Alertan de que el clima de Andalucía tenderá a la aridez y un mayor estrés hídrico

 

Paisaje agrario de la vertiente sur de la Sierra de los Filabre. Andarax y Campo de Tabernas.

Los expertos alertan de que el clima de Andalucía tenderá a la aridez y a un mayor estrés hídrico, afectando de forma drástica a las zonas costeras y a los humedales.

“En los próximos 50 años vamos a tener un clima mediterráneo más extremo, esto es, con temperaturas más elevadas, más calor, y menos agua. Las zonas costeras tienen que adaptarse a ello o el turismo se va a resentir. Es fundamental hacer algo ya”. Quien así se expresa es Enrique Figueroa, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla y una eminencia en temas ambientales quien, pese a sus inquietudes, deja caer un elemento nada desdeñable: los cambios que vienen pueden afectar a sectores capitales para Andalucía como el turístico.

Y es que el cambio climático, según todos los indicios, afectará a nuestra comunidad en mayor medida que a otras regiones del país y de Europa, dado que «Andalucía es más vulnerable por donde está situada, al borde del clima subtropical. Su cambio no puede ser más que a más aridez y más estrés hídrico», recalca el profesor, quien no se anda con rodeos: “Hay diseñados tres escenarios posibles y ninguno es bueno. Van desde el bastante malo hasta el peor”.

Figueroa considera que ya hay «una inmensa cantidad de evidencias y unos razonamientos científicos de apoyo como el incremento del dióxido de carbono, el aumento de la temperatura de la atmósfera o del nivel del mar. Es un proceso en marcha y consolidado». Por ello entiende que «sería una temeridad y una frivolidad dudar de ese fenómeno».

El catedrático de la US advierte de que, a su juicio, «el cambio climático se puede mitigar si se toman las medidas adecuadas, lo que ocurre es que no se toman. Las cumbres de París y Marrakech han sido un fraude. Hay mucha gente que va a sufrir, como los residentes en zonas costeras. Y lo que no se puede hacer es decir ya iremos revisando cada cierto tiempo y poner plazos como 2030 o 2050, me parece una tomadura de pelo», insiste.

Con todo, Figueroa confía en la voluntad de la Junta de atajar la situación: “Andalucía tiene probablemente el mejor plan para la mitigación del cambio climático de toda Europa. Pero lo tiene en papel y hace falta ejecutarlo”, para lo cual la receta parece sencilla: “Se trata de reducir y captar dióxido de carbono”. Pasar a la acción, pues, se antoja perentorio: “El plan y las ideas están por escrito y confío en el actual consejero [José Fiscal] porque es un convencido del cambio climático y seguro que va a articular todos los mecanismos a su alcance”.

Y a ello le insta: “Hay que hacer más y a más velocidad. Esa teoría desarrollada desde hace muchos años hay que ponerla en práctica. Es cierto que estos años de crisis no han venido bien para afrontar este tipo de retos, pero ya no se puede demorar más”, reitera el profesor Figueroa, que apunta otro elemento importante: la adaptación. “Además de mitigar hay que adaptar las ciudades, las zonas costeras, la agricultura… Los alcaldes deben asumir el compromiso de mitigar y adaptar a los escenarios que la propia Consejería ha previsto”.

A vuelta con el agua

Sin duda es el agua, la previsible escasez de agua para ser exactos, uno de los mayores quebraderos de cabeza que debe afrontar Andalucía. Así lo corrobora Leandro del Moral, catedrático de Geografía de la Universidad de Sevilla: “En el sector del agua, la mayor implicación política del cambio climático es que ya no es posible seguir suponiendo que los recursos hídricos futuros van a ser similares a los del presente. Esto tiene importantes implicaciones para la gestión sostenible del sistema y por ello, los gestores necesitan desarrollar metodologías de evaluación de estrategias o programas basadas en escenarios; así como desarrollar técnicas de adaptación que permitan ajustes progresivos a lo largo del tiempo”.

Del Moral alude a un estudio pionero realizado por Francisco Ayala-Carcedo, un punto de referencia indiscutible de la investigación y del debate sobre el cambio climático y sus implicaciones, donde se afirmaba que este fenómeno, si se confirmaran las previsiones del Instituto Nacional de Meteorología basadas en el modelo del Hadley Center (2,5ºC de incremento medio de temperatura y 8 por ciento de disminución media de precipitaciones en el horizonte 2060), supondría una importante reducción de recursos hídricos superficiales y subterráneos en España: 20.115 Hm3/año, el 17 por ciento de los recursos actuales. Aunque todas las cuencas hidrográficas sufrirían serias reducciones, las que atañen a Andalucía (cuencas Atlánticas y Mediterránea y cuenca del Guadalquivir) sufrirían reducciones superiores a la media: del 34 por ciento en la del Guadalquivir, del 23 por ciento en la Atlántica y del 31 por ciento en la Mediterránea.

Tales reducciones, combinadas con el aumento de la temperatura, hacen prever mayores problemas de contaminación química y biológica. De igual modo, es previsible un aumento de la irregularidad de los caudales fluviales y una intensificación de los sucesos extremos, tanto la sequía como las inundaciones.

A consecuencia de la elevación de la temperatura, las cuencas andaluzas padecerían un aumento de la evaporación directa en embalses y humedales superior al 30 por ciento, lo cual produciría serias crisis ecológicas en los humedales existentes, o incluso su desaparición en el caso de los más vulnerables.

Otra repercusión importante es el aumento del consumo en los regadíos, que podrían aumentar sus demandas hídricas entre un 6 y un 9 por ciento. La razón es doble: de un lado, el descenso de las precipitaciones obliga a aumentar los riegos; de otro, el aumento de la temperatura implica un aumento de la transpiración biológica de las plantas y de la evaporación directa del suelo.

También la ganadería puede resentirse en el futuro. Juan Manuel Mancilla, profesor de la Escuela de Ingenieros Agrícolas de la US, sostiene que “a más temperatura y menos precipitaciones afectará a la ganadería extensiva o semiextensiva, que es la más dependiente del medio, así como a la ecológica”. Advierte que «la producción de alimentos para el ganado puede generar gases de efecto invernadero» dado que se están “abandonando los sistemas pastorales.

(Fuente: El Correo de Andalucía / Autor: Horacio Raya)

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