El auge ultraderechista en Alemania reintroduce vocablos nazis en el lenguaje político cotidiano

AfD

Alternativa para Alemania (AfD), el emergente partido alemán de ultraderecha, ha llegado con un diccionario debajo del brazo. La formación, euroescéptica e islamófoba, está incorporando al discurso público una serie de palabras con un éxito similar al que cosecha, semana a semana, en las encuestas de intención de voto. Pero estos términos no son en absoluto de nuevo cuño. Como advierten politólogos e historiadores, muchos de ellos tienen hondas raíces e inquietantes connotaciones ideológicas. En la mayoría de los casos, los vocablos han sido simplemente desempolvados, luego de décadas de destierro. Casi todos tuvieron ya su momento de gloria. Fue entre 1933 y 1945, durante el período del nacionalsocialismo.

Los expertos consideran que su empleo no es casual. Que mientras la formación se esmera por difundir una imagen moderna y presentable, lejos de las cabezas rapadas y las botas militares de los neonazis, hace algunos guiños al electorado más escorado a la derecha. Para no perderlo. Los analistas creen que se trata de una estrategia para ampliar su base de apoyo social hacia el centro, con un discurso populista, de protesta pero aparentemente desideologizado, sin perder en favor de la abstención al núcleo más duro de sus votantes.

“Si alguien dijera a día de hoy ‘Sieg Heil’, estaría claro que se trata de nacionalsocialismo”, explica el lingüista alemán Georg Schuppener. Estos términos recuperados ahora por la ultraderecha, advierte, “no suenan en un primer momento como nazis”, pero “sin embargo lo sugieren”.

Lügenpresse, Umvolkung, Überfremdung, völkisch o Völksverrater son algunas de estas palabras, en su mayoría de compleja traducción, que elevan hashtags a trending topic, copan titulares y azuzan el debate político y mediático en Alemania desde hace meses. Y su empleo ya no se limita a AfD, que asegura atacar con ellas la corrección política. Miembros del bloque conservador de Angela Merkel están empezando a recurrir a ellas. A veces en respuesta. Otras con total convencimiento.

Lügenpresse: prensa mentirosa

La ultraderecha la usa, de forma despectiva, para definir al conjunto de medios que propaga una narrativa que no encaja con la suya. Esto convierte a los medios, indefectiblemente, en mentirosos. La palabra resurgió en Alemania en 2014, como uno de los eslóganes que espetaban a los periodistas los manifestantes en las marchas en Dresde del movimiento Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida). Las acciones violentas contra reporteros se han multiplicado desde entonces en las protestas en esta ciudad y muchos fotógrafos las cubren pertrechados con un casco. Al menos dos periodistas españoles han sido agredidos en el último año allí por hacer su trabajo.

Posteriormente, AfD adoptó el vocablo para referirse, de forma genérica, a todos los medios, públicos o privados, que en su opinión forman parte del ‘establishment’ y defienden las tesis de los partidos establecidos. Y la catapultó al éxito en un debate político polarizado por la crisis de los refugiados y los atentados yihadistas en Europa y enmarcado en la era de la post-verdad. La palabra ha llegado a utilizarse contra los periodistas por parte de seguidores de Donald Trump durante algún acto electoral de la pasada campaña.

El término Lügenpresse, sin embargo, no es nuevo. Fue empleado por primera vez tras las fallidas revoluciones de 1848. Entonces los grupos conservadores católicos empezaron a denominar así a los medios impresos de corte burgués liberal que habían defendido las revueltas. Además de mentirosos, sus creadores insinuaban que esos periódicos estaban controlados por judíos y masones. Posteriormente la palabra se empleó contra la prensa gala por su cobertura de la guerra franco-prusiana y, en la I Guerra Mundial, para designar a la prensa aliada, especialmente a la británica, después de que estos hablasen de “la violación de Bélgica” tras la invasión alemana de este país.

Los nazis no dudaron en apropiarse del término y dispararlo contra sus enemigos ya en la Alemania de entreguerras. Tacharon de mentirosos a todos los medios que disentían de sus premisas, acusándolos de estar en manos de judíos o bolcheviques… hasta que, una vez en el poder, sometieron a toda la prensa del país y cortaron de raíz el disenso. Entonces Hitler y su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, dirigieron este dardo dialéctico contra los medios extranjeros y su cobertura crítica, por ejemplo, de hechos como la Noche de los Cristales Rotos. Tras el fin de la II Guerra Mundial el término cayó en el olvido en la Alemania occidental, mientras en la oriental se seguía empleando desde el aparato estatal comunista para descalificar a los medios del bloque democrático y capitalista.

völkisch: étnico

La líder de AfD, Frauke Petry, reivindicó en una entrevista al diario Die Welt el pasado septiembre este término. En su opinión, era una “simplificación indebida” considerar que este término tenía reminiscencias racistas y abogó por que los alemanes le diesen “de nuevo una connotación positiva” a esta palabra.

Frauke jugaba aquí con fuego. De forma totalmente premeditada. Este concepto surge a principios del siglo XX en Alemania dentro de una corriente de pensadores alemanes marcadamente nacionalistas y racistas en los que años después se sustentará la ideología nazi. En una columna de opinión el periodista Kai Biermann le replicaba a líder de AfD: “El término völkisch significa alemán y representa la exclusión de todo aquel que no haya nacido aquí. Quien lo emplea quiere hacer presentables pensamientos fascistas”.

Volksverräter: traidores del pueblo

Otra de las palabras que con mayor frecuencia se corean en las marchas de Pegida es la de “Volksverräter”. En la celebración del vigésimo quinto aniversario de la reunificación alemana, celebrado el pasado octubre en Dresde, decenas de personas recibieron a la canciller y al presidente alemán, Joachim Gauck, tachándoles a gritos de traidores del pueblo. Políticos de AfD han denominado de igual forma a miembros de otros partidos.

En la Alemania nazi este término estaba tipificado en el Código Penal. Definía al delito cometido por un alemán contra el conjunto de su propio pueblo y que buscaba dañar la unidad política, la libertad y el poder del pueblo alemán. En la práctica se empleó para castigar con la pena capital a todos los críticos del nacionalsocialismo.

Este enero, Volksverräter se hizo con el título de “Palabro del año” en Alemania, un dudoso título que concede un grupo de lingüistas del país. El término, explicó el jurado, fue utilizado con frecuencia en 2016 por los movimientos de ultraderecha para atacar a la clase política. Hace dos años la elegida fue “Lügenpresse”, lo que evidencia la capacidad de AfD y Pegida para incorporar términos al discurso público.

Umvolkung: inversión étnica

La ultraderecha llama así al proceso por el cual un pueblo pierde su identidad étnica y cultural al ser infiltrado por otro. En su opinión, esto es lo que está sucediendo en la actualidad en Alemania, con la llegada de más de un millón de peticionarios de asilo en los últimos dos años al país, en su mayoría musulmanes. La crisis de los refugiados fue la que en gran medida espoleo a Pegida y, sobre todo, a AfD, que en las últimas encuestas nacionales roza el 15 por ciento de intención de voto.

El término ha sido relanzado en los últimos tiempos desde distintos frentes, pero quizá el que ha tenido una mayor repercusión ha sido el libro de Akif Pirincci, un alemán de origen turco explícitamente alineado con las tesis de AfD. Su obra, de forma reveladora, se titulaba “Umvolkung: cómo los alemanes están siendo silenciosamente reemplazados”. Los alemanes, argumenta se están convirtiendo en “extranjeros en su propio país”.

La palabra procede de la ideología nazi. Concretamente, de su Plan General para el este de Europa, una vez conquistado por la Wehrmacht. El concepto se entendía en un doble sentido. Como la posibilidad de realemanizar a los pueblos germánicos de esta región que no se hubiesen alejado demasiado de sus raíces. Y también como el proceso de desestabilización cultural y étnica de las poblaciones de los lugares conquistados para el Gran Reino germano de la Nación Alemana.

Überfremdung: extranjerización

La palabra, causando una intensa polémica, apareció recientemente en un documento de seis páginas de un laxo grupo de diputados conservadores llamado “Berliner Kreis” (Círculo berlinés). El texto, dedicado a la crisis de los refugiados y sus efectos en dos elecciones regionales -con malos resultados para las filas de Merkel- aseguraba que “la preocupación por la pérdida de identidad y la extranjerización del país ha arraigado en muchos ciudadanos”.

El vocablo no es inocuo. Y por eso suscitó una violenta controversia en Alemania. Rastreando los registros históricos, parece que fue Goebbels quien primero empleó esta palabra. Fue en un discurso en 1933, el año en el que el nacionalsocialismo accedió al poder, para denunciar lo que él consideraba la infiltración de los judíos en la vida intelectual alemana.

(Fuente: El Confidencial / Autor: Antonio Martínez)

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Así son las Nuevas Derechas alemanas: jóvenes, intelectuales y nacionalistas

Movimientos y partidos de ultraderecha avanzan electoralmente en Alemania, pero ya no son los marginales de antaño. Su viejo sueño, formar un Frente de Derechas, parece hoy algo plausible. Algo se mueve en la extrema derecha alemana. El avance electoral del joven partido nacionalista, derechista, euroescéptico y antimigración Alternativa para Alemania (AfD) es un síntoma de ello, pero no el único. Desde que el ala más radical de AfD se impusiera dentro del partido y comenzara a obtener bancadas propias en (hasta ahora) diez parlamentos regionales, mucho se ha escrito sobre las razones de ese avance electoral: llegada de refugiados, crisis del euro, aumento de la precariedad laboral y de la desigualdad social, desgaste político de la canciller Angela Merkel, fallida comunicación del Gobierno federal alemán…

La escena de la extrema derecha alemana arroja otro fenómeno que parece respaldar los éxitos electorales de AfD: el surgimiento de una nueva intelectualidad ultraderechista que alimenta a través de editoriales, revistas y plataformas en Internet el argumentario político de sectores ávidos de una revolución ultraconservadora y descontentos con la marcha actual del país. Una escena que ofrece un discurso más sofisticado de lo que hasta ahora era habitual en la extrema derecha alemana.

Tanto la militancia como los votantes más fieles de AfD contrastan con la imagen tradicional de la ultraderecha y del neonazismo germano desde 1949. El Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD) fue hasta hace un par de años la principal referencia de esa escena. Una formación relacionada con la militancia violenta, el terrorismo neonazi, el racismo más recalcitrante y la nostalgia nacionalsocialista. Las llamadas Nuevas Derechas, conformadas por un conglomerado de organizaciones y activistas, han logrado apartarse de la estética del NPD con un discurso que, sin dejar de ser hipernacionalista, ultraconservador y abiertamente rayano con el racismo, atacan por igual a todos los partidos políticos alemanes establecidos y obtienen un potencial electoral transversal.

El Instituto para Política Estatal (IfS, por sus siglas en alemán), uno de los arietes ideológicos de las autoproclamadas Nuevas Derechas, ofrece en su web un párrafo paradigmático de esa estrategia política: “La socialdemocratización del llamado centro es una realidad que se refleja en ciertas posiciones defendidas hace 10 años por la izquierda y que se han generalizado en la CDU [democristianos], CSU [socialcristianos bávaros] y el FDP [liberales]. Ello afecta sobre todo a la postura sobre la sociedad multicultural y el abuso histórico-político del pasado alemán. (…) Sin identidad nacional no hay futuro para Alemania”.

Las Nuevas Derechas, con AfD como principal baluarte político, están consiguiendo así capitalizar electoralmente tanto una parte del abstencionismo tradicional como un espacio social ultraconservador que probablemente siempre estuvo ahí, pero que los democristianos de la CDU-CSU de Merkel ya no parecen en disposición de integrar en su electorado. De esta forma, el tablero político germano parece inexorablemente abocado a romperse por la extrema derecha en las próximas elecciones generales previstas para septiembre de 2017; tras ellas, el Bundestag (Parlamento federal) será muy probablemente el más fragmentado de la historia de la historia de la República Federal Alemana y tendrá en su seno a una fuerza política situada a la derecha de la democraciacristiana, algo inédito en Alemania desde 1949.

Jóvenes y radicales

Centro de Berlín, finales del pasado agosto. Un grupo de jóvenes activistas se encarama a plena luz del día a la céntrica Puerta de Brandeburgo. Cientos de turistas miran con curiosidad la acción a la espera de un mensaje ecologista o de extrema izquierda. En su lugar, y para sorpresa de muchos, los activistas despliegan una pancarta con la siguiente frase: “Fronteras seguras, futuro asegurado”.

El Movimiento Identitario (Identitäre Bewegung) fue el responsable de esta acción. “Somos la primera fuerza patriota y libre que toma parte activa y con éxito por la nación, la libertad y la tradición”. Así se presenta este grupo de clara orientación ultraderechista. Con una estética moderna, fresca, juvenil e incluso cercana a la de movimientos de izquierda alternativa, el Movimiento Identitario tiene un objetivo claro: “Mantener las identidades, culturas y tradiciones locales, nacionales y europeas, y luchar contra la migración masiva y la islamización que tiene lugar durante años, así como contra el derrumbamiento moral de nuestra democracia y nuestra sociedad”.

El Movimiento Identitario, procedente originalmente de Francia, nació en Alemania en 2012. Desde entonces, sus activistas realizan campañas en Internet y en la calle para luchar contra lo que consideran un multiculturalismo impuesto por unas élites que no los representan. Pese a su mensaje netamente ultraderechista, el Movimiento Identitario se aparta explícitamente de lo que ellos llaman Viejas Derechas (“racistas, neonazis, etc…”) para ofrecer un discurso algo más elaborado: defienden el concepto de “etnopluralismo, que contraponen al de “multiculturalismo”. Aseguran apostar por el mantenimiento de la diversidad cultural, siempre y cuando las diferentes culturas se mantengan dentro de sus “territorios históricos”. Un argumento que no es nuevo en la extrema derecha europea, pero que ahora es defendido con una estética renovada y en un momento histórico más propicio.

Frente de Derechas

AfD, Pegida (Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente) y el Movimiento Identitario son las principales organizaciones de las llamadas Nuevas Derechas alemanas. Su objetivo es, según observadores del fenómeno, crear un Frente de Derechas que se convierta en un polo ideológico que marque la agenda política alemana y, por qué no, incluso tomar algún día el poder. Un escenario que hasta hace poco tiempo la mayoría de politólogos y analistas consideraba inverosímil en Alemania, pero que, como demuestra el avance electoral de AfD, ahora ya no lo parece tanto.

“Las diferentes escenas se interconectan cada vez de manera más efectiva. En el centro actúan AfD y Pegida como centro gravitacional de todas fuerzas radicales. (…) Además de la islamofobia, el principal punto de su programa es el ‘etnopluralismo’; es decir, la creación de un mundo que conserve los espacios nacionales-culturales. Eso no es otra cosa que una especie de apartheid mundial entre pueblos”.

Este párrafo está extraído del libro “Ciudadanos peligrosos. Las Nuevas Derechas alcanzan el centro”. Escrito por Liane Bednarz y Christoph Giesa, dos periodistas y publicistas de corte liberal y conservador, el libro advierte que Alemania parece estar en un momento histórico perfecto para lo que la extrema derecha germana ha esperado durante décadas: convertirse en un actor político influyente y decisivo a nivel federal. Su agenda política es harto conocida: férrea oposición a una sociedad abierta y multicultural, recuperación de un concepto de ciudadanía basado en criterios étnicos y religiosos, posiciones claramente antimigratorias, euroescepticismo militante, revisionismo histórico y ultraconservadurismo moral.

¿Nuevo terrorismo ultraderechista?

“El año pasado registramos más de mil ataques contra centros de acogida de refugiados, y este año volvemos a ver un incremento de la violencia política, tanto de izquierda como de derecha. Pero es cierto que el peligro derechista nos preocupa más, porque ahora es más inteligente”, asegura a El Confidencial Rainer Wendt, presidente del Sindicato Policial de Alemania y autor del libro “Alemania en peligro. Cómo un Estado débil pone en juego su seguridad”, recientemente publicado.

“Antes, cuando hablábamos de extremismo ultraderechista, siempre teníamos en mente esos tipos fornidos, de cabeza rapada, cruces gamadas tatuadas y también un poco tontos”, continúa el comisario Wendt. “Este tipo de gente sigue existiendo, pero hay nueva extrema derecha muy peligrosa, que no sólo aprovecha el ambiente social, sino que también establece estructuras que actúan de manera conspirativa y más profesionalizada”.

Si se le pregunta si descarta la aparición de un nuevo terrorismo neonazi o ultraderechista organizado, como ya existió en el pasado reciente de Alemania, su respuesta es clara y directa: “No”. Rainer Wendt no está solo en ese sentido. Hace tiempo que observadores de esta nueva escena ultraderechista alemana advierten que hay activistas que están desapareciendo en la clandestinidad, lo que podría indicar el establecimiento de células terroristas organizadas e interconectadas preparadas para atentar.

El surgimiento del denominado Frente de Derechas, en el que las conexiones entre AfD, el Movimiento Identitario y Pegida son más que evidentes, apunta que en Alemania está cristalizando un sector social que podría intentar dar cobertura a un nuevo terrorismo ultraderechista. Uno de los párrafos de la autodescripción que ofrece el Movimiento Identitario alemán no podría ser más inquietante: “En Europa nos encontramos en el inicio de uno periodo de cambio. Para que ese cambio transcurra como queremos, necesitamos la colaboración de activistas jóvenes, inteligentes y dispuestos a sacrificarse y a corresponder al espíritu de nuestras vanguardias europeas, a conservar y a defender su patria”.

(Fuente: El Confidencial / Autor: Andreu Jerez)

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