Marruecos: Desplazamientos y abandonos de migrantes hacia el desierto

En Tiznit, conocida como la “Ciudad de paz” del sur de Marruecos, a 100 km del desierto, un centenar de personas residen acampadas en el porche de un viejo café colindante a la carretera principal de entrada al pueblo. Son de Costa de Marfil, Mali, Camerún, Senegal, Guinea Conakry y otros países subsaharianos.

Ninguno es mayor de 24 años. Todos ellos han sido desplazados forzosamente desde la ciudad norteña de Tánger. Muchos han sido arrestados arbitrariamente al caminar por sus calles, otros lo han sido en su tentativa por saltar la valla o cruzarla por debajo del agua. Muchos de sus compañeros murieron en el intento, otros tienen marcas en la piel de los cortes producidos al intentar saltar la valla o lesiones en las articulaciones por los golpes de la policía a ambos lado de la valla.

Los desplazamientos forzosos al sur de Marruecos parecen ser las prácticas derivadas de los nuevos acuerdos de control de fronteras entre la UE y Marruecos: desmantelamiento de los campamentos cercanos a las fronteras y el traslado hacia el sur para la invisibilización del conflicto. Para ello se llevan a cabo arrestos individuales o redadas masivas, horas y/o días de retención en las comisarías hasta congregar grupos de 30 o 40 personas para trasladarlas a localidades cercanas al desierto del Sáhara.

Abandonados en mitad de la noche

Mientras tanto, nos explican, hubo filmaciones y toma de huellas. Palizas. Requisa de todas sus pertenencias, incluyendo la documentación, e incluso el Corán o la Biblia. Hasta que los reunieron para subirlos a autobuses sin informarles de su destino. Tras 10 a 12 horas de viaje en dirección sur, se abrieron las puertas del autobús y, en mitad de la noche y en cualquier punto de la carretera, les pidieron que bajasen a descansar antes de continuar el viaje; pero el autobús cerró sus puertas y desapareció.

Decenas de personas son abandonadas sin recursos ni apenas testigos mientras el pueblo de Tiznit duerme. Por la mañana verán a los recién llegados pidiendo unas monedas para poder alimentarse. Aunque los lugareños conocen bien que esto sucede y quién paga para que esto se realice. Según nos informan, la UE paga 65 euros por cada persona que Marruecos aleja de la frontera y traslada hasta su localidad, o son repartidos por otras cercanas como Turadant o Agadir.

Este grupo de migrantes subsaharianos vive en Tiznit desde septiembre u octubre de 2015, en un campamento que han organizado alrededor de un antiguo restaurante abandonado. Aún quedan restos de migrantes que moraron anteriormente y a los que el Ayuntamiento de Tiznit les cedió algunas jaimas en las que dormir (foto adjunta), pero ya no se han vuelto a repartir más y ahora viven entre colchones y mantas bajo los pórticos del restaurante.

Sobreviven de la solidaridad de los lugareños

Sobreviven de la solidaridad de los lugareños, de los que no tienen ninguna queja. Algunos trabajan para ellos, por no más de 40 dírhams (cuatro euros) al día en la construcción. Muchos tiene problemas de salud derivados de la falta de salubridad como el “moco de viento”, la “enfermedad del mosquito”, garrapatas, etc. o cortes y/o amputaciones heredadas de los intentos de saltar la valla de Melilla.

Tiene acceso a control médico, pero no tienen dinero para comprar medicamentos. El poco que consiguen es para alimentos –cuando no llegan donaciones solidarias–, para mantenerse en contacto vía teléfono o redes sociales con la familia y para ahorrar un poco que les permita comprar algún día un billete de autobús para volver al norte a intentar llegar a Europa. Éste es el sueño que persiguen desde que salieron de sus casas, muchos de ellos hace entre siete y ocho años. Sin embargo, temen que cuando intenten salir de Tiznit la policía vuelva a requisarles todas sus pertenencias y de nuevo se queden sin lo poco que han reunido con tanto esfuerzo.

Aunque algunos lo consiguen, y reciben noticias de los anteriores residentes del campamento de Tiznit, como de algunos del grupo de 185 personas que salieron juntas el 25 de diciembre 2015. Algunas noticias viajan con esperanza. Otras narran el desplazamiento de muchos a Argelia con la intención de cruzar a Italia. Otras noticias son amargas, de deportaciones o amigos muertos.

Informar no es fácil

Informar de estos traslados hacia el sur de Marruecos tampoco es fácil. Algunos de los migrantes nos comentan que a menudo los registros y desmantelamientos de los campamentos del Monte Gurugú sucedían cuando colaboraban con periodistas para explicarles su situación. Por lo que algunos de ellos son reticentes a explicarnos su situación y creen que informar en Europa de ello sólo provocará que los trasladen a lugares cada vez más alejados y dificultará su sueño de cruzar la frontera norte.

También la policía marroquí controla con quién se reúnen y hablan. Durante nuestro encuentro, varios policías secretas alertados por el alcalde del pueblo nos interrogaron sobre nuestras intenciones al hablar con ellos, insistiendo en que si estábamos haciendo un reportaje estaba prohibido y que implicaba situarse en contra de los intereses de Marruecos y su rey.

Aunque desconocemos el efecto que esta información pueda tener, muchos de ellos tenían la necesidad de explicar sus historias y el sufrimiento acumulado durante tantos años de sueño estancado entre miseria y desesperanza, mientras la UE paga 65 euros por cada uno de ellos para invisibilizar el conflicto.

(Fuente: Diagonal / Autoras: Pilar Rodríguez Suárez, Alba Barbé i Serra)

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