Sevilla: monumento a presos políticos en trabajos forzados del colector

Aun con 80 años de retraso, los alrededor de 250 presos políticos  que construyeron desde 1938 un colector que sirvió para sacar de la dársena del Guadalquivir las aguas residuales de Heliópolis y la avenida de La Palmera, a través de los 6,5 kilómetros de tubería, vieron en la tarde de este lunes, en una fecha tan señalada como el 18 de julio, reconocida y agradecida su denodada labor.

Fue la primera obra pública realizada por presos políticos del franquismo condenados en régimen de trabajos forzados, en este caso a beneficio del Ayuntamiento de Sevilla, que adjudicó la ejecución de la obra –también la construcción del campo de concentración anexo– a la empresa Entrecanales y Távora.

No lo vieron con sus propios ojos, obviamente, sino con los de las más de 200 personas reunidas en el Parque del Guadaíra, a apenas 100 metros de donde se ubicó el campo de concentración donde fueron recluidos, para homenajearlos.

Y lo vieron con los ojos increíblemente azules y llenos de verdad de Nicolás Sánchez Albornoz, superviviente del “destacamento penal de Cuelgamuros”, quien realizó trabajos forzados durante meses de 1948 en el Valle de los Caídos, hasta que logró huir; y que fue el encargado de retirar la tela negra que cubría el monolito de hormigón en recuerdo de los esclavos del franquismo, invitado por el grupo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA-CGT), impulsor de este homenaje perseguido desde años atrás.

El citado grupo lleva 14 años tratando de hacer realidad este monumento-homenaje a los presos del fascismo, pero «a pesar de que hubo compromisos políticos, por ejemplo de Manuel Chaves, la figura del preso condenado a realizar trabajos forzados no ha sido reconocida jurídicamente y por tanto no se ha podido pedir indemnizaciones ni ser objeto de homenajes», explica Gordillo, feliz por ver la recompensa a tantos años de tesón y esfuerzo: “Desde que en 2001 tuvimos constancia documental de la existencia de ese campo de concentración en Heliópolis, siempre hemos intentado que el Ayuntamiento, como propietario que era del mismo, pagara esa deuda histórica. En vista del silencio de las distintas corporaciones, decidimos coger el desafío y promover y patrocinar el monumento”.

“Me gusta estéticamente y me complace ver que las rejas del monumento tienen un agujero en medio, que es por donde yo me escapé”, bromeaba a sus 90 años Sánchez Albornoz, a lo que Cecilio Gordillo, coordinador de RMHSA-CGT, añadía más tarde que “estas rejas, como todas las rejas, se merecen ser forzadas”.

Y es que el monolito en cuestión, un bloque rectangular de hormigón –de forma similar a la estructura del campo de concentración– con una enorme tubería de acero y un enrejado visiblemente forzado, se llenó de claveles rojos aportados por los vecinos de Heliópolis, y también de banderas republicanas hacia las ocho de la tarde, cuando un tren de mercancías pasaba por allí y saludaba a los presentes con un sonoro y largo pitido.

El monolito, situado en Las Razas, junto al Puerto, en memoria de los “presos políticos usados como mano de obra esclava”, es un bloque de hormigón de unos 17.000 kilos. La base es una pieza que formaba parte de un registro del colector, abandonada en 1991 cuando se hicieron las obras para la Expo’92. El bloque es un rectángulo que se asemeja al campo, el tubo interior remite al colector que construyeron y las rejas, que están como forzadas, simbolizan la lucha por la libertad.

El acto fue introducido por el antropólogo Ángel del Río: “Hoy es un día largamente esperado”, dijo, pero “no es una meta sino un paso más que debe servir de estímulo para seguir avanzando”, en lo que retó “a las instituciones, que cuando no fueron remisas y timoratas se mostraron contrarias a recordar cualquier cosa relacionada con el franquismo”.

Por su parte, el historiador José Luis Gutiérrez recalcó que “el trabajo esclavo no fue una anécdota sino una de las columnas vertebrales del régimen franquista” y “no sólo tuvo una finalidad de explotación económica; también de redención del rojo, había que limpiarle las ideas”.

Sevilla monumento 2

(Fuente: El Correo de Andalucía / Autor: Horacio Raya)

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