El Parlamento de la Unión Europea aprueba el CETA con los votos de la derecha y la mayoría de los “socialistas”

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Con los votos del Partido Popular Europeo (PPE), los Conservadores y Reformistas (CRE), los liberales del ALDE y parte de los Socialistas y Demócratas (S&D), la Eurocámara ha aprobado el CETA, el acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá. Una amplia mayoría (408 votos a favor, 254 en contra y 33 abstenciones) que da luz verde al tratado, tras un debate bronco y airado, con continuas interrupciones y abucheos desde la bancada de los grupos de la Europa de la Libertad y la Democracia y de la Europa de las Libertades y las Naciones y marcado por las referencias constantes al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Los defensores

La comisaria europea, Cecilia Malmström, ha defendido que el CETA “intentar dibujar una nueva globalización”, permitiendo que haya más intercambios comerciales y que, defiende Malmström, “va a ser beneficioso tanto para las empresas como para los ciudadanos”. En la misma línea se ha expresado Manfred Weber (PPE) que ha aprovechado para reivindicar el papel del Parlamento en la consecución de acuerdos de comercio internacional, en relación al bloqueo del CETA desde la Región de Valonia en Bélgica y Marietje Schaake (ALDE) para quien el CETA es un seguro de creación de empleo y “abre los mercados con garantías de protección medioambiental y laboral”.

Una de las intervenciones más esperadas era la de Gianni Pitella, líder de los socialdemócratas que han votado divididos. Pitella ha defendido la democracia interna de su partido y ha insistido, frente a quienes defienden que el texto debe ser una referencia, en que “el CETA no es el modelo” sino “el inicio de un cambio en la política comercial europea”. En este sentido, ha aplaudido las reformas del tribunal de inversiones “con el que las multinacionales hubieran dinamitado nuestro sistema jurídico”.

Los opositores

Los opositores al CETA agrupan tres familias políticas muy distintas. De un lado, la Izquierda Unitaria Europea y la Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL), de otro, el grupo de los Verdes y de otro, los populistas de extrema derecha de los grupos de la Europa de la Libertad y la Democracia, liderado por Nigel Farage, y de la Europa de las Libertades y las Naciones, al frente del que se encuentra Marine Le Pen.

Anne-Marie Mineur, representante de GUE/NGL ha mostrado su preocupación “porque este acuerdo parte de que cualquier regla que limita el comercio es una regla mala y esto limita nuestra soberanía reguladora”. Para Mineur, con la aprobación del CETA “no solo limitamos el Estado de derecho sino que ponemos en peligro la democracia”.

En su intervención, Marine Le Pen ha acusado a la UE de acabar con la soberanía del pueblo con este acuerdo y ha advertido de que los ciudadanos franceses “tendrán una oportunidad para recuperarla en las próximas elecciones”.

División entre los eurodiputados españoles

Elena Valenciano ha defendido el voto en favor del CETA pues, entiende, la UE debe crear un bloque con países con valores similares a los de la Unión, frente al proteccionismo de Trump, la amenaza geopolítica rusa, el expansionismo chino o el auge de los “nacional-populismos” europeos. Y ha apuntado a Canadá como un socio imprescindible. Reconoce sin embargo que el acuerdo no es “la panacea de nada” y tampoco “el mejor acuerdo posible” pero es un “paso más en la dirección que yo creo que es la adecuada”. Los socialistas, ha defendido Valenciano, “no queremos globalización sin control ni queremos levantar muros proteccionistas” y proponen frente a estos extremos “un mundo abierto al comercio con reglas democráticas”.

El popular Santiago Fisas ha defendido que “en tiempos de incertidumbre es importante que la UE dé una señal clara y qué mejor que la aprobación del acuerdo con Canadá”. El CETA, considera Fisas, “es un acuerdo moderno, ambicioso y equilibrado y sería deseable que pueda servir de modelo para otros acuerdos comerciales”. Quienes están en contra, ha sentenciado el eurodiputado del PP, “están a favor de las políticas de Trump”.

“Hoy la casa de la democracia vende la democracia a las multinacionales”, así de contundente ha sido Lola Sánchez (Podemos) que ha que el Parlamento ha hecho oídos sordos  “al clamor popular” en contra del CETA. Y advierte que aunque “hoy es un día triste la democracia se abrirá paso en los Estados” frente a lo que ha definido como “la constitución de las multinacionales”.

En la misma línea se ha expresado Marina Albiol (IU) que ha acusado a las instituciones de chantajear a los Estados miembros para que aprueben el tratado. Un tratado que para Albiol es “una grave amenaza para las pequeñas y medianas empresas” o el medioambiente.

La ratificación en los Estados miembros, último paso

Tras la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá que tuvo lugar el pasado 28 de octubre, quedaba pendiente la aprobación del texto por parte del Parlamento Europeo.  Con el “okay” de la Eurocámara, tal y como recoge el tercer párrafo del artículo 30.7 del acuerdo, el CETA puede entrar en vigor a partir del primer día del mes siguiente al intercambio de notificaciones entre las partes. Por lo tanto, el tratado entrará en vigor probablemente a partir de abril de este año.

La aplicación provisional no incluye la totalidad del acuerdo. De hecho, el Tribunal para la resolución de litigios entre empresas y Estados, uno de los puntos más polémicos, fue excluido de estas provisiones y no entrará en vigor por el momento. La Comisión continuará negociando con Canadá en el sistema de elección de los jueces y el acceso de pequeñas y medianas empresas al sistema de apelación, antes de la ratificación del texto por parte de los Estados miembros.

Una ratificación no exenta de posibles dificultades. Bélgica sigue siendo una incógnita en este sentido ya que el acuerdo que se alcanzó con la Región de Valonia para que esta desbloqueara la firma no se ha cumplido. Entre otras cosas, ni el sistema de arbitraje ha pasado por el Tribunal de Justicia de la UE ni la modificación del tribunal de arbitraje cumple a día de hoy las exigencias valonas. El Partido Socialista belga, a la cabeza del gobierno valón, ha votado en contra del acuerdo en el Parlamento Europeo y la diputada Marie Arena ha confirmado a cuartopoder.es que “si de aquí a la ratificación estas dos condiciones no se cumplen, Valonia votará contra la ratificación del CETA”. La posibilidad de que de nuevo bloquee la ratificación sigue por tanto sobre la mesa.

Otra de las grandes incógnitas es Francia, marcada por las elecciones a las que se enfrenta en apenas un par de meses. Marine Le Pen ha expresado en varias ocasiones su oposición al tratado y de hecho, su grupo ha votado en contra en el Parlamento Europeo. Una improbable victoria del socialista Benoît Hamon también pondría en dificultades la ratificación del CETA en Francia.

Portugal es otra posible tumba del CETA, con todos los miembros de la coalición en el gobierno en oposición a su firma en el Parlamento Europeo. Austria por su parte, también con un gobierno en coalición, deberá negociarlo con sus socios.

La aprobación del tratado por el Parlamento da un respiro a los defensores del CETA pero desde luego, no es el final de la historia. Si uno solo de los Estados miembros se niega a ratificar el acuerdo, no entraría en vigor. Pero esto ya lo tuvieron en cuenta Comisión y Consejo, de ahí a partir de abril este entre en vigor de manera provisional, sí, pero también indefinida.

(Fuente: Cuarto Poder / Autora: Beatriz Ríos)

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