Activistas estadounidenses ocupan la embajada venezolana en Washington para impedir la entrada de los golpistas de Guaidó

Desde que inició la operación de cambio de régimen el 23 de enero (mediante el golpe de estado en Venezuela comandado por los EEUU), un grupo de activistas resaltó por aparecer en cada uno de los actos donde la soberanía del país es seriamente atacada por funcionarios del gobierno de Estados Unidos  y representantes de Juan Guaidó.  Con pancartas y gritos han sido parte del llamado de atención global sobre las consecuencias de una intervención militar en el país.

Su nombre es Codepink y su último acto de apoyo a Venezuela es resguardar las inslaciones de la embajada de Venezuela en Washington para evitar que los representantes de Guaidó la tomen por la fuerza, como hicieron con la agregaduría militar en la misma ciudad y el consulado venezolano en Nueva York.  Por eso duermen con frazadas en los sillones de la embajada hasta que los representantes de Guaidó, en conveniencia con Estados Unidos, desistan de la idea de tomar la sede diplomática.

El miércoles, los últimos diplomáticos en Washington expulsados por el gobierno de Trump, abandonaron la embajada, ubicada en el acomodado barrio de Georgetown y cuya fachada exhibe enormes pancartas en las que se lee «no a la guerra por petróleo», «stop al golpe», «paz» o «no a las sanciones letales» (foto adjunta).

En los últimos días, la organización publicó, además, un comunicado donde afirma que «un grupo de ciudadanos estadounidenses, disgustado con el intento orquestado por Estados Unidos de derrocar al gobierno venezolano, ha formado un Colectivo de Protección de la Embajada [Colectivos por la Paz] para evitar que la embajada caiga en manos de la oposición no electa».

¿Por qué Codepink defiende la embajada de Venezuela?

Si bien sus acciones más impactantes ocurrieron cuando irrumpieron en las sesiones del Congreso donde participaron el secretario de Estado, Mike Pompeo, y su representante para Venezuela, Elliott Abrams, este domingo Codepink volvió hacerse viral cuando proyectaron imágenes del expresidente de Hugo Chávez y frases en contra de una intervención estadounidense en Venezuela en la sede diplomática venezolana.

De acuerdo a un artículo firmado por Medea Benjamin, cofundadora de Codepink, el resguardo de la embajada de Venezuela en Washington se lleva a cabo en un «trabajo codo a codo» con el personal diplomático del país en Estados Unidos. Esta acción se justifica en base al artículo 22 de la Convención de Viene de 1961  sobre relaciones diplomáticas que establece que el Estado receptor «debe proteger las sedes diplomáticas de otros países en su territorio de cualquier intrusión, perturbación de la paz o menoscabo de su dignididad».

Según Benjamin, la Administración Trump violó flagrantemente este principio siendo uno de los pocos países que ha permitido que se tomen por la fuerza las sedes diplomáticas de Venezuela en el exterior, junto a Costa Rica.

Por esto el Colectivo de Protección de la Embajada, como se han dado en llamar,  realizan eventos educativos durante el día,  como charlas, y cuelgan pancartas para concientizar sobre los efectos de otras invasiones de Estados Unidos, mientras que por las noches se turnan para dormir en los sillones de la embajada.  Entre los eventos convocados destacan seminarios sobre la historia de Venezuela,  Julián Assange, las consecuencias de la política exterior de Estados Unidos en África, e información sobre Honduras y El Salvador.

«El 23 de abril, un día antes de lo que espera sea el intento de toma por parte de los representantes de Guaidó, esperamos hacer un seminario con el ex oficial de la CIA John Kiriakou para hablar sobre las operaciones de cambio de régimen de Estados Unidos», expresó Benjamin quien en reiteradas oportunidades destacó a los medios que la presencia del grupo es para disuadir cualquier intento de toma de la sede.

Mientras eso sucede, el colectivo tiene una gran pancarta justo encima de la bandera de Venezuela que dice «fin de las sanciones mortales», y dos más en las columnas del edificio que son una «lista de verificación imperial » sobre como organizar un golpe de Estado, y una última sobre las mencionadas consecuencias de las intervenciones de Estados Unidos.

También en las ventanas colocaron treinta y dos signos sobre la cronología del último intento de golpe de Estado protagonizada esta vez por Juan Guaidó.

Agresiones contra Codepink y una breve historia sobre la organización

«Invasores comunistas gringos no dejan de hacer propaganda a favor del régimen de Nicolás Maduro», escribió el medio antichavista La Patilla, propiedad del ex dueño de Globovisión, Alberto Ravell, luego de que la proyección de los «ojos de Chávez» llamara la atención de los traúnsentes que pasaron por la embajada.

A pesar del intento de equiparar a los activistas con «invasores», la realidad que la modalidad de convocar a personas más allá de la organización comenzó en 2002 cuando su primera acción fue una vigilia frente a la Casa Blanca contra la guerra en Irak.  A la iniciativa se sumaron un total de diez mil personas en lo que considerada la primera acción del grupo fundado ese año.

Según la página oficial de la organización, Codepink «surgió de un profundo deseo de un grupo de mujeres estadounidenses de impedir que Estados Unidos invadiera Irak».  En los últimos, sin embargo, el grupo ha incluido también a hombres bajo el principio de «trabajar por la paz y la justicia social».

En este contexto, activistas de Codepink recibieron en una comisión del Congreso a la ex secretaria de Estado de George Bush, Condolezza Rice, con las manos pintadas de sangre, lo que les valió ser expulsadas del Congreso.  Se estima que una docena de veces fueron arrestadas por hacer protestas en contra de las políticas de intervención.

Actualmente, sus temas de protesta son las guerras en Yemen, el genocidio en Palestina, las amenazas de intervención en Irán y los ataques con drones.

Distinguidas con el color rosa que caracteriza la organización, según Benjamin cada vez que van al Congreso son bien recibidas por los policías a tal punto que uno de ellos una vez les pidió: «denme un abrazo ahora porque puede ser que después tenga que arrestarlas».

Benjamin, y los demás integrantes de la organización, son fiel representante del movimiento social anti guerra que después de Vietnam ha sido revitalizado con los fracasos en Irak y Afganistán. La cantidad de apoyos a su campaña en defensa a Venezuela influyen en la opinión estadounidense en contra del golpe contra Venezuela.

(Fuente: Cuba.información)

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