Italia: Campaña pro-fertilidad del “progresista” gobierno Renzi denunciada por machista y racista

El 22 de septiembre de 2016 se ha celebrado en Italia el Fertility Day (Día de la Fertilidad). El ministerio de Salud, dirigido por Beatrice Lorenzin, miembro del partido Nueva Centroderecha, coaligado al PD en el gobierno de Renzi, ha inaugurado una campaña para incitar a las parejas italianas a tener hijos. La jornada se ha basado en distintas mesas redondas en las cuales se ha hablado de los problemas de salud ligados a la infertilidad.

Esta jornada ha sido precedida por una larga campaña mediática que ha fracasado por todos lados: la campaña publicitaria de hace unas semanas, creada para promocionar el Fertility Day, consistía en la difusión, en sus redes sociales, de algunas imágenes en las cuales se animaba a las parejas italianas a tener hijos, y en particular a las mujeres. La campaña ha sido objeto de burlas y críticas sobre su comunicación, hecho particularmente sorprendente para un gobierno, como el de Renzi, que ha hecho de la propaganda uno de sus puntos fuertes.

Por si no fuera suficiente, el 21 de sepiembre se ha difundido el folleto que explicaba el sentido y el propósito de la jornada. La imagen de la cubierta oponía a las “malas compañías”, presuntos enemigos de la fertilidad con la piel negra y consumiendo drogas, a los “buenos” modelos a aspirar: dos parejas de blancos heterosexuales, decididamente no promiscuos como los otros.

Por esta imagen, Lorenzin ha sido acusada de racismo y sexismo, y al día siguiente la ministra de Salud estaba todavía defendiéndose de las acusaciones. A la postre, la imagen ha sido retirada, y mientras escribo, se pide su dimisión.

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En las últimas horas, la ministra, impacientemente, ha invitado a dejar de pensar en la campaña publicitaria (“No soy el ministro de Comunicación”, ha declarado) y ha invitado a concentrarse en su contenido: bien, hagámoslo.

Beatriz Lorenzin es ya conocida por su actividad ligada al Movimiento pro vida, grupo antiabortista católico. En una convención llegó a declarar: “El papel que desempeña el Movimiento pro vida y en particular el de los Centros de apoyo a la vida es particularmente importante y extraordinario y con demasiada frecuencia ignorado y ocultado.”.

La decisión de ligar una campaña pro natalidad con el tema de la salud es indicativo de la in-tención de querer presentar esta cuestión con un sentido lo más “neutral” posible, cuando la cuestión no es en absoluto neutral.

Hace tiempo el movimiento feminista tomó las cuestiones de la interrupción del embarazo y de la maternidad, y en general el bienestar psicofísico de la mujer en relación con su propia salud. En este sentido cabe recordar el bellísimo libro publicado en 1971 por The Boston Women’s Health Book Collective titulado “Our bodies, ourselves” [Nuestros cuerpos, nuestras vidas], operación política en que la ciencia se consideró aquí como un medio a través del cual las mujeres conseguían su autodeterminación en lo referente al mantenimiento de su salud y su bienestar.

Está claro que si una antiabortista desde el primer momento habla en nombre de la “salud” para llevar a cabo una campaña de natalidad hay algo que no va bien.

De hecho, la operación a favor de la reproducción que está haciendo el gobierno Renzi está vinculada a la política fascista reproductiva, ya que los hijos que este gobierno considera dignos de ser considerados como tales deben de ser exclusivamente hijos de parejas heterosexuales italianas: de hecho, los hijos de inmigrantes en Italia no tienen los mismos derechos. [Los hijos de inmigrantes nacidos en Italia solo obtienen la ciudadanía si sus padres son residentes de larga duración NdT]. Para el resto, una ley que les diera el derecho de ciudadanía en el momento del nacimiento está lejos de ser aprobada. Por otra parte, las personas trans no pueden reproducirse visto que les es impuesta la esterilidad en el momento de la transición. En resumen: la fertilidad sí, pero sólo para algunos.

Comparar la política sexual del gobierno Renzi con la política reproductiva del fascismo no es una cosa forzada. A pesar de que el fascismo jugó varias cartas en este sentido, en lo que se conoce como el discurso de la “Ascensión” en mayo de 1927, Mussolini planteó el problema del aumento de la tasa de natalidad. Los argumentos utilizados en defensa de la raza de Benito Mussolini provenían de la necesidad de tener mano de obra barata, y el proyecto imperial fascista promovió el aumento de la población en la perspectiva de poblar los nuevos territorios. La tercera razón de la campaña de natalidad fascista, no desarrollada explicitamente por Mussolini, pero avanzada por historiadoras como Victoria de Grazia (1) es la necesidad de reestablecer las diferencias entre hombres y mujeres creadas por la guerra. El fascismo quería con esta campaña fortalecer la familia y el rol del padre-marido, tras haber forzado las mujeres a reingresar en sus hogares, al final la primera guerra mundial.

Actualmente aunque no estamos saliendo de una guerra, ciertamente la crisis económica que estamos viviendo ha contribuido en gran medida al desequilibrio entre los sexos dentro de la familia, por lo que a menudo mientras que los hombres están en un régimen de desempleo total o empleo precario, las mujeres están de hecho tan cargadas de trabajo como los hombres y a menudo más: algo inaudito e inédito en la católiquísima Italia.

La feminización del trabajo no es un hecho reciente, sin embargo, se ha convertido en relevante en el momento en que comenzó la crisis económica, por lo que el problema es que el empleo femenino está ahora aún más devaluado y considerado secundario. La crisis económica capitalista ha golpeado a la familia y una campaña de natalidad es lo que se necesita para “meterla en cintura”.

Un hecho curioso es la superficialidad de esta iniciativa, porque incluso aquellos que aspiran a tener una familia tradicional, no se lo pueden permitir. algo de lo que es responsable el “gobierno ladrón” ya que los bancos no dan hipotecas y por el hecho de que sin la ayuda de sus padres les es imposible crear su propia familia. Como Mussolini, Renzi está completamente desinteresado en el aspecto “reformista” de la cuestión que se plantea, y la campaña se centra en la banal verdad de que el tiempo pasa, y los hijos o se hacen rápido o no se hacen más.

La campaña de comunicación ha fallado, y también ha fallado el torpe intento de poner en el orden del día una necesidad que ya existe, pero que, frustrada por la crisis económica, no puede o resulta difícil llegar a ser una realidad. Aun así, tenemos que decir que la operación en su conjunto fue una maniobra política e ideológica que, si bien no ha triunfado, ciertamente significa que el gobierno Renzi también podría comprar los votos de la derecha católica sin partido.

“Me pregunto si la ministra Lorenzin ha trabajado alguna vez en una línea de montaje, ha hecho turnos de noche, trabajo los sábados y domingos, respirando sustancias tóxicas en el lugar de trabajo, etc. Porque esto sí que produce daños a la salud reproductiva de las mujeres y los hombres …”, ha declarado Eliana Como del sindicato FIOM, centrando el problema. El hecho es que Lorenzin – como si hubiera alguna duda – realmente no se preocupa por la salud de las personas y mucho menos de la fertilidad, queriendo sólo centrarse en una cuestión: aquello que le importa es que la familia como unidad de mantenimiento de la opresión no sea destruida por el capitalismo.

Concluyendo, tenemos que decir que esta operación es uno de los ataques más duros a la libertad de las mujeres y su autodeterminación en Italia en los últimos años: incluso en veinte años, Berlusconi fue incapaz de llegar tan lejos.

La única respuesta que se merece este gobierno es una vez más la lucha por la autodeterminación de las mujeres centrada en una lucha por igual trabajo e igual salario, menos jornada de trabajo sin reducción de salario para todas y todos. Una lucha centrada en los derechos de los que sí tiene sentido hablar en relación a la salud: el de la libertad de acceso al aborto, la expulsión inmediata de todos los objetores de conciencia y la atención médica totalmente gratuita y libre de imposiciones privadas que, debido a los recortes, son a menudo responsables de la muerte de las mujeres que dan a luz y que abortan.

Esta lucha significa entonces dar un significado más “profundo” a la “salud”, la que la burguesía quiere hacer pasar como algo neutro, pero realmente no es neutral.

 

(1) Victoria de Grazia: Patriarcado fascista: las italianas bajo el gobierno de Mussolini, 1922-1940 en George Duby, Michelle Perrot, Historia de las mujeres en Occidente. El siglo XX

 

(Fuente: La Izquierda Diario / Autora: Serena Ganzarolli / Traducción: Clara Mallo)

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