El último sopapo de Fidel: ¿Quién es el idiota que habla de culto a la personalidad?

En marzo de 1966, Fidel Castro anunciaba:

“Una de las primeras leyes de la Revolución establece la prohibición de ponerle el nombre de ningún dirigente vivo a ninguna calle, a ninguna ciudad, a ningún pueblo, a ninguna fábrica, a ninguna granja; prohibiendo erigir estatuas de los dirigentes vivos; prohibiendo algo más: las fotografías oficiales en las oficinas administrativas”.

Durante mis más de 37 años viajando a la isla y los seis de trabajo en el Ministerio de Cultura del gobierno cubano, jamás pude ver ni un sólo busto o nombre de Fidel en edificios oficiales o en las calles, plazas, avenidas y parques del país.

Sólo los idiotas y los malintencionados pueden hablar del culto a la personalidad, de un hombre que esparcía buen humor, ánimo, humildad, generosidad y cultura por donde pasaba.

En Cuba no hay monumentos en su honor, ni estatuas, ni calles, ni ciudades que lleven el nombre de Fidel Castro.

Pero tras su desaparición física, estoy seguro de que el pueblo cubano estará orgulloso de que, por vez primera en la historia, se inaugure un monolito o una estatua en su honor.

Fuente: www.tenacarlos.wordpress.com

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