Moreno Yagüe se reafirma en sus descalificativos a Fidel y la Revolución Cubana. Podemos – Andalucía sigue callado

Hoy se cumple una semana desde que el diputado sevillano de Podemos – Andalucía y vicepresidente tercero del mal llamado Parlamento de Andalucía, Juan Ignacio Moreno de Acevedo y Yagüe, mostró su ideología reaccionaria al ofender y calumniar a Fidel Castro Ruz, con un comentario en twitter en el que decía, en referencia a Fidel, pocas horas después de su muerte: “Otro dictador que muere en la cama. Uno menos”.

El hecho trascendió en las redes sociales,  y diversos medios digitales se hicieron eco de la noticia. También medios del régimen, como el diario ABC, que, lógicamente, no han tardado en remarcar el hecho de que un político tan destacado de Podemos en nuestra tierra mostrase abiertamente su ideario contrarrevolucionario y anticastrista, dándole amplia cobertura durante varios días y, claro está, aplaudiendo y defendiendo a Moreno Yagüe y sus declaraciones.

Por su parte, el diputado podemita, tras calificar de “dictador” a Fidel y alegrarse por su muerte, mostraba en Facebook sorpresa por la reacción adversa a sus palabras  y se quejaba de que “durante horas, mi time line se ha llenado de insultos, barbaridades, chistes, amenazas y demás tralla propia de Twitter”, subrayando algunos como “que si no soy digno, que entregue el acta de diputado, que me cesen, que me muera, que me cuelguen de los güevos”.

Se justificaba afirmando que “es una opinión, mi opinión, y que no tenía intención de ofender”, pero a continuación muestra la hipocresía de su petición de disculpas no sólo reafirmándose en las ofensas a Fidel, sino añadiendo un extenso texto en el que muestra supuestas pruebas jurídicas de que “el Código Penal cubano, que ha proclamado e incluso a día de hoy mantiene normas dictatoriales y en contra de derechos humanos fundamentales”.  Y lo hace mostrando toda una serie de ejemplos completamente descontextualizados en el tiempo, la historia y las circunstancias socioeconómicas y políticas del momento, al más puro estilo de los desinformadores pro-imperialistas.

Yagüe llega a afirmar, a modo de reafirmación y «prueba» de sus postulados, que “Fidel nunca dijo ser un demócrata convencido. Y probablemente él asumiera que algunas cosas que hizo eran imperdonables. Es más, creo que no se ofendió porque la expresión utilizada para nombrarle en el planeta fuera el dictador cubano. Así que no me sean más papistas que el papa. Ni sean tan simples”. Ya no se conforma con ofender a Fidel y a la Revolución cubana, ahora lo extiende a sus partidarios y defensores. Incluso les critica que hablen de la existencia de una dictadura aquí y no allí.

Pero con todo, lo más llamativo es su definición de Dictadura. Afirma que “una dictadura es un sistema de poder donde en general la Justicia y las garantías para todos de los derechos humanos básicos no destacan mucho. Una dictadura es un sistema de poder que lo primero que hace es protegerse así mismo y dotar de privilegios sobre el resto de la población a quien forma parte de las estructuras del sistema. Y, en fin, a todas las dictadoras les pasa lo mismo, que tienen al frente a un dictador”. ¿Se refiere al Estado Español?, no claro está. Todo y cada uno de los porqués él cataloga a Cuba como una dictadura son aplicables al Estado Español impuesto y al “régimen constitucional” establecido en 1978. Ese al que representa, del que forma parte institucionalmente y al que defiende como “democrático”.

¿Es que acaso el régimen español no es “un sistema de poder donde en general la Justicia y las garantías para todos de los derechos humanos básicos no destacan mucho”? ¿No es un “es un sistema de poder que lo primero que hace es protegerse así mismo y dotar de privilegios sobre el resto de la población a quien forma parte de las estructuras del sistema»? ¿Y si cumple con los requisitos expuesto por él mismo, por qué alza la vista hacia tierras lejanas y no fija su mirada en derredor? ¿Por qué no califica al régimen español de dictadura y actúa en consecuencia? Pues él mismo se responde al autocalificarse como defensor de la “democracia representativa”. O sea, de la democracia burguesa. De la dictadura del Capital sobre los pueblos.

Yagüe no señala esta dictadura como tal porque es partidario de la misma, de esta «democracia representativa», y porque forma parte de ella. Porque también él se beneficia de esos “privilegios sobre el resto de la población al que forma parte de las estructuras del sistema”. Obviamente “Fidel nunca se definió como un demócrata”, como demócrata burgués, claro, que es lo que Yagüe entiende por democracia. Tampoco como un esbirro del Capital, que es lo que son sus «representantes». El nunca defendió la “democracia representativa”, la dictadura del Capital sobre su pueblo. El, por el contrario, lo que siempre defendió e hizo fue liberar a su pueblo de la dictadura del Capital. De la «representatividad» burguesa.

¿Excepción o regla?

Ha pasado ya una semana de dichas manifestaciones y, como ya dije anteriormente, lo peor de todo es el “silencio de los corderos” de sus compañeros de escaños y de partido. Ningún diputado del grupo parlamentario, «autonómico» o estatal, se ha pronunciado al respecto, y menos aún para criticar las manifestaciones de Yagüe y exigirle rectificación. Tampoco lo ha hecho ningún dirigente del partido, ni a nivel andaluz ni estatal. Pero es lógico ¿cómo van a criticar unas palabras y argumentaciones que en el fondo comparten? Ejemplos sobran.

“Llegará más temprano o más tarde, pero el proceso de transición cubana culminará en la democratización del régimen“, ha afirmado Carolina Bescansa con respecto a Cuba tras la muerte de Fidel. “Fidel no ha tenido la capacidad de amoldarse al desarrollo democrático que se necesitaba en Cuba», decía por su parte Manuela Carmena. “El reto es la democratización de la isla», sentenciaba por su parte la “anticapitalista”, muy andaluza y mucho andaluza, Teresa Rodríguez con respecto al futuro de Cuba tras la muerte de Fidel. Más sibilino, Pablo Iglesias, nadando y guardando la ropa, tras aparentar elogiar la figura de Fidel añadió a continuación que “muchos dirán que ojalá hubiera habido en Cuba un sistema político distinto, y eso es algo que hubiéramos deseado todos, pero hay que entender los contextos históricos“. O sea, no hay democracia pero hay que comprenderlo y perdonarlo. Y así, por el mismos estilo, muchos otros.

Hace una semana señalaba que el que no se produjese ninguna declaración por parte de los diputados “autonómicos” o estales de Podemos, así como de los dirigentes andaluces o estatales, y el que no emitiese Podemos – Andalucía nota oficial alguna al respecto, desmarcándose y condenado, rotundamente y sin ambages, las declaraciones de Yagüe, equivalía a complicidad y aquiescencia con respecto a las mismas. Que “el que calla otorga”, como afirma el dicho popular, y en este caso otorgar era colocarse junto a la indignidad y la infamia. Situarse en el bando de la iniquidad de la política al servicio del Sistema… una vez más. Hoy ya no cabe duda razonable al respecto, más aún después de haber realizado declaraciones como las anteriormente transcritas. No las critican ni las contradicen, más allá de por oportunismo y cobardía, que seguramente también, porque evidentemente las comparten.

Marx tituló uno de sus libros como “la miseria de la filosofía”.  La actitud con respecto a Fidel Castro y la Revolución cubana por parte de los dirigentes y parlamentarios de Podemos, parafraseando dicho texto, podría ser calificada como un ejemplo de “la miseria de la política”… De la política de Podemos.

Paco Campos para La Otra Andalucía

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