La primera medida del nuevo equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Córdoba, PP – Cs, devolver nombres franquistas a tres calles

El nuevo equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Córdoba, integrado por concejales de PP y Cs, ha tomado ya su primera medida: el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU), Salvador Fuentes (PP), firmará «una providencia de inicio» para recuperar los nombres de dos calles y una plaza que el anterior gobierno municipal de PSOE e IU cambió en aplicación de la Ley de Memoria por considerarlos franquistas.

Sin embargo, según ha anunciado este lunes en rueda de prensa el portavoz del PP y edil de Presidencia del Ayuntamiento de Córdoba, Miguel Ángel Torrico, al dar cuenta de los acuerdos adoptados por la junta de gobierno local, lo que se hace es recuperar nombres «populares e históricos», con lo que la ahora calle Foro Romano, antes José Cruz Conde, se llamará Cruz Conde; la avenida del Flamenco, antes Conde de Vallellano, se llamará Vallellano, mientras que la Plaza de los Derechos Humanos volverá a denominarse tal y como era antes, Plaza de Cañero.

Torrico, quien ha señalado que de esta forma se da «cumplimiento» a una de las «23 medidas para los primeros 100 días que forman parte del pacto» de gobierno entre PP y Cs, para el que esta decisión supone «la mejor manera de iniciar una nueva etapa», al «cerrar los debates estériles de la etapa anterior» y así «empezar a trabajar, de verdad, por los asuntos que más en el fondo les preocupan a los cordobeses».

El concejal de Presidencia, quien ha recordado que esta medida se incluyó en el programa electoral del PP al entender que daba respuesta «al sentir mayoritario de los cordobeses», ha asegurado que los trámites que requiere este procedimiento ahora iniciado cumplirán «la legislación aplicable», incluida «la Ordenanza de Vía Pública».

Por eso, ante la posibilidad ya anunciada por colectivos memorialistas de que denunciarán la recuperación de nombres franquistas, Torrico ha subrayado que el nuevo gobierno municipal tomará «decisiones políticas con un respeto escrupuloso a toda la legalidad», desde el convencimiento de que el nuevo cambio en la denominación de dichas calles «cumplirá todos los requisitos legales establecidos», con lo que, «quien considere que no se hace» así «tiene todo el derecho del mundo a interponer las acciones judiciales o no que estime pertinentes».

(Fuente: Público)

(Pintada fascista en el monumento a las víctimas del franquismo de Aljaraque)

De calle «José Cruz Conde» a «Cruz Conde» a secas: así sortean PP y Cs la ley de memoria histórica

La calle Foro Romano, antes José Cruz Conde, pasará a llamarse Cruz Conde, sin el José. La avenida del Flamenco, antes Conde de Vallellano, se llamará Vallellano, sin más. La plaza de los Derechos Humanos, en vez de Antonio Cañero, se denominará Cañero, sin el nombre propio. Es la fórmula que el Gobierno de Córdoba de PP y Cs encabezado por el alcalde José María Bellido ha elegido para retomar el callejero cambiado durante el anterior mandato (PSOE-IU) en cumplimiento de las leyes de memoria histórica estatal y andaluza. El ardid consiste en introducir leves modificaciones, con el argumento de que se así se responde el carácter «popular» del nombre, sin referirse al personaje histórico vinculado con el franquismo. PP y Cs tienen a su favor que, en efecto, está muy extendida en la ciudad la denominación oficiosa que ahora se recupera como oficial. Es decir, la mayoría de la gente llama «Cruz Conde» a la «calle José Cruz Conde». La pregunta es si la «calle Cruz Conde» cumple la ley, ya que José Cruz Conde está reconocido como un activo colaborador del golpe del 36.

«La gente conoce al barrio como Cañero, no lo asocia al picador, que también, pero es el barrio de Cañero, emblemático, reivindicativo y obrero, que ha peleado ese nombre. Es de justicia y así lo han manifestado los ciudadanos», afirmó este martes el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, Salvador Fuentes (PP), para defender la medida, que –afirmó– se ajusta a la ley, por lo que no existe temor a obstáculos judiciales. Si sale adelante, se abrirá otro camino para la recuperación de calles con nombres vinculados al franquismo allí donde han sido retiradas. Fuerzas de la oposición como PSOE, Podemos e IU, así como colectivos memorialistas, ya han anunciado que acudirán a los tribunales. Fuentes afirma que la fórmula elegida tiene «todo el rigor del mundo».

La medida ya está en tramitación, ya que la junta de gobierno local ha tomado conocimiento del inicio de la misma. Hay que reseñar la astucia del truco del Gobierno local. Por ejemplo, al llamar a la «calle José Cruz Conde» simplemente «calle Cruz Conde», PP y Cs pueden alegar que no es una calle dedicada a uno de los principales actores del golpe de Estado de 1936 en Córdoba, sino a un apellido que en la ciudad ha sido pródigo en políticos, intelectuales, abogados y clérigos. Si en vez de «Antonio Cañero», la plaza es «Cañero», el Gobierno de Córdoba puede afirmar que se refiere sólo a la denominación «popular» del barrio, desligada así de la memoria de las tareas represivas de Cañero. Si en vez de «Conde de Vallellano», la avenida se llama «Vallellano», los dos partidos de gobierno defenderán que no hay homenaje a quien fuera un insurrecto antirrepublicano.

¿Quiénes fueron Cañero, el Conde de Vallellano y Cruz Conde? Esa pregunta tiene respuestas variadas. José Cruz Conde, por ejemplo, es conocido en sectores de la ciudad por ser el alcalde que renovó urbanísticamente el centro de Córdoba. Antonio Cañero, por ser un rejoneador –y actor– de gran fama. Pero –tal y como concluyó el dictamen de la comisión de memoria histórica durante el pasado mandato– también fueron responsables en distinto grado del golpe contra la República y la represión.

Cruz Conde, clave en el golpe

Nacido en una familia de la burguesía local con ramificaciones en la abogacía, los negocios, la cultura y la política, José Cruz Conde (Córdoba 1878- Madrid 1939) cursó estudios militares en Segovia, obtuvo el grado de teniente en 1900 y el de comandante en 1919. Hasta 1930, fecha de su retiro militar, alternó su actividad en el ejército con la vida política. Ahí deja notar los rasgos iniciales de su visión política, que incluía una «admiración hacia las nuevas derechas autoritarias que están surgiendo en algunas sociedades de la Europa de entreguerras», señalaba el dictamen de la comisión de memoria del pasado mandato. Cruz Conde colaboró «muy activamente» en el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera (1923). Esto y su «estrecha amistad» con José Calvo Sotelo, señala el informe, le facilitaron el acceso durante 21 meses de los años 1924 y 1925 a la alcaldía de Córdoba. Su labor como regidor fue, señala el dictamen, «un auténtico revulsivo para la vida política, administrativa y de desarrollo urbanístico de la ciudad». El informe no escatimaba reconocimientos a Cruz Conde en lo relativo a la introducción de cambios en la fisonomía de la ciudad, mérito muy conocido en Córdoba.

De 1926 a 1930 Cruz Conde fue gobernador civil de Sevilla, cargo que simultaneó con el de comisario general de la Exposición Universal de 1929 de la capital andaluza. Fue además el «principal impulsor» en la provincia del único partido de la dictadura de Primo de Rivera, la Unión Patriótica. La caída de este régimen «supondrían un giro importante en su trayectoria política, que tomaría tonos reaccionarios, antiliberales y de talante francamente autoritario y antiparlamentario», señala el dictamen. La Segunda República lo llevó al ostracismo político primero y después a convertirse «en uno de los hombres fuertes del líder de uno de los sectores más reaccionarios y autoritarios de la derecha española, José Calvo Sotelo». Enterradas ya sus iniciales inclinaciones aperturistas, se convirtió en un acérrimo valedor de la «España tradicional, católica y nacional» que, a su juicio, estaba amenazada por la República. Su «antirrepublicanismo y ansias conspirativas» no pararon de crecer. Militó en Renovación Española y en el Bloque Nacional, siempre entre «subversivos».

En las elecciones de febrero de 1936 fue candidato por el Bloque Nacional. Mantuvo políticamente una «doble vía de acción», señala el informe: la política y la conspirativa, aunque cada vez más inclinado hacia la «conspiración militar». Julio Ponce Alberca, su biógrafo, escribió: «Al abrigo de la cúpula conspirativa nacional, Cruz Conde fue el encargado de establecer la malla subversiva en Córdoba». ¿En qué se sostiene esta afirmación? Cruz Conde «estaba al tanto de todos los preparativos que se desarrollan en Madrid debido a su cercanía política a Calvo Sotelo, es militar en el retiro y jefe de Renovación Española en Córdoba y, desde luego, tiene importante prestigio, influencia y conocimiento de la vida política cordobesa», establece el dictamen. Todas las investigaciones sobre el golpe en Córdoba, citadas en el informe, apuntan al «importante protagonismo» de Cruz Conde, siendo «esencial para la suerte de la sublevación en Córdoba la visita que realiza a esta ciudad el día 6 de julio de 1936 con el objetivo fundamental de convencer, definitivamente, a los jefes de los regimientos y Guardia Civil» de ponerse a las órdenes de Queipo de Llano. Así concluye el dictamen: «Es claro el protagonismo de José Cruz Conde en la dimensión civil de la conspiración que conduce a la Guerra Civil española (1936-1939)». Murió en enero, poco antes de finalizar la guerra.

Conde de Vallellano, colaborador de Mola

Fernando Suárez de Tangil y Angulo, conde de Vallellano (Madrid, 1886-Madrid, 1964), inició su vida política en 1912 durante el reinado de Alfonso XIII, de quien fue «amigo personal», en las filas del conservadurismo maurista. Diputado por Madrid en 1920, fue alcalde de la capital de España de 1923 a 1927. Durante la Segunda República militó primero en Acción Nacional, para pasar en 1933 a colaborar en la fundación de Renovación Española con Calvo Sotelo. «Su actividad insurreccional y su vinculación a las tramas golpistas antirrepublicanas de 1932 lo llevan a la cárcel y al exilio en París. Fue diputado de Renovación Española en las elecciones de noviembre de 1933 y en las de febrero de 1936, vicepresidente de las Cortes en la legislatura 1933-36 y miembro de la Diputación Permanente que empieza en 1936», señala el dictamen. «Colaborador del general Mola», añade el informe, este lo envió a Portugal en agosto de 1936. Ocupó después numerosos cargos: presidente de la Cruz Roja, presidente del Consejo de Estado, consejero del Banco de España… Fue procurador en Cortes de 1949 a 1964. Y, en su responsabilidad más destacada, ministro de Obras Públicas (1951-1957).

En Renovación Española había conocido a José Cruz Conde. Su hija Guadalupe se casó en 1943 con un sobrino de José, Antonio Cruz Conde, que sería alcalde de Córdoba entre 1951 y 1962. «La coincidencia cronológica entre la alcaldía de este y el Ministerio de Obras Públicas de su suegro propician la colaboración entre Cruz Conde y Vallellano: el ministerio financia la construcción del puente de San Rafael, inaugurado por Franco en 1953, y la consiguiente ampliación urbanística de la ciudad, inaugurada el 18 de julio de 1955″, señala el informe. En agradecimiento se bautizó la avenida con el nombre del ministro. Se da la circunstancia de que el Ayuntamiento de Palencia fue condenado a tener que retirar el nombre de varias calles, entre ellas la de Conde de Vallellano. Este dato es esgrimido por la oposición como argumento contra la reversión. No obstante, PP y Cs confían en que el cambio –»Vallellano» a secas– se considere dentro del límite legal.

Antonio Cañero, caballista de guerra

Antonio Cañero Baena (Córdoba, 1885-Córdoba 1952) dedicó gran parte de su vida al caballo como deportista hípico, profesor de equitación y rejoneador de gran popularidad. En los años 30 ya era una celebridad, incluso como actor ocasional hasta en cinco películas. Era muy conocido en Córdoba, señala el informe. En 1936 colaboró con el ayuntamiento en la promoción de la Feria de la Salud y, aquel mismo año, en febrero, «la prensa local señala su papel en el auxilio de varios vecinos del Marrubial que vieron anegadas sus chozas tras el desbordamiento del arroyo del Moro», añade el dictamen. «Hay pocos rastros de sus inclinaciones políticas antes de la guerra, pero se cuenta entre los visitantes del coronel golpista Sanjurjo en su presidio de la cárcel de Cádiz tras el fallido golpe de Estado de agosto de 1932», recalca.

Una vez estalla la guerra, actuó primero en el marco de las unidades paramilitares de Córdoba y después se incorporó al ejército regular como oficial. Su colaboración con los sublevados es «inmediata». A semejanza de las milicias de la Policía Montada de Sevilla comandadas por el torero falangista Pepe El Algabeño, Cañero organizó en Córdoba el «Escuadrón Cañero» o la «Columna Cañero», una «unidad paramilitar de caballistas voluntarios cuya misión era apoyar la acción del ejército regular y participar en misiones de localización y control de huidos». Integraban dicho escuadrón caballistas, guardas rurales, señoritos, falangistas y jóvenes de Acción Popular.

La popularidad de Cañero hace que sus actividades ocupen espacio en la prensa de ambos bandos, muy influida por la propaganda. Según el color de la publicación, Cañero era descrito como un héroe o un monstruo. Por eso el dictamen acudía a las fuentes de mayor valor historiográfico. Su expediente militar relataba «limpiezas», «persecuciones», «capturas» y «raids». Tomaba parte en la ocupación de numerosos pueblos. Él mismo dio testimonio en 1937 en una entrevista: «En Córdoba, donde me sorprendió el Alzamiento, monté mi jaca y conmigo vinieron otros jinetes que formamos un escuadrón que corrió a los pueblos para salvarlos de las garras rojas». El historiador Francisco Moreno ha recogido el revelador testimonio de un testigo cordobés del bando nacional: «Al Algabeño y a Cañero los he visto yo tirotear con fusiles de montería a los presos de la cárcel de Antequera, donde yo estaba de guardia».

En la segunda parte de la guerra, con Cañero incorporado al ejército regular, la propaganda franquista lo convirtió en un símbolo de la sublevación de la España eterna. El jinete glosa en diversas entrevistas y reportajes su papel. Terminada la guerra, participó en festejos taurinos en honor al ejército y a Franco. Fue condecorado con la Cruz y la Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo en 1944. Retirado ya como rejoneador, se instaló definitivamente en su ciudad, Córdoba, donde llegó a desempeñar la Concejalía de Ferias. En 1947 donó abundantes terrenos para la construcción de viviendas sociales. La barriada en la que se construyeron lleva el nombre de Cañero, donde se encuentra la plaza del mismo nombre. Fue así bautizada en 1988, bajo la alcaldía de Herminio Trigo (IU), a petición de una asociación de vecinos. Esto ha sido utilizado por el PP para desacreditar la posición actual de la coalición de izquierdas. Ahora ya no se llamará «Antonio Cañero», como el rejoneador, sino «Cañero», como el barrio… Barrio al que dio nombre el rejoneador.

Una polémica del pasado mandato

Se equivoca el que concluya que esta medida es una cesión de PP y Cs a Vox, partido que completa la mayoría absoluta (PP y Cs suman 14 y la mayoría absoluta está en 15, por lo que los 2 de Vox son fundamentales para superar a la izquierda). Durante el pasado mandato el PP llegó a recoger más de 8.000 firmas para pedir una consulta popular sobre cinco de las 15 calles, entre las que se encuentran estas tres. Por su parte, Cs también estaba en desacuerdo con el cambio de estas tres calles. La reversión del callejero es una medida recogida en el acuerdo del pacto de gobierno entre ambas fuerzas, con cumplimiento obligado para los primeros cien días. Ambos partidos se habían comprometido a hacerlo así durante la campaña electoral.

El PP sostiene que el cambio por la nomenclatura «popular» de tres de las 15 calles es una solución «intermedia», en línea de lo que, durante la polémica suscitada el pasado mandato, llegó a defender el que fuera teniente de alcalde socialista Emilio Aumente. No obstante, aquella solución intermedia se desechó entonces. La portavoz de Vox en Córdoba, Paula Badanelli, no se mostró conforme con el cambio: «Es un paripé», dijo. Pidió que se dejara el callejero exactamente como estaba antes del cambio para cumplir la ley de memoria. Es decir, volver a los 15 nombres originales.

(Fuente: InfoLibre / Autor: Ángel Munárriz)

Memorialistas levan quejas ante la Junta y el Defensor del Pueblo Andaluz por la vuelta a los nombres franquistas

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera (Aremehisa) ha presentado «una reclamación formal ante la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico» de la Junta de Andalucía y una queja ante «el Defensor del Pueblo Andaluz» contra la pretensión del gobierno municipal de PP y Cs de reinstaurar nombres franquistas para calles de Córdoba.

En este sentido y en un comunicado, la citada asociación memorialista ha recordado que «la providencia» que aprobará la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) «para la restauración de los antiguos nombres» de Cruz Conde, Vallellano y Cañero, en sustitución de los de «calle Foro Romano, Avenida del Flamenco y Plaza de los Derechos Humanos», respectivamente, «atenta directamente contra las leyes de Memoria Histórica y, por ende, contra las víctimas a las que estas protegen».

De este modo, en los escritos que ha dirigido Aremehisa a la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico, Patricia del Pozo, y al Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu, insta a ambos «a asumir su obligación de cumplir y de velar por el cumplimiento del ordenamiento jurídico vigente y a paralizar de inmediato la citada providencia, que incumple los artículos 15.1 y 32 de las leyes de Memoria Histórica estatal de 2007 y andaluza de 2017, respectivamente».

Además, Aremehisa ha demandado «la supresión de todos los símbolos franquistas que todavía perviven en la ciudad de Córdoba, muchos de ellos recogidos en el dictamen final de la Comisión Municipal de Memoria Histórica creada en el anterior mandato».

También exige la asociación memorialista «la supresión de los títulos honoríficos otorgados a militares golpistas», tal y como Aremehisa ya reclamó en 2018, advirtiendo que «la presencia de este tipo de elementos en espacios públicos e instituciones pone en tela de juicio nuestros valores y principios democráticos y supone un grave perjuicio para la memoria de las víctimas de la represión y dictadura franquistas y para la educación de las generaciones venideras».

Finalmente, Aremehisa ha trasladado, tanto a Del Pozo, como a Maeztu, que tomará «las medidas legales pertinentes para que el Ayuntamiento de Córdoba sea garante del ordenamiento jurídico vigente, en defensa de la libertad democrática y de los derechos de Verdad, Justicia, Reparación y Dignificación de las víctimas del franquismo».

(Fuente: Córdoba Hoy)

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *