Memoria Andaluza

  • 28 septiembre: Día de la lengua andaluza. JOSE MARTINEZ ALVAREZ DE SOTOMAYOR "PEPE SOTO"
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    26/09/2018
    El 28 de septiembre la izquierda independentista andaluza y las asociaciones culturales del entorno soberanista celebran el día de la lengua andaluza en conmemoración del nacimiento del poeta andaluz de Cuevas del Almanzora (Almería) José Martinez Alvarez de Sotomayor "Pepe Soto". Ante la proximidad de esa fecha, os dejamos algunos apuntes biográficos de un personaje digno de conocer. José Martínez Álvarez de Sotomayor pertenece a una familia —la materna— con larga tradición, tanto en el terreno militar como en el artístico. Para demostrar, a vuelapluma, esta afirmación, me voy a remontar hasta el bisabuelo del poeta, don Fernando Álvarez de Sotomayor Ramírez, militar de carrera que se alió con las filas del liberalismo español, y en lucha contra el absolutismo de Fernando VII. Este personaje, como se demostró hace algún tiempo (2), era primo de Mariana Pineda, la figura legendaria inmortalizada por Federico García Lorca en el drama del mismo nombre (3). Don Fernando, que había tomado parte en la fracasada sublevación de León, se refugió en Cabra (Córdoba), donde fue detenido por los agentes de Pedrosa. En Granada es condenado a muerte, pero, con la ayuda de Mariana, logra escapar en Febrero de 1829. La tradición popular une, incluso sentimentalmente, a don Fernando y a Mariana Pineda, aunque algunos críticos han señalado que esto es un error histórico (4). Pero, sea como fuere, don Femado se convierte en un héroe popular, y el Estado le confisca todos sus bienes, forzando a sus hijos a marcharse de Cabra, en busca de un puesto de trabajo. De esta manera, uno de sus hijos, José Álvarez de Sotomayor Doménech, llega a Cuevas del Almanzora, donde consigue colocarse en el Ayuntamiento, con un sueldo anual de seiscientas pesetas (5). Un nieto del héroe liberal, también llamado Fernando (Cuevas del Almanzora, 16-11-1844 – 25-7-1912), llegó a ser General de División y Gobernador Militar de Ceuta y Melilla. En 1875, construye el cañón que lleva su nombre. En Junio de 1924, el General Primo de Rivera inaugura un Campamento Militar en Viator, muy cerca de la capital almeriense, denominándolo «General Sotomayor». Precisamente, el poeta estuvo presente en este acto, y compuso un poema con este motivo, titulado «A la memoria del General Sotomayor», e incluido en su libro Campanario. Uno de los hermanos del General, Pedro (nacido en Cuevas del Almanzora, el 7 de mayo de 1848), fue el tripulante más joven del «Numancia», buque insignia del almirante Méndez Núñez, durante la guerra del Pacífico (1866). Más tarde, completó la vuelta al mundo, siendo el primer barco de vapor que hizo este recorrido. También fue director de la Academia Naval Militar de Marín (Pontevedra). Dentro del terreno artístico, sobresale la figura de Fernando Álvarez de Soto mayor (El Ferrol, 1875 – Madrid, 1960), primo del poeta, pintor academicista, que llegó a ser director del Museo del Prado y de la Academia de San Fernando. El primer escritor conocido de la familia —en este caso escritora— es María Álvarez de Sotomayor Flores, tía de nuestro autor, que compuso Cuentos morales (6), y una serie de artículos publicados en la prensa madrileña. Fue, pues, el abuelo del poeta el primer Álvarez de Sotomayor que llega a Cuevas del Almanzora. Hacia 1835, le son devueltos los bienes confiscados a su padre, adquiriendo entonces importantes propiedades en tierras y minas (7). Don José Álvarez de Sotomayor fue el primer presidente del Sindicato del Desagüe de las minas de Sierra Almagrera, en 1891, lo que da idea del poderío familiar en la zona. Las sierras cercanas a Cuevas del Almanzora eran ricas en plomo, plata, hierro, y otros minerales, lo que marca una época de auge en la historia de esta comarca. Solía vivir don José en Madrid, muy relacionado con la Corte, y, cuando viajaba a Cuevas del Almanzora, lo hacía en un tren que contrataba especialmente para la ocasión. La línea férrea llegaba sólo hasta Lorca (Murcia), por lo que, desde ésta ciudad, marchaban en coches de caballos. Durante las estancias de la familia y amigos en el pueblo se desarrollaban fiestas, tertulias y juegos que admiraban a todos. Son muchos los testimonios recogidos que hablan del esplendor y el lujo que reina en la casa de los Sotomayor. La rama paterna del poeta, sin llegar a pertenecer a la aristocracia, también disfrutaba de una privilegiada situación económica (8); incluso, el abuelo, Manuel Martínez Soler (Cuevas del Almanzora, 1820 – 1879), tenía el titulo de «Caballero Comendador de la Real y Distinguida Orden de Isabel la Católica», como consta en la partida de Bautismo de nuestro vate. Por tanto, la unión de la familia Martínez y los Álvarez de Sotomayor supone una concentración de riquezas bastante considerable. Sin embargo, el ritmo de vida llevado por los abuelos maternos del poeta es tal que, sin llegar evidentemente a la ruina, representa una merma importante en el patrimonio de los Sotomayor. Teresa Álvarez de Sotomayor Flores, madre de nuestro personaje, nació en Cuevas del Almanzora el 7 de Enero de 1855, y estaba dotada de especiales condiciones y conocimientos musicales, destacando, sobre todo, en el piano. Se casó, en primeras nupcias, con Pedro Martínez Soler (1849 – c.1890), en Madrid, en la iglesia de San Luis; y, más adelante, con Miguel Soler Flores, conocido popularmente con el sobrenombre de «El Viudo». Este, cuando muere Teresa (en 1907), se casa, en terceras nupcias, con Ana Manuela, hermana del poeta, que había quedado viuda en 1911. Es fácil imaginar la conmoción que recorrió el pueblo, en el que lo normal era que no sucediera nada. Incluso dentro de la propia familia se rechazó esta unión. Pero, el poeta Sotomayor no sólo defendió la decisión de su hermana y su padrastro, sino que se encargó él mismo de elaborar la documentación necesaria para obtener de la Iglesia de Roma la obligatoria autorización. Cuando nace José Martínez Álvarez de Sotomayor, Cuevas del Almanzora es el primer núcleo de población de la provincia, exceptuando, claro está, a la capital (9). El desarrollo de la industria minera aglutina, en Sierra Almagrera, a una importante cantidad de obreros venidos de las provincias cercanas, y a unos industriales llegados de zonas más prósperas (Cataluña, Madrid, País Vasco). Pas cual Madoz afirma que Sierra Almagrera «contiene sobre 5.000 minas en que trabajan millares de operarios, no solo españoles sino extranjeros; pero solo las del famoso barranco Jaroso son las que han manifestado hasta el día una inmensa cantidad de mineral argentífero, asombro de cuantos la ven, habiéndose enriquecido la comarca, y particularmente 300 familias de Cuevas, Vera, Antas, Turre, Aguilas, Lorca y Granada, con los productos de las minas y empresas tituladas Carmen, Observación, Esperanza, Estrella y Animas, de dicho barranco» (10). La otra actividad económica de la comarca, la agricultura, posee el mismo mal de siempre —de ayer y de hoy—: la falta de agua. Desde el punto de vista cultural, en los años en que vive Sotomayor, esta comarca disfruta de una sorprendente «edad de oro», sin parangón en su historia. Baste sólo citar algunos ejemplos en este sentido, sin entrar en más profundidades —dignas, dicho sea de paso, de un trabajo de investigación serio—. Puedo enumerar, casi de memoria, y dejando abierta la puerta a una ampliación, hasta seis periódicos (diarios, semanales, quincenales, etc.) de desigual tirada y duración: El Censor, El Imparcial de Levante, El Minero de Almagrera, El Ferrocarrilico, El Almanzora, y El Defensor de Cuevas, en la mayoría de los cuales publicó poemas Sotomayor (11). Además, existe un grupo de escritores —coetáneos o casi coetáneos al poeta— que, con más o menos éxito, publicaron sus obras entre el último tercio del siglo XIX y el primer tercio del nuestro. Así, cabe citar a Miguel Flores González Grano de Oro, de quien apenas existen estudios; Antonio Cano Cervantes, poeta ciego de Garrucha, quien, en 1909, publica en Madrid un libro de poemas titulado Cantos de mi pueblo, en la línea dialectal de Sotomayor; Bolea y Sinta, autor de un inédito y voluminoso libro, Episcopológica, canónigo de Málaga, y creador del Museo Arqueológico de Málaga; Meca González, que publicaba junto a Grano de Oro; Miguel Márquez Soler, a quien Sotomayor dedica un poema en Campanario, con motivo del homenaje que le tributó su pueblo por el éxito conseguido en el Ateneo de Logroño (12). Por otro lado, cerca de Cuevas del Almanzora, en la aldea de Las Herrerías, vivió y trabajó Louis Siret, ingeniero de profesión y eminente arqueólogo (13), amigo de Sotomayor. Este, a la muerte de Siret, compuso unos versos, publicados en Campanario, que comienzan así: «Artista y sabio, en afanar fecundo con alma en su labor fortalecida, ha puesto todo su saber profundo en auscultar la pulsación del mundo donde arranca el latir de nuestra vida». Evidentemente, todo este panorama cultural que se desarrolla en la comarca del bajo Almanzora, influyó en Sotomayor de forma profunda. José Martínez Álvarez de Sotomayor es el segundo de los tres hijos que nacen del primer matrimonio (Teresa y Pedro: la ya citada Ana Manuela (Cuevas, 1877- Valencia. 1953), Alberto (Cuevas. 1889 – Serón, 19??). y nuestro autor (Cuevas, 1880 – 1947). Sotomayor, que nace el 28 de Septiembre, es bautizado el 2 de Octubre en la iglesia parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, siendo coadjutor de la misma, don Jose Joaquín Guevara Flores. En la pila bautismal le ponen los nombres de Jose Maria Adolfo de Jesús (14), por lo que no es extraño que, en algún lugar, se le llame José María, como en la edición de las Obras Completas. Sin embargo, en sus manuscritos y en las ediciones de sus libros, así como en los diversos documentos oficiales (partidas de matrimonio, expediente académico, etc.), siempre consta el primer patronímico exclusivamente. Sobre los primeros años del poeta apenas tenemos datos. Los recuerdos de su infancia quedan reflejados en el poema «Inocencia», de Isabel: «De allá mi infancia remota lo que a mi recuerdo llega con más profunda emoción de dulzura y de pureza es el tiempo en que mi nombre lo ignoraba mi inocencia». Se sabe que estudió en Cuevas del Almanzora preparado por el padre Luis, en el colegio de enseñanza privada «Nuestra Señora del Carmen», fundado el 19 de Septiembre de 1855. El 27 de Septiembre de 1890 realiza el examen de la primera enseñanza, obteniendo la calificación de «Sobresaliente» (15). Este mismo año de 1890 inicia los estudios de Bachillerato, examinándose en el Instituto de Segunda Enseñanza de Almería. Durante los cinco años en los que se dedica a estos menesteres (1890-1895), Sotomayor logra unas calificaciones más que notables (16). Es curioso señalar que el número de alumnos matriculados en estos años, en Almería, arroja una media de cuarenta y tres, lo que da idea del retraso cultural de la provincia. El 29 de Junio de 1895 realiza los ejercicios para obtener el Grado de Bachiller (17). A pesar de sus éxitos en los estudios, Sotomayor no los prosigue en la Universidad, como si lo hará su hermano Alberto -que marcha a Madrid y se matricula en la Facultad de Medicina—, sino que se decide por la carrera militar, siguiendo la antigua línea castrense de la familia. Ingresa en la Academia Militar de Toledo, pero apenas permanece en ella dos o tres meses, hecho que confirma la idea de que su decisión —¿o la de la familia?— se basó más en la tradición de sus ascendientes que en una verdadera vocación. Cuando Sotomayor se encuentra sometido a la férrea disciplina del Ejército, se da cuenta de que ése no es su camino, y abandona Toledo poco antes de que finalice el siglo. Estamos en las fechas señaladas del «Desastre de 1898», con la pérdida de Cuba, donde precisamente es tuvo su tío, el General, logrando diversas condecoraciones. Pero, en fin, el poeta, reconoce que las armas no son su fuerte, y, de la capital del Tajo, se traslada a la capital del Manzanares. De su estancia en Madrid sólo hemos podido averiguar que llevó una vida bohemia, formando, junto a unos amigos, una estudiantina que recorría los cafés. Sotomayor, por entonces- con unos veinte años, se mantiene de lo que logra recaudar de estas actuaciones y del dinero que, desde Cuevas del Almanzora, le manda su madre. Precisamente, es a su madre a quien le dedica el poema más antiguo que hemos encontrado. El poeta reconoce que «Un año hace que el viento llevóse al infinito / tu hálito postrero, mi única ilusión», refiriéndose, claro es, a la muerte de la madre. Como sabemos que Teresa muere en 1907, es forzoso pensar que este poema sea de 1908. El 1 de Enero de 1905, Sotomayor contrae matrimonio, en Cuevas del Almanzora, con Isabel Márquez Gómez, la «fuente de los cantares» del poeta, a quien dedicará el libro que lleva su nombre. Viven primero en la plaza de la Constitución, número 15, donde nace el único hijo, Pedro José. En 1912, se trasladan a la calle de la Rambla, a una casa propiedad de los padres de Isabel. Decoran ésta imitando la arquitectura árabe, con arcos de herradura y azulejos en la fachada, la cual se conserva actualmente en buen estado. En primavera y otoño, Sotomayor se recluye en su cortijo de Calguerín, hoy, por desgracia, práctica mente destruido, y de claras reminiscencias moriscas. Allí escribía —compuso Rudezas y sus dramas— y recibía a los amigos con los que charlaba hasta la madrugada. Don Pepe Soto, como le llamaban en Cuevas del Almanzora, era visto en el pueblo como una persona extravagante, rara, que vivía fuera de la norma social de la época y de las costumbres «provincianas» —en el sentido peyorativo del término— que imperaban. Sin embargo, tenía un aspecto bonachón, era hablador y aficionado a las tertulias, de las que, sobre todo en el Casino del pueblo, era centro y principal animador. Las fotografías del entonces joven poeta nos muestran a un Sotomayor de grandes y oscuros ojos, cejas pobladas, bigote prominente y abundante cabellera. Antonio Manuel Campoy, autor del prólogo a las Obras Completas, describe así al poeta del Almanzora en su madurez: «Todos los de mi edad recordarán a Sotomayor sentado a estilo moruno, enlutado, con una camisa amplia, de seda, las leoninas melenas blanquecinas ya, y una boquilla en la que fumaba constantemente». En su primera época, solía llevar un “fez” (Tarbush) con la media luna, levita, fajín morado, y calzado con pantuflas, como puede verse en alguna fotografía (18). Esto enlaza con su gusto por lo árabe, característico de su primera etapa poética. En 1913 ya ha publicado Mi Terrera, su primer libro, con el seudónimo de Abén Ozan el-Jaráx. En el prólogo a esta obra, declara: «Yo soy el Kalifa, el Sultán de este reino, morada de mis quimeras, donde obedecen a mi mandato legiones de huríes y fantasmas y del cual son las huertas de Calguerín jirones desprendidos de él para embellecer con sus aromas, su alegría y su luz, lugar tan olvidado de las gentes». En El Imparcial de Levante, el «Semanario Independiente» que empieza a publicarse el 18 de Octubre de 1913, se recoge la «agitada vida» del Kalifa de Calguerín: desde el estado de salud de la «familia Imperial» (19) hasta sus edictos. En uno de estos números, recuerda sus posesiones: «Yo que soy el Sultán de los sultanes, rey de los reyes, distribuidor de gracias y mercedes, Kalifa de Calguerín, Sultán de Aljarilla y Emir de Zújar y la Alguelma; Soberano de los países de allende y aquende el Almanzora, de las comarcas de Tejefín y la Portilla y los del Natí y posesiones de Balezote y la Rumaila; Señor de la Alcazaba de la Rambla, etc., etc., etc.» (20). Como tal Kalifa, «se propone organizar la hacienda pública creando el impuesto de cédulas personales, moneda, billetes de Banco, sello de correo, títulos, condecoraciones (21), así como la publicación del «Boletín Oficial de mi Imperio» (22). Tiene como asesores más cercanos el «Ulema de Ah-Fraga», que publica varios artículos y edictos en este mismo semanario, siguiendo instrucciones de «su Señor», y al «Caid Ben-Kásem». A su hijo, que es el «Príncipe», le llama Jaráx Abén Jaráx; su mujer, Isabel, es la «Sultana». El Kalifato de Calguerín nombra cónsules (23), se relaciona con personalidades extranjeras, «cumpliendo sus deberes nacionales e internacionales» (24), etc. Llegó hasta tal punto su afición por esta cultura islámica que, siendo accidentalmente Secretario del Juzgado Municipal, no cobraba nada a las personas que inscribían a sus hijos con un nombre árabe. Muchas son las anécdotas que se cuentan sobre este aspecto «pintoresco» de Sotomayor, pero quizá la más sorprendente sea la que lo sitúa en el corazón de Madrid, donde era presentado por su hermano Alberto (25) como un jeque árabe, y, para corroborar esta personalidad, emitía una serie de sonidos indescifrables que imitaban la lengua árabe, que lógicamente desconocía. El gran sentido del humor de don Pepe Soto era de todos conocido, siendo amigo de las más disparatadas bromas, como la que cuenta su hijo Pedro: Sotomayor, en una ocasión, escribió a un jefe carlista ofreciéndole un verdadero ejército de hombres y caballos; personado este señor en Cuevas del Almanzora, el poeta, sorprendido, le cuenta la verdad. El carlista, que debió ser también un hombre de buen humor, le causó tal impresión que, desde entonces, mantuvieron una frecuente correspondencia. Esta faceta es clara en buen parte de la producción poética de Sotomayor, como veremos en el análisis de su obra. En estos años, en Europa se está desarrollando la Primera Guerra Mundial. Ante este conflicto, Sotomayor sostiene una postura ambigua, mientras el país se divide entre aliadófilos y germanófilos. Por un lado, como Kalifa, declara «la neutralidad armada» (26); por otro, como poeta, compone versos como el siguiente soneto, titulado «Del Combate»: «¡Germanos! Colosos y titanes de la guerra, desde los insondables arcanos de la muerte os miran con pavor, y tiemblan de su suerte, en la gran hecatombe, los pueblos de la tierra. Vencido o vencedor, vuestro atrevido reto y la invasión gigante de nuestra fuerte tropa referían los libros de la futura Europa, infundiendo a los hombres estupor y respeto. La guerra es cruel y dura, pero también es sana cuando sella su sangre largo lapso de paz. ¡Si fuera la aurora bendita de una mañana que madura a la tierra por completo la faz y que todos los hombres se llamaran hermanos! ¡ ¡Oh divina locura de los pueblos germanos! !» (27). Uno de los puntos más controvertidos de la vida de Sotomayor es su auténtica situación económica. Para unos, era un rico hacendado, un cacique del pueblo; para otros, su posición era sólo desahogada. Lo que si está fuera de toda duda, como antes he intentado demostrar, es que sus antepasados aglutinaron una gran fortuna en tierras, minas y casas. Pero, la muerte repentina del padre del poeta, causó una grave desorganización en la economía familiar, mermando considerablemente sus bienes. Se comenta que la aportación de Isabel, su primera mujer, al matrimonio fue superior a la del poeta. Siguiendo lo que declara Sotomayor en la «Escritura de Testamento», realizada ante don Alfonso García Aynat, abogado y notario de Vera, el 11 de Febrero de 1947 (28), sabemos que poseía acciones en las siguientes minas: «Santa Isabel», «San Antonio», «Purísima Concepción»; en las minas «Carmen», «Animas» y «San Cayetano», pertenecientes a la sociedad «Carmen y Consortes»; en la minas «Esperanza», «Diosa» y «San Diego», de la sociedad «Esperanza y Consortes»; todas ellas situadas en el denominado Barranco Jaroso de Sierra Almagrera. Además, era accionista de la mina «Virgen de las Maravillas», en el Barranco de la Torre de Sierra Almagrera, y en la mina «Tres amigos», en el Barranco Francés de Sierra Almagrera. Todas estas participaciones en las empresas mineras son valoradas en un total se sesenta pesetas, pero hay que tener en cuenta que el valor dado a estas acciones es sólo el efecto de liquidación de derechos reales, y que ya en esta fecha de 1947, la industria minera está en claro declive. Sobre la vida de la mina, Sotomayor compuso «Pan de Sierra», un poema que pone de manifiesto el otro lado de la moneda: las duras condiciones de trabajo que los mineros soportaban: «¡No te vayas, Andrés, al trebajo; no te vayas, q’el pan que comemos con los cuartos que traes de la Sierra me sabe a veneno! Conque ya lo sabes, déjate esas minas, y en contao q’al lugar abajemos, tú verás cómo yo encuentro tierra pa tomarla a rento, – Precisamente, la otra fuente de ingresos, quizás más importante aún que los dividendos de las minas, es el arrendamiento de tierras. Mediante este tipo de con trato, el dueño de la finca cobraba a su inquilino una cantidad anual. Según de clara su hijo, esto le suponía a Sotomayor unos ingresos anuales de dieciocho a veinte mil pesetas. Además de este pago, era costumbre casi obligada «obsequiar» al amo con productos de la tierra, como justamente nos dejó escrito el poeta del Almanzora en «La bienvenía»: «Esta mañana en el riego me enteré de su llegá, con la señora y los niños, y a Dios las gracias sean dás; yo me alegro, señorito, e verlos sin novedá. Ya sé que sus hortelanos, como es costumbre obsequiar, le trajeron el melón, la hortaliza, la graná y algunos pollicos tiernos con las crestas colorás —que siempre el amo es quien toma y el labrador el que da». Según el citado testamento, Sotomayor poseía unas tres hectáreas de tierras cultivables, la mayoría de las cuales las hereda tras el fallecimiento de su esposa, Isabel. Las fincas están situadas en los pagos de Almizaraque, Calguerín, Aljarilía, y Rincón de las Viñas (o Las Viñas), todas pertenecientes al término municipal de Cuevas del Almanzora. Estas propiedades son valoradas en treinta mil pesetas, aunque esto es ficticio, pues ésta es la misma cantidad que figuraba en las anteriores escrituras. Además, se sabe que tuvo, durante su vida, otras fincas en las aldeas de Jucainí, Natí, Pinos Pálidos, Alguelma y Palomares. Por otro lado, la familia Sotomayor era dueña de varias casas, una de las cuales es la que consta en el testamento de que hablamos, valorada en cuatro mil quinientas pesetas. A todo esto hay que añadir: una cuenta corriente en el Banco Hipotecario de España, en Madrid, cuyo saldo desconocemos, siendo titular de la misma su segunda esposa, María Josefa; treinta y cinco mil pesetas en la misma entidad financiera; un título de deuda exterior por valor de veinticuatro mil pesetas, así como deuda interior que suponen cinco mil pesetas más. Según los autores del único trabajo biográfico sobre el poeta, éste «se dedicó en los últimos años de su vida a la compraventa de tierras, aprovechando la situación en que muchos campesinos se veían obligados a emigrar, obteniendo de esta forma gran des beneficios […]». Curiosamente, Sotomayor tasa la propiedad intelectual de su obra en mil pesetas, propiedad que hereda su hijo Pedro. Por no hacer más prolijo este recuento, diremos que don Pepe Soto lega a sus herederos un total de casi ochenta mil pesetas. En resumen, Sotomayor pertenecía a la clase de los propietarios que vive de lo producido por los arrendamientos. Sin bargo, en contra de la costumbre de este estrato social, Sotomayor era un gran conocedor de la agricultura y de sus problemas, como queda patente a lo largo de su obra poética y dramática. Sin duda, a todos llamará la atención la gran contradicción de este personaje:como hombre, se le puede encuadrar dentro de la clase onservadora del país; como poeta, se le puede considerar como el cantor de la injusticia que padece el campesino del Almanzora: «Si los jueces jueran, antes de ser jueces, probes leñaores, y en las noches estas se tuvian sus hijos q’acostal sin cena, munchos que’n la cárcel están no estarían, y habría munchos drento q’agora están juera». («El leñaor», de Rudezas) Políticamente, don Pepe Soto, durante la época de la dictadura de Primo de Rivera, fue miembro de la Junta de Defensa de Cuevas del Almanzora. A partir de 1931, defendió la causa republicana, componiendo, con motivo del tercer aniversario de la proclamación de la República, un apasionado poema: «Cuando España padecía la nefasta dictadura, vuestra noble rebeldía contra el poder, parecía un empeño de locura. Fueron si, los estudiantes, los que en vigorosa ola de escaramuzas constantes trajeron como gigantes la República Española». («Aniversario», de Campanario) No obstante, estuvo más o menos cercano a diferentes opciones políticas de derechas (29). Esta posición conservadora puede observarse en un poema, no incluido en sus libros poéticos, que lleva el título de «Los etines», de 1912, el cual puede ser considerado como el primero que escribe en castellano no normalizado: «Denda que he nacio ni en la vida é Dios han io al treato tanto agricultor ni tanto minero ni tanto peón á sentir platique de tanto oraor que en limpio, na dicen que comprenda yo. Y siempre lo mesmo y los mesmo tos dando allí más voces que un predicaor» (30). En Octubre de 1934, encabeza una suscripción, con cien pesetas, «a favor de la fuerza pública y familias de las víctimas con motivo de su valeroso comporta miento en defensa de la unidad patria» (son los sucesos de la Revolución de Asturias) y ofrece su casa para recibir los donativos (31). En las elecciones de 1936, está generalmente admitido que apoyó, de una manera u otra, a la C.E.D.A. de Gil Robles; incluso confeccionó la lista de candidatos al Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora por este partido. De todas formas, Sotomayor fue una persona que se vio envuelta injustamente en penosos hechos, debidos a la radicalización política y social que sufrió nuestro país antes, durante y después de la Guerra Civil, como veremos más adelante. Por lo que se refiere a las aficiones del poeta, se pueden destacar dos: la música y el ajedrez. Tocaba el laúd, la guitarra y el piano; seguramente fue su madre, que era una espléndida pianista, quien inició a Sotomayor en el mundo musical. Recuérdese que, en su juventud, formó parte de una estudiantina en Madrid, y, en cuadrillas, recorría las calles de Cuevas del Almanzora dando serenatas a las muchachas del pueblo. Parece ser que, incluso, compuso alguna pieza musical, hasta ahora inédita (32). Como ajedrecista, todos hablan de su maestría en el movimiento de los caballos, y de la dificultad de ganarle una sola partida. Por esta afición, por la descripción del personaje y de su casa, es claro que Gerald Brenan se refiere a Sotomayor cuando dice: «Tengo recuerdos tristes de este lugar (Cuevas del Almanzora] porque una vez […] pasé una tarde y una noche en él con Roger Fry […] Se pasó la noche jugando al ajedrez en el casino, rodeado por un grupo de aficionados gozosos que estaban entusiasmados de tal manera por la presencia de un nuevo jugador que, al poco tiempo, el maestro […] le rogó que se quedara e hiciera casa entre ellos. Esta hospitalaria sugerencia fue bien acogida por todo el grupo, y como prueba de que iban en serio, un señor mayor que estaba sentado y mordisqueaba la plateada cabeza de su bastón, le ofreció enseguida su casa […] era una villa lujosamente decorada con arcos de herradura y azulejos seudo-moriscos» (33). Además, el poeta solía acostarse a altas horas de la madrugada, escribiendo, leyendo o paseando por las calles del pueblo. La lectura, en efecto, ocupaba un lugar importante en la vida del poeta. Poseía una biblioteca buena —poco numerosa, pero selecta (34)—. Según se sabe, el poeta tenía en ella libros de Historia, leía y admiraba a los autores franceses (Dumas, Victor Hugo), y le entusiasmaban las novelas de Pérez Galdós. Por otro lado, debió conocer a los clásicos de nuestra literatura: Santa Teresa, de quien el poeta era un devoto lector: «Teresa mi madre fue, / y en cariño hacia las dos / en tus libros me enseñé / a amaros y a amar a Dios» («Santa Teresa», de Místicas); San Juan de la Cruz: «Y sumido en el abismo / de su misteriosa luz, / sintió mi romanticismo / los versos de misticismo ¡ del santo Juan de la Cruz» («Saludo a Segovia», de Campanario); Calderón de la Barca, Lope de Vega, a quien dedica dos sonetos con motivo del tercer centenario (incluidos en Campanario), etc. También solía recibir la prensa de Madrid, fundamentalmente El Liberal, El Heraldo y El Sol, que le enviaban sus amigos. La difusión de las obras de Sotomayor fue, en Cuevas del Almanzora, mínima. El índice de analfabetismo en la comarca era tan alto que sólo un círculo reducido de personas podía tener acceso a la lectura de sus poemas. Según las estadísticas, referidas al total de la provincia de Almería, cerca del 9O% de los habitantes no sabían leer ni escribir (35). Las ediciones de los libros las hacía el poeta por su cuenta y riesgo, buena parte de las cuales las regalaba a sus amigos. En Barcelona se vendieron una considerable cantidad de ejemplares, lo que no es extraño si tenemos en cuenta que allí existía —y existe— una numerosa población de origen almeriense. Parece ser que Sotomayor recibió una oferta para editar sus obras en América del Sur —donde también existía una colonia importante de almerienses—, pero el poeta, no se sabe por qué razón, no la aceptó. En relación con esto, he de señalar que disfrutó de dos oportunidades para visitar el «Nuevo Continente». La primera posibilidad de realizar una gira por Sudamérica, re citando sus poesías, la tuvo a propuesta de Federico Oliver, marido de la actriz Carmen Cobeñas, pero Sotomayor rehusó porque no quería dejar a la familia. La segunda ocasión le vino al conocer al arzobispo de Burgos, Juan Benlloch, cuando estrenó, en el Teatro Principal de esa ciudad —el 28 de Julio de 1922—, el «drama rural» La Seca. Pero, esta vez, la mala fortuna visitó al poeta, porque, cuando todo estaba preparado, murió el arzobispo, y se suspendió la gira. De todas formas, Sotomayor, a lo largo de su vida, viajó bastante por España, debido fundamentalmente a las representaciones de sus dramas y a recitales poéticos. Así, estuvo en Burgos, como antes dije, donde se representó por primera vez La Seca; en Segovia, donde también se escenificó La Seca, el 14 de Mayo de 1933; en Murcia, en las fiestas de Marzo de 1917; en Cáceres, donde recita sus poesías en el Teatro Principal, «a beneficio de los obreros parados de Extremadura» (36). En Marzo de 1923, la actriz Catalina Bárcena recita el «Canto a Almería» (en Campanario) en la «Fiesta de la Belleza Andaluza», celebrada en el Parque de Maria Luisa de Sevilla. En este acto participaron, entre otros, Salvador Rueda y Manuel Machado, además del poeta del Almanzora. También visitó diferentes pueblos de la provincia de Almería: Garrucha, Vera, Huércal Overa, Laujar, Adra, Dalias, Berja, Albanchez, Lubrin, Tíjola, Albox, Pulpí, etc. Muchos de estos municipios le nombraron hijo adoptivo. En concreto, el Ayuntamiento de Laujar de Andarax, el día 7 de Septiembre de 1931, decide, a propuesta de Francisco Villaespesa, nombrarle hijo adoptivo (37). El día 5 del mismo mes, Sotomayor había participado en el homenaje que le rindió Laujar a Villaespesa, con el poema «A Laujar en su homenaje al inmortal Villaespesa», poema que se transcribió en el libro de actas del citado Ayuntamiento (38). El Ayuntamiento de Pulpí, el 9 de Marzo de 1924, tomó la misma decisión (39), por la intervención que tuvo Sotomayor en la «Fiesta del árbol», el 24 de Febrero de ese año (recogido en Campanario). El 9 de Mayo de 1941, el Ayuntamiento de Vera se suma a estos nombramientos. Con motivo de la «Fiesta de la Poesía», celebrada en Adra en el mes de Septiembre de 1934, donde recitó poemas de Rudezas y de Alma campesina, el Ayuntamiento de esta localidad acuerda, el 17 de ese mes: «[…] nombrarle hijo adoptivo esta ciudad, encargar artista nombradía ex tender titulo pergamino; transcribir literalmente libro actas composición poética Canto Adra y hacer del mismo gran tirada a fin distribuirla entre niños escuelas nacionales este término» (40). Aunque, como veremos más adelante, Sotomayor no tuvo desde la Guerra Civil buena acogida en Cuevas del Almanzora, antes del conflicto el Ayuntamiento de su ciudad acordó dedicarle una calle, en sesión celebrada el 16 de Abril de 1921. Durante la Segunda República, el 30 de Septiembre de 1932, se acuerda que el grupo escolar de Cuevas lleve el nombre de «Poeta Sotomayor» (41). Desde luego, Madrid, ayer como hoy, era el centro cultural del país; allí debía acudir todo escritor que deseara destacar. Gracias a la relación de su abuelo, José Álvarez de Sotomayor Doménech, con el rey, nuestro poeta fue recibido por la infanta doña Isabel de Borbón, como queda constancia en su poema «Comentarios», de Alma campesina. En Madrid ofrece una serie de recitales poéticos y se representan algunas obras. Así, el 13 de Marzo de 1921 presenta Rudezas en el Ateneo; el 22 de Marzo de 1930 hace lo mismo con Alma campesina, en el salón de El Heraldo. En la Asociación de Escritores y Artistas Españoles da a conocer tres libros de poesías: Los caballeros del campo e Isabel, el 31 de Enero de 1940, y Místicas, el 8 de Mayo de 1941. En el Teatro Martín estrena Los lobos del lugar, el 1 de Febrero de 1924; y La Seca es presentada en el Teatro Español el 6 de Abril de 1923. Sotomayor frecuenta las tertulias literarias más famosas del momento en Madrid: «El Gato Negro», el «Café Gijón», y el «Castilla». Se hospedaba en una pensión de la calle del Príncipe, muy cerca precisamente de «El Gato Negro», donde se relacionaba con Muñoz Seca, Andrés González Blanco, Diego San José (42), Francisco Villaespesa, José Maria Carretero Novillo («El Caballero Audaz»), Zamacois, Mariano Beníliure, Jacinto Benavente, etc. Ángel Valbuena Prat recuerda que Rubén Darío, «Salvador Rueda y Villaespesa […] frecuentaron las más famosas tertulias de cafés de la Corte. En «El Gato Negro», el centro de la reunión era Jacinto Benavente, bastante afín a la moda modernista. La tertulia de R. Darío se localizaba en la calle del Príncipe (en «El Gato Negro»), en la casa de Pidoux. Admiradores del maestro, españoles, americanos y franceses, recitaban poemas suyos […]» (43). ¿Estaría entre ellos nuestro poeta? No seria descartable, puesto que, además de las amistades y lugares comunes que frecuentaba, por referencias —muchos documentos de la biblioteca de Sotomayor han desaparecido—, sé que mantuvo correspondencia con el poeta nicaragüense. Por otro lado, solía acudir Sotomayor a la redacción del periódico El Sol, cuyo director era Miguel Moya, amigo del poeta y a quien dedica el drama La Seca. Ha sido especialmente dificultosa establecer la verdadera relación de Sotomayor con Francisco Villaespesa, puesto que los testimonios orales recogidos —del hijo de nuestro vate y de otros familiares y amigos— caen en contradicciones profundas. Sin embargo, y si nos remitimos a su obra, la primera vez que aparece Villaespesa es en el poema «¡Oh mi patria chica!», dedicado al poeta de Laujar. Este poema, con muchas variaciones, fue publicado —sin dedicatoria— en El Imparcial de Levante, el 19 de Septiembre de 1914, y, después, integrado en Rudezas. A este libro de poemas puso fin, a manera de epílogo, el mismo Villaespesa con un poema dedicado a Sotomayor. A través de estos versos nos podemos dar cuenta de que la amistad entre ellos no fue tan superficial como algunos piensan, y que ésta debió comenzar bastante antes de 1921, fecha de la publicación de Rudezas: «Como todos los libros leíste, y en todos los frutos de la vida hundiste tus dientes voraces, hasta las encías; y mares y tierras audaz recorriste; y en tus correrías todo lo ganaste, todo lo perdiste; y gozaste y amaste y sufriste; y en divinas humanas orgías, en copas de barro bebiste alegrías, y en copas de oro dolores bebiste; por eso supiste de angustias, de dudas y melancolías; y eres un poeta soñador y triste que aun los madrigales trueca en elegías [ A Villaespesa le dedica bastantes poemas; participa en el homenaje que, en 1931, le rinde su pueblo, Laujar; recita un poema, «Salutación» (de Campanario), en el homenaje que el Ayuntamiento de Almería tributó a Villaespesa, en Agosto de 1931, a su regreso de América; en 1935, recita dos poemas («Por eso soy moro» y «Eternidad», de Campanario) en el Teatro Cervantes de Almería en homenaje a Villaespesa por el estreno de su poema escénico Rosas todo el año. «Porque el vate inmortal Villaespesa ha dejado en mi espíritu impresa de su Alcázar de Perlas sonoro la visión de su triste elegía. Porque mora fue siempre Almería… ¡por eso soy moro!» (44). En Abril de 1936, Sotomayor compone «La muerte del poeta», en memoria de Villaespesa: «Ya del genio hizo su presa la parca con mano fuerte. ¡Ya se apagó la pavesa del numen de Villaespesa por el soplo de la muerte!» Como dije anteriormente, Sotomayor se vio envuelto, durante el período de la Guerra Civil, en una serie de incidentes que hoy en día no aparecen del todo claros. Las opiniones de coetáneos suyos varían enormemente, según estuvieran eti la guerra en un bando o en otro. El poeta fue, para unos, un fascista, o, cuan do menos, un aliado de la derecha más reaccionaria; para otros, un «rojo», que fue capaz incluso de componer versos a los anarquistas. Pero estas opiniones encontradas son normales, porque, ¿cuántos españoles no recibieron esos mismos calificativos? Sea como fuere, y con la perspectiva histórica que nos dan los años, hay algo muy cierto y significativo: el relativo reconocimiento de la obra literaria de Sotomayor, sus idas y venidas por la provincia de Almería y por todo el país, se acabaron el estallar la contienda, y no se reanudaron posteriormente. Don Pepe Soto no volvió a ver representada su obra teatral, ni dio más recitales poéticos. La Guerra Civil lo sepultó en el anonimato más absoluto, y de éste apenas está saliendo en los últimos años: sólo unos pocos, en Cuevas del Almanzora, aún lo recuerdan. ¿Qué actitud tuvo Sotomayor ante la guerra? Realmente, debió aceptar, como tantos españoles, el triunfo de los que se alzaron en armas contra la República, pero —y este dato debe tenerse muy en cuenta— él no dedicó un solo poema a la Guerra Civil, ni, a través de los que escribió durante y después de ella, se puede desprender el más mínimo apoyo a unos y rechazo a otros. Entre Marzo de 1937 y Julio de 1946 hay ochenta poemas fechados, de los cuales treinta y cinco corresponden a su libro Místicas —de tema «religioso»—, veintiséis pertenecen a Isabel —recordando a su esposa muerta—, dieciséis tienen como tema el campo y los agricultores (Los caballeros del campo), y los tres restantes están dedicados a diferentes pueblos (Campanario). Es decir, nuestro autor quedó al margen de los sangrientos sucesos, y optó por encerrarse en sí mismo, en un exilio interior del que ya no salió: «Tampoco debiera extrañar, en principio, que, entre los montones de ruinas, los poetas corrieran a refugiarse en lo religioso. Pero gran parte de esas composiciones son poesía sacra más bien que poesía religiosa, y las que merecen tal calificativo se resuelven, casi siempre, en puro desahogo vació de contenido» (45). Cuando estalla la guerra, Sotomayor se encuentra en Garrucha, donde siempre pasaba los meses de verano. Desde Garrucha se trasladaba, por las mañanas, a Cuevas del Almanzora para atender sus negocios —las tierras y las minas—. En uno de estos viajes, fue detenido por primera vez, aunque sólo durante unos días. A principios de 1937, algunos miembros de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) intentaron darle «el paseíllo», pero la intervención de otro anarquista (46) consiguió librar a nuestro poeta de una muerte segura. A mediados del mismo año, llegó a Cuevas del Almanzora el denominado «Batallón Floreal», compuesto por militantes de C.N.T., quienes obligan a Sotomayor a componer unos versos laudatorios para el citado batallón, versos que no se conservan en su totalidad. Por testimonios orales sabemos los cuatro primeros, aunque, como todo poema conservado de forma oral, tiene muchas variantes, según quien los recite: «Ha llegado a nuestros lares el Batallón Floreal todos debemos tratarle como un batallón leal». Sotomayor volvió a ser detenido y encarcelado, junto con su hijo, ese mismo año. Primero estuvieron en el castillo de Cuevas, unos quince días, y más tarde fueron trasladados a Almería, donde quedaron presos en el buque «Ingenio», acusados de fascistas. Hacia Junio —o Septiembre, según las versiones— fueron liberados por el Gobernador de Almería, quien se extrañó del encarcelamiento (47). Por este clima de inseguridad, Sotomayor marcha, poco después de su liberación, a Rambla Aljibe, un anejo de Lubrín; con él van su hijo y su nuera, Ana. El poeta se hace cargo de la escuela del lugar, aprovechando una disposición de la República mediante la cual, cualquier persona que poseyera el título de Bachillerato, podía ejercer la enseñanza. Isabel se quedó en Cuevas para que nadie pudiera apropiarse de la casa de la calle de la Rambla. De este tiempo es su «Canto a Lubrín»: «Tales virtudes encierra la prole sana y bravía y afanosa de tu sierra que en el amor a tu tierra se me ha olvidado la mía. Que ya al fin de mi jornada tras larga vida azarosa me diste pan y posada y estreché la mano honrada de tu gente generosa. Y al brindarte este plañir como sencillo cantor de mi lírico sentir, no me importara al morir en tu suelo descansar» (48). En 1938, Isabel, enferma, se une a su marido en el «refugio» de Rambla Aljibe, pero, al agravarse la enfermedad, deciden volver a Cuevas del Almanzora, donde moriría el 20 de Diciembre de 1938. ¡Grande tuvo que ser el dolor del poeta! Promete entonces una campana a la iglesia, cuando terminara la guerra (49), y publicar un libro de poemas dedicado a Isabel (50). Esta última promesa no la pudo cumplir hasta 1944, fecha en que aparece Isabel: «Eso será este libro: instantes y momentos que al tropel de mis lágrimas en la memoria apiño traducidos en rimas que daré a todos vientos para ejemplo en la tierra de lo que es un cariño». («A manera de prólogo. Isabel», en Isabel) Isabel está dividida en tres reveladoras partes: «Del dolor del alma», «Del dolor de la vida», y «Del dolor de la muerte». De todos ellos participó el poeta del Almanzora. Sotomayor, pues, experimentó, en estos últimos años de su existencia, una soledad absoluta: solo, sin demasiados amigos, envejecido, más por las experiencias dramáticas que rodearon la guerra que por la edad misma. En esta desesperada situación llega a implorar, en unos versos, la ayuda de Dios: acude en mi adversidad con un rayo de tu luz… ¡Tú, que sabes de verdad lo que es una soledad llorando al pie de una cruz!». («Soledad», de Místicas) Decide entonces volver a casarse, y lo hará con Maria Josefa Muía Sangermán (Cuevas, 24-4-1901 – Almería, Enero de 1982), que había ingresado, en Mayo de 1936, en una orden religiosa, razón por la que suele llamarle, en los numerosos poemas que le dedica, «la monjita de mi cabecera». Contraen matrimonio en Cuevas del Almanzora el 10 de Abril de 1940: él tiene sesenta años, y ella treinta y nueve. El 17 de Abril de ese mismo año, «fueron velados y recibieron las bendiciones nupciales, según las ceremonias del Ritual Romano» en la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, de Zaragoza, por el Licenciado don Valentín Gómez. Sotomayor reconoce que su «monjita», «dejó su vida de consagración al más puro misticismo, para ser ayuda y sostén de la mía, ya en el declive de mis últimos años. A esta mi segunda esposa quiero expresar mi gratitud a la asiduidad con que me asiste en todas las materiales impertinencias, de una dolencia larga y a su cristiano amor a su hogar». Si tuvo problemas con una parte en la Guerra Civil, cuando ésta acabó los incidentes vinieron del otro bando. Los falangistas más radicales del pueblo le hicieron la vida imposible, acusándole de colaborador de los republicanos —por el poema compuesto al «Batallón Floreal»—. Además, estaba el caso de su hermano Alberto, socialista en un principio, y luego anarquista. Fue condenado a muerte, pero entre el juez de Cuevas, Sotomayor y su hermana Ana Manuela —que marcharon a Burgos para interceder ante Franco—, consiguieron que se le conmutara la pena por treinta años de prisión. Parece ser que la envidia y la «fiebre» nacional-sindicalista de estos primeros meses de la posguerra fueron la causa de su casi forzado «exilio» (51): «¿Dónde está que no la encuentro, dónde la oculta vereda por donde yo pueda andar sin que la gente me vea? ¿Dónde hallaría el albergue con un asiento de piedra que me escondiera a los ojos de las envidias ajenas? ¿Dónde estará esa campana que aguarda muda la fecha de dar tañidos a muerte la tarde que yo me muera?» («Errante», de Isabel) Todos estos acontecimientos infelices que se sucedieron en cadena desde el principio de la Guerra Civil (los arrestos en el bando republicano, la muerte de Isabel, la condena de Alberto, los problemas con los exaltados falangistas…), llegaron a su punto más álgido en 1940, cuando, el 11 de Octubre, marcha a Vera, el lugar de su «exilio». Esta época es muy fecunda desde el punto de vista de la creación: allí escribe Místicas, Isabel, y Los caballeros del campo. El 15 de Octubre de 1940 escribe el «Canto a Vera», donde afirma: «En cuna de desengaños —afán de humanos anhelos— vine en busca de consuelos y de descanso a esta tierra que en sitio sagrado encierra cenizas de mis abuelos». En Vera estará hasta el 25 de Mayo de 1941, fecha en que unos amigos del pueblo del poeta consiguen convencerle para que vuelva a Cuevas del Almanzora. En Vera deja, además de sus escritos, unos meses de paseos por los campos y de tertulias en la plaza del pueblo. El Ayuntamiento le nombra hijo adoptivo el 9 de Mayo de 1941, y decide poner una placa en la casa donde vivió, en la calle Mayor. La placa, por fin, fue colocada en el verano de 1980, con motivo de un homenaje por el centenario de su nacimiento, cuyo texto es el siguiente: «A la caricia acogedora de esta Noble Ciudad, el Poeta Sotomayor escribió la mayor parte de los versos que forman su trilogía poética: Los Caballeros del Campo, Isabel, y Místicas». Sotomayor, enfermo de cáncer de próstata, vive los últimos años obsesionado por su situación personal y política al finalizar la Guerra Civil. Ya el 20 de Mayo de 1947, el poeta intuía que llegaba el final: «Hoy soy ya pálida rosa, sin perfume y deshojada, muerta de tedio en la prosa, porque el verso es una cosa que no sirve para nada. Solo, en mi apartado nido, las horas tristes en calma consumo en completo olvido, enfermo y envejecido por pesadumbres del alma». (Prólogo a Romancero del Almanzora) En el testamento de 1947 ruega a su hijo «que vele porque no se le dé sepultura a mi cadáver mientras no se halle en clara y franca descomposición; que se me entierre en la tumba construida exclusivamente para los dos cuerpos de su madre y el mío; que transcurrido un año de mi enterramiento se macice el interior del mármol corpóreo que forma nuestro sepulcro y que en la losa que le cubre, después de gravar [sic] la fecha de mi fallecimiento, se graven [sic] estos versos: «En esta tumba dejad que confundidos los dos durmamos la eternidad siquiera sea en caridad y por el amor de Dios». En el mismo documento testamentario, Sotomayor también expresa su deseo de «que se me entierre en horas de la madrugada, a la venida del día, para que no vayan tras de mi cadáver los que me zahirieron y mortificaron sin un halago en la vida, por el solo delito de haber sido el poeta que más ha cantado la tierra de su cuna». El 25 de Diciembre de 1947 muere Sotomayor, «a las doce de la mañana […] de Cáncer de la vejiga, según certificación del facultativo Don Emilio Gimeno». En el amanecer del día siguiente, don Andrés Martínez Cano, cura de la iglesia parroquial de la Encarnación, los familiares más allegados y unos pocos amigos, son los testigos presenciales de su entierro. Su última voluntad fue escrupulosamente cumplida. NOTAS (1) J. MARTíNEZ ALVAREZ DE SOTOMAYOR: Obras Completas. Cuevas del Almanzora, Librería Mary Reyes, 1973. (2) Vid. J. MONLEON: «Mariana Pineda, el amor y la libertad», en Tiempo de Historia, núm. 23, Madrid (Julio 1977), Pp. 58-67. (3) F. GARCíA LORCA le llama «D. Pedro Sotomayor». Vid. Mariana Pine da. Buenos Aires, Losada, 1974 (79 ed.), p. 7. (4) J. MONLEON: art. cit., pp. 65 y ss. José Monleón, en concreto, cita a Antonina Rodrigo, quien se pregunta si no fue, en vez de don Fernando, Casi miro Brodett el que ocupó el corazón de Mariana, lo que tendría «algo de corrección histórica». (5) VV.AA.: Poeta Sotomayor. Cuevas del Almanzora, Imprenta Martínez, 1981, p. 6. Es muy meritorio el árbol genealógico que han elaborado estos entusiastas investigadores del poeta, a quienes tanto debo. (6) Madrid, Biblioteca Moral. Tipografía de M. Franco, 1908. (7) «[…] compra acciones en las minas del Jaroso con la parte que le corresponde de sus padres. Esto nos viene confirmado por los datos que podemos observar en la partida de nacimiento de su primer hijo [Fernando, el General]: «Se bautizó en la pila nueva de mármol y con la concha de plata de las minas del Jaroso y fábricas «Carmen» y «Esperanza» que se estrenan en este acto» (Partida de nacimiento, libro 47, p. 145 y., del Archivo Parroquial de Cuevas del Almanzora». VV.AA.: Poeta Sotomayor, ed. cit., PP. 6-7. (8) En el periódico de Cuevas del Almanzora, El Minero de Almagrera, num. 470, correspondiente al 10 de Noviembre de 1883, aparece Manuel Martínez Soler como propietario de la fundición «Carmen», situada en Villaricos, un anejo costero de Cuevas del Almanzora. (9) Los autores de Poeta Sotomayor, ed. cit., p. 3, afirman que, en el censo de 1910, contaba Cuevas del Almanzora con un total de 26.130 habitantes. (10) P. MADOZ: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, La Ilustración. Est. Tipográfico-literario Universal, 1847, vol. VII, p. 270. (11) Vid. Catálogo de prensa almeriense (1823-1 939). Almería, Excma. Diputación Provincial, 1982, Pp. 278-279. En esta publicación se recogen, además de los periódicos citados, otros de menor difusión: El Progreso, El Próspero, La Voz del Pueblo, El Clamor de la Justicia. Sobre El Almanzora se dice que «colabora José Martínez Alvarez de Sotomayor». Desgraciadamente, la mayoría de la prensa de Cuevas del Almanzora se ha perdido, y sólo se conservan números sueltos. (12) El Censor (EC) dedica dos números casi completos a este poeta. Vid. EC, núm. 134. Cuevas, 14 de Mayo de 1935; y EC, núm. 136. Cuevas, 1 de Junio de 1935. (13) Sobre Siret y sus trabajos arqueológicos en esta zona pueden verse las páginas que le dedica G. BRENAN en su clásica obra Al sur de Granada. Madrid, Siglo XXI, 1981 (69 ed.), Pp. 268 y ss. (14) «En la ciudad de Cuevas, provincia y obispado de Almería, a dos de octubre de mil ochocientos ochenta, yo don José Joaquín Guevara Flores, coadjutor de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación, bauticé solemnemente a un niño, a quien puse por nombre José María Adolfo de Jesús que nació el veintiocho de Septiembre […]». Partida de Bautismo, libro 77, folio 111. (15) «Don Diego Fernández Fernández, Pbro., Secretario del Tribunal de Ingreso para la segunda enseñanza de este Colegio, Certifico: Que Don José Martínez Alvarez de Sotomayor [..j¡ ha sufrido el examen de las materias que comprende la primera enseñanza elemental completa, habiendo obtenido la calificación de Sobresaliente». Certificado en papel timbrado, 119 clase, año 1890, n? 1.103.557. (16) En el curso académico 1890-1891, obtiene, en Latín y Castellano, la calificación de Sobresaliente; en Geografía, Bueno; En el curso 1891-1892, ob tiene, en Latín, Bueno, y en Historia de España, Aprobado. En el curso 1892-1893, obtiene, en Retórica y Poética, Bueno; en Aritmética y Algebra, Bueno; y en Francés, Sobresaliente. En el curso 1893-1894, logra, en Historia Universal, Bueno; en Psicología, Lógica y Etica, Sobresaliente; y en Geometría y Trigonometría, Sobresaliente. Por fin, en el curso 1894-1895, ob tiene la calificación de Sobresaliente en las materias de Elementos de Química, Elementos de Física, Historia Natural, Orga y Fisiología humanas, y Agronomía e Industria. Estos años estudia Sotomayor en Cuevas, y va a examinarse a Almería. Vid. Expediente Personal del Alumno, expedido por la Secretaría del Instituto de 2~ Enseñanza de Almería, núm. 16; ms cripción del Grado, núm. 78, p. 1. (17) «En 29 de Junio de 1895, repitió en este Instituto el examen de ingreso y obtuvo la nota de Aprobado. En 29 y 30 de Junio de 1895, verificó en este Instituto los ejercicios del Grado de Bachiller y obtuvo la calificación de Aprobado en el primero y Sobresaliente en el segundo». Vid. Expediente Personal del Alumno, inscripción del Grado, núm. 78, p. 2. (18) Es probable que su afición por este tipo de vestidos a la usanza árabe provenga de su tío Juan Alvarez de Sotomayor Doménech, de quien era el traje con el que aparece en el aludido retrato. No obstante, esta maurofilia no es exclusiva de Sotomayor, sino que, como veremos, desde el siglo XIX, y, sobre todo con el movimiento romántico, se viene desarrollando esta tendencia, que se continúa hasta principios del siglo actual. Entre los escritores que usaron, en algún momento, el atuendo árabe, se puede citar al malagueño Arturo Reyes. Vid. C. CUEVAS GARCíA: Un enfoque humano del andalucismo literario. Arturo Reyes. Su vida y su obra. Málaga, Caja de Ahorros Provincial de Málaga – C.S.l.C., 1974, vol. 1. (19) Por ejemplo, la citada publicación inserta la noticia siguiente: «Se encuentra fuertemente acatarrado S.M.I. el Califa de Calguerín, al que deseamos rendidamente su pronto y radical restablecimiento. Se suplica a sus súbditos pidan a Alhá por la augusta salud de su poderoso señor» (El Imparcial de Levante, núm. 2. Cuevas, 25 de Octubre de 1913, p. 4). (20) El Imparcial de Levante (EIL), núm. 95. Cuevas, 7 de Agosto de 1915, p. 2. (21) EIL, núm. 50. Cuevas, 26 de Septiembre de 1914, p. 3. (22) EIL, núm. 61. Cuevas, 12 de Diciembre de 1914, p. 3. (23) «Ha sido nombrado Cónsul general del Kalifato en la República Francesa el distinguido ingeniero don Félix Gilly». EIL, núm. 82. Cuevas, 8 de Mayo de 1915, p. 3. (24) EIL, núm. 39. Cuevas, 11 de Junio de 1914, p. 3. (25) Otras versiones aseguran que era presentado por una prima suya, con quien paseaba por la Castellana en un coche de caballos. (26) EIL, núm. 85. Cuevas, 29 de Mayo de 1915, p. 1. (27) EIL, núm. 48. Cuevas, 12 de Septiembre de 1914, p. 3. El poema está firmado por Aben-Ozmín el Jaráx, y no está incluido en ninguno de los libros publicados por nuestro autor. (28) Según certifica don Juan Escribano y Panadero, Sotomayor otorgó dos testamentos: el primero, en La Roda (Albacete), ante don Diego Soldevilla, el 11 de Septiembre de 1928; el segundo, en Cuevas del Almanzora, el 29 de Julio de 1940, y ante don Alfonso García, el 11 de Febrero de 1947 (al que hacemos referencia). El certificado lo expide la Dirección General de los Registros y del Notariado el 17 de Enero de 1948, letra M, núm. 405. (29) Compuso «Salud», de Campanario, en homenaje a los diputados radicales elegidos por Almería en las elecciones de 1934, y el «Himno», también de Campanario, a petición del Partido Nacional Republicano de Almería. (30) El Defensor de Cuevas, núm. 7. Cuevas, 27 de Julio de 1912. (31) EC, núm. 121. Cuevas, 30 de Octubre de 1934. (32) Un himno a la patrona de Almería, la Virgen del Mar. (33) G. BRENAN: Op. cit., p. 267. El subrayado es mio. (34) El destino de su biblioteca particular es hoy incierto. Según el testamento, debía pasar a poder de su hijo Pedro, pero éste niega poseerla. (35) Estos datos, aunque se refieren a finales del siglo XIX, pueden extenderse, sin temor a error grave, al primer tercio de nuestro siglo. (36) «Invitado por el Ateneo y por el Gobernador Civil de Cáceres, Sr. Tuñón de Lara, para dar un recital de sus poesías en el Teatro Principal, a beneficio de los obreros parados en Extremadura, se encuentra en dicha capital nuestro paisano, el aplaudido dramaturgo D. José M. Alvarez de Sotoma yor: le deseamos muchos éxitos, que como en todas partes merecidamente no dudamos ha de obtener, prometiéndonos transcribir para conocimiento de nuestros lectores, lo que en la prensa de la capital extremeña diga al ocu parse de tan inspirado poeta». EC, núm. 34. Cuevas, 1 de Junio de 1931, p. 3. (37) Recogido en EC, núm. 46. Cuevas, 1 de Octubre de 1931, p. 3. (38) «Dulcenombre Valverde Hita, Secretario Acctal. del Ayuntamiento de Laujar de Andarax. Certifico: que en la sesión celebrada por el Pleno de este Ayuntamiento el día siete de Septiembre de mil novecientos treinta y uno, se adoptó entre otros, el siguiente acuerdo: […] declara HIJO ADOPTIVO de esta villa […] al insigne Poeta natural de Cuevas del Almanzora D. José Martínez Alvarez de Sotomayor y para perpetuar este homenaje, se trans criben íntegramente en este acta la poesía objeto de este acuerdo, expedién dose certificado de este particular para remitírselo al Sr. Alvarez de Soto mayor, para satisfacción de todos Ii.]». Sigue el texto del poema. Certificado «de orden y con el visto bueno del Sr. Alcalde en Laujar de Andarax a veintiuno de Marzo de mil novecientos ochenta y tres». (2) (39) «La Corporación con gran entusiasmo hizo suyas las manifestaciones del Sr. Presidente, y por unanimidad, acordó nombrar Hijo Adoptivo de este pueblo al señor Alvarez de Sotomayor, cantor insuperable de la Región». Libro de Actas del Ayuntamiento de Pulpí, 9 de Marzo de 1924, Pp. 16-17. (40) Telegrama del alcalde de Adra a Sotomayor, reproducido en EC, núm. 119. Cuevas, 22 de Septiembre de 1934. (3) (41) «Este Consejo Local de mi presidencia, en su sesión de 30 de Septiembre anterior, acordó por unanimidad se denomine del «Poeta Sotomayor» el Grupo de las Escuelas Graduadas de niñas de esta Ciudad, como testimonio del aprecio que hacen de los méritos que en Ud. concurren, con los que honra a este pueblo en que nació». Comunicación del Alcalde de Cuevas del Almanzora a Sotomayor, fechado el 30 de Octubre de 1932. (4) (42) Autor del prólogo a Alma campesina, en donde recuerda su encuentro con Sotomayor en Madrid. Fue autor de novelas cortas sobre el Madrid castizo del final del Antiguo Régimen. Vid. J.C. MAINER: La edad de plata (1902-193 1). Ensayo de interpretación de un proceso cultural. Barcelona, Los Libros de la Frontera, 1975, p. 140. (5) (43) A. VALBUENA PRAT: «Modernismo y Generación del 98 en la literatura española», en Historia General de las Literaturas Hispánicas. [G. Díaz Pía- ja, edil Barcelona, Vergara, 1967, vol. VI, p. 191. (44) «Por eso soy moro», de Campanario, fue publicado, con bastantes varia ciones, en EIL, núm. 88. Cuevas, 19 de Junio de 1915, p. 3. (45) V. GARCíA DE LA CONCHA: La poesía española de posguerra. Madrid, Prensa Española, 1973 (2~ ed.), Pp. 119-120. (46) Miguel «Carretero» o Miguel «Conejo», que de las dos formas era conocido. Los autores de Poeta Sotomayor cuentan cómo este convenció a sus compañeros de la bondad de Sotomayor: «Tenía Sotomayor una parcela de naranjas en medio del pago de Calguerín y Miguel «Conejo» otra al lado. Cuando sus hijos hacen fuego para quemar unos rastrojos se propaga a la parcela de naranjos del poeta, que dando todos carbonizados. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, llegó a la casa de Sotomayor y llorando arrodillado dijo: «Yo soy la carne y Ud. el cuchillo, puede hacer lo que quiera de mi». Le contestó que no se preocupara, que lo único que le pedía era que le trajese de Vera los naranjos y que ya los pagaría él. Al escuchar esta historia, los miembros de la CNT volvieron al pueblo para presentarle disculpas». VV.AA.: Poeta Sotomayor, ed. cit., p. 21. (47) Hay quien opina que fue la intervención de cenetistas de Barcelona — originarios de Cuevas—, llegados a Almería con ese único fin, quienes los liberaron, pero esto ha sido desmentido por el hijo del poeta. (48) Fechado el 18 de Octubre de 1938, este poema aparece en Isabel, dentro de la segunda parte del libro, «Del dolor de la vida». Este poema iba a ser publicado en una segunda edición de Campanario. Posiblemente, el poeta, al no poder hacer esa nueva edición, decidió incluir este «Canto a Lubrín» en Isabel, ya que éste poema respondía perfectamente al tono melancólico y a una experiencia vital de singular importancia. (49) La campana, que se encuentra actualmente en la iglesia del Hospital de Cuevas del Almanzora, fue comprada en 1939, y tiene grabados el nombre de Isabel y los siguientes versos: «Plegarias al viento sean los ecos de esta campana en memoria de su nombre y en provecho de su alma». (50) Véase «Las dos promesas», de Isabel. (51) Los incidentes contra la persona de Sotomayor llegaron hasta el extremo de arrojar el retrato del poeta por el balcón del Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora. http://pensamientoandaluz.org/index.php/otros-autores/239-jose-martinez-alvarez-de-sotomayor-pepe-soto.html  



  • 21 de julio de 1970: Asesinato de tres obreros granadinos de la construcción
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    19/07/2018
    El 21 de julio de 1970 fueron asesinados en Granada por la Policía fascista: Antonio Huertas Remigio, de Maracena, peón de albañil; Cristóbal Ibáñez Encinas, marmolista de Granada; y Manuel Sánchez Mesa, de Armilla, en la manifestación de la huelga de la construcción celebrada ese día en defensa de un convenio digno. Quizá el acontecimiento más tristemente famoso relacionado con el movimiento obrero granadino fue la huelga de la construcción de 1970. Su origen se encuentra en las reivindicaciones que el sector de la construcción realizó para el anteproyecto del convenio colectivo que debía debatir la Comisión Deliberadora provincial de la construcción. En ella estaban representados los principales dirigentes de las CCOO, Pepe Cid de la Rosa, Pedro Girón, Juan Verdejo y Luis Afán de Rivera entre otros, así como algunos miembros del apostolado obrero de Granada como Antonio Quitián, José Godoy, Antonio Ganivet o Francisco Javier Prieto. La negativa de la patronal a aceptar las mejoras propuestas por los trabajadores (reducción de los abanicos salariales, ocho horas de trabajo, 300 pesetas diarias para el peón, eliminación de horas extras y destajos, reducción de la eventualidad y despidos); terminó con la adhesión de los aproximadamente cuatro mil albañiles concentrados en asamblea a la propuesta de huelga. La dirección de la misma recayó en las CCOO y algunos militantes de la HOAC, se inició el 21 de julio y fue la primera que se hacía en Granada desde la Guerra Civil.  Rápidamente se extendió a todos los tajos de los barrios periféricos de Granada –Zaidín, Cartuja o la Virgencica–, así como en los pueblos de alrededor. Como es bien sabido, concluyó de manera trágica. La carga policial provocó la muerte de tres obreros frente al entonces edificio del sindicato vertical: el marmolista Cristóbal Ibáñez Encinas y los peones de albañil Manuel Sánchez Mesa, y Antonio Huertas Remigio. La prensa del movimiento lanzó un ataque inmediato contra el clero granadino, acusándolo de haber provocado la huelga. El 28 de julio, el arzobispo de Granada, Benavent Escuin, publicó una carta pastoral en la que condenaba la brutalidad de la policía y defendía a los sacerdotes obreros que habían sido atacados por los diarios franquistas. Tras el encierro en la Catedral, el conflicto duró hasta el 29 de julio. Unos días más tarde, se firmó el convenio colectivo con algunas concesiones de la patronal (el salario del peón se fijó en 175 pesetas, el del oficial de primera en 195 pesetas y se consiguió una jornada laboral de 48 horas semanales), consituyento uno de los mejores convenios colectivos de España, superando a los establecidos en Madrid o en Sevilla. (En la foto superior adjunta, monumento levantado en la ciudad en honor y recuerdo de los tres obreros asesinados) (Fuente: Mapa de la Memoria Histórica de Granada)    En memoria de los tres obreros asesinados en la huelga de la construcción del 70 Extremadamente difícil, para los que no vivieron aquella época, o no guardan testimonios de primera mano, comprender la magnitud de aquella gesta. Franquismo puro y duro. En Granada, mandaban las familias más conservadoras de España, metidas de lleno en el régimen o amparadas por él. Muchas de ellas, enriquecidas por el boom de la construcción que desarrolló la capital invadiendo la Vega, con grandes moles y barrios. Mientras los obreros eran tratados como esclavos, con contratos verbales, por un jornal que apenas llegaba a las 15 pesetas a la hora, a destajo, sin protección social. Sin nada. En una estrategia genial del PC que lideraba Francisco Portillo, CCOO, que había sido creado en la clandestinidad, se infiltró en el sindicato vertical, dominado por el Movimiento.  Ya había un margen de maniobra legal para negociar en la llamada Comisión Deliberadora de la Construcción. A pesar de que los obreros habían bajado sus pretensiones, nada. La patronal más dura del Estado, no aceptó. Salieron los compañeros a las 8 de la mañana de la reunión de la antigua sede sindical en la que hoy es la Avenida de la Constitución. 21 de julio de 1970. Una gran concentración de compañeros aguardaba -unos 4.000-. Habían decidido ir a la huelga y convocar la primera manifestación en Granada desde la República. En la sede sindical, se decide volver al tajo, pero no. No. “Rendirnos, nunca”. Y se movilizaron recorriendo tajos para anunciar el paro en las obras. Tensión máxima. La Policía carga. Lo que luego siguió, ya se sabe. La más brutal de las violencias. Algunos obreros paran un camión de bovedillas para usarlas contra los policías. Se oyen disparos. Caen abatidos los compañeros Antonio Huertas Remigio, de Maracena, peón de albañil; Cristóbal Ibáñez Encinas, marmolista de Granada, y Manuel Sánchez Mesa, de Armilla, peón de albañil, además de numerosos heridos entre trabajadores y policías. Se disuelve la manifestación. Al día siguiente, la huelga continua, los asesinados son enterrados casi en secreto, y los obreros, guiados por la HOAC, logran convencer al vicario de celebrar un funeral en la Catedral por los tres compañeros muertos. El arzobispo de Granada, Benavent Escuin, estaba de viaje, pero a la vuelta les brindará todo su apoyo, visitará a las familias de los muertos, en un hecho sin precedentes en la Iglesia de aquella época y sorprendente en un hombre, hasta entonces, en extremo conservador. Hasta publicará una pastoral en la que condenaba la represión policial y defendía a los curas rojos que apoyaron el movimiento sindical. Al término del acto religioso, como estaba previsto, los obreros –un par de centenares- se refugian en la Catedral de Granada, cercada de policías uniformados y secretas. Dos días más tarde, salen voluntariamente los últimos obreros. Antes, negociaron su salida, la devolución de las ‘motillos’ confiscadas a los trabajadores y depositadas en el patio del Ayuntamiento, y la reanudación de las negociaciones. La trágica manifestación dio la vuelta al mundo, mientras la prensa local y nacional solo se nutría de los comunicados oficiales del Gobierno Civil u ocultaba lo sucedido, siempre culpando a los obreros. Pero las organizaciones sindicales y los movimientos clandestinos hicieron circular octavillas contando lo que ocurrió. En Granada se instaura una represión que crea escuela en el resto de provincias. Pero al tiempo, todo aquello, trajo sus frutos. Lograron firmar un convenio que, entonces, fue el más avanzado de la época, con derechos que sirvieron de partida para los que ahora disfrutamos:  el salario del peón se fijó en 175 pesetas, el del oficial de primera en 195 pesetas y se consiguió una jornada laboral de 48 horas semanales; descanso para el bocadillo… La huelga de la construcción pasa de esta forma a la historia de la lucha sindical en este país. No hubo culpables por el asesinato de los tres obreros. La sentencia dictada en 1971, ni determina, ni aclara". (Fuente: El Independiente de Granada / Autor: Juan Ferreras)



  • 11 de enero de 1933: La matanza de Casas Viejas
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    09/01/2018
      matanza Casas Viejas, hoy Benalup-Casas Viejas,  pedanía de la localidad gaditana de Medina Sidonia, con una población de unos 2.000 habitantes, era en los años 30 un núcleo rural empobrecido, como tantos otros en nuestro país, por la falta de aprovechamiento agrícola de unas tierras en manos de latifundistas rentistas. La mayoría de su población era clase obrera jornalera sumida en la miseria y el hambre. La CNT era el sindicato mayoritario en Casas Viejas, como en la práctica totalidad de localidades jornaleras andaluzas, y sus afiliados, junto a un núcleo faista existente en la población, se estaban preparando desde hacía semanas para apoyar un levantamiento revolucionario que se iba a producir en todo el Estado Español, según les habían informado sus dirigentes. Una huelga general revolucionaria de carácter insurreccional que los anarquistas tenían previsto llevar a cabo en enero de 1933 para acabar con la “república burguesa” y establecer el “comunismo libertario”. Desde el 1 de enero se irán produciendo movimientos revolucionarios en distintos lugares. En grandes ciudades: Barcelona, Madrid, Zaragoza, Murcia, Oviedo, Valencia, Sevilla, etc. El día 8, los anarcosindicalistas intentarán asaltar los cuarteles de Carabanchel, de la Montaña y María Cristina en Madrid, siendo repelidos. En Barcelona intentan asaltar el cuartel de las Atarazanas, falleciendo un guardia de asalto y produciéndose  varios heridos entre los anarquistas, siendo finalmente igualmente rechazados. En algunas poblaciones más pequeñas si lograrán triunfar pero sólo mantendrán el control de las mismas unas pocas horas. Ante el evidente fracaso general de la insurrección, esta sería desconvocada por la dirección confederal, algo de lo que aquellos jornaleros de Casas Viejas, debido a su aislamiento y el lamentable estado de las comunicaciones, no tuvieron noticias a tiempo. En la madrugada del 10 al 11 de enero, los trabajadores de Casas Viejas cortaron las comunicaciones telefónicas y telegráficas, cavaban zanjas en la carretera de acceso y barricadas a la entrada de la población. Después asaltaron el Ayuntamiento, destituyendo a Juan Bascuñana, alcalde pedáneo, militante de la derecha republicana del Partido Radical, proclamando el comunismo libertario, la abolición de la propiedad privada y la socialización de los bienes. Izaron la bandera rojinegra en el Consistorio e incautaron productos de primera necesidad para hacer frente al hambre de la población, dando a los tenderos a cambio un vale que les sería canjeado por el valor de lo confiscado una vez triunfase la revolución. Armados con unas pocas viejas escopetas de caza y algunas pistolas obsoletas, se dirigieron posteriormente al cuartel de la Guardia Civil, acompañados del alcalde, para que éste mediase en la rendición de los agentes, que los insurrectos exigían. Los intentos de negociación fracasaron y se produjo un tiroteo en el que fueron heridos mortalmente el sargento al mando del puesto y uno de los guardias. Sin embargo, los asaltantes no consiguieron tomar el cuartel. Alertadas las autoridades provinciales éstas ordenaron el envío de refuerzos para “restablecer el orden republicano”. A primera hora de la tarde del 11 de enero el sargento Anarte al mando de un grupo de guardias de asalto llega a Casas Viejas. Sus hombres se despliegan rápidamente por todo el pueblo y disparan indiscriminadamente contra vecinos desarmados, matando a un hombre que se había asomado a la ventana para ver lo que ocurría e hiriendo gravemente a otros dos.  Ante el cambio de la situación y la imposibilidad de defensa, muchos  jornaleros deciden deponer las armas, y junto a gran parte de la población, especialmente mujeres y niños, huyen del pueblo hacia la cerca serranía. Poco tiempo después llegó un segundo contingente formado por más de un centenar de guardias de asalto y guardias civiles al mando del  Capitán Rojas.  A su llegada, este oficial asume el mando y ordena registros en las casas de los supuestos cabecillas de la revuelta. Los agentes detienen entonces a Manuel Quijada, un anciano de 74 años al que acusaban de ser uno de los anarquistas que habían participado en el asalto al cuartelillo de la Guardia Civil, junto a Encarnación Barberán, su mujer, a los que golpean salvajemente dejándolos malheridos. Mientras tanto, en la parte alta de la población la familia de Curro Cruz, conocido como “Seisdedos”, un viejo carbonero, militante cenetista, pero que debido a su avanzada edad, 72 años, no había participado activamente en los sucesos, se atrinchera en su modesta vivienda, una pequeña choza, dispuestos a resistir. En ella se habían refugiado además dos de sus hijos, Perico y Paco, destacados miembros de la CNT en Casas Viejas, su nuera Josefa Franco con sus dos hijos, los niños Francisco y Manuel, su yerno Jerónimo Silva, su nieta María Silva, y Manuela Lago, una amiga de ésta última. Se intentó tomar la choza por asalto pero los habitantes se atrincheraron y, con escopetas, dispararon a los guardias de asalto, produciéndose un muerto y un herido. El capitán Rojas mandó disparar con ametralladora sobre la choza y lanzar bolas de algodón empapadas en gasolina e incendiadas sobre el techo de la misma, que era de paja, por lo que ardió con extrema facilidad y rapidez. Seis personas quedaron completamente calcinadas, sobreviviendo sólo María Silva Cruz, nieta de “Seisdedos”, que logró huir. Al amanecer del día 12, se realizó una redada represiva por todo el pueblo, a modo de escarmiento. Doce hombres detenidos como sospechosos fueron trasladados hasta los restos humeantes de la choza y, allí mismo, los asesinaron fusilándolos, incluido otro anciano septuagenario, Antonio Barberán Castellán. El resultado final de la masacre efectuada por las “fuerzas del orden” fue de 23 personas asesinadas: diecinueve hombres, dos mujeres y un niño. Rojas lo justificó en el juicio como acción para defender a España de la anarquía su actuación. El Gobierno de “izquierdas” de la coalición republicano-socialista quiso ocultar lo ocurrido. Su presidente, Manuel Azaña, llegó a afirmar que “solo había ocurrido lo que tenía que ocurrir”. Sin embargo, las denuncias en la prensa anarcosindicalista y después de los periodistas, terminaron por sacar a la luz el crimen. “En Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir. Se produce un alzamiento en Casas Viejas, con el emblema que han llevado al cerebro de la clase trabajadora española de los pueblos sin instrucción y sin trabajo, con el emblema del comunismo libertario, y se levantan unas docenas de hombres enarbolando esa bandera del comunismo libertario, y se hacen fuertes, y agreden a la Guardia Civil, y causan víctimas a la Guardia Civil. ¿Qué iba a hacer el Gobierno?”. Manuel Azaña. Discurso pronunciado en el Congreso con motivo de lo acontecido en Casas Viejas. La implicación y culpabilidad de Rojas era evidente. Lo que no quedaba tan claro era si fue una decisión personal suya o el cumplimiento de órdenes previamente recibidas. El capitán Rojas acusó a Arturo Menéndez,  Director General de Seguridad, de darle la orden de “sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas”. Por otro lado, tanto Rojas como otro capitán que participó en la represión, Bartolomé Barba, dijeron durante el juicio al que se les sometió que recibieron orden directa de Manuel Azaña: “ni heridos, ni prisioneros. Tiros a la barriga”, afirmaron que llegó a serles ordenado por éste. El gobierno republicano de “izquierdas” nunca lograría recuperarse del desprestigio que les conllevó la matanza, al extremo de que los socialistas lo abandonarían poco después. La misma imagen de Azaña y de la izquierda republicana quedó dañada por la brutalidad de la represión contra los campesinos.  También quedo en entredicho el propio régimen republicano porque se demostró la brutalidad con la que sus fuerzas de orden público reprimieron una revuelta de campesinos, comparable a la ejercida contra el movimiento obrero en época monárquica. El crimen de Casas Viejas y el fracaso insurreccional igualmente repercutió en el anarcosindicalismo porque a partir de ese momento muchos criticaron y se replantearon la estrategia de huelga general insurreccional establecida en la CNT por los faistas en su seno. Por otra parte, lo oficiales que llevaron a cabo la matanza formarían parte de los golpistas que se sublevarían el 18 de julio de 1936. El capitán Rojas, que fue condenado por estos sucesos, salió de prisión y se unió a los sublevados, participando activamente en la represión en Granada. Bartolomé Barba, que ya había tenido cargos durante la dictadura de Primo de Rivera, fue uno de los organizadores de la UME (Unión Militar Española), la organización que agrupaba a los militares escorados más a la derecha y que estuvo tras el golpe, se unió igualmente la sublevación, siendo el encargado de dirigir la represión en Zaragoza.



  • 8 de enero de 1892: La insurrección jornalera que ocupó Jerez
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    06/01/2018
    anarquistasjerez1 La Restauración Borbónica de 1874 había consolidado el poder de las antiguas clases dirigentes y de sus bases económicas: la gran propiedad. Esta circunstancia era muy clara en el Jerez de 1892, pues aquella ciudad -con más de 60.000 habitantes- estaba antagónicamente dividida, grosso modo, entre dos realidades: la de los grandes propietarios aristocráticos y la de los jornaleros desposeídos. La riqueza de la ciudad de Jerez era de sobra conocida. Como prueba de ello, cabe decir que era la tercera población española a la hora de contribuir en el erario público del Estado, una riqueza que, sin embargo, no se reflejaba en una mejora de las condiciones de vida de los jornaleros de la zona, motivo por el cual no debe extrañarnos que el hambre siempre acechara a estos grupos y que, al final, esta situación estallara en una rebelión campesina. A comienzos de ese año, el 8 de enero, se celebraba un banquete en homenaje al duque de Almodóvar en Jerez, diputado liberal de la zona, pero esa misma noche centenares de jornaleros se concentraron en los llanos de Caulina, a 4 km al norte de la ciudad. Procedían de puntos de toda la provincia: emplazamientos entre los que cabe citar a Jerez, Arcos, Grazalema, Puerto de Santa María, Sanlúcar, Puerto Real, Bornos, Espera, Trebujena, Lebrija, Benaocaz, Algar, Ubrique o Puerto Serrano. Entre las 11 y las 11 y media este grupo se abalanzó sobre la ciudad con el objetivo de tomarla. Su plan consistía concretamente en ocupar el ayuntamiento y los cuarteles -contando con que parte de la guarnición se uniría- para luego entrar en la cárcel y liberar a los presos. Entraron por el paseo de Capuchinos y, al llegar a la Alameda Cristina se les unió otros grupos. El grueso de ellos fue hacia el ayuntamiento y los cuarteles, donde serían rechazados, por lo que el desaliento comenzó a cundir, ya que la tropa no se había unido a los asaltantes. Deciden ir a la cárcel, pero allí también son recibidos con disparos. Sin una dirección ni una idea clara sobre lo que había que hacer, estaban desorientados debido a que nada de lo previsto había salido bien y bajo estas circunstancias cunde el caos en la ciudad. En la calle Porvera un grupo de insurrectos encuentra a José Soto Morán, un joven de 22 años empleado en una casa de vinos, al que toman por un enemigo y, por ello, lo asesinan. La otra víctima sería Manuel de Castro Palomino, un joven oligarca que se encontraba fumando un puro en la calle Lancería y que termina siendo asesinado con doce heridas distintas en su cuerpo. Las crónicas de la época no dieron especial atención a las muertes entre los asaltantes pero hubo al menos uno, un tal Montenegro, de 32 años y muchos heridos entre los asaltantes. Los periódicos dan cifras muy dispares, en base a su ideología, de la cantidad de insurrectos que hubo. Los hay que dicen que hubo trescientos y los que señalan los varios miles. Finalmente se da un mínimo de seiscientos y la hipótesis de Villagran será que hubo entre mil quinientos y dos mil asaltantes aquella noche del 8 de enero. Las masas serían dueñas de la ciudad durante hora y media, tiempo durante el cual, la guardia municipal estuvo refugiada en el ayuntamiento, así como la Guardia Civil y el ejército en sus cuarteles. Sólo desde las 12 y media, la caballería apareció para dispersar y detener a los grupos desorientados que recorrían las calles.Los líderes anarquistas, posteriormente, dirían que aquel golpe, fracasado, no sería definitivo sino una mera demostración de fuerza. Esperaban de hecho, que la guarnición se les uniera pues un soldado lebrijano les afirmó que 50 compañeros del cuartel de caballería y un cabo estaban dispuestos a facilitar su entrada, pero el problema vino con que su servicio era el día siete de enero y no el ocho, momento del ataque. Por otro lado, cabría preguntarnos: ¿por cuánto tiempo hubieran podido mantener el control de la ciudad si hubieran prevalecido? Esperaban que la revolución se contagiara pero para ello, probablemente, hubiera hecho falta contar con una estructura organizativa que, en el fondo, no poseían. Esto, igualmente, muestra que Jerez era un gran foco de anarquismo y que el levantamiento de 1892 no es más que una explosión violenta ante el descontento y la frustración debidos a unas paupérrimas condiciones de vida. El resultado fue el siguiente: tres muertos, varios heridos y decenas de detenidos. Estos aumentarían en los días sucesivos hasta llegar a dos Consejos de Guerra. La represión no tuvo precedentes. Unos Consejos de Guerra plagados de irregularidades que recuerdan a los procesos de La Mano Negra, en los que además de buscar a los causantes de las muertes y de la insurrección, se planteaba un juicio de tinte marcadamente político. Algunos importantes dirigentes, hayan o no participado en los delitos, serán acusados y la ciudad vivirá bajo un auténtico estado de sitio debido a la inestabilidad generada tras el asalto.  Sin embargo, estas medidas no logran controlar la situación, pues en los días sucesivos arderá un cortijo perteneciente al coronel Primo de Rivera, hermano del general del mismo nombre, y habrá saqueos en Puerto Serrano, por lo que seguirán dándose detenciones a lo largo del tiempo. Por otra parte, estos sucesos se hicieron eco más allá de las fronteras españolas, pues en París, el día 13, se celebró un mitin anarquista en solidaridad con las víctimas de Jerez y con la asistencia de quinientos obreros. Hubo también manifestaciones en ciudades como Milán, Messina, Roma, Nueva York, etc. Tampoco podemos olvidar que este suceso llenó portadas de periódicos de todo el mundo.  Sin embargo y, debido a su gran interés, hemos visto conveniente compartir lo dicho por un diario local, El Guadalete, en un artículo titulado “Sedición anarquista”: “La verdadera causa de este tristísimo acontecimiento se ignora hasta el presente, según creemos; porque aunque la fiebre anarquista parece que es el origen de esta brutal explosión, que nadie esperaba, es racional presumir que algún motivo especial y algún impulso secreto, comunicado por los elementos extraños a la localidad, han determinado el crimen odioso que el pueblo contempla lleno de consternación. Lo que sí juzgamos cierto es que lo que ha sucedido no tendrá trascendencia, y lo pensamos así porque aquí las ideas anarquistas no predominan en la inmensa mayoría de las clases obreras: solo en una parte de los trabajadores de campo es donde, según opinión general, hacen sus estragos; y a estar casi circunscritas a ellas, debe atribuirse que se ignorase, hasta la última hora, el absurdo y horrible plan que concibieran los autores del motín. El proyecto fue acariciado con predilección entre los que la mayor parte del tiempo residen en la campiña, seres cuya falta de ilustración explica, en parte, sus abominables delirios”. Los señalados como cabecillas fueron juzgados en un consejo de guerra que condenó a muerte a cuatro de ellos. Fueron ejecutados mediante garrote vil el 10 de febrero (foto adjunta). Desde entonces serán conocidos entre los libertarios como los mártires de Jerez. Durante estos juicios el caso de Fermín Salvochea suele tomarse como un ejemplo de la represión política y de las irregularidades cometidas tras los sucesos, ya que este fue una figura popular entre los anarquistas de la zona que -aunque en el momento de los sucesos estuviera en la cárcel- acabaría siendo alcalde de Cádiz. El acusado declarará en los periódicos de la época que no estaba nada conforme con los tribunales burgueses y escribirá artículos tales como “El comunismo es igualdad” en el tiempo que transcurre todo el proceso del que quedará un oscuro recuerdo. Así lo retrata Gerard Brey: “Las cuatro ejecuciones a garrote vil de principios de febrero de 1892 impresionaron a la opinión pública y rodearon de un fuerte dramatismo el recuerdo que se fue transmitiendo”.  Entre los condenados a prisión se encontraría el propio Fermín Salvochea, con doce años de prisión. Aunque la miseria continuara azotando la región de forma estrepitosa, este suceso quedará marcado en la conciencia colectiva llegando incluso a ser el tema de célebres obras literarias como “La Bodega” (1905), de Vicente Blasco Ibánez. Esta contribuirá de manera notable a construir una representación romántica del hito y de los “mártires” y las circunstancias que lo rodearon. (Fuente: La Voz del Sur / Autores Emilio Ciprés y Sebastián Chilla)



  • 4 de febrero de 1888: La matanza de Riotinto
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    02/02/2017
    Para la  Zalamea minera hay una fecha que marca un antes y un después en el conflictivo tema de las teleras, esta es el 4 de Febrero de 1888, día en que se pro­duce un hecho lamentable con el sacrificio de vidas humanas, que va a generar un estado de conciencia a nivel nacional de estas calcinaciones al aire libre del mineral. Este jueves, 4 de febrero, recordamos a aquellos hombres y mujeres que defen­dieron el derecho a la vida propia y a la de su entorno natural. Una etapa de nuestra Historia más cercana que aunque superada  no conviene olvidar. Sucesos acaecidos en Riotinto, y que pasa­ron a la historia como uno de los grandes hitos del obrerismo español y la primera huelga ecologista en la historia de nuestro país. En pleno siglo XIX, el sistema de explotación de las minas pro­vocó el nacimiento de lo que hoy se calificaría como un movi­miento ecologista: la Liga Antihumista, un grupo activo (agro-ganadero) que clamaba contra las consecuencias que la minería estaba trayendo a esta  comarca. Esta conciencia ambiental nació en los habitantes de estas comarcas mineras en defensa de la salud de ellos mismos y de sus campos. Los gases de la actividad minera provocaban una niebla densa  “la manta” y una asfixia general, ese día no se podía trabajar  y perdían parte del salario. Las calcinaciones de mineral al aire libre trajeron también las primeras lluvias acidas en la historia de España. El resultado era palpable en nuestros campos y aún hoy hay secuelas de ello: cosechas arruinadas y suelos improducti­vos, sin olvidar la corta desmesurada de árboles para provocar la combustión del mineral. Mucho se ha escrito sobre esta tragedia en la que muchos zalameños sufrieron  la carga a tiro limpio y bayoneta en mano del ejército de Pavía contra la multitud que protestaba en forma festiva  contra la quema de mineral al aire libre que producía gases tóxicos sulfurosos. El balance, docenas de fallecidos y desaparecidos. El año de los humos en Zalamea: Un problema ecológico, social y económico “La explotación a gran escala de las minas de Riotinto por parte de la Río Tinto Company Limited, a partir de 1873, requirió la inversión de grandes capitales en infraestructura y en tecnología. Se implantó el sistema de explotación a cielo abierto y se construyó, en sólo tres años, una compleja red ferroviaria que unía estas minas con el puerto de Huelva. No se escatimaron medios económicos ni técnicos en el diseño de esta explotación, empleándose a ingentes masas de obreros venidos de muchos rincones de la Península. Se pre­cisaba una explotación masiva e intensiva para hacer renta­ble el elevado capital invertido procedente de Inglaterra. Con este deseo de obtener el máximo beneficio del mineral, se aumentaron en número y en tamaño las conocidas «te­leras». «Las pilas llamadas teleras medían aproximadamente 11 por 6,5 m. de base y casi un metro de altura, contenien­do cada una de ellas 4,000 quintales de mineral. Una telera necesitaba 1.000 arrobas de ramajes y 125 arrobas de raí­ces para encenderse. Una vez comenzada la tostazón,  se mantenía hasta consumirse todo el combustible, lo que sucedía cinco o seis meses después. Las altas temperaturas alcanzadas durante ese proceso, y el contacto con el oxígeno del aire, producían el electo de quemar la mayor parte del azufre contenido en el mineral,  se elevaban nubes de apestosos humos blanquecinos de dióxido de azufre, extin­guiendo los árboles y la vegetación o, cuando no había vien­to, manteniéndolas suspendidas a nivel del suelo, ahogan­do sin distinción tanto a las personas como a los animales.» (David Avery, 1981). Con anterioridad, este sistema de calcinación al aire libre, también llamado de vía seca, era el empleado para la obtención del beneficio del mineral desde unas décadas antes, cuando el Estado arrendó las minas al Marqués de Remisa (1829-49). Debido a las negativas consecuencias para la salud de las personas por las emisiones de gases y lluvias acidas, la deforestación y el empobrecimiento del medio natural, se constituyó en uno de los factores desen­cadenantes de la tragedia de 1888 La Compañía inglesa, que había comprado las minas al Estado, calcinaba 907 toneladas de piritas dianas, lo que suponía lanzar a la atmósfera 272 tm. de azufre en forma de anhídrido sulfuroso (Pérez, J. M., 1994). Estos humos, en determinadas condiciones de humedad ambiental, originaban una densa nube, conocida como la “manta», que dificultaba la respiración e, incluso, impedía la visión, haciendo a veces imposible desarrollar trabajo alguno, por lo que obligaba a otros trabajadores del campo a perder jornales. Durante los meses de invierno, con frecuencia, esta nube se desplazaba desde el Cerro Colorado hacia Zalamea la Real, provocando importantes daños en la agricultura y en el bosque. Pero el problema, según coinciden algunos autores, va más allá de una cuestión de salud pública o medioambien­tal. Confluyen intereses enfrentados de índole política y económica e insatisfacciones sociales y laborales, especial­mente de los mineros. En el fondo, subyace el enfrentamiento de la sociedad rural tradicional, encabezada por un par de familias terratenientes de Zalamea, y una sociedad obrera, más moderna y de carácter industrial, liderada por la Compañía (Sánchez Díaz, F, J,, 1988). Por otra parte, la situación socio-laboral en el medio mine­ro se tornaba complicada y a menudo desembocaba en ten­siones y enfrentamientos en forma de huelgas y plantones contra una Compañía que solía contestar con despidos y sanciones. El clima de protestas aumentaba con las duras condiciones de trabajo, el hacinamiento de la mayoría de las familias mineras, la inadaptación a los nuevos trabajos y a los ritmos impuestos por la actividad minera y la continuada prepotencia de la Compañía, única empleadora de la zona. Estas condiciones generan un caldo de cultivo prerrevolucionario, que aprovecha Maximiliano Tornet, reconocido líder anarco-sindical procedente de Cuba, quien tomará las riendas del movimiento obrero en la zona y encabezará fre­cuentes movilizaciones y reivindicaciones a la empresa. Mientras, en el núcleo de Zalamea, donde la actividad agropecuaria seguía teniendo un mayor peso, la situación social estaba dominada por un puñado de terratenientes hostiles a los cambios socioeconómicos procedentes de la mina. Veían peligrar su poder y sus intereses, y espoleados por los continuos daños ocasionados en sus propiedades, a pesar de ser indemnizados por la Compañía, comienzan a movilizar al pueblo y a sus trabajadores, formando una Liga Antihumos. Sin quererlo, pronto encontraron un aliado cir­cunstancial en los mineros organizados por Tornet, coinci­diendo ambas corrientes reivindicatorias en un punto: los humos. De esta manera, el 2 de febrero de 1888 comienzan las movilizaciones de los obreros en la mina, declarándose la huelga. A la misma vez, Lorenzo Serrano, junto a su yerno, ambos caciques locales, convocan una manifestación el día 3 en Zalamea, que echa a la calle a unas 1.000 personas en­tre jornaleros y labradores, vitoreando el eslogan «¡Abajo los humos! ¡Viva la agricultura!» (Sánchez Díaz, F. J., 1988, 601). Los líderes mineros y agrarios habían convenido previa­mente unir al día siguiente ambas manifestaciones en el pue­blo de Riotinto, congregando en la misma a más de 14.000 manifestantes venidos de todos sitios. «(…) Las dos columnas de manifestantes, una precedida por Tornet a caballo, la otra por Lorenzo y Ordóñez sobre los suyos, ca­da uno de ellos encabezados por una banda de instrumentos de viento (…) mientras las bandas iniciaban la música las columnas se unían (…) debió ser un espectáculo impresionante, y mientras avan­zaba la columna de unos 4.000 hombres, miles de huelguistas junto con sus familias, corrían saludándose y vitoreándose.» (David Avery, 1981). La gran manifestación terminó ante las puertas del Ayun­tamiento donde se reunieron sus líderes con el alcalde y otras autoridades de Riotinto, y les hicieron llegar sus reivindica­ciones, entre las que destacaba que este Ayuntamiento prohibiese las teleras. El Gobernador en persona, acompañado de una com­pañía de soldados del regimiento Pavía, impidió al Cabildo tomar un acuerdo y, tras varias advertencias amenazantes, mandó abrir fuego contra una desconcertada multitud que se batía en alocada huida, provocando una masacre sin precedentes. Las cifras oficiales establecieron en 48 los muertos y en más de 70 los heridos, aunque presumiblemente debieron de ser muchos más los heridos que huyeron por temor a represalias. La tradición popular habla de entre 100 y 200 muertos en aquel sábado negro del 4 de febrero. De esta tragedia se hizo eco la prensa nacional, siendo también objeto de debate en el propio Gobierno de la nación. Pero, una vez más, ganaron los intereses de la empresa minera: las teleras y la calcinación del mineral al aire libre continuaron funcionando hasta dos décadas después, gracias a que un nuevo procedimiento técnico de beneficio del mine­ral las suplantó. Hoy la tradición oral zalameña y minera recuerda aque­llos años y queda erigido un busto y una plaza en honor a don Juan Talero, abogado y defensor de los pueblos de la comarca en los enfrentamientos contra la todopoderosa compañía minera.” (Fuente: Huelva Ya / Autor: Pedro Flores Millán)



  • 23 de enero de 1977: Asesinato del estudiante granadino Arturo Ruiz en Madrid
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    25/01/2017
    Tal día como hoy era asesinado en 1977 el estudiante granadino Arturo Ruiz mientras participaba en una manifestación a favor de la Amnistía en Madrid. Al día siguiente, pistoleros de extrema derecha entraron en un bufete de la calle Atocha en Madrid y cometieron la histórica matanza de abogados laboralistas. El atentado se produjo cuando Arturo Ruiz participaba en una manifestación a favor de la Amnistía. Un grupo de ultraderechista armados con pistolas irrumpió en la manifestación que transcurría por la calle Estrella de Madrid, disparando uno de ellos a Arturo Ruiz y causándole la muerte. Una llamada telefónica al diario Informaciones reivindicó el asesinato a la organización Triple A, Alianza Apostólica Anticomunista de reciente aparición entre las organizaciones terroristas de extrema derecha de españa. Arturo Ruiz García, victima del terrorismo de la extrema derecha, estudiaba el Bachillerato Unificado Polivalente, tenía diecinueve años de edad y vivía con sus padres en el barrio madrileño de Peñagrande. También trabajaba esporádicamente en la construcción, concretamente en unas obras de la plaza de Roma, y estaba afiliado al sindicato de Comisiones Obreras de la construcción.



  • 29 de octubre de 1883: Aprobación de la Constitución Andaluza
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    29/10/2016
    A lo largo de los días 27, 28 y 29 de octubre de 1883, los federales andaluces logran reunirse en Antequera. Eran los mismos federalistas que habían encabezado la revolución soberanista y popular andaluza cantonalista, o sus herederos y continuadores. Tras diez años de persecución, exilio, cárcel y clandestinidad, la consolidación del de la restauración y la llegada al poder de los liberales, la “izquierda” de aquel régimen, hizo que éste pasara de prohibirlos a tolerarlos, lo que posibilito la celebración de dicha asamblea. Como consecuencia, aquellos que habían protagonizado la revolución social de julio de 1873, hermana de la de la Comuna de París, los que habían constituido los cantones libres e izado en sus ayuntamientos la bandera roja, los que proclamaron el 21 de Julio en Despeñaperros la independencia del Estado de Andalucía, así como su soberanía administrativa y económica, se dispusieron a sintetizar y dar forma a sus ideales a través de la redacción de un proyecto de Constitución Federal para Andalucía, que sería aprobado el último día de la asamblea, el 29 de octubre. En realidad, la que es conocida como Constitución de Antequera, por ser éste el lugar donde fue debatida y redactada, está conformada por tres constituciones complementarias e interrelacionadas: la Constitución del Municipio Andaluz, la Constitución del Cantón Andaluz y la Constitución Federal de Andalucía, por lo que sería más apropiado hablar de conjunto constitucional. Una Constitución, o conjunto constitucional, que décadas después sería bautizada por Blas Infante con la denominación de Constitución Andaluza, ya que en ella vería reflejada todos aquellos principios soberanistas y de democracia popular a los que aspiraba. Tanto el establecimiento de la independencia de Andalucía como el autogobierno y la autonomía real y absoluta del pueblo andaluz. De ahí que en el Manifiesto de la Nacionalidad, redactado por él, los andalucistas proclamaran que la razón de ser de su movimiento y la meta del mismo era hacer realidad los principios contenidos en la misma. Algo en lo que tanto Infante como los liberalistas andaluces seguirían reafirmándose a lo largo de su existencia: “queremos hacer efectiva la prescripción del artículo primero de la Constitución Andaluza, votada por la Asamblea Federalista de Antequera de 1883, que aspiró a constituir en Andalucía una Democracia Soberana y Autónoma, la cual subvenga exclusivamente a las necesidades desatendidas de este territorio y al progreso particular de sus habitantes” (del Manifiesto de La Nacionaliad de la Asamblea Andalucista de Córdoba de 1919). La Constitución Andaluza proclama protege y desarrolla tanto la libertad individual de cada andaluz, las “autonomías personales” de los mismos, como la libertad colectiva del pueblo andaluz y sus diversas colectividades sociales; la local, la comarcar y la nacional. Y lo hace a todos los niveles: el político, el administrativo, el social y el económico. Proclama la libertad de cada municipio al afirmar que “la primer determinación de la soberanía colectiva es el municipio”. Proclama la libertad de cada comarca al afirmar que cada cantón es “soberano y autónomo. Y proclama la libertad andaluza, la de nuestra tierra y nuestro pueblo al afirmar en su artículo primero que “Andalucía es soberana y autónoma”. Un artículo que proclama igualmente la constitución de una República andaluza “se organiza en una democracia republicana representativa”, así como la independencia nacional y popular y el derecho a la libre, completa e incondicional posesión y ejercicio de su soberanía, al afirmar que la República Andaluza “no recibe su poder de ninguna autoridad exterior”. En la actualidad, la izquierda independentista andaluza, como continuadora del proyecto liberador  de Blas Infante y el andalucismo histórico, ha asumido y enarbola igualmente los principios de la Constitución Andaluza como basamento jurídico y organizativo sobre los que edificar la Andalucía Libre y una República Andaluza de Trabajadores al servicio de nuestro pueblo y sus clases trabajadoras. La Otra Andalucía



  • 2 de septiembre de 1835: Constitución de la Junta Suprema de Andalucía
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    02/09/2016
    A lo largo del mes de agosto de 1835 se producen levantamientos liberales en la Península, con especial incidencia en Andalucía, contra el gobierno conservador semi-absolutista de Isabel II, encabezado por el Conde de Toreno. El 23 de agosto se producen la insurrección en Málaga y Cádiz, siendo seguida en los días siguientes por el resto de las provincias andaluzas. Todas ella se declara en rebeldía con respecto a l gobierno estatal y fundan sus respectivas juntas autónomas. El 2 de septiembre, representantes de las diversas juntas provinciales constituirán una junta central, la Junta Suprema de Andalucía, en la ciudad de Andújar, como gobierno soberano de la Federación de Andalucía, y realizarán un llamamiento a la conformación de un ejército miliciano andaluz, que en sólo dos semanas reúne a más de treinta mil voluntarios. Este ejército marchará hacia Madrid para derrocar al gobierno conservador y restaurar los principios de la Constitución de 1812. El gobierno manda a las tropas para acabar con el ejército andaluz pero, al encontrarse en tierras manchegas, los soldados españoles, abandonarán a sus mandos, desertaran y se pasarán a las milicias liberales andaluzas. Este triunfo conllevará la caída del gobierno de Toreno y que la Reina se verá a obligada a pactar con los sectores más avanzados de la burguesía, formando nuevo gobierno encabezado por el liberal Mendizabal (foto adjunta), aceptando la conformación de una nueva monarquía de carácter constitucionalista y representativa, con la instauración de las libertades básicas, Tras todos estos acontecimientos, pese a la oposición de los sectores más progresistas y radicalizados, partidarios de mantenerlos, y con ellos la soberanía popular,  tanto el ejército andaluz como las Juntas Suprema y provinciales se disolverán por decisión de los liberales más moderados, que eran los que habían pactado con la monarquía isabelina. Manifiesto de la Junta Soberana de Andújar tras su constitución “Andaluces La Junta Central, compuesta de los respectivos representantes de las directivas de gobierno que forman la Federación de Andalucía, acaba de instalarse en esta ciudad (Andújar). Al dirigir por primera vez su voz no puede ocultar la grata emoción que siente, viviendo la indisoluble unidad que ofrece el pueblo andaluz, tan resuelto y decidido como obediente y leal. El voto de los habitantes de la Bética entera es el mismo, y su valor igual a su constancia. Firme en su propósito no vacilará un momento la Junta Central, hasta que el éxito corone sus esfuerzos. Adhesión pura, inalterable a nuestra inocente reina Isabel II y a su augusta madre como Regenta del Reino: Cortes constituyentes que formen y establezcan un Código fundamental que fije los derechos y deberes del Pueblo Español, y los del trono constitucional; y no deponer las armas hasta consolidarlo y exterminar al príncipe rebelde que con mengua del noble orgullo y valor castellano pretende sumirnos en la degradación y el oprobio; he aquí el objeto de los conatos de vuestros representantes. Andaluces Marchemos todos denodadamente por el camino que nos traza la dignidad y rectitud de nuestros principios, y nuestra proverbial fidelidad. El trono Constitucional y el Pueblo Ibero son una misma cosa y están tan íntimamente entrelazados que no puede existir uno sin otro. La misión de esta Junta Central no tiene otro objeto que el de afianzar sobre bases indestructibles su seguridad y su esplendor. Para lograrlo todo, cuenta con vuestra cooperación y esfuerzos: de ellos se aprovechará según las circunstancias lo exijan, dirigiendo vuestra acción irresistible al punto y que sea más digno de vuestro loable pronunciamiento, de vuestros ardientes votos y de vuestra lealtad. Esforzados hijos del Betis, unión y confianza: constantes en este principio y noble conducta, ensayemos desde luego himnos patrióticos en honor y gloria del trono Constitucional y al Pueblo Hispano, pues la victoria es cierta”. La Otra Andalucía



  • 18 de agosto de 1487: La primera caída y matanza de Málaga
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    17/08/2016
    El 18 de agosto de 1487, tras meses de resistencia encarnizada y heroica por parte de sus habitantes al sitio al que los tenían sometidos las huestes castellano-aragonesas, Málaga se rinde a los invasores. El asedio a la ciudad había durado alrededor de cuatro meses, durante los cuales los malagueños no sólo resistieron exitosamente cada envestida del  invasor, sino que realizaron varias salidas, a modo de contraataques, que produjeron innumerables bajas entre los sitiadores, haciendo cundir el desconcierto y el desánimo entre los mismos. Málaga, por tanto, como muchas otras poblaciones andaluzas, y en contraposición a la falsa calificación que a aquellos hechos les otorga la historiografía oficial, nunca fue tomada, sino entregada por sus habitantes, rendidos no por las armas sino mediante el hambre y la sed. Nunca existió una “Toma de Málaga”, como tampoco de Granada, Sevilla, Huelva, etc., más que en la calenturienta imaginación del españolismo. Al día siguiente, el 19 de agosto de 1487, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón harían su entrada triunfal. Tuvieron que retrasarla 24 horas debido a los miles de cadáveres que tapizaban sus calles y al hedor que éstos despedían por el proceso de descomposición, acelerado por el calor veraniego. Una vez retirados entraron como ocupantes. No habían muerto en combate. Fueron asesinados por los ejércitos conquistadores en venganza por la resistencia ofrecida. La frustración de unas tropas que en número cercano a los cien mil soldados profesionales habían sido incapaces de vencer a unos pocos miles de milicianos y voluntarios inexpertos les hizo caer con saña sobre una población famélica y ya desalmada. La Matanza fue premeditada. Ordenada por los “reyes católicos” como escarmiento por haberse opuesto a ellos con las armas en la mano y como mensaje a los andaluces de las poblaciones aún libres de lo que les esperaría en el caso de que pretendieran resistirse a sus conquista, como habían hecho  lo los malagueños. Miles de ellos fueron asesinados, hombres, mujeres y niños. Alrededor de 15.000 supervivientes fueron encerrados en el primer campo de concentración de la historia, el improvisado en el Corral de la Alcazaba malagueña, y posteriormente vendidos como esclavos. Málaga no sólo simboliza el genocidio sufrido por nuestro pueblo durante la conquista, así como la gloriosa resistencia ofrecida por nuestro pueblo, sino igualmente la mentira de la “repoblación” castellana. Una repoblación de Andalucía que en realidad era llevada a cabo con andaluces procedentes de lugares ya anteriormente pacificados. Para la repoblación de la ciudad ordenada por los reyes castellano-aragoneses tras su sangrienta conquista, estos recurrirían a unas1.520 familias procedentes de los reinos “castellanos”. De ellas 589 acuden del Reino de Sevilla (Sevilla, Cádiz y Huelva), 270 del de Córdoba y 125 del de Jaén.  Sólo unos pocos centenares, 225 del de León y 165 del de Toledo no eran andaluces, y una parte de ellos no se asentaría definitivamente y volverían a sus tierras pasados unos años. La Otra Andalucía



  • 21 de julio de 1873: Proclamación de la independencia andaluza
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    15/07/2016
    Tras un primer intento revolucionario el 30 de junio, en el que los federalistas andaluces realizarían un primer intento de levantamiento, tomando el Ayuntamiento de Sevilla y proclamando la República social, el 18 de julio volverán a realizar un movimiento insurreccionar, esta vez victorioso,  que logrará instaurar en la ciudad como Cantón Federal Libre e Independiente, el 18 de julio de 1873. Mediante dicho acto daría comienzo la revolución cantonalista andaluza. En los días siguientes, tanto las distintas capitales, como Cádiz o Córdoba el 19, Granada o Almería el 20 y Málaga o Huelva el 21, así como muchas otras poblaciones de nuestra tierra, como Bailén,  Andújar, Loja, Motril, Utrera, Écija, Jerez, Sanlúcar de Barrameda, Algeciras, Tarifa, y un largo etcétera que incluía la práctica totalidad de las ciudades y localidades andaluzas de cierta importancia, irán proclamando sus respectivas constituciones en cantones libres e izando en los ayuntamiento la bandera roja de la revolución social. Como ejemplo de la extensión del movimiento cabe señalar la proclamación como cantón de la localidad de Casares, lugar de nacimiento de Blas Infante, y que apenas contabas con unos pocos miles de habitantes. El 21 de Julio de 1873, representantes de los diversos cantones libres andaluces proclaman la restauración de nuestra soberanía popular y nacional. La independencia política y económica del Estado Andaluz. Escogerán para ello un lugar tan simbólico como Despeñaperros, una de las fronteras naturales de nuestro país y lugar  de penetración de los invasores castellanos siglos atrás. De aquellos que nos arrebataron nuestra libertad. En dicho lugar, Los cantonalistas andaluces proclamaran solemnemente: “En Despeñaperros, histórico e inexpugnable baluarte de la libertad, se enarboló ayer, por las fuerzas federales que mandan los que suscriben, la bandera de independencia del Estado Andaluz. Terminemos, pues, nuestra obra. Completemos la regeneración social y política de esta tierra clásica de la libertad y de la independencia. (…) Formemos nuestro ejército federal, constituyamos nuestros Cantones, elijamos nuestra Asamblea (…) No reconozcamos otra autoridad que la de nuestros Cantones. (…) todos tenemos el mismo pensamiento, tengamos todos el mismo corazón. ¡Salvémonos o muramos juntos! ¡Viva la Soberanía administrativa y económica del Estado de Andalucía!”. El Gobierno de la I República Española manda un ejército de varios miles de soldados y abundante artillería, al mando del general Pavía, el mismo que acabaría con la legalidad republicana meses después, para aplastar la revolución. Los cantonalistas apenas contaban con algunas armas ligeras. Como consecuencia del desigual enfrentamiento, Sevilla es tomada al asalto el 28 de julio, después de varios días de encarnizados combates, mientras que en Cádiz lograran entrar triunfantes las tropas represivas el día 4 de agosto, el 12 en Granada y en Málaga a mediados del mes. Para septiembre ya no quedaba ningún cantón andaluz libre. Pero aquella revolución no sería inútil ni caería en el olvido, siendo basamento de futuro. Sus principios inspirarían, diez años después, la elaboración de la Constitución de Antequera, la Consttución Andaluza, cuyos principios,  a su vez, Blas Infante retomaría como pilares del nuevo Estado Libre Andaluz que propugnaba. Aquella “Andalucía soberana constituida en democracia republicana” que constituiría el fin del andalucismo histórico. La Otra Andalucía   Revolución Cantonal Andalucía



  • 20 de julio de 1873: Proclamación del Cantón granadino
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    15/07/2016
    La I República proclamada en febrero de 1873 se mostraba reticente en cumplir, como era coherente con su carácter de república española, con la promesa de establecer un poder político desde los pueblos y ciudades hacia instancias mayores mediante la libre federación de sus integrantes. Las medidas que iba tomando no eran precisamente en ese sentido sino todo lo contrario, buscaban arrinconar a los republicanos "intransigentes" (aquellos que no aceptaban un proceso constituyente centralista, es decir desde las altas instacias políticas hacia el pueblo) estableciendo la destitución de los mandos militares "intransigentes" por ejemplo. A estas alturas ya había acontecido la Comuna de París (1871) y con ella se había establecido la forma revolucionaria de construir poder para el pueblo: partiendo de la insurrección y las soberanía locales hacia formas federadas de poder popular. Los federales cantonalistas de Granada eran de los más organizados; desde primeros de junio de 1873 ya mostraban su inquietud por conseguir cierto grado de autogestión política, ante la falta de respuestas de las Cortes constituyentes de Madrid. El 10 de junio, una disputa entre un oficial del Cuartel de la Merced y un republicano intransigente acabó con la muerte de éste; el hecho había ocurrido en una tasca junto al Arco de Elvira. Un numeroso grupo de compañeros del muerto rodeó el cuartel de carabineros y exigió que se disolviera el cuerpo; se entabló un tiroteo entre ambos bandos cuyo resultado fue de más de veinte muertos entre contendientes y la rendición de los acuartelados. Los republicanos intransigentes, enardecidos y armados, rompieron su paciencia el 20 de julio y decidieron declarar la república o cantón independiente de Granada. En principio, el flamante Estado era de carácter sólo provincial, pero declaraba su simpatía y cordialidad con los nuevos estados vecinos que por aquellos días también se estaban declarando. En Andalucía todas las capitales se declararon repúblicas independientes. Pero las repúblicas independientes también fueron declaradas en varios municipios, caso de Loja y Motril. A imitación de la Comuna de París se crearon Comités de Salud Pública que actuaban como gobiernos con todos los poderes en sus manos (en la actual provincia de Granada también crearon Comités de Salud Pública independientes en los siguientes municipios: Gualchos, Sorvilán, Polopos, Almuñécar, Pulianas, Arenas del Rey, Ogíjares, Santa Fe, Guadahortuna, Benalúa de las Villas, Nívar, Lújar, Dólar, Albuñol, Molvízar, Algarinejo y Güevéjar). Lo primero que hizo el Comité de Salud de Granada fue adueñarse de los poderes civil, militar y económico puestos por Madrid. Fue nombrado un gobierno interino, presidido por Francisco Lumbreras Sáez, dos vicepresidentes, dos secretarios y una docena de correligionarios. Todo ello sin dar un solo tiro ni sin que se produjera muerte alguna. Se incautaron del Boletín Oficial de la Provincia (que editaba la imprenta Viuda de Morell) y comenzaron a legislar. La primera medida fue, lógicamente, declarar independiente a la provincia y nombrar al Comité de Salud como único poder provincial. Al día siguiente fue publicado un extenso bando (4.000 ejemplares repartidos por toda la ciudad) conteniendo las nuevas normas del Cantón Granadino: se adoptaba como bandera la misma de la I República española; la separación iglesia-Estado era una realidad, prohibiéndose todo culto fuera de las iglesias y secularizando los cementerios; se eliminaron todos los impuestos y se liberalizaron estancos y puertos; los sueldos máximo y mínimo se fijaron, respectivamente, en 12.000 y 4.000 reales; se suspendieron las pensiones; se incautaron de todos los fondos del Banco de España; se abolieron privilegios regios; se revisarían todos los títulos de propiedad; todos los empleados públicos de la capital quedaban suspendidos hasta nueva orden, etc. Pero la primera medida financiera fue solicitar un "empréstito forzoso reintegrable de seis millones de reales que se repartirán entre los mayores contribuyentes de esta localidad". Un préstamo que se solicitaba a las clases adineradas para sufragar el naciente cantón granadino. En el aspecto militar, tras apropiarse de todo el material de guerra que había, organizaron fuerzas para perseguir y combatir a los carlistas; aprobaron una partida para comprar armas a otras potencias; y obligaron a todos los ciudadanos entre 18 y 40 años a tomar las armas para defender el cantón. Organizaron batallones armados para ayudar a levantarse, consolidar o defender a cantones vecinos. Enviaron una columna a Loja con la intención de que prosiguiera a Bobadilla y Montilla, pues Córdoba era la única provincia en que el movimiento cantonal estaba fallando, sobre todo porque por allí estaban llegando las tropas del gobierno de Madrid bajo el mando del general Pavía, con la intención de doblegar a todas las repúblicas independientes de Andalucía. Pero el batallón granadino, de casi 1.200 efectivos, regresó pronto a Granada deibdo a que la línea férrea Córdoba-Sevilla había sido interrumpida (la línea Antequera-Granada estaba todavía en obras). Tanto el Comité de Salud Pública como el alcalde de Granada habían decidido incrementar los trabajos de demolición de monumentos antiguos. El fin no era otro que mantener ocupadas a las clases obreras, llenar sus estómagos y acallar otras demandas. Aceleraron el derribo, desescombro y limpieza de edificios que, en su mayoría, ya venían siendo demolidos desde la revolución de 1868. El alcalde envió, el 2 de agosto de 1873, a cientos de braceros para que derribasen la iglesia de la Trinidad, acabasen de desescombrar su convento y abrir la plaza del mismo nombre que existe desde entonces.
    Los cantones andaluces decidieron unir fuerzas para enfrentarse al ejército de Pavía, pero los dos batallones enviados por Granada no llegaron a presentarse para el combate. El fin de la república granadina llegó el 12 de agosto de 1873. Las tropas centralistas del general Pavía llegaron a Loja y Granada tras sofocar los cantones similares de Sevilla y Cádiz. Los militares enviados por el presidente centralista Nicolás Salmerón se presentaron en la explanada del Triunfo rindiéndose las fuerzas cantonales granadinas sin oponer resistencia. El general nombró a un nuevo gobernador civil, Francisco Arias de Reina, que recogió las armas y se empleó con mano dura. El cantón, que no llegó a cumplir el mes de existencia, se desarticuló con el desarme de los voluntarios republicanos y la destitución de los diputados que habían intervenido en este movimiento. Los ricos y las autoridades comenzaron a regresar de nuevo a la ciudad y Granada "pacificada" volvió a someterse al Estado español.



  • 28 de Junio de 1861: Levantamiento campesino de Loja
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    27/06/2016
    El 28 de junio de 1861 estalla en Loja la revolución campesina conocida como la del Pan y el Queso, dirigida por el federalista Rafael Pérez del Álamo. Este levantamiento campesino tenía en sus raíces el incremento de la presión fiscal que estaban imponiendo los gobiernos de la monarquía de Isabel II, así como por el fracaso en las desamortizciones, que incrementa la desigualdad en el reparto de la tierra y condenaba al campesinado a la pobreza. Ante la miseria en que eran mantenidos , el levantamiento de Rafael Pérez del Álamo  en Loja (Granada) obtiene una inmediata respuesta en el campsinado de la zona. El 28 de junio de 1861 estalla la revolución. El levantamiento comenzó al grito de “Viva la República y muera la Reina” y se extendió hasta poblaciones como Íznajar y Archidona. Pérez del Alamo llegó a movilizar a unos 10.000 campesinos así como algunos comerciantes, artesanos y pequeños propietarios que esperaban un estallido general que finalmente no se produjo. La rebelión, meditada secretamente, se precipita por el motín de Mollina (Málaga) el 24 de junio y estalla en estas tierras por los antecedentes antes expresados agravados por la represión que en la zona aplicaba el general Ramón María Narváez, El General Narváez era conocido por el espadón de Loja, tanto por ser originario de la localidad como por sus tendias autoritarias y represiva. Era un n típico cacique de la ´epoca que basaba su poder en aumentos injustificados de la renta de sus fincas, control político en el ayuntamiento, y su intervención en determinadas subastas de Propios para quedarse con las tierras. Según cuenta el propio Pérez del Alamo, en junio de 1861 se pone en marcha la revuelta. El 28 entran en Iznájar, Córdoba, donde sin apenas esfuerzos toman el cuartel de la Guardia Civil y el ayuntamiento, y publican un bando en el que, tras realizar un llamamiento a todo el que sienta amor a la libertad, dejan claro que su misión no es otra que la defensa de la democracia y el respeto a la propiedad, el hogar doméstico y todas las opiniones. El día 29 de Junio entra en Loja, importante pueblo de la provincia de Granada y natal de Pérez del Alamo, en donde el ejército sublevado cuenta ya con unos 10.000 hombres armados y otros tantos sin armar; y la revuelta se extiende a otros pueblos como Archidona, Illora, Huétor y Alhama. La presencia de los sublevados en la ciudad Granadina daría lugar al envío de un fuerte contingente de tropas que al mando del brigadier Serrano del Castillo obligan a los rebeldes a evacuar la ciudad el día 4 de julio para evitar el bombardeo de Loja, dirigiéndose hacia Alhama de Granada donde se avituallan. Viéndose acosados, los revolucionarios andaluces deciden marchar sobre Granada, única forma de conseguir que su rebelión tuviese fuerza para arrastrar a otras ciudades a la revolución, pero cansados y cada vez más mermados son derrotados por el numeroso ejército gubernamental cerca del pueblo de Las Pilas, y apresados o dispersados los supervivientes. La derrota fue seguida de una fuerte represión cuyo alcance resulta difícil de precisar, y aunque entre 400 y 600 personas fueron condenadas a diversas penas, Pérez del Alamo logra huir gracias a amigos y familiares y consigue llegar hasta Madrid. Pérez del Álamo será posteriormente  indultado pero obligado a vivir confinado en Arcos de la Frontera (Cádiz), donde fundó el Centro Obrero y la sociedad Fraternidad Obrera, seguro cooperativo de trabajadores y será uno de los federalistas y cantonalistas andaluces que se decantaría por la ideología marxista y colaboraría en la formación del PSOE. El levantamiento campesino de Loja sería uno de los antecedentes que, años después, desembocarían en la revolución cantonalista andaluza de 1973. En la primera foto Pérez del Álamo en la época del levantamiento. En la segunda en sus últimos años en Arcos. La Otra Andalucía   Pérez 1   Pérez 2



  • 14 de junio de 1884: 7 jornaleros en Jerez asesinados por pertenecer a La Mano Negra
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    05/06/2016
    Hace unos 132 años, una temprana mañana del 14 de junio de 1884, con la postrera brisa que reciben los que se van rumbo hacia el gran tránsito, fueron ejecutados a garrote vil en Jerez de la Frontera siete braceros de la comarca, acusados de haber cometido graves crímenes en nombre de una sociedad secreta anarquista cuyo nombre era La Mano Negra. Una severa campaña de intimidación, terror y represión hacia un colectivo de descamisados y analfabetos que sólo eran espectadores mudos ante la condena de su propia miseria, acabaría ajusticiando a estos sin muchas contemplaciones, después de un juicio plagado de inquietantes pruebas prefabricadas y descaradas manipulaciones. El gobierno monárquico aprovecharía una serie de asesinatos alimentados por el hambre solemne de unos jornaleros habituados a una explotación inmisericorde por parte de una aristocracia de terratenientes, donde una existencia infame era el único horizonte demoledor e ineludible. El fatal destino condenaba en aquel tiempo a una vivencia infrahumana a una ingente mayoría de la clase trabajadora en Andalucía y Extremadura. Este escarmiento a los desheredados de la tierra lo que buscaba era, esencialmente, desarticular el pujante movimiento obrero andaluz. Hacia 1875 un régimen liberal de corte capitalista y burgués se consolidaba bajo el manto protector de la monarquía de Alfonso XII, lejos de cualquier devaneo democrático. Derrotado el carlismo, sólo quedaba embridar al proletariado militante y al movimiento obrero consciente y organizado, el único que podía amenazar la paz social. Era en la Cataluña obrera y en la Andalucía jornalera donde los trabajadores reconstruían sus células de resistencia bajo la influencia del anarquismo, sometido a constante acoso, pero nunca derrotado. Para escarmentar al campesinado andaluz, que andaba un poco alterado, se fraguó una conspiración que chirriaba por su mal tufo y pésima confección, con la participación de instancias gubernativas, policiales, judiciales y los voceros de la prensa que no escatimaron esfuerzos para intoxicar adecuadamente al personal. Para ello, se organizó una supuesta organización subversiva de corte ácrata, llamada la Mano Negra, a la que se responsabilizó de varios delitos. La revuelta del hambre En aquel tiempo, Andalucía se debatía por alcanzar los mínimos estadios de su desarrollo, en tanto que su estructura socio-económica estaba constreñida a una demarcación exclusivamente agraria. Mientras, las dos revoluciones industriales del siglo XIX pasaban de largo como en la película de Berlanga, Bienvenido Mr. Marshall. En aquel desierto de pobreza no se veía ninguna venturosa nube en lontananza. En la década de 1882 a 1892, una serie de conflictos sociales, tales como los sucesos de La Mano Negra, la masacre de Riotinto de 1888 y el asalto de los campesinos a Jerez, no sólo conmocionarían a la opinión pública por la oleada de represión y solidaridad que levantaron, si no que reforzarían el asentamiento y consolidación de los movimientos sindicales obreros con más arraigo, como sería el caso de la CNT y la UGT. Mientras el anarquismo catalán ambicionaba una confederación del trabajo (lo que ocurriría en la segunda década del siglo XX), el anarquismo andaluz se sumerge en el modelo de sociedades secretas entre juramentados que se dedican al atentado personal y al secuestro de terratenientes. El desastroso invierno de 1882, llenaría las calles de las principales poblaciones andaluzas de centenares de familias jornaleras, dedicadas a la mendicidad sin ambages ni alternativas posibles. Los cinco últimos años, el campo había padecido pésimas cosechas y la pertinaz sequía había rematado la ya frágil situación. En general, la ausencia de disturbios era la tónica, pero en los primeros meses de 1882 en la zona de Jerez las cosas se empezaban a poner feas. Entre julio y agosto proliferaron los asaltos a distintos cortijos para robar víveres. Los sacos de harina, huevos, gallinas y otros animales de granja desaparecían por arte de magia, cuando no eran directamente expropiados por la muchedumbre hambrienta. La alarma cundía entre los propietarios y el gobierno de Sagasta comenzaba a inquietarse. La multitud reclamaba pan y trabajo a las puertas de los ayuntamientos mientras la represión iba in crescendo. Los asaltos a las tahonas se hacían habituales y los jornaleros enfurecidos armaron algunos alborotos que la burguesía agraria local y la prensa conservadora se encargarían de amplificar con hechos manipulados convenientemente. Se habían cargado las tintas hasta un punto de no retorno. A la ya implantada presencia de efectivos militares que desde hacía un año venían patrullando la zona de Cádiz, se habían sumado un centenar de guardias civiles que se estaban empleando a fondo con detenciones selectivas unas veces, discrecionales otras. La vida exige más comprensión que conocimiento; lamentablemente a aquel gobierno le faltaban ambos. La situación se les estaba yendo de las manos y en vez de admitir su incompetencia para solucionarlo por las buenas y dar una justa respuesta a las carencias de aquellos desarrapados, decidieron quebrar al movimiento campesino con severos y desproporcionados correctivos. Nada nuevo bajo el sol. La época dorada del anarquismo La primera revolución de izquierdas en España sería La Gloriosa de 1868, que alumbraría una Constitución, la de 1869, que llegaría a albergar en sí misma toda una Ínsula Barataria de elevados propósitos. Esta revolución crearía expectativas entre los colectivos de trabajadores, pero la reacción conservadora en España despeñaría  los sueños de un gran segmento de la población que pensaba que la Utopía se podía obtener a precio de saldo. Sólo los grupos anarquistas sobrevivirían en la clandestinidad dado su perfil de geometría variable y por la reducida composición de sus células que los hacía poco vulnerables a la acción policial. El final del sueño republicano tras la entrada de Pavía en el Congreso provocaría una persecución feroz por parte del nuevo régimen “restaurador” que dirigió todo su empeño destructor hacia los grupúsculos anarquistas que a la postre se radicalizarían. La única salida a la que se impelía a estos colectivos ácratas era pues, la acción directa, que se tornaría en una forma de terrorismo reactivo ante la falta de canales de expresión adecuados. Angiolillo, un anarquista italiano acabaría con la vida de Canovas, que era la cabeza visible de aquel régimen represor. Comenzaba así la “época dorada“ del anarquismo. Alineados con la lógica imperante en una sociedad poco habituada a la reflexión y la autocrítica, la indiferencia ante lo que sustanciaba los hechos que ocurrían en Andalucía, conducía a una conclusión fácil; aquellos descarriados campesinos sólo podían ser una cosa: terroristas. Y así fue, que todo el peso de la ley en manos de serviles togados caería sobre las ya castigadas espaldas de quienes no podían escapar a la sentencia de una cuna con mal pronóstico; la de la pobreza. Algunos crímenes de naturaleza pasional, y otros que tenían carácter de hurtos o robos, fueron el pretexto para una salvaje represión sobre la clase obrera local. Centenares de arrestados fueron encarcelados en Cádiz, Jerez y Sevilla sin garantías procesales dignas de tal nombre. Había que dar un escarmiento ejemplar a aquellos incipientes y balbuceantes movimientos sindicales y se le imputaron a una ubicua sociedad secreta, La Mano Negra, aquellos actos delictivos que no tenían más trasunto político que la filiación de algunos de los detenidos al sindicato anarquista. Destacadas personalidades de la época acusaron a la Guardia Civil de un montaje policial. Al parecer todas las pruebas que acabarían con los “conjurados” sentados en aquel artilugio inventado por la Inquisición se centraban en un manuscrito que jamás se presentaría a las autoridades. El “sensacional” descubrimiento hecho por la Guardia Civil de unos estatutos de la sociedad, bajo el elocuente título de Reglamento de la Sociedad de Pobres contra sus ladrones y verdugos, determinaría la condena a muerte inexorable y sin remisión para estos pobres desgraciados. Siete ejecuciones en el garrote vil En su alegato de veintiún artículos publicados en el periódico madrileño El Día, a partir del 21 de diciembre del año 1882, titulado genéricamente “El Hambre en Andalucía”, el escritor y periodista Leopoldo Alas Clarín hablaba de los contundentes efectos de las palizas y torturas infligidos indiscriminadamente a los campesinos como aviso para navegantes. Más humillantes eran todavía los paseos de las cuerdas de presos por las calles de Jerez, para mayor escarnio de los detenidos y sus familias. Tras apelar al Supremo infructuosamente las ejecuciones se llevarían a cabo el 14 de junio de 1884, con el mismo garrote vil que había acabado con la vida del cura Merino. Verdugos venidos de diferentes puntos del estado liquidarían aquel sueño emancipatorio contra la esclavitud. Finalmente sólo se llevarían a cabo siete ejecuciones, ya que José León Ortega, uno de los encausados, sería eximido del garrote al haberse vuelto loco en la cárcel donde sus guardianes quebrarían su dignidad a base de terribles palizas. Más de quinientos de aquellos jornaleros fueron deportados a las colonias. Mientras tanto, muchas madres ahogarían a sus hijos en las marismas para evitarles un futuro desolador. Las raíces del odio, a veces son profundas e inescrutables. Los trágicos sucesos de la llamada Mano Negra acontecidos en las periferias del año 1883, cuya aparición, finalidad, contexto y proyección siguen siendo hoy en día todavía un enigma, empujaron a aquellos hombres a acciones desesperadas. Algunas de las causas que generaron aquel levantamiento siguen siendo muy actuales. Muchas cosas han cambiado desde aquel escenario, aunque algunos actores siguen siendo los mismos. (Fuente: El Confidencial / Autor: Álvaro Van den Brule)



  • 31 de mayo de 1937: Bombardeo nazi de Almería
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    26/05/2016
    A las 7:29 del 31 de mayo de 1937, la Armada nazi cometió una de sus grandes tropelías en el puerto de Almería, tras un fuerte enfado del mismísimo führer. Abierta ya la mañana, una escuadrilla de rápidos bombarderos republicanos Tupolev, los llamados Katiuska, tripulados por pilotos soviéticos, partió de la base de Los Alcázares, en Murcia, y bombardeó con acertada precisión un gran buque de guerra fondeado en el antepuerto de Ibiza. Los aviadores afirmarían a su vuelta haber atacado a uno de los mayores barcos de guerra franquistas, probablemente al crucero Canarias. Un error de apreciación por parte de la fuerza aérea republicana degeneró en una escalada de represalias por parte alemana, que pudieron llegar a convertirse en una mayor implicación, más allá de los suministros que aportaban regularmente a las fuerzas golpistas. La duda estaba presente en toda su lacerante incertidumbre. Alemania podría entrometerse más a fondo en la Guerra Civil española. El barco en cuestión se trataba de un acorazado de bolsillo alemán, el Deutschland, que incumplía la normativa del Comité de No Intervención de permanecer a un mínimo de diez millas de la costa española. La nave resultaría seriamente averiada por las bombas de cien kilos de estos fiables aviones rusos, y sus expertos pilotos se aplicarían a fondo en el ataque registrándose más de treinta muertos y setenta heridos entre sus tripulantes, casi todos ellos en el momento del ataque, reunidos en el comedor. Hitler estaba colérico por esta ofensa y su primera intención fue bombardear el puerto de Valencia (capital provisional de la república) como represalia, pero los gerifaltes nazis le convencerían para que el ataque fuera sobre un puerto de menor relevancia. Se tomó entonces la decisión de que el crucero de bolsillo Almirante Scheer y cuatro destructores de última generación, el Albatros, Luchs, Seedler y Leopard bombardearan el prácticamente indefenso puerto de Almería. Había un gran trajín de buques de la Kriegsmarine, la marina alemana, en el Mar Mediterráneo en misiones de apoyo de suministros al bando sublevado, por lo que no fue difícil reunir una fuerza naval apropiada para atacar a la ya debilitada república. A los citados buques se les ordenó dirigirse a su objetivo, para lo que se situaron ante Almería poco después del amanecer del 31 de mayo de 1937. Una sesión de horror aplicaría el Gran Lobo Feroz a la indefensa población andaluza. El inmisericorde bombardeo alemán empezó a las 7:29 de ese día, abriendo fuego contra las baterías de costa, el puerto y sus instalaciones y cualquier barco que se encontrase dentro de él o en la bahía. Más de 200 rondas de proyectiles sembraban, con su mensaje de muerte, incendios por doquier. El bombardeo de Almería por la flota alemana se saldó con medio centenar de muertos, 55 heridos y más de cincuenta edificios destruidos. Al contrario de lo sucedido semanas antes en Guernica, con la Legión Cóndor, los buques alemanes en ningún momento ocultaron su nacionalidad, ni pretendieron actuar como apoyo subordinado a los golpistas, sino como fuerza naval independiente del mando de los llamados “nacionales”. Este hecho de armas contra la población civil sería muy contestado en su momento por la vesania aplicada en él. Pero la realidad era otra, Francia e Inglaterra no estaban para sobresaltos y elevarían unas quejas diplomáticas muy descafeinadas. Quiso la “providencia” que la cosa no fuera a mayores. En aquellos duros momentos para la república, tanto el ministro de Defensa como el laureado coronel (y más tarde general), Vicente Rojo, eran partidarios de lanzar un órdago a la grande y pisar el acelerador dando una respuesta contundente a los alemanes. Rojo y sus colaboradores acatarían con disciplina, no exenta de decepción, la decisión del consejo de ministros en el que se perdería una ocasión única para los intereses republicanos. Negrín, Azaña, el PCE y los nacionalistas, votarían en contra de esta huida hacia adelante. Aun a sabiendas de su manifiesta inferioridad pero con una clara inspiración estratégica, buscaban la implicación de Francia e Inglaterra, lo que de haber ocurrido, habría dado un aliento de esperanza a un país en llamas, colocándonos al lado de las democracias más desarrolladas. Lamentablemente no fue así, y una larga y asfixiante noche de cuarenta años nos privó de la necesaria luz para estar entre las naciones más avanzadas. Las autoridades republicanas, ante la avalancha de refugiados procedentes de Málaga (alrededor de 150.000), fugitivos de la miseria y del hambre que pare el mal vientre de la guerra, del constante asedio de la aviación alemana que por aire machacaba a aquellos huérfanos de un Diós ajeno a su sufrimiento, con los barcos italianos y la marina de guerra franquista ametrallándolos sin concesiones y los repetidos bombardeos de la ciudad, por otra parte sin ningún valor estratégico, pero al tiempo muy vulnerable, decidieron construir bajo la dirección del arquitecto Guillermo Langle una larga red de túneles para proteger a la población. Todas las fuerzas políticas, sindicales, civiles y militares, se volcaron en la construcción de los cuatro kilómetros y medio financiados íntegramente por el Banco de Bilbao que adelantó dos millones de pesetas para la compra de materiales y el pago de algunos jornales, cantidad jamás recuperada dada la quiebra permanente del gobierno. Cuatrocientas toneladas de cemento y miles de voluntarios operaron el milagro que a su conclusión podría albergar en condiciones razonables hasta 35.000 personas, aproximadamente la mitad de la población almeriense, si incluimos la población flotante del momento. Almería sería bombardeada indiscriminadamente hasta en 52 ocasiones por no haber secundado la sublevación franquista. La defensas soterradas, hoy restauradas, son un estremecedor recordatorio y una obra casi faraónica, excavada a una profundidad media de 10 metros, con 67 accesos, almacenes y un hospital perfectamente equipado, básicamente, una obra diseñada para espantar el horror. Su muñidor, el arquitecto Langle tomaría la decisión de llevar a cabo esta colosal construcción, tras rescatar de los escombros del primer bombardeo de la ciudad, los restos de una famélica madre embarazada de otra vida truncada, una niña que al parecer se iba a llamar Paz. Toda una ironía. (Fuente: El Confidencial / Autor: Álvaro Van den Brul)   Fotos: del acorazado nazi que bombardeó Almería, del bombardeo y de sus afectos sobre algunos edificios de la ciudad.   el-bombardeo-de-almeria-el-dia-que-los-nazis-se-cebaron-con-los-andaluces   Bombardeo 1 bombardeo 2   bombardeo 4  bombardeo 3



  • 9 de mayo de 1981: El Caso Almería
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    03/05/2016
    El Caso Almería comienza el 10 de mayo de 1981, cuando aparecieron tres cuerpos abrasados dentro de un Ford Fiesta, en un barranco de la carretera de Gérgal, Almería. El informe de la Guardia Civil señalaba que eran "tres etarras, que habían intentado huir, responsables del atentado contra el General Valenzuela", que había sucedido un par de días antes. Incluso les ponían apellidos: eran "Mazusta, Bereciartúa, y Goyenechea Fradúa". Día y medio después, tres familias, dos en Santander y una en Pechina (Almería) eran requeridas para asistir a Almería. Eran las familias de un salmantino, Luis Montero García; un santanderino, Luis Cobo Mier, y un emigrante, Juan Mañas Morales de aquella misma Almería, donde los tres iban a ser asesinados, y posteriormente quemados para borrar huellas, por fuerzas de la Guardia Civil, al mando del teniente coronel Carlos Castillo Quero. Los hechos El "Caso Almería" tiene un preludio el 7 de mayo de 1981, en Madrid. ETA atenta ese día contra el jefe del Cuarto Militar del Rey, General Joaquín Valenzuela -hiriéndolo de gravedad-, y mata a a sus tres acompañantes. Tres días más tarde los jóvenes Juan Mañas Morales (24 años) trabajador de FEVE, Luis Montero García (33) trabajador de FYESA y miembro del PCE y Luis Manuel Cobo Mier (29) trabajador de ACERIASA se dirigían desde Santander hasta Pechina (Almería) para ir a la comunión del hermano del primero. Una avería en su vehículo, obliga a los jóvenes a parar en Puertollano (Ciudad Real), donde alquilaron un Ford Fiesta. Un vecino de la localidad manchega, tras ver las fotos en televisión de los miembros de ETA; Mazusta, Bereciartúa y Goyenechea Fradúa, confunde a los chicos con los miembros de la banda. Tras la llamada de este ciudadano a la Guardia Civil, ésta montó la caza y captura del presunto comando. Al frente del grupo se situó el Teniente Coronel Carlos Castillo Quero. La tarde del sábado 9 de mayo de 1981. El Ford Fiesta aparca en la avenida principal de Roquetas de Mar. Juan Mañas, natural de la localidad almeriense de Pechina, acompaña a sus amigos y compañeros de trabajo en la RENFE de Santander Luis Cobo y Luis Montero, ambos invitados a acudir a la primera comunión de su hermano Francisco Javier. Antes Mañas quería enseñarles Almería. Los tres jóvenes desconocían que el día anterior de que ellos iniciaran el viaje el teniente general Valenzuela había sufrido un atentado de ETA. Mañas, Montero y Cobo fueron detenidos a las 21:05 sin oponer resistencia en una tienda de la localidad, mientras hacían unas compras. Al día siguiente, los cadáveres de los tres aparecieron dentro del Ford Fiesta, calcinados y agujereados por múltiples balas. Castillo Quero y sus hombres de confianza (hasta un total de 11 guardias civiles) torturaron a los tres inocentes durante toda aquella noche en un antiguo cuartel abandonado de la Guardia Civil, que estaba situado en la localidad almeriense de Casafuerte. Tras descubrir el error, intentaron borrar todas las pruebas. Tuvieron que descuartizar a los jóvenes para meterlos dentro del coche. Después se lo llevaron, despeñaron el vehículo y le prendieron fuego. La versión oficial El domingo día 10, un comunicado oficial anuncia la muerte de los tres miembros de ETA en un tiroteo con la Guardia Civil. Los cuerpos de los jóvenes son encontrados calcinados en el interior del coche en el kilómetro 8,400 de la carretera de Gérgal. Según la versión oficial, los detenidos como presuntos terroristas estaban armados e indocumentados y eran conducidos a Madrid en coche. Cuando intentaron agredir al conductor, los guardias civiles se vieron obligados a disparar contra las ruedas del vehículo en el que iban esposados. Juan José Rosón, entonces Ministro del Interior, repitió esta versión en comparecencia parlamentaria a pesar de que en la prensa se describía que "los cadáveres, atrozmente calcinados, aparecen sin piernas y sin brazos, y tienen visible orificios de bala en distintos puntos del tronco y del rostro". La condena El 28 de julio de 1981, la Audiencia Provincial de Almería condena a los tres agentes por tortura y homicidio - "por ser criminalmente responsables de tres delitos de homicidio" y se marca el pago de una indemnización de tres millones de pesetas a las familias de las tres víctimas. En 1984 el Tribunal Supremo confirmará la sentencia de 24 años de cárcel para el Teniente Coronel Castillo Quero, 15 para el Teniente Gómez Torres y 12 para el Guardia Fernández Llamas. El cumplimiento de la condena estuvo salpicado de irregularidades, ya que hasta que los homicidas fueron expulsados de la Guardia Civil, cumplieron condena en centros militares, en lugar de en cárceles ordinarias y cobraron el retiro -varios millones de pesetas- de los fondos reservados del Ministerio del Interior. El abogado que representaba a las familias de los fallecidos, Darío Fernández, recibió muchas amenazas de muerte y tuvo que esconderse. Llegó a vivir oculto en una cueva. La carta “...al principio le dieron una gran paliza, especialmente por el guardia C..., perdiendo el conocimiento. Entonces lo mataron con un tiro de pistola cada uno que recivieron (sic) por separado.Posteriormente los embolvieron (sic) en mantas viegas (sic), penetrándolos en el Ford Fiesta...ordenando Castillo Quero, que fueran volcados en el sitio que no les viera nadie y se les pegara fuego para que no conocieran los mal tratos... Antes de pegar fuego con la metralleta de los compañeros el Guardia C. gastó dos cargadores de 30 cartuchos cada uno sobre los cadáveres en combinación con el depósito de la gasolina del Ford. Sin nada más se despide un gran amigo de Vds que en la actualidad es Guardia Civil pero no asesino. No me identifico porque sería una cosa no oportuna para mí”. Pero el documento más importante y esclarecedor de lo que ocurrió en el caso Almería le llegó a la familia Mañas, en forma de carta anónima, tres años después del asesinato de su hijo y de que el Tribunal Supremo confirmara la sentencia de 24 años de cárcel contra el teniente coronel Castillo Quero, 15 para el teniente Gómez Torres y 12 para el guardia Fernández Llamas. En esa carta anónima, escrita por un guardia civil de la Comandancia de Almería, se detalla de forma pormenorizada la cantidad de barbaridades que cometieron contra los tres jóvenes inocentes y el total de miembros de la Guardia Civil, con nombre y apellidos, que participaron en el aquelarre: “Mi querida familia, ante el respeto que merecen me dirijo a Vds para contarles el hecho siguiente respeto a las extrañas circunstancias de la desgracia de buestro (sic) hijo y compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia de esta localidad”. El anónimo comunicante, que descubre que «en la actualidad (1984) es Guardia Civil, pero no asesino» relata a la familia Mañas las circunstancias en las que murió su hijo y sus compañeros: «Los trasladaron en los mismos vehículos al cuartel de Casafuerte, donde fueron sometidos a interrogatorio, acto seguido ordenó Castillo Quero que tenían que ser sometidos a garrote y pidió voluntarios». Y entre los voluntarios, según el anónimo, salieron: “J.M ., pertenece al Servicio de Información Después, el sargento C..Otro, el guardia P Otro, el guardia F., también destinado en el Servicio de Información. Estos fueron los tres asesinos de buestro (sic) hijo...”. Ninguno de esos guardias fue juzgado y condenado por la Audiencia de Almería como autores materiales del asesinato de Mañas y sus amigos. Después de las torturas llegaron las muertes: «Al principio le dieron una gran paliza, especialmente por el guardia C.., perdiendo el conocimiento. Entonces lo mataron con un tiro de pistola cada uno que recivieron (sic) por separado. Posteriormente, los embolvieron (sic) en mantas viegas (sic), penetrándolos en el Ford Fiesta, en el asiento trasero, ordenando Castillo Quero que fueran volcados en el sitio que no les viera nadie y que se les pegara fuego para que no conocieran los mal tratos». El anónimo Guardia Civil llega incluso a relatar en su carta que los asesinos, de los que da nombre y apellidos, utilizaron el dinero que llevaban las víctimas para comprar la gasolina con la que prendieron fuego al Ford Fiesta con los tres cadáveres dentro: “Antes de pegar fuego con la metralleta de los compañeros el guardia C. gastó dos cargadores de 30 cartuchos cada uno sobre los cadáveres en combinación con el depósito de la gasolina del Ford, acto seguido con el mechero que pegó fuego a la gasolina que se derramaba del depósito, añadiendo la que tenía en la lata aparte”. A pesar de lo denunciado en esa carta con todo detalle, con nombres y apellidos, ningún otro guardia fue juzgado y condenado por la Audiencia de Almería como autor material del asesinato de Mañas y sus amigos. De hecho, a fecha de hoy, 30 años después, hay 8 Guardias Civiles que no han sido juzgados: Sargento Rafael Cañadas Pérez, Sargento Antonio González Hueso, Cabo Primero Guillermo Visiedo Beltrán, Guardia Civil Eduardo Fenoi Rodríguez, Sargento Juan Sánchez Cabrera, Guardia Civil Angel Ojeda Guerrero, Guardia Civil Antonio Pavón Merino, Guardia Civil Segundo Juan Martínez Castro. Castillo Quero ingresó en la cárcel de Guadalajara en octubre de 1985 procedente del presidio militar del castillo de Santa Catalina (Cádiz). Tres años después accedió al tercer grado penitenciario y en octubre de 1992, tras cumplir las tres cuartas partes de su condena, salió de la prisión de Córdoba en libertad condicional. Falleció de muerte natural el 3 de abril de 1994 en su casa de Córdoba. (Fuente: blog Ahaztuak)



  • 8 de mayo de 1521: Motín del Pendón Verde
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    03/05/2016
    Se conoce como el Motín del Pendón Verde al levantamiento popular llevado a cabo en Sevilla el 8 de mayo de 1521, ante las carencias y hambrunas padecidas. Un levantamiento que comenzó en el Barrio de la Feria y sus alrededores pero que acabaría por extenderse al resto de barrios populares de la ciudad. Recibe el nombre de Motín del Pendón Verde porque la primera acción de los habitantes del barrio fue dirigirse a la cercana Iglesia de Omnium Sanctorum para apoderarse de uno de los pendones capturados a las tropas andaluzas derrotadas por Alfonso X de Castilla, que se encontraba depositado en su capilla bautismal. Una banderola verde con tres lunas en cuarto creciente blancas. Con dicha acción comenzó una rebelión popular acaudillada por el carpintero Antón Sánchez, quien convocó a sus vecinos para hacer una demanda común ante las autoridades sevillanas, con el pendón como banderín de enganche. Y con el estandarte al frente marcharon al Ayuntamiento, entonces situado en el Corral de los Olmos, en la actual plaza de la Virgen de los Reyes, rodeándolo y lanzando piedras y toda clase de objetos contra el edificio. El Marques de La Algaba, Asistente de la ciudad, intentó calmarlos, repartiendo vino, alimentos y realizándoles promesas de mejora, pero no lo consiguió. El levantamiento continuó y se extendió a otros barrios populares. La situación tomó tales proporciones insurreccionales que el propio Asistente, el Marques de La Algaba,  llegaría  a comparar el motín con el levantamiento comunero que tenía lugar por esa misma época en Castilla, por lo que ordenó la intervención de las tropas. El motín se convirtió en rebelión política contra el Imperio. El pueblo liberó a los presos de la Cárcel Real, situada en la actual calle Sierpes, y junto con los refuerzos venidos de otras zonas y el armamento reunido, fundamentalmente armas blancas, algunos arcabuces y cuatro piezas de artillería arrebatadas de su palacio al Duque de Alba, se enfrentaron a los soldados, que conseguirían vencerles el día 9, sólo  tras muchas horas de encarnizada lucha, en la que fueron asesinados centenares de sevillanos. Impuestos por la fuerza a la población en armas, las autoridades comenzarían la represión. Muchos fueron encarcelados. Capturaron a cuatro vecinos que  fueron acusados de ser instigadores y líderes del motín, siendo por ello condenados a muerte y ajusticiados mediante decapitación. Sus cabezas fueron colgadas en la ventana principal del palacio de los marqueses de la Algaba en signo de triunfo sobre el pueblo. Frente al pendón verde que enarbolaba el pueblo, antecedente de nuestra arbonaida, el Cabildo de Sevilla sacó el pendón real como bandera al frente de la cual las tropas reprimieron la revuelta. El mismo pendón real que  permanece y es exhibido actualmente como símbolo de la Sevilla oficial, de la Sevilla española. En cuanto a aquella bandera andalusí, al pendón verde, aún hoy una reproducción de ella se exhibe el día de la procesión de la Virgen de Todos los Santos en el torreón de la iglesia de Omnium Sanctorum, junto a la de la Iglesia y a la del pendon real, en signo permanente de conquista y opresión sobre el pueblo andaluz (ver fotos inferiores adjuntas). Aquella insurrección popular no se produjo por casualidad en Barrios como el de la Feria y los de sus alrededores, tampoco lo es que escogieran como enseña una bandera andalusí. Dicha zona de había sido convertida anteriormente en la morería de la ciudad. En ella había sido obligado a vivir el sector popular más consciente y resistente del pueblo andaluz de entonces, los mal llamados moriscos, que tras su desaparición oficial como tal morería, mucho antes del motín, en ella siguieron viviendo, formando parte de los sectores más explotados de las capas populares de la época, antecesoras del pueblo trabajador andaluz actual. No fue por tanto, tampoco una casualidad el que fueran dichas zonas de la urbe, barrios como los de Feria, Macarena, San Julián, San Marcos, etc., los que seguirían siendo la sede de la rebeldía y la resistencia popular a lo largo del tiempo, al extremo de que ya en el siglo XX serían conocidos con apelativos como los de “la Sevilla roja” y el “Moscú sevillano”, en lo que constituye un subrayado de continuidad histórica y un ejemplo de lucha popular permanente, desde la conquista de la ciudad hasta la época contemporánea. La Otra Andalucía pendon pendón-verde



  • 1 de abril de 1937: bombardeo fascista de Jaén
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    22/03/2016

    el 1 de abril de 1937, aviones de la Legión Cóndor, formada por voluntarios nazis alemanes que apoyaban al ejército fascista de Franco durante la mal llamada guerra civil (1936-1939), atacó la ciudad y causó la muerte a 159 personas y heridas a 280, la mayor parte de ellas mujeres y niños.  El militar golpista Gonzalo Queipo de Llano, lugarteniente de Franco, dio la orden para que estos aviones bombardeasen la ciudad aquel día con el fin de aterrorizar a la población civil y desmoralizar al bando republicano.

    El ataque fue un “paseo militar” para los germanos, puesto que la ciudad no era una enclave militar destacado ni en ella se desarrollaba combate alguno, por lo que la población no estaba preparada, no existían baterías antiaéreas, ni se dio alarma ninguna, por lo que no hbo defensa posible. El ataque se produjo de una sola pasada a las cinco y veinte de la tarde, hora que quedó marcada varios días en el reloj de la Iglesia de San Ildefonso que se bloqueó.

    Juan Cuevas Mata, Historiador y autor del artículo titulado "El bombardeo de Jaén", nos dice que la relativa tranquilidad con que Jaén vivía la Guerra Civil, se vio de golpe interrumpida por una escuadrilla de bombarderos. Seis trimotores aparecieron inesperadamente desde detrás de las montañas de Jaén. Surgieron de la nada, desde las Peñas de Castro, después de haber rodeado el monte de Jabalcuz a baja altura. De este ataque, nos dice Juan Cuevas, que se llevó a cabo en una sola pasada de dos formaciones en cuña, de tres aviones cada una. “En el reloj de San Ildefonso quedaron marcadas, por mucho tiempo, las cinco y veinte de la tarde”.

    Las bombas afectaron a numerosas calles y plazas: Fuente de Don Diego, Olid, Batería, Miguel Romera, Jorge Morales, Los Romeros, Ancha, Mesones, Deán Mazas, Correa Weglison, y muchas más.

    El ataque pilló por sorpresa, nadie lo esperaba, por ese motivo no se dio la alarma que normalmente debe preceder al bombardeo. La rapidez del ataque y la imprevisión, hizo que a Jaén el bombardeo le pillara desprevenida y a los jiennenses en sus quehaceres cotidianos. Ni siquiera se contaba con baterías antiaéreas.

    "... Los familiares a los que cogió fuera lloraban desesperados en los escombros. Recuerdo a un niño, de unos diez años, muriendo entre una puerta y la pared... Todo el tiempo que duró el bombardeo lo pasamos en un patio que había allí muy amplio, y yo hacía lo que veía hacer a los demás. Me ponía las manos en la cabeza", comentaría después del bombardeo el Consejero D. Nemesio Pozuelo.

    En la calle Federico de Mendizábal, conocida como Mesones, estaban varias decenas de jiennenses, sobre todo mujeres y niños, guardando cola para comprar carbón. Muchos murieron y el resto quedó con heridas de diversa consideración. Los Hospitales, vivieron una situación de gran angustia, ante las terribles escenas que se sucedieron, con los familiares desesperados agolpándose en los pasillos y puertas de los mismos.

    Entre los asesinados hubo muchos niños. Clara Aguilar, de la calle Mesones, solo tenía 7 años. María Collado Amaro y sus tres hijos, que vivían en la calle Batería, también murieron. Pedro Gómez Gallego, de 9 meses y Teresa Gómez Delgado, de 5 meses, no llegarían a conocer un nuevo día. Ignacio Montoro, y su hermano José, de dos años, también murieron, en la calle Olid número 5.Dolores Ortega, de la Ctra. de Granada, tenía solo nueve años. Pilar Yerón tenía 5. Francisca Pérez, 10. Rafael Vadillos, 6.

    Apenas al día siguiente, el 2 de abril, se constituyó una comisión para dotar a Jaén de refugios antiaéreos. En tan solo cinco días presentarían los arquitectos el proyecto, con  seis refugios situados en las plazas de la Magdalena, Merced, Martínez Molina, Santiago, San Juan y San Ildefonso. Se instalaron además dos sirenas e incluso se crearon unas defensas antiaéreas de más que dudosa efectividad, que fueron simuladas con tubos del órgano de la catedral pero que consistían en simples ametralladoras. Loa cobardes de la Legión Condor ya no se atrvieron a volver a atacar. Jaén ya no era una ciudad indefensa.

    La Otra Andalucía




  • 30 de marzo de 1781. Muerte de Diego Corriente, el Robin Hood andaluz
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    10/03/2016

    El 30 de marzo de 1781, Viernes Santo, mientras los devotos capillitas de la época seguían a las cofradías en sus recorridos penitenciales, Diego Corriente Mateo, el Robin Hood andaluz, es asesinado por la “justicia” española, por ahorcamiento, en la sevillana plaza de San Francisco, con apenas 24 años de edad.

    Nacido en Utrera (Sevilla) el 20 de agosto de 1757 en el seno de una humilde familia de campesinos. Como tantos otros, Diego Corriente se reveló contra la situación de explotación y marginación en que vivían los jornaleros, echándose al monte con 19 años. Se convirtió en ladrón de caballos en los latifundios, asaltante de caminos y contrabandista.

    Según lo describió su perseguidor, por orden de Carlos III, el juez Francisco de Bruna, físicamente  era “de dos varas de cuerpo (1,77 m.), blanco, rubio, ojos pardos, grandes patillas de pelo, algo picado de viruelas y una señal de corte en el lado derecho de la nariz”.

    Durante su corta vida como bandolero se hizo famosos entre las clases populares, que le apodaron “el bandido generoso”, porque en muchas ocasions ayudó económicamente a los campesinos y protegía a los desvalidos de los abusos de gobernantes, aristócratas y usureros, lo que le granjeó odio de las élites y grandes simpatías entre las clases populares, que, a su vez, le ayudaban y protegían de las autoridades.

    Su perseguidor, por orden del Rey, fue Francisco de Bruna, llamado por los sevillanos “el Señor del Gran Poder” por acaparar todos los resortes de la autoridad en la ciudad y su zona de influencia. Era caballero del Orden de Calatrava, del Consejo de su Majestad, Oidor Decano de la Real Audiencia, Regente interino, Honorario del Supremo Consejo y Cámara de Castilla, Alcaide de los Reales Alcázares... y un largo etcétera que justificaba el apodo popular.

    Cuenta la leyenda, recogida por varios autores, entre ellos Bernaldo de Quirós en “El bandolerismo andaluz”, que una tarde de abril de 1780, Fernando Bruna regresaba a Sevilla en un coche de caballos cuando se topó con Diego Corriente, que, apuntándole con sus pistolas, le dijo: “No s'asuste usía. Diego Corriente roba a los ricos, socorre a los probes y no mata a naide. A usía lo han engañao si l'han dicho otra cosa. Lo que Diego jase, cuando llega er caso, es demostrarle ar Señó der Gran Poé qu'está en la Audencia, que él no teme más que ar Señó der Gran Poé que está en San Lorenzo (en referencia a la imagen del Cristo del Gran Poder que se encuentra en dicha iglesia sevillana)”. Y poniendo su pie sobre la portezuela del coche, obligó a Bruna a abotonarle el botín derecho. Desde entonces Bruna se convertiría en su más feróz enemigo.

    Bruna emite un edicto contra Diego Corriente, ofreciendo una gran recompensa a quien lo entregara vivo o muerto, por “salteamiento de caminos, asociación con otros, uso de armas blancas y de fuego, y otros graves excesos, insultos a las Haciendas y cortijos y otros graves excesos por los cuales se ha constituido en la clase de Ladrón Famoso”, aunque sin menciones a ningún delito de sangre, condenándolo sin embargo “a que sea arrastrado, ahorcado y hecho quartos (descuartizado)”.

    Cuenta otra leyenda que tras escuchar el pregón de su busca y captura, en el que se ofrecían diez mil reales a la persona que lo entregara a las autoridades, se presentó un hombre en la casa del señor juez Bruna, solicitándole una audiencia de importancia. Tras preguntarle el desconocido si era cierta la noticia de la recompensa ofrecida por la captura del bandido, y habiéndoselo confirmado el aristócrata, éste exclamó, amartillando sus pistolas: “Yo soy Diego Corrientes. ¡Los diez mil reales, y pronto!”, marchándose con el botín de su propia recompensa.

    Huyó a Portugal, donde fue apresado en Covilha, aunque de este primer arresto logró escapar sobornando a los soldados. No corrió la misma suerte cuando, traicionado, fue capturado en Olivenza, entonces portuguesa. Es rodeado y hecho prisionero por un centenar de soldados en el cortijo de Pozo del Caño, donde se había refugiado. Diego Corriente fue trasladado a la cárcel de Badajoz y posteriormente a la de Sevilla. Era el 25 de marzo. Cinco días después, 30 de marzo de 1781, será ahorcado en la Plaza de San Francisco y posteriormente descuartizado, dsperdigñandose sus restoa entre aquellos lugares en los que había realizado sus actividades.

    El texto que se conserva en el sevillano Hospital de la Caridad de su paso por capilla, antes de ser ajusticiado, recoge que la última voluntad de Diego Corriente fue que “se gastaren en un poco de pan que se dio a los presos a pedimento del delincuente 37 reales de vellón” que poseía.

    La Otra Andalucía




  • 22 de febrero de 1939: muere Antonio Machado
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    23/02/2016

    24 de noviembre de 1936, último día del poeta Antonio Machado en el Madrid republicano. Angustiado por las cifras escalofriantes de miles y miles de muertos por la represión en Andalucía, Machado escribiría en una carta de aquellos días. “Se acercan a Madrid los que han fusilado a seis mil hombres, mujeres y niños en Sevilla”.

    Aislado en la capital, desconocía que las tropas de Franco acabarían masacrando a una décima parte de la población madrileña, asesinada primero por avión y luego a golpe de fusil después de la guerra. El asesinato de Lorca fue otro golpe brutal para el ánimo del poeta de ‘Campos de Castilla’. “El crimen fue en Granada ¡en su Granada!”, relataría en un poema. Aún perplejo por el decadente escenario, se refugiaría en su casa de la calle General Arrando, número 4.

    Leía la prensa para enterarse de todo aquello que sucedía al inicio de la guerra, se comprometería con la Alianza de Intelectuales Antifascistas y mostraría un claro apoyo a la legalidad republicana. Su hermano Manuel permanecería durante todo el período de guerra en Burgos junto a su mujer Eulalia. Los nuevos poemas de su hermano hacia el otro bando provocaron una profunda tristeza al poeta, unido Manuel como afecto al régimen a la figura del escritor José María Pemán.

    Rafael Alberti y León Felipe llegarían a casa de los Machado a finales de noviembre para convencer al poeta de su pronta marcha de la capital ante la inseguridad que se respiraba. A pesar de que mostró reticencias, Machado aceptó el ofrecimiento rápido cogiendo los pocos enseres que podía llevar en aquel largo viaje. Ana Ruiz, madre del poeta y sus hermanos Francisco y José Machado con sus familias comenzarían el duro camino de la huida con la ayuda del Quinto Regimiento y la Junta de Defensa Republicana. Primero Valencia, llegando a Cataluña para pasar la frontera hasta Francia, donde moriría el 22 de febrero de 1939. Éstas fueron las principales paradas del poeta en aquel duro exilio del que se cumplen 77 años.

    Villa amparo. En Valencia

    El convoy llegaría pocas horas después a la ciudad de Levante a finales de noviembre de 1936. La noticia de la llegada de muchas personalidades de la cultura sería noticia en los medios valencianos recalcando que los “intelectuales y sus familias pasarían la primera noche en el Hotel Palace”. Este edificio emblemático había sido rehabilitado para los refugiados que llegaban a la ciudad, pero Machado, agravado ya por enfermedades no duraría muchos días en el hotel, siendo trasladado a Villa Amparo en el pueblo de Rocafort.

    El hermano menor de Machado, José, recuerda en sus cartas que el poeta pasaría su primera etapa valenciana “tranquilo, rodeado de limoneros y naranjos que le recordaban a su niñez en Sevilla”.

    Machado aún conservaba energías y se trasladaría en algunas ocasiones a la capital para participar en diversos actos como el que se llevó a cabo el 11 de diciembre de 1936, en pleno centro de Valencia, o en marzo de 1937, cuando participará en un festival beneficio hacia las víctimas del fascismo en el teatro Apolo.

    En el transcurso de aquellos meses, Machado se haría cargo de la presidencia de la Casa de la Cultura de Valencia desde Rocafort, donde un periodista le tomaría la última instantánea que se tiene del poeta, en la terraza soleada de Villa Amparo.

    “Machado leía con asiduidad y escribe incansablemente a favor de la República, declarándose en todo momento un viejo republicano que está al lado del pueblo”, apunta el hispanista Ian Gibson.

    A finales del 37, Machado se encuentra gravemente preocupado. Las tropas no tardarán en llegar a Valencia. A finales de octubre el gobierno republicano se encuentra ya en Barcelona.

    Torre Castañer. En Barcelona

    Antes de su traslado final a Barcelona, Machado sigue su vida escribiendo de forma imparable artículos a favor de la causa republicana, comenzando a colaborar con la Vanguardia.

    Al llegar a la ciudad, Antonio Machado y su familia se trasladarían al hotel Majestic en el céntrico Paseo de Gracia. Allí coincidiría con amigos como José Bergamín y León Felipe.

    La delicada salud del poeta obliga a las autoridades a trasladarlo a un palacete conocido como Torrre Castañer, una propiedad incautada a su propietaria, la marquesa de Moragas. A los pies del Tibidabo, Machado llegaría a esta finca en mayo de 1938, junto a los suyos. Su única tarea estaba centrada en su afán por escribir a favor de la Segunda República para fortalecer el ánimo de los que aún resistían. Gibson destaca que “durante toda esta etapa Machado no solo trabajaba incansablemente en defensa del Gobierno legítimo sino que nunca perdía la oportunidad de combatir el fascismo español y extranjero”.

    Ya en noviembre de 1938, en un encuentro con el periodista Luis Capdevila retrata a un Antonio “flaco, calvo y con una faz chupada y marchita”. En enero de 1939 la caída de Barcelona es inminente. Machado estará preparado para salir con los suyos camino a Francia en cualquier momento.

    Can Santa María. Hacia la Frontera

    Machado saldría con su mejor traje camino a la frontera en la madrigada del 22 de enero de 1939. Lo acompañaba su madre y su hermano José junto a su mujer Matea.

    Con una pequeña maleta empiezan a atravesar en coche la carretera de la costa con dirección a Gerona. El camino está lleno de los obstáculos. Vehículos abarrotados huyen a Francia. Enormes camiones, máquinas de escribir, ficheros, ruedas, cajas, maletas obstruían el paso y el ánimo de un Machado ya enfermo, que es consciente del triunfo de los militares en la Guerra Civil.

    El día 23, el poeta haría un alto con su familia en el pueblo de Cerviá de Ter, a unos diez kilómetros de Gerona. En una masía conocida como Can Santamaría, los Machado pasarían cuatro días. A pesar de la dura situación, Machado sigue en pie. Tiene solo 64 años pero su aspecto es prácticamente el de un anciano.

    El 26 de enero una amenaza de bombardeo, obliga a desalojar la masía. La caída de Barcelona complica el camino hacia Mas Faixat, a pocos kilómetros ya de la frontera. Solo pasarían en aquella casa una noche.

    El camino hacia Figueres resultaba cada vez más peligroso por los continuos bombardeos. Y en medio de aquellos terribles días los Machado cruzarían la frontera por Port Bou. El filósofo Joaquín Xirau estaría con los Machado en medio de aquellos días tan traumáticos. A 25 kilómetros de la frontera la carretera es intransitable por el enorme número de vehículos y personas que huyen en estampida.

    Hotel Bougnol Quintana. El exilio en Collioure

    Las gestiones de las autoridades republicanas permiten a los Machado cruzar el control sin problemas. Tras sellar los pasaportes, la familia Machado descansa del duro trance en la estación de Port Bou, exhaustos por la dura llegada a la frontera.

    Pasarían la noche en un vagón de tren estacionado en vía muerta, arrecidos por el frío. Sin mantas, dinero y solo con lo puesto.

    Con los francos que pudieron conseguir y gracias al consejo de Corpus Barga, amigo del poeta, se trasladarían al pueblo pesquero de Collioure, a escasos kilómetros. En el Hotel Bougnol Quintana, Machado se hospedaría desde finales del mes de enero. Su salud iría empeorando. También el ánimo por una República que ya se sabía pérdida. Antonio Machado moriría a las tres de la tarde del 22 de febrero en la habitación del hotel Quintana que compartía con su madre. Ana Ruiz, madre del poeta, fallecería tres días más tarde.

    (Fuente: andaluces.es / Autora: María Serrano)




  • Granada, 23 de febrero de 1502: Quema de libros en Bib Rambla
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    04/02/2016

    En 1499 llega a Granada el cardenal Cisneros, que incumpliendo las cláusulas de las Capitulaciones firmadas por Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, dentro de los acuerdos para rendición pactada de la ciudad en 1492, inicia una cruenta campaña de represión y persecución de la población autóctona granadina que incluía la conversión forzosa, de acuerdo con ambos monarcas.

    Las Capitulaciones, incluían el que cada habitante continuaría con sus prácticas religiosas, sus mismas costumbres sociales, la práctica de su propia lengua y cultura, etc. Toda una serie de normas y derechos pactados que, a partir de entonces serían sistemáticamente pisoteadas por las autoridades políticas y religiosas castellanas.

    La población granadina se levantará en defensa de dichos derechos, lo cual Cisneros aprovechará para cerrar la Madraza de la ciudad, la universidad granadina, fuendada por Yusuf I en 1349, y asaltarla. Su biblioteca será arrasada y los miles de libros que contenía fueron llevados a la cercana plaza de Bib Rambla donde serían quemados públicamente en una gigantesca hoguera, al igual que harían siglos después los nazis con los libros de autores judíos o contrarios al régimen en Alemania.

    El hecho aconteció el 23 de febrero de año 1502. Esta quema de libros es considerada una de las más grandes de las acontecidas en Europa. Dicha biblioteca fue el último refugio de miles de texto andalusíes. Mientras en Castilla aún se usaba el pergamino, y estos sólo se encontraban al alcance de unos pocos, siendo la inmensa mayoría de la población analfabeta, en Andalucía ya hacía tiempo que se escribía en soporte papel, mucho más barato, lo que unido al alto índice cultural y de alfabetización existente en la población hacía que los libros fuesen asequibles y su lectura muy extendida.

    Obviamente, los libros que se quemaron en Bib Rambla, dentro de la campaña represiva castellana, no eran en su mayoría “religiosos”, sino literarios, científicos, filosóficos, históricos, etc., lo que constituye una evidencia más de que lo que se perseguía, tras la apariencia de la “conversión forzosa”, no eran metas religiosas sino político-sociales. Desarraigar al pueblo andaluz, borrarle su identidad, para facilitar el mantenimiento de la conquista y la perpetuación del expolio y la explotación.

    Por todo ello, el día de la quema de libros de Bib Rambla simboliza para el soberanismo andaluz la lucha por la salvaguarda y la defensa de nuestra cultura e identidad. El día del libro y la cultura andaluza.

    La Otra Andalucía




  • Córdoba, 17 de febrero de 1919: nace el “viva Andalucía libre"
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    04/02/2016
    Juan Díaz del Moral, andalucista encuadrado dentro del denominado Socialismo Indígena, nos cuenta en su obra Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Antecedentes para una reforma agraria (1929) una importante anécdota, la del nacimiento público del grito “¡Viva Andalucía Libre!”

    Lo fecha el 17 de Febrero de 1919 en el transcurso de una manifestación de más de doce mil jornaleros y obreros en Córdoba, organizada por Díaz del Moral y otros andalucistas miembros del Centro Andaluz de Córdoba (unas movilizaciones también recogidas en la revista Andalucía), y encabezada por una pancarta blanca con la única inscripción de “¡Viva Andalucía Libre!”.

    Este dato lo encontramos corroborado y documentado por Enrique Iniesta Coullaut-Valera –biógrafo de Blas Infante- en el segundo tomo de Blas Infante. Toda su verdad. Volumen II (1919-1933) (2003) de la Editorial Atrio.

    El nacimiento del grito de "¡Viva Andalucía Libre!" en la revista Andalucía:

    Movimiento Obrero. En alza las subsistencias y en baja los caciques:

    “De banderas, carteles, etc., lo que más ha llamado la atención ha sido el lienzo llevado por un grupo de jóvenes, con la inscripción siguiente: ¡Viva Andalucía libre!” (...) “La manifestación anticaciquista, fue un éxito formidable. Aunque, como atrás decimos, la iniciaran y organizaran las Sociedades Obreras, éstas habían invitado atentamente al acto a las fuerzas izquierdistas, por lo que al comicio aportaron su concurso y entusiasmos, el Centro Andaluz, el Centro Obrero Republicano, la Agrupación Socialista, el Centro Republicano del distrito 7º, la Juventud Republicana Socialista Federal. Asistieron asimismo los representantes en la Diputación y el Ayuntamiento de la coalición regionalista republicana, señores Salinas, diputado, y Azorín, Guerra, Cáceres, Troyano, Garrido, Urbano, Suárez Aranda y Vaquero, concejales”.

    El caciquismo y la Prensa. Un detalle personal: “La cívica lucha, representada por el grito generoso de ¡Viva Andalucía libre! y ¡Mueran los caciques!, ha tenido muy varios aspectos y consecuencias” (Fuente: Andalucía, nº 130, Año IV, 22 de febrero de 1919).

    Pero este hecho no es casual, puesto que se encuadra innegablemente en el contexto del Trienio Bolchevique Andaluz (1918-1921) –o Bolchevista-, período de máxima movilización y tensión en el campo andaluz, especialmente en la provincia de Córdoba.

    (Fuente: Universo Andalucista)




  • Málaga, 15 de febrero de 2002: asesinato de Gabi Lima
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    04/02/2016

    Francisco Gabriel Lima Tirado, Gabi Lima, fue encontrado muerto en su domicilio marbellí, asesinado de múltiples puñaladas, en la mañana del 15 de febrero de 2002.

    Gabi Lima fue un incansable combatiente por la liberación nacional y social del pueblo trabajador andaluz. Sindicalista, fundador del Sindicato Unitario Andaluz de Trabajadores (SUAT), revolucionario e independentista, dirigente de Nación Andaluza (NA), también se distinguió en la pelea por la igualdad social, sexual y de género, promoviendo, entre otros colectivos, la Liga Gay Andaluza (LIGAN).

    Gabi se atrajo pronto la enemistad declarada de muchas de las “fuerzas vivas” de la Costa del Sol impulsando la lucha obrera en la zona, especialmente en ramos como el de la hostelería y la banca. También fue uno de los primeros en denunciar, plantar cara y oponerse activamente a la mafia del ladrillo que estaba saqueando Marbella. Fue un constante azote contra Jesús Gil y sus proyectos de saqueo de las arcas municipales y de expolio urbanístico.

    Además trabajó infatigablemente por el avance y la consolidación en nuestra tierra de la izquierda independentista andaluza organizada, convencido de la necesidad para nuestro pueblo y su clase obrera de contar con un instrumento revolucionario de transformación social como el representado políticamente por NA.

    Igualmente impulsó todo tipo de luchas sociales en el ámbito de la igualdad, especialmente en defensa de los derechos de los homosexuales en nuestra tierra, creando espacios de debate y acción como LIGAN, así como en el del activismo antifascista.

    Como consecuencia de todo lo expuesto, Gabi resultaba un enemigo declarado para las élites dominantes, el capitalismo, el españolismo y el “orden establecido”, dada por su coherente radicalidad y su incorruptible intransigencia en pos de la igualdad, la justicia y la libertad.

    No obstante todos estos antecedentes políticos y sociales, tras ser encontrado asesinado, nunca se inició una investigación a fondo del crimen, limitándose las “justicia” y la policía a echar tierra sobre el asunto etiquetando su muerte como relacionada con su condición sexual, sin la más mínima prueba de ello, con lo que se dió por cerrado el caso.

    El caso de Gabi es el de un crimen político que, como tantos otros en nuestra reciente historia, ha sido encubierto y ha quedado impune.

    La Otra Andalucía




  • Málaga, 8 de febrero de 1937: “La desbandá”
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    04/02/2016

    Tras haber iniciado el ataque a la provincia de Málaga a principios de año, el ocho de febrero de 1937, tropas fascistas de camisas negras, mercenarios marroquíes y el ejército franquista al mando de Queipo de Llano, logran entrar en la Ciudad de Málaga, apoderándose de ella y controlándola en unas pocas horas, debido a que se encontraba defendida sólo por unos pocos miles de milicianos voluntarios mal pertrechados, al extremo de que Tan siquiera contaban con fusiles suficientes para todos ellos.

    Ante el avance de fascistas y franquistas, que superaban ampliamente a los defensores en número y armamento, desde Roda y Marbella, y el cerco de la ciudad por el norte y el oeste, se inicia la evacuación de la población hacia por el este, hacia Almería, por una carretera que conectaba ambas ciudades bordeando la costa. Esta marcha multitudinaria por la carretera fue conocida como “la desbandá”.

    Una multitud desorganizada y asustada huía por la misma cargando con lo que podían de sus posesiones, algunos en vehículos o montando animales, pero la inmensa mayoría a pie. Se cifra en más de 150.000 los que emprendieron la huida. Desde las estribaciones de la cercana Sierra eran constantemente hostigados por los francotiradores fascistas, que les disparaban. Por mar por los buques de guerra: Canarias, Almirante Cervera y Baleares; que les cañoneaban sin descanso. Desde el aire era la aviación franquista la que realizaba constantes incursiones y bombardeos sobre ellos.

    La costa apenas ofrecía posibilidad de refugio, y en más de una población les dieron la espalda a los refugiados al paso por las mismas por el miedo a las represalias fascistas tras la más que segura próxima ocupación de las mismas por los franquistas. Como consecuencia, miles de hombres, mujeres y niños indefensos y desarmados, fueron asesinados durante los días de viaje trascurridos hasta su llegada a Almería. Según las fuentes se calcula entre 5.000 y 10.000 los muertos que quedaron en la cuneta.

    Este genocidio intencionado de malagueños/as ha pasado a la historia como “la masacre de Málaga”. A la misma habría que sumar otra simultánea producida en la propia ciudad, también calculada en varios miles de víctimas. Muchos fueron fusilados tras juicios sumarísimos en cuya participación se destacó el que décadas después sería el primer Presidente de un Gobierno del Rey Juan Carlos I, Carlos Arias Navarro, razón por la que pasaría a ser conocido, desde entonces, con el apelativo de “Carnicerito de Málaga”.

    La Otra Andalucía