Euskal Herria: Alarde de Hondarribia. Mujeres desfilan entre una mayoría que defiende su discriminación en nombre de la tradición

Los plásticos negros y los carteles han estado presentes también este año durante el desfile de la compañía Jaizkibel -que defiende la presencia de mujeres como soldados- durante el Alarde de Hondarribia, que se ha celebrado este domingo en la localidad guipuzcoana. Sin embargo, el ambiente ha estado más calmado y la tensión no ha sido tan notoria como en otros años. Los grupos municipales de la localidad habían pedido, por unanimidad, a través de una declaración institucional, «responsabilidad» y «respeto» en esta fiesta.

Oihana Etxebarrieta ha dirigido a los 600 integrantes de la compañía mixta a las 8:00 de la mañana de este domingo 8 de septiembre, bajo la lluvia, con un ambiente tranquilo y sin mayor polémica que la de algunos plásticos negros y carteles en los balcones apoyando el alarde tradicional, como por ejemplo una gran pancarta en la que se podía leer ‘Jaizkibel agresor, con la complicidad de los partidos’, en euskara, y gente dando la espalda, pero también otros aplaudiendo y alguna pancarta del movimiento feminista en apoyo a Jaizkibel. La compañía mixta ha recordado que está prohibido lucir plásticos contra el desfile mixto y, este año, a diferencia de otros, en vez de desplegar grandes plásticos negros en las calles, algunas personas los han llevado puestos por encima a modo de chubasqueros.

Por su parte el alarde tradicional, que cuenta con la participación de en torno a 5.000 hombres y 20 cantineras en 20 compañías, comandados por tercer año por el burgomaestre Iñaki Sagarzazu, ha desfilado con normalidad, una hora después, desde los jardines de Gernikako Arbola.

La directora de Emakunde, Izaskun Landaida, el Ararteko, Manuel Lezertua, el teniente de diputado general y diputado de Cultura de Gipuzkoa, Denis Itxaso, el portavoz de EH Bildu en Juntas de Gipuzkoa, Juan Karlos Izagirre, así como representantes de Podemos Euskadi y de Ezker Anitza-IU, han estado presentes en esta fiesta para mostrar su apoyo a Jaizkibel. Landaida ha recordado que las tradiciones «tienen que adecuarse a los nuevos tiempos» y ello «no supone ir contra la tradición», sino «ofrecer los mismos derechos a mujeres y hombres».

Hondarribiko Emakumeak ha publicado un comunicado tras ambos desfiles señalando que «a pesar de la solicitud de protección que se ha hecho por parte de cientos de personas, una vez más se han sentido desprotegidas». «Los apoyos de la manifestación han ocupado la calzada al paso de Jaizkibel, nos han insultado e incluso amenazado». Por ello, han indicado lo siguiente: «Nosotras dimos nuestra palabra y la vamos a cumplir, por lo que deseamos anunciar que hoy por la tarde no protestaremos».

El alcalde de Hondarribia, Txomin Sagarzazu, propuso cambiar los horarios para evitar que ambos desfiles coincidieran en la calle Mayor, decisión que, según Oihana Etxebarrieta no es acertada, no solo «porque en el momento de proponerla lo hizo a través de los medios de comunicación en lugar de dirigirse a las compañías, sino porque pone a Jaizkibel en el foco del problema y se aleja de lo que realmente se está buscando»: que haya un único desfile para todo el pueblo y no dos paralelos. Sin embargo, Hondarribiko Emakumeak sí que ha mostrado su satisfacción a la propuesta.

(Fuente: el diario.es / Autora: Maialen Ferreira)

El Alarde de Hondarribia, la fiesta que discrimina a las mujeres vascas

En 50 metros de pavimento pueden ocurrir muchas cosas. Si el calendario indica que es 8 de septiembre y usted está en Hondarribia, verá que en ese espacio de vía pública se encierran dos formas diametralmente opuestas de entender las cosas. Observará, por un lado, a mujeres y hombres en la calle empedrada, pidiendo igualdad. A los costados divisará unos gigantescos plásticos negros, acompañados de pitidos y, si ocurre lo mismo que en 2018, gritos e insultos.

Así, en apenas 50 metros de la Calle Mayor, transcurre una de las escenas más polémicas que sigue ofreciendo esta localidad guipuzcoana de 17 mil habitantes. Este domingo, Hondarribia volverá a escenificar la división que este acto festivo provoca entre su gente. Habrá emoción, y también tensión.

Una vieja tradición

La historia se remonta a un lejanísimo 1638. El 1 de julio de aquel año, “Hondarribia fue cercada por las tropas del Rey Luis XIII de Francia al mando del Príncipe de Condé”, señala la Fundación Alarde en su página web. “En los primeros días del asedio, los hondarribiarras, reunidos en la Parroquia, juraron a la Virgen de Guadalupe que si por su intercesión lograban librarse, se lo agradecerían anualmente yendo en procesión a su Santuario situado en el promontorio de Olearso”, recuerda.

Y así fue. “La ciudad resistió durante 69 días, levantándose triunfal el sitio el 7 de septiembre de 1638”. Fieles a su promesa, “los hondarribiarras vienen cumpliendo el Voto año tras año con una procesión cívico-religiosa, escoltada por Paisanos Armados y que popularmente es conocida como El Alarde”, indica la fundación. El acto se organiza cada 8 de septiembre.

Hombres soldados, mujeres cantineras

En el desfile oficial hay unos roles claramente asignados. Los hombres tienen reservado el papel de soldados, mientras que las mujeres únicamente pueden hacerlo como cantineras. “El alarde es una rememoración histórica con unas connotaciones sentimentales que hemos mamado de nuestros antepasados. Las niñas se ven en el espejo de las cantineras, y los niños queremos ser como los varones que desfilan en el alarde. ¿Son roles concretos? Sí, pero ha sido siempre”, señala a Público Iñaki Sagarzazu, burgomaestre del Alarde de Hondarribia.

A su juicio, “resumirlo a un tema de hombres y mujeres es simplificarlo erróneamente”. “Ocurre que los hombres somos los que principalmente participamos, y mayoritariamente las mujeres de Hondarribia defienden este modelo”, subraya. En cualquier caso, desde la fundación reconocemos que hay otras formas de entenderlo y que tienen derecho a desfilar como quieran”, añadió Sagarzazu. Defendió además que en Hondarribia “las mujeres siempre han decidido lo que han querido” y subrayó que se trata de un acto marcado “por la celebración y cumplimiento de la promesa a la Virgen de Guadalupe”.

Sin embargo, en 1993 surgieron voces discrepantes con ese discurso. “Hace 26 años, unas mujeres del pueblo se miraron entre ellas y se preguntaron: ‘¿por qué no podemos salir con nuestros padres, hermanos y amigos en la misma compañía? A partir de entonces empezaron a organizarse”, afirma Oihana Etxebarrieta, capitana de Jaizkibel, la compañía mixta que cada año sale a la calle para reivindicar la participación de las mujeres en igualdad a los hombres. Actualmente, Etxebarrieta se desempeña además como parlamentaria de EH Bildu en la cámara autonómica.

Enfrentamientos

Mientras Hondarribia se preparaba para un nuevo alarde, la portavoz de Jaizkibel advertía sobre las “imágenes de intolerancia” y los “intentos de amedrentar una petición legítima” que se producen en la Calle Mayor, el tramo más duro del desfile. Cuando la compañía integrada por mujeres y hombres pasa por allí, quienes se encuentran en las aceras despliegan plásticos negros y sacan carteles a favor del alarde tradicional. “Es una agresión organizada”, dice Etxebarrieta.

El colectivo Hondarribiko Emakumeak (Mujeres de Hondarribia), integrado por partidarias del desfile sin presencia de mujeres en el papel de soldados, rechaza esas acusaciones. “Poner un plástico negro y gritar un eslogan es libertad de expresión”, afirma su portavoz, Ainara Canoura, quien asegura además que “la violencia surge desde la manifestación”, refiriéndose al desfile de Jaizkibel.

Así las cosas, en los últimos meses hubo un intento serio de buscar un acercamiento entre ambas partes. El ayuntamiento de Hondarribia –en manos del PNV– contrató a Jenny Pearce, una experta que llegó a participar en el proceso de paz colombiano, para que procurase destrabar la situación en Hondarribia. Sin embargo, todavía queda camino por recorrer: a principios de agosto Pearce emitió un comunicado en el que destacó que “aún se necesitaba más tiempo y trabajo para abordar las bases del diálogo y trabajar para que ese encuentro se desarrolle de modo tranquilo y fructífero para todas las partes”. La mediación se retomará después del desfile de este domingo.

¿Qué dicen las instituciones?

La capitana de Jaizkibel sostiene que las instituciones “locales, forales y autonómicas” no han tenido un “posicionamiento claro” en torno a este tema. Etxebarrieta pone de relieve el apoyo de Emakunde (Instituto Vasco de la Mujer) y del Ararteko (Defensor del Pueblo), al tiempo que lamenta que el ayuntamiento “ha tenido todos estos años un trato favorable” hacia el alarde tradicional.

En efecto, tanto Emakunde como el Ararteko han realizado pronunciamientos a favor de la participación de las mujeres en igualdad de condiciones. “A día de hoy subsiste en Hondarribia lamentablemente un problema de vulneración de derechos de igualdad de las personas que continúa irresuelto”, advirtió el Defensor del Pueblo del País Vasco en 2015.

Por su parte, en la Fundación Alarde –organizadores del acto tradicional se aferran a una resolución del Tribunal Supremo de 2007, en la que los jueces dictaminaron que en el desfile no se producía una “discriminación por sexo” ya que se trataba de una “actividad privada”. La historia de Hondarribia sigue abierta.

(Fuente: Público / Autor: Danilo Albin)

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