Catalunya: Adrià y Tamara Carrasco (CDR). «Intentan construir un relato de violencia (del 1-O), pero no hay por dónde cogerlo porque no existió”

Se ha cumplido un año de dos exilios: el de Adrià Carrasco, que pudo huir por la ventana del comedor de casa cuando la Guardia Civil picó de madrugada a casa suya, y el de Tamara Carrasco, que fue detenida y enviada a la Audiencia Nacional, que la mantiene todavía confinada en Viladecans. Hace 365 días supieron que la acusación de “pertenencia a organización terrorista” estaba escrita en un atestado judicial que llevaba sus nombres. La operación fue ordenada por el juzgado de instrucción número seis de la Audiencia Nacional española, que hasta el mes de enero los investigaba a los dos por “actividades de dirección y coordinación en los actos de sabotaje”, en referencia a los cortes de carreteras y levantamiento de barreras de los peajes durante la Semana Santa de 2018, después de la detención de Carles Puigdemont. La acusación se redujo a desórdenes públicos y a principios de año, la investigación se trasladó a los juzgados ordinarios catalanes. En estos momentos pero, hay un conflicto de competencia territorial y todavía no se sabe quién los tomará declaración. La Directa ha conversado a la vez con los dos miembros de los Comités de Defensa de la República (CDR) a través de una videotrucada.

Ya hace un año de la operación de la Guardia Civil. ¿Cómo se convive con la anormalidad?

Adrià Carrasco (A.C): Intento normalizar la situación porque creo que si no, mi mente se volvería loca. No podemos estar en una situación contando de alerta y por tanto, intento llevar una vida normal: estoy estudiando francés, trabajo desde casa y mantengo un círculo de gente que me aprecio mucho. Hay Días que me despierto y me pregunto cómo he llegado hasta aquí? Qué ha pasado? Vino la policía, marché por el balcón y estoy en Bélgica. Pero me toca aceptarlo y salir adelante.

Tamara Carrasco (T.C): He continuado haciendo mi vida, asumiendo las limitaciones que tengo, porque no puedo salir de un pueblo. Estoy de baja laboral. Primero me centré a cuidarme porqué me ha costado mucho asimilar la situación. Una vez asimilada, he intentado continuar haciendo mi vida, continuar militando y luchando, al fin y al cabo. Me he dedicado el antifeixisme, se ha refundado la Unidad contra el Fascismo y el Racismo en Viladecans. Estamos trabajando muchísimo.

La Audiencia Nacional ha reducido la acusación de terrorismo a desórdenes públicos. ¿Aun así, el hecho que os estén investigando os coarta vuestra libertad, os limita?

A.C: El caso se lo van pasando, nadie lo quiere porque el que tienen que hacer es archivarlo, no se aguanta en ninguna parte. No hay ninguna prueba. Nadie tiene valor para cogerlo. El juzgado de Gavà se declaró incompetente para investigar el caso de Tamara. Y yo estoy esperando saber si aceptan el mío. Es angustioso ver que está en el limbo judicial, pero acepto que estaré aquí, quizás durante años.

T.C: El hecho de estar siendo represaliada no me hace cortarme ni un pelo a la hora de exponer mis opiniones o ideas. Con otros aspectos de mi vida soy más cuidadosa para no posar en peligro otros personas. Creo pero que soy más crítica que nunca.

Se ha construido un relato que asocia el independentismo a violencia. ¿Creéis que el Estado está consiguiendo mantenerlo durante el juicio?

A.C: Intentan construir un relato de violencia, pero no hay por dónde cogerlo porque no existió. El Fairy es una anécdota pero demuestra que no saben qué inventarse. También lo intentaron con nosotros, pasamos a ser el brazo armado del independentismo. El que hagas o no es igual, porque la prensa ya se ocupó de construir un relato para asociar CDR a terrorismo. Al juicio, veo la Fiscalía y la Abogacía del Estado y pienso: estos desgraciados que no podan ni construir una frase entera nos han llevado a nosotros dos donde estamos. Es realmente frustrante.

T.C: No me extraña, siempre lo han hecho. Con el juicio queda muy patente. Necesitábamos un discurso de violencia a la calle que no han encontrado. Lo probaron con Altsasu y en su día en Euskal Herria en general con el “todo se ETA”. Aquí están intentando hacer el mismo. Me hace mucha gracia el término “kale borroka catalana” porque demuestra la poca imaginación que tienen, es un término que ya lo empezaron a utilizar el 1992 en el marco de las Olimpiadas. Cuando no hay violencia se la inventan, con Fairy, con cordones de zapatos o silbatos de color amarillo.

¿Y cuál es vuestro relato del 1-O?

A.C: Fue uno de los momentos más bestias de mi vida. Fue el momento de desobediencia y de victoria popular más grande que seguramente hemos vivido en este país e incluso a Europa. Fue brutal. Fue el ejemplo que si volamos, tenemos poder y podemos conseguir muchas cosas.

T.C: Pienso como el Adri. Fue una victoria del pueblo catalán. Todo el mundo tiene una anécdota de aquel día. El pueblo aguantó, a pesar de las hostias, la agresividad y la violencia brutal. La gente estaba luchando por el que creía, este es el espíritu del 1-O. Después pero, no tenían nada preparado. Yo confío en este espíritu de la gente, cuando haga falta será allá.

¿Se generaron expectativas que no se cumplieron y esto ha generado cierto desaliento?

T.C: Creo que hay varios factores. Quiero intentar no ser negativa. Ahora tenemos un proceso que se lleva a Europa, con Carles Puigdemont y los consejeros. Tenemos otro proceso adentro y el juicio, de donde saldrá una sentencia jodida y condenatoria. Es un tema de tempos. La gente que se la juega, que se movilizará, intenta hacerlo en el momento oportuno para no quemar los cartuchos. También hay un problema de confianza. A medida que ha ido pasando el tiempo, ya no me refio de todo el mundo. Veo mucho processisme y mucha gente que adora su poltrona y su sueldo y se vendería a Madrid. Cuando no sabes de quién te puedes refiar, es jodido.

A.C: El 1-O dio uno chuto: se puede! Después nos hemos deshinchado. Estamos esperando el día D para salir y pararlo todo y este día D no existe. O hemos tenido 15. La gente no está dispuesta a sacrificar o arriesgar su comodidad. Esto nos frena. Hay gente que piensa que lo conseguiremos haciendo manifestaciones masivas cada año, pero si no hay una estrategia de desobediencia clara, no llegaremos en ninguna parte.

Los CDR se han caracterizado para ser muy diversos: generacionalmente e ideológicamente, y a los cortes de Semana Santa participó mucha gente. ¿Fuisteis unos jefes de turs?

T.C: Obviamente hay otros muchos procedimientos: hoy hay un bombero que declara por un corte de autopista en Soses, donde fue el agredido y casi lo matan. También tenemos Roger Español por el 1-O. Hay compañeros que han sido detenidos por las mismas huelgas donde participamos nosotros.

A.C: Pero, está claro, por las acusaciones nuestro caso es muy sonado. Yo no me esperaba una acusación de terrorismo y esto al principio impactó sobre el movimiento y se extremaron las medidas antirepressives, pero creo que al final no consiguieron el que querían. La prueba está en el hecho que el 9 de diciembre del año pasado se repitió simultáneamente en Cataluña la acción por la cual me acusan a mí. Es una victoria nuestra, clarísima. No tenían más cosas sobre nosotros que sobre otras personas. Nos ha tocado, igual que podría haber tocado a alguien otro, así que, adelante!

T.C: Sí, al principio la gente necesitó su tiempo para asimilar todo esto, porque una cosa es prepara-té por la represión y otra que te toque tan cerca. Y también hay una cuestión de tempos. Costó, pero la gente volvió.

¿Estabais preparados para sufrir la represión u os han faltado aperos?

T.C: No puedo hacer una valoración porque la militancia que yo hacía estaba muy centrada en mi pueblo: educación, sanidad y refugiados de Siria. De formación antirepressiva tenía muy poca: algún curso de En Pie de Pau y algo que había leído de Alerta Solidaria. El Adri tiene más experiencia antirepressiva. Pero de todos modos, una vez estás detenida, las pautas de Alerta Solidaria te sirven de muy poco. Cuando entraron todos los guardias civiles a casa mía, el primero que los dije es que quería encontrar un abogado y dijeron que por terrorismo me tocaba uno de oficio. Y dije: pues quiero lo de oficio y me respondieron “no, cuando no salga de los cojones a nosotros”. O cuando dices no quiero declarar, y al final, te hacen hablar. También te advierten que si te hacen un reconocimiento médico, tienes que estar a solas con el médico, pues yo tenía gente dentro de la consulta. Una cosa es la teoría y otra la práctica. Está muy bien saberla y que ellos sepan que la sabes, porque así se cortan un poco. También somos una nueva formada de mucha gente que ha salido a militar fuera de los pueblos y nos ha faltado formación. Había otra gente del movimiento que sí que la tenía.

A.C: Una prueba muy clara es la chica antifexista encarcelada el 30 de marzo, Ruth. Al final se solicitó la fianza de 6.000, pero en cambio no ha salido cuando tenía que salir, ha pasado una noche más cerrada. Mi formación antirepressiva era de ciento, pero nunca es suficiente. Yo, por ejemplo, sabía que si venían a picarme a casa, era muy probable que fuera terrorismo… aquello me permitió marchar. En Esplugues ya habíamos sufrido la represión y habíamos aprendido.

¿En qué momento supisteis el uno del otro?

A.C: Explícalos Tamara…

T.C: El segundo día de estar al calabozo cerrada, hecha polvo de no dormir, de los interrogatorios, entró el sargento de Tres Cantos y me informó que había una persona que estaba fugada que se decía Carrasco. Me preguntó si éramos familia e insistió que nos conocíamos, que le dijera donde era. Me pareció una curiosa coincidencia.

A.C: Es mucha casualidad que vayan detrás de dos personas con el mismo apellido. A veces pienso que fueron expresamente pensante que éramos primos o hermanos, a hacer daño.

¿Cuándo os implicáis en los CDR?

A.C: En Esplugues lo creamos nosotros, unos días antes del 1-O. Nos juntamos e hicimos correr la voz, vino mucha gente y nos organizamos por colegios. Y no sufrimos ninguna intervención policial. Los impulsamos a partir de redes preexistentes.

T.C: En Viladecans no había ninguna red y lo CDR se crea el 3 de octubre con la primera huelga. El 1 de Octubre se organizó colectivamente y todo el mundo sabía muy bien el que tenía que hacer. Percibimos mucha indignación y gente que nunca había militado en ninguna parte, gente del pueblo, incluso gente que no era independentista, se sumó a los CDR el 3 de octubre.

Hay un momento que los CDR pasan de “defensa del referéndum” a “defensa de la república”. Esto despertó cierto debate. La República no se ha implementado, ¿qué creéis que se tiene que defender?

A.C: Yo veo legítimo el referéndum y no haría falta hacer otro. Si nos ofrecieran un referéndum pactado, pues adelante. La Asamblea y Òmnium organizan cenas, actas y manifestaciones, que son importantes, pero creo que nos falta un poco de mala leche. Y los CDR juegan un papel importante, incluso para generar discursos y relatos más radicales.

T.C: Tenemos que hacer efectivo el mandato del 1-O, España no nos dejará hacer nunca un referéndum. Si nos lo dejan hacer, estarán reconociendo que tenemos derecho a la autodeterminación y reconociendo que otros territorios también lo tienen. Pero el Estado tiene una mentalidad imperialista y colonizadora. A las mandes empezamos gritando “independencia” y ahora “libertado presos políticos”. Y hay un mandato político que se tiene que cumplir: república o república

¿Pero hay las condiciones para hacerla efectiva?

T.C: Nunca tendremos las condiciones para hacerlo, ninguna República las ha tenido. Se ha tenido que currar desde la calle. Con requiebros y violas no lo podremos conseguir. Ni Europa nos mira ni lo haremos con sonrisas y paellades. Ahora toca hacer un trabajo más diplomático, intentando hacer patente que quizás a nivel de Unión Europea es más rentable una Cataluña fuera de España, que está en quiebra. Pero nunca tendremos las condiciones ideales y dirán que nunca somos suficientes. Pienso que son debates vacíos que posan sobre la mesa para desviar la atención.

A.C: El Estado demuestra que no actúa estratégicamente sino con rancietat. Une más la gente el sentimiento de una España unida, grande y libre que pensar fríamente. Estratégicamente los habría ido mejor hacer como lo Reino Unido, una votación legal. Permitirnos votar, habría estado mejor por ellos. Esto demuestra que en el fondo no hay jefe, hay coro y rancietat fascista, herencia de la falsa Transición.

¿Durante este año, que habéis aprendido del poder y el Estado?

A.C: Antes ya no tenía ninguna confianza en el Estado. No me ha cambiado la visión que tengo. Antes, ya había gente que sufría la represión.

T.C: Me ha sorprendido que sean tan inútiles. Siempre he pensado que en el marco del debate del Estatuto y del 9-N era tan fácil como dejar hacer una votación, que en aquellos momentos hubiera ganado el no. El 1-O habrían podido dejar hacer el referéndum y después decir: esto no es vinculante. Pero han querido hacer una demostración de fuerza: somos vuestros amos. La otra rajada fue el discurso del rey, el “a miedo ellos”. Su padre, a pesar de sea uno mata elefantas y un corrupto, habría estado más conciliador. Tienen un carácter imperialista. David Fernàndez siempre ha hablado del concepto el Estado dentro el Estado: la fachada, el que todo el mundo voz, un país europeo y después, unas cloacas. Las mismas personas que estuvieron con Primo de Rivera y Franco, son las que comen del deep state y de las estructuras de Estado: ejército, iglesia y empresas. Y esto no lo cambiaremos nunca. A raíz de nuestro caso, fui algo más consciente del que tenemos delante. Sobre todo cuando estuve detenida a Madrid, donde pasé mucho miedo. La Guardia Civil hace muchísimo miedo. Creo que la gente no es consciente del que tenemos delante. No nos dejarán marchar y esto tendrá un precio. Con lirios no lo haremos.

A.C: Que está lo sabes, pero cuando te toca, te continúa sorprendiendo. Son capaces de esto y mucho más. No tenemos que subestimar la potencia de un Estado de esta envergadura

La otra cara de la represión es la solidaridad. ¿Que habéis aprendido?

A.C: He encontrado gente que me lo ha dado todo sin nada a cambio. Me llegan cartas anónimas, chorizos, quesos… Y hemos intentado potenciar la solidaridad con otros casos fuera de Cataluña, porque no somos los únicos que sufrimos, hay muchos casos en todo el Estado. Este sábado, al acto de Esplugues, hubo gente de todas partes que la sufre. Esto es guapo, necesario y nos hace más fuertes a todos.

T.C: Al principio tuve una sensación extraña. Había montado muchas fiestas para recaudar fondos, enviamos mucho dinero para el rescate marítimo a Lesbos, así que yo organizaba actos y ahora te los organizan a tú y estás a una banda donde no te sientes cómoda. Me ha ayudado muchísimo la solidaridad. Gente que no te conoce de nada te apoya. Una madre me escribió y me explicó que su hija cuando estaba en el patio, saltaba a cuerda gritando “Tamara libertad”. Una de las personas que más me ha ayudado ha sido lo Ramon Piqué, que fue torturado a los calabozos donde yo estuve cerrada. Las vueltas que da la vida… Y gente del País Vasco, de la izquierda de Madrid, de Andalucía… Todo esto no tiene precio.

A.C: También creo que tenemos el papel de insistir que la represión existía antes del independentismo. Mucha gente se olvida, o no se olvida porqué ni lo sabía. Televisiones olmo TV3 no lo explicaban o lo hacían de forma muy breve. Ha habido gente en la prisión para ser migrante, para ser antifascista o anarquista. Hay que desmarcarse de la solidaridad selectiva: también hay gente no indepe que defiende causas justas y es reprimida.

T.C: Aquí en Viladecans también tocó la represión de la época de Garzon. Detuvieron un compañero, el Nando, que estuvo cuatro meses en la prisión y los pedían 80 años de prisión. Jaume Asens era el abogado y tuvo que hacer filigranas para sacarlos de prisión. Era un montaje como el nuestro pero eran anarquistas, los famosos GAC [Grupos Anarquistas Coordinadores]. Recuerdo también el caso Dixan, unos detenidos que no tuvieron nuestra suerte porque eran migrantes.

(Fuente: Directa.cat / Autora: Gemma García)

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