Entrevista de Andoni Baserrigorri a Alí Manzano, militante independentista andaluz de NA, comunista y musulmán

Hace tiempo quería mantener esta pequeña entrevista con Alí Manzano, escritor de artículos de opinión, a mi modesto entender de bastante calidad, militante de Nación Andaluza, comunista, almeriense y musulmán.

Precisamente su condición de musulmán que combina con la de comunista es la más llamativa y el motivo principal de esta conversación.

Andoni Baserrigorri: Alí, como se ha comentado en la entradilla, eres militante de Nación Andaluza, independentista andaluz, por lo tanto, la primera pregunta es si tiene alguna relación tu condición de independentista con la de profesar la religión musulmana.

Alí: Ser independentista y marxista no está relacionado con ser musulmán, aunque para mí, ser independentista y marxista es la forma en la que yo llevo a cabo algunos preceptos básicos del islam como son la justicia social, la igualdad entre todos los seres humanos y la protección de los más desfavorecidos.

Para mucha gente, algunos marxistas y muchos musulmanes, lo que estoy diciendo no tiene sentido, y para ello, como siempre, van a sacar la célebre frase de Marx en la que afirmaba que «la religión es el opio del pueblo». Desde hace muchos años vengo escribiendo y manifestándome de acuerdo con esta frase de Marx, al mismo tiempo que explico la diferencia entre religión y espiritualidad. Yo pienso que la espiritualidad ayuda a las personas en la búsqueda de la libertad, mientras que las religiones -todas- son un instrumento al servicio de las clases dominantes para el control social mediante rituales y mitos que someten a las personas a los intereses de una casta sacerdotal cuyos intereses coinciden con los de las burguesías de cada Estado. Muchas muestras de esto tenemos en el Estado español, donde la cúpula católica participó en la dictadura de Franco y fue una pieza clave en el adoctrinamiento de la población. En Andalucía aún se hace más evidente esta simbiosis entre religión y Estado; la conquista de Andalucía por Castilla trajo consigo el asentamiento en todas las poblaciones andaluzas de militares, funcionarios y curas llegados desde Castilla. La iglesia católica cumplió la misión de «información» y «represión» de la población andaluza que no se sometía a los ritos impuestos por el invasor. La inquisición cumplió ese papel tras las pragmáticas de conversión forzosa. En países de mayoría musulmana también ha ocurrido y sigue ocurriendo la utilización de la religión como elemento de control y represión, principalmente tras las conquistas coloniales después de la Primera Guerra Mundial.

Por este motivo, también me declaro «laico», como no podía ser de otra forma, al militar en una organización radicalmente laica. La ponencia ideológica de Nación Andaluza aprobada en la última Asamblea Nacional celebrada en Almería en noviembre de 2017 recoge la radical posición de la organización respecto a las religiones y su relación con las instituciones y la sociedad. Tuve el honor de ser su redactor y de que fuera aprobada por unanimidad por todas las compañeras asistentes a la citada Asamblea. Nación Andaluza le da una gran importancia a este tema de la laicidad y es la idea-fuerza sobre la que se basa la convivencia en nuestra organización de compañeras con diferentes sensibilidades espirituales y con una mayoría de compañeras que se declaran «ateas».

Compartir organización y lucha con compañeras cristianas o ateas, tampoco es un problema pues el compartir «trinchera» y luchar por los mismos ideales nos hace «hermanos», independientemente del calificativo que cada uno se aplique. En este mundo donde la cultura dominante ha conseguido prostituir ideas, conceptos e ideologías, es difícil definir complicidades en base a un concepto religioso o político, o a una palabra: cristianos que bombardean países para robar sus riquezas, musulmanes que decapitan a sus opositores políticos, comunistas que aceptan la Unión Europea y el capitalismo… Nuestro enemigo de clase utiliza la confusión y la manipulación para desactivar los movimientos de lucha. Por este motivo, a nuestros hermanos hemos de reconocerlos en las «trincheras» de la resistencia política y cultural. Ahí no hay engaños.

También eres comunista… quisiera que explicases como combinas tus convicciones marxistas con tu fe musulmana.

Para mí no hay contradicción alguna. El Din del islam es una vía hacia la evolución espiritual y esa evolución solo se puede conseguir en la confrontación con nuestros propios demonios y en la interacción social. El islam invita continuamente a la yihad, a la lucha contra las injusticias y contra los opresores. El islam es acción y solo desde la acción se puede ser musulmán. Es fácil combinar las convicciones marxistas con la vía espiritual puesto que componen un todo, no hay diferencia entre una y otra a pesar de que son «filosofías» que aparentemente se desarrollan en ámbitos distintos. La vía espiritual -Din- consiste en un viaje que nos lleva a la extinción en Allah. El avance en el Din se hace mediante la liberación de todas las cadenas que nos atan a este mundo, entre las que se encuentran, entre otras, el sometimiento a otros seres humanos o a estructuras sociales, económicas o políticas creadas por estos. Para liberarnos de todas las cadenas que nos atan a este mundo, hay que empezar por ser conscientes de ellas, hay que empezar por reconocernos como seres humanos que formamos parte de una clase social determinada, de un pueblo concreto y de un tiempo, reconocer los sistemas de opresión y explotación para luchar contra ellos. Como he dicho antes, la evolución espiritual solo puede darse en la confrontación con uno mismo y con el entorno.

El islam empieza a propagarse en la Arabia del sigloVII entre las clases más desfavorecidas de Meca. La historia del islam original es una historia de lucha por la libertad y por los derechos de los más desfavorecidos, basada en una guía moral y unos principios de protección de los más débiles. Pero esos principios de solidaridad, protección, igualdad, lucha… que se extienden a partir del triunfo de una revolución social en un medio físico de extrema dureza, hay que trasladarlos a las sociedades occidentales del siglo XXI, caracterizadas por un avance tecnológico producido en base a la explotación de pueblos por parte de los Estados occidentales y de las políticas coloniales de estos Estados en el resto del mundo, lo que les permite hacerse con los recursos naturales sobre los que desarrollar los avances técnicos y materiales.

La complejidad de las sociedades occidentales hace más difícil vislumbrar los métodos de explotación; los esclavos ya no llevan cadenas de hierro, ya no son castigados con latigazos; los medios de comunicación hacen que nos creamos personas libres y privilegiadas por tener un trabajo donde somos explotadas. Por esto, necesitamos un método de análisis que nos enseñe cómo funciona la explotación del ser humano en un sistema capitalista, cual es el proceso de acumulación de riqueza que provoca las enormes diferencias sociales que padece cualquier sociedad capitalista. Los principios de protección y defensa que la comunidad islámica desarrolló en el siglo VII hay que llevarlos hasta el siglo XXI a través de instrumentos que nos permitan la confrontación con los opresores. Y la única herramienta eficaz que conozco para crear consciencia de la situación de opresión y explotación, manteniendo los valores del islam originario se llama marxismo.

No faltará algún comunista que te diga que es una contradicción ser comunista y musulmán.

El marxismo y el islam tienen en común el ser continuamente demonizados por el Estado. No en vano, España se crea contra el islam a partir del siglo XV y se reivindica en la sublevación del dictador Franco contra los rojos y ateos. La estigmatización llega hasta nuestros días y ni musulmanes ni marxistas son ajenos al adoctrinamiento en un sistema educativo donde la unidad de España y el catolicismo han sido los ejes sobre los que ha girado todo el entramado socio-cultural del régimen. De ahí algunos prejuicios de marxistas sobre el islam o de musulmanes sobre el marxismo.

En este aspecto, yo he tenido bastante suerte y nunca se me ha cuestionado por mi condición de musulmán, aunque sí hay algunas corrientes marxistas que tienen una visión muy eurocéntrica del resto del mundo y cualquier diferencia cultural o «espiritual» con su visión del mundo la consideran inferior y objeto de ser rectificada, so pena de no ser aceptados como parte de los movimientos de lucha y liberación. Especialmente ocurre cuando se ve a una mujer musulmana con velo intervenir en actos políticos o sociales defendiendo posiciones desde la izquierda.

En la actual situación de la clase trabajadora es un error de bulto marginar a cualquier grupo social por prejuicios asociados a la condición «religiosa». Necesitamos integrar y no dividir; musulmanes, cristianos, ateos, animalistas, organizaciones LGTB, feministas, etc., deben formar parte de las plataformas de lucha; y las organizaciones marxistas deben esforzarse por integrar a todos los colectivos en un proyecto común de liberación nacional y social.

Volviendo a tu independentismo andaluz… piensas que es Al-Andalus la referencia histórica en la que debe fijarse Andalucía o por el contrario la futura Andalucía socialista e independiente por la que luchas debe ir hacia otro modelo.

Para mí, para el andalucismo revolucionario de Blas Infante y para la izquierda independentista andaluza, Al-Andalus es un referente imprescindible, es la justificación de Andalucía como nación, es la última etapa histórica donde Andalucía fue libre, creando una gran civilización y siendo la precursora del Renacimiento europeo al trasladar todo el conocimiento atesorado, a Europa, tras la conquista castellana.

A las andaluzas nos desgarraron de nuestra cultura, nos quitaron nuestras lenguas con represión y muerte, el árabe y los dialectos andalusíes, quemaron todos los libros escritos en este idioma, incluso biblias, nos obligaron a aceptar el catolicismo y a cambiar nuestros nombres, nos enviaron ejércitos de curas y funcionarios para aculturizarnos y asimilarnos a la cultura castellana. Por este motivo, las andaluzas necesitamos deconstruirnos, quitarnos todas las capas de cultura «española» que nos han inculcado a la fuerza; necesitamos reconocernos en nuestra cultura ocultada, recuperarla para poder proyectarnos hacia el futuro con libertad. No queremos hacer de Al-Andalus una quimera, ni trasladar al siglo XXI una sociedad del siglo XV, pero sí queremos construir un modelo político y social que reconozca nuestra identidad histórica; queremos recuperar aquellos valores que hicieron de Al-Andalus una gran civilización: multiculturalismo, integración de ideas, pensamientos y gentes venidas de cualquier parte del mundo. Es la gran lección que nos dejó Al-Andalus: añadir a la gran cultura existente en Andalucía tras Tartessos y la Bética las ideas que llegaron de Oriente. La fusión, el mestizaje, como valor de convivencia y desarrollo frente a la intransigencia, la uniculturalidad, el racismo, la xenofobia… en definitiva, frente al fascismo que avanza en Europa y en el Estado español.

Y para esto necesitamos recuperar nuestra historia, oculta tras una serie de mitos y leyendas que ocultan nuestro pasado y que sirven para justificar un Estado artificial llamado España que no es otra cosa que la expansión militar de Castilla. Los mitos de la invasión de los árabes, la Reconquista, la expulsión de los moriscos y la repoblación de Andalucía justifican una España atemporal, pero también la inexistencia de Andalucía desde un punto de vista de pueblo autóctono. Esta visión de Andalucía como una tierra sin un pueblo -muy similar a la idea de tierra sin pueblo que difunden los sionistas sobre Palestina para justificar la conquista y usurpación-, sin historia propia, ha calado en todo el Estado español, y también en Andalucía, donde la mayoría de la población se piensa descendiente de nobles castellanos. Esta es una de las características de la izquierda independentista andaluza, y que la diferencia de los nacionalismos de otros pueblos del Estado, la necesidad de confrontación histórica y cultural con el Estado para liberarnos del yugo de que la «asimilación» cultural ha puesto sobre nuestras cabezas.

En cuanto al modelo político de la futura Andalucía, socialista e independiente, estamos intentando adaptar las ideas socialistas a las características históricas y culturales de nuestro pueblo, en lo que hemos denominado el «socialismo infantista» y que empezamos a desarrollarlo en nuestra última Asamblea Nacional. Una de las características de este proyecto de futuro político es la preferencia de un marco político y económico mediterráneo, nuestro marco histórico y natural en donde se han desenvuelto todas las civilizaciones creadas por el pueblo andaluz.

La religión musulmana es relacionada con el integrismo, el fanatismo y la opresión hacia la mujer… explícanos cuál es el auténtico islam, el que tú profesas.

El auténtico islam es el originario, el del profeta Muhammad. Ya sabemos como funciona el capitalismo respecto a las ideas o ideologías que le son incómodas: las institucionaliza para después caricaturizarlas y dejarlas exclusivamente en una fachada que no ofrece peligro para el sistema, y que incluso las pueden utilizar para alienar a parte de la población.

Estas ideas integristas, fanáticas y opresoras con la mujer y otros colectivos, nunca habían infectado el islam hasta el final del siglo XVIII. Tras la colonización británica de Arabia y la alianza de estos con la familia Saud, se le otorga al wahabismo -ideología religiosa que impregna a todos estos grupos integristas- el carácter de única corriente islámica permitida en Arabia, persiguiendo a otras corrientes históricas como las shias y sunníes de influencia sufí, con la connivencia de la administración británica que vio en estas corrientes de pensamiento una forma eficaz de combatir el islam tanto shia o sufí.

En la guerra fría, estas corrientes fueron apoyadas por Estados Unidos y Europa en su lucha contra la URSS y actualmente los países occidentales siguen apoyando el wahabismo, a pesar de su relación con el terrorismo, permitiendo que Arabia Saudita construya y financie mezquitas, con imames sauditas en las que se difunde esta ideología. De esta forma, occidente controla el «integrismo» islámico y lo utiliza a su conveniencia. En el caso del Estado español, la relación entre los imames y los servicios de inteligencia españoles es una realidad que casi nadie niega, aunque no se hable de ello.

Hay que reseñar que el 99% de las víctimas de esta secta criminal son musulmanes de otras corrientes a los que estos consideran «infieles» y por lo tanto objeto de ser ejecutados.

El verdadero islam es respetuoso con todas las corrientes de pensamiento, debe servir a la cohesión social y ayudar a su entorno a desarrollarse en paz.

La opresión a la mujer es otra de las características de esta ideología y por desgracia de muchas de las sociedades de mayoría musulmana, fuertemente patriarcales, especialmente desde la colonización occidental, donde las relaciones tradicionales fueron destruidas y se le concedió al hombre mucho más poder del que ya tenía. El islam sostenía un cierto equilibrio en estas sociedades actuando como freno de los excesos patriarcales. La persecución a las formas tradicionales de islam en muchos países, desestructuró la sociedad y la situación de la mujer empeoró hasta los límites que conocemos.

Por suerte, en todo el «universo» islámico, están surgiendo movimientos feministas, que desde las propias raíces islámicas están exigiendo su lugar en la sociedad y cambios que vayan en consonancia con una interpretación «apatriarcal» del islam.

De los Estados musulmanes progresistas que ha habido sobre todo en la segunda mitad del siglo XX ¿con cuál te identificas más?

Me resulta difícil identificarme con algún Estado «musulmán», pues todos son hijos de procesos decoloniales que no han permitido a la población actuar con total libertad debido a la tutela de las antiguas potencias coloniales y a los intereses de las oligarquías locales.

A pesar de esto, ha habido procesos revolucionarios que deben ser analizados y tenidos en cuenta. La Libia de Gaddafi fue un halo de esperanza para África y el mundo musulmán. Los últimos años de alianzas con países europeos y los excesos de Gaddafi en sus viajes a occidente, cambiaron la visión que teníamos de la Revolución Libia, aunque ello no es óbice para reconocer los logros de Gaddafi al frente del país. Su intento de crear una moneda africana y salirse del dólar le costó la vida y la destrucción del país.

Y como proceso revolucionario en un país de mayoría musulmana, tenemos que contar con la «revolución islámica de Irán». En este proceso se dan elementos de un gran interés: por una parte, un incipiente «socialismo islámico» desarrollado y difundido por el intelectual iraní Alí Shariati, asesinado en Reino Unido por los servicios secretos británicos y del Sha, que configuró el marco ideológico de la revolución. Por otro lado, la participación de los partidos comunistas iraníes, el Tudeh y los Fedaínes del Pueblo, fue fundamental en el derrocamiento del Sha y en la construcción de la República Islámica de Irán. La irrupción del clero tras el triunfo de la revolución provocó que los principios socialistas quedaran apartados de los planes de gobierno y que algunos sectores de la burguesía controlaran la revolución, manteniendo la sociedad de clases preexistente durante la dictadura del Sha. El intento de los partidos comunistas por reconducir la revolución hacia los objetivos políticos iniciales provocó el enfrentamiento con el clero y su paso a la clandestinidad.

Otros intentos por construir el socialismo en países de mayoría islámica podemos situarlos en Siria o en el panarabismo de Nasser en Egipto. Los fracasos han sido evidentes, motivados por la presión occidental y por las dinámicas internas. La caída de la Unión Soviética supuso un freno en el avance del socialismo en Oriente.

Actualmente hay partidos comunistas en Palestina, Líbano, y en la casi totalidad de países de mayoría islámica que están luchando contra las agresiones de Israel y sus aliados occidentales. Estas organizaciones están compuestas por una mayoría de musulmanes, que han visto en el marxismo una ideología de liberación que posibilita la construcción de sociedades igualitarias y justas donde la clase trabajadora sea soberana.

No hace falta preguntarte, pero ¿cómo definirías al Estado Islámico y por qué crees que ha habido tanta gente joven que se ha apuntado en las filas de una organización tan retrógrada y cruel?

El Estado Islámico es una organización terrorista, un ejército organizado y financiado por Estados occidentales y sus aliados en Oriente como Arabia Saudita, los Emiratos del Golfo Pérsico y Turquía con el objetivo de favorecer los intereses imperialistas en Oriente Medio. Este tipo de organizaciones, justificadas en una visión interesadamente grotesca del islam ya fueron utilizadas por Estados Unidos durante la guerra fría en Afganistán y en otras zonas en conflicto con la Unión Soviética. No tiene nada que ver con el islam de la mayoría de las musulmanas.

El motivo de que el Estado Islámico y otras organizaciones similares recluten jóvenes con facilidad, viene motivado principalmente por la falta de perspectivas de gran parte de la juventud en toda la zona de conflicto y fronteriza. El motivo del alistamiento es principalmente el dinero. Para muchos jóvenes es una salida a la pobreza extrema.

Otra forma de reclutamiento es a través de las «sectas» wahabitas que con el dinero saudí y el apoyo occidental están infectando Europa y todos los países de mayoría musulmana. En el Estado español también han proliferado con la connivencia del Estado y de los cuerpos de seguridad. Estas «sectas» difunden una ideología de odio que está teniendo éxito entre algunos sectores sociales caracterizados por ser inmigrantes de segunda generación, sin formación académica, en paro, sin expectativas de futuro y en un marcado ambiente de marginalidad. Consentir las «mezquitas del odio» y su financiación por Arabia Saudita es potenciar la ideología que alimenta estas organizaciones instrumentalizadas por los Estados occidentales.

De la misma manera que dentro del catolicismo aparece la teología de la liberación que juega un papel progresista y positivo sobre todo en la realidad de Nuestra América, ¿ha habido alguna experiencia similar dentro del islam?

La teología de la liberación es una consecuencia de la historia de las sociedades occidentales, como respuesta a la utilización del catolicismo por el poder desde el siglo IV para justificar agresiones y genocidios sobre pueblos y grupos sociales opuestos a los intereses de las clases dominantes. En el islam es difícil que pueda surgir un «movimiento» organizado y con un cuerpo doctrinal propio porque la denuncia y el enfrentamiento al poder establecido se ha dado siempre, desde los inicios. El islam surge contra el poder establecido en Meca. Se ve obligado a la lucha para sobrevivir. La crítica al poder es una constante en los grandes pensadores islámicos. El islam ha estado en guerra contra el poder ininterrumpidamente desde su aparición. La historia de las comunidades shias son ejemplo de confrontación con el poder en todos los reinos musulmanes desde el siglo VII hasta hoy; la oposición armada a las colonizaciones occidentales en el norte de África fue llevada a cabo por las «tariqas» sufís, fuertemente reprimidas por las potencias coloniales, «vigiladas» y «controladas» actualmente por los gobiernos dictatoriales que gobiernan los países del Norte de África.

Ya en el siglo X hubo comunidades musulmanas en Al-Andalus que en la práctica se independizaron del Califato cordobés. Concretamente lo que se ha denominado la «Escuela sufí de Almería». Blas Infante decía de los sufís de Almería que constituyeron el primer Estado comunista del mundo. Seguidores de Ibn Massarra y de Ibn Alarif, consideraban la propiedad privada como un robo a la comunidad.

En la actualidad hay un movimiento de musulmanas y musulmanes, que no tiene denominación, pero que se está ocupando de la vuelta al islam original a través del estudio de los textos coránicos y de la historia del islam, basado en la «deconstrucción» del islam, es decir, en eliminar todos los añadidos que ha sufrido a través de los siglos y dejarlo desnudo, para desde ahí hacer una interpretación rigurosa y ajena a los intereses de las clases dominantes y a los intereses de los Estados. En este sentido hay que señalar el auge del feminismo islámico, concretamente en el Estado español, donde muchas mujeres, tanto de origen inmigrante como autóctonas, están trabajando para desterrar del islam todo el añadido patriarcal. Otros intelectuales musulmanes como el andaluz Abdelmumin Haya llevan tiempo trabajando y publicando en este sentido de «desaprender» todo lo aprendido, de derribar todo el andamiaje ideológico que se ha construido en torno al islam para volver a la esencia de la simplicidad.

Una última pregunta… desde mi internacionalismo te cuestiono, ¿desde tu independentismo, ideas comunistas y fe musulmana, hay motivos para la esperanza en tu patria, en Andalucía?

Siempre hay esperanza. A pesar de que este sistema capitalista está llevando a nuestro planeta al borde de la destrucción y de que va a desaparecer causando un gran daño y sufrimiento a millones de personas, tengo la seguridad de que el ser humano superará esta circunstancia y se podrá construir una sociedad más justa, más libre y respetuosa con el medio ambiente. El capitalismo y toda su organización económica y social desaparecerá de la tierra y el ser humano volverá a recuperar la soberanía propia de su esencia.

En Andalucía, por los motivos que he expuesto antes: asimilación cultural, clientelismo como forma de sometimiento, dependencia económica, desindustrialización, alienación cultural, emigración juvenil, etc., estamos en una situación bastante difícil. No se ve ahora mismo el final del túnel, ni a corto plazo parece que pueda haber un revulsivo que haga que el pueblo andaluz reaccione ante la situación de empobrecimiento y dependencia. Somos conscientes de esta situación y por ello trabajamos a largo plazo, centrándonos en los procesos organizativos de fortalecer las organizaciones de lucha, de tejer alianzas y complicidades, de buscar apoyos, de difundir nuestra cultura e historia, de concienciar al pueblo andaluz de su genuinidad y de su derecho a gobernarse por sí. Para ello estamos en el proceso de fortalecer y construir las organizaciones políticas, sindicales, culturales y asociativas que posibiliten un avance en la toma de conciencia. El Estado español está, al igual que todo el sistema capitalista, en decadencia y en su fase final, por lo que hay que estar preparados para enfrentarlo. La inminente crisis económica va a volver a castigar a toda la clase trabajadora, y especialmente a la andaluza por las características de su economía y por la mayor dependencia del Estado. Esto va a requerir trabajo y sacrificios de la vanguardia cultural y política.

A pesar de las dificultades nunca he perdido la esperanza ni la confianza en el pueblo andaluz. Los pequeños pasos que vamos dando se pueden acelerar hasta acercarnos al acabamiento de la «vieja España», como decía Blas Infante y podamos construir la República Andaluza de Trabajadoras.

Para terminar, darte las gracias por ofrecerme la oportunidad de expresar estas ideas que espero contribuyan a la superación de prejuicios entre marxistas y musulmanes.

Gracias a tí, Alí por esta entrevista que me has concedido y que tenía tantas ganas de realizar y no había sido posible por la urgencia que requerian otras entrevistas y trabajos.Fué un gusto conocerte hace ya dos años y siempre un gusto charlar contigo. Y un placer conocer tus razones por las que combinas una fé como la islamica con una ideología como el marxismo…

(Fuente: La Haine / Autor: Andoni Baserrigorri)

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