Colmo del cinismo: ex ministro de la Dictadura denuncia a la Diputación de Sevilla por “odio” e “intolerancia”

José Utrera Molina (foto adjunta), ex ministro durante la Dictadura y ex Secretario general del Movimiento Nacional, el partido único fascista, ha impugnado la retirada por la Diputación de Sevilla de la medalla concedida en 1969 por dicha institución, alegando el «torrente de odio e intolerancia» que, a su juicio, implica el acuerdo del Pleno de la Diputación, a propuesta de IU y Podemos, con los votos favorables de PSOE y C’s, además de los proponentes, y la abstención del PP.

Se argumentaba para retirársela, entre otras cuestiones, el que ejerció «responsabilidades» durante la dictadura «responsable de la represión de centenares de hombres y mujeres», y que una juez de Argentina le reclama por genocidio, por haber firmado en 1974 las últimas ejecuciones a garrote vil del franquismo: las de Georg Michael Welzel y Salvador Puig Antich.

Utrera Molina fue gobernador civil de Sevilla desde 1962 hasta 1969, año en que se le concedió, por tanto representante del Gobierno de la Dictadura en la ciudad. Posteriormente, fue nombrado ministro de vivienda en el gobierno de Carrero Blanco y ministro Secretario General del Movimiento Nacional en el de Arias Navarro. Tras la muerte del Diactadro formó parte de los miembros del llamado “búnker” el sector de los franquistas contrarios a la “reforma democrática” durente la llamada “transición.

Pues bien, este destacado dirigente de un régimen represor y genocida, argumenta ahora en sus alegatos contra la retirada de dicha medalla, mediante carta dirigida a la Diputación el pasado 22 de noviembre, que la decisión responde a «Un odio visceral hacia mi persona, mi trayectoria política y mis propias creencias ideológicas».

Añade que «Jamás habría expuesto estas alegaciones si esta propuesta viniese motivada por una censura objetiva de mi labor como gobernador civil de la provincia durante los años 1962 a 1969 o de mi conducta posterior que de alguna manera pudiera desacreditar o desmerecer el honor concedido. Pero a la vista está que, siendo estrictamente políticos los argumentos que se vierten en la citada proposición, lo único que se pretende con esta medida es denigrar y borrar de la historia de Sevilla cuatro décadas de su Historia, dictando una verdadera damnatio memoriae sobre todo aquél que tuvo responsabilidades en el régimen nacido el 18 de julio de 1936».

En el colmo del cinismo llega a declarar que durante el tiempo que fue gobernador de la provincia, en auqellos años sesenta en que la lucha antifascista se multiplicó en la ciudad, así como la respusta represiva del régimen, “tuvo el honor de servir a los sevillanos” con «absoluta entrega» y añade: «Miente quien afirmase que durante mi etapa como gobernador, se torturase, denigrase o detuviese a ningún sevillano por el hecho de ser demócrata o por motivos políticos o ideológicos». Incluso llega a dar nombres de personas de la oposición política al franquismo con las que mantuvo reuniones en su despacho. Así, como responsables de la entonces ilegal Comisiones Obreras: «Siempre he creído que los hombres capaces de luchar con valor por una idea, aunque yo la conceptuara equivocada, merecen el mayor respeto y yo jamás se lo regateé».

La Otra Andalucía

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