Susana Díaz no contenta a mareas y parados con dimisiones y promesas. Abucheada en Cádiz (vídeos)

GRA160 CÁDIZ, 01/02/2017.- Personas pertenecientes en su mayoría a la marea blanca gaditana en defensa de la sanidad pública han recibido hoy a la presidenta andaluza, Susana Díaz, al grito de "fuera de Cádiz" mientras la jefa del Ejecutivo accedía al Ayuntamiento gaditano.EFE/Román Ríos

El día después de que Susana Díaz ejecutara a la cúpula de la Consejería de Salud y ordenara frenar todos los decretos de fusiones hospitalarias en Andalucía, como un gesto para controlar el estallido social por la sanidad pública, se sucedieron muchos hechos relacionados con estas revueltas. Ninguno señala que el conflicto esté zanjado. Todo lo contrario.

La presidenta de la Junta fue abucheada en Cádiz durante su visita al alcalde, José María González “Kichi”. Al grito de “no más recortes”, “traidora”, “mentirosa” o “fuera de Cádiz”, la dirigente socialista aguantó el chaparrón de una protesta, a las puertas del Ayuntamiento, donde había mezcla de mucha gente insatisfecha, pensionistas, parados, habituales en los plenos soltando improperios contra el alcalde. Entre los concentrados estaban representantes de los sindicatos CGT y Autonomía Obrera. Además de miembros del colectivo de parados y exclusión social y simpatizantes de las mareas en favor de una sanidad y una educación públicas. En un lugar visible, estaba el organizador de la marea blanca en la capital gaditana.

Los manifestantes saltaron la valla que rodeaba el perímetro del Ayuntamiento intentando alcanzar a ambos políticos. Varios efectivos de la Policía trataron a duras penas de contener la avalancha que se les vino encima. Empujones y gente al suelo ha sido el resultado de esta primera intervención. Los insultos de las personas que aguardan fuera no solo se han dirigido a los representantes del Gobierno andaluz sino también al regidor gaditano José María González al que acusan de no haber hecho nada por el empleo en Cádiz. Una de las pancartas que se ha desplegado en mitad de la plaza dice: ‘La Junta mata a personas lentamente con sus políticas’.

Cádiz parados

Mientras, Jesús Candel, “Spiriman”, el médico que desde Granada ha logrado prender la mecha en la calle contra la gestión de la Junta, salía a hombros de un juzgado de la localidad granadina de Albolote. Acudió a un acto de conciliación por una querella por injurias y calumnias interpuesta por el ahora exviceconsejero de Salud Martín Blanco.

Su imagen a hombros de un policía local, megáfono en mano, dirigiéndose a decenas de personas que habían ido a apoyarle, fue muy llamativa. La demanda se interpuso porque el médico ‘guerrillero’ leyó y difundió un anónimo en el que acusaba al exviceconsejero y a María José Sánchez, miembro de la Escuela Andaluza de Salud Pública, de un caso de enchufismo. Los demandantes no acudieron al juzgado.

Las plataformas piden concreciones y más dimisiones

En la cronología del “día después” de las dimisiones, aún quedan hitos importantes. Las plataformas andaluzas en defensa de la sanidad pública se reunieron con representantes políticos y a las puertas del Parlamento andaluz dejaron claro que la protestas no habían acabado. Exigen una hoja de ruta, fechas concretas y dimisiones en las negociaciones abiertas en Granada para frenar la fusión de los hospitales.

El consejero de Salud, Aquilino Alonso, compareció en la Cámara con la oposición apuntándole con toda la artillería. Estuvo muy lejos de salir a hombros, como “Spiriman”. Su mensaje trató de encauzar el diálogo. El próximo martes, anunció, la nueva viceconsejera y el gerente del SAS abrirán una nueva ronda negociadora. Las plataformas ya han empezado a poner en circulación mensajes en las redes destacando la relación personal de la nueva viceconsejera de Salud, Isabel Baena, con el portavoz de sanidad del PSOE, José Martínez Olmo.

Aquilino Alonso, el hombre en el Gobierno andaluz que se ha quedado en la diana del conflicto, tendió la mano y admitió errores. También censuró los “mensajes catastrofistas” de la oposición para “desprestigiar” la sanidad pública. Muchos se preguntan por qué Susana Díaz no propició también su cese para cortar de raíz las protestas. El consejero de Salud, que desembarcó en la Junta como viceconsejero en 2013, es un hombre con perfil más gestor que político, médico, con un currículo técnico. Asturiano de nacimiento, el consejero de Susana Díaz pasó también por el Gobierno del ahora presidente de la gestora, Javier Fernández. Nadie en el entorno de Díaz vincula esta protección a ese nexo político. Más bien dan a entender que prefieren esperar y que, si es necesario, “se tomarán otras medidas”.

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En el peor momento para Susana Díaz

La dimisión del consejero de Salud es una carta reservada para más adelante si no se calma el conflicto sanitario. El momento político es delicado. En el Gobierno andaluz se detecta nerviosismo por una posible crisis justo cuando Susana Díaz tiene que decidir y anunciar su salto a Madrid para liderar el PSOE. La marca política de estabilidad que la socialista abandera como presentación, gracias a su pacto con Ciudadanos, podría quedar muy tocada. Hay grietas en el Ejecutivo andaluz. Algunos señalan con disimulo a la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, que en 2013 firmó las fusiones. Otros recuerdan que meses más tarde llegó al cargo la ahora consejera de Igualdad, María José Sánchez Rubio, uno de los miembros más críticos de la ejecutiva federal contra Pedro Sánchez.

Ciudadanos ha virado y endurecido su discurso frente al Gobierno de Susana Díaz, ante el temor a quemarse en estas mareas que han sacado a la calle a miles de andaluces indignados por la atención sanitaria pública. Podemos está sacando un gran rédito político a las movilizaciones, curiosamente casi tanto como el Partido Popular, también muy activo en las denuncias y ataques por la mala gestión de la Junta. Ambos partidos, además, aprovecharon el Parlamento andaluz para poner el dedo en presuntas irregularidades sobre contratos a familiares y donaciones que no acaban de desenmarañar ni han llevado ante la justicia.

En el Gobierno andaluz se teme que el vaso se haya desbordado y ahora no sea posible contener fácilmente el descontento por la sanidad pública. Durante años, los socialistas andaluces han defendido la sanidad pública como “la joya de la corona” y han sacado pecho señalando que no había recortes. Pero sí los había, y además la mayoría fueron por decreto del Gobierno de Mariano Rajoy, aunque eso no se explicó porque el mensaje era que en Andalucía no se recortaba. Susana Díaz señaló públicamente que si tras las medidas adoptadas no se encauza el diálogo, habrá que sospechar que detrás de las protestas hay algo distinto a la defensa de la sanidad pública. Además, en las filas de su Ejecutivo hay estupefacción porque sea justo ahora, cuando se empiezan a recuperar derechos sustraídos a los profesionales de la sanidad y cuando el Presupuesto empieza a respirar.

(Fuente: El Confidencial /Autora: Isabel Morillo)

 

 

 

 

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