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  • MANIFIESTO DE LOS LIBERALISTAS DE ANDALUCÍA. Lectura crítica
    Ali Manzano
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    16/08/2017
    cadenas (1)El presente texto publicado por el Partido Repúblicano Federal de Andalucía y firmado entre otros por Blas Infante, hay que situarlo en el contexto del proceso autonomista que se había iniciado en Andalucía durante la II República española, en el año 1931. Catalunya, Euskalerria y Galicia ya estaban en un momento avanzado del proceso autonomista, siendo aprobados sus correspondientes Estatutos de Autonomía meses después. Al igual que en las autonomías de Catalunya, Euskalerria y Galicia, en Andalucía se intentaba que fueran las instituciones las que lideraran el proceso autonómico, exigiendo al gobierno central la "concesión" de la autonomía. Ayuntamientos y Diputaciones eran los ámbitos en los que se estaba diseñando las estrategias que llevaran la "autonomía" a Andalucía, en un marco "Federal" del Estado español. Para Infante este era un paso previo a la consecución de la Independencia y de la constitución del Estado andaluz, del que reiteradamente hablaba en sus escritos. Los hechos acaecidos en Catalunya y Euskalerria cuando sus autonomías pretendian acceder a un marco más amplio de competencias o se planteaban la Independencia, nos muestran a las claras el fracaso de la construcción de un Estado propio e incluso de una autonomía real con un marco competencial suficientemente amplio para satisfacer las necesidades soberanistas de los pueblos ibéricos, desde las inistituciones del Estado español y desde su legislación. El proyecto de Estatuto de Autonomía aprobado mayoritariamente por el pueblo catalán el 3 de agosto de 1931 fue "recortado" por las Cortes de Madrid, siendo aprobado un texto con menos competencias de las que habian sido votadas en el Proyecto de Autonomía sometido a Referendum del pueblo catalán. Curiosamente en el año 2006 vuelve a ocurrir lo mismo cuando el Tribunal Constitucional rechaza el Estatuto aprobado en Referendum por el pueblo Catalán y posteriormente "recortado" por el Congreso de los Diputados de España. Catalunya no se conforma con el Estatuto aprobado en 1931 y en Octubre de 1934 el Presidente Lluís Companys proclama la "República Catalana", Federada con la República española. Ni siquiera planteaba la Independencia. Pero esto fue suficiente para que el gobierno de España enviara al ejército a Catalunya y encarcelara a Companys y a todo el gobierno de la Generalitat. Los intentos de avanzar hacia la soberanía siempre se han visto obstruidos por la legislación española, por su clase política y los intereses económicos del capitalismo centralista y de las burguesias locales. Blas Infante y los "autonomistas" andaluces siguieron el mismo proceso que las naciones que aprobaron sus Estatutos de Autonomía: negociación con el Estado, Referendum y aprobación por las Cortes españolas. El proceso autonomista andaluz no llegó a concretarse debido al golpe militar de los Generales españoles. La situación de Catalunya y la presión de las organizaciones revolucionarias al gobierno de la República. El fracaso de la República en la sofocación y represión de los movimientos revolucionarios llevaron a la oligarquía española a la opción de "limpieza ideológica" que ejecutaron a través de un golpe millitar y el asesinato de millares de trabajadores comprometidos con la lucha por el cambio social. La falta de experiencias anteriores llevó a Blas Infante y al resto de nacionalistas del Estado a confiar en procesos reformistas desde las propias instituiones del Estado para el acceso a un Estado Federal como primer paso hacia la Independencia de los pueblos. Los intereses de la oligarquía económica y sus aparatos políticos, mediáticos y judiciales siempre han impedido transformaciones políticas que pusieran en peligro sus intereses. La historia nos viene demostrando una y otra vez la imposibilidad de arrebatarle al capitalismo español ni un ápice de derechos nacionales o individuales a través de sus instituciones y de su legislación. Mucho le debemos a Blas Infante el conjunto de las andaluzas y más concretamente la izquierda independentista y rupturista. Pero estamos obligados a realizar un análisis crítico de su obra y de su actividad política con el objeto de no volver a caer en los errores del pasado. Si algo nos enseña la historia es que el Estado español es irreformable. La actual legislación impide una reforma constitucional que recoga el derecho de los pueblos a decidir; y decidir es tener la posibilidad tanto de pertenecer al Estado español como de salirse de él. La Andalucía Libre, soberana, independiente, no la vamos a construir a través de las instituciones españolas ni respetando su cuerpo jurídico. Solo desde la desobediencia a sus leyes y sus instituciones, desde la lucha en las calles, en los tajos de trabajo y desde la solidaridad con el resto de pueblos hoy sometidos al Estado español conseguiremos construir una República Andaluza de Trabajadores que restablezca el histórico derecho de las andaluzas a decidir sobre sus vidas y sobre los recursos que la naturaleza nos ha dado. Aprendamos de Blas Infante, de sus aciertos que son muchos y de sus errores.

    MANIFIESTO DE LOS LIBERALISTAS DE ANDALUCÍA

    A todos los habitantes de Andalucía. Y principalmente a los Ayuntamientos, Diputaciones y Centros de trabajadores, intelectuales y manuales de la región: Los Liberalistas Andaluces o de Andalucía, los cuales, desde hace veinte años, vienen laborando por la restauración de la personalidad histórica de nuestro pueblo, desde el Centro Andaluz, en el desarrollo histórico político que determinan, en lo presente, el desarrollo de la vida española reaparecen hoy dentro del Partido Republicano Federal Andaluz, compelidos por el deber de haber de declarar: 1º La instauración de la República Española, mas bien que el hecho su modo ejemplar, tipo o arquetipo, en el desarrollo histórico político mundial, viene a sugerir, en la imaginación de sus probables consecuencias, la perspectiva de una gran potencia ibérica, próxima a destacarse vigorosamente en el horizonte de la política internacional. Tememos, por esto, que alguna influencia extranjera venga a actuar en el pleito de las autonomías, hasta ahora denominadas regionales, y que los manejos de esas influencias procuren la exacerbación del sentido nacionalista en algunas de las Españas, con perjuicio de la Federación; la cual no peligrará, jamás, de no llegar a ser perturbada, por la acción de extraños recursos, en la conciencia de los pueblos peninsulares, la visión clara de sus afectos e intereses. 2º Los hombres que fuimos congregados por el lema del Escudo de Andalucía, que fue el de nuestra España y la Humanidad, que hubimos de defender, en hermandad con los demás pueblos españoles, los mismos principios autonómicos, podemos hablar, ahora, sin infundirles recelos a los correligionarios de las demás Españas. “Separatistas, decíamos, son los centralistas, que nos separan de su Estado absorbente. Nosotros, los liberalistas de las nacionalidades íberas, nos vamos a considerar, entre sí, como hermanos”. Por esto, nos consideramos autorizados para venir a expresar, ahora, la inspiración eternamente humanista de la Historia de Andalucía: clave de la continuidad, a través de los siglos, o de la sucesión, sin soluciones, del Estilo Andaluz; firmando la necesidad de la fraternidad en una efusiva federación, que así respondemos, los andaluces, a las depredaciones conquistadoras asimilistas, no superadas por ninguna empresa de coloniaje, que los demás españoles, instrumento de la barbarie europea vinieron a realizar en este pueblo, bélico sólo para conquistas culturales, que se nombra Andalucía; que así creemos ayudar, también al Gobierno provisional (enemigos como siempre fuimos de todos los gobiernos) en el trabajo pro-consolidación de la República, idea y emoción las cuales han sido las que verdaderamente han venido a elaborar la unidad federal, o el ser de España, finalizado en su gestión por las jornadas gloriosas de Abril; puesto que no era España, el rebaño o la piara del pueblo, unidos y uncidos al yugo del interés dinástico, por el Estado, sin Sociedad, que representaba la Monarquía. 3º Urge, pues, que Andalucía, revele, en una expresión política, aunque esta expresión, sea momentánea, su indestructible unidad, natural y cultural, para que pueda llegar a intervenir, en defensa de la federación y de sus propios intereses económicos y jurídicos, en la constitución estructural de la nueva España sin perjuicio de que después, la organización autonómica andaluza venga a manifestarse en pluralidad de Estados, siguiendo los imperativos indeclinables de nuestro Genio tradicional. 4º Llamamos, por consiguiente, ahora, a todos los Andaluces y muy especialmente, a los organismos representativos, Diputaciones, Ayuntamientos y centros trabajadores, manuales e intelectuales de nuestro pueblo, para que, rápidamente, se resuelvan a preparar la revelación de la personalidad de Andalucía; y para que estudien los problemas políticos, jurídicos, económicos y financieros que a ella importe defender en el pacto federal, próximo a celebrarse, entre todas las Españas, en el cual, la nuestra, habrá de procurar la consagración de su espíritu y de sus intereses industriales, agrarios y comerciales, en concurso amigable con los demás pueblos de Iberia. De lamentar es el que ahora se diga que teníamos razón cuando hace veinte años se nos tildaba de ilusos, porque advertíamos entonces la necesidad de capacitar urgentemente a Andalucía para resolver este trance que en aquella época anunciábamos como inevitable. Pero mas vendría a dolernos, el que dentro de algunos años se llegara a reconocer la oportunidad inatendida de este llamamiento, el cual viene a absolvernos a nosotros, de toda responsabilidad. Tened en cuenta, andaluces, que aun por exclusión, determinada por las afirmaciones autonómicas de los demás pueblos españoles, la hora en que Andalucía tenga que recobrar su personalidad, está muy cerca; tened en cuenta que esa Personalidad, fue acaso, siempre, la más ilustre de cuantas vinieron a expresar en un pugilato creador todos los pueblos elaborantes de la Historia: que, cuantas veces fue España verdaderamente grande, con grandeza espiritual originaria, aumentadora de las potencialidades de lo Humano, (no con grandeza bárbara, guerrera o excluyente) lo fue por Andalucía: la inventora de las culturas primigenias, que nutrieron el crecer del Espíritu Occidental; la que humanizó el imperio regularista y absorbente de Roma, la que mediante nuestro actual fundamento, el maravilloso al-Andalus, lámpara única encendida en la noche medieval, educó a Europa y llegó a abrir, para ella, las puertas del Renacimiento. Tened en cuenta que cien generaciones ilustres de antepasados nuestros, mantenedores de la sucesión o de la continuidad, en triunfo, del Estilo andaluz, a través de la historia, arrebujados en la entraña milenaria de Andalucía, van a ser testigos de vuestra actitud en presencia de esta ocasión, que se os va a ofrecer de recobrar los fueros de vuestra substantividad, negados en absoluto por la intolerancia europea; la cual desde hace cuatro siglos, vino a consumar su obra de odio político pseudo-religioso, enterrando vuestra historia cultural; atormentándoos siempre, hasta llegar a convertir en su truhán o en su bufón, para divertir sus ocios turísticos, al pueblo incomparable que siempre representó una antorcha encendida alumbrando los caminos hacia la divinización del progreso de los hombres. Considerad que si para Europa hoy sólo representáis un espectáculo, para África y el Oriente sois, quizás, la única esperanza. En el comité insurreccional de los pueblos de Oriente, ante los delegados de más de trescientos millones de cabezas de hombres, esclavizados por el imperialismo materialista occidental, reunidos en el Congreso de Delhi, entre los aplausos frenéticos de la Asamblea, decía no ha mucho nuestro compatriota el gran poeta andaluz, Abel Gudra: “La revolución india es un mero episodio de la gran batalla. Las agitaciones de África, lo son también. Desengañaos. ¡Nada conseguirán los pueblos esclavizados de Afro-Asia, mientras que el despertar no venga a abrir los ojos en la tierra sagrada de España, de nuestra cabeza, Andalucía!”. Y más de un millón de andaluces, expulsados por la bárbara intolerancia de Europa, aguardan, desde Tánger a Damasco, el instante de que recobréis la conciencia, soterrada por la bárbara dominación, bajo capas asimilistas; pronunciando en el destierro el nombre de la patria pasajeramente perdida, con inefable tenacidad; amenazados de nuevas expulsiones por Francia enemiga y señalando a España, el único porvenir internacional que está en Oriente, al cual se llegará sólo en nombre del espíritu de Andalucía. Porque vosotros sois el único pueblo europeo operador de las síntesis más fecundas; tierra asilo de Dios o de la coordinación de todas las verdades o de la tolerancia y de la libertad, en su solar todas las razas se fundieron; las grandes síntesis doctrinales, precursoras de la Europa actual, Andalucía las hizo. Y a ella, quizás, está encomendado por el destino, la gran armonía entre el Oriente y el Occidente; como, tal vez ahora, la gran síntesis de España, mediante la Federación, pende de que Andalucía se yerga. Ved, compatriotas, que el constituirse de nuevo España, como ahora va a suceder, no implica sólo una simple operación política. Se trata, nada menos, que de llegar a constituir una nueva Sociedad, en la cual la mentalidad obrerista, manual e intelectual, la única asequible hoy a los requerimientos del Espíritu (cuyos temas son acogidos con bostezos de aburrimiento, nuncio de su propia perdición en los medios pseudo-aristocráticos de la sangre y del dinero) ha de imponer unos nuevos principios substanciales y una nueva estructura social, articulada por Instituciones o creaciones originales, inspiradas en la Naturaleza o en la Justicia, al margen o en contra de las cuales, se desarrolla en infecundidades ratificadas, las que constituyen el orden social antiguo, ya expirante en nuestro País. Y también, para este fin se precisa el que Andalucía venga a inspirar la nueva construcción social española. Vindicaciones particulares o privativas, tiene que hacer ante la Justicia que venga a presidir la constitución del Orden Nuevo. Que se nos diga por qué razón, Andalucía, que no llegó a conocer el feudalismo en el medievo, cuando fue libre, gloriosa y musulmana, lo ha de soportar en los tiempos modernos, en el cual dicen que es española y cristiana y europea. Que se nos diga, por España entera, por qué razón ha sido sometido a esclavitud lo más puro de nuestra estirpe: los jornaleros o campesinos sin campos, los moriscos, salvados por sumisión, ocultación o retorno de la expulsión ominosa; que se nos justifique por qué lo más selecto de nuestra raza, los campesinos hambrientos, ha de rodar las cercas de la tierra que la conquista les arrebató y que convirtió en vergeles durante la época de la libertad, contemplando cómo en los estados que repartieron, entre los capitanes de las mesnadas conquistadoras, los reyes españoles; cómo en las tierras que llegó a acumular más tarde el contubernio plutocrático caciquil, se niegan a ellos y se conceden a las bestias continuadoras de la animación de aquellos guerreros y de aquellos caciques, nos la vinieron a arrebatar; es preciso que se nos aclare por qué, encubierta con el eufemismo de “Cuestión Agraria de Andalucía”, se ha venido tratando, durante siglos, solamente con informaciones de antecedentes acerca de esa cuestión, decretadas por Centros burocráticos y practicadas anualmente por funcionarios de esos Centros con repetición indefinida de resultados idénticos; un problema que por de pronto, no es agrario (o de prosperidad o decadencia de una rama especial de la actividad productora, esto, podrá llegar a suceder después); sino simplemente, en sus factores originarios, el problema de un pueblo, a quién le fue robada su tierra o el solar de sus padres, por conquista; y, por el régimen de conquista que, con respecto al pueblo vencido, los dominadores vinieron a practicar. Robo por la conquista. Robo en aquella merienda de negros que fue la desamortización, en la cual quién compraba una fanega de tierra, usurpaba mil. Robo de plutócratas concertados con caciques, los cuales les vendían a cambio de cuantiosos corretajes, las tierras comunales de los pueblos. Robo de unos y de otros indistintamente que, protegidos por la fuerza pública, amparados por una justicia al pueblo inaccesible, realizaban, descaradamente en los baldíos de los pueblos, incorporando a los fundos particulares hasta las cañadas reales, con sus abrevaderos; mientras que, por otra parte, saqueaban, los segundos los pósitos rurales, valiéndose de testaferros insolventes. Robos, imprescriptibles, comprobados en esos cuatro órdenes de robos, son los orígenes de los latifundios andaluces, cuyos tipos tenemos clasificados, atendiendo a esos cuatro modos de adquisición. Se impone pues, como imperativo ineludible e indilatable de justicia divina y de ley humana, la restitución al pueblo andaluz, inmediatamente, de la tierra que por estos medios le fue sustraída; la medida reparadora ha de ser originariamente simplista, como lo fue el despojo. El empaque intelectualista de estos tiempos sólo apercibe en correspondencias complicadas el modo acertado de enjuiciar y de tratar las realidades. Pero aquí se ofrece una realidad fundamental y, por tanto, simple y simplista ha de ser por de pronto. Lo demás es atavismo heredado de épocas de burocracias y de estúpidos y complejos expedientes. Al robo se le responde por la Justicia; primeramente, con la simple restitución del objeto robado a su legítimo dueño, que es aquí el jornalero, el más auténtico representante del pueblo andaluz. Sobran arbitrios elaborados por la sociología, que, en este caso, pueden llegar hasta a ser apoyados por fundamentos de Ley, para hacer inmediatamente efectivo en Andalucía, con respecto a su tierra sagrada, cuna de culturas formidables, el principio orgánico de todas las fecundidades sociales: “Tierra y Libertad”. Andaluces: La tierra debe ser del jornalero antes de la próxima sementera, caiga en la empresa quien caiga. Ved a Cataluña levantada en defensa de su tradición, levantada por sí. Vuestra tradición son los vergeles de los campos de Andalucía y la espiritualidad que de esos vergeles vino a surgir en épocas de libertad. Si antes de la expresada fecha la tierra no se os ha llegado a entregar, venid a constituir, como en 1835, una Junta Soberana de Andalucía, y que sea la primera medida de esa Junta, la restitución de la tierra que fue arrebatada a vuestros padres en castigo de su heterodoxia, autora, sin embargo, de un nombre augusto para España, en la historia de la cultura. Cuando la muda y terrible interrogación del hambre jornalera, escándalo del mundo, se proyecte sobre España, como una trágica y secular acusación, no recibid limosnas gubernamentales de mayor o menor cuantía, las cuales resienten a nuestra dignidad; no ingerir en sustitución de derechos efectivos, informes burocráticos y promesas de solución. Levantaos: tomad vuestra tierra. Por Andalucía y por España. Hoy, la caricatura que España hizo de Andalucía, es caricatura de España ante el mundo. Para el extranjero, España es lo andaluz y es Andalucía. A preparar, pues, la intervención de Andalucía, como término vivo actual en la Federación Española. Para esta obra todos los núcleos autonomistas y federales de nuestro pueblo deben llegar a constituir un solo organismo, bajo la bandera de la República Federal. Es la hora de vivificar los principios del inolvidable don Francisco Pí, quién hizo coincidir las regiones con los términos a federar. A disposición de los comités que se formen, se encuentra nuestro esfuerzo humilde. Ayudar a la República Federal es hoy tanto como ayudar a la República y aún a la unión republicana; (casi todos o todos los republicanos son hoy federalistas). Ayudar a la República Federal es tanto como venir a respetar la voluntad popular autora de esta Revolución ejemplar y fraguada en los misteriosos laboratorios, en donde actúan para informar el material de sus juicios, las insuperables facultades de conocer que sobre las de los individuos, vienen a vincular los pueblos, fundamento éste que es el derecho divino de las democracias. Defender la República Federal es hoy tanto como sentir el instinto conservador de la Revolución y de España, porque responde a la estructura natural del País y la Naturaleza, es invencible. Para terminar, rogamos a todos los andaluces, conscientes del instante actual, que os lleguen a expresar los juicios que formen acerca de los siguientes asuntos: 1º Cuales deberían ser las facultades autonómicas que Andalucía entera pudiese llegar a reclamar para lograr organizarse interiormente en los Estados cuya existencia responda a nuestra tradición, estructura y facultades accidentales o permanentes del organismo que haya de discernir esos Estados y de cumplir esta función. 2º Intereses, de orden cultural, agrario, industrial y comercial, cuya vindicación privativa corresponda a Andalucía. Sevilla, 1 de Mayo de 1931. Por la Comisión Liberalista de Andalucía de la Agrupación Republicano Federal: Francisco Chico y Canga, Mariano López Muñoz, Rafael Ochoa Vila, Blas Infante Pérez. Secretaría de la Agrupación Republicano Federal Andaluza, en Sevilla, Moratín, 32. Alí Manzano http://pensamientoandaluz.org/index.php/ali-manzano/126-manifiesto-de-los-liberalistas-de-andalucia-reforma-o-ruptura.html cadenas (1)



  • Vigencia del programa revolucionario de Blas Infante en la Andalucía del siglo XXI
    Carlos Rios
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    10/08/2017
    La figura de Blas Infante ha sido ocultada fundamentalmente por dos hechos históricos: el primero es su propia muerte. Detenido el 2 de agosto de agosto de 1936, su esposa Angustias García quemó tras su detención todos los documentos que le parecieron “políticamente peligrosos” para la vida de su esposo. No sirvió de mucho, puesto que el franquismo y su máximo responsable en la provincia de Sevilla, Pedro Parias (que aún hoy disfruta del honor de darle nombre a un colegio público en Peñaflor), no dudaron en asesinarlo. Perdimos, por tanto, la parte de la obra infantiana más revolucionaria y clarificadora. El segundo hecho histórico es el proceso político acontecido después del franquismo. La transición, pilotada por la Trilateral y la burguesía, hacia una monarquía parlamentaria española exigía hacer de Blas Infante Pérez -un andalucista revolucionario, anticapitalista, internacionalista y con tendencias anarquizantes- un regionalista adocenado con un carácter reformista propio de una orden monacal. En este aspecto ha sido impagable la labor realizada por el desaparecido Partido Andalucista, la Fundación Blas Infante y algunos plumíferos que pululan a su alrededor, cuya mayor preocupación ha sido vivir a costa de vender un Blas Infante -el que sea con tal de que paguen por él- acorde con las necesidades del Régimen del 78. Aun así, su abundante obra, en forma de escritos editados, intervenciones, entrevistas..., nos facilita que tan sólo echando un simple vistazo se puede encontrar a ese Blas Infante tan diferente del que nos vende la Junta “contra Andalucía” (¿se puede denominar de otra manera?) como parte del Régimen del 78. A unas horas del 10 de agosto quiero recuperar algunas reflexiones de Blas Infante que no se suelen leer y que me parecen de plena actualidad en esta Andalucía que, a fecha de agosto de 2017, sigue siendo dependiente. ¿Cómo veía Blas Infante a los políticos del turno? El dictamen para esos políticos que se repartían los sillones a través de pucherazos y encasillados (hoy lo hacen a través de financiaciones ilegales, del marketing político y operaciones de guerra sucia contra la disidencia) es inapelable: “Un político es como generalmente sucede en España, un animal inconsciente y ladrón que roba y pisotea al pueblo desgarrándole con sus uñas rapaces, sin otros métodos pedagógicos y educadores que el libro del Código Penal y el arma de la Guardia Civil”. El poder ejecutivo -fiel empleado (cuando no forma parte directa) de las oligarquías- se sostiene sobre el judicial y las Fuerzas de Orden Público para perpetuar su dominio sobre la clase trabajadora convirtiendo la política en un ámbito objeto de herencias familiares. Andalucía no pinta nada en este juego. Sigue siendo el patio trasero de España que los partidos de turno se disputan para que nada cambie. Lo dijo Blas hace casi un siglo y es tan actual: “He visto entregada esta tierra a aventureros de la política, a advenedizos que hacen de ella asiento de su cretina vanidad y base de su mezquino interés”. Andalucía es una colonia; así la consideraba Blas Infante y así la seguimos considerando los y las militantes de la izquierda independentista. Y el primer objetivo del colonizado, su primer propósito para cambiar su ser social, es justamente dejar de serlo: “Andalucía es la Irlanda española, cuyo suelo fértil, rico y productivo, está convertido, por una cruel paradoja, en el país del hambre. Para que en nosotros renazca la alegría, debemos los andaluces redimirnos conquistando nuestra propia tierra”. Una colonia del Estado español que, como potencia colonial, no tiene reforma posible. Lo confirma el Manifiesto de la Nacionalidad signado en Córdoba en 1919 por Infante y otros andalucistas revolucionarios: “Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a los individuos y los pueblos, conculca sin freno los fueros de justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la libertad, ese Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros”. Hoy afirmamos que no habrá una “España buena” para Andalucía, puesto que en los pilares de su existencia está la explotación del Pueblo Trabajador Andaluz, pero ya lo afirmaba Blas Infante en los años 20: “Para la España actual no hay solución política posible porque tampoco existen, para ella, posibilidades biológicas”. El Estado no es más que el resultado de una expansión territorial de la nobleza castellana venida a menos a lo largo de los siglos, hasta casi volver a su demarcación territorial original en la actualidad. Nada parecido a una unión libre de pueblos. También en esto coincidimos con Infante, que afirmaba: “De modo que España existe merced a la unión de esos pueblos, es el resultado de ellos ¿Y la madre es, pues, España? España no es ni madre ni hija. España fue y es una hacienda unificada por el derecho divino de los reyes”. En España, la burguesía es la clase más inútil por vivir de los demás e impedir la vida de la mayoría: “No hay nada más inútil que la vida de un señorito”. La estrategia a sostener ante el Estado no fue siempre la misma por el andalucismo revolucionario. A partir de 1933 se produjo un giro táctico inconcluso de difícil valoración desde el presente, por la irrupción de la Guerra Civil, que arrasó con el andalucismo revolucionario asesinando a Blas Infante y Antonio Ariza, entre otros. Hasta entonces, el andalucismo revolucionario sostuvo unas concepciones bastante claras sobre la actitud a mantener hacia el Estado burgués: “Por que el Estado español no es la expresión jurídica de una forma social; por que sus poderes no son poderes sociales sino poderes representativos de los fueros de una clase dictadora. La Clase plutocrático burguesa...”. La actitud había de ser de intransigencia y defensa de la organización independiente de la clase trabajadora andaluza, tal y como desde Nación Andaluza planteamos: “Yo os exhorto a que permanezcáis en vuestras organizaciones; a que las fortalezcáis, cada vez más...”. Y de rechazo a los vendedores de ilusiones inconcretas, de esperanza a los desesperados y a los defensores de un buen gobierno en Madrid porque, tanto entonces como ahora, que haya un gobierno español (sea del color que sea) siempre será malo para la Andalucía trabajadora: “Todos cuantos intentos se realicen para afirmar en el ánimo del pueblo una esperanza en soluciones más o menos radicales, provenientes de la acción tuitiva de los Poderes actualmente constituidos, es restar inútilmente energías a su descontento expectante, a su voluntad revolucionaria...”. Las tácticas antes y ahora han de ser principalmente la difusión y la conciención del Pueblo Trabajador Andaluz, la movilización por las pequeñas luchas cotidianas, pero ningún movimiento revolucionario renunciará a la utilización de otros instrumentos como ni antes ni ahora la burguesía renuncia a sus ejércitos y sus Fuerzas de Orden Público para reprimir a la clase trabajadora o echarlos de su casa porque no pueden pagar un recibo de su hipoteca: “La acción circunstancial de la violencia, del fanatismo o del error, si han de ser provechosas para la vida, han de estar dirigidos por la Razón; por el entendimiento recto, que como instrumento y solo como instrumento, o arma de combate, los venga a usar en un determinado instante, para sus conscientes fines”. Siendo consciente de que esa acción determinante y categórica puede servir para crear una nueva conciencia: “El ejército del proletariado debe ordenarse como instrumento para la creación del alma comunista; o lo que es lo mismo, del poder capacitado para llevar a cabo esta misión”. Tal fue así como se planeó, cierto es que sin el conocimiento de Blas Infante, la proclamación de la República Andaluza o estado Libre de Andalucía en junio de 1931 por parte de los integrantes de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza. Y junto a esta, la actitud militante de aquell@s que saben que sirven a un bien mayor que el individuo que es la libertad colectiva del Pueblo Trabajador Andaluz: “De desear es que sobre la pira de mártires andaluces, amontonados por la miseria y la tiranía política y espiritual que infligiera la dominación española durante el último lustro de siglos, caigan pronto andaluces conscientes, abrazados en el instante de la agonía a la bandera verde y blanca. De desear es que sus franjas de divinos colores sean pronto salpicadas de manchas rojizas, conveniente es que la sangre de los sacrificados, por Andalucía, venga a poner en nuestra bandera el color de rojo fuego, que prenda en los venideros conductores de Andalucía y en el corazón de los luchadores actuales, un incendio de pasiones ardientes y heroicas por esta patria adorable”. La necesidad imperiosa de revolucionar Andalucía era expresada por Blas Infante para quebrar las relaciones de dominación del Pueblo Trabajador Andaluz y la seguimos compartiendo hoy, con más premura si cabe: “Se precisa y es urgente la Revolución, que venga a hacer discurrir la evolución historicosocial por estos derroteros”. El carácter de la República Andaluza ha de ser cualitativamente distinto al de un Estado español (“Los Tiempos nuevos destruyeron la choza sin edificar el palacio, y los hombres se encuentran a la intemperie”), puesto que no será un fin en sí mismo, sino un paso intermedio hacia la construcción de una sociedad comunista sin explotadores ni explotados: “No una revolución que venga a entronizar la dictadura de una clase sobre las demás, sino una revolución que suprima todas las clases”. Frente al gobierno de la burguesía -la dictadura plutocrática-, habrá de instituir un gobierno del pueblo, una dictadura del pueblo trabajador: “Dictadura educadora, que nada fíe a la construcción legal”. Una dictadura que incida ante todo en la construcción de una nueva conciencia social, generando un nuevo ser social: “Dictadura pedagógica, revolucionaria que tenga por fin la creación humana, concepto uno con el de la felicidad de los hombres.”. En esa República Andaluza, el trabajo será un derecho pero también una obligación para tod@s y no habrá una minoría que viva del trabajo de los demás: “Nadie quiere trabajar. Todos ansían aumentar la falange despreciable de señoritos. La chalanería y la especulación es el negocio del día”. Una noche del 10 al 11 de agosto de 1936 asesinaron a Blas Infante Pérez. Mataron al hombre, pero sus ideas siguen estando vigentes, aún más hoy, por no haber sido llevadas a cabo 81 años después. Es nuestra tarea cumplir y desarrollar su programa político hasta hacer del socialismo infantista la guía de acción de la revolución andaluza. ¡Viva Andalucía libre y socialista!



  • De los Centros Andaluces a los Centros Andaluces del Pueblo (1916-2016). Un siglo de autogestión por Andalucía
    Carlos Rios
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    01/07/2017
    Los Centros Andaluces son las instituciones creadas para recoger esas ansias de vida de nuestro pueblo” Blas Infante. Centro Andaluz de Jaén, mayo de 1918. El pasado mes de octubre de 2016 se cumplían 100 años de la inauguración del primer Centro Andaluz. El 22 de octubre de 1916 se inauguró el Centro Andaluz de Sevilla con una conferencia de Blas Infante. La actividad de los Centros Andaluces se ve interrumpida por la dictadura de Primo de Rivera que los cierra y clausura la actividad del andalucismo revolucionario hasta los años 30. El desenlace coherente de este preventivo cierre de los primeros Centros Andaluces llega en 1936, con el asesinato de Blas Infante y demás andalucistas revolucionarios (Antonio Ariza...) y la persecución de otros (Pascual Carrión, Fermín Requena, Isidoro de las Cagigas, Emilio Lemos...). Tras la larga noche franquista el regionalismo se muestra incapaz de retomar una actividad cultural y política en torno a los Centros Andaluces. Llamaran de esta forma a algunos de sus locales pero el paso hacia atrás producido en sus planteamientos políticos motiva que no podamos establecer una continuidad entre los Centros Andaluces de Blas Infante y los locales (la mayoría de ellos funcionando como simples sedes del PA). Los Centros Andaluces se constituyen como expresa en la revista Andalucía en febrero de 1917 en: “una organización contrapuesta a la actual de los partidos caciquiles organizados en jefaturas y clientelas”. El regionalismo que pretende erigirse en continuador del andalucismo revolucionario de Blas Infante y de sus Centros Andaluces está muy lejos de serlo. No será hasta el presente siglo XXI cuando comiencen a aparecer unos espacios como dignos continuadores de la labor que el andalucismo infantista quería desarrollar en sus Centros Andaluces: los Centros Andaluces del Pueblo(CAP). El primer CAP aparece en Málaga con la denominación de “Er Llano” en 2002 y se reinaugura en 2012. El segundo CAP aparece en Granada. Es el “Blas Infante” que se inaugura el 17 y 18 de octubre de 2009 con la celebración de la XII Asamblea Nacional de Nación Andaluza. Como podemos presuponer la denominación de este CAP no es casual estableciendo una continuidad entre los CAPs de principios del siglo XXI y aquellos de principios de siglo XX. Una continuidad no sólo organizativa sino ideológica entre el pensamiento revolucionario de Blas Infante y la izquierda independentista andaluza actual. En Almería aparece el CAP “Javier Verdejo” inaugurándose el 4 de diciembre de 2014 en una clara afirmación del carácter rupturista de los CAPs que no transigen con la imposición del 28 de febrero y reivindican el 4 de diciembre como el Día Nacional de Andalucía. El más reciente (en el momento en el que escribimos estas líneas) es el CAP de Huelva “Félix Rivera” que comenzó su andadura el pasado mes de mayo. Y es que el carácter de los Centros Andaluces originarios era (como lo es en el de los Centros Andaluces del siglo XXI: los Centros Andaluces del Pueblo) no sólo una labor de difusión cultural. Los Centros Andaluces como los CAPs aspiran a realizar un trabajo de formación, propagación y toma de conciencia política además de una labor de tipo educativo-cultural. Existieron Centros Andaluces en Sevilla, Córdoba, Jaén, Casares, Jimena de Libar, Gaucín, Barcelona, Madrid o Buenos Aires. Y se planearon otros en Málaga, Granada, Ronda, Estepona, Baeza, Guadix, Jerez, Carmona, Utrera, Carmona y Medina Sidonia. En abril de 1916 se emitía el manifiesto de los Centros Andaluces que a partir de entonces se extenderían por todo el país andaluz y entre los andaluces en el exilio. El manifiesto (con una desagradable nota patriarcal propia de la época) decía así: “...Unir las ciudades y las provincias andaluzas, fomentando el espíritu regional. Como unidad constituida por todas ellas, se destaca Andalucía enfrente de las demás regiones. Desde los tiempos primitivos, no obstante las disgregaciones artificiales interiores, siempre se ha reconocido la unidad de Andalucía, resultado de haber habido siempre en su territorio un pueblo de carácter, personalidad o ingenio distinto de los demás de España, lo suficientemente distintos para producir una diferenciación regional. (...)Capacitar al pueblo andaluz para regirse por sí mismo (...) y administrar por sí sus peculiares intereses con la mira puesta en el desenvolvimiento de todos los órdenes de prosperidad material y moral. (...) En suma: nos proponemos crear un pueblo culto, viril, consciente y libre, capaz de sentir y de amar y de defender el ideal”. Esta fue la tarea que pretendía el andalucismo rupturista en los Centros Andaluces. Tan alejada de las prácticas políticas y culturales del Partido Andalucista salido de la “Transición” y tan cercana al carácter anticapitalista de los Centros Andaluces del Pueblo de un siglo después. El primer Centro Andaluz fue fundado en Sevilla en 1916. Daba clases gratuitas para el pueblo trabajador (francés, economía política, historia de Andalucía...) que impartían los miembros del Centro Andaluz. El propio Infante que se encargaba de las clases de Historia de Andalucía. Se proponen crear un gran compendio de esta temática. Poseen una biblioteca así como un mueso de productos naturales que debe ser manufacturados en Andalucía, divulgando las propiedades de algunos productos naturales como las aguas minero-medicinales y denunciando así el carácter económico colonial del país andaluz. Se organizan exposiciones, excursiones, disponía de un servicio de publicaciones que se vendían en el Centro o que eran repartidas gratuitamente entre la clase obrera de los pueblos. Los Centros Andaluces no eran concebidos como espacios culturales. Iban más allá en sus tareas realizando actividades políticas. Los jóvenes del CA sevillano editan un semanario llamado “El regionalista”. Como revista del Centro Andaluz de Sevilla aparece la revista mensual Andalucía en 1916 que se unió a partir de enero de 1918 con la revista del mismo nombre que editaba el Centro Andaluz de Córdoba. También tuvo una faceta ecologista ocupándose de la tala masiva de alcornoques en Huelva. Unos meses después de la creación de CA de Sevilla, en noviembre 1916, se fundaba el Centro Andaluz de Córdoba. La actividad política municipalista era intensa en el CA cordobés consiguiendo en las elecciones municipales de 1917 representación institucional en el ayuntamiento. Junto a la actividad política también se desarrolló una actividad propagandista realizando varias conferencias el propio Blas Infante. El 17 de febrero de 1919 una manifestación organizada por el Centro Andaluz entre otras organizaciones que protestaba por la carestía de las subsistencias la cabecera de la misma portaba una pancarta que rezaba “¡Viva Andalucía libre!¡Muerte a los caciques!”. Es la primera vez que aparece el grito de liberación andaluza que luego se reproducirá millones de veces por el Pueblo Trabajador Andaluz. Junto a los CAs de Sevilla y Córdoba otro del que existe abundante documentación es el Centro A Andaluz de Jaén. Constituido públicamente en diciembre de 1917 el CA de Jaén organizará conferencias, actos políticos, clases populares como en el CA de Sevilla, asambleas sobre temáticas concretas como la política de transportes o de vivienda y editará la revista Jaén. Su actividad política municipalista será intensa alcanzando dos actas de concejal en las elecciones municipales de 1920 y doblando así los resultados del andalucismo en las elecciones municipales de 1917. Tal es la actividad de los Centros Andaluces cerrados y prohibidas sus actividades por la dictadura de Primo de Rivera a finales de 1923. Un andalucismo que suponía un peligro para las clases dominantes, un cuestionamiento de la distribución de la riqueza en Andalucía, de su estatus político colonial y una denuncia feroz del podrido sistema político español. Nada que ver con el regionalismo servil, capitalista y colaboracionista que el Partido Andalucista desarrolló tras la muerte de Franco. Por ello es inevitable ver las semejanzas entre estos Centros Andaluces y los Centros Andaluces del Pueblo actuales. El comunicado conjunto que lanzaron los CAPs el pasado 20 de junio de 2016 decía: La actividad de los Centros Andaluces del Pueblo se basa en principios liberadores como: - La autogestión como principio de funcionamiento y garantía de una acción cultural libre y no supeditada a los intereses de las clases dominantes. - El fomento de la cultura popular andaluza como instrumento de vertebración y liberación del Pueblo Trabajador Andaluz. - La aspiración a la recuperación de la soberanía andaluza como un ejercicio de conquista de la lucha popular, no como una concesión (imposible) de los poderes establecidos. - La consideración del Pueblo Trabajador Andaluz como protagonista de la lucha por su emancipación social, política y también cultural y la emancipación del país andaluz. Hoy los CAPs son dignos sucesores de los Centros Andaluces que pusiera en pie el primer andalucismo revolucionario. En ellos se albergan actividades, culturales, formativas, actos públicos así como el que hacer de distintos colectivos que, sin formar parte del soberanismo andaluz, conviven y se asocian con él en la tarea común de fortalecer la lucha por la emancipación del Pueblo Trabajador Andaluz. Los CAPs aspiran a jugar el papel de “instituciones creadas para recoger esas ansias de vida de nuestro pueblo” tal y como enunciara Blas Infante a propósito de los Centros Andaluces en un acto realizado en el CA de Jaén en mayo de 1918. Carlos Ríos Este texto fue publicado originariamente en el número 64 de la revista Independencia (pinchar aqui para ver) con motivo del centenario de la creación de los Centros Andaluces por Blas Infante.



  • Las primarias del PSOE vistas por un independentista andaluz anticapitalista
    Carlos Rios
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    22/05/2017
    Hacer un análisis desde el espacio político en el que me sitúo, la izquierda independentista andaluza, de lo ocurrido en las primarias del PSOE no es gratuito ni casual. El PSOE ha gobernado Andalucía desde 1982 y se ha constituido lo que se ha dado en llamar la forma de un partido-país. Una forma que se reproduce fundamentalmente en países sometidos a situaciones neo-coloniales en África, América y Asia pero también en Andalucía. En ella se confunden la identidad cultural, administrativa y políticamente con la figura del PSOE. Mientras que en otras naciones del Estado español y en el gobierno estatal se ha ido alternando el poder político en función fundamentalmente de fórmulas bipartidistas (de larga tradición en la democracia burguesa española) en el caso de Andalucía la hegemonía del PSOE ha ocupado 35 años y parece que pudiera alargarse algunos más. Por todo ello parece acertado realizar algunas reflexiones sobre las primarias del PSOE: 1º Hay que señalar el natural regocijo que hoy han sentido amplias capas de las clases populares ante la derrota de Susana Díaz en las primarias. Susana Díaz no es sólo la presidenta de la Junta de Andalucía. Susana Díaz es la representante del poder del PSOE en Andalucía durante más de tres décadas siendo ella misma designada por Griñán como su sucesora y ocupando la presidencia de la Junta desde septiembre de 2013 sin que hubiera elecciones (con los votos favorables de PSOE e IU). Díaz es además visualizada como la voz de su amo, Felipe González, entusiasta de la “razón de Estado” que llevó al PSOE a la aplicación indiscriminada de políticas neo-liberales, a fomentar la integración del Estado en la OTAN o a la complicidad absoluta con la creación y existencia de los grupos paramilitares de extrema derecha G.A.L. 2º Susana Díaz ha perdido las primarias a nivel estatal pero Andalucía es el único territorio del Estado en el que ha ganado. A su vez Susana Díaz consiguió más avales (60231) que números de votos ha conseguido en las primarias (59041). Haciendo un alarde de derrotismo rápidamente se ha explicado dicha circunstancia en función de las prácticas clientelares y caciquiles del PSOE en pueblos y barrios de Andalucía (prácticas que son muy ciertas) como se puede ver en este artículo de un medio regionalista afín a Podemos ( pinchar aquí para ver). Sin embargo las primarias han sido a nivel estatal y si observamos la distribución (pinchar aquí para ver) observamos como la diferencia entre avales y votos de Susana Díaz abarca todo el Estado. Esto certifica cómo las prácticas mafiosas y clientelares en el PSOE no se aplican sólo en Andalucía (dónde son más intensas debido a su dominio durante décadas) sino que a nivel interno del PSOE existen en todo el Estado y son consustanciales al Régimen del 78 tal y como expresaba la organización independentista y anticapitalista Nación Andaluza a la que pertenezco recientemente (pinchar aquí para ver). 3º No cabe duda que el PSOE de Pedro Sánchez no va a cuestionar al Régimen del 78 en sus tres pilares esenciales: la unidad del Estado, la integración en el sistema económico capitalista y la monarquía borbónica. Pero su victoria puede a generar una nueva falsa esperanza en los social-liberales (baste ver la propuesta de retirar la moción de censura a Rajoy de Podemos si la presenta el PSOE los tweets de Garzón declarando que hay que echar al PP) aglutinando a la socialdemocracia española (IU-PODEMOS). Proceso en el que las ilusiones en una “España mejor” y en las reformas sufrirían una erosión más rápida si cabe de la que están sufriendo en la actualidad. 4º No habrá ningún cambio en el país andaluz tras estas primarias. La dependencia política y económica y la alienación cultural de Andalucía continuarán igualmente. De nuevo el Pueblo Trabajador Andaluz depende solamente de si mismo para su emancipación. Depositar las esperanza de la clase trabajadora andaluza en “lo que pase en Madrid” es siempre una apuesta perdedora y que sólo genera frustración. 5º Se ha barajado que Pedro Sánchez pueda alcanzar acuerdos con “los nacionalistas”. Teniendo como premisa que ninguna corriente interna del PSOE se atrevería a cuestionar los pilares fundamentales del Régimen, la fórmula para un hipotético acuerdo estaría en avanzar en un Estado español más asimétrico en la distribución de competencias autonómicas y recursos financieros. Si así ocurriera Andalucía volvería a estar ausente del debate a propósito de su estatus político en el marco estatal al estar copada por expresiones políticas del progresismo estatalista y poseer una izquierda independentista revolucionaria todavía no lo suficientemente fortalecida. En resumen las primarias han vuelto a poner de manifiesto la necesidad y la urgencia de que el Pueblo Trabajador Andaluz se organice de forma no subordinada a cualquier burguesía o intelectualidad estatalista para conquistar la independencia política en forma de República Andaluza y construir un nuevo modelo económico de carácter socialista si quiere ser protagonista de su futuro y dejar de ser siendo objeto de las políticas y los políticos estatalistas sostenedores/as del Régimen del 78. Carlos Ríos. Coordinador nacional de Nación Andaluza.



  • SEMANA SANTA: ¿TRADICIÓN O IMPOSICIÓN?
    Ali Manzano
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    16/04/2017
    SEMANA SANTA LEGIONDesde ciertos sectores políticos, docentes, universitarios o culturales, se intenta justificar la imposición y asimilación de costumbres y ritos bajo la denominación de “Tradiciones”. La RAE define la Tradición como Comunicación de hechos históricos y elementos socioculturales de generación en generación. Una definición bastante pobre para un tema complejo y que en el caso del Estado español tiene una importancia primordial por el uso que este ha hecho de los rituales y mitos para convertirlos en la justificación de su propia existencia como Nación. Estos mitos, leyendas y rituales político-religiosos se han convertido en “Tradición”, gracias a la continuidad en el tiempo de las políticas asimilistas del Estado español en Andalucía. La colonización psicológica del pueblo andaluz conseguida a través de los procesos de asimilación histórica y cultural han configurado en la psiquis colectiva del pueblo andaluz la idea de “propiedad” de unos rituales impuestos por el colono castellano. La “tradición” es la transmisión de costumbres a través de la historia, por un mismo pueblo. Pero para que una costumbre se convierta en “tradición”, debe surgir de las entrañas de ese pueblo, de los procesos históricos y culturales que protagoniza el pueblo. Si el origen de un ritual es la imposición de unos dogmas religiosos y políticos, por la fuerza de las armas y con la intención de perpetuar la dominación sobre un territorio y un pueblo, no estamos hablando de “tradición”, sino de colonialismo. Cualquier ritual surgido por la imposición de una potencia invasora es un signo del padecimiento de una situación colonial, a pesar de que el pueblo que la sufra no sea consciente de ello por la acción asimiladora sostenida durante siglos. Y esto es lo que ocurre con la Semana Santa, unos festejos religiosos que representan mejor que ningún otro acto simbólico las imposiciones religiosas, políticas, culturales y sociales sobre nuestro pueblo. Una demostración de la situación colonial que sufre Andalucía. Las primeras manifestaciones de “penitentes” procesionando por las calles andaluzas las tenemos a principios del S. XVI. Muy pocos años después de la conclusión de la conquista de Andalucía por los Reyes Católicos, comienza una política de acoso a la población andaluza, mayoritariamente musulmana. Una Pragmática (texto legal de obligado cumplimiento) del 14 de Febrero de 1502 promulgada por los Reyes Católicos, incumpliendo las Capitulaciones (acuerdos entre Estados) con las que muchas ciudades andaluzas se sometieron a los Reyes de Castilla y Aragón a cambio de preservar su religión, propiedades, cultura y tradiciones, obligaba a los musulmanes a convertirse al cristianismo o a exiliarse, además de prohibir su ritos religiosos, escritura, idioma, baños, vestimentas, etc. A partir de este momento la “Santa Inquisición” vigilaba y perseguía a todos aquellos que incumplían la Pragmática, condenándolos a penas de muerte, castigos físicos, exilio...y a procesionar con la cabeza cubierta por un “sambenito” para escarnio popular. En el Concilio de Trento de 1565 se reglamentan las procesiones, autorizando el procesionamiento de imágenes religiosas por las calles de ciudades y pueblos. En Andalucía, los primeros “penitentes” eran reos que de esta manera purgaban sus “penas”. Posteriormente se nutrieron de moriscos que intentaban congraciarse con las instituciones del invasor para no perder sus privilegios. En las procesiones cubrían su cabeza con el sambenito para no ser reconocidos por el resto de moriscos y evitar posteriores agresiones. El paso de los años y una historia contada por los vencedores de la guerra contra Al-Andalus, ha hecho olvidar los orígenes de esta celebración, haciendo creer al pueblo andaluz que ha sido creador de este rito convertido en “tradición”. Pero como podemos demostrar, este Rito no surge del pueblo andaluz, surge como imposición de los conquistadores castellanos, como instrumento de control y de evangelización. Y a pesar de que se hayan incorporado elementos de la cultura andaluza a esta celebración religiosa, eso no la convierte en una “tradición andaluza”, al igual que Papá Noel no es una tradición norteamericana a pesar de su omnipresencia en los EE.UU y de la incorporación de la cultura consumista norteamericana a la fiesta. La “tradición” de la Semana Santa no corresponde al pueblo andaluz, sino al Vaticano, a la Iglesia Católica y a los instrumentos de poder que creó para someter a las andaluzas. La Semana Santa representa los valores de la conquista y la sumisión de un pueblo; valores de culpa y penitencia, de jerarquía, de sometimiento, cumpliendo además con la función social de pertenencia al grupo, a una ideología, a un Estado. Representa la victoria de Castilla y la “Cristiandad” sobre Andalucía y sobre el islam. Y todos los años nos recuerda que somos un pueblo vencido, conquistado y sometido. Este año, para más Inri, las imágenes de Córdoba, por primera vez, han procesionado por la puerta de la Mezquita, máximo símbolo del esplendor cultural y político de la Andalucía soberana, a pesar de las protestas de diferentes colectivos ciudadanos cordobeses. A falta de victorias deportivas que creen un clima de españolidad popular, los medios de comunicación, los intereses comerciales y turísticos, la ideología de Estado española...han convertido la Semana Santa en un espectáculo de masas con un despliegue informativo propio de los grandes acontecimientos deportivos mundiales. Pero no siempre ha sido así. El actual formato de la fiesta, con la simbiosis de los poderes del Estado, político, militar y religioso, comienza hace relativamente muy poco. Es en el primer cuarto del S.XX, durante el gobierno del Dictador Primo de Rivera, cuando las autoridades políticas y militares comienzan a encabezar las procesiones, convirtiéndose en actos de exaltación patriótica y de homenaje a las fuerzas armadas. Durante la II República, y debido a la presión de las organizaciones populares y revolucionarias, las procesiones fueron perdiendo apoyo institucional y popular, se redujeron los pasos, los penitentes, los recorridos y el número de procesiones en toda Andalucía. Esto nos demuestra que la Semana Santa se sostiene por el apoyo institucional, mediático y financiero del Estado, interesado en mantenerla por ser un referente identitario e ideológico de las clases dominantes. Tanto es así, que en Catalunya, donde esta celebración siempre ha sido marginal, en los últimos años se intenta arraigarla con la presencia de lo más rancio del Estado español, la Legión, otro símbolo de Conquista, de violencia y del poder el Estado. Durante el franquismo la simbiosis de los poderes del Estado en los desfiles procesionales, se convierte en una constante, transformándose en un instrumento de exaltación de la Dictadura, cuya simbología es mantenida en los desfiles procesionales de muchas ciudades andaluzas. La venganza y el escarnio público de los opositores al Régimen fue otra de las funciones atribuidas a la Semana Santa: El Domingo de Ramos, prostitutas, comunistas y anarquistas eran rapadas y obligadas a procesionar. La relación del franquismo con la Semana Santa no terminó con la “transición”. Muy a pesar de la ley de Memoria Histórica, e incumpliendo la misma, muchas Cofradías andaluzas mantienen la simbología franquista y continúan rindiendo honores a los golpistas del 36. Las muestras son muchas, pero vamos a centrarnos exclusivamente en las más significativas: Queipo de Llano, responsable del asesinato de más de 14,000 sevillanos es actualmente Hermano Mayor de la Macarena, cofradía subvencionada por el ayuntamiento de Sevilla. Francisco Franco, hermano Mayor de la cofradía Sagrada Cena. Esta Cofradía venera a la “Virgen María Santísima de la Victoria”, por la exaltación de la Toma de Granada el 2 de Enero de 1492 y por la expulsión de los “moros”. En Granada, continúa siendo Hermano Mayor Honorario de la Hermandad del Silencio. Fraga Iribarne, Ministro de Franco y responsable de innumerables muertes de opositores a la Dictadura, sigue siendo Hermano Mayor de la cofradía de los Gitanos del Sacromonte. La lista es interminable y se podría completar con numerosos ejemplos de cada uno de los pueblos andaluces. En la Semana Santa no hay nada que los andaluces podamos reclamar como propio; nuestra identidad se manifiesta en otros marcadores culturales muy distintos de la Semana Santa y que representan unos valores diametralmente opuestos a los que dimanan de dicha celebración. Actualmente, en la vuelta hacia el Nacional-Catolicismo que están favoreciendo los gobiernos del PP, la Semana Santa es uno de sus pilares donde se manifiesta toda la ideología fascista. No solo se mantiene la simbología fascista que se impuso durante la Dictadura en muchas de las cofradías, sino que se le impulsa con subvenciones públicas directas a través de todas las administraciones del Estado, de forma independiente a la multimillonaria financiación pública de la Iglesia Católica. Pero el apoyo manifiesto de las Instituciones del Estado español a la Semana Santa no para en millonarias subvenciones: En esta Semana Santa, más de cuatro mil militares españoles han participado en un centenar de actos públicos de carácter católico. Los políticos del PP ya no se esconden para sacar a relucir su nacional-catolicismo; ya no tienen miedo a que les pase factura electoral. El problema viene de la “izquierda parlamentaria” que acepta sin rechistar el sometimiento del Estado a los intereses de la secta Católica. El Sábado Santo, todas las banderas de las instalaciones militares del Estado español estaban a “media asta” en señal de luto por la muerte de Jesucristo. Si los andaluces queremos “volver a ser lo que fuimos”, debemos reencontrarnos con nuestro pasado y recobrar una cultura ocultada por la represión sufrida tras la conquista. Pero antes debemos “deconstruir” todo el andamiaje represivo, histórico y cultural impuesto por el colono y sobre el que se ha basado el sometimiento de un pueblo que aún no ha perdido la guía de aquellos hombres y mujeres de luz que alumbraron un medievo lleno de oscurantismo y terror. Alí Manzano para La Otra Andalucía.



  • Granada: El PSOE, el metro y la extrema derecha
    Carlos Rios
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    07/04/2017
    Hasta ahora estaba equivocado con respecto al metro de Granada. La línea del metro no unirá Albolote con Armilla sino que ha terminado uniendo al PSOE con la extrema derecha y su Hogar Social Granada. Ayer publicaba IDEAL (tan próximo últimamente al PSOE en cualquiera de sus formas) que el área de Derechos Sociales, Educación y Accesibilidad del Ayuntamiento de Granada por medio de su concejala Jemima Sánchez había denunciado ante la Fiscalía unas pintadas con simbología nazi por constituir un presunto delito “con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, garantizados por la Constitución y contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos”. Unas pintadas que aparecen, como otras muchas, en un momento en que la extrema derecha granadina al calor del 2 de enero está más fuerte que nunca y ocupando cada vez más espacios en las calles. Al leer la noticia por un segundo parecería que el PSOE ha retrocedido a 1922 (porque en 1923 transigió y colaboró con la dictadura de Primo de Rivera) y se ha rearmado de una ideología antifascista más que necesaria en unos momentos en que la descomposición de los sistemas políticos en toda Europa está dando paso de nuevo a las fuerzas negras del fascismo. Lo malo es que estas cosas dán por pensar y me acuerdo de este 2 de enero, cuando de nuevo much@s tuvimos que estar presentes en la Plaza del Carmen recordándole a este consistorio del PSOE que la Toma de Granada no es ninguna fiesta. Que los genocidios no se celebran. Que no eran mor@s sino granadin@s. Y entonces empiezo a dudar de esta conversión izquierdista. Me vienen a la memoria los constantes desvelos de la presidenta Susana Díaz por la unidad de España y la formación de una “gran coalición” como una salida a la desesperada para su Estado español de la situación de decadencia y decrepitud irresoluble en la que se encuentra. Una “gran coalición” por la que también apostó el propietario de Ferrovial, Rafael del Pino, y segundo hombre más rico del Estado español. Ferrovial que recibió la adjudicación de uno de los contratos más relevantes del paquete de mantenimiento del metro que supondrá un ingreso en sus arcas de 2.606.669 euros. O pienso en la adjudicación de un contrato de seguridad por importe de 70.680 euros que hizo la Consejería de Fomento y Vivienda a Levantina de Seguridad SL para la vigilancia del edificio y talleres del metro de Granada. Levantina de Seguridad que es una empresa propiedad de Jose Luis Roberto, presidente del partido ultraderechista España 2000, y en la que se encuentran multitud de miembros que forman o han formado parte de este mismo partido partido entre sus vigilantes. Visto lo visto (y por encima de las cuestiones cosméticas alimentadas por la prensa del Régimen) el PSOE y la extrema derecha se llevan muy bien. Unos organizan fiestas para que acudan los otros, les conceden contratos públicos de miles de euros o se matan por pactar con su partido matriz en “gobierno de salvación” española. Al final la línea del metro no pasará ni por Albolote ni por Armilla. El metro va desde la calle Torre de la Polvora 22, sede del PSOE granadino, hasta el número 4 de la calle Zaida, donde se encuentra el nido de la extrema derecha en Granada, el llamado “Hogar Social”. Y el trasbordo no será gratuito. Carlos Ríos 17635354_426152341071626_2024927234329613095_o



  • LA IZQUIERDA INDEPENDENTISTA ANDALUZA EN LA ENCRUCIJADA
    Ali Manzano
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    27/02/2017
    AntecedentgABI LIMAes. En los años 70 del pasado siglo resurge en Andalucía la idea de la Independencia como necesidad social y política para superar el largo período de represión franquista y de siglos de miserias y explotación, recogiendo el testigo de Blas Infante y de las luchas sociales y revolucionarias de la primera mitad del S.XX. En los años 80 se empiezan a configurar organizaciones políticas que recogen esa idea de Independencia y Socialismo que germinaba en los años 70, mediante la construcción de herramientas que aglutinaran a todas las organizaciones que hicieron propias esos ideales de una Andalucía Libre a través de la lucha de clases y de la organización del pueblo andaluz en torno a una ideología que empezaba vislumbrarse. Entre estas organizaciones que comienzan su andadura política en esta década, estaba la CUT, que se desmarca del proceso de creación de un partido declaradamente independentista, para integrarse en IU. Era Marzo de 1989, y la CUT se decide por una política de integración en el sistema a través de su inclusión en IU que le posibilitara la creación de una estructura política consolidada a través de una dirección “profesionalizada” en cargos institucionales, renunciando a la vía “rupturista” que planteaban el resto de organizaciones. Durante esos años la CUT fue un socio “fiable” de IU y sus dirigentes se sumaban a la estética progre de IU y del PC, siendo los abanderados del “Republicanismo español” en Andalucía. A pesar de la renuncia de la CUT, en Diciembre de 1990 se celebra la Asamblea Constituyente de la organización política NACIÓN ANDALUZA, en Marbella, como resultado de la confluencia de distintos grupos que representaban la práctica totalidad de las provincias andaluzas. En septiembre de 2007 se crea el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), a partir del SOC y de la CUT, y en el que se integran diversas organizaciones independentistas, entre ellas NACIÓN ANDALUZA. La apertura del SOC a colectivos nacionalistas con su reconversión en SAT, le proporciona la expansión territorial que anteriormente se limitaba a parte de la provincia de Sevilla. Se aprovechan de la izquierda independentista para su expansión, pero controlando la organización, a través de un liderazgo férreo y casi mesiánico de Cañamero y de las purgas de la disidencia, con la anuencia de algunos líderes “independentistas” que miraban hacia otro lado a cambio de algún cargo y del acceso al protagonismo mediático que algunos buscaban. En el año 2014 surge el “caso Almería”, cuando la dirección del sindicato en esta ciudad, compuesta por miembros de NA entre otros, denuncia ante la dirección nacional del sindicato las prácticas corruptas de la anterior dirección provincial, sufriendo las tácticas dilatorias de la dirección nacional, hasta que esta, por motivos económicos, apoya a la anterior dirección provincial, lo que provoca una auditoría justificativa de las denuncias efectuadas y la expulsión de la dirección provincial de Almería. Fagocitación Si analizamos la evolución de las organizaciones independentistas en ese periodo, nos llama la atención la pérdida de fuerza, la disminución de militantes, el descenso de asambleas, el declive de la presencia pública en la política nacional o local, supeditadas siempre a las acciones llevadas a cabo por el SAT, al final de la comitiva, como cola “crítica” en el mejor de los casos y con nula presencia mediática que es acaparada perennemente por Cañamero y su “burocracia”. Esta participación de la izquierda independentista en todos los actos del SAT, unida a la ausencia de políticas y estrategias propias ha favorecido que el SAT se hiciera con el espacio político de la izquierda independentista, agravando la situación de ésta y abocándola a la extinción o a un cambio radical en las estrategias seguidas hasta el momento. La ausencia de un análisis serio y riguroso en la izquierda independentista, la está conduciendo a repetir los mismos errores una y otra vez, sin ser conscientes del origen de su ocaso, buscando su salvación a través del SAT, mediante la captación de militantes y la influencia en esta organización, con una ingenuidad impropia de organizaciones políticas serias, porque desde el 2007 hasta hoy, casi diez años después, la izquierda independentista sigue sin sacar provecho de su relación con el SAT, pierde poder, presencia social, influencia política en favor de una organización que se ha apropiado de su espacio político y de su simbología, para unos fines muy diferentes de los que la izquierda independentista dice defender. La Izquierda independentista en Podemos Como hemos visto, en las años 80 cuando se fraguaba la organización de los independentistas andaluces, la CUT, brazo político del SAT, rechaza su integración en la izquierda independentista andaluza para integrarse en Izquierda Unida, organización españolista, reformista y republicana española, muy alejada de los planteamientos independentistas andaluces. En la dicotomía planteada entre ruptura o reforma, la CUT de Cañamero y Gordillo se decide por la reforma y los privilegios que integrarse en el sistema conlleva, aunque sin cerrar la puerta a la izquierda independentista, utilizándola como amenaza a IU para conseguir puestos de salida en las listas electorales de las diferentes convocatorias. De esta forma, y con las subvenciones que desde la comunidad europea llegan al SAT, se va constituyendo una burocracia profesionalizada que dirige el SAT y CUT de forma endogámica, con carencia de democracia interna y un sistema de control basado en la idealización de los líderes y sustentado sobre los privilegios económicos de su burocracia. Tras la irrupción de Podemos en el espectro político del Estado español y en Andalucía, la más que previsible debacle de IU, ponía en peligro los privilegios de la “burocracia profesionalizada”, por lo que la salida de IU para buscar nuevos horizontes, solo era cuestión de tiempo. La negociación y entrada en Podemos les lleva a conseguir dos diputadas autonómicas, algunos concejales y varios asesores en Diputación de Sevilla y Junta de Andalucía, con lo que los intereses económicos de la burocracia estaban a salvo. Pero a Podemos no solo se llevaron a sus liberados y a sus seguidores; se llevaron también la simbología independentista y la influencia en ese espacio político. Esa posición de control en la izquierda independentista les suponía unos miles de votos como bien sabía Podemos, sirviendo a esta organización para darle un carácter más andaluz ante el rechazo que en ciertos sectores de la izquierda andaluza provocaba Iglesias y sus progresivas rebajas electorales. Diez años después de la entrada de la izquierda independentista en el SAT, el resultado ha sido favorecer los intereses económicos de la burocracia del SAT-CUT, favorecer los intereses políticos y mediáticos de sus líderes, y favorecer electoralmente a Podemos. ¿Hay alternativas? Si la izquierda independentista andaluza quiere tener la posibilidad de construir la República Andaluza, se tiene que desmarcar del camino seguido por el SAT-CUT, porque nunca llegaremos a construir una Andalucía soberana desde instituciones españolas, supeditados a los intereses políticos que se juegan en Madrid o Bruselas; y porque estos grupos defienden en exclusividad su estatus-quo económico y político como hemos visto tras su cambio de cartel electoral. El primer reto que se le plantea a la izquierda independentista andaluza es el de recuperar su espacio político natural, ese que les ha arrebatado el SAT para entregarlo a Podemos. Y recuperarlo es pelearlo con acciones políticas propias, estrategias dirigidas a la construcción de alianzas encaminadas a la consecución de la República Andaluza, desarrollo organizativo y fortalecimiento de los grupos independentistas, acción social y participación en los conflictos que afectan a la vida cotidiana de los andaluces/as, desde la ideología liberadora de la izquierda independentista, sin intermediarios, sin dependencias y sin participar en el “circo” mediático al que algunas organizaciones nos tienen acostumbrados. No se trata de enfrentamientos personales con aquellos que ingenuamente han caído en las redes de ese reformismo españolista camuflado de soberanismo andaluz, ni de boicotear actos de nadie, sino de rediseñar estrategias y tácticas para encaminarlas a la consecución de los fines por los hemos decidido luchar: la liberación nacional y social del pueblo andaluz. La recuperación del espacio político de la izquierda independentista, es el primer reto y el más importante con el que se enfrenta el soberanismo andaluz, y solo se puede conseguir enfrentando ideas y acciones con los actuales detentadores de ese espacio. El ocupar un espacio político, y mucho menos el liderarlo, no es una decisión unilateral de un grupo político, social o sindical, sino el reconocimiento de la sociedad y de sus actores políticos, sindicales y sociales. Conseguir ese reconocimiento no se hace participando en los actos de las organizaciones a las que necesitamos desbancar para encauzar el capital humano del soberanismo hacia posiciones realmente independentistas y rupturistas, puesto que de esa forma les reconocemos como líderes de ese espacio político y lo afianzamos en la percepción popular. Conseguir ese reconocimiento que en la actualidad se hace imprescindible para que la izquierda independentista tenga opciones de influir en el devenir político de nuestra nación, pasa por el enfrentamiento político e ideológico con los arribistas y encantadores de serpientes que nos llevan hacia posiciones estatales y reformistas. El reconocimiento de las organizaciones independentistas por parte de organizaciones similares en otras naciones del Estado es el principio para que los actores políticos y sindicales andaluces nos reconozcan y nuestra acción política pueda redundar en el fortalecimiento de nuestras organizaciones y el avance en los objetivos políticos. El camino no es fácil; hay que luchar contra maquinarias mediáticas y electoralistas que tienen en el montaje escénico su punto fuerte para la manipulación y el encauzamiento de la ingenuidad popular hacia las posiciones que política y económicamente les interesan. El primer paso es la denuncia y el debate. Alí Manzano. *Artículo publicado hace más de un año y que volvemos a reproducir por su vigencia, a pesar del avance de la Izquierda Independentista andaluza en la organización de espacios políticos y estrategias propias.



  • Andalucía en el Flamenco, el Flamenco en Andalucía
    Carlos Rios
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    13/02/2017
    El pasado mes de diciembre las compañeras del  Centro Andaluz del Pueblo J.Félix Rivera me invitaron a realizar una charla a propósito de la relación entre el Flamenco y la identidad nacional andaluza. Reproduzco aquí lo que les expuse agradeciendo (de paso) dicha invitación. Decía Ricardo Molina: “geográfica y genetícamente hablando, el Cante es un fenómeno estrictamente andaluz”. Pero esta reflexión del flamencólogo y estrecho colaborador de Antonio Mairena me parece que se queda corta, tan sólo en la superficie, de la profunda dimensión nacional y popular andaluza del Flamenco. Para las grandes compañías discográficas, para el mercado musical mundializado de principios del siglo XXI, el Flamenco aparece encuadrado dentro de esa categoría que llaman world music, música étnica. Perdido en un marasmo de melodías y tradiciones musicales bien diferentes, el Flamenco se constituye como un género más dentro de esa amplia categoría. Un nuevo nicho de ventas para las transnacionales, que hacen un ejercicio de abstracción del contexto en el que el Flamenco nace y se desarrolla. Para el nacionalismo hegemónico (el nacionalismo de Estado) el Flamenco es un recurso al cual recurrir distorsionándolo, desvirtuándolo en lo que algunos han llamado el nacional-flamenquismo. Una expresión de masas del españolismo que, especialmente en el franquismo pero también antes y por supuesto después, ha utilizado en un intento de cohesionar las distintas naciones que el Estado ocupa. Así si tuviéramos que preguntarle al visitante ocasional, o al conocedor poco avezado, cuál es la música más típicamente española, nos encontramos con que, para la gran mayoría de los encuestados, la respuesta es el Flamenco. Una respuesta que es una constante repetida desde las visitas de los viajeros románticos a la península Ibérica en el siglo XIX: la identificación de lo andaluz con lo genuinamente español. Incluso dentro de las fronteras del Estado español encontraríamos, ante la misma pregunta, resultados similares. Ante esta cuestión se nos plantean una serie de preguntas. ¿Es acaso el Flamenco una música desligada de cualquier matriz territorial y cultural, tal como la presentan las multinacionales de la música? ¿Por qué se la considera la música más típicamente española, a pesar de que no se da como expresión enraizada en todos los territorios y de que, como hemos visto, cada cual tiene la suya? ¿Por qué en el conjunto de culturas, lenguas y sociedades que conforman el Estado español aparece en el imaginario colectivo el Flamenco, o algún género aflamencado —como podría ser el caso de las sevillanas— como la música representativa de lo español? Lo que voy a plantear en esta exposición es que el Flamenco es más que una música, es una expresión cultural completa, es la expresión global de un pueblo. El Flamenco se constituye en todo su trasiego histórico, desde las zambras andalusíes de la Edad Media hasta la actualidad, pasando por su cristalización como tal género a finales del siglo XVIII, en un marcador fundamental de la identidad andaluza. Marcador que, como expresión viva, cantada, de las clases populares andaluzas, se constituye como mucho más que una expresión estrictamente musical, para sintetizar todo su devenir histórico, político y social. Y como tal también voy a hablar del Flamenco como quejío y protesta del Pueblo Trabajador Andaluz. Una perspectiva que (incluso para algunos flamencólogos que han escrito sobre este lado crítico tan oculto del Flamenco) las mas de las veces es olvidada abstrayendo la expresión flamenca de la matriz que le da forma y contenido. Andalucía en el Flamenco La modalidad lingüística andaluza está considerada, desde un punto de vista diacrónico, genético, como un dialecto del castellano. Una evolución del castellano que, por diversas causas históricas y geográficas, ha adquirido características propias, al igual que ocurre con otras modalidades lingüísticas del mismo, como las modalidades del castellano del continente americano. Estas últimas, fuertemente influenciadas, como ya ha sido demostrado por los investigadores, por la modalidad lingüística andaluza. Pues bien el Cante Flamenco se ajusta a las características fonético-fonológicas de la pronunciación andaluza, siguiendo también la morfosintaxis de la modalidad lingüística andaluza. Y, en cuanto al léxico, los estudios muestran cómo en torno a dos tercios del léxico específico es léxico propio de la modalidad lingüística andaluza. Si nos fijamos en la principal minoría del país andaluz, los gitanos andaluces. Lo gitano-andaluz ha tenido un papel protagonista en el Flamenco, aun siendo el 4% de nuestra población, y aun habiendo formado parte de los sectores más excluidos y desfavorecidos de ésta y precisamente por ello. No es de extrañar que las aportaciones lingüísticas de los gitanos al lenguaje flamenco sean de importancia. Según los estudios de Ropero Núñez, un tercio del léxico específico flamenco se corresponde con el caló. Muchas coplas recogen abundante léxico caló y algunas de las casuísticas que como minoria oprimida le sucedían de forma cotidiana: Loh heréh pó lah ehkinah, con beloneh i faró, en bó arta ze dezían: Mararlo k´eh kalorró Para abordar el Flamenco como expresión andaluza global hemos de superar el estudio puramente musicológico. Obedeciendo a su carácter popular, el Flamenco ha estado siempre ligado al mundo del trabajo en Andalucía y, más concretamente, a los oficios de las clases populares andaluzas y, en muchos casos, como no podía ser de otra manera, a ramas de actividad característicamente gitanas, como la herrería. Así, existe toda una seria de cantes concebidos en o para los espacios de trabajo, cuyo ritmo de actividad marca la cadencia y el compás, y todo un legado de letras cuya principal temática son las condiciones de trabajo. A su vez, es abundante el rastro del oficio en los nombres artísticos de muchos de los más célebres cantaores flamencos. Y es que el Flamenco ha sido muchas veces pasarela del campo, la mina o el taller hacia el tablao. Los casos de Rojo “El Alpargatero”, “El Turronero” o “El Cabrero” son ejemplos de cantaores célebres a los que buena parte de los aficionados conocen únicamente por el nombre de su anterior profesión. Entre los cantes ligados a las faenas agrícolas, conocidos como cantes camperos, encontramos estilos como las trilleras, temporeras, los cantes de siega, las gañaneras o los fandangos de lagares. Las trilleras, que toman este nombre de la trilla, una faena del campo hoy ya prácticamente desaparecida, mencionan en sus letras desde el calor estival, pues era en el estío cuando se realizaba esta faena, hasta el instrumental utilizado para la misma. Su compás responde al ritmo del trillo sobre la era. Sirva como ejemplo este cante grabado en 1999 por Miguel Burgos El Cele: Trabaho de zó a zó, Trabaho de zó a zó, Lah gananziah zon pal amo, Pa mí zolo eh er zuó. También los pescadores desarrollaron su propio cante, los jabegotes. Los jabegotes, variedad del fandango, es un cante típico del litoral malagueño y debe su nombre a que lo cantaban los pescadores mientras fabricaban o reparaban sus redes sentados en la arena, bajo su jábega varada. En las letras de estos cantes, aún cuando no hacen referencia expresa al trabajo, se hace siempre manifiesta la presencia constante del mar, proporcionador del alimento: Ehtando la má en karma ze me moharon lah belah i fue de lah purah lágrimah ke yo derramé por eya. El martinete es por excelencia ejemplo de un cante ligado a un espacio de trabajo. Este estilo, que se inició en las herrerías, es la derivación fragüera de las tonás: se interpreta “a palo seco”, esto es, sin acompañamiento de guitarra, y su compás sigue los golpes del martillo en el yunque y mantiene los silencios propios de un trabajo agotador. De ahí la denominación de “martinete”, en referencia al martillo, herramienta básica para los herreros. Para terminar, mención especial merecen los cantes de las minas, por ser sin duda aquellos donde se ve más claramente la relación entre un estilo y una rama laboral. Conocemos una serie de estilos como las cartageneras, tarantas, levanticas o las mineras, cuyo nacimiento y expansión vienen dados por una situación socioeconómica muy concreta que abordaremos más adelante. En los cantes mineros, están dolorosamente presentes las vivencias trágicas del minero y sus duras condiciones de trabajo. Las letras mineras recogen, junto con menciones a las herramientas típicas de esta labor, el miedo de los mineros a los desprendimientos, a la muerte e incluso la lucha de clases, en unas coplas estremecedoras. ¡Mare ke fataliá! Lah minah z´an lebantao por kuehtioneh de hohná ya la tropa ehta kargando a bayoneta kalá En algunas de ellas se expresa una comprensión nítida del papel del minero en esta actividad económica, expresando así un nivel de protesta mucho más explícita que en la mayoría de los cantes: No kiero zeh barrenero, yo ar pozo no abaho mah, no kiero zeh barrenero, z'a muerto otro kompañero, uele a zangre mi hohná i azí no kiero er dinero. El Flamenco es también toda una representación sociológica de Andalucía. En los cantes relacionados con las faenas del campo son frecuentes las referencias al “cumplir”, esto es, a realizar con eficiencia el trabajo, lo que constituye un elemento de la cultura del trabajo de jornaleros y pequeños propietarios andaluces, interiorizando así una idea claramente burguesa: Ze debe ganá er pan kon er zuó de la frente. La bía ehtá ekiboká, porke zé de muxa hente ke biben de loh demah. Y también se critica, de forma más o menos velada, a aquellos que no lo hacen: A kohé l'azeituna m'an konbiao: ke la koha zu dueño k'ehtá parao. O que impiden que los demás puedan hacerlo: Bergüenza debe de darte ziendo patrón d'ehtah tierrah k'ehte tan arta la yerba i er pueblo muerto de hambre. Sin olvidar la frustración de aquel que sale todas las mañanas a ganarse el pan con la incertidumbre de saber si llevará a su casa el jornal o no: Er dia k'aguardan ganaziah zon kaudaleh reoblaoh ehtoi tan exo a perdé ke kuando gano m'enfao Y en una Andalucía como la nuestra con fuertes desigualdades protegidas por el poder ejecutivo y el judicial estos también serán blanco de las coplas, como estas que cantaba el sevillano Bizco Amate: Me lo cogen y me lo prenden, al que roba pa sus niños, me lo cogen, me lo prenden. Y al que roba muchos miles, no lo encuentran ni los duendes, ni tampoco los civiles. Que de que me mantenía, un juez a mi me preguntó, que de que me mantenía, y yo le dije: robando, como se mantiene Usia, pero yo no robo tanto. Y con la denuncia de la desigualdad también se expresa una aprobación por aquellos que, en el imaginario colectivo, viven enfrentándose a esta en una lucha desigual. Son los bandoleros: Poh la Zierra Morena Ba una partia Ar kapitan lo yaman Hoze Maria Ke no va prezo! Mientrah zu haka torda tenga pehkuezo El fuerte peso que se le da a la identidad local en la identidad andaluza tiene también una expresión clara en el Flamenco. Esto se pone de manifiesto, por ejemplo, en los nombres dados a los festivales flamencos, que se corresponden casi siempre con elementos propios de las localidades donde se celebran —Fiesta de la Bulería en Jerez, Potaje Gitano en Utrera...— o en la constante de premiar la ejecución de determinado cante, el propio. Éste es un fenómeno que se refleja asimismo en el cante, a través de interpretaciones particulares, que han hecho que un cante tenga decenas de variantes en función de la comarca o pueblo de la que es originario, como ocurre con el fandango, especialmente en la provincia de Huelva. Por su parte, entre los cantaores y cantaoras es común el uso del gentilicio en el nombre profesional —Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera, El Lebrijano...—, o las referencias localistas y la elección de estilos autóctonos en los recitales, como forma de ganarse el favor del público. Los cantes por granaínas, con la referencia constante a la Virgen de las Angustias o al flamenco barrio del Albaycín; las alegrías, con constantes referencias a la bahía de Cádiz... Y junto a esta el recuerdo de aquello seres queridos y/o paisamos que por circunstancias económicas tuvieron que exiliarse de su país: Andalú ke biben lehoh de la tierra en ke nazíte no zufrah ni ehteh tan trihte porke de zobra zabemoh ke por el ambre te fuihte El Flamenco en Andalucía El Flamenco es un hecho cultural inexplicable fuera de los límites de Andalucía, de su realidad histórica, social, económica y cultural de, al menos, los dos últimos siglos. Todo lo cual no excluye, sin embargo, el hecho de que hoy se desarrolle con gran esplendor en otros lugares del mundo. Precisamente por ello de unos años a esta parte, ligadas al fenómeno de la emigración andaluza, han aparecido otras “geografías flamencas” fuera de los límites de la Comunidad Autónoma Andaluza, que no pueden obviarse, aunque éstas últimas no hubieran existido sin la primera y originaria. Allí donde hay pueblo andaluz se manifiesta el Flamenco. Su geografía coincide con la de los andaluces que en Andalucía o fuera de ella han vivido. El Cante recoge este ir y venir del pueblo andaluz. Tenemos por ejemplo los cantes enmarcados dentro de los Cantes de Ida y Vuelta, como guajiras y milongas, o la rumba, que tanta expansión ha tenido en otro destino de la emigración andaluza, Cataluña. Se conoce como Cantes de Ida y Vuelta a los cantes que trajeron consigo, a su vuelta, todos aquellos andaluces que se marcharon a “hacer las Américas”. Pero, ¿por qué de Ida y Vuelta? Por ser ritmos de origen andaluz que, al haber viajado a las Américas junto con la gran cantidad de andaluces que fueron allá a probar suerte desde el siglo XVI al XIX, habría entrado en contacto con las músicas locales y se habrían visto influenciados por éstas, para volver ya modificados, convertidos en un cante totalmente diferente. De ahí lo de “Ida y Vuelta”. Mira, tu m'ehtah matando zerrano yo no pueo mah zerrano yo me boi kontigo onde tu me kierah yebá Por otro lado hemos de remarcar hasta qué punto el Flamenco ha jugado un papel primordial para todos aquellos andaluces y andaluzas a quienes la falta de trabajo y la miseria obligaron a seguir los caminos de la emigración en épocas recientes. Lejos de la tierra de origen, inmersos en una cultura extraña, el Flamenco se configura como seña de identidad incluso para quienes, antes de dejar su tierra, no se interesaban por él. A través del Flamenco, estos emigrantes intentaron, e intentan aún hoy día, preservar su identidad. El primero de estos territorios flamencos extra-andaluces es Murcia. El origen de esta presencia flamenca en tierras murcianas se debe a los yacimientos mineros de la Sierra de Cartagena. El auge minero que experimentó el levante andaluz en la segunda mitad del siglo XIX propició el desplazamiento de miles de andaluces a esta zona, deseosos de encontrar trabajo y mejorar su situación, pero al dejar de ser rentables las cuencas mineras almerienses, como antes las de Linares, los mineros emprendieron nuevos caminos migratorios que les llevaron a los redescubiertos yacimientos de la Sierra de Cartagena. La ola migratoria fue tan importante que pronto la población originaria de esta zona minera quedaría sumergida por la población andaluza, en una proporción de uno a ocho, según los estudios de Gil Olcina. Este impacto dejaría una impronta profunda tanto en la lengua como en el folklore de la comarca, comenzando entonces con la tradición flamenca murciana, tradición que se mantiene hasta hoy y que ha dado lugar al más importante Festival de Flamenco del planeta: el Festival de La Unión. El caso de Cataluña se explica por la nutrida corriente migratoria que desde Andalucía se dirigió a Cataluña en la segunda mitad del siglo XX. Cataluña, no sin razón, ha sido considerada desde los años 70 del siglo XX como la «novena provincia andaluza». En ella viven a día de hoy algo menos de 800.000 andaluces. El papel del territorio catalán como principal área industrial del Estado español, y su necesidad de mano de obra en los años 60 y 70, hizo que miles de andaluces emigraran hacia Barcelona y su cinturón industrial, asentándose muchos de ellos de forma permanente aún hoy, ante la situación de una Andalucía que no ofrecía una oportunidad para cuantos continúan viviendo en la diáspora. Por último, cabe señalar la importancia de otro foco que, fuera de los territorios andaluces, ha aportado mucho al Flamenco. Nos referimos a Extremadura. En efecto, el sur de la Comunidad Autónoma de Extremadura y la parte más occidental de Andalucía han gozado históricamente de una influencia mutua. En Extremadura, el trasiego económico y poblacional con las comarcas andaluzas limítrofes ha dado lugar a algunas formas autóctonas o variantes de cantes, como los jaleos de Badajoz o los tangos extremeños. En el Flamenco se refleja todo el proceso que ha dado lugar a Andalucía como una formación social específica. La presencia de la escala o cadencia andaluza está directamente asociada a la música tradicional árabe, lo cual nos remite directamente al periodo andalusí de nuestra historia. El origen andalusí de la zambra o de los tangos (que tradicionalmente se habían considerado un cante de ida y vuelta), tal y como señala Miguel Ángel González. Además, en el ámbito de los tangos, encuentra en los de Graná ciertos matices musicales de carácter orientalizante que asocia a la conquista mucho más tardía del reino de Granada. Se manifiesta también el fuerte carácter desigual que tiene la estructura social andaluza. Un elemento que tiene sus primeros ingredientes en el reparto de la Andalucía conquistada en el medievo entre nobleza y órdenes religiosas, al que se añaden los procesos económicos vividos en nuestra tierra durante la Edad Moderna, conformando así una Andalucía fuertemente polarizada en lo social entre poseedores y no poseedores de la tierra(burguesía/nobleza y jornaleros) como bien refleja esta letra: Bereíta de loh oliboh, ke probeh bienen i probeh ban, trabahando tierra ahena por un mízero hohná. Y con esta desigualdad tan categórica aparece el cuestionamiento de la propiedad de la tierra así como el drama de aquél que está al borde perder los escasos medios de producción fruto de las dinámicas naturales del capitalismo a la concentración de la riqueza: I me la kieren kitá, la tierra me dio la bía i me la kieren kitá. Yo ze ke yegara er día ke no puea aguantá mah i eya gane la porfía. En este sentido, un referente común de la clase trabajadora andaluza ha sido la legitimación de la propiedad de la tierra por el trabajo, y no por los títulos de propiedad. Hecho que se verá reflejado en las coplas flamencas: A ké tanto yobé, zi a mí me duelen lah manoh de zembrá i no arrekohé. Episodios históricos concretos también son plasmados en la coplas, como la revolución cantonal de 1873: En Kai nazió una niña ke libertá ze yamó, Kartagena le dio bía, Málaga la bautizó. La presencia de la AIT y el movimiento obrero: Toah lah niñah bonitah tieneh en zu kaza un letrero kon letrah d'oro ke dizen “Por un azoziao muero”. El republicanismo y el cuestionamiento radical de la institución monárquica: A mi ke m'importa k'er rei me kurpe zi er pueblo eh grande i me abona Boh der pueblo, boh der zielo Hay cantes republicanos diversos y referencias al proceso autonómico andaluz durante la II República, como este cante que grabara El Chato de las Ventas (colombianas): Kataluña pide a gritoh ke le den l'autonomía, loh gallegoh ehtán fritoh, también en Andaluzía kieren kearze zolitoh. Y también cantes con una alusión clara a la socialización de los medios de producción. La Reforma Agraria como consigna que resumía esas ansías de una Andalucía mayoritariamente agraria en la que los procesos de industrialización fueron en buena medida abortados: Aker ke tiene treh biñah i er pueblo le kitah doh ke ze konforme kon una i le de graziah a dioh Toda una corriente de reivindicación, de impugnación presente en el Flamenco desde su proceso de cristalización como tal es una constante en las coplas flamencas si bien muchísimas veces no ha sido suficientemente manifiesta por la necesidad de adecuar el Cante a las opiniones y deseos del público. Ahora bien, este carácter impugnador se verá truncado con la llegada del alzamiento militar de 1936. Con la victoria de los “nacionales”, de las clases más reaccionarias y conservadoras del Estado español, entre las que se incluía toda la clase terrateniente andaluza, se inicia un nuevo período en el que se se restringe el Flamendo a una visión folklórica del Flamenco y en ocasiones adepta al Régimen. Una visión folklórica que no es exclusiva del franquismo, sino que arranca ya desde finales del siglo XIX cuando, en el esfuerzo por configurar una cultura nacional española unificada y unificadora, en un momento de crisis coloniales y de frecuentes revueltas liberales, se utilizaron diversos elementos de la identidad andaluza como cimientos sobre los que apuntalar en lo cultural la pretendida construcción nacional del Estado español. Una vez acabada la Guerra Civil, tras la victoria militar de aquellos que propugnaban la tendencia folklorizante, ésta se desarrollará sin limitaciones. El Flamenco será utilizado profusamente por el franquismo como objeto identitario de “lo español” y, claro está, despojado de toda su carga de reivindicación y protesta. Es el contexto en el que se cría el cantaor Beni de Cádiz que contaba como era llamado para participar en una fiesta flamenca en algún cortijo de señoritos porque “embestía bien” porque hacía bien de toro. La prostitución y la adulteración del Flamenco convertido en una juerga de señoritos como metáfora del papel que le otorgaban a Andalucía en su proyecto español. Esta utilización por parte del franquismo de ciertos rasgos de la identidad cultural andaluza será una forma de dar “pan y circo” a las clases populares. Una forma de hacer más llevaderas las penalidades que se sufrieron bajo el franquismo. Y un intento de sublimación simbólica de una pretendida Andalucía en compensación de todo lo que, en lo material, político y económico, se le había arrebatado. Pero, tras el final de la dictadura, lo identitario se traducirá en Andalucía en una reivindicación política concreta: autogobierno. En este sentido, los tecnócratas que pilotaron el viaje de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria española tenían calculado conceder una autonomía efectiva a los territorios del País Vasco y Cataluña específicamente, junto a Galicia. Mientras que los demás territorios tendrían acceso a una autonomía atenuada, con mucha menos capacidad de maniobra. Sin embargo, el plan se les vería imposibilitado por la emersión de un nacionalismo andaluz, abviertamente progresista y de clase, que reivindicaría el mismo estatus institucional que aquellas otras naciones del Estado. Los resultados del “nuevo estatus institucional” de Andalucía darían razones para otra charla. Pero el Flamenco fue de nuevo testigo de estas convulsiones históricas, que se verían plasmadas en las coplas y trabajos discográficos de los cantaores flamencos de la época. Es en este momento cuando aflora de nuevo el carácter contestatario flamenco cercenado por la dictadura franquista. Un florecimiento facilitado, a su vez, por la mayor independencia económica de los artistas flamencos propiciada por la eclosión de los festivales a partir de los años sesenta. Se retoma con ello, pues, la reivindicación sociopolítica en el Flamenco, pero con un nivel de concreción mucho más alto, fruto de la tensa situación social que se vivía: Loh puebloh ze dehpueblan i pazo a pazo kaminan, kubriendo por Europa loh tayereh i lah minah de klaze trabahaora. Aparecen entonces cantaores como José Menese, con sus grabaciones Romance de Juan García o Andalucía: 40 años; Manuel Gerena, con Cantando a la libertad o Mano a mano; Enrique Morente, con Despegando o Se hace camino al andar..., que se van a convertir en nuevos referentes críticos de la cultura andaluza, en contraste con la Andalucía «gitana y española» promocionada por el franquismo. En esta coyuntura histórica, aparecen también los letristas, algunos de ellos en complicidad duradera con los cantaores (paradigmático es el caso de Moreno Galván y Menese), que hasta entonces no habían estado presentes en el Flamenco, ya que las coplas que un autor inventaba, si tenían éxito, corrían de boca en boca hasta terminar siendo catalogadas con el término de copla popular. Obras como el “Camelamos naquerar”, de José Heredia Maya, o el “Ay! Jondo”, escrita por Juan de Loxa, son vivo ejemplo de la aparición de los letristas. Unas obras flamencas teatralizadas y coreografiadas ambas por el gran Mario Maya, que fueron estrenadas en Europa y América, que contaban con las voces de varios cantaores y cuyo hilo discursivo era la opresión del pueblo gitano, en el primer caso, y del pueblo trabajador andaluz, en el segundo. En uno de los cantes del “Ay! Jondo” se hacía referencia explícita al asesinato del joven Javier Verdejo en Almería: Pan i trabaho, pan i trabaho, ziempre z'ehkapa er tiro pa loh de abaho. Ke mala pata, niña, ke mala pata, no leh zaliera er tiro poh la culata. Otras circunstancias del momento, como el acoso de la extrema derecha a los movimientos que empujaban por una apertura política del Régimen, también tendrán su hueco en el Flamenco: Ya no atina er fahzihmo, ya no atina, lanza zuh paloh de ziego kon mu poka puntería. Y, por supuesto, la cristalización de la identidad nacional andaluza, representada en obras como “Homenaje a Blas Infante” escrito por José Heredia Maya y cantado por Antonio Cuevas El Píki, con cantes como estos tangos, cuya letra tomó prestada José Heredia de un poeta de principios de siglo XX, Miguel de Castro que recogía Blas Infante en su primer libro “Ideal andaluz”: Ni la kantan loh poetah ni la miran loh ehtrañoh: no ehtá en zambra ni ehtá en fiehtah l'Andaluzía ke kanto. Hoy, cuando por fin el Flamenco, al contrario de otros marcadores elementales de la identidad andaluza —como es el caso de la modalidad lingüística andaluza, secularmente considerada propia de gentes «poco instruidas» y, por lo tanto, desvalorizada—, goza de un prestigio y una consideración en cierto modo generalizados (hasta ser declarado Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO), se ve asimismo clasificado como música étnica (totalmente descontextualizado del pueblo del que nace o asimilado a la música folklórica española). Este reconocimiento «a medias» del Flamenco no es, pues, casual, sino que se presenta como un producto necesario y coherente con la situación global que sufre el pueblo andaluz. Es el fruto del intento histórico de las clases dominantes por constituir el Estado español como un Estado nacional desde finales del siglo XVIII, en contraste con la realidad pluricultural y plurinacional del mismo. En este proceso, el Cante, moldeado a capricho del poder hasta el esperpento, aparece como una pieza fundamental en su afán por construir una «cultura genéricamente española». A pesar de que la estructura social andaluza actual presenta evidentes diferencias con la que amparó el proceso de cristalización del Flamenco, se siguen manteniendo esencialmente formas de desigualdad que siguen definiendo a Andalucía como dependiente y a las clases populares andaluzas como subordinadas. El modelo de desarrollo impuesto por las políticas estatales al territorio andaluz sigue siendo fuente de desigualdades como lo fue antaño, si bien no se alcanza el grado de polarización social en la conciencia del pueblo que produjeron dichas desigualdades en el siglo XIX y buena parte del XX. Al igual que en otros momentos no muy lejanos, en los que se constituyó como la principal vía de impugnación colectiva del pueblo andaluz, pensamos y deseo que el Flamenco puede cumplir una vez más esa función, alejándose otra vez de las salas de recreo de las clases pudientes. Y tenemos que empezar por recuperar y revitalizar esta tradición crítica en el Flamenco para representar las aspiraciones y deseos de todo un pueblo, para continuar avanzando en el camino del autorreconocimiento como sujeto colectivo del pueblo andaluz y de la conquista de los derechos que como tal le corresponden.



  • El fascismo y el racismo institucional siguen desfilando por Granada cada 2 de enero
    Francisco Campos
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    05/01/2017
    Cada 2 de enero, las “autoridades” de la ciudad celebran “la toma de Granada”, con un desfile en que representantes de las instituciones políticas, militares, sociales y eclesiásticas recorren la distancia entre el Ayuntamiento y la Catedral, donde asisten a un acto religioso católico  para dar gracias a la divinidad, un “Te Deum”. Cualquiera que presencie por primera vez el paso por el centro de la ciudad de ese cortejo de responsables políticos de chaqué, militares y eclesiásticos, presididos por un pendón con el águila de San Juan, creerá haber retornado a la época de la Dictadura, pues sólo falta en el la presencia de Franco bajo palio para que pareciera una estampa salida de una vieja fotografía de la época. Y no es casual, estamos ante un ejemplo, otro más, de la continuidad del franquismo bajo el lavado de cara constitucional del 78 y mantenido hasta la actualidad. Una “celebración” que supone el enaltecimiento de la ideología de “cruzada” contra toda diferencia o disidencia: “moros”, “rojos”, etc., tan del gusto de los golpistas del 36. ¿Que si no se conmemora cada 2 de enero en Granada? ¿Qué si no están agradeciendo a Dios en la Catedral estas autoridades? “La toma” celebra la ocupación por la fuerza de la ciudad por Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, al mando de sus respectivas tropas, tras la rendición de los granadinos por el hambre y el miedo. Una rendición que, no obstante, no fue incondicional sino condicionada al cumplimiento de toda una serie de medidas referidas al respeto de la vida, propiedades, creencias, usos y costumbres, etc., por parte de castellanos y aragoneses a los granadinos, mediante la firma de un documento, “las capitulaciones”. Unas condiciones que serían sistemáticamente incumplidas, iniciándose tras apoderarse de la ciudad una política de expolio, persecución  y exterminio que desembocó en un genocidio que acabó con la vida de miles de compatriotas. Por lo tanto, lo primero que cabe concluir es que nunca ha existido “la toma”. Granada nunca fue tomada. Nunca fue conquistarla militarmente. Lo que celebran cada año las autoridades granadinas es  la ocupación de su ciudad mediante la fuerza de las armas, el incumplimiento de un pacto, así como el posterior robo de sus bienes, su libertad e incluso sus vidas a miles de granadinos. ¿Granadinos?, pues claro. ¿Cómo se denomina y se considera hoy a aquellos que viven en Granada, nacidos en Granada de padres granadinos, abuelos granadinos, etc.? Obviamente como granadinos. ¿Cómo denominar y considerar entonces a aquellos que en 1492 igualmente vivían en Granada, nacidos en Granada de padres granadinos, abuelos granadinos, etc.? Celebración racista y fascista Pero según la historiografía oficial, aquella que defienden y ante la que se amparan dichas autoridades, aquellos habitantes de Granada no son considerados como granadinos, sino como “moros”, supuestos extranjeros llegados hace ochocientos y que conservaban su condición de ajenos al lugar incluso tras ese largo tiempo transcurrido, mientras que los recién llegados, ellos si indiscutiblemente extranjeros venidos de otras tierras, si son considerados, desde el primer día de establecerse en la ciudad, ellos y sus descendientes, como granadinos. Más aún, como los únicos y auténticos granadinos. ¿Cuál es la diferencia entra unos y otros?, ¿por qué unos supuestos extranjeros lo siguen siendo transcurrido ochocientos años y otros si indudablemente extranjeros dejan de serlo desde la primera vez que entran en la ciudad?, pues, además de una supuesta diferencia de origen étnico, es el que los unos eran musulmanes y los otros eran católicos. De ahí el que estemos ante una visión de la sociedad y una celebración racista y xenófoba, pues discrimina por razón de origen y creencias. Se niega o se otorga la condición de lugareño, de ciudadano en terminología actual, según raza y religión. Pero es que, además, estamos ante una visión social y una celebración fascista, ¿qué ideologías sino las fascistas defienden teorías supremacistas según las cuales se es o no natural de un determinado territorio según etnia o ideas?, ¿Cuáles sino las fascistas reconocían o negaban derechos, prohibían o permitían y alababan robo de propiedades o incluso asesinar, según orígenes y fe? ¿En qué regímenes se propagaron y pusieron en práctica tales ideas desde el propio Estado en épocas contemporáneas sino en los fascistas? ¿Cuándo se propagaron y pusieron en práctica tales ideas en épocas contemporáneas en nuestra tierra desde el propio Estado sino durante la dictadura franquista? ¿Cuándo si no durante el franquismo se celebraba la derrota, persecución, expulsión y exterminio de conciudadanos por razón de sus orígenes o sus ideas sino durante el franquismo? ¿Qué se celebraba si no en los “desfiles de la victoria” cada 18 de julio? ¿Qué es y que supone celebrar “la toma” si no festejar otro 18 de julio? ¿Qué los diferencia, más allá del tiempo y los protagonistas? ¿Y desde cuando los genocidios dejan de serlo y son justificables transcurrido un determinado espacio temporal o según quienes los cometan? Consecuentemente cuando se califica de fascista, racista y xenófoba la celebración de “la toma” no se insulta, tan siquiera se exagera, se describe y objetiva. Pero es que, además, no estamos hablando de una celebración patrocinada y llevada a cabo por particulares o colectivos de ideología fascista, racista y xenófoba, sino ante una celebración permitida, impulsada y encabezada por administraciones e instituciones del Estado. Por sus “cargos electos” y responsables políticos y militares. Estamos ante una celebración institucional e institucionalizada. De hecho el 2 de enero está catalogado como la festividad local oficial, como el Día de Granada. Y lo es precisamente por ser el día de “la toma”. Por tanto, cuando  se califica el paso de las autoridades de desfile del fascismo y el racismo institucional tampoco se insulta, o tan siquiera se exagera, sino que igualmente simplemente se describe y objetiva. La desvergüenza de un alcalde “progresista” El flamante nuevo alcalde de Granada, Francisco Cuenca (PSOE), representa a la perfección a esa progresía del régimen que asume el ideario del franquismo sociológico; que mantiene, justifica y defiende las visiones y celebraciones de la Dictadura, mediante el uso de un argumentarlo sonrojante que va incluso más allá del establecido. Como sus antecesores franquistas, afirma que, con “la toma”, “se celebra un acto histórico que ha marcado la historia del mundo, del país y de Granada".  Claro que marcó la historia del mundo, del país y de Granada, como también lo hicieron, por ejemplo, a nivel internacional la ocupación de Polonia por el régimen nazi, a nivel de país el Golpe de Estado del 18 de julio del 36 o a nivel de Granada el asesinato de Lorca, pero no por ello se consideran o celebran como hechos positivos. Y es ahí donde se encuentra el matiz distintivo, Cuenca lo califica de “acto histórico que ha marcado la historia” en un sentido de positividad, asumiendo la reaccionaria visión  de la intelectualidad burguesa decimonónica, convertida en verdad académica indiscutible por el franquismo, acerca de los pretendidos beneficios que supuso la “reconquista”, la derrota de los “moros” y su “expulsión”, pues nos trajo la “modernidad” e incluso la libertad. Y lo hace de una forma tan completa que va más allá llegando a calificar la conmemoración de “la toma” como “fiesta”, una celebración de tipo lúdico, evidentemente para salvaguardarla haciéndola más digerible. Y de hecho intenta hacerla pasar por tal festejo añadiéndole este año un esperpéntico desfile de “moros y cristianos”. Y por si esto no bastase, llega incluso a justificar el mantenimiento de esta “fiesta” llegando a afirmar que “romper las tradiciones no tiene sentido". Como cuando hace referencia al “hecho histórico”, aquí también lo significativo es el matiz de positividad que incluye. Pero las tradiciones no se mantienen por el mero hecho de serlo. Tan siquiera según el número de sus partidarios, que suele ser otro argumento recurrente, sino que son mantenidas o no en relación directa a sus contenidos y significados. Según la positividad o negatividad de los mismos. “Tradición” también eran los “desfiles de la victoria” y miles de personas se congregaban para verlos, aplaudiendo al paso de los soldados y la bandera con el águila de San Juan. Para ellos también formaba parte de una “celebración”, la del 18 de julio, y no por ello se han mantenido. Y no lo han sido porque lo determinante, por encima de cualquier otra consideración, era lo que transmitían y simbolizaban dichas “festividades”. Pero no se conforma con reconvertir la “toma” en “fiesta”, sino que intenta añadirle más positividad aún, llegando a reescribir la historia, pretendiendo hacer pasar una guerra y una ocupación como un acto pacífico y conciliador, afirmando que “el acuerdo firmado en las Capitulaciones es síntoma de consentimiento y consenso". O sea, según él, un tratado de rendición obligado por las circunstancias, de imposición a los granadinos mediante la fuerza del poder de unos reyes foráneos, “es síntoma de consentimiento y consenso”, como si se tratase de un pacto igualitario entre las partes alcanzado de forma libre y sin ejercerse presión alguna. Llega incluso a calificar la propia “celebración” y los hechos rememorados como un “espacio de convivencia”, como en aquel momento en que “se firmó (las capitulaciones) con dos culturas, dos civilizaciones y dos creencias” que “surge de la voluntad de que la tolerancia está por encima de todo tipo de cuestiones” ¿Cabe mayor grado de tergiversación histórica y de desvergüenza ética? No obstante, no hay tampoco nada de lo que extrañarse excesivamente. Recordemos que Cuenca pertenece a esa misma clase de “progresistas” del régimen que califican a la guerra contra el pueblo del 36 al 39 como “enfrentamiento fratricida”, al genocidio americano como “encuentro entre culturas” o a la traición y el continuismo de la “transición” como “reforma democrática”. ¿Granada abierta? En Granada, la izquierda oficial, la que forma parte del régimen o aspira a serlo, se divide entre el apoyo explícito a “la toma” (el PSOE)  y la “leal oposición” a su celebración (IU, Podemos, etc.) agrupados estos últimos en torno a una plataforma denominada, de forma ambigua y contemporizadora, “Granada abierta”. Contradictorio nombre para quienes se limitan mostrar su oposición de forma simbólica, encerrados entre cuatro paredes mientras disertan o recitan poemas, pero, eso si, sin estorbar “el normal transcurrir” de la “celebración”. En concordancia con su actuación, más que “Granada abierta” deberían llamarse Granada encerrada o Granada escondida. Por otro lado, la izquierda real, la que no forma parte del régimen ni aspira a serlo, se agrupa en torno a otra plataforma con una denominación carente de ambages ni concesiones, “Contra el 2 de Enero”. Esta otra no se limita hablar o declamar. Es la que se concentra todos los años en la Plaza del Carmen, epicentro de la celebración institucional, mostrando así su posición, de una forma igualmente pacífica pero no simbólica, sino pública y activa, e imposibilitando con su presencia en la calle y sus gritos el “normal transcurrir” del acto. Ni que decir que para las” autoridades” y los medios de descomunicación la plataforma “Granada abierta” es digna de respeto y elogio, mientras que para la plataforma “Contra el 2 de Enero” reservan sus epítetos más despectivos y descalificadores: “radicales”, “extremistas”, “antisistema”, etc. Unos calificativos que comparte la “leal oposición”. Los portavoces de “Granada abierta”,  Francisco Vigueras y Juan Antonio Díaz, han publicado un artículo de opinión donde afirman, en relación a los que acuden al acto principal de “la toma” en la Plaza del Carmen, a todo ellos: “No se puede denominar fiesta, porque no lo es ni puede serlo, una concentración de extremistas que divide y avergüenza a propios y extraños. Que obliga a realizar un amplio despliegue policial, con el consiguiente gasto superfluo. Y todo ello, para evitar enfrentamientos que algún día habrá que lamentar y el ayuntamiento será el único responsable por convocar y  mantener este espectáculo bochornoso”. O sea, la “leal oposición” no solo coincide con el régimen en la catalogación con respecto a la otra plataforma, “extremistas”, sino que además asumen por completo el discurso oficial transmitido por las “autoridades” y los medios de descomunicacion, año tras año, para desviar la atención y tergiversar los hechos, pretendiendo reducir el problema a la existencia de unas minorías de extrema derecha y extrema izquierda que han “politizado” el acto e interfieren en el normal transcurrir, con sus gritos y banderas, de tan “festiva” y “familiar” celebración. O sea, comparando e igualando a demócratas y fascistas, a quienes defienden dictaduras con quienes las rechazan, a quienes aplauden discriminaciones y xenofobias con quienes las combaten, etc. Y. además, obviando intencionadamente la propia existencia de la celebración de “la toma” como el problema de fondo. Es la propia “toma”, su celebración, lo que divide y avergüenza. Es el acto institucional el “espectáculo bochornoso”.  Es la propia “toma”, por su carácter fascista y racista, lo que atrae a la “extrema derecha” y obliga a la “extrema izquierda” a acudir, pues no se puede tolerar ni facilitar ese “desfile de la victoria”, abandonando el espacio público y entregándolo al neofranquismo institucionalizado. Y por eso, porque es la celebración en sí misma de la “toma” el problema, y no sus consecuencias,  la solución a la problemática establecida no puede consistir en efectuarle determinados cambios. Como ocurrió con el régimen del 78, al igual que la “reforma democrática” del régimen fascista sólo conllevó continuismo embozado de democracia, la “reforma democrática” de “la toma” sólo supondría su continuidad disfrazada de “tolerancia”, “encuentro”, etc. Y eso es lo que defiende “Granada abierta”, no la erradicación de “la toma” sino su reforma. Afirman en su artículo Vigueras y Díaz que “Granada abierta” propone “una solución sensata a esta tradición insostenible”. Según manifiestan esta “alternativa” consiste en “desmilitarizar la fiesta, darle un carácter laico y sustituir la anacrónica tremolación del pendón por la lectura de un Manifiesto por la Tolerancia”. ¿Cómo puede constituir una “alternativa” a una “tradición insostenible” el sostenerla, limitándose a efectuarle reformas de contenidos? Ellos mismos declaran en el escrito que “estamos ante una celebración que debió desaparecer en la transición, como la fiesta franquista del 18 de julio, pues no es propia de una sociedad plural y democrática”. ¿Les parecería una “solución sensata a una tradición intolerable” que se hubiese mantenido la celebración del 18 de julio pero desmilitarizándola, dándole un carácter laico y leyendo un manifiesto por la tolerancia? ¿Y si aún se celebrase el 18 de julio, considerarían suficiente mostrar una oposición simbólica, encerrados entre cuatro paredes, y catalogarían como “extremistas” a quienes salieran a la calle a oponerse a ella de forma  pacífica pero activa? Como en el caso de la festividad del 18 de julio, no caben términos medios o moderaciones con respecto a “la toma”. Sólo cabe el acabar con su celebración, sea cuales sean sus formas y actividades. Responsabilidad colectiva de la izquierda socio-política Afirman también en su escrito Vigueras y Díaz que “no hubo Toma, sino unas capitulaciones que protegían los derechos civiles y religiosos de la población, y que los Reyes Católicos incumplieron”, y por tanto que “lo que están celebrando, cada 2 de enero, es la violación de un pacto de Capitulaciones y la expulsión ilegal de miles de granadinos”. Dicen que no hay mayor mentira que una verdad a medias, y eso es lo que hacen estos dos representantes de “Granada abierta”. Es cierto que no hubo tal toma y si unas capitulaciones que protegían derechos y que se incumplieron, pero lo que cada 2 de enero se festeja en la ciudad no es el incumplimiento de un pacto, sino la ocupación de la urbe como último acto de una guerra de conquista iniciada por los reinos de Castilla y Aragón diez años antes, que a su vez formaba parte de una invasión de las tierras de Andalucía por fases que se remontaba al siglo XIII. De ahí que no sólo se celebren “tomas” o “conquistas” en Granada, sino en la mayoría de poblaciones del país. Una ocupación de la urbe que , además, no sólo conllevó la “expulsión de miles de granadinos” sino su persecución, tortura y asesinato, al igual que en muchas de esas otras localidades andaluzas. Lo que se celebra en Granada cada año es un genocidio. ¿Y por qué tal extensión de la celebración y tanto empecinamiento en festejarlo? Pues porque lo que en el fondo se conmemora es la ocupación de Andalucía, la “toma” y la “conquista” de los andaluces. La colonización de nuestro país y la anulación y esclavización de nuestro pueblo. Si, nosotros éramos esos "moros", y lo seguimos siendo. Y para sostener en el tiempo una colonización, para perpetuarla, resulta imprescindible mantener la alienación popular, además de mediante la tergiversación histórica y la aculturización, mediante ese recuerdo constante, dirigido a su subconsciente colectivo, acerca de que son un pueblo sometido, y por su propio bien, pues era y es inferior. Esa es la razón de que sólo encontremos ejemplos similares de la celebración como hecho positivo de la ocupación del país y del sometimiento de sus habitantes entre colonias y colonizados. Que lo son o que lo han sido. Vigueras y Díaz reprochan el mantenimiento de la celebración de “la toma”, sólo a la derecha y al PSOE, y solo a nivel local, pero son otros muchos las que contribuyen a ello, por acción u omisión, y la problemática no se circunscribe a Granada. Otros muchos en el resto de Andalucía mantienen o justifican celebraciones de tomas y conquista, de forma activa o mediante el silencio y la inacción. El problema no sólo es granadino ni la responsabilidad sólo de unos pocos. El problema es general, atañe a toda Andalucía y a toda la izquierda política y social andaluza. A todos aquellos que, ya sea con su apoyo, su inacción o su silencio, lo permiten. El que calla otorga… y el que mira para otro lado o se esconde también. ¿Dónde está tanto demócrata mientras se exalta la intolerancia? ¿Dónde tanto progresista mientras se exalta el fascismo? ¿Dónde tanto antirracista mientras se exalta la xenofobia? ¿Dónde tanto memorialista mientras se exaltan esos otros 18 de julio? ¿Dónde tanto antiimperialista mientras se exaltan invasiones? ¿Dónde tanto izquierdista mientras se exaltan sometimientos populares? ¿Dónde tanto andalucista mientras se exalta la ocupación de su propia tierra? Sólo unos pocos mantienen la lucha real y efectiva contra “la toma”, contra todas las tomas y contra todo lo que estas defienden y representan. Sólo unos pocos se desmarcan de tanta incoherencia intelectual,  cobardía social y oportunismo político. Es ese puñado de individualidades y colectivos que, pese a tanto y tantos, no claudican ante el poder o las conveniencas y levantan cada año las banderas de la dignidad y la resistencia de un pueblo. Esos “extremistas” que se oponen frontal y presencialmente en la Plaza del Carmen al fascismo y al racismo institucional que cada 2 de enero desfila por las calles de Granada. Ellos sí que merecen el respeto, la consideración y el agradecimiento de todos los andaluces conscientes. Ese puñado de hombres y mujeres menospreciados constituyen la esperanza de una Andalucía libre. Francisco Campos López



  • Especismo en la izquierda del régimen: cuando la práctica contradice la teoría
    Cristobal
    Logotipo APR2
    09/12/2016
      czfam0lw8aa_xgb Esta semana salía a la luz una noticia de violencia especista, un concejal de Izquierda Unida (IU) en Rioja (Almería) estaba siendo investigado por arrojar a una zanja de dos metros al caballo que explotaba y al que, según fuentes policiales y del Seprona, "dio por muerto". La víctima pasó tres días en una zanja cubierta por una chapa metálica. Se la encontró deshidratada pero sin tener que lamentar mayor gravedad en su estado de salud. La dirección provincial de IU, emitió un comunicado informando sobre la apertura de un expediente disciplinario al concejal para "aclarar lo sucedido", aprovechando el texto para rechazar "todo tipo de maltrato animal". Y es aquí cuando toca denunciar la hipocresía y contradicciones de una marca política reformista, españolista y especista que, ante una situación de gravedad en la que casi muere un caballo, propiedad de un concejal de su formación, decide no expulsarlo, sino abrirle un expediente disciplinario. Todo queda en casa.

    ¿Es real ese rechazo hacia el maltrato animal?

    Más allá de este caso particular, que muestra cómo en formaciones políticas que supuestamente rechazan el maltrato animal, no hay problema en, como mínimo, explotarlos para beneficio humano, hay que señalar posicionamientos no particulares, sino políticos, de IU y sus representantes en instituciones. En nuestro país podemos hablar de múltiples casos en los que ayuntamientos gobernados por IU han promocionado con dinero público la tauromaquia. O, años atrás, cuando la asociación "La voz del toro", quiso llevar al Parlamento Andaluz una Iniciativa Legislativa Popular para prohibir la tauromaquia, Diego Valderas, por entonces líder de IU-Andalucía y Vicepresidente de la Junta de Andalucía, llegó a afirmar que no votaría a favor de la prohibición de la tauromaquia porque "forma parte de la cultura y del patrimonio de Andalucía". Más cercano en el tiempo, y también en nuestra tierra, las declaraciones del que hasta 2015 fue miembro del Consejo Administrativo de RTVA, Juan de Dios Villanueva, vicesecretario general del Partido Comunista de Andalucía (PCA) y también Secretario de Relaciones Internacionales del PCE, que llegó a afirmar que: "la RTVA debe tener programación de toros, pero no puede convertirse en la cadena del mundo de la tauromaquia, porque también hay que respetar a la ciudadanía que está en contra de esta fiesta". Un destacado miembro del PCE-IU, con cargos institucionales representativos, llamando fiesta a un acto salvaje de violencia especista como es la tauromaquia."Fiesta" en la que se esclaviza y cría a toros y caballos para que, el día elegido, ambos sufran las torturas y el asesinato de sus verdugos. Estas declaraciones tuvieron lugar hace dos años, y Juan de Dios Villanueva no sólo no fue expedientado ni expulsado del PCE-IU, sino que fue "premiado" con cargos como el de Secretario de Relaciones Internacionales del PCE.

    Más allá de nuestro país, en el Estado Español podemos comprobar como otros ayuntamientos e instituciones públicas gobernadas o con representantes de IU, fomentan el maltrato animal y por ende el especismo. En septiembre, en la localidad castellana de Cercedilla, gobernada por IU, tenía lugar una "becerrada" en la que torturaron y asesinaron a crías de vacas. El partido animalista PACMA denunció los hechos e IU estatal se pronunció rechazando "todo tipo de maltrato animal". Como en el caso de Rioja (Almería), el españolismo progresista no duda en desmarcarse de las denuncias de maltrato animal que afectan a su coalición, pero todo queda dentro de lo políticamente correcto, de palabras bonitas que no se corresponden con actuaciones contundentes contra representantes de IU, responsables directos de actos de maltrato animal, o, cuando no, de declaraciones en las que se defienden formas de maltrato y asesinato como la tauromaquia.

    IU, como Podemos u otras formaciones políticas de la izquierda del régimen (CHA, Compromís, Més per Mallorca...) defienden en sus programas políticos y electorales un supuesto rechazo al maltrato animal, pero, a juzgar por los hechos de sus representantes, el rechazo es mera pose para recibir apoyos y votos de quienes, pese a no ser antiespecistas, sí tienen cierta conciencia respecto al maltrato animal. Es un "defiendo esto como tú, vótame". Pero ni se lo creen, ni lo asumen, ni lo llevan a la práctica.

    El antiespecismo como un eje más de la lucha revolucionaria

    La realidad es que ningún partido político de Andalucía tiene entre sus objetivos la lucha contra el especismo. Ni los partidos políticos del régimen ni la mayoría de organizaciones o colectivos en los que militamos. Ni siquiera el PACMA, partido que centra su discurso en ciertas violencias contra los animales, es antiespecista. El especismo es, sin duda, la opresión que genera más miseria y violencia en nuestro país y en el resto del mundo. Una opresión que sufren millones de animales y que provoca su esclavitud, explotación, tortura y asesinato para fines humanos. Opresión de la que sólo algunas de sus formas es denunciada, como es el caso del maltrato animal. Sin embargo, no se cuestiona ni se lucha contra la principal violencia que sufren los animales no humanos: su explotación. La que sufren vacas (1) o gallinas (2) en las granjas y que culmina en los mataderos cuando ya no producen y no sirven para sus explotadores; o la que lleva a cerdos (3) y pollos (2) a ser asesinados para acabar en los platos de nuestra mesa. La violencia hacia los animales no termina en las plazas de toros, ése es sólo uno de sus mataderos. Esa violencia tiene su raíz en la discriminación por especie que sufren los animales no humanos. Desde los caballos que son asesinados durante las romerías del Rocío (4), hasta las pavas que eran lanzadas desde los campanarios de nuestros pueblos para después ser parte del menú del "capturador" (5).

    No basta con prohibir la tauromaquia, no sirven las instituciones para acabar con el especismo. Porque el especismo forma parte de la estructura socioeconómica que sufrimos, está íntimamente relacionado. Capitalismo y especismo son dos caras de una misma moneda. No se puede liberar a los animales no humanos sin liberarnos antes del sistema capitalista. Abolir la explotación de los animales, su asesinato, no depende del Estado Español o de la Unión Europea y sus instituciones, depende la toma de conciencia del Pueblo Trabajador sobre una opresión que debemos afrontar y posicionarnos no como cómplices y verdugos, sino como parte de su liberación. Se trata, como cuando denunciamos la esclavitud del trabajo asalariado, de denunciar y luchar también contra la esclavitud que sufren nuestras hermanas animales. Es redefinir el concepto de lucha de clases y ampliarlo a otras especies que también sufren la explotación del hombre, pero que no reciben un salario por su plusvalía, sino un cuchillo en la garganta.

    Las organizaciones revolucionarias evolucionamos y ampliamos nuestros objetivos políticos, lo que hoy asumimos como necesario cuando luchamos contra el patriarcado o contra el españolismo, décadas anteriores era algo que no entraba dentro de los parámetros de cualquier organización marxista o libertaria. Hoy defendemos que son luchas inseparables y, ambas, prioritarias para la liberación del Pueblo Trabajador Andaluz. Por eso resulta urgente tomar conciencia sobre una opresión que también se relaciona con otras que ya cuestionamos y combatimos. Porque los animales no humanos también son clase trabajadora, porque son la parte más discriminada, ignorada y maltratada de nuestra sociedad. Porque, si queremos ser libres, no podemos seguir ignorando la esclavitud de otros. Que esa Andalucía libre de España, capitalismo y patriarcado que queremos construir, sea también libre de especismo.

    Cristóbal GV

    (1): http://www.servegano.org/explotacion-animal/alimentacion/vacas

    (2): http://www.servegano.org/explotacion-animal/alimentacion/gallinas

    (3): http://www.servegano.org/explotacion-animal/alimentacion/cerdos

    (4): http://www.elmundo.es/andalucia/2016/05/18/573c969ae2704e27518b456f.html

    (5): http://www.elmundo.es/andalucia/2016/02/04/56b31ae0ca4741ea638b45cc.html

     



  • CUANDO LA BURGUESÍA SE APROPIA DEL LENGUAJE DEL OPRIMIDO.
    Ali Manzano
    Logotipo APR2
    02/11/2016
    charlie_chaplinLa actual crisis capitalista que estamos padeciendo está provocando que el empresariado, para mantener sus niveles de beneficios, traslade las consecuencias de la crisis a la clase trabajadora, mediante la reducción de salarios, la pérdida de derechos laborales y los recortes en los presupuestos públicos de los gastos sociales y del resto de servicios de los que se beneficiaban las clases populares, como educación o sanidad. Esta agresión a los derechos políticos, sociales y económicos de las clases trabajadoras, deja al descubierto lo que en los últimos decenios se nos pretendía ocultar: la lucha de clases entre una minoría burguesa, capitalista y las clases populares. El previsible aumento de las protestas sociales y el traslado a las calles y a los centros de trabajo del malestar social por una crisis que está pagando la clase trabajadora, ha hecho reaccionar a los poderes del Estado, controlados en su totalidad por una clase capitalista que tiene rostro, nombre y apellidos, a pesar de que intenten ocultarse tras la clase política. El IBEX 35, las empresas beneficiarias de las privatizaciones del sector público, las empresas contratantes con la administración, las multinacionales de la industria alimentaria o la industria farmacéutica, son el verdadero rostro del poder, los beneficiarios de las decisiones de la clase política. El primer objetivo tras las masivas manifestaciones del 15M consistió en desmovilizar a las clases populares, vaciar las calles de protesta social y encauzar el descontento hacia las instituciones, mediante la quimera de la posibilidad de un cambio social a través de las urnas y del parlamentarismo burgués. Esta estrategia desmovilizadora se implementó con el apoyo a una organización “nueva”, que venía a “regenerar” la vida política y a “reformar” el Estado surgido del acuerdo del neofranquismo de Fraga Iribarne y la socialdemocracia de González y Carrillo: Podemos. El mensaje de cambio pacífico a través de la participación en las instituciones y en los procesos electorales, ilusionó a muchas miles de personas, especialmente a jóvenes que ya no veían necesidad de reclamar sus derechos en las calles; bastaba con esperar a que un día te llamen para depositar un papelito en una urna. En el éxito de esta estrategia desmovilizadora, tuvo mucho que ver el “neolenguaje” empleado por Iglesias y sus colaboradores y repetido miles de veces por los medios de comunicación del sistema, especialmente por el grupo Atresmedia, el mayor grupo de medios de comunicación del Estado español. El neolenguaje que introdujeron los impulsores del 15M, encaminado a desvincular la protesta social, de las organizaciones políticas y sindicales de clase, fue asumido por Podemos y sus marcas blancas: “ni de izquierdas ni de derechas”, “los de abajo contra los de arriba”, “patriotismo popular”, ausencia de los símbolos que representan las luchas de las clases trabajadoras, “ciudadanismo”, “interclasismo”, “reformismo”...y un largo etcétera, así como la repetición sistemática por parte de la abrumadora mayoría de medios de comunicación, de la “obsolescencia” de las organizaciones de clase. Pero tuvo un éxito exiguo y pasajero, como ocurre con cualquier producto comercial publicitado en las TVs y demás medios. La “novedad”, uno de los principales reclamos comerciales, dejó paso al desencanto, tras no conseguir las metas deseadas, produciendo la progresiva pérdida del ensueño narcótico que producía la cercanía del poder. Una vez amortizada la estrategia desmovilizadora, se corre el peligro de que organizaciones de la izquierda anticapitalista, en cualquiera de sus formas: marxistas, independentistas, anarquistas, antifascistas, etc. puedan encabezar y dirigir las protestas sociales hacia la transformación del sistema capitalista, previa aniquilación del mismo. Por ello, las estrategias de la burguesía respecto a las organizaciones de clase está virando, desde el desprecio que manifestaban hace muy poco tiempo, hasta los cantos de sirena que llaman a la “unidad”. En estas últimas semanas estamos asistiendo a la “izquierdización” en el lenguaje y en las formas de muchas organizaciones políticas parlamentarias y extraparlamentarias, tanto de las que se consideran “socialdemócratas” como las adscritas al liberalismo económico, tanto de las estatales como de las “nacionalistas burguesas”. Y no es por casualidad, ni por una repentina conversión de los partidos conservadores y reformistas en revolucionarios y anticapitalistas. Es simplemente una estrategia de marketing en la búsqueda del voto perdido. El lenguaje “ciudadanista” de los nuevos partidos ya no tiene el mismo tirón que hace unos meses; amplios sectores sociales se han desconectado del lenguaje ciudadanista e interclasista, engrosando las listas de una abstención política en aumento, desconectando de las ofertas políticas del sistema y a un paso de fortalecer a organizaciones antisistema. Esta es la verdadera preocupación de los ostentadores del poder, la desconexión de las clases populares de los mecanismos de control, establecidos a través del juego electoral y partitocrático de la democracia burguesa. Recuperar el control sobre las clases populares va a obligar a los partidos del sistema a cambiar de estrategia ante el miedo de que estas vuelvan la vista hacia ofertas políticas que tengan como objetivo la sustitución del sistema capitalista por otro que ofrezca una igualdad social, soberanía política a los pueblos y soberanía económica a la clase trabajadora. La estrategia es muy clara: apropiarse del lenguaje del oprimido para atacar sus reivindicaciones y debilitar a las organizaciones obreras y revolucionarias, en base al apoyo que el “españolismo progre” o el “nacionalismo de papel ” espera conseguir de la clase trabajadora mediante un lenguaje cercano, conocido, asumido por esta, y difundido por los medios de comunicación de masas. El caso andaluz: del mimetismo lingüístico a los llamamientos a la “unidad”. “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Este dicho popular se puede aplicar a muchos activistas políticos que hemos llenado nuestra biografía de fracasos individuales y colectivos, de engaños, manipulaciones y mentiras, pero que también ha servido para que lleguemos al día de hoy con la suficiente prudencia y espíritu crítico ante los cambios políticos que se están dando en nuestra nación. La experiencia nos pone en alerta ante los nuevos partidos y organizaciones que están surgiendo de la descomposición política del Estado español, en un intento por ocupar el lugar de los viejos partidos ya amortizados por el Régimen. En Andalucía, la desaparición del Partido Andalucista ha provocado el nacimiento de una gran multitud de partidos y organizaciones que pretenden liderar los restos del extinto PA. El denominador común de todos ellos es que se consideran de “izquierdas”. No podía imaginarme que en un partido tan de “derechas” como el PA, pudiera haber tanta gente de “izquierdas”. Otro de los partidos, surgido al calor de la crisis económica y política, y que intenta acaparar el voto “andalucista”es Podemos. Unos y otros, aplican la misma estrategia: el mimetismo lingüístico y simbólico con la izquierda independentista andaluza. En el caso de Podemos, el fracaso electoral, al no cumplirse las expectativas de voto y de escaños, ha provocado el cambio de lenguaje y de actitud, pasando de un lenguaje “ciudadano”, e “interclasista” a un lenguaje más cercano a las clases trabajadoras, buscando el voto de la “izquierda abstencionista”. En Andalucía, además del mimetismo lingüístico con la izquierda rupturista y soberanista, se ha producido un mimetismo simbólico, intentando captar el voto soberanista, que según algunos estudios puede estar en torno al 10%. Este mimetismo se instrumentaliza mediante la utilización de la simbología de la izquierda independentista: arbonaidas (bandera de la izquierda independentista andaluza, aprobada como tal por el Congreso de “Nación Andaluza” hace más de 20 años), así como elementos ideológicos básicos de la izquierda independentista como es la Constitución Andaluza de 1883, conocida como la Constitución de Antequera y sobre el que la izquierda independentista y anticapitalista está construyendo el proceso hacia la soberanía. Todo vale con tal de conseguir el disputado voto andaluz. El caso del “nuevo andalucismo” es incluso más ridículo que el “nacionalismo” de Podemos. La sopa de siglas que se diputa el cadáver del PA va cambiando de propuestas ideológicas según van siendo derrotadas las iniciales, buscando unos apoyos y una militancia que les da la espalda. Parte de esta sopa de siglas, ante la incapacidad de que prospere un proyecto propio, se ha acercado a Podemos con la esperanza de obtener el protagonismo político que no obtendrían solos. Algunos de estos “minipartidos”, han pasado de unas propuestas iniciales favorables a la OTAN, la UE, el Euro, o la “España Federal”, a manifestarse (solo ante auditorios donde la izquierda anticapitalista es mayoritaria) en contra de todo ello, pero expresándose favorables a la participación en todas las instituciones para “cambiarlas desde dentro” (otra de las trampas que nos pone la burguesía), reformando las instituciones instrumentales del capital. Un cambio en las formas para conseguir adeptos, pero un inmovilismo de fondo que no cambia sus propuestas iniciales. Españolismo camuflado de independenteismo, capitalismo con lenguaje indefinido y neutro que hacen pasar por anticapitalista. El “mimetismo lingüístico”, tiene por objetivo el beneficio electoral directo o el acercamiento a la izquierda independentista y anticapitalista para envolverla en unas dinámicas que beneficien los intereses de las burguesías locales o estatales. En este sentido, y junto con el “mimetismo lingüístico”, están los llamamientos a la “unidad del andalucismo”, poniendo en común “lo que nos une” y postergando “lo que nos separa”, lo que en la práctica supone la renuncia de la izquierda independentista a gran parte de su ideario político para favorecer los intereses electorales y políticos de las organizaciones de la burguesía. La apropiación del lenguaje de la izquierda anticapitalista, tiene por objeto vaciarla de contenido para posteriormente darle un significado acorde con los intereses de la burguesía y de sus partidos. La experiencia de la “unidad” con el andalucismo, en algunos actos,  ha llevado a la  izquierda independentista a la conclusión de que ha sido utilizada y fagocitada por intereses ajenos a sus planteamientos ideológicos y estratégicos. Parece ser que desde el “andalucismo” hacen un análisis similar, por lo que algunos de los herederos del PA pretenden continuar utilizando a la izquierda anticapitalista para beneficiar sus intereses. No es la primera vez que desde organizaciones “regionalistas” o desde el “estatalismo en verde y blanco” se busca fagocitar a la izquierda independentista; lo han conseguido en algunas ocasiones, pero desde el rearme ideológico y estratégico de la Izquierda independentista han cambiando muchas cosas. Los cantos de sirena del pasado han sido superados por la experiencia política de los últimos años y los actuales cantos de sirena son tomados con hilaridad y escepticismo. Alí Manzano para La Otra Andalucía. En Andalucía, a 2 de Noviembre de 2016



  • Contra las políticas del ¡viva el rey y muera el mal gobierno!
    Francisco Campos
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    16/10/2016
    Durante el antiguo régimen, el eslogan que solían enarbolar la mayoría de los protagonistas de disputas por el poder o de enfrentamientos sociales era aquel grito de: ¡viva el rey y muera el mal gobierno! Mediante el mismo se pretendía distinguir entre quién personificaba el Imperio Español, el  rey, y por tanto al mismo Imperio, que eran situados por encima del bien y del mal, y aquellos otros que lo gestionaban, determinando sus normativas, actuaciones, etc. Aquel lema equivalía a una actitud favorable al Imperio Español y un llamamiento a acabar con sus malos gestores. Según aquellos que lo utilizaban, el origen y los porqués de los males que se padecian o contra los que se levantaban no residían en el sistema político, social y económico existente, en el propio Imperio Español personificado en el rey, sino exclusivamente en quienes lo gobernaban o como éste era gobernado. El rey, por extensión el propio Imperio y el orden político-social y económico establecido, era presentado o concebido como ajeno a la situación dada, por desconocimiento o por las artimañas de validos y ministros. El rey, por tanto el Imperio, no era culpable de nada de lo que aconteciese, era incluso una víctima más. La culpabilidad se limitaba siempre a los que actuaban en su nombre. A su “mal gobierno”. A sus normativas, resoluciones y actuaciones. Indudablemente, con esa distinción entre el rey y el mal gobierno, entre el Imperio y sus dirigentes administradores, lo que se pretendía conscientemente, o lo que se lograba de facto incluso aunque no fuese ese el propósito, era por un lado salvaguardar al régimen imperante y a sus clases dominantes, al “orden establecido”, limitando y conduciendo toda oposición al mismo a metas que no conllevan riesgos alguno para su continuidad y control político-social, y por otro inducir a las clases populares a asumir como razonable e insustituible, como el “orden natural de las cosas”, al Imperio, al sistema clasista aristocrático y hasta su papel dentro del mismo como base estamental destinada a obedecer y producir en beneficio de las élites. Han pasado los siglos pero aquel viejo imperio, ya reducido a su mínima expresión geográfica histórica: sólo parte de la Península, algunas “islas adyacentes”  y dos “plazas norteafricanas”, aún pervive, transformado en imperialismo capitalista bajo el subterfugio de estados españoles. Una “unidad de destino en lo universal” justificada ya sea en una supuesta realidad nacional, en un hecho consolidado derivado del paso del tiempo o en la aceptación de las ventajas de una realidad sobrevenida. Y como durante el antiguo régimen, todavía se sigue hoy utilizando la política de ¡viva el rey y muera el mal  gobierno! para salvaguardarlo y sostenerlo. Desde que adoptó el disfraz de Estado-nación, ese “rey” personificación de un régimen situado por encima del bien y del mal, son los propios Estados españoles, y el “mal gobierno”, al igual que durante la época imperial, continúa pretendiendo constreñir movimientos, alternativas y reivindicaciones hacia metas que no alteran el estatus quo. Hacia la mera sustitución de esos malos gobiernos y sus malas gobernanzas. Sus leyes, decisiones y acciones. Y también como entonces, obviamente, lo perseguido o lo obtenido aún sin pretenderlo, sigue siendo apuntalar al régimen y someter a las clases populares al mismo haciéndolo aparecer a sus ojos como “natural”, positivo o defendible. Cada vez que en la actualidad se circunscriben demandas, cambios y  fines a acabar con “el mal gobierno”, excluyendo al “rey”, o sea al propio Estado Español, de aquello a lo que combatir y eliminar, el mensaje subliminal subyacente transmitido, como durante el antiguo régimen, es que el mal no radica en el Sistema en sí mismo, en nuestro caso el estado único opresor  impuesto y el capitalismo como conglomerado político-social y económico intrínsecamente injusto y explotador a cuyo servicio se ha creado y se usa, sino en la tipología de Estado Español existente y de capitalismo que se practica, logrando así proteger y  mantener a ambos. Los que hoy defienden cualquier cambio y alternativa que se mantenga dentro de los parámetros contenidos en el: ¡viva el rey y muera el mal gobierno!, hoy traducibles por ¡viva España y el “libre mercado”, mueran sus malos gobiernos centralistas y neoliberales!, aquellos que mantienen que para acabar con los males existentes basta con cambiar de gobiernos, legislaciones, tipologías de estados españoles y de capitalismos, en lugar del de: ¡muera el rey y el mal gobierno!, o sea, acabemos con los males que nos aquejan y destruyamos el origen del que todos ellos surgen, el sistema capitalista y la maquinaria que lo sustenta y hace posible, los estados españoles, son en el fondo tan españolistas y pro-capitalistas como los nacionalistas españoles clásicos y los “neoliberales” al uso, puesto que asumen y defienden  la esencia del españolismo y el capitalismo: la defensa del Estado único, sean cuales sean sus características, y la de la “economía de mercado”, aunque sea bajo formas “alternativas” más “justas”. Desde los inicios de esta nueva fase capitalista y necololonialista del miniaturizado Imperialismo español, el españolismo más dañino, aquel que más ha contribuido a que perdure hasta nuestros días la idea de España y la de la “economía de mercado”, los que han logrado el que sean aceptados y asumidos por gran parte de las clases populares la positividad de los estados españoles y el "libre mercado”, han sido las pequeñas burguesías sociales o intelectuales “progresistas”, hoy se diría “socialdemócratas”. Las que propugnan y defienden otras Españas y otros capitalismos. Las que distingues ente buenos y malos estados españoles y buenas y malas economías capitalistas. Las que dan vivas al “rey” Sistema y gritan contra sus malos gestores. Estas ideologías pequeño burguesas que en etapas anteriores eran valedoras de Españas regeneradas; republicanas, desarrolladas y sociales, ahora lo son de Españas del “cambio”; “plurinacionales”, federales y de “estados del bienestar". Son aquellas que propugnan la posibilidad de la instauración de estados imperialistas españoles equitativos, democráticos y no opresivos, con "dignidad" para los pueblos, así como de “comercios justos”, “redistribuciones de la riqueza”, etc., dentro del sistema explotador capitalista. Y no es de extrañar que ambas teorías caminen de la mano, ya que España y capitalismo son sinónimos.  Todo españolismo es capitalismo y viceversa. Defender España es defender al capitalismo y defender el capitalismo es defender España, ya que los estados españoles sólo son los instrumentos administrativos y represores de que se sirve el Capital, creados y mantenidos ex proceso para oprimir y explotar a los pueblos trabajadores bajo su dominio. En este sentido, los actuales conceptos de “plurinacionalidad” española y “federalismo” español, al igual que los de defensa de un “estado del bienestar”, no constituyen otra cosa que nuevos envoltorios con los que se pretende dotar al imperialismo español para mantener al Sistema y al Estado único a su servicio. Existen dos tipologías de teorizaciones de la supuesta plurinacionalidad española. La que defiende España como “nación de naciones”, o “país de países”, y aquella otra que afirma que es un Estado conformado por varias naciones. La primera contiene tal grado de absurdo intelectual en su propio planteamiento que resulta insostenible. La idea de una nación de naciones es un sinsentido carente de argumentaciones basadas tan siquiera en la mera racionalidad. En cuanto al Estado plurinacional si que es una realidad abstracta posible, pero aquello a lo que el nuevo españolismo progre le otorga dicho calificativo no posee la más mínima similitud con lo que en la teoría política y en el derecho internacional y constitucional realmente significa y conlleva. España como “nación de naciones” es una derivada, y complementaria, de otra teoría aún más absurda, la de la existencia de un pueblo español que estaría formado a su vez por varios pueblos. Y ambas constituyen un contrasentido en sí mismas. Afirmar que un pueblo puede contener a su vez a varios pueblos es como afirmar que un cuerpo humano puede contener varios seres humanos. Los pueblos, como los seres humanos que los conforman, sólo son y pueden ser uno. Igual sucede con las naciones, los cuerpos de los pueblos. No obstante, al igual que varios seres humanos sí pueden compartir una realidad común aunque no un mismo cuerpo, varios pueblos y naciones pueden compartir una realidad política y económica pero no ser un mismo pueblo y nación. Por tanto, mientras que el país de países y los pueblos de pueblos ni existen ni pueden existir, los estados compuestos por varias naciones y pueblos sí. Son los estados federales o confederales. Diversos pueblos y naciones pueden acordar la conformación de una entidad jurídica para compartir esa realidad política y económica común. Constituir un Estado en que se agrupen, según determinados marcos y límites mutuamente negociados y consentidos. Son los estados plurinacionales. Pero estos estados plurinacionales, federales o confederales, no son aquellos que  reconocen naciones en su seno y les conceden determinadas capacidades, sino que son el resultado de la unión de naciones y pueblos soberanos que deciden libremente instituirlos. Son ellos los que los crean, los reconocen y les otorgan determinados poderes y capacidades a los estados comunes, no al revés. Consecuentemente, un Estado plurinacional, federal o confederal, no puede preexistir a las naciones y pueblos que lo instituyen, sino que son la consecuencia de la preexistencia de dichas naciones y pueblos constituidos en estados. De la misma forma que en los estados nacionales su legitimidad la origina la libre determinación de sus ciudadanos, en posesión y pleno uso de sus libertades individuales, en los plurinacionales procede de la libre determinación de sus pueblos y países, en posesión y pleno uso de sus libertades colectivas, de su soberanía. Un Estado nacional que se sitúa por encima de su pueblo, de sus ciudadanos, que les niega o usurpa su libertad, su soberanía, que no es creado, elegido y dirigido por estos sino que les es impuesto, no es un Estado democrático sino opresor y totalitario. Un Estado plurinacional que se sitúa por encima de sus naciones y sus pueblos, que les niega o usurpa su libertad, sus soberanías, que no es creado, elegido y dirigido por esas naciones y pueblos sino que les es impuesto, no es un estado  ni democrático ni “plurinacional” sino opresor e imperialista. El actual Estado Español, la España “nacional” y “autonómica”, es irreal, ilegal y opresor. Irreal por inexistente. Ni existe una nación española ni autonomía en sus “comunidades”, sólo ciertos grados de concesión de gestión controlada. Es ilegal porque no fue elegido sino impuesto a los ciudadanos y a los pueblos. El actual Estado Español no fue instaurado por ellos tras romper con la Dictadura y recuperar las libertades individuales y colectivas, sino que les precedía, siendo continuación del anterior, y se impuso a ambos a cambio de ciertas concesiones de “libertades” parciales y vigiladas a posteriori. Y es opresor porque niega a las naciones y a los pueblos sí realmente existentes, no les reconoce sus derechos y les usurpa su libertad, su soberanía, sustituyéndola por concesiones menores de carácter  administrativo, la "autonomía". Una España “plurinacional” y “federal” sería doblemente irreal, ilegal y opresora. Doblemente Irreal porque el mero reconocimiento la existencia de los diversos pueblos y naciones conllevaría el de la inexistencia de una nación Española y un pueblo español, y por tanto de más Españas, tampoco la “plurinacional”. Doblemente Ilegal porque el reconocimiento de pueblos y naciones conllevaría aparejado el de sus derechos colectivos, el de sus soberanías, vaciando así de poder al Estado Español y despojándolo de cualquier grado de legitimidad, por lo que éste debería disolverse de manera inmediata e incondicional, sustituido por los diversos estados nacionales como depositarios e instrumentos de las soberanías de los pueblos. Serían estos estados los que determinarían si se federan, o no, con quienes y bajo qué condiciones o nomenclaturas. Mantener el Estado único tras el reconocimiento de naciones y pueblos, más aún si ese Estado Español se les impone y pretende preeminencia sobre los pueblos, el tutelaje de sus naciones, determinar el grado de libertad que les es esconcedida y la manera de obtenerla, lo convertiría en un Estado doblemente opresor. Algunos podrán argüir que lo trascendente no es el quién, el cómo o bajo qué condicionantes se consigue la libertad y el reconocimiento, sino que lo importante es el hecho de obtenerlos. A estos habría que recordarles que esa misma argumentación justificativa era la sostenida por la “oposición democrática” que participó en la “transición” y formó parte de la “reforma democrática” del Estado fascista, y recordarles igualmente cuáles fueron sus consecuencias, el neofranquismo represivo actual. El fin nunca justifica según que medios porque los medios condicionan y determinan el fin. En cuanto a los “estados del bienestar” estos constituyen igualmente un contrasentido semántico e ideológico en sí mismos. Aunar estado burgués y bienestar de las clases populares equivale a afirmar que dentro del estado capitalista, del instrumento administrativo y controlador creado por un sistema político-social y económico ideado por una minoría para mantener la esclavización y facilitar la explotación de la mayoría, es posible el “bienestar” de dicha mayoría. El capitalismo es un sistema intrínsecamente injusto. Nace de la desigualdad y subsiste gracias a la carencia de equidad. Capitalismo y bienestar social son términos no sólo incompatibles sino antagónicos. Es la falta de bienestar de la mayoría social lo que permite y posibilita el bienestar de la minoría. De las élites oligárquicas dominantes. Sus riquezas proceden del expolio de la mayoría, de las clases populares, legalizado y protegido por los estados burgueses, única razón de su existencia, pues estos estados no fueron creados por los pueblos ni para los pueblos sino contra los pueblos. El origen se los supuestos “estados del bienestar” se encuentra en la respuesta ideada por el Sistema para frenar los avances del socialismo tras la gran depresión y el triunfo de la revolución bolchevique. El temor al crecimiento exponencial de la conciencia de clase de los trabajadores, espoleados por las crisis de posguerra y las consecuencias del crac del 29, viendo en el ejemplo ruso, en la destrucción del Estado burgués y el acabar con la economía capitalista,  el camino a seguir para transformar radical y permanentemente su realidad, obligó a las élites a propiciar cambios que sin alterar en lo fundamental el Estado y a la economía aparentaran la posibilidad de mejoras sustanciales tanto en lo político como en lo social y económico para las clases populares dentro del “orden establecido”. Fue el miedo a perderlo todo lo que les obligó a ceder en algo. No es casual, sino causal, el que a partir de los sesenta, conforme la URSS se apagaba, el Sistema se endureciese y que a partir de los setenta, con la URSS desmoronándose, iniciase el desmantelamiento de los “estados del bienestar”. El auge del “neoliberalismo” fue paralelo al declive soviético y su triunfo llegó con el final de la URSS. Desde entonces sobraban disimulos y contemplaciones. Ya no había necesidad de camuflar la rapiña ni de suavizar la explotación. Un claro ejemplo de la interrelación entre la existencia del “peligro comunista” y el impulso de distintas medidas de protección social y estabilidad laboral, así como de su posterior desaparición, lo encontramos en los Estados Unidos. Es a partir del crac del 29, como acicate que conllevará el aumento del grado de descontento social y el auge del sindicalismo de clase, con la correspondiente exacerbación del activismo popular y las huelgas obreras,  cuando Roosevelt pone en marcha su Keyensiano “new deal”, y será tras la II Guerra Mundial, una vez desaparecido todo riesgo de revueltas y levantamientos, cuando se irá sustituyendo el proyecto socialdemócrata por el neoliberal, con la correspondiente  disminución de la “protección social”. Desaparecido el peligro ya no eran precisos escudos defensivos ni colchones sociales. Hoy las clases populares estadounidenses son las más alienadas, conformistas y controladas del Planeta, y por ello son también las que menores grados de derechos sociales y laborales detentan. El Estado plurinacional español no es más que una nueva versión de la España “una, grande y libre”, y el federalismo español no es otra cosa que un nuevo envoltorio del “Estado de las autonomías”.  ¿Sabéis lo que ofrecía el imperialismo español a sus colonias americanas a finales del XIX, cuando veía que el grado de conciencia nacional de las mismas imposibilitaba la continuidad de la versión descarnada, negacionista y centralista, de la opresión? Pues reconocimiento y autonomía dentro de un Estado Español. Estado al que los más "progresistas" españolistas denominaban federal.  Y ya sabemos la respuesta al continuismo autonomista de los soberanistas cubanos y puertorriqueños; mantener y avanzar en la lucha de liberación nacional, conscientes de que sin independencia sólo había y podía haber dependencia. En cuanto al “estado del bienestar” y la “economía social de mercado”, no constituyen otra cosa que sendos intentos socialdemócratas de salvaguardar al Sistema ofreciendo un “capitalismo de rostro humano”, no para acabar con la desigualdad y la explotación, inherentes al mismo y por tanto intocables e insustituibles, sino para hacerlas más tolerables y llevaderas, con el fin de sostenerlo allí donde corre riesgo de perecer por la concienciación política, social y de clase de los pueblos trabajadores. Y ya sabemos la respuesta que han dado siempre los revolucionarios al continuismo socialdemócrata; mantener el enfrentamiento con el Estado burgués y avanzar en la lucha de liberación social contra el capitalismo, conscientes de que sin poder popular autogestionado y economía socialista solo había y podía haber injusticia. Hoy, como ayer, como siempre, no hay solución en España y en el capitalismo, porque España y el Capital son el problema. No hay cambios en España sino contra España. No hay alternativas transformadoras en el capitalismo sino contra el capitalismo. Afirmar lo contrario es engañarse y engañar .Toda apuesta por España y el Capital, por cualquier tipología de Estado Español y de “economía de mercado” sólo es apoyo al imperialismo y el capitalismo. Francisco Campos López  



  • La Junta Suprema de Andalucía y su importancia histórica
    Francisco Campos
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    02/09/2016
    En agosto de 1835, después de años de combates dinásticos entre carlistas e isabelinos tras la muerte de Fernando VII, conocidos como la primera guerra carlista, se produjo en diferentes territorios del Estado, pero muy especialmente en Cataluña y Andalucía por su importancia y extensión, un levantamiento liberal que tendría  en nuestro país características propias y significativas. El estallido insurreccional en nuestra tierra comenzó simultáneamente en Málaga y en Cádiz el 23 de agosto, y para finales de mes ya se había extendido al resto de nuestra nación. Los liberales fueron creando diversas juntas provinciales autónomas y soberanas. Cada provincia andaluza pasó de hecho a autogobernarse y a dictar normas propias financieras, administrativas, etc. A propuesta de la de Córdoba deciden confederarse y crear una supra-junta central soberana andaluza, la Junta Suprema de Adalucía,  conformada por dos representantes de cada junta provincial. El 2 de septiembre se constituiría dicha Junta Suprema de Andalucía en Andújar, presidida por Juan de Quesada, Conde de Donadío, presidente de la junta provincial de Jaén. Inmediatamente después de su creación, una de las primeras decisiones adoptadas por ésta será la de iniciar el reclutamiento de unas milicias compuestas por treinta mil hombres. La respuesta de los andaluces fue tan masiva que ya para mediados de septiembre se contaba con dicha cifra de voluntarios. Al frente de dicho ejército andaluz se colocó a Luis Antonio Pizarro, Conde de las Navas, que salió inmediatamente para tierras manchegas, para  hacer frente a un ejército enviado desde Madrid por el gobierno estatal. El enfrentamiento armado no llegaría a producirse porque, ante el avance de las tropas andaluzas, los miembros de las fuerzas gubernamentales desertaron, pasándose en su inmensa mayoría a las milicias andaluzas. Pero estás, en lugar de continuar hacia Madrid, pararon y se acantonaron a la espera de acontecimientos, los cuales no tardarían en producirse, ya que el triunfo andaluz provocó la caída del gobierno conservador presidido por el Conde de Toreno y el nombramiento de otro liberal presidido por Mendizabal. Tras el aparente triunfo de las fuerzas progresistas, que obligaron a los isabelinos a aceptar sus principales demandas, como las de descentralización, restablecimiento de libertades básicas y la apertura de un periodo constituyente, que daría lugar a la Constitución de 1836, el movimiento se disolvería, y con él las juntas. Pero no en Andalucía, donde la oposición a ello de una parte de sus miembros, los más avanzados, que eran partidarios de perpetuarlas, así como su soberanía, y el profundizar en el proceso democrático y descentralizador, lograron mantenerlas durante un tiempo. Tanto las juntas provinciales como la Suprema de Andalucía fueron las más activas, tanto a nivel local como general, las más determinantes en el proceso insurreccional, y las que más tardarían en disolverse en todo el Estado tras el supuesto triunfo del movimiento. De hecho, aún después de la instauración de un gobierno liberal "moderado" en Madrid presidido por Mendizabal,  aún durante mes y medio, hasta finales de octubre, en Andalucía se mantuvieron las juntas, coordinadas entre sí en Junta Suprema, y actuando cada una de forma autónoma. Más allá de sus contradicciones ideológicas y de clase, así como de sus limitaciones finalistas, aquellas juntas supusieron un anticipo del movimiento cantonalista de 1873, tanto en sus principios ideológicos como organizativos, así como una primera manifestación de la Andalucía contemporánea como sujeto político diferenciado y autoreconocido, conformando por ello un cierto protoandalucismo. Baste como ejemplo el que en el Manifiesto de la Junta Suprema a los andaluces ya se hablaba de una “Federación de Andalucía”, en nombre de la cual se consideraba legitimada y se dirigía a sus conciudadanos, a los que califica de “pueblo andaluz” y les alababa su “indisoluble unidad”. Especialmente destacable, después de siglos de alienación,  es que se hiciese referencia en él a Andalucía como La Bética y a los andaluces como béticos. Ello conlleva el que se considerase está etapa como nítidamente andaluza, en lugar de como “romana”. Para la reconstrucción nacional de nuestro país es esencial el asumir como propio la totalidad de nuestro pasado, acabando con la visión impuesta por la historiografía del régimen que nos lo arrebata, considerándolo siempre como algo ajeno. La etapa Bética no es “romana”, al igual que la andalusí no es “árabe” o la tartéssica no es “fenicia”. Todas ellas son andaluzas. Es igualmente significativo, como signo de al menos un principio de intencionalidad soberanista por parte de aquel movimiento y de la Junta Suprema, el que la misma se estableciese cerca de la frontera natural de Andalucía, en Andújar. Aunque se hizo ante todo por cuestiones prácticas, es indudable que igualmente posee unas connotaciones semejantes a las que contendrían el que los cantonalistas de 1873 se desplazasen precisamente hasta las inmediaciones  de la misma, hasta Despeñaperros,  para proclamar la independencia del Estado Andaluz. Cabe también destacar como el texto del Manifiesto trasluce el que el nacionalismo estatalista español aún no estaba en aquella época plenamente conformado, como se observa en el hecho de que se refiera en él al “pueblo español” como adjetivo equivalente y sinónimo también de “pueblo hispano” y “pueblo ibérico”, lo cual supone y conlleva el que España aún entonces era más un término de connotaciones geográficas que políticas, al igual que la referencia al “orgullo castellano”, que no español, obviamente incluida por el sector aristocrático de los insurrectos. Su carácter prefederalista sería reconocido por Pi y Margall quién, a propósito de ellas, afirmaria que: “Tuvieron las (juntas provinciales) de Andalucía su Junta Central en Andújar y hablaron (a través de ella) de potencia a potencia (de igual a igual, de estado a estado) con el Gobierno de María Cristina (regenta del Reino de España por la minoría de edad de Isbal II. Utilizado como sinónimo de gobierno de Madrid). Y su carácter protoandalucista por Blas Infante quien manifestaría que: “En 1835 Andalucía da una muestra de existir en ella una conciencia de unidad regional”, así como que lo que denominara “las provincias andaluzas unidas” constituirían a través de la Junta Suprema “un verdadero poder regional”, destacando el  que contase “con fuerza armada propia” y haciendo suyo el criterio de  Pi y Margall en el hecho y la importancia de que  tratase “de potencia a potencia” con el gobierno de Madrid. Hay que aclarar, en cuanto al calificativo de “regional” utilizado por Infante, que este término además de adjetivación de zona territorial, políticamente hablando, era equivalente y sinónimo de “nacional” durante las últimas décadas del XIX y principios del XX, no poseyendo las connotaciones dependentistas y españolistas que adquiría posteriormente. Nos encontramos, por tanto, ante un movimiento que pertenece al conjunto de los levantamientos que en la primera mitad del XIX llevarían a cabo la burguesía para alcanzar el poder. Pero es evidente que en Andalucía tanto la burguesía como incluso la propia aristocracia castellana no conformaban bloques monolíticos. En ambas clases sociales había una parte cuyos intereses se encontraban cuyunturalmente unidos a nuestra tierra y a nuestro pueblo, por lo que la defensa de los mismos coincidían, eso sí, sólo hasta cierto punto, en ciertos periodos excepcionales y de forma muy ocasional, con los interese nacionales o populares andaluces. Ejemplos de dichas coincidencias parciales y episódicas las podemos hallar en distintas etapas históricas, no sólo en esta de 1835 u otras a lo largo del XIX, sino incluso en algunas más lejanas, como por ejemplo en la alianza entre una parte de la aristocracia castellana, encabezada por el Duque de Medina Sidonia, y la resistencia andaluza, encabezada por Taher Al Horr, para lograr conjuntamente la independencia del país y establecer una república andaluza en 1641. Pero, como en todos los países ocupados, estos sectores sólo se manifiestan y actúan en circunstancias muy concretas y esporádicas. Además, por sus propias características, siempre se trata de sectores minoritarios e inmersos en irresolubles contradicciones internas y externas, y por todo ello no resultan determinantes. Fundamentalmente los intereses del ocupante, en nuestro caso la aristocracia rentista castellana y las oligarquías foráneas, y sus clases auxiliares nativas,  en nuestro caso la colaboracionista burguesía autóctona administradora, siempre se encuentran en contraposición con los de la colonia y el pueblo colonizado. Son antagónicos. De ahí el profundo error de pretender pseudo-andalucismos o reformismos interclasistas. Sólo el pueblo trabajador andaluz puede estar interesado en el proceso de liberación global, nacional y social, andaluz. Solo a él favorece. Todo lo expuesto lo vemos reflejado en el movimiento juntero de 1835. Estamos ante un movimiento eminente burgués, aunque en él participen sectores populares y aristocráticos. Por cierto que esta participación de elementos aristócratasm, incluso en puestos dirigentes, no es algo excepcional sino bastante común, como lo demuestran otros movimientos burgueses de la época, comenzando por la propia Revolución Francesa. Pero es un movimiento en el que conviven elementos cuyos intereses se encontraban en Madrid, el sector mayoritario, el de los liberales “moderados” que acabaría pactando con los Borbones, frente a unos pocos que, por el contrario, los detentaban aquí y por ello coincidían con los de nuestra tierra y nuestro pueblo. Intereses contradictorios que resultaban obviamente insalvables. Estos últimos, los más progresistas de entre ellos, los liberales radicalizados que quisieron mantener las juntas y no se contentaban con compartir el poder con los isabelinos, aquellos que la dieron su caracter andaluz, soberanista, confederal y autogobernante, serían el núcleo en torno al que se conformaría el Partido Demócrata en la siguiente década, antecedente del republicanismo federal. El Partido Republicano Federal sería el primer partido de masas de nuestra tierra, contenendo a los diversos sectores populares, incluidos los primeros núcleos obreros. Sería a su vez impulsor tanto de la primera revolución social y soberanista habida en nuestra historia contemporánea, la cantonalista, como posteriormente, por evolución del cantonalismo, desencadenante en nuestra nación, en gran medida, de los primeros colectivos revolucionarios libertarios y marxistas en el último tercio del XIX y principios del XX, así como del andalucismo histórico. Francisco Campos López   Nota: Para aquellos que no conozcáis el Manifiesto de la Junta Suprema de Andalucía, lo podéis encontrar en el artículo referente a la misma publicado en el apartado “memoria andaluza” de La Otra Andalucía.



  • “Cuerpo de élite”: ni puta ni picoleta, andaluza a secas
    Carlos Rios
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    31/08/2016

    Confieso que no veo películas en las que se pretende hacer chanzas de los estereotipos mal llamados “regionales” de un Estado plurinacional como el español, donde los territorios que lo conforman han sido en su totalidad integrados por la fuerza de las armas en uno u otro momento desde finales de la Edad Media.

    Me resulta imposible y contranatura visualizar una cinta en la que, de nuevo, aparecen los chistes y clichés que, construidos sobre la Andalucía dependiente y española que han creado, pretenden convertir en motivo de chanza desde hace siglos la dependencia y colonización del Pueblo Trabajador Andaluz. Lo intenté con aquella película llamada Ocho apellidos vascos de la que no pude aguantar más de 5 minutos de topicazos vomitivos y reaccionarios sobre el ser del Pueblo Trabajador Andaluz. Esa dependencia (que ha otorgado a Andalucía unos roles específicos en la división internacional del trabajo) que España y el Capital proyectan, como si de un negativo fotográfico se tratara, transformando el blanco en negro y el negro en blanco.

    Un discurso colonial que transforma nuestra realidad en proyectándola justo al contrario: somos reserva de mano de obra y eso se convierte en el tópico de que l@s andaluces/zas somos vag@s; somos tierra de descanso y recreo de españoles y europeos y eso convierte a la clase obrera andaluza en gente que está permanentemente de fiesta y vive de feria en feria; la juventud andaluza es carne de cañón para sus ejércitos y, por eso, la proyectan como parte complaciente de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) y defensora de España y el Capital, la cultura popular andaluza es usurpada y deformada para conformar una entelequia llamada “identidad española” y por eso nos proyectan como un pueblo mayoritariamente españolista. Para el caso poco importa que actores, guionistas o directores sean o no andaluces (en la película de la que vamos a hablar, Cuerpo de elite, un guionista así como la actriz María León lo son). El origen andaluz en este caso viene a confirmar el mecanismo de reproducción la realidad nacional andaluza a la inversa que proyecta el Régimen para que el propio Pueblo Trabajador Andaluz la asuma como propia y a su vez la reproduzca en un ejercicio de alienación tan propio del sistema capitalista.

    Una proyección falseada del Pueblo Trabajador Andaluz que se ha trasladado en muchas ocasiones al cine y la televisión y este año una vez más con la película Cuerpo de élite.

    La puta

    El personaje andaluz de la película es Lola Rivera de Coria del Río (bello pueblo del Aljarafe donde se encuentra la Casa-museo de Blas Infante), Guardia Civil y según el guión de la película confiesa: “Qué quieres que te diga, en mi pueblo te metes a puta o a Guardia Civil”. La localidad elegida en este caso es casual. Había de ser un origen evidentemente andaluz que manifestara la ausencia de expectativas vitales para l@s andaluces/zas y para ello ambientaron a Lola Rivera en un entorno anteriormente rural y hoy cinturón metropolitano de una gran ciudad andaluza como Sevilla; Coria del Río. Una localidad de un país como el andaluz donde más de un millón de sus habitantes (según estadísticas oficiales, en la realidad muchos más) continúan en la emigración o la siguen alimentando. Una sociedad patriarcal como la andaluza que elige (como demuestran todos los estudios) preferentemente para su explotación al hombre mientras que a la mujer reserva las tareas más penosas, peor pagadas y más precarias. Eligieron Coria como podían haber elegido Lebrija, Baza o San Juan del Puerto. Lola es simplemente una representación de las hijas de la clase obrera andaluza.

    Y ¿para que sirven las andaluzas de clase trabajadora? Según la imagen que España y el Capital proyectan de Andalucía y el papel que nos otorga la división internacional del trabajo una de las funciones de Andalucía es ser le lugar de la fiesta y el cachondeo. No existen las andaluzas luchadoras, revolucionarias, trabajadoras, intelectuales que han dignificado Andalucía con su ejemplo y abnegación pese a la triple opresión colonial, de género y de clase.

    Pero toda fiesta y todo descanso (coherentemente con una sociedad heteropatriarcal como la española) ha de tener un momento de calma que repare los ánimos del macho español cuando viene a relajarse a este país que sus antepasados conquistaron a los andalusíes, arrebatándonos la tierra y la libertad. Ese culmen está representado en la puta que ha de ser forzosamente hija de la clase obrera andaluza porque las mujeres de la burguesía latifundista andaluza son descendientes (sea verdaderamente o sea de manera simbólica) de los conquistadores y han de servir para perpetuar la estirpe de ladrones que expolian el país andaluz desde hace siglos. El personaje de Lola Rivera sólo podía ser puta o Guardia Civil; en un caso u otro servidora de España y el Capital.

    La Guardia Civil

    Que una andaluza sea representada como Guardia Civil me conduce a tres breves reflexiones.

    La primera es la representación a través del cliché de ese papel que se nos ha otorgado al Pueblo Trabajador Andaluz en la división internacional del trabajo como almacén de mano de obra y candidatos esenciales a integrar las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE). Como decía más arriba esta realidad objetiva España la transforma en otra realidad inventada bien distinta: una juventud andaluza complaciente de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) y defensora de España y el Capital cuya perspectiva para la mujer andaluza se resume en la afirmación de Lola Rivera: ser puta o ser Guardia Civil. La realidad es que esta atribución de funciones como candidatos preferentes a las FSE tiene un coste que se traduce en las altas tasas de desempleo de carácter estructural, en la alienación de nuestra juventud, en la precariedad laboral y el trabajo en negro normalizados y socializados.

    La segunda es la paradoja de asociar una nación oprimida como Andalucía a un cuerpo como la Guardia Civil creado en 1844 con una clara vocación de establecer la legalidad española en el medio rural y que tan nefastas consecuencias ha tenido en el país andaluz. Los negros episodios de la historia nacional andaluza en los que la Guardia Civil ha sido protagonista justificarían la percepción contraria pero como ese relato no forma parte de la historiografía oficial y la dependencia de Andalucía impedimenta la construcción de un relato propio de nuestra historia la única versión audible es la del enemigo (España y el Capital) que asocian Guardia Civil y Andalucía como elementos no antagónicos (como realmente han sido históricamente) sino asociados.

    La tercera es la voracidad del Régimen capitalista español que aspira a captar (a principios del siglo XXI) no sólo a los jóvenes sino también a las jóvenes como sostenedoras activas y defensoras con su propia vida de los privilegios de las clases dominantes estatales y mundiales, del euro, la OTAN y la opresión y la explotación de l@s trabajadores/as. España ya no se conforma con la mitad de la juventud andaluza sino que también desea la otra mitad, las jóvenes andaluzas.

    El alcalde

    Ante tal situación el alcalde de Coria, Modesto González (del desaparecido Partido Andalucista), se apresuró a protestar por lo que él ha interpretado como un ataque a la mujer coriana y que resulta evidente es una ataque a las mujeres andaluzas en su globalidad (llama la atención que para estas cosas las instituciones diversas que se reclaman de la defensa de la mujer no se hayan pronunciado) con declaraciones a la prensa. Pero lo que nos llama la atención del comunicado del consistorio coriano es cuando dice:

    ...en circunstancias normales, el éxito de una película española con una actriz andaluza como protagonista en el papel de una Guardia Civil, constituiría un orgullo y una excelente promoción para la localidad ...

    El alcalde del extinto PA constituye un ejemplo de libro de lo que es y supone el regionalismo ¿Un orgullo? ¿Una excelente promoción? El alcalde hace un ejercicio de olvido de lo que ha supuesto un cuerpo como la Guardia Civil en Andalucía. Cualquier demócrata (ni siquiera revolucionario) reclamaría la expulsión del territorio andaluz y/o disolución inmediatas de un cuerpo represivo que no ha servido sino para imponer la legislación española y los intereses del Capital en general (latifundistas y grandes propietarios en concreto) en Andalucía ¿Se puede llamar “andalucista” alguien que manifiesta así obviar olímpicamente más de 150 años de presencia de las FSE en el país andaluz?

    Y las corianas/andaluzas: ni putas ni picoletas

    Pero por encima del alcalde, del director, de los guionistas y del Régimen que coloniza Andalucía se han puesto las mujeres corianas, representado a lo mejor de sus compatriotas.

    El ayuntamiento convocó una concentración de repulsa por la calificación de “puta” a las corianas puesto que ya ha manifestado el señor alcalde que si fueran Guardia Civil le parecería “un orgullo”. Tal y como recoge El Correo de Andalucía (29/8/2016) las corianas presentes en dicha concentración corearon una consigna que negaba la proyección colonial que sobre las andaluzas manifiesta esta película: “Ni puta ni picoleta, coriana a secas” manifestando un mayor grado de comprensión de la opresión nacional de Andalucía que el alcalde regionalista Modesto González y rechazando el sainete de esa película que jamás veré: Cuerpo de élite. Una consigna que concretaba en la realidad local una respuesta nacional a esta nueva vuelta de tuerca en esta recreación fílmica de la Andalucía colonial: “Ni puta ni picoleta, andaluza a secas”.

    Carlos Ríos.

    Granada, 30 de agosto de 2016.




  • ¿Puristas o consecuentes?
    Carlos Rios
    Logotipo APR2
    22/08/2016
    Últimamente, dentro de los cenáculos del neo-regionalismo por una parte y de ciertos sectores denominados nacionalistas, proclives a establecer pactos con sectores españolistas, se utiliza un término para intentar estigmatizar al independentismo andaluz: “purismo”. Un término de evidentes connotaciones negativas y acusaciones difusas. Un término peyorativo que podría valer para cualquier cosa, lo mismo que para un roto que para un descosido. Un término, que en definitiva, no nos lleva a ninguna parte más que a la cosificación del independentismo andaluz en torno a tópicos y mentiras dañinas, a huir de un debate con palabras certeras, a hablar de principios y de hechos, a separar el trigo de la paja. Todo ello con la dialéctica pertinente, y no vulgares excusas que en mi opinión es lo que esconden quienes utilizan ese término. Pero, ¿qué es un purista? Según definiciones de diversos espectros académicos, podemos definir el purismo como “una tendencia a defender el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, etc. en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones.” Bien, esto de entrada no nos dice nada, porque no podemos hablar en abstracto. Habría que ir al caso concreto y estudiar todos sus factores para determinar si podría existir dicho comportamiento. Y si este, dependiendo del caso, es positivo o negativo. Habría que empezar reconociendo que cualquier opinión que mantenga cualquier persona podría ser catalogada como purista, sea cual sea, ya que, al ser nuestra y al confrontarla con la del adversario, inevitablemente caemos en su defensa acérrima. Es un ejercicio primario y natural de defender en lo que una persona cree. Y defenderá sus creencias si realmente cree en lo que dice defender. Opondrá resistencia, la más feroz si hace falta, en alto o en silencio, para defender su verdad. En este punto, queridos amigos, estamos como con la muerte, somos todos iguales. Considerando esto, es ridículo pues, que alguien acuse de purista a otro. Evidentemente,  también cuando nos referimos al campo político podrían hacerse esas observaciones. Mantener tus propias opiniones y creencias al parecer, ahora es sinónimo de intransigencia y no sé cuantas cosas más. Ergo, mejor deberías no tenerlas y no pensar por ti mismo, no ser librepensador. Además, la política, donde cada cual tiene su opinión, es un mundo donde es fácil deslizarse hacia el camino del insulto gratuito, la invención malévola y la cosificación del otro. Las redes sociales son un excelente caldo de cultivo para todo tipo de variopintos personajes que dan rienda suelta a sus egos y más bajas pasiones. Es un lugar que se presuponía apto para el debate pero no está siendo más que un negador del debate, un lugar cenagoso no apto para quienes quieren debatir en serio sobre cuestiones fundamentales, y en concreto en lo que nos toca, para la Liberación de Andalucía. Es muy fácil infiltrarse en ellas para hacer contra información al movimiento revolucionario y torpedear desde su núcleo al movimiento independentista que intenta devolver la conciencia, la tierra y el poder a los andaluces en su propio país. Allí se puede matar al mensajero, poner palitos a las ruedas, desbaratar debates con mil pamplinas, acusar de corruptos a personas honestas sin ninguna prueba, avalar rumores de todo tipo, crear simpáticas presunciones, inventar historias en detrimento de ideas o personas concretas o moldear corrientes políticas que tienen objetivos totalmente divorciados del proceso de Reconstrucción Nacional de Andalucía. Por lo que nos acusan de “puristas” está muy claro según nuestros detractores: lxs independentistas defendemos que sólo desde un movimiento propio podremos ejercer y defender nuestra soberanía y no desde la integración en movimientos y confluencias españolas cuyo objetivo es cambiar España y no nuestra situación de opresión. O porque siempre hemos luchado para unificar las fuerzas andalucistas revolucionarias en un Bloque Andaluz de Izquierda y nos hemos negado a injerencias españolas. O porque  mantenemos un debate ideológico en pos de la Independencia y el Socialismo, que señala las contradicciones, evidencias y carencias del MLNA. O porque hemos sido los primeros en poner en cuarentena el chovinismo gran español, partidario del imperialismo español, que contienen muchos sectores que se reivindican republicanos españoles. O porque hemos sido los primeros en hablar claramente de República Andaluza de Trabajadores. O porque seguimos empeñados en la titánica tarea de devolver la conciencia de la propia Identidad al Pueblo Andaluz. Hay muchos más porqués y ninguno, ninguno justifica ni ha justificado jamás que no debamos de luchar por la Independencia y el Socialismo. Hace tiempo escribí un artículo que contiene el rosario de prejuicios fundamentales contra el independentismo andaluz, en cuyas respuestas y argumentos, tan justos y necesarios se basan algunos para acusarnos de “puristas”. http://2014.kaosenlared.net/secciones/94290-36-mitos-m%C3%A1s-comunes-contra-el-independentismo-andaluz (pincha en enlace) Aplicado al independentismo andaluz, es curioso que alguien nos etiquete de puristas, de enemigos del cambio. ¿Cómo vamos a ser puristas, enemigos del cambio, si somos transformadores sociales? Es curioso, en mi vida siempre he intentado no seguir, cuando no transgredir de manera directa, todas aquellas tradiciones, pensamientos e ideas carcas que ha heredado una sociedad que aun no se ha sacudido el franquismo sociológico de sus cabezas. Mi práctica política e ideológica siempre ha sido plenamente revolucionaria y para nada me considero una persona cerrada ni intransigente. Quien me conoce personalmente lo sabe, quien no me conoce, presupone, imagina, cree saber y se construye un imaginario sobre mí a su medida. Pero aquí lo importante es que considero que si se tienen unas ideas hay que defenderlas y actuar consecuentemente con ellas. Tener esas ideas no me hace ser sectario, me hace ser lo que soy, independentista andaluz. Tampoco me considero dogmático, puesto que conservo no solo amistades en prácticamente todos los sectores que se reconocen andalucistas, sino además con gente que piensa lo contrario a mí. No puedo entender como un regionalista andaluz puede acusar de purista a un independentista andaluz. Empezando porque esos regionalistas tipo PA no han reconocido jamás a nadie que no fueran ellos, en una actuación permanentemente cainita entre hermanos de no reconocer al otro. No puedo entender cómo hay sectores que se denominan andalucistas pero no ponen en cuestión las bases de dominación y dependencia que sufre Andalucía por parte de España. No puedo entender cómo hay gente que en nombre del andalucismo puedan defender la existencia de España, porque aparte de ser un Estado que nos niega a día de hoy nuestro derecho a decidir y nos niega como pueblo, sin nuestra anexión a Castilla, ésta no hubiera nacido jamás. Y pertenecemos a un Estado por la fuerza, no por propia voluntad. Parece que según para los “no-puristas” la dependencia y el subdesarrollo de Andalucía le hubiera caído del cielo, como si pertenecer a España hubiera sido un acto divino que siempre estuvo ahí. Esto no es sólo una falsedad histórica que evidencia lo “bien” que conocen algunos la Historia Andaluza, sino que es creacionismo puro y duro. O como si la acción de ese Estado, unas veces mediante el terror y más actualmente mediante la manipulación de masas, no hubiera tenido nada que ver en que haya una mayoría de andaluces y andaluzas que se consideren españoles y cuyo mimetismo de las ideas de la clase dominante es más que evidente. Y quien niegue esa manipulación de masas, está negando la existencia de la superestructura llamada Estado Español. Lo está negando todo lo que ello conlleva. O dicho de otra manera: no tienen ni idea de por donde les viene el viento. Los “no-puristas” no nos perdonan que les hiciéramos críticas tan claras como las siguientes, contenidas en el artículo “Aprender de la Historia”, de marzo de 2008, que era en sí una respuesta al inefable de Javier Aroca, a un artículo insultante que había escrito para nuestra Historia y para el Andalucismo de verdad. Sí, el que no teme en absoluto decir INDEPENDENCIA: (http://juanfesanchezindependenciasocialismo.blogspot.com.es/2014/04/aprender-de-la-historia.html pincha en enlace) “Mucha culpa de lo que pasa en el andalucismo ha venido no solo por no saber explicar las cosas tal y como son, por no hablarle claro al Pueblo Andaluz, sino por otros problemas como por ejemplo: - Sustitución del discurso andalucista por el del agravio comparativo.  Se basa esto brevemente en no reclamar las cosas porque los andaluces así lo exijamos y merezcamos como nación, sino porque "otros" (Cataluña, Euskadi...) lo tienen y exigen. -La involución españolista dentro del Andalucismo.  Se refiere esto a que en el PA (que no ha sido el único referente del nacionalismo andaluz, ahí están el FAL, el FLA, Liberación Andaluza, la CUT, el SOC, Nación Andaluza o Jaleo!!!) todos los dirigentes que ha tenido han sido pseudoandalucistas, algo más desarrollados que el simple regionalismo, pero incapaces de adaptar el Andalucismo a lo que Andalucía y sus Derechos Nacionales demandan de él. Desde Arredonda (que para un Congreso Nacional para anunciar la victoria de España en la copa Davis...) a Rojas Marcos, Ortega, Pacheco, el personaje de Utrera o Ronda...son incapaces, como niños chicos, de balbucear siquiera, la palabra Independencia, por temor a ser acusados por el desconocimiento de un Pueblo Andaluz falto de información sobre él mismo y sus orígenes y derechos, alienados y dependientes. La cabeza visible del nacionalismo andaluz jamás ha tenido en mi opinión, un sólo dirigente nacionalista de verdad. -La falta de estrategia.  Entendido esto no sólo como todo lo anterior expuesto brevemente, sino por la falta de respeto y legitimidad que ha destilado a los grupos nacionalistas y andalucistas anteriormente citados y que el PA y el antiguo PSA no han reconocido nunca, en una actuación permanentemente cainita respecto al buen hacer de los demás, cuando ellos mismos no se atrevían a decir a los andaluces lo que otros grupos y partidos si lo hicieron y lo siguen haciendo. Aun recuerdo cuando el PAU-PTA se integró en el PSA en aras de la unidad del nacionalismo andaluz de izquierdas a mediados de los 80, cuyo resultado no fue un programa de Liberación Nacional y Social, sino el triunfo de las tesis de los españolistas regionalistas, que acabaron fagocitando todo intento serio de un Partido Andalucista consecuente con los principios que decía defender. Buena parte de culpa en ello no la tuvieron sólo los dirigentes españolizadores, sino que estos mismos promovieron una espiral que aún sigue y que es el siguiente punto: - La primacía de la cantidad sobre la cualidad.  Es decir, la entrada en el PA de personas y grupos con nula conciencia política andaluza, que hace que no se adapte y asuma el discurso andalucista consecuente, primando por tanto la entrada de militantes sin formación a los que por otra parte tampoco se preocupan en formar, en detrimento de los andalucistas preparados y con las cosas claras, que fueron y siguen siendo los únicos en los que Andalucía y su Andalucismo, tienen las esperanzas depositadas. Se ha primado el sillón y la poltrona, el poder presumir de "influencia" y militantes, pero se ha perdido en conciencia y en coherencia con los principios andalucistas, y esto no lo paga el sector españolista del PA, lo paga el andalucismo y sus cuadros más coherentes ante la sociedad andaluza, lo paga Andalucía y su Liberación nacional y social, que sólo hace retrasarse y bloquearse por el actuar de los españolistas dentro del PA. Esto, si hubiera sucedido en el seno de cualquier otro partido nacionalista, sea andaluz, o vasco o gallego o catalán, hubieran sido convocados a un debate interno primero y luego posteriormente expulsados por incoherencia e incompatibilidad con los principios.” Estos son claros ejemplos de lo que “no perdonan” gente como la descrita, que alguien les recuerde quiénes son y a qué se han dedicado. No puedo entender cómo hay andalucistas que su práctica política haya quedado en el agravio comparativo. No puedo entender cómo se puede vender como único y exclusivo andalucismo el descendiente de los continuos bochornos entre pachequistas y rojamarquistas. No puedo entender cómo al desparecer un partido de obediencia andaluza, su gente no se integre en los ya existentes (aquí nadie va a inventar ya nada nuevo) y hagan otro para integrarse nada más y nada menos que en un partido declarado patriota español como Podemos. NI siquiera puedo entender cómo en una nación como Andalucía, el regionalismo señorial haya podido comerle tanto terreno al andalucismo revolucionario tantos años. Y en esto creo que ha tenido más que ver más lo que ha permitido el sistema que se difunda, que el valor en sí de las ideas y de la práctica. Durante los años de la eclosión de andalucismo (años 70-80) le era necesario al sistema, al régimen español, no fomentar el independentismo, y sí un remedo de andalucismo que calmara una posible salida revolucionaria y andaluza a la situación de dependencia, subordinación y subdesarrollo que padecíamos y padecemos. No entiendo que se nos pueda llamar puristas a quienes hemos luchado por clarificar conceptos. Por poner nombre a nuestra opresión. Por decir que o se está con Andalucía o se está con España. O se opta por la Independencia o se opta por la dependencia. O se opta por la ruptura con España o se opta por la reforma de España. O se opta por las propias fuerzas y la autogestión de las clases populares andaluzas y del pueblo trabajador andaluz o se sigue supeditado a la superestructura imperialista y capitalista de la que España como Estado es su punta de lanza. La disonancia cognitiva de cierto andalucismo La disonancia cognitiva es una teoría que explica el autoengaño. El psicólogo Leon Festinger propuso la teoría de la disonancia cognitiva, que explica cómo las personas intentan mantener su consistencia interna. Sugirió que los individuos tienen una fuerte necesidad interior que les empuja a asegurarse de que sus creencias, actitudes y su conducta son coherentes entre sí. Cuando existe inconsistencia entre éstas, el conflicto conduce a la falta de armonía, algo que la gente se esfuerza por evitar. Esta teoría ha sido ampliamente estudiada en el campo de la psicología y puede definirse como la incomodidad, tensión o ansiedad que experimentan los individuos cuando sus creencias o actitudes entran en conflicto con lo que hacen. Este displacer puede llevar a un intento de cambio de la conducta o a defender sus creencias o actitudes (incluso llegando al autoengaño) para reducir el malestar que producen. En política, los debates con estos individuos suelen empezar y acabar en broncas de patio de colegio. Una persona imparcial, conocedora de los términos y conceptos de uno y otro adversario en que se plantea un debate, podría observar una serie señales contradictorias si escruta o cuestiona la lógica de estos comportamientos, haciendo preguntas muy claras, para lograr que aumente la disonancia cognitiva, pues esta situación tendría un efecto en sus gestos, su tono de voz o sus afirmaciones. En palabras del propio Festinger, “Las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos". Un ejemplo: una persona llamada X, que ostenta un cargo de importancia en una organización andalucista. Se ve en la tesitura de iniciar un proceso de acercamiento a otras organizaciones andalucistas más veteranas, en el camino de la unidad andalucista en un Bloque propio, o tener que integrar a su colectivo en un partido español, con el cual tendrían más visibilidad e imagen. El andalucismo político es toda aquella idea que defiende a Andalucía como nación y por tanto, su expresión política como tal nación solo podría realizarse mediante la Independencia, no mediante la inclusión en otro estado, que además, como el español, niega el carácter nacional de Andalucía y su derecho a decidir. Bien, esta persona no considera que, en situaciones de dependencia y con un movimiento de liberación bajo mínimos, haya que hacer un esfuerzo de clarificación ideológica y de unidad con otras fuerzas andalucistas. Convence a su grupo de personas de que si se integran en un partido español, a pesar de que éste haya despreciado a Andalucía, van a tener la oportunidad de dar más voz a Andalucía. Cuando se alude a esa persona o su organización que porqué, por ejemplo, da la espalda a crear un bloque andaluz y se le achaca que no está siendo honesta con sus ideas al hacer algo que va contra las ideas que dice defender, se produce un claro ejemplo de disonancia cognitiva: en vez de reconocer que su práctica no tiene nada que ver con lo que expone, acusa a quienes le hacen un critica lógica de “puristas”, “sectarios” y lo que se le ocurra en el momento. No es que se sea mejor o peor nacionalista renunciado a crear un bloque andaluz e integrándose en un partido patriota español o acudiendo al acto de una fundación españolista sometida a la Junta, sino que directamente va contra los principios que se dicen defender. No es pureza de sangre ni otras invenciones prosaicas para eludir debates políticos concretos, se llama lógica. La diferencia es que mientras unos quieren vender un andalucismo pro-español, algo de difícil digestión, los independentistas no concebimos que el movimiento de liberación nacional de Andalucía pase por nada español, al contrario, tengo muy claro que España y todo lo relativo a ella es el problema. Algo parecido les ocurre a los individuos que cometen infidelidades no consentidas: mientras la hacen, o repiten, se intentan convencer de que no lo hacen mal, que no están engañando a la otra persona, que además la culpa es de ésta debido a motivos como carácter, que si siempre está con sus amigos, que si no responde como quiero en la cama, etc. Para finalmente afirmar que sí, que aunque haya engañado a la otra persona, la quiere. Pues menudo querer. Disonancia cognitiva. Ayer mismo en una red social también fui objeto de otro ejemplo de disonancia cognitiva. Mientras exponía mi artículo “El año que echamos a Chaves y el año que volvieron los españolistas donde asesinaron a Blas Infante” con cuestiones fundamentales para el andalucismo, un total de 14 páginas, individuos que se sintieron molestos con mi reflexión “respondieron” a tales exposiciones de ésta manera: “mentiroso”, “Sigue otorgando carnés, que vamos muy bien”, “La pureza de sangre...”, “El manual del buen nacionalista andaluz” y algunas cosas más. Todo un ejercicio de dialéctica andalucista responder así ante 14 páginas de argumentaciones, sí señor. Y por supuesto, un “gran ejercicio” de autocrítica. Confundir la coherencia con la intransigencia es propio de disonantes cognitivos. Confundir ideas con dogmatismo, es propio de disonantes cognitivos. Confundir práctica consecuente con purismo es propio de individuos que padecen esta disonancia cognitiva. Más le valdría a esos individuos hacer una examen de conciencia y una reflexión política, sobre todo en la parte que le planteamos los demás. Que esto puede hacerse sin broncas ni insultos, estoy completamente seguro. Pero aún hay “no-puristas”, que como son tan abiertos y tan poco dogmáticos ellos, creen que porque desaparezca su organización de referencia, las demás ni existimos, ni resistimos. Como han tenido que vivir eso, piensan que a los demás nos tiene que ir igual de mal y también se nos debe hacer la puñeta. Lo que no está muy claro es porqué y en base a qué intereses hacen eso. Lo que sí está claro, es que no buscan la unidad del andalucismo en un bloque andaluz de izquierdas. Es más, creo que nunca tuvieron en su mente esa idea. No deja de ser curioso que por la parte derecha del regionalismo, pasen de la desaparición del PA a crear una pléyade de nuevas siglas, las cuales alguna se ha integrado en partidos patriotas españoles de moda como Podemos. Tampoco deja de ser significativo que la CUT, tan alejada de la cuestión social respecto a los sectores provenientes del PA, haya pasado de salirse de IU, a pasar a hacer confluencias al mismo partido patriota español que los anteriores. Ni unos ni otros, han considerado la opción más lógica y la que sería de esperar: iniciar un proceso de diálogo y acercamiento con el independentismo andaluz y otras fuerzas andaluzas para la formación de un Bloque Andaluz de Izquierdas. Al contrario, ha resultado lo más inesperado, lo más extraño:  han convergido (CUT y ex PA) en un partido que para más inri se declara patriota español y “ni de derecha ni de izquierdas” y cuyo objetivo confeso para las naciones sometidas al estado español es seguir teniéndolas bajo su tutela. Y dentro de esto, tanto a andaluces como a vascos se les ha denegado grupo propio en ese partido. Quien tenga ojos que vea. ¿A quién beneficia esta situación? A Andalucía y al Movimiento de Liberación de Andalucía seguro que no. ¿Hacer una crítica a esta ilógica de la lógica corporativista es purismo? Me parece a mí que no. En todo caso, actualmente se está dando una correlación de fuerzas a favor de esos “puristas”, demostrando la tenacidad, la justeza y sobre todo la lógica de sus tesis, pues hasta el actual secretario general del SAT, Oscar Reina, se ha posicionado favorablemente a la Independencia y al Socialismo. Espero sinceramente que no quede todo en una mera declaración de intenciones como ha ocurrido tiempo atrás y se den los pasos para iniciar contactos con otras fuerzas y coordinar y unificar esfuerzos,  lo cual es muy favorable para iniciar, por fin, sin injerencias españolas, la unidad de todos los nacionalistas andaluces en una Mesa Nacional que nos permita, juntos pero no revueltos, sin pretender ni ser nadie más que nadie, y desde el respeto sincero y mutuo, iniciar el camino de la Liberación de Andalucía de forma efectiva. Potencial hay. Otra cosa es que las organizaciones andaluzas quieran usarlo. Algunas ya venimos trabajando por ello desde hace más de 26 años. En el actual momento que vive Andalucía y el pueblo trabajador andaluz, no nos está permitido más que unirnos y caminar juntos hacia la Independencia y el Socialismo, que no es un capricho, sino una necesidad vital. Si como dicen el purismo es inmovilidad, no permitir cambios, no somos los independentistas los puristas. Nosotros si pretendemos cambiar la situación de atomización del nacionalismo andaluz, llevamos toda la vida clamando en el desierto porque nos unifiquemos todos bajo un mismo Bloque, juntos pero no revueltos. Pretendemos cambiar el inmovilismo de quienes anteponen sus cargos, sus poltronas y sus intereses personalistas. Pretendemos que cambie toda situación opresiva para el pueblo andaluz y no hemos exigido nunca a nadie que se integre con nosotros, (que, por otra parte, en vez de crear más partidos, hubiera sido lo lógico), al contrario, hemos contado con los demás muchísimas veces, mientras que los demás no se acordaban tanto de nosotros. Si de algo hemos pecado los independentistas no ha sido de purismo, señores, no. Ha sido de ingenuidad. De creer que quizá a nosotros también nos veían como compañeros y no como enemigos políticos a los que superar con todo tipo de malas artes. El ataque hacia el otro que intenta hacerte ver un error o te hace una crítica no es siempre la mejor defensa. Puede ser la peor. Las personas que han hecho avanzar el mundo fueron siempre revolucionarias, jamás se les comprendió en sus inicios. Personas acusadas de puristas en su tiempo, cuando no de algo peor, como le ocurrió a Servet con la inquisición así como a otros muchos. Servet fue acusado de purista por defender lo que creía. No era enemigo de los cambios, al contrario, fue un profeta del cambio frente a la cerrazón inquisitorial que aún a día de hoy sigue viva en estas latitudes peninsulares. Sin embargo, si por purismo entendemos algo negativo, en Servet vemos toda esa falsedad acusatoria: cosificado como blasfemo, fue acusado de destruir los cimientos del Cristianismo (oficial, se entiende) por medio de varias herejías sobre la Trinidad, la persona de Cristo, la inmortalidad del alma o el bautismo de los niños. Miguel Servet admitió algunos de estos cargos, otros los negó por ser falsos y a otros les encontró una explicación convincente añadiendo, sin embargo, que si en algo se había equivocado, deseaba ser corregido. Pero los cargos se mantuvieron y se dictaminó que se iniciaría un proceso. Hoy todo el mundo reconoce que Servet tenía razón, pero entonces, cuando lo asesinaron, no era más que un blasfemo minoritario, obstinado y cerrado. Algo así nos pasa a los independentistas cuando queremos clarificar conceptos políticos para que Andalucía recupere su conciencia nacional: se nos acusa de minoritarios, blasfemos al andalucismo, repartidores de carnés, cerrados, sectarios…sólo les falta decir que nos comemos a los niños crudos. Y por supuesto, por mucha razón que tengamos en nuestras apreciaciones, los sanedrines del “andalucismo”, ese que tan bien se entiende con nuestros opresores, dictaminan nuestra condena. Según los mecanicistas, el Che Guevara también sería un purista, ya que se enfrentó  quienes dirigían a la Unión Soviética repetidas veces, achacándole que tenía demasiado apego a la burocratización de algo tan poco dogmático como el marxismo, mientras se olvidaba de la cuestión de los valores, de los principios, de la moral y de haber abandonado totalmente las lecciones y presupuestos de El Capital. De ahí desarrolló su teoría del hombre nuevo. También, según los mecanicistas, las revoluciones de Cuba, Vietnam y muchas más, serían puristas, por no haberse guiado por los cánones del marxismo clásico del siglo XIX por los cuales explicaba como sucedería y que pasos se darían antes de una revolución. Y sin embargo esas revoluciones se hicieron. Y ahí sigue Cuba. Si alguien tomara el purismo como algo negativo, como rémora, que es como se presenta hoy muchas actitudes y comportamientos coherentes, me gustaría saber qué opinan de lo que llaman purismo en el flamenco. Analicemos el purismo referido a nuestra música nacional, el flamenco. Muchos dirán, qué malos esos puristas que intentan mantener puro al cante. ¿Cómo que mantener puro al cante? En todo caso, se querrá mantener al cante tal y como se ha transmitido a lo largo de siglos y aún no pareciéndonos mal que se hagan mezclas y mestizajes, el flamenco debe seguir siendo el flamenco. Me parece que perder el flamenco como tal, un patrimonio oral y musical de muchísimos siglos, por querer incorporarle cajas de ritmos o similares, es algo que no se le podría perdonar a Andalucía y a los andaluces y andaluzas. Si el flamenco se ha mantenido hasta hoy, salvando prohibiciones y latiendo por cauces subterráneos, ha sido porque numerosos puristas, como llamarían hoy a esas personas, conservaron esa música, la practicaron y nos la legaron. Si por más de un “no-purista” de aquella época hubiera sido, el flamenco no hubiera llegado a nosotros jamás, y no es difícil imaginarse sus argumentos. Los que nos acusan de puristas a lo mejor les parece que Navajita Plateá hacen seguiriyas, pero nosotros creemos que no. Tanto de lo mismo opinamos del andalucismo que se reclama español. Y así con todo. Al pan, pan. Y al vino, vino. Evidentemente esto no quiere decir que, en otro orden, sentido y ámbitos de los que hemos hablado antes, tácticas o estrategias, según circunstancias y coyunturas, no puedan ser debatidas o discutidas. Los Programas políticos, así como iniciativas y práctica política de cada cual que se reclame andalucista… deben de ser escrutados y confrontados desde posiciones de mutuo respeto y diálogo sincero. Podríamos andar mucho camino juntos si los demás también ponen de su parte, y sobre todo, si aportan su grano de arena para la confluencia por Andalucía y no para confluir por España. Evidentemente es un camino más difícil que si te lo dan todo hecho. Pero cuando se trata de valores, de ideas, de construir desde aquí y desde abajo, de no vender la tierra propia, eso no se puede cambiar. No se puede dar otra definición al andalucismo que ser un movimiento político de liberación nacional y social, y cuya consideración de Andalucía como realidad oprimida y como nación, solo puede llegar a expresarse, bajo una concepción de mínimos, con un Estado propio. Tiempo habrá de ver hacia donde se dirige ese futuro Estado y de discutir si ha llegado o no el momento de superarlo y suprimirlo. Pero eso serán ya debates de otros tiempos venideros. Puede que estemos equivocados, porque no nos creemos con la verdad absoluta, pero no vemos otro camino para la Reconstrucción Nacional de Andalucía que su completa Independencia. Una Independencia con base en las clases populares. No una Independencia para dejar todo como está y cambiar una bandera por otra y un Estado por otro. ¡No! Independencia, pero para cambiarlo todo. Creo que las personas que acusan a los demás sin fundamento esconden claras carencias ideológicas, son poco amigos del debate sano y las más de las veces, intentan con ello esconder su propia trayectoria o errores. No hace falta dar más vueltas para nombrar aquello de lo que se quiere hablar, aunque no guste. No lo llamen “purismo”. Llámenlo por su verdadero nombre: coherencia. Y a sus valedores como lo que realmente son: consecuentes.   Juanfe Sánchez. andalucía_thumb[2]



  • El testamento político de Blas Infante
    Francisco Campos
    Logotipo APR2
    16/08/2016
    El 10 de julio de 1936, tan solo un mes antes de ser asesinado por los fascistas, Blas Infante llevó a cabo el que constituiría a la postre su último acto político público. En la sevillana Alameda de Hércules presentó oficialmente el Himno de Andalucía, interpretado por la Banda Municipal de la ciudad, bajo la dirección de José del Castillo, a quién encomendó la adaptación de su música, basada en un antiguo canto jornalero, y cuya letra fue compuesta por el propio Infante. El himno nacional andaluz, tanto en su letra como en su música, constituye mucho más que un himno. Que un tema con el que se identifique un país y un pueblo. Contiene una síntesis del pensamiento infantista. Sus breves estrofas incluyen una auténtica declaración de principios e intencionalidades políticas por parte del Blas Infante y el andalucismo histórico. Un conjunto de ideas fuerza primordiales que Blas Infante quería transmitir a nuestro pueblo, consciente de que, como todo himno, su contenido sería repetido con asiduidad, convirtiéndose así en instrumento de concienciación y guía permanente de actuación. De hecho su letra es en la actualidad, y con diferencia, sin lugar a dudas su texto más extendido y conocido. Más aún, dado que esa primera interpretación del mismo fue el último acto público de Blas Infante antes de su muerte, el Himno de Andalucía por él ideado constituye, de facto, el testamento político que legó a las generaciones venideras de la Andalucía resistente. En nuestro himno nacional no hay nada casual o superfluo. No conforma, como otros, un canto a las bellezas de la tierra o a las glorias de su pueblo. El Himno de Andalucía contiene un condensado resumen tanto de nuestro pasado como de los porqués y de las metas de la lucha por una Andalucía libre. Es un himno para el combate libertador. Un himno profundamente revolucionario. Basta con una lectura de sus estrofas para comprobarlo. Veámoslo. La bandera blanca y verde vuelve… Comienza nuestro himno con esta afirmación tajante. La bandera andaluza no es un invento caprichoso o una decisión al azar, salida de la imaginación de Blas Infante y aprobada arbitrariamente por sus seguidores en la Asamblea de Ronda de 1918. Tampoco es una plasmación de los “colores” de nuestra tierra. Del blanco de sus pueblos encalados y el verde de su frondosa naturaleza, como interpreta el regionalismo para restarle su contenido transformador, al igual que lo hace con el resto de la obra del Padre de la Patria Andaluza. Blas Infante y los andalucistas de la Asamblea de Ronda, escogiendo los colores blanco y verde, no hacen más que utilizar los de una bandera cuyos antecedentes son casi milenarios en nuestro país. Fuera aparte otros antecedentes precedentes existentes, lo cierto es que ya en 1195 está datado el despliegue de un estandarte blanco y verde en el Alminar de la mezquita principal de Sevilla, hoy conocido como “la Giralda”, con motivo de la victoria conjunta de los ejércitos almohade y andalusí sobre las tropas cruzadas en la batalla de Alarcos. Esa es la razón de que en nuestro himno se afirme que la bandera “vuelve”, puesto que sus colores corresponden a una tradición que se remonta, al menos, a más de ochocientos años. Cuando Blas Infante y los andalucistas históricos idearon y aprobaron nuestra bandera en 1918 no la crearon, la restauraron. Y con ello volvieron a unirnos a nuestro pasado, ese pasado andalusí negado por la historiografía españolista. Volvieron, mediante la misma, a religarnos con nuestra historia. La real. Con un pasado, el de Al Ándalus, que, además, constituye el último periodo de independencia y prosperidad vivido por nuestro pueblo. De ahí su importancia. De esta forma, lo que hace Infante en esta primera estrofa de nuestro Himno es reafirmar ese pasado y ponerlo, como veremos más adelante, no sólo como algo a asumir y de lo que enorgullecerse, sino como paradigma de futuro, al servicio del futuro, en tanto que último periodo histórico en que fuimos una nación independiente y, por tanto, un pueblo libre. Además del último en que fuimos un pueblo próspero. Haciéndonos ver así la interrelación existente entre libertad nacional y popular, y progreso económico y social. Al escoger la restauración de los colores andalusíes como bandera nacional, no sólo está volviendo a engarzar a nuestro país con su pasado y a reencontrar a nuestro pueblo consigo mismo, sino que, a un tiempo, lo utiliza como muestra del camino a seguir. De la alternativa a las distintas situaciones y problemáticas contemporáneas: la lucha por la independencia como única forma de volver a detentar su libertad y prosperidad por parte del pueblo andaluz. ... tras siglos de guerra Si aún existiese alguna duda al respecto, estas últimas palabras subrayan dicha intencionalidad. ¿Cuándo ha estado Andalucía en guerra durante siglos?, puesto que al hablar de “siglos de guerra” en referencia a la bandera andaluza es a la propia Andalucía que simboliza a la que adjudica ese prolongado pasado bélico. Andalucía, según Blas Infante, ha estado en guerra, ha mantenido una contienda armada que ha perdurando durante siglos. Y lo ha estado bajo el signo de esa bandera blanca y verde. Si nos atenemos a la historiografía oficial Andalucía nunca ha estado inmersa en un periodo de guerra que haya perdurado a lo largo de siglos. Entre otras  cosas porque por no reconocer no reconoce ni tan siquiera la existencia de la propia Andalucía como entidad histórica y política específica. Pero a pesar de esa historiografía desinformativa y alienadora al servicio del imperialismo español, es evidente que Andalucía si existió y existe, y claro que estuvo en guerra durante siglos en el pasado. ¿Cuáles fueron entonces esos “siglos de guerra”? Puesto que dicho periodo es situado en relación directa con la propia bandera y sus colores, con ese estandarte blanco y verde exhibido por primera vez 1195, ese periodo histórico está situado durante el de autodefensa armada a la conquista castellana de nuestro país. Un largo periodo de guerra abierta que transcurre, en distintas fases, entre 1212 y 1492, y que en forma de insurrecciones y guerrillas, terrestres y marítimas, continuara hasta finales del XVII.  Cerca de cinco siglos de guerra. Una guerra que aún no habría acabado, pues se mantendrá hasta la actualidad bajo el aspecto de levantamientos y enfrentamientos sociales. Los “siglos de guerra” son todos aquellos en que nos resistimos y aún nos resistimos, de una u otra forma, a dejar de ser hombres libres. … a decir paz y esperanza, Aunque según la versión interesadamente superficial que nos transmite el regionalismo se afirme que con esa “paz y esperanza” se hace referencia a los propios colores de la bandera y su significado simbólico, lo cierto es que, situando la frase en su contexto, en su relación con las anteriores, con la afirmación de que “vuelve” y que lo hace “tras siglos de guerra”, la respuesta que se obtiene es otra, y engarzada con la intencionalidad libertadora de Infante a la hora de escoger nuestra bandera y sus colores, que el regionalismo pretende ocultarnos. Se nos dice en él himno que “vuelve”, y “tras siglos de guerra”, a “decir”, o sea a transmitir, “paz y esperanza”. Lógicamente, en este contexto bélico, el término “paz” se escoge como contrapunto al de “guerra”. Su vuelta trae la paz. Su restauración como nuestro estandarte supone el final de esa guerra de siglos, de esa resistencia contra la ocupación, puesto que esa vuelta anticipa el triunfo de Andalucía en su lucha. Vuelve a nuestra tierra como bandera de liberación y signo del triunfo de nuestro pueblo en la recuperación de su independencia. Una paz que sólo será posible y alcanzable retornando a ser independientes, nuestros dueños y los de nuestro país. Sólo así acabarán los siglos de guerra. Los siglos de lucha, primero por no perder nuestra libertad y nuestra tierra y posteriormente por recuperarlas. Una independencia que será instrumento de futuro. De prosperidad. De transformación. Un pueblo negado y que habita un país ocupado nunca es ni puede aspirar a ser un pueblo en paz, que ya no necesita luchar por su libertad, y menos aún poseer esperanza de futuro, de prosperidad, de cambio sustancial en su situación económica y social. De ahí que junto a “paz” la bandera traiga “esperanza”. Volver a ser nuestros propios dueños y los de nuestra tierra para volver a ser una nación y un pueblo próspero, como lo fuimos en la etapa andalusí. Un Al Ándalus que no fue “moro” sino andaluz. Que no fue una Andalucía en la que  convivieron “tres culturas”, sino de convivencia entre andaluces bajo una única y misma cultura y sociedad andaluzas. Una sociedad que produjo y contuvo tal grado de prosperidad, de progreso en todos los ámbitos, que aún constituye un hito histórico no igualado. Más allá de que indudablemente no era una sociedad idílica, de que Al Ándalus contuviese contradicciones internas, diferencias sociales, lucha de clases, etc., de que con el paso del tiempo fuese evolucionando de un régimen popular bastante igualitario hacia otros de caracter cada vez más desiguales y oligárquicos, por encima de todo ello, las condicioes genéricas socioeconómicas de vida eran cuantitativamente consideradas mucho mejores que las posteriotes, e incluso que las actuales. En cualquier país negado, ocupado, colonizado, toda esperanza de futuro pasa por la previa recuperación de su libertad. De su independencia. Un pueblo es colonizado para ser explotado y, por tanto, sus aspiraciones de mejora pasan por poner fin a esa ocupación. Pretender prosperar siendo colonia o esperar ayuda para prosperar por parte del colonizador es irracional, pues la prosperidad del colonizador se asienta sobre la permanencia de su inexistencia en la colonia. Por eso “paz”, libertad, y “esperanza”, prosperidad, van unidas en nuestro himno. Y por eso “paz” antecede a “esperanza”. Sin Andalucía libre no hay futuro. No hay progreso. … bajo el sol de nuestra tierra. Es por todo lo expuesto por lo que, a continuación remarca que ese volver a detentar esa paz y esa esperanza se realiza “bajo el sol de nuestra tierra”. De nuevo una interpretación intencionadamente simplista del himno por parte del regionalismo nos dice que con dicha frase no se haría más que una referencia al sol como elemento característico de nuestro país. Pero Blas Infante pretendía legarnos, a través de él, una base de principios y un esquema de actuación, no una guía turística. Nuestro himno no hace referencia al sol de una forma genérica, menos aún física. No lo hace al sol como estrella que nos calienta y alumbra en este rincón del Planeta. Lo hace a un sol específico, el “de nuestra tierra”. Un sol propio, andaluz, que ilumina al pueblo andaluz. Ese sol es nuestra propia nación y la causa de su independencia como meta que ilumina, que esclarece, que calienta, que anima,  el proyecto y la lucha libertadora. De ahí que diga que volveremos a ser bajo nuestro sol, pues simboliza la luz que nos conduce hacia nuestra libertad. Un sol “de nuestra tierra”, que además ya fue símbolo de libertad con anterioridad. Que nos iluminó, nos guió, en otras épocas. Ese “sol de nuestra tierra” es el simbolizado por la estrella de ocho puntas. Un sol que ya nos guió en “siglos de guerra” anteriores, y que bajo su guia nos condujo a la recuperación y mantenimiento de nuestra independencia, tras la victoria contra los invasores mercenarios godos en el 711, trayendo consigo la larga etapa de paz y prosperidad andalusí. Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos... Una vez más, hay que engarzar esta estrofa con las anteriores, en el contexto de los párrafos precedentes, para comprender plenamente su significado.  Esta frase realiza dos afirmaciones igualmente tajantes. Por un lado que los andaluces queremos volver a ser y, por otro, que queremos volver a ser lo que ya fuimos anteriormente. Ser es existir. Un pueblo es cuando existe. Y existe plenamente cuando se sabe pueblo, se reconoce como pueblo y ejerce como tal pueblo. Cuando es consciente de su condición de pueblo y actúa por sí mismo. Ser es existir, pero existir como pueblo libre. Saberse y reconocerse, ser visto y reconocido, y serlo como pueblo específico y soberano. Un pueblo que no posee o ejerce su libertad es un pueblo esclavo y, como todo esclavo, no es por sí ni para sí, no existe plenamente. Solo lo es y pervive en forma vegetativa. Por eso recalca la estrofa que queremos volver a ser lo que fuimos. Lo que ya fuimos con anterioridad. Lo que fuimos en esas otras etapas, como la andalusí, desde la que “la bandera blanca y verde vuelve”. “Volver a ser lo que fuimos” es aspirar a volver a ser pueblo plenamente libre. Que ejerce por sí y para sí. Un pueblo Independiente. Independencia que es soberanía política, jurídica, económica, social, cultural, etc., sobre sí, su tierra y su futuro. … hombres de luz, Pero, además, durante esa etapa andalusí en la que fuimos un pueblo libre, fuimos también “hombres de luz”. Luz, obviamente, es en este caso sinónimo de sapiencia, de conocimiento en el amplio sentido de sus distintos significados. Durante la época de Al  Ándalus fuimos un pueblo que, gracias a detentar y ejercer su libertad, pudo dar rienda suelta a todas sus capacidades, lo que conllevó el que poseyésemos amplios grados de conocimientos, que trajeron consigo el aprovechamiento de las potencialidades de nuestro país, lo que, a su vez, supuso una extensa etapa de prosperidad social. La más prolongada y amplia conocida. Como pueblo soberano, dueño de sí mismo, de la tierra que habita y de todo lo que esta contiene, durante la etapa andalusí pudimos desarrollarnos y desarrollar nuestro país. Libertad, conocimiento y prosperidad se retroalimentaban. Nuestra libertad impulsó la adquisición de conocimientos que, como consecuencia de su aplicación, nos condujo a la prosperidad. Un pueblo que no es libre. Que permanece atado y sometido no está compuesto por “hombres de luz”. La “oscuridad” de la ignorancia es la herramienta esencial de la que siempre se han servido los colonizadores para mantener la explotación colectiva. La alienación de nuestro pueblo, su aculturización y desconocimiento de sí mismo, incluso su embrutecimiento, es la inevitable consecuencia de la dependencia. De la ocupación, la colonización y la explotación colectiva. De ahí que Blas Infante aúne la paz y la esperanza con la “luz”. Sin conocimiento, que también es consciencia nacional y social, andaluza y de clase, no hay ni puede haber libertad pues, parafraseando el Manifiesto Comunista, la liberación del pueblo andaluz sólo puede ser obra del pueblo andaluz mismo. Nada ni nadie, mucho menos el imperialismo español, nos la va a proporcionar o tan siquiera a facilitar el camino para lograrla. … que a los hombres, alma de hombres les dimos Esa posesión de conocimiento, de luz, es lo que define Blas Infante como “alma de Hombres”. Como nos afirma la ciencia, son los conocimientos lo que hizo al hombre como tal. Al “homo sapiens”. La sapiencia es el “alma” del hombre. Aquello que le convierte en hombre. Lo que lo distingue como tal del resto de los seres vivos que habitan el Planeta. Y a los pueblos, como conjunto de hombres, también. Es el conocimiento, que no es soló adquisición datos y comprensión del entorno, sino desarrollos de sí mismo y de interrelación, así como actuación con dicho entorno, solidificados en forma de cultura, lo que les otorga y determina su “alma” de pueblos. Y en una época de oscuridad intelectual y material en otros territorios, fueron aquellos andaluces libres, los andalusíes, los que transmitieron conocimientos y habilidades perdidas o desconocidas. Conocimientos cuya obtención contribuyeron en gran medida a su prosperidad económica y a la construcción de su “alma” social, cultural. Al Ándalus iluminaba y expandía su “luz”, sus conocimientos técnicos, artísticos, filosóficos, etc., hacia el sur norteafricano, el norte peninsular y lo que actualmente se denomina “Europa occidental”. De ahí que no sólo tengamos que asumir y reivindicar Al Ándalus como parte de nuestro pasado, sino que tengamos que enorgullecernos de él. Por eso Blas Infante lo cita de forma explícita. ¡Andaluces, levantaos! Si a esta altura aún nos quedase la más mínima duda acerca del carácter profundamente revolucionario de nuestro himno nacional, estas quedaran definitivamente despejadas con las frases escogidas por  Blas Infante como contenido de su estribillo. Comienza éste con esta exclamación rotunda y sin ambages: ¡Andaluces levantaos! Nos grita a los andaluces, puesto que lo hace entre signos de exclamación, que nos levantemos. Ese “levantaos” no hace referencia a un mero ponerse en pie. A un simple caminar o actuar. No posee relación alguna con una simple petición de esforzarnos por “salir de la secular postergación” o para ese reivindicar el “no ser más pero tampoco menos que nadie”, como el regionalismo y el reformismo interpretan para mantener la confusión y la ignorancia popular. Cuando un pueblo se levanta, y más aún cuando ese “levantarse” se expresa como un grito, como es el caso de nuestro himno, lo que hace y lo que se le está pidiendo hacer es mucho más que un ponerse en pie. Que un exigir determinadas mejoras legislativas, administrativas o económicas, como pretende hacernos creer el colaboracionismo regionalista y reformista. Un levantamiento andaluz es y conlleva una insurrección popular. Lo que Blas Infante reclama de los andaluces es que iniciemos una insurrección colectiva. Una revolución social. ¡Pedid tierra y libertad! ¿Y cuáles son los porqués, el alcance y las metas, de esa revolución a la que nos llama y emplaza Blas Infante mediante dicho grito? Pues lo responde el propio texto a través de la siguiente exclamación:¡Pedid tierra y libertad! Pedir, o sea, exigir, luchar, por la tierra y por la libertad constituyen las razones y los fines. Obviamente se pide, se exige y se lucha, por aquello de lo que se carece. Ningún pueblo exige y  lucha por lograr una tierra y una libertad que ya poseen y les pertenece. Si se pide tierra y libertad es porque se carece de ambas. Blas Infante nos señala cual es el origen de nuestros males, la carencia de tierra y libertad, y nos ofrece la alternativa, combatir por recuperarlas. ¿Y a que hace referencia con el término “tierra”? Al contario de los que afirma el reformismo y el regionalismo, con él no hace referencia a que pidamos tierras de cultivo. Va mucho más allá de un momento histórico concreto y de la aspiración a un reparto de tierras. A una “reforma agraria”. Tierra, efectivamente, es sinónimo de tierras de labor, de su posesión y su cultivo, pero también de todo lo que en ella hay. De las riquezas de sus sierras, sus ríos, sus mares, su subsuelo, etc. De la totalidad de las materias primas que contiene y de sus diversas potencialidades de extracción, transformación, manufactura y comercialización. Blas Infante nos llama en el himno andaluz a que reclamemos nuestras riquezas y luchemos por volver a poseerlas, a ser los dueños de nuestra tierra, pero no de forma individualizada. No dice en él a cada andaluz que pida tierra, nos dice que la pidamos en común, de forma colectiva, como pueblo: “pedid tierra”. Blas Infante nos está invocando a adueñarnos de nuestra propia economía. Está abogando por una revolución de tipología socialista. Pero tierra es igualmente sinónimo de patria, de “nuestra tierra”, de la propia Andalucía. Recordemos que el propio Blas Infante ha utilizado esta equivalencia en una estrofa del himno cuando hace referencia al “sol de nuestra tierra”. Y esa petición de lucha por la tierra va unida a otra, la de que lo hagamos por la libertad. ¿Y a que hace referencia con el término libertad en este contexto? Pues, como en el caso de la tierra, no nos está pidiendo que luchemos por nuestra libertad personal, por las libertades individuales, sino por la libertad común, la colectiva. Esta abogando por la libertad de la patria andaluza. Infante nos llama a luchar por liberarla. Esta abogando por una revolución que, además de social, es nacional. ¡Sea por Andalucía libre… Esta última frase subraya lo expresado con anterioridad. Blas Infante nos pide que nos levantemos, que pidamos “tierra y libertad”, con el objetivo de lograr una “Andalucía libre”. ¿Y que es una Andalucía libre? Blas Infante gritó ¡viva Andalucía libre! con la monarquía constitucional de Alfonso XIII, con la Dictadura de Primo de Rivera y con II República, incluso después del triunfo del Frente Popular. O sea, tanto con regímenes donde no existían “libertades democráticas” como en los que estaban establecidas. Tanto durante regímenes monárquicos como republicanos. Tanto durante gobiernos reaccionarios como “progresistas”. Pero todo ellos poseían, por encima de sus diferencias, una característica común. Eran regímenes y gobiernos españoles. Además, aquellos de entre ellos catalogados como “democráticos”, poseían otra característica igualmente compartida, las “libertades” establecidas lo eran desde un punto de vista burgués. Eran democracias formales. Democracias de tipo “representativo”, donde unos pocos mandan, la burguesía a través de esos “representantes” que actúan como sus capataces, y el pueblo se limita a obedecer. En el Manifiesto de la Nacionalidad, Blas Infante y el andalucismo histórico proclaman la adopción como modelo de democracia para nuestro país el contenido en la Constitución de Antequera de 1883. De ahí que la denominasen como la Constitución Andaluza. Una democracia que no es burguesa, “representativa”, ni tan siquiera pequeñoburguesa, “participativa”, sino una democracia popular, directa y asamblearia. Una democracia donde el pueblo debate, decide y actúa por sí mismo. Donde al pueblo manda y se autogobierna. Por otro lado, Blas Infante escribió en múltiples ocasiones que la Andalucía por la que luchaban, él y la Junta Liberalista, era un país en el que se hiciese realidad el primer artículo de dicha Constitución Andaluza. Aquel que proclama una Andalucía soberana constituida en democracia republicana. Una Andalucía independiente conformada como República Andaluza. La Andalucía libre de Blas Infante no era una “comunidad autónoma”, ni una Andalucía española, ni una Andalucía democrático-burguesa. Su Andalucía libre era una República Andaluza, un Estado andaluz soberano, donde se estableciese una democracia popular en la que las clases populares detentasen y configurasen un autogobierno real, efectivo y absoluto sobre sí mismas y su nación. Un pueblo trabajador andaluz dueño de sí, su tierra y su futuro. … España… Esa Andalucía no española e independiente, pareciera que se contradice con esta mención a España. De hecho, tanto esta como otras menciones a España realizadas por Blas Infante son tergiversadas y utilizadas hasta la saciedad por el regionalismo y el reformismo colaboracionistas como supuestas “pruebas” de una declaración de españolidad y de unas pretendidas metas políticas españolas. Pero estas afirmaciones sólo pueden surgir de la más absoluta ignorancia o de la más despreciable de las traiciones a nuestra tierra y nuestro pueblo. Fuera aparte las pretendidas “verdades” de una historiografía oficial patrocinada por el imperialismo español al servicio de sus intereses, lo cierto es que España ha sido un término utilizado tradicionalmente en la antigüedad como mera nomenclatura geográfica para denominar, primero a los territorios mediterráneos de la Península, y posteriormente, por extensión, a la totalidad de la misma, al igual que el de Ibérica. Mucho después, tanto el Imperialismo castellano-europeo del antiguo régimen como el capitalista estatalista español, se apropiaran de dicha denominación para apellidar con ella a sus respectivos regímenes. Luego hay que distinguir entre España como adjetivación geográfica y España como apellido de entidad política. Y dentro de la primera acepción, el de la España geográfica, a su vez habrá que hacerlo entre España como denominación de toda la Península o sólo de los territorios mediterráneos de la misma. Esto es lo que explicaría la aparente contradicción, que no es tal, de un Blas Infante que según qué frase o texto se escoja pareciera que, a un tiempo, abomina de España o apuesta por España, defiende una Andalucía soberana o una Andalucía española. Una lectura contextualizada e interrelacionada de sus escritos nos devuelve una interpretación en concordancia con esas diferenciaciones anteriormente especificadas. La España de la que abomina es la España política. Los imperialismos castellano-europeos y los capitalistas de los estados españoles. La España por la que apuesta y en la que incluso sitúa a Andalucía es la España primigenia. La España referida a los territorios mediterráneos de la Península. Y la España con la que se solidariza es la España como conjunto geográfico peninsular e insular, y los distintos pueblos que la habitan, con los que compartimos el mismo enemigo español. Blas Infante defendía el Mediterráneo, y no la Península y Europa, como ámbito étnico-cultural e incluso político de relación y actuación de Andalucía y el resto de pueblos bañados por sus aguas. Para él, la España y la Europa políticas o “culturales” no eran más que sinónimos de imperialismo y explotación. De negación y destrucción de lo andaluz y lo mediterráneo. Infante no creía ni defendía una Andalucía española ni europea, sino propia y mediterránea. Ejemplo de esa mediterraneidad defendida por Blas Infante lo podemos encontrar en el escudo que insertó en la bandera andaluza, que  el regionalismo pretende reducir a una mera reproducción del de Cádiz. Algo carente de sentido si efectivamente fuese así. Evidentemente se inspiraría en él, pero otorgándole una nueva simbología. Cabe por otro lado destacar que el de Cádiz es uno de los pocos s escudos no castellanizados, careciendo de leones, castillos o cruces, tan abundantes en los de otras ciudades andaluzas. Además de ser el perteneciente a la ciudad del país con mayor antigüedad reconocida. Otros dos elementos a tener en cuenta. Ese Hércules mítico representa el sincretismo de la cultura común mediterránea que abarca a sus distintos pueblos, incluido el nuestro. De ahí el lema superior del “dominator Hercules fundator”. Fue la mediterraneidad, representada por Hércules-Heracles-Melkart, la que nos “fundó”, en la que surgimos, y la que nos “dominó”, en la que nos desarrollamos. A la que pertenecemos. Otros símbolos como las dos columnas, la puerta del Mediterráneo,  o los dos leones, las fuerzas generadoras de sus dos orillas, la africana y la euroasiática, y con Hércules, síntesis mditerránea, en el centro, rubrican en el escudo dicha reclamación de mediterraneidad y de unicidad con y en ella. … y la humanidad! En cuanto a la referencia a “la humanidad”, como ya se ha expuesto, es obvio que se trata de una declaración de internacionalismo, al igual que esa otra afirmación, tan del gusto del regionalismo y el reformismo para desvirtuar su pensamiento, acerca de que su nacionalismo antes que andaluz era humano, en el que lo que realmente hace no es repudiar el nacionalismo andaluz, como aviesamente interpretan los colaboracionistas, sino reivindicar un nacionalismo popular, solidario y abierto, en contraposición al nacionalismo estatista burgués. Pero esta última estrofa, además incluye una estrategia de extensión de la revolución preconizada en el “¡Andaluces levantaos!”. Blas Infante no sólo nos llamaría a una insurrección popular por la liberación de nuestra tierra, y con ella la de sus clases trabajadoras, “sea por Andalucía libre”, sino que igualmente a que la hagamos extensiva al resto de pueblos, “España y la humanidad”. Infante está realizando un llamamiento a la solidaridad entre los pueblos y al internacionalismo, a la vez que nos está indicando cuales son las etapas revolucionarias. Las que nos corresponde como pueblo y como clase. Primero la andaluza, después la mediterráneo-peninsular y posteriormente la extensión del proceso al resto de territorios. Esas etapas consecutivas y ese contenido internacionalista quedan igualmente reflejadas en el lema inferior del escudo. “Andalucía por sí”, es una Andalucía que se reafirma en sí misma y para sí misma, como entidad específica y diferenciada. Como nación soberana. Y que como tal lleva a cabo su revolución. Revolución que el pueblo trabajador andaluz hace desde sí, por sí y para sí. “Por España y la humanidad” es la contribución de la Andalucía libre a la reafirmación y liberación del resto de pueblos. La extensión del proceso revolucionario más allá de sus fronteras, pero cuya mayor contribución a la misma es precisamente la realización de la suya. La Música del Himno de Andalucía Otro de los medios utilizados habitualmente por el regionalismo y el españolismo para desvirtuar el pensamiento de Blas Infante y minusvalorar el propio Himno de Andalucía y su contenido, es remarcar el que su música no es “original”, sino que Blas Infante se limitó a utilizar un tema religioso rural, modificado, y del que excluiría su letra para añadirle la actual. Efectivamente, Infante utilizó un canto jornalero ancestral, llamado “Santo Dios”, y lo hizo intencionadamente. Con ello lo que pretendió era tanto acentuar el carácter andaluz, obrero y popular del himno y su contenido, como el hacerlo, al igual que la bandera, herramienta para volver a ligarnos con nuestro pasado. Ese canto religioso poseía dos características esenciales y determinantes a los ojos de Blas Infante. Por un lado era un canto jornalero, de trabajadores del campo, que componían entonces la inmensa mayoría de nuestra clase obrera y, por otro, ese canto era el de unos jornaleros descendientes de aquellos campesinos andalusíes despojados de sus tierras y de su patria por los conquistadores castellanos. Además, el Santo Dios era un canto que conllevaba y significaba, en sí mismo, la pervivencia de la resistencia de nuestros antepasados “moriscos” frente al asimilasionismo forzoso que se les impuso. Bajo la apariencia de un canto católico-romano, se esconde en realidad la permanencia de nuestra diferenciación étnico-cultural. Y no sólo en su melodía, e incluso en su ritmo y cadencia, de claras reminiscencias andalusíes, sino hasta en su propia letra original. En ella no hay la más mínima traza o mención a cualquiera de los dogmas de la iglesia católica. Tampoco aparece ninguna virgen, cristo o santo. En la letra del Santo Dios solo se menciona a un Dios único, santo, fuerte e inmortal, al que se venera y se le ruega. Su contenido podría haber sido recitado indistintamente en cualquier mezquita, sinagoga o iglesia andalusí sin que ello hubiese provocado el más mínimo rechazo por parte de los feligreses asistentes a las mismas. El Santo Dios simboliza ese Al Ándalus en el que todos convivían bajo una misma cultura y una única sociedad andaluzas, así como a la Andalucía resistente. La de ayer y la de hoy. La continuidad de la resistencia a la ocupación, la asimilación y la explotación, y por tanto la pervivencia de la lucha por una Andalucía libre “tras siglos de guerra”. Como en el caso del escudo o los colores de la bandera, lo que hace Blas Infante con el himno es reutilizar lo preexistente, como signo de continuidad, dándole nuevo sentido como instrumento de incitación de lo venidero. Por todo ello fue por lo que escogió como su melodía el Santo Dios el Padre de la Patria Andaluza para el himno de la Andalucía actual.   Francisco Campos López



  • El año que echamos a Chaves y el año que volvieron los españolistas donde asesinaron a Blas Infante
    Francisco Campos
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    14/08/2016
    blas He sido un militante de Jaleo desde el 98 hasta el 2009. En la actualidad continúo militando en Nación Andaluza y colaborando con todas las iniciativas que tengan a bien luchar por la Liberación de Andalucía. Fui una de las personas, de los pocos independentistas y andaluces de conciencia que solíamos acudir al km 4 de la carretera de Carmona a protestar por lo que creíamos no era un Homenaje, sino un ultraje a la memoria, el legado, la lucha y la dignidad de Blas Infante. Y con él, con la prostitución y tergiversación de su mensaje, también tocaban la dignidad, la memoria y la lucha de Andalucía como País, como Nación y el derecho de volver a ser lo que fuimos, como decía nuestro Blas soberanista y revolucionario, hombres y mujeres de luz, que faros de luz de vida le hemos dado al mundo . Era un “Homenaje” al que se invitaban a los partidos españolistas, a toda la Junta de Andalucía, a los herederos políticos de sus asesinos, a toda la jet set de la casta españolista y capitalista que tiene dominada Andalucía. A todos, menos a los independentistas, a los cuales tenía vetados e ignorados desde siempre. Y recuerdo bien que la artífice de todo esto no era ni más ni menos que la Fundación Blas Infante, por si hay despistadxs que no lo sepan. La Fundación que debía servir para extender la conciencia nacional andaluza y el legado de Infante, sólo fue (y es) un remedo patético que ponía en bandeja al españolismo no solo insultar y vejar a Blas Infante el mismo día y en el mismo sitio que lo asesinaron, sino coartaba y negaba cualquier presencia seria de nacionalismo andaluz o de concienciación nacional andaluza, que pusiera en duda precisamente los marcos españoles que nos oprimen y subordinan. El regionalismo barato y folklórico del PA era el único que podía asomar la cabeza en los micrófonos y porque le dejaban esas migajas, que si no, ni eso. Si alguien quiere buscar en el ABC de las tergiversaciones del andalucismo y del porqué está como está, no duden que estos “homenajes” al españolismo y a quienes lo propiciaron, es uno de esos porqués. Y al parecer, en 2016, sigue habiendo gente que no quiere enterarse y propiciando estas manipulaciones y tergiversaciones. En todo esto, hubo andaluces y andaluzas que no se resignaron al papel de tonto útil al que los partidos españolistas y regionalistas querían reducir la figura, obra, lucha y legado de Blas Infante. Como no, eran independentistas y revolucionarios. Eran (y siguen siendo) Nación Andaluza, organización independentista por la Liberación nacional y social de Andalucía, la más veterana de las que se reclaman independentistas, junto a otras que se incorporarían al homenaje en el 97 como Jaleo y otras muy posteriores. NA es  punta de lanza de lo que hoy es el total del independentismo andaluz, puesto que no hay colectivo, organización u idea que en este sentido, no deba, haya bebido o haya tenido su origen y relación con Nación Andaluza y su irreductible práctica política independentista en estos 26 años de su existencia. A lo mejor esto a algunos les parece mal, pero es lo que hay y esa es la historia del independentismo reciente en Andalucía, guste o no a quienes siempre pusieron sus intereses personales o de poltronas por delante de los intereses y la lucha de Liberación de Andalucía. Como digo, los independentistas de Nación Andaluza eran los únicos que acudían cada 10 de agosto a estos (des)”homenajes” para decirles a los políticos españolistas que no iban a permitir que se ultrajara la memoria de Blas Infante ni la de Andalucía, para decirles que había andaluces y andaluzas que no se tragaban el cuento de la buena pipita y que sabían que esta no era ni es una Andalucía con poder propio, ni soberano, ni esta era ni es la Andalucía que quería Blas Infante. Eran constantes sus apariciones en prensa en ese sentido, que recogían siempre toda la polémica que solía acompañar a estos actos. En el anexo del final hay varios artículos y comentarios de diversos años donde se puede apreciar el ambiente de aquellos Homenajes. Aquel 2006 Aquel 2006, donde dos años anteriores había menguado un poco la presencia en número de independentistas, los políticos españolistas y su aliada la Fundación Blas Infante, con María de los Ángeles Infante a la cabeza, no podían ni imaginar en su tranquilidad estival la catarsis que se iba a producir y que aquel sería el último año (hasta este 2016 que han vuelto gracias a la colaboración inestimable de colectivos y personalidades “andalucistas”) que iban a poder ir a desvirtuar la memoria de Blas Infante y vaciar todo su contenido político regalándolo al españolismo a cambio de NADA. O más bien de unas subvenciones de las que han cortado el grifo ya, (de ahí ese afán “unificador” que le ha dado este año). Como digo, nada nuevo auguraba ni se esperaba otro año más de aquel caluroso agosto de 2006 donde Blas Infante se disponía a ser fusilado, como cada año, por el españolismo. No contaban con que aquel año un nutrido grupo de militantes independentistas, principalmente de Jaleo, también gente de NA y con la participación inesperada y digna de Juventudes Andalucistas, les estaban esperando para darles una sorpresa de la que al parecer han tardado 10 años en reponerse. Antes del acto, ni siquiera imaginábamos que iba a tener aquella repercusión e íbamos a conseguir echar a los españolistas de allí, solo íbamos con unas ganas  terribles de luchar y de hacer limpia la memoria de don Blas. Recuerdo que allí habíamos unas 100 personas, entre independentistas y gente de JJAA, más otras personas y organizaciones andalucistas de tipo local que por su cuenta y riesgo querían estar allí. Ataviados con pancartas, muchas banderas y megáfono, todo hacía prever que aquel día sería especial. Y así fue. Justo a la llegada de los políticos españolistas, los concentrados, que inicialmente nos habían ubicado tras una valla, lejos de los políticos, empezamos a gritar “Independencia” y a cantar el Himno Nacional, armando tal jaleo que los mismos políticos supieron desde primera hora que aquello iba a ser una “encerrona”, la misma que ellos le deparaban a Blas cada año. Tengo que decir que fue uno de los días más felices de mi vida. El ver a todopoderosos políticos, en especial a Chaves y Arenas, tener que callar ante la imposibilidad de hablar por los cánticos e interrupciones de esos “insignificantes independentistas” según el poder y los afines a él. Es una de las alegrías que todo andaluz y andaluza debería haber vivido en su vida. Se sucedían continuamente los cánticos de “Independencia”, “menos flores, mas soberanía” “farsantes”, “iros a España”, etc. que hacían inaudible, aún con megafonía, cualquier palabra que viniera de boca de los políticos españolistas de PSOE, PP, IU y regionalistas del PA. De repente, también empezaron a aparecer pancartas mensaje tales como: “70 años ocultando a Blas Infante: vergüenza nacional”, “menos flores, mas soberanía”, “¿Dónde están los manuscritos inéditos de Blas Infante?”, que fueron exhibidas a pocos metros de los políticos, ante el bochorno de éstos por tener que mirarse al espejo de quienes eran. Recuerdo que cuando empecé a ir a estos homenajes, nos decían que protestar no iba a servir de nada, que iba a seguir siendo así siempre. Ese día, los independentistas demostramos que no es así, que sí se puede y que solo es cuestión de que nuestro pueblo tome conciencia y se organice en torno a principios claros e inequívocos de liberación nacional y social. No hace falta ser un millón desde primera hora para hacer morder polvo andaluz a nuestros opresores. Aquí hay constancia documental y grafica de parte de aquel momento: https://www.youtube.com/watch?v=o1qwSAKLewI . Esto era esperanza andaluza y no lo que hay hoy, donde todo el que se denomina andalucista se apunta al carro ganador español de Podemos para pillar cacho e imagen, como si Andalucía estuviera ganando algo con ello. Contraviniendo con ello no solo a Blas Infante, sino a las ideas que lo inspiraban y nos inspiran: ¿Dónde queda pues, un camino andaluz, desde Andalucía, por nosotros mismos hacia nuestra libertad, si no es con organizaciones propias y con unidad? Y tanto es así que sí pudimos, que ya por entonces la Fundación Blas Infante se decantó definitivamente por lo que era y siempre había sido: una Fundación española. En 2007 tuvo que elegir entre quedarse con Chaves y todos los partidos españolistas, o comenzar (tarde, pero necesario) un proceso de acercamiento a las organizaciones soberanistas. Tenía que elegir entre España o Andalucía. Entre los asesinos de Blas Infante y ser coherente con Blas Infante y sus ideas. Entre declararse esclava o declararse separatista. Y la Fundación escogió lo primero. Para muestra, estas dos noticias donde se recoge tal decisión de la vergüenza: “La Fundación Infante pide al Parlamento que convoque el acto de aniversario”, El País, 27 julio de 2007: “La presidenta de la fundación, María Ángeles Infante (hija del ideólogo) y el vicepresidente de la entidad, Pedro Ruiz-Berdejo, se entrevistaron recientemente con el presidente de la Junta, Manuel Chaves, para expresar el malestar de la fundación por las alteraciones registradas en el tradicional acto que se celebra en el kilómetro cuatro de la carretera de Carmona (Sevilla), lugar donde fue asesinado Infante junto a otros políticos. En los últimos años, diversos colectivos han aprovechado la presencia de las autoridades para reventar el homenaje con todo tipo protestas.” http://elpais.com/diario/2007/07/24/andalucia/1185229330_850215.html O esta otra, donde se consuma ya otra nueva traición a la libertad de Andalucía y a Blas Infante: “El Parlamento de Andalucía acoge por primera vez el homenaje a Blas Infante”, El País, 11 de agosto de 2007: “Por primera vez, el homenaje a Blas Infante, padre de la patria andaluza, se celebró ayer en el Parlamento andaluz. Hasta entonces siempre se le había recordado en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona, el lugar donde fue fusilado en 1936. La Fundación Blas Infante decidió llevar el homenaje al Parlamento para evitar las protestas de algunos colectivos que se repetían cada año por la presencia de miembros de la Junta de Andalucía y distintos representantes de partidos políticos. Por la tarde, la fundación celebró otro homenaje en el lugar de la ejecución.” http://elpais.com/diario/2007/08/11/andalucia/1186784528_850215.html Es evidente que el independentismo consiguió no sólo echar a los españolistas del lugar donde asesinaran a Infante, sino que sacó a relucir las contradicciones de muchos y muchas que se denominan andalucistas pero también españoles, coctel incoherente de difícil digestión que nos muestra cuán colonizado sigue estando el pensamiento de muchos compatriotas. Pero no quedó todo ahí.  En ese 2007, acudimos a aquel homenaje en la carretera de Carmona, al de la Fundación, pero esta vez no había ningún político españolista y sí un nutrido grupo de independentistas de NA y Jaleo bajo una pancarta con el lema: “Declarémonos separatistas” que como cada año, sí iban a dar un auténtico homenaje a don Blas Infante. Como nota curiosa de aquel año, destacar que con nosotros se encaró una directiva de la FBI diciéndonos que “no teníamos derecho a estar allí”, ante lo cual, provocó no sólo carcajadas en su cara, sino reproches de porqué no íbamos a estar ahí si nosotros nos reclamamos del legado de Blas Infante mientras ellos solo invitaban a ese acto a españolistas, ante lo cual se fue encolerizada. También se presentaron allí un grupo de 20 personas con banderas republicanas españolas, que al ver el panorama y al leer en el comunicado conjunto que luchábamos por la “I República Andaluza” huyeron como alma que lleva al diablo. Quizá pensaron que como el año antes había tenido mucha repercusión el acto, y no se había visto (lógico) una sola bandera española, este año podían visibilizar su anhelada España,  pero fracasaron. Al año siguiente, 2008, los partidos españolistas creían que escondiéndose  en el parlamento andaluz, el cual no deja acceder a ningún andaluz de a pié, lejos de nuestras protestas, iban a seguir asesinando impunemente a Blas Infante. Eso creían. Porque allí nos plantamos un nutrido grupo de independentistas de Nación  Andaluza y Jaleo, a las puertas del “Farsamento”, para seguir recordándoles que no íbamos a permitir manipulaciones. Tuvieron el “detalle” además, en venganza por haberlos confinado allí, de poner un busto de Blas Infante justo en el hueco de la escalera donde está la habitación de los objetos de limpieza. Mientras, María de los Ángeles, callaba y asentía. Como si la cosa no fuera con ella. O con las subvenciones. https://www.youtube.com/watch?v=5EHdxa9gD4k En este punto de inflexión nos encontrábamos cuando llega 2009. A iniciativa de Nación Andaluza, se propone hacer un acto unitario de todas las organizaciones andaluzas, sin presencia de organizaciones españolas. En este primer homenaje participan: NA, CUT, Jaleo, JJAA y PA (AC Y JIRA aún no existían).  Y por iniciativa de Nación Andaluza, también se elige un lugar el cual ya es casi tradición ir los últimos años: la plaza Jáuregui, donde estuvo el cine Jáuregui, lugar donde Blas Infante así como muchos presos políticos más eran hacinados antes de asesinarlos. Con ese gesto queríamos señalar quien era y fue la culpable del asesinato a Blas Infante: España y el españolismo. También se quiso dar una gesto de esperanza al pueblo andaluz por parte del independentismo: se recordaba a un Blas Infante que aun estaba vivo; acudiendo todos los años allí afirmaríamos nuestro compromiso que Blas infante sigue vivo porque vive dentro de nuestros corazones, de nuestro pensamiento y de nuestra lucha. Que nadie olvide pues, que fue a instancias de NA que se hagan y sucedan actos y homenajes en la plaza Jáuregui, porque este último año ha habido organizaciones que no respondiendo a nuestra llamada para acudir  un acto que fueron invitados, el unitario de cada año el día 10, no contestaron, pasando de nosotros y haciendo otro acto el día 7 (que no tiene ninguna relevancia) en el mismo lugar, en vez de estar con nosotros y mas organizaciones el día 10, de lo que luego hablaremos. Este acto unitario de 2009 era lo que el independentismo había estado luchando desde hace años, y desde el cual se pudiera además, mediante la unidad de acción en otros ámbitos, llegar a la consecución de un Bloque Andaluz de Izquierdas sin injerencias españolas. Aquí se dibujaba un escenario esperanzador de unidad gracias al esfuerzo del independentismo que hoy ha sido de nuevo malogrado al integrarse importantes sectores denominados soberanistas a nuevos proyectos españoles. https://www.youtube.com/watch?v=XzfCDqs1cpo Sobre todo, si tienen algún sentido los homenajes unitarios a Blas infante, es porque oponen un verdadero contrapoder popular andaluz, nacido del pueblo, a las administraciones del estado que nos niega, un sentido liberador frente a la “normalidad” dependiente colonial.  En 2010, el homenaje sigue su misma tónica unitaria y soberanista como dan cuenta las crónicas, con los siguientes convocantes: NA, CUT, SAT, JALEO, AC, JIRA, JJAA y BNA, cayéndose del cartel el PA y JJAA que no ven en este Homenaje un circo mediático que vender, años antes de su catarsis. De igual forma, así sucede en 2011, en 2012 (MAIS –NA, AC, JALEO-, SAT, CUT) donde ya se caen del cartel el último sector más regionalista que quedaba convocante: BNA;  en 2013 (MAIS, SAT, CUT), en 2014 (NA, CUT, SAT, JALEO, AC, y en 2015 (NA, CUT, SAT, JALEO, AC, SU) aseguraban cierta unidad de acción en torno a los principios soberanistas en fechas fundamentales y cuya meta, siempre ha estado en las mentes de los independentistas, es la creación de un Bloque Andaluz de Izquierda, sin elementos españoles. Esta ha sido la historia reciente de la lucha del independentismo andaluz y del soberanismo en general en torno a la manipulación del Padre de la Patria Andaluza y de apropiaciones indebidas en la fecha de su asesinato. Parece que hay una amnesia inducida que quiere que se olvide esto y negar el papel  crucial de la izquierda independentista andaluza en el proceso de clarificación de conceptos, en la toma de conciencia nacional por parte del pueblo andaluz, en un proceso que nosotros vemos como natural e irreversible y que es la Construcción Nacional Andaluza fuera de los márgenes opresivos del estado español. Espurios intereses personalistas y de corporativismo de ciertas organizaciones (o más bien, de sujetos concretos de esas organizaciones) que se reclaman “soberanistas” también contribuyen al silencio (por tanto, a la manipulación de los hechos por omisión) y a reconocer que fueron los independentistas quienes echamos a Chaves y a todos los partidos españolistas del lugar donde asesinaron al Padre de la Patria Andaluza. 2016: EL AÑO QUE VOLVIERON LOS ESPAÑOLISTAS. Este 2016 desde luego marca un punto de inflexión en torno a lo sucedido del 2006 para acá, donde conseguimos confinar al españolismo en sus más primarias trincheras. Y es un punto de inflexión negativo, que nos retrocede no sólo a lo conseguido en 2006, sino que nos sitúa en el punto de partida de 1993. Expliquémoslo. Porque aquí ha habido un golazo del españolismo tremendo. Como cada año, desde que fueron expulsados los españolistas, este 2016 se programa el homenaje soberanista unitario invitando a todas las organizaciones andaluzas como viene siendo habitual. Para sorpresa de los independentistas de Nación Andaluza, Andalucía Comunista y Sindicato Unitario, no recibimos respuesta de organizaciones como SAT, Jaleo o Asamblea de Andalucía, a los cuales se invitó y con los cuales contábamos. Lo cual además es un gesto de desprecio improcedente e impropio para una organización que siempre ha colaborado de forma incondicional, como hermanos y sin faltas de respeto con las demás. Ellos sabrán el porqué. Desde luego esto no contribuye a un clima de unidad. Más aún cuando estas mismas organizaciones, sin Asamblea,  hacen un acto el día 7, que no tiene ninguna funcionalidad simbólica y cuyo sentido es únicamente no querer participar en el homenaje unitario del día 10. Así se construye la unidad, sí señor. Y encima en este tinglado del 7 participan sectores denominados soberanistas andaluces integrados en un partido declarado patriota español como Podemos. Impecable, vaya. Pero lo que ya tiene delito es el humo que han vendido numerosas organizaciones sobre un pretendido “homenaje unitario” nacido de la Fundación Blas Infante. Si ya es zahiriente, extraño, ilógico e inentendible que algunas organizaciones soberanistas se negaran a participar primero no contestando a la convocatoria y luego por la vía de los hechos (sin aparente razón ni polémica con otra organización) en el tradicional homenaje unitario soberanista del dia 10 donde estaba el independentismo, no tiene nombre que muchas de éstas hayan participado en la romería de la Fundación Blas Infante, una Fundación, que como se ha demostrado en este articulo y cuyas acciones hablan por sí solas, no tiene por objeto contribuir a la liberación de Andalucía de las cadenas españolas. Se ha vendido como “homenaje unitario” algo que no era tal, sino el acto que cada año programa esta institución pseudo-regionalista, sólo que este año contaban con sorpresa en la tarta. Además, apropiándose de un término, como el de “Homenaje unitario”, con el que se ha venido denominando a los homenajes soberanistas, con la clara intención de confundir a la gente sobre a qué acto acudir, saboteando el acto de todos los años de los independentistas. Además, se ha engañado a las organizaciones que han acudido y que pretendidamente se consideran soberanistas, porque en el cartel que han difundido no aparecen los partidos españolistas que han acudido este año gracias a la Fundación Blas Infante y que nosotros, los independentistas, en aquel 2006, conseguimos echar de allí: PSOE, PP, IU… y además con la presencia plañidera de Podemos, para la cual el mensaje de Infante siempre fue pequeño burgués, y cuya matriz Izquierda Anticapitalista, jamás y digo jamás, ha estado interesada en acudir a un solo homenaje a Blas Infante en su vida. Pero de repente, como si fueran más andalucistas que nadie, vienen algunos cediéndoles las alfombras para que se coloquen por encima de los demás. Y para colmo, la presencia de los falangitos Ciudadanos ha sido la guinda al pastel. En esta romería, como digo, solo ha faltado invitar a la Falange Española. Vergonzoso. Muchos años de lucha del independentismo andaluz, mas de 20, han hecho falta para echar a los españolistas del km 4 de la carretera de Carmona, para que ahora, de un plumazo, sean de nuevo invitados con la complacencia de muchas organizaciones que se reclaman soberanistas e incluso independentistas, estos políticos españolistas para asesinar de nuevo a Blas Infante. Las organizaciones que han caído victima de esa trampa deben reflexionar y recapacitar sobre lo ocurrido, sobre el camino de “todo vale” y adonde se llega así…al mismo punto de la desfiguración de Infante, como siempre. Al absurdo y al ridículo. Es inadmisible que mientras se ha ninguneado a Nación Andaluza, a Andalucía Comunista o al Sindicato Unitario, mientras se ha ninguneado al homenaje soberanista de todos los años, estos mismos se hayan ido a celebrar con Ciudadanos, con PSOE (por partida doble en Algeciras), con Podemos, con Izquierda Unida o con regionalistas de nuevo cuño. Unidad en torno a actos con practicamente todos los enemigos de Blas Infante y del andalucismo mientras no ha habido uno solo donde se coordinaran con otros independentistas. Y con ello, han abierto de nuevo la puerta a los españolistas que los independentistas cerramos hace ya 10 años con nuestro esfuerzo. Y con alfombra incluida.  ¿Hay sectores del independentismo y soberanismo que están perdiendo el norte? Me gustaría equivocarme, pero a tenor de lo visto este 10 de agosto, me temo que las puertas no es que estén abiertas a eso, sino que llevan desde  hace tiempo. Hay independentistas y soberanistas muy jóvenes que me da la sensación que han sido y están siendo confundidos, cuando no directamente utilizados por otros. Jóvenes y no tan jóvenes que deberían reflexionar sobre estas cuestiones y hacerse preguntas sin caer en la cómoda autocomplacencia. No sé qué pensaran quienes se reclamen independentistas o soberanistas y hayan caído ya en esta cuenta. Creo que deberían disculparse y no volver a repetir el error. O mejor aún, no estaría mal que abandonaran el sendero que marca Podemos o sectores integrados en el, para hacer de verdad una alternativa unitaria e independentista fuerte, para hacer un soberanismo unido que pueda enfrentar con garantías los difíciles retos que España y el capital le tiene planteados a Andalucía como nación oprimida y al pueblo trabajador andaluz. A la Fundación Blas Infante y a quienes sabiendo que iban a ir PSOE, PP, C´S, Podemos… se han callado, vendiendo lo contrario, les decimos: traidores a Andalucía y traidores a Blas Infante. Y a los políticos españolistas les decimos: este año, habéis engañado a mucha gente, no a nosotrxs los independentistas, por lo que si de nuevo el próximo año volvéis a querer ir a mancillar la memoria de Blas Infante al sitio donde lo asesinaron vuestros herederos ideológicos, allí estaremos de nuevo los independentistas andaluces, para volver a echaros y hacer limpia la memoria, el legado, y la lucha de Blas Infante. No lo olvidéis, ya hay antecedentes.   Juanfe Sánchez.   Documentos Anexos (del archivo de Reberdía Andaluza) 1994, 10 Agosto. Sevilla: N.A. acude al Homenaje a Blas Infante con la nueva pancarta hecha en Córdoba “Andalucía Rebelde, Resiste. Nación Andaluza”. Después de los 10000 votos que habían sacado en las autonómicas, los políticos españolistas vieron con temor que el independentismo andaluz había llegado para quedarse. 1995, 10 Agosto. Sevilla: Nación Andaluza lleva un nutrido grupo de militantes al homenaje a Blas Infante en el 59 aniversario de su fusilamiento. Algunos militantes jóvenes acuden por primera vez a este acto. Se unen también 4 jóvenes de Jarrai que están de ruta por Andalucía visitando familiares presos.
    • 1995, 11 Agosto. El País: “Un grupo de Nación Andaluza intenta boicotear el homenaje a Blas Infante”
    “La ceremonia institucional de homenaje al padre de la patria andaluza, Blas Infante, en el monumento en la Nacional IV, en Sevilla, se convirtió en un acto de protesta de un pequeño grupo de independentistas. Miembros de Nación Andaluza interrumpieron repentinamente el discurso del presidente de la Junta, Manuel Chaves, e insultaron a otros asistentes, entre ellos, la alcaldesa de Cádiz, la popular Teófila Martínez, a la que llamaron continuamente a gritos “Barbie”. Chaves mantuvo la tranquilidad y zanjó el incidente diciendo: 'No hay que echar cuentas a los provocadores'.” FOTO: En el pie de foto dice, “Manuel Chaves, a la izquierda, atraviesa un 'cordón' de independentistas, con su pancarta”. Realmente se ve la pancarta “Independencia” de N.A. y un cordón de jóvenes independentistas de Nación Andaluza y Jarrai.
    • 1995, 11 Ag. Diario Córdoba: “Homenaje a Blas Infante”
    “[…] Durante el acto, un grupo de una veintena de independentistas abuchearon a Chaves cuando pronunciaba su discurso, y uno de ellos intentó arrebatar el ramo de flores que llevaba Amparo Rubiales, lo que no consiguió al intervenir la policía.” FOTO: Se ve el monumento a Blas Infante en Sevilla rodeado de militantes de N.A. con sus banderas.
    • 1995, 11 Ag. Diario 16: Aniversario de Blas Infante.
    “ […] La incidencia más destacada, ya habitual, por otra parte, la protagonizó un grupo de jóvenes independentistas de Nación Andaluza que, en un particular tono insultante, hicieron imposible la audición del discurso del presidente de la Junta.” .- agosto 97 (revista Independencia): Se celebró el homenaje a Blas Infante Como cada 10 de Agosto se conmemoró en el Km. 4 de la carretera de Sevilla a Carmona el asesinato a manos de las fuerzas franquistas del padre de la patria andaluza. En ese día y en ese km. hace 61 años cayó fusilado por las fuerzas españolistas Blas Infante. Este acto desde las instituciones se hace todo lo posible por que sea un mero trámite burocrático donde se da lustre la clase política y se evita por todos los medios convocar a la ciudadanía. Parece como si quisiera secuestrarse el pensamiento de Blas Infante, como si diera miedo que la gente empezara a leerlo y a reclamar esa Andalucía por sí y esa Andalucía de los trabajadores que el dirigente de las Juntas Liberalistas reclamaba. Pero un grupo de andaluzas y andaluces volvieron a poner de manifiesto que el pensamiento infantiano puede sugerir e incomodar aun hoy a los que mantienen al pueblo andaluz sin poder político y en una situación de injusticia social lacerante. Estas personas entre las que estaban militantes de Nación Andaluza y del GLAN(Grupo de Liberación de Andalucía) gritaron con fuerza «esa bandera asesinó a Blas Infante» cuando en una corona de la delegación del gobierno español se lucía la insignia que Franco impuso a sangre y fuego en Andalucía y el resto del estado español. Los gritos de «Independencia» también fueron continuos y muy molestos para los jefes de los partidos españolistas allí presentes como al parecer para alguna persona que quiere convertir a Blas Infante en un adocenado españolista apegado al poder. Olvidando que fue asesinado justamente por lo contrario. También cuando de parte de la organización del acto se utilizó una cita parcial de B.I. para descalificarlos se le dio cumplida respuesta haciendo ver como se manipulaba la obra del pensador andaluz. A diferencia de otros años el discurso de Chaves (único que se deja hacer) no fue interrumpido, poniéndose los independentistas una pegatina con la bandera español en la boca significando que el españolismo impone una mordaza a la voluntad del pueblo andaluz. Parte de la prensa y la Tv. de nuevo intentó difamar y desinformar cuando decía de estos grupos que eran boicoteadores del homenaje, cuando no hay mejor homenaje a Blas Infante que cada día intentar practicar su legado y en el día del homenaje dejar bien claro que no puede sepultarse en vano lo más vigoroso de su pensamiento. En general la gente que no eran políticos profesionales valoró positivamente la actitud de los independentistas andaluces, así por ejemplo lo expresaron el antropólogo Isidoro Moreno o el representante de Almenara . Incluso Paco Casero, nada sospechoso de independentismo, los felicitó por el comportamiento respetuoso y firme que tuvieron. Otro hecho que sucedió en aquel agosto del 97 contado por un dirigente de NA en aquellos años: Blas Infante y el separatismo. «Andalucía nunca podrá ser separatista. Andalucía es la esencia de España». Con esta cita de una obra inicial y de transición de B. Infante respondió malintencionadamente María de los Ángeles Infante, hija del líder nacionalista, a los miembros de Nación Andaluza, que en el acto del 10 de Agosto denunciaban la hipocresía de instituciones y partidos políticos parlamentarios y reclamaban soberanía para Andalucía. Hay muchas maneras de matar a Blas Infante. Una de ellas es ocultando y manipulando parte de su obra. Por ejemplo, se oculta que el Manifiesto de la Asamblea de Córdoba de 1919, elaborado por Blas Infante, dice entre otras cosas: « Sentimos llegar la hora suprema en que habrá que consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España ( ...).Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la Libertad; de este Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los Pueblos extranjeros (...) . Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad, que dicen nacional». .- 2000 2000, 11 Ag. Sevilla: Nación Andaluza y Jaleo acuden al homenaje a Blas Infante del PA, alternativo al oficial. La presencia independentista, por invitación del sector renovador 'Nuevo Andalucismo' de Julián Álvarez, causa irritación a la dirección del PA. Sin embargo en la prensa del régimen se echa en falta a NA en el acto oficial.
    • 2000, 11 Ag. 'El País': 'PP e IU, a favor de avanzar en la autonomía'. '[…] Durante el acto. Que congregó a casi un centenar de personas y en el que se hizo una ofrenda floral ante el monumento, se coreó el himno de Andalucía y, por primera vez desde que se celebra este homenaje, no asistió ningún miembro de Nación Andaluza, grupo que venía exigiendo la independencia de la comunidad autonómica cada año.'.
    2001, 10 Ag. Sevilla: Movido 'Homenaje Nacionalista” de Nación Andaluza y Jaleo a Blas Infante en el 65 aniversario de su asesinato. “Comunicado de Nación Andaluza” “Nación Andaluza presentará una queja ante el defensor del Pueblo Andaluz por la actitud discriminatoria y de intimidación que mantuvo la policía española hacia los miembros de Nación Andaluza y Jaleo que el pasado día 10 de agosto participábamos en el homenaje que dichas organizaciones independentistas rendíamos a la memoria de Blas Infante; ante la mirada indiferente de los parlamentarios andaluces allí presentes, algunos de izquierdas, lo que denota su concepto de pluralidad y compromiso con las libertades y Andalucía. Proceder que dado el carácter andaluz y cívico de la convocatoria, consideramos totalmente lamentable, por lo que nos vemos obligados a presentar dicha queja. Sin más, reciban un saludo de Nación Andaluza.”
    • 2001, 17 Ag. El Mundo: “Manifestantes denuncian acoso policial durante el homenaje a Blas Infante.”
    “ […] En la queja, los representantes de Nación Andaluza denuncian que los participantes en el acto de homenaje a Blas Infante fueron 'continuamente requeridos por la Policía a mostrar nuestros DNI, algunos de los cuales fueron retenidos temporalmente, cuyos datos eran minuciosamente apuntados por dichos agentes, y a entregarles nuestras pertenencias para su registro'. Según los firmantes de la queja, Francisco Cabrerizo y Luis Fernández, esta actitud de los agentes de la Policía Nacional se dirigió 'en exclusiva' hacia los miembros de Nación Andaluza 'sin que mediara provocación o altercado previo', lo que, a su juicio, evidencia un 'desprecio' hacia el homenaje de esta organización a Blas Infante y una 'criminalización' de la 'opción independentista' en Andalucía. Por este motivo, los representantes de Nación Andaluza exigen conocer el objetivo de los datos recabados por la Policía Nacional y la 'destrucción oficial e inmediata' de las fichas policiales que pudieron realizarse a partir de ellos, así como 'el fin del trato vejatorio a la imagen personal y colectiva de los independentistas andaluces'. […].” .- 2003 67 ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE BLAS INFANTE Blas Infante que luchó por los derechos sociales y nacionales del Pueblo Andaluz sólo consiguió que lo asesinaran por ello, ninguna poltrona ambicionó. La unidad del Pueblo fue su  Ideal y su camino, porque sabía que sólo el Pueblo Andaluz sería el artífice de su liberación. Desde hace 13 años, Nación Andaluza reclama Tierra y Libertad porque ésta no es la Andalucía que quería Blas Infante, para l@s independentistas andaluces solo con la unidad de las fuerzas nacionalistas andaluzas se puede plantear una alternativa emancipadora para Andalucía.  Por esto,  hace casi un año Nación Andaluza decidió integrarse en Asamblea de Andalucía.  Pero los pactos con el españolismo en su conjunto y con la derecha en particular, nos alejan de este Ideal Andaluz por el que Blas Infante fuera asesinado; no basta tener el adjetivo de “andaluz” en las siglas, ni venir cada agosto a este lugar y llenarse la boca de la palabra Andalucía, hay que ser coherentes y l@s independentistas andaluces lo demostramos también, con la unidad. ¡¡¡ BIB ´ ANDALUCÍA  LIBRE !!!   Nación Andaluza, agosto de 2003. .- 2004 Homenaje en el 68 aniversario del Asesinato de Blas Infante. El pasado diez de agosto se cumplió el 68º aniversario del asesinato de Blas Infante a manos del fascismo español. Para la conmemoración de dicha jornada, las organizaciones independentistas Jaleo y Nación Andaluza acordaron la realización conjunta de los actos, que vienen a romper cada año el silencio mediático e institucional alrededor de las aspiraciones para nuestro pueblo por las que lucho hasta ser fusilado Infante. Este año los actos empezarón a las 18.30 de la tarde con una abundante pegada de carteles y puesta de banderas en la glorieta de Blas Infante, en la Barriada de la Barzola, por parte de un nutrido grupo de militantes. La siguiente cita era, como viene siendo habitual, en el kilómetro 4 de la Carretera de Carmona, donde tradicionalmente la izquierda nacionalista andaluza venimos realizando el acto de homenaje y recuerdo al Padre de la Patria Andaluza. Allí nos reunimos varias decenas de militantes y simpatizantes desplegando una pancarta y dando lectura el texto que reproducimos a continuación. Nuevamente, las organizaciones de la izquierda soberanista andaluza nos hemos dado cita para recordar el 68º Aniversario del asesinato de Blas Infante. Para recordar al luchador incansable que fue Don Blas por los derechos sociales y nacionales del pueblo andaluz, lucha que le costó lo más preciado que puede tener una persona, su propia vida. La memoria de Infante, fusilado en este mismo lugar por el fascismo español, vuelve a ser mancillada cuando los que hoy vienen a ponerle un ramo de flores, utilizando su nombre o diciendo ser herederos de su legado, son responsables de que Andalucía siga siendo un pueblo cuyos derechos fundamentales son pisoteados  por estado español y la Unión Europea. Podemos recordar las palabras de Blas Infante en 1918, cuando dijera “... los que hacen de la política una profesión exclusiva y excluyente, como una propiedad, suelen hablar de conflictos entre ideas y realidades. La diferencia entre ellos y nosotros es esta: para ellos, las realidades de un país son los intereses creados; para nosotros, las realidades de un país son los dolores creados por esos intereses...”. Los intereses de las fuerzas representadas en el parlamento andaluz, como estómagos agradecidos que son al sistema capitalista del que forman parte, es que el futuro de Andalucía siga estando marcado por las necesidades del estado español y Europa en la construcción de su bloque imperialista. Nada más lejos de la Andalucía por la que luchó, hasta ser asesinado, Infante. Para la izquierda soberanista, lo importante, lo fundamental, lo que no podemos dejar de denunciar, es el desmantelamiento de toda nuestra agricultura tradicional a golpe de OCM, que nuestros pescadores se queden sin trabajo por falta de acuerdo pesquero, que la escasa industria que hay en Andalucía este día sí y día también anunciando un nuevo cierre, o que el futuro de la juventud andaluza se vea reducido a ser camarero, policía, o a tener que emigrar de nuevo, al igual que emigró la generación anterior. Lo que no podemos callar es que, esta Unión Europea y la Constitución que pretenden aprobar, es un ataque directo a nuestro tejido productivo, a nuestro medioambiente y a nuestro futuro. En una fecha como la de hoy, se hace más evidente aun la necesidad de que el Pueblo Trabajador Andaluz luche para poner el destino de Andalucía en sus manos, para que seamos l@s propi@s andaluces/zas los que decidamos cual es el porvenir que queremos para nosotr@s y para nuestra tierra. Así nos iremos acercando más al deseo del Padre de la Patria Andaluza de ver una ANDALUCÍA LIBRE. Nación Andaluza.” Y así ha seguido siendo hasta hoy. Termino el anexo con este último comunicado de 2016 en el 80 aniversario del asesinato de Blas Infante: EL MEJOR HOMENAJE: CONTINUAR LA LUCHA OBEDECIENDO AL IDEAL Porqué el Estado español no es la expresión jurídica de una forma social; porqué sus poderes no son poderes sociales; sino poderes representativos de los fueros de una clase dictadora. La Clase plutocrático burguesa… Por esta razón, y en estas condiciones, todos cuantos intentos se realicen para afirmar en el ánimo del pueblo, una esperanza en soluciones más o menos radicales, provenientes de la acción tuitiva de los Poderes actualmente constituidos, es restar inútilmente energías a su descontento expectante, a su voluntad revolucionaria… Por consiguiente, yo os exhorto a que permanezcáis en vuestras organizaciones; a que las fortalezcáis, cada vez más… Notas para el discurso ante la Cámara de Inquilinos, Blas Infante, Sevilla, 1923 Hoy hace 80 años que Blas Infante era sacado del cine Jaúregui para ser llevado a las afueras de Sevilla donde fue asesinado. El kilómetro 4 de la carretera de Carmona fue el sitio elegido para descargar sobre el cuerpo de Don Blas el plomo que le segaría la vida. Con aquella ráfaga pretendían hacer callar a todo un pueblo. Aquel genocidio ideológico quiso terminar con los mejores hij@s del Pueblo Trabajador Andaluz. Creyeron conseguirlo. Luego vinieron aquellos que decían y dicen honrarlo pero que con su proceder traicionan una y mil veces el pensamiento de Blas Infante. Pueden llevar la bandera nacional andaluza. Pueden incluso envolverse en ella o portarla permanentemente. Pero lo que determina si se acercan o alejan del pensamiento de Blas Infante son sus hechos. Y hoy hemos de decir que la Andalucía libre por la que luchó Blas Infante está más lejos que nunca de ser una realidad. Seguimos siendo una nación negada, un pueblo trabajador carente de derechos colectivos. Permanecemos, en lo esencial, en idéntica situación de dependencia política, carencias sociales y expolio económico. Y el supuesto Estado de las autonomías no es más que una descentralización estatal que se limita a gestionar nuestra dependencia. La lucha por la independencia nacional y popular andaluza en el actual marco del Estado español, el imperialismo y el neoliberalismo, no es sólo una cuestión de principios: es la única vía para lograr la transformación de la realidad andaluza y la de sus clases populares. Si de algo nos sirve la actual coyuntura económica de crisis capitalista es para comprobar día a día, en todos los órdenes de nuestra existencia, como andaluces y como trabajadores, las consecuencias de que el Pueblo Trabajador Andaluz no sea el dueño de su tierra ni de su libertad. En esta situación los cantos de sirena del reformismo que nos venden una Andalucía mejor en una España “de otro color” se muestran absurdos si los contrastamos con la experiencia histórica de Andalucía como parte del Estado español. El reformismo ya era habitual en la Andalucía de Blas Infante. Su opinión la manifestó como recogemos más arriba. No ha habido una España en la que Andalucía no haya estado en condiciones de expolio económico, dependencia política y alienación cultural, porque España necesita para su propia existencia una Andalucía así. Tampoco es posible, tal y como afirma el soberanismo partidario de integrarse en proyectos estatalistas, liberar Andalucía integrándose en las fuerzas políticas y las estructuras estatales. Es este un discurso que termina proponiendo una estrategia similar a la del regionalismo (apostar por otra España posible para luego cambiar Andalucía) y que sólo puede conducir al suicidio, como se ha suicidado el regionalismo en las últimas décadas. El nacionalismo andaluz, o es revolucionario o se convertirá en otro regionalismo. Ahora más que nunca es imprescindible reorientar a toda la izquierda soberanista andaluza bajo un proyecto liberador que recoja las propuestas de Blas Infante y se encamine decididamente hacia la liberación de Andalucía sin atajos y sin sendas intermedios. Ahora más que nunca es esencial reivindicar al Blas Infante soberanista y revolucionario que fue en realidad sacudiéndonos los tópicos y las visiones manipuladas que el Régimen proyecta del andaluz más insigne. Por todo ello animamos a nuestra militancia y simpatizantes a acudir mañana 10 de agosto a la Plaza Jaúregui (Plaza Padre Jerónimo de Córdoba) a partir de las 20 horas para demostrar que con nuestra lucha mantenemos con vida a aquel que quisieron matar.   ¡Viva Blas Infante! ¡Viva Andalucía independiente y el socialista!  
    1. Permanente de Nación Andaluza.
    Andalucía, 9 de agosto de 2016.



  • 10 de agosto: lo que no quieren que sepamos sobre Blas Infante
    Carlos Rios
    Logotipo APR2
    09/08/2016
    Se acerca de nuevo la noche del 10 al 11 de agosto. Una noche como aquella de 1936 que terminó con el asesinato de Blas Infante Pérez a manos del ejército español. Caída la noche lo sacaron del cine Jaúregui para hacer su último viaje. En su puerta nos daremos cita mañana día 10 distintas organizaciones de la izquierda soberanista y revolucionaria para rendirle de nuevo un sincero homenaje. Para recordar y recordarnos a aquellos que entregaron su vida por la libertad de Andalucía y a las propuestas que hicieron para sacar al Pueblo Trabajador Andaluz de la barbarie en la que lo sumió el colonialismo español como expresión peninsular hegemónica del imperialismo. Pero recordar a Blas Infante implica también recordar sus planteamientos políticos que es algo que al Régimen le desagrada profundamente. No es de extrañar puesto que el pensamiento que desplegó el llamado andalucismo que dirigía Blas Infante supone un cuestionamiento radical de la Andalucía de principios de siglo XX (pero también de la Andalucía de principios de este siglo XXI). Todo ello a pesar de que la detención de Infante el 2 de agosto de 1936 en su casa de Coria del Río obligó a la esposa de D. Blas a quemar todos los escritos que consideró comprometedores, por ello los escritos que han llegado hasta nuestros días son tan sólo una parte, sesgada por su lado más revolucionario e independentista, del pensamiento infantiano. En las vísperas del 10 de agosto de este 2016 y ante la previsible minimización y caricaturización del pensamiento político de Blas Infante es necesario recordar algunos elementos claves para entender su pensamiento que precisamente el Régimen intenta ocultar a toda costa: 1.- Blas Infante no era “autonomista” La recuperación de la soberanía política andaluza fue una de las claves de su pensamiento. Cualquier semejanza de esa soberanía con la Andalucía autónomica actual es un chiste fácil puesto que el régimen actual es una descentralización de la administración estatal española sin autonomía efectiva alguna (ni económica, ni política, ni legal).

    ...nosotros no tenemos, por ahora, otras denominaciones que las de “República Andaluza o Estado libre o autónomo de Andalucía” para llegar a expresar aquella “Andalucía soberana, constituída en democracia republicana” que dice el artículo primero de la Constitución elaborada para Andalucía, por la asamblea de Antequera, hace medio siglo, en 1883...

    (La verdad sobre el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía, 1931)

    El modelo previo que constituía para Blas Infante un punto de partida para la verdadera autonomía andaluza era la Constitución Andaluza de 1883 que en el artículo que cita Infante continúa diciendo “...y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior al de las autonomías cantonales que la instituyen por este pacto”. Nada que ver con la Andalucía actual en la que las leyes se hacen como desarrollo y concreción de las leyes españolas y nunca en contraposición con ellas. Siguiendo un esquema vertical en el que es desde la corte centralista de Madrid donde se dictan las orientaciones esenciales de todos los aspectos que afectan a nuestra vida cotidiana (educación, salud, medio ambiente, economía, infraestructuras...) Como ejemplo podemos citar la anulación en 2011 del artículo del estatuto de 2007 referido a las competencias sobre la Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir. 2.- Blas Infante no era defensor de la integridad del Estado Blas Infante maduró su pensamiento desde su primer obra “Ideal Andaluz” radicalizándolo hasta los últimos a años (1933-36) en los que abre una etapa posibilista. Pero en toda su trayectoria negó cualquier entidad nacional al Estado español. Lo reconoció como institución existente (un Estado) y como una realidad geográfica (utilizándolo muchas veces como sinónimo de Península Ibérica). Nunca como entidad nacional y así lo expresa cuando dice “...Andalucía fue siempre pueblo cultural, guía libre de otros pueblos de España...”. Los esfuerzos de Mª Ángeles Infante por declarar cada vez que le acercan un micrófono que su padre no era separatista no pueden enterrar los escritos y el proceder de Blas Infante. Su visión del Estado español fue especialmente meridianamente claro en los años 20. Lo manifestaba en el Manifiesto de Córdoba (redactado en la asamblea de Córdoba de 1919) del que fue uno de los principales inspiradores:

    ...Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la Libertad; de este Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los Pueblos extranjeros (...). Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad, que dicen nacional...”

    Y también lo manifestó en un artículo aparecido en El Regionalista en 1.919 que no está firmado pero que es de su inconfundible autoría:

    ...Andaluces: Si el Estado Centralista Español fue y es, como dicen sus sostenedores, la España viva, execrad esa sierpe de España. Renegad de ella.

    ¿Por qué llamáis patria a esa España? ¿Qué paternales desvelos tenéis a España que agradecer?”

    Y lo expuso también durante 1923 en un mitín ante la Cámara de Inquilinos de Sevilla organizada por el anarquista y amigo Pedro Vallina: "...El Estado español no es expresión jurídica de una forma social sino poderes representativos de una clase dictadora..." Además la utilización de España para Blas Infante es un elemento táctico, que viene a ocultar y evitar la persecución política de la que el andalucismo revolucionario de Infante fue objeto escondiendo la profundidad de su pensamiento. En una entrevista al diario El Sol en 1931 decía (el subrayado es nuestro): “...La Dictadura (de Primo de Rivera) pese al sigiloso proceder que observábamos, proceder que sólo descifró en España el Sr. Cambó al decirme en una charla de tren que “liberalista” quería decir “separatista”, nos destrozó a nuestras sociedades, deportó a los adheridos de Córdoba y clausuró nuestras escuelas (los Centros Andaluces)...” Es de esta manera que podemos entender algunas de las contradicciones aparentes del pensamiento infantiano en este sentido. Lo escribe el propio Blas Infante en una carta enviada al escritor catalanista Cases-Carbó (1936):

    ...Nosotros, hemos practicado la táctica política. No hay más que una táctica: acomodación de la conducta política ( u ordenada al beneficio de la Comunidad), según las exigencias o permisiones de las circunstancias vigentes. Durante un cuarto de siglo hubimos de dirigirnos atentos a un aprovechamiento completo o exhaustivo de aquellas permisiones, elaboradas por nosotros mismos, o suscitadas por el azar, que a nuestra acción se iban ofreciendo...”

    3.- La Andalucía libre de Blas Infante era una Andalucía internacionalista Blas Infante se preocupó por el devenir mundial de los grandes acontecimientos de su época. Una de sus obras políticas de mayor profundidad política “La dictadura pedagógica” es formulada como una disgresión andaluza del concepto marxista de la dictadura proletaria que acababa de ponerse en marcha tras la Revolución de Octubre de 1917. La visión nacional andaluza que formula Blas Infante no puede ser a su vez más internacionalista. Y por eso expresa:

    "...Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano. Creo que, por el nacimiento, la naturaleza señala a los soldados de la Vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la Causa del espíritu en Andalucía porque en ella nací. Si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta Causa con igual fervor..."

    (Manuscrito AEE)

    Expresó una adhesión al nuevo modo de producción económica socialista pero también de ordenación de la sociedad:

    “...hay dos clases de comunistas, la de aquellos que aspiran , mediante el esfuerzo propio a engrandecer su vida para darla toda a la comunidad; y la de aquellos que esperan en que una colectividad , formalmente comunista, venga a satisfacer las exigencias de su propia vida individual...

    (La dictadura pedagógica, 1923)

    Manifestó algunas críticas hacia la Nueva Política Económica de la Rusia bolchevique por utilizar algunos estímulos materiales:

    “...la Dictadura del Proletariado tienen necesidad de acudir a idénticos resortes o estimulantes que la Dictadura burguesa,respondiendo al grado actual de evolución del espíritu de los hombres; comprando con premios, cintajos o bisuterías las motivaciones santas...

    (La dictadura pedagógica, 1923)

    Pero supo ver en V.I. Lenin el “dictador pedagógico” que elevara la conciencia de las masas:

    ...Nosotros aseguramos que, además, es la dictadura del proletariado la más transitoria de todas ¿No veis a Lenin, apenas iniciada la revolución de la conciencia rusa, pasada la reacción contra el régimen zarista, convertido ya en dictador pedagógico?...”

    (La dictadura pedagógica, 1923)

    4.- Blas Infante era profundamente anticapitalista Su asesinato la noche del 10 al 11 de agosto de 1936 fue justificado y legalizado por el franquismo con una sentencia de muerte posterior que lo acusaba de: “...formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz...” Esta imagen de Blas choca con la imagen que nos transmiten desde la Junta, el sistema educativo e instituciones análogas. Tras los 40 años de paz franquista nos han intentado vender un Blas Infante adocenado e inofensivo también en lo económico. Así es como quiere el Régimen que recordemos al mayor intelectual andaluz de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo nada más alejado de la realidad. Su apoyo es incondicional a la Reforma Agraria y a la alteración profunda de la propiedad de la tierra atentaba contraponiéndo los intereses de la burguesía agraria andaluza (tan importante en el sostenimiento del Estado español desde la segunda mitad del siglo XIX) a los del pueblo trabajador. Ya en una fecha tan temprana como 1913 manifiesta:

    ...ha llegado la hora que el privilegio muera: no puede persistir la terrible impunidad que divide a los hombres en señores y esclavos: no puede perdonarse ese crimen monstruoso que premia el vicio y castiga la virtud, que otorga al ocio todos los placeres e inflinge al trabajo todas las virtudes. Ha llegado la hora de que el hombre se emancipe del yugo del hombre...

    Polemizó abiertamente con el otro andalucismo existente en la época porque lo cierto es que desde los primeros momentos en que el andalucismo comienza a formularse (en las primeras décadas del siglo XX) empieza también a definirse en dos líneas opuestas: la conservadora y españolista y la revolucionaria y soberanista. La segunda estaba dirigida por Blas Infante. El andalucismo regionalista y conservador estaba encabezado por José Gastalver. Gastalver se oponía a la Reforma Agraria y afirmaba que en Andalucía “...el problema es de producción de riqueza y no de distribución de la misma...”. En la Andalucía donde las diferencias sociales y la desigualdad atenazaban a los trabajadores también había burgueses como Gastalver que querían fundamentarse en un regionalismo que pisoteara a los trabajadores para alzarse políticamente y conseguir un trozo del pastel político. Además el andalucismo de Gastalver era abiertamente estatalista y francamente oportunista. Elementos todos ellos que se reproducen en cierto andalucismo aún hoy. Todo ello hizo declarar a Blas Infante en una carta escrita al director del diario El LIberal en 1919: “...si el es regionalista, nosotros no lo somos, y si lo somos nosotros él no lo es...” haciendo una clara oposición dialéctica entre el andalucismo conservador de Gastalver y el andalucismo revolucionario de Infante. Bien harían algunos andalucista e incluso soberanista revisar el proceder de Gastalver para averiguar lo que ya hace 100 años sabe el andalucismo revolucionario que es forma de proceder para liberar a este pueblo.

    Pero el programa anticapitalista de Infante no se circunscribió solamente al mundo rural andaluz. En una intervención que hace ante la Cámara de Inquilinos de Sevilla (asociación de trabajadores que buscaban hacer un frente común de lucha frente a las subidas de alquiler de las viviendas que establecían los propietarios) plantea que la problemática del pueblo trabajador andaluz desposeído responde, evidentemente, a los mismos razonamientos tanto en el campo como en la ciudad: la colonización del país andaluz, su sometimiento al Estado...

    ...Con este problema de la habitación, ocurrirá lo mismo que sucede con esa cuestión sombría que dicen “Problema Agrario Andaluz”, y que no es tal problema agrario, sino el más fundamental problema de un Pueblo que desconoció el feudalismo en los tiempos medievales; reducido, ahora, a esclavitud feudal, por haberle sido arrebatada desde hace siglos, la tierra que perteneció a sus padres, por la conquista, o por el Despojo. Sobran ya, con respecto a este problema, las informaciones de hechos y las soluciones de doctrina. Casi todos los años, envía el Gobierno, la consabida comisión del Instituto de Reformas Sociales, que venga a calmar, con sus promesas de estudio y de próximos remedios, la fiebre de rebeldía que se apodera de los campesinos, sin campos, durante las épocas de la recolección...

    ...Pero, jamás han llegado, ni llegará nunca a resolver nada, desde el Centro depredador. Y, así, durante cinco Siglos… Pobre Andalucía, sin tierras en el Campo, y en las ciudades sin habitación!...”

    5.- El “hombre nuevo” y el “nuevo pueblo andaluz” de Blas Infante La transformación territorial, política y económica de Andalucía tienen en el pensamiento de Blas Infante un elemento de coherencia en la dimensión ética y moral que para él ha de tener la nueva Andalucía. Esta es una constante que aparece especialmente en su obra “La dictadura pedagógica” de 1923 (las citas que incluímos a partir de ahora son de esta obra), aunque atraviesa todo el pensamiento infantiano. Una constante que entronca de forma directa y sorprendente con las reflexiones que desde el marxismo se han hecho sobre la ética de la Revolución y el revolucionario. Ernesto Che Guevara afirmaba, por ejemplo, que “el comunismo es un fenómeno de conciencia”. Blas Infante lo plantea así:

    “...hay dos clases de comunistas, la de aquellos que aspiran, mediante el esfuerzo propio a engrandecer su vida para darla toda a la comunidad; y la de aquellos que esperan en que una colectividad, formalmente comunista, venga a satisfacer las exigencias de su propia vida individual... ...Comunistas que aspiran a dar y comunistas que aspiran a recibir...

    “...Somos o aspiramos a ser comunistas de la primera especie. Y decimos, aspiramos a ser, porque nuestra modestia se resiste a conferirnos con este nombre de comunistas, expresión cuyo concepto verdadero es la esencia de una pura y excelsa santidad...

    Hay además un paralelismo evidente entre la necesaria revolución cultural que Lenin se planteara para el medio rural ruso y el concepto que formula Blas Infante:

    “...Este es el problema: porque repetimos nuestro dogma. Todas las creaciones orgánico-sociales que vinieran a establecer cualquier Revolución, encaminada hacia el fin de instaurar el comunismo social, serían completamente inútiles, en el estado de conciencia social que alcanzan actualmente los individuos humanos. El grado actual de desarrollo de los instintos vendría a reflejarse enseguida en la organización social, pese a todas las combinaciones y previsiones orgánicorevolucionarias; y en definitiva, una misma esencia; un mismo alma; y a la postre una semejante estructura orgánica, vendría a tener la Sociedad que así se construyera...

    Para él la semilla generadora de la nueva sociedad es la ética. Repite la misma idea, formulada de otra manera: “...El Ideal que venga a crear la Sociedad comunista, ha de ser, pues, de índole religiosa o moral...

    Estos y otros muchos aspectos del pensamiento de Blas Infante son objeto del desprecio y la ocultación de las instituciones y las élites intelectuales. Por eso este 10 de agosto esperamos recordar al Blas Infante más fidedigno en el homenaje que, diversas organizaciones soberanistas y revolucionarias entre las que se encuentra Nación Andaluza, realizaremos a las 20 horas en la Plaza Jaúregui. Allí donde España mantuvo secuestrado a Blas Infante sus últimas horas hasta subirlo al camión del que se bajaría para ser abatido a tiros en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona. Carlos Ríos. Granada, 9 de agosto de 2016. 10 AGOSTO 2016



  • LAS LECCIONES DE LAS ELECCIONES
    Ali Manzano
    Logotipo APR2
    27/06/2016
    En plena resaca electoral, acostándonos y levantándonos con las declaraciones, opinione26Js, excusas, protestas, valoraciones...de los líderes políticos y los innumerables comentaristas, periodistas y tertulianos que tratan de explicarnos lo que todos hemos visto y ya sabemos, solo nos queda el resultado y las lecciones que el mismo ofrece a los que intentan ver más allá de la simple sumatoria de escaños para la confección del gobierno o de los errores/aciertos de los candidatos y sus partidos en una campaña electoral. La realidad del día después es la de una abstención que ya supera el 35% del electorado; más de 11 millones de votantes se han quedado en sus casas, decepcionados y desilusionados por un sistema electoral que no da solución a sus problemas y del que desconfían cada día mas personas, aumentando con respecto a las anteriores consultas electorales. Los que han votado, un escaso 65%, le han dado el triunfo a la derecha conservadora y neofranquista del PP y C's, que juntos suman 169 escaños, frente a los 156 que suma la socialdemocracia del PSOE y Podemos, lo que sitúa a PP-C's a siete escaños de la mayoría absoluta con grandes posibilidades de formar gobierno. El intento de Podemos por desbancar al PSOE de la segunda posición para así gobernar con el apoyo de los diputados socialistas, con el “sorpasso” tan comentado y difundido por innumerables encuestas electorales , ha sido un fracaso rotundo. Tras las expectativas abiertas después del acuerdo entre Podemos e IU para la formación de la coalición “Unidos Podemos” por la suma de los votos y escaños de ambas formaciones en las elecciones del pasado Diciembre, ha llegado la gran decepción, no solo por no conseguir sumar los votos de ambos, sino por la pérdida de un millón cien mil votos respecto a los resultados de ambas formaciones en Diciembre, lo que deja al partido de Iglesias sin posibilidad de influir en la política del Estado y con una militancia muy tocada por la imposibilidad de gobernar tras la decepción electoral. En Andalucía la derecha conservadora también gana espacio político al superar al PSOE de Susana Diaz por primera vez tras las europeas del 2014, autonómicas del 2015, municipales del 2015 y generales del 2015. Cabe destacar de los resultados en Andalucía, la pérdida de 200,000 votos de Unidos Podemos con respecto a los resultados obtenidos por Podemos e IU en las elecciones de diciembre, a pesar de contar con el apoyo de “confluencias” y de ”andalucistas” que sumaron a la coalición los restos del PA, en un desesperado intento “andalucista” por no perder protagonismo político y auparse a algún cargo público. El porcentaje de voto de Unidos Podemos en Andalucía, inferior a la media estatal obtenida por esta coalición, y la pérdida de votos en Andalucía respecto a las anteriores elecciones, nos marca la tendencia a la baja de esta formación tras el viaje hacia la socialdemocracia reformista y española. Otro dato a destacar en Andalucía es el escaño conseguido por Diego Cañamero en Jaén. Por fin el líder del SAT consigue cobrar el apoyo que su sindicato viene dando a Podemos desde la irrupción de estos en la escena política española; una jubilación de oro concedida por el mismo sistema al que decía combatir y conseguida tras sustituir al anterior candidato, Andrés Bódalo, encarcelado tras ser acusado de agresión a un edil socialista de Jódar. Algún día conoceremos la trastienda del “caso Bódalo”, porqué está en la cárcel y quién se ha beneficiado de ello. Suerte distinta ha corrido el fichaje estrella de Podemos, el que iba a ocupar el Ministerio de Defensa tras el “sorpasso” al PSOE, el General ex-JEMAD Julio Rodriguez, impuesto cabeza de lista por Almería, por el dedo de Pablo Iglesias. La activación del movimiento anti-OTAN en la provincia y el rechazo de la “izquierda sociológica” a que un General de la OTAN ocupara la cabeza de lista, ha provocado que Podemos perdiera el Diputado que había conseguido en las anteriores elecciones. Sin duda, un triunfo para el movimiento anti-OTAN y para las organizaciones pacifistas. Tras esta situación política derivada de las elecciones, nos esperan unos años de más recortes sociales, de más exigencias de las organizaciones económicas globalizadas, de más exigencias de la comunidad económica europea en cuestiones de déficit público, endeudamiento...y más represión a todos aquellos que no se conforman con votar cada cierto tiempo. Cuando Juan Rosell, presidente de la patronal CEOE decía que “Ya ni Podemos destroza la actual política económica”, sabía muy bien lo que decía y cual era el papel que Podemos debía interpretar. Sabía que todo estaba “atado” y que ganara quién ganara, los privilegios de sus asociados estaban a salvo. No todos hemos sido engañados por los medios de comunicación que presentaban a Podemos como el ogro que se comería a los empresarios y a los políticos corruptos. Los que han diseñado el actual marco político se aseguraron de que no traspasaran los límites de los intereses oligárquicos. Saquemos conclusiones: En el Estado español no hay posibilidad de reforma. El sistema capitalista que protege los intereses de la burguesía estatal se configura a través de un sistema político de “democracia burguesa” en el que se asegura el triunfo a partidos que no ponen en peligro los privilegios de la clase dominante. El control de los medios de comunicación, de producción y financieros les da el poder de apoyar con garantías totales de éxito a los partidos que defienden sus intereses. Los partidos “emergentes” (Podemos y Ciudadanos) surgidos al calor de las protestas sociales y de la indignación producida por una crisis que están pagando las clases populares, y los casos de corrupción en los viejos partidos del sistema, ya han cumplido los objetivos de encauzar las protestas sociales hacia las instituciones a través de los procesos electorales, sacándolas de las calles y metiéndolas en las urnas para asegurar la paz social necesaria para los beneficios empresariales. Una vez amortizados se les asigna la función de muleta para que el elector tenga un abanico de posibilidades lo suficientemente amplio para que no se ponga en riesgo la apariencia democrática, y como repuesto por si las clases proletarias volvieran a las calles y amenazaran la paz social. La competencia entre partidos “conservadores” y “reformistas” asegura al sistema (conjunto de instituciones y lobbys económicos-financieros) que sea cual sea el resultado electoral ningún cambio de calado se realizará sin su consentimiento. El ejemplo de Podemos cuyo viaje desde la rebeldía antisistema en la elecciones europeas hasta la socialdemocracia en las últimas generales, con sustanciosas rebajas en sus programas electorales, es una muestra de lo que debe hacer un partido para asegurarse el apoyo de los lobbys mediáticos y financieros. La imposibilidad de ganar unas elecciones e introducir cambios que afecten a la estructura del sistema ha quedado demostrada en el viaje de Podemos de la Rebeldía a la socialdemocrácia, la Monarquía, la UE, el euro, la OTAN... La imposibilidad de reforma del Estado español y de sus estructuras de poder para conseguir una sociedad más igualitaria y justa, nos lleva a plantearnos la “ruptura” como la única posibilidad para alcanzar los objetivos de igualdad y justicia social que las clases trabajadoras necesitan para vivir con la dignidad necesaria. Necesitamos el desmantelamiento del Estado burgués para organizar una sociedad basada en otros principios. Y hoy en día, en la actual situación de la clase trabajadora por la falta de concienciación y de organizaciones que estructuren la lucha social en todo el Estado, la “ruptura democrática” solo es posible a través de las luchas por la Independencia de las naciones del Estado implicadas en un proceso de ruptura con el Estado español. Mientras las “izquierdas estatales” se han subido al carro del reformismo electoral, embaucadas por el canto de sirena de los gurús del reformismo español, las izquierdas independentistas de las naciones del Estado se han posicionado contra el sistema, contra el capitalismo, por Repúblicas independientes fuera de instituciones como la UE y la OTAN. La posibilidad de ruptura con el capitalismo solo puede llegar de la mano de aquellos que luchan contra el Estado y sus instituciones, socavando sus principios fundamentales como lo es la unidad territorial y de mercados. La Independencia de las naciones sin Estado de la península es, en estos momentos, la única vía por la que poder vencer al capitalismo y a sus instituciones. Alí Manzano para La Otra Andalucía.



  • LA FARSA DE LA DEMOCRACIA
    Ali Manzano
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    11/06/2016
    candidatosEl 26 de Junio el Estado español volverá a representar la misma obra que viene representando cada cierto tiempo desde que los herederos políticos del Dictador y la socialdemocracia de Carrillo y González pactaran lo que se denominó la “Transición” española, que no es otra cosa que la adaptación del franquismo a las exigencias políticas y económicas del capitalismo globalizante, y que garantizaba el mantenimiento de los privilegios de la oligarquía franquista reconvertida en democrática. En esta nueva ocasión, cambian los actores, pero el guión sigue siendo el mismo, los directores y productores de la obra también son los mismos: la oligarquía económica. Pero ante el agotamiento de la obra -parte del público ha perdido interés por haberla visto muchas veces y conocer el final- han decidido introducir nuevos actores y remozar el guión con un nuevo lenguaje para despertar el interés del público. Pero no nos engañemos, todo está atado y bien atado -como dijo el Dictador- para que nada cambie tras las elecciones, independientemente de quién sea el ganador. Quién tiene el poder económico y mediático también tiene el político y puede decidir qué partidos tienen opciones de éxito y quienes no. Financiación y presencia en los medios son imprescindibles para encarar una campaña electoral con un mínimo de posibilidades de éxito. Y aquí comienza la farsa; todos los partidos con posibilidades de conseguir escaños en el Congreso y el Senado comparten los mismos criterios en las cuestiones fundamentales: Unidad de España. Con matices, con dialécticas diferentes, con estrategias distintas, asumiendo cambios estéticos para que las burguesías de los territorios que tienen conciencia nacional puedan justificar su permanencia en el Estado español sin perder peso político en su territorio. Pero lo que este concepto de “unidad de España” esconde y se quiere mantener oculto, es la necesidad de la oligarquía estatal y globalizada, de la “Unidad de mercado” para que no se pongan en riesgo sus beneficios empresariales. Constitución del 78. Ninguno de los partidos que tendrán presencia en el Congreso y Senado se plantea la derogación de la Constitución del 78. Es el marco legal que posibilita las políticas contra las clases populares y garantiza los privilegios de la oligarquía. Ninguna reforma de calado es planteada. Unión Europea. En este punto también existe una “comunión” absoluta entre todos los partidos, a pesar de que en otros países miembros de la UE hay voces críticas y posiciones de formaciones políticas abiertamente contrarias a la UE. Euro. A pesar de que la pertenencia al “espacio euro” resta soberanía al Estado, al delegar las competencias sobre cuestiones monetarias en el BCE, lo que supone la aceptación de medidas económicas adoptadas fuera del Estado y ajenas a la voluntad política de los ciudadanos, ningún partido propone la salida. Pago de la deuda. Es el principal problema del Estado español y de todas sus instituciones. Las presiones de la troika motivaron un cambio en la Constitución española para dar prioridad al pago de la Deuda en los presupuestos anuales. El Pacto Fiscal Europeo limita el déficit estructural al 0,5% del PIB y restringe la Deuda Pública al 60% del PIB, lo que supone que gobierne quién gobierne, el Estado español tendrá que afrontar nuevos recortes en gastos sociales y en inversiones para cumplir sus compromisos. Recortes, que como siempre, pagarán las clases más desfavorecidas, gracias a un régimen fiscal que favorece a las grandes fortunas y a empresas multinacionales, y que ningún partido se ha comprometido a solucionar, más allá de demagogias publicitarias imposibles de cumplir en el actual marco político-económico. Monarquía. Se hace incuestionable, condición sinequanum para participar en la farsa, como lo demuestra el hecho de que hasta IU ha tenido que renunciar a sus señas de identidad como es el republicanismo para integrarse en Podemos y no desaparecer del mapa político. OTAN. Tras el fichaje del ex-JEMAX Julio Rodríguez por Podemos y el dedazo para colocarlo en las listas al Congreso por Almería, no queda ya ninguna duda sobre el posicionamiento de la “izquierda sistémica” respecto a la OTAN y a la política internacional de supeditación a los intereses de los EEUU. La coincidencia entre la derecha y la izquierda del Régimen es absoluta en un tema de vital importancia de cara a la geopolítica norteamericana. Nacionalizaciones. Instrumento político que devuelve la soberanía económica al pueblo, y le hace propietario de los recursos de su territorio o de los servicios esenciales. Todos han renunciado a esta herramienta política, aceptando de hecho el expolio a la población trabajadora por parte de las grandes compañías beneficiarias de las privatizaciones que en su día concedieron los distintos gobiernos del Estado. Gane quién gane las próximas elecciones, el Capitalismo español está a salvo; nadie va a poner en peligro sus privilegios ni sus beneficios. Como podemos ver, todos los partidos que se presentan a las elecciones y tienen presencia mediática: PP, PSOE, Podemos y C's, coinciden en todos los temas de calado, en todos los que van definir y limitar las políticas que se implementen después del próximo 26-J. Las diferencias entre unos y otros son simplemente estéticas o en cuestiones que no ponen en peligro la hegemonía de clase. ¿cómo se instrumentaliza la farsa? Tras el agotamiento del Régimen del 78 por la crisis estructural del capitalismo y de credibilidad del mismo sistema, inmerso en casos de corrupción que salpica a a todos los partidos que han tenido responsabilidad en las instituciones del Estado, y con una protesta social que iba en aumento, se hacía necesaria una nueva transición para sofocar las inevitables protestas sociales y el desapego de las clases populares de la clase política. La primera medida fue cambiar la cúpula del Estado, cambiando al viejo monarca, salpicado por innumerables casos de corrupción y por actuaciones grotescas, por su hijo Felipe. La segunda medida está siendo la renovación de la clase política, introduciendo nuevos partidos y nuevas caras que vuelvan a enganchar a la gente a los procesos electorales, legitimando de esta manera a los gobiernos que salgan de las urnas y de paso, acallar las protestas sociales que deberían ir in crescendo por la voracidad de la crisis. De esta forma, igual que en la primera transición se le ofreció la entrada en el juego político y los privilegios que ello conlleva al PSOE y al PC, tras la eliminación física por asesinato o encarcelamiento de miles de militantes antifranquistas, en esta segunda transición se ha invitado a la mesa del poder a dos nuevas formaciones como recambio de las obsoletas e inservibles. Podemos y Ciudadanos son los recambios que deben garantizar la continuidad del Régimen y del Teatro que haga posible la creencia de estar en un sistema democrático con partidos antagónicos en disputa por modelos políticos distintos. Los medios de comunicación, todos en manos de la misma clase social, todos defendiendo un mismo modelo de Estado y un idéntico modelo económico, son los encargados de colocar los focos sobre el escenario, de transmitir una ilusión óptica y psíquica que nos haga creer en la disputa partidista, en la posibilidad de alcanzar cambios sociales que beneficien a las clases populares, a través de los procesos electorales que controlan y dirigen las oligarquías económicas. En los eventos deportivos, para que estos tengan audiencia y beneficios, se busca la implicación de la gente, la identificación con alguno de los contendientes; o vamos con el Madrid o con el Barça, con Alonso o con Hamilton, con Nadal o con Federer. Hay que manipular el subconsciente para que nos consideremos “parte de”, partícipes en el juego, protagonistas de algo que solo vemos delante de un televisor. No nos damos cuenta ni nos lo planteamos, pero tras un partido de futbol, “hemos ganado”, o “hemos perdido”, aunque no seamos de la misma ciudad de los contendientes, ni les conozcamos, ni hallamos practicado nunca deporte alguno. En la política electoral ocurre lo mismo. A través de la televisión, radio o prensa escrita, nos meten en nuestras casas las disputas, peleas, insultos y reproches entre partidos, nos convencen de que representan modelos distintos, poniendo sobre la mesa disputas sobre temas que no cuestionan el sistema, ni a su funcionamiento ni a las clases favorecidas. Mediante la continua representación del espectáculo político, inconscientemente nos vemos tomando partido por uno o por otro de los contendientes, creando vínculos psicológicos y complicidades que nos llevan a justificar acciones, que nos velan la realidad existente fuera de los platós de TV y del mundo que nos muestran los diarios. En una democracia burguesa, el control de los medios de comunicación es fundamental para el éxito electoral. Por ello la disputa entre los partidos por el control de los medios o por conseguir el favor de ellos se establece como una de las prioridades fundamentales, lo que demuestra que el voto no es libre, que está altamente influenciado y dirigido por los medios de comunicación, por los llamados “creadores de opinión” y por las grandes agencias de información que deciden qué es noticia y qué no. En un Estado donde no existe Democracia económica porque los medios de producción están controlados por una minoría, al igual que los medios de información, no puede haber Democracia política porque la desigualdad entre clases crea un modelo de sometimiento económico, cultural y social que impide el ejercicio libre de una Democracia que haga honor a su significado: “gobierno del pueblo”. Alí Manzano para "La Otra Andalucía".



  • Un año de legislatura en Andalucía, la CUT y el "integracionismo"
    Carlos Rios
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    24/05/2016
    El pasado 16 de abril se cumplía un año desde la sesión constitutiva de la X legislatura del Parlamento “de Andalucía”i. No es mi intención en estas líneas hacer un balance general de estos trece meses marcados por la servidumbre de todos los grupos parlamentarios a sus estrategias y cálculos estatales situando a Andalucía, de nuevo, en la dependencia y la colonialidad más absolutas. A pesar de no haber en el parlamento resultante de las elecciones del 22M representación política de ninguna fuerza de carácter nacional andaluz, sí que hay presencia de dos diputadas (María García y Libertad Benítez) de la CUT, integradas en Podemos tras la salida definitiva de esta formación de Izquierda Unida a principios 2015. Precisamente al análisis de su participación en el Parlamento durante estos trece meses dedicaré estas líneas. La importancia de la Candidatura Unitaria de Trabajadores/as (a partir de ahora, CUT) radica en que este partido ha sido, en la coyuntura política reciente, el valedor político de la integración de la izquierda soberanista andaluza (a partir de ahora, ISA) bajo las siglas y las estrategias de la izquierda estatalista reformista y socialdemócrata. Una organización que se define a sí misma como “organización política de la izquierda transformadora andaluza, anticapitalista, revolucionaria y nacionalista”, que ha hecho bandera de lo que a partir de aquí llamaremos “integracionismo”, como expresión de aquellos planteamientos que propugnan la constitución de la ISA como proyecto político complementario e integrado en un otro de ámbito estatal y de carácter socialdemócrata. A pesar de los anuncios de que, tras su salida de Izquierda Unida (a partir de ahora, IU), la CUT “apostaría por un proyecto propio”, lo cierto es que volvió a hacer la misma jugada ya hiciera décadas atrás al integrarse en Izquierda Unida, entrando en las listas de Podemos unos días más tarde. Incluso antes de la anunciada salida de IU ya era evidente que lo único cierto es que se iba a constituir en corriente interna de Podemos. La CUT ha sustituido su dependencia histórica de IU (de hecho Juan Manuel Sánchez Gordillo fue parlamentario por IU en los periodos 1994-2000 y 2008-2014) por una nueva subordinación a otra organización estatal del mismo perfil ideológico (conciliadora con el Régimen del 78, en lo que a la unidad de España se refiere, socialdemócrata en lo económico y reformista en la metodología), pero empapada de la postmodernidad propia del siglo XXI: Podemos. Tras un año de legislatura parece conveniente alternar el debate de ideas sobre el “entrismo” de la izquierda soberanista andaluza en organizaciones estatales con algunos datos sobre el trabajo que las dos parlamentarias de la CUT (una formación que, según se afirma en el artículo 1 de sus estatutos: “persigue para Andalucía la consecución de sus Derechos Nacionales -soberanía y emancipación nacional- en la búsqueda de una República Popular Andaluza, en un nuevo orden internacional socialista”) han realizado en este primer año de legislatura. Justo ahora que por primera vez dispone de 2 actas parlamentarias, nada mejor que analizar la práctica durante trece meses de quienes han hecho seña de identidad política de la integración en la izquierda estatal para discutir la validez de dicha estrategia en la lucha por la liberación de Andalucía. Para valorar estos trece meses hemos de comenzar haciéndonos un par de preguntas: ¿ha actuado la CUT como una fuerza de izquierda soberanista en el debate parlamentario, planteando propuestas, debates y reflexiones propias en la cámara, aprovechando las dos parlamentarias que posee para intentar esbozar un discurso nacional propio (aunque sea en el ámbito de lo estrictamente simbólico)? ¿Ha habido diferencias entre el comportamiento político de Libertad y María y el del resto de parlamentari@s de Podemos que permitan hablar de una visión política diferenciada y centrada en la realidad nacional andaluza? Por desgracia, a ambas preguntas hemos de responder un rotundo NO. Un NO que se plasma de forma concreta en los siguientes aspectos:
    1. No se ha hecho pública, ni tenemos constancia de que haya existido, posición política alguna de ambas parlamentarias a propósito del carácter nacional de Andalucía. Si miramos el diario de sesiones del Parlamento de Andalucía en este X legislatura, no encontraremos una iniciativa propia ni un posicionamiento político que responda a esa declaración soberanista andaluza que hemos visto que la CUT defendía en su página web, pero que, en la práctica cotidiana de esta formación política, paradójicamente, no parece ponerse en práctica ni tener relevancia alguna.
    2. Si observamos las votaciones que en este año de legislatura se han realizado en el Parlamento “de Andalucía”, las parlamentarias de la CUT no ejercen, ni más ni menos, que como parlamentarias de Podemos: de las casi 400 votaciones que ha habido durante este primer año de sesiones, tan sólo en una ocasión una parlamentaria de la CUT (María García) votó en un sentido distinto al resto del grupo parlamentario de Podemos (votación referida a la constitución de la mesa del Parlamento, 16 de abril de 2015). Y, en ese caso, la votación de una sola de las parlamentarias no indica precisamente que respondiera a una estrategia de consensuada de su partido, sino probablemente a un despiste personal a la hora de votar.
    3. Las votaciones nos indican cómo las parlamentarias de la CUT han seguido, al contrario, una disciplina de voto (con la excepción de la votación del 16 de abril de 2015, es decir, del 0,3% de las votaciones en la cámara) que no ejercen ni siquiera algunos de los propios parlamentarios “originales” de Podemos, que disienten en diversas ocasiones del voto del resto del grupo.
    4. La actividad de las parlamentarias de la CUT (preguntas, solicitudes de información...) se circunscribe a las comisiones parlamentarias de las que forman parte, participando de un reparto de tareas en el seno del grupo parlamentario de Podemos y evidenciando su carácter subalterno y complementario al proyecto estatal.
    5. Durante este año de legislatura no se ha presentado por su parte una sola propuesta a propósito del carácter nacional de Andalucía o de su opresión por parte del Estado español. En ningún caso las parlamentarias de la CUT han aprovechado el debate de los proyectos legislativos o proposiciones no de ley del grupo parlamentario de Podemos o de otros grupos para poner encima de la mesa el carácter colonial de Andalucía, relacionar los múltiples aspectos en los que este carácter colonial se manifiesta en la vida cotidiana del Pueblo Trabajador Andaluz con la opresión nacional andaluza y manifestar, por tanto, la necesidad de recuperar la soberanía política como requisito indispensable para liberar Andalucía.
    6. No satisfechas con este balance, las parlamentarias de la CUT votaron favorablemente en diciembre de 2015 a la proposición no de ley que presentó Podemos y que hacía pasar por “Patrimonio Constitucional Andaluz” el actual régimen de dependencia andaluz (disfrazado de autonomía en base a una simple descentralización administrativa) y que se pronunciaba contra “reformas asimétricas del Estado español”, dándole cobertura al nacionalismo de Estado que se practica desde la izquierda españolista (IU-PODEMOS) y los social-liberales del PSOE (pinchar aquí para ver).
    A la vista de los hechos, podemos afirmar que la CUT ha instituido una práctica de entrismo institucional en el Parlamento “de Andalucía” dentro del partido español Podemos (como lo hizo antes con Izquierda Unida), cuyo único fin en sí mismo parece ser poseer esas dos actas parlamentarias. Un entrismo que (muy al contrario de las prácticas del entrismo que acuñaron las corrientes troskistas) no está destinado a visualizar un programa político distinto al de la dirección del partido del que es objeto, ni tampoco de someter la diversidad programática al calor de la lucha de clases con el fin de desbordar a las direcciones políticas de los partidos que lo sufren, sino que está destinado a la supervivencia de la propia CUT y a encontrar en ella, a su vez, la justificación de su entrismo. De este análisis de las prácticas de la CUT, adalid del “integracionismo” de la ISA durante estos trece meses de legislatura, podemos extraer las siguientes conclusiones:

    a) La integración de la izquierda soberanista andaluza en organizaciones estatales no es una concepción táctica en un planteamiento estratégico de liberación andaluza a medio-largo plazo, sino que responde a un fin en sí mismo para lograr la supervivencia política de aquell@s que la plantean.

    b) Este “integracionismo” no está relacionado con un programa por la liberación de Andalucía ni con el desarrollo de la lucha de clases en el país andaluz, sino que se formula a pesar de estos y en contradicción con ellos.

    c) El “integracionismo” es reflejo de unas carencias materiales y programáticas que no se pretenden superar con un crecimiento y estructuración propios sino rellenar con el proyecto estatal. La izquierda soberanista andaluza que apuesta por el “integracionismo” es complementaria a un proyecto estatal y a este lo complementa una ISA siempre necesitada de un tutor de mayor peso político y con mayor disponibilidad material.

    d) El “integracionismo” imposibilita el desarrollo de la lucha por la liberación andaluza, en tanto que cualquier avance concreto en este sentido, cualquier victoria de la clase obrera andaluza, son concebidos como un capital político acumulado con el objetivo de amortizarlo después (en el menor tiempo posible, inevitablemente) dentro de la organización estatal objeto del entrismo y no como una base sobre la que fortalecer la propia lucha y reconducir las energías revolucionarias hacia la superación del marco estatal establecido.

    La izquierda soberanista andaluza sólo puede resolver esta contradicción si asume decididamente la responsabilidad histórica de construir un movimiento de liberación andaluza diferenciado y antagónico al “integracionismo”, con un programa por la emancipación social y nacional del Pueblo Trabajador Andaluz sin el peso de lastres organizativos heredados que disocien sus planteamientos ideológicos de su práctica política cotidiana. Asumiendo sus lagunas y carencias como necesidades del proyecto de liberación andaluza y no como problemas que resolverán desde Madrid. Las organizaciones que la forman tienen en su actitud hacia el “integracionismo” un elemento de decantación política ineludible y decisivo. Desde Nación Andaluza, partido en el que milito, probablemente fuimos de l@s primer@s en plantear este debate, decantándonos desde el principio contra el integracionismo y por la construcción de una izquierda soberanista realmente soberana (valga la redundancia). Pagamos un precio político por ello que personalmente doy por bueno, a la vista de la deriva que han asumido como normalidad otros sectores de la ISA. Y seguimos trabajando en esta ardua tarea, que tras el comienzo de la crisis económica en 2007 me parece más urgente todavía. Cada vez más sectores, que apostaron en un momento u otro por el “integracionismo”, comienzan a plantear críticas hacia este e incluso a desmarcarse del mismo. Es consecuencia de los efectos que el “integracionismo” produce en la ISA, neutralizándola y convirtiéndola en un instrumento para la izquierda estatalista. Una neutralización que el Régimen espera con inquietud que sea total, puesto que supone el suicidio político del soberanismo andaluz. El camino que ha trazado la CUT conduce a la eliminación del potencial revolucionario de la izquierda soberanista andaluza y a la dispersión de las fuerzas hacia estrategias que no construyen políticamente nada en clave nacional andaluza sino que, muy al contrario, fomentan la desorientación de la militancia andaluza y favorecen su fagocitación por parte del nacionalismo español, en pos de “confluencias sociales” y otros latiguillos políticos por el estilo. En esta encrucijada política de la ISA ha de primar la claridad ideológica frente a lo cuantitativo; el establecimiento de estrategia y tácticas que construyan un movimiento de liberación propio (por reducido que sea) frente al “integracionismo”; el combate de la dependencia de Andalucía, entendiendo independencia no sólo como un concepto ideológico (para aplicar en un futuro incierto y utópico) sino también como la imprescindible práctica organizativa cotidiana; la denuncia de la práctica institucional entreguista de la izquierda estatal y la contraposición de un contrapoder popular andaluz y de un proceso constituyente nacional andaluz. Se hace imprescindible un enfrentamiento ideológico y programático con el Estado que afirme Andalucía como nación y al Pueblo Trabajador Andaluz como un pueblo que actúa de manera propia, diferenciada de otros pueblos. Utilizando un símil flamenco, la izquierda soberanista andaluza debe ser el tocaó que marca el compás del baile, pero nunca el palmero del espectáculo. Carlos Ríos. Granada, mayo de 2016.
    i "De Andalucía" lo pongo entrecomillas teniendo en cuenta que este Parlamento es fruto de una ley orgánica española, es sufragado por el Estado español (a falta de una agencia tributaria andaluza) y a la vista de los resultados de sus deliberaciones en los últimos 35 años más bien cabría denominarlo como Parlamento “contra Andalucía”



  • II República Española: la otra “transición” del régimen al régimen
    Francisco Campos
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    25/04/2016
    Se ha rememorado un nuevo 14 de abril y las izquierdas reformistas españolistas nos han vuelto a machacar con el mito de la II República Española. Un año más han vuelto enarbolar la bandera del Estado Español como alternativa al Estado Español. Nuevamente han  desviado la atención de la problemática antipopular que representa la existencia misma de los Estados españoles, pretendiendo hacer creer que ésta se reduce a su forma de gobierno, y al quién y el cómo se los gobierna, con el obvio objetivo de salvaguardar al Estado único.  A esa “unidad de destino”, ya sea en “lo universal”, lo “nacional”, el “país de países”, las emergencias sociales, la realidad dada, el internacionalismo, la clase obrera, o incluso el socialismo, pero siempre en la sacrosanta “unidad de destino” incuestionada e incuestionable de un Estado Español. ¿Pero qué fue lo que ocurrió realmente aquel 14 de abril de 1931 y que representó? Quizás la más conocida de las respuestas es aquella de que “España se acostó monárquica y se levantó republicana”. Esta frase atribuida al almirante Aznar-Cabañas, último Presidente del Gobierno de Alfonso XIII, resume en unas pocas palabras lo sucedido, pero, a su vez, la propia descripción de lo acontecido, su inmediatez y la facilidad del cambio, originan multitud de interrogantes. Lo cierto es que tras la celebración de unas simples elecciones municipales dos días antes, en las que vencieron las candidaturas republicanas en la mayoría de las capitales de provincia pero no en el cómputo global, en el que los candidatos monárquicos  y los de otras tendencias sumaban más, y sin que hubiesen mediado grandes revueltas ni enfrentamientos previos, el Rey renuncia al trono y decide exiliarse. En un manifiesto dado a conocer el día 13, afirmará que “las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”, añadiendo que, si quisiese, “hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil”. Tras su renuncia, el día 14 sería Proclamada la II República Española y Alcalá Zamora sería elegido Presidente del Gobierno Provisional, y después Presidente del Estado Español republicano. ¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible que unas meras elecciones municipales y unos pocos centenares de concejales y alcaldes republicanos electos hubiesen provocado unos cambios aparentemente tan drásticos? ¿Por qué el Rey abandonó con tanta facilidad y tan rápidamente  el trono? ¿Cómo es posible que los mandos civiles, y sobre todo los militares, mantuvieran tal pasividad, permitiendo el desarrollo de los acontecimientos? ¿Explica la “obediencia debida” la inacción de un ejército caracterizado por sus pronunciamientos y enfrentamientos al pueblo desde sus inicios? ¿También estaban imbuidos del repentino espíritu pacifista del monarca? Dicen que los republicanos, a través de Alcalá Zamora, advirtieron que “si antes del anochecer no se ha proclamado la república, la violencia del pueblo puede provocar la catástrofe", ¿pero es  creíble que la mera amenaza verbal de la “violencia del pueblo” fuese tan determinante? Si Alfonso XIII aún contaba con “medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas”. Si aún controlaba los resortes del poder: instituciones, fuerzas policiales, ejército, etc.  ¿Por qué no opuso resistencia? ¿Fue un gesto altruista o la consecuencia de comprobar que ya no contaba realmente con esos “medios”, y el abandono del trono fue una indicación recibida de la oligarquía detentadora y controladora del poder real sobre los mismos? ¿Y, en ese caso, por qué las élites dominantes actuaron contra sus propios intereses? ¿O es que no lo hicieron? Los antecedentes A partir 1875, con la restauración borbónica, los agonizantes restos peninsulares/insulares del Imperio Español que pretendían pervivir mediante su reconversión en Estado Español, fruto de la alianza entre la gran burguesía y el sector isabelino de la aristocracia establecido hacía ya varios decenios, logrará consolidarse. Pero el Estado único imperialista y oligárquico impuesto, tuvo desde un principio que hacer frente al despertar identitario de las naciones aún bajo su dominio y al constante aumento de la conciencia de clase y de lucha de sus sectores populares. En 1923, la crisis del régimen era de tal magnitud, la posibilidad del final del estado único y del propio Sistema era tan factible, que las oligarquías deciden optar por sustituir la “democracia representativa” por una dictadura cívico-militar a cuya cabeza pusieron al General Primo de Rivera. Pero el autoritarismo se mostró igualmente incapaz de controlar la situación. A partir de finales de los años veinte los sectores más inteligentes de la burguesía impulsaran un nuevo proyecto para salvaguardar sus intereses a través de un nuevo sistema político que, sin atentar contra “el libre mercado” y la “unidad de España”, llevase a cabo diversos cambios formales y superficiales que hiciesen posible contener y apacentar reivindicaciones nacionales y sociales. El 17 agosto 1930 se concretiza el proyecto en el llamado Pacto de San Sebastián. Mediante el mismo, monárquicos “arrepentidos”, como Alcalá Zamora o Maura, en representación de los políticos del régimen, republicanos reformistas como Lerroux o Azaña, nacionalistas burgueses como Formiguera, “autonomistas” como Casares Quiroga, y socialistas “moderados” como Prieto, acordarán establecer una democracia parlamentaria bajo forma de Estado republicana. Fue realmente esa alianza entre élites políticas del régimen y de aquella “oposición” lo que sentenció el fin de la monarquía. El Pacto de San Sebastián supuso un acuerdo de compartición del poder muy semejante al que se produciría tras la muerte de Franco en 1975. Desde 1930 la suerte de la monarquía estaba echada, como a partir de 1969 lo estaría la del franquismo tras la designación de Juan Carlos como futuro Rey. Con el acuerdo simbolizado por el Pacto de San Sebastián todo queda “atado y bien atado”, como diría Franco con motivo del nombramiento de Juan Carlos como su sucesor “a título de Rey”. Lo que vino a continuación, tanto en 1931 como en 1975, no fue ni supuso más que a la formalización de lo previamente establecido. Las dos “transiciones” Tanto en 1931 como en 1975, se trataba no de un cambio de régimen sino de un cambio de formas, normas y nomenclaturas dentro del propio régimen, para la salvaguardia del Estado Español. Un lavado de cara del Sistema al régimen español para hacer posible la permanencia de lo esencial del mismo, el Estado único y la economía capitalista. Prueba de ello lo serán las grandes similitudes entre ambos procesos, más allá de las diferencias temporales, formales y nominales. En ambos casos el cambio fue “proclamado”. No fue la consecuencia de ningún movimiento popular sino de un acuerdo en las alturas entre élites políticas. No fue una conquista arrancada por las clases populares al Sistema sino un “cambio” concedido por él. Ni aquella República ni esta “democracia” fueron consecuencias derivadas de insurgencias populares o procesos revolucionarios, sino de acuerdos elitistas. Por ello en 1931 el Estado se acostó monárquico y se levantó republicano, al igual que en 1975 se acostó fascista y se levantó “democrático”. En ambos casos el “cambio” fue la consecuencia y estuvo precedido de un pacto entre políticos del régimen y de la “oposición” reformista para compartir el poder y el establecimiento de un nuevo marco constitucional e institucional, en el primer caso entre monárquicos y la “oposición  republicana”  y en el segundo caso entre franquistas y la “oposición democrática”. En ambos casos, como símbolo de continuidad y de continuismo, el primer Presidente elegido sería un representante del staff político anterior. En el caso de la “España republicana” fue Niceto Alcalá Zamora, exministro de la Monarquía, y en el de la “España constitucional” Adolfo Suarez, exministro de la Dictadura. El “republicano” Alcalá Zamora llegó ser con Alfonso XIII Ministro de la Guerra en plena ofensiva sangrienta por parte del colonialismo españolista en el Rif. El “demócrata” Adolfo Suarez llegaría a ser con Franco Ministro Secretario General del Movimiento. El máximo dirigente, tras el propio Dictador, del partido único fascista. En ambos casos no hubo ruptura previa con las estructuras anteriores, sino que se partió de las mismas. Como subrayo Fernández Miranda acerca de la “España constitucional” actual, en ambos casos se trataba de avanzar "de la ley a la ley a través de la ley", frase que resume a la perfección el continuismo y la continuidad en ambos “cambios”, igualmente aplicable a las dos “transiciones” y “procesos constitucionales”. Y, por cieto, también a lo actualmente propuesto por los podemistas. “Cambios” del régimen al régimen a través de sus legislaciones e instituciones, y sin sobrepasar las bases constitutivas y porqués de los Estados españoles: España y Capital. “Reformas” del régimen vendidas como cambios de régimen. En ambos casos, no sólo se mantuvieron las estructuras del Estado y sus distintos estamentos sino que se mantuvo en sus puestos a la mayoría de sus elementos dirigentes. La misma Administración y sus responsables, las mismas instituciones políticas: Cortes, ayuntamientos etc., las mismas “fuerzas del orden” y sus mismos mandos, los mismos jueces y la misma jurisprudencia, el mismo Ejército y los mismos mandos militares, las mismas estructuras económicas, los mismos engranajes financieros, las mismas élites culturales y sociales, etc. En ambos casos, los primeros procesos electorales y constituyentes, tanto en el paso de la monarquía a la República, como en el de la Dictadura a la “democracia”, se realizaron en conformidad con la legalidad anterior y a través de sus mismas instituciones. En el caso de la II República a través de las instituciones y legalidad monárquica, y en el de  la “democracia” actual a través de las instituciones y legalidad franquista. El primer parlamentario republicano fue elegido en conformidad con la monárquica Ley Electoral de 1907, al igual que el primer parlamento “democrático” de 1977 en conformidad con la franquista Ley para la Reforma Democrática de 1976, que a su vez desarrollaba la fascista Ley se Sucesión de 1947. En ambos caso el “cambio” en las dos “transiciones” se limitó a lo superficial y anecdótico: las caras, las denominaciones, los símbolos y determinadas legislaciones. Se cambiaron partidos, nomenclaturas, banderas y constituciones, pero en sus bases estructurales no hubo cambio, sólo continuidad. En ambos casos se trató de una mera “reforma democrática” del régimen, no de la ruptura con el régimen existente y el establecimiento de algo totalmente diferente y contrapuesto. En ambos casos es en esa falta de ruptura real y radical con lo anterior lo que constituye la raíz de sus " males” insolubles. Fue de su propio seno, de entre sus propias estructuras y elementos no erradicados ni depurados, mantenidos y  reconvertidos, de los que partió el boicot al nuevo Estado y el Golpe de Estado que acabó con aquella España republicana. Y es del propio seno de las estructuras y elementos no erradicados ni depurados, mantenidos y reconvertidos, de los que parten las “carencias” y “crisis” de esta “España constitucional” que acabará con ella. El Golpe de Estado del 18 de Julio La razón de la escasa duración de los formalismos democráticos en los Estados Españoles no es más que la lógica consecuencia derivada de su propia artificialidad. Dado que no constituyen un típico Estado-nación Burgués, sino unos  Estados imperialistas, herederos y continuadores del antiguo Imperio en los territorios peninsulares e insulares de sus antiguos dominios, cada vez que han intentado conducirse dentro de los cauces de la “democracia representativa” han fracasado. En cada ocasión en que las élites dominantes han intentado el experimento “democratizante”, las reivindicaciones nacionales y de clase de los pueblos han aumentado exponencialmente, por lo que, antes o después, han tenido que dar marcha atrás, de nuevo hacia el autoritarismo. Los Estados Españoles, como todos los estados opresores, sólo son capaces de actuar y pervivir mediante la fuerza.  Cualquier resquicio de libertad tolerada acaba volviéndose en su contra. La II República Española, al igual que la “monarquía constitucional” actual, no han sido más que sendos intentos de establecimiento de formalismos democraticos burgueses al uso en el Estado Español. Como tal Estado burgués será recibida por las izquierdas transformadoras la II República. Comunistas y anarquistas estuvieron ausentes del Pacto de San Sebastián y no formarían parte del “comité revolucionario” creado para instaurarla por los republicanos y “socialistas” del PSOE. Más aún,  cuando es proclamada la rechazan y llaman a obreros y sectores  populares a darle la espalda. Tampoco participo en el pacto el andalucismo histórico, y tras su proclamación también fueron muy críticos con ella. En la campaña de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, Blas Infante afirmara, plenamente consciente de sus limitaciones, contradicciones y continuismos: “El Gobierno Provisional de la República no ha sabido o no ha querido expresar la revolución. Con una ley electoral arcaica fraguada por los conservadores monárquicos  han querido construir las Cortes Constituyentes. Existen las mismas organizaciones electoreras, que con sus proclamaciones de candidatos y con los resortes de la técnica caciquil vienen a coaccionar la voluntad del pueblo” y justificara el porqué de la presentación a las elecciones de él mismo y del andalucismo con el objetivo de “procurar el triunfo de la auténtica revolución”. Evidentemente, los elementos más reaccionarios y ultramontanos de aquella oligarquía la combatieron, pero ello no le resta carácter burgués. Como hemos visto, fueron los sectores más inteligentes de la gran burguesía, aliados con las pequeñas burguesías urbanas e intelectuales y las “aristocracias obreras” aburguesadas, sus impulsores. Para todos estos sectores sociales el enemigo no era la “democracia” sino las clases populares, muy especialmente la clase obrera. Y desde la instauración de los estados españoles a mediados del XIX, y la II República no sería una excepción a dicha regla, si acababan uniéndose a conservadores y autoritarios siempre era por ese miedo al “desorden” de unas clases populares "radicalizadas", a la utilización de “las libertades” formales por los pueblos y clases populares para liberarse del Estado y del capitalismo. Por ello, en cada ocasión en que tuvieron que elegir entre “orden” y derechos, entre "paz" y libertad, apostaron por la represión y el totalitarismo. El 18 de julio de 1936 no fue más que un nuevo pronunciamiento cuartelero por parte de un Ejército al servicio de las élites oligárquicas. Uno más entre los que habían llevado a cabo los militares cada vez que peligraban los intereses de clase burgueses, su monopolio explotador económico y su control exclusivo sobre esa enorme finca latifundista de explotación intensiva llamada España. El problema para las élites dominantes nunca radicó en la forma de Estado ni en la “democracia”, sino en la permanencia del propio Estado y el del sistema capitalista. Tampoco lo han sido las “libertades” sino en el grado de concienciación identitaria y de clase alcanzada por los pueblos, así como su capacidad de combatividad. El problema para las oligarquías en 1936 no era “La República”, sino que las libertades formales, las reformas sociales epidermicas y la descentralización administrativa que ofrecía y suponíia, no habían servido para contentar a las masas y a los países, como lo simbolizaron en 1934 la proclamación del Estado Catalán y la Revolución de Asturias. Consecuentemente, los militares sublevados al servicio del Capital, no lo hicieron contra “La República”, de hecho los principales dirigentes de Golpe, como Sanjurjo, Mola o Queipo, eran conservadores pero republicanos. Tampoco contra un Frente Popular fundamentalmente socialdemócrata, cuyos elementos soberanistas y transformadores eran minoritarios, sino contra el peligro de que pudiesen ser acicates de procesos independentistas y revolucionarios. Un ejemplo lo encontramos ya en 1932, en la llamada “sanjurjada”. En el bando de Sanjurjo, emitido con motivo de un pronunciamiento que según la historiografía oficial sería el primero contra “La República”, no se habla de rebelión contra la misma, sino contra la falta de orden y a favor de la unidad de España. En él, Sanjurjo afirma pretender “llevar la tranquilidad a muchos hogares humildes, y la paz”, y lo concluye dando vivas a “la España única”. Del golpe cuartelero a la guerra de exterminio Un mes antes del Golpe de Estado, Franco envía una carta a Casares Quiroga, en aquel momento Presidente del Gobierno, advirtiéndole del malestar en el ejército. En ella le pedía que se confiera a los militares el “restablecimiento” del “orden público” y la “pacificación de la nación”. La “alternativa” militar para “enderezar” una situación no fue un planteamiento sólo teórico, ya fue utilizada en 1934 contra catalanes y asturianos. De hecho, como en 1981 meses antes del autogolpe del 23F, en 1936 también desde diferentes medios se abogaba por una solución autoritaria. Un “golpe de timón” militar, dentro del orden constitucional, pero que suspendería temporalmente sus “garantías”. En el manifiesto que lanza Franco el 18 de Julio en Las Palmas no se hablaba en contra del sistema republicano ni del Frente Popular como justificantes, sino de “la situación de España”, de “la anarquía (que) reina en la mayoría de sus campos y pueblos”, de que “las autoridades … la fomentan”, de las “huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la Nación”, de “la Constitución por todos suspendida y vulnerada”, del “espíritu revolucionario e inconsciente de las masas engañadas”, etc. Y ante todo ello proclamaba: “Justicia e igualdad ante la ley os ofrecemos. Paz y amor entre los españoles. Libertad y fraternidad exentas de libertinaje y tiranía. Trabajo para todos. Justicia social, llevada a cabo sin enconos ni violencias”. Por su parte, en el Bando del Estado de Guerra que lanza ese mismo día en Sevilla Queipo de Llano, éste afirmaba que “las circunstancias extraordinarias y críticas por que atraviesa España entera; la anarquía que se ha apoderado de las ciudades y los campos, con riesgos evidentes de la Patria, amenazada por el enemigo exterior, hacen imprescindible el que no se pierda un solo momento y que el Ejército, si ha de ser salvaguardia de la Nación, tome a su cargo la dirección del país, para entregarlo más tarde, cuando la tranquilidad y el orden estén restablecidos, a los elementos civiles preparados para ello”. El bando termina subrayando que todas las medidas contenidas en el mismo se tomaban “en bien de la Patria y de la República”. Pero aquel golpe fracasó. Hasta entonces, los pronunciamientos cuarteleros consistían en un simple levantamiento militar en el interior de las instalaciones de sus unidades, como mucho acompañado de un sacar tropas a las calles y pasearlas o tomar determinados puntos, para amenazar a los gobiernos obligándoles a tomar determinadas medidas. Si la intentona no triunfaba en unas horas o días, se deponían armas y se marchaba al exilio. Pero en esta ocasión ocurrió lo inesperado. Las clases populares se pusieron en pie y derrotaron a los sublevados en las principales plazas. Los pueblos no serían en esta ocasión meros espectadores, sino que tomaron en sus manos la lucha contra los golpistas, saliendo a la calle, rodeado los cuarteles de los sublevados y haciéndose con el poder efectivo. La República se acostó burguesa y española y se levantó obrera y, de facto, convertida en repúblicas de los pueblos. Se formaron milicias que marcharon hacia los lugares bajo control militar, retomando algunos y paralizando el avance de las tropas golpistas en casi todos los frentes. Que diferencia con la “noche de los transistores” del 23F, en que la población se limitó a temer, escuchar y esperar. Diferencia que marca la distinción entre pueblos conscientes y poblaciones alienadas. Hasta entonces se había tratado de un pronunciamiento más. Pero la reacción y el activismo popular no sólo orrorizó a las oligarquías, sino que les termino de convencer de que el grado de consciencia identitaria y de clase por parte de los distintos pueblos trabajadores había alcanzado tal nivel que las convertía en irreversibles. Unas clases populares que toman el protagonismo, que autogestionan su presente, sin depositarlo en manos de “representantes” ni de “líderes”, resultan ingobernables e irreconducibles dentro de los cauces burgueses de la “democracia parlamentaria”. Ya no bastaba con un “golpe de timón” autoritario, se imponía la necesidad de una “solución final” con respecto a unas clases trabajadoras y populares que habían conquistado su libertad y no estarían dispuestas a perderla ni a hacer dejación de ella. Aquellas milicias obreras y populares organizadas improvisadamente en cada territorio por las izquierdas nacionales y revolucionarias no salieron a las calles “en defensa de la República”. De una “democracia parlamentaria”. De un Estado imperialista y burgués. La inmensa mayoría lo hicieron en defensa de sus pueblos, de su libertad colectiva y de sí mismos como clase. Y si lo hicieron en la trinchera de “La República” fue porque en la de enfrente se encontraba el enemigo nacional y social. Lo que aconteció en las calles y en los campos, aquellos primeros días y en los siguientes meses, no fue una contienda en defensa de “las libertades”, sino batallas de liberación popular, combates antifascistas y luchas armadas de clase. Como consecuencia, la burguesía, consciente de todo ello, reconduce el Golpe de Estado hacia lo que podría calificarse como guerra prolongada de exterminio. Ya no bastaba con aterrorizar y contener, ahora se trataba de acabar con una generación “inservible” para el Sistema y de establecer un régimen que efectuase una reeducación colectiva y reconvirtiese en reutilizables a sus descendientes. Ese cambio de estrategia y metas quedaría simbolizado en la sustitución de la bandera española tricolor por la bicolor. La primera vez que se izó la “rojigualda” fue el 15 de agosto de 1936 en Sevilla por parte de líderes golpistas como Franco, Queipo, etc. El que sucediese transcurrido un mes del Golpe, y no unos pocos días, prueba el cambio de rumbo y niega la explicación de que no se utilizase con anterioridad para confundir, como mantiene la historiografía oficial. La construcción del mito de la II República La mitología en torno a la II República comenzará a conformarse en el inicio de la lucha armada de resistencia antifascista y anticapitalista emprendida por los pueblos trabajadores tras hacer fracasar el Golpe, y tras su transformación por los militares en una guerra de extermino contra las clases populares. Las autoridades republicanas se apropiaron de un triunfo que no les pertenecía y lo publicitaron como propio. Las fuerzas reformistas que sustentaban al gobierno y parte de las izquierdas revolucionarias, cuyo erróneo análisis del contexto les hizo apoyar al Estado, convirtieron lo que en realidad era lucha de clases y de sistema socioeconómico, en lucha pro-democrática y pro-republicana. A todo ello habrá que añadir que, a modo de propaganda pro-republicana, se le atribuyeron a ésta objetivos e idearios que tampoco fueron nunca suyos. Todo lo que en la II República Española, antes y durante la guerra, hubo de praxis o intencionalidad transformadora, fue impulsado por las izquierdas revolucionarias y llevado a cabo por las clases populares, no por el Estado. Este conjunto de equívocos contribuyó a que una democracia parlamentaria burguesa apareciera como paradigma de lo popular y lo obrero. A partir de agosto de 1936, mientras los militares trasmutaban el golpe en guerra contra el pueblo, el gobierno republicano y las fuerzas que le sustentaban y apoyaban se dedicarán a intentar recuperar el control del Estado. Parecían más preocupados de quitarle el poder a las milicias populares y acabar con cualquier tipo o grado de autogestión popular que de hacer frente eficazmente al fascismo. El triunfo final de las políticas de reforzamiento del Estado estará simbolizado en los sucesos de Mayo de 1937 en Barcelona. Y ese triunfo de “la legalidad republicana” supuso, a su vez, el principio del fin de la propia II República Española. Durante el periodo miliciano y de poder popular, los facciosos fueron derrotados o detenidos. A partir del desarme popular y del desmantelamiento de su poder, “La República” no hará otra cosa que perder y retroceder. Y si aún se resistió cerca de tres años será también gracias al sacrificio y determinación popular, y a pesar de los múltiples errores y contradicciones del gobierno y el ejército regular. El segundo periodo de construcción del mito republicano corresponderá al que trascurre a lo largo de la Dictadura y será elaborado tanto por las fuerzas republicanas y reformistas “en el exilio” como por el revisionismo “en el interior”, que reducirían la problemática republicana a una mera cuestión del logro y defensa de las libertades formales, y la del antifranquismo a la lucha por su recuperación, así como la de una guerra de clases y contra el pueblo a una “guerra civil”, a un enfrentamiento entre partes del pueblo, y a  una "guerra fratricida”, entre hermanos sociales, equiparando a agresores y agredidos, elevando a la categoría de pueblo  a los golpistas y a los fascistas, y dándole así, de facto, también legitimidad al régimen. Los futuros “eurocomunistas” abandonarán la lucha armada de resistencia a partir de 1948, acabando con la actividad guerrillera, sustituida a partir de los cincuenta por una “política de reconciliación nacional” que buscaba el pacto con la oligarquía y sectores del franquismo. Esta nueva estrategia se concretizará en el Manifiesto-Declaración de 1956, en el que se afirmaba “estar dispuesto a contribuir sin reservas a la reconciliación nacional de los españoles, a terminar con la división abierta por la guerra civil”. Según Manuel Azcárate, histórico dirigente del PCE de la época, esto se hacía “a fin de sustituir la dictadura franquista por un régimen de libertades cívicas sin abrir un nuevo período de luchas sangrientas y guerras intestinas” basada en el acuerdo “entre fuerzas que veinte años antes habían combatido en bandos opuestos”. Casualmente, o quizás no, esta política de “reconciliación” y de “superación” de las “divisiones entre españoles” se asemejaba a la sostenida en paralelo por los franquistas. Por ejemplo, el enterramiento de miles de restos de "republicanos" en el “Valle de los Caídos”, sacados de las fosas comunes en que habían sido enterrados tras asesinarlos,  se justificó atendiendo a dichos criterios. Esta política se acentuaría en los sesenta en que el régimen pasó de conmemorar “la victoria” a “la paz”, aquellos “25 años de paz” de 1964, bajo la dirección de los sectores “aperturistas”, encabezados por “reformistas” como Fraga Iribarne, que según manifestaba pretendían realizar “desarrollos políticos” dentro del régimen conforme a “las necesidades de la reconciliación nacional, dentro de reglas constitucionales aceptadas por todos”, lo que “hacía indispensable la aceptación de algunas ideas, nos gusten o no”, en clara referencia a las libertades formales y un sistema parlamentarista. Con estos argumentos se construyeron, al unísono entre fascistas, reformistas y revisionistas, no sólo los pilares del mito de la II República, de aquella primera “transición”, sino los de la segunda, los de la “democracia” iniciada tras la muerte del Dictador. Basta con observar estas coincidencias ideológicas y estratégicas para ver en ellas los orígenes de la visión actual de “La República” , así como las bases sobre las que se asentaría esta segunda “transición” y los contenidos de su “reforma democrática” que dio lugar al régimen continuista de 1977. Más aún, es en esta reescritura de la historia y esta “reeducación” sufrida por los hijos y nietos de aquellos que se defendieron de la agresión social y nacional con las armas en la mano, efectuada a la vez por el fascismo y el "republicanismo" espaoñoles, en la que se encuentran los porqués de que hoy puedan pasar por alternativas de cambio tanta propuesta socialdemócrata, pequeño burguesa y estatalista. Cuando Franco pronunció aquello del “todo está atado y bien atado” tenía razón. Lo estaba y lo está, y se pretende que siga estándolo, precisamente a través de esos “cambios” que traerían consigo la nueva “reforma democrática” del Estado Español que conllevarían una tercera “transición” española, sea ésta monárquica, federal o republicana. Sin ruptura previa, total y radical con el régimen existente, sin recuperación previa de nuestra libertad colectiva, solo puede haber y sólo habrá más de lo mismo. Todo continuará “atado y bien atado” contra el pueblo trabajador andaluz. Francisco Campos López



  • 28 F: IGUALDAD TERRITORIAL & DESIGUALDAD SOCIAL.
    Ali Manzano
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    28/02/2016
    GUSANA DIAZ1Si analizamos la situación económica y social de Andalucía a través de los marcadores económicos y estadísticos: paro, emigración, renta per cápita, PIB, endeudamiento familiar, desahucios, propiedad de la tierra y medios de producción, precariedad laboral, población por debajo del umbral de pobreza, pensiones, cotizaciones a la seguridad social, inversiones públicas, así como los recortes en dependencia, educación, sanidad...podemos comprobar que estamos a la cola del Estado español y de Europa, con una economía extractiva y de servicios propias de los pueblos colonizados, donde la materia prima de la colonia es manufacturada en la metrópoli. Y con una industria de Sol y Playa en manos de empresas foráneas que cotizan sus impuestos en su lugar de residencia. A esta situación de desigualdad de Andalucía respecto del Estado español, hay que añadirle la desigualdad entre clases sociales, puesta de manifiesto por una tasa de paro de más del 30% y de un porcentaje de población activa que no llega al salario mínimo, que en el caso de la mujer, supera el 50%, frente a una élite económica compuesta por grandes terratenientes y beneficiados por el boom del ladrillo, por las adjudicaciones públicas y las subvenciones agrícolas, aumentando las diferencias de renta entre una minoría que sin llegar al 10% de la población posee un 50% de la riqueza, mientras que el 40% solo posee el 3%. Andalucía como salvaguarda de la “unidad de España” Y en esta situación de desigualdad entre territorios y entre clases sociales, llegamos a un 28 de Febrero donde nuevamente Andalucía es utilizada como ariete contra todos aquellos que pongan en cuestión la Unidad de España o la actual uniformidad territorial surgida de la constitución del 78. Nuevamente a los andaluces/as nos llaman a frenar las reclamaciones de los pueblos que exigen más derechos, más soberanía o incluso la independencia, de una forma mezquina, mediante engaños, falsedades, manipulaciones, de las que un tal Felipe González era un maestro avezado, y hoy su alumna más aventajada en la manipulación, la mentira y el engaño, Susana Diaz, nos llama a movilizarnos contra los que pretenden “romper la igualdad”, contra los que quieren una España a “dos velocidades”, prometiéndonos que no va a consentir que ninguna autonomía sea más que Andalucía, es decir, que no va a consentir que ninguna de las naciones peninsulares pueda avanzar hacia la soberanía o hacia un modelo de gestión con más competencias. Unidad por abajo, unidad sin derechos, unidad en la carencia de poder popular, uniformidad jurídica, legislativa y económica para mantener el estatus quo actual, donde las diferencias entre territorios no son relevantes mientras todos tengan las mismas instituciones con las mismas competencias, sometidos a una estructura inamovible fruto de una Constitución pactada entre el franquismo y la socialdemocracia, donde las diferencias entre clases sociales no son una preocupación mientras se mantenga la paz social que necesita la oligarquía española. El PSOE, a la cabeza de la “Unidad de España”. El PSOE se aúpa a la cabeza de la defensa de la “unidad de España” aunque cobardemente intente esconderla bajo frases que aparentan otro significado: “igualdad entre territorios”, aunque eso no implique igualdad entre clases sociales, ni implique un avance en la recuperación de los derechos sociales perdidos por la clase trabajadora en estos últimos años en los que se ha puesto de manifiesto el carácter insolidario del capitalismo como sistema y de las clases sociales privilegiadas por este, ni implique una sanidad igual para todos ni una enseñanza igual para todos. Mientras se utiliza la bandera blanca y verde para lanzar a los andaluces contra los derechos de otros pueblos, se continúa con las privatizaciones de bienes y servicios públicos, la degradación de la sanidad y la enseñanza pública; aumenta la utilización de suelo andaluz para fines militares dentro de una organización de agresión colonial como es la OTAN; el campo andaluz continúa perdiendo ingresos y población activa por unas políticas europeas que benefician a las grandes empresas comercializadoras y a la industria alimentaria; con un elevado paro agrícola motivado por la ausencia de una Reforma Agraria que ponga en producción miles de hectáreas improductivas mientras la emigración de los andaluces y andaluzas se está convirtiendo en una vuelta al pasado más doloroso cuando tras sufrir una cruel guerra de exterminio ideológico, cientos de miles de andaluces/as tuvieron que emigrar para sobrevivir a otra condena aún peor, la económica. Eran los años 60 y 70 del siglo pasado que hoy vuelven al presente de muchas familias andaluzas a las que no ha llegado la “igualdad” que la “hija de Felipe” tanto defiende. El miedo como instrumento de sumisión. El miedo como arma de manipulación y sometimiento es difundido por el gobierno de Susana Diaz a través de la TV pública y de los innumerables medios de comunicación a su alcance: miedo a que seamos perjudicados económicamente por el avance de la soberanía de los pueblos catalán y vasco, miedo a que un proceso de reforma territorial del Estado nos hunda más aún en la miseria que padecemos. Y tendríamos que preguntarnos los andaluces: aún nos podrían joder más?. Debemos tener miedo?. En el trasfondo ideológico y psicológico de la campaña que el PSOE está haciendo para continuar adueñándose de los símbolos andaluces y sacar provecho electoral, está el mensaje subliminal que lanza a los andaluces: incapacidad de gobernarnos por nosotros mismos, dependencia de España, necesidad de España, miedo a la soberanía. El futuro de Andalucía no depende, ni para bien ni para mal, de una reforma territorial en el Estado español, ni nos va a perjudicar que otros pueblos que al igual que el andaluz están sometidos a la dictadura del Estado español, avancen hacia su autogobierno. Nuestro enemigo no es Catalunya ni Esuskalerria, nuestro enemigo es la dependencia política y económica de los centros de poder capitalista que rigen nuestras vidas: Madrid, Bruselas, Washintong...nuestro futuro depende de que consigamos recuperar la soberanía como pueblo y el control de nuestros recursos económicos y humanos. El neoespañolismo disfrazado de verde y blanco no nos va a traer nada nuevo. 'Si siempre hacemos lo mismo, siempre obtendremos los mismos resultados', si aceptamos el chantaje del miedo ya sabemos lo que nos espera, lo mismo que estos últimos 30 años de gobierno socialista en la Junta, Si queremos subvertir la situación económica y social de Andalucía, hay que pasar de la dependencia del Estado español y de sus instituciones a la Independencia, de la monarquía española a la República Andaluza. Alí Manzano para La Otra Andalucía.



  • 28F: El día del régimen y de los del régimen en Andalucía
    Francisco Campos
    Logotipo APR2
    28/02/2016

    La Andalucía oficial conmemora otro 28 de febrero. Nuevamente se nos bombardeará acerca de la importancia de dicho día, de los logros derivados de él y del gran triunfo que supuso para nuestro pueblo. Un 28 de febrero que es rememorado, nada más y nada menos, que como el Día de Andalucía, y designado como tal en sustitución del 4 de diciembre. Una sustitución nada casual. Un cambio que simbolizó el triunfo del mayor proceso de engaño colectivo sufrido por nuestro pueblo en las últimas décadas, y que formaba parte de otro más amplio, el de la “transición”.

    Tras la muerte del Dictador, se pone en marcha la maquinaria del régimen con vistas a hacer posible su permanencia y continuidad. Una maquinaría legislativa e institucional ideada por el propio franquismo para asegurar la razón de ser primordial del golpe de estado del 36 y de la posterior instauración del “régimen del 18 de Julio”: la defensa del capitalismo y de España. España y capitalismo no son términos disociables ni diferenciables ya que la “nación española” y los estados españoles no son más que dos nomenclaturas de la perpetuación de los restos peninsulares / insulares del viejo Imperio Español, que bajo batuta burguesa es transformado en imperialismo capitalista. Todo nacionalismo y estatalismo español son pro-capitalismo.

    Políticamente hablando, desde principios del S. XVI y hasta mediados del XIX, España fue sólo el apellido de ese Imperio. Mediante el mismo se designaba a las distintas naciones bajo dominio imperial, con independencia de su ubicación. "Las españas". Un imperio cuya realidad era europea, no “española”, a cuya cabeza se encontraba una dinastía ajena a la Península, austriaca, los Habsburgo. Si finalmente se terminó adjetivando como “español” no fue por ninguna cuestión “nacional”, sino accidental, derivado de que su centro administrativo, la Corte, acabó enclavado en la Península por cuestiones políticas y geoestratégicas. Mientras existió, hasta el XIX, España y español fueron sinónimos de Imperio y de súbdito del Imperio. No de un país concreto o un pueblo específico.

    Todavía a comienzos del XIX poseía ese significado imperial. En la Constitución de Cádiz de 1812, su artículo 2º afirma que “la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” y según su artículo 5º los españoles son “todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas”. “Nación española” era equivalente a Imperio y español a habitante del mismo. Había tantas “Españas” como dominios imperiales. Como territorios y pueblos incluía. De ahí el uso del plural. Tan “España” era Castilla como México, tan “español” era un gallego como un filipino. Nada que ver con la nación entendida como un país específico y pueblo único que abarcan las fronteras de los actuales estados españoles.

    De las Españas a España

    La Constitución de 1812 será la única que definirá políticamente lo que es España. Ninguna otra lo hará desde entonces. Las siguientes “de la monarquía española”, como se denominarán todas las del S. XIX, darán por hecho su existencia y pasarán a nombrarla en singular. Ya no habrá más referencias a “las Españas”, sólo a España. Sí se seguirá definiendo a los españoles: “todas las personas nacidas en los dominios de España” (la de 1845). “Las personas nacidas en territorio español” (las de 1869 y 1876). Estas diferencias no son sólo semánticas. El cambio de denominación de “las Españas” a España, y de “dominios de España” a “territorio español”, constituyen la plasmación del paso del Imperialismo universalista del antiguo régimen al capitalista peninsular/insular: Del viejo Imperio Español a los imperialistas estados españoles.

    El proceso para llegar a dicho cambio se inicia con la muerte de Fernando VII en 1833. Tras su fallecimiento los borbones se dividen en dos tendencias en disputa por el trono; los partidarios de su hermano Carlos, los carlistas, y los de su hija Isabel, los isabelinos. Los isabelinos se encontraban en desventaja, son minoría, por lo que para asegurarse la supremacía se aliaron con la igualmente débil naciente burguesía. Es en esta alianza donde se haya el porqué de la inexistencia de “revolución burguesa”. Les fue innecesaria para lograr el acceso al poder.

    Esa llegada al poder de las oligarquías burguesas a través de su pacto con el sector isabelino de los borbones, y el posterior triunfo de dicha alianza, aconteció en una etapa del Imperio en que éste agonizaba. Había perdido la práctica totalidad de sus colonias y quedó reducido a sus posesiones peninsulares, las “islas adyacentes” y unas pocas “posesiones ultramarinas”. Su llegada al poder en un Imperio en plena desintegración y la necesidad de la adecuación del mismo a sus necesidades de control y monopolio sobre mercados, materias primas, mano de obra, etc., conllevó ese cambio de las Españas a España. Del Imperio Español a un imperialista Estado Español. Y eso es lo que se refleja en los cambios constitucionales producidos a partir de 1845.

    El Estado es el instrumento ideado por la burguesía para ejercer su poder omnímodo sobre los pueblos. Supone la sustitución del “derecho divino” y el “derecho de sangre” esgrimido por la aristocracia, por el del derecho de “representatividad”. El Estado se arroga el derecho a gobernarlos, en realidad la burguesía a través de él, porque afirma representarlos. Es la “democracia representativa”. Se pasa del absolutismo aristocrático a la dictadura del Capital.

    De ahí el que cuando la burguesía alcanza el poder en el moribundo Imperio Español lo reconvierta, al menos formalmente, en Estado Español. Pero el hecho de que el Imperio esté conformado por distintas naciones y pueblos supone un obstáculo que lo imposibilita, pues desde la teorización burguesa del Estado, éste es la representación de una nación, el Estado-nación, y la nación es el territorio de un pueblo específico. La solución fue “nacionalizar” el Estado, simbolizado en la sustitución del término “las Españas” por el de España. La creación de una ficticia nación española que abarcase todos los países aún bajo control imperial y un pueblo español igualmente ficticio que englobara a todos. Y para hacerlo posible resultaba imprescindible la negación de los países y pueblos si realmente existentes, así como la de sus historias propias, sus identidades diferenciadas, etc.

    Serán los sectores intelectuales “progresistas” decimonónicos, aquellos que representaban a la ideología burguesa “avanzada” en los distintos campos sociales, culturales y científicos de la época, los constructores del ideario nacionalista español. De la invención y justificación de la supuesta existencia de esa nación y ese pueblo español. Para ello retomarán las mitologías medievales eclesiásticas y castellanas transformándolas en recreado origen histórico de la nueva “nacionalidad”. Lo que hoy se nos vende como parte de un pretendido pasado común son fabuladas y desarrolladas entonces a partir de esas leyendas y convertidas en “verdades” académicas incuestionables: invasión árabe, reconquista, unificación por los “reyes católicos”, expulsión de los “moros”, repoblación castellana, la hispanidad, etc. Y serán estos sectores intelectuales “progresistas” burgueses los que nutrirán las visiones historicistas de la izquierda e instruirán a las clases populares, coadyuvando así a la expansión del españolismo entre ellas.

    En el caso español, por lo tanto, no estamos ante el típico esquema teórico de un país y un pueblo que en el XIX se constituyen en Estado-nación bajo la hégira burguesa, sino ante los restos de un Imperio mantenido reestructurándose bajo forma de falso Estado-nación. No es el Estado el que surge de una nación y un pueblo preexistentes bajo el domino burgués, es el Imperio reconvertido en aparente Estado-nación el que idea una nación y un pueblo que justifiquen su permanencia. No es España la que crea el Estado Español, es el Estado Español el que crea España. Consecuentemente, todo estatalismo español es sinónimo de nacionalismo español y toda defensa de un estado español es defensa del imperialismo y el capitalismo. Todo lo español es intrínsecamente burgués.

    Andalucía y el Imperio Español

    Los antecedentes históricos y los precedentes del Imperio español se encuentran en el imperialismo castellano y el aragonés medievales. Centrándonos en el castellano, que es el que nos afecta, a finales del S.XI el rey castellano-leonés Alfonso VI iniciará una política expansionista haca el Este y hacia el sur, anexionándose amplios territorios vascos y manchegos, tras lo que se proclamará “Imperator totius Hispaniae”, Emperador de toda España, de toda la Península, pues ese era entonces el signifacado de España. La denominación geográfica de la Península.

    La conquista de Andalucía se iniciará a principios del S.XIII y terminará a finales del XV. En el XIII se trataba de apoderarse de las ricas tierras del Valle del Guadalquivir, las zonas mineras de Sierra Morena y las costas atlánticas de nuestra tierra. Con ello se dotaba al Imperio de unas riquezas y una población imprescindibles para ampliaciones aún más ambiciosas, hacia Europa y el norte de África. Diversas circunstancias frustrarán ambos proyectos, lo que unido a la resistencia andaluza en los territorios penibéticos, retrasará la conquista total del país hasta el XV, en que se reactivara, culminando con la caída del última ciudad libre, Granada, en 1492.

    La conquista de Andalucía no tiene parangón con otras anexiones territoriales efectuadas por el imperialismo castellano en la Península. En nuestro caso no se tratará sólo de la pérdida de libertades y derechos sino de nuestra propia identidad y existencia. Andalucía y los andaluces no serán tratados como tierra y población dominadas, sino colonizadas, al igual como posteriormente las poblaciones nativas americanas. De hecho, todas las estrategias empleadas allí fueron previamente practicadas aquí. En el hecho colonial se encuentran los orígenes de nuestra situación política y económica, y hasta de nuestra idiosincrasia sociocultural actual. Si no se analizan desde la óptica de país colonizado, sus porqués resultarán incompresibles.

    Como a los nativos americanos, las tierras nos serán arrebatadas y repartidas entre los invasores en inmensas extensiones. Origen del latifundismo. Los campesinos a quienes les han sido quitadas son obligados a trabajarlas en beneficio de quienes se las han apropiado. Origen de los jornaleros. Se apropian también de todas nuestras fuentes de riqueza: minería, pesca, ganadería, etc. Origen del subdesarrollo. Se nos prohíben nuestras costumbres, nuestra cultura, nuestra lengua, nuestras creencias, hasta nuestras vestimentas, imponiéndosenos las del conquistador. Se nos obligará incluso a demostrar pública y cotidianamente nuestra adhesión a las mismas. Origen de tan exacerbadas y exteriorizadas demostraciones de catolicismo y castellanismo, hoy de españolismo. Con el tiempo esta identificación inducida será tan completa que supondrá el olvido de quienes somos, caso único en la historia.

    Con la transformación del imperialismo castellano en Imperio Español, permaneció la ocupación y se culminó el proceso de colonización y de asimilación forzada. En contra de lo sostenido por la historiografía oficial. Andalucía no fue un emporio de riqueza. No vivió ningún “siglo de oro” durante dicha etapa. Efectivamente las riquezas procedentes del expolio americano eran desenbarcadas aquí, pero sus beneficios no revertían en nuestra tierra. Eran en su totalidad para la aristocracia ocupante y las distintas oligarquías asentada en nuestros puertos, principalmente el de Sevilla: castellanos, catalanes, genoveses, flamencos, ingleses, franceses, etc., eran los destinatarios, acaparadores y monopolizadores de los mismos.

    Con el paso del Imperio Español del antiguo régimen al nuevo Imperio burgués, al imperialismo capitalista de los estados españoles, no sólo nada cambiará en lo sustancial, sino que por el contrario todo se acentuará. En el S. XIX sufriremos una segunda colonización. Una recolonización, política, económica, social, cultural, etc., que se sumará a la ya existente, aumentando exponencialmente sus consecuencias, y que terminará de modelar la Andalucía actual.

    Andalucía en el Estado Español

    El pacto entre el sector isabelino de la aristocracia (esencialmente castellana) y la naciente gran burguesía, con su sector industrial y comercial (fundamentalmente vasco y catalán) y con el financiero - especulativo (fundamentalmente madrileño - cortesano), conllevo para Andalucía que la posesión de la tierra siguiese inalterado, en manos de las grandes familias aristocráticas, a las que se sumarán la burguesas foráneas a través de las desamortizaciones, así como un puñado de burgueses autóctonos al servicio del imperialismo.

    Ese puñado de burgueses, esa burguesía autóctona andaluza, muy minoritaria y pusilánime, no constituía realmente, y sigue hoy sin constituir, una burguesía nacional y mucho menos una gran burguesía propia, ya que los elementos destinados a componerla fueron erradicados o absorbidos durante la conquista y la posterior etapa de consolidación de ésta, y sustituidos en su papel por la oligarquía conquistadora, sino una burguesía auxiliar colonial, creada como tal por el mismo imperialismo, según sus propias necesidades y a su servicio, crecida a su sombra, cuya prosperidad dependía de su existencia y, por tanto, que estaba, y aún hoy sigue estando, plenamente identificada con él. De ahí que fuese tan castellana antes y hoy tan españolista, y que no esté interesada en el nacionalismo andaluz, potenciando en su lugar un regionalismo superficial que no atenta contra la dependencia y que sólo aspira a recibir las migajas que le corresponden por los servicios prestados, origen del “agravio comparativo” .

    La economía permanecerá siendo típicamente colonial, rentista y extractiva, utilizando una mano de obra barata, gracias a que es mantenida en condiciones de mera subsistencia, el pueblo trabajador andaluz. Aristócratas y burgueses foráneos (peninsulares y europeos) se repartirán las riquezas del país, monopolizando su extracción, destinándolas a la exportación y revirtiendo los beneficios en sus tierras. Grandes extensiones del territorio, así como gran parte de la producción y las infraestructuras, serán controladas por capitales europeos: ingleses, franceses y alemanes principalmente. El resto estará casi por completo en manos de peninsulares foráneos: vascos, catalanes, madrileños, etc.

    Esas burguesías ajenas cortarán todo intento de industrialización por parte de algunos elementos asentados en nuestra tierra o autóctonos. Como en cualquier colonia, mantener al país en el subdesarrollo resulta esencial. Aquí no se manufactura, se proporciona materia prima para que otros y en otros lugares lo hagan. Y de existir elaboración lo será de forma tangencial y subordinada a necesidades ajenas. No se sustituirá la colonización del antiguo régimen por la capitalista, se superpondrán y complementarán. Una doble colonización que en sus rasgos esenciales se ha mantenido inalterada hasta hoy. Otra singularidad histórica.

    Es en este cúmulo de causas en el que se encuentran los porqués de las diversas características de nuestra economía actual. Nuestro subdesarrollo, desindustrialización, índices de paro, precariedad laboral, etc., no son casuales o coyunturales. Son estructurales e impuestos. La consecuencia de seguir siendo colonia del Imperio tras su reconversión en Estado Español. Un Estado en el que las élites dominantes han repartido los papeles a desempañar por los diversos pueblos y en el que nos corresponde el de colonia interior del mismo. También en ese conjunto de hechos sociales derivados de la colonización, se encuentran los porqués de una burguesía, una “clase política” y una “intelectualidad”, tan débiles, tan dependientes. Siempre mirando y pensando en Madrid.

    La “transición” del régimen al régimen

    Los golpistas del 36 se autodenominaban “bando nacional” y llamaban a los anticapitalistas y a los nacionalistas defensores de la soberanía de los diversos pueblos “la antiespaña”. Para ellos España, su “nación”, equivalía a Estado único y a capitalismo, y los que atacaban a ese Estado único y al Capital atentaban contra España. Contra su misma esencia y existencia. Y no les faltaba razón.

    Fue por tanto el peligro que corría esa continuidad en su existencia del imperialismo capitalista español, del “libre mercado” y de la “nación” que lo amparaba, la causa del golpe de estado fascista. Y fue también el asegurarse de un cambio poblacional y generacional que impidiese el que volviese a estar en riesgo su existencia la razón de ser del franquismo. Si la Dictadura duró cuarenta años fue porque era el tiempo necesario para acabar con una generación, mediante la desaparición física, por asesinato o exilio de unos y la condena al silencio mediante el terror del resto, posibilitando así la educación en “valores” españolistas y pro-capitalistas de hijos y nietos. El exitoso resultado fue el “maduro pueblo español” que "protagonizó" la “transición”.

    Una “transición” que no sería ni conllevaría el paso de un régimen a otro sino de un modelo a otro dentro del mismo régimen. Del franquista al neofranquista actual. Por eso se reformaba, precisamente porque se trataba de mantenerlo. De sostener y asegurar lo esencial e incuestionable, actualizando lo accesorio y lo prescindible. Cuando se reforma algo no se le sustituye, se le conserva. Toda reforma conlleva mantenimiento de lo existente. Reforzarlo efectuando determinadas mejoras. Reforma no es sinónimo de cambio sino su opuesto, y la “reforma democrática” del 78 no fue una excepción.

    Lo esencial del “régimen del 18 de julio”, sus pilares sustentadores, aquellos que habían constituido los porqués del golpe fueron la defensa de “España”, del Estado único Español, y la del “libre mercado”, del sistema capitalista. Lo incuestionable era el proyecto trazado desde 1947, con la Ley de Sucesión, para llevar a cabo reformas del régimen a partir de la propia legislación vigente y cumplimentando sus previsiones constitucionales. Esa España definida en el artículo 1º de dicha ley: "España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino". Lo accesorio eran los formalismos. Los símbolos y nomenclaturas del mismo: yugos y flechas, movimiento nacional, corporativismo, etc. Lo prescindible la monopolización del poder por los partidarios del proyecto. Incluir en él a la “oposición democrática” formaba de los acuerdos alcanzados entre el régimen y las potencias occidentales cara al futuro, e incluía el que ésta se atuviese a él.

    Y, tras el fallecimiento de Franco así se hizo. En conformidad con la legislación fascista, su sucesor fue nombrado Rey, las Cortes aprobaron la “Ley para la Reforma Política” y a través de ella la oposición fue legalizada, pasando a formar parte del régimen mediante su participación en unas elecciones, las de junio de 1977, y la elaboración de una nueva constitución, de una reforma constitucional, también según la legislación franquista y las bases previstas en 1947: “unidad política”, capitalismo, y Estado “social y representativo” que “se declara constituido en Reino". La nueva Constitución se limitará a ratificarlo todo: “La indisoluble unidad de la Nación española” (art.2º), “la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado” (art.38), que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho” (art.1º), y que “la forma política del Estado español es la Monarquía” (art. 3º).

    Andalucía en la “transición”

    El proyecto de “reforma democrática” del régimen franquista, con respecto a Andalucía incluía el mantenimiento de su status quo neocolonial. Andalucía, la “joya dela corona” de esos restos del imperio permutados en Estados españoles, resultaba imprescindible dentro del esquema imperialista peninsular. Ese Estado Español creado al servicio de los intereses del Capital, en el que las élites dominantes han repartido los papeles a desempañar por los diversos pueblos, y en el que al andaluz le correspondía el de permanecer como sempiterna colonia interior.

    Pero para mantener esa Andalucía de economía colonial: rentista, extractiva y “de servicios”, se necesitaba perpetuar y ahondar en la mentalidad colonizada de nuestro pueblo. Como en cualquier colonia o situación neocolonial, un pueblo trabajador andaluz sometido, paralizado y resignado, alienado e ignorante de sí mismo, resultaba fundamental para asegurarlo.

    Pero un 4 de diciembre de 1977 saltaron todas las alarmas del régimen. Tras las primeras elecciones de junio del 77, las “izquierdas” que habían formado parte del pacto de la transición y que pasaron a formar parte del régimen, fundamentalmente PSOE y PCE, vieron frustradas sus expectativas de gobierno ante el triunfo de la UCD, el PP de entonces. Frente al poder de la derecha en el Estado idearon entonces impulsar un contrapoder local y “regional” que no sólo contrarrestara sino que, a su vez, les sirviese de catapulta para ganar las siguientes generales.

    Es por ello por lo que en Andalucía, sólo seis meses después de aquellas elecciones, se impulsa un movimiento autonomista que no pretendía ni estaba interesado en levantar Andalucía ni en despertar a nuestro pueblo, sino solamente en utilizarlo como herramienta de acceso al poder. Ese movimiento organizará manifestaciones en toda Andalucía aquel 4 de diciembre de 1977. De dicho movimiento también formaría parte el regionalismo representado por el PSA y una izquierda real, completamente desorientada y sin capacidad de análisis objetivo de nuestra realidad, fácilmente manejable por la izquierda del régimen, como lo venía siendo desde el 75, y aún hoy lo es.

    Pero aquel 4 de diciembre del 77, el pueblo andaluz hizo suya aquellas manifestaciones y las reconvirtió en una demostración masiva de auto-reconocimiento y de exigencia de derechos. Dos millones de andaluces se echaron a la calle, mostrando su consciencia identitaria, su orgullo de ser andaluces y en exigencia de autonomía y de autogobierno. Autonomía y autogobierno que entendían como sinónimos de capacidad de gobernarse a ellos mismo y por ellos mismos. Aquella respuesta inesperada, que sorprendió a los propios convocantes, asustó al régimen, pues significaba un pueblo despierto y en pie, que lo convertía en “ingobernable”. No era posible mantener la Andalucía neocolonial prevista con un pueblo activo y combativo.

    Del 4D al 28F

    Como consecuencia se inicia un plan orquestado de engaño masivo al pueblo, que consistía en desactivar aquel movimiento popular del 4D y reconducirlo. La desactivación se realizará no volviendo a convocar ningún otro 4D de esas características, y su reconducción se concretizará en el llamado “Pacto de Antequera”. El siguiente 4 de diciembre, el de 1978, en lugar de volver a convocar otras manifestaciones masivas, manteniendo así en pie al pueblo, los “lideres” políticos y los parlamentarios, convocados por una “junta pre-autonómica”, se reúnen en Antequera y firman un acuerdo en cuyo preámbulo ya dejan clara sus intenciones: “como muestra de apoyo activo a la Constitución Española, en aceptación del marco autonómico en ella contemplado y como vía para fundamentar lo más sólida y rápidamente posible la nueva estructura del Estado Español, basada en la indisoluble unidad de la Nación española, en la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y en la solidaridad entre ellas”.

    Un detalle trascendente y significativo a tener en cuenta es que la Constitución Española a la que se hace referencia aún no existía, jurídicamente hablando. Sólo era un anteproyecto, aún no aprobado en referéndum, ni ratificado por el rey, ni publicado en el BOE, por lo que no había entrado en vigor. Luego el significado de esa adhesión a una continuación inexistente era en realidad un compromiso de acatamiento a los límites marcados en la transición. Esa “nueva estructura del Estado Español, basada en la indisoluble unidad de la Nación española”.

    El acuerdo incluía “desarrollar los esfuerzos unitarios encaminados a conseguir para Andalucía, dentro del plazo más breve posible, la autonomía más eficaz en el marco de la Constitución”. “Promover, a través de los medios constitucionales adecuados, en todos los Ayuntamientos de Andalucía, la iniciativa autonómica en acción coordinada por la Junta de Andalucía”. “Apoyar el Proyecto de Estatuto de Autonomía que elabore la Junta y aprueben los órganos que a este fin determina la Constitución”. “Defender la aprobación del citado Estatuto de Autonomía cuando éste sea sometido a la decisión del pueblo andaluz”. En definitiva, comprometía a circunscribir las reivindicaciones andaluzas a los límites previstos y a defender esos límites ante el pueblo.

    Pero el Pacto de Antequera conlleva también el quitarle el protagonismo al pueblo. Sacar las reivindicaciones de la calle y llevarla a las “instituciones". Cambiar la acción directa del pueblo por la pasividad de limitarse a esperar los logros que obtuviesen para ellos y en su nombre sus “representantes”. O sea, además de reconducir el proceso desactivar por completo al pueblo.

    A partir de la firma del Pacto de Antequera se pondrá en marcha la maquinaria del régimen con los partidos como actores de una obra de engaño masivo. Se nos hará creer que la autonomía prevista en la Constitución, esa mera descentralización administrativa del Estado y de gestión delegada en su nombre, equivalían a la autonomía real y al autogobierno reclamados. Se dividirán los papeles de buenos y malos en la representación teatral, haciéndonos creer que los unos luchaban por “la autonomía plena” del 151 y los otros por restringírnosla a través del 143. Y todo ello para condicionarnos y hacernos creer que ganábamos cuando, en realidad, éramos derrotados en nuestras aspiraciones. La obra culminará en el referéndum del 28F. Si hubo una respuesta tan masiva y afirmativa por parte de nuestro pueblo fue porque se le hizo creer el embuste. Creían que votaban autonomía cuando lo hacían por la descentralización. Por tanto no hubo triunfo sino derrota.

    El “Estado de las autonomías”

    La “reforma democrática” del régimen incluía, además de su continuidad y la adecuación de sus estructuras a formalismos democrático-burgueses, compartir el poder con la “oposición democrática”. Pero también atender los intereses de las grandes burguesías nacionales vasca y catalana, representados dentro de la “oposición” por sus respectivos partidos. Unas burguesías que estaban interesadas en el mantenimiento de los estados españoles, ya que económicamente se beneficiaban de ello, pero que a un tiempo aspiraban a controlar sus propios territorios. El resultado fue “el Estado de las autonomías”.

    Un autonomismo que respondía a esos intereses y que estaba previsto circunscribirlo a ambos países. De ahí la distinción entre “nacionalidades” y “regiones” en la Constitución del 78. Las “nacionalidades” serían la vasca y la catalana. El resto sería “nación española” formada por distintas “regiones”. Limitar las “nacionalidades” a esas dos es la razón de escoger una medida tan arbitraria como poseer estatuto de autonomía aprobado durante la II República Española a la hora de determinar si se era “nacionalidad histórica”, pues en ese periodo solo lo lograron vascos y catalanes. Pero obligó a incluir a Galicia, considerado un “mal menor” asumible.

    Para el resto, para “las regiones”, estaba previsto un grado de “delegación de competencias” mucho menor y que además, si querían obtenerlas, en lugar de poseerlas automáticamente, como en el caso vasco y catalán, debían solicitarlas a través de un proceso previsto en el Título VIII de la Constitución, a través del artículo 143, más fácil y lento, u otro, aparentemente más igualitario con respecto al “techo competencial” alcanzado por las “nacionalidades” pero mucho más difícil de lograr, la opción del 151. Aparentemente porque, en caso de lograrse, lo previsto era corregirlo en la praxis, como ocurriría en Andalucía.

    Un autonomismo que, en cualquiera de los casos, no iban más allá, ni permitian ir más allá, de lo meramente administrativo. De la gestión parcial de competencias, en nombre del Estado único y formando parte estructural del propio Estado. Las “instituciones autonómicas no son ni actúan más que como meras “delegaciones regionales” del Estado, del que forman parte: “El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas” (art. 137). Ayuntamientos, diputaciones y “autonomías” sólo son sucursales administrativas del Estado. Se escoja el camino que se escoja sólo eso se logra y sólo eso se puede alcanzar.

    “La soberanía nacional reside en el pueblo español” (art.1.2). Bajo este subterfugio, al otorgar la soberanía, o sea, la capacidad de acción y decisión colectiva, a un inexistente pueblo español, en realidad lo que los neofranquistas del 78 hacen es negarles sus soberanías, sus derechos y libertades a los pueblos sí realmente existentes, al tiempo de que se aseguran el control absoluto sobre ellos y las "comunidades autónomas". Ninguna normativa podrá ser aprobada ni ninguna actuación podrá ser llevada a cabo en ellas o por ellas sin la previa aquiescencia y la supervisión del Estado, o sea, del Capital que nos gobierna a traves de él. A tal extremo llega el control que en caso de que intentasen ir por libre podrían ser intervenidas por el Estado: "Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones” (art. 155.1).

    El 28F, el día del régimen y de los del régimen

    La Andalucía actual, la de la dependencia, la alienación y el subdesarrollo, es la consecuencia directa, no de tres décadas de gobiernos del PSOE, como se nos vende para mantener el estatus quo surgido de la transición, reduciendo nuestras aspiraciones y luchas a quien nos gobierna o como se nos gobierna, sino del propio 28F, del "autonomismo" en sí mismo. Aquel referéndum no supuso el triunfo de los andaluces, sino el triunfo del régimen sobre los andaluces. El 28F acabó, a corto y medio plazo, con la posibilidad de cambio real en Andalucía, a través de un pueblo consciente y en pie, en lucha por sus derechos y su libertad. El 28F no supuso la continuación, la consecuencia o la culminación del 4D, sino su destrucción. No hay compatibilidad posible entre ambas fechas. El 28F representa al "Estado de las autonomías" de la "transición", o sea, al continuismo neofranquista. Al régimen en Andalucía.

    El 4D el pueblo andaluz salió a las calle. Mantener el espíritu de aquel 4D hubiese conllevado mantener la calle como espacio de actuación y de reivindicación. El 4D el pueblo andaluz fue el protagonista. Mantener el espíritu del 4D hubiese conllevado mantener el protagonismo popular. El 4D el pueblo andaluz actuó por sí mismo. Fue un acto de acción directa. Mantener el espíritu del 4D hubiese conllevado mantener esa acción directa popular. El 4D reivindicó el derecho a gobernarnos a nosotros mismos y según nosotros mismos. Mantener el espíritu del 4D hubiese conllevado mantener la lucha por gobernarnos a nosotros mismos, por nosotros mismos y según nosotros mismos.

    En cambio, el proceso iniciado con el Pacto de Antequera y culminado con el referéndum del 28F significa y supone lo opuesto. Si el 4D era la calle, el 28F eran las instituciones. Si el 4D era protagonismo popular, el 28F era el protagonismo de los “líderes”. Si el 4D era acción directa, el 28F era la pasividad de la “representatividad”. Si el 4D era reivindicación de derechos y autogobierno, el 28F era reivindicación de descentralización y delegación de competencias. Si el 4D era exigir gobernarnos a nosotros mismos el 28F es aceptar y acatar el ser gobernados.

    Reivindicar el 4 de Diciembre es reivindicar la Andalucía libre y la lucha por la Andalucía libre, mientras que reivindicar el 28 de Febrero, el "autonomismo", es reivindicar la Andalucía dependiente y sometida, la Andalucía del régimen neofranquista de la transición. Es reivindicar la Andalucía esclava, la Andalucía española. El 28F es el día del régimen y de los del régimen, de sus partidarios en Andalucía. Presisamente porque ambas fechas contienen estos sifnificados tan diferentes y antagónicos, es por lo que el régimen y los del régimen en Andalucía, desecharon el 4D como Día de Andalucía y escogiero en su lugar el 28F como el día de su Andalucía.

    Ni por la dignidad ni por las “emergencias sociales”, por nuestra libertad·

    Las diversas problemáticas de Andalucía tienen un mismo origen: La conquista Castellana del XIII alXV, la permanecia de la ocupación bajo el Imperio Español y su perpetueción en los estados españoles. Todas ellas derivan o estan condicionadas y determinadas por la ocupación y coloniazación del país. Hasta el siglo XIII, Andalucía fue una potencia política, económica y cultural que se encontraba entre las más avanzadas de su época. Mientras fuimos nuestros propios amos y los dueños de nuestra tierra hubo prosperidad, desarrollo y bienestar. Fue a raíz de la colonización, cuando dejamos de ser nuestros propios amos y los dueños de nuestra tierra, cuando se inició nuestra falta de prosperidad, desarrollo y bienestar. Una situación inherente al hecho colonial y que se mantiene hasta la actualidad, porque seguimos sin ser nuestros propios amos y los dueños de nuestra tierra.

    A lo largo de la historia no existe un solo caso de país colonizado que haya prosperado. Todos fueron colonizados precisamente para arrebatarles sus riquezas y esclavizarlos, posibilitando así la prosperidad del ocupante a costa de la suya. De ahí que allí donde ha habido colonización los pueblos hayan puesto sus esperanzas no en prosperar dentro del estado colonial, sino en lograrlo acabando con la colonización. Allí donde ha habido colonización los movimientos políticos de dichos pueblos han actuado como movimientos de liberación, y a la cabeza de los mismos siempre se han situado las izquierdas verdaderamente revolucionarias.

    El subdesarrollo, el paro, la falta de oportunidades, de cultura, de legislaciones favorables a las clases populares, etc. No hay un solo parámetro de nuestra realdad política, económica o social que no se origine en el hecho colonial y que no se perpetúe como consecuencia de la permanencia del hecho colonial. Somos el “furgón de cola” del Estado por la mismas razones y las mismas causas que lo es el “tercer mundo” con respecto al imperialismo capitalsta occidental. Somos el “tercer mundo” del imperialista Estado Español. Y no podremos dejar de serlo dentro del Estado español, sino contra el Estado Español, porque es el formar parte del Estado Español el motivo y el origen de nuesttras carencias. Los estados imperialistas no se reforman ni se mejoran, se combaten y de erradican.

    Todo comenzó con la falta de libertad y todo cambiará sólo a partir de que recuperemos nuestra libertad. Luchar por la dignidad de un pueblo es luchar por su libertad. No hay dignidad sin libertad. Luchar para solventar las emergencias sociales es luchar por acabar con las causas de la misma. No se trata de luchar por “ser como la que más”, esclavos entre esclavos, sino de luchar por “volver a ser lo que fuimos”, un pueblo libre. Ni cambios de gobernó, ni de leyes, ni de competencias, ni de financiación. El único cambio real es luchar por nuestra libertad. Otra España no es posible. Otra Andalucía sí. La Andalucía libre. La Andalucía soberana.

      Francisco Campos López



  • 23 DE FEBRERO DE 1502. Inicio del genocidio y represión cultural en Andalucía.
    Ali Manzano
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    23/02/2016
    actoalmeriaEl 2 de enero de 1492 la capital del Reino Nazarí sucumbía al asedio sometido por las tropas castellano-aragonesas. La rendición de la ciudad de Granada fue mediante Capitulaciones, es decir, mediante el acuerdo entre dos Estados, el andalusí de Granada y los de Castilla y Aragón por otro Lado. En estas Capitulaciones los Reyes andalusies entregaban la ciudad a los Reyes castellanos y aragoneses, reconociéndose vasallos, a cambio de que estos respetaran la lengua, religión, tradiciones, costumbres, instituciones y propiedades de la población de Granada. El mismo año de la entrada de los Católicos reyes en Granada, se produce el primer incumplimiento de las Capitulaciones al expulsar a los granadinos de religión judía, posiblemente para no pagar las deudas contraídas con esta comunidad por la financiación de la guerra contra los andaluces. Poco después comienzan las Pragmáticas (leyes) que intentaban asimilar a la población andaluza a los usos y costumbres de los vencedores, al mismo tiempo que eran gravemente perjudicados por las medidas económicas adoptadas por las nuevas autoridades impuestas por los conquistadores, lo que motivó que las primeras revueltas de los granadinos vencidos tuvieran lugar en el año 1,500, menos de dos años después de la entrega de la ciudad. La respuesta de los Reyes castellano-aragoneses fue la represión militar, política, económica y cultural, quedando esta última en manos del Cardenal de Toledo, el Cardenal Cisneros, que en una nueva pragmática prohíbe a la población granadina el uso del idioma árabe y de los dialectos andalusies, tanto en los escritos administrativos o jurídicos como en la vida cotidiana, en las transacciones comerciales, o en documentos civiles. Se prohíbe también la posesión de libros escritos en árabe, debiendo ser entregados a las autoridades castellano-aragonesas para su quema. Las penas por la posesión de libros o de escritos en árabe o dialectales fue de una brutalidad ejemplarizante con el objetivo de borrar toda huella del idioma y la cultura de la población conquistada. De esta forma, se incautó una gran cantidad de libros, que fueron apilados en la plaza de Bib-Rambla de Granada donde fueron quemados. Entre estos libros había tratados de medicina, botánica, filosofía, religión, historia, astronomía, álgebra, geografía; también fueron quemados ejemplares de la Biblia escritos en árabe, así como otros ejemplares de las comunidades cristianas y judías escritos en este idioma. Numerosos autores consideran estos hechos como uno de los mayores ataques al conocimiento humano producidos en la historia de la humanidad. Desde el “españolismo” se nos presentan los hechos como una guerra de religiones, los cristianos del norte contra los musulmanes del Sur, o una guerra entre hermanos. Ni fue una guerra de religiones, ni los conquistados pertenecían al mismo pueblo que los conquistadores. Los hechos demuestran que la represión no iba encaminada exclusivamente a erradicar el Islam de Al-Andalus, ni fueron los musulmanes los únicos damnificados por la represión de los conquistadores. El saqueo de los primeros momentos dio paso a la ocupación permanente de una tierra extensa y rica, para lo que era necesario desarmar ideológica y psicológicamente a la población autóctona, eliminar los elementos de cohesión social, romper las herramientas de transmisión del conocimiento, de la identidad y la cultura; la lengua y la escritura son las herramientas imprescindibles para que un pueblo mantenga la cultura y la cosmovisión heredada por sus antepasados. Quitarle la lengua y la escritura a un pueblo es romper el cordón umbilical que le une a su pasado, es dejarle sin defensas ante la agresión cultural e identitaria. No le quitaron el habla y la escritura a los musulmanes de Al-Andalus, se la quitaron a todos los andaluces independientemente de su cosmovisión espiritual; nos las quitaron a todos los andaluces, a los de ayer y a los de hoy. La represión cultural e identitaria continúa hoy, aunque ya no quemen los libros en las plazas; continúan con métodos más sutiles, mediante la invisibilización de nuestro pasado, la manipulación de nuestra historia, la aculturación de nuestros jóvenes, la sustitución de la historia por mitos y leyendas que justifican la conquista y el genocidio cometidos contra el pueblo andaluz, su cultura y su identidad. A pesar de la dura represión que ya dura más de 500 años, la resistencia del andaluz a la asimilación, unas veces activa, otras pasiva, ha permitido que sobrevivan rasgos diferenciadores con el idioma impuesto por el colonizador, y que a través de estos podamos recuperar la identidad y cultura oculta tras la capa de “españolidad” con la que han tratado de amansarnos. Blas Infante, cuyo conocimiento e intuición le llevó a difundir teorías que años más tarde pudieron ser demostradas, nos llama la atención sobre la forma de hablar de los andaluces: “el lenguaje andaluz tiene sonidos los cuales no pueden ser expresados en letras castellanas. Al alifato, mejor que al español, hay necesidad de acudir para poder encontrar una más exacta representación gráfica de aquellos sonidos. Sus signos representativos hubieron los árabes de llevárselos con su alfabeto, dejándolos sin otros equivalentes en el alfabeto español. Tal vez hoy alguien se ocupa en la tarea de reconstruir un alfabeto andaluz. " Recordar nuestro pasado es el mayor acto revolucionario que hoy podemos cometer, un ejercicio de memoria que frenará la asimilación identitaria a una cultura y cosmovisión impuestas por los mismos que intentan destruir nuestros vínculos con nuestro pasado y nuestra cultura. De nosotros depende que a las próximas generaciones de andaluces no se le salten las lágrimas por la impotencia de no poder leer las inscripciones que nuestros antepasados dejaron en los libros de piedra que han sobrevivido al expolio y al saqueo: Alhambra de Granada, Mezquita de Córdoba, Giralda de Sevilla, Alcazabas de Málaga y Almería...y otros muchos monumentos aún conservan esa escritura prohibida, maldita, estigmatizada por el poder colonizador que busca la uniformidad como arma de control y sometimiento. Alí Manzano para “La otra Andalucía”.



  • LA CIA y la continuidad del régimen franquista.
    axarquia
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    30/01/2016

    Es conocido por todo el mundo que la "Transición española" fue un plato cocinado desde la CIA, con la colaboración de la socialdemocracia alemana de Willy Brant y del perrito faldero Felipe González, en connivencia con Carrero Blanco, Fraga, el renegado Carrillo y Juanito. Hasta ahí no digo nada nuevo. El imperio se aseguraba la continuidad del régimen fascista descafeinando en principio sus formas represivas, en un territorio geoestratégico clave, con varias bases americanas desde las que exportar el terror.

    Creo que es muy inocente suponer que con una creciente importancia de las bases terroristas americanas la CIA, el Imperio y los servicios secretos españoles no han movido sus hilos para reconducir un creciente descontento entre la población y dirigirlo adecuadamente. Y aquí, si tuviera razón, entrarían en juego Podemos y Ciudadanos como recambio de un bipartidismo que está a la baja. Si estuviera en lo cierto la jugada les ha salido genial. Tendríamos que quitarnos el sombrero y decir "chapó". El 15-M, la ebullición social en la calle, los enfrentamientos in crescendo contra el establishment, las reivindicaciones de república y de independencia de las naciones vasca y catalana especialmente, todo se puede ir al traste con los 69 escaños de Podemos y con el cambio en el sistema de partidos que se avecina. En Euskadi una fuerza españolista como Podemos ha quitado miles de votos a la izquierda abertzale. Hasta personas conocidas de la izquierda combativa vasca y del Estado se han dejado seducir por este canto de sirenas y cantan a los cuatro vientos sus encantos, llamándonos a los demás "ilusos" por seguir erre que erre en "nuestro sectarismo".

    Pablo Iglesias ha comenzado declarando (puede ser un traidor a su clase pero no es ni mucho menos un iletrado) que es una línea roja una consulta en Catalunya. Una consulta que tal como la plantea (exige una mayoría cualificada) sabe que es IMPOSIBLE porque ni PP-PSOE ni Ciudadanos la van a aceptar jamás. No decía Felipe González eso de "OTAN de entrada no", engañando a los tontos útiles? Pues lo mismo. Y aquí estamos, esperando las nuevas traiciones a los que desde la izquierda pensaban que su salvación vendría de la mano de Podemos. Me equivoco y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia? Es posible. Lo veremos.




  • A todos nos va mucho en el proceso catalán. Nos va nuestra libertad
    Francisco Campos
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    30/01/2016

    En unas declaraciones realizadas a la cadena SER el pasado viernes en torno al proceso abierto en Cataluña, Teresa Rodríguez, líder de Podemos en Andalucía, manifestó con respecto a los andaluces que “a nosotros no nos va nada en ello". Y, una vez más, para no variar, se equivoca.

    Lógicamente, los primeros a los que les va algo en ello es al propio pueblo catalán. Pero no sólo a él. Tanto a los andaluces, como al resto de los pueblos aún hoy bajo el dominio del Estado Español impuesto, nos va mucho también en dicho proceso. Nos va en él nuestra propia libertad, puesto que coloca en lugar preferente del debate político la cuestión más esencial y determinante para nuestro presente y futuro, el de la soberanía y los derechos de los pueblos. Cuestiones tan trascendentales que de su existencia o inexistencia depende la posibilidad de transformación real de sus respectivas realidades, así como el propio calificativo a utilizar para definir a este Estado: el de legítimo o el de ilegítimo, el de democrático o el de autoritario.

    Una de las características de la incoherente izquierda estatalista española, entendiendo con dicha adjetivación a todas aquellas que, desde diversas posiciones y por distintas razones, tienen en común el defender la pervivencia de un Estado Español y/o las supuestas bondades de su propia existencia, es la de que reconocen, en la mayoría de los casos, la existencia de diversas naciones y pueblos dentro del mismo para, a continuación, negarle los derechos y libertades que les son propios, infravalorarlos o supeditarlos al Estado único español.

    La soberanía de los pueblos y el caso catalán

    Dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos “. Su libertad y sus derechos no se originan o derivan de ningún ser o entidad superior a ellos mismos que se los reconozca, conceda o permita su ejercicio. Les pertenecen por derecho propio, por el simple hecho de ser seres humanos, y cualquier ser o entidad que se los niegue, cercene o impida su ejercicio atenta contra esa libertad y derechos inalienables, es un ser o entidad tiránica, autoritaria y antidemocrática.

    De igual manera, los pueblos, que no son más que conjuntos de seres humanos, sociedades humanas, y las naciones, que no son más que esos mismos pueblos más el territorio que habitan, poseen unos derechos colectivos equivalentes, por derivación, a los que detentan los seres humanos que los componen. A unos seres humanos detentadores de su libertad y sus derechos por el mero hecho de serlo, corresponden idénticos derechos y libertades colectivas conformados estos en naciones y pueblos. Una libertad y unos derechos colectivos, que como en el caso de los individuales, les corresponde por derecho propio, por el hecho de ser naciones y pueblos, y tampoco se originan o derivan de ningún ser o entidad superior a ellos mismos que se los reconozca, conceda o permita su ejercicio. Y cualquier ser o entidad que se los niegue o impida su ejercicio atenta contra esa libertad y derechos inalienables, es un ser o una entidad tiránica y, por tanto, igualmente autoritaria y antidemocrática.

    En derecho internacional, a esta libertad y derechos colectivos de los pueblos y de las naciones se les denomina soberanía. La soberanía popular y nacional. Y con dicha denominación se subraya el hecho de que la posesión de esa libertad y derechos son también inalienables  y se encuentran asentados sobre el principio, como en el caso de los individuos, de ser sus propios y únicos dueños. De poseer el poder absoluto sobre sí mismos. De ser sus propios soberanos.

    Y según el derecho internacional, esas soberanías son ejercidas por los pueblos y las naciones a través de sus estados. Los estados, por tanto, no constiuyen el origen de la soberanía, del poder, sino su consecuencia y sus depositarios. La consecuencia de la existencia de unas naciones y unos pueblos libres, soberanos, que deciden constituirlos y depositar su práctica en ellos. Es la nación y el pueblo, o las naciones y los pueblos, quienes, como consecuencia, les dan su legitimidad y sus poderes a los estados y no los estados a las naciones y a los pueblos.

    Aplicando estos principios básicos a nuestro caso y a nuestra actualidad, habrá que afirmar que el admitir la existencia de diversas naciones y pueblos dentro del Estado Español conlleva ineludiblemente admitir la existencia de sus derechos y libertades. De sus soberanías. Unos derechos y libertades, unas soberanías, que les corresponde, como ya se ha expuesto, por el mismo hecho de serlo. Que no están condicionadas al reconocimiento, aceptación, concesión o autorización de nada ni nadie ajeno a ellos mismos, dado que son sus propios soberanos.

    Cuando el Parlamento de Cataluña “declara solemnemente el inicio del proceso de creación del estado independiente” y “proclama la apertura de un proceso constituyente” propio, y lo hace, además, “como el depositario de la soberanía del pueblo catalán y la nación catalana", no hace otra cosa que poner en práctica el ejercicio de dichos derechos y libertades que les pertenecen por el hecho de ser pueblo catalán y nación catalana. Igualmente, cuando “insta al futuro gobierno a cumplir únicamente con aquellas normas o mandatos emanados de esta cámara”, puesto que el poder de todo gobierno emana de la soberanía de sus naciones y pueblos.

    En cuanto a que apruebe “iniciar negociaciones para hacer efectivo el mandato democrático de la creación de un estado catalán independiente en la forma de una República y, al mismo tiempo, pone en conocimiento del Estado español, la Unión Europea y a la comunidad internacional en su conjunto”, tampoco hace otra cosa que proclamar su soberanía y ejercerla. El pueblo catalán no pide al Estado Español reconocimiento, autorización o aceptación, le comunica su decisión soberana y su disponibilidad a ponerla en práctica de forma negociada. Tampoco a la UE o al resto del mundo, se limita a comunicarles igualmente su decisión soberana.

    El derecho a decidir

    Decía en esas mismas declaraciones Teresa Rodríguez que Podemos está "por la defensa del derecho a decidir porque para nosotros no puede ser un problema que la gente vote". Añadiendo que igualmente los andaluces hemos sido "protagonistas de procesos de cambio constitucionales, de modelos de construcción del Estado de las autonomías", ya que "cuando se pretendía construir un Estado asimétrico", los andaluces "salieron a la calle y dijeron que también querían decidir, y decidieron a través de un referéndum el 28 de febrero".

    El “derecho a decidir” es la versión lingüísticamente light de lo que siempre se ha denominado como derecho de autodeterminación. Un concepto surgido de la mentalidad supremacista, imperialista y  colonialista occidental, que en su “benevolencia” para con los pueblos “inferiores” o “atrasados” que mantenían oprimidos, les concedía la posibilidad de votar si querían, o no, ser libres, en lugar de simplemente marcharse y dejarlos ser libres. Un derecho que, además, sólo les correspondía a aquellos pueblos que los imperialistas determinasen y que sólo se les ofrecía a los que los colonialistas creían que estaban “preparados” para ser libres.

    Lógicamente, los pueblos colonizados, ansiosos de lograr romper sus cadenas y conscientes de su propia capacidad y determinación mayoritaria de independencia, en lugar de darle la espalda a un “derecho” otorgado que en realidad era una muestra más de poder  y de opresión sobre ellos, lo utilizaron para deshacerse del ocupante, por ser la vía más corta, más rápida y menos costosa a la que tenían acceso en aquel momento.

    Algo parecido les pasa actualmente en el Estado Español a los pueblos con mayor consciencia de sí mismos. No se “complican la vida” y, como aquellos pueblos colonizados del tercer mundo tras la segunda guerra mundial, retoman ese concepto neocolonialista aún vigente para utilizarlo en su favor, seguros de su éxito. Por el contrario, en el seno de aquellos otros pueblos donde el grado de consciencia identitaria es muy débil o minoritaria, el “derecho de autodeterminación”, como es fácilmente deducible, en lugar de una herramienta útil para lograr su libertad, se transforma en instrumento para el mantenimiento de su esclavización.

    Y ni que decir tiene que los andaluces no nos “autodeterminamos” el 28 de febrero, como afirma Rodríguez. Mezclar o confundir el derecho de autodeterminación, que es una votación para decidir con respecto a la independencia del país, con un referéndum en torno a grados de descentralización administrativa  y la forma y tiempos en que esta se debe producir, que era lo que exclusivamente se debatía y podía decidir el 28F, sólo puede ser el resultado de la más profunda de las ignorancias políticas o el fruto de la más rechazable de las demagogias.

    Con independencia de las estrategias a adoptar por cada pueblo, que sólo a ellos corresponde determinar,  hablando de forma genérica, un posicionamiento político, no ya transformador o revolucionario, sino tan siquiera coherentemente democrático y progresista, debería conllevar la superación del neocolonialista derecho de autodeterminación y su sustitución por el derecho de soberanía. Por el derecho al autogobierno. Y ese avance superador ha sido el que se ha producido en Cataluña. Eso significa la declaración aprobada y “el inicio del proceso de creación del estado independiente catalán en la forma de una República”,  ir más allá del concepto de autodeterminación que conllevaba la exigencia de un referéndum  para decidir y apostar por el derecho de soberanía. Por su proclamación y el pleno ejercicio del autogobierno.

    ¿Qué es eso de conceder, o no, que los pueblos y naciones decidan si quieren o no ser libres? ¿Quién lo puede otorgar, con qué derecho lo puede permitir o  impedir? ¿Quién o qué está por encima de la voluntad del pueblo soberano para condicionarla, determinarla o dirigirla? Imaginaros lo mismo a nivel individual. ¿Os imagináis un referéndum para decidir si queremos, o no, detentar nuestros derechos y libertades? No se vota si se quiere poseer derechos y libertades, los derechos y libertades nos pertenecen incluso aunque no se deseen. No se elige o se decide tenerlos, sólo cabe escoger el ejercerlos, o no. Y el no ejercerlos tampoco conlleva carecer de ellos, perderlos o renunciar a detentarlos, sino sólo el no hacer uso de los mismos.

    El falso federalismo españolista

    El pueblo catalán ha metido el dedo en la llaga, en la mayor llaga de este régimen español. Su carácter ilegítimo y antidemocrático como Estado. Y no exclusivamente por estar conformado desde la llamada “transición” como continuismo de unas estructuras dictatoriales mediante su adaptación a formalismos democrático-burgueses meramente epidérmicos, que también, sino, ante todo, en su propio origen y existencia. Incluso habiendo nacido en un proceso rupturista con respecto al franquismo y aunque se hubiese  cambiado su forma de estado, proclamándose una nueva república, seguiría siendo un Estado ilegítimo y antidemocrático.

    La razón es obvia. Dado que los estados que engloban a más de una nación y pueblo surgen de la libre voluntad de esas naciones y pueblos, no es que el Estado Español deba de admitir sus existencias, así como aprobar y permitirles determinados derechos  y capacidades, sino al revés. Son dichas naciones y pueblos, a través de sus respectivos estados soberanos, los que, en el caso de así decidirlo, tendrían que haber decidido la existencia del Estado Español y su propia pertenencia a él. Serían dichos estados nacionales soberanos los que deberían aprobar sus características y otorgarle determinados poderes, capacidades y  autonomía, y no al contrario. El mero hecho de que exista al margen de la voluntad de los pueblos y naciones, y encima imponiénsose a ellas, lo convierte en ilegítimo y antidemocrático. Pero es que, además, el que secuestre y se apropie de sus soberanías, el que les niegue sus derechos y libertades e impida su ejercicio, lo convierte en tiránico.

    Un mantra repetido hacia la saciedad por las izquierdas estatalistas españolas es su supuesta apuesta por un Estado federal, español por supuesto. Pero un Estado federal, como hemos visto, se conforma como resultado de la libre alianza entre diversas naciones y pueblos. Para que pueda existir un Estado federal o confederal que englobe a la totalidad o a una parte de los pueblos peninsulares e insulares, hoy obligados a formar parte del Estado Español, estos tendrían no sólo que decidirlo así de antemano y libremente, sino que para poder hacerlo tendrían que estar, a su vez, constituidos previamente en estados soberanos. Unos estados instituidos a través de sus respectivos periodos constituyentes propios y exclusivos.

    Una vez concluidos los procesos constituyentes propios y constituidos los respectivos estados soberanos, aquellos que creyesen en su necesidad y positividad, podrían proponer  en cada estado la conformación de esa federación. Posteriormente, y en el caso de aquellas  naciones y pueblos que así lo quisieran y acordasen, se daría inicio a un nuevo proceso constituyente, en este caso a la vez propio y común,  que daría lugar al nacimiento del Estado federal. Este es el verdadero federalismo y el proceso de conformación y constitución de un Estado federal.

    Cuando lo que se defiende como tal “Estado federal” es el mantenimiento del Estado único preexistente y su preeminencia. Un Estado que, posteriormente, en un supuesto “periodo constituyente” global, que no determinaría su propia existencia sino sólo sus características, se dotaría a sí mismo de una supuesta estructura “federal” que conllevaría el reconocimiento de diversas naciones y pueblos en su seno, así como el de la concesión de determinados derechos y poderes a los mismos, lo que se pretende es sólo renovar el “Estado de las autonomías” con nuevas denominaciones y otra tipología de descentralización. Lo que se está propugnando, en realidad, es el mantenimiento de la España “una, grande y libre”, del propio Estado Español, pero mediante otros procedimientos y nomenclaturas.  Un falso federalismo españolista.

    Esta intencionalidad queda expuesta en la reafirmación de españolismo que Teresa Rodríguez realizó en el contexto de las referidas declaraciones con respecto al proceso catalán, cuando afirmó, de ella misma y de Podemos: "lo que queremos es construir un modelo de país en el que todo el mundo se sienta a gusto y haya solidaridad interregional". Evidentemente para esta andaluza, pero sólo de nacimiento puesto que no ejerce como tal, ese “país” es España y con esa “interregionalidad” hace referencia a las partes, las regiones, de dicho país, de España.

    La falsa dicotomía entre lucha nacional y lucha social

    Además de en nombre de ese falso federalismo que no es más que el viejo españolismo de siempre envuelto en diferentes palabras y promesas hueras, las izquierdas estatalistas suelen  justificar su negación de la lucha soberanista de los pueblos con el argumento de la supuesta defensa y priorización de lo social. De nuevo las declaraciones de Teresa Rodríguez con respecto al proceso catalán son un ejemplo de ello, cuando en las mismas abogaba por "ver los problemas comunes" y "tratar de resolverlos en común, seamos catalanes, vascos, gallegos, extremeños o maños", así como "tratar de evitar cortinas de humo que se colocan para tratar de enfrentarnos a personas que tenemos los mismos problemas, vivamos donde vivamos".

    Como ya se ha expuesto, los derechos y libertades de los pueblos, sus soberanías colectivas, constituyen una derivada de aquellos que les corresponden a cada ser humano que los conforman, de sus respectivas soberanías individuales. Unos derechos y libertades que cuando le son arrebatados y negados por parte de un determinado régimen político se dice que esté es una dictadura y el estado sobre el que se asienta un Estado totalitario.

    Y allí donde hay una dictadura y un Estado totalitario se imponen para las izquierdas como primera y prioritaria tarea, no el cambiarlo o mejorarlo, sino el derrocarlo. Y se hace así porque la recuperación de esas libertades y derechos, aunque sea en su nivel mínimo y  formal, supone dotarse y dotar al pueblo de herramientas para facilitarles posibles  avances en su “empoderamiento”, como dirían hoy los “actualizados”. Porque sin libertad ni derechos, con unas clases populares  atadas y amordazadas, ninguna otra meta sería alcanzable. Por ello la lucha pro democrática se convierte en el leitmotiv de todas sus actividades y reivindicaciones, incluso de las más concretas e inmediatas.

    Un ejemplo reciente y propio lo tuvimos durante el régimen franquista. La lucha por la democracia, por la recuperación de los derechos y libertades políticas más básicas, era en aquel tiempo una prioridad para las izquierdas, y la bandera de la reclamación de los derechos y las libertades políticas estaba presente en cualquier reivindicación, por específica que esta fuese. La lucha pro democrática y las luchas por las conquistas sociales  no eran divisibles. ¿Os imagináis a algún colectivo de aquella izquierda negando, ignorando o menospreciando la lucha por derechos y libertades pretextando  priorizar la consecución de determinados logros sociales debido a las necesidades y urgencias populares, o del momento especial existente?

    Pues, ¡oh sorpresa!, sí que los había, pero no se encontraban entre las izquierdas reales. Eran los grupos políticos y sociales de las “izquierdas” del régimen: falangistas, acción católica, etc. Aquellos que pretendían alcanzar logros sociales pero de tal forma que no lo pusiesen en peligro y que fuesen instrumentos para su asentamiento  y consolidación, así como para su aceptación entre las capas trabajadoras. Incluso el propio régimen lo fomentaba con esos fines de perpetuación y de atraerse a más amplios sectores populares.

    Realizar hoy una dicotomía entre la reivindicación soberanista y la lucha social constituye una falacia semejante y equivalente a la realizada entonces entre la lucha democrática y las “mejoras sociales”. Adoptar el papel de las nuevas izquierdas del régimen.

    Si las izquierdas independentistas de los respectivos pueblos priorizan hoy las luchas por sus soberanías nacionales  no es por meras cuestiones históricas o de principios, sino, por encima de cualquier otra consideración, porque son plenamente conscientes de que, al igual que sin derechos y libertades individuales, sin derechos y libertades colectivas ningún objetivo social se logrará. Porque saben que con un pueblo  atado y amordazado ninguna otra meta será alcanzable. Por ello la bandera de la reclamación de derechos y libertades políticas colectivas de sus pueblos se encuentra presente en cualquier reivindicación, por específica que sea. Porque la recuperación de la soberanía supone dotarse y dotar al pueblo de la herramienta capaz de facilitarle su “empoderamiento” y su emancipación social como pueblo trabajador.

    Hoy, en el seno de este Estado ilegítimo y antidemocrático, como entonces, como durante ese otro ilegítimo y antidemocrático del que es continuación, el de la dictadura franquista, son los grupos políticos y sociales que representan a las “izquierdas” del régimen actual, aquellos que pretenden alcanzar logros sociales que no sólo no lo pongan en riesgo sino que sean instrumentos para su asentamiento  y consolidación, así como para su aceptación entre las capas trabajadoras de la población, los que realizan esa falsa separación y dicotomía entre la lucha por los derechos nacionales y las conquistas sociales.

    Por eso el pasado lunes, en el Parlamento catalán, votaron en contra de la declaración que proclamaba la soberanía popular y la intención de ejercitarla. El que lo hagan conscientes o inconscientes de las consecuencias, por arribismo o por ignorancia, no modifica el hecho, así como su trascendencia y efectos. Evidentemente no es lo mismo, por ejemplo, un asesinato que un homicidio. El asesino pretende matar, mientras que el homicida no, pero ambos matan.

    La lucha nacional y social es también una única y misma lucha. Contraponer o anteponer las cuestiones sociales a las nacionales es la mejor forma de imposibilitar las conquistas sociales. Negar, ignorar, minusvalorar o aparcar la lucha por las libertades y derechos colectivos es la mejor forma de imposibilitar los derechos y las libertades individuales, la democracia real. Pretender y propugnar que otro Estado Español, que otra España, es posible, es la mejor manera de imposibilitar la existencia de otra Andalucía, de otra Cataluña, etc.

    Como el Príncipe de Salinas, el personaje creado por Lampedusa en “el gatopardo”, estas nuevas izquierdas del régimen aspiran a cambiarlo todo para lograr que todo continúe igual. El Sistema quiere repetir la jugada pero con otros actores. Los propios protagonistas de la obra lo reconocen. Quieren llevar a cabo  una “segunda transición”. Y ya sabemos dónde ha conducido la primera. A donde estamos ahora. ¿Vamos a tropezar dos veces en la misma piedra?




  • La Constitución Andaluza de 1883: Hacia la superación andaluza del sistema económico capitalista
    Carlos Rios
    Logotipo APR2
    30/01/2016

    (Aportación previa a mi intervención en las I Jornada por la Constitución Andaluza (Antequera, 24 y 25 de cotubre de 2015))

    Los soberanistas andaluces tenemos una referencia obligada de la historia de las luchas de nuestro pueblo en los finales del siglo XIX andaluz. La Insurrección de las Barricadas del 4 de diciembre de 1868, la revolución cantonal durante la I República española, la marcha sobre Jerez en 1892 son movimientos insurreccionales andaluces ineludibles para aquellos que pensamos que es posible una Andalucía libre y socialista. Pero además de grandes movimientos de masas también aparece en este periodo un texto que viene a afirmar por escrito lo que la movilización popular andaluza afirmaba por la vía de los hechos: constituir a Andalucía como un sujeto de plena soberanía. Este texto es la Constitución de 1883. Llamada por Blas Infante la Constitución Andaluza, por otros con el nombre de la ciudad en la que se redactó y aprobó (Constitución de Antequera) es esta el primer texto constituyente andaluz contemporáneo. El carácter de esta constitución no deja lugar a dudas en su primer artículo: Andalucía es soberana y autónoma; se organiza en una democracia republicana representativa, y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior.

    Las movilizaciones de este periodo son propiamente andaluzas porque se corresponden con el marco autónomo de la lucha de clases que constituye Andalucía y están impregnadas del conflicto social andaluz. La Constitución Andaluza de 1883 no podía abstraerse de esta circunstancia. Por eso en uno de los primeros artículos de la Constitución Federal Andaluza (CFA) el 4º, aparece como uno de los cuatro objetivos de la Federación andaluza: estudiar en principio la igualdad social y preparar su advenimiento definitivo, consistente en la independencia económica de todos. No hay análisis más breve y claro del sistema económico capitalista en Andalucía en aquel momento y aún hoy: aquel que genera la desigualdad social. No se explica de otro modo que ocupe un lugar tan preeminente en el texto constitucional, el 4º artículo (de 98 que tiene la CFA), en el que se incluye dicha premisa junto con otras tres, como objetivos esenciales de la Federación Andaluza.

    El sistema económico capitalista genera desigualdad e injusticia a escala mundial y por supuesto, también en Andalucía. El presente año 2015 ha sido el primero en el que el 1% de la población mundial posee tanto patrimonio como el resto del mundo.[1]. Desde el año 2000 hasta la fecha el patrimonio de ese 1% más rico he crecido, a pesar de encontrarnos en un planeta inmerso en recurrentes crisis económicas. Mientras tanto el 71% de la población mundial tan solo posee el 3% de la riqueza del planeta. Hay quién dice que el Capital no tiene fronteras, seguramente para justificar de alguna manera que las grandes concentraciones de Capital se sitúen dentro de sus fronteras; el Capital se concentra en los Estados de Occidente. Las estadísticas señalan que en lo que llevamos de siglo XXI la riqueza sigue concentrándose en Norteamérica y Europa. Tan sólo Norteamérica aglutina una cantidad de riqueza en billones de dólares similar a la que resulta si unimos Asia y Pacífico, China, Latinoamérica, India y África.

    Andalucía se encuentra inmersa en esta dinámica de desigualdad capitalista desde hace siglos. La renta per cápita de la población andaluza constituye el 74,5% de la media estatal. Ni siquiera en el periodo del boom inmobiliario, cuando el espacio natural andaluz sufrió una agresión sin precedentes en forma de urbanización de espacios forestales, de espacios protegidos e incluso de playas (como el famoso caso del Algarrobico). Ni siquiera en este periodo en el que la economía despuntaba por esta forma de absorber recursos naturales en Andalucía, se llegó a la media estatal y, justo antes de que se desplomara el negocio del ladrillo en 2008, la renta per cápita andaluza era de un 77%[2]. Cifras muy parecidas resultarían si analizamos el PIB andaluz en comparación con la media de la UE.

    En el caso de Andalucía también se está produciendo el conocido proceso de concentración de riqueza, produciendo una desvertebración de nuestro país, vaciando comarcas del interior y agolpando a la población andaluza en grandes aglomeraciones urbanas impersonales y contaminadas. Si echamos un vistazo a la distribución provincial del PIB nos encontramos con que la provincia de Sevilla, con un PIB de 34.262,7 millones, aporta el 24% del PIB de Andalucía.

    Para los federales andaluces que redactaron la Constitución de 1883, la igualdad social estaba enfrentada con el Capitalismo. Ya fue algo que aquellos, que luchaban por revolucionar Andalucía en el siglo XIX, tenían muy claro: la justicia social y la soberanía, tanto individual como andaluza, están reñidas con las leyes del libre mercado y el sistema económico capitalista. Por ello la CFA contempla en su artículo 9º que: La autonomía individual comprende: El derecho al trabajo y a su libre disponibilidad. El derecho de propiedad limitado por los derechos sociales sin vinculación ni amortización perpetua. Es decir, para el libre desenvolvimiento del individuo (que es el pilar esencial del poder popular que establece la Constitución Andaluza desde abajo hacia arriba y no en sentido inverso) y, por lo tanto, para el buen funcionamiento de la Andalucía como confederación de los cantones andaluces, ésta debe basarse en el derecho al trabajo y la limitación del derecho a la propiedad en función de los derechos colectivos.

    Aquí encontramos un primer elemento que debemos de recuperar en nuestra apuesta por un programa para una futura Andalucía soberana: no habrá una Andalucía libre si no hay un pueblo de hombres y mujeres libres. Esta libertad se basa sobre el derecho (real y efectivo) al trabajo y la limitación del derecho a la propiedad en base a los intereses colectivos.

    A pesar de que han pasado más de 130 años, la Constitución Andaluza posee unas propuestas económicas que en algunos casos aún hoy están por superar. La Constitución de 1883 nos da algunas pistas, algunos indicios de hacia dónde debe caminar la lucha por la liberación de Andalucía, no sólo en lo político sino también en lo económico. Una lucha por la libertad cuyo testigo cogió Blas Infante, costándole la vida a manos del fascismo español. Es el momento de situar a la Constitución de 1883 en el lugar que le corresponde, como guía de la lucha por la liberación andaluza.

    [1] Informe sobre Riqueza Global 2015. Credit Suisse

    [2] Contabilidad Regional de España, INE. Abril 2014.




  • LO MÁS PARECIDO A UN ESPAÑOL DE DERECHAS...
    Ali Manzano
    Logotipo APR2
    30/01/2016

    Lo más parecido a un español de derechas es... un español de izquierdas

    Hace tiempo escuché este adagio y se me quedó gravado por la capacidad de abstracción de una escueta frase que refleja una realidad que siempre me ha llamado la atención y que, aunque con matices, iguala a la derecha más reaccionaria y nacional-católica con la izquierda del sistema, IU, Podemos...(al PSOE ni le considero en esta categoría), e incluso con alguna izquierda rupturista, en la cuestión territorial.

    Las motivaciones de unos y otros, e incluso el lenguaje para expresar su posicionamiento ante el debate territorial que el proceso catalán hacia la independencia ha puesto sobre el tapete político, son diferentes. Frente a la idea de España como “unidad de destino en lo universal” que con estas o con palabras similares viene defendiendo la derecha neofranquista, nos encontramos con una izquierda (me refiero siempre a la “izquierda española”) que a través de otras construcciones ideológicas nos promete cambios de modelo (III República, federalismo...) pero siempre manteniendo la unidad territorial del Estado, reconociendo en algunos casos el derecho de los pueblos a la autodeterminación, pero dentro del marco jurídico establecido por los pactos de la Moncloa entre el franquismo y la socialdemocracia que representaron González y Carrillo; e incluso, como promesa electoral en las elecciones de hoy en Catalunya, llegan hasta el derecho a decidir, pero dentro de las reglas establecidas, aceptando un referéndum, pero con la participación de todos los ciudadanos del Estado y previa aprobación por el Congreso y el Senado del Estado español, donde la derecha española se ha asegurado una minoría de bloqueo en ambas cámaras de 1/3 de los diputados y senadores. Si a esto añadimos la composición del Senado donde tiene más peso la cuestión territorial que la poblacional, nos encontramos con que en la práctica, ese camino que la izquierda española promete a los pueblos que han iniciado el proceso hacia la independencia es una mera falsedad cuya única finalidad es entorpecer los procesos que ponen en peligro la unidad territorial de España.

    En el caso de otra de las promesas estrella de la izquierda española a los pueblos con conciencia de una identidad nacional propia y demandantes de derechos nacionales, es la de la España “federal”, concepto que apoyan tanto la izquierda española como los “nacionalismo burgueses” de la mayoría de pueblos sometidos al Estado español y que en la práctica no es más que un cambio de nombre a las actuales autonomías, unido a algunas concesiones en materia de competencias por parte del Estado.

    Algunos de los voceros de esta “izquierda española” va aún más lejos, al prometernos un Estado “Confederal”, siempre también, como no podía ser de otra forma cuando hablamos de la izquierda española, desde la legalidad vigente. Una vez que se tome el poder a través de un proceso electoral que conceda una mayoría suficiente para desbloquear la minoría de bloqueo que siempre va a tener la derecha neofranquista, se procedería a independizar a los pueblos que reclamen sus derechos nacionales....pero siempre que admitan su inclusión en la “España confederal” y que acepten que la soberanía recae sobre el conjunto del Estado y sus representantes estatales, y que las decisiones que afecten a la política territorial del “Estado confederal” se tomarán en el congreso de los Diputados del Estado español, sin posibilidad de decidir sobre la pertenencia o no a ese Estado.

    En la práctica, tanto la derecha neofranquista o la derecha “socialista”, como la izquierda española, defienden la “unidad territorial” del Estado, su marco jurídico y el sistema económico que asegura los privilegios de las clases favorecidas por el estatus-quo actual.

    Esta confluencia en la cuestión territorial del Estado entre derecha-izquierda viene dada por la inclusión de ambos grupos en la ideología que sostiene los posicionamientos de unos y otros: el “españolismo”.

    ¿Qué es el españolismo?

    Es una ideología transversal, interclasista, excluyente, que tiene en la unidad territorial del Estado su máxima expresión y preocupación, como eje sobre el que se sustentan los subproductos de este españolismo, el político, el lingüístico, el cultural, el histórico, el deportivo...cuyo objetivo consciente o latente es el de sobreponer los valores ideológicos y culturales creados por las clases dominantes para justificar su dominio y exclusividad, por encima de cultura, historia, intereses y decisiones de los pueblos anclados al Estado español.

    El españolismo se construye a través de Mitos y Leyendas y se difunde por la imposición cultural y política desde las instituciones del Estado. Esta característica del Estado español y de sus instituciones ha permanecido inmutable a través de los siglos, a través de diferentes modelos de gestión política y territorial; está por encima de gobiernos e instituciones, ya sean estos monárquicos, republicanos, dictaduras...nos gobierne la derecha neofranquista o la “izquierda” socialdemócrata, porque el españolismo está anclado en los verdaderos poderes del Estado, el ejército, la Iglesia, la banca; porque esta ideología uniformadora y excluyente sirve a los intereses políticos y económicos de los ostentadores del poder real, sometiendo a las fuerzas políticas del sistema por los mecanismos ideados para la participación en las elecciones: apoyos mediáticos y financieros para mantener las estructuras administrativas de los partidos y los costosos gastos en los procesos electorales.

    Incluso entre partidos autodenominados “nacionalistas” y especialmente en los denominados “andalucistas” se da este españolismo latente, que se ha basado en la inoculación del miedo, en la destrucción de la autoestima, en la inducción de un complejo de inferioridad que imposibilite la acción liberadora, en la aceptación de los Mitos Fundamentales del Estado español, en el abuso del agravio comparativo para actuar como ariete del españolismo contra los derechos de los pueblos, en la aceptación de un papel subsidiario en el desarrollo económico y social del Estado.

    A pesar de las aparentes diferencias entre los partidos políticos que aceptan el juego electoral para ocupar los sillones y los privilegios que el sistema les ofrece a los valedores de los intereses de la oligarquía, el virus del españolismo les iguala en la defensa de la unidad de España, en cualquiera de sus formas, en la forma impositiva o mediante los juegos dialécticos que proponiéndonos otras soluciones territoriales, al final siempre nos llevan al mismo sitio. O unidad por la fuerza o unidad aceptada por asimilación de cualquiera de las otras formas de españolismo latente.

    La cuestión nacional en el marxismo.

    Mientras que el españolismo, el de derechas y el de izquierdas, es un enemigo acérrimo de los derechos de los pueblos a la autodeterminación, los grupos marxistas organizados a nivel estatal, sin llegar a ser enemigos de los procesos independentistas, tampoco colaboran con las luchas nacionales por una interpretación de los textos marxistas un tanto desenfocada, al no tener en cuenta las relaciones coloniales entre pueblos que pertenecen a un mismo Estado. Al priorizar la lucha de clases sobre las luchas de liberación nacional, supeditan estas a la liberación de la clase trabajadora de la metrópoli, olvidando que la lucha de clases viene determinada por la explotación laboral de los trabajadores y por la explotación de unos pueblos por otros. Subestimar la fuerza de cambio de los pueblos oprimidos por otros, además de ser un error en sí mismo, es desaprovechar las debilidades del sistema, más acuciadas en las colonias por darse la doble explotación, la nacional y la de clase. Creer que al suprimir toda explotación de clase se suprimiría también la opresión del Estado sobre los pueblos sometidos, negando la capacidad de las naciones colonizadas para liberarse de la sumisión a la metrópoli, es un error que hoy en día se sigue cometiendo en las organizaciones marxistas de ámbito estatal, a pesar de que los mismísimos Marx y Engels rectificaron esta cuestión cuando analizaron el problema del proletariado irlandés.

    "La llamada libertad de los ciudadanos ingleses -puntualiza Engels- se funda en la opresión de las colonias." Por lo tanto, no se puede solucionar el problema de explotación de la clase trabajadora de los países colonizados sin resolver la cuestión de explotación colonial que padece una clase trabajadora a manos del país colonizador cuya clase trabajadora también es beneficiaria de las relaciones coloniales entre los pueblos.

    Un caso típico de lo que acabo de exponer es la situación de la clase trabajadora andaluza, dependiente de una economía extractiva al servicio de la industria manufacturera de los países del norte peninsular y cuyo territorio es utilizado por el capital de la oligarquía española para una explotación hotelera y minera que empleando mano de obra barata invierte las plusvalías obtenidas en Andalucía en la industria foránea. El resultado de esta situación de economía colonial de Andalucía es que la clase trabajadora local tiene unos ingresos muy inferiores a los de la clase obrera de la metrópoli, con unos índices económicos y sociales que ratifican la dependencia colonial de la economía andaluza: tasa de paro, renta per cápita, pensiones, población por debajo del umbral de la pobreza, desahucios, empleos en precario, PIB andaluz en manos de empresas foráneas y que cotizan impuestos fuera de Andalucía, etc...

    Las Tablas input-output de la economía andaluza editadas por el Ministerio de Economía de España, nos muestra las relaciones económicas de Andalucía con el Estado español y del análisis de las mismas se puede obtener la conclusión de lo que ya afirmábamos al analizar los datos poblacionales, sociales y de empleo: una economía colonial y dependiente, una situación de explotación de la clase trabajadora andaluza y de los recursos naturales, puestos al servicio del capital español. Las diferencias sociales entre los trabajadores andaluces y los de la metrópoli obedecen a las dinámicas coloniales que necesitan del empobrecimiento de las colonias para perpetuar su dominación y su explotación.

    A continuación os dejo un texto de Jorge Enea Spilimbergo, extraído de su libro “La cuestión Nacional en Marx”, correspondientes a la problemática de la clase trabajadora irlandesa y su relación con la metrópoli inglesa. Si donde dice Irlanda lo sustituimos por Andalucía y donde dice Inglaterra lo sustituimos por España, el resultado es de una actualidad pasmosa a pesar del tiempo transcurrido y de la distancia geográfica.

    LA CUESTIÓN NACIONAL EN MARX: El ejemplo del caso colonial irlandés.

    "La llamada libertad de los ciudadanos ingleses -puntualiza Engels- se funda en la opresión de las colonias."

    Esta lúcida frase pone al desnudo un hecho fundamental. El gobierno democrático no nace de una amable predisposición a tolerar "todas las opiniones", sino de las condiciones materiales de convivencia. Gracias al saqueo de los pueblos sometidos y a su hegemonía sobre el mercado mundial, Inglaterra aseguraba a sus ciudadanos, incluso a los obreros, un fundamento de holgura que excluía toda enconada disputa por el poder. Semejante "democracia", basada en el reparto pacífico del botín colonial, tenía, naturalmente, su reverso: "Las medidas de violencia son visibles en cada rincón de Irlanda. El gobierno se mete en todo. Ni rastros del gobierno propio."

    La gran víctima era el campesino, cuya infrahumana miseria alimentaba a los explotadores extranjeros y a una nube de parásitos "nacionales" tan numerosa como rudimentarias eran las condiciones de la economía irlandesa: "Policías, curas, abogados, burócratas, están mezclados en agradable profusión, y hay una ausencia total de toda industria, de modo que sería difícil entender cómo pueden vivir todas esas excrecencias parásitas, si no fuera que la miseria de los campesinos constituye la otra mitad del cuadro."

    Los ojos de Engels registran los elementos morales de la situación, todo ese drama oculto que no logran disimular ni el pintoresquismo ni el paisaje: "El irlandés sabe que no puede competir con el inglés, quien llega con medios superiores en todo... Cuantas veces han empezado a tratar de hacer algo, siempre han sido política e industrialmente aplastados, de manera artificial, en una nación espantosamente desmoralizada." He aquí la técnica del "complejo de inferioridad colonial" inculcada como un virus para postrar a la víctima indefensa.

    "Yo acostumbraba a pensar -escribe Marx a Engels el 2 noviembre de 1867- que la separación de Irlanda de Inglaterra era imposible. Ahora creo que es inevitable." Y dos años después, en diciembre del 69: "Está en interés directo de la clase obrera inglesa que ésta se libre de su actual vínculo con Irlanda... Durante muchos años creí que sería posible derrocar el régimen irlandés por el ascendente de la clase obrera inglesa... pero un estudio más profundo me ha convencido de que la clase obrera inglesa nunca hará nada mientras no se libre de Irlanda. La palanca esta en Irlanda."

    "Irlanda es el baluarte de la aristocracia terrateniente inglesa. Irlanda es, por ello, el gran medio por el cual la aristocracia inglesa mantiene su dominación en la propia Inglaterra. En efecto, ambos países constituían, por así decirlo, un sistema de complementarios. La explotación del campesino irlandés, ejercida por la clase terrateniente inglesa, fortalecía la posición interna de esta última y, con ello, toda la estructura de las clases dominantes. Pero la independencia de Irlanda, es decir, la retirada del ejército inglés, traería como consecuencia una revolución agraria, que sólo las tropas de ocupación estaban conjurando. De esta manera el sistema se desmoronaba desde su punto más débil donde se agolpaban las contradicciones más virulentas, "puesto que en Irlanda no se trata de una simple cuestión económica sino, al mismo tiempo, de una cuestión nacional."

    Texto íntegro: http://www.nacionandaluza.info/biblioteca internacional/La cuestion nacional en Marx El ejemplo colonial irlandes.pdf




  • ANDALUCÍA ES UNA COLONIA
    Angel Lozano
    Logotipo APR2
    28/01/2016
    Así de rotundo. Sin ambages ni titubeos. Andalucía es una colonia a todos los niveles; económico, político, militar, cultural y social. Conquistada por la fuerza de las armas en su día, moneda de cambio para los intereses de España; un juguete roto en manos de las potencias occidentales que la utilizan como suministradora de materia prima y mano de obra barata, campo de maniobras militar y patio de recreo.
    Andalucía es una colonia conquistada por la fuerza de las armas. 
    La historiografía españolista esta plagada de mitos que tergiversan la historia para justificar España como nación y ente histórico. Que las antiguas Roma y Grecia utilizaran las denominaciones de Hispania o Iberia como pura delimitación geográfica y no como denominación de países y pueblos (existía otra Iberia en el Cáucaso); o la farsa supuesta “Invasión Árabe” de la península son solo algunos de los mitos más importantes sobre los que se sustenta dicha historiografía; esa que se enseña en escuelas y a la que dedican series de televisión.
    Nos adoctrinan en una historia en la que hemos sido barridos del mapa y repoblados una y otra vez por fenicios, cartagineses, romanos, visigodos o árabes, hasta que por fin un grupo de valerosos guerreros salieron de una cueva de las montañas asturianas para convertirnos en lo que al parecer siempre fuimos, católicos y españoles. Dicha historiografía nunca tiene en cuenta la evolución de las poblaciones autóctonas e indígenas como base demográfica de los pueblos, como sería lo lógico.
    Esta falsedad histórica es fácilmente comprobable cuando investigamos sobre documentos de la historia local de nuestros municipios y ciudades, donde fechas históricas y apariciones marianas se entrelazan para dar forma a la conocida como “Historia de España”.
    Dejando prejuicios e influencias oficialistas a un lado comprobaremos que la “Historia de España” no se sostiene y descubrimos como los pueblos de la Península Ibérica, entre ellos Andalucía (Tartessos, la Bética, Al-Ándalus) siempre mantuvieron su identidad y cierta autonomía enfrentándose a las potencias dominadoras de turno (que solo influían sobre las capas altas de la sociedad) y evolucionando en el contexto de los pueblos del Mediterráneo.
    Son muchos los historiadores como Ignacio Olagüe, Emilio González Ferrín y otros tantos, que han desmontado el mito de la “Invasión Árabe”. Reproducir todas sus teorías aquí sería largo, cualquier interesado o interesada puede buscar información al respecto de ambos autores. A grandes rasgos Al-Ándalus, el califato de Córdoba, fue la síntesis de una cultura propia que permitió la libertad religiosa mientras en la oscura Europa del medievo solo se permitía el culto católico.
    Al-Ándalus fue una cultura propia y soberana, solo influenciada en sus capas altas de poder por castas de Oriente y norte de África en su última etapa en el contexto de pueblos del Mediterráneo. Al-Ándalus estuvo formada por la población autóctona andaluza con una cultura propia y libertad religiosa; una cultura, tres religiones (musulmana, judía y cristiana). Por tanto la “Reconquista” no es tal, es otro mito, no había “moros” extranjeros que expulsar ni tierras que reconquistar. Dicho mito solo pretende justificar lo que en realidad fue una guerra de conquista, expolio y colonización; una colonización armada de los pueblos del centro, este y sur de la península en beneficio de las oligarquías monárquicas de los reinos del norte representadas en los Reyes Católicos, apoyadas por sus congéneres monarquías europeas y financiada por el Vaticano de Roma.
    Se asesinó y violó a mujeres, niños y hombres; se esclavizó a otros tantos; se masacraron ciudades enteras (algunas desaparecieron para siempre del mapa); se quemaron bosques y montes (principio del proceso de desertización en algunas zonas); se expulsaron a miles de personas; se expoliaron tierras y posesiones para la nueva nobleza extranjera e invasora y posteriormente se reprimió con especial brutalidad mediante Inquisición toda muestra cultural y religiosa ajena a la impuesta. Un genocidio en toda regla que la historiografía españolista nunca reconocerá.
    Las expulsiones fueron en masa, pero la mayor parte de la población autóctona permaneció en su territorio, escondida o asimilando la religión y cultura impuestas por el colonizador. Por tanto no existió la presunta e imposible repoblación castellana de nuestro territorio por la sencilla razón de que en la meseta y norte peninsular la población era mas escasa que en territorio andaluz donde siempre hubo mayor densidad de habitantes. Los movimientos de población fueron escasos y muy concretos.
    Otra prueba para entender como fuimos un pueblo ocupado militarmente a la fuerza lo constatan las posteriores rebeliones y levantamientos populares como la Rebelión de las Alpujarras o el Motín del Pendón Verde de Sevilla como resistencia armada y popular al invasor; lo que a lo largo de la historia irá evolucionando en las particularidades de las luchas jornaleras del pueblo andaluz por su tierra o en el bandolerismo como formas autóctonas de resistencia al ocupante con la correspondiente represión violenta del estado español en sus diferentes formas (monárquica, dictatorial o republicana).
    La principal motivación de dicha invasión armada; aparte de la de someter unos pueblos donde la libertad religiosa impedía el sometimiento de éstos a las voluntades del Vaticano; era la de apropiarse de los abundantes recursos naturales andaluces y establecer el dominio sobre nuestras costas que permitirá la posterior conquista, expolio y colonización de los pueblos del nuevo continente americano; lo que una vez más la mitología españolista edulcorará con el mito del “Descubrimiento de América”.
    “Reconquista” y “Descubrimiento de América”, dos mitos con una misma finalidad, dos mitos para justificar uno de los proyecto imperialista más atroces de la historia que supuso el expolio y genocidio de millones de personas, dos mitos para sustentar la historiografía españolista.
    Con estos datos, y muchos más, podemos constatar sin temor a equivocarnos que Andalucía fue territorio ocupado por la fuerza de las armas; que desde dicha ocupación militar el pueblo andaluz perdió por completo la soberanía sobre sus recursos naturales pasando de ser un vergel a no levantar cabeza en siglos; y que gran parte de la tierra ocupada sigue en manos de los descendientes de aquellos conquistadores. Que Andalucía, por tanto, fue un pueblo ocupado militarmente con pésimas consecuencias para su pueblo, y así sigue siendo.
    Tal y como después ocurre con los pueblos que hoy llamamos latinoamericanos en manos de los mismos colonizadores, los cuales ya lucharon por sus respectivos procesos de liberación e independencia. Tal como ocurre hoy día con los pueblos palestino o saharaui entre tantos.
    Andalucía es una colonia económica, suministradora de materia prima y mano de obra barata.
    Que el territorio con mayor riqueza en recursos naturales y mayores posibilidades de producción agrícola y pesquera del estado sea el que acumule los peores índices de desempleo y pobreza no es casualidad. Es fruto del papel asignado a Andalucía por el Estado Español, y ratificado por la Unión Europea, como suministradora de materia prima a bajo coste como territorio colonizado y bajo la lógica de expolio capitalista. Lo que se conoce como economía extractiva.
    Gran número de recursos, especialmente agrícolas, son extraidos de Andalucía con mano de obra barata para sustentar las industrias y cadenas de distribución del centro-norte del estado y de Europa, expoliando así las riquezas y beneficios generados por los mismos.
    No fue casualidad que la incipiente industria que empezó a florecer en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX (en Málaga se ubicaron los primeros altos hornos de la península, por ejemplo) fuera rápidamente desmantelada para ser trasladada a sus centros tradicionales del centro y norte del estado. Formaba parte de la lógica capitalista colonial de España mantener Andalucía como territorio del que expoliar recursos limitando su capacidad industrial.
    Dicha situación se repetirá durante el franquismo, cuando los excedentes agrícolas de nuestros campos sirvieron para financiar la construcción del tejido industrial deteriorado por la guerra, beneficiando a muchas zonas del estado español pero apenas a Andalucía.
    Así es como las burguesías centralistas españolistas, principalmente de Madrid, y las burguesías catalana y vasco-navarra (con la colaboración de nuestra burguesía local) han fundamentado su acumulación de capital y privilegios a costa del expolio de nuestros recursos y la explotación de nuestra mano de obra.
    A diario salen de Andalucía miles de transportes con materia prima y entran otros tantos de productos elaborados. De Andalucía cada vez se exporta más materia prima y cada vez se importa más producto elaborado. Esto hace que Andalucía tenga una economía totalmente dependiente y colonial, sin apenas medios de producción propios que creen riqueza y puestos de trabajo.
    Los ejemplos son muchos:
     - El algodón extraído de campos andaluces a sido la base de la industria textil de Cataluña.
     - Los fabricas azucareras de remolacha que fueron importantes en muchos puntos de Andalucía también fueron desmanteladas en favor de dicho sector en las zonas de Castilla.
    - La producción hortofrutícola andaluza en su mayor parte es manufacturada en industrias fuera de Andalucía; la misma es utilizada por las grandes cadenas de distribución europeas especulando con el precio final muy por encima de los precios en origen pagados aquí. En no pocas ocasiones los agricultores andaluces han tenido que tirar sus producciones mientras las grandes cadenas de supermercados nos venden productos agrícolas exportados de fuera de Andalucía.
    - El desmantelamiento de la flota pesquera andaluza basada en pequeñas embarcaciones en beneficio de los grandes buques de pesca extranjeros.
    - Otro ejemplo del expolio lo componen la extracción minera llevada a cabo por empresas británicas, con el beneplácito de las autoridades españolas, durante el S. XIX.
    Y así una larga lista.
    Mientras tanto desde las administraciones del estado español se destina menor inversión de la que nos pertenece por población (y da igual que gobierne PP o PSOE). Se nos insulta como pueblo subsidiado cuando dichas limosnas (como el PER) solo están destinadas a impedir la reforma agraria y a perpetuar nuestra situación interesada de subdesarrollo. Cualquier entidad privada importante recibe mucha mas inversión en concepto de ayudas y subvenciones que el conjunto destinado a subsidios para desempleados del campo en Andalucía. Tan solo un dato; en Andalucía solo entre 80 familias acaparan 100 millones de euros de la PAC (Política Agraria Común de la Unión Europea).
    Y como ocurre con el expolio de nuestros recursos naturales ocurre con la explotación de nuestra clase trabajadora como mano de obra barata. Dicha explotación se ha ejercido sobre nuestro pueblo de dos formas.
    La primera a través de empresas privadas foráneas implantadas en suelo andaluz, o a través del escaso tejido productivo privado local; pagando míseros salarios en condiciones de explotación laboral.
    Estadísticamente comprobado en Andalucía es de media donde más horas se trabaja y donde se pagan los salarios más bajos del estado. Por desgracia la precariedad laboral es una constante entre trabajadores y trabajadoras andaluzas que ya lo asumen como algo normal. Los índices de siniestralidad laboral también se han cebado no pocas veces con la clase trabajadora andaluza.
    La segunda forma tradicional de explotación de nuestra mano de obra ha sido obligando a millones de andaluces y andaluzas a emigrar a los territorios donde interesadamente se ha concentrado la industria para encontrar el trabajo y el pan que se les negaba en su tierra, víctimas del exilio económico forzoso. Una vez allí hemos sido históricamente utilizados como mano de obra barata en el centro del estado, Navarra, Euskadi, Levante, Cataluña, la industria alemana y la campiña francesa.
    Las consecuencias: estos son solo algunos de los datos que han ocupado titulares de prensa en los últimos años de denominada “crisis económica”:
    - Andalucía con las mayores tasas de desempleo del Estado Español y la Unión Europea; con un millón y pico de parados. Mas del 36%.
    - Andalucía donde mas sube el desempleo.
    - El paro entre los jóvenes es del 64%.
    - La menor renta per cápita del estado.
    - Cádiz es la capital de Europa en desempleo con más del 40%.
    - Mas de 400.000 familias con todos sus miembros en paro.
    - Donde más pobreza hay con el 38,3%.
    - El 25% de los andaluces viven en situación de pobreza y exclusión social. Unos 2,1 millones de personas.
    - La tasa de pobreza infantil entorno al 40%.
    - Cáritas urge ir en auxilio del millón de andaluces en situación de exclusión severa.
    - 697.000 hogares andaluces están en quiebra y expulsados del Estado del bienestar.
    - Donde más gente emigra: de Andalucía salen por primera vez desde 1996 más personas que llegan.
    - En seis años de crisis: 33.552 personas emigraron de Andalucía. Un tercio de ellos tiene entre 20 y 34 años.
    - La Comunidad Autónoma donde es más difícil encontrar trabajo y bien pagado.
    - Donde mas se trabaja y menos se cobra por jornada laboral.
    - Los sueldos en Jaén son la mitad que en Madrid.
    - El 46% de los trabajadores andaluces cobran por debajo del salario mínimo.
    - Entre las Comunidades Autónomas con mayor número de desahucios.
    Como vemos tal y como viene ocurriendo tradicionalmente con los abundantes recursos naturales de los pueblos de África, por ejemplo, en Andalucía, y salvando las distancias, las prácticas de expolio y explotación colonialista se repiten al dedillo.
    Andalucía como colonia política. 
    El estado de las autonomías es un fraude. Se inventó para salir del paso durante la llamada “transición” y aplazar la cuestión nacional de los pueblos que a la fuerza componen el estado español.
    Pese a la parafernalia con la que es adornada la Junta de Andalucía (la Junta Colonial) no ejerce más que de mera descentralización administrativa del estado, exactamente igual que si de una mera diputación provincial se tratase.
    Andalucía no posee de estructuras de poder propias para analizar y solucionar sus eternos problemas específicos.
    Andalucía no es soberana de sus abundante recursos para ponerlos a disposición de sus clases populares y por consiguiente tampoco tiene herramientas propias con las que poder defender sus intereses económicos en acuerdos internacionales.
    Esto último le ha permitido al Estado Español utilizar los recursos agrícolas, pesqueros y estratégicos como moneda de cambio en no pocas ocasiones para conseguir sus intereses y mantener su estatus de subordinación a las potencias occidentales bajo los intereses de la banca privada internacional. Los acuerdos alcanzados por los respectivos ministros de agricultura y pesca en la Unión Europea en las últimas décadas; la permisividad para que empresas británicas explotaran nuestros recursos mineros; las bases militares norteamericanas; o la cesión de Gibraltar al imperio británico son solo algunas muestras de la constante utilización de nuestro territorio.
    Andalucía carece de estructuras propias con las que defender sus intereses, por tanto, como buena colonia está supeditada a intereses ajenos.
    Andalucía como colonia militar.
    Como prolongación a la ocupación histórica explicada anteriormente y para asegurar la continuidad del expolio de nuestros recursos y nuestra mano de obra las oligarquías del Estado Español, a través de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, mantienen la ocupación y colonización a todos los niveles de Andalucía.
    La Guardia Civil se creó en 1844  bajo el reinado de Isabel II expresamente para reprimir el bandolerismo y los continuos alzamientos jornaleros en el campo andaluz, formas tradicionales de lucha de nuestro pueblo.
    Andalucía está ocupada por bases militares del ejercito español distribuidas por toda la geografía andaluza. Algunas de ellas ocupando grandes hectáreas de terreno cultivable sin uso alguno en comarcas con más del 40% de desempleo como por ejemplo ocurre en las Turquillas (Sevilla) tradicionalmente reivindicada por el movimiento jornalero andaluz.
    Tampoco es casualidad que el pueblo andaluz sea el principal suministrador de miembros a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Una economía colonial, sin medios de producción propios, que acumula los mayores índices de desempleo de Europa pocas expectativas ofrece a los y las jóvenes andaluzas que con alrededor de un 60% de desempleo juvenil solo les queda sobrevivir de trabajos precarios, emigrar, o pasar a formar parte de los ejércitos del estado español (policía, guardia civil, ejercito). Así es como por desgracia la juventud andaluza se ha convertido tradicionalmente en carne de cañón para engrosar las filas de dichos ejércitos, situación que en la actualidad lejos de acabar se acentúa cada vez más, creando al mismo tiempo entre los jóvenes aspirante los respectivos lazos emocionales con la patria que pretenden defender, asentando aún más la alienación cultural de nuestro pueblo que permite el expolio y explotación del mismo sin problemas. Como vemos, la pescadilla que se muerde la cola.
    Pero la ocupación militar de Andalucía va mucho más allá de la ejercida solo por el estado español. Ni nuestro propio pueblo es consciente de la tremenda importancia estratégico-militar que tiene Andalucía y el control del estrecho de Gibraltar para los intereses económicos y militares del imperialismo occidental representado por los ejércitos de la OTAN y sus estados miembros.
    Y como ocurre con nuestra economía, de nuevo entra en juego dicho valor como moneda de cambio del Estado Español para preservar su estatus de privilegiado sumiso de los intereses del imperio permitiendo que históricamente nuestro territorio haya sido ocupado por los ejércitos británico y norteamericano. La última recompensa por ejemplo, que líderes internacionales se declaren contrarios a la independencia de Cataluña.
    EE.UU. de norteamérica mantiene dos bases militares en territorio andaluz, la base naval de Rota y la base aérea de Morón. La de Rota con escudo antimisiles incluido, una peligrosa diana en caso de estallar un conflicto de grandes dimensiones con desastrosas consecuencia para nuestro pueblo. A menudo los soldados norteamericanos en sus horas de ocio han irrumpido en las poblaciones cercanas a las bases causando destrozos y agrediendo a personas, al mas puro estilo yanki, tal y como solo ellos están acostumbrados a hacer maltratando y humillando a todos los pueblos que ocupan.
    Dichas bases militares suelen justificarse con la quimera de dar puestos de trabajo cuando desde las mismas cada vez precisan de menor mano de obra autóctona, no compensando las consecuencias en lo más mínimo, y pudiéndose desarrollar otros sectores económicos que generen muchos mas puestos de trabajo y riqueza como ocurre en toda Andalucía en general.
    Gibraltar es la otra base militar, en este caso del Reino Unido, que no en pocas ocasiones a sido utilizada como vertedero nuclear con el consiguiente peligro que entraña para la población cercana. Cuando el españolismo reivindica Gibraltar, en pleno ejercicio de su hipocresía, olvida que fue España quien cedió esta parte del territorio ocupado de Andalucía a la corona británica como moneda de cambio de lo intereses de la monarquía española de turno.
    De su papel en la economía capitalista como paraíso fiscal y como controlador del estrecho de Gibraltar, daría para escribir largo y tendido.
    En la actualidad asistimos a otro ejemplo de utilización de nuestra tierra como campo de maniobras militar sin ningún tipo de oposición por parte de las administraciones locales. A lo largo de estos meses la OTAN desarrolla en Andalucía un impresionante despliegue militar realizando maniobras de entrenamiento en zonas de Cádiz y Almería. La prensa local lo califica ya como el mayor despliegue militar en la zona desde la Guerra Fría o la Segunda Guerra Mundial. Agrupadas bajo el nombre "Trident Juncture 2015", estas pruebas reunirán a un número de efectivos que oscilará entre los 28.000 y los 35.000 militares en pocos meses.
    Ya sea con la excusa de combatir el terrorismo que ellos mismos financian, ya sea con la excusa de controlar el évola, o por cualquier otra; Andalucía es utilizada constantemente sin reparo ni oposición como base de maniobras y despegue de las agresiones imperialista de la OTAN y sus estados miembros sobre otros pueblos del Mediterráneo, Oriente Medio y África; y que están generando auténticos dramas humanitarios a diario.
    Como vemos pues, Andalucía es una auténtica colonia militar muy estratégica como pocas en el mundo ocupada por ejércitos de la OTAN, el español, el británico y el norteamericano.
    Andalucía como patio de recreo.
    Las costas de Andalucía son desde hace décadas utilizadas como destino turístico para visitantes de todo el estado y media Europa.
    Además numerosos representantes de las clases sociales más poderosas del mundo han convertido zonas concretas de la costa andaluza (la costa malagueña sobretodo) en su zona de reunión y descanso.
    Se nos vende que el turismo es el motor económico de Andalucía. Lo que nos permite primero ratificar nuestra condición de subdesarrollo y dependencia económica, pasando del sector primario al sector servicios sin apenas medios de producción propios que generen riqueza. Y segundo, comprobar nuevamente el expolio económico; ya que la gran mayoría de cadenas de hoteles en nuestras costas de Almería a Huelva son propiedad de la alta burguesía de Madrid y Barcelona.
    Del sector servicios en Andalucía solo se enriquecen los de siempre, explotadores y especuladores urbanísticos que no dudan en llevarse por delante las riquezas naturales de las costas andaluzas convirtiéndolas en hoteles y campos de golf.
    A cambio la clase trabajadora andaluza solo recibe miseros trabajos de apenas dos o tres meses de duración al año y en pésimas condiciones laborales. En la hostelería, otro trabajo refugio para la juventud andaluza, se ejerce la explotación laboral con total impunidad; un hecho que se extiende por igual al resto del sector turístico en el interior de Andalucía.
    En resumen, como buena colonia que somos; convierten nuestras costas en el centro de descanso de la mafia capitalista mundial, el patio de recreo de media Europa, maltratando nuestro patrimonio natural, expoliando la riqueza generada por el propio turismo y a cambio el pueblo andaluz solo recibe las migajas del servilismo y la precariedad laboral.
    Un turismo que impone unas cuotas de poder adquisitivo no siempre accesibles para un pueblo que padece los peores índices de desempleo y pobreza de Europa. Andalucía está llena de rincones hermosos que todo el mundo tiene derecho a disfrutar de forma sostenible, pero llama la atención como nuestro pueblo es siempre el último en poder disfrutar de los mismos.
    Colonización socio-cultural del pueblo andaluz. 
    O lo que se conoce como alienación cultural de un pueblo o clase social. Se podría escribir mucho sobre dicha alienación y sin la misma no podríamos entender la realidad social de Andalucía.
    Han hecho del andaluz un pueblo orgulloso de sus cadenas; un pueblo que presume, defiende y siente como el que más los símbolos del estado que los coloniza, expolia y explota. Hacen de él un pueblo sumiso y servil, resignado a un estado de continua inferioridad respecto al resto del estado casi por castigo divino y sin solución aparente.
    Durante todo el artículo he pretendido demostrar y que se entienda que son muchos, muchísimos los intereses económicos, políticos y militares de las potencias de occidente y el Estado Español en mantener a Andalucía negada y en estado de subordinación. Y así entenderemos porque han sido muchos los recursos empleados durante siglos para anular por completo la identidad nacional del pueblo andaluz.
    Porque un pueblo sin conciencia de sí mismo y sin identidad es un pueblo indefenso, es un pueblo que no defiende sus intereses ni exige sus derechos como nación; y por tanto es un pueblo fácil de engañar, fácil de expoliar y fácil de explotar.
    Todo empezó con la prohibición y represión violenta de nuestra lengua, cultura y costumbres a través de la Inquisición en el momento de nuestra conquista armada por los Reyes Católicos.
    Continuaría con la apropiación por parte del españolismo de nuestro folclore popular, presentándolo como identitario de lo español en su versión más rancia y casposa, especialmente durante la época franquista y teniendo como principal ejemplo la Copla españolizada. Otra forma de apropiación cultural lo es el expolio de nuestro patrimonio arqueológico en museos de la capital del Reino (Dama de Baza, etc).
    En la actualidad la alienación cultural continúa sobretodo a través del deporte y los medios de comunicación de masas, donde el andaluz aparece en películas y series de televisión españolas casi siempre en el último eslabón de la pirámide social, ya sea como el portero de un bloque de pisos o como la chacha de la familia. Niegan el habla andaluza reduciéndola al chiste o a lo marginal. Es costumbre doblar a personajes de ficción marginales hablando en andaluz.
    La finalidad siempre es la misma; ocultar la identidad nacional de Andalucía o tergiversarla contaminándola de prejuicios y estereotipos culturales negativos que justifiquen nuestro rol servilista de mano de obra barata; minando nuestra autoestima como pueblo y haciéndonos culpables de nuestra condición de eterno subdesarrollo, como si el expolio y la explotación colonial no tuvieran la culpa.
    Una herramienta fundamental en el asimilamiento cultural de nuestro pueblo es RTVA (Radio Televisión Andaluza) donde a través de sus canales de radio y televisión se contribuye a desdibujar nuestra realidad nacional ocultando y tergiversando aún más nuestra historia, identidad y realidad social propagando los estereotipos de la Andalucía de romerías, toros y semana santa o negando el habla andaluza entre sus presentadores y presentadoras. ¿Como se puede hacer un programa de televisión sobre descendientes de emigrantes andaluces teniendo solo en cuenta los que emigraron fuera del estado español? ¿Que pasa con los millones de andaluces y andaluzas que continúan en Cataluña y otros tantos por el resto del estado?¿Acaso ellos no fueron víctimas del exilio económico forzoso que les obligó a salir de su tierra y dejar a su gente en busca de trabajo?
    Situación comparable a la discriminación sufrida por la raza negra en EE.UU. y que como ocurre con el andaluz o la andaluza, siempre aparecen representados como el mono de feria, el chistoso, el analfabeto, el vago, la chica “fácil”, o la criada de casa.
    Quizá estamos ante la Andalucía mas españolizada, sumisa y dormida de su historia. Porque de hecho Andalucía tradicionalmente fue quien más batalla presentó al estado en todas sus formas, desde la Rebelión de las Alpujarras tras su conquista hasta el 4 de Diciembre de 1977. Fuera España monarquía, dictadura o república burguesa; los levantamientos populares, las huelgas, la lucha jornalera y obrera en general, han sido una constante en un pueblo que en su subconsciente colectivo se sabe colonizado y subordinado.
    Estamos en la actualidad quizá ante la Andalucía más sumisa de su historia, lo que nos lleva irremediablemente a pensar que no será por mucho mas tiempo.
    Concluyendo.
    Las intenciones de este artículo, entre otras muchas, eran especialmente dos. La primera llamar la atención a los andaluces y andaluzas de la enorme importancia de los intereses económicos, políticos y militares creados entorno a la subordinación del pueblo andaluz. Y la segunda armar de argumentos en la medida de lo posible a los andaluces y andaluzas que quieren luchar por la liberación nacional y social de nuestro pueblo.
    Hasta que la izquierda andaluza y el regionalismo andaluz disfrazado de nacionalismo no entiendan la condición colonial de Andalucía con respecto al Estado Español y los poderes económicos de occidente nunca alcanzarán a analizar la realidad social y política andaluza con acierto, herrando constantemente en el diagnóstico sobre lo que necesita el pueblo andaluz para dejar de acumular los mayores índices de desempleo y pobreza del estado y Europa.
    Porque entendiendo los intereses creados entorno a la subordinación de Andalucía entenderemos que el regionalismo andaluz no tiene sentido, no tiene sentido seguir defendiendo más Andalucía dentro del Estado Español como mera región del mismo porque España no hará más concesiones a nuestro pueblo. Por tanto solo cabe la ruptura con el mismo para poder desarrollar un poder económico y político propios que defienda nuestros intereses como nación que somos.
    Las comparaciones a lo largo del artículo en las distintas fases de colonización social, política, económica, militar, etc. con las de otros pueblos en espacio y tiempo tampoco son por casualidad. Van dirigidas a esa izquierda españolista extendida en amplios sectores del pueblo andaluz; esa izquierda para la cual los eternos problemas de Andalucía desaparecen en cuanto enarbola la bandera tricolor. Esa izquierda profundamente comprometida con las causas del pueblo palestino o saharaui, la colonización histórica de África y Sudamérica, o la discriminación de distintas etnias en el mundo; y que sin embargo se sigue negando a ser consciente y consecuente cuando en su propio pueblo se dan todas las muestras de colonización posibles.
    No olvidemos que en muchos puntos de la campiña andaluza los jornaleros se rebelaron contra la II República porque la situación colonial de pobreza, subdesarrollo y explotación seguían cebándose con Andalucía; y la II República respondió como solo España sabe hacerlo, mediante represión y muerte (la matanza de Casas Viejas).
    Como muestra un botón, este artículo escrito por Rubén Pérez Trujillano recoge el discurso del diputado cordobés Antonio Jaén Morente en las Cortes Constituyentes en 1931 en plena República, de recomendada lectura, donde expone las causas del problema andaluz y habla de la condición colonial de Andalucía.
    Resumiendo.
    Nuestro territorio fue colonizado y nuestro pueblo sometido por la fuerza de las armas; se expolian los recursos de nuestra nación andaluza y se explota a nuestra clase obrera; se utiliza nuestro territorio como base militar y nuestros jóvenes como carne de cañón de sus ejércitos; utilizan nuestra tierra como patio de recreo y se presta el servilismo de nuestro pueblo; se niega la identidad de nuestra nación y se mantiene alienada a las clases populares andaluzas.
    El sometimiento de Andalucía tiene como finalidad el expolio de sus riquezas y la explotación de su mano de obra, y es por eso que desde la izquierda soberanista andaluza somos conscientes de que la opresión de Andalucía se da por igual como nación y como clase trabajadora, en lo nacional y en lo social, y es por esto por lo que ambas luchas no pueden desligarse.
    Desde la izquierda soberanista andaluza tenemos claro que la única salida de Andalucía para dejar de ser una colonia a merced de los poderes económicos de occidente (para los cuales España al fin y al cabo solo es un intermediario) son opciones políticas rupturistas; que propongan romper con la unidad del Estado Español y con el sistema económico capitalista que mantienen a Andalucía en el último eslabón de Europa. Luchar por la República, por nuestra propia República Andaluza de Trabajadores y Trabajadoras.
    Una ruptura que cuando ocurra deberá darse en términos distintos a los que actualmente se puedan plantear en otros territorios del norte del estado que caminan hacia su independencia. En Andalucía dicho proceso tendrá que darse en términos de descolonización donde los culpables del expolio deberán rendir cuentas y reparar daños.