16 de septiembre: 35º aniversario de las masacres de Sabra y Chatila

Las masacres de Sabra y Chatila fue una matanza de refugiados palestinos que tuvo lugar en dichos campos de refugiados, situados en Beirut Oeste, durante la Guerra del Líbano de 1982, a manos de la Falange Libanesa, en respuesta a la Masacre de Damour.

Según una comisión interna israelí, la Comisión Kahan, las Fuerzas de Defensa de Israel apostadas en el Líbano estuvieron muy relacionadas con los hechos por no evitar las matanzas.

Esta masacre mereció la calificación de acto de genocidio por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas a través de su resolución 37/123.

El 14 de septiembre de 1982, el líder maronita y mandatario electo libanés Bashir Gemayel, fue asesinado junto a cuarenta personas más, en la destrucción con explosivos de la sede central de las Fuerzas Libanesas en Beirut, hecho cometido por facciones pro-sirias y pro-palestinas. El atentado terrorista fue atribuido al agente sirio Chartouni. Para preservar su estrategia en el Líbano, en peligro por el ataque, dos divisiones del Tsahal, al mando del Ministro de Defensa Ariel Sharón, ocupan el oeste de Beirut al día siguiente. Esta acción israelí viola su acuerdo con los Estados Unidos de no ocupar Beirut occidental.

Para el mediodía del 15 de septiembre, las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) habían rodeado por completo el campamento de refugiados de Sabra y Chatila y controlaban todas las entradas y salidas del campo. Asimismo, las FDI ocuparon un buen número de edificios como puestos de observación.

Ariel Sharon, y el jefe de Estado Mayor Rafael Eitan se reunieron con las unidades de la milicia cristiano-falangista libanesa, para incitarlos a entrar en los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila. En el marco del plan israelí, los soldados israelíes tenían que controlar el perímetro de los campamentos de refugiados y prestar apoyo logístico, mientras que los milicianos falangistas debían entrar a los campamentos, encontrar combatientes de la OLP y entregarlos a las fuerzas israelíes. La reunión terminó las 15:00 del 16/09.

Una hora más tarde, 1.500 milicianos cristianos se reunieron en el Aeropuerto Internacional de Beirut, ocupado por Israel, bajo el mando de Elie Hobeika sucesor de Gemayel.

La primera unidad de 150 falangistas, armados con pistolas, cuchillos y hachas entraron a las 18:00 en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, situados en las afueras de Beirut. Su misión era localizar posibles guerrilleros en retirada de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y desarmarlos, pero lo que sucedió en realidad fue una masacre de palestinos, la inmensa mayoría ancianos, mujeres y niños, todos ellos civiles indefensos, y que se prolongó durante más de 30 horas. Aparte de las ejecuciones, también cometieron violaciones, torturas y mutilaciones.

Durante la noche, las fuerzas israelíes dispararon bengalas iluminando los campamentos. Según una enfermera neerlandesa, el campamento estuvo tan brillante como “un estadio deportivo durante un partido de fútbol”.

A las 11:00, se envió un informe a la sede de las Fuerzas de Defensa Israelíes en el este de Beirut, informando del asesinato de 14 personas, incluidos civiles. El informe se remitió a la sede en Tel Aviv y Jerusalén, donde fue visto por más de 20 altos oficiales israelíes. Nuevos informes de estos asesinatos fueron enviados durante toda la noche. Algunos de estos informes fueron transmitidas al Gobierno de Israel en Jerusalén y fueron vistos por una serie de altos funcionarios israelíes.

Durante las siguientes 36 a 48 horas, los falangistas libaneses masacraron a los habitantes de los campamentos de refugiados palestinos con el consentimiento del gobierno israelí. El ex primer ministro del Estado de Israel expresó: “En Chatila no judíos mataron a no judíos ¿qué tenemos que ver nosotros con eso?”

Es una ironía que la única nación que realizó una investigación oficial seria, aunque fallida, sobre la masacre fue Israel. El ejército israelí o envió o facilitó el ingreso de los asesinos a los campamentos y luego observó, y hasta colaboró, mientras se cometía la atrocidad. Un teniente israelí llamado Avi Grabowsky dio la más reveladora evidencia de ello. La Comisión Kahan dictaminó que el entonces ministro de Defensa Ariel Sharon era personalmente responsable por haber enviado a los despiadados falangistas antipalestinos a los campamentos para “limpiarlos de terroristas”, los cuales resultaron tan inexistentes como las armas de destrucción masiva de Irak 21 años después.

Sharon perdió el cargo, pero más tarde llegó a primer ministro, hasta que fue víctima de un ataque al corazón al cual sobrevivió, pero lo privó del habla. Elie Hobeika, líder miliciano cristiano libanés que encabezó las matanzas –después de que Sharon dijo a los falangistas que los palestinos acababan de ejecutar a su líder, Bashir Gemayel, fue asesinado años más tarde en Beirut oriental. Sus enemigos afirmaron que los sirios le dieron muerte, pero los amigos de Hobeika culparon a los israelíes: él se había pasado a los sirios, y acababa de anunciar que revelaría todo sobre la atrocidad de Sabra y Chatila ante un tribunal belga que deseaba someter a juicio a Sharon.

(Fuente: Palestina Libre)

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