País Valencià: Con el Gobierno “de izquierdas”, la reforma urbanística del centro histórico de València al servicio de la turisficación (vídeo)

Después de la llegada del Gobierno de la Nave al Ayuntamiento de Valencia (PSPV, Compromís y Valencia en común) en el año 2015, se empezó a gestar la reforma urbanística de Ciutat Vella, el centro histórico de Valencia. La versión preliminar del Pla Especial de Protección (PEP) de este distrito señala la recuperación de su carácter residencial como una de las prioridades, pero, lejos de esto, el vecindario del barrio y sus colectivos ven en la normativa del plan una amenaza para la idiosincrasia de los barrios del centro, donde la proliferación de hoteles y viviendas turísticas continúa a un ritmo imparable.

Al final de la calle Santa Teresa, del barrio Lo Carme de Valencia, se encuentra Can Revuelta, punto de encuentro del vecindario de Ciutat Vella, así como de algunas de las entidades sociales y vecinales de la capital del Turia. Una de ellas es Vecindario en Peligro de Extinción, nacida en el seno de este distrito, con el objetivo de frenar la especulación y la expulsión de la población de la que fue la ciudad histórica de Valencia hasta el siglo XIX. Cada dos semanas, los lunes, Lluís Mira i Paula Roselló se encuentran a Can Revuelta para asistir a la asamblea del colectivo. Son conscientes de la transformación que ha vivido Ciutat Vella a lo largo de los últimos años, amenazada por la pérdida de la idiosincrasia arquitectónica y social de sus seis barrios: La Sede, La Xerea, Carme, Velluters, El Mercado y Sant Francesc. Durante los últimos meses, las reuniones han sido cogidas por el debate y la redacción de las alegaciones al Pla Especial de Protección de Ciutat Vella (PEP), que tendría que acumular las expectativas y reivindicaciones del vecindario. Lejos de esto, Mira y Roselló advierten que no ofrece una solución real de habitabilidad, más bien agrava el proceso de turistificación y gentrificación y pone en peligro el tejido social del distrito.

El plan, con una inversión de 72,2 millones de euros, actúa en toda la superficie de Ciutat Vella, que fue declarada Bien de Interés Cultural en 1993 por su importancia histórica y patrimonial. En concreto, son unos 1.690.000 metros cuadrados, así como el área de varias zonas adyacentes al centro histórico, como en algunos tramos del antiguo lecho del río Turia o en áreas próximas a las Torres de Quart. Su elaboración empezó a gestarse en el año 2016, acompañada por un proceso de participación ciudadana, que tenía el objetivo de consolidar un grupo de urbanismo del distrito, con el objetivo de realizar un seguimiento de la redacción del documento y donde el vecindario pudiera exponer sus propuestas y preocupaciones alrededor de los diferentes proyectos urbanísticos contemplados a PEP.

Se metió sobre la mesa la necesidad de implantar dotaciones asociadas a la vida cotidiana, como un centro de salud en condiciones óptimas; de generar vivienda accesible para las residentes con rentas bajas, regular y limitar los apartamentos y las viviendas turísticas, o la importancia de fomentar el comercio y servicio de proximidad, para evitar que sea desplazado por los negocios turísticos. Todas estas propuestas y otras muchas fueron recogidas por el mismo Ayuntamiento de Valencia, a través de la concejalía de Urbanismo, encabezada por Vicent Sarriá (PSOE); así como por la empresa pública Actuaciones Urbanas Municipales S.A. (Aumsa).

Después de los talleres desarrollados porque el vecindario de Ciutat Vella aportara sus propuestas de mejora, el Ayuntamiento ha planteado el PEP como un proyecto que tiene como objetivos principales la “recuperación del tejido residencial”, por tal “de abordar la regulación del uso terciario y, concretamente, el hotelero y la nueva modalidad conocida como ‘vivienda turística’”; “la recuperación de las áreas degradadas”, “el aumento de la calidad del espacio público” o “la conservación y puesta en valor del patrimonio”, según la memoria descriptiva y justificativa de la versión preliminar del PEP.

Los propósitos que se plantean responden a las reivindicaciones de los colectivos que trabajan la parte social de los barrios. Además, el PEP también contempla la regulación y la limitación de nuevas instalaciones de uso terciario. Pero, desde Vecindario en Peligro de Extinción alertan que las medidas son “insuficientes” y que la normativa urbanística redactada en el marco de este plan, para regular los diferentes usos del barrio deja vía libre a la continuación del proceso de turistificació de Ciutat Vella. “Nosotros estábamos muy contentos con los objetivos del plan y con el estudio. Al principio, se habló de los impactos, de los cambios que ha habido y se propusieron medidas, pero, cuando miras la normativa del PEP, resulta que la situación en que vivimos no acaba de resolverse”, subraya Mira. Es por eso que el Pla Especial de Protección de Ciutat Vella ha sido bautizado como el “TimoPEP”, con la grabación de un videoclip en que el vecindario de los diferentes barrios ha versionado la canción popular Lo tio Pep se va a Muro.

De las 155 alegaciones, solo 14 han sido estimadas

El PEP se encuentra encara en tramitación. El mes de julio de 2018, colectivos y vecinas a título individual presentaron 155 alegaciones, puesto que el documento “no para las agresiones que sufren nuestros barrios, principalmente, en forma de especulación y de turistificació”, lamentó Vecindario en Peligro de Extinción en un comunicado. Este pasado mes de abril, durante el segundo periodo de exposición pública, se presentaron las segundas alegaciones a las últimas modificaciones implementadas. Después del estudio de estas últimas alegaciones y de un tercer periodo de exposición, el proyecto lo tendrá que aprobar la Consellería de Vivienda y, por último, el consistorio, encabezado por el alcalde Joan Ribó (Compromís). Por lo tanto, se estima que su aprobación podría tardar, al menos, un año.

De las 155 alegaciones presentadas, solo 14 han sido estimadas. “No aceptaron nuestras reivindicaciones y, por eso, hemos decidido volver a presentar unas segundas”, explica Roselló. Algunas de las modificaciones que introdujo el Ayuntamiento después de la primera exposición pública, son la ampliación de las dotaciones educativas y de las zonas catalogadas como comercio tradicional, o limitaciones a la hora de implantar nuevas actividades de bares, cafeterías, restaurantes y similares, los cuales se tendrán que ubicar a una distancia de 65 metros de los ya existentes, según se recoge al Informe del proceso de participación pública y de consultas a las administraciones e interesados del PEP, al cual ha tenido acceso la Directa.

Estos cambios distan mucho de las exigencias de los colectivos arraigados en Ciutat Vella. “Se han cambiado algunos aspectos, pero el documento continúa siendo insuficiente”, critica Mira. Ante esto, ahora mismo, su lucha, se centra a acabar con la concesión de las licencias de apartamentos turísticos y hoteles, así como al conseguir la conservación del patrimonio histórico y cultural del distrito, y la protección del comercio tradicional y del tejido social del barrio.

170 edificios destinados al uso terciario

Mientras el PEP se debate y se estudian las alegaciones, la proliferación de hoteles y viviendas de uso turístico en el centro histórico de Valencia continúa a un ritmo imparable, una problemática que se ha convertido en una de las principales preocupaciones del vecindario. Según el informe Efecto Airbnb en la ciudad de Valencia, elaborado por la Cátedra Institucional de Economía Colaborativa de la Universitat de València y la plataforma de alojamiento web asociativo Montera34, Ciutat Vella es el distrito de la capital del Turia donde más anuncios de viviendas completas hay publicados a Airbnb. El informe recoge un total de 1.257 anuncios, de los cuales 725 tienen licencia y 532 no. En Ciutat Vella le siguen los Poblados Marítimos (Nazaret y Cabañal), con 889 anuncios; y el Eixample con 473.

A pesar de estar patente esta turistificación, con el PEP, 170 edificios, algunos nuevos y otros ya existentes, se destinarán al uso terciario, es decir, a uso comercial, turístico, de oficinas o recreativo. En concreto, son 50 edificios de gran valor patrimonial y sus inmuebles anejos y otros 70, las licencias turísticas de los cuales ya están en trámite. PEP cataloga estos 50 inmuebles como “edificios singulares”, puesto que forman parte del patrimonio histórico del distrito por sus características “señoriales, religiosas y palaciegas”. Algunos ejemplos son el convento de Sant Josep y Santa Teresa, catalogado como Bien de Relevancia Local; o el edificio situado al lado de la calle Pintor Ahijado. “Este edificio era un palacio residencial y, durante muchos años, albergó el pub Casa Vieja, pero ya hace tiempo que cerró”, recuerda Mira. Con la entrada en vigor del plan, podrán ser explotados por empresas terciarias, ya sean hoteleras, de apartamentos turísticos o relacionadas con las grandes superficies comerciales.

En estos 50 edificios, se sumarán sus inmuebles anejos. Tal como se indica al documento normativo del PEP, las agregaciones funcionales entre dos inmuebles “se admiten en todos los casos” sin ninguna limitación, a excepción de las agregaciones entre dos solares o entre más de dos inmuebles, en que se admite “siempre que ninguno de las bogas de la fachada exceda de 14 metros”. De este modo, “el Ayuntamiento está permitiendo que el edificio adjunto cambio también el uso. Por lo tanto, en cuenta de tener 50 hoteles, tendremos 100 hoteles. Podrían destinar estos edificios a vivienda pública y social, pero quieren continuar haciendo negocio con el turismo”, lamenta Roselló.

A la versión preliminar de la reforma urbanística, además de regular el uso de los edificios singulares, también aparecen regulados los inmuebles conocidos como casa obrador, muchos de los cuales, si se da el caso, también acabarán anexados a los limítrofes y dándoles un uso terciario. Históricamente, a estas viviendas, las familias artesanas trabajaban al taller que tenían a la planta baja y vivían en la parte de arriba. Recorriendo las calles largas y estrechas que limitan los barrios del Mercado y el de Velluters, a la calle Sant Antoni, todavía se puede encontrar un de estos edificios en un callejón sin salida o un culo de saco, es decir, un camino estrecho sin salida de origen árabe. “A los planos más antiguos de Valencia, que datan de principios del siglo XVI, ya aparece documentado este culo de saco”, explica Mira.

Esta casa obrador no será anexada en ningún edificio contiguo, sino que, según los planos adjuntos al Pla Especial de Protección, se destruirá, para conectar la calle Sant Antoni con las calles de la Beata y Vinatea, a los cuales se construirán dos nuevos bloques de pisos. “La argumentación que nos dan es que quieren sanear el barrio. Pero, esto es un criterio decimonónico, del siglo XIX. En la actualidad, si tú mantienes un edificio en buenas condiciones, no hay problemas de salubridad”, matiza Mira. Desde Vecindario en Peligro de Extinción también consideran que la destrucción de estos tipos de edificios, así como la alteración de la trama urbana del barrio es una “manera de acabar con el patrimonio cultural”. “El PEP bendice la transformación de esa trama histórica catalogada como Bien de Interés Cultural. Necesita un tratamiento oportuno, pero, simplemente, lo transforma y, si no alegamos, se quedará completamente transformado”, añade.

La construcción de los dos bloques de viviendas al lado de las calles de la Beata y Vinatea no serán las únicas nuevas edificaciones que se llevarán a cabo en el marco de este Pla Especial. A pesar de que se desconoce la cifra exacta, muchas de las obras ya han empezado o están a punto de empezar. Mucho cerca de la plaza de Pilar, en dos islas de la Biblioteca Pública del Jefe y Casal, se encuentra la calle del Baño. La calle estrecha y de casas pequeñas destaca por el vacío que deja un solar de tres parcelas, una de propiedad pública y las otras de la empresa Élite Aliquam SL, conocida por el otro negocio hotelero que tiene en la calle Gobernador. Según los planos, aquí también se levantarán dos fincas de apartamentos turísticos, de 36 pisos. “Pensamos que a la parcela más pequeña, la del Ayuntamiento, harán una plazoleta”, expone Mira. Este procedimiento ya se ha hecho en otros lugares. Un propietario privado compra el suelo público edificable al consistorio, el cual deja vía libre para hacer una zona verde con el dinero de la empresa. “Claro, ese espacio libre es de todos, el mantenimiento y los servicios son de todos, pero, urbanísticamente se queda en un lugar donde solo tienen acceso los turistas”, apostilla.

Otra de las zonas donde se prevé construir es al solar que se encuentra junto a las calles de la Boatella, de los Valeriola y de los Eixarchs, a escasos metros del Mercado Central. Aquí, el plan contempla la edificación de dos edificios de 49 apartamentos plurifamiliares, construidos en forma de “uno” para dejar una zona verde enmedio. En sus orígenes, la calle de la Boatella era muy estrecho, como mucho, tenía cuatro metros de ancho; e irregular, como el trazado medieval, pero el Ayuntamiento, entre el 2001 y el 2004, quiso ampliarlo a once metros porque circularon dos autobuses. “Este cambio se suma al que quieren hacer ahora. Es irrespetuoso”, critica Mira, a quién Roselló le responde: “El que se tendría que hacer es aprovechar la trama que tenemos ya consolidada para crear viviendas públicas y no tener que construir en otras partes, porque ya nos estamos comiendo mucho de territorio”.

70 licencias turísticas en marcha

En los 50 edificios singulares, se suman las 70 licencias turísticas -47 para hoteles y 23 para apartamentos- que ya están en trámite, a pesar de que Vecindario en Peligro de Extinción ha alegado su suspensión, así como la de todas las solicitudes que estén en curso, “independientemente del paso en que se encuentran del procedimiento administrativo”. El Ayuntamiento de Valencia aprobó una moratoria para paralizar la aprobación de nuevas licencias, hasta que se diera luz verde a la versión preliminar del Pla Especial de Ciutat Vella. Aun así, antes de la entrada en vigor de la moratoria, se presentaron estas 70 solicitudes, razón por la cual, desde el consistorio, arguyen que “no se puede hacer nada”, porque “la moratoria no tenía efecto retroactivo”. Aun así, para Mira, la justificación del Ayuntamiento es solo una “excusa” y afirma que en otras ciudades, como Barcelona, ya se hizo una cosa muy parecida y sí que se pudieron paralizar todas las licencias. “Han hecho una moratoria con excepciones, de mentira, porque no se niegan las licencias en trámite, solo las que se piden a partir de ahora”, opina.

Otra de las reivindicaciones que defienden los colectivos de los barrios que conforman Ciutat Vella es ampliar la zona catalogada como Zona de Comercio Tradicional. Por ahora, a PEP se contempla una buena área del barrio del Mercado, puesto que es el área que más tradición comercial ha tenido a lo largo de la historia. Pero, la asociación de vecinas y comerciantes Amigos de Carme ha pedido que la superficie se extienda en las calles situados al oeste del Mercado Central, especialmente, el área delimitada entre las calles del Moro Zeït, de Santa Teresa, del Pie de la Cruz, de Maldonado y de la Beata. Después de las primeras alegaciones, se incluyeron las calles de Navellos, la plaza de la Virgen, la calle Micalet y la plaza la Reina. Aun así, para Amigos de Carmen esta modificación “es ridícula, puesto que aquello ampliado está completamente colonizado por las actividades turísticas”.

Por último, también piden que Ciutat Vella sea declarada Zona Turísticamente Saturada, puesto que, según prevén, es una de las mejores maneras de defender el vecindario residencial, proteger el patrimonio histórico y mantener la imagen y la actividad comercial tradicional. “Si lo PEP quiere apostar por la conservación del carácter residencial del centro histórico, tiene que declarar la totalidad de los barrios de La Sede, La Xerea, Carme, Velluters, El Mercado y Sant Francesc como Zonas Turísticamente Saturadas”, exigen. En esta línea, Roselló añade que hay muchos aspectos sociales, culturales e históricos que también se tendrían que tener en cuenta. “PEP de Ciutat Vella podría ser competencia también de la Consellería de Cultura y tendría que tener un equipo muy diverso, con antropólogas, sociólogas e historiadoras, no solo técnicas y arquitectas”, añade Roselló.

En Ciutat Vella, cada barrio tiene su realidad y su historia. Y el Pla Especial de Protección de Ciutat Vella, tal como dice Roselló, “no tiene en cuenta las diferencias y, tampoco, el tejido social que se ha creado”. Por eso, PEP provocará que “las redes afectivas de los barrios, despacio, se vayan debilitando. Hacer una calle ancha y recta hace que no sucedan cosas en la calle. Al final, como han dicho muchas veces, Ciutat Vella será ‘vieja’, pero no será ‘ciudad’”, sentencia esta vecina.

(Fuente: Directa.cat / Autores: Ester FayosGiuseppe SavinoMarta Serra)

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