el pueblo herido empieza a crear sus sistemas de contrapoder, de doble poder y de embrionario poder propio, aprovechando en la medida de lo posible parte de las instituciones que el Estado ha descentralizado y concedido a ese pueblo en forma de Estatuto de Autonomía, etcétera. Esto es lo que ahora mismo está sucediendo en Catalunya en algunas áreas políticas, culturales, etc. Y es esto lo que no puede tolerar ningún Estado, y menos si es ocupante como el espa­ñol. Por su misma definición, el poder tiende a ser uno: de la burguesía o del proletariado, de la nación dominante o de la dominada, del patriarcado o de la mujer… Es imposible que coexistan durante un tiempo dos poderes contrarios, con sus mismos derechos y necesidades antagónicas: más temprano que tarde vence el más fuerte. Ahora, es el Estado español el más fuerte y lo va a demostrar de manera aplastante aplicando su ley, su fuerza y su democracia. Salvando todas las distancias, existen similitudes básicas entre el proceso soberanista y constituyente de Catalunya orientado desde la izquierda independentista y el proceso constituyente de la Venezuela bolivariana a finales del siglo XX, y volviendo a salvar todas las distancias, en el período abierto desde 2017. Similitudes elementales extensibles al comportamiento del imperialismo y de las burguesías, la rentista venezolana y la española. Debemos prepararnos. Todas y todos debemos prepararnos para aguantar la apisonadora de derechos y la trituradora de libertades. Y debemos saber que, además de la represión, también volverán a prometernos regalos, como los atenienses, si claudicamos a sus exigencias incondicionales. De hecho, parte de la “leal oposición de su Majestad” cacarea sobre la conveniencia de abrir un debate sosegado y tranquilo sobre una posible reforma de la Constitución monárquica, una vez que “vuelva la normalidad” a Catalunya, no antes. Primero debemos arrodillarnos, luego, genuflexos y contritos ya, debemos pedir perdón, jurar o prometer que renunciamos a todo independentismo y que resarciremos los daños morales y económicos causados por nuestra perversidad. Pero aquí, entre las y los asistentes a este acto, no se arrodilla nadie, ni nadie cree en los regalos. Es posible que si todo sigue así, dentro de la tendencia acelerada a la represión, tengamos dificultades para vernos el año que viene de nuevo en el Fossar de les Moreres. Pero también existe la remota posibilidad de que sí lo hagamos: es la lucha la que lo decidirá. Desde Euskal Herria os apoyamos incondicionalmente para que triunfe la segunda posibilidad porque, en el fondo, peleamos por el mismo objetivo. Euskal Herria, 12 de septiembre de 2017 (Fuente: Canarias Semanal / Autor: Iñaki Gil de San Vicente)



  • Francisco I absuelve de todos sus crímenes al ejército colombiano
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    16/09/2017
    Jamás hubiéramos pensado que la manipulación del gobierno con la visita papal iba a adquirir una dimensión tan vil y descarada. Porque este viaje ha tenido más un carácter oficial y progubernamental que apostólico. El papa ha tomado partido. El gobierno colombiano aprovecho la visita para hacer propaganda a favor de las FF.AA (ejército del “amor y de la paz”). Lo mejor es mantener a la plebe en la inopia dominada por el fuego fatuo de la religión, cautivos y esclavos de las supersticiones para que así olviden la crisis social y económica que padecen. En todos los actos en que ha intervenido Francisco I han intentado alevosamente culpabilizar a la guerrilla, los paramilitares o los narcotraficantes de los males que ha sufrido y sufre nuestro país. "El ejército colombiano es una víctima y no un victimario", dijo. Tales aseveraciones nos causan una profunda indignación pues es de todos sabido que el principal responsable de la conflagración bélica es el Estado colombiano. Esto nos recuerda ese infame episodio cuando el papa Pio XII bendijo a las tropas de Hitler. No nos debe extrañar para nada el oprobioso accionar de la iglesia católica. El presidente Santos ha ejercido de cicerone y ha elaborado una agenda muy bien diseñada en honor al papa. Con premeditación y alevosía seleccionaron a los interlocutores y, en especial, a las víctimas del conflicto - entre las que no incluyeron a ningún guerrillero o ciudadano afectado por los deleznables crímenes cometidos por la fuerza pública o los organismos de seguridad del estado. Todas las “victimas” que han salido a la palestra como protagonistas son los arrepentidos, los desmovilizados, o la soldadesca “héroes de la patria”, aduladores del régimen genocida colombiano o mercenarios de su causa. Ningún guerrillero ha tenido la oportunidad de ejercer su derecho a la libertad de expresión y contar la verdad. Porque la censura impuesta por los propios militares no iba a permitir la disensión u otras versiones de la historia. El mejor ejemplo de impunidad y de mentiras prefabricadas es lo que aconteció en el holocausto del Palacio de Justicia en 1985 cuando los mandos de las FF.AA dieron la orden de arrasar, exterminar, torturar y ejecutar a todo aquel sospechoso de haber sido cómplice del M19. Las victimas de ese horrible crimen de Estado tampoco fueron recibidas por el papa. Esa es la falsa política de la reconciliación que pregona Juan Manuel Santos, el Santo de la Paz. La visita de Francisco I ha sido programada directamente por la cúpula militar en connivencia con las autoridades del Palacio de Nariño, la curia Vaticana y la Conferencia Episcopal Colombiana. Es decir, los estamentos más reaccionarios de nuestra sociedad. Es por eso que impidieron que el papa se reuniera con los miembros del secretariado de las FARC [tampoco crean que Francisco I insistió en esa reunión]. Así queda demostrado que no es la sociedad civil sino el ejército colombiano el que tutelan el proceso de paz y la guerrilla debe acatar todas sus órdenes. Ese ejército ha sido responsable a los largo de su historia de infinitos crímenes y violaciones de los derechos humanos. Pero el papa ha preferido mantener un silencio cómplice y ni siquiera ha nombrado a las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales o falsos positivos. Defender la libertad y el orden exige mano dura y corazón grande. Todos estos crímenes el santo padre con total indolencia los ignora, los olvida y los omite. Mientras consagra la hostia santa en nombre del supremo hacedor y eleva oraciones al cielo para que brote la semilla de la paz y la reconciliación entre los colombianos. Bergoglio disfrazado de papa divide el mundo de la forma más infantil: los buenos y los malos, los justos y los pecadores (con los que seremos generosos y les perdonaremos la vida), dios y el diablo. El Vaticano no puede dar lecciones de ética y de moral, la religión católica ha sido inductora de guerras de religión, cruzadas, matanzas, persecuciones. La iglesia católica siempre se ha aliado con los imperios y ha bendecido la conquista, expolio y la esclavitud. Y además de todo esto es la culpable de uno de los pecados más sucios y procaces como es el de la pedofilia. Violando y abusando niños por amor a dios y a Cristo nuestro señor. Pero lo cierto es que no serán juzgados en la tierra sino en el cielo... Todos los actos de la visita del papa estuvieron cargados de sentimentalismo y exagerada sensiblería con el fin de desgarrar el corazón de los fieles. Porque el pueblo colombiano tiene hambre de dios. La comedia debía seguir un guion preestablecido por los asesores de Palacio y del Ministerio de la Guerra (eufemísticamente llamado de Defensa). Era imprescindible repetir hasta la extenuación la palabra paz. Así se hicieron realidad los principios goebbelianos que dicen que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. El discurso del papa reveló su gran hipocresía durante el encuentro que sostuvo con las víctimas del conflicto armado (excluidas las FARC) en el parque de las Malocas de Villavicencio: “Hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido, es cierto que en esa regeneración moral del victimario la justicia tiene que cumplirse”. “Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos”. “Ciertamente es un riesgo para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos (FARC- paramilitares) que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero”. El papa a su llegada a la sección militar del aeropuerto el Dorado de Bogotá (CATAM) le dio la bienvenida el gobierno en pleno acompañado por la cúpula militar. Un "emotivo acto" en el que se hicieron presentes los soldados [pero no los activistas campesinos ni los guerrilleros] mutilados y heridos a causa del conflicto bélico. “Los soldados de Colombia también somos soldados de dios”, “los héroes que permitieron que hoy estemos celebrando que tenemos paz”, según palabras del presidente Santos. El sumo pontífice respondió emocionado alabando “lo que hacen por la paz, poniendo en juego la vida, y eso es lo que hizo Jesús. Nos pacificó con el padre, puso en juego su vida y la entregó. Esto los hermana más a ustedes con Jesús”. Luego rezó una oración por los caídos en la guerra como reconocimiento a las autoridades y los jefes castrenses que lograron la paz. Tengan fe. Amén. (Fuente: La Haine / Autor: Carlos de Urabá)



  • Los “comunes” y Podemos: ambigüedad frente a Catalunya, respeto al Régimen del 78
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    12/09/2017
    Durante la actual semana se están produciendo los movimientos más relevantes de cara al referéndum del 1-0, cuanto menos los más relevantes a nivel institucional. La tensa sesión en el Parlament de Catalunya de ayer miércoles por la aprobación de la Ley del Referéndum, y las respuestas del Ejecutivo de Mariano Rajoy, dibujan una situación cada vez más límite en términos institucionales. A lo largo del “procés”, pero sobre todo en estos últimos meses ante la llegada de las fechas “definitivas” -si bien en un proceso tan complejo como éste es difícil aventurarse a movimientos o pronósticos-, los “comuns” han profundizado su posición ambigua sobre el 1-O y el democrático derecho a decidir del pueblo de Catalunya. Como una cantinela bien aprendida, se han limitado a repetir la fórmula de “derecho a decir”, pero “acordado” y con “garantías”, es decir, esperar que a través de la legalidad de la Constitución del Régimen del 78 se pueda ejercer tal derecho. Algo a todas luces inviable. Esto es así hasta el punto en que a día de hoy Catalunya en Comú, con su líder Xavier Domènech y Ada Colau -alcaldesa de Barcelona- al frente, aún no tiene posición fija frente al 1-O. La reunión de la coordinadora nacional de los “comuns” está fechada para hoy jueves día 9, y será entonces cuando se elabore un documento que entre los días 12 y 14 de septiembre tendrán que votar los inscritos de la formación. Por su parte, la marca de Podemos en Catalunya, Podem, ha escenificado estos últimos meses un aumento de la tensión con la dirección de Pablo Iglesias. Desde Podem, y tras una votación en sus círculos, se apostó por abstenerse en la votación de la Ley del Referéndum, y se resolvió participar del 1-O pero sin reconocer su carácter vinculante, sino como muestra de movilización social, es decir, un 9-N “bis”. Mientras que desde Podemos y la dirección de Iglesias directamente se apostaba por la no participación en el 1-O. De hecho durante la sesión parlamentaria de ayer miércoles el grupo parlamentario Catalunya Si Que Es Pot, del que forma parte Podem, se partió. Casi la mitad del grupo abandonó el hemiciclo en protesta con la dirección de Rabell y Cuscubiela que no les permitieron expresar su punto de vista diferenciado al de los “comuns”, ICV y EUiA, que por momentos competían con el PSC, Cs y el PPC en su oposición al 1O. Albano-Dante Fachín, líder de Podem, ha señalado que el no dejarles intervenir “va en contra de la pluralidad de CSQEP”. Esta división de Podemos se materializará el próximo lunes 11, en la Diada, donde Podem participará de un acto en el que hablarán entre otros la diputada de la CUP Eulalia Reguant y representantes de las Marchas de la Dignidad, mientras que Pablo Iglesias participará del acto de Catalunya en Comú. Sin lugar a dudas el derecho de autodeterminación de Catalunya ha sido el talón de Aquiles de la “nueva” política de Catalunya en Comú. Una prueba que han intentado solventar con ambigüedad en su discurso pero con unas acciones claras. Desde posiciones tan determinantes como la alcaldía de Barcelona, Ada Colau no ha podido afirmar siquiera la disponibilidad de locales municipales en la capital catalana para la celebración del referéndum. En sus últimas declaraciones, concedidas el pasado lunes, afirmaba que tan solo cedería los espacios si “no se pone en peligro a funcionarios”. Es decir si una resolución judicial lo prohíbe, algo probable, los colegios permanecerán cerrados. Esta afirmación es un oxímeron para cualquiera que viva en este mundo. Pretender que el gobierno de Mariano Rajoy haga algún tipo de concesión a aquellos que de cualquier modo participen en el 1-O es una quimera. No mucho más lejos se ha mostrado en sus declaraciones el líder de Catalunya en Comú, Xavier Domènech, asegurando en reiteradas ocasiones que el referéndum fechado para el 1-O es “un 9-N con más intensidad”. En su malabarismo aseguraba que si bien la propuesta del Govern y la CUP “no es nuestra hoja de ruta, las reacciones y procesos judiciales iniciados por el gobierno central hacen necesario el derecho a decidir”. Sin lugar a dudas las “presiones” y ataques que se critican desde los “comunes” son ciertas, nadie podría esperar otro accionar del Estado español, desde el Gobierno, hasta la judicatura y la policía. La cuestión en este punto es que frente a estos ataques no se responde depositando más esperanzas en ese Estado. Más bien lo contrario, la movilización popular es la única garantía contra los ataques del Estado español contra los funcionarios que participen del proceso, algo que en ningún caso está presente en el discurso o la práctica de los “comunes”. Que exista una distancia tan pronunciada entre su discurso (una Catalunya soberana, una Catalunya valiente, derecho a decidir...) y su actitud (absoluta inoperancia), no responde a casualidades o fenómenos inexplicables. El rol restauracionista del Régimen del 78 al que están apostando los “comunes” -con Pablo Iglesias a la cabeza y su apuesta por un cogobierno con Pedro Sánchez- cogió forma definitiva tras el pacto en el ayuntamiento de Barcelona con los socio-liberales y enemigos del derecho de autodeterminación del PSC. En este sentido solo hay que ver la actitud de los socialistas catalanes en la votación de la Ley del Referéndum, abandonando el hemiciclo catalán y abogando por la intervención del Tribunal Constitucional. Un calco de las amenazas de Soraya Saez de Santamaría en la mañana de ayer. Pero parece ser mucho más importante sostener este tipo de pactos que una defensa decidida por el democrático derecho del pueblo catalán a votar su futuro. La fórmula del derecho a decidir “acordado” y “con garantías” es, en esencia, la negación del propio derecho a decidir. En este sentido, los “comunes” han cedido a los cantos de sirena del PSC y el PSOE que promueven, aun incipientemente, un pacto entre Catalunya en Comú y el PSC de cara a unas hipotéticas elecciones autonómicas en Catalunya. Esta profundización de la “nueva” política como flanco izquierdo del Régimen del 78 es, en última instancia, una piedra más para la realización del propio referéndum el 1-O. Con la vía institucional al rojo vivo y con el poder del Estado español preparado para usar todos los mecanismos coercitivos contra el pueblo catalán, tan solo la movilización social, en las calles, e independiente del Govern, puede pelear por imponerlo. La actitud de los “comunes” (y de Podemos en el resto del Estado), legitima al bloque constitucionalista por izquierda y dificulta que el proceso de autodeterminación del pueblo de Catalunya despierte algún tipo de simpatía y solidaridad en el resto del Estado. Una estrategia de restauración del Régimen, duramente tocado por la crisis económica y política abierta en el 15M, donde esta vez ellos puedan jugar el rol de “pata izquierda” del “nuevo” Régimen, esos socios de turno que en esencia legitiman el grueso de las políticas, y entre ellas, la de la defensa acérrima de la indisoluble unidad nacional de España, tan bien atada por Franco y la Transición. Para que el 1-O pueda realizarse de forma efectiva y pueda defenderse e imponerse su resultado, es imprescindible que en Catalunya y el resto del Estado surja un movimiento en defensa del derecho a decidir del pueblo catalán en oposición al bloque constitucionalista y las respuestas represivas del Estado .Pero también una alternativa a la estrategia “procesista” de Junts pel Si, donde la movilización es un elemento controlado y de presión. La política de mano extendida de Catalunya en Comú para con su deseado socio, el PSC, es un freno para que surja un movimiento que imponga el derecho a decidir en las calles, y haga de este proceso un verdadero motor para acabar con el Régimen del 78. Es la única forma de abrir verdaderos procesos constituyentes, en Catalunya y el resto del Estado, donde en la agenda política estén las cuestiones sociales y económicas esenciales para las clases populares y la clase trabajadora, además de las reformas democráticas elementales como la supresión del Senado o la eliminación de la Corona. (Fuente: La Izquierda Diario / Autor: Ivan Tamajón)



  • Chile.11S: Salvador Allende, entre la memoria y el olvido
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    11/09/2017
    Los hechos significativos marcan el devenir de la historia chilena en el siglo XX. El triunfo de la Unidad Popular el 4 de septiembre de 1970 y el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973. Fue el primer gobierno socialista salido de las urnas. En ambos acontecimientos la figura relevante fue Salvador Allende: médico nacido en 1908, fundador del Partido Socialista, declarado marxista, ministro de sanidad a los 30 años durante el gobierno del Frente Popular encabezado por Pedro Aguirre Cerda, en 1938. Diputado, senador, presidente del Senado; impulsor de numerosas leyes sanitarias, de seguridad social, protección de los trabajadores y viviendas sociales; declarado defensor de la revolución cubana antimperialista; infatigable luchador social y, por último, presidente de Chile entre 1970 y1973. Dejó su vida en el palacio de gobierno defendiendo las libertades públicas y los derechos de los trabajadores, las mujeres, la juventud y los campesinos; en definitiva, del pueblo chileno. Llamó traidores y rastreros a los generales que se levantaron contra la patria, rompiendo la tradición constitucionalista. Inauguraban una larga noche. Fueron genocidas, torturadores, asesinos. Encabezados por el general Augusto Pinochet, secundado por los comandantes de la fuerza aérea Gustavo Leigh, de la armada José Toribio Merino y el general de carabineros César Mendoza. No fueron los únicos golpistas. El golpe de Estado fue la unión de civiles y militares más el apoyo internacional del gobierno de EEUU y sus aliados en la región. Los acompañaba el entonces presidente del Senado Eduardo Frei Montalva, demócrata cristiano y ex presidente (1964-1970). Hoy se le llora como víctima de la dictadura. A su lado, Patricio Aylwin bloqueó y torpedeó cualquier acuerdo entre la democracia cristiana y el presidente Allende. Conspiró y brindó con champán la muerte de miles de chilenos. Hoy, plazas, calles y escuelas llevan su nombre. Lo recuerdan como el primer presidente postiranía. Hace meses se hizo pública el acta de una reunión privada entre la dirección de los empresarios chilenos y Frei como presidente del Senado en agosto de 1973. Este fue su consejo: Vayan a las fuerzas armadas, pídanle su intervención. Para derrocar al gobierno marxista no hay diálogo: esto se resuelve con balas. Junto a la plana mayor del Partido Nacional, citaré sólo a Onofre Jarpa, más tarde ministro del Interior de la tiranía. Son venerados como próceres, estandartes de las luchas democráticas. Pocos, los ya ancianos, los relacionan con el genocidio y menos se les confieren responsabilidades. Tal vez a los ya jubilados, chilenos o no, este recordatorio les resulte banal e injustificado. Sin embargo, vale la pena preguntarse cómo perciben esta etapa de la historia las nuevas generaciones. Y no me refiero a la militancia juvenil de los partidos políticos, sino a la juventud de la era digital, desenfadada, muchas veces desideologizada y, sobre todo, víctima de una educación de cuatro décadas, en la cual priman la manipulación, el olvido, la competitividad y la desafección por la memoria histórica. ¿Son conscientes de los crímenes de lesa humanidad de su pasado o siguen defendiendo, como hace el ex vicepresidente de Chile de la concertación y primer gobierno de Michelle Bachelet, Alejandro Foxley, que Pinochet cambió el destino de los chilenos para bien, convirtiéndole en el prohombre que puso al país en el umbral del progreso y en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos? Tal vez esto nos haga pensar. Muchos no quieren hacerlo. Es fatigoso y en ocasiones causa dolor. Saber la verdad de los hechos no les interesa y, lo que es peor, se sienten cómodos en su indolencia. Les basta una caricatura para identificar al gobierno de Salvador Allende y sus reformas: era un izquierdista cuyo proyecto era instaurar un Estado totalitario. Los chilenos se opusieron, lucharon y ganaron la batalla al comunismo y el marxismo-leninismo. No resulta extraño que la hoy candidata a la presidencia de Chile por la nueva izquierda –el Frente Amplio–, Beatriz Sánchez, de 46 años, universitaria, periodista, ex conductora de programas de televisión, cara conocida en los medios de comunicación, autoproclamada de izquierda y feminista, apoyada por los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric, fundadores de Revolución, Democracia e Izquierda Autónoma, se despachaba de la siguiente manera en la entrevista concedida a la revista del corazón Paula, el 30 de junio de este año. Pregunta: ¿Te sientes cómoda con el modelo de Salvador Allende? Respuesta: No es lo mismo, porque estamos en otro contexto. Yo prefiero un Estado que no sea totalitario, porque no creo en un Estado totalitario. ¿Era Allende un tirano, un dictador cualquiera? Eso parece insinuar su respuesta. Ante la repercusión de semejante metedura de pata se vio obligada a pedir perdón, eso sí, a petición de sus avales, los diputados Jackson y Boric. Lo peor no es lo dicho, sino que lo crea y no tenga pudor en decirlo. Además, es la opinión generalizada de las nuevas generaciones educadas en la desmemoria, el olvido y la mentira. Son pocos los interesados en romper la amnesia colectiva que encubre a canallas, traidores, golpistas y genocidas. Rescatar de la manipulación histórica al gobierno de la Unidad Popular y a su presidente, Salvador Allende, señalando que fue el momento más democrático y en el que la dignidad de un pueblo soberano brilló en el escenario internacional, sigue siendo la signatura pendiente. Mientras tanto, sus dirigentes –los mismos que fueron exiliados y sufrieron torturas– abandonan sus principios, olvidan y hoy participan de las acciones golpistas contra el gobierno de Venezuela. Hace 47 años estarían con Pinochet señalando que Allende quería instaurar un régimen totalitario y, por tanto, el golpe de Estado fue una liberación. La posverdad se impone. Salvador Allende fue dictador, marxista-leninista y comunista. El resto es irrelevante. (Fuente: La Haine / Autor: Marcos Roitman Rosenmann)



  • La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos
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    10/09/2017
    Tabla de contenidos Introducción Nacimiento, esplendor y decadencia histórica Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid Felipe II y el nacionalismo español « prudente » Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos La casa de Borbón y la represión de los pueblos La dinámica de las contradicciones y sus formas Bibliografía básica consultada   Introducción Este texto tiene dos objetivos que en realidad son uno solo. El más inmediato es contextualizar el debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació que está a la orden del día en todas partes aunque de forma inmediata en el Principat de Catalunya ; y el mediato, el de ayudar a la elaboración colectiva de una alternativa internacionalista de las naciones oprimidas por los Estados español y francés. Al menos desde 2014 existía la propuesta algo borrosa entonces para que diversas fuerzas revolucionarias avanzásemos en la crítica radical del imperialismo en su conjunto pero sobre todo en la forma concreta que más nos destroza, la de los Estados español y francés. Dentro de esta dinámica el 24 de julio de 2017 se firmó el Manifiesto internacionalista de Compostela y el pasado 22 de agosto del mismo año el documento Con Catalunya y su derecho inalienable a la independencia nacional. Ni terrorismo yihadista ni terrorismo imperialista, ambos a libre disposición en la red. Hace unos días se propuso un debate también en Catalunya sobre el sugestivo y crucial tema de Sobinaries, drets i autodeterminació. Bien mirado, el debate profundiza hasta las raíces de la crisis actual del Estado español, la más grave de todas las que históricamente han afectado al marco geoestratégico material y simbólico de acumulación de capital que denominan España. No es cierto que la crisis actual sea la del llamado « régimen del 78», esta es la forma político-institucional externa de las débiles bases del Estado español desde el fin del Medievo. Lo que vuelve a estar en cuestión, o si se quiere en el punto de mira de la dialéctica como negación radical de lo existente, al menos para la minoría comunista, es la viabilidad histórica de España como espacio geoestratégico de acumulación ampliada de capital. Esta crisis estructural ha emergido de nuevo –nunca ha desaparecido del todo– porque el capitalismo mundial acelera la periferización del Estado multiplicando su dependencia. Semejante retroceso continuado desde el siglo XVII, que se intensifica como tenencia objetiva en la actualidad, genera nuevas y más graves diferencias y oposiciones en su bloque de clases dominante y en los partidos políticos que le representa, pero especialmente agudiza las contradicciones entre el marco estatal de acumulación o España, superado objetivamente, y las naciones trabajadoras oprimidas, contradicción que forma parte a su vez de la contradicción irreconciliable entre el capital y el trabajo que también se libra dentro de los pueblos oprimidos. Simplificar tan simplonamente la aceleración de la obsolescencia del marco estatal de acumulación, reduciéndola a simple crisis de « legitimidad democrática » del « régimen del 78», decir que hay que abrir una nuevo « proceso constituyente » y avanzar en el « destituyente», etcétera, sin bajar a la sala de calderas que pierden presión por sus junturas, esta superficialidad solo beneficia al poder establecido ya que suaviza la hondura del problema, genera expectativas reformistas, oculta elaborar una estrategia de largo alcance basada en el internacionalismo y en la certidumbre de que ninguna opresión será superada mientras perdure la propiedad privada de las fuerzas productivas, mientras que el bloque de clases dominante se crea propietario de las clases y naciones explotadas. Desde el siglo XV, por poner una fecha en la que ya se vislumbran algunas problemáticas que iremos viendo, fueron desarrollándose contradicciones que, en sinergia y respondiendo al agotamiento del imperio español, dieron cuerpo a la crisis estructural desde mediados del siglo XVII a comienzos del siglo XVIII. La destrucción de la Corona de Aragón y sobre todo Catalunya, más en concreto Barcelona, fueron el punto álgido de aquella crisis: no es casualidad que ahora sea Barcelona el punto álgido de su vuelta a escena en el capitalismo del siglo XXI. Entonces chocaron dos derechos antagónicos, por un lado el de la Casa de Borbón como representante del absolutismo que buscaba compaginar los privilegios señoriales con los intereses de una burguesía cobarde y timorata, comparada con la holandesa e inglesa, por otro lado el de la Casa de los Habsburgo que mal que bien se había granjeado el apoyo de las fuerzas nacionales preburguesas de los Països Catalans y de Aragón, que defendían sus derechos históricos desde una perspectiva municipalista y de debates en cortes mucho más cercana a la experiencia inglesa que al verticalismo versallesco. El debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació muestra cuánta razón tenía Marx al decir que cuando dos derechos chocan, decide la fuerza, y cuánta razón tenía Trotsky al decir aquello de que el Estado es el monopolio de la violencia, idea de la que se apropió Weber para desnaturalizarla, y, por no reiterarnos, cuánta razón tenía Mao al decir que el poder nace del fusil. Naturalmente, nos referimos a las contradicciones históricas, no a las divagaciones idealistas de la sopa ecléctica y del engrudo reformista del foucaultismo, laclausismo, negrismo, etc., de la « leal oposición de su Majestad ». Es la fuerza, el poder, la que decide el resultado de la incompatibilidad entre el derecho de España y el derecho del pueblo catalán y de todos los pueblos. La trágica experiencia del Imperio católico así lo había demostrado con mucha anterioridad. En el violento conflicto mantenido en sus dos fases, del siglo XIII al XV, y del XV al XVIII, la potencia vencedora, la que ahora se llama España, impuso sus derechos porque tenía más armas, muchas de ellas fabricadas por la burguesía vasca, tal como lo reivindicó con sinceridad inhumana el Cardenal Cisneros. Ahora sucede lo mismo, no nos engañemos, pero con la diferencia de que además de las armas de guerra, el Estado tiene las armas económicas, de propaganda y de manipulación, de cerco económico y financiero… Cualquier debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació tiene que enfrentarse a esta realidad y ayudar a responder a esta pregunta : ¿cuáles son nuestras armas, nuestros poderes ? Uno muy importante es el de la teoría, el conocimiento crítico de la realidad : el arma de la teoría y el poder de la praxis. Es su unidad la que cimenta el debate inmediato sobre Sobinaries, drets i autodeterminació y el debate mediato sobre los objetivos del internacionalismo, sus estrategias y sus tácticas. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica La segunda ofensiva cristiana contra al-Ándalus comenzó alrededor de 1227 y concluyó en 1262 con la destrucción de casi la totalidad de la muy superior cultura musulmana, el expolio de sus riquezas, la esclavización directa o indirecta de sus habitantes. Las mezquitas fueron derruidas o convertidas en iglesias, las lenguas árabes y judías marginadas o prohibidas. Ingentes latifundios fueron entregados como premio por los reyes a una reducidísima clase de incultos y sucios guerreros ennoblecidos. Como veremos, ya desde entonces las coronas de Castilla y Portugal eran « Estados depredadores ». De todos los reinos existentes en la península entre los siglos XIII y comienzos del XV, el mejor posicionado geoestratégicamente a medio plazo era el de Castilla y León formado en 1230, siguiéndole Portugal. Entre ambos se libra una áspera pugna inter imperialista por el control de Granada y la zona noroccidental de África, incluidas las islas Canarias, Azores y otras. Les seguía la Corona de Aragón, que se había formado en 1137, pero de manera tan descentralizada entre las tres cortes, Aragón, València y Catalunya, que llegado el momento decisivo a comienzos del siglo XVIII no podría responder con la misma centralidad de mando que la lograda por Felipe V. Desde mediados del siglo XIV, sobre todo en el norte de Italia, en Florencia, etc., se extendían los choques entre nuevas fuerzas sociales y viejas estructuras de dominación que constreñían el crecimiento de las fuerzas productivas. También desde mediados del siglo XIV Catalunya va entrando en una crisis múltiple : demográfica, pestes, producción agraria, gran debilidad de la lucha campesina comparada con su fuerza en el siglo XIII y fortalecimiento del poder señorial, retroceso del comercio, caída de precios y deflación, y, por no extendernos, agudización de todas las contradicciones de manera que para la mitad del siglo XV se había recuperado la lucha campesina –las remensas– y estalla la guerra civil en 1462 y 1472 entre los bandos partidario del rey de Aragón en defensa de la nobleza y grandes comerciantes, o Biga, y el bando de Busca, los intereses populares, campesinos, burguesía urbana de Barcelona para mantener sus derechos municipales en un momento de expectativas de crecimiento económico. La guerra civil catalana fue parte del choque que se inicia de manera irreversible a finales del siglo XV entras las fuerzas expansivas del joven capitalismo, a las que les faltaba aún el poder político-estatal, y los cada vez más estrechos márgenes de tolerancia del Medievo, como quedó claro en la rebelión de los Irmandiños de 1467 – 1469 en Galiza, una de las más fuertes de la península, que no consiguió derrotar del todo el nacionalismo medieval de los Irmandiños, de manera que pocos años después los reyes llamados Católicos consiguió el terrible sometimiento del pueblo galego conocido con el nombre de Doma y castración de Galiza, que lo dice todo. Castilla no podía dejar que existiera una facción de la nobleza con apoyo popular y burgués dispuesta a unirse con Portugal, así que la decapitó. Y anuló la oficialidad de la lengua galega, que además era la lengua culta en buena parte de la península, lo que aceleró la victoria del castellano sobre todas las demás. Por esos mismos años, los límites del feudalismo ante la ascendente burguesía urbana causaron la Guerra de Bando en Vascongadas, que fue una especie de « pequeña revolución burguesa » sin la cual no se entienden los Fueros Vascos. En este contexto la pujante industria del hierro, armas, barcos, pesca y comercio rechazó en 1481 la propuesta de Castilla para que participara en la guerra contra el turco. Los informes negativos de los dos enviados castellanos sobre los vascos decía que « los moradores de aquella tierra son gente sospechosa » porque defienden sus libertades colectivas. Las negociaciones fueron arduas y al final se llegó a un acuerdo : Castilla obtuvo barcos de guerra y la industria vasca siguió creciendo potente sin merma para los derechos del país. La expansión castellana necesitaba armas, barcos, técnicos en navegación, etc., también para apoderarse de las islas Canarias, antes de que lo hiciera Portugal, y para asfixiar por mar al reino de Granada. La conquista de las islas fue dura y salvaje entre 1478 y 1496, exterminando a su población. A la vez, en lo que quedaba de al-Ándalus el pequeño reino independiente de Granada debía pagar exorbitantes tributos a Castilla dedicando casi la totalidad del resto de sus recursos al ejército para retrasar en lo posible la segura invasión castellana que se produciría entre 1482 y 1492. Pero casi de inmediato continuó la resistencia con formas de « bandolerismo social», de prácticas religiosas y culturales clandestinas, etc. En estos siglos : « Portugal y Castilla eran, predominantemente, Estados depredadores que vivían de los recursos de la España musulmana » : para fines del siglo XV el 2 o el 3% de la población poseía el 97% de la tierra. Fue en 1492 cuando Nebrija explicó que lengua castellana e Imperio católico iban unidos. La persecución contra los moriscos, muchos de los cuales fueron esclavizados, y contra judíos e indios, se legitimaba mediante el racismo de la « pureza de sangre ». Muy probablemente la burguesía armera vasca estuviera al tanto de las necesidades que tenía Castilla de barcos, las aprovechó para subirle los precios y mantener las libertades de los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que habían mantenido un estatus fluctuante entre el reino de León y el de Nafarroa, creado en 824. Castilla y Aragón tenían pactado desde el siglo XI el reparto de Nafarroa. En 1200 lograron arrancarle grandes territorios mediante la guerra y la negociación con las noblezas, aprovechando una situación de debilidad navarra. La nobleza conservó sus derechos incluido el de pernada, que dos siglos más tarde sería una de las causas de una fuerte rebelión popular. No fue hasta 1512 cuando comenzó la invasión definitiva realizada con una superioridad aplastante de medios y con una política cercana a la liquidación. A pesar de ellos, con altibajos e intentos fallidos de reconquista, la guerra se prolongó hasta la derrota última en Amaiur en 1521. La conquista fue facilitada por la traición interna de un sector de la nobleza de Nafarroa vendida al invasor porque así aumentaba mucho sus propiedades, también fue facilitada por el apoyo prácticos de tropas de las clases dominantes sobre todo de Gipuzkoa, que actuaban aliadas con el imperialismo porque este le suponía un inacabable mercado en el que vender sus productos, mientras que el Estado vasco de Nafarroa era pequeño y pobre. Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, a la que volveremos por su papel en el mantenimiento del Imperio, fue uno de los invasores. Comuneros, villanos, forajidos, homicianos, bandoleros, perayles, boneteros, freneros, celemineros… estos son algunos de los calificativos que daban los cronistas oficiales a las masas urbanas y campesinas que impulsaban la revolución de las Comunidades en Castilla y algunas otras zonas del reino en 1520 – 1521. Sus reivindicaciones e ideas difusas, pero moldeadas y llenas de contenido por los valores de una burguesía enfurecida, dieron a las acciones del pueblo comunero un contenido « radicalmente amenazador » para el orden establecido, y de aquí la extrema dureza de su exterminio porque, por ejemplo, la alta nobleza, la Iglesia y la Inquisición, el mismo Carlos I, no podían aceptar las tesis sobre el bien común, la libertad, el derecho a la rebelión, el principio del consentimiento popular, etcétera. Desde hacía algunos años se oían quejas contra la corrupción y desidia del Consejo Real, contra el subdesarrollo económico como efecto del enriquecimiento de unos pocos y de las empresas extranjeras, contra la prepotencia de los consejeros flamencos del rey Carlos I, que al principio no sabía castellano, contra las trabas para crear negocios… Este movimiento aunaba al pueblo, despreciado por los cronistas, con la mediana nobleza y con la nueva burguesía comercial. La alta nobleza, la burocracia eclesial y la Inquisición se pasaron al bando de Carlos I, decidiendo la suerte de la revolución que fue aplastada en Villalar en 1521. La depredación social fue una característica de todos los imperialismos desde Sumeria, pero con el tránsito del feudalismo al capitalismo adquirió características nuevas que se expresaban en la acumulación por desposesión, componente básico de la acumulación originaria de capital. Los reinos de Castilla y Portugal estaban esquilmando al-Ándalus, zonas de África, las Indias y zonas de Europa : una de ellas fue Roma, la supuesta Ciudad Santa o también llamada por los albigenses « la puta de Babilonia», saqueada por el imperial ejército de los católicos Habsburgo en 1527. Desde la década de 1480 la burguesía de Castilla mantenía un esfuerzo expansivo, chocando frecuentemente con los reaccionarios poderes medievales. La derrota comunera de 1521 fue un golpe demoledor que envalentonó a la reacción medieval y arrasó las ideas progresistas para las condiciones de los siglos XVI y XVII que había crecido al amparo de la movilización general, todo lo cual precipitó el agotamiento burgués para la mitad de ese siglo XVI. A partir de ahí y conforme se suceden las bancarrotas, la burguesía va quedando arrinconada por el poder de la alta nobleza y de la Iglesia y la creciente influencia de la Inquisición que obturan cualquier intento de avance socioeconómico y cultural. Hay que tener en cuenta que, como ha dicho Pierre Vilar : « El imperialismo es también un hecho político […] en Castilla, hacia 1600, el feudalismo entra en agonía sin que exista nada a punto para reemplazarle ». En esta cita aparece la razón de la decadencia histórica del Imperio y luego de la Monarquía borbónica hasta el presente, con los muy cortos tiempos de las dos repúblicas. No incluimos a una hipotética « constitución democrática » desde 1978 como fase específica desde los siglos XIII y XV porque allí donde hay democracia no hay monarquía y, ahora, desde hace más de ocho centurias las clases y pueblos explotados seguimos bajo una monarquía. Los débiles intentos de crear un capitalismo estatal libre de las ataduras feudales, que son mucho más que interesadas supervivencias monárquicas, han fracasado una y otra vez por la simple razón de que los sucesivos bloques de clase dominante han comprendido siempre que su supervivencia depende de esa santa alianza entre primitivismo feudal y cobardía burguesa protegida por el Estado y su nacionalismo. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid Antes de que la agonía fuera irreversible, se hicieron notar los efectos ideológicos de tanta efervescencia socioeconómica y política, tanto contraste cultural y filosófico entre tres grandes corrientes religiosas y la arrolladora entrada de la filosofía aristotélica, tantas innovaciones cotidianas provocadas por las noticias del resto del mundo y por los efectos sísmicos del dinero y del valor de cambio en sociedades en las que todavía el valor de uso y formas de intercambio simple regían muchas áreas de la cotidianeidad : acordémonos de Quevedo y su crítica del «poderoso caballero don dinero». Recordemos que en 1499 el Cardenal Cisneros, arriba citado, creó la universidad de Alcalá de Henares y que el igualmente citado Nebrija, ideólogo del imperialismo cultural, era y es tenido como filósofo humanista. Estos dos ejemplos son suficientes para mostrar cómo la formación de la cultura oficial era inseparable de los intereses del poder, de la centralización estatal. La fundación de la Compañía de Jesús –«La araña negra » según Blasco Ibáñez– fue creada en 1534 como el instrumento por excelencia de la Contrarreforma tridentina : de este modo la Inquisición y los jesuitas se complementaban en la aplicación del terror material y moral. La Escuela de Salamanca irrumpe en esta situación, lo que explica tanto su mérito como su límite y pronta caducidad. Sus logros iniciales fueron tremendos dadas las barreras insalvables de la época : elaboró los rudimentos de la ideología burguesa del derecho natural, de origen del poder del rey y de sus relaciones con el poder del pueblo, de la soberanía de los Estados y de su capacidad para declarar la guerra justa o injusta, de los primeros impactos de la economía mercantil y de la necesidad del « arbitrio » para controlar sus efectos negativos y para guiarla en la medida de lo posible, etc. La Escuela de Salamanca escribía acerca de la soberanía y el derecho sentada sobre los cadáveres de las luchas, masacres y torturas arriba vistas. La Escuela de Salamanca, que se atrevió a decir que el poder del rey no venía directamente de dios sino que de alguna forma dependía de la voluntad del pueblo, había llegado al límite de la crítica posible en la época del tomismo anterior a la revolución científica del siglo XVII, adaptándolo a las necesidades de una elite culta y humanista que debía justificar su privilegiada forma de vida sin retroceder al feroz derecho medieval que, por ejemplo, fue combatido por motines populares y protoburgueses en tierras vascas, gallegas, andaluzas, etc., en el siglo XV si no antes, pero sin mancharse con las atrocidades españolas en Nuestra América y en otros lugares. Lo mismo sucedió en el intento de suavizar la explotación de las Indias en la famosa Controversia de Valladolid de 1550 – 1551 en la que chocaron dos visiones opuestas : la utópica que pedía el respeto de las naciones indias porque eran capaces de gobernarse a sí mismas y la imperialista que sostenía que debían ser gobernadas desde España porque eran incapaces de hacerlo por ellas mismas. La figura del « protector de Indias » y algunas decisiones imperiales para detener el genocidio que estaba en marcha, así como las tesis de la Escuela de Salamanca, pueden utilizarse propagandísticamente para intentar avalar la idea del origen católico-español de los « derechos humanos ». Pero una vez conquistado México, los invasores se lanzaron por toda Mesoamérica « como los godos tras el saqueo de Roma ». La cristianización obligatoria bajo pena de tortura y muerte empezó de forma sistemática en 1525. Mientras que las religiones de Mesoamérica eran muy tolerantes, admitiendo que cada colectivo y persona adorase las diosas y dioses que quisiera, el cristianismo era autoritariamente monoteísta, bajo pena de excomunión con lo que esa condena acarreaba. Muchas de las expediciones llevaban por delante piaras de cerdos para que avisaran de posibles emboscadas y para que se comieran hasta las raíces de los sembrados para someter por hambre a los pueblos. En 1550 Carlos I obligó a los habitantes de las Indias a que se hispanizaran y aprendiesen castellano, y en la década de 1570 la Inquisición prohibió obras en lenguas nativas. Dejando de lado los delirios fantasiosos sobre el milagroso origen hispano de los « derechos humanos», lo que sí es cierto es que no pudieron frenar el endurecimiento de la explotación, la tendencia imparable a la centralización administrativa en contra de los derechos de los pueblos, el fortalecimiento del poder del terror material y simbólico de la Inquisición, y sobre todo el deslizamiento de la economía imperial hacia las crisis. Las buenas intenciones de la Escuela y de la Controversia de Valladolid también fueron barridas por el creciente poder de la Inquisición, mimada por Felipe II que la consideraba como un instrumento decisivo para el fortalecimiento del Imperio católico en el mundo : desde 1558 se agudizaron las tensiones entre Aragón y Castilla porque la primera se oponía al poder inquisitorial, tensiones que pasaron a ser conflictos graves en Catalunya. Los intereses centralizadores de Castilla iban unidos al poder de la Inquisición, no solo para luchar contra las herejías y el librepensamiento, sino también para imponer la lengua española. Hubo violentos ataques contra la Inquisición en Valencia en 1567, en Murcia y Mallorca en 1568 y en Catalunya en 1569. Este mismo año, Felipe II afirmó que sin la labor de la Inquisición en el imperio abundarían los herejes y el Estado español se encontraría más « damnificado ». La represión del librepensamiento, la censura editorial y los controles en la importación de libros, endurecida desde 1558 – 1559, afectaban a las lenguas catalana, aragonesa y vasca por su continuidad fronteriza con el reino de Francia. Cuando Felipe II supo en 1565 que había estudiantes navarros, aragoneses y catalanes en la ciudad francesa de Toulouse, mandó que los expatriaran al imperio, y en 1568 prohibió formalmente a los aragoneses que salieran a estudiar fuera. Pero la Inquisición se siguió quejando de que libros impresos en castellano y euskara cruzaban las porosas fronteras vascas provenientes de la calvinista Ginebra y los inquisidores en Catalunya también advertían de la facilidad del contrabando de libros prohibidos. La represión del pensamiento, que contradecía la esencia de la Escuela de Salamanca, empobrecía la producción cultural y reducía la cantidad y calidad de las imprentas. Felipe II sufrió este creciente atraso cuando en 1575 quiso montar la biblioteca de El Escorial teniendo que recurrir, paradójicamente, al extranjero. Felipe II y el nacionalismo español « prudente » Las aportaciones económicas de la Escuela de Salamanca no evitaron las bancarrotas de 1557 y 1575 que solo fueron el anuncio de la crisis económica que estalló en 1580 cuando el imperio parecía más fuerte que nunca. La derrota de la invasión de Inglaterra en 1588 aceleró el declive y la bancarrota de 1596, y este retroceso explica el tratado de paz de Vervins de 1598 por el cual Felipe II reconoce tanto su incapacidad para dominar al reino de Francia, como la realidad del independentismo de los Países Bajos y de la superioridad naval inglesa. Conforme se hundía la economía, Felipe II centralizaba más el poder imperial : en 1552 y 1567 ordenó ubicar en Simancas los archivos nacionales de Aragón e Italia junto a los de Castilla. Otra medida de Felipe II fue crear un servicio de inteligencia unificado que le permitía conocer los planes de sus enemigos para adelantarse y abortarlos. Las tablillas mesopotámicas ya hablan de los servicios de inteligencia. Felipe II tenía a su disposición el extenso sistema informativo de la Iglesia católica que se perfeccionaría aún más en el Concilio de Trento, pero le era insuficiente. Por la lógica misma del poder basado en la propiedad privada, información y planificación actúan de la mano. Los masivos y efectivos sistemas de información de la Iglesia y del Estado actuando conjuntamente en lo ideológico y con mucha frecuencia en lo práctico han sido y son una pieza clave en la formación del nacionalismo imperialista español y en el debilitamiento de las identidades de los pueblos oprimidos, excepción hecha de reducidas minorías de cristianos. Felipe II estaba al tanto del insufrible malestar del pueblo morisco provocado por las represiones crecientes que sufría, como la ley de 1567 que fue un verdadero hachazo que generó la sublevación de las Alpujarras de 1568 como justa violencia defensiva. El llamado «rey prudente» persiguió sin piedad a cada uno de los moriscos sublevados. Tras expulsar de sus tierras a miles de ellos, las repobló con alrededor de 50.000 campesinos del antiguo reino de León con lo que lograba dos cosas : desnacionalizar esas zonas rebeldes de al-Ándalus, suprimiendo todo resto de cultura musulmana, y acabar con toda posibilidad de tensiones campesinas en la zona noroeste de la península al dar trabajo como colonos ocupantes a miles de campesinos potencialmente peligrosos en su país de origen. En 1580 entró a cañonazos en Portugal para asegurar el dominio español, aplastó con extrema brutalidad la resistencia calle a calle y casa a casa del pueblo lisboeta durante días, y desde el Portugal ocupado Felipe II redactó un decreto en el que por primera vez se utilizaba el término « Hespaña » en singular, cosa que nadie había hecho antes. En realidad desde ese siglo XVI muchos autores castellanos empezaron a identificar Castilla con « España ». De hecho, entre 1430 a 1580 Castilla dominaba « por la fuerza expansiva del número», porque su población era dos veces y media superior a la de Andalucía oriental o Catalunya. Con respecto a la Corona de Aragón, a mediados del siglo XVI la superioridad de Castilla era enorme : le cuadruplicaba en extensión y le quintuplicaba en población, más concentrada además ; tenía una única ley y un único gobierno, mientras que la Corona de Aragón tenía tres Cortes y era mucho más descentralizada ; y Castilla controlaba la totalidad del saqueo de las Indias, del comercio y de la representación internacional. El contraste entre la apariencia de poder imperial y la realidad de empobrecimiento y retroceso estalló a partir de 1589 cuando se sucedieron graves motines en los ejércitos imperiales por impago de sueldos. En Catalunya varias de las contradicciones sociales adquirían la forma del llamado « bandolerismo social», grupos de supervivencia fuera de la ley, perseguidos como « criminales», pero que contaban con redes de apoyo popular. Ante la extensión de esta resistencia popular, además de otros problemas, un conocido fraile pidió en 1589 a Felipe II que anulara los fueros e impusiera las leyes castellanas. Se debate sobre hasta qué punto aquella persona representaba a un sector significativo de la clase dominante, dispuesta a ceder en su soberanía catalana para asegurar sus propiedades bajo la protección del ejército castellano. El rey no respondió a la petición porque todavía era fuerte el « austracismo», es decir la forma de gobierno central que respetaba aun a regañadientes un mínimo suficiente de derechos nacionales de los pueblos para así administrar mejor el imperio que, según se creía, estaba llamado a catolizar el mundo. Desde 1590 estallaron una serie de revueltas y represiones que golpearon con mayor fuerza a la Corona de Aragón con torturas y ejecuciones públicas en Zaragoza y recortes en sus libertades. Hay que decir que en ese año Felipe II había provocado deliberadamente a los aragoneses al nombrar un castellano como virrey, en contra del fuero que decía que el virrey debía ser aragonés. Las protestas más conocidas se dieron en Sicilia entre 1590 – 1591, en Messina y Nápoles en 1592 y hasta en Quito, capital de Perú, en ese mismo año. La situación portuguesa empeoró hasta llegar a un grado en el que para 1596 los choques violentos entre los ocupantes castellanos y el pueblo portugués se producían casi a diario, según un testigo de la época. Dos años más tarde, en 1598, moría Felipe II que no era un «hombre de grandes ideas», siendo coronado Felipe III, primero los « Austrias menores ». Felipe III, Felipe IV y Carlos II han sido definidos como « pobres hombres » que delegaban sus decisiones en nobles, siendo la mayoría de ellos « mediocres intrigantes ». El cambio de corona no supuso mejora alguna en el trato de los pueblos explotados. La riqueza increíble acumulada en al-Ándalus durante varios siglos de esplendor, prácticamente había sido transferida en su totalidad a la clase dominante castellana y a la Iglesia, pero ni la represión brutal de las Alpujarras, ni el repoblamiento, garantizaban la paz del opresor. Temiendo que los moriscos estrechasen lazos con los turcos para reforzar su derecho incuestionable a la autodefensa frente a la opresión, la Corona expulsó de la península entre 1609 y 1614 a un millón de musulmanes. Las ganancias para la alta nobleza y la Iglesia fueron grandes en un primer momento, pero al poco tiempo empezaron las consecuencias quienes contrataban la muy formada mano de obra campesina y artesana morisca al caer la calidad de la producción. El pusilánime Felipe III dejaba pudrirse la corrupta política imperial y su declinante economía cediendo el poder a validos como el Duque de Lerma que intentó evitar guerras ruinosas, limitar algunos derechos de la nobleza, reducir el empobrecimiento social creciente, etc., pero que no dudó en utilizar sus cargos para enriquecerse al máximo en un contexto de traición e intriga, corrupción, nepotismo y simonía institucionalizadas, destacando especialmente sus desfalcos inmobiliarios durante el traslado de la capital del reino de Madrid a Valladolid en 1601 y que le convirtieron en el hombre más rico del imperio español. El imperio estaba oficialmente regido por un rey que delegaba su gobierno en un duque que, para enriquecerse ilegalmente, delegaba gran parte de su poder en un valido de confianza. La situación económica a comienzos del siglo XVII era relativamente buena pero dependía de la regular llegada de la plata expoliada en Nuestra América. Si las remesas se retrasaban y se multiplicaban los gastos, podía sobrevenir una crisis además, según estudios del clima, entre 1600 y 1715 hubo una mini glaciación por la disminución de las manchas solares con efectos devastadores sobre la producción agropecuaria provocando sucesivas hambrunas con las tensiones sociales correspondientes. Luis XIV se ganó la confianza de París al ser coronado en 1638 porque mandó repartir pan para combatir el hambre. Se discute también si la proto industrialización en esta época fue un intento de superar la dependencia agropecuaria de los caprichos del clima. En el caso español, la depredación de al-Ándalus y de los judíos fueron dos métodos muy rentables de enriquecimiento hasta finales del siglo XV, luego asegurada a lo largo del siglo XVI por el vaciamiento de los recursos de las Indias. Y desde inicios del siglo XVII se continuó presionando a los judíos para que pagasen sumas inmensas, como fue el caso de los 410 judíos portugueses que entre 1602 – 1604 negociaron el perdón mediante el pago de 1.860.000 ducados más el gran valor de los regalos hechos a los ministros. La expulsión de los moriscos en 1609 también fue rentable en un primer momento para las arcas del reino. Todos los métodos eran válidos con tal de sacar ducados. Pero la política económica de Felipe III era ruinosa a medio plazo porque ni las remesas de Indias, ni el expolio de los judíos, ni los impuestos y otras medidas como la deflación y la manipulación de la plata, etc., rendían lo suficiente para mantener un sobregasto creciente y dilapidador. Al morir en 1621 el imperio necesitaría alrededor de cuatro años, hasta 1625, para pagar su deuda, y la guerra iniciada contra Holanda en ese año exigía más y más sacrificios e impuestos, tarea a la que se lanzó el Conde Duque de Olivares quien en una carta al nuevo rey Felipe IV en 1624 le explicó que su objetivo era convertirle en el rey de « España ». El valido, empleaba ya el singular de « España » según había empezado a hacer cuarenta y cuatro años antes Felipe II desde la bombardeada Lisboa, como hemos visto. Además de otras medidas, Olivares ideó tres grandes vías para salir de la crisis y unificar «España » según el criterio austracista todavía vigente aunque cada vez más recortado : uno era forzar a los reinos y territorios a que pagasen más a la Hacienda real, otro era que pagasen y dedicasen más tropas autóctonas al fortalecimiento militar y, el tercero, tomado en 1628 era reforzar el método de la « venta de gracia», que permitía que fueran las elites dominantes de cada zona las que se quedaran con parte de los impuestos recaudados por ellas en nombre de la Corona. Era un método que facilitaba la corrupción y el despilfarro, pero que así mismo facilitaba que al menos una parte de la recaudación llegase a la Corona ; era un método común, también aplicado por Richelieu, incluso en sus ejércitos, y expresaba la fase de tránsito de la descentralización de la nobleza a la centralización del absolutismo. Pero un efecto directo de este método era que facilitaba la aparición del bandolerismo social, forma de autodefensa de sectores populares sobreexplotados. Pese a las limitaciones de las leyes de Olivares, ya para entonces era claro que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban una unidad, y en los noventa años siguientes quedaría definitivamente demostrada su efectividad con la conquista de Barcelona en 1714, la destrucción de los derechos catalanes y el salto cualitativo en la incipiente unificación nacional-burguesa de « España » como posible espacio material y simbólico de acumulación de capital. Que la posibilidad no fracasase y se convirtiera en probabilidad, y luego esta en realidad presente, este proceso inseguro dependía de la dialéctica de las luchas de clases y nacionales, también internacionales. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante Cuando la unificación militar-estatal se intentó aplicar en 1625 surgieron resistencias en casi todas partes, pero sobre todo en Catalunya, Valencia, las Illes y Aragón, dentro de la península. La oposición se siguió expresando en 1626 y 1632. Fue en este proceso de tensionamiento creciente que estalló la guerra con Francia en 1635 que, en lo que ahora nos atañe, tendría al menos tres grandes consecuencias : la primera fue condicionar negativamente a medio plazo la capacidad económica y militar el imperio al perderse el derecho de tránsito por Valtelina, derrota aceptada en el tratado de Milán de 1637 que rompía el vital corredor que comunicaba la rica y productiva Flandes con la península cruzando los Alpes, el denominado « Camino español ». Recordemos que el puerto de Amberes todavía seguía siendo el principal nudo comercial de Europa noroccidental en el que confluían redes desde las Américas, Europa del nordeste y sureste, África y el Índico. La segunda fue la expansión del nacionalismo católico castellano que, tras la liquidación del ideal comunero, tuvo espacio para crecer ya sin obstáculos. Era un nacionalismo viejo que se plasmaría en la trinidad de: « evangelizar, civilizar, españolizar ». Su base social era, en primer lugar, la nobleza guerrera que durante la « reconquista » se apropiaba de inmensos terrenos. No nos alargaremos en citas sobre la identificación entre lengua castellana y dios, que de algún modo también se argumentó en otras lenguas y culturas. Nos centraremos en el siglo XVII : en 1619 se sostuvo que era el pueblo elegido por dios, e incluso en 1625 el Conde Duque de Olivares declaró que « Dios es español » agradeciéndole victorias militares, etcétera. Con una visión mucho menos fanática en lo religioso, Quevedo decía en base al materialismo geográfico de la época que el clima hacía a los españoles tener buenos usos y costumbres, y ser leales y obedientes hacia el rey, mientras que negros e indios eran perezosos por el calor y flemáticos por el frío los alemanes. Pero una de las razones de la obediencia hacia el rey español hay que buscarla en « el alto grado de militarización de la población desde la reconquista ». Otro historiador no ha dudado en afirmar que : « Los extranjeros son así fundamentalmente los enemigos, que con sus taras y defectos permiten ensalzar, por oposición, las virtudes y superiores cualidades de los españoles ». Militarización social con las leyes de leva militar de 1496 en Castilla, inquisición cultural y trasfondo estatal depredador… eran las bases del nacionalismo preburgués del Imperio. Hay que admirar, viendo este panorama, a quienes pese a todo defendieron valores y culturas progresistas en esta Castilla en la que nunca se apagó el rescoldo comunero. Es cierto que todos los poderes cristianos, en mayor o menor medida se apropiaban de dios, enfrentándolo a los demás gobiernos. Pero desde 1635 esto se plasmó abiertamente contra la población francesa en la península no solo en la xenofobia cultural, sino también con persecuciones físicas. Felipe IV azuzó la xenofobia práctica antifrancesa apelando a la identidad católica, defensora de la justicia, contraria a los pactos de los franceses ateos, criminales e impíos con cualquier enemigo de España. Desde finales del siglo XV Francia había buscado expandirse por Italia chocando con las posesiones e intereses de Castilla, estableciéndose desde entonces una pugna abierta o soterrada por la hegemonía europea, pero estas tensiones históricas así como el rechazo a lo francés en el pueblo provocado por la Corona no debilitaban las relaciones de toda índole entre las élites de ambos Estados, de manera que debe hablarse de una manipulación descarada para movilizar al pueblo para que muriera en la guerra ocultándole las buenas relaciones entre las clases dominantes. Una muestra de que dios empezaba a dudar sobre si era español y en qué grado, fue que permitió que Olivares fuera depuesto en 1643 por las intrigas de la nobleza no tanto por la marcha de la guerra sino porque las tibias reformas de Olivares querían regular sus privilegios. Aunque la derrota final en la guerra y el humillante Tratado de Wetsfalia de 1648 demostraron que dios no era español, o que lo era muy poco porque una de las escasas victorias que concedió al Imperio fue la derrota de la sublevación catalana de 1640, sí es cierto que el nacional-catolicismo español insiste en su origen divino. Sin duda, la Inquisición tuvo mucho que ver en el arraigo de tanta irracionalidad en el nacionalismo imperialista español. Y la tercera fue el conjunto de revueltas y sublevaciones que estallaron o se endurecieron más a raíz del empeoramiento de la explotación imperial necesaria para sufragar una guerra masivamente rechazada. Frente a un poder putrefacto, estallaron movimientos secesionistas y batallas sociales en casi todo el imperio en las décadas centrales del siglo XVII: Portugal –ya en 1638 se sublevó la ciudad de Évora siendo masacrada – , y los Países Bajos lograron la independencia después de duras guerras de liberación que no podemos detallar aquí, en las que las mujeres arcabuceras tuvieron un papel decisivo en algunos momentos. Pero fracasaron la Revuelta de la sal en Bizkaia en 1634, Catalunya en 1640, Andalucía en 1641, Nápoles y Sicilia en 1647, Nafarroa y Aragón en 1648, por citar las más conocidas. De todas ellas, la catalana es la que ahora nos interesa. La guerra dels segadors de 1640 es el nombre que se da a la sublevación que resistió en Barcelona hasta 1652. Como hemos visto, desde 1625 Catalunya retrasó todo lo que pudo sus obligaciones militares con Castilla : en 1638 se negó a enviar tropas autóctonas a Gipuzkoa contra los franceses. Sin embargo, el ejército catalán sí tuvo que defenderse cuando los franceses invadieron el Principat, sufriendo la derrota de Salses en 1639 con un costo de 7.000 muertos y la liquidación del 25% de la nobleza del país. Fue una entrada obligada en la guerra defensiva, pero con un fuerte rechazo a los abusos, atropellos y destrucciones que cometía el ejército imperial oficialmente « aliado » sobre la población catalana que, además, pagaba los costos de su mantenimiento y ponía muchos de los muertos. La sublevación estalló en abril de 1640 en un inicio contra el ejército imperial pero se extendió pronto contra las clases ricas catalanas a las que acusaban de traidoras. El pueblo ejecutó al virrey español y asaltó edificios relacionados con la administración del poder y de la propiedad. Hay que destacar la participación de las mujeres en estas luchas. Para el verano de 1640 la sublevación se había convertido en revolución social. Madrid preparó otro ejército para entrar el Catalunya. Cogido entre dos fuegos : el ataque del Imperio y la revolución interna, la Diputació pidió ayuda a Francia en enero de 1641, deponiendo a Felipe IV como Conde de Barcelona para darle el título a Luis XIII. Las tropas catalanas y francesas, ahora aliadas, derrotaron el ataque del Imperio, La suerte del conflicto cambió bruscamente al sumergirse Francia en la guerra interna de la Fronda, desde 1648, entre grandes familias nobles y la Casa de Borbón que tuvo que dejar de ayudar a Barcelona en un momento en el que surgían tensiones cotidianas entre franceses y catalanes, debilitando mucho la defensa. En 1650 la peor epidemia de peste del siglo causó 36.000 muertos solo en Barcelona. En 1651 Felipe IV, al tanto de esa triple debilidad, sitia Barcelona y la conquista después de un año de resistencia, en 1652. Sabedor del poder económico de Catalunya, de la conciencia social y nacional de su pueblo trabajador y de la conciencia nacional burguesa de su clase dominante, decidió respetar en 1653 sus fueros aunque ligeramente reducidos. Pero el incremento de las arcas reales gracias a la mayor explotación de los Països Catalans y Aragón no logró detener la crisis del imperio español : en lo económico las bancarrotas de 1647, 1652 y 1666 ; en lo militar, la derrota de Rocroi de 1643 y la derrota ante Portugal en 1656 que son la parte externa del « desmoronamiento interno» ; y en lo político la derrota total en el Tratado de Wetsfalia de 1648 y en el Tratado de los Pirineos de 1659 mediante el cual la Corona española cedió al reino de Francia una quinta parte del territorio y de la población de los Països Catalans. La crisis latente del sistema aparecía como crisis real, manifiesta, cuando estallaban motines populares que entre 1647 y 1652 se sucedieron en Andalucía, especialmente en Córdoba y Granada. La incapacidad económica, militar y política era tal que el imperio español no pudo romper el bloqueo marítimo inglés entre 1656 y 1659, año en el que por fin arribó la flota de América con gran cantidad de plata que, empero, se dilapidó improductivamente como siempre. La bancarrota de 1666 mostró la gravedad del « cáncer monetario » que asfixiaba al Imperio. La alta nobleza y la Iglesia –un poder terrateniente enorme– hacían y deshacían a su gusto : no debe extrañarnos, por tanto, que en 1677 se propusiera en las Cortes de Aragón la supresión de la « potestad absoluta de la nobleza», una propuesta revolucionaria por las perspectivas que podría abrir, que también mostraba el antagonismo creciente entre los derechos parlamentarios aun sobrevivientes en algunas naciones y el poder fáctico español que necesitaba intensificar su centralismo. La vida política del Conde de Oropesa es un ejemplo de la estulticia y corrupción política : sus reformas desde 1680 podrían haber insuflado nueva vida a la Corona, pero las envidias y egoísmo de la nobleza las hicieron fracasar y le obligaron a dimitir de sus cargos teniendo que ir al destierro, muriendo en 1708, cuando la Guerra de Sucesión iniciada en 1701 asolaba Europa, siendo una verdadera guerra mundial por la hegemonía en Europa y, sobre todo, por el control de los inmensos recursos de América mediante el control de la Corona española. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos La muerte de Carlos II en 1700 sin dejar descendencia dio paso al reinado de Felipe V, que fue el detonante de una crisis total del bloque de clases dominante en el Estado que venía agravándose desde la catástrofe de Wetsfalia de 1648; crisis que a su vez reflejaba un choque frontal en Europa entre dos modelos imperiales opuestos : el de Casa de Borbón y el de la Casa de los Habsburgo. Durante este medio siglo, la clase burguesa había incrementado su poder en Europa. Para entonces la Escuela de Salamanca era ya un legajo de papales olvidados en un armario. La cultura española, castrada por la Inquisición y el atraso, no podía dar a luz mentes como las de Hobbes, Spinoza, Locke y otros que sobre la base de Bodin fueron capaces de desarrollar la filosofía de la resistencia y la ideología del derecho y la soberanía, del límite del poder del Estado, de la propiedad burguesa, etc., en sus interpretaciones particulares porque vivían la lucha entre burguesías en ascenso, dispuestas a muchos sacrificios, y el feudalismo en retroceso dispuesto a todos los crímenes para mantener su poder. La Casa de Borbón terminó imponiendo un Estado con un único ejército, una única lengua, un único sistema fiscal, una única política económica, un único sistema represivo, etc., tal como se desarrollaban en Francia obteniendo el esplendor y poder del absolutismo versallesco. A grandes rasgos, Castilla se hizo borbónica no sin dudas al principio porque, además de otros factores como la represión del ideal comunero desde 1521 por ejemplo, también se había desarrollado el nacionalismo imperial que deseaba reaparecer como gran potencia tras el hundimiento de 1648 ; además, la ideología de obediencia al Rey y la influencia autoritaria de la Inquisición facilitaron el apoyo a la Casa de Borbón ; por otra parte, el desprestigio de los « Austrias menores » por su corrupción e inutilidad, responsables de las continuas bancarrotas y caos económico no podía contrarrestar la fama de eficacia borbónica. Se ha dicho con cierta base que la Casa de Borbón consiguió el apoyo de las llamadas clases medias y de la pequeña nobleza en el centro peninsular para frenar el poder de la Iglesia, de la alta nobleza y de la Inquisición. El atraso tecnocientífico « difícil de superar » del Imperio era innegable y las clases medias pagaban sus consecuencias cuando querían abrir nuevos negocios. El ejemplo de la decisiva producción de armas es aplastante : muchas y las mejores debían comprarse en el extranjero y aunque el famoso « secreto sueco » de la fundición de calidad fue utilizado en Cantabria, el atraso seguía sin superarse. La industria armamentista vasca sufría el estrangulamiento de tener que adquirir las llaves de percusión y otras piezas de calidad en Francia. El apoyo de la burguesía vasca a la Casa de Borbón tenía algo o bastante que ver con sus negocios industrial-armamentísticos, el papel de los puertos de mar, en la necesidad de adquirir tecnología francesa. Los borbones respetaron las leyes vascas durante unos años porque también dependían de su industria. Sea como fuere, París obtuvo enormes concesiones de Madrid. Por su historia y estructura económica, los Països Catalans resultaron relativamente beneficiados en la segunda mitad del siglo XVII, a pesar del centralismo en ascenso de Carlos II que reinó en 1665 – 1700. Más que en Aragón, en los Països Catalans se había desarrollado una burguesía comercial muy activa gracias, entre otras cosas, a los avances en la técnica textil. Las relaciones mercantiles con el Mediterráneo y con las antiguas posesiones del Reino de Aragón facilitaron el crecimiento. Esta burguesía iba rompiendo sus lazos ideológicos con el imperio español en la medida en que este le seguía negando el acceso al comercio de las Indias. Además, el nacionalismo español no olvidaba que el pueblo catalán se había sublevado en 1640, por lo que vigilaba atentamente el auge del ideario catalanista en su burguesía y en su pueblo trabajador. Bajo estas presiones los Països Catalans desarrollaron efectivas formas casi paralelas de autogobierno fáctico. Por ejemplo, en los 35 años de su reinado Carlos II nunca convocó las Cortes catalanas, torpedeando su accionar con el « derecho real » de prohibir a determinadas personas que no eran de su agrado a que participaran en los listados de insaculación de cargos catalanes, limitando así mucho la efectividad del Parlament. Fue esta política la que aceleró en València el estallido de la Segona Germania en 1693 contra el empobrecimiento y la explotación, y contra los abusos del centralismo de Madrid, y que en 1702 en las Cortes de Aragón debatieran de nuevo contra los privilegios de la nobleza. Por su parte, la respuesta catalana fue crear la Conferència del Comuns de 1703 para administrar ágilmente los intereses de las clases y capas propietarias –los « ciudadanos honrados » – , y de otras instituciones muy efectivas. La reacción del nuevo rey Felipe V desde Madrid fue aplicada por el virrey Velasco en 1704 – 1705 enseñando lo que ya empezaba a ser el centralismo borbónico, entre otros objetivos para reprimir la precipitada rebelión de 1704. Por fin, en 1705 la mayoría de aragoneses y catalanes se posicionaron contra el Borbón y a favor de la Casa de Austria porque esta no atacaba tanto sus derechos nacionales. La propaganda nacionalista española falsea y ridiculiza la eficacia administrativa y las garantías civiles de los sistemas forales que, en líneas generales, limitaban el poder real, los privilegios de la nobleza y el terror moral y físico de la Inquisición ; también reducían los impuestos, regulaban las tasas de salida y entrada de mercancías, y garantizaban al pueblo una influencia más cercana y casi directa al poder foral sobre todo en las hambrunas y crisis de abastecimientos por acaparación privada del grano y otros alimentos y productos necesarios, obligando al poder bajo presión de masas a prohibir el acaparamiento e imponer precios baratos ; además las « constituciones», los fueros, las « leyes viejas», etc., controlaban sus propias unidades militares y podían negarse y se negaban a participar en guerras extranjeras. Estas características explican por qué las naciones periféricas del Estado español defendieran tan desesperadamente sus leyes propias: porque sabían por experiencia que eran mejores, más justas y más democráticas –en el sentido preburgués de la época de entre las dos oleadas revolucionarias burguesas triunfantes– que las que imponía la Casa de Borbón por derecho de conquista. También explican el importante papel desempeñado por las mujeres en esa defensa, tanto que solo muy tarde, en verano de 1715, Felipe V empezó a perdonar a las mujeres austracistas por su « desafección o disidencia ». Tras la victoria del borbón en la batalla de Almansa de 1707 el centralismo destrozó los derechos de Valencia. Aragón todavía resistió hasta la derrota de Villaviciosa en 1710. El arzobispo de Zaragoza pidió a Felipe V que impusiera directamente la ley castellana, liquidando la aragonesa. Los pueblos conquistados sufrieron una política que tenía « un fuerte contenido punitivo ». La guerra fue inclinándose a favor del centralismo borbónico, en buena medida gracias al ejército francés, y a pesar de los intentos catalanes de reconquistar Valencia con un desembarco coordinado con una sublevación campesina. Hubo un flujo de refugiados valencianos y aragoneses hacia el Principat para seguir luchando por sus derechos nacionales, sociales, culturales. Felipe V dejo claro en el artículo XIII del Tratado de Utrecht de 1713 que una cosa era la amnistía que pensaba conceder presionado por las potencias extranjeras, pero que Barcelona y los territorios aún libres de los Països Catalans estarían bajo la ley castellana, como ya lo estaba el resto. Los defensores de Barcelona se enteraron por algún vericueto de este artículo XIII y decidieron resistir hasta el final. La casa de Borbón y la represión de los pueblos En la Barcelona resistente de 1713 – 1714 se publicaron textos en los que se pedía al pueblo castellano que recordara los derechos que le habían arrancado brutalmente al perder la guerra de los Comuneros en Villalar en 1521, hundiéndole en la explotación, mientras que Catalunya aún conservaba esos mismos derechos que se habían practicado en 1701 y 1705 en las Cortes, la Diputació y los municipios « que daban voz al “hombre común”». Las y los barceloneses eran conscientes de esa especie de continuidad histórica porque, en las condiciones de 1713 – 1714, revivían en su contexto los mismos problemas esenciales del pueblo comunero castellano de dos siglos antes : derechos, autodeterminación desde la base y soberanía colectiva dentro del contexto sociohistórico objetivo, es decir, en el caso castellano la sociedad estamental minada por una incipiente burguesía y en el caso catalán la decadente sociedad estamental desbordada por una burguesía fuerte. El andamiaje administrativo-institucional construido en los Països Catalans y en Aragón, demostró su solidez democrática en los muy duros momentos de decidir con votaciones sucesivas si se resistía al invasor o se claudicaba ante él. No fue una dirección política vertical, impuesta desde arriba a un pueblo obediente, sino un proceso muy horizontal para las condiciones de su época, desde luego cualitativamente mejor que el autoritarismo absolutista dominante entre las dos oleadas de revoluciones burguesas triunfantes, la de mediados del siglo XVII y la de finales del siglo XVIII. Del mismo modo, la dirección de la guerra defensiva y la excelente preparación de la oficialidad del ejército de Catalunya eran inseparables de esos métodos de autogobierno soberano que el pueblo catalán se había dado a sí mismo en base a su derecho a la libre determinación en la fase histórica anterior a la segunda oleada de las revoluciones burguesas. Sin esta base de participación es incomprensible entender la existencia de entre 20.000 y 30.000 soldados profesionales en 1705 – 1713, es decir, el 6% de la población catalana, una proporción comparable a la militarizada Suecia de Gustavo Adolfo. Los invasores quedaron sorprendidos por la decisión de lucha del pueblo catalán. Creían que la apabullante demostración de fuerza realizada el 25 de julio de 1713 frente a las murallas de Barcelona por un ejército borbón de 20.000 soldados sería suficiente para que, aterrado, se rindiera. Pero Barcelona resistió más de un año. La dura fiscalidad y las atrocidades y crímenes del ocupante borbón contra la población que vivía fuera de Barcelona, fueron tales que desde finales de ese año y enero de 1714 estallaron motines y aparecieron guerrillas que para primavera de 1714 formaban una especie de ejército de extramuros de 4.000 soldados. La eficiencia de la soberanía preburguesa catalana se demostró en estos momentos críticos no solamente armando un ejército, sino también una flota que garantizaba los suministros desde Mallorca y otros puertos. Pero las llamadas « Dos Coronas » de la Casa de Borbón, sumaban demasiados recursos frente a la heroicidad catalana, sobre todo en artillería, poliorcética e ingeniería militar lo que permitió a los invasores acercarse mucho a las murallas sufriendo muy pocas bajas. La suerte estaba echada. Una muestra de la raigambre del sentimiento nacional preburgués del pueblo lo encontramos en la mitad de la batalla desesperada del 11 de septiembre de 1714: en una brecha crítica abierta por la artillería franco-española los defensores se reorganizaron alrededor de la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona, contuvieron el ataque y contraatacaron hasta taponar la brecha. Las enseñas y banderas que simbolizaban el sentimiento nacional preburgués estuvieron al frente de los desesperados contraataques de una masa de guerra formada por soldados y por civiles armados de cualquier modo. Ese último día el monasterio de San Pedro fue reconquistado once veces por los catalanes que al mediodía volaron una parte y se atrincheraron en ella por última vez. Los defensores sabían que Lleida y Xàtiva habían sido masacradas por el borbón, con escenas espantosas, y aprovecharon la oferta de rendición sin saqueos ni muertes hecha por el mando atacante, para salvar las vidas y las casas de la población civil, o de lo contrario la población sería pasada a cuchillo. La negociación fue realizada por Berwick que contravino las órdenes del rey no se sabe si para evitar una posible desbandada de su ejército agotado por la resistencia popular, o para facilitar la entrada de la caballería invasora por las estrechas calles de la ciudad. Pero la caída de Barcelona y de la fortaleza de Cardona una semana más tarde no supuso el fin automático de la guerra porque Palma de Mallorca resistió hasta julio de 1715 y, a otra escala, se organizaron guerrillas catalanistas en los Pirineos durante al menos una década. Durante la guerra, decenas de miles de personas tuvieron que escaparse de los Països Catalans y de Aragón para no ser encarceladas o asesinadas. El rey borbón acabó con sus derechos aplicando el más fuerte derecho de conquista del Imperio, empezando en el acto un proceso de desnacionalización gradual. Catalunya fue sobrecargada de impuestos en comparación a los que pagaba Castilla, pero en realidad fue la Corona de Aragón –Valencia, las Illes, Aragón y Catalunya– la que, desde su derrota y ocupación militar desde 1707 – 1714, llenó el agujero fiscal español con la sobreexplotación económica. El Imperio necesitaba urgentemente cualquier aporte de fondos para taponar dos brechas mortales : el orden interno y la seguridad marítima. Ambas necesitaban dinero, mucho dinero, que fue sacado de la derrotada Corona de Aragón, además de otras formas y métodos. El preámbulo del decreto de Nueva Planta de enero de 1716 dejaba claro que la ley española impuesta se basaba en el derecho de conquista, lo mismo que dejó bien claro el ejército fascista español cuando logró conquistar Bilbao en 1937. En orden interno se aseguró aumentando la movilidad del ejército para que pudiera trasladarse rápidamente por el Estado reprimiendo cualquier protesta : nada menos que 14.000 hombres a caballo y 59.000 a pie, una proporción de caballería muy alta para la época. En cuanto a la marina, la crisis era tal que tras la Guerra de Secesión dependía de la flota francesa para garantizar la llegada de la plata de Nuestra América. Debía, por tanto, construir una armada nueva o todo se hundiría. La experiencia burocrática del Borbón, su centralización extrema, fue aplicada en el Estado desde 1717 para crear la Marina de Guerra. Sin la sangría económica del aplastado Reino de Aragón, semejante recuperación imperialista hubiera sido mucho más difícil. Para concluir, hemos dicho anteriormente que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban ya una unidad en el siglo XVII que se reforzaría en el XVIII. Hemos hablado del expolio fiscal de los Països Catalans y de Aragón para fortalecer el Estado y el Ejército español. Nos falta la Cultura : de la misma forma en que la aristocracia y la joven burguesía valenciana empezó a abandonar el uso del catalán al ser derrotada la rebelión de la Germania en 1520 – 1522 contra la nobleza, rebelión popular que se extendió a Mallorca, después de 1714 la burguesía catalana también giró hacia la lengua española. En ambos casos se trata de la necesidad de las clases dominantes de distanciarse del pueblo trabajador, de su cultura y lengua, para acercarse a las del ocupante. Decidido a extender no solo la lengua y la cultura española, Felipe V fundó en 1738 la Real Academia de la Historia para fijar la visión políticamente correcta de la historia española pero « con bastante ineficacia, por cierto ». Y el rey Carlos III prohibió imprimir libros en euskera en 1766 y en 1768 ordenó que en Aragón se actuase y se enseñase en castellano. La dinámica de las contradicciones y sus formas Los escasos intentos habidos en el Estado para impulsar un capitalismo con alta productividad del trabajo, con una política clara de subsunción real de las clases trabajadoras mediante una permanente modernización tecnocientífica, de modo que la inevitable resistencia obrera nunca diera el salto a la lucha política por la toma del poder, y con una deliberada integración de las burguesías de los pueblos oprimidos en un sistema democrático-burgués flexible e integrador, dentro de lo relativo de estos términos, tales intentos, además de haber sido muy pocos siempre han sido rápidamente cortocircuitados por la fiereza reaccionaria y la estulticia conservadora que vertebra el espinazo del bloque de clases dominante en el Estado. Desde ese siglo XVIII en el que la crisis del feudalismo no encontró como salida el desarrollo de una forma « moderna » del modo de producción capitalista, sino a un engendro corrupto, violento y orgulloso de su ignorancia, desde entonces se han repetido una y mil veces determinadas crisis que apenas varían en su esencia aunque sí en sus formas. Pese a los puntuales y fugaces esfuerzos de acelerar y racionalizar el sistema productivo, social, cultural y político español para recortar distancias y reintegrarlo en la cada vez más distante cabeza hegemónica del capitalismo, ahora mismo nos golpea el torbellino de contradicciones que estallaron desde la mitad del siglo XVII hasta su definitivo triunfo reaccionario a comienzos del siglo XVIII. Unos intelectuales que flotaban en las nebulosas de sus abstracciones, creyeron que la crisis de finales del siglo XIX era la definitiva porque, de rebote, insuflaría vida en el « alma española ». El reaccionario Maeztu lloriqueó diciendo : « Me duele España», y ese sufrimiento derechista desencadenó una cadena de brutalidades fascistas que siguen atormentando la conciencia de los vivos y pudriendo el interior del sistema capitalista. Tal vez desesperado, Ortega y Gasset dijo aquello de que « España es el problema, Europa es la solución ». Pero Europa no ha sido la solución pese a las promesas de ayuda, sino uno de los verdugos. El atraso histórico en la productividad del trabajo y la indiferencia ensoberbecida hacia la ciencia y la técnica ; la corrupción estructural, el amiguismo y el orgullo medieval por el corporativismo clientelar ; el desprecio racista del nacionalismo gran-español y católico hacia las lenguas y culturas de los pueblos que oprime y el incumplimiento sistemático de los acuerdos pactados con las burguesías «regionales» ; y la tendencia congénita, casi inquisitorial, hacia el recurso fácil a las soluciones represivas y violentas cuando las clases y naciones explotadas desbordan la flaca tolerancia del poder. Las cuatro características descritas, que interactúan entre sus múltiples matices hasta formar una totalidad concreta vigente en cada crisis histórica, nos remiten en sus diversos inicios y con sus velocidades y autonomías relativas a finales del siglo XV. Esa totalidad concreta descrita nos conduce definitiva e irreversiblemente a la mitad del siglo XVI en adelante. En ese devenir, provocaban sucesivos estallidos de violencias varias, siendo las decisivas las que se expresaban en forma de guerras convencionales. Eran violencias decisivas porque, según sus resultados, fortalecían tendencias evolutivas reaccionarias o progresistas, especialmente las primeras. A nivel estatal vencieron las reaccionarias y por eso el capitalismo resultante se caracteriza por las contradicciones arriba resumidas que, por ser estructurales, o mejor decir genético-estructurales, impiden ya definitivamente la « modernización » del capitalismo español. Las fuerzas reaccionarias dominantes en el bloque de clases en el poder sienten no solo como un ataque a su propiedad ese intento de « modernización», que también lo es, sino que encima se sienten ofendidas e insultadas en su cínica moral nacional-católica y de esta mezcla de orgullo herido y bolsa amenazada resurge siempre su añorante necesidad infantil de un padre protector, sea un rey o un dictador, o ambas cosas. Pero el reformismo, sea blando o duro, no puede imaginar otra alternativa que no sea la de mantener lo esencial de la nación española, aunque sea recurriendo al imposible metafísico de la « nación de naciones » dentro del sistema capitalista. Y no puede hacerlo porque su sistema cognitivo está cimentado en el nacionalismo español. Iñaki Gil de San Vicente Euskal Herria, 31 de agosto de 2017 (Fuente: Boltxe) Bibliografía básica consultada AA.VV.: « Los cambios en la Edad Moderna», Historia Universal, Salvat-El País, Madrid, tomo 15, 2004. AA.VV.: Pierre Vilar i la història de Catalunya, Base, Barcelona 2006. Albareda, Joaquín : « El proyecto austracista de la Corona de Aragón», Desperta Ferro, Historia Moderna, nº 3, Madrid 2012, pp. 20 – 23. Albareda, J., y Esculies. J.: La Guerra de 1714, Labutxaca, Barcelona 2016. Alcoberro, Agustí : « Cataluña abandonada», Desperta Ferro. 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 10, 2012. 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  • Soros, Trump y el poder en la sombra de EEUU
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    04/09/2017
    El Magnicidio de Kennedy tuvo como daño colateral el nacimiento de un sistema político tutelado por el “Poder en la sombra”, quedando desde entonces como rehenes todos lo sucesivos Presidentes electos de EEUU, según la confesión realizada por el primer Ministro israelí Ariel Sharon al entonces Ministro del Exteriores Shimon Peres en octubre del 2001: “Nosotros, el pueblo judío, controlamos Estados Unidos y los estadounidenses los saben”, teniendo como fuente la radio israelí “Kol Israel”, sirviéndose de lobbys de presión entre los que descollaría la American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Así, la  AIPAC sería el más influyente grupo de presión pro-ísraelí en EEUU pues cuenta con más de 100.000 miembros (150 de ellos dedicados exclusivamente a presionar al Congreso, a la Casa Blanca y todos los organismos administrativos en la toma de decisiones políticas que puedan afectar a los intereses del Estado de Israel) y aunque siempre se ha creído que la AIPAC sería un “gobierno virtual” que teledirigiría la política exterior de EEUU en función de los intereses israelíes, la realidad sería que el lobby pro-israelí tiene verdadero peso en los ámbitos del poder porque EE.UU. e Israel casi siempre han compartido idénticos intereses geopolíticos desde la fundación del Estado de Israel en 1.948. Así, EE.UU. contaría con Israel para mantener a los Estados árabes de Oriente Próximo bajo la amenaza constante de ataque, (asegurándose de paso que se mantengan serviles ante Washington) e Israel no podría seguir existiendo en su forma actual sin el fuerte apoyo político y material que recibe de EE.UU. ( unos 3.800 millones de dólares anuales en ayuda militar). Sin embargo, el Gobierno de Netanyahu aspira a resucitar el endemismo del Gran Israel (Eretz Israel), ente que intentaría aunar los conceptos antitéticos del atavismo del Gran Israel (Eretz Israel),  que bebería de las fuentes de Génesis 15:18, que señala que “ hace 4.000 años, el título de propiedad de toda la tierra existente entre el Río Nilo de Egipto y el Río Eúfrates fue legado al patriarca hebreo Abraham y trasferida posteriormente a sus descendientes”. Dicha doctrina tendría como principal adalid a Isaac Shamir al defender que “Judea y Samaria (términos bíblicos de la actual Cisjordania) son parte integral de la tierra de Israel. No han sido capturadas ni van a ser devueltas a nadie” y sería la fuente de la que beberían los postulados actuales del partido Likud liderado por Netanyahu quien aspira a convertir a Jerusalén en la “capital indivisible del nuevo Israel”, tras la invasión de su parte oriental tras la Guerra de los Seis Días (1.967) , extremo que habría sido tratado por el yerno de Trump y encargado de solucionar el contencioso palestino-israelí, Jared Kushn ( judío ortodoxo cuyos abuelos sobrevivieron al Holocausto)  en la reciente reunión que mantuvo en Israel con Netanyahu. George Soros y la trama anti-Trump Hasta Eisenhower, la CIA fue únicamente la organización de inteligencia central para el gobierno de los Estados Unidos y estuvo detrás de múltiples tareas de entrenamiento de insurgentes y desestabilización de gobiernos contrarios a las políticas del Pentágono, pero los lobbys militar y financiero (ambos fagocitados por el looby judío) no pudieron resistir a la tentación de crear un gobierno de facto que manipulara los entresijos del poder, derivando en la aparición de un nuevo ente (el complejo militar-industrial, en palabras de Eisenhower), refractaria a la opinión pública y al control del Congreso y Senado de los Estados Unidos). En la actualidad, la  Compañía  se habría transmutado en el llamado Departamento de Seguridad Nacional ( Homeland Security) y de la  hidra-CIA habrían nacido 17 nuevas cabezas en forma de agencias de inteligencia que integrarían la Comunidad de Inteligencia de EEUU ( la Cuarta Rama del Gobierno según Tom Engelhardt) , agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo, verdadero poder en la sombra fagocitado por el “Club de las Islas” de George Soros y que se habría conjurado contra un Trump partidario de una Geopolítica Primus Inter Pares  entre EE.UU. y Rusia (G2). Dicha trama anti-Trump habría sido diseñada tras la reciente reunión celebrada en Washington en la que participaron  cerca de 200  patrocinadores de la campaña electoral de Hillary Clinton  encuadrados en la llamada Alianza Democracia (DA), megaorganización fundada por George Soros en el 2.005 y constaría de una primera fase para torpedear el traspaso de poderes Obama-Trump mediante una “revolución patriótica o multicolor” en EEUU. Así, según el portal Zero Hegde, las espontáneas  manifestaciones populares anti-Trump habría sido inspiradas por el portal digital MoveOn.org, patrocinado por el ínclito Soros bajo el lema “Levántate y lucha por los ideales estadounidenses” y cuya segunda fase será truncar la carrera política de Trump por métodos legales (Impeachment) o por métodos expeditivos (léase Magnicidio), tras lo que el VicePresidente Mike Pence asumiría la Presidencia y retornaría  a la senda de las seudodemocracias tuteladas por el verdadero Poder en la sombra de EEUU (Cuarta Rama del Gobierno). ¿Es Soros un agente antisionista? Tras la iniciativa del Club de las Islas encabezada por George Soros contra Donald Trump, Netanyahu habría salido en su ayuda y habría declarado a Soros “enemigo de Israel” como respuesta a la supuesta hostilidad de Soros (judío húngaro nacionalizado estadounidense)hacia el Estado judío. Así, el Ministerio de Exteriores judío emitió un comunicado en el que acusaba a George Soros de “socavar ininterrumpidamente a los Gobierno democráticamente elegidos de Israel al fundar organizaciones que difaman al Estado judío y buscan negar su derecho a defenderse”  tras la campaña  contra Soros desarrollada por el Primer Ministro húngaro Viktor Oran en la que exigía al magnate judío “no entrometerse en los asuntos internos de Hungría”. Soros había condenado al Gobierno húngaro por su rechazo a acoger a los refugiados musulmanes al percatarse Oran de la estrategia de Soros de intentar “balcanizar Europa”, pero la campaña fue utilizada por grupos de ultraderecha húngaros para realizar propaganda antisemita y neonazi, lo que habría encendido las alarmas en Israel y habría llevado al embajador israelí en Hungría, Yossi Amrani a afirmar que “la campaña contra Soros siembra odio y temor”. Posteriormente, el AIPAC habría tomado las riendas de la campaña contra Soros al organizar una campaña petitoria para exigir al Presidente Trump que “reconozca como terrorista doméstico al multimillonario George Soros y todas sus organizaciones amén de confiscar todos sus activos en EEUU”, campaña que llevaría ya recogidas cerca de 70.000 firmas y que espera alcanzar con facilidad las 100.000 firmas necesarias para ser tomada en consideración por la Casa Blanca, con lo que nos encontramos en el inicio de un duelo Soros-Trump en el que tan sólo uno de ellos puede sobrevivir. (Fuente: Diario 16 / Autor: Germán Gorraiz López)



  • Carta abierta de un comunista colombiano al Secretariado de las FARC-EP
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    03/09/2017
    Tabla de contenidos:
    1. Quién y por qué
    2. Sobre las armas: mi hipótesis
    3. Preguntas
    Comandantes Timoleón Jiménez, Iván Márquez, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, Joaquín Gómez, Mauricio Jaramillo, Bertulfo Álvarez, Carlos Antonio Lozada y Ricardo Téllez. Y a Jesús Santrich y Gabriel Ángel. Quién y por qué Quien les escribe fue militante urbano del PCCC (Partido Comunista Clandestino de Colombia) de las FARC durante 13 años. Casi todo ese período desarrollé mi trabajo clandestino en un centro urbano del suroccidente del país. Me retiré individualmente justo al momento de enterarme —tras un período de negacionismo e incredulidad— que sí iba en serio la entrega de las armas del pueblo a la burguesía (por intermedio de la ONU) para su destrucción. No soy disidente, soy un comunista convencido, que espera que otros comunistas inconformes rompan con el silencio como hoy lo estoy haciendo yo, ese silencio que es demasiado parecido a la estupidez, porque como decía Jaime Pardo Leal hay momentos en que callar es mentir. Yo al menos no quiero mentir, mentirme a mí mismo ni mentirle al país. Yo ya no podré romper con el silencio «dando la cara» en el próximo Congreso, pues supongo que por mi decisión de apartarme de lo que considero una aventura electoral a mí se me considera paradójicamente poco menos que traidor, o un «cobarde desertor», y por lo tanto no podré asistir. Es por eso que les escribo esta carta, de cara a toda la izquierda y de paso a todo el mundo porque ese es el precio de la legalidad a la que hoy ustedes se avocan. Les escribo más en concreto por dos razones. La primera es que quisiera que por fin reconozcan (para ustedes mismos y la militancia, no pretendo que lo hagan públicamente porque ese no es su estilo) que en las FARC hay desacuerdos importantes, pero también que comprendan que no todos los desacuerdos son disensos políticos o ideológicos, que no todos los disensos son disidencias, que no todos los disidentes son adversarios (o simples narcos como se insinúa con cinismo del frente 1º, que como se sabe fue la primera pero no la única disidencia colectiva) y por último que no todos los adversarios tienen que ser enemigos. Sería muy importante dicho reconocimiento para permitir las francas y abiertas discusiones que se deben dar en el Congreso. También es importante porque el ambiente organizativo interno en la actualidad por lo que aún percibo es de temor a expresar una crítica, de temor a ser señalado de disidente, entendido esto automáticamente como sinónimo de enemigo. Y aunque lo que más existe entre la militancia urbana, y creo que no solo la urbana, son dudas (que es importante aclararles) también existen algunas certezas contrapuestas, algunas inconformidades y por supuesto algunas críticas. De la capacidad para expresarlas, recibirlas, asumirlas, tomarlas en serio y gestionarlas dependerá en buena medida el éxito del nuevo proyecto político que surja del Congreso. La segunda es para expresar algunas de esas dudas y también algunas de esas inconformidades y críticas. Advierto que la tradición política en la que me formé me empuja a ejercer en estas líneas, y sin pedir permiso, la libertad de expresión como la entendemos los comunistas, como libertad de discusión y crítica, bajo la idea de que hay que decir y decirnos las verdades aunque duelan. Lo hago para dejarlas en el ambiente previo al Congreso, para que desencadenen cosas que estoy seguro de que no pueden ser más que positivas para el proceso revolucionario y para la nueva organización que deberá surgir de entre las cenizas de las FARC. Aunque en esta carta me exprese con dureza y a veces con rabia (pero nunca con rencor) mis deseos y mi esperanza siguen puestos en que a quienes hoy conforman esta organización les depare un porvenir bienaventurado en política. Después de todo, en un sentido revolucionario siento que somos «de los mismos» aunque no seamos iguales, y por ende mis simpatías siguen con muchos de ustedes. Sobre las armas: mi hipótesis ¿Por qué las FARC entregaron las armas? Es la primera pregunta que cualquier colombiano o colombiana debió haberse hecho y les aseguro que la militancia no fue la excepción. Podría suponerse obvia la respuesta sobre todo para la militancia, algo así como «ya sabíamos que esto iba a pasar en algún momento», pero al menos para una parte —considerable— de nosotros no fue así. En la concepción y plan estratégico de las FARC tal y como nos lo enseñaron y como lo pudimos leer en algunos documentos, nunca estuvo entregar las armas a cambio de participación política, como si estas fueran moneda de cambio. Por eso las negociaciones siempre se llevaron a cabo bajo una concepción de «diplomacia de guerreros», o sea sacar ventajas militares en el escenario político, hablar de paz mientras se preparaba la guerra, igual a como lo hacía y lo sigue haciendo aún hoy la burguesía. Esa actitud no era para nada cínica, era la más recomendable para revolucionarios que «dialogan» con lo más tramposo, despreciable y mezquino que ha engendrado la humanidad, que es la burguesía. Era la mejor actitud de revolucionarios que saben que «en una revolución se triunfa o se muere si es verdadera» como dijo el Ché, que saben que en ella no se transa como si fuera un negocio, sobre todo porque se tiene claro que el enemigo también quiere solamente la victoria y se la juega toda a ella. En una guerra no hay fórmula «gana-gana», siempre hay derrotados aunque esto no quiere decir que siempre hay exterminio o humillación. Cuando algunos «conflictólogos» recientemente hablan de «empates» o «equilibrios» en los conflictos armados esto se trata simplemente de lo que en ajedrez se llama tablas, que un bando acorrala al otro sin salida y sin posibilidad de moverse pero es incapaz de exterminarlo. Le toca entonces en la vida real negociar la rendición del enemigo con más o menos condiciones según lo permita el nivel de acorralamiento. A esto se le llama victoria estratégica y suele verse expresada en «mesas de diálogos» que llegan a «feliz término» porque una de las partes no se siente capaz de pararse de la mesa a seguir combatiendo. Estas rendiciones con condiciones se dan siempre en un momento en el que los ganadores tienen afán de victoria por múltiples razones y ante todo presiones y quienes se rinden, habiendo perdido en el plano estratégico saben que lo que sigue no puede ser más que inútil desangramiento con una baja probabilidad de recuperación en el largo plazo y que a lo que más probablemente los puede conducir es a perder la mucha o poca capacidad que aún conservan de poner condiciones para la rendición. Esto las FARC lo ha sabido siempre y por ello diseñó planes tremendamente realistas. En este sentido la llamada «solución política al conflicto» que estuvo siempre presente en el discurso de Manuel, Jacobo y Alfonso no significaba más que la pretensión de hacer rendir al Estado con condiciones en una mesa de diálogos (porque no era posible ni deseable exterminar las FFAA regulares) para terminar de ese la confrontación militar directa. El plan estratégico de las FARC consistía en lograr dicha rendición del Estado colombiano en un momento en el que se conjugara una neutralización militar de fuerzas (esto implicaba la dispersión de la fuerza enemiga por todo el territorio y despliegue del 50% de las propias en la cordillera oriental, este fue el esquema original posiblemente modificado en la 9a conferencia tras los golpes inocultables del plan patriota y sucesores) con una insurrección popular urbana concretamente en Bogotá pero con «réplicas» en otras ciudades, dirigida por el PCCC, apoyada por las milicias y las redes urbanas y cohesionada políticamente por un masivo movimiento bolivariano o MBNC quien idealmente sería el llamado a desempeñar el papel de portavoz de los insurrectos con los 10 puntos para un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional» en la mano (puntos que en la 9a se ampliaron. Y ni aún entonces se consideraba la posibilidad de entregar las armas, como máximo de suspender su uso. También nos enseñaron (aunque esto no pudimos conocer documentos específicos por motivos de seguridad, según nos dijeron) que en la 9a conferencia se había replanteado, o mejor que se le había dado desarrollo al plan estratégico en su aspecto político, definiendo unos momentos en un proceso ascendente de medición de fuerzas urbanas con 2019 como el momento culminante idealmente insurreccional. Cuando nos enteramos de esto pensamos en primer lugar que era pretencioso pretender dictarle una ruta cronológica a un levantamiento insurreccional. Pero como pasos en un proceso de preparación organizativa para un levantamiento podía funcionar. Lo segundo que percibimos fue un evidente paralelo que nos agradó y pareció acertado con la planificación estratégica de Hugo Chávez en Venezuela, el llamado Plan Nacional de la Patria que en su primera versión conducida por el propio Chávez llegaba hasta 2013 y cuya segunda versión que fue su invaluable legado político confiado a Nicolás Maduro iba también hasta 2019. ¡Qué bella iba a ser América Latina para 2020, según esos planes!5 Así entendida la estrategia en lo militar y en lo político6 debe ser claro el hecho de que esta no se logró concretar con éxito ni en lo militar ni en lo político. En lo militar, porque lo militar ya no existe y eso habla por sí solo. Y en lo político porque hasta ahora no ha habido tal medición de fuerzas como la imaginábamos, ha parecido más bien que la bandera de la solución política negociada, que burdamente ha sido llamada «paz», se ha tragado el trabajo organizativo y de movilización popular y que, a dos años del «plazo final» de 2019, todo parece indicar que lo electoral con sus campañas sucesivas y sin fin se va a tragar, nuevamente, el trabajo político que debía tener vocación insurreccional. Si alguien piensa que el capital político y la militancia de una sola organización alcanzan para perseguir de manera realista ambas ambiciones, está popularmente hablando «meando fuera del tiesto». Creo que hasta aquí he nombrado algunos elementos importantes para intentar responder a la pregunta de por qué las FARC entregaron las armas. La respuesta más verosímil y plausible sería pues que las entregaron porque no tuvieron otra opción viable o al menos porque fue la mejor opción que tenían en un contexto de reveses irreparables en lo militar que comprometieron de fondo la estrategia. Esto se llama derrota estratégica aunque duela decirlo y escucharlo. Los diálogos de la Habana fueron una rendición con condiciones. Evidencia de eso es el hecho de que se negociara tras el asesinato de Alfonso Cano. Si mal no recuerdo Timoleón dijo en una entrevista que estas habían sido las palabras de Alfonso: «Santos quiere poner mi cadáver aún tibio sobre la mesa». Otra evidencia fue que en el acuerdo no se tocara ni un pelo del modelo económico, ni tan siquiera de los tratados ni de la política económica, ni de la doctrina militar contrainsurgente del Estado, y que la promesa de reforma rural fuera tan pobre7. Otra evidencia fue que se continuara el proceso después de que tras el NO que le dieron a Santos en el plebiscito la burguesía a una sola voz exigiera la renegociación. Otra prueba fue que efectivamente se renegociaran cosas muy sensibles para beneplácito del uribismo y el cristianismo recalcitrante, esto sí fue una verdadera humillación que un ejército que no estuviera derrotado jamás la habría aceptado. Una evidencia más es que haya habido concentración y desarme total cuando aún no se hace nada por desmontar el paramilitarismo, cuando aún todo el acuerdo renegociado sigue en manos de un congreso (un congreso con voceros sin voto o convidados de piedra por parte de las FARC) que va a manosear punto por punto antes de aprobarlo. Y eso sin hablar de las bajas probabilidades de implementación plena de esos puntos, primero renegociados y después manoseados, bajas probabilidades ante la eventualidad de que el próximo presidente de Colombia sea Vargas Lleras u Ordóñez. No se me tome por pesimista, reitero que mis deseos son de bienaventuranza política para las FARC, y hasta electoral aunque soy abstencionista. Pero para ganar en política primero hay que conocer el terreno que se pisa y sobre todo saberse ver al espejo tal cual se es y saber ver al enemigo tal cual es. Preguntas Pero como dije, en el centro deben estar las preguntas más que las hipótesis. La primera de esas preguntas sigue siendo ¿por qué entregaron las armas? Pero hay otras preguntas, quizá más pertinentes, más vigentes, más acuciantes y de las cuales urge una respuesta. Al haber entregado las armas, ustedes ¿consideran caduca la táctica de guerra de guerrillas frente a la actual tecnología militar burguesa?, ¿o lo caduco es la estrategia insurreccional apoyada por un ejército irregular de base campesina?, ¿ha perdido vigencia el planteamiento de la toma del poder por la vía de las armas en manos del pueblo levantado? Estas preguntas son importantes porque permitirían un juicio más sensato por parte de otras organizaciones insurgentes que aún no han entregado y que probablemente no lo van a hacer en el corto plazo. Si las respuestas fueran afirmativas (en cuyo caso serían necesarios argumentos sólidos que lo evidenciaran), sería un grave error no advertirles a los demás compañeros que siguen alzados en armas. Si se tienen estos elementos de juicio deberían ser compartidos con ellos, y de paso con muchos militantes de las FARC, como el propio Jesús Santrich que hace poco en una entrevista dijo valientemente que sigue pensando, como muchos lo pensamos, que está vigente y abierta la puerta de la lucha armada en Colombia, que si no les cumplen a ustedes habrá que volver a levantar los fusiles. Y si son afirmativas las respuestas a esas preguntas, ¿cuál es la estrategia revolucionaria que proponen y que no requeriría el uso de las armas? Esta tiene la misma importancia que las anteriores. Para muchos de nosotros viene siendo más que claro a la luz de las experiencias históricas, que si en una revolución no hay músculo militar que la respalde, proveniente ya sea de la fragmentación del ejército regular, de la conformación de un ejército insurgente o de una milicia popular, no hay continuidad posible de cualquier victoria político electoral pasajera. No hay construcción posible de Socialismo10. Por eso las FARC en su origen eran el brazo armado de los comunistas colombianos para la revolución. Pero es posible que estemos equivocados quienes así pensamos, es posible que ustedes hayan hecho otros análisis u otros descubrimientos basados en otras experiencias. Es lo que deberían aclarar, por lo menos a su militancia y a otras fuerzas de la izquierda revolucionaria. Finalmente, ¿consideran viable el triunfo de una estrategia política revolucionaria que no cuente con la participación concertada de las fuerzas bolivarianas de las cuales ustedes pretenden la hegemonía, con las fuerzas camilistas, las fuerzas guevaristas y las fuerzas M-L, entre otras? Esta pregunta no es retórica. Hasta ahora parece que ustedes estuvieran asumiendo una de dos cosas, o bien que el ELN también va a entregar armas y que una parte mayoritaria del camilismo se va a sumar al Bloque que ustedes proponen, y que por lo tanto la parte minoritaria del ELN y los M-L no importan. O bien que no importa ni siquiera lo que suceda con el ELN y en ese sentido que la «unidad de los comunistas» –PCCC y FARC— por sí sola puede con todo. En ese sentido, más valdría aprender de la experiencia histórica. La burguesía colombiana siempre ha procurado dividir para vencer y derrotar a las fuerzas insurgentes y por lo tanto nunca ha aceptado la integración de todas ellas a la política legal. Esto fue muy claro para las FARC en 1990, cuando en medio del proceso de desmovilización del M19, el Quintín Lame y disidencias del ELN y el EPL, y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que las FARC habían venido pidiendo desde finales de los 80, se produce el ataque a «Casa Verde», al campamento del secretariado de las FARC, fuerza mayoritaria de la CGSB. El 12 de agosto del año siguiente (1991) Manuel Marulanda decía: «Hubiéramos podido estar en la ANC si [el señor presidente] no nos hubiera cerrado el paso con el ataque del 9 de diciembre». Y el propio Alfonso Cano, quien se encontraba liderando los diálogos con la Coordinadora, decía el 4 de septiembre «Hubiésemos querido argumentar y luchar en el seno de la ANC pero las circunstancias que el país conoce, frustraron la posibilidad histórica de convertir sus conclusiones en un tratado de paz». Para muchos en el país ha sido claro que el M19 y el EPL haciendo política legal cumplían el papel de deslegitimar con su discurso pacifista a los que se mantuvieron armados, a la vez que estos grupos sin el apoyo de las otras fuerzas de la Coordinadora Guerrillera no podían lograr gran cosa en política electoral. Efectivamente en 1992 pierden la personería jurídica 12 movimientos políticos, incluido Esperanza Paz y Libertad, el PCC y el MOIR. Y los logros revolucionarios del M19 han sido muy pocos, algunos piensan que nulos. Estas experiencias deben revisarse, repasarse y analizarse para evitar que en esta coyuntura se vaya a jugar algo parecido, tener a las FARC desarmadas para deslegitimar al ELN y al EPL, y a estos aún armados para aislar fácilmente a las FARC en la política electoral parlamentaria. Para clarificar todas estas posturas y cuestiones, no bastaría con declaraciones públicas coyunturalistas, por eso se hace urgente la tarea, que el Congreso debe exigir y delegar, de construir una historia interna de las FARC, donde puedan revelarse las diferentes posiciones sobre todos estos asuntos que se han disputado en los distintos momentos históricos de la organización y cuáles han sido sus portavoces, donde se puedan identificar los diferentes planteamientos y líneas, donde la militancia pueda encontrar referentes reales detrás de la apariencia de consenso y unidad. Es la hora de superar el secretismo y la imagen artificial de consenso que solamente sirven en tiempos de guerra para mantener disciplina y cohesión. En tiempos de lucha democrática, que no se debe confundir con paz, solamente podrán servir para cimentar una bancarrota política sin precedentes en la historia reciente del país. Asumir el reto de construir esa Historia interna sería lo más honesto de cara a la militancia en vísperas del Congreso constitutivo del partido. Son ustedes como Secretariado, que han participado de las Conferencias y Plenos, los primeros llamados a asumirlo. Si eso no sucede, y mientras eso no suceda, solamente puedo convocar a los comunistas que hay dentro de las FARC a que participen del partido de masas o electoral que surja de las FARC asumiéndolo como frente de masas organizado; pero que por aparte que entablemos un diálogo amplio, gestionado en la clandestinidad pero público en sus argumentos y conclusiones, con todos los cuadros revolucionarios del país (del PCC, PCC-ML y EPL, PCC-M, GCR, ELN, CMR, MRP, entre otros) que ayude a clarificar e interpretar de forma acertada y crítica la derrota estratégica de las FARC y de otras insurgencias históricas como el M19 y el Quintín Lame, y que permita cimentar las bases de una nueva organización revolucionaria de cuadros basada en una nueva estrategia con posibilidades reales de éxito a la luz de las experiencias históricas. En ese diálogo se podría encontrar la ruta hacia la victoria revolucionaria. Quisiera terminar con una frase de Vladimir Lenin, que sirve para la reflexión: La actitud de un partido político ante sus errores es una de las pruebas más importantes y más fieles de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: esto es lo que caracteriza a un partido serio. (V. I. Lenin. Izquierdismo.) Esperando lean estas líneas con atención y consideren algunos de sus argumentos para el Congreso, se despide con los mejores deseos: Parvus Bronstein 19 de agosto de 2017 PD: Tengo mucho qué decir sobre las propuestas consignadas en las Tesis de abril. Particularmente sobre el carácter del partido que se pretende construir (de masas, de cuadros o electoral), ya que hay muchas imprecisiones y contradicciones, pero también sobre la historia de las FARC y el papel tan importante que ha jugado en ella la división campo-ciudad, la preeminencia del campo sobre la ciudad y la inminente inversión de la fórmula en el futuro inmediato y sus consecuencias. Y sobre otros puntos cardinales que allí se proponen. Sin embargo tendrá que ser en un próximo escrito, porque este ya fue demasiado largo, el cual tendré la decencia de no dirigírselos a ustedes personalmente, porque que en él no plantearé preguntas sino solamente opiniones argumentadas. (Fuente: Boltxe)



  • Italia invade Libia utilizando al muñeco de la ONU, Fayez al Sarraj
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    28/08/2017
    Si le preguntaban a cualquier libio si pensaban que se le permitiría a Italia regresar a Libia después de los horribles crímenes, robos y asesinatos masivos cometidos contra Libia por la ocupación italiana a partir de 1910 y hasta 1947, dirían que había perdido la cabeza. Italia, bajo Berlusconi, acordó pagar unos miles de millones a los libios en reparaciones por sus crímenes pasados, por supuesto cuando empezó el ataque a Libia en 2011, Italia se sumó rápidamente porque sabían que si Libia era destruía, quedaría borrada su deuda, y así lo hizo. La Gran Jamahiriya libia desarrollada para el pueblo libio desde 1969 bajo Ghadafi , dio al pueblo libio, por primera vez en su historia, una participación en la riqueza de su país. Les fue devuelta la tierra robada por Italia, la atención médica gratuita, la educación gratuita incluidos doctorados y post grados, regalos monetarios cuando se casaban, casas nuevas que les costaban el 10% de su salario durante 20 años y luego pasaban a ser de su propiedad, el primer coche a mitad de precio, la gasolina a los 44 Centavos por galón, seguridad completa (no hay milicias, casi ningún crimen), las mujeres fueron emancipadas en la década de 1970 por Ghadafi y fueron doctores, abogados, empresarios, esposas domésticas, militares, etc. Libia se había convertido en el país más desarrollado de África, Pasando de los más pobres menos desarrollados en 1969 a la cima, bajo Ghadafi, en 42 años. Libia no formaba parte del sistema de deuda monetaria fija de los sionistas. Tenían su propio dinero y sus propios bancos y ninguna deuda. La mayoría de la gente no sabe que en 2006, bajo el tratado firmado por Condoleeza Rice y Ghadafi, Ghadafi tuvo que renunciar al poder. Lo hizo. Nadie, ni siquiera los criminales mentirosos medios de comunicación sabían que Ghadafi había renunciado. Todas las mentiras que se dicen para instigar la destrucción de Libia en 2011, bajo falsa bandera, se centraron en lo que Ghadafi estaba haciendo. Él no estaba haciendo NADA, él no estaba a cargo del país. Yo estaba allí, me reuní con políticos, con tribus, con líderes, todos ellos confirmaron que esto era cierto.Pensaron que podían matar Ghadafi, destruir el gobierno y ellos poseerían Libia.Pero, subestimaron la cultura antigua fuerte de las grandes tribus de Libia. En 2014 se celebraron unas elecciones para instalar un gobierno legítimamente elegido, pero cuando los títeres de la ONU fueron todos votados, atacaron al gobierno legítimo y lo obligaron a instalarse en el este de Tobruk. Aún sin poder controlar Libia, decidieron que el representante de la ONU para Libia (¿un alemán?) Se reuniría en Túnez y “nombraría” un nuevo gobierno para Trípoli. Por supuesto, ningún libio estaba interesado en tener un gobierno nombrado por la ONU (el grupo que hizo estallar su país) por lo que este gobierno títere no se le permitió entrar en Trípoli. Las Grandes Tribus de Libia rechazaron por completo este gobierno designado. El siguiente plan era introducir este gobierno “designado” por la ONU bajo la oscuridad de la noche en Trípoli por barco, lo que hicieron y de inmediato entró bajo la protección de Abdulhakem Belhaj (el líder islámico de Al Qaeda) con el que todavía están alineados. Una vez en Trípoli, la ONU aumentó y por supuesto reconoció a este gobierno títere como el gobierno legítimo de Trípoli. El líder de este gobierno títere se llama Serraj (foto, nota de blog), viaja por Europa, representándose a sí mismo como Primer Ministro de Libia. No tiene autoridad para hacer nada en Libia, no tiene autoridad para hacer tratos, o negociar nada, pero eso nunca ha detenido a la ONU ni a los sionistas. El 2 de agosto de 2017, la marioneta designada por la ONU, Serraj, invitó a los italianos a Libia con el pretexto de ayudar con el problema de los refugiados. Los italianos aceptaron esto porque no sólo quieren regresar a Libia, sino que quieren detener el problema de los refugiados. Bajo el pretexto de ayudar con el problema de los refugiados (que estuvo completamente controlado bajo el gobierno de Ghadafi) han entrado su ejército en suelo en Libia. El pueblo libio está muy enojado, saben que están siendo atacados de nuevo por la ONU e Italia. Saben que la marioneta de la ONU fue puesta en Trípoli para controlar y destruir su soberanía y que Serraj no tenía autoridad para pedir a Italia que trajera sus barcos de guerra a las aguas de Libia y pusiera sus botas en el suelo. Serraj y su amigo títere de la CIA Khalifa Haftar también se presentaron en Francia y pidieron ayuda a Macron para unirse a Italia en el terreno en Libia. Macron los rechazó y les dijo que no tenían autoridad para representar a Libia, lo cual era cierto y refrescante. Una de las principales autoridades libias y un profesor de estudios libios, el Dr. Saleh Mohammed emitió una declaración sobre los italianos en Libia. Dijo que esto significa que hay una decisión (por parte de la UE / ONU) para convertir a Libia en una patria alternativa para los inmigrantes ilegales, y que hay un plan para conceder a todos los inmigrantes actuales en Europa las instalaciones financieras y convencerlos de que Libia es la tierra de oportunidad. El plan es tomar un gran pedazo de Libia y convertirlo en otro estado, al igual que lo hicieron con Israel a Palestina. Para llenarlo con gente de diferentes religiones y convertir a los libios en una minoría como los indios americanos o una mayoría marginada, como los palestinos son hoy y tomar otra parte para entrenar y mantener a sus terroristas mercenarios criminales. Las preocupaciones del Profesor Saleh son reales y es exactamente lo que los llamados Sionistas del Nuevo Orden Mundial (mafia kazariana) le gustaría hacer a Libia. Un país lleno de riqueza y una pequeña población de alrededor de 5,5 millones. El pueblo libio ha sufrido durante años desde la destrucción y toma de su país por los criminales NWO de la mafia kazariana. Al pueblo legítimo de Libia no se le ha permitido tener voz desde 2011, han sido oprimidos, abusados, encarcelados, asesinados, robados y sus casas y familias destruidas. Ahora con el surgimiento de un nuevo gran líder para su país, Saif Al Islam Ghadafi, un hombre que el pueblo libio confía y sabe (él es su hermano), hay un rayo de esperanza para la soberanía de Libia. Saif es la mayor amenaza posible para los imperialistas, sionistas, criminales de NWO que seguirían robando de Libia, haciendo que tomen medidas peligrosas para avanzar en su agenda. Las tribus libias lo saben, pero tendrán que moverse rápida y decididamente para salvar su país. Estamos en pie con las grandes tribus de Libia mientras se mueven para retomar su soberanía, necesitan las oraciones y el apoyo de todas las buenas personas del mundo que estarían con ellos contra la tiranía. (Fuente: Diario Octubre / Autora: Leonor Massanet)



  • Felipe VI, en misa y repicando
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    23/08/2017
    El rey Felipe VI visitó en los hospitales a los heridos en el atentado de Barcelona y asistió al homenaje a las víctimas que se celebró en las Ramblas. Le acompañó la reina Letizia. Ocho meses antes, el rey Felipe VI visitó en Arabia Saudí al rey Salman, con el objetivo de afianzar las relaciones que su padre Juan Carlos estrechó con el padre de aquel, el rey Abdulá, y ejercer de intermediario diplomático de las empresas españolas que se enriquecerán con la construcción del AVE del Desierto entre Medina y La Meca y con la construcción del metro de Riad. Le acompañaron dos ministros: el de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, y el de Fomento, Íñigo de la Serna; y tres secretarios de Estado: la de Comercio, María Luisa Poncela, el de Infraestructuras, Julio Gómez-Pomar, y el de Defensa, Agustín Conde. Con su visita a Arabia Saudí, el rey Felipe VI y los enviados del Gobierno de Rajoy esperaban que la petrodictadura comprara a España cinco buques de guerra de Navantia por 2.000 millones, el mayor negocio de la industria militar de la historia española. España ya había vendido una enorme cantidad de munición y proyectiles de artillería a Arabia Saudí, armamento que ha utilizado contra Yemen, el país más pobre de Oriente Medio y al que el Gobierno saudí impuso un bloqueo naval que ha impedido la llegada de alimentos y medicinas a una región donde los niños sufren desnutrición severa. En Arabia Saudí se violan los derechos humanos de manera sistemática. En Arabia Saudí han ejecutado la pena de muerte contra 350 personas en los últimos tres años. En Arabia Saudí se discrimina atrozmente a las mujeres, sobre las que se impone una total dominación machista justificada con preceptos religiosos. En Arabia Saudí no existe la libertad de expresión y se persigue y reprime a periodistas, blogueros, disidentes y críticos con la monarquía y el Islam. Reconocidos y peligrosos yihadistas se pasean libremente entre Yemen y Arabia Saudí, recibiendo apoyo mediático y soporte financiero y militar de ese reino absolutista. Arabia Saudí mantiene vínculos con organizaciones yihadistas que siembran el terror en Siria, a las que proporciona armas occidentales y recursos económicos. Aunque la petromonarquía dice luchar contra el Estado islámico, en Arabia Saudí abundan los imanes fundamentalistas en escuelas coránicas y mezquitas, donde se cuece el wahabismo que fanatiza a jóvenes de todo el mundo y los convierte en terroristas que atentan contra ciudades infieles, como Barcelona. Arabia Saudí financia numerosas mezquitas fuera de su sátrapa reino, principalmente en Europa, incluyendo España, Cataluña también. Así pues, el rey que visitó la Barcelona atentada por yihadistas es el mismo rey que visitó la Arabia Saudí que los adoctrina y los capta. Por lo que, guste oírlo o no, hay algo indigno en la visita del rey Felipe y la reina Letizia a las víctimas de este terrorismo. Debían, sin duda, hacer esa visita porque va en su cargo, pero también han debido de considerarlo conveniente para reforzar su endeble posición ante una opinión pública que baja la guardia sensibilizada con el terror, y para compensar su parte de responsabilidad: la que tiene que ver con la vergonzosa amistad entre los Borbones y la dinastía saudí, la que tiene que ver con la vergonzosa tolerancia hacia su violento régimen, basada en puros intereses comerciales, aunque justificada por la riqueza económica común que presuntamente traen esos negocios. Hasta Kichi, el alcalde de Cádiz por Podemos, defendió, frente a la mayoría de su formación política, el acuerdo de Navantia porque generaría miles de empleos en los astilleros de San Fernando. Pero el trabajo, que es un derecho, ha de ser digno también, máxime si se fomenta desde las instituciones. Con sus contradictorias visitas, Felipe VI ha querido estar en misa y repicando, con perdón de wahabistas y de cristianos. Y eso ya se sabe que es incompatible. No se puede. Querer complacer a todos es farisaico y suele acabar mal: las ganancias económicas que genera son ilegítimas y las pérdidas humanas que provoca, irreparables. En el caso de los atentados de Barcelona, la obligada visita de Felipe y Letizia expele además un hedor a ese buenismo que tanto se reprocha a quienes han querido ponerse del lado de la mayoría musulmana pacífica, víctima también de los violentos. Un buenismo, el de Felipe VI y Letizia, que ni siquiera estaría solo alentado por un sentimiento altruista, sino por intereses espurios: personales, por cuanto aspiraría a reforzar su posición dinástica, y políticos, por cuanto podría, oportunamente, reforzar el españolismo consustancial a la corona. (Fuente: el diario.es / Autora: Ruth Toledano)



  • Las ideas religiosas saudíes han sido el terreno más fértil para el terrorismo yihadista
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    22/08/2017
    William McCants encontró una forma perfecta para definir a Arabia Saudí y su papel para fomentar las corrientes más reaccionarias del islam en todo el planeta de cuyas fuentes han bebido muchos autores de atentados terroristas. "Los saudíes son tanto los pirómanos como los bomberos. Promueven una forma muy tóxica del islam y traza una línea estricta entre un pequeño grupo de auténticos creyentes y todos los demás, musulmanes y no musulmanes", dijo el experto en islamismo radical y autor del libro  The ISIS Apocalypse. De entre todas las ideas de los yihadistas, esa es una de las más comunes y de las más dañinas, como pueden corroborar las mayores víctimas de sus atentados, todos ellos en países musulmanes de Oriente Medio. Hay cinco principios que marcan quién es musulmán en el islam, pero para los wahabíes saudíes eso no es suficiente. Los que asesinan a civiles en Bagdad, Raqqa, Kabul, Túnez, Barcelona o Manchester no pueden estar más de acuerdo. McCants afirma que los saudíes son también "bomberos" en la lucha contra ISIS y Al Qaeda. Lo cierto es que ambas organizaciones declararon la guerra a Riad. El recientemente destituido príncipe heredero saudí, Mohamed bin Nayef, sufrió un atentado dirigido contra él por un terrorista suicida en 2009 cuando era viceministro de Interior. Los países occidentales creen que necesitan la colaboración de los servicios de inteligencia de Arabia Saudí para derrotar a los yihadistas. Más rentable en términos monetarios es la venta de armamento por valor de centenares de miles de millones de euros a lo largo de décadas. Los gobernantes se afanan en el intento propagandístico de vender la venta de fusiles, lanzagranadas, tanques y aviones como una aportación en favor de la paz. Por eso, la primera ministra británica, Theresa May, ha llegado a decir que la venta de esas armas "ayuda a mantener seguras las calles del Reino Unido". Lo que ocurre en las calles de las ciudades europeas que cuentan con una importante comunidad musulmana es muy diferente. Los saudíes han utilizado su ingente capacidad económica para financiar mezquitas, pagar sueldos de imanes y enviar material religioso con los que extender en Europa –al igual que en África y Asia– su visión rigorista y extremista del islam. Eso es a lo que se refiere McCants cuando les llama "pirómanos" La conexión de la que los gobiernos no quieren hablar Es habitual encontrar en los medios de comunicaciones, en especial después de grandes atentados, preguntas sobre cuándo evolucionará el islam hacia posiciones menos retrógradas, como ocurrió en Europa (y no es que la Iglesia católica haya aceptado desde el siglo XX de buena gana la pérdida de su influencia social). La respuesta es sencilla: nunca, mientras el dinero saudí sirva para sostener la influencia de los más reaccionarios. Es un asunto del que los políticos y diplomáticos europeos prefieren no hablar en público. Actúan como si esa conexión no existiera. A veces, se escapan algunos comentarios. "No están financiando el terrorismo. Están financiando otra cosa que puede hacer que los individuos se radicalicen y se conviertan en carne de cañón del terrorismo", dijo William Patey, embajador británico en Riad entre 2006 y 2010. La primera frase se contradice un poco con la segunda frase. Patey conseguía con estas palabras nadar entre dos aguas, pero venía a confirmar lo que muchos sospechan. Esas ideas llenan un mar de prejuicios y órdenes fundamentales para alimentar el odio al que es diferente y a hacerlo responsable de la política exterior de sus gobiernos. En primer lugar, eso se nota en su propio país y ha tenido repercusiones en las guerras de Irak y Siria. Se sabe que 2.500 saudíes han acudido a la llamada del ISIS para combatir en sus filas en Siria, el mayor número de reclutamiento extranjero para los yihadistas allí después de Túnez. Había una cobertura política en ese llamamiento a la violencia. Riad, al igual que Qatar, ha financiado a grupos insurgentes de ideas islamistas o salafistas que han intentado derrocar al Gobierno de Asad. Siria no es el único caso. También procedían del Estado saudí el mayor número de terroristas suicidas que murieron en Irak, de acuerdo con las cifras manejadas por dos estudios. Según un estudio del Brookings Institute, el mayor número de partidarios del ISIS en Twitter en 2015 procedía de Arabia Saudí, cuyos habitantes son muy activos en esa red social. Todos ellos hijos del sistema educativo del país. Las evidencias se acumulan a lo largo de años hasta el punto de que a veces es necesario hacer algo, sea por convencimiento o por marcarse un gesto de cara a la galería. El Gobierno británico encargó a un think tank un informe sobre la financiación desde el extranjero del extremismo islámico en el Reino Unido. Lo recibió en julio de 2017 y de inmediato decidió no publicarlo, excepto un resumen de 430 palabras que desde luego no mencionaba a ningún país. La ministra de Interior, Amber Rudd, dijo que permanecería secreto por razones de seguridad nacional y porque contenía material sensible sobre personas y organizaciones. Esa debía de ser la idea cuando se encargó el informe, no recibir un texto académico que se pueda encontrar en cualquier página web. Pero cuanto más se sabe sobre ciertos temas, menos derecho tienen los ciudadanos para enterarse. Un informe de otro think tank sobre el mismo tema sí fue conocido en julio y era más explícito de lo que el Gobierno de May puede permitirse. La financiación extranjera del extremismo, decía el documento de The Henry Jackson Society, procede de gobiernos y fundaciones relacionadas con los gobiernos del Golfo Pérsico, así como de Irán. "Por encima de todos ellos, se encuentra Arabia Saudí, que desde los años 60 ha llevado a cabo un proyecto multimillonario para exportar el islam wahabí por todo el mundo islámico, incluidas las comunidades musulmanas de Occidente". No es sólo una cuestión de dinero. ¿Quién se beneficia de esa generosidad? ¿Qué mensaje transmiten los guías religiosos en las mezquitas europeas que reciben ayuda saudí?: "En el Reino Unido, esta financiación ha tomado la forma de aportaciones económicas a mezquitas e instituciones educativas, que han correspondido haciendo de anfitriones de predicadores extremistas y distribuyendo textos extremistas. La influencia también se ha ejercido a través de la formación de líderes religiosos musulmanes británicos en Arabia Saudí, así como el uso de libros saudíes en ciertas escuelas islámicas independientes del país". Según el informe, en 2007 se pensaba que Arabia Saudí gastaba 2.000 millones de dólares anuales en promover el wahabismo en el mundo. Ahora se cree que la cifra es el doble. "En 2007, se calculaba que el número de mezquitas británicas que apoyan el salafismo y el wahabismo era 68. Siete años después, el número de mezquitas identificadas con el wahabismo es de 110". Un informe de los servicios de inteligencia alemanes filtrado en diciembre de 2016 llegaba a conclusiones similares sobre la financiación del extremismo y situaba su origen en Arabia Saudí, Qatar y Kuwait. Fomento de la intolerancia Salafismo no es necesariamente sinónimo de yihadismo o de apoyo a la violencia, pero todos los yihadistas aceptan los principios salafistas. El pluralismo, la tolerancia hacia otros musulmanes de convicciones religiosas más heterodoxas y la aceptación de los progresos de la ciencia son considerados anatema por los yihadistas, y también por los predicadores promovidos por el dinero saudí. Y quienes mejor aprecian la diferencia son los propios musulmanes. Muchos refugiados sirios se han encontrado en Alemania con mezquitas dirigidas por imanes que ofrecen una interpretación de la religión más conservadora y menos tolerante de la que estaban acostumbrados en su país. Hasta el punto de que algunos han decidido no acudir a ellas. En 2015, el rey saudí Salmán se ofreció a construir 200 mezquitas en Alemania para acoger las necesidades de los refugiados. No consta que el Gobierno alemán aceptara la oferta, pero tampoco ha prohibido la llegada de dinero saudí al país. Farah Pandith fue testigo del alcance del adoctrinamiento saudí. Como enviada especial del Departamento de Estado para las comunidades musulmanes –un cargo de nueva creación en el Gobierno de Obama–, viajó a 80 países y su veredicto no puede ser más claro: "En cada lugar que visité, la influencia wahabí era una presencia insidiosa, cambiando la identidad local, desplazando las activas formas de práctica islámica arraigadas histórica y culturalmente, y sacando de allí a personas que eran pagadas para seguir sus reglas o que se convertían en sus propios vigilantes de la visión wahabí". Pandith reclamaba en 2015 que escuelas y bibliotecas rechazaran la donación gratuita de libros de texto religiosos saudíes "llenos de odio" y que se impidiera que los saudíes continuaran "demoliendo" las costumbres religiosas locales "que prueban la diversidad del islam". Incluso países muy alejados de Oriente Medio y con una tradición religiosa opuesta a la wahabí o salafista reciben la atención saudí. En Indonesia llevan años extendiendo su influencia en un país de 260 millones de habitantes. En un país tan inmenso, la estrategia consiste más en formar a los líderes religiosos del futuro. "La llegada del salafismo a Indonesia es parte del proyecto global de Arabia Saudí para extender su versión del islam por todo el mundo musulmán", dijo a The Atlantic Din Wahid, experto en salafismo indonesio en la Universidad Islámica de Yakarta. Buscando adeptos en Kosovo En los Balcanes, la tradición musulmana local es tan heterodoxa que ha sido siempre compatible con costumbres que en Arabia Saudí te llevarían a prisión. En la segunda ciudad del país, Prizren, conocida por sus muchas y antiguas mezquitas, no era raro hace cuatro años ver a una anciana cubierta con ropas amplias y el pelo tapado como dictan los cánones, acompañada por su nieta ataviada con una minifalda realmente corta. Ahora Kosovo también se ha convertido en un centro exportador de partidarios del ISIS –314 identificados en 2016, el mayor número per cápita en Europa– sin que se pueda considerar una casualidad el dinero saudí llegado en los últimos años en favor de ideas extremistas. "Ellos (los saudíes) promueven un islam político", dijo al NYT Fatos Makolli, director de la policía antiterrorista". "Gastan mucho dinero para promoverlo a través de programas dirigidos sobre todo a los jóvenes y gente vulnerable, y traen consigo textos wahabíes y salafistas. Atraen a esta gente a un islam político radical, lo que provoca su radicalización". Adoctrinamiento. Textos wahabíes traídos desde Arabia Saudí. Imanes y profesores a sueldo de Riad. Abandono de las costumbres locales. Radicalización. Alistamiento en el ISIS o antes Al Qaeda. Es una cadena que se repite en distintos países del mundo. No siempre acaba en terrorismo, pero siempre comienza con la llegada de alguien con una oferta económica que no se puede rechazar y que promete el auténtico islam. Los saudíes niegan cualquier conexión en esa cadena. Los yihadistas, obsesionados con la ortodoxia de sus ideas en relación a los primeros siglos del islam, saben muy bien cuáles son las fuentes de confianza. Hasta que en 2015 pudieron publicar sus propios libros de texto para los colegios de las zonas que habían ocupado en Irak y Siria, los yihadistas del ISIS adoptaron los manuales religiosos oficiales que Arabia Saudí reparte en su sistema educativo. De las doce primeras obras publicadas por el Estado Islámico, ocho eran de  Muhamad ibn Abd al-Wahhab, el fundador del credo wahabí, la religión de Estado en Arabia Saudí. Los primeros eslabones de la cadena generan una confianza absoluta en la organización que representa la última amenaza yihadista que persigue a Europa. (Fuente: el diario.es / Autor: Iñigo Sáenz de Ugarte)



  • La masificación turística, un problema que niegan los que hablan de “turismofobia”
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    16/08/2017
    El turismo no es un problema, su masificación y descontrol sí. Lo niegan los que se aprovechan de ello. Rajoy ni se entera ni quiere enterarse; lo utiliza de forma chusca para atacar el independentismo y para defender su efímera “recuperación”, su paraíso de empleo basura. Hay que reconocer que, junto a sus confusos mensajes, es un genio de la simpleza: “Al turista hay que mimarlo”. Como toda idea simple, es eficaz. Parece razonable que cuidemos a quien viene de visita. Pero no se está hablando de eso. Estamos ante un deterioro real de la convivencia a causa de los excesos de una industria que generan beneficios a algunos y malestar a muchos. Analicemos esto. Desde el punto de vista del modelo económico de un país, basarse fundamentalmente en el sector servicios es tercermundista y en el Caribe tenemos muchos ejemplos. Hace tiempo, que se apostó por liquidar buena parte de la industria con las “reconversiones”, se desinvierte en I+D+i y hay fuga de científicos españoles. Ello nos aboca a un modelo económico de bajo valor añadido, poco competitivo y muy vulnerable si cambian las condiciones políticas en otras zonas turísticas del Mediterráneo. Este es el tema de fondo, señor Rajoy: ¿queremos que España sea una economía productiva como las del norte de Europa o subordinada según el patrón de descanso adjudicado al sur? El impacto medioambiental de este modelo turístico es muy negativo: degradación de las costas y zonas naturales por la sobrepresencia humana, agotamiento de acuíferos y recursos naturales, generación de residuos y otros impactos que inciden en el cambio climático. No hay más que ver los paisajes transformados hasta el paroxismo en el litoral mediterráneo. Por no hablar de la corrupción política que lo acompaña y que tan magistralmente retrató Rafael Chirbes en Crematorio y En la orilla. Los beneficios empresariales son tan elevados como la sobreexplotación, la precariedad y los bajos salarios de los trabajadores. Contratos de temporada, por días y semanas, salarios de 700 euros por atender cuarenta mesas, dos euros la hora para las camareras de piso, ausencia de derechos laborales… En fin, un deterioro de las condiciones laborales que retrata a una patronal acostumbrada a ganancias fáciles y a arriesgar lo mínimo. Y así, no hay futuro. Aunque haya algún empresario sensato que afirme que sobran turistas, que el sector está saturado y faltan infraestructuras. Se produce una inflación galopante en las zonas turísticas. Todo se encarece, desde el comercio a los bares y especialmente la vivienda, que alcanza precios insoportables para las economías modestas por la aparición masiva de pisos de usos turísticos. Las protestas de las asociaciones de vecinos no se han hecho esperar ante una gentrificación salvaje que expulsa a los habitantes y al comercio tradicional de estos barrios. Se dan casos de funcionarios que se niegan a ser traslados a zonas de Baleares, porque no encuentran vivienda o ésta se come buena parte de su salario. El negocio turístico produce una expropiación de los espacios públicos invadidos por riadas de turistas que dificultan la vida ciudadana. No es exagerado. En Barcelona atracan al día varios cruceros. Uno es tan gigantesco que tiene 362 metros de eslora –30 metros más largo que el mayor superportaaviones estadounidense– y 9.000 personas a bordo entre pasajeros y tripulantes; hay días con más de 30.000 cruceristas que bajan a la vez y recorren zonas muy concretas como el Barrio Gótico, el Raval, la Sagrada Familia… Son todos los días, a todas horas. La incómoda sensación de estar en mitad de una inmensa manifestación recorriendo los rincones de la ciudad la he tenido en Barcelona y en Venecia. No quedan ganas de repetir. Cuando una ciudad enferma por el turismo masivo, muere de éxito. Como corolario de lo anterior, se produce una pérdida de calidad de vida de una ciudadanía convertida en figurantes de bellas y apacibles ciudades transformadas en gigantescos parques temáticos. Gran parte de los vecinos no ven beneficio alguno de este boom y sí sufren muchas veces molestias directas por el incivismo de un sector de los turistas, no solo en Magaluf o la Barceloneta. Claro que el turismo es una fuente de riqueza, crea empleo y es puntal de la economía del país. Pero necesita una ordenación urgente por muchas razones. La principal, no acabar a medio plazo con la gallina de los huevos de oro ¿Queremos una burbuja turística que nos explote en la cara como la inmobiliaria? ¿Queremos un turismo low cost y de baja calidad? En EEUU un turista gasta cinco veces más que uno en España. Aquí una parte importante de los ingresos se los quedan los turoperadores. Muchos expertos afirman que la aportación del turismo al PIB podía ser la misma con menor ocupación y otros precios medios. España debe diversificar su economía para no hacerla tan dependiente del sector turístico. Hay, además, una serie de principios sagrados a respetar como salvaguardar el medioambiente y el patrimonio cultural del impacto del turismo masivo; a nadie en su sano juicio se le ocurre defender visitas sin límite a las cuevas de Altamira con el argumento de que crearía empleo. Hay que asegurar unas condiciones laborales y salariales dignas para los trabajadores y trabajadoras del sector. Se deben regular y limitar los cupos de visitantes, los pisos residenciales dedicados a alquileres turísticos de forma sumergida y sin pagar impuestos, etcétera. No se puede deteriorar el modo de vida de la población autóctona hasta el punto de que vivan el turismo como una invasión, cuando su relación con él siempre ha sido amable. No hay turismofobia. Es un término que busca criminalizar a quién cuestiona esta organización disparatada de la explotación turística, las dificultades para acceder a la vivienda o la sobreexplotación laboral. Puede estar bien que vengan 75 millones de turistas del exterior –más los del interior–, pero no tanto si se reparten en pocas zonas y ciudades; si sus características son discutibles porque la oferta se basa en seguridad, sol y diversión. Se trata de repensar el modelo económico, el turístico y el de ciudad que queremos. Se trata de hacer compatibles los intereses de los ciudadanos, los trabajadores, los empresarios y el turismo. También el turista debe cambiar. Ya Stefan Zweig en 1929 criticaba la creciente masificación del turismo. Para él “se instaura una nueva forma de viajar, el viaje en masa, el viaje por contrato, lo que yo llamo el ‘ser viajado’ (…) No se viajará más, lo viajarán a uno”. Y concluía con una reflexión sobre cómo ser viajeros que deberíamos aplicarnos: “Sigamos viajando al modo de nuestros antepasados, según nuestra voluntad y eligiendo los destinos: solo así se convertirá cada uno de nuestros viajes en un descubrimiento no solo del mundo exterior, sino de nuestro propio mundo interior”. (Fuente: Cuarto Poder / Autor: Agustín Moreno)



  • Prostitutas, monologuistas y académicos: pinceladas mediáticas en torno al ideario RAE
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    15/08/2017
    La expresión insultante hijo/a de puta, recogida en el Diccionario de la Real Academia Española (en adelante, DRAE) como “Mala persona”(1), revela una estigmatización hacia las prostitutas producto de la ideología social en la que el varón, en tanto colectivo, desprecia una actividad de la que al tiempo es consumidor, al tiempo que la asocia a todo tipo de componentes negativos. En una apocalíptica columna de Agapito Maestre de Libertad Digital (29/IV/2010) titulada, precisamente, “Proxenetas y alcahuetas en el Senado”(2), se alude al tema, en este caso, para proyectar algunos de los leitmotiven del nacionalismo lingüístico español, como que el castellano es una lengua más importante, útil y entendible que las demás (Moreno Cabrera, 2010: 17-18). Dice así la columna de Maestre:
    Esas lenguas [...] han sido prostituidas por los políticos para conseguir unos pocos votos. Esas otras lenguas de España, sí, son lenguas secundarias comparadas con la lengua española por antonomasia, como nos ha enseñado Gregorio Salvador [...]. porque estoy en contra de que conviertan las "otras lenguas de España", el catalán, el gallego, el euskara y el valenciano, en instrumentos del separatismo, mantengo que la aprobación de ese reglamento impositivo del Senado es una cosa de chulos, proxenetas y alcahuetas. La imposición de esas lenguas es una forma de prostituirlas.
    Gregorio Salvador, al que Maestre menciona en su invectiva, fue vicedirector de la RAE entre 2000 y 2007(3). En uno de sus artículos sobre “Las lenguas” manifiesta la misma ideología supremacista en lo lingüístico con asertos de inferiorización de otros pueblos como que “el problema de la situación en México, tanto en Chiapas como en Oaxaca, es que hay todavía muchas lenguas”. Considera “menores” a dichas lenguas no europeas, se pregunta sobre “cómo van a ser todas las culturas iguales”, sostiene que “el multilingüismo planetario es una desgracia”  y encuentra un gran problema en “La gran desgracia del continente africano, la multiplicidad de lenguas, el multilingüismo, que cada tribu hable su propia lengua” (cit. en Rodríguez-Iglesias, 2016: 1184). Otra de las cosas que “nos ha enseñado Gregorio Salvador” (siguiendo la fórmula del artículo de Libertad digital) es la peregrina versión de que el castellano no se expandió por razones históricas relacionadas con el imperialismo y la dominación colonial, sino por el mero hecho de tener solo cinco vocales, lo que supuestamente lo ha convertido en una lengua más fácil de aprender que otras, independientemente de que el euskera, también con cinco vocales, no sea hablado por cientos de millones de personas, o de que el castellano, en diametral contraste con esa misma lengua, cuente con determinadas contrapartidas a la facilidad de aprendizaje, como son sus cientos de verbos irregulares (Moreno Cabrera, op. cit.: 11). Con estas tesis no hace sino continuar la tradición teórica de Ramón Menéndez Pidal, pope de la filología español(ist)a, quien estuvo al frente de la Real Academia por bastantes años a lo largo de dos períodos (1925-1938 y 1947-1968, año de su fallecimiento)(5). También declaraba en 2007 el entonces vicedirector de la RAE Gregorio Salvador que la supuestamente extraordinaria cohesión y homogeneidad “del orbe hispanohablante [...] frente al panorama fuertemente dialectalizado de otros territorios lingüísticos” se debía a “su nitidez fónica”, rasgo donde se incluye dicho mito de las cinco vocales, junto con “su simplicidad ortográfica y la adecuación entre lengua hablada y escrita”; punto este último totalmente ajeno a cualquier conocimiento mínimo de lingüística, por supuesto. Todo ello sería ideal, según Salvador, para “facilitar el aprendizaje del español por doquier” (cit. en Senz, 2011: 268), aunque no le parezcan relevantes de cara a ese aprendizaje, como hemos apuntado, sus más de mil verbos irregulares, así como sus sesenta y tantos modelos de conjugación.
    En esta misma línea, el director de la RAE en 2017 Darío Villanueva, en una entrevista a la Cadena SER del 10/VII/2017 (minuto 4:42), con motivo de la primera edición del espacio La lengua moderna6, aprovecha una pregunta sobre el fin de la obligatoriedad de colocar la tilde en el adverbio “solo” para introducir por enésima vez el manido asunto de las ventajas y facilidades del aprendizaje del castellano como lengua internacional hoy, igual que supuestamente las hubo en el pasado para que se extendiera más por la Península que el resto de lenguas romances. Lo hace afirmando que “la ortografía del español es extraordinariamente agradecida; somos una de las lenguas en donde los grafemas, las letras, se acercan mucho a los sonidos” y “los extranjeros lo dicen”, tras lo cual compara tal beneficio con la del francés y el inglés. A pesar de su actitud servil hacia Villanueva y el ideario de la RAE durante todo el diálogo, su entrevistador, el humorista y monologuista salmantino Héctor de Miguel Martín, alias Quequé, quien de hecho abre el espacio manifestando encontrarse “encantado y muy agradecido de que vengas casi casi a bendecir este programa” (0:16), comete el error táctico de mencionarle que, en oposición a tales simplicidades ortográficas, “luego tenemos el subjuntivo para vengarnos” (5:14). A este contratiempo, Villanueva, de inmediato, vuelve a llevar el agua a su molino lingüístico tras reconocer dicha dificultad gramatical pero insistir en su proselitismo idiomático añadiendo a renglón seguido que los extranjeros, “por otra parte, disfrutan de esa claridad ortográfica” al estudiar castellano.
    También hay sitio en la entrevista para que el director de la docta institución se lamente de las presiones de lo que considera la “corrección política”, como, por ejemplo, a la hora de elaborar las definiciones de los diccionarios (7:50). Un Quequé sumamente empático con las cuitas del académico le conmina a que acceda a desarrollar su lamento en estos términos: “Eso yo sé que incluso puede que te dé pereza explicarlo otra vez, pero yo creo que es necesario explicar por qué el diccionario no puede censurar, que es una cosa muy sencilla de entender, pero por favor...”. La respuesta ofrecida comienza con una mención de Villanueva al primigenio Diccionario de autoridades del siglo XVIII, respecto del que se encarga de enfatizar las diferencias con los actuales diccionarios de la RAE. Así, de acuerdo con la glosa del director del organismo normativo, el prólogo de dicho Diccionario de autoridades, con el que ahora quiere dejar claro que se marcan distancias,
    «no tendrá aquellas palabras que designen desnudamente objeto indecente»; y en aquel diccionario no aparecen las palabras de la actividad sexual, de la escatología, de las cosas más vinculadas a los entresijos del cuerpo. Bueno, era una manera de censura. Hoy ¿quién admitiría que el diccionario no recogiera esas palabras? Pues bien: la corrección política es una pretensión de censurar no a la Real Academia Española, que no inventa ninguna palabra, ni las promociona, ni las promueve, pero las tiene que registrar, porque el lenguaje no es políticamente correcto. [...] El lenguaje también sirve para ser grosero, para ser macarra y para ser canalla, y eso ha sido siempre así, y no podemos nosotros censurar lo que viene directamente de los hablantes, que son los que construyen el idioma.
    La apostilla de Quequé se mantiene en el mismo tono paternalista de su pregunta previa, amén de solidarizarse con el insufrible tormento interminable que los académicos deben arrostrar con estoicismo, cual Prometeo castigado por Zeus: “Yo creo que es algo que se entiende perfectamente, pero en fín, es algo cíclico que yo creo que estáis condenados a sufrir cada poco tiempo”.
    Con su jeremiada en torno a lo que considera las presiones de la “corrección política”, Villanueva está haciendo referencia indirecta a las abundantes críticas que la RAE recibe por asuntos como la perpetuación en sus obras de referencia (particularmente, las relativas al léxico, como su diccionario) de estereotipos y cosmovisiones racistas y sexistas. Su alocución sigue al pie de la letra la estela argumental de su antecesor en el cargo hasta diciembre de 2014, José Manuel Blecua, quien declaraba a Eldiario.es (23/X/2014)(7) que “el diccionario no debe ser políticamente correcto sino lingüísticamente correcto”, ante la polémica por las definiciones recogidas en las ediciones del DRAE previas a la trigesimosegunda. Es el caso de la entrada gitano, en cuya cuarta acepción se especificaba el significado como adjetivo del “que estafa u obra con engaño” y que en dicha edición número 32 fue reformulada, en términos no mucho mejores, como “trapacero”, vocablo que a su vez remite a “persona que actúa con engaños y de manera ilícita para perjudicar o defraudar a alguien”. Otro ejemplo es el del sintagma “mujer pública”, que, frente a su homólogo “hombre público”, que se definía como “el que tiene presencia e influjo en la vida social”, era descrito por el diccionario de la RAE como “prostituta”. Las críticas a la Real Academia señalaron que, lejos de su pretendida neutralidad, en el ejemplo de gitano se tomaba partido por las personas que utilizaban esa acepción xenófoba, sin incluir siquiera una valoración de uso de tales expresiones que aclararan su uso ofensivo o despectivo. También se denunciaba el carácter selectivo a la hora de recoger tales usos según el colectivo afectado, empleos muchos de los cuales, por otra parte, ya han sido dejados de lado en la lengua cotidiana actual, caso del citado sintagma mujer pública en el sentido de 'prostituta'. Igualmente, se consideraba que con la inclusión de esas acepciones no se contribuía precisamente a fomentar el buen uso del idioma que la RAE pregona en sus estatutos y principios fundacionales.
    En el momento de escribir estas líneas, si bien se ha añadido en la versión en línea la aclaración de que se usa “como ofensivo o discriminatorio”, la entrada gitano persiste en la acepción de “trapacero”(8), la cual se refiere a su vez a alguien “Que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto”(9), en tanto que también permanecen las citadas acepciones diferenciales de mujer pública como prostituta(10) y hombre público como varón influyente socialmente(11). Dentro de la entrada correspondiente a hombre, encontramos una primera acepción invisibilizadora del género femenino que invade el terreno semántico de lo que en realidad abarca el concepto de 'ser humano': así, “hombre” es definido como “Ser animado racional, varón o mujer”. Adicionalmente, los equivalentes femeninos de expresiones de uso común como hombre de la calle (según el DRAE, “Persona normal y corriente”), hombre de gobierno (utilizado para los estadistas), hombre del partido (empleado en los medios de comunicación cuando se habla de políticos con dilatada trayectoria dentro de su organización) u hombre mundano (que denota a una persona con apego a las cuestiones más sencillas y terrenales) son, respectivamente, “Prostituta que busca a sus clientes en la calle”, “mujer de su casa”, “prostituta” y “prostituta”(12). Otro ejemplo que permite verificar la ideología patriarcal subyacente a quienes elaboran el DRAE es el de la entrada lealtad, que en tanto cualidad valorada positivamente queda definida como “Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien”(13) (cursivas nuestras). La locución hombría de bien, a su vez ubicada dentro de la entrada hombría (“cualidad de hombre”), aparece como “Probidad, honradez”(14), lo que, definitivamente, asocia el rasgo positivo de la lealtad, fidelidad, probidad y honradez al campo semántico del varón. La justificación de este universo patriarcal a la que podrían agarrarse los defensores de estas definiciones es la de que, dado que, como hemos reseñado, hombre incluye a varón y mujer, esta última queda incluida dentro de esas virtudes positivas. Pero intentar hacer creer a cualquier persona que la palabra hombría no evoca de modo automático la imagen mental de un varón es como afirmar que los gatos tienen tres patas.
    El director de la Real Academia, días más tarde, aparecería en una entrevista a La Vanguardia, el 29 del mismo mes(15), en la que, además de negar el demostrado carácter prescriptivo y castellanocentrista de la institución, repetía los mitos clásicos del españolismo lingüístico, como que el castellano es una lengua más unificada que las demás (en la línea fabuladora de Gregorio Salvador), en este caso poniendo como ejemplo al inglés, o que la RAE contribuye a mantener dicha supuesta unicidad. Sin embargo, de toda la pléyade de incoherencias lingüísticas vertidas por Darío Villanueva llama especialmente nuestra atención una sentencia que no parece encajar bien con lo que antes hemos visto que expresaba a Quequé, en el sentido de que la RAE debía recoger en su obra de consulta todo vocablo o expresión en uso, independientemente de su alejamiento de la “corrección política” (traduzcamos: sexistas, racistas, homófobas y demás). En su intervención ante los micrófonos de la cadena SER hemos visto que argüía que el lenguaje “también sirve para ser grosero”, por lo que hoy “no podemos nosotros censurar lo que viene directamente de los hablantes”, a diferencia del antiguo y primitivo Diccionario de autoridades, tomado como contrajemplo del modus operandi contemporáneo ya que allí “no aparecen las palabras de la actividad sexual”. Sin embargo, Villanueva y el periodista de La Vanguardia dialogaban de esta forma en relación con la palabra amigovio, de amplio uso en América y recientemente admitida por la Real Academia. Las cursivas son nuestras:
    Respuesta [R]. […] Curiosamente, en el español de España se utiliza una perífrasis, que es “amigo con derecho a roce”. E incluso hay otra denominación, que es muy grosera y nosotros por supuesto nunca incluiríamos en el diccionario.
    Pregunta [P]. ¿A saber?
    R. No debo decirlo.
    P. ¿Se refiere a follamigo?
    R. Lo ha dicho usted (sonríe).
    Como puede comprobarse, la retórica argumentativa del prescriptivismo tiene las patas muy cortas.
    Retornemos ahora a su intervención en La lengua moderna. “Yo debo decir que soy de los que me indigné”, cuenta Quequé (5:29), respecto a la decisión de la RAE, recogida en su ortografía de 2010, de dejar de hacer obligatoria la colocación de la tilde en la palabra solo cuando funciona como adverbio. “Pero que ahora si lo pienso digo «mira, que lo dejen así», porque poner la tilde en solo cuando equivale a solamente es como un acto subversivo ahora mismo. Le da una gracia que antes no tenía”. Villanueva matiza que dicha ortografía no lo prohibe, sino que se limita a desaconsejarlo. “Es una propuesta más suave que la otra” y añade, con ironía, negando una pulsión admonitoria de la RAE (negación, que, como veremos más abajo, no se basa en la realidad):
    Por cierto, antes mencionabas el lema «Limpia, fija y da esplendor». Nos hacen muchos chistes con eso diciendo que parece el anuncio de un detergente, pero volviendo al momento de fundación de la Real Academia en 1713 ocurrió que hubo un debate muy fuerte sobre el lema y ganó este. Pero resulta que el otro, el que quedó mejor situado, era ni más ni menos que «Aprueba y reprueba», que sería convertir la Academia en una especie de policía del lenguaje, cuando en el 1700 aún no existía la guardia civil, que se fundó a mediados del XIX, ¿no?
    Tras la reflexión sobre la corrección política equiparada a censura, más adelante (9:44), el monologuista manifiesta su interés por otra de las terribles amenazas a la lengua común: “Por acabar con otro tema que nos preocupa a los que nos preocupan estas cosas, que no somos muchos, pero muy aguerridos: los anglicismos, ¿no? El running, el fitness, el tablet...”, comentando que algunos tienen equivalente en castellano pero quizá otros no. Villanueva confirma este motivo de alarma:
    A mí ese es un tema que me pone también muy nervioso, porque veo que hay como un papanatismo en nuestra sociedad que está entregando al inglés muchas facetas de manera innecesaria; por ejemplo, me está preocupando mucho que ahora que hay bastantes programas de la televisión que se titulan en inglés […]. Ocurre lo mismo con la palabra tablet. Hay una palabra española, tableta, que por otra parte tiene la misma raíz latina que el caso del inglés, y además así sabemos que tableta es femenino […].
    Al parecer, la consigna de Villanueva sería, parafraseando el famoso hit de la cantante Melody, una lengua antes muerta que precisa, puesto que prefiere incluso que no se amplíe el léxico con tal de no adoptar (ni adaptar) una palabra de origen inglés, tablet, la cual designa en el uso común un concepto más concreto (lo cual se conoce como hipónimo), el conocido dispositivo electrónico, que el preexistente tableta (que sería el hiperónimo, menos detallado), vocablo este que según el mismo DRAE lo mismo vale para un chocolate que para una madera16. Por más que pueda pesarle a la RAE, la generalización más o menos espontánea de un determinado término entre la comunidad de hablantes es totalmente ajena a toda recomendación académica, iniciativa privada o institucional, como evidencia el hecho de que se haya generalizado ratón en vez de mouse para denotar el aparato informático y sin embargo se haya preferido escáner a una posible traducción al castellano de ese otro artilugio digital (Moreno Cabrera, 2014: 208-209).
    “Es verdad”, celebra Quequé, “porque ¿un tablet?, ¿la tablet?”, se pregunta. “Hay una confusión” en torno a dicho uso, opina un Villanueva de quien cabe inferirse que se sentirá igualmente nervioso por la misma insoportable ambigüedad en sustantivos castellanos como mar, tizne, dote, enzima, pringue, armazón, interrogante o cobaya, todos ellos reconocidos como de doble género (el último de ellos, en su acepción de 'pregunta') por la propia edición electrónica del actual diccionario en línea de la RAE, organismo que, una vez más, hace gala de su manifiesta incoherencia cuando, mientras que adjudica a la palabra maratón exclusivamente el género masculino en dicha obra de consulta17, en el hashtag “#RAEconsultas” de su cuenta de Twitter dice que “puede usarse en los dos géneros: el/la maratón”18 y remite al público al Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) en su versión de internet, donde, en abierta contradicción con lo prescrito en el DRAE, hace mención a “su uso en femenino, también válido”19. Y hablando del género gramatical en el prescriptivismo incoherente (valga el plenonasmo) de la Real Academia, también tenemos el ejemplo de la palabra calor, usada en femenino por muchas/os hablantes de Andalucía, pero que a los ojos de la docta institución “se considera hoy vulgar y debe evitarse”, como recoge el DPD... salvo que aparezca “en textos literarios, con finalidad arcaizante”20. De hecho, en el Diccionario de autoridades (el primero en elaborar la RAE, como veíamos más arriba) podía leerse en la entrada correspondiente que calor “Es voz puramente Latina, y algunos la hacen femenina, diciendo la calor”21 (por cierto, en esta explicación aparece un gentilicio con mayúscula inicial y un gerundio de posterioridad, usos hoy no permitidos por la propia institución). Este tipo de dobles raseros a la hora de seleccionar qué usos son permisibles, y cuáles no, son muy abundantes y evidencian a menudo el carácter clasista de la Real Academia (podemos encontrar variados ejemplos de ellos en Moreno Cabrera, 2011: 246-250, 297).
    Otras pruebas de la (necesaria) falta de sistematicidad de la ideología prescriptivista, en este caso siguiendo con el tema de los anglicismos, la encontramos en un artículo de otro académico, Luis María Anson, en El Mundo del día 25/VII/201722; un prescriptivismo que casi siempre trata de disimular su condición. Anson declara, de una parte, que “el idioma no lo hacen los académicos sino el pueblo” (“Son los ciudadanos, repito, los que hacen el idioma y no los académicos”, enfatiza después). De otra, que “Generalmente, los quinientos millones largos que hablan español aceptan las decisiones académicas” y que “El idioma suscita tal interés entre los hispanohablantes que raro es el día en que no recibo cartas referentes a su uso”. Tal como están formuladas, una y otra afirmación son incompatibles entre sí: o la RAE simplemente recoge cómo habla la gente, o por el contrario es la gente (o gran parte de ella) es la que ajusta su forma de hablar a lo que estipula una institución llamada RAE, encargada de determinar los usos que considera adecuados. El caso es que, de hecho, ni una ni otra se dan en realidad. Respecto a la primera, el mismo Anson se encarga de refutarla explicando que la Academia “sanciona el uso de la lengua, […] aparte de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma”; no se limita a recopilar el habla, por tanto, sino que prescribe. Pero tampoco, por otra parte, “el pueblo” sigue a rajatabla sus prescripciones: a pesar de que “El idioma suscita tal interés entre los hispanohablantes que raro es el día en que no recibo cartas referentes a su uso” (debe entenderse que cartas procedentes de una minoría de estratos alfabetizados con un dominio amplio del estándar castellano escrito que tienen en cuenta esas prescripciones), la lengua va variando de forma independiente a los diktaten academicistas. Una vez más, el propio Anson ofrece dos ejemplos de cómo la RAE, que en un primer momento ha determinado usos correctos del léxico, no tiene más remedio que recular y terminar reconociendo ciertos usos reales: el empleo de fútbol frente a balompié y el de whisky frente a güisqui. Nótese bien: es solo en última instancia cuando la RAE se ve obligada a declarar que “el idioma no lo hacen los académicos sino el pueblo”, después de que este haya hecho caso omiso a sus encíclicas en materia léxica o gramatical. Anson finaliza su artículo queriendo “subrayar el feminismo que preside el Diccionario en algunas áreas, como en las profesiones”, en la línea de la duplicidad juez-jueza. Seguiremos abordando en breve el grado de feminismo de la docta institución.
    Para despachar las alusiones a las presuntas contaminaciones del inglés, saltemos otra vez a la entrevista en el medio escrito donde Villanueva recurría de nuevo a la voz “papanatismo” para quejarse de los usos en ese mismo idioma, incluso volviendo a poner como ejemplo el de la tablet. “Pecamos de un papanatismo incomprensible hacia el inglés”, rezaba el titular; “Es absurdo acudir a Eurovisión con una canción en inglés para, por cierto, quedar últimos mientras Portugal gana con un tema en portugués”, fue el subtítulo elegido por el medio. Hay que aclarar que jamás la RAE ni ninguno de sus representantes han mostrado su protesta por el no-empleo de las demás lenguas cooficiales del Estado (catalán-valenciano, euskera o gallego) a lo largo de la historia de dicho concurso televisivo (Elnacional.cat, 11/I/2017)23.
    Ahora volvamos al primer episodio radiofónico de La lengua moderna, porque “luego está el problema de la publicidad”, continúa la denuncia de Villanueva (11:15). “Nosotros hicimos el año pasado con la Academia Española de la Publicidad una sesión precisamente sobre este tema”, el de la presencia del inglés en los anuncios, “y la publicidad en ese sentido es terrible”, más aún “porque somos una lengua poderosa, una lengua muy extendida. ¿Por qué tenemos que hacer ese entreguismo?”. Esta extrema sensibilidad hacia el influjo anglosajón, empero, no aparenta verse correspondida con un cuidado paralelo respecto a la impronta machista en el terreno publicitario. Con motivo del tricentenario de la RAE fue difundido un anuncio televisivo elaborado precisamente por esa Academia de la Publicidad, entre cuyos patrocinadores se encuentran ABC, Coca-Cola o El Corte Inglés24, y donde se aprovechaba el lema de la institución, “Limpia, fija y da esplendor”, para parodiar los clásicos spots de detergente, con una mujer analfabeta que ordena a su hijo que recoja un frasco de mermelada derramado en el suelo antes de que llegue su padre y lo vea25; contenido que, lógicamente, fue objeto de la protesta de diversos colectivos feministas, los cuales lo denunciaron al Observatorio de la Imagen de las Mujeres del Instituto de la Mujer (Publico.es, 1/X/2013). El anuncio, que reforzaba simbólicamente el modelo de familia tradicional utilizando los estereotipos más infantilizadores hacia las mujeres, presentaba un escenario donde la autoridad es ejercida por el varón adulto que trabaja fuera mientras la esposa realiza las tareas domésticas; un ama de casa a la que, en tono paternalista, una voz en off masculina ofrecía un diccionario para mejorar su lenguaje26.
    Ciertamente, la institución no se ha caracterizado nunca por una excesiva atención al tema de la igualdad de género. El 1 de marzo de 2012 suscribió un documento de diecisiete páginas  titulado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, “un análisis de nueve guías de lenguaje no sexista publicadas recientemente en España por distintas instituciones”, las cuales, a juicio del autor, “contienen recomendaciones que contravienen no solo normas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias, sino también de varias gramáticas normativas, así como de numerosas guías de estilo elaboradas en los últimos años por muy diversos medios de comunicación”. El informe lingüístico-policial de la RAE llegaba incluso a afirmar que tales guías “conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico, o bien anulan distinciones y matices que deberían explicar en sus clases de Lengua los profesores de Enseñanza Media, lo que introduce en cierta manera un conflicto de competencias”27, nada menos. Su autor, Ignacio Bosque, miembro de la institución, advertía en ABC (5/III/201228) de que “«si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar»”, al tiempo que se quejaba de que “La mayor parte de estas guías han sido escritas sin la participación de los lingüistas”. En una entrevista publicada por el mismo diario al día siguiente (6/III/2012; p. 63 de la edición de Sevilla29), la académica Soledad Puértolas dejaba percibir al público el oxímoron de que mientras emitía un informe censurando determinados usos y recomendaciones (ya que, según Bosque, “conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados”) pretendía transmitir simultáneamente que “La Academia […] No dicta las normas; las recoge”, y añade: “Yo no sigo ninguna guía. Nunca hago caso a las imposiciones”. La apoteosis farisaica de su discurso llega cuando declara que “La Academia no está haciendo ninguna imposición”, en oposición a “las guías, que sí son impositivas.” A su juicio, “son guías políticas o ideológicas” en tanto que “las normas de la Academia son otra cosa”. Por supuesto, el paradigma en que se basa la RAE al elaborar el informe “Es un enfoque científico, trata de ser ecuánime”. A pesar de la abundancia de casos como los que hemos citado más arriba, Puértolas opina que “la RAE tiene un cuidado exquisito con la definición de las palabras que no conlleven discriminación a la mujer”. Entretanto, a través de Twitter, el también académico Arturo Pérez-Reverte, pródigo en exabruptos a través de esa ciber-red social, salió en defensa del texto de Bosque en su tono habitual con estos hiperbólicos y escasamente respetuosos microtextos (misma página de ABC30):
    «Estaba siendo intolerable el matonismo casi indiscutido de las ultrarradicales feminazis. Cada vez más crecidas con la impunidad»
    «Porque también el feminazismo orgánico, oficial, es un negocio del que trincan pasta muchos. Y sobre todo, muchas»
    «A ver quién es el imbécil que llama misógina o machista a Margarita Salas, a Carmen Iglesias, a Soledad Puértolas, a Inés Fernández Ordóñez...»
    «Por eso el texto magnífico de Boque [sic] es un zapatazo en la boca a los que ceden al chantaje y al miedo al qué dirán»
    Años antes, este miembro de la RAE, entre el sarcasmo y la apología del feminicidio, escribía un artículo aparecido en El Semanal el 21/VII/200731 que titulaba “Mujeres como las de antes”, en alusión a lo que considera “que apenas quedan”. En su texto, en el que las mujeres son consideradas básicamente en función del grado de satisfacción visual que puedan proporcionar al varón, relataba un momento de un paseo con su colega de academia Javier Marías32, en el que “se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo”.
    En cuanto al informe de Bosque, sorprenden determinadas lamentaciones y profecías de un cuerpo de académicas/os entre quienes se supone que se encuentran especialistas de la lingüística. Que la RAE considere que determinadas actuaciones lingüísticas (como es el caso de las guías contra el lenguaje sexista) suponen un grave atentado contra las reglas gramaticales no hace sino evidenciar su poso normativista, aunque aparezca disimulado en boca de sus representantes bajo la idea de que la lengua la hacen quienes la usan y no sus miembros de número. Contra lo alegado por las admoniciones de Bosque y compañía, a lo largo de la historia se han llevado a cabo todo tipo de acciones sobre las lenguas espontáneas mucho antes de que existieran las academias y otras instituciones prescriptivistas, a pesar de lo cual ninguna lengua natural ha degenerado ni se ha deteriorado por tal motivo. Por ejemplo, en castellano, la generalización del determinante este con sustantivos femeninos que comienzan por a tónica, como en el sintagma este agua (considerado incorrecto por las academias) lleva a muchas personas a emitir expresiones como mucho agua, lo que indica un posible comienzo de cambio de género en esa palabra. Estos procesos son imparables y comunes a todas las lenguas, por lo que en la actualidad se habla castellano y no latín vulgar, debido a lo cual, por citar otro ejemplo, los neutros latinos acabados en –a (como folia, vota, animalia o arma) pasaron al castellano como femeninos singulares (como hoja, boda, alimaña o arma), cambio que, una vez más, no fue dirigido por academia alguna. Las guías contra el lenguaje sexista no se refieren a la estricta gramática, sino al discurso general, donde intervienen aspectos ideológicos sobre los que es posible e incluso deseable intervenir. Lo que tratan de evitar tales guías son los casos de ambigüedad en el uso del género gramatical para, con ello, evitar un empleo discriminatorio de la lengua para con la mujer en contextos donde existe demanda social y obligación de un trato igualitario, extensible a lo formal. Así, a pesar de que, por tanto, no son gramáticas descriptivas del castellano, son criticadas inmerecidamente como si lo fueran por la RAE y el estamento académico, donde, ciertamente, hay personas que sí profesan determinada ideología, de corte androcéntrico, a veces declarada de modo obsceno. Como hemos comprobado en las declaraciones de Ignacio Bosque (“«si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar»”), a la Real Academia Española parece preocuparle mucho que las prácticas discursivas sensibles a aspectos ideológicos en los ámbitos político, sindical, periodístico, jurídico o administrativo intenten trasladarse a la lengua cotidiana porque ello privaría a la gente de la capacidad lingüística; desenlace apocalíptico que jamás ha ocurrido a pesar de que el lenguaje educativo, administrativo, jurídico o político (al que van dirigidas estas guías), es decir, la lengua artificial o cultivada (como es el castellano estándar), existe desde hace mucho tiempo sin que los miles de personas castellanoparlantes se hayan visto por ello imposibilitadas para hablar normalmente en la vida diaria (lengua natural o espontánea) (Moreno Cabrera, ibíd.: 203-224).
    Ahora bien, aparte del discurso no sexista en sentido amplio, también podemos introducir algunas precisiones en torno a los aspectos gramaticales específicos. La nueva gramática de la RAE de 200933, de la que fue ponente el propio Ignacio Bosque34, recoge que  “El GÉNERO NO MARCADO en español es el masculino, y el GÉNERO MARCADO es el femenino. […] En la designación de los seres animados, los sustantivos de género masculino no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también […] para designar […] a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos” (cit. en ibíd.: 215; versales en el original). Está claro que en la actuación discursiva el masculino genérico no puede servir a la hora de hacer visibles a las mujeres en aquellos contextos en que tal exposición resulta oportuna para contrarrestar el discurso androcéntrico. Justo por eso, en el informe de la RAE contra las guías de lenguaje no sexista se dice que “el que [sic] quiere referirse al conjunto de profesores y profesoras que ha tenido en su vida no podrá usar mi profesorado, pero sí mis profesores” (Bosque, 2012: 14; cit. en ibíd.: 216). Obviamente, el propio académico tiene que recurrir al desdoble, que no contraviene ninguna regla gramatical (como no lo hacen las recomendaciones de las guías), cuando dice “referirse al conjunto de profesores y profesoras” porque hubiera sido inoperante la tautología de haber afirmado que quien desea referirse al conjunto de sus profesores podrá usar mis profesores. Pero también existen, aparte de la semántica, condicionantes pragmáticos que pueden hacer necesarios los desdobles. Tampoco supone empobrecimiento gramatical decir o escribir quiero mucho a mi padre y a mi madre, por más que padres pueda referirse a ambos progenitores; fórmula que puede dar pie a matices como admiro desde hace unos años a mi padre y desde siempre a mi madre, lo que sería imposible hacer si se utilizara la palabra padres;  unas utilidades pragmáticas que la ideología androcéntrica de la RAE se empecina en no aceptar. En todo caso, a la hora de visibilizar a la mujer las guías de lenguaje no sexista incluyen una amplia variedad de recursos morfosintácticos y léxico-semánticos más allá de los desdoblamientos, respecto a los cuales, en todo caso, cabría preguntar, a quienes objetan que las frases resultantes son más largas, si supone un esfuerzo tan terrible y difícil utilizar una palabra más para conseguir un discurso que visibilice de forma explícita a las mujeres y sus cualidades, sin olvidar que dichos desdoblamientos incrementan el uso de estructuras sintácticas complejas, lo cual, lejos de empobrecer la lengua, la enriquece. Si lo que temen desde la RAE es que la tendencia al desdoblamiento genérico llegara a generalizarse en el habla normal y ello supusiera un cambio morfológico que destruyera tanto la gramática como las capacidades expresivas de quienes hablan en castellano, podría recordárseles algo que con toda probabilidad sepan perfectamente: que en la transformación del latín vulgar en castellano se reestructuró el sistema de géneros gramaticales pasando de tres (masculino, femenino y neutro) a solo dos (masculino y femenino), amén de perderse todo el sistema de casos morfológicos de sustantivos y adjetivos; cambios indudablemente radicales, pero que no ocasionaron una degeneración ni desintegración de la lengua latina, que simplemente transformaron. Del mismo modo, que las personas castellanoparlantes decidieran prescindir del masculino como genérico y dicho cambio tuviera éxito no ocasionaría la destrucción del castellano, como tampoco son lenguas destruidas (ni mejores, ni peores) otras que existen en Europa sin distinción morfológica alguna del género, ni siquiera en los pronombres personales, como el euskera, húngaro, finés, estonio o turco. La eventual adopción generalizada esas formas, que tampoco solucionaría por sí misma los problemas de la discriminación y violencia de que son objeto las mujeres, sí al menos contribuiría a la toma de conciencia y cuestionamiento de la ideología androcéntrica. Pero (ibíd.: 223)
    es posible que la RAE considere que estas guías usurpan a la docta institución alguna de sus funciones normativas y planificadoras, dado que parece que esta institución considera que es la única institución que tiene la legitimidad plena para ejercer dichas funciones. Como la ideología androcéntrica predominante en ella impide que pueda llevar a cabo esos cometidos en el ámbito del discurso sexista, es imprencindible demostrar que no es legítimo, gramaticalmente hablando, realizar tal labor y, por tanto, descalificar cualquier propuesta en este sentido que salga de la sociedad.
    También sería oportuno que se acordaran del desdoblamiento existente en el verso 17 de uno de los textos del cánon filológico castellano, el Cantar de Mio Cid: “burgueses e burguesas por las finiestras son”35.  Pero probablemente esperar sensibilidad feminista en general por parte de instituciones como la RAE sea pedirle peras al olmo, dado que las mujeres en ella representan una exigua minoría. Un año antes de la publicación de su encíclica contra el lenguaje inclusivo, solo eran mujeres 5 de los 42 miembros de la Real Academia Española, entidad que no admitió a la primera hasta 1978, en tanto que es más fácil para un cardenal formar parte de una de las Reales Academias de las variadas disciplinas que para una mujer (Elpais.com, 15/II/201136). Y como reflejan las opiniones vertidas en los medios por académicas como Puértolas, no parece que las que forman parte de ella tengan una visión muy avanzada en torno a dicho tema.
    Vamos a retornar al campo del léxico para reflexionar en torno a la doble vara de medir del descriptivismo impostado y la supuesta asepsia de los diccionarios y obras de consulta de la RAE, para lo que nos valdremos de los autores de los discursos que acabamos de reproducir. Los que leíamos escritos por Arturo Pérez-Reverte nos servirán de ejemplos transparentes a la hora de constatar dos vocablos que ganan terreno en el uso común del castellano, pero que no vienen recogidos en el DRAE (aunque, curiosamente, sí en las consultas del buscador on-line de la Fundación del Español Urgente, asesorada por la Real Academia). Uno podría ser el de heteropatriarcado, término que designa a la cosmovisión ideológica extendida a través del colonialismo europeo que eliminó otros sistemas de género, erotismo y formas de entender la sociedad, voz que “se emplea con frecuencia en muchos medios de comunicación. El elemento compositivo hetero-, cuyo significado es ‘desigual o diferente’, se adhiere a la palabra patriarcado, que alude al ‘territorio o jurisdicción del patriarca’. En este caso, el heteropatriarcado sería ‘el sistema sociopolítico en el que el género masculino y la heterosexualidad tienen supremacía sobre otros géneros y sobre otras orientaciones sexuales’”37. A diferencia de otros términos compuestos (como socioeconómico o fisicoquímico), como decimos, no consta, como decimos, en el DRAE. Otro vocablo que tampoco lo hace a pesar de que goza de progresiva popularidad es machirulo, cuyo “origen es incierto, aunque podría tratarse de un acrónimo a partir de macho y chulo o de macho y pirulo. De hecho el significado que suele dársele en el ámbito feminista es el de ‘hombre machista’, en ocasiones asociado a quien hace gala de esa condición. Es coloquial y tiene un claro matiz despectivo”38. Téngase en cuenta, en lo relativo a este último atributo de la palabra, que tampoco aparece en el DRAE a pesar de que, como hemos visto que declaraba su director, se supone que “la Real Academia Española […] no inventa ninguna palabra [...] pero las tiene que registrar, porque el lenguaje [...] también sirve para ser grosero […] y no podemos nosotros censurar lo que viene directamente de los hablantes, que son los que construyen el idioma” (vid. supra).
    No nos resistimos a completar esta reflexión acerca de los criterios de selección terminológica en el lexicón de la RAE con otras dos voces, las cuales vendrán a colación a partir de sendos mensajes del humorista Quequé, quien, como presentábamos al principio, se encargaba de entrevistar a Darío Villanueva. La primera de ellas es un anglicismo no registrado, a diferencia de otros como whisky (citado más arriba por el académico Luis María Anson en su artículo periodístico), y que nos sugiere el tono que adopta Quequé en el fragmento de su parlamento radiofónico transcrito antes: “Eso yo sé que incluso puede que te dé pereza explicarlo otra vez, pero yo creo que es necesario explicar por qué el diccionario no puede censurar, que es una cosa muy sencilla de entender, pero por favor...”. La voz en cuestión es mansplaining (sustantivo referido a una acción, del cual se deriva a su vez mansplainer, que denota a quien la ejerce). En Solnit (2016: 19; nota a pie de página de la traductora, Paula Martín Ponz) podemos leer que
    Este término surge de la contracción en inglés de la palabra man (hombre) y del verbo to explain (explicar). Según la definición del Diccionario Oxford: «Dícese de la actitud (de un hombre) que explica (algo) a alguien, normalmente a una mujer, de un modo considerado condescendiente o paternalista»; recoge la idea de una acción en la que se obvia los conocimientos, inteligencia y la familiaridad que la mujer posea respecto a ese asunto, infantilizando a la interlocutora. Desde su creación ha sido muy popular al considerarse un término necesario para definir un concepto antiguo y una experiencia frecuente. He decidido dejarlo en inglés porque es un término difícil de crear en castellano.
    La palabra, que viene difundiéndose en los medios de comunicación en castellano (Eldiario.es, columna de Barbijaputa, 21/I/201639; Verne.elpais.com, 23/IX/201640; Pikaramagazine.com, 20/III/201741; Glamour.es, 5/VI/201742), comenzó a popularizarse en inglés con el surgimiento de “una página web llamada «Los hombres académicos me explican cosas» […]. me encanta cuando la gente me explica cosas que saben y en las que yo estoy interesada pero aún no sé; es cuando me explican cosas que sé y ellos no cuando la conversación se tuerce” (la propia Solnit, op. cit., en la misma página).
    El segundo de los términos no reflejados en el DRAE que elegimos, en esta ocasión inspirado por una alocución de Quequé de la que ofreceremos un extracto para ilustrarla, es el de gordofobia. De acuerdo con Piñeyro Bruschi (2016: 48-49),
    En simples palabras, llamamos gordofobia a la discriminación a la que nos vemos sometidas las personas gordas por el hecho de serlo. Hablamos de humillación, invisibilización, maltrato, inferiorización, ridiculización, patologización, marginación, exclusión y hasta de ejercicio de violencia física ejercidas contra un grupo de personas por tener una determinada característica física: la gordura.
    […] la diferencia entre la gordura y el resto de las características físicas citadas residía en el hecho de que no existe un sistema ideológico que produzca, reproduzca, garantice, difunda y refuerce CONSTANTEMENTE la discriminación, el odio y el rechazo de todo el colectivo de personas calvas, miopes, de pelo rizado, altas o con granos, y sin embargo sí existe tal sistema ideológico con estas funciones de cara a la gente gorda, un sistema ideológico que activa y hace funcionar la citada cárcel de cristal. La señalización de aquellas primeras peculiaridades físicas es individual, o a lo sumo circunstancial, pero no ocurre todo el tiempo, todos los días, con todas las personas, ni en todos los sitios, como sí ocurre –por el contrario– con la gordura. […] Esto significa que, al igual que el racismo o el machismo, la discriminación de las personas gordas es algo estructural en nuestras sociedades, es decir, la gordofobia opera como un sistema de opresión para todo el colectivo de personas gordas, con mayor o menor grado pero sin excepciones.
    Sus principales tipos de consecuencias son la invisibilización cultural, la discriminación laboral y sanitaria, el bullying escolar y acoso callejero y el rechazo afectivo-sexual, y su germen social se basa en el denominado “tripartito gordofóbico” que justifica esta forma de opresión a través de un relato estigmatizante en tres niveles: estético, moral y de criterios sobre la salud (op. cit.). Evidentemente, los medios de comunicación de masas, que reflejan y sustentan los valores del sistema económico y sociocultural vigente (p. 55), nos invitan a preguntarnos por los roles asociados por el colectivo afectado por esta forma de subalternización (p. 31):
    ¿Cuántas novelas son protagonizadas por gordas? ¿Cuántos cuentos o canciones? ¿Cuántas películas? ¿Cuántos programas de televisión están conducidos por personas gordas? ¿Cuántas periodistas gordas dan las noticias o hacen reportajes en los noticieros? ¿Cuántas escritoras gordas podríamos nombrar ahora mismo? La gente gorda es casi invisible en las producciones culturales y las pocas veces que aparecemos lo hacemos de la mano de la risa y la humillación, marcando la diferencia. Porque pensar en los personajes gordos/as de las películas es pensar en algo gracioso. Punto. Poco más que agregar. El gordo es un chiste de sí mismo. La gorda no es quien actúa. La protagonista en todo momento es la gordura y no la gorda, presentada como una masa informe que habla por sí misma y desde sí misma con la única y exclusiva meta de hacer reír desde la humillación, desde la explicitación y ridiculización de su cuerpo marcado como el diferente.
    Tomemos, pues, un fragmento de uno de los monólogos de Quequé en su vertiente de humorista, perteneciente al programa El club de la comedia y bajo el título “Las tensiones que provocan las tecnologías” (minuto 6:30)43. En su imaginaria narración, el monologuista cuenta su desazón al verse incapaz de recoger el voluminoso excremento de su perro en la calle, porque ha olvidado en casa la bolsa para poder hacerlo. Ante la situación, decide abandonar ese escenario con disimulo confiando en que nadie se haya percatado de su incívica conducta por omisión, pero alguien lo impedirá. Lo interesante es que a la hora de perfilar ese inoportuno alguien, el humorista ha escogido para su ficción narrativa a un personaje de volumen corporal grueso:
    Y en ese momento, ese niño que está con su padre en la terraza... Ese niño. Sabéis cuál os digo, ¿no? Ese niño. Ese niño gordo que tú ya lo ves, gordo, ahí, comiendo un helado de tres bolas, de gordo que tú dices: «¿pero tú no ves que está gordo?». ¿No verán sus padres que está gordo, eh? ¿Que le han comprado la [camiseta] de Ronaldo XL y le queda prieta al hijo [de] puta? Coño, que estás gordo porque estás gordo. Míralo, el gordo. ¿No te gusta el fútbol? ¡Corre un poco, coño, aunque sea de linier! ¡Gordo! Míralo, va el tío... Sabéis qué niño os digo, ¿no? Ese niño, empieza a gritar: «¡Mira, mama, el perro se ha cagado! ¡Se ha cagado el perro, qué guarro, se ha cagado...!». ¡Tú sí que eres guarro, gordo asqueroso!
    De este modo, a la hora de conseguir la risa y el aplauso de la audiencia, Quequé ha recurrido como recurso humorístico a un viejo y conocido estereotipo (“Sabéis cuál os digo, ¿no?”) que une el atributo físico de la gordura con rasgos de carácter negativos como la gula sin freno (“comiendo un helado de tres bolas”) o la falta de limpieza, física o moral (“¡Tú sí que eres guarro, gordo asqueroso!”); cliché que pervive en tanto objeto de odio, desprecio y humillación, como puede comprobarse a diario, por ejemplo, en los centros escolares. Naturalmente, Quequé podría defender la licitud de su guión gordofóbico apelando a que el humor, como el diccionario de la RAE, no se puede “censurar” o ajustarlo a la “corrección política”, por usar palabras de su entrevista a Darío Villanueva. Sería pertinente, en todo caso, precisar la nítida diferencia que existe entre la sátira y el humor opresivo del que se vale en su monólogo (Vasallo, 2015),
    espacios diametralmente distintos, que no responden siquiera a las mismas lógicas. […] Para ser sátira debe apuntar hacia arriba o hacia dentro. Reirse del sistema y del poder, burlarse de la hegemonía, vengarse de la invisibilización, de los oprobios y las miserias cotidianas a las que la se nos nos condenan. […] La sátira, en tanto que herramienta de transformación, es un acto político. El humor opresivo es una herramienta del poder para reafirmarse y es una forma de violencia simbólica que sí alimenta la violencia cotidiana y la legitima. Se formula desde el privilegio y apunta hacia abajo, inferiorizando a quien ya está inferiorizada. Es humor sin riesgo alguno y es pernicioso porque alimenta la idea de que las situaciones de desigualdad son divertidas o son intrascendentes.
    Y, todo hay que decirlo, uno de los insultos que el apologeta de la Real Academia le ha dedicado al estereotipo del niño gordo es el de “hijo puta”, con el que abríamos este repaso mediático, según cuya definición tener como progenitora a una prostituta equivale a ser “Mala persona”, como veíamos al comienzo del presente texto. Una expresión tan heteropatriarcal como las acepciones del DRAE para las locuciones con la palabra mujer.
    REFERENCIAS
    BOSQUE, Ignacio (2012): Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.  Real Academia Española. http://www.rae.es/sites/default/files/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer_0.pdf 
    MORENO CABRERA, Juan Carlos (2014): Los dominios del español. Guía del imperialismo lingüístico panhispánico. Madrid: Euphonía Ediciones. http://www.euphoniaediciones.com/plataforma/libros/los-dominios-del-espanol-13-45-1-2-1 
    - (2011): «Unifica, limpia y fija.» La RAE y los mitos del nacionalismo lingüístico español. En SENZ, Silvia y ALBERTE, Montserrat: El dardo en la Academia. Esencia y vigencia de las academias de la lengua española. Barcelona: Melusina.
    - (2010): Lengua / nacionalismo en el contexto español, http://bretemas.blogaliza.org/files/2010/06/Texto_Juan_Carlos_Moreno_Cabrera.pdf
    PIÑEYRO BRUSCHI, Magdalena (2016): Stop Gordofobia: y las panzas subversas. Málaga: Baladre / Zambra.
    RODRÍGUEZ-IGLESIAS, Ígor (2016): “Ideologías lingüísticas: descapitalización fanoniana de los andaluces”, Nueva Revista del Pacífico, 65, 105-136. http://www.nuevarevistadelpacifico.cl/index.php/NRP/article/view/71/114 
    SENZ, Silvia (2011): Una, grande y (esencialmente) uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la «lengua común». En SENZ, Silvia y ALBERTE, Montserrat: El dardo en la Academia. Esencia y vigencia de las academias de la lengua española. Barcelona: Melusina.
    SOLNIT, Rebeca (2016): Los hombres me explican cosas. Madrid: Capitán Swing.
    VASALLO, Brigitte (2015): “¿Quién teme a la sátira lesbofeminista?”. http://www.pikaramagazine.com/2015/04/quien-teme-a-la-satira-lesbofeminista/ 
    Manuel Rodríguez Illana



  • Ni Allende ni Pinochet: hacia un nuevo paroxismo de la indecencia política
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    14/08/2017
    Hay momentos en los que toca ponerse (políticamente) antipáticos y denunciar algunas verdades, pese a quien pese en el seno de “la izquierda” española. Durante años, ellos nos dijeron que Venezuela era “el modelo” porque había allí un parlamento pluripartidista con representación de la oligarquía. Nosotros, que para nada consideramos tal esquema de organización estatal “el modelo” ni ninguna verdadera “democracia” (lo reconocemos: venimos de tradiciones desacomplejadamente pro-cubanas); nosotros, que, de hecho, no hemos sido nunca apologetas de la demo(banco)cracia occidental burguesa, hemos defendido a Venezuela en todo momento y, por supuesto, lo seguimos haciendo. Así: sin ambigüedades, y cada día más. Pues bien, resulta que quienes producían todo tipo de teorizaciones más o menos espurias para ensalzar esquemas como el “Socialismo del siglo XXI” ahora vacilan y juegan a la equidistancia, adoptando una posición que hace muy poco tiempo nadie habría aceptado y que ahora (como la rana que ha sido calentada a fuego lento y, por ello, nunca ha llegado a saltar) muchos han naturalizado. Digámoslo rápido: la posición política de Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez ante la crisis venezolana ha sido un auténtico bochorno. Y si quienes decían aspirar a “cambiar Podemos desde dentro” hacen seguidismo de esa postura, en lugar de exigir su inmediata rectificación, dicha aspiración no era menos falaz que el resto del tinglado morado. Pablo Iglesias mantiene en su Facebook una postura ecléctica, según la cual en Venezuela “ambos bandos” tienen que entenderse. Qué recuerdos… Esto casi tiene ecos del Comité de Londres (Comité de No Intervención) de 1936 por el cual Francia y Reino Unido dijeron algo así como “ni II República ni Franco”, poniendo en el mismo plano al gobierno del Frente Popular y a unos golpistas genocidas y fascistas (y beneficiando, de facto, a estos últimos). Hace solo cuatro años, en la muerte de Chávez, Iglesias se deshacía en elogios hacia el proceso bolivariano… Ahora, no sabe cómo esconderse para no tener que pronunciarse sobre el mismo. Pero bueno, es habitual en él: prácticamente ninguno de los puntos programáticos fundamentales del Podemos primigenio de las europeas de 2014 se mantiene en la actualidad. No hablemos ya de su presunto “horizontalismo” organizativo. Teresa Rodríguez va aún más lejos: “la única Venezuela que a mí me preocupa es la calle de mi barrio de Cádiz”. ¿Es que nadie en su entorno piensa decirle que esa fórmula, que usa ahora por segunda vez, es impropia de un internacionalista? En fin, ya puestos podría haber concretado más: “a mí solo me importa mi barrio: a los trabajadores de otras partes del mundo… que les den”. La cosa es que “Tere” ni siquiera se dignó a defender la posición del comunicado que su propia organización (Anticapitalistas) había sacado de forma prácticamente simultánea. ¿Entonces para qué sirve un posicionamiento político, si luego, cuando te pregunta un periodista, no lo defiendes? Suponemos que para lo mismo que tanta lectura teresiana de manifiestos en la “Marcha a Rota”: para luego acabar diciendo que la OTAN… “debe dar más trabajo” en su pueblo. Se ve que Tsipras ha creado verdadera escuela entre la izquierda europea. En todo caso, a pocos puede sorprender ya que este particular dueto modifique sus posicionamientos políticos en función del Barómetro del CIS. Más sorprendente resulta que a nuestro alrededor encontremos a demasiada gente del activismo realmente existente justificándolo todo. En estos días hemos visto a algunos (especialmente, de Podemos) rebotar por las redes sociales un cartel de color morado que se inicia con la siguiente consigna: “Me importa una mierda Venezuela”. Muy bonito: podrían decir lo mismo de Palestina, Gambia o Idomeni. También observamos a gente a la que, para hacer pasar por lógica su particular “transición democrática”, no se le ha ocurrido una excusa mejor que la siguiente: Chávez era genial, pero Maduro es muy malo. Ni a Suárez se le habría ocurrido algo tan esperpéntico. Algunos culpan al actual presidente de un modelo de desarrollo excesivamente basado en la renta petrolera: ¿no fue Hugo Chávez quien implantó ese modelo durante tres lustros? ¿No es Maduro precisamente quien trata de superarlo con la “guerrilla productiva” y la Constituyente? ¿Qué se esconde tras una falta de rigor tan flagrante? Se llega hasta a afirmar que Maduro no ha sabido dialogar con la oposición. ¿Es que ya no recuerdan que Chávez recibió un golpe de Estado en 2002, golpe que colocó como nuevo presidente del país al presidente de la patronal Pedro Carmona y que, afortunadamente, fue derrotado por la movilización popular? Al igual que esta nueva intentona está siendo derrotada por la movilización y la inyección de entusiasmo popular que ha supuesto la Constituyente. ¿Es que ni siquiera van a tener la decencia de reconocerle a Maduro el acierto y el golpe maestro que ha supuesto la convocatoria de dicha Asamblea? ¿De verdad creen, contra toda experiencia histórica, que es posible iniciar un proceso político transformador sin que la oligarquía reaccione y monte una “contra”? Otros –más clasistas- llegan al extremo de aludir a la “falta de preparación intelectual” del presidente. No podemos sino tener la impresión de que a algunos solo les gustan los conductores de autobuses si los interpreta algún glamuroso actor, como Robert de Niro en Una historia del Bronx. A ver si nos aclaramos: ¿“el obrero es el auténtico tipo duro”, pero es incapaz de gobernar un país? ¿Eso hay que dejárselo “a los universitarios”? Y por cierto: ¿qué universitarios, los de aquí? ¿Los que no entienden nada y emplean esa especie irrisoria de culpar a Maduro incluso de la bajada internacional de los precios del barril de petróleo, cuando ha sido una verdadera maniobra de una OPEP actualmente controlada por los EE UU y que intenta perjudicar a rivales exportadores como Rusia y Venezuela? En fin, no entendemos a qué tanto balbuceo incoherente: ¿no sería más fácil admitir que, en realidad, se ha acabado interiorizando las tesis errejonistas o neo-laclauianas? ¿Que la ideología es “líquida” y ellos están dispuestos a claudicar en cualquier principio político para no perder algunos escaños, carguitos, liberaciones o cuotas de poder? Y en relación a esto último: ¿son estos los que tendrán que mantenerse firmes y no vendernos el día de mañana cuando Bruselas les diga lo mismo que le dijo en su momento a Alexis Tsipras? Por encima de toda táctica y de toda “coyuntura” cambiante, un principio está claro: el antiimperialismo, la denuncia pública de las acciones de las multinacionales y los bancos españoles en América Latina, el repudio de los posicionamientos de “nuestros” gobiernos y de los partidos patrocinados por ellos y por USA, todo ello es una tarea más entre las nuestras. Y además una tarea que, de manera especial por vivir en la retaguardia del imperialismo, nos corresponde a nosotros: a la izquierda que vive en el corazón del ogro, en la metrópoli desde la cual se cocinan todas las agresiones. Y si no afrontamos esta tarea, será una clara dejación de funciones por nuestra parte, que, para colmo, a efectos prácticos solo podrá traducirse en complicidad. No sería nada nuevo: ya la II Internacional acabó siendo una reconocida cómplice del imperialismo. Y a nuestra II República también la dejaron sola: solamente el gobierno de la URSS tuvo la decencia de prestarle apoyo. ¿Y Allende? ¿Acaso alguien cree que los medios de comunicación españoles pintaban a Allende como un “romántico” y “honesto” luchador cuando aún no estaba muerto? ¿Debe ser la prioridad de Nicolás Maduro caerle bien a los medios de comunicación españoles y norteamericanos? ¿Qué habríamos pensado de alguien que, como hace Iglesias con Venezuela, pusiera en el mismo plano al gobierno de Allende y a los golpistas a sueldo de EE UU comandados por Pinochet? Desgraciadamente, no exageramos: ya hemos visto demasiadas cosas este último año. Hemos visto a los opositores secuestrando helicópteros, lanzando miles. Los hemos visto quemar vivas a personas en la calle. Los hemos visto poner bombas, han organizado “guarimbas”. Han acaparado alimentos para provocar el caos, hasta el punto de que ha sido necesario que el gobierno intervenga las panaderías para que los empresarios dejaran de esconder el pan. Han comprado a miembros del lumpen para cometer crímenes deleznables. Han llamado a la intervención extranjera y a su propio ejército a sublevarse, e incluso se han disfrazado ellos de militares (sin serlo) para intentar confundirlo. Todos lo saben: en España, la oposición venezolana ya estaría ilegalizada según nuestra Ley de Partidos. Pero también hemos visto a un pueblo movilizado para, de la mano de su gobierno revolucionario, solucionar sus problemas por sí mismo. Hemos visto que, cuando los empresarios cerraban las fábricas para proseguir su guerra económica (lo mismo que le hicieron a Allende), estas eran tomadas por los propios trabajadores y administradas en régimen de cooperativa socialista, como la ejemplar fábrica de conservas “La Gaviota”, que produce diariamente 900 cajas de sardinas en lata. Hemos visto cómo la oposición no ha sido capaz de movilizar más que a los barrios de clase media-alta, pero, como incluso un acérrimo medio antichavista como El País se ha visto obligado a reconocer, nunca a la clase trabajadora, que sigue siendo fiel a una revolución que se lo ha dado todo en estas casi dos décadas. Hemos visto a la formidable Delcy Rodríguez, hija de un dirigente comunista asesinado en 1976, emerger como figura política y convertirse en presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente. Y hemos visto a un pueblo volver a ilusionarse y a movilizarse como en los mejores tiempos de Hugo Chávez, avanzando hacia la conquista de un socialismo que, es cierto, aún no ha llegado; pero que cada vez se percibe de forma más clara como la única alternativa frente a los golpistas. Habiendo visto todo esto, sentimos tener que expresarnos con tamaña dureza: ya está bien, compañeros, ya está bien. Quien, desde posiciones de izquierdas, deje de defender sin ambigüedades a Venezuela frente a una oposición golpista y con clara tendencia al fascismo; quien en esta coyuntura particular marque distancias con respecto al proceso revolucionario o justifique a los que –como Iglesias o “Tere”- lo hacen, o quien diga que “Chávez sí pero Maduro no” es, sin duda alguna, el mejor representante del cinismo, la indecencia, la inmoralidad, la cobardía política y la tendencia más o menos disimulada a pisotear todo principio en pos de un electoralismo que, desde luego, habría dejado sin respiración al mismísimo Felipe González. Más les valdría enterarse de que, con tanto tacticismo, acabarán por perderse en la selva del inmediatismo y de la traición. Más les valdría pensar en sí mismos hace solo unos años, antes de la fulminante adopción del “paradigma Laclau”, y en si habrían aceptado todo lo que están aceptando ahora. Y más les valdría recordar la máxima de Martin Niemöller: “primero vinieron a por los comunistas, pero yo no dije nada…”. (Fuente: Insurgente / Autor: Manuel Navarrete)



  • El terrorismo informativo contra Venezuela
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    10/08/2017
    Las elites mundiales dominan los principales medios de comunicación internacionales de modo casi total a través de sociedades enrevesadas que ocultan las participaciones de emporios transnacionales como bancos, empresas de armamento y del sector de la energía, entidades financieras e inversoras y otras firmas de diversa índole. The New York Times, Le Monde, Der Spiegel, Financial Times, El País, revistas de referencia y cadenas importantes de televisión o radio imponen sus puntos de vista sobre la actualidad según los intereses geopolíticos de sus accionistas, marcando los asuntos que deben ser portada y objeto de debate de sus millonarias audiencias. Por decirlo de otra manera, crean focos de atención preferentes mientras silencian con sombras informativas intencionadas otros asuntos susceptibles de desvelar zonas ocultas de sus intereses económicos. Solo se habla de lo que el poder hegemónico quiere, tal y como estudiara al detalle el lingüista estadounidense George Lakoff. Quienes imponen los marcos de discusión tienen la sartén por el mango porque únicamente hay luz y es motivo de debate lo que no daña su perspectiva política, eludiendo las contradicciones de toda realidad social. Esos marcos temáticos crean la realidad que las elites desean. De esta forma, en los últimos años las victorias de la izquierda en Sudamérica (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina…) han provocado una animadversión de las elites neoliberales para que tales triunfos electorales no sirvieran de ejemplo en otras áreas geográficas. La inquina hacia sus gobernantes ha sido y es más que alevosa y manifiesta, tomando el relevo de la maldita Cuba, objetivo ya demasiado manoseado históricamente por las derechas y sus acólitos de la izquierdita nominal. La guerra desinformativa no tiene cuartel: todo vale contra la izquierda, aunque lleguen al gobierno (el poder sería mucho decir tal vez) democráticamente. Pero la mayor virulencia mediática recae sobre Venezuela. Contra este país, cualquier mentira es buena con tal de que el mensaje desestabilizador alcance las mentes de las masas de forma avasalladora y falaz. ¿Por qué ahora Venezuela? Porque podría ser un fuerte ejemplo a imitar y su pueblo está resistiendo andanadas de todo tipo para que quiebre su voluntad mayoritaria a favor de la burguesía nacional y la clase propietaria internacional. El pueblo de Venezuela está haciendo frente a una hiedra de numerosas ramas venenosas: la ultraderecha multimillonaria y rancia del interior, el FMI, el dinero negro de la CIA, golpismo y terrorismo de agentes anónimos que tiran la piedra y esconden la mano, la tibieza de la Unión Europea y el ataque desinformativo a mansalva, especialmente desde España, que está operando en esta crisis inducida como portaaviones nodriza de la crema elitista del mundo globalizado. Neutralizada Grecia con la bajada de pantalones de Tsipras y Syriza solo quedan Venezuela, Cuba como recurso ideológico para personas talluditas y Corea del Norte como absurdo infantil para conjurar los peligros rojos contra la democracia de corte occidental. Sin embargo, en este esquema de urgencia, Venezuela ostenta la primacía indiscutible en el escalafón de maldad absoluta, no en vano es el país con mayores reservas de petróleo del mundo (unos 300.000 millones de barriles), a la que siguen Arabia Saudí (250.000 millones de barriles estimados), Irán (150.000 millones) e Irak (140.000 millones). Irak está en guerra permanente gracias a los bombardeos de EE.UU. y la Union Europea; Irán, siempre en el punto de mira bélico occidental; Arabia Saudí sometida por una dictadura feudal amiga de Washington y Bruselas y… Venezuela, un reducto izquierdista contra el imperio ultraliberal. Así puede entenderse mucho mejor la geopolítica de las “democracias” alentadas por los dueños universales de la ética instalados en la Casa Blanca y en las capitales de la vieja Europa. Lo que nunca debe ser noticia de portada Un repaso somero a la realidad mundial nos muestra aquella parte de la realidad que jamás ha de abrir portadas o debe tratarse con sordina. Van algunos ejemplos a vuelapluma más que significativos. Arabia Saudí es el país más machista del mundo. En 2015 se registraron oficialmente 157 ajusticiados por condenas de pena de muerte, algunos por ateísmo. Decapitaciones y crucifixiones están a la orden del día. Un fascista es el actual inquilino de la presidencia USA. Y llegó a tan alta magistratura con dos millones de votos menos que su adversaria demócrata Hillary Clinton. Genuino sabor a democracia total e irreversible. El régimen de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas desde 2016, ha asesinado extrajudicialmente a miles de personas presuntamente vinculadas con el narcotráfico. Sus acciones no merecen editoriales ácidos ni espacios amplios en la prensa internacional, solo pequeñas censuras de adorno estético. El año pasado, en México se recogió una cosecha diabólica, sin estar en guerra, de 23.000 personas muertas en actos violentos. En Siria, asolada por una conflagración bélica abierta y notoria, hubo 50.000 muertos. Desde comienzos del presente siglo, el genocidio sionista ha segado la vida de 1.500 niñas y niños palestinos, un asesinato cada tres días. Según diferentes organismos, durante 2016 perdieron la vida entre 74 y 156 periodistas. Irak, Siria, Afganistán, Yemen y… México son los países donde es más peligroso informar libremente. En el país azteca se contabiliza una macabra cifra de 107 periodistas vilmente asesinados desde el año 2000. De vez en cuando salta alguna noticia de agencia a la que se adjudica un hueco con fórceps en la prensa internacional. Al siguiente día, todo cae en la sima del olvido mediático. España, según distintos índices, es el país más corrupto de Europa. Cuenta con 2,6 millones de personas pobres y con 10 millones de residentes con alto riesgo de caer en la indigencia. Si volamos a EE.UU., su territorio de pobreza muerde a 45 millones de personas. En la “dictadura sangrienta” de Venezuela en 1999 la mitad de la población era considerada pobre. Hoy, se ha aminorado ese estigma entre 20 y 25 puntos porcentuales: antes había 16 millones de bocas hambrientas y miradas sin futuro y ahora 6 millones, una barbaridad sin duda pero el recorrido da idea de los esfuerzos realizados en la etapa de Hugo Chávez. Además, el “diabólico régimen chapista” ha escolarizado a 100.000 púberes que antes no se acercaban ni por error a un aula educativa. Compárense estos datos con otras realidades, contextualizando las estadísticas y su trayectoria histórica: África, Asia, otros países sudamericanos e incluso EE.UU. y España. La realidad nada tiene que ver con las portadas de los mass media dominantes. Hay que buscarla más allá de las mentiras y los intereses de las elites neoliberales. Que un líder rodeado de mierda corrupta hasta los ojos como Rajoy y un fascista como Trump sean referencia moral para medir la democracia venezolana dice mucho de la estupidez política en la que está sumida la mayoría silenciosa española y occidental. Contra Venezuela todo vale porque tapa las vergüenzas de la doctrina neoliberal. Y del sistema capitalista. Y de la corrupción. Nicolás Maduro es un chivo expiatorio para que no pensemos críticamente acerca del mundo doméstico e ideológico que nos asfixia cotidianamente. Romper el cerco desinformativo contra Venezuela es recuperar un poco de la dignidad alquilada o vendida durantes estos años locos y perversos de la crisis global. (Fuente: Diario 16 / autor: Armando B. Ginés)



  • Surgimiento de una nueva alianza en el Gran Medio Oriente
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    07/08/2017
    Comienza a concretarse la política del presidente Trump en el Gran Medio Oriente. Hasta ahora, Estados Unidos y sus aliados habían tratado de destruir los Estados de la región e imponer el caos, pero ahora están legitimando las alianzas contra los yihadistas. En los discursos, Irán, Siria y el Hezbollah siguen siendo los enemigos que habría que liquidar, pero en la práctica se han convertido en socios. Esta nueva situación podría permitir a los Estados de la región sacar a las transnacionales del juego político y lograr el restablecimiento de la paz. Poco a poco, comienza a concretarse la política exterior del presidente Trump. En el Medio Oriente ampliado –o Gran Medio Oriente– Trump ha logrado, con ayuda de su consejero de seguridad nacional, el general H. R. McMaster, y de su director de la CIA, Mike Pompeo, poner fin a los programas secretos de ayuda a los yihadistas. Contrariamente a lo que trata de dar a entender el Washington Post, aunque es cierto que esa decisión se tomó antes del encuentro que Trump sostuvo al margen del G20 con el presidente ruso Vladimir Putin, es importante el hecho que su adopción es también anterior a la preparación de la cumbre de Riad, celebrada a mediados de mayo. El objetivo de esa decisión no era arrodillarse ante el zar ruso, como afirma la clase política estadounidense, sino poner fin a la utilización del terrorismo, como Donald Trump había anunciado durante su campaña electoral. Por supuesto, toda la prensa occidental se hizo eco de las insinuaciones del Washington Post. Si bien es posible imputar esto último al usual comportamiento de manada de los periodistas occidentales, se trata más probablemente de una nueva demostración del hecho que los grandes medios de difusión están en manos de los organizadores de la guerra que asola el Medio Oriente y de la confrontación con Rusia. Las revelaciones provenientes de Bulgaria [1] sobre la existencia de una gran red de tráfico de armas, creada por el general estadounidense David Petraeus cuando era director de la CIA –en 2012– y posteriormente controlada por el propio Petraeus desde su oficina privada en el fondo de inversiones KKR, demuestran el enorme poder de los partidarios de la guerra. Al menos 17 Estados han participado en esa operación, identificada como «Timber Sycamore», durante la cual Azerbaiyán garantizó el transporte de 28 000 toneladas de armas destinadas a los yihadistas mientras que Israel proporcionaba documentos falsos sobre la destinación final de todo ese armamento. Todo indica que David Petraeus y KKR actuaron con ayuda del secretario general adjunto de la ONU, el también estadounidense Jeffrey Feltman. Por supuesto, nadie será juzgado –ni en los países implicados, ni en el plano internacional– por haber participado en ese gigantesco tráfico de armas, cuyo volumen no tiene precedente en la historia. Ya resulta más que evidente que, desde hace 4 años, los pueblos del Levante han estado luchando no sólo contra otros Estados sino, ante todo, contra un consorcio de transnacionales –o sea, una alianza de empresas privadas que incluye a los grandes medios de difusión internacionales– y varias potencias o Estados de nivel medio que, juntos, imparten órdenes a pequeños Estados, los que a su vez se encargan del trabajo sucio. En todo caso, las dificultades que Donald Trump ha venido enfrentando para imponer su voluntad a la CIA y al Pentágono, así como la existencia misma de esa red paralela –de naturaleza simultáneamente pública (estatal) y privada– permiten entrever la complejidad de su tarea en el marco de un orden mundial que se halla bajo la nefasta influencia de intereses privados. En un primer momento, y aunque se registraron varios incidentes, las fuerzas estadounidenses no han detenido la ofensiva de los ejércitos de Irak y Siria que tratan de restablecer la ruta de la seda. La ofensiva que el Ejército Árabe Sirio emprendió con el Hezbollah, y en coordinación con el ejército libanés, en el jurd de Ersal [2] es el primer resultado visible de la nueva política de Washington. Aunque mantiene sus fuertes críticas contra la participación del Hezbollah en esa ofensiva, el primer ministro libanés Saad Hariri autorizó el ejército del Líbano, a pedido de Arabia Saudita, a participar en la operación. Es la primera vez que los ejércitos del Líbano y Siria y el Hezbollah actúan oficialmente de manera coordinada. Aunque mantiene su retórica contra Irán y el Hezbollah, Riad estimó que resulta más conveniente trabajar, al menos momentáneamente, junto al Hezbollah y priorizar la liquidación de los yihadistas. El hecho es que esta guerra, concebida para destruir los Estados de la región, está arrojando un resultado exactamente inverso ya que está forjando la unidad entre las fuerzas iraníes, iraquíes, sirias y libaneses. (Fuente: Red Voltaire / Autor: Thierry Meyssan)



  • Macron y Libia: La conexión Rothschild
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    07/08/2017
    ¿Qué llevó al presidente de Francia, Emmanuel Macron, a organizar una extraña ceremonia de reconciliación entre dos líderes libios que en realidad no son realmente contendientes? ¿Por qué pronunció un discurso sobre un pueblo que él no conoce? ¿Adónde fueron a parar los 100.000 millones de dólares que faltan en el tesoro nacional libio? “Lo que hoy sucede en Libia es de cierta forma el nudo de una desestabilización que presenta múltiples rostros”, declaró el presidente francés Emmanuel Macron al celebrar en París el acuerdo que “traza la hoja de ruta para la paz y la reconciliación nacional”. Macron atribuye la situación caótica de Libia únicamente a los movimientos terroristas, que “tratan de prosperar explotando la inestabilidad política y la riqueza económica y financiera que pueden existir en Libia”. Según el presidente Macron, es por eso que Francia ayuda a Libia a enfrentar los terroristas. En esas declaraciones, Macron invierte la realidad de los hechos. El artífice de la desestabilización de Libia fue precisamente Francia, junto a Estados Unidos, la OTAN y las monarquías del Golfo. En 2010, según los datos del Banco Mundial, Libia registraba los más altos índices de desarrollo humano de toda África, con un elevado ingreso medio por habitante, acceso de toda la población a la enseñanza media y secundaria y un 46% de acceso a la enseñanza superior. Unos 2 millones de migrantes africanos encontraban empleo en Libia. Con sus inversiones, Libia favorecía la formación de organismos económicos independientes vinculados a la Unión Africana. Estados Unidos y Francia, como puede verse en los correos electrónicos de Hillary Clinton, se pusieron de acuerdo para bloquear el plan de Kadhafi, que quería crear una moneda africana como alternativa frente al dólar estadounidense y al franco CFA (la moneda que Francia impone a 14 de las ex colonias francesas en África). Fue Hillary Clinton, como lo documentó en su momento el New York Timesquien hizo firmar al presidente Obama “un documento que autorizaba una operación secreta en Libia y la entrega de armas a los rebeldes”, entre los que se incluían grupos clasificados como terroristas. Poco después, en 2011, la OTAN, organización sometida al mando estadounidense, destruía el Estado libio durante una guerra, iniciada por Francia (1), en la que Libia tuvo que enfrentar además la acción de fuerzas especiales que operaban en suelo libio. Resultado de todo eso es el desastre que hoy puede verse en Libia y que está provocando incluso más víctimas que la propia guerra, sobre todo entre los migrantes. El presidente de Francia Emmanuel Macron sabe muy bien todo eso. Entre 2008 y 2011, Macron hizo una carrera -tan fulgurante como sospechosa- como empleado del banco Rothschild, el imperio financiero que controla los bancos centrales de casi todos los países del mundo. El banco Rothschild llegó a Libia en 2011, cuando la guerra todavía no había terminado. Era el momento en que los grandes bancos estadounidenses y europeos cometían el mayor acto de rapiña del siglo al confiscar 150 000 millones de dólares de los fondos soberanos libios (2). Durante sus 4 años de formación en el banco Rothschild, el hoy presidente de Francia, Emmanuel Macron, fue presentado a las más altas figuras de la finanza mundial, donde se deciden las grandes operaciones, como la destrucción del Estado libio. Macron pasó después a la política haciendo otra carrera -también tan relampagueante como sospechosa- durante la cual fue sucesivamente vicesecretario general de la presidencia de la República y ministro de Economía. En 2016, creó su propio partido, En Marche!, un “instant party” que cuenta con el respaldo y financiamiento de poderosas transnacionales, que le abren el camino a la presidencia de Francia. O sea, tras el protagonismo de Macron no se encuentran solamente los intereses nacionales franceses. El botín por repartir en Libia es enorme: las mayores reservas de petróleo de toda África y grandes reservas de gas natural, más la inmensa reserva de agua fósil del manto nubio -un oro blanco con perspectivas de ser más precioso incluso que el oro negro- y la situación geográfica del propio territorio libio, de primera importancia geoestratégica, entre el Mediterráneo, África y el Medio Oriente. Existe “el riesgo de que Francia ejerza una fuerte hegemonía sobre nuestra ex colonia”, advierte en Italia la publicación Analisi Difesa, subrayando la importancia de la inminente expedición naval italiana en Libia. Un llamado al “orgullo nacional” de una Italia que reclama “su parte” en la repartición neocolonial de los despojos de su ex colonia. A continuación, el testimonio del intelectual francés Thierry Meyssan, quien fue miembro del gobierno libio durante la agresión occidental. “Antes de cualquier otra cosa, Hollande hace un balance de la destrucción de Libia. La Yamahiriya disponía de un Tesoro evaluado, como mínimo, en 150 000 millones de dólares. Oficialmente, la OTAN bloqueó, o hizo que sus aliados bloquearan, alrededor de una tercera parte de esa suma. ¿Qué pasó con el resto? Los kadhafistas creen poder utilizarlo para financiar la resistencia a largo plazo. Pero en abril, el prefecto francés Edouard Lacroix, a quien se había dado acceso a una parte de ese dinero, muere repentinamente -en un solo día- víctima “cáncer fulminante” mientras que el ex ministro libio del Petróleo, Choukri Ghanem, aparece ahogado en Viena. Gracias al entonces ministro francés de Finanzas, Pierre Moscovici; al consejero presidencial para temas económicos, Emmanuel Macron; y varios banqueros de negocios, que fungen todos como cómplices pasivos, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos logra apoderarse del botín del siglo: 100 000 millones de dólares”.  (3) Notas (1) También participaron aviones españoles, siendo Jefe del Estado Mayor el General Rodríguez, hoy dirigente de Podemos y asesor de Pablo Iglesias en cuestiones militares (Nota de La Otra Andalucía). (2) Fragmento del libro de Thierry Meyssan Sous nos yeux, actualmente en proceso de edición con vista a su publicación en español. (3)  Según la información facilitada entonces por el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, Estados Unidos robó 200.000 millones de dólares del tesoro libio. Por robar robaron hasta las becas de los estudiantes libios. (Fuente: Il Manifesto / Autor: Danilo Dinucci)



  • ¿Por qué nos ganan los capitalistas? Venezuela nos lo recuerda
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    05/08/2017
    Lenin y otros grandes revolucionarios, repetían algo tan importante como básico que a menudo se olvida: hay que aprender del enemigo. Sobre todo cuando nos gana como es el caso. Es más, cuando lleva tantos y tantos años venciendo. En Venezuela el imperialismo aún no ha vencido, pero la burguesía española, que es la que nos toca más cerca, está volcándose con la oposición fascista para que venzan, recordándonos porqué nos ganan aquí aunque no sea un análisis cómodo para quienes prefieren no hacer autocrítica y resignarse a la eterna derrota. Tienen claras unas premisas para imponer su tiranía y en torno a estas se unen, no es una unión abstracta sin principios como propone la izquierda domesticada, que encima habla de unión mientras desprecia a revolucionarios consecuentes. No rebajan estos puntos: La solidaridad con sus presos como Leopoldo López, Antonio Ledezma y tantos golpistas más. La burguesía española y sus medios, despliegan amplias campañas para liberarlos y dar a conocer sus casos, manipulados, por supuesto. Tampoco falta la abundante ayuda económica, el asilo político que dan a sus familiares y otros golpistas sicarios del imperialismo, etc. Sin embargo y lamentablemente, vemos como aquí la mayoría de quienes se dicen antifascistas no se solidarizan con las presas y presos políticos antifascistas e incluso los ningunean o insultan, haciendo un enorme favor al régimen que los encarcela, tortura y extermina. La burguesía cuida de los suyos y se une para luchar por su libertad, lección para quienes presumiendo de solidaridad olvidan a quienes han peleado por nuestros derechos y libertades. Otro de los motivos por los que nos ganan. Además, nosotros no necesitamos inventar como lo hacen la mujer de L. López y sus secuaces, basta ceñirnos a la cruda realidad que sufren aquí los presos revolucionarios a mil km de sus familias, en aislamiento, negándoles la asistencia médica, etc. También en Venezuela la derecha hace unas campañas por la libertad de sus mercenarios, que ya quisiéramos aquí por la libertad de quienes sí la merecen. No reconocer legitimidad a quienes perjudiquen, aunque sea mínimamente, sus intereses. En Venezuela no se ha expropiado a la burguesía y siguen explotando manteniendo desigualdades abismales, la clase obrera no ha tomado los medios de producción, no es un Estado socialista, pero desde la llegada de Chávez se realizaron unas reformas que beneficiaron a las clases populares y la oligarquía no aceptó ni siquiera esas pequeñas mejoras para los más necesitados. Los ricos necesitan un gobierno títere de Estados Unidos y de la UE para amasar aún más fortunas y no tener que ceder ni limosna, por eso no reconocen legitimidad al gobierno de Maduro que perjudica su avaricia insaciable. Sin embargo aquí hasta personajes supuestamente comunistas como Cao de Benós (eso daría para otro artículo), han dicho que el gobierno español es legítimo porque ha sido votado, aunque sólo sea por un 20% de los posibles votantes. No es legítimo por su enorme carencia de apoyo popular, pero sobre todo porque es enemigo de los intereses de la inmensa mayoría, porque su poder nace del golpe de Estado del 36 sin que hubiera una posterior ruptura con el fascismo en la farsa de la “transición”, por sus agresiones imperialistas, etc. Mientras en Venezuela la derecha llama terrible dictadura al gobierno, aquí Unidos Podemos y derivados, llaman democracia al Estado español lavando la cara al régimen criminal. De sus políticos como Iglesias o Garzón no se puede esperar más, pues cobran (y muy bien) por ser buenos corderitos que no pongan en peligro los privilegios de los explotadores, pero sus votantes no suelen estar en las mismas condiciones y con su discurso otorgan legitimidad a la legalidad que nos oprime, como otros partidos revisionistas. Pero la burguesía jamás otorgará legitimidad a quienes no sirvamos a sus sucios intereses, por eso legitiman los intentos de golpe de Estado en Venezuela, las invasiones imperialistas, etc. Si aquí la revolución queda lejana es, entre otras cosas, por quienes siguen condenando las luchas que se salen de la legalidad que legitiman llamándola democracia. Así le quitan gravedad a la opresión del Estado y por lo tanto, la necesidad de una revolución. El tercer punto y el más importante, que va ligado a los anteriores, es el del apoyo a todos los métodos de lucha. La burguesía, en el Estado español y en cualquier parte del planeta, no ha renunciado jamás ni renunciará al uso de la violencia para saquear a la clase trabajadora. Ni el capitalista más estúpido dirá que no necesitan a su brazo armado, la policía y el ejército, para reprimir manifestaciones, detener y encarcelar a revolucionarias o proteger su impunidad. Sin tener claro eso, no podrían oprimirnos y lo saben. Necesitan el uso sistemático del terror y su posición respecto al terrorismo golpista en Venezuela, lo vuelve a poner de manifiesto. No han dudado un solo momento en apoyar a quienes han disparado y quemado a chavistas, los han dejado como héroes de la "resistencia". ¿Cómo no van a hacerlo cuando han bombardeado escuelas y hospitales en tantos países para saquear sus recursos? La oligarquía y sus esbirros siempre han defendido sus privilegios con uñas y dientes, aquí tampoco toleraron al Frente Popular que empezó a conquistar importantes mejoras para la clase obrera y dieron un golpe de Estado armados. No tienen ningún complejo a la hora de legitimar el uso de la violencia por su parte, aunque sea para imponer algo injusto para la mayoría, a diferencia de nosotros. Principalmente nos ganan por eso, asumen la máxima que dijo Mao y que la cruda realidad señala: "el poder nace del fusil". De ahí que Lenin precisara que "democracia es un fusil en el hombro de cada obrero", pero recordarlo nos lleva a los tribunales que precisamente no renuncian a los fusiles. Muchos estudiantes pijos se juegan la vida en Venezuela con guerrilla urbana frente a la policía, aquí raro es el estudiante obrero que se organiza en asambleas estudiantiles de escasa o nula combatividad. Que hasta los pijos venezolanos sean más combativos, resalta lo de que hay que aprender del enemigo. Pero los medios pueden dejar como una heroicidad su uso de la violencia allí para acabar con un gobierno mucho más democrático que el de aquí, que no desahucia masivamente y que garantiza el acceso a la Universidad mucho más que este Estado, por ejemplo. Nosotros por mucho menos como criticar a la monarquía, somos condenados a prisión, no digamos si defendemos la autodefensa armada... Allí no se condena a nadie por criticar a Maduro ni por aplaudir la quema de policías que no defienden a un régimen tan enemigo de la clase obrera como este. Sin embargo aquí, casi toda la izquierda, comprada, cobarde crónica o acomplejada, condena hasta que se rompan los cristales de los bancos que desahucian familias y que han sido rescatados con miles de millones de dinero público. Volviendo al primer punto y al segundo: piden la libertad de todos sus presos sin hacer distinciones de si han practicado la violencia o no, porque como no otorgan legitimidad al enemigo que combaten, la dan a todos los métodos para debilitarlo. Aquí la mayoría de la izquierda necesita el permiso de los medios capitalistas para actuar: si estos no aplauden la acción, no la hacen o la condenan si la hacen otros. Este es el nivel: esperan que los voceros de quienes niegan derechos, hablen bien de ellos. Total, se refieren igual que estos medios a la autodefensa revolucionaria, llamándola terrorismo. Por el contrario, los medios burgueses jamás llamarán terrorismo a los cócteles molotov que lanzan en Venezuela a la policía, a los asesinatos de la policía española en el Tarajal y tantos lugares más o a los balazos de goma y porrazos de los antidisturbios que han provocado mutilaciones y serias heridas. Aquí la mayoría de la izquierda a lo sumo critica la violencia del Estado, pero niega la legitimidad de la autodefensa ante esta, perpetuando así la impunidad de los verdaderos violentos y legitimando la represión ante quienes oponen resistencia. Por eso precisamente la pasean por los platós de las principales cadenas de TV para que tengan a sus votantes tranquilitos. Los mismos medios que apoyan la quema de chavistas en Venezuela, les dan voz constantemente. ¿No es evidente la conclusión? Volvemos a lo mismo: porque no ponen en riesgo sus privilegios. En el momento en el que nuestro discurso y nuestros hechos sí los ponen, cambia mucho la cosa. La burguesía sí tiene claro que no tiene que respetar a quienes luchamos contra su dictadura del capital. En resumen: la burguesía pelea por la libertad de sus presos, niega la legitimidad de todo gobierno que perjudique sus intereses y por lo tanto, promueve derribarlos por la fuerza, como la violencia con la que aplastan las luchas que tampoco les convienen. Lo hacen porque tienen conciencia de la clase a la que pertenecen y se unen bajo esas premisas para imponerse. Sin embargo aquí, por citar un ejemplo, cada año 700 trabajadores son asesinados por ser obligados a trabajar sin seguridad y pocos denunciamos esos crímenes sin pelos en la lengua. Si en la clase trabajadora hubiera la misma conciencia de clase que tiene la burguesía, estarían perdidos porque somos la inmensa mayoría. Pero aún queda mucho trabajo por hacer, la burguesía también ha conseguido, por tener claro todo lo citado anteriormente sumado a la guerra sucia de su manipulación constante, que apenas haya conciencia de clase obrera y que se interiorice que tienen legitimidad, derecho al monopolio de la fuerza, privilegios respetables y un largo etc. Podemos aprender del enemigo o seguir caminando en círculos mientras recibimos hostias por todos los lados y ellos duermen tranquilos sabiendo que si algún radical les interrumpe el plácido sueño que dan la impunidad y los lujos, la mayoría de la izquierda lo condenará y si es encarcelado, no pelearán por su libertad. Mientras con una sonrisa y un caluroso abrazo, Manuela Carmena recibe a los familiares del golpista asesino de antifascistas, Leopoldo López, pidiendo su libertad. ¿Y aún te preguntas por qué estamos como estamos y nos ganan, en serio? (Fuente: La Haine / Autor: Pablo Hasel)



  • Nacionalismo: ¿es la única opción política liberadora?
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    01/08/2017
    ¿Es el nacionalismo la única opción política liberadora? La respuesta parece ser afirmativa. Y la razón esencial es que esta cosmovisión privilegia la soberanía del país como un elemento esencial que no puede ser tocado, violado, injuriado, expoliado. El nacionalismo es una concepción estructurada del mundo basada en cuatro principios insobornables: el territorio es una unidad permanente, los derechos ciudadanos son impostergables, la riqueza nacional es distribuida equitativamente, la negociación internacional se da en justicia. Comporta una posición política más bien ligada a la ética como base del fundamento ideológico de una nación, el bienestar de la población, las necesidades del conjunto garantizadas por un estado formador de conciencia común, cuyos individuos se comprendan a sí mismos como parte de él. Lejos de personalismos, conceptos religiosos o filosofías particulares de interpretación de la realidad, debe ser la esencia de un país donde los derechos humanos están por encima las cosas, formando una estructura social sobre la cual se desarrollan todos los aspectos del estado nación. Acorde con ello, el respeto a los derechos ciudadanos implica un equilibrio entre la posición de gobierno y la crítica, sin permitir la violencia terrorista como argumento para un cambio en la gobernanza. El internacionalismo es un estandarte de respeto a todas las naciones como vecinas en la justicia, en camino hacia la paz. ¿Qué teorías no son nacionalistas en su contenido de equidad? Fascismo, Nazismo, Democracia totalitaria, Destino Manifiesto, Globalización e interconexión mediática, son cinco planteamientos que agreden a la Humanidad por su contenido discriminador. El fascismo es una doctrina totalitaria que se opone al liberalismo parlamentario y plantea un mecanismo de violencia segregadora, antimarxista, antisocialista, subordinando los derechos personales a un Estado capitalista, con un partido único de estructura militar que no admite oposición alguna. El neonazismo es la versión actual de la supremacía aria, con exterminio de las razas “famélicas”, racista y xenófoba, similar en lo organizativo y represivo del fascismo. El Destino Manifiesto es una enfermiza idea de que una potencia ha sido predestinada para hacer de policía en el mundo y realizar sus intereses cueste lo que cueste, interviniendo en todo el orbe según su complacencia y por mandato divino, a través de la ocupación, corrupción e injerencia militar. La democracia totalitaria corresponde al poder de las élites a través de partidos únicos que detentan el gobierno (México, por ejemplo), o al bipartidismo constante como expresión de éstas, repartiendo la administración pública y manejando el estímulo a la propiedad privada. Su función de opresión se materializa en el asesinato de líderes opositores, desapariciones, sanción al pensamiento libertario, control pleno de los medios informativos, finalizando en el golpe de estado (Ucrania). La Globalización e Interconexión es la fábula según la cual el libre comercio y las comunicaciones son la base del desarrollo de las naciones, cuando en realidad lo que esconden es la autonomía y dominio de las transnacionales. Por tanto, el nacionalismo es una teoría de la independencia y soberanía que comporta tareas de confrontación con aquellos que sostienen la injerencia y presión para derrocar presidentes, desmembrar territorios, apoderarse de riquezas propias. Cabe complementar con la reflexión del analista político Claudio Stavorengo, la cual refleja claramente la contradicción actual y el camino a seguir. El manifiesta la necesidad de un nacionalismo que asume la particularidad de cada país, y en el contexto internacional como doctrina indispensable basada en el respeto mutuo entre naciones, sin la utilización de métodos de disuasión o agresión directa en pos de intereses corporativos, situación que vemos en la actualidad provocada por el manejo de los precios de materias primas de toda índole, ejercido por una o más potencias y por entes financieros de presencia transcontinental. La caída de la U.R.S.S., la primera economía socialista del orbe, dio lugar a la quita de beneficios sociales en buena parte del mundo laboral donde era necesario alejar las mentes de los hombres del ideario socialista. En su reemplazo se dio la flexibilización del trabajo con el pretexto que la mano de obra es el gran costo de la producción, frena la productividad y no es la concentración de capital dentro de los circuitos financieros. Así, ciertos recursos naturales y también unidades de producción son la codicia de las potencias, sucumbiendo los débiles nacionalismos al dar origen a la Unión Europea, por ejemplo, desmembrando Yugoslavia al desarmar su industria a través de una guerra fratricida, desestructurando la producción en Checoslovaquia y Polonia, similar a Ucrania, “invitando” a reducir el volumen de producción de astilleros civiles y militares a España, con reducción de la actividad de la industria automotriz , militar y aeronáutica italianas, destrucción de la economía griega, toma del sector automotriz y autopartes rumana, entrega de la industria búlgara de aceros a consorcios alemanes y, en estos últimos años, detrás de los combustibles, destruyendo países del norte de África y Medio Oriente, con la “noble” tarea de llevar la democracia y sin contabilizar los cientos de miles de víctimas humanas . En esta condición mundial de globalización de corporaciones, monopolización del consumo y dominio internacional del mundo financiero, el nacionalismo se ha contrapuesto al neoliberalismo, pues es la aceptación de estructuras sociales con pautas culturales, económicas y políticas diferentes, con un intercambio comercial y cultural justo en función de las necesidades vitales de los pueblos, sin intereses territoriales. En síntesis, es el respeto hacia la misma practica ejercida por otra nación vecina en forma de humanidad en estado progresivo. Por el contrario, en una sociedad donde no hay respeto por el otro, todo es expropiable y cada uno domina en función de la capacidad de “persuasión”, para establecer una sociedad criminalizada. Aquellos países cuya pretensión es que sus corporaciones estatales o privadas se establezcan y parasiten las economías de países vecinos o no para explotar y administrar los recursos de éstos, regular su renta per cápita, aprovechar la renta de lo producido con la mano de obra, energía e insumos originarios, subsidiar a la clase dirigente para que coaccione a favor de los usurpadores y agreda con métodos de disuasión a quienes no se arrodillen, es simplemente dictadura. Finalmente, una maravilla: las no fronteras (como Europa que castiga la inmigración), el libre comercio determinado por las potencias, el dinero electrónico ya que no hay efectivo, el mercado mundial al alcance de cualquier pc, es sólo la letra visible de este Nuevo Trato que en forma oculta dice: corromperemos cualquier estado, mandatario o administración, que salvaguarde los intereses nacionales por sobre los objetivos corporativos. Toda una declaración de guerra. Así, el supuesto nacionalismo con mucha identidad nacional, mucho folclore, fútbol, cine y televisión costumbrista, fue una cubierta para privatizaciones multinacionales de todos los servicios públicos y empresas del estado, ingreso de grandes cadenas de venta minorista, empresas de telecomunicaciones, medios públicos, etc. para enarbolar la falsa bandera del progreso, la libertad y la democracia del capital. Ejemplo de esta estructura globalizadora es Francia donde verdaderamente Marine Le Pen no es la ultraderecha, sino Macron con un motor globalizante que impulsa la renta financiera, la flexibilización laboral, la no gratuidad de salud y educación, el desarme de las estructuras sindicales y la disgregación cultural de las sociedades a fin de favorecer la rentabilidad de la oferta ... de todo. Es decir, el antinacionalismo. (Fuente: Hispan TV / Autor: Carlos Santa María)



  • ¿Quién teme a la Constituyente venezolana?
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    29/07/2017
    Mariano Rajoy teme a la Constituyente venezolana. Felipe González y Jose María Aznar, Albert Rivera y Pedro Sánchez, hasta el calculador Pablo Iglesias temen a la Constituyente. La oposición golpista venezolana y Donald Trump temen a la constituyente. Los empresarios venezolanos que  especulan con la comida del pueblo, las hordas de jóvenes desclasados y bien pertrechados que queman a chavistas, los intelectuales orgánicos, los que callan, los que otorgan, los paraperiodistas que no paran de disparar a las audiencias europeas. Todos sienten que se les acaba el tiempo para torcer el brazo a la revolución bolivariana. Hay muchos y distintos tipos de miedos que atraviesan el ámbito de la política. El miedo a un proceso constituyente es parecido al miedo que históricamente ha aterrorizado a las oligarquías cuando avizoran una posibilidad revolucionaria por pequeña que esta sea. A veces, es un miedo irracional pues hay pueblos sumisos y doblados por el talón de hierro capitalista que no guardan rescoldo alguno de rebelión. Pero eso no importa ni al horondo y clásico burgués, ni al joven tiburón especulador. Si hay una remota posibilidad de que ese pueblo despierte ahí estarán, la amenaza terrorista, las leyes mordaza, el caos tercermundista y la crisis económica que todo lo explica. El miedo de las élites europeas a los procesos constituyentes tiene mucho de terapia preventiva, es un “por si acaso mejor prevenir que curar”. El miedo del imperialismo estadounidense es otro tipo de miedo. Es el histórico miedo del esclavista a que los esclavos dejen de cultivar la tierra y se liberen, es el miedo del colono a un ataque de los indios sobrevivientes. Es el miedo a que los asesinados, los desaparecidos, los torturados y los saqueados latinoamericanos reclamen justicia. A que el retrato del imperialista salga a la luz y se vea nítidamente y sin máscara su democracia realmente existente. Donald Trump y antes Barak Obama temen que América Latina deje de ser un patio trasero donde hacer ricos negocios que oxigenen la economía estadounidense. El miedo español es un miedo neofranquista y tiene su origen en una Constitución sin Asamblea Constituyente.  La historia de nuestra Constitución es la historia de un apaño, de una componenda entre las élites franquistas y las nuevas élites socialistas y nacionalistas, ambas conectadas por finos hilos geoestratégicos a los intereses estadounidenses. No hubo pueblo español, ni vasco, ni catalán, ni siquiera franquista que participara en la elaboración de la Constitución española de 1978. Las elecciones del 15 de abril de 1977 no fueron para elegir a una cámara constituyente que elaborara ninguna constitución. Fue la Ley de Reforma Política (15 diciembre de 1976), aprobada por las Cortes Franquistas la que sentaba las bases para elegir a unos parlamentarios que a su vez designaran una Comisión de Asuntos Constitucionales compuesta por sólo 7 miembros repartidos entre comisionados de probado curriculum franquista como el ministro de Información y turismo Manuel Fraga Iribarne o Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, letrado del Consejo de Estado y Secretario General técnico del ministerio de Justicia; y comisionados vinculados al emergente y ambicioso PSOE como el abogado Gregorio Peces-Barba o Jordi Solé Turá. Después, sólo después de que la lápida del consenso enterrara la esperanza de recuperar la democracia republicana se hizo un referéndum legitimador. Para la reforma constitucional del 2011 tampoco hubo necesidad de preguntar al pueblo, y eso que el artículo a reformar, el 135,  era nada menos que aquel que obliga a cualquier gobierno, sea del signo que sea a priorizar el pago de la deuda antes que cualquier otro gasto del Estado, primero la bolsa y luego la vida. Quince días para maniatar al próximo gobierno y ni siquiera un referéndum de ratificación ¿Por qué había de opinar el pueblo si ya opinan sus representantes? ¿Por qué preguntar si las respuestas venían dadas desde la troika europea? ¿A qué se debe que las Constituciones den tanto miedo y los procesos constituyentes mucho más? La Constitución es la regla básica que fundamenta y ampara el sistema jurídico de un país así como el funcionamiento de las instituciones y poderes de un Estado. Se suele decir que es la ley de leyes. Las constituciones establecen los marcos jurídicos pero a su vez éstos implican una redefinición del Estado y de la fuente de la soberanía. Cuando son el resultado de procesos constituyentes suponen la incorporación de los ciudadanos a la discusión, elaboración y ratificación de la constitución, caso que se dio en Venezuela en 1999, estamos hablando de procesos en los que hay una ratificación popular del contrato social en la que los ciudadanos establecen y aprueban los instrumentos concretos para el ejercicio del poder del Estado y sus instituciones. Es algo así como si los ciudadanos participaran en la elaboración de los instrumentos que puede utilizar el Estado para gobernar y al mismo tiempo dijeran qué herramientas no pueden ser utilizadas. Las constituciones otorgan poder al Estado pero también limitan el ejercicio de ese poder. Las clases populares, siendo la fuente de poder en el proceso Venezolano, se convirtieron también en 1999 en fuente de derecho pues no se limitaron solo a votar una constitución previamente elaborada por juristas o comisionados no electos, sino que participaron activamente en la elección de los encargados de elaborar el articulado de la Constitución y también en discutir y debatir sobre las propuestas que éstos realizaban. Cada Constitución dice el constitucionalista Roberto Gargarella trata de responder a uno o varios problemas, o lo que es igual, trata de remediar algún mal, nos dice: “las Constituciones nacen habitualmente en momentos de crisis, con el objeto de resolver algún drama político-social fundamental” [1]. La Constitución de 1999 en Venezuela vino a resolver tres problemas básicos: la incorporación de los sectores populares a las tareas de gobierno, es decir, convertir a estos sectores en sujetos políticos protagónicos, en segundo lugar, recuperar la soberanía sobre los recursos naturales (especialmente el petróleo), y en tercer lugar, resolver el drama de la desigualdad social. La movilización social, el cambio de correlación de fuerzas y la acumulación de poder social fueron el punto de partida de las nuevas Constituciones latinoamericanas tanto en Venezuela como el Ecuador o en Bolivia; y también la crisis del modelo de acumulación capitalista en estos paises. Pero esa recuperación de la soberanía popular que significó la Constitución de 1999 sólo podía estabilizarse con la mejora de las condiciones de vida al tiempo que se desarrollaba una cultura política de participación real y efectiva. Ambos procesos, mejora económica y participación política, son los que han dado y dan legitimidad al gobierno bolivariano. Son las bases del poder popular que derrocó al golpe contra el gobierno bolivariano en el 2002. Dieciocho años después de esa Constitución, ha habido 24 procesos electorales, se ha avanzado en casi todos los indicadores sociales (educación, desarrollo, vivienda, salud…), como demuestran los datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas. Pero el contexto nacional e internacional han cambiado. A pesar del avance en cultura democrática y participación –o precisamente por ello-, el gobierno de Nicolás Maduro perdió la mayoría de la Asamblea Nacional que ahora se encuentra en manos de la llamada “oposición venezolana” –un conglomerado de más de 20 partidos unidos sólo por el odio al gobierno bolivariano [2], una Asamblea que además sesiona en desacato. La llamada oposición y las oligarquías empresariales han emprendido una hoja de ruta que, como en la Chile de Allende, trata de reventar la economía (inflación inducida, embargo comercial encubierto, bloqueo financiero internacional), someter por hambre a las clases populares (boicot en el suministro de bienes de primera necesidad, desabastecimiento programado), bloquear las instituciones, tomar las calles con la violencia extrema, crear un gobierno paralelo y finalmente, si no se derroca al gobierno bolivariano ni se quiebra al ejército bolivariano, habrá creado las mejores condiciones para una intervención humanitariamente armada. Tal vez no a través de la IV Flota estadounidense próxima a las costas venezolanas pero como declaró hace apenas unos días Michael Richard Pompeo, director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) se trabaja con los gobiernos de Colombia y México para evaluar las maniobras necesarias para lograr un cambio de gobierno en Venezuela [3]. Internacionalmente la región latinoamericana ha sufrido un retroceso provocado por la derrota del gobierno progresista de Cristina Kirchner, los golpes parlamentarios en Brasil (2016)  y Paraguay (2012), precedidos por los Golpes de Estado de Haití (2004) y Honduras (2009). La integración regional se ha ralentizado por los Estados más afines a Estados Unidos como  Colombia o México. La OEA (Organización de Estados Americanos) vuelve a ser esa organización internacional instrumentalizada por el imperio contra los gobiernos latinoamericanos díscolos. También a escala global el imperio estadounidense y sus aliados tienen sobre sus cabezas la espada de Damocles de una crisis económica que sólo resuelven aumentando la presión y la desposesión de sus poblaciones (saqueo de lo público, austeridad, recortes, precarización…) Llevar la guerra a cualquier parte del mundo donde haya algo que saquear, recuperar cuotas de influencia frente a Rusia o China y disciplinar a sus propias poblaciones, se hace urgente y necesario. Así, apoyar a las llamadas oposiciones, moderadas, armadas o de colores es la única política internacional realista para las necesidades imperiales. Ante este nuevo contexto nacional e internacional, el Poder electoral venezolano, a propuesta del Presidente de acuerdo con el artículo 348 de la Constitución) ha convocado elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio. No hay constitución que aguante tamaña embestida. Cada venezolano podrá votar una vez territorialmente y una vez por el sector y subsector que le corresponda. Los comisionados electos tendrán que reformar la Constitución de 1999 para tratar de resolver esta vez los siguientes graves y nuevos problemas que se resumen en 9 temas propuestos para la reforma: 1) Constitucionalizar las Misiones (salud, vivienda, educación…) creando un sistema público que garantice por ley los avances sociales, 2) dotar de instrumentos más eficaces para defender la soberanía nacional y el rechazo al intervencionismo, 3) constitucionalizar las comunas y consejos comunales para hacer de la participación un requisito democrático, 4) crear instrumentos jurídicos y penitenciarios para luchar contra la impunidad, el terrorismo y el narcotráfico, 5) caminar hacia un sistema económico menos dependiente del petróleo, 6) luchar contra el cambio climático y el calentamiento global, 7) favorecer los procesos de paz, reafirmar la justicia y aislamiento de los violentos, 8) Desarrollar los derechos y deberes sociales, 9) una nueva espiritualidad cultural y venezolanidad, garantizar el carácter pluricultural y la identidad cultural. El miedo a la constituyente venezolana se ha convertido en pánico en las pantallas. Los paraperiodistas dan diariamente el parte de guerra: 80, 90, 100 muertos, 20,30, 40 heridos. ¿Quiénes eran, a manos de quién, estaban en la manifestación?,-detalles irrelevantes-; huelga general 70%, 90% de seguimiento –quien da esas cifras, están comprobadas –detalle irrelevante-; nueva manifestación que es reprimida violentamente; por qué es reprimida, en qué consiste la represión de la policía si solo vemos manifestantes  tapados que arrojan cócteles y disparan morteros - detalles irrelevantes. Qué extraña “dictadura” la venezolana donde los periodistas nacionales e internacionales campan a sus anchas por las calles grabando la “represión policial”. Paraperiodistas que solo beben de las fuentes de la oposición, que no desaprovechan la oportunidad de disfrazarse de reporteros de guerra, que nunca entrevistan al pueblo bolivariano, que repiten cual papagayos las consignas de la llamada “oposición”. Todo vale en la propaganda de guerra, quien paga manda. El paraperiodista está siempre del lado correcto, el del empresario, el del gobierno si es un medio nacional, como televisión española, y si el gobierno español se ha pronunciado declarando enemigo al gobierno venezolano, pues ellos están ahí sirviendo a la patria Los paraperiodistas españoles tienen un serio entrenamiento: descubrieron armas de destrucción masiva en Iraq, nos convencieron de que para quitar el burka a las afganas había que facilitar a USA la intervención, justificaron el bombardeo de la OTAN en Yugoslavia, el asesinato de Gadafi, el golpe de Estado del 2002 en Venezuela, han apoyado a la más que moderada, moderadísima oposición siria, en fin, una probada fidelidad a las Agencias de información y a las orientaciones imperiales. Lástima que según un informe de la Universidad de Oxford de 2015 de los 11 países consultados en Europa los medios de comunicación españoles son los menos creíbles y los segundos menos creíbles de los 12 países estudiados a nivel mundial. Sin embargo, hay quienes no temen a la Constituyente venezolana, es más, hay quienes la defienden incluso a riesgo de su vida. Es el pueblo venezolano, son las clases populares que no se han dejado engañar ni amedrentar. Es el pueblo que rinde homenaje a la memoria de su comandante que les colocó en la historia. Son los que recibieron educación, libros gratis, vivienda, salud,… No temen a la constituyente los líderes barriales, los obreros, los dirigentes, miles de venezolanos que se postulan para servir a su pueblo. Nadie que conozca la historia reciente de Venezuela, nadie que conozca los planes imperiales, nadie que haya soñado alguna vez con que en su país le hubieran dejado participar en un proceso constituyente, puede temer a la Constituyente venezolana.  Notas y referencias bibliográficas: [1] Gargarela R., El nuevo constitucionalismo latinoamericano: Promesas e interrogantes; CONICET/CMI [2] Composición de la Oposición Venezolana, MUD, compuesta por 19 partidos, originariamente por 31 [3] CIA, Colombia y México quieren derrocar a Maduro: canciller de Venezuela, http://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/cia-colombia-y-mexico-quieren-derrocar-maduro-canciller-de-venezuela-articulo-704678 (Fuente: Canarias Semanal / Autora: Ángeles Diez*) * Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.



  • Venezuela: El significado de la Constituyente del 30 de julio
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    26/07/2017
    En enero de 2008 se supo que la Administración Bush había mentido al menos 938 veces sobre Irak afirmando que este país disponía de armas de destrucción masiva. La segunda invasión de Irak, la de 2003, se realizó así al amparo de una gigantesca mentira. Entonces se tardó cinco años en enumerar tanta podredumbre. Ahora en sólo seis meses se han contabilizado 836 afirmaciones falsas o engañosas dichas por Trump desde que vive en la Casa Blanca, un promedio de 4,6 mentiras al día. Pero lo que no parece una mentira sino una muy seria amenaza es su reciente advertencia de que EEUU endurecerá aún más la asfixia financiera de Venezuela si este país soberano ejerce su derecho a la verdad mediante la Constituyenteel próximo día 30 de julio. En el Caracazo de 1989 el pueblo trabajador venezolano se sublevó contra la brutalidad neoliberal a costa de un gran número de muertos, heridos, detenidos y represaliados, número aún desconocido por su enorme magnitud. El 1992 fracasó el intento de golpe revolucionario dirigido por Chávez que, sin embargo, ganaría las elecciones de 1998, alarmando a la burguesía porque suponía un salto cualitativo en la independencia política del país. En 1999 el pueblo refrendó la actual constitución, que suponía el inicio de la fase de la segunda independencia. En 2001 el gobierno dictó la Ley de Hidrocarburos que significaba el avance a la independencia energética de la nación, mazazomortal al imperialismo y a la burguesía rentista, que respondieron con el fracasado golpe de Estado de 2002 y con el derrotado cierre petrolero entre 2002 y 2003. Ya operaban las primeras guarimbas en algunas zonas del norte, potenciadas por el imperialismo. En 2004 se conoce el Plan de Defensa Nacional que recupera la independencia armada garantizada por el ejército popular bolivariano: la respuesta burguesa fue el referéndum revocatorio de 2004 ganado por Chávez, quien en ese año empieza a impulsar el ALBA junto con Cuba como modelo contrario al ALCA, cadena de sumisión de Nuestra América a los EEUU. En 2005 Chávez reivindica el socialismo y, junto a Cuba y otros países, crea el canal multimedia TeleSur, azote de la industria político-mediática imperialista. Pero en 2007 el movimiento bolivariano pierde por centésimas el referéndum sobre la reforma constitucional en medio de los aplausos de los EEUU: uno de los objetivos de la reforma era profundizar el socialismo de la segunda independencia. En 2008 Obama llega a la Casa Blanca y al poco es premiado con el Nobel de la Paz, mientras que los EEUU vuelven a llevar la IV Flota a las aguas venezolanas: la “pax yanqui” de Obama inicia, en el contexto de crisis mundial galopante,una secuencia de golpes de Estado duros y menos duros, impulsando giros a la derecha más autoritaria de las burguesías envalentonadas por la estrategia del “amigo del norte”. Esta brevísima ojeada nos permite comprender la unidad y lucha de contrarios que se agudiza en Nuestra América y en Venezuela como el escenario más crítico ahora mismo. Pese a los errores, dudas, estancamientos y retrocesos del proceso venezolano, el capital sabe que debe destruir hasta la raíz las conquistas sociales, el poder comunal latente y el proyecto histórico del socialismo bolivariano. La independencia nacional venezolana expresada en su política, defensa, recursos energéticos y materiales, y su estrategia de Patria Grande, es irreconciliable con la necesidad ciega de la burguesía rentista y del imperialismo de convertir al país en una mercancía vendida a las transnacionales bajo la vigilancia estricta del Comando Sur y de la IV Flota. Y ello no es sólo por la grandísima importancia de los enormes recursos materiales de Venezuela sino también por la fuerza emancipadora que subyace en el proyecto de la Patria Grande. Desde que el colonialismo logró abortar el prometedor Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, desde entonces el capital ha impedido por todos los medios, sobre todo con los más inhumanos, que fuese tomando contenido un amplio movimiento popular antiimperialista expresado al final en la forma de la Patria Grande soñada por las heroínas y héroes de la primera independencia. El tránsito al imperialismo y la Gran Crisis desde 2007, no hacen sino agudizar esta necesidad capitalista, que tiene en Norteamérica su expresión más irracional. Conforme se materializase este proyecto, a la vez iría siendo un ejemplo para el resto de la humanidad explotada, y eso no puede consentirse. Además, el capital sabe que lo que hemos visto es sólo parte del mismo problema al que se enfrenta, porque la otra parte no es otra que el fantasma de la democracia directa, socialista, comunal, horizontal, soviética o como queramos definirla en los estrechos márgenes de este articulito; en síntesis, el embrión del poder popular que se autodefiende con su ejército bolivariano y sus milicias populares. Decimos embrión porque el poder comunal no termina de desarrollarse del todo pese a las declaraciones oficiales, pese a que el último Chávez insistiera en la consigna “Comuna o nada”. Las oposiciones internas al movimiento bolivariano ralentizan el poder comunal. Aun así este embrión impulsado por muchos colectivos supone una amenaza mortal para la burguesía rentista y para su mecenas yanqui. La democracia burguesa, delegada e indirecta, es antagónica con la democracia directa y permanente de la horizontalidad comunal. Una debe aplastar a la otra porque es imposible que convivan durante algún tiempo en situación de doble poder. El engreimiento eurocéntrico desprecia lo que ignora y desconoce que prácticas de democracia directa y de poder popular se han sucedido en América, en Europa, en África, en Euskal Herria, en Asía.... Uno de los muchos méritos de la Venezuela bolivariana es el de haber reactivado esa praxis, con sus inevitables deficiencias, en el inicio del siglo XXI, y eso es imperdonable. Más aún, ahora mismo buena parte del apoyo real de masas, silenciado por la industria político-mediática, a la Constituyente se levanta, entre otras bases, también sobre el llamado del presidente Maduro a la intensificación de la democracia comunal como la fuerza vertebradora de la nueva Venezuela. Las fuerzas de izquierda son conscientes de la incompatibilidad entre la democracia de la mentira y la manipulación, la burguesa, y la democracia de la verdad y del debate libre, la socialista, pero como otras tantas veces en la historia de la lucha de liberación nacional de clase de los pueblos,saben que deben recorrer ese camino breve y frecuentemente brutal de doble poder, preparándose para la batalla decisiva. De hecho, el fascismo y la extrema derecha venezolana e internacional han generado esta sangrienta situación que se asemeja a un doble poder fáctico como preludio e impulso para su ofensiva definitiva. Las ilusiones crédulas del reformismo sólo sirven para ocultar la realidad. Hay que coger al toro por los cuernos: la única garantía de que avance la revolución bolivariana es la victoria popular en la Constituyente del próximo 30 de julio. Pese a las distancias que les separan, sucede otro tanto con el Principat Catalá en el referéndum del próximo 1 de octubre. Al final de todo análisis, siempre nos topamos con la misma constante: la lucha de clases por la propiedad y el poder. Negarlo es suicida. La victoria del referéndum de la Constituyente es un paso cualitativo para que Venezuela sea propietaria de sí misma y no del capital, y para que se materialicen estas palabras de Chávez del 15 de febrero de 2012: “El petróleo no es una riqueza de la burguesía ni del imperio; es una riqueza del pueblo venezolano para compartirla con los pueblos del mundo”. (Fuente: La Haine / Autor: Iñaki Gil de San Vicente)



  • Colombia. ELN: La independencia que no ha sido
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    20/07/2017
    Este 20 de julio se conmemoran 207 años del Grito de Independencia, aquel que supuestamente convirtió a Colombia en una República, que a su vez generó una nación libre y soberana. Sin embargo, en pleno 2017, Colombia continúa bajo el dominio extranjero, el sometimiento de las mayorías a los designios oligarcas y una carencia profunda de identidad de nación, lo cual es la negación de la verdadera Independencia. El colonialismo imperial Como si se tratará de la época colonial cuando los españoles obligaron a los indígenas a entregar el oro, a través del intercambio, la biblia y la fuerza; en la actualidad, empresas europeas y de los Estados Unidos siguen obligando a los colombianos a entregar su oro, carbón, níquel y el petróleo, y a comprar los derechos de salud, vivienda, servicios públicos, alimentación y educación como si estos fueran simples mercancías. La venta del territorio nacional al extranjero no paró con la creación del Estado colombiano, sino que se convirtió en política permanente de la oligarquía, que después de 207 años sigue basando su matriz productiva en la extranjerización de la tierra, mientras importa maíz, arroz, café y otros, dejando sin sustento al campesinado colombiano Los tratados de libre comercio y las gabelas tributarias a las empresas transnacionales se convirtieron en las principales técnicas del nuevo colonialismo, cebado en el saqueo de las riquezas naturales y de la hacienda pública. Los casos de corrupción de Electricaribe, Reficar, Odebrecht y Saludcoop, -por solo nombrar algunos-, involucran a socios extranjeros mayoritarios, así como los conflictos entre la minería y las comunidades tienen a la Anglo Gold Ashanti y empresas similares, como las principales responsables. Así, las empresas multinacionales son las responsables del 80 por ciento de violaciones a los derechos humanos en Colombia, a través de conflictos minero energéticos por la tierra, así como del desplazamiento de comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes, que tratan de evitar la explotación servil de sus territorios. Es política de los empresarios contratar paramilitares como ejércitos de mercenarios que defienden sus intereses de la mano del ejército gringo asentado en nuestro territorio -con más de 10 bases militares-, junto el ejército estatal colombiano. Por otro lado, la lucha por la validez de las consultas previas evidencia el conflicto entre la extracción y el derecho al territorio, entre la acumulación extranjera y el derecho a la producción agrícola, entre quienes ganan con el saqueo y quienes pierden con la estructura tributaria actual. La pertenencia del país a organismos como la OEA y la Alianza para el pacífico, la subordinación a la política contrainsurgente y antidrogas estadounidense, y la anexión al Tratado del Atlántico Norte (OTAN),  son parte de las razones que demuestran que Colombia no es soberana. El país político versus el país nacional 4.214.000 de colombianos viven en la miseria y el 70 por ciento trabajan en la informalidad, mientras el 62 por ciento de los trabajadores no pertenecen al sistema de salud. Frente a la supuesta disminución del desempleo en Colombia pregonada por el gobierno, se erige una país real donde a la mayoría de sus habitantes no son sujetos de derechos, porque no les alcanza el ingreso para el diario vivir, y en el reino del mercado no existen para el sistema de salud ni de educación. Por eso, el pueblo colombiano no confía en las instituciones y en la clase en el poder, que claramente representa unos intereses contrarios a los de la mayoría del país. La crisis de legitimidad del régimen se evidencia en la abstención electoral, la poca credibilidad en las instituciones, la apatía hacia la política y la ausencia de un proyecto nacional unificado alrededor de los reales intereses de los colombianos; nos encontramos entonces en un país en crisis. Una nación a pesar de sí misma En la ausencia de un proyecto nacional que logre cambiar el destino de Colombia ha influido de manera decisiva la guerra ideológica, que la clase en el poder ha desatado contra el pueblo colombiano llevándolo a la resignación frente la situación actual del país. Por su parte, las grandes empresas de la información al fabricar noticias, fabrican intereses y han puesto en la cabeza de los colombianos que salir adelante, es posible sólo a través del éxito individual. Lo que esconde este mensaje es que los ejemplos exitosos existen a partir de la explotación de la mayoría de colombianos profundizando la desigualdad, mientras quienes buscan el éxito de manera honrada, son limitados por el sistema y condenados al fracaso de nacer y permanecer pobres. La oligarquía se ha encargado de hacer ver como imposible la satisfacción colectiva las necesidades humanas, mostrando como responsables de la crisis a quienes luchan por un país mas igualitario. La satanización de las organizaciones sociales, la insurgencia y los países con proyectos progresistas, llevan a una sin salida a la mayoría de los colombianos, donde la supervivencia diaria es su única y principal preocupación. La creación de un proyecto nacional, el de una Colombia libre y soberana, que brinde la posibilidad de que una satisfacción colectiva de vida, de una democratización en todos los ámbitos, una redistribución de la riqueza, la politización social y garantía de derechos es el propósito y el sueño del Ejército de Liberación Nacional para el país. La vigencia de nuestra lucha radica en la independencia que no ha sido, donde la resistencia es hoy la única garante de nuestra urgente liberación. (Fuente: Voces de Colombia, publicación del ELN / Autora: Lucía Serrano)



  • Leopoldo López, un golpista consecuente
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    16/07/2017
    “A los militares que hoy están en las calles les quiero mandar un mensaje muy claro, muy sereno y enmarcado en nuestra Constitución. Ustedes también tienen el derecho y el deber de rebelarse, de rebelarse ante órdenes que buscan reprimir al pueblo venezolano”. Esas son algunas de las frases que dijo Leopoldo López en uno de los últimos vídeos que grabó el pasado junio desde la prisión militar de Ramo Verde. En este y otros vídeos grabados antes y después por López desde la cárcel, el líder de Voluntad Popular, uno de los partidos más ultras de la variopinta coalición opositora MUD (Mesa de Unidad Democrática) denunció la “tiranía” de Maduro, la “brutal represión” y “la falta de libertad de expresión”. ¿Cómo hizo llegar entonces estas denuncias al exterior López desde las mazmorras venezolanas?, ¿Escribiéndolas en clave dentro de un papel minúsculo que logró pasarle clandestinamente a su esposa en una de sus visitas? No, nada de eso, el hombre que pretende desplazar a su adversario Henrique Capriles del liderazgo de la MUD y tiene prisa por ser presidente de Venezuela, lo grabó en vídeo. Algunos de los vídeos, de buena calidad como se puede apreciar en Youtube, tienen varios minutos, y fueron difundidos ampliamente en las redes sociales, televisiones venezolanas y de todo el mundo gracias a la amplia y costosa maquinaria mediática que puso en marcha una vez más su partido. ¿Podría hacer algo similar un preso desde la cárcel de un país europeo avanzado, democratísimo y garantista como el Estado español? ¿Cómo reaccionaría un Gobierno como el de Mariano Rajoy, los tribunales de Justicia y los medios de comunicación españoles si un preso hiciera un llamamiento similar? ¿Si las penas son proporcionales al delito, qué opinaría la Fiscalía de la Audiencia Nacional que ha pedido 50 años de prisión para quienes agredieron a puñetazos en Alsasua a dos guardias civiles, si tuvieran que juzgar a López por haber sido el primer instigador en 2014 de las violentas revueltas callejeras contra el gobierno constitucional venezolano, que dejaron un saldo de 43 muertos entre los dos bandos? ¿Aceptaría el Gobierno, los tribunales y los medios españoles conceder el estatus de “presos políticos” a golpistas reincidentes como López o a muchos de los detenidos en estos últimos tres meses, algunos de los cuales han linchado a activistas chavistas, han incendiado decenas de almacenes de de los CLAP (centros gubernamentales de distribución de alimentos) y han intentado tomar por asalto la sede del Tribunal Supremo y otros edificios públicos? ¿Son presos políticos los que mataron a tiros a inicios del pasado junio en una barricada al juez Nelson Moncada, el que ratificó la condena a López? Pocos días después de conocerse el vídeo en el que López llamó a los militares venezolanos a rebelarse, otro salvador de la patria se hacía eco de esa llamada. Óscar Pérez, un inspector de policía y actor ocasional de películas de acción, atacaba con granadas y disparos desde un helicóptero robado con otros policías las sedes del Ministerio del Interior y el Tribunal Supremo. Otro dirigente opositor, líder estudiantil en la Universidad Central de Venezuela y diputado de Primero Justicia, Juan Requesens, decía en una conferencia en Florida el pasado 5 de julio que “para llegar a una intervención extranjera tenemos que pasar esta etapa”, en referencia a los actuales enfrentamientos callejeros. La etapa actual es solo el precalentamiento. Ni López ni el inspector Pérez lograron el apoyo militar que esperaban, como tampoco lo consiguió Julio Borges, el también opositor presidente de la Asamblea Nacional, quien viene haciendo constantes llamamientos públicos a las fuerzas armadas para que se definan “del lado del pueblo”. Convencidos de que no lograrán fracturar a las Fuerzas Armadas para que derroquen por la fuerza a Nicolás Maduro, los sectores más golpistas de la Mesa de Unidad Opositora apuestan por el “cuanto peor, mejor”. Para ello no les basta el boicot empresarial, el almacenamiento de mercaderías para especular con los precios, provocar desabastecimieto y con ello aumentar el malestar social, sino que hace falta que el mundo entero vea sangre en las calles de Venezuela. Quieren muchos muertos, un caos total que justifique una intervención extranjera que también parece pedir a gritos el secretario general de la OEA, Luis Leonardo Almagro. López, firmante del golpe de 2002 Cuando Alberto Garzón tildó de “golpista” a López en Twitter después de que este saliera de la cárcel, Toni Cantó se apresuró a atacarlo y luego lo hizo Gallardón, pero el líder de IU replicó a su vez llamándolo “golpista reincidente”. Y con razón. No hace falta ser un admirador de Maduro y su gobierno para admitir esa realidad. Es más, desde una perspectiva de izquierda se puede –se debe, añadiría- ser muy crítico con la gestión y deriva que ha tomado su Gobierno en muchos aspectos, pero sabiendo distinguir siempre claramente lo que representó de cambio sustancial para Venezuela y América Latina el proceso que se inició en 1998 en Venezuela con la llegada de Chávez al poder, y lo que representa la “alternativa” opositora,  el sector más ultra y oligárquico de la MUD y sus interesados aliados nacionales e internacionales. Para poder ganar apoyo en sectores populares desconfiados con tantos dirigentes opositores de reconocidas familias oligárquicas, como es el caso de López, Machado o Capriles, la MUD hace tiempo que cambió de táctica, ya no anuncia como antes que va a acabar con las reformas sociales que llevaron educación, sanidad, pensiones y viviendas sociales a millones de personas, sino que prometen lo contrario, que incluso las mejorarán. De la biografía de Leopoldo López muchos quieren borrar varios episodios, algunos de ellos relacionados con sus problemas con la Contraloría General de la República, que lo imputó en la década pasada por recibir una cifra millonaria de Petróleos de Venezuela (Pdvsa, la poderosa empresa de la cual era funcionario, y su madre alta ejecutiva) para financiar a su partido de entonces, Primero Justicia, del cual luego se separaría por sus choques con Capriles. También fue sancionado en 2009 por el desvío de grandes partidas de los fondos de la Alcaldía de Chacao, en el estado de Miranda, a cuyo frente estuvo entre 2000 y 2008. Para alguien que está acusando constantemente al Gobierno de Nicolás Maduro de “corrupto” no son precisamente buenos datos en su currículo. Pero tal vez los más incómodos antecedentes de alguien que como López se ha autoerigido en el gran defensor de la democracia y las libertades son los de 2002, los del golpe de Estado contra Hugo Chávez. López, como su rival interno, Henrique Capriles, y como muchos otros dirigentes actuales de la MUD, apoyaron abiertamente el golpe de Estado del 12 de abril de ese año, pero López, al igual que María Corina Machado, líder de Vente Venezuela, estuvieron además entre los cerca de 400 ilustres firmantes del Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional , conocida como Decreto Carmona, o Carmonazo, por el nombre del efímero presidente  de facto Pedro Carmona, nada menos que el presidente de la Fedecámaras, la confederación de la gran patronal. A través de esa acta se decidía dar grandes poderes a Carmona, suspender la Asamblea Nacional así como todos los cargos públicos, nacionales, regionales y municipales que él presidente decidiera y se prometía convocar elecciones generales en el plazo máximo de un año. Luego se conocería la caza de brujas que estaba prevista lanzar tras el golpe, así como la anulación de las importantes reformas sociales impulsadas por el Gobierno, y la privatización y reprivatización de empresas públicas que tendría lugar. Cambiando el nombre de Chávez por el de Maduro y algunos pequeños detalles en el argumentario, aquel Decreto Carmona lo suscribirían seguramente López y Machado nuevamente ahora si pudieran provocar la caída violenta de Maduro. Ni bien salido de la cárcel López llamó desde su mansión a “la resistencia”, alentando a los “jóvenes de los escudos” que caldean cada vez más violentamente las calles de algunos barrios de Caracas. Vargas Llosa: “Es un héroe de paz” De llegarse a un escenario similar, de lograr consumarse hipotéticamente con éxito un golpe contra Maduro, algunos de los primeros que lo aplaudirían en el exterior, además de grandes demócratas como Trump, Macri, Temer o Uribe, serían Felipe González, Aznar, Rajoy, Rivera, y los mismos grandes grupos mediáticos españoles que ya celebraron en 2002 en sus editoriales y desinformaciones el frustrado golpe de Estado contra Hugo Chávez, con El País y el Grupo PRISA a la cabeza. Desde las mazmorras de Maduro, entre tortura y tortura  Leopoldo López no solo grabó vídeos y los envió al exterior sino que también escribió un libro, Preso pero libre. Su prologuista, faltaba más, don Felipe González, ligado estrechamente desde hace años a la madre de López, María Antonieta Mendoza de López. La madre del líder opositor fue desde el año 2000 hasta hace muy poco al menos la Vicepresidenta de Asuntos Corporativos del holding Organización Cisneros, propiedad del magnate Gustavo Cisneros, gran amigo y socio de Felipe González. Cisneros, que según el número de Newsweek del 22 de abril de 2002 -pocos días después del golpe de Estado- estuvo “en el vértice” del mismo, dio el gran pelotazo con la compra-venta de Galerías Preciados gracias a una escandalosa y sonada operación financiera facilitada por el Gobierno de Felipe González. La poderosa madre de Leopoldo López Mendoza es también miembro de la Cámara Venezolano-América de Comercio e Industria y miembro también del Comité de Medios de Comunicación de Venamcham. Aznar también mantiene una excelente relación con Cisneros, no en vano le concedió la nacionalidad española unos meses antes del golpe de abril de 2002. En la presentación del libro en Madrid en marzo de 2016 Mario Vargas Llosa dijo que López era “un héroe de nuestro tiempo, un héroe de paz, un héroe civil”. Y en la tribuna que le dedicó al golpista reincidente en El País pocos días después el Nobel aseguró: “Leopoldo López es un idealista y un pacifista convencido. Sus modelos son Gandhi, Mandela, Martin Luther King, Vaclav Havel, la madre Teresa de Calculta y, como convencido creyente que es, Cristo”. El ensalzamiento que se ha hecho en España de López es sin duda una apuesta decidida por la línea más dura y beligerante de la oposición venezolana, no por la oposición en general, que incluye fuerzas que se reivindican socialdemócratas. Tanto Leopoldo López como Corina Machado rechazaron siempre cualquier diálogo con el Gobierno, con el de Chávez primero y con el de Maduro después, rechazaron igualmente participar durante años en los procesos electorales y aceptaron a regañadientes el cambio de estrategia y el resultado de las primarias de la MUD que eligieron en 2012 a Henrique Capriles como candidato a la presidencia. Tras los continuos fracasos electores de la MUD López y Machado achacaron a la “tibieza” de Capriles sus derrotas sufridas tanto frente a Chávez como luego frente a Maduro, y en 2014 optaron por la violencia callejera, lanzaron La Salida, un plan de manifestaciones violentísimas durante semanas y semanas. Buscaban que se fracturaran las Fuerzas Armadas y que la gente “de los cerros” bajara en masa como en el Caracazo de 1989 contra los planes de ajuste del Gobierno de Andrés Pérez -el otro gran amigo de Felipe González- que se saldó con cientos de víctimas, o como bajara en abril de 2002 para enfrentar y derrotar el golpe de Estado contra Chávez. Pero la gente de “los cerros” en esta ocasión no bajó como pretendía López a pesar de las penurias que pasa, y las Fuerzas Armadas no se rebelaron tampoco. Fue a causa de esas revueltas extremadamente violentas de 2014 que López fue detenido y condenado a 13 años de cárcel, de los que ha cumplido tres años y medio antes de concedérsele el actual arresto domiciliario. López ha desplazado ya de hecho a Capriles del liderazgo de la MUD y de celebrarse actualmente unas nuevas primarias en la MUD parece evidente que el candidato presidencial ahora sería López y no Capriles. Sin duda el apoyo decidido e interesado del Gobierno, de políticos, multinacionales y grandes grupos mediáticos españoles que tanto reivindican la democracia y la libertad, ha contribuido una vez más a la estrategia golpista en Venezuela. (Fuente: Público /Autor: Roberto Montoya)



  • Convenio de Hostelería de Granada: la traición está a la vuelta de la esquina
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    15/07/2017
    Hace menos de quince días sucedió en Jaén, donde, de la noche a la mañana, se firmó un convenio de Hostelería “a la baja” por obra y gracia de CCOO y UGT. Ahora es Granada donde los gerifaltes de los “mayoritarios” (perdonad que nos riamos un poco) vuelven a las andadas. Una nueva traición a los trabajadores está a la vuelta de la esquina. Hace muchos años que CCOO-UGT convirtieron la  negociación colectiva en algo bien distinto de lo que significa. La Negociación Colectiva es un derecho fundamental del que disponemos los trabajadores para hacer frente a la patronal y para obtener con ella acuerdos en una igualdad de fuerzas y condiciones mucho más justas que las que se establecen en la relación directa entre patrón y obrero, donde el segundo lleva todas las de perder. Para los profesionales del sindicalismo, en cambio, la Negociación Colectiva se ha convertido en algo bien distinto y, en concreto, en el Estado Español los “sindicatos mayoritarios” diciendo defenderla llevan años haciendo escarnio de ella. Para CCOO y UGT la Negociación Colectiva es una suerte de mercado persa donde se trafica con los derechos y las vidas de los trabajadores. Estos “sindicatos” (mejor llamarlos gestorías), a los que el régimen del 78 les otorgó la condición de interlocutores de la patronal y el Estado, compran y venden, cambian e hipotecan nuestras condiciones laborales y nuestros derechos para seguir viviendo del momio de la representatividad y para obtener unos más o menos pingües beneficios en forma de subvenciones, derecho a cobrar el canon sindical, o pagos por delegados sindicales, etc. En este escenario nos encontramos, y con el convenio de hostelería y turismo de Granada vigente, pero congelado, al igual que los salarios de los más de 15.000 trabajadores y trabajadoras del sector en el territorio granadino que siguen cobrando el mismo sueldo desde hace cuatro años. CCOO y UGT han sido incapaces durante un lustro de negociar nada con la Federación Provincial de Empresas de Hostelería y turismo (excepto el descuelgue de no pocos convenios por parte de sus comités) y, es por ello, que se les escapa la “representatividad” y los dineros del canon sindical no llegan. Así que se impone la negociación como sea, el llegar a algún acuerdo por el precio que sea, y ese precio lo pagaremos, como siempre, los trabajadores. El miércoles 12 de julio una representación de “alto nivel” de CCOO Y UGT (que “puenteó” a los miembros de sus propias ejecutivas de Hostelería) se reunió con Trinitario Betoret (jefazo de la patronal hostelera granadina) en un conocido restaurante granadino. Fue allí, en un comedor privado para escapar de la vista de curiosos, donde se llegó a un preacuerdo para impulsar las negociaciones del nuevo convenio provincial de Hostelería y Turismo. Por parte de la delegación de CCOO-UGT se aceptó admitir la desregulación de la jornada y horarios de trabajo, estudiar la disminución de dos a día y medio de descanso semanal y la desaparición de determinados pluses y derechos que hasta ahora veníamos disponiendo los trabajadores; por la patronal, se aceptó una subida salarial por precisar y el compromiso de firmar un nuevo convenio antes de fin de año. Para todo esto también se decidió buscar un árbitro o mediador que conciliará unas “irreductibles y enfrentadas posturas” que el jamón de pata negra y los cubalibres ayudaron a conciliar en la madrugada de ayer cuando finalizó la reunión de más de cuatro horas entre risotadas y palmetazos en la espalda. Una nueva traición a los trabajadores del sector está a punto de consumarse por parte de CCOO y UGT, traición que puede significar el principio del fin de estas estructuras vacías de sindicalismo, de ideología y de cualquier otro tipo de contenido social y que viven únicamente para sostenerse y pagar los sueldos de sus jefes y empleados, si no median otros EREs que sigan aligerando sus plantillas. Desde el Sector de Hostelería y Turismo del SAT entendemos el sindicalismo y la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras como algo bien distinto que debe sostenerse sobre la participación y elección de ellos mismos de qué y cómo quieren afrontar la negociación colectiva que los jefes de UGT y CCOO quieren trasladar a un coso donde suframos una nueva derrota más a manos y expensas de su desvergüenza y claudicación constante en aras de las defensa de unos interesas particulares que se alejan diametralmente de lo que son los intereses de la Clase Trabajadora. Por ello, desde el SAT seguiremos “a pie de tajo”, defendiendo empresa por empresa el respeto de nuestros derechos, luchando por la readmisión de cada trabajador que así lo plantee y denunciando los abusos de patrones y de supuestos sindicalistas que no han visto una pica ni han hecho una cama en su puñetera vida.   Paco Cabello. Secretario del Sector Nacional de Hostelería y Turismo del SAT.



  • El terrorismo en Venezuela
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    13/07/2017
    No buscan ganar electoralmente sino destruir un país por completo, incluso con gente adentro. Una minoría opositora venezolana ha decidido definitivamente abandonar la vía política. El objetivo es interrumpir la vida democrática del país sin importar el costo, ni económico, ni humano. Matan, queman, golpean, saquean. La violencia llevada a su máxima expresión para que la cotidianidad deje de existir. Estas prácticas fascistas son injustificables. Los errores que haya podido cometer el gobierno o las discrepancias que muchos puedan tener con tal o cual decisión no pueden servir como excusas para que estas acciones violentas se impongan como praxis diaria por parte de un grupo minoritario de opositores en Venezuela. No hay razón para asesinar, perseguir o insultar a quién opina diferente. Eso es lo que está ocurriendo en Venezuela por parte de un minúsculo grupo opositor que en nombre de la democracia y libertad paradójicamente están instaurando un régimen de pánico. En la democracia cabe la discusión política y la confrontación de ideas. Se puede discrepar absolutamente de todo. Pero de ninguna manera nadie está habilitado para salir a la calle para infundir terror en la ciudadanía. Hay miedo pero no es por culpa del gobierno. En 18 años de chavismo seguramente habrá habido traspiés, pero nunca jamás había existido una sensación de que te pueden apalear en cualquier esquina. Esta es una responsabilidad absoluta de este brote fascista que ha venido con la intención de quedarse sine die. Que el gobierno haya podido cometer errores, no lo niega nadie. Pero una cosa es poder equivocarse en la política y otra cosa bien diferente es dedicarse únicamente a permanecer más de 90 días con la intención de desestabilizar a través de muertes y más muertes (ya vamos por 84). Muchos medios de comunicación prefieren hablar de los errores del Presidente Nicolás Maduro. Y están en todo su derecho. Pero lo que es inadmisible es que silencien o justifiquen los actos terroristas que están aconteciendo casi a diario. Al hacerlo son cómplices de esta barbarie, como tantas veces sucedió en la historia. No podemos ni debemos normalizar este terrorismo cotidiano. Es condenable en todos sus sentidos. La violencia no puede sustituir a la política. La oposición venezolana apostó en octubre-2012 y abril-2013 por la vía electoral y perdieron en ambas citas presidenciales. Después volvieron a perder las municipales de diciembre-2013. Y es verdad que ganaron luego la Asamblea Nacional (diciembre-2015), pero seguramente se confundieron en cuanto a las competencias que tenían para gobernar el país. Tenían potestad legislativa pero no ejecutiva. Y no tuvieron en cuenta que se trata de un país altamente presidencialista según lo fija su propia Constitución. Este choque de trenes, entre legislativo y ejecutivo, más allá de toda la controversia que haya podido suscitar, no puede de ninguna manera ser la base para argumentar a favor de una respuesta opositora tan salvaje e inhumana. La oposición venezolana ha tenido la oportunidad de separarse de estas prácticas terroristas. Podrían haber condenado algunos de los flagrantes acontecimientos. Por ejemplo, el ataque del helicóptero robado contra varias instituciones de los poderes públicos o la quema de personas por supuestamente ser chavistas. Pero no lo hacen. No lo quieren hacer. Les molesta todo aquello que huela a diálogo. Han atacado al ex secretario general de Unasur y al ex Presidente español Zapatero por querer buscar una vía dialogante para rebajar la tensión al conflicto político. Se sienten incómodo cada vez que el Papa apela a la paz y a la no violencia. Salvo contadas excepciones, la mayoría de los máximos representantes de la oposición venezolana han sido promotores de esta dinámica anti democrática. Fueron participes del golpe del 2002, de las guarimbas del 2014 y aún conservan esa esencia. Prefieren la parapolítica a la confrontación democrática. Así es el terrorismo… Y medio mundo le está dando la espalda sin condenarlo. (Fuente: Russia Today - RT / Autor: Alfredo Serrano Mancilla)



  • Ese maldito referendo que, sin garantías, no sirve para nada
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    12/07/2017
    Muchas veces me he topado, en Madrid, y normalmente en una barra de bar, con la misma conversación. Alguien afea, a menudo con argumentos respetables, la conducta de los nacionalistas vascos, catalanes o gallegos. Intervengo para señalar que los vicios identificados se revelan también en la ciudad en la que estamos, y con frecuencia con los mismos perfiles. El interpelado aclara rápidamente que, si hay un nacionalismo que le repugna por encima de todos, ése es el español. Pregunto entonces, ahora sin respuesta, por qué siempre que mi interlocutor hurga en los vicios, supuestos o reales, de los nacionalismos, los ejemplos que encuentra los procura en Bilbao, en Barcelona o en Santiago, y no en el lugar, Madrid, en el que conversamos. Los últimos días, y al calor de las disputas que levanta el referendo catalán, me he encontrado varias veces con un remedo de la historia anterior. Alguien, quien sea, muestra un empeño singular en señalar que el referendo que se anuncia en Cataluña, a más de ilegal, no aporta garantías de limpieza y equidad. Tiene gracia que semejante argumento, aceptable en sí mismo, no se vea acompañado de otro que subraye que si el referendo en cuestión está lleno de dobleces, ello es así por la impresentable actitud de los gobernantes españoles y de sus corifeos, y no por el deseo expreso y malévolo de quienes lo convocan. Las cosas así, las víctimas de una conducta tan ultramontana como antidemocrática se nos presentan, curiosamente, como si fuesen los responsables de un sinfín de manipulaciones arteras. Cuando uno recuerda esto, recibe, eso sí, la misma respuesta, vacía y estéril, de la conversación de la barra de bar: «No te confundas, que yo no defiendo lo que hacen Rajoy, Sánchez y Rivera» (y, por lo que se ve, Iglesias). No lo defiendes, no, pero ni lo contestas ni lo computas. El círculo malsano se cierra cuando, de la mano de silencios como el invocado, se da a entender que la convocatoria del referendo catalán está fuera de lugar por cuanto, además de faltar en él garantías elementales, «no va a servir para nada». Pareciera de nuevo como si por detrás estuviese la sugerencia de que en modo alguno se han agotado las vías de consenso al respecto o, lo que es lo mismo, como si los representantes del PP, del PSOE y de Ciudadanos hubiesen hecho algún guiño a la perspectiva de una reforma constitucional que abra el camino al reconocimiento del derecho de autodeterminación. No hay, sin embargo, ni un solo dato que invite a llegar a semejantes conclusiones. Y muchos que obligan a certificar que el nacionalismo de Estado, esencialista a más no poder, ha decidido cerrar el camino para siempre, orgullosamente, a cualquier discusión sobre esta unidad de desatino en lo universal en la que estamos. ¿Qué es entonces el referendo catalán sino un elemental ejercicio de desobediencia civil ante un escenario infumable? Hermosa democracia ésta en la que nuestros gobernantes, y con ellos sus apoyos vergonzantes, se disponen a procesar personas, arrancar carteles, destruir urnas y, acaso, pasear tanques por las calles. Con su miedo a que se haga evidente que el rey está desnudo, siguen dándole alas a quienes, en Cataluña y en otros lugares, piensan que merecemos otra cosa. Fuente: www.carlostaibo.com



  • La lavadora económica de Sevilla
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    06/07/2017

    Hace unas semanas, asistí a una actuación de circo “callejero” en el mismo corazón del distrito Tres Barrios-Amate, la plaza Candelaria de la ciudad de Sevilla. Días después de esta gran actuación de Dúo Laos “Otros aires”, volví a asistir a otra actuación dentro del mismo programa que ofrecía Festival Circada en los barrios de Sevilla. Esta vez, la representación corría a cargo de Mumusic “Amigoo” y el lugar era en la Plaza Albaicín, donde la aislada Sevilla Este delimita con la A-92 que nos lleva a la Sierra Sur de la provincia y donde Sevilla, huele a la industria de los detergentes y suavizantes. Quien haya accedido a la ciudad por la A-92 sabrá a qué me refiero.

    Y es que Sevilla quiere convertirse en una gran lavadora económica, de las grandes, donde según qué zona mete en el tambor de esta usa más o menos detergente y suavizante.

    Sin ser un experto en esto de la crítica del arte, podría decir que en la primera actuación, la acrobacia y el equilibrio era la base del espectáculo, donde la ausencia de viento hacía cómplice del número al medio ambiente. En la segunda, la elegancia de un imponente Violonchelo y una actuación cuasi muda apurada de acrobacias, sustituía las peripecias del primero. Era como ver a la clase trabajadora haciendo acrobacia para salir del desempleo y la pobreza económica en el primero de los casos, y a esa clase media en la segunda, bailando y mostrándose en sociedad como esa clase motora de la economía capitalista que exprime en el colchón estructural a la primera creándole falsas esperanzas de llegar donde el sistema no te deja y cosntruyéndose a sí misma la imitación de un aparente realismo burgués de su propia condición social.

    Además, desde una perspectiva bourdieuana ( sociológicamente hablando), era más que evidente que tanto en los atuendos como en las formas de asistencia grupal en poses e interacción entre actuación y público, las características de clases eran más que aparente.

    Por esto, no es extraño, que cuando se le pregunta a la población por los principales problemas de la ciudad, en Tres Barrios-Amate, más del veinte por ciento responde sobre asuntos sociales y vivienda y más del cuarenta dice el empleo. Sin embargo, en Sevilla Este, alrededor del veinte por ciento les preocupa más el paro, que no es el empleo, y entre el diez y el quince por ciento se manifiesta sobre el transporte público, la cultura o la educación. Asimismo, cuando se les pregunta sobre los principales problemas personales, en Tres Barrios-Amate, el 28,57% se preocupa más por la seguridad y el empleo que por otros asuntos y, en Sevilla Este, además del empleo ( 30% de las personas encuestas), aparecen asuntos como la violencia de género, la educación, la sanidad y la cultura ( alrededor del 10 %)1.

    En modo de contrastar estos datos, basta cualquier inclusión mediante trabajos de campo de estudios en la población joven, para comprobar como en la zona de Tres Barrios-Amate, las bandas, las drogas y el alcohol es tomada como una gran amenaza real, y sin embargo, en Sevilla Este, la preocupación de la juventud son las conexiones de transporte para el ocio nocturno con el resto de la ciudad y una mayor oferta en el ámbito cultural ( conciertos, discotecas y ferias temáticas) en su propia zona.

    Y es que Sevilla quiere convertirse en una gran lavadora económica, donde según qué zona mete en el tambor de esta usa más o menos detergente y suavizante.

    Porque Sevilla puede ser dos. Por un lado encontramos la Sevilla VISIBLE, la que se puede presumir de ella gracias al excesivo uso de detergente y suavizante, la Sevilla que consigue que la Tasa de Paro descienda (-11,30%)2, la afiliación a la Seguridad Social crezca (4,08%, tasa interanual), que la tasa anual del Índice de Precios de Consumo (IPC) general igualmente crezca (2,20%), la Sevilla en la cual las exportaciones e importaciones crecen (22,08% y 1,45% respectivamente), la matriculación de turismo crece (6,70%), las sociedades mercantiles se constituyen más que disuelven (316 constituidas por 43 disueltas), por cierto, casi el cien por cien son Sociedad Limitadas, y las hipotecas y el precio de estas, se mantienen más o menos con sus bajadas y subidas dependiendo de los meses de observación3.

    Esta es la Sevilla que maquilla la ciudad con casos como la nueva imagen del Paseo Alcalde Marqués del Contadero ( que menuda imagen le han dejado) o la presentación en sociedad de Sevilla Beach, esa esperada playa de Sevilla con hamacas balinesas, solárium, fútbol playa, raqueta playa, water voley, bar lounge&sushi y área chill out, donde el acceso es gratuito pero las actividades NO. O la Sevilla del turismo, que más vamos a contar. Y es que Sevilla es para las sevillanas y sevillanos, con dos ovarios bien puestos.

    En la otra Sevilla, la INVISIBLE, de la que no se puede presumir, la que ni siquiera entra en el tambor de la lavadoraeconómica, la de la turistificación, la que presenta una Tasa de variación interanual de 28,5% de lanzamientos practicados (desahucios) a primer trimestre de 2017. 388 desahucios en la provincia solo el primer trimestre de año4. La Sevilla que no ejecuta los planes integrales prometidos durante muchos años y varias alcaldías con diferentes tintes políticos, tanto en la gestión como en los apoyos a la constitución de gobierno. La Sevilla que por el no uso de detergente y suavizante en determinadas zonas, presenta aproximadamente un 65% de Tasa de paro en Tres Barrios-Amate, se cronifica el chavolismo en diferentes zonas de la ciudad y las personas sin techo, la Sevilla donde tres de cada cien hogares en la ciudad de Sevilla han recurrido a Cáritas para pedir ayuda, o la Sevilla que un sector poblacional como en la barriada de Los Pajaritos presenta una renta media anual por personas de 12.307 euros o como en la zona Alberche y Alhambra sobreviven con 17.987 euros anuales por hogar según Urban Audit del Instituto Nacional de Estadística (INE)5.

    Así es posible que sea Sevilla, las dos Sevilla, o igual existen dentro de una misma categoría algunas otras que hacen el conjunto. Del mismo modo se pueden comparar Los Remedios con toda Su Eminencia , Santa Clara con el Vacie, parte de Nervión con el Polígono San Pablo o parte del Casco Antiguo con el Polígono Norte, y muchas más que dejo en el dintel de la praxis. Pero sean dos Sevillas o varias, hay un elemento que patenta una forma de construir ciudad. Este es mediante un modelo liberal cosmopólita llamado tradicionalmente por su verdadero nombre, capitalismo, y digo verdadero que no el concepto reformista postverdad.

    Bien podría ser este análisis a cualquier otra ciudad o pueblo de Andalucía y/o el mismo estado español. Porque Sevilla, es una ciudad que pertenece a esa Andalucía que también tiene sus dos Andalucía económicamente hablando. Y como ella, también Málaga y Cádiz tiene sus propios barrios similares a Sevilla, o Jaén y Granada tiene su propia identidad de clases, al igual que Córdoba, Huelva o Almería. Todas ellas pertenecen a esa Andalucía que también sabe presumir y esconder. Esa Andalucía que presenta un 2,8% de crecimiento económico en el primer trimestre de 2017, la misma que presume que el gasto en consumo final de los hogares regional registró un crecimiento del 1,4% y, las exportaciones de bienes y servicios, registraron un crecimiento del 8%6. Ni hablar del estado español, porque todo queda similar en ese discurso predominante triunfalista económicamente. Todo está en la misma lógica de un crecimiento económico macro llamado desarrollo.

    Pero las ciudades (urbes o rurales) se construyen tanto material como simbólicamente, donde no solo son los términos macro(o micro)-económicos los que definen cualquier sociedad. Es para reflexionar que una persona que acude a una entrevista de trabajo tenga que ocultar que vive en las Vegas ( Tres mil Vivienda). O que una persona estudiante de secundaria tenga que decir que vive en Ciudad Jardín residiendo en Los Pajaritos. No hay mayor indignidad que la propia sociedad te imponga la negación de tu propia identidad, en este caso de barrio7

    En definitiva, el capitalismo no solo conlleva en su dinámica la desigualdad social. Este nefasto sistema económico-social que machaca a quienes se encuentran en la parte baja de la brecha desigual de las oportunidades. Igual, llevar actuaciones como los de Festival Circada con más frecuencias en los barrios más castigados por el sistema capitalista sea una buena solución. Igual, ejecutar los planes integrales en las diferentes zonas de la ciudad donde los trabajos sean llevados a cabo por sus propios habitantes sea una solución. Igual, si las administraciones de la política profesional no dejaran que la mano invisible del liberalismo no fuera tan invisible y esta visibilidad permitiera que todos los enclaves de la ciudad fueran incluidos en el tambor económico de la lavadora llena de detergente y suavizante, para que toda la ciudad pudiera ser tendida y secada en el mismo tendedero, igual, sólo igual, estaríamos escribiendo de una forma menos suavizadas y con menos detergente.

    Publicado originalmente: en https://irisazsociedadcivil.wordpress.com/2017/07/05/la-lavadora-economica-de-sevilla/

    1Datos de la Encuesta: Percepción de la población sevillana sobre la ciudad de Sevilla ( ePS, FeBReRo 2017) de IRÍSAZ SC.

    2Estos datos no son bajo ningún concepto coherente con la realidad. Véase artículo del autor para relativizar los datos de la EPA: Un entrante: La precariedad social de Andalucía

    3Todos los datos son referidos al mes de abril 2017 a excepción de las exportaciones e importaciones, que lo

    hacen con el mes de marzo como referencia. Fuente: Instituto Nacional de Estadística. También, en modo

    resumen, véase Boletín Económico mensual de Fundación Cámara de Sevilla.

    4 Entiéndase estos datos como indicadores orientativos ya qué estos hacen referencia a la provincia y no a la ciudad. Fuente: “Datos sobre el efecto de la crisis” del Consejo General del Poder Judicial. Juzgados de Primera Instancia e Instrucción.

    5Véase Artículo del autor: El Juncal y la inclusión en www.sociolorkia.wordpress.com

    6Véase https://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/crta/notaprensa.htm




  • Un “trabajito” italiano
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    04/07/2017
    El gobierno italiano ha desembolsado 17 mil millones de euros de fondos públicos (del ‘árbol mágico de dinero') para rescatar a dos bancos venecianos. Los bancos no serán nacionalizados, sino entregados a Intesa Sanpaolo Spa, el mayor banco de Italia, por la suma simbólica de ¡un euro! Intesa garantizará los depósitos en efectivo de los bancos venecianos, pero va a despedir a varios miles de empleados del banco, a pesar de obtener 900 nuevas sucursales y mil millones en garantías financieras del gobierno. Intesa se hará cargo de todos los préstamos “buenos” de los bancos venecianos, mientras que el estado se queda con todos los “malos”, que deberán ser cancelados y dados por perdidos o cobrados, si se puede, a largo plazo. Así que una vez más, las actividades imprudentes de algunos bancos y el estancamiento de la economía que hizo que muchas empresas no pudiesen pagar sus deudas han de ser 'rescatadas' por el estado con dinero en efectivo. El rescate equivale al 1% del PIB de Italia, aumentando el tamaño de la deuda del sector público, ya masiva, de Italia, que alcanza el 135% del PIB. Intesa consigue unos bancos saneados por sólo 1 euro, al igual que JP Morgan consiguió la red bancaria de Bear Stearns en la crisis financiera global por 1 dólar - todo pagado con impuestos o préstamos del gobierno. El estado y la gente no reciben nada por sus  17 mil millones de euros. Lo más irónico es que el acuerdo italiano rompe las reglas bancarias establecidas por los gobiernos de la UE después de la crisis financiera mundial para evitar que los inversores tenedores de bonos bancarios fueran rescatados a costa del contribuyente. En virtud de la “Directiva de recuperación y resolución bancaria de la UE” (BRRD), los rescates primero deben ser financiados por los tenedores de bonos bancarios, incluyendo los llamados bonos senior, y sólo después, en última instancia, con fondos de la UE. Pero la Junta de Resolución Única de la UE aceptó, bajo la presión del gobierno italiano, que no se trataba de una auténtica 'crisis bancaria' que requiriese la intervención de la UE y que Italia podía sola resolver el problema. Después de todo, los bancos venecianos suponen sólo el 2% del sistema bancario. Pero lo que no se tuvo en cuenta fueron las enormes pérdidas que ya habían asumido otros bancos italianos, como Monte dei Paschi.   De hecho, Italia tiene 300 mil millones de euros de créditos “malos” en sus libros de contabilidad, un 20% del PIB. Una solución según las reglas de la UE habría requerido que Italia encontrase otros 12 mil millones de euros para el fondo de garantía de depósitos del país. Y UniCredit, Monte dei Paschi di Siena y UBI Banca habrían tenido que realizar nuevas ampliaciones de capital y es probable que los inversores no hubieran acudido a ellas. El acuerdo ha sido mal recibido por Alemania, ya que infringe las nuevas normas bancarias hasta el punto de hacerlas irrelevantes - pero el jefe del BCE, Mario Draghi, es italiano y fue el anterior director del Banco Central de Italia. Para los alemanes, es una señal de que una mayor integración económica en la zona euro es imposible si los estados nacionales rompen las reglas de manera flagrante. Politicamente, ayuda a los dirigentes demócratas de centro-izquierda en el intento de su líder Matteo Renzi de recuperar su puesto como primer ministro en unas nuevas elecciones, previstas para mayo. Si los bancos hubieran quebrado, los depósitos se hubieran perdido y los tenedores de bonos hubieran visto sus activos cancelados – algo malo electoralmente porque muchos tenedores de bonos son pequeños empresarios convencidos por los bancos para invertir en preferentes. La noticia del acuerdo ha sido recibida con entusiasmo por el mercado de valores. Por lo tanto tenemos otro rescate bancario, nueve años desde la crisis financiera global que nacionalizó las pérdidas causadas por los banqueros que quebraron y privatizó los beneficios para los banqueros restantes: exactamente lo que las reglas de la Unión Bancaria de la UE pretendían evitar. Miles de empleados bancarios se quedarán sin trabajo; pero los inversores bancarios y los tenedores de bonos están encantados con la fórmula del nuevo banco. El estado acumula más deuda y por lo tanto aumenta la presión para implementar más austeridad para pagar la deuda. Y otros banqueros saben que, si vuelven a liarla, pueden escaparse con un rescate estatal y continuar como antes. No hay la menor consideración en este acuerdo de la posibilidad de que la gente a través del estado hubiera podido quedarse con estos bancos (y los otros grandes bancos) transfiriéndolos en propiedad pública y convirtiendo a la banca en un servicio público para los hogares y las pequeñas empresas y no un medio de especulación imprudente, codicia y corrupción. Por el contrario, este “trabajito” italiano es business as usual.



  • Marxismo y luchas indígenas en Norteamérica
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    29/06/2017
    Visto el reciente apoyo por parte de la confederación sindical AFL-CIO al oleoducto de Dakota (Dakota Access Pipeline, DAPL), parece lícito pensar que estamos asistiendo a un nuevo episodio de la confrontación entre los derechos indígenas por un lado y los activistas sindicales de izquierda por otro. La cuestión se remonta por lo menos a comienzos de la década de 1980, cuando Russell Means, cofundador y activista del Movimiento Indio Americano (American Indian Movement, AIM), pronunció un discurso ante una conferencia internacional de pueblos indígenas en los Black Hills de Dakota del Sur. Puede parecer extraño que una figura tan prominente de la lucha por la soberanía de los pueblos nativos de EE UU dedique un importante discurso al marxismo, pero Means apuntaba más lejos: al rechazo de toda la tradición intelectual europea, incluida la de su ala radical. Según Means, el marxismo no ofrece a los nativos americanos nada mejor que el capitalismo: ambos consideran que los pueblos indígenas y sus tierras son un coste del desarrollo económico. El marxismo se limita a reorganizar las relaciones de poder de la sociedad colonial sobre la base de la eficiencia. Los pueblos indígenas viven en “zonas de sacrificio” y toda sociedad moderna e industrializada necesitará extraer combustible, plusvalía y materias primas de sus tierras. Pocos años después, Ward Churchill profundizó en la tesis de Means, declarando que los marxistas enrolarían a los pueblos indígenas en su ejército proletario con el fin de ganar su revolución socialista. De ahí, afirmó Churchill sin rodeos, “que el marxismo… suela ser rechazado de plano por la población india.” En tiempos más recientes, el teórico Jodi Byrd vino a decir lo mismo con respecto, más en general, a la estrategia política marxista del siglo XX, afirmando que las teorías de Antonio Gramsci sobre las prácticas contrahegemónicas solamente tienen sentido si uno desea reforzar un “Estado colonial democrático multiétnico” y no asegurar una genuina independencia tribal. El antropólogo David Bedford reconoció que el marxismo podía proporcionar un análisis útil en algunas luchas anticoloniales, como por ejemplo la lucha contra la apartheid en Sudáfrica. En este caso, los africanos servían de ejército de reserva de mano de obra para las empresas de los blancos. Sin embargo, para las tribus que puedan relacionarse con el capitalismo al margen de un régimen de explotación del trabajo, el marxismo, señala, no tiene en cuenta las reivindicaciones de soberanía y autodeterminación propias de los pueblos indígenas. El apoyo de la AFL-CIO al DAPL parece confirmar muchas de las teorías de Bedford, Byrd, Churchill y Means. Mientras que muchos sindicatos han emitido declaraciones de apoyo a la lucha de Standing Rock de los sioux en defensa de sus tierras y su tratado, el hecho de que la confederación sindical más importante de EE UU respalde la construcción del oleoducto indica que todavía existe una falla que separa las luchas de los pueblos indígenas y las de los trabajadores. El “desarrollo”, tal como se entiende comúnmente, convierte a las personas y la tierra en insumos abstractos; la “democracia universal”, implica la crítica, convierte a todo el mundo en ciudadanos abstractos, allanando los derechos de los grupos y la condición de nación independiente de las tribus. Varios teóricos y activistas han intentado abordar en los últimos años la historia desigual de la izquierda y de la soberanía de los nativos de EE UU. El amplio apoyo de la izquierda al movimiento NoDAPL –incluido el socialista más conocido de EE UU, Bernie Sanders– representa tan solo el ejemplo más evidente. La historiadora y activista Roxanne Dunbar-Ortiz ha recuperado el largo legado del compromiso de la izquierda latinoamericana con las cuestiones indígenas a través de la obra del intelectual comunista José Carlos Mariátegui. Y David Harvey, al igual que el Midnight Notes Collective, señalan la manera en que la “acumulación primitiva” –el método del capitalismo para poner en marcha el crecimiento mediante el robo y la privatización de tierras y recursos– es un rasgo continuo y permanente del desarrollo económico. No obstante, la mayoría dan por hecho que el marxismo y las luchas indígenas tienen poco que decirse mutuamente. El primero teoriza la modernidad capitalista y la transformación histórica, tomando como sujeto al obrero industrial. En esta tradición, las reivindicaciones basadas en tratados y derechos territoriales son, en el mejor de los casos, asuntos secundarios. Por consiguiente, la afirmación de Churchill de que los pueblos indígenas han sido históricamente hostiles a las ideas marxistas no suele cuestionarse, particularmente en Norteamérica. Ahora bien, Churchill parece desconocer los escritos de nativos americanos marxistas y su dedicación a la larga historia del pensamiento materialista dialéctico. Esta laguna no es una cuestión secundaria: favorece supuestos culturales de que, en palabras de Philip Deloria, los nativos americanos han “perdido el tren de la modernidad”. Tales supuestos también vienen a decir que los pueblos indígenas y los socialistas tienen poca cosa en común, lo que refuerza la noción de que existe una divisoria peligrosa e insuperable entre la izquierda obrera y los derechos soberanos de los pueblos indígenas. Nada más lejos de la verdad. Anticapitalista y anticolonial Archie Phinney, un antropólogo nez percé/1 y cofundador del Congreso Nacional de Indios Americanos (NCAI) –la organización panindia más longeva de EE UU–, es uno de los intelectuales amerindios más importantes, aunque de los menos conocidos, de mediados del siglo XX. A pesar de sus escritos polifacéticos, o tal vez debido a ellos –que abarcan desde análisis de la política de la Unión Soviética con respecto a las tribus indígenas siberianas hasta artículos sobre la teoría del modo de producción, pasando por libros sobre tradiciones orales de los nez percés–, su obra se vio eclipsada por otros intelectuales nativos de la década de 1930, como por ejemplo D’Arcy McNickle y John Joseph Mathews, autores de las primeras novelas “modernistas” de nativos americanos en EE UU. La obra de Phinney no se ha recopilado ni estudiado en su totalidad, debido al menos en parte a la larga sombra del macartismo en la universidad: la reseña más completa de su vida y obra –un número especial de la Journal of Northwest Anthropology de 2004– dedica mucho espacio al intento de distanciar a Phinney de su propio compromiso socialista. Si bien la militancia política concreta de Phinney sigue siendo desconocida –por ejemplo, si fue miembro o no del Partido Comunista–, está claro que, si no hubiera muerto prematuramente a finales de la década de 1940, habría sido convocado por la comisión de actividades antiamericanas del Congreso y seguramente destituido de su cargo en la Oficina de Asuntos Indios (Bureau of Indian Affairs, BIA). Panindio, cosmopolita y autocalificado de moderno, Phinney representa otra corriente del pensamiento intelectual indígena que evita la estricta dualidad que articularon Means y Churchill. Phinney vinculaba la lucha por la soberanía de los indígenas americanos con otros combates por la justicia racial en EE UU. Argumentó que existen pueblos indígenas tanto dentro como fuera de las estructuras democráticas estadounidenses, abordando lo que es exclusivo de la política indígena y reconociendo asimismo que las poblaciones indígenas son modernas y deben dotarse de una voz política y buscar aliados políticos. Phinney surgió como intelectual en un periodo en que gran parte del mundo colonial veía en la Unión Soviética y el socialismo mundial un medio de liberación. Como han sugerido historiadores como Mark Naison, Robin D.G. Kelley y Penny von Eschen, los movimientos culturales y políticos pluralistas de la década de 1930 se cruzaron con los movimientos anticoloniales y del nacionalismo negro. Compartieron espacio en las mismas publicaciones y a menudo dentro de las mismas organizaciones. Tal como explican Naison y Kelley, tras el declive del movimiento agrupado en torno a Marcus Garvey a finales de los años veinte, el Partido Comunista (CPUSA) no solo reclutó a antiguos garveyistas, sino que en cierto modo hizo suya la bandera del nacionalismo negro en EE UU y buena parte del mundo colonial. A partir del 6º congreso de la Internacional Comunista (Comintern), celebrado en 1928, el Partido Comunista puso en práctica una serie de políticas que influirían enormemente en las corrientes intelectuales y políticas de EE UU durante la siguiente década. Abandonando la crítica de clase “pura”, el 6º congreso se basó en los escritos de Lenin y Stalin y declaró que la lucha anticolonial era una parte legítima de la revolución mundial. Anunció que la Comintern apoyaría las luchas de liberación tanto de las “minorías nacionales” en el interior de los Estados como de los súbditos de potencias coloniales. Por un lado, esta política se ajustaba, tal vez de forma simplista, a la política soviética de autodeterminación dentro del antiguo imperio ruso. Por otro lado, abrió la puerta al desarrollo, por parte de dirigentes del CPUSA, de la tesis de autodeterminación del cinturón negro de EE UU, declarando que los afroamericanos eran súbditos “colonizados internamente” y necesitaban su propio Estado. Quizá por el hecho de que la izquierda profesa más intensamente el antirracismo, parece que hubo un pequeño número de miembros indígenas del partido que desempeñaron, al menos a escala regional, un papel relativamente destacado. El periódico de la costa oeste del CPUSA, el Western Worker (más tarde Peoples’ Daily World) publicó varios reportajes sobre el activista indígena Joe Manzanares en la década de 1930; también sacó un anuncio en que pedía que quienes estuvieran “interesados en asuntos indios” llamaran a un número de teléfono de la oficina del CPUSA en San Francisco. Además, varias cartas al director escritas por indígenas expresaron por qué ingresaban en el partido, combinando la demanda de autodeterminación con una retórica de clase comunista y el cuestionamiento anticolonial del binomio salvaje-civilizado. Una carta, por ejemplo, afirmaba que “patronos blancos nos robaron todas las tierras a los indios” y que “nos llaman ‘nativos’ o ‘indios’ o ‘salvajes’… los indios no son salvajes… Los indios siempre son amables con los trabajadores que tienen que esclavizarse para ganarse el sustento”. El autor de esta carta sostiene que acceder a la modernidad –ser “no salvaje”– no equivale a asimilarse. El socialismo, concebido como “solidaridad con el proletariado”, se considera coincidente con la reivindicación sobre la tierra y la historia de desposesión. Una carta de Vincent Spotted Eagle, publicada en 1934, analiza la vida de los indígenas de EE UU a través de la teoría del modo de producción: “Antes de que llegara el hombre blanco, nuestro modo de producción y distribución estaba basado en la cooperación y descartaba toda explotación. Esto era comunismo, que es el verdadero americanismo. Y esta es la razón de que yo me apuntara al Partido Comunista.” Spotted Eagle califica el capitalismo de “producto original de Europa” y afirma que “hemos sido explotados” desde que “Colón descubrió esta Gran Nación”. Jugando con el tropo de “americanismo”, Spotted Eagle reclama la condición de nación de su “Gran Nación” y derechos de ciudadanía en EE UU. Su respuesta al capitalismo europeo no consiste en volver a la vida precolombina, sino más bien en hallar una nueva síntesis con “los amantes de toda la humanidad, especialmente los negros” mediante un proyecto socialista internacional que él llama comunismo. Al mismo tiempo, el Western Worker publicó cinco reportajes sobre miembros del CPUSA que organizaban campañas de ayuda y consejos de desempleo en reservas de California. En Montana, el partido presentó a un candidato al senado que era indígena, llamado Raymond Gray. Esto indica que, al menos en el oeste, los activistas del partido y los indígenas se organizaban en la misma estructura. Mientras que la envergadura y la modalidad de estas campañas no están claras, el hecho de que el Partido Comunista tuviera una presencia organizativa en las reservas pinta un cuadro muy distinto tanto del partido como del compromiso político de los grupos indígenas. Además, el Western Worker sacó numerosos artículos sobre apropiaciones ilegales de terrenos, incumplimientos de tratados, expulsiones de indígenas a México y la política “genocida” de deportación de indígenas en California, lo que indica que el partido no veía a los indígenas tan solo a través de las lentes de clase, sino que comprendía la especificidad de las demandas de justicia de los indígenas. Las pruebas documentales desmienten las críticas de Churchill y Means sobre la relación entre la práctica marxista y la lucha indígena, de manera muy similar a cómo los escritos de Phinney sobre la política soviética de “minorías nacionales” le ayudaron a desarrollar sus propias teorías materialistas de la soberanía indígena. Al tiempo que carecía de una infraestructura partidaria formal que ayudara a expresar cuestiones importantes para los afroamericanos, dichas pruebas documentales revelan una participación e imbricación mucho mayores entre las comunidades indígenas y la izquierda marxista que lo que se suele pensar. Asimilación y proletarización En un discurso pronunciado en 1943, Phinney dijo que la Unión Soviética era “el primer intento del ser humano de orientar inteligentemente su propia historia”. Esto no quiere decir que suscribiera la política estalinista ni que fuera un militante de carnet del Partido Comunista; en efecto, tal como nos recuerda Michael Denning, aplicar como criterio principal la afiliación partidaria no es necesariamente la mejor manera de analizar los movimientos radicales de la década de 1930. Aun así, Phinney, quien estudió con Franz Boas en la Universidad de Columbia y viajó a Leningrado con una carta de presentación de la marxista-feminista Agnes Smedley, contemplaban sin duda la Unión Soviética y el marxismo del mismo modo que otros muchos intelectuales de color de la época: como un modo alternativo de desarrollo económico que no se basaba en las jerarquías raciales del Occidente europeo. Mientras realizaba su doctorado en Leningrado entre 1932 y 1937, Phinney llevó a cabo un estudio comparativo de la política de EE UU hacia los indios con el trato dado por los soviéticos a sus minorías nacionales, en particular a los pueblos de cazadores y recolectores de Siberia. Esperaba hallar un modelo que pudiera emular EE UU. Aunque Phinney nunca publicó un libro sobre esta cuestión, una lectura atenta de sus escritos publicados y manuscritos no publicados indica que su estudio del marxismo y de la política soviética influyó mucho en su posterior implicación en la puesta en práctica de la Ley de Reorganización India (Indian Reorganization Act, IRA) de 1934 y en su carrera como teórico fundador del activismo indio de posguerra. El ensayo más divulgado de Phinney después de su muerte, Nimi’ipuu Among the White Settlers (Nimi’ipuus entre los colonos blancos) fue escrito mientras intercambiaba misivas con Boas durante su estancia en Leningrado. Exponiendo las contradicciones a que se enfrentaban los nimi’ipuus (como se llamaban a sí mismos los nez percés) y otras tribus indias carentes de tierras, Phinney afirmó que el falso binomio entre asimilación y retorno al pasado no ayudaba a comprender a los nimi’ipuus tras su rendición en 1877. Se basó más bien en la teoría del modo de producción para evaluar la condición actual de la tribu. Desde el punto de vista de Phinney, la extinción potencial de los nimi’ipuus no podía atribuirse a una única causa, señalando que habían sobrevivido a su derrota a manos de los militares. La condición “moribunda” de la tribu se debía más bien a un proceso de 40 años en que “los indios, que fueron sacados, o desviados, de una cultura” para ser “introducidos después en otra”, en un modo de vida extraño que ellos no comprendían ni en el cual contaban con los recursos materiales necesarios para progresar. Como materialista que era, es decir, como alguien que creía que la cultura está inserta y es fruto de las necesidades de la vida social y económica, Phinney se mostró escéptico ante los revivilistas culturales que no proponían al mismo tiempo un programa político de liberación económica. Entendía que el modo de producción colectiva de los nimi’ipuus era inseparable de su identidad cultural: “En la anterior economía comunal, toda la actividad era una experiencia comunal continua en la que el trabajo (búsqueda y producción de alimentos), el ritual y la diversión eran un único proceso. En la producción de subsistencia, los indios no concebían el trabajo como algo distinto de otras actividades culturales, y en su lengua ni siquiera existía una palabra equivalente a “trabajo”. Con la abrupta transición de la participación colectiva general a una economía capitalista avanzada y al individualismo, se vieron confrontados con una distinción entre el trabajo sobre una base individualista y la actividad y recreación comunitarias.” Esta contradicción, principalmente entre colectivismo e individualismo, quebraba ahora el orden tribal, pues se ofrecían ventajas materiales a los nimi’ipuus a título individual, sin el requisito de trabajar. Se favoreció el desarrollo del individualismo de los indios, pero no en el sentido de la iniciativa y el esfuerzo individuales; por otro lado, el espíritu comunitario sobrevivió y se manifiesta hoy en la forma de las actividades recreativas mencionadas. Phinney, que creía que los nimi’ipuus habían perdido el control sobre su base económica, pensaba que el “espíritu comunitario” por sí solo no permitiría recuperar la capacidad de la tribu para producir su propio sustento. “Los trajes vistosos y las coloridas actuaciones de los indios de hoy satisfacen tanto el gusto del hombre blanco por la pompa espectacular como el amor del actor por los focos”, escribió Phinney sobre las celebraciones culturales de los nimi’ipuus, pero no por eso “hay que asumir que se estén resucitando elementos de la cultura india. Al contrario, esto representa la última etapa de la degradación de la cultura nimi’ipuu.” Phinney no era un purista cultural, pero entendía que la celebración cultural sin un programa político y económico no significaba una revitalización, sino más bien la asimilación de la tribu por la política racial del espectáculo consumista. No podía haber solución cultural sin solución económica. Phinney nunca afirmó que los nimi’ipuus debieran adaptar sus modos de vida y de trabajo a la economía colonial. Nunca propuso –como han hecho tantos otros– que recurrieran a la formación laboral, a las técnicas agrícolas o a las oportunidades educativas ofrecidas por el orden social blanco. En vez de ello, examinó qué tipo de orden social era el que los nimi’ipuus debían adoptar, señalando que participar en la economía capitalista como obreros no sería otra cosa que una “asimilación en el nivel más bajo de la existencia proletaria blanca”. Abandonar la reserva y sumarse a la clase obrera sería asumir “una condición en la que [los nimi’ipuus] tendrán que enfrentarse a las adversidades de la explotación y del antagonismo de clase”, trocando la lucha comunitaria contra el colonialismo por la lucha individual por la mera supervivencia. Phinney pensaba que lo más probable era que con esto saldrían peor parados que lo que ya estaban con sus adjudicaciones y los racionamientos de comida. Equiparando la asimilación a la “proletarización”, Phinney subrayó que la soberanía no solo incluye el control de la tierra, sino también el del propio trabajo. Tal como explicó, para la mayoría de trabajadores la conscripción en el capitalismo comienza con la indigencia: “Hoy en día hay en EE UU más ciudadanos negros y blancos que indios que viven en condiciones de pobreza infrahumanas; estos no indios no son objeto de especial atención porque son proletarios en paro o campesinos empobrecidos, es decir, componentes activos de la sociedad capitalista que se supone que han de buscar su salvación individualmente, condenados a vivir o morir gracias a su propio esfuerzo…” Phinney añadió, con su típica mordacidad, que “el gobierno de EE UU se siente obligado a rehabilitar [a los nimi’ipuus]” y situarlos “en el mismo nivel que el de la familia rural blanca media”. Claro que esa “familia rural blanca media” también necesita a su vez una buena dosis de “rehabilitación”. En este pasaje, Phinney desbarata el binomio entre “primitivo” y “moderno”, preguntando por qué un indígena iba a querer verse asimilado por un orden social que está dividido por líneas de raza y de clase. Los nimi’ipuus ya habían sentido el impulso hacia la modernidad, y la cuestión real es esta: ¿qué tipo de modernidad? Antes que unirse a la clase obrera, Phinney llamó a los pueblos indígenas a combinar su tradición de propiedad comunitaria e identidad tribal con los principios de la economía marxista: “propiedad de los medios de producción”. Los nativos americanos, propuso, deberían “hacer que los grupos indios se autosustenten económicamente sobre la base de la organización cooperativa (tribal) y la propiedad corporativa (común) de los medios de producción”. De esta manera, Phinney adaptó a Marx a un contexto indígena, considerando que únicamente una base económica colectiva podía sustentar la cultura tribal. En vez de llamar al autosustento de las comunidades indígenas al margen de la sociedad industrializada, Phinney imaginó la consecución de la autosuficiencia económica colectiva tumbando las “barreras del aislamiento” y permitiendo a los nimi’ipuus alinearse con la masa de “familias rurales blancas medias” en la lucha por unas “condiciones de vida nuevas y mejores” como “comunidades modernas conscientes”. La modernidad de Phinney radica en su idea de que la vida debe orientarse hacia la transformación social. Tratar de reavivar el pasado, señaló Phinney, sería vivir una existencia “en la reserva de especímenes de museo emplumados”, convertirse en el “indio evanescente” cuyas maneras atrasadas justifican retroactivamente el robo de las tierras de los nez percés. Sin embargo, también se percató de que el progreso y la modernidad tenían un precio existencial. Para los nativos americanos, afrontar el futuro significaba asimismo afrontar la profunda experiencia de la pérdida, incluso de la miseria, que se derivaba de siglos de enfermedad y expropiación seguidos del dominio colonial. La modernidad, tal como él la veía, era por tanto un proyecto inacabado, cuyo resultado dependería de la lucha social. Una nueva intelectualidad india Phinney solicitó una plaza en la Oficina de Asuntos Indios (BIA) cuando la agencia estaba embarcada en una profunda transición. La IRA de 1934 o el “New Deal indio” no solo descriminalizó la cultura indígena y puso fin a las desastrosas políticas de asimilación oficiales, sino que también creó el primer programa de discriminación positiva en la contratación federal, reclutando un gran número de indígenas con un alto nivel educativo para puestos administrativos. No obstante, Phinney tenía su propia visión del autoempoderamiento indio, que expresaba un gran escepticismo con respecto al Estado, en contraste con lo que parecía indicar su decisión subsiguiente de trabajar para ese mismo Estado. En una carta remitida al director de la BIA, John Collier, Phinney criticó con razón que la IRA “no rompe con el rígido control por parte del gobierno” y se quedaba peligrosamente corta con respecto a las formas de soberanía que él había esbozado en su ensayo sobre los “nimi’ipuus”. En oposición al predominio de antropólogos y misioneros blancos en la Conferencia India Americana de 1939, Phinney formó un nuevo grupo “limitado a los líderes indios de buena fe” e independiente de la BIA de Collier. Este grupo se coinvirtió luego en el Congreso Nacional de Indios Americanos (National Congress of American Indians, NCAI). Una lectura de los escritos publicados y no publicados de Phinney muestra que pensaba que esta organización panindia sería capaz de empoderar a los indígenas estadounidenses para expresar una idea moderna de sí mismos y tener alguna influencia política en EE UU. En un ensayo titulado A New Indian Intelligentsia, Phinney esbozó su visión del NCAI. Comenzó llamando a los indios americanos a transformar radicalmente la idea de su propia identidad: “Aparte de toda consideración propia del racismo o del nacionalismo, a los indios americanos no solo hay que otorgar la condición tribal, sino una condición racial. El concepto de “raza” india se deriva en gran medida de nuestra propensión moderna a clasificar grupos de personas en vez de individualizarlos. Antiguamente, los indios se identificaban como grupos locales, después como tribus y familias etnolingüísticas, hasta que ahora han adquirido una conciencia diferenciada de esta clasificación omnímoda: “indios”… Esta tendencia ya se puede observar entre las tribus indias y otras minorías en el mundo entero.” Siempre dialéctico, Phinney teorizó que la identidad impuesta de raza, de modo similar a la identidad impuesta de trabajador en el capitalismo, podría servir de base de la fuerza colectiva. Preocupado de que la identidad tribal pudiera impedir a los pueblos indígenas tejer alianzas más amplias, Phinney insistió en que “la herencia racial india no es algo que dependa, para su supervivencia, de una atmósfera de reserva. Probablemente, estos indios ajenos a la reserva son el elemento más capaz y combativo de la población india en EE UU.” Este último argumento de Phinney parece revelador. En vez de imaginar, como hace Means, que los indígenas que viven en las ciudades probablemente sean menos conscientes políticamente que los que permanecen en las reservas, Phinney afirma que los pueblos nativos de la diáspora son de hecho los más activos políticamente. Pensaba que el NCAI podría operar como la vanguardia de esta nueva comunidad panindia. Sería mucho más “combativo y militante” que las anteriores organizaciones indias precisamente por el hecho de reconocer la modernidad de la condición de los nativos americanos. La opción de Phinney por la afiliación racial no supuso un giro a favor de la asimilación. El NCAI limitó sus relaciones con organizaciones dirigidas por blancos, y sus afiliados debían ser exclusivamente indígenas. En efecto, el NCAI desconfiaba tanto de la autoridad blanca que prohibió que cualquier indio que trabajara en la BIA pudiera ocupar un cargo dirigente. En el momento de su fundación, el NCAI situó la autodeterminación y la soberanía a la cabeza de su programa político. El grupo defendería los intereses indios a escala nacional, articulando una opinión nativa amplia, separada de las identidades tribales y territoriales, pero imbricada con asuntos locales. Los fundadores del NCAI entendían que sus intereses coincidían con los de otras gentes de color, aunque también veían la identidad india como una forma diferenciada de pertenencia, surgida de la historia, de los derechos adquiridos con los tratados y de las relaciones jurídicas con el Estado federal. En otras palabras, el NCAI, gracias al planteamiento visionario de Phinney, utilizaba formaciones raciales modernas para operar políticamente, aunque conservaba una identidad y una finalidad india soberana. Como revelaría la heroica lucha de NCAI para poner fin a la desastrosa “política de terminación”, una década después, la visión de Phinney de un Congreso panindio no llegó ni un minuto tarde. “Todos los indios verdaderos han muerto” La vida y la obra de Phinney plantean una serie de cuestiones en torno a la identidad y la práctica que todavía perviven en el imaginario nacional sobre los nativos americanos. Tal como lo ha expresado recientemente Dunbar-Ortiz, el mito más persistente sobre los indígenas de EE UU es que han desaparecido, que son parte de un pasado premoderno que inevitablemente, aunque de forma trágica, ha venido y se ha ido. La noción de que “los indios han perdido el tren de la modernidad” ha justificado tanto su desaparición de la historia como la lógica de la conquista de sus tierras. La escasa atención prestada a Phinney no hace más que reforzar esta idea. Los historiadores suelen presentarlo o bien como un activista indio que no se interesaba por el socialismo, o bien como un “indio de los blancos” que adoptó ideas europeas inadecuadas para la vida de los indígenas. No obstante, en realidad se pareció mucho más a otros intelectuales de color de su época: preocupado por el colonialismo, la identidad racial y la autodeterminación para su pueblo en un contexto global. Su idea de que la cuestión indígena debe interesar a la izquierda y de que el marxismo tiene un papel que desempeñar en la liberación indígena no convierte a Phinney en un iconoclasta solitario, sino que sitúa su obra en un contexto global que concibe la condición indígena, la tierra, el imperialismo y la modernidad, como parte de una coyuntura histórica coherente. La obra de Phinney propone que es necesario teorizar conjuntamente la modernidad y la vida de los indígenas, y sus ideas sobre lo que puede significar la vida moderna para todos los grupos subalternos merece un estudio más profundo. Las preguntas que planteó a los nimi’ipuus son aplicables a numerosos grupos que se encuentran alienados, desposeídos y explotados por el capitalismo: ¿Cómo avanzar como “comunidades modernas conscientes”, capaces “de gobernar sus asuntos”? Asimismo, ¿cómo transformamos las categorías que nos impone el capitalismo en un modo de autoconciencia colectiva? Phinney comprendió que el capitalismo tiene una lógica global y totalizadora, pero también se percató de que esto no significa que la opresión (o liberación) se configure del mismo modo para todos. Anticipó la confluencia pantribal hemisférica más amplia de muchas décadas en el campamento NoDAPL y la idea de que la lucha por salvar las tierras, el agua y los derechos de los sioux en Standing Rock forma parte de una lucha más amplia en torno a la extracción intensificada de recursos, la acumulación primitiva, el racismo tóxico y el Estado policiaco. Al autocalificarse de “defensores del agua”, los sioux de Standing Rock dramatizan la violación de sus derechos soberanos como nación sobre sus propios recursos y los conectan con una lucha mundial por liberar las necesidades básicas de la vida –el agua, el suelo y el aire– de la avidez del capital. En gran medida de modo similar a cómo Phinney escribió sobre la raza, este planteamiento destaca lo que es específico de la lucha indígena, mientras que al mismo tiempo conecta esta lucha con un llamamiento internacional a favor de la justicia ecológica. La lucha por la soberanía indígena no es contradictoria con el deseo de transformar la modernidad capitalista, sino que es un elemento central del mismo.



  • Ser mujer en la cárcel de Granada: castigo doble
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    12/06/2017

    Algunos presos de la cárcel de Albolote (Granada), estamos preocupados e indignados por la falta de diligencia de la dirección de este centro penitenciario para gestionar los problemas que se dan en el centro. La gran mayoría de ellos además, provocados por ellos mismos.

    La lista de sucesos y agravios es larga, pero en este caso queremos centrar la denuncia en el trato discriminatorio que da la dirección del centro a las mujeres, y en especial la tomada a dos de ellas. Se dice que para analizar la calidad democrática de un país, no hay más que mirar las condiciones en las que viven sus presos/as. Pues bien, viendo la situación de este centro penitenciario bien podríamos deducir que es el más claro reflejo del sistema patriarcal, machista y autoritario que sufre la sociedad. Varios hechos nos hacen llegar a esa conclusión, pero antes quisiéramos relatar un suceso ocurrido recientemente a consecuencia del cual dos compañeras nuestras han sido trasladadas al aislamiento indefinidamente, este último suceso grave es lo que nos ha llevado a realizar esta denuncia.

    Hace unos pocos años, en el módulo de mujeres, las funcionarias revisaron los servicios del patio y al considerar que estaban muy sucios comenzaron a obligar a todas las presas del módulo a limpiar los servicios rotativamente. Y así, lo que en un principio fue un castigo consecuencia de un “calentón” propio del mal humor de la funcionaria del turno de ese día, se convirtió en norma general del módulo hasta hoy.

    Desde siempre, antes y ahora, existe la figura de “destino” de limpieza de los servicios. Las presas y presos que cumplen ese “destino” reciben un beneficio; en unos casos económicos y en otros hojas meritorias o puntos canjeables por vis a vis. Esto sucede así en los módulos que como el número 9 de mujeres, no son de respeto. Ya que en estos últimos todos los prisioneros están obligados a realizar los citados “destinos”.

    A raíz de esta obligación, algunas presas comenzaron a negarse a limpiar los servicios argumentando que esa labor ya la hacían la gente con “destinos”. Y entonces el centro penitenciario iba abriendo expedientes que tras todo el proceso de pliegos y quejas quedaban en castigos que iban desde 5 días de privación de paseos y actos recreativos, hasta 5 días en aislamiento.

    Vista la dimensión que estaba tomando el problema, el director del centro acudió a hablar con dos presas políticas vascas que desde un primer momento se habían negado a cumplir la mencionada obligatoriedad, amenazándolas con que o limpiaban o las llevaban a aislamiento indefinidamente. Amenaza que ha cumplido escudándose en que al estar ellas en primer grado, es el aislamiento lo que les correspondía. Argumento ridículo ya que ambas llevan años en ese módulo 9 que es de segundo grado.

    La cuestión es que el director decidió que debía tomar una medida de castigo ejemplarizante, muy propia de su soberbia déspota, y la tomó con estas dos compañeras. Ante estos hechos, la casi práctica totalidad de las presas del módulo 9 firmaron y remitieron un escrito a la dirección del centro denunciando lo sucedido y solidarizándose con las compañeras que habían sido enviadas a aislamiento.

    Consideramos que son unos hechos graves. Se pretende obligar a las mujeres a realizar trabajos forzosos sabiendo que va contra sus propias normas y contra el proceder que se lleva en los módulos de hombres que no son de respeto, ya que en dichos módulos los hombres no realizan “destinos” obligatorios, siendo todos voluntarios y recompensados. Esto nos hace concluir que la dirección del centro tiene una actitud discriminatoria hacia las mujeres agravando la discriminación que ya de por sí viven estas en los centro penitenciarios.

    Decir que en este espacio en dónde el control de los cuerpos es la base del funcionamiento, las mujeres presas sufren un control aún mayor. La prisión ha sido diseñada por y para los hombres, tanto en su arquitectura física como en la ideológica. Esto conlleva un doble estigma para la mujer, el de ser presa y el de ser mala mujer. Y la actitud patriarcal, prepotente y machista de la dirección de este centro no hace más que potenciar estos estigmas señalados.

    Como muestra de ello algunos ejemplos: al poco de hacerse cargo de este centro, la actual dirección prohibió que las mujeres y los hombres acudiesen juntos a los diferentes cursos educativos que se imparten en el área sociocultural, y la razón de esta medida al parecer, es la obsesión de la dirección del centro con que en ese área no se mantengan relaciones sexuales, poco menos que tachando de promiscuos a los presos y las presas. Esto también lo han pagado las mujeres, ya que sus cursos a partir de entonces se dan en un área de su módulo no acondicionada para ello. Recluyéndolas tras un cordón sanitario, ahora únicamente pueden acudir al área sociocultural a determinados actos abiertos (conciertos, teatros, etc.) o cursos muy limitados.

    Por otra parte, en el centro existen “destinos” remunerados. En los de mantenimiento, fontanería, soldadura, carpintería, etc. Solo hay hombres. Mientras que las mujeres trabajan limpiando el departamento de comunicaciones, en la lavandería y en la cocina.

    Merece especial mención, la medida que tomó la dirección del centro de no permitir realizar comunicaciones especiales vis a vis familiares con la pareja en solitario. La pareja sentimental tiene que venir siempre acompañada de otro u otros familiares. En nuestra opinión, esta medida, que no fue impuesta por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, si no por el director del centro, fue impuesta por la obsesión de este por controlar la sexualidad de los y las presas, obcecado en que en los vis a vises familiares no se mantuvieran relaciones sexuales. ¿Quién es él para otorgarse esta potestad?

    Algunos prisioneros hemos presentado queja en el juzgado respecto a esta decisión y el juzgado nos ha dado la razón. Es interesante recordar algunos extractos del auto de la sección primera de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional que dejan en evidencia la actitud retrograda del director de este centro:

    “…la dirección del centro sospechó que la visita familiar iba a ser utilizada de nuevo para mantener relaciones intimas y; en defensa de los valores familiares acordó que las visitas familiares a las que acudiese su compañera sentimental debía acudir, al menos, otro familiar para evitar que el interno y su compañera aprovechasen las visita familiar para mantener relaciones íntimas.”

    “…la obligación de que a las comunicaciones del interno con su compañera sentimental acuda una tercera persona para que, actuando a modo de las tradicionales “carabinas”, evite con su presencia los contactos íntimos entre el interno y su esposa o compañera sentimental durante las visitas, carece de cualquier apoyo legal.”

    La sucesión de este tipo de actuaciones, primero generando problemas donde no los había y después pretendiendo resolverlos despóticamente, en un centro habitado por cerca de 1500 personas, es fuente de tensión y conflicto permanente.

    Para terminar, exigimos se ponga fin a estas actitudes y retornando al problema que nos ha llevado a escribir estas líneas, de inmediato se saque del aislamiento a las compañeras que han sido llevadas allí de manera totalmente injusta.




  • Que paren esta España, que me bajo.
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    08/06/2017
    Estoy a punto de perder cualquier atisbo de esperanza en este país, en mi nación, Andalucía, en mi ciudad. Mientras más inepto, incapaz, zafio y torpe sea el gobernante de turno, más apoyo tiene. No puedo esperar nada de un pueblo que admite que un alcalde incumpla leyes como la de Memoria Histórica; oiga, que es una ley, no una papeleta de la tómbola del cubo, que es de donde sacó usted su cargo. Siento vergüenza cada vez que veo que aún se sigue rindiendo culto a un dictador con calles y monumentos que me revuelven las tripas. Pero no se os ocurra revolver la Historia, sobre todo la de los ganadores. Me es imposible confiar en un gobernante que hoy dice que el metro va a pasar por aquí, mañana por allá, pasado mañana que lo va a cambiar por una reata de mulas y la semana que viene ya veremos. Pero no pasa nada, porque nos llenan las calles de luces de puticlub que quedan muy bonitas y se nos olvida todo, mientras somos cómplices de la conversión de esta ciudad en el nuevo Magaluf. No me quedan fuerzas para defender a Andalucía y lo andaluz; tanta desidia, tanto pasotismo y dejadez me queman la sangre. No puede ser que sólo cuatro locos gritemos hasta quedar afónicos, mientras se nos ningunea a todos los andaluces y se nos usa como moneda de cambio para intereses nada claros. Siento vergüenza cuando, ante las acusaciones de corrupción que acosan un día tras otro al partido del gobierno, nuestro presidente se parta la caja hablando de coca colas y tilas, amparando con su carcajeante humor a una horda de mangantes y chorizos que han dejado a este país que da asco verlo. Todo esto, mientras miles de familias no tienen ni siquiera la oportunidad de darle un plato de puchero a sus hijos. No os quepa duda: todos, absolutamente todos, sois cómplices y responsables. Aquel que calla, respalda, aplaude, ríe y pasa es tan ladrón como el político corrupto, tan fascista como el dictador, tan indigno como los falsos andalucistas. Que paren esta España, que me bajo. Para vosotros. Enterita. Francisco Palacios Chaves.



  • La islamofobia como construcción ideológica de los imperialistas de ayer, de hoy y de siempre
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    08/06/2017
    La intoxicación mediática funciona por inundación, según una conocida frase de Goebbels cuyo origen, sin embargo, estuvo en Estados Unidos. Es como cualquier otro abuso, de alcohol o de drogas: una pequeña dosis, una información sesgada, conduce a la pérdida del sentido de la realidad y a asociaciones de ideas que operan automáticamente en las neuronas de millones de personas en todo el mundo. Así, por más que los medios asocien las matanzas terroristas al islam, es falso. La inmensa mayoría de ellas no tienen que ver con el islam, ni con los musulmanes, como demuestra la base de datos que desde 1970 la Universidad de Maryland mantiene sobre la violencia política y religiosa en el mundo. Es posible concretar mucho más. Por ejemplo, en 2011 un nazi noruego, Anders Behring Breivik, mató él solito a 76 personas y nadie explicó el motivo de tal masacre: su gobierno se disponía a reconocer al Estado palestino en la inminente Asamblea General de la ONU que estaba a punto de reunirse. Más que un atentado del islam se trataba de un atentado contra el islam o, por lo menos, contra los palestinos, o contra el conjunto del mundo árabe. También es posible acercar aún más la lupa a aquella orgía de sangre, cuantitativamente mucho mayor que la que ha padecido Reino Unido en los últimos días. En su manifiesto, al que casi nadie prestó atención, a pesar de que lo puso en internet antes de cometer su crimen, el nazi cita repetidamente a Bat Ye’or, el seudónimo con el que Gisèle Littman-Orebi escribió en 1981 su obra “Le Dhimmi. Littman-Orebi ha lamentado que el nazi utilizara su obra como justificación del crimen, porque se produce una asociación de ideas, otra más, que choca con las muchas que ya inundan nuestra cabeza: aunque nacida en El Cairo, la escritora es judía. El seudónimo Bat Ye’or es hebreo y significa “La Hija del Nilo”. ¿Se inspiran los nazis en escritos de los judíos? Incluso para aquellos que aborrezcan a los nazis, es apasionante adentrarse en esa y otras obras de “La Hija del Nilo” porque encontrará muchas reminiscencias de la islamofobia que hoy se pueden leer en cualquier medio de comunicación de gran tirada, o en las tertulias, o en las redes sociales. Aunque la autora se suele declarar “apátrida”, es mentira: tiene nacionalidad británica y vive en Suiza. En la obra que inspiró la masacre de Oslo, denuncia la esencia de la paranoia islamofóbica, esa supuesta absorción progresiva de Europa por el mundo árabe que engendrará una entelequia a la que denomina “eurabia”. Para ser más exactos todavía: incluso en el título de sus obras, Littman-Orebi utiliza continuamente el neologismo “dhimmitud” que significa la sumisión de los no musulmanes al islam. La autora atribuye el término al político libanés Bashir Gemayel, asesinado  casi al mismo tiempo que aparecía aquel libro. Pero Gemayel reunía en su figura dos condimentos que tienen poco que ver con la “dhimmitud”: primero, que no era musulmán sino cristiano, y segundo, que fue Presidente del Gobierno de su país, un cargo nada propicio a la sumisión. En plena guerra civil libanesa, Gemayel más bien representaba todo lo contrario: no la sumisión al islam sino la sumisión del islam dentro del mismo mundo árabe. ¿O he entendido mal y Gemayel y su partido falangista a quien eran sumisos era al imperialismo y al sionismo? Sigamos tratando de esclarecer un poco las cosas: la muerte de Gemayel fue el magnicidio de un cristiano (libanés) cometido por otro cristiano (también libanés), es decir, que nada tenía que ver con su religión porque, aunque se empeñen en decir lo contrario, las religiones tienen muy poco que ver con este tipo de asuntos. En internet existen dos nombres de dominio, http://www.dhimmi.org/ y http://www.dhimmitude.org, en los que uno se entera de que el neologismo procede del árabe, donde significa “proteger” o, más bien, “protectorado” si le queremos dar un significado un poco más preciso, jurídico. Durante los mil años de expansión árabe (638-1683), los conquistadores (árabes, musulmanes) imponían tratados, naturalmente inicuos, a las poblaciones sometidas (que no eran árabes, ni musulmanas) que, lo mismo que la mafia, otorgaban protección (“dhimma”) a cambio del pago de un precio (un impuesto llamado “yizia” en árabe). Resumiendo: eso es feudalismo puro y duro, algo que a lo largo de la historia han impuesto todos los conquistadores a sus víctimas, cualesquiera que fuera la religión de unos o de otros (y si opinan lo contrario, pregunten a los americanos). Lo mismo que todas las tendencias islamófobas que corren por los medios, “eurabia” pretende enfrentar a las dos orillas del Mediterráneo, naturalmente con el objetivo de preservar al Estado de Israel y la criminal política imperialista en Oriente Medio. Es inútil que el lector busque en internet alguna información en castellano sobre tan vidrioso asunto, pero todo se originó en 1973 con la guerra que los israelíes llaman del Yom Kippur y los árabes del Ramadán, cuando se acabó la era del petróleo barato y los países europeos se vieron obligados a iniciar una nueva política de acercamiento a los países árabes (para sacudirse la tutela de Estados Unidos, entre otras razones). Para “La Hija del Nilo” aquello era una claudicación en toda regla por parte de Europa: a cambio de petróleo barato, los europeos estaban dispuestos a abrir las puertas a los árabes y, por lo tanto, al islam, una religión que es sinónimo de fanatismo, que no conoce la moderación ni la tolerancia (a diferencia de los judíos o los cristianos). Los que opinamos lo contrario, somos unos ingenuos, ignorantes o incluso algo peor: traidores. Nosotros —los traidores— somos los continuadores de otra traición, la del mito del Conde Don Julián, el de la batalla de Guadalete que en el año 711 abrió las puertas de España a los “moros” para que nos invadieran. El romancero está lleno de canciones sobre aquella “desgracia” que, durante siglos, ha recorrido los pueblos de la península de boca en boca. La España rancia, inquisitorial y fascista es la antiyihad; vivimos rodeados de “matamoros” por todas partes. Puntualmente, desde 2007 los nazis convocan todos los años concentraciones en Aarhus, un pueblo de Dinamarca, con la excusa de la defensa de una supuesta identidad europea. Nunca ha habido nadie más europeo que los nazis, aunque en Aarhus apenas agrupen a 200 matones. Frente a ellos, los antifascistas convocan a 4.000, veinte veces más, en el mismo sitio a la misma hora, pero los primeros tienen a la prensa a su lado y de los segundos no habla nadie. Además de Aarhus, los nazis europeos han convertido a Israel en su “Meca” particular. Desde 2011 también han iniciado sus propias peregrinaciones a Jerusalén (Al-Quds en árabe). El primero de ellos, Louis Aliot, número dos del Frente Nacional francés, se justificaba ante sus fieles diciendo que no es posible luchar contra la islamización de Europa y, al mismo tiempo, tomar partido por los árabes en Oriente Medio. Aparentemente, los nazis, los fascistas, e incluso nuestros franquistas, siempre fueron antisemitas. No obstante, ahora parece que quieren expiar sus culpas por el “holocausto” congraciándose con “los judíos”. Pero no nos dejemos confundir de nuevo: aquí no hay moros, ni judíos, ni cristianos. No hay otra cosa que imperialismo y una tortuosa manera de justificar sus crímenes (los de antes, los de ahora y los de siempre). En 2005 Bat Ye’or publicó su última obra “Eurabia: el eje euro-árabe” en la que sigue empeñada en convertir el Mediterráneo en un lodazal y en un mar de sangre. “Bat Ye’or escribe artículos en revistas de todo el mundo y concede entrevistas a la radio y a la televisión, además de haber pronunciado conferencias en el Congreso de los Estados Unidos y en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”, afirma la Wikipedia. Nada de eso me sorprende en absoluto. Como no podía ser de otra forma, todos beben de las mismas fuentes (aunque el agua no sea potable). La obra de Bat Ye’or no sólo ha conseguido un renombre mundial entre los nazis, sino que “sus obras son ampliamente citadas y muy valoradas entre los medios de la lucha contra el terrorismo”, o sea, entre la policía, los servicios secretos, la inteligencia y el espionaje, confiesa la Wikipedia.
    Tampoco eso me sorprende.
    Fuente: www.movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com



  • La mentira de la Andalucía subsidiada
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    07/06/2017

    "Una mentira repetida reiteradamente acaba convirtiéndose en verdad"

    Goebbels, ministro nazi de propaganda.

    Andalucía no es una economía subsidiada,es una economía supeditada y subordinada a los intereses del estado español y de la UE. Los subsidios que recibimos son en compensación al lucro cesante, es decir al dinero que dejamos de percibir en beneficio de otros, y provienen de nuestro propio dinero. Dentro de la UE somos la periferia de la periferia. Supeditados a los Estados centrales de la misma, en la división internacional del trabajo somos abastecedoras de productos agrícolas y de materias primas a las zonas industriales. Pero ese papel de granero de Europa no es en exclusiva. Desde los tratados de libre comercio la UE adquiere a países en desarrollo estos productos a precios reventados y les coloca productos manufacturados al más  puro estilo colonial. Ello constituye una competencia desleal para Andalucía sobre todo porque la mano de obra en los países en desarrollo trabaja en condiciones de semiesclavitud. Esta situación se agrava al no haber implementado el Estado el Corredor del Mediterráneo, que abarataría el coste del transporte al hacerse por tren .Y ello a pesar de ofrecerle la UE sufragar la mitad del coste de la infraestructura. Como consecuencia de la PAC, a día de hoy 250000 ha cultivables no se cultivan en nuestra tierra. Los 80 mayores terratenientes de Andalucía han recibido de la UE 100 millones de euros sólo por limpiar sus tierras y no cultivarlas. Estos medios de producción que no se nos permiten cultivar son un lastre para nuestra economía y para nuestros proyectos vitales, pues pudiendo trabajar de agricultoras nos convertimos en perceptoras del PER. Por imposición  de la UE sufrimos una competencia desleal como decíamos antes que justifica la subvención a los propietarios de las tierras, ello constituye un lucro cesante directo para las jornaleras que pierden salarios e indirecto para todas las andaluzas pues significa menos impuestos, menos cuotas a la Seguridad Social y menos consumo y creación  de riqueza. Y el dinero de las subvenciones va a parar a los propietarios: los pequeños y medianos suelen reinvertir en la tierra. Los grandes en cambio, que en muchos casos no viven aquí, lo gastan o invierten fuera. Esta mentira institucionalizada de que Andalucía es una economía subvencionada se vehicula numéricamente mediante un artificio trilero: el de las balanzas fiscales. Se entiende por balanzas fiscales la diferencia entre los impuestos que pagamos a todas las administraciones públicas y el dinero que las mismas gastan o invierten en este caso en nuestra nación andaluza. El método que el Estado utiliza para su cálculo es el de carga-beneficio que parte de la base de que los gastos e inversiones estatales benefician a todos los territorios, por lo cual imputa los mismos de manera proporcional a cada uno de ellos. Así pues los gastos en defensa, diplomacia, mantenimiento de museos, monumentos, patrimonio, nóminas de funcionarios y todo aquello que presupuestariamente entraría en el epígrafe de servicios centrales se prorratea proporcionalmente al número de habitantes, con lo cual el primer pagano de estos gastos somos los andaluces y las andaluzas. Ni que decir tiene que territorialmente quien más se beneficia es la Comunidad de Madrid, sede de los servicios centrales del Estado. No el pueblo de Madrid, sino la oligarquía y las multinacionales que tienen allí su vida y hacienda. El trilerismo también se produce por el lado de los ingresos. De las 35 empresas del Ibex 24 tienen su sede en Madrid, así como numerosas grandes empresas y multinacionales. Por tanto el IVA emitido por estas empresas como se paga centralizadamente se computa como impuestos pagados en Madrid. Lo mismo sucede con el Impuesto de Sociedades. RECAPITULEMOS 1. Andalucía deja de cultivar tierras y por tanto de generar jornales y cotizaciones a la Seguridad Social e impuestos como consecuencia de la pertenencia a la UE y su PAC. Una UE que como consejo de administración  del capitalismo globalizado subordina los intereses de los andaluces y andaluzas a los del capital de tal manera que compran y colocan productos a países en desarrollo y subvencionan a terratenientes andaluces por no cultivar sus tierras. 2. Se nos imputan como gasto o inversión en Andalucía una parte alícuota, la mayor como comunidad más poblada, de los gastos de la administración del Estado en nombre del interés general. 3. No se nos computan como impuestos devengados en Andalucía aquellos que pagamos en gasolineras, telefónicas, grandes almacenes... Cuya sede no está en Andalucía. Jugamos con profunda desventaja pues solo una empresa del Ibex tiene su sede en nuestra tierra. Por consiguiente padecemos un lucro cesante derivado de la PAC y un PER que financiamos con los impuestos que pagamos y que no se reflejan en nuestras balanzas fiscales. En el marco del estado español y de la UE somos una colonia periférica. Es hora de despertar de este letargo, empoderarnos y luchar por nuestra Independencia. Ha quedado claro que producimos riqueza el reto es que quede en nuestra tierra y se distribuya mucho mejor. Nuestro camino es solo uno luchar por nuestra Independencia y conseguir con ella nuestra soberanía política que abrirá el camino a la soberanía económica, construyendo la sociedad socialista ejerciendo con ello de hecho la soberanía alimentaria mediante la reforma agraria y la soberanía energética gracias a las energías solar y eólica que podemos producir por nuestro clima. No queremos poner fronteras, queremos gobernarnos como clases populares andaluzas construyendo poder popular, construyendo la República Andaluza de Trabajadores socialista, feminista, antipatriarcal y sostenible. Empoderémonos y volvamos a ser lo que siempre hemos sido mujeres y hombres de luz. Joan Batlle Militante de la CUP de la asamblea de los PPCC de Nación Andaluza.



  • Los “anticapitalistas” de Podemos, la virgen del Rosario y el monstruo de espagueti
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    05/06/2017
    El pasado 22 de mayo, el Pleno del Ayuntamiento presidido por el “anticapitalista” José María González “Kichi”, con los votos a favor de Podemos, aprobó entregar a una medalla a la virgen del Rosario. Desde que llegó al gobierno municipal, Kichi ha dado mucho que hablar. Siendo el único dirigente del movimiento Anticapitalistas dentro de Podemos que tiene un cargo ejecutivo de este tenor, sus actos tienen una importancia fundamental para seguir la actuación de este grupo dentro de Podemos. Y por lo que se puede evaluar a dos años de ser haber sido elegido alcalde de Cádiz, ya tienen en su currículo varios actos vergonzosos (desde un punto de vista laico, democrático y de izquierda). En marzo de 2016, el flamante alcalde de Cádiz participó de la procesión del Nazareno de esa ciudad, marchando como penitente, detrás del Nazareno, con su vela morada y la Cruz de Cristo. Siendo ya “hermano de la Cofradía” del “Nazareno de Cádiz”, Kichi aclaró, sin embargo, que lo hacía “a título personal”, dada la devoción que su madre tiene al Nazareno, y no como alcalde. Pero si esto no hubiera sido suficiente, este año el alcalde de Cádiz nos sorprendió con un nuevo acto de devoción, entregando la medalla de la ciudad a la virgen del Rosario, una medida que fue aprobada en el Pleno municipal con los votos a favor de Podemos. Así, abandonando cualquier pretensión de mantener una elemental separación entre la Iglesia y el Estado, el máximo representante del gobierno de la ciudad “premia” con la medalla de honor a una figura religiosa. Lo peor, sin embargo, ha sido la justificación insólita y vergonzante que se le ha dado a este acto, por parte no solo de Kichi, sino también por Teresa Rodríguez, coordinadora general de Podemos Andalucía y una de las principales dirigentes de “Anticapitalistas”. En una entrevista en la radio de Cádiz, la diputada andaluza defendió la votación a favor por parte del grupo municipal de Podemos para conceder esta Medalla de Oro de la ciudad a la virgen del Rosario diciendo: "No somos diferentes al pueblo al que pretendemos representar. No somos sectarios". Y para defender lo indefendible aseguró que la virgen "es un símbolo de la ciudad que por cierto trasciende lo religioso y que tiene que ver con nuestra propia identidad" (sic). Con un discurso que bien se podría haber esperado de un político conservador, pero difícilmente de la líder de una formación que ostenta nada menos que el nombre de “Anticapitalistas”, Rodríguez profundizó en la cuestión, defendiendo el carácter “popular” de los símbolos religiosos: “La Semana Santa, la patrona, los símbolos, que se intenta apropiar la jerarquía eclesiástica, no son de la Iglesia ni del Estado, como dice Isidoro Moreno. Son del pueblo. Y es verdad". De este modo, en la justificación de los “Anticapitalistas”, la religión se transforma en “identidad de todos”, porque es parte de la “tradición”. Pero hay más. "Tiene que ver con la gente”, aseguró Rodríguez, y eso “es algo distinto a la jerarquía religiosa. Tiene que ver con la tradición, con los niños entregando nardos a la Patrona, y trasciende lo religioso. Tiene que ver con cómo la gente siente y respira. Y nosotros no somos diferentes del pueblo al que queremos representar". Finalmente, el argumento más utilizado por Anticapitalistas y Podemos para justificar el premio a la virgen en Cádiz es que la iniciativa contaba con “apoyo popular”, ya que había una petición firmada por 6000 personas. Una cifra ridícula, de por sí, frente a las 200.000 personas que son habitantes de Cádiz. Para demostrar mediante un sublime uso del absurdo este increíble argumentario, en los últimos días circuló en Change.org una petición del hilarante “movimiento pastafariano” (neologismo derivado de “pasta” y “rastafarismo”) o religión del Monstruo del Espagueti Volador (Monesvol), pidiendo que el Ayuntamiento de Cádiz le otorgue la misma distinción al “Monstruo Espagueti”, para el que reclaman iguales derechos que a la virgen del rosario, en tanto ambos son seres imaginarios. “Si de verdad existe algún ser que merezca los mayores agradecimientos y honores, éste debiera ser el único creador de la Tierra y de los grandes volcanes de cerveza, inspirando a la humanidad en el deleite gastronómico tallarinesco”, argumenta el barcelonés Felix Zacarías García Omella, impulsor de la iniciativa, y continúa: "Si desde unas instituciones públicas se favorece con honores a los símbolos o representaciones sagradas de una religión como la católica, se produciría un agravio comparativo y un acto discriminatorio hacia cualesquiera de las otras miles que existen". Y no es para menos. El pastafarismo es un movimiento reconocido como religión oficial por algunos países, entre ellos Austria, República Checa y Holanda (aunque no en el Estado español, para mayor pena de los devotos de la Iglesia Pastafari Española, que siguen luchando contra tamaña injusticia). Lo más increíble de todo es que la petición en Change.org ya ha cosechado casi nueve mil firmas, tres mil más que la virgen del Rosario. La polémica no cesó de crecer estos días, a lo que los partidarios del Monstruo del espagueti le agregaron una buena cuota de humor, hay que reconocer, para cuestionar semejante sinrazón política de parte del líder de Podemos-Anticapitalistas. Ahora bien, más allá de la parodia y el ingenio, el problema no es solo que Kichi le haya entregado la medalla a la virgen -que ya en sí mismo es una concesión abismal a la reaccionaria Iglesia Católica- sino toda la justificación que se ha montado sobre el hecho. Si la relación del Estado con la Iglesia se justifica porque la religión es “popular” y porque es “parte de la tradición” y de la “identidad del pueblo” en Cádiz, entonces hay que renunciar definitivamente a la separación de la Iglesia del Estado, no solo en esa ciudad sino en todo el Estado español y en buena parte del mundo atendiendo al peso de las más diversas confesiones religiosas. Pues no. Aún seguimos creyendo que Marx tenía razón cuando en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, allá por 1844, sentenció que "la religión es el opio de los pueblos", no una seña de "identidad" y de "tradición popular". Una cosa es respetar la libertad religiosa y otra promover su enaltecimiento, y encima desde un cargo político en el Estado.   Como un intento de salir del atolladero, también salió a la palestra Juan Carlos Monedero, tratando de defender la medalla a de oro a la virgen con una oda al “gobernar para el pueblo, tal como el pueblo sea”. Pero no hizo más que agregar confusión al entuerto. “Kichi seguirá escribiendo, cuando escriba de política, que hay una iglesia que nunca ha viajado a los barrios pobres”, dice Monedero, pero, mientras tanto, “Kichi, es Alcalde de Cádiz y de todos los gaditanos. Y de la misma manera que está bien que no impulse nada que nos quite la responsabilidad de nuestros actos, hace bien en escuchar al pueblo en el momento concreto en el que vive el pueblo, que es el ahora. Porque en un mundo emancipado es verdad que o no habrá ni dioses ni vírgenes o habrá miles. Pero mientras tanto, gobernamos para el pueblo que está ahí. Y gobernamos sabiendo que no es lo mismo el poderoso que el humilde, aunque coincidan en algunos sitios. Kichi no es el alcalde de mañana. Es el alcalde de hoy. Y qué bueno que lo tiene claro. Y, además, sin ayuda de la virgen, porque dios nunca abandona a un buen marxista.” El problema es que cuando Kichi le otorga la medalla de oro a la virgen, y por esa vía a la propia Iglesia Católica, no sólo no es el “alcalde del mañana”, sino que es el de “ayer”. Y no sólo está muy lejos de ser “un buen marxista” –en el supuesto de que lo fuese–, sino incluso a años luz de ser un simple laico más o menos sensato. El otorgamiento de la medalla a la virgen significa un nuevo retroceso ideológico y político sin precedentes para una fuerza que se reivindica “anticapitalista” y “de izquierdas” y llegó al Ayuntamiento prometiendo “cambiar las cosas”, pero lo único que ha hecho hasta ahora es adaptarse a ellas “tal como son”. En este marco, muchos nos preguntamos ¿cuál es el límite de la impostura de los “anticapitalistas” de Podemos? Sólo Dios sabe. (Furnte: La Izquierda Diario / Autor: Diego Lotito)



  • 1948-1492: De la “Nakba” palestina a los “falah mankub” de Andalucía
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    01/06/2017
    El 15 de Mayo de 1948, las organizaciones sionistas, bajo el amparo de la comunidad internacional, declararon el nacimiento del Estado de Israel en el territorio de la Palestina histórica. Así, los árabes palestinos no judíos, mujeres y hombres, que habitaban Palestina a la sazón pasaron a ser extranjeros o, en el mejor de los casos, ciudadanos de segunda en su propia tierra y a ser considerados una amenaza según la retórica del nuevo Estado, iniciándose un ciclo de confrontación, racismo, ocupación y genocidio que continúa hasta nuestros días en la Tierra Santa de las religiones del Mediterráneo. Un genocidio es un crímen, en tiempos de guerra o paz, cometido contra un pueblo o grupo humano en base a criterios étnicos, nacionales o religiosos con la intención de exterminarlo. Todo lo que supuso la creación del Estado de Israel en tierras palestinas para el pueblo que lo habitaba es recordado cada 15 de Mayo en lo que para los israelíes es el “Día de la Independencia de Israel” y para los palestinos, la Nakba,  un nombre específico en lengua árabe que significa “desgracia” o “catástrofe”.  La Nakba es lo que le ocurre y ocurrió al pueblo palestino tras el nacimiento del Estado de Israel en su tierra: humillación, desposesión y exterminio. Otro término derivado de la misma raíz que la palabra NaKBa (la lengua árabe, al igual que la hebrea, se basa en raices de tres consonantes que comparten un mismo campo semántico, en este caso: N-K-B) sirvió para nombrar a los supervivientes de otro genocidio que tuvo lugar en la orilla opuesta del Mediterráneo hace 400 años. El término, recogido por la RAE, si bien hay polémica respecto a su origen etimológivo, es fel-lah menkub, literamente “campesino desgraciado” que luego evolucionará fonéticamente hasta dar flamenco y dejará de designar a las personas y pasará a nominar una tipo de música y una actitud ante la vida. MaNKuB y NaKBa comparten la misma raíz trilítera, cuyo sentido remite a la idea de desgracia e infortunio. Así, los fel-láh menkub eran todos aquellos campesinos (fel-láh/ fel-lahiyyun) y pequeños propietarios judíos y musulmanes, -a veces gitanos, a veces payos- que habitaban las tierras de lo que había sido Al Ándalus, regidas por gobernantes musulmanes y que tras la llegada de los Reyes Católicos, cuyos descendientes decidieron que el Reino de España sería cristiano y castellano-parlante, fueron despojados de sus tierras, sus ropas, sus casas, su lengua y su modo de vida. Se convirtieron en los enemigos del Estado que se erigía en soberano de la tierra que les vio nacer y crecer, igual que ocurre con los palestinos de hoy día tanto en el Estado de Israel como bajo la ocupación militar en Cisjordania o el bloqueo en la Franja de Gaza. Habían sufrido su propia Nakba –desgracia– y eran por tanto mankubun –desgraciados-; fel-lah mankub (flamenco): campesino desgraciado. Estos flamencos obligados a desprenderse de todo lo material y hasta de lo inmaterial ( lengua, religión, cultura) que tenían se vieron obligados a errar por el naciente Estado-Iglesia de España, o a huir de sus fronteras para sobrevivir, como le ocurrió al pueblo palestino cuando el Estado de Israel se proclamó soberano en su tierra. La Monarquía de España hizo en los siglos XVI y XVII con los flamencos lo mismo que el Estado de Israel con los palestinos, eliminarlos sistemáticamente por cuestiones étnicas y religiosas, que en última instancia resultan ser políticas. Ambos pueblos fueron expulsados de sus hogares, su tierra y sus vidas. Para quien esté interesado en la cuestión, hay investigaciones académicas realizadas al respecto, como la de la profesora Maria José Lera que compara la historia de ambos procesos de expulsión, uno en cada orilla del Mediterraneo, y que tanto duelen a sus habitantes por mucho que pase el tiempo. Pues aunque la historia del genocidio católico-castellano sobre el pueblo andalusí no se recoja en los libros de texto de las escuelas del Estado como debería suceder, el pueblo que habita en el Estado español, los más fervientes cristianos, los mayores amantes del jamón serrano, todos aquellos que sobrevivieron físicamente a la masacre perpetrada por la Santa Inquisición, siguen cantando a sus vástagos canciones en clave recordando a aquellos que se fueron de sus casas obligados, que desaparecieron tras subirse a las galeras que salían de Almería y Gandía, aquellos que se llevaron las llaves de su casa en el bolsillo esperando el ansiado regreso, como lo esperan en nuestros días todas las palestinas de Cisjordania, las que emigraron a Estados Unidos, o las que viven en Tel Aviv siendo ciudadanas de segunda en su tierra, como los moriscos y judíos íberos que fueron tachados de extranjeros en la historiografía española. (Fuente: Monitor de Oriente / Autora: Macarena Cortés Alcázar)



  • Apropiaciones indebidas
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    30/05/2017

    flamenco madrid 1

    A la hora de perpetuar el carácter periférico de Andalucía, el nacionalismo del Estado español, desde el siglo XIX, momento de su consolidación como formación social, ha adoptado la llamativa, y nada inocente estrategia, de apropiarse (igual que ha hecho con el castellano en la vertiente lingüística) de la singularidad cultural andaluza, vaciándola de contenido para negarla, caracterizándola como genéricamente 'española' (Moreno Navarro, 2013: 53-54), en tanto convierte valores de uso cultural en valores de cambio mercantil. El pueblo andaluz, en su mayoría, asume con orgullo la apropiación de acuerdo con el discurso del esclavo feliz que representa a su amo internacionalmente.

    Tal negacionismo viene siendo diseñado y difundido por las diversas instituciones de la Administración colonial desde su primera época (Hijano del Río y Ruiz Morales, 2003: 15, 16-18):

    << Para el consejero de Educación [en 1984] Manuel Gracia, en esta misma línea, la cultura andaluza adquiere toda su dimensión y sentido dentro de la “española”, que contribuye a conformar: “Con claridad decimos que el Gobierno andaluz, en estos momentos presentes, no es en absoluto partidario de una concepción de la cultura andaluza que nos desvincule o nos enfrente al conjunto de la cultura española”; la identidad andaluza “no desvincula, no rompe, sino que justamente integra, coopera, en la conformación de un conjunto armónico que, para nosotros, es la cultura española” (DS [Diario de Sesiones del Parlamento de Andalucía] 26-6-84: 2880). […]

    Durante la IV Legislatura […] En realidad, se profundiza en la identificación plena de Andalucía y España […]. La identificación entre el enfrentamiento y la conciencia y política de carácter etnonacionalista se muestra como un recurso eficaz, con el que de continuo se martillea a la opinión pública andaluza, para prevenir de tal conciencia y fomentar, por el contrario, un nacionalismo español “sereno”, solidario, cívico y constitucional. […] Incluso se exalta el “españolismo” de los andaluces. Así, citando al historiador A. Domínguez Ortiz, el portavoz del PSOE indica: “La adhesión de los andaluces a la idea autonómica en nada atañe a su medular españolismo” (DS 17-6-97: 2635). >>

    Esta vampirización se produce siempre desde un esquema conceptual impositivo. De acuerdo con Ortiz Estévez (2004: 280):

    << El nacionalismo español inconsciente no es unitario, sino impositivo. Sería unitario si su concepto de «lo español» reuniera en plano de igualdad las diversas culturas que coexisten dentro de los límites de España. Si tan español fuera lo de Madrid como lo de Barcelona, lo de Bilbao o lo de Vigo. Si tan español fuera el castellano como el catalán, el gallego, el vasco, la fabla aragonesa o la llingua asturiana. Pero no. Según los usos y costumbres del nacionalismo español inconsciente, la guitarra es «españolísima», pero no lo son, desde luego, ni la tenora, ni el txistu, ni la gaita. ¿Qué es la «canción española», en el lenguaje del nacionalismo español? La copla andaluza. Todo el mundo parece de acuerdo en decir que Lola Flores era «muy española», pero no creo que a ningún español espontáneamente entusiasta se le ocurriera calificar a Nuria Espert o a Bernardo Atxaga de «españolísimos». >>

    En efecto, según Gil de San Vicente (2015: 3), el objetivo ha sido la frankensteiniana tarea de construir una idea de supuesta 'nación' elaborando un pastiche cultural a base de la yuxtaposición de retales (desvirtuados) de idiosincrasias procedentes de las tradiciones de algunas de las respectivas naciones (reales) circunscritas dentro de las fronteras del Estado:

    << la recuperación del nacionalismo imperialista español no afecta solo, por su agresividad, a Hego [Sur] Euskal Herria, sino a todas las restantes naciones y culturas oprimidas, y también a la propia cultura e identidad castellana, desvirtuada y tergiversada hasta el extremo para poder así, sobre su irrealidad, más con los añadidos no menos falsos de una imagen folclórica andaluza de pandereta y castañuelas, crear los dos pilares básicos del mito de «España». Habrá otros pilares, como el de la resistencia aragonesa a la invasión naopoeónica hasta terminar en la «España» no de los íberos, como hasta ahora, sino en la de los «españoles» desenterrados en las excavaciones arqueológicas de Atapuerca. Se quiera admitirlo o no, vivimos bajo este nacionalismo imperialista que se sustenta en una explícita negación acientífica de la historia. >>

    Al respecto del protagonismo de la cultura andaluza en esta utilización adulterada por parte del españolismo, se pregunta retóricamente Arana (1994: 125):

    << ¿Cómo ha sido posible que Andalucía, verdadera colonia de Castilla en su origen, se haya situado en condiciones de poner su sello en la cultura oficial del Estado, eclipsando incluso a lo castellano? Sencillamente porque la clase dirigente castellana en esa colonia, a la par que se desculturizaba seducida por el sur, también se nutría más que en ninguna otra parte, logrando crecer vigorosamente en el pobre contexto de las burguesías agrarias del Estado, dirigiéndolo hasta la etapa franquista, salvo en los mínimos períodos democráticos que se han dado. Nada más coherente entonces, bajo la aparente paradoja, que Andalucía, o más bien una visión superficial, parcial e interesada de ella, se haya convertido en la imagen del Estado. Y en concreto al pueblo andaluz se le enajena al haber convertido su cultura expropiada en un producto trivial para exhibición de señoritos. >>

    Esta cíclica apropiación del patrimonio biológico y cultural andaluz por parte de España va desde el gazpacho, pasando por la siesta o el flamenco (siempre desde el momento en que estos empiezan a pasar de ser objeto de minusvaloración a gozar de prestigio social) hasta, por ejemplo, el conocido internacionalmente como Andalusian horse1, pero rebautizado “oficialmente Pura Raza Española (PRE), porque se considera que el andaluz es el caballo español por antonomasia, a pesar de que existen muchas otras razas equinas” dentro de los límites del Estado. “Sin embargo, en la mayoría de países recibe el nombre de caballo andaluz2. Tal género de vampirizaciones se ha hecho visible hasta la saciedad en el plano mediático; una de sus relativamente recientes y más patentes muestras fue el uso de imágenes y fondos musicales aflamencados en los spots de la frustrada candidatura madrileña a las Olimpiadas3, donde no por casualidad se prescindió de tradiciones musicales propias de la ciudad protagonista del anuncio (caso del chotis), más autóctonas pero no tan conocidas a nivel mundial como lo es la del citado flamenco. El epítome más obvio de esta conversión del valor de uso cultural en valor de uso mercantil fue el empleo de iconos visuales (abanicos, trajes de flamenca) y sonoros (palmas y castañuelas) andaluces en el spot de larga duración de un banco, el Hispano Americano, bajo el lema “Lo hispano marcha”, a finales de los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado; huelga decir que no hubo anuncios televisivos que denotaran el carácter 'hispano' con muñeiras, aurresku, jota o sardanas.

    Fue durante la etapa de la Segunda República, durante los años 30, cuando el cine español comenzó a favorecer la transmisión de la imagen de una Andalucía como esencia 'española', pero, eso sí, atrasada con respecto al resto del Estado; durante el franquismo se consolidarían estos clichés relacionados con el país. El medio cinematográfico, a través de productoras radicadas fuera de Andalucía, contribuyó decisivamente a la fijación de unos estereotipos de lo andaluz vinculados con la novela de los viajeros románticos (Ruiz y Sánchez, 2008).

    Como hemos indicado, uno de los elementos culturales vampirizados por la ideología españolista es el flamenco. El 13/IV/2012, varios de los rotativos del grupo Joly (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz...) incluyeron en la contraportada de sus ejemplares una entrevista a Francisco Hidalgo, “Escritor, flamencólogo y ex diputado andaluz en el 'Parlament'” de Cataluña. La pieza acaparó toda la página a cinco columnas, tres de las cuales fueron ocupadas en la mayor parte de su espacio por la foto del entrevistado, bajo la cual se dispuso un emotivo polisíndeton en el que se explicaba que Hidalgo “nunca prestó demasiada atención al flamenco mientras vivía en Andalucía. Tuvo que aterrizar en Cornellá para comprender el poder integrador y el efecto piña que esas artes generaban entre sus paisanos inmigrantes. Decidió admirarlo y estudiarlo, interpretarlo y escribirlo, y acabó siendo una institución, no tanto un cabal como un flamencólogo, un tipo que ha auspiciado peñas y promovido el mestizaje [...]”. ¿Cuál es el titular elegido por el autor de la información, relacionada con una expresión cultural netamente andaluza? Aquí nos encontramos con una de estas apropiaciones indebidas: “Saboreando España”.

    Efectivamente, aunque luego aluda a “la fusión de las distintas culturas que coincidieron en la Andalucía de la época” (en referencia al siglo XVIII), el artículo de Wikipedia correspondiente a la entrada “Flamenco” comienza definiéndolo, de entrada, como “un estilo de música y danza propio de Andalucía, Extremadura y Murcia”4, localización geográfica que disfraza su origen andaluz diluyéndolo en el ámbito 'español'. Ríos (2009: 3) señala cómo ante la pregunta de cuál es la música más típicamente española, nos encontramos con que para la gran mayoría de encuestadas/os es el flamenco, respuesta constante desde las visitas de los viajeros románticos a la Península en el siglo XIX. No obstante, si la pregunta formulada es cuál representa mejor su identidad cultural, los resultados son bien distintos: para la gente de Cataluña, la sardana; para la de Aragón, la jota; para la de Euskal Herria, la de bertsolaris y dantzaris o el irrintzi; para la de Galicia, la muñeira; y por último, solo la de Andalucía señalaría de forma unánime el flamenco. Molina (cit. en ibíd.: 43) establece que “geográfica y genéticamente hablando, el cante es un fenómeno estrictamente andaluz”5. Otra cosa es que, como otras manifestaciones culturales de relevancia, haya trascendido su ámbito de nacimiento. A nadie se le ocurriría negar, a pesar de su expansión global, el origen estadounidense del jazz describiéndolo, si parafraseáramos la mencionada entrada de la Wikipedia relativa al flamenco, como “música propia de Estados Unidos, Alemania, Suecia, Finlandia, Francia...” a pesar de que en estos últimos países haya festivales y artistas que cultivan ese género. Si la llamada enciclopedia libre incluye a Murcia en su definición inicial de este arte, no conviene perder de vista que cuando las cuencas almerienses (receptoras de población en la segunda mitad del siglo XIX), como antes las de Linares, comenzaron a agotarse, los mineros emprendieron nuevos caminos migratorios que les llevaron a los recién redescubiertos yacimientos de la Sierra de Cartagena, con lo que la ola migratoria fue tan importante que pronto la población originaria de esta zona extractiva quedaría sumergida por la población almeriense, en una proporción de 1 a 8, impacto que dejaría una impronta profunda tanto en el habla como en el folklore de la comarca, donde pronto se fundirían los Cantes de las Minas almerienses y murcianos, lo que dio lugar a una tradición flamenca murciana que se mantiene hasta hoy (ibíd.: 50). Si también existe otro foco en el sur de Extremadura que, fuera de los territorios andaluces, ha aportado mucho al flamenco (aun teniendo en cuenta que antes de la actual provincialización, que data de 1833, varios de sus municipios pertenecían a Andalucía como integrantes del antiguo reino de Sevilla), haciendo surgir formas autóctonas de cantes como los jaleos de Badajoz o los tangos extremeños, dicha localización y la parte más occidental de Andalucía han gozado históricamente de una gran influencia mutua a raíz del el trasiego económico y poblacional de Extremadura con las comarcas andaluzas limítrofes (ibíd.: 51). De la misma manera, no es de extrañar que la emigración a Barcelona y su cinturón industrial durante los años 60 y 70, que ha hecho que en Cataluña vivan hoy casi 800.000 andaluzas/ces, haya hecho florecer allí el flamenco, generando formas propias de grado menor como la rumba catalana, o dando a luz a determinadas figuras del cante, caso de Miguel Poveda (ibíd.: 50). Por tanto, el titular “Saboreando España” de los diarios del grupo Joly que hemos observado no deja de constituir una sinécdoque o sustitución de la parte, Andalucía (nación), por un todo, “España” (Estado al que a día de hoy pertenece), en el que se trata de diluir la primera. De la misma manera que la Wikipedia no define al flamenco como “estilo de música y danza propio de Andalucía, Extremadura, Murcia y Japón” a pesar de que el país nipón “cuenta con 50.000 estudiantes y unas 80.000 personas vinculadas al mundo del flamenco” y de que “el nivel del flamenco en Japón es muy alto”, con la presencia de bailaoras y guitarristas consagrados y de que en 2015 se celebrara “la segunda edición de la Cumbre Flamenca de Japón”, según el relato de la propia Marca España, que se apropia del flamenco por motivos mercantiles citando en su web la academia de Tokio como la “escuela de flamenco y baile español con más estudiantes del mundo” (cursivas nuestras)6.

    Volviendo a Hijano del Río y Ruiz Morales (op. cit.), para la Administración colonial en materia educativa, “Así, por ejemplo, el flamenco es «un lenguaje musical que es universal» antes que andaluz (consejera de Cultura, DS 6-3-97: 1868) o, según un portavoz del PSOE, un «fenómeno mundial» (ídem). El «universalismo» es otro buen recurso preventivo frente a la conciencia de disponer de cultura e identidad específicas”.

    En ocasiones, la alternativa al relato directo del flamenco español para ocultar la realidad del flamenco andaluz es la opción del flamenco sureño. La misma jugada léxica con que el régimen del virreinato español diluyó la identidad andaluza bautizando a su televisión como “Canal Sur” fue la elegida a la hora de poner nombre a uno de sus programas culturales: “Flamenco Viene del Sur es una iniciativa de la Consejería de Cultura que surge en 1996 con el objetivo de situar el espectáculo flamenco a nivel de cualquier otra manifestación de las artes escénicas y con la intención de incidir en la profesionalización del sector desde un punto de vista artístico, mediante el apoyo a la creación y con la consolidación del tejido profesional del flamenco”7. El caso es que el flamenco no venga de Andalucía sino del “Sur” (de España y de Europa, se entiende). En efecto (VV.AA.: 2017),

    << Este devenir Andalucía en Sur [...] hace encajar a mi nación dentro y con respecto a un estado opresor. El mismo estado que colonizó y coloniza nuestra cultura y nuestros recursos, sean simbólicos o materiales. El mismo que se apropia del flamenco y del traje de gitana para hacerlos símbolos de un Estado inventado que no se creen ni ellos. El mismo estado que nos toma como fuente de recursos naturales y mano de obra barata.

    Al decir Sur, estamos diciendo Sur de España. Es decir, nos estamos definiendo con respecto al opresor. Estamos, además, enorgulleciéndonos de ser parte de él. Cuando decimos Sur, hablamos del Sur del subcontinente europeo, nos situamos en el occidente colonizador y obviamos nuestra conexión con nuestra verdadera macro-matria: el Mediterráneo. [...]

    Al decir Sur, estamos mirando precisamente al Norte, en lugar de estar mirando más al sur, que es lo que deberíamos hacer. Es como cuando la clase media mira a la clase alta en lugar de mirar a las clases más bajas y hermanarse con ellas. No hay nada más peligroso que el concepto clase media. Así como el concepto Sur aplicado a la vertiente norte del mediterráneo: Todo eso que no es África, pero casi.

    ¿Por qué el sur es el Sur y el norte es el Norte? ¿Quién decide cuál es cuál? Al reconocernos en el Sur estamos reconociendo un eje de coordenadas establecido por la geopolítica hegemónica.

    Son muchos siglos intentando borrar de nuestras cabezas nuestra memoria histórica, de limpieza étnica, de hacernos creer que hablamos mal o en el mejor de los casos que hablamos español meridional, de culpabilizarnos de una situación económica miserable impuesta desde fuera, siglos y siglos de machaque como para que ahora también nos hagan olvidar su nombre. Desde los feminismos sabemos muy bien que lo que no se menciona no existe, así que por favor, llamemos al pan, pan y al vino, vino. >>

    El cantante ubetense Joaquín Sabina, premiado con la Medalla de Hijo Predilecto de Andalucía por Susana Díaz en 2016, incluyó en su discurso de agradecimiento en verso, estrictamente circunscrito a los vectores fundamentales del discurso político articulado por la presidenta de la Junta, referencias a Andalucía como “el sur luminoso que prefiero” o “un paraíso hospitalario
al sur del sur”. Este no es más que la reedición del enunciado acuñado en varias ocasiones por José Rodríguez de la Borbolla, segundo presidente de la Junta autonómica, quien declarara que “Andalucía es el sur más atractivo del sur hacia el que Europa retorna” o que “Desde el sur del sur […] se va a acceder al centro y norte de Europa por vías rápidas de comunicación” (Hijano del Río y Ruiz Morales, op. cit.: 25); sur al cuadrado, 'europeo' y 'español'. Borbolla fue el mismo que años más tarde afirmaría que “Andalucía es una región, y no una nacionalidad histórica, diga lo que diga el Estatuto de Autonomía” (Diario de Sevilla, 18/I/20148).

    Otra muestra mediática en torno al flamenco de ese extractivismo epistémico, que destruye culturas y en el proceso se apropia de sus aportaciones sin dejar ningún rastro en la memoria acerca de su sentido, contexto de nacimiento y producción, parte del robo culturicida global occidentalocéntrico (siguiendo a Grosfoguel, 2016: 140-142), fue la cobertura que ese Canal “Sur” ofreció al denominado Record Flamenco Madrid el domingo 14 de mayo de 2017 en el informativo de mediodía. La pieza periodística contribuye a la exaltación de la capital como elemento mítico de su nacionalismo de Estado (Rodrigo Mora, 2010; González Pulido, 2016; Gil de San Vicente, op. cit.). Del mismo modo que la Dama de Baza o los documentos sevillanos de Alfonso X (Vergara Varela, 2010), también el patrimonio inmaterial andaluz puede ser objeto del expolio español. El evento fue presentado en el informativo Noticias 1 de ese mismo día9 por la habitual pareja de presentadora y presentador, Silvia Sanz y Juan Carlos Roldán, quienes daban paso a la pieza informativa exhibiendo un entusiasmo tan intenso como el que mostraba el bailaor Antonio Canales ante el micro y la cámara de Canal Sur cuando explicaba cómo la capital del Estado, ajena a toda producción relacionada con esa manifestación artística, se erige, haciendo gala del acostumbrado centralismo radial, en plataforma ineludible a la hora de alcanzar repercusión de amplio alcance, incluso cuando se trata de una tradición artística no madrileña ni castellana. También se recogió el testimonio de la cantaora Caridad Vega.

    << SILVIA SANZ: La Plaza de Colón de Madrid ha sido el escenario de un récord.

    JUAN CARLOS ROLDÁN: Del mayor número de personas bailando flamenco durante cinco minutos. [Imágenes del acto.] Estrellas del baile como Antonio Canales o Jesús Carmona han impartido una clase magistral que se ha podido seguir desde una pantalla gigante y conseguir así una coreografía con todo el público. Una cita con el flamenco a la que han acudido cientos de personas de todas las edades y con la que se da la salida al Festival Flamenco de Madrid.

    ANTONIO CANALES: Es que viene ya a Madrid. Claro que están esos lugares como Triana, Sevilla, Cádiz, Jerez... Pero Madrid es donde se cuece la madre del cotarro, que luego explota para todos los demás lugares.

    CARIDAD VEGA: A mí Madrid me ha dado mucho y me alegro [de] que haya tanta gente pues haciendo flamenco, ¿no?, en esta gran fiesta. >>

    Así aprendemos gracias a Canal Sur, y debemos asumir, pues, que, como en tantos aspectos, “Madrid es donde se cuece la madre del cotarro”. Cerremos este repaso a las vampirizaciones de lo andaluz en aras de la fabricación de una supuesta (y artificial) identidad española con el fragmento de una conferencia en la que el escritor y periodista chiclanero Tomás Gutier (2010)10 ironiza en torno a este robo cultural selectivo y oportunista:

    << ¿Que el gazpacho es una comida simple, de pobres, de gañanes? El gazpacho es andaluz. ¿Que lo ponen en su carta los restaurantes de Europa y resulta que los expertos lo definen como un plato rico, sano y nutritivo? Bueno, el gazpacho es español. ¿La siesta? Eso es algo de flojos, de haraganes, de gente que tiene que echarse a dormir constantemente: la siesta es andaluza. Llegan los médicos y dicen: «La siesta es algo inteligente: romper el día a la mitad para poder descansar y...». ¡Hombre, entonces la siesta es española! ¿Que el flamenco es un cante de taberna, de borrachos y todo lo demás? El flamenco es andaluz. ¿Que el flamenco triunfa en París, en Nueva York y todos los expertos dicen que es el cante, el ritmo étnico de Europa? ¡Ja!: el flamenco es español. ¿Que salen buenos pintores, Velázquez o Picasso, o grandes literatos, como Lorca o Machado? Por supuesto, son españoles. ¿El Risitas, el Po-zí, los graciosos que saca La Nuestra [Canal Sur]? Andaluces son todos”. >>

    REFERENCIAS

    ARANA, Alberto (1994): El problema español. Hondarribia: Hiru.

    GIL DE SAN VICENTE, Iñaki (2015): “Crítica abertzale del paradigma de la izquierda española. Límites teórico-políticos de las izquierdas nacionalistas españolas”. http://www.matxingunea.org/media/pdf/g_020621_critica_abertzale_del_paradigma_de_la_izquierda_espanola.pdf

    GONZÁLEZ PULIDO, Javier (2016): “Andalucía - Evolución sociológica de la conciencia de identidad nacional”, http://ghescuela.blogspot.com.es/2015/12/andalucia-evolucion-sociologica-de-la.html

    GROSFOGUEL, Ramón (2016): “Del «extractivismo económico» al «extractivismo epistémico» y al «extractivismo ontológico»: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo”, Tabula Rasa, 24: 123-143, enero-junio 2016. http://www.scielo.org.co/pdf/tara/n24/n24a06.pdf

    GUTIER, Tomás (2010): Presentación del libro “En defensa de la lengua andaluza. Charla en el Ateneo Cultural Andaluz (Jerez). 25/II/2010. https://www.youtube.com/watch?v=6_bMXACFpYA

    HIJANO DEL RÍO, Manuel y RUIZ MORALES, Fernando Carlos (2003): Etnicidad andaluza: su modelo de identidad en el discurso político-educativo de Andalucía. Sevilla: Fundación Centro de Estudios Andaluces. https://www.centrodeestudiosandaluces.es/biblio/imagendoc/00000501_00001000/00000615/00000615_090h0201.PDF

    MORENO NAVARRO, Isidoro (2013): Introducción a la identidad histórica, cultural y política de Andalucía. En MORENO NAVARRO, Isidoro y DELGADO CABEZA, Manuel: Andalucía: una cultura y una economía para la vida. Sevilla: Atrapasueños.

    ORTIZ ESTÉVEZ, Javier (2004): España mira a Euskadi. Diagnóstico: miopía, astigmatismo y vista cansada. En VV.AA., Miradas sobre Euskadi. Irún: Alberdania.

    RÍOS, Carlos (2009): La identidad andaluza en el flamenco. Sevilla: Atrapasueños. (También en http://www.juntadeandalucia.es/educacion/webportal/abaco-portlet/content/944ac101-708b-41d8-bb7d-b65ee39509f4%3Fa%3Dtrue&sa=U&ved=0ahUKEwiH2NiOq5DSAhXsJsAKHSQBBN0QFggUMAA&usg=AFQjCNGM8dBuSYO8jvY1jwZemxC0quZxGQ.)

    RODRIGO MORA, Félix (2010): Seis estudios. Sobre política, historia, tecnología, universidad, ética y pedagogía. Madrid: Brulot.

    RUIZ, María Jesús y SÁNCHEZ, Inmaculada (2008): La imagen de la mujer andaluza en el cine español. Sevilla: Centro de Estudios Andaluces.

    VERGARA VARELA, Jesús (2010): Guía histórica de la Sevilla andalucista. Sevilla: Atrapasueños.

    VV.AA. (2017): “¿Por qué lo llaman Sur cuando quieren decir Andalucía?”, https://bloqueandaluzrevsex.wordpress.com/2017/05/14/por-que-lo-llaman-sur-cuando-quieren-decir-andalucia/

    5Referencia a MOLINA, Ricardo (1985): Misterios del arte flamenco. Sevilla: Editoriales Andaluzas Unidas.




  • Sobre las manifestaciones por la capitalidad judicial de Granada
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    29/05/2017
    Hace pocas fechas fuimos testigos en Granada de una multitudinaria manifestación que reclamaba, más allá de la “capitalidad judicial” en Andalucía que recoge el Estatuto de Autonomía, la exigencia de que las nuevas salas que se crearán dentro del Superior de Justicia de Andalucía no tengan sede ni en Málaga ni en Sevilla. Que estas manifestaciones se produzcan y que determinados colectivos hagan públicas sus exigencias entra dentro de la normalidad, lo que no es óbice para que nos sorprenda el ahínco y tesón que han puesto numerosas entidades y fuerzas políticas que se dicen de izquierda y progresistas en la reivindicación de la exclusividad en capitalidad judicial y de “salir en la foto” para no quedar empero rezagados en el viaje a ninguna parte que conlleva y significa este tipo de reivindicaciones. ¿En qué favorece a los trabajadores y el conjunto de los ciudadanos de Granada ostentar esa “exclusividad “en la capitalidad judicial andaluza? ¿Acaso es progresista obligar a los malagueños y a los sevillanos a trasladarse obligatoriamente a nuestra ciudad para solventar cualquier asunto propio del TSJA? ¿Por qué narices un país como Andalucía que está actualmente administrado en base a sus ocho territorios debe contar con una única sede judicial para determinados asuntos y pleitos? ¿En base a qué política o razones de equidad debe obligarse a un onubense, a un almeriense o a un giennense a trasladarse a Granada cada vez que el peso de la Audiencia caiga sobre él? Cabría recordar que la Real Audiencia y Chancillería de Granada comenzó a existir en 1505, cuando, por orden de Isabel I, fue arrebatada a Ciudad Real, [1]. Por ese motivo, y por los sucesivos ordenamientos de reparto y ordenación judiciales ocurridos durante el paso de los tiempos, es por lo que hoy, y recogido dentro del Estatuto de Autonomía vigente, Granada ostenta la sede del TSJA. Así comprobaremos, que no es porque los granadinos seamos más listos, más guapos o más inteligentes que los demás, si no por una Real Orden de 1505 por lo que “disfrutamos” de una sede judicial que bien podría estar ahora en cualquier otro lugar. Durante este último año, los granadinos hemos sido testigos y protagonistas de diversas reivindicaciones que han desembocado en manifestaciones multitudinarias. La defensa de “dos hospitales completos” ha marcado un antes y un después en este fenómeno social que, en algunas ocasiones y en el que ahora nos ocupa, cuenta con el apoyo masivo de partidos y personas que no dudan en sostener en el poder a gobiernos que privatizan la sanidad y el resto de los Servicios Públicos. Otro tanto sucede con la reivindicación de la capitalidad judicial, pero no cuando se reivindica el muy necesario final del aislamiento ferroviario de nuestra ciudad y su territorio. Favorecer y apuntarse a determinadas reivindicaciones “porque sí”, para no quedar fuera de la foto y sin reflexionar por qué se producen y a qué intereses favorecen esas movilizaciones no es muy edificante ni tan siquiera serio. Es por ello que, desde el Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras (SAT), sindicato de izquierdas, andaluz, solidario y a pie de tajo analizamos cada una de ellas y, en función de este análisis y de la decisión adoptada por nuestras asambleas, actuamos en consecuencia. Desde el SAT entendemos que nuestra primera obligación como sindicalistas -empeñados en cambiar esta sociedad en que vivimos para conseguir las aspiraciones de justicia, trabajo y dignidad que demanda el pueblo andaluz- es la de conocer la realidad. Esta realidad nos muestra cómo muchos de aquellos que pusieron el grito en el cielo cuando, con la llegada de la Democracia, se crearon las diversas Universidades Andaluzas con la excusa de que se robaba a Granada su hegemonía universitaria en la Alta Andalucía (la Andalucía Oriental dirían ellos) ahora claman por un TSJA con todas las salas aquí, o defienden el mantenimiento de dos hospitales, los mismos que ellos privatizarían sin pestañear. En el SAT conocemos muy bien cómo es aquello de “hacer el paseíllo” por Plaza Nueva y cruzar el umbral de la Chancillería para responder ante los magistrados a causa de luchar por la justicia social. Sabemos y padecemos las precariedades de los ocho juzgados de lo Social que existen en la provincia; sufrimos, como cualquier trabajador, los golpes de una justica viciada, politizada y falta de medios que no suele tratar por igual a ricos y a trabajadores. Acompañar y tocar las palmas en campañas orquestadas por los elementos, partidos e instituciones más rancios, irracionales y conservadores de nuestra Granada, sólo conducen al “Sevilla nos roba” y otras zarandajas que no es otra cosa que la expresión histórica de la insolidaridad que siempre ha servido de excusa a gobernantes y burguesía granadina para justificar todos los males que nos aquejan y que suelen ser responsabilidad de ellos. Del mismo modo que analizamos, debatimos, hicimos pública nuestra postura y participamos en las reivindicaciones por los “dos hospitales completos” en aras de la defensa de una Sanidad Pública andaluza y digna, ahora, desde el SAT, nos manifestamos públicamente diciendo que jamás nos van a encontrar en una manifestación que defienda exclusivamente la capitalidad judicial de Granada. Por cierto, tampoco estaría mal que aquellos que llaman a la ciudadanía a manifestarse en defensa de sus intereses particulares explicaran a los ciudadanos que, desde hace muchos años, existen salas de lo Penal y de lo Contencioso – Administrativo fuera de Granada y de su TSJA. Esto, obviamente, no lo van a hacer, pues ellos mismos firmaron sin rechistar la creación de estas salsas.   Paco Cabello Portavoz Territorial del SAT de Granada [1] La reina Isabel ordenó crear la Real Audiencia y Chancillería, el Tribunal Supremo de la época, con dos salas: una al norte del Tajo, en Valladolid, y otra al sur del rio, en Ciudad Real. En 1505, `pocos años después de la conquista del Reino de Granada, ordenó trasladar la sede de Ciudad Real a Granada, dada la relevancia otorgada por Castilla a la capital del reino conquistado y por el numerosísimo volumen de asuntos judiciales que se daban allí.



  • No, Israel no es una democracia
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    28/05/2017
    A los ojos de muchos israelíes y sus defensores alrededor del mundo (incluso aquellos que pudieran criticar algunas de sus políticas) Israel es, al final del día, un benigno Estado democrático, que busca la paz con sus vecinos y garantiza la igualdad a todos sus ciudadanos. Aquellos que sí critican a Israel, asumen que si hubo algo que se hizo de modo equivocado en esta democracia fue debido a la guerra de 1967. Para esta perspectiva, la guerra corrompió una sociedad honesta y trabajadora, ofreciendo dinero fácil en los territorios ocupados, permitiendo a grupos mesiánicos entrar en la política israelí, y sobre todo volviendo a Israel una entidad de ocupación y opresión en los nuevos territorios. El mito que dice que un democrático Israel fue puesto en problemas en 1967 pero continúa siendo una democracia es propagado incluso por algunos académicos notables, palestinos y pro-palestinos, aunque no cuenta con base histórica. Israel antes de 1967 no era una democracia Antes de 1967, Israel definitivamente no podía haber sido retratado como una democracia. (…) El Estado sometió a un quinto de su población a un dominio militar basado en draconianas regulaciones de emergencia del Mandato Británico que denegaban a los palestinos todo derecho básico, humano o civil. Los gobernadores militares locales eran los dueños absolutos de las vidas de aquellos ciudadanos: podían diseñar leyes especiales para ellos, destruir sus casas y medios de subsistencia, y enviarlos a la cárcel cuando fuera que lo sintieran necesario. Sólo a fines de 1950 emergió una fuerte oposición judía hacia estos abusos, la cual eventualmente alivió la presión sobre los ciudadanos palestinos. Para los palestinos que vivieron en el Israel de preguerra y aquellos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza después de 1967, este régimen permitió incluso a los soldados de menor rango en el IDF (Israel Defence Forces ) dirigir (y arruinar) sus vidas. Ellos quedaban desamparados si dichos soldados, o sus unidades o comandos, decidían demoler sus casas o retenerlos durante horas en un punto de control, o bien encarcelarlos sin juicio. No había nada que ellos pudieran hacer. En todo momento, desde 1948 hasta hoy, ha habido algunos grupos de palestinos sufriendo dichas experiencias. El primer grupo en sufrir bajo dicho yugo fue la minoría palestina dentro de Israel. Esto comenzó en los primeros dos meses de estatalidad, cuando fueron o desplazados hacia guetos tal y como la comunidad palestina Haifa viviendo en el monte Carmelo, o expulsados de los pueblos que habitaron durante décadas, como Safad. En el caso de Isdud, la población competa fue expulsada hacia la Franja de Gaza. En el campo la situación fue incluso peor. Varios movimientos Kibbutz codiciaban la tierra fértil que se hallaba bajo las villas palestinas. Esto incluía el Kibbutsismo socialista (Hashomer Ha-Zair) que estaba declaradamente comprometido con la solidaridad binacional. Tiempo después que las batallas de 1948 habían aminorado, habitantes en Ghabsiyyeh, Iqrit, Birim, Qaidta, Zaytun, y muchos otros, fueron engañados para abandonar sus hogares por un período de dos semanas (el ejército afirmaba necesitar esas tierras para entrenamiento) sólo para encontrarse a su regreso con que sus pueblos habían sido eliminadas o entregadas a otros. El estado de terror militar es ejemplificado por la masacre de Kafr Qasim en octubre de 1956 cuando, en vísperas de la operación Sinaí, 49 ciudadanos palestinos fueron asesinados por el ejército israelí. Las autoridades alegaron que se encontraban regresando tarde a casa desde su trabajo en momentos en que se había impuesto un toque de queda en la villa. No obstante, esta no era la verdadera razón. Pruebas más recientes muestran que Israel había considerado seriamente la expulsión de palestinos de toda el área conocida como Wadi Ara y el Triángulo en que la villa se emplazaba. Estas dos áreas (la primera, un valle que conecta con Aufula en el este y con Hadera en la costa mediterránea; la segunda expandiendo la periferia oriental de Jerusalén) fueron anexadas a Israel bajo los términos del acuerdo de armisticio con Jordania en 1949. Como hemos visto, Israel siempre fue receptivo a adicionarse territorio, pero no al aumento de la población palestina. Así, en cada coyuntura en que el Estado de Israel se expandía ponía su vista en cómo restringir la población palestina en las áreas recientemente anexadas. La operación “Hafarfert” (“topo”) fue el código de un conjunto de propuestas para la expulsión de los palestinos cuando una nueva guerra estalló con el mundo árabe. Muchos estudiosos piensan hoy que la masacre de 1956 fue una práctica para ver si la población del área podía ser intimidada para que la abandonara. Quienes perpetraron la masacre fueron llevados a juicio gracias a la diligencia y tenacidad de dos miembros del Knesset (Parlamento de Israel): Tawaq Tubi del Partido Comunista, y Latif Dori del partido sionista de izquierda Mapam. Sin embargo, los comandantes responsables del área recibieron solamente pequeñas multas. Esta fue otra prueba de que al ejército se le permitía quedar impune de los asesinatos cometidos en territorios ocupados. Esta crueldad sistemática no solamente muestra su cara en un evento importante como una masacre. Las peores atrocidades pueden ser encontradas también en la presencia cotidiana y mundana del régimen. Los palestinos en Israel aún no hablan mucho acerca del período previo a 1967, y los documentos de ese tiempo no revelan el cuadro completo. Sorprendentemente, es en la poesía que encontramos indicios de cómo era vivir bajo dominio militar. Natan Alterman fue uno de los poetas más famosos e importantes de su generación. Tenía una columna semanal, llamada “La Séptima Columna”, en la cual comentaba los eventos acerca de los cuales había leído o escuchado. Algunas veces omitía detalles de fechas o incluso los lugares de esos eventos, pero daba al lector la información suficiente para entender a lo que se refería. Generalmente, expresaba sus ataques en forma poética: “Las noticias aparecieron brevemente por dos días, y desaparecieron. Y a nadie parece importarle, y nadie parece saber. En la lejana villa de Um al-Fahem, los niños (debiese decir ciudadanos del estado) jugaban en el barro / Y uno de ellos parecía sospechar de uno de nuestros valientes soldados que le gritaba: ¡Detenganse! / Una orden es una orden / Una orden es una orden, pero el niño necio no se detuvo. Arrancó. / Así que nuestro valiente soldado disparó, no es de extrañar, e impactó y mató al niño. / Y nadie habló de eso”. En una ocasión, escribió un poema acerca de dos ciudadanos palestinos que fueron baleados en Wadi Ara. En otra instancia, contó la historia de una mujer palestina muy enferma que fue expulsada junto a sus dos hijos, de tres y seis años, sin explicación, y enviada al otro lado del río Jordán. Cuando trató de regresar, ella y sus niños fueron arrestados y encarcelados en Nazaret. Alterman deseaba que su poema acerca de la madre remeciera corazones y mentes, o al menos provocara alguna respuesta oficial. Sin embargo, una semana más tarde escribió: “Y este escritor asumió erróneamente / Que o la historia sería negada o explicada. Pero nada, ni / Una palabra”. Existe más evidencia de que Israel no era una democracia antes de 1967. Este Estado seguía una política de tirar a matar hacia los refugiados que trataban de recuperar sus tierras, cultivos y labranzas, y escenificó una guerra colonial para derrocar al gobierno de Nasser en Egipto. Sus fuerzas de seguridad fueron también de gatillo fácil, asesinando a más de 50 ciudadanos palestinos durante 1948 y 1967. La subyugación de las minorías en Israel no es democrática La prueba de fuego de cualquier democracia es el nivel de tolerancia que está dispuesta a extender hacia las minorías que viven en ella. En este respecto, Israel está muy lejos de ser una verdadera democracia. Por ejemplo, después de las nuevas adquisiciones territoriales, se decretaron muchas leyes asegurando una posición superior para la mayoría: las leyes que gobiernan a los ciudadanos, las leyes que se preocupan de la propiedad de la tierra, y la más importante de todas, la ley de retorno. Esta última garantiza ciudadanía automática a todo judío del mundo, no importa donde nació. En particular, esta ley es flagrantemente antidemocrática, pues vino acompañada de un rechazo total al derecho de retorno de los palestinos, reconocido internacionalmente en la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU en 1948. Este rechazo rehúsa el permiso a los ciudadanos palestinos de Israel unirse con sus familias inmediatas o con aquellos que fueron expulsados en 1948. Negar a la gente el derecho a retornar a su patria, y al mismo tiempo ofrecer este derecho a otros que no tienen conexión con esta tierra, es un modelo de práctica no democrática. Encima de esto, hubo un estrato más en la negación de los derechos del pueblo palestino. Casi toda discriminación contra los ciudadanos palestinos de Israel es justificada por el hecho de que ellos no sirven en el ejército. La asociación entre derechos democráticos y deberes militares es mejor comprendida si revisitamos los años formativos en los que quienes diseñaron la política de Israel estuvieron tratando de adoptar la decisión acerca de cómo tratar a un quinto de su población. Ellos asumieron que los ciudadanos palestinos no querían unirse al ejército de ningún modo. Esto fue puesto a prueba en 1954, cuando el ministro de defensa de Israel decidió llamar a aquellos ciudadanos palestinos elegibles para conscripción a ser parte del ejército. El servicio secreto aseguró al gobierno que hubo un rechazo generalizado del llamado. Para su gran sorpresa, todos los convocados fueron a la oficina de reclutamiento, con la venia del Partido Comunista, la fuerza política más grande e importante en la comunidad en ese tiempo. El servicio secreto explicó luego que la razón principal fue el aburrimiento adolescente con la vida en el campo, y su deseo por algo de acción y aventura. A pesar de este episodio, el ministro de defensa continuó vendiendo una narrativa que describía a la comunidad palestina como renuente a servir en el ejército. Inevitablemente, a su tiempo, los palestinos se volvieron de hecho contra el ejército israelí, el que se había transformado en su opresor perpetuo, pero la explotación que hace el gobierno de esto como un pretexto para la discriminación arroja enormes dudas acerca de la pretensión de este Estado de ser una democracia. Si eres un ciudadano palestino y no sirves en el ejército, tus derechos a la asistencia gubernamental como trabajador, estudiante, padre o parte de una pareja, son tremendamente restringidos. Esto afecta a la vivienda en particular así como al empleo (donde un 70% de toda la industria israelí es considerada como área sensible para la seguridad, y en consecuencia cerrada para todos esos ciudadanos en tanto lugar para encontrar trabajo). El supuesto subyacente del ministro de defensa no fue sólo que los palestinos no deseen servir, sino que ellos son potencialmente un enemigo interno en el que no se puede confiar. El problema con este argumento es que en toda guerra importante entre Israel y el mundo árabe la minoría palestina no se comporta como se espera. Ellos no forman una quinta columna o se levantan en contra del régimen. Esto, no obstante, no los ayuda: a esta fecha son vistos como un problema “demográfico” que necesita ser resuelto. El único consuelo es que aún hoy muchos políticos de Israel no creen que la vía para resolver “el problema” sea la transferencia o expulsión de los palestinos (al menos no en tiempos de paz). La política de tierras de Israel no es democrática La afirmación de ser una democracia es también cuestionable cuando uno examina la política presupuestaria que rodea la cuestión de la tierra. Desde 1948, los consejos locales y las municipalidades palestinas han recibido muchísimo menos financiamiento que sus contrapartes judías. La falta de tierra, acompañada de la escasez de oportunidades de empleo, crea una realidad socioeconómica anómala. Por ejemplo, a la comunidad palestina más acomodada (la villa de Me’ilya en la alta Galilea) le va peor que a la población judía más pobre en el Negev. En 2011, el Jerusalem Post reporteó que “el ingreso judío promedio era un 40 a 60% más alto que el ingreso árabe promedio entre los años 1997 y 2009”. Hoy, más del 90% de la tierra es propiedad de la Fundación Nacional Judía (Jewish National Fund, JNF). Los terratenientes no pueden involucrarse en transacciones con ciudadanos no judíos, y la tierra pública es priorizada para el uso de proyectos nacionales, lo que significa que esos nuevos asentamientos judíos están siendo construidos mientras difícilmente hay algún nuevo asentamiento palestino. Así, a pesar de que ha triplicado su población desde 1948, la mayor ciudad palestina (Nazaret) no se ha expandido ni un kilómetro cuadrado, mientras que el poblado construido sobre ella, Alto Nazaret, ha triplicado su tamaño en base a la tierra expropiada a propietarios palestinos. Otros ejemplos de esta política pueden ser encontrados en villas palestinas a lo largo de Galilea, revelando la misma historia: cómo han sido reducidos en un 40%, algunas veces incluso un 60% desde 1948, y cómo nuevos asentamientos judíos han sido construidos sobre tierra expropiada. En otros lugares esto ha dado inicio a verdaderos intentos de “judaización”. Después de 1967, el gobierno de Israel pasó a preocuparse acerca de la falta de judíos viviendo en el norte y sur del estado, y planeó entonces incrementar la población en aquellas áreas. Dicho cambio demográfico necesitaba la confiscación de tierra palestina para la construcción de colonias judías. Peor fue la exclusión de ciudadanos palestinos de estos asentamientos. Esta violación flagrante de los derechos de un ciudadano a vivir dondequiera que él o ella deseen continúa hasta hoy, y todos los esfuerzos de las ONGs de derechos humanos en Israel para desafiar este apartheid han finalizado hasta el momento en un total fracaso. La Corte Suprema de Israel sólo ha sido capaz de cuestionar la legalidad de esta política en un par de casos individuales, pero no en principio. Imagine usted si en el Reino Unido o en los Estados Unidos los ciudadanos judíos (o, por qué no, católicos) fueran impedidos por ley de vivir en ciertas villas, barrios, o quizás pueblos completos… ¿Cómo una situación así puede reconciliarse con la noción de democracia? La ocupación no es democrática Así, dada su actitud hacia dos grupos palestinos –los refugiados y la comunidad en Israel- el Estado judío no puede, bajo ninguna extensión de la imaginación, ser supuesto como una democracia. Pero el desafío más obvio a ese supuesto es la despiadada actitud israelí hacia un tercer grupo de palestinos: aquellos que han vivido bajo su dominio directo e indirecto desde 1967 en Jerusalén Oriental, Cisjordania y la Franja de Gaza. Desde la infraestructura legal establecida al comienzo de la guerra, a través del poder absoluto e incuestionado de los militares dentro de Cisjordania y fuera de la Franja de Gaza, y hasta la cotidiana y rutinaria humillación de millones de palestinos, la “única democracia” en el Medio Oriente se comporta como una dictadura del peor tipo. La principal respuesta de Israel, diplomática y académica, a esta última acusación, es que todas estas medidas son temporales: ellas cambiarán si los palestinos, dondequiera que están, se comportan “mejor”. Pero si uno investiga acerca de los territorios ocupados (sin mencionar el vivir allí), uno entenderá cuán ridículos son estos argumentos. Los políticos de Israel, como hemos visto, se encuentran determinados a mantener viva la ocupación por todo el tiempo que el estado judío se mantenga intacto. Es parte de lo que el sistema político israelí considera el status quo, que es siempre mejor que cualquier cambio. Israel controlará la mayor parte de Palestina y, en tanto que siempre incluirá una población palestina sustancial, esto sólo puede ser llevado a cabo por medios no democráticos. Además, y a pesar de toda la evidencia en contra, el estado israelí reclama que la ocupación es una ocupación ilustrada (enlightened occupation). El mito aquí es que Israel vino con buenas intenciones a conducir una ocupación benevolente, pero fue forzado a tomar una actitud más ruda por causa de la violencia palestina. En 1967, el gobierno trataba Cisjordania y la Franja de Gaza como una parte natural de “Eretz Israel”, la tierra de Israel, y su actitud ha continuado desde entonces. Cuando uno observa el debate en esta materia entre los partidos de izquierda y derecha en Israel, sus desacuerdos han sido acerca de cómo alcanzar esta meta, no acerca de su validez. No obstante, entre el público más amplio existió un genuino debate entre quienes pueden ser denominados los “redentores” contra los “guardianes”. Los “redentores” creen que Israel ha recuperado el corazón ancestral de su patria y no podría sobrevivir en el futuro sin ella. En contraste, los “guardianes” discuten que los territorios debiesen ser intercambiados por paz con Jordania, en el caso de Cisjordania, y con Egipto en el caso de la Franja de Gaza. No obstante, este debate público tuvo poco impacto sobre la forma en que los principales políticos se encontraban resolviendo cómo dominar los territorios ocupados. La peor parte de esta supuesta “ocupación ilustrada” ha sido el método del gobierno para gestionar los territorios. Al principio el área fue dividida entre espacios “árabes” y potencialmente “judíos”. Aquellas aéreas densamente pobladas de palestinos devinieron autónomas, atendidas por colaboradores locales bajo dominio militar. Este régimen fue reemplazado por una administración civil sólo en 1981. Las otras áreas, los espacios “judíos”, fueron colonizados con asentamientos judíos y bases militares. Esta política fue orientada a dejar a la población de ambos Cisjordania y la Franja de Gaza en enclaves desconectados, sin espacios verdes ni posibilidad alguna de expansión urbana. Las cosas sólo empeoraron cuando, muy poco después de la ocupación, Gush Emunim (movimiento extraparlamentario de derecha, religioso y ultranacionalista que reclamaba soberanía israelí sobre toda el área) comenzó a asentarse en Cisjordania y la Franja de Gaza, diciendo que estaba siguiendo un mapa bíblico de colonización antes que el gubernamental. En tanto ellos lograron penetrar poblaciones palestinas densamente pobladas, el espacio dejado para estos habitantes se encogió aún más. Lo que cualquier proyecto de colonización necesita primariamente es tierra; en los territorios ocupados, esto es alcanzado sólo a través de la expropiación masiva de tierra, la deportación de la gente desde el lugar en que han vivido por generaciones, y su confinamiento en enclaves con hábitats difíciles. Cuando uno vuela sobre Cisjordania, se puede observar claramente los resultados cartográficos de esta política: cinturones de asentamientos que dividen la tierra y tallan las comunidades palestinas en comunidades pequeñas, aisladas y desconectadas. Los cinturones de judaización separan las villas unas de otras, de los pueblos, y a veces atraviesan una villa por dentro. Esto es lo que académicos llaman una geografía del desastre, no menos importante desde que estas políticas se volvieron un desastre ecológico también, al secar las fuentes de agua y arruinar algunos de los paisajes palestinos más hermosos. Más aún, los asentamientos se transforman en el caldo de cultivo para que el extremismo judío crezca de manera descontrolada: las principales víctimas de lo cual son los palestinos. Así, el asentamiento en Efrat ha arruinado el sitio patrimonial mundial del Valle de Wallajah cerca de Bethlehem, y la villa de Jafneh cerca de Ramallah (que fuera famosa por sus canales de agua fresca) pierde su identidad como atracción turística. Estas son sólo dos ejemplos pequeños entre un centenar de casos similares. Destruir casas palestinas no es democrático La demolición de casas no es un fenómeno nuevo en Palestina. Como con muchos de los métodos más bárbaros de castigo colectivo usados por Israel desde 1948, éste fue originalmente concebido y ejercido por el gobierno del Mandato Británico durante la Gran Revuelta Árabe de 1936-39. Este fue el primer levantamiento palestino contra una política pro-Sionista del Mandato Británico, y tomó al ejército de ese imperio tres años el sofocarlo. En el proceso, durante los múltiples castigos colectivos impuestos sobre la población local demolieron cerca de 2 mil casas. Israel echó abajo casas prácticamente desde el primer día de su ocupación militar en Cisjordania y la Franja de Gaza. El ejército voló cientos de casas cada año, en respuesta a varios actos emprendidos por miembros de familias individuales. Desde violaciones menores a reglas militares hasta la participación en actos violentos en contra de la ocupación, los israelíes fueron ágiles en enviar sus bulldozers a exterminar no sólo edificaciones físicas sino también lugares de vida y existencia. En el gran área de Jerusalén (dentro de Israel) la demolición fue también un castigo por la extensión sin licencia de una casa ya existente o bien por no pago de las cuentas. Otra forma de castigo colectivo que ha regresado recientemente al repertorio israelí es la obstrucción de casas. Imagine que todas las puertas y ventanas de su casa son bloqueadas con cemento, mezcla y piedras, de modo que usted no puede regresar a ella ni recuperar nada que no haya retirado a tiempo. He buscado arduamente en mis libros de historia con el fin de encontrar otro ejemplo, pero no he hallado evidencia alguna de que práctica tan despiadada haya sido practicada en algún otro lugar. Aplastar la resistencia palestina no es democrático Finalmente, bajo la “ocupación ilustrada” se ha permitido a los colonos formar bandas de vigilantes para hostigar a la gente y destruir su propiedad. Estas bandas han cambiado sus métodos con el tiempo. Durante 1980, ellas usaban terror real: desde herir a líderes palestinos (uno de ellos perdió sus piernas en un ataque de aquéllos) hasta contemplar la explosión de las mezquitas de Haram al-Sharif en Jerusalén. En este siglo, se han visto involucrados en el acoso de palestinos diariamente, arrancando sus árboles, destruyendo sus parcelas y disparando azarosamente sobre sus casas y vehículos. Desde el 2000, se han reportado mensualmente al menos cien de estos ataques en áreas como Hebron, donde los 500 colonos, con la colaboración silenciosa del ejército israelí, hostigan de una forma aún más brutal a los vecinos que viven a sus alrededores. Entonces, desde el comienzo mismo de la ocupación se ha dado a los palestinos dos opciones: aceptar la realidad de permanente encarcelamiento en una mega-prisión por un tiempo muy largo, o arriesgarse ante el poderío del ejército más fuerte de Medio Oriente. Cuando los palestinos sí resistieron (como lo hicieron en 1987, 2000, 2006, 2012, 2014, y 2016), fueron apuntados como si fueran soldados y unidades de un ejército convencional. Así, pueblos y villas fueron bombardeados como si se tratara de bases militares, y civiles desarmados fueron baleados como si fuera un ejército en un campo de batalla. Hoy sabemos demasiado acerca de la vida bajo la ocupación, antes y después de Oslo, como para tomar en serio el reclamo de que la no resistencia asegurará menos represión. Los arrestos sin juicio, como lo han experimentado tantos a lo largo de los años; la demolición de miles de casas; el matar y herir a inocentes; el drenaje de pozos de agua; son todos testimonios de uno de los regímenes más crueles de nuestros tiempos. Amnistía Internacional documenta anualmente la naturaleza de la ocupación de un modo comprehensivo. El siguiente párrafo es del reporte 2015: “En Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental, las fuerzas israelíes cometen las muertes ilegales de civiles palestinos, incluyendo niños, y detienen a miles de palestinos que protestan en contra o se oponen de otros modos a la continua ocupación militar de Israel, tomando a cientos en detenciones administrativas. La tortura y otros malos tratos son aún extendidas y son cometidos con impunidad. Las autoridades continúan promoviendo asentamientos ilegales en Cisjordania, mientras restringen seriamente la libertad de movimiento de los palestinos, ajustando aún más las restricciones en medio de la escalada de violencia desde octubre, la que incluyó ataques de palestinos sobre civiles israelíes y la aparente ejecución extra judicial por fuerzas israelíes. Los colonos israelíes en Cisjordania atacaron a palestinos y sus propiedades con virtual impunidad. La Franja de Gaza permaneció bajo un bloqueo militar israelí que impuso castigo colectivo sobre sus habitantes. Las autoridades continuaron demoliendo casas palestinas en Cisjordania y dentro de Israel, particularmente en villas beduinas en la región de Negev/Naqab, desalojando por la fuerza a sus residentes”. Consideremos esto por etapas. Primero, asesinatos, o lo que el reporte de Anmistía llama “muertes ilegales”: cerca de 15 mil palestinos han sido muertos “ilegalmente” por Israel desde 1967. Entre ellos había dos mil niños. Encarcelar palestinos sin juicio no es democrático Otra característica de la “ocupación ilustrada” es el encarcelamiento sin juicio. Uno de cada cinco palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza ha sufrido esta experiencia. Es interesante comparar esta práctica israelí con políticas similares en los Estados Unidos en el pasado y presente, por cuanto críticos al movimiento por el boicot, la desinversión y las sanciones (BDS Movement) reclaman que las prácticas en ese país son aún peores. En efecto, el peor ejemplo de Estados Unidos fue el encarcelamiento sin juico de 100 mil ciudadanos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, con 30 mil detenidos luego bajo la llamada “guerra del terror”. Ninguno de esas cifras se aproxima al número de palestinos que han experimentado dicho proceso, incluyendo tanto al muy joven, al viejo, como al encarcelado por largo tiempo. Ser arrestado sin juicio es una experiencia traumática. No saber los cargos contra uno, no tener contacto con un abogado y difícilmente contacto alguno con tu familia, son algunas de las preocupaciones que te afectan como prisionero. Más brutalmente, muchos de estos detenidos son usados como medio para presionar a la gente a colaborar. Esparcir rumores o avergonzar a la gente a causa de su orientación sexual (real o supuesta) son también métodos usados frecuentemente para movilizar complicidad. Respecto a la tortura, el confiable sitio web Middle East Monitor publicó un horrendo artículo describiendo los doscientos métodos usados por los israelíes para torturar palestinos. La lista está basada en un reporte de la ONU y otro reporte de B’Tselem, una organización israelí de derechos humanos. Entre otros métodos, se incluyen golpes, encadenamiento de prisioneros a puertas o sillas por horas, vertimiento de agua fría y caliente sobre ellos, desmembramiento de dedos, y retorcimiento de testículos. Israel no es una democracia Lo que cuestionamos aquí entonces no es sólo la afirmación de Israel de estar manteniendo una ocupación ilustrada, sino también su pretensión de ser una democracia. Dicho comportamiento hacia millones de personas bajo su dominio devela la mentira de tales artimañas políticas. No obstante, aunque grandes secciones de las sociedades civiles a lo largo del mundo rechazan la pretensión de Israel de ser una democracia, sus elites políticas (por varias razones) lo tratan aún como un miembro del exclusivo club de estados democráticos. En muchos sentidos, la popularidad del movimiento BDS refleja las frustraciones de esas sociedades con las políticas de sus gobiernos hacia Israel. Para muchos israelíes estos contraargumentos son irrelevantes en el mejor de los casos, maliciosos en el peor. El estado de Israel se aferra a la imagen de que es un ocupante benevolente. El argumento de la “ocupación ilustrada” propone que, de acuerdo al ciudadano judío promedio en Israel, a los palestinos les va mucho mejor bajo la ocupación y que no hay razón en el mundo para resistirla –y ni hablar de hacerlo por la fuerza. Si eres un defensor acrítico de Israel en el exterior, tú aceptas estos supuestos también. No obstante, existen secciones de la sociedad israelí que sí reconocen la validez de algunos de los reclamos hechos aquí. En 1990, con varios grados de convicción, un número significativo de académicos, periodistas y artistas judíos expresaron sus dudas acerca de la definición de Israel como una democracia. Requiere algo de coraje el desafiar los mitos fundacionales de la propia sociedad y del propio estado. Por esto unos pocos de ellos se replegaron más tarde de esta posición valiente y retornaron a acatar la línea general. Sin embargo, por un momento durante la última década del siglo pasado, ellos produjeron trabajos que desafiaron el supuesto de un Israel democrático. Retrataron a Israel como parte de una comunidad diferente: la de las naciones no democráticas. Uno de ellos, el geógrafo Oren Yiftachel de la Universidad de Ben-Gurion, describió a Israel como una etnocracia, un régimen que gobierna un estado étnicamente mixto con una preferencia legal y formal por un grupo étnico por sobre todos los otros. Otros fueron más lejos, etiquetando a Israel como un estado apartheid o un estado de asentamiento colonial. En breve, cualquiera sea la descripción que estos académicos críticos ofrecieron, entre ellas no estaba la de “democracia”. (Fuente: Rebelión - Jacobin Magazine /Autor: Illan Pappe /traductor: Felipe Lagos R.)  



  • La cuestión es impedir que el fascismo se adueñe de Venezuela
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    27/05/2017
    El plan imperial de azuzar a los sectores más fascistas de la oposición venezolana para convertir las calles de Caracas y otros puntos del país en lo que fueron los inicios de la gran invasión terrorista en Siria, sigue funcionando a todo vapor. Día a día, a todas las iniciativas de guerra descargadas sobre Venezuela Bolivariana (la económica y la mediática como señal más distintiva de la embestida derechista) se suma una violencia ciega, desalmada, repulsiva, que parece ser la matriz que amenaza imponerse entre esa mezcla de hordas juveniles de lúmpenes en que se han convertido Voluntad Popular y otros grupos acicateados por Leopoldo López y Capriles Radonski. La tremenda escena de un joven manifestante quemado vivo, acuchillado, golpeado con saña. Incluso cuando después que el fuego arrasara sus ropas y su cuerpo fuera destruido casi en un 80 por ciento, no faltaron energúmenos que lo seguían azotando impidiéndole llegar hasta un sitio donde pudiera ser auxiliado. Esto no es oposición y mucho menos pacífica como siguen sosteniendo el secretario de la OEA, Luis Almagro y buena parte de los presidentes obsecuentes de Washington, con Mauricio Macri , Horacio Cartes y Pedro Pablo Kuscinsky a la cabeza (Temer está ahora más preocupado en no ir preso por corrupto) sino que esto es lisa y llanamente la cara más brutal de lo que siempre auspicia el imperialismo en cada uno de los territorios que intenta destruir para luego adueñarse de ellos. El Medio Oriente es la mejor matriz para darnos cuenta de ellos. Practican fascismo puro, de un estilo muy parecido al que el ISIS ha venido desarrollando en Iraq, Libia y Siria, donde a una atrocidad se le impone otra. Es probable que esta escalada violentista continúe, ya que la permanente entrada de paramilitares colombianos no se detiene y tanto el presidente Juan Manuel Santos como Álvaro Uribe Vélez están unidos en la cruzada antichavista. No es casualidad la involución producida con el aval del gobierno y la justicia colombiana del proceso de paz, tampoco asombran los consejos dados a Santos por senadores republicanos y por el propio Donald Trump para que desde Bogotá se generen las condiciones para una eventual ofensiva final contra el gobierno de Nicolás Maduro. Todo coincide en generar un clima donde no se tengan en cuenta ninguna de las propuestas de diálogo realizadas por Maduro, incluida la de la Asamblea Constituyente, que tanto reclamaba en su momento el arco opositor. Lo que se busca, igual que en Siria contra Bachar Al-Assad, es el derrocamiento, la humillación, y la posterior destrucción de todos los avances logradas durante estos 18 años de chavismo. Frente a esta situación compleja, resulta asombroso y meritorio comprobar cómo a pesar de todo, el gobierno sigue ejerciendo su poder para mantener las conquistas sociales, sacando adelante las Misiones en sus más variados aspectos, desde la Salud hasta las de Educación, terminado de construir 1.600.000 viviendas y entregándoselas a quienes más las necesitan. Por su parte, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) siguen generando la posibilidad de que los sectores más humildes accedan a productos alimenticios o medicamentos que les niega la especulación criminal. Toda esta gobernabilidad social y de características revolucionarias, atendiendo a cómo están las cosas en otros países ganados por el neoliberalismo, son la razón fundamental del continuo apoyo que el chavismo de abajo le sigue otorgando a Maduro. El otro elemento que la oposición no ha podido quebrar es la lealtad de las Fuerzas Armadas, y la conjunción de ambos bloques solidifican el búnker donde hasta ahora se han estrellado todos los intentos golpistas. Es importante que quienes gobiernan no pierdan esto de vista, ya que es precisamente desde los barrios y enclaves militantes del chavismo que se exige que la actual situación se enfrente con más radicalidad, no cediendo un ápice a las provocaciones derechistas pero tampoco a los cantos de sirena social demócratas que apuestan a un chavismo contrario a los que siempre impulsó su gestor, el Comandante Hugo Chávez. Tampoco hay que descartar que en algún momento de esta ofensiva reaccionaria, quienes dirigen el plan operacional contrainsurgente no se conformen con las algaradas de la violencia fascista y decidan pasar a una etapa superior, invadiendo el país desde Colombia u otras plataformas similares. Y que lo hagan, tercerizando la intervención directa, como hizo la OTAN en Medio Oriente a partir de equipar y llenar de dólares las mochilas de los terroristas. Para ello, en la versión caribeña de este plan injerencista, intentarían apelar al concurso de los paramilitares buscando la luz verde del gobierno santista y el uribismo. Es para esa etapa, que más allá de la respuesta que le ofrezcan pueblo y ejército chavista, se hará imprescindible la solidaridad internacionalista en todas sus variantes. Ante esta posibilidad, quienes se reivindiquen bolivarianos, chavistas y antiimperialistas en todo el continente deberían estar preparados para estar a la altura de las circunstancias de lo que Venezuela precise. Sobre todo, sabiendo lo que ha sido y son a nivel cooperación desinteresada el pueblo y el gobierno venezolano, partiendo de las veces que la Revolución Bolivariana ha acudido en apoyo a otros pueblos que sufrían necesidades o eran chantajeados por no someterse al Imperio. Es por ello, que analizando autocríticamente lo hecho hasta el presente, se debe fijar -como ya lo han hecho los Movimientos hacia el ALBA- la prioridad del accionar en sostener el proceso encabezado por Maduro, a la vez multiplicar la presencia en las calles cada vez que se convoque a apoyar a Venezuela y repudiar a los fascistas que la atacan. Es indispensable también denunciar lo que allí ocurre, desmentir con información veraz lo que los medios hegemónicos de cada uno de los países se encargan de tergiversar, y por último estar en permanente alerta para evitar que esa guerra imperialista confunda y aliene a quienes se dicen de “izquierda" y terminan derrapando por derecha a la hora de hablar de Venezuela. Nadie, absolutamente nadie que se reclame del campo popular puede ignorar que si cayera el gobierno chavista la oleada de terror y revanchismo no solo golpearía al pueblo venezolano sino que se podría extender a todos los países donde el Imperio tiene discípulos y teje complicidades con EE.UU. La suerte de la Patria Grande se juega en esta pulseada entre quienes apuestan a la defensa de la democracia participativa revolucionaria y aquellos que mediante el terror tratan de implantar el fascismo y entregarle el país a las corporaciones transnacionales. La izquierda mundial en todos sus matices no le puede fallar al pueblo bolivariano y a sus ansias de paz. (Fuente: Resumen Latinoamericano / Autor: Carlos Aznárez)



  • La lucha por la vivienda. Una necesidad urgente para la clase trabajadora
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    24/05/2017
    La lucha por la vivienda. Una necesidad urgente para la clase trabajadora La urbanización y la cuestión de la vivienda y la ciudad han tenido históricamente y tienen hoy cada vez más un papel central en la absorción de los excedentes de capital, generando procesos de desposesión de las clases populares urbanas [1] . Los fenómenos eminentemente urbanos como las burbujas inmobiliarias han sido centralmente ligados a las crisis capitalistas. El problema de la ciudad y el derecho a la vivienda pues, toma un papel central en la lucha de clases, junto a la lucha al mismo puesto de trabajo y la producción, que ha sido el centro de la lucha de la izquierda históricamente. La acumulación capitalista mediante la urbanización A lo largo del desarrollo del capitalismo, la humanidad ha pasado a vivir en ciudades, paralelamente al proceso de industrialización. La dinámica del capitalismo, de búsqueda constante de acumulación mediante la inversión que permita la creación de plusvalía en el proceso de producción, ha creado los excedentes necesarios para la urbanización y crecimiento de las ciudades. Al mismo tiempo, estas permiten la absorción de la sobreproducción generada continuamente, así como una salida a los capitales en los momentos de estancamiento y crisis [2] nos los que la producción no es capaz de dar una salida que mantenga una tasa de crecimiento suficiente para el sistema. El capitalismo necesita una constante expansión: nuevos medios de producción, nuevas formas de explotar los recursos naturales y nuevas tecnologías reducen el tiempo de rotación del capital, y crean al mismo tiempo nuevas necesidades de expansión para recuperar la tasa de crecimiento; cuando un mercado agota la capacidad de compra recurre a la expansión geográfica, a la búsqueda de nuevos mercados; y finalmente, recurre a mecanismos de crédito y financiación mediante el endeudamiento, procesos de especulación y financiarización, en el que el capital ficticio ya no tiene ningún apoyo en la riqueza realmente producida. Esta dinámica supone, cuando al final no es posible mantener la circulación y acumulación ordinaria de capital, el estallido de lo que se llama crisis. El capital se estanca, se devalúa o destruye, se pierden y devalúan empleos, bienes de capital, mercancías, se devalúa el dinero etc. En este contexto, a lo largo de la historia los procesos de urbanización han tenido un papel destacado en la absorción del excedente de capital, mano de obra y capacidad productiva. Fenómenos de reconfiguración urbana análogos a lo que hoy llamamos gentrificación ya habían sido descritos a raíz de la reforma de Haussman en París el siglo XIX, las grandes transformaciones urbanas en Europa tras las guerras del Siglo XX, la urbanización diciembre suburbios residenciales alrededor de las ciudades estadounidenses después de los años 30, que acabarían con las revueltas urbanas de finales de los 60 de los sectores excluidos, afroamericanos etc, los cambios urbanos a partir de los años 80 y 90 en pleno apogeo neoliberal, los actuales crecimientos urbanos en países emergentes como China , India, Brasil, etc [3] . La inversión en la ciudad supone que no sólo la vivienda, sino la misma calidad de vida en las ciudades se haya convertido en una mercancía, haciendo de todos los aspectos de la vida en las ciudades no derechos de sus habitantes, de los que con su trabajo lo han creado, construido y enriquecido con su vida, sino productos de consumo que se puedan poner en el mercado. La ciudad se configura y crece en torno a la necesidad capitalista de hacer rentable esta inversión y garantizar la acumulación de capital. Afecta a todos los aspectos de la vida, empezando por la vivienda, al que los trabajadores destinan cada vez más recursos, pero también con la creación de una ciudad de centros comerciales, hosteleros, edificios singulares, fenómenos culturales y estilos de vida convertidos en productos para el consumo. Para todo ello se han de producir procesos de desposesión, mediante los altos alquileres, la expulsión de vecindario de los barrios objetos de los promotores, planes urbanísticos pensados para facilitar estas inversiones, el encarecimiento de suministros, la mercantilización de servicios, de la salud, la educación, del mismo espacio público, hasta de la cultura. También propicia la destrucción de solidaridades comunes para socializar las pautas de aislamiento, individualismo y codicia propias del dogma neoliberal propio de la actual fase del capitalismo. Pero al mismo tiempo que la inversión urbana supone una salida para el excedente de capital, evitando en primer término la crisis de acumulación, se convierte también en una trampa que alimenta y expande enormemente las burbujas especulativas que acaban finalmente generando un estallido mucho más devastador. La inversión en la vivienda y el entorno construido, a diferencia de la producción de mercancías, tiene un elevado tiempo de circulación, generando dinámicas de creciente especulación. Este hecho se suma a las políticas desarrolladas las últimas décadas destinadas a desregular los mercados financieros, reducir o liquidar la intervención pública de control o compensación de los desequilibrios y expolio generados, estimular el endeudamiento de personas con rentas cada vez más precarias, multiplicar el apalancamiento financiero basado en la expectativa de ganancias enormes, la creación y proliferación de productos derivados crediticios, y agilizar la creciente interconexión de los mercados. Todas estas políticas confluyeron para crear las condiciones perfectas del desastre económico, como sucedió con la crisis iniciada en 2007. Así pues, la urbanización es central en la dinámica capitalista, al precio de procesos de destrucción «creativa» y crisis que implican la desposesión de las clases populares, y además, ha estado en la raíz de las crisis capitalistas como la actual. Este procesos de destrucción suponen un crecimiento de la desigualdad, y la riqueza generada es apropiada y concentrada en cada vez menos manos, mientras excluye un número creciente de personas. Planificando un futuro global para las oportunidades de acumulación  En el mundo, y según previsiones de la ONU, la población total pasará de los más de 7000 millones de personas de hoy a 10.000 millones en 20 o 40 años, el 70% de los cuales vivirán en ciudades. El proceso de urbanización, siguiendo el modelo neoliberal, comportará un agudización y aceleración de las tendencias observadas hasta ahora. Ante este futuro inmediato, las grandes agendas y planes impulsados a nivel internacional están marcadas por la participación de grandes inversores y todo su cortejo de grupos de presión, juristas, académicos y políticos a su servicio, situados siempre en la yema del huevo de las decisiones, con plena información y capacidad de incidencia en la conformación de las agendas y programas, situando los debates bien lejos de las necesidades de la población, de acuerdo con las oportunidades de negocio. Así se tiran mantras destinados a orientar este inmenso creciente urbano de acuerdo con sus necesidades, poniendo la planificación de crecimiento de las ciudades al servicio de la acumulación capitalista, ensalada con una retórica de transformación y modernidad, desarrollo sostenible y valores. Retórica sin ningún contenido político real, ni la menor intención de emprender ninguna medida que cuestione el reparto cada vez más desigual de la riqueza, ni de garantizar la capacidad real de participación de la población en el diseño y decisiones urbanísticas, ni de encarar el creciente problema del acceso a servicios como agua, energía ... al contrario, las líneas apuntadas en las conclusiones de estos «debates» y programas, como es el caso del programa UN-Habitat (dirigido por el inefable ex alcalde de Barcelona Joan Clos), confirman que la tarea de adoctrinamiento al servicio de los intereses inversores ha sido un éxito, ya que declaran, ante los desafíos del futuro previsible, la necesidad de adaptar las ciudades a las oportunidades de negocio e inversión, a configurarlo de cara al negocio turístico y de servicios, intensificando las tendencias urbanísticas que vivimos hoy en día  [4] . Al mismo tiempo, en un ejercicio de mistificación colosal, reducen los conflictos a choques culturales y la adaptación de los migrantes, escondiendo la creciente explotación de clase, la expulsión de los vecindarios de sus barrios, la falta de trabajos dignos, el aumento de los alquileres, la pobreza y exclusión crecientes generadas por su modelo, y atribuyendo la conflictividad a problemas culturales y de identidades. Así el dogma liberal, al tiempo que fomenta la exclusión, se permite descalificar toda oposición a sus políticas, desviando todo crítica a su expolio hacia choques identitarios, que mantengan la clase trabajadora dividida, anulada e incapaz de comprender y combatir el su proyecto, mientras presenta su modelo de explotación y saqueo intensificados como el colmo de la democracia, ejemplo de tolerancia, apertura y modernidad. No hay que esperar de las grandes escenificaciones, cumbres y programas emanados de las instituciones del poder global, nada más que la agudización y legitimación del modelo de ciudad al servicio de la acumulación de capital. La clase trabajadora y el conjunto de clases populares debemos tomar pues, como un eje fundamental de nuestra lucha, el problema de la ciudad y el derecho a la vivienda, junto a la lucha puesto de trabajo. Sindicatos de inquilinos y plataformas por el derecho a la vivienda En toda Europa, América del Sur y del Norte han aparecido gran cantidad de plataformas y colectivos de defensa de inquilinos, contrarios a los desahucios ya la gentrificación de cada vez más zonas urbanas. Oscilan entre propuestas de carácter anticapitalista hasta grandes estructuras de servicios reconocidas por la legislación y funciones de lobby, su carácter depende de factores como la existencia de una izquierda organizada, legislación de cada lugar, tradición comunitaria, cultura política más de acción directa y de movimientos populares o de servicios y gestión de estado del bienestar, etc. Los casos más combativos responden a movimientos que organizan gente en barrios de clase obrera y clases populares, de las inmensas zonas suburbanas y periféricas de América Latina, de las minorías negras, hispanas, clases populares expulsadas de los centros urbanos en el caso de los Estados Unidos . Los casos más asistenciales, en que estas plataformas funcionan como lobby corresponden a países del centro y norte europeo, con gran mayoría de población viviendo de alquiler, con marco legal más favorable y protector, incluyen sectores más acomodados, o las mal llamadas 'clases medias 'y evitan cualquier planteamiento político de clase. Estas experiencias no buscan ningún enfrentamiento ni tienen una tradición organizativa de lucha. En los Países Catalanes, una lucha en primer plano En la última década se ha puesto en primer plano la problemática de la vivienda en las ciudades, especialmente desde unos años con el elevado incremento de los alquileres en lugares como la ciudad de Barcelona y su entorno, Valencia, o gran parte de Mallorca, entre otros. Un incremento que está expulsando cada vez más sectores populares de sus pisos, convirtiendo muchos barrios en áreas gradualmente elititzades para una minoría. El negocio inmobiliario ha desplazado la especulación desde el modelo de la vivienda de compra y la hipoteca, gravemente afectado por la crisis, la falta de poder adquisitivo de las poblaciones locales y la situación de la banca, hacia el negocio de los alquileres destinados a residentes de gran capacidad adquisitiva, captando inversión en buena parte extranjera y al mismo tiempo creando una nueva burbuja alrededor del turismo, de residentes directivos y ejecutivos, mientras los trabajadores y clases populares locales, que han perdido una gran parte de su capacidad salarial a lo largo del proceso de reconcentración de poder y de capital de la crisis, se ven empujados cada vez más fuera de las ciudades, o en su periferia. Los movimientos de respuesta se habían centrado hasta ahora en la cuestión de las hipotecas, dejando de lado los no propietarios, y eran incapaces de dar respuesta organizativa ni política a un fenómeno social creciente, sufrido por cada vez más vecindario de la ciudad. El proceso de expulsión y de sustitución de las clases populares para un nuevo vecindario de clase acomodada -también conocido como gentrificació-, ha sido abordado desde el progresismo reformista con tímidas propuestas de reformas fiscales o legislativas en el marco vigente, atribuyendo las causas de esta problemática a "malas prácticas" o "actores abusivos", o incluso -como ha hecho los gobiernos 'de cambio' de ciudades como Barcelona o Valencia-, limitándose a permitir que este proceso se extendiera por la ciudad, sin cuestionar ni la propiedad privada del suelo urbano ni el régimen legal que la protege por delante de los derechos de las personas, e incluso sumándose a las campañas de criminalización de la pobreza. Estamos ante propuestas y modelos explicativos que no aportan ninguna solución real y que están abocados al fracaso, ya que no están dispuestos a cuestionar ni poner en peligro los privilegios de las clases dominantes que verdaderamente controlan la ciudad, y que además se niegan a entender la situación de la vivienda en la medida que invisibilizan la relación entre capitalismo y ciudad como marco de inversión y acumulación de capital. La incapacidad del reformismo, sea en su forma socialdemócrata, en la evolución socio-liberal, o en la postmoderna «nueva política», para encarar una situación que afecta a millones de personas en los Países Catalanes pone de manifiesto los límites, la falsedad y inviabilidad de su propuesta política de dar un rostro humano al sistema vigente. Existe el peligro, pues, de plantear formas de lucha y organización que reproduzcan esta incapacidad, se vean anuladas y reducidas, a partir del control de sus liberados y estructura central, grupos de presión y satélites al servicio de gobiernos locales que no plantean ningún tipo de cuestionamiento estructural del modelo urbano actual del capitalismo, que eviten ninguna propuesta que se salga de los límites del actual sistema. Sin embargo, la izquierda y movimientos populares anticapitalistas catalanes tienen la posibilidad de organizar un movimiento que responda a esta situación, que sea capaz de dar respuesta a las necesidades populares, que plantee una dinámica movilizadora propia y combativa, y que proponga una alternativa al modelo socioeconómico capitalista urbano, más allá de pequeñas reformas del sistema y movimientos satel·litzats por la política institucional reformista. Para La izquierda independentista es pues una prioridad trabajar para impulsar las plataformas y asambleas locales como las que ya están surgiendo en muchos barrios y ciudades, reforzar la movilización y la capacidad de organización de clase para la lucha por la vivienda y por la misma ciudad. Miquel Rodríguez, militante de Endavant (OSAN) de Barcelona ---- [1] David Harvey « Rebel Cities, from the Right to the City to the Urban Revolution» 2013. [2] Ibidem. [3] Friedrich Engels, « La Cuestión de la vivienda» . Henri Lefebvre,  «La revolución urbana» , 1970. David Harvey, «The Condition of Postmodernity », 1989. Third World Plannig Review 15/1. 1993. Thomas Campanella, « The Concerete Dragon. China s urban revolution ... » 2008. Usha Ramashan,« Illegality and the Urban Poor »2006. Charles Laung « Macroeconomics and Housing, a Review ». Association of American Geographers, « Revisiting the Urbanisation of Capital » 2011. [4] Juan Uribe, Giusepe Aricó, YA Mansilla. « Towards a New Urban Agenda ¿Las ciudad sometida al valor de cambio? »Marea Urbana Revista de la Mesa vecinal de Urbanismo de Barcelona. Número 1, 2017 www.espaifabrica.cat http://ppcc.lahaine.org/cat-cast-la-lucha-por



  • El fascismo en la actualidad
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    24/05/2017
    El fascismo es una de las formas que puede adoptar el Estado capitalista. La existencia del fascismo presupone, además, un determinado estadio de desarrollo del capitalismo. Esta fase de desarrollo es el imperialismo, o sea, la etapa donde el capital financiero - y posteriormente bancario - centraliza y controla el resto de la economía. Es, también, el paso siguiente a la cartelización de las industrias. Así pues, el fascismo es la forma dictatorial del Estado imperialista. No es, por supuesto, la única forma que puede adoptar. El fascismo presupone el corporativismo de las empresas con el Estado, el reforzamiento de las primeras con el segundo. Se suele dar, entonces, en Estados que, por su debilidad, necesitan aumentar la cuota de plusvalía a través de los monopolios públicos y fusionarse con el Estado hasta determinado punto. Cabe destacar que esta unión es una forma genuina que aparece en el imperialismo en general, no sólo en el fascismo. Según Lenin en su libro El Imperialismo, fase superior del capitalismo: “vemos claramente como los monopolios públicos y los privados entretejen formando un todo en la época del capital financiero, cómo tantos unos como los otros no son en realidad sino distintos eslabones de la lucha imperialista entre los grandes monopolistas para repartirse el mundo”. Ahora podemos entender qué es y porqué aparece el fascismo. Si, dadas estas condiciones, analizamos el grado de desarrollo del capitalismo en cada país, entenderemos las diferencias entre cada “fascismo”. En España por ejemplo, la oligarquía bancaria se asentaba sobre una base industrial muy débil y, por lo tanto, dependía en gran medida de las finanzas del Estado. Entendemos así por qué surge con gran prontitud el fascismo en España, y cómo se mezcla con elementos antiguorregimentales, dando pie a un fascismo “feudalizante”, a un nacional-catolicismo. Pero analicemos rápidamente el caso de fascismo más famoso del mundo, el nazismo alemán. Alemania era una gran potencia imperialista. Hacia 1910, el grupo Deustche Bank poseía, en mayor o menor medida, 87 bancos, con un capital aproximado de 2.000/3.000 millones de marcos. En 1938, la propiedad pública constituía un 5% de la riqueza nacional, siendo (gracias a la invasión de Austria y los Sudetes, así como determinado número de empresas) del 8,7% en diciembre de 1939. La propiedad privada era la mayoritaria, a pesar de su palabrería sobre el “socialismo nacional”. El Estado era deudor y su legislación tendió a reforzar la propiedad privada. Este banco financiaría Auschwitz, que además se convirtió en el banco privado de Hitler. Durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, el Deustsche Bank ha sido probablemente el banco más importante de toda Europa.. Era, pues, un país imperialista muy desarrollado (el proteccionismo ayuda a la centralización de la economía, política que la burguesía alemana había practicado con gusto). Tras 1918, Alemania había perdido la gran guerra “de rapiña”, una guerra mundial por el control de las colonias, los recursos y los mercados del mundo. Las reparaciones de guerra, unidas a la grave crisis de los años 30, dejaron a la poderosa burguesía financiera alemana muy debilitada y sin un imperio sobre el cual recapitalizarse (además debemos contar con otros elementos, como el paro elevado previo a la crisis o el retroceso de industrias pesadas en el país). Según Charles Bettelheim, Alemania había pasado de ser un país acreedor sobre el extranjero a convertirse en un país deudor del extranjero. Con el desarrollo de la economía nazi, los empresarios privados ostentaban la titularidad de los pedidos públicos (otros elementos como los bonos del tesoro suponían un papel poco relevante en conjunto). O sea, que la financiación del mercado interior se realizó a través de los considerables pedidos a la industria alemana. El mercado exterior, como cualquier país imperialista, se desarrolló a costa de los acreedores extranjeros del régimen nazi. Vemos así como Francia se convirtió en la carga del verdadero hombre blanco, tras décadas insistiendo en que era a la metrópoli a quien le costaban cara las colonias. Trabajos como los de Elise Hullery nos vienen a confirmar lo obvio. Es decir, los grandes pedidos públicos y de rearme se acompañaban de grandes esfuerzos por parte del estado nacionalsocialista para aumentar los beneficios de las grandes empresas. El Estado capitalista alemán en sus formas fascistas rescató también a bancos y empresas afectadas por la crisis, como el Commerzbank: el Estado intervino para sostenerlo adquiriendo una parte del capital y restituyéndoselo en 1937. Así, al comienzo de la guerra este banco tenía aproximadamente 80 millones de Reichsmarks (capital por acciones) en 1941 fue ampliado a 100 millones. Otras medidas “intervencionistas” sirvieron, de facto, para aumentar el poder de los cárteles y eliminar la pequeña y mediana competencia. La gran propiedad capitalista saldría fuertemente favorecida. Vemos como bajo la Alemania nazi se reproduce uno de los elementos más característicos del imperialismo y cómo resuelve sus contradicciones. El imperialismo, en cuanto a capitalismo monopolista de Estado (el gran monopolio financiero nacional permite que la burguesía pase de controlar indirectamente el Estado a corporativizarlo de una manera absoluta, fusionándose con él como si de una empresa más se tratara) necesariamente arrastra del capital del Estado para recapitalizarse, o lo que es lo mismo, aumenta la cuota de plusvalía a través de la resección del salario indirecto de los trabajadores que acaba en el Estado a través de los impuestos. Y este hecho es común a toda forma de imperialismo, dándose independientemente de la forma que tenga su estado. Analicemos ahora la política económica del imperialismo estadounidense (como potencia financiera e imperialista más importante). El reciente aumento propuesto en cuanto al gasto militar contempla una subida de 54.000 millones de dólares. Entre 1960 y 1986, la participación en la producción industrial mundial de Estado Unidos bajó del 25 al 10% Según Alejandro Nadal, “la razón es que mientras Japón y Alemania innovaban en la introducción de máquinas herramienta de control numérico para uso genérico en la industria civil, Estados Unidos se dedicaba a diseñar sistemas automatizados para las máquinas herramienta que usaba la fuerza aérea en la producción de sus equipos y refacciones”. O sea, un país imperialista en crisis cuya economía, dominada por el capital financiero, busca raíces sólidas de dinero “real” a través del Estado y la bajada de salarios (es decir, en la plusvalía, donde único puede encontrar capital real más allá del aumento ilusorio del dinero aritmético). ¡Y luego nuestros amigos “progresistas”, defensores de las mismas medidas imperialistas, se extrañan de tener a un fascista en la Casa Blanca! Evidentemente, la situación no podía ser más distinta en la Alemania de 1933 que en el Estados Unidos de hoy día; mientras uno era una potencia derrotada, el otro es un gran imperio desarrollado. La evolución histórica e industrial así como sus enemigos son bien distintos. Sin embargo, el problema de fondo es el mismo: la crisis capitalista, la enorme crisis de sobreproducción que desencadena la necesidad de obtención de capital “real”. Y, especialmente bajo el imperialismo, es en el Estado donde encuentra esas grandes remesas de capital aunque, en el fondo, no sea sino una forma de aumentar la cuota de plusvalía, la explotación general del trabajo. Así, en épocas de crisis se desarrollan los monopolios, se bajan los salarios y los grandes pedidos del Estado sostienen a la industria. La burbuja inmobiliaria en muchos países europeos o el fortísimo desarrollo de la industria armamentística estadounidense en las últimas décadas es prueba de ello. Al igual que en la Alemania de posguerra, son los pedidos del Estado, el rescate público de empresas, las subvenciones a las multinacionales, los que “salvan”, si bien momentáneamente, a los países capitalistas de sus consabidas crisis de sobreproducción, como explicara Marx en El Capital. También es importante entender que en las colonias es donde los monopolios más pueden extenderse y desarrollarse, incluso hoy día (todo el continente africano es prueba de ello y, en buena medida, todo lo terrorífico del nazismo salió del África belga, inglesa y francesa). Por lo tanto, muchas colonias o “neo” colonias adquieren formas fascistas, aunque la metrópoli este regida bajo formas democráticas. La Operación Cóndor o la Escuela de las Américas son ejemplos perfectos de ello. Un ejemplo más concreto podría ser los 40 miembros de la CIA que formaban la cúpula del partido nazi Pureza y Libertad en Chile. Al adquirir formas fascistas neo-coloniales, las burguesías intermediarias se revisten con lo peor de las dictaduras pre-industriales y con lo peor de las dictaduras imperialistas. Aparece así el “fascismo islámico”, como por ejemplo, el wahabismo. De este modo podemos entender cómo es posible que dos sistemas donde la vida cotidiana puede ser tan distinta, así como su desarrollo político, puedan ser, al mismo tiempo, tan similares. Y cómo es posible que las “democracias” occidentales dieran y den apoyo a regímenes fascistas. Conviene recordar que toda forma de Estado es una dictadura, y que, en palabras de Lenin, “las formas de los estados burgueses son extraordinariamente diversas pero su esencia es la misma: todos esos estados son, de una manera u de otra, pero, en última instancia, necesariamente, una dictadura de la burguesía”. Incluso podemos observar formas “intermedias” entre la democracia y el fascismo, como por ejemplo España, un país democrático burgués en sus formas, pero regentado por fascistas. O el “fascismo de rostro humano” que fue el Justicialismo. No hay, sin margen de error, una línea divisoria clara entre el fascismo burgués y la democracia capitalista, que sólo es democrática en la medida en la que la clase dominante ejerce su democracia sobre el resto de personas. Por supuesto, el auge del fascismo en las democracias europeas ha permitido virar hacia la derecha el eje político. De hecho, podría pensarse que el fascismo es una forma más efectiva de dominación, al ejercer de forma implacable los intereses del capital financiero. Sin embargo, la forma más eficaz de dominación capitalista es la democracia. No sólo por determinadas sutilezas del poder (la ventaja de la desinformación frente a la represión directa) sino porque ejerce el control de forma más indirecta así como más segura, como exponía Engels. A fin de cuentas, las relaciones de producción capitalistas se basan en la propiedad privada, incluso frente a su propio Estado y forma de gobierno. De ahí que, en realidad, el fascismo sea una forma de decadencia del capitalismo. No nos extrañe si se da, especialmente en una Europa sin una izquierda revolucionaria, una “transición pacífica” entre democracia y fascismo, la fascistización de la democracia o una forma intermedia que incluso pudiera aparecer como un tercer modelo. Los comunistas defendemos la democracia contra el fascismo en general y la democracia socialista (la dictadura de los trabajadores sobre la oligarquía dominante) en particular, como único modelo realmente libertario. Como ya pronosticaba Lenin antes de la Primera Guerra Mundial, el imperialismo conduce indefectiblemente a la guerra. La crisis conducirá a guerras a mayor escala. Es imposible terminar sin las claras palabras del poeta Bertolt Brecht cuando terminó la segunda guerra mundial: “Señores, no estén tan contentos con la derrota. Porque aunque el mundo se haya puesto en pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está caliente de nuevo”. (Fuente: Canarias Semanal / Autor: Teodoro Nelson)



  • Ocurrencias y rotacismos
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    21/05/2017

    ocurrencias rotacismos

    El pasado 9 de mayo fue presentada en Sevilla, en la sede del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), la edición en andaluz del clásico de Antoine de Saint-Exupéry Le Petit Prince (titulada en dicha versión Er Prinzipito), encargada por la editorial alemana Tintenfass, especializada en la edición de esta y otras obras en lenguas minoritarias de todo el mundo, a la ZEA / Zoziedá p'al Ehtudio 'el Andalú; traducción que fue realizada, en su dialecto vernáculo de Mijas, por el profesor Huan Porrah, con el loable propósito de recuperar, valorizar y revertir la estigmatización de que es objeto la cultura oral de nuestro país. El aluvión de injurias, calumnias y manipulaciones en general vertidas por multitud de medios sobre Porrah y la ZEA solo en la primera semana posterior al acto daría material para una tesis doctoral, pero aquí nos detendremos tan solo en una muestra.

    Desde la red social Twitter, Lola Pons, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Sevilla, que, como veremos de inmediato, intervino en una pieza televisiva en torno al evento, dio rienda suelta a su prepotencia, a través de su perfil, en estos términos (incluyendo un enlace a Elmundo.es, 9/V/20171), a través de un pleonasmo en su parte central: “Los de siempre con sus chorradas sobre una inventada ortografía andaluza. Y encima, con puesto en una universidad”2. Debemos confesar que hasta la fecha desconocemos, de entre todas las lenguas estandarizadas existentes en el planeta, la existencia de alguna ortografía que no haya sido inventada por la mente humana.

    En efecto, esta profesora, también “con puesto en una universidad”, concretamente la Universidad de Sevilla, fue entrevistada en la pieza que Canal Sur, televisión que hasta ese momento había estado silenciando sistemáticamente toda información referente al evento, dedicó al día siguiente a la presentación de la traducción de Porrah, empujada probablemente por todo el revuelo mediático que había generado en el resto de medios3. Repasémosla.

    Hay que decir que, como es habitual, la información aparece en el informativo de mediodía presentada por dos periodistas, andaluzas/ces ambas/os, en riguroso castellano normativo centronorpeninsular, como es habitual en las ondas autonómicas. A continuación da comienzo la pieza propiamente dicha, con un fondo visual de una edición del libro en castellano (por tanto, con el título “El Principito”) sobre el que se sobreimpresiona, al efecto de potenciar la sensación de contraste, un enunciado de su traducción a medida que la propia voz de Porrah va leyéndolo. Después se cuenta que así comienza la versión y se incluye una secuencia de cortes breves del profesor en su despacho de la Universidad Pablo de Olavide en los que explica algunas de las claves de su propuesta. Después se inserta un fragmento de lectura en castellano estándar de El Principito con fondo musical de una canción de Silvio Rodríguez e imágenes de los dibujos de Antoine de Saint-Exupéry, de 8 segundos de duración. Seguidamente, reaparece Porrah en su despacho leyendo para la reportera otra parte del texto (ambas/os ante la cámara; no ya su mera voz en off como al principio del vídeo). Dado que, como es sabido, a la hora de elaborar un texto argumentativo se recomienda presentar primero el argumento contrario, es decir, la idea que se va a rebatir, para a continuación introducir la propia contraargumentación, la pieza de Canal Sur ha ofrecido inicialmente la alocución de Porrah para dejar hacia el final la idea subyacente planteada por el medio, esto es, que la propuesta no es más que una “ocurrencia” o una “gracia” del profesor, términos ambos con que es descrita textualmente la novedad editorial por la redactora de la información (“esta ocurrencia idiomática”, “hay quien ha seguido la gracia y a quien no le ha hecho ninguna”), carente de seriedad o sentido, según se da a entender a lo largo de los tres momentos de contraargumentación de la pieza, los cuales, sumados, reúnen 38 segundos, frente a los 27 correspondientes a las explicaciones de Porrah a la redactora (incluso englobando bajo este cómputo los 5 últimos en los que le lee otro fragmento ante la cámara, que propiamente no forman parte de una explicación para la audiencia).

    El primero de los contraargumentos es la entrevista a Lola Pons, que aparece sin solución de continuidad tras la última de las intervenciones de Porrah, y de la que se ofrecen 16 segundos. El segundo elemento contraargumentativo se basa en una mención a las reacciones de odio, ira y sarcasmo suscitadas en las redes sociales a raíz del acontecimiento, mientras pueden verse algunas capturas de pantalla (con frases y oraciones como “locura lingüística”, una columna injuriosa de ABC4 o “la última burla del habla andaluza”), durante 7 segundos; el tercero, una recogida de opiniones de estudiantes en el patio de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, zona donde da sus clases la citada docente, a lo largo de unos 15 segundos.

    Antes de analizar el segundo tramo llamaremos la atención sobre el tercer contraargumento, el cual se configura, pues, mediante el sorprendente (por inédito desde el punto de vista mediático) recurso de prestar voz, a la hora de reflejar la posición de uno de los dos extremos de un debate intelectual, a miembros del alumnado de una disciplina determinada. Con esta observación no pretendemos dar a entender que siempre y de forma invariable la opinión de un/a docente sea la correcta frente a la de un/a estudiante, sino que simplemente esa fórmula no se lleva a cabo jamás en los medios de comunicación a la hora de plantear un tema objeto de controversia científica de este tipo. Tres alumnos, pues, se pronuncian ante el micrófono y la cámara de Canal Sur con sendas intervenciones, la primera de ellas incluida en el montaje a pesar del patente desconocimiento de nociones lingüísticas y confusión conceptual implícitos en su contenido: “El andaluz no es un sistema, no es un lenguaje que tenga unas reglas gramaticales definidas, por lo tanto eso es una traducción a algo que no es un lenguaje, me parece un poco que no tiene sentido”; “hay mucha variedad de ceceo, seseo y... [fin del corte]”; “está estereotipando lo que es el andaluz”. Pues bien, por medio de la exposición de estos argumentos, emitidos por estudiantes universitarios a los que se ha puesto por delante un micrófono en el patio del Rectorado de la Universidad de Sevilla, se trata de sembrar la duda o poner en tela de juicio el propósito y validez del trabajo de Porrah. Con el aserto de que “el andaluz no es un sistema, no es un lenguaje” verificamos la perpetuación en el imaginario común de los postulados implícitos del nacionalismo lingüístico español en relación, en este caso concreto, con el andaluz: el de que es posible la comunicación verbal “en grupos sociales (de individuos sin patologías lingüísticas orgánicas y/o funcionales) sin que se manifieste como lengua, sino como cuasilenguas, restos de lengua, etc.” (Rodríguez-Iglesias, 2016b: 21); idea que a pesar de su falsedad ha venido siendo sostenida una y otra vez por gente como Manuel Alvar en lo tocante al andaluz por medio de su conocido enunciado de que “«es un caos en efervescencia, que no ha logrado establecer la reordenación del sistema roto»” (cit. en ibíd.).

    No podemos confirmar el extremo de que se tratara de alumnos de la propia profesora, aunque sus opiniones sí reproducen varios de los elementos del paradigma teórico en relación con el andaluz al que se adscribe la docente, como abordaremos. En todo caso, la reportera de Canal Sur ha optado deliberadamente por no incluir testimonios del alumnado de la Universidad Pablo de Olavide del grado en Trabajo Social (donde imparte sus clases Porrah), que con mayor probabilidad hubieran podido expresar una posición favorable a la pertinencia de la labor científica del traductor de la edición andaluza de Le Petit Prince.

    Las tácticas propagandísticas de la exageración-desfiguración hacia la persona de Porrah y unanimidad-contagio (Domenach, 1986) al aludir y mostrar los comentarios de mofa en las redes sociales se combinan con las del haz como todos y hablar a través de otras fuentes (Merril, Lee y Friedlander; 1992; la segunda por la explicitada elección de los testimonios de estudiantes), todas enfocadas a subrayar el carácter minoritario del apoyo a la postura que se intenta desacreditar. Queda planteada, así, la información de Canal Sur a través de un cuatro-contra-uno en el que el cuarteto anti-Porrah queda completado, como apuntábamos, con la presencia de la filóloga Lola Pons. Esta es su jeremiada ante la cámara: “Este tipo de prácticas gráficas incide en el tópico del andaluz más vulgar. ¿Por qué Er Principito, con ese paso de esa letra ele a erre, con ese rotacismo de barcón, arcarde, que no todos los andaluces practican?”.

    En ellas encontramos cuatro aspectos dignos de análisis. Primero, la alusión al “tópico del andaluz más vulgar” revela que anejo a la intrínseca estigmatización del andaluz existe una jerarquía de privilegio lingüístico, concepto acuñado por Rodríguez-Iglesias (op. cit.: 29) que explicaría la “teorización racista sobre las presuntas bondades del punto cero castellano frente a esto tan raro, primitivo y bajo como Andalucía” (ibíd.: 27). De acuerdo con dicha escala, determinadas variedades rurales y del interior de nuestro país están aún más despreciadas que, por poner un caso, las de las capitales de provincia, con mayor influencia castellanizante y en las que, a lo sumo, puede haber predominio o presencia del seseo; los libros de texto de lengua usados en los centros de enseñanza de nuestra tierra contienen catálogos de lo que se considera oficialmente como vulgarismos andaluces (por ejemplo, VV.AA.: 2010 y 2016), engrosados mayoritariamente por ejemplos de léxico de dichas zonas del territorio, pero que también incluyen formas de pronunciación que condenarían al purgatorio del “andaluz más vulgar” incluso a quien escribe estas líneas (Rodríguez Illana, 2017).

    La segunda consideración radica en que el señalamiento de que “no todos los andaluces practican” la asimilación entre los sonidos /l/ y /r/ (alófonos de hecho en numerosas lenguas, como el chino o el japonés, dada su cercanía articulatoria) delante de una consonante se encuadra dentro del paradigma divisionista del divide y vencerás pergeñado por e