Elecciones vasca y gallega: Ganan las derechas, suben los soberanistas, fracasa Podemos y En Marea

Tras la celebración, ayer 25 de septiembre, de elecciones autonómicas en Galiza y Esuakal Herria, aunque, como suele ocurrir tras cualquier elección por parte de los contendiente, todos se atribuyen victorias y achacan derrotas a los contrincantes, lo cierto es que, objetivamente, atendiendo, no solo a los resultados numéricos, sino igualmente a las expectativas y objetivos de los que cada uno partía, el 25-S, por más que se pretenda enmascarar la realidad, nos han deparado dos claros triunfadores, por una lado las derechas, representadas por el PP y el PNV, y por otro los grupos soberanistas que se presentaban, BNG y EH Bildu, así como dos innegables fracasos, los de Podemos y En marea.

Resultados en Galiza

Votos contabilizados: 1.438.054 (63,75 % de participación)

Abstenciones: 817.702 (36,25 % de los habitantes con derecho al voto)

Votos nulos: 14.486 (1,01 %)

Votos en blanco: 13.960 (0,98 %)

PP: 676.676 votos (47,53 %), 41 escaños.

En Marea: 271.418 votos (19,07 %), 14 escaños.

PSdeG – PSOE: 254.552 votos ( 17,88 %), 14 escaños.

BNG-NÓS: 118.982 votos (8,36 %), 6 escaños.

Resultados en Euskal Herria

Votos contabilizados: 1.067.354 (62,26 % de participación)

Abstenciones: 646.902 (37,74 % de los habitantes con derecho al voto)

Votos nulos: 4.685 (0,44 %)

Votos en blanco: 6.663 (0,62 %)

PNV: 397.664 votos (37,65 %), 29 escaños.

EH Bildu: 224.254 votos (21,23 %), 17 escaños.

Elkarrekin Podemos: 156.671 votos (14,83 %), 11 escaños.

PSE-EE- PSOE: 126.139 votos (11,94 %), 9 escaños.

PP: 107.357 votos (10,16 %), 9 escaños.

Ganan las derechas

Con respecto a las derechas, estas han logrados grandes triunfos, revalidando su mayoría absoluta el PP gallego, obteniendo 676.676 votos, el 47,53 % de la totalidad, y aumentando su minoría mayoritaria el PNV, con 397.664 votos, el 37´65 % de los emitidos. Todo lo cual les permitirá a ambos el seguir gobernando en solitario.

No basta ampararse en explicaciones de “votos cautivos”, “redes clientelares”, el caciquismo, o similares, para justificar sus respectivas victorias. Obviamente todo ello existe y es determinante. Pero sólo constituye una parte del porqué. Si en ambos países han sabido no sólo mantenerse sino incluso aumentar el voto, ello se ha debido también a sus planteamientos de estrategia electoral.

Tanto el PP gallego como el PNV han jugado el papel de derecha «moderna», quitándole de paso su especio a Ciudadanos, y han sabido aglutinar con ello no sólo el voto conservador que les es propio, el del “orden y la ley”, sino también el pequeñoburgués del miedo, el de la “estabilidad”, la “gobernabilidad” y el “desarrollismo”. Ambos partidos han sabido distanciarse de la derecha estatal y clásica, el PP, incluido el propio PP gallego, y presentarse como fuerzas propias, que enarbolaban las banderas de lo local, así como “centristas” que representaban la “moderación” y el “realismo”, frente a “aventurerismos”. La seguridad de lo conocido, aunque malo, frente a la incógnita de lo “bueno por conocer”.

Y la jugada les ha salido bien, no sólo revalidan resultados sino que incluso los aumentan. Y lo han logrado sabiendo conservar su electorado y atrayéndose a ciertas capas populares, las que tienen asumidos esos pensamientos y prioridades ideológicas de carácter pequeño-burgués anteriormente citadas. Esos sectores populares desclasados, consumistas, egocentristas y pusilánimes, que durante décadas cultivó el franquismo y que la izquierda del régimen, fundamentalmente el PSOE, pero también el PCE-IU, representaba tradicionalmente. Los mismos en los que ahora pretenden pescar Podemos y Ciudadanos.

Y es que no nos engañemos, si el PP gallego ha sacado el 47´53 % y el PNV el 37´65 %, ello conlleva el que a ambas formaciones no les votan en exclusividad sus burguesías, también capas aburguesadas de las respectivas clases populares. Esas sobre las que se asienta el régimen y su supervivencia, y que tanto Podemos, como obviamente aún menos Ciudadanos, no aspiran a cambiar sino a utilizar y sustituir al PSOE en su representación.

Suben los soberanistas

Otro innegable triunfo electoral ha sido el de las fuerzas soberanistas. El BNG, al que todas las encuestas les daban por desaparecido, o casi, puesto que las que más escaños les otorgaban era sólo de uno o dos, ha logrado 118.982 votos, el 8,36 % del total, y seis escaños. Sólo uno menos de los siete con los que contaba hasta ahora en la cámara autonómica. Y EH Bildu ha obtenido 224.254, el 21,23 %, y 17 escaños. Incluso aún podría lograr otro más si le es favorable el voto por correo, ya que sólo le supera el PNV en algo más de un centenar de votos para obtenerlo.

Ambas formaciones han logrado aumentar considerablemente sus votos con respecto a las últimas elecciones, las estatales del 26-J, en las que el BNG consiguió sólo 44.902, el 2´89 %, lo que significa que ha logrado triplicarlos. En cuanto a EH Bildu,  a las que las encuestan también les vaticinaba una importante bajada, en las últimas estatales logró 152.782, el 13,3 %, lo que supone que ha aumentado en más de 70.000 votos y ocho puntos porcentuales.

Sin embargo, en comparación con las anteriores autonómicas, las de 2012, ambas bajan. El BNG obtuvo entonces 146.027 votos, el 10,11% y EH Bildu 276.989, el 25 %. Pero si tenemos en cuenta las bajas expectativas de resultados de las que partían, y la competencia de Podemos y En Marea, el que BNG casi iguale los de 2012 y EH Bildu sólo pierda cuatro puntos porcentuales con respecto a entonces, es leíble como éxito. Paran la bajada y están en evidente recuperación. Y, en ambos casos, ello es achacable, entre otros porqués, también indudablemente a que han acentuado sus rasgos soberanistas, tanto en el discurso como en los proyectos presentados a la población.

Otro dato a valorar con respecto a los resultados soberanistas son los porcentajes de abstención, puesto que en ambos países en esta ocasión había sectores de la izquierda  independentista que la propugnaban. En Galiza los votantes han supuesto el 63´75%, casi seis puntos menos que en las últimas estatales del 26-J (69,63 %) y sólo unas décimas menos que en las anteriores autonómicas del 2012 (64,43%). En Euskal Herria ha votado el 62,26 %, algo más de cinco puntos por debajo de las estatales del 26-J (67,44 %) y  casi tres puntos y medio por debajo de las autonómicas del 2012 (65,63 %). Evidentemente el llamamiento abstencionista ha tenido un grado de respuesta no desdeñable.

Fracaso de Podemos y En Marea

Y si las derechas y los soberanistas son los obvios triunfadores de ambos procesos electorales, los unos por sus victorias y los otros por su recuperación y subida, los grandes derrotados han sido Podemos y En Marea. Evidentemente, si nos remitimos en exclusividad a los datos, lo que en ambos casos podría pasar por éxitos, si los analizamos tanto a la luz de las expectativas como de la comparativa con anteriores elecciones, la visión que se vislumbra es la contraria.

En Galiza Podemos-En Marea se presentaban con tres objetivos declarados: acabar con la mayoría absoluta del PP, darle el “sorpasso” al PSOE y convertirse en determinantes. Y uno no declarado, darle la puntilla al BNG, dejándolo sin representación o casi. Esto último resultaba especialmente importante para Anova. Ninguna de estas metas se han alcanzado. No han logrado acabar con la mayoría absoluta del PP. No han logrado el “sorpasso” al PSOE, apenas le han dado un arañazo, puesto que no han conseguido vencerle en escaños y sólo le han superado en poco más de 16.000 votos. Y, como consecuencia de todo lo anterior, no serán determinantes en la política institucional gallega.

En Euskal Herria Podemos ambicionaba dejar la victoria del PNV reducida a la mínima, e incluso superarlo. El “sorpasso” al PSOE no era el objetivo, puesto que se daba por logrado, sino el superarlo por un amplio margen, así como el adelantar a EH Bildu, y con contundencia, dejándola herida de muerte y situándose como primera fuerza de la izquierda en el país, siendo igualmente determinantes, no ya en la política institucional sino incluso en la formación de gobierno. Tampoco han conseguido ninguna de estas metas. El PNV aumenta su mayoría. El “sorpasso” ha sido muy inferior al esperado. No han adelantado a EH Bildu, y ésta no sale herida sino reforzada. No se convierten en primera fuerza de la izquierda, y mucho menos son determinantes, ni parlamentariamente ni con respecto a la formación de gobierno.

Pero el fracaso se muestra como aún mayor si realizamos una comparativa entre los resultados obtenidos en estas elecciones, con respecto a los logrados en las últimas estatales o las anteriores autonómicas. En Galiza, en esta ocasión, En Marea-Podemos ha logrado 271.418 votos (19,07 %) frente a los 344.143 (22,18 %) del 26-J y los 200.828 (13,90%) de AGE (EU + ANOVA) en las autonómicas de 2012. Han perdido cerca de 80.000 votos con respecto al 26-J y la unión de Podemos a AGE (En Marea) sólo logra 70.000 votos más que AGE sola en 2012.

En Euskal Herria logran 156.671 votos (14,83 %) frente a los 333.730 votos (29,05 %) que obtuvieron en las últimas estatales del 26-J. Esto quiere decir que, en apenas cuatro meses, han perdido más de la mitad de lo entonces alcanzado. Razón por la que si entonces se situaron como primera fuerza política del país, lo que les hizo albergar las altas expectativas expuestas, ahora quedan reducidos al tercer lugar, teniéndose que conformar con ser la primera fuerza de carácter  estatal, como ya le ha faltado tiempo para subrayar a Pablo Iglesias. Este es el  único éxito que pueden exhibir, puesto que, teniendo en cuenta las expectativas de las que se partía, superar al PSOE en apenas veinte mil votos, que EH Bildu le supere en cerca de 70.000 y el PNV les saque más del doble, no son meras derrotas, son sendos fracasos estrepitosos.

Y con todo, con 11 escaños aún se pueden dar por «bien pagás» ese grotesco tándem formado por la nietísima del filósofo de la «izquierda» otanista y la que traicionó la memoria de su hermano.

Paco Campos para La otra Andalucía

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