Argelia: Continúan las dimisiones dentro del régimen. El general Salah afirma que “todas las perspectivas posibles permanecen abiertas”

El presidente del Consejo Constitucional de Argelia, Tayeb Belaiz (foto adjunta), presentó el pasado miércoles su renuncia al presidente interino Abdelkader Bensalah, informaron medios locales de prensa. Considerado una de las tres figuras clave del Ejecutivo y a quien los manifestantes exigían su dimisión, anunció el abandono del cargo en reunión celebrada este martes luego de haberlo juramentado el pasado 21 de febrero.

Belaiz está considerado figura cercana al expresidente Abdelaziz Bouteflika, quien por las presiones de las protestas renunció, primero, a una quinta postulación y luego, al cargo asumido desde 1999 a pocos días de expirar su mandato.

En su carta de renuncia al mandatario, Belaiz expresó el deseo de que “Dios mantenga a Argelia y a sus valientes personas a salvo de cualquier peligro”. Sin dar más detalles al respecto, la Agencia oficial APS hizo pública la dimisión, en medio de nuevas protestas de estudiantes en las calles de esta capital y otros lugares del país, donde por varias semanas se exige la salida total de lo que llaman “sistema”.

Por otro lado, la negativa de numerosos jueces y abogados a validar las próximas elecciones presidenciales, y disquisiciones jurídicas sobre la transición y la racionalidad de quienes rechazan ese proceso, añaden hoy más complejidad a la crisis política de Argelia. Jueces opuestos al mantenimiento en el poder de figuras comprometidas con el ya expresidente Abdelaziz Bouteflika respondieron a una convocatoria a manifestarse hecha por el denominado Club de Magistrados Libres, desligados del Sindicato Nacional de Magistrados (progubernamental).

Algunas demandas enarboladas frente al Ministerio de Justicia fueron, además del repudio a la designación por el Parlamento de Abdelkader Bensalah como jefe de Estado interino, la defensa de la independencia judicial y el anuncio de que no supervisarán las presidenciales del 4 de julio. Los letrados vestidos con sus togas dejaron claro su negativa a monitorear cualquier llamado a las urnas proveniente de una cúpula a la que cada viernes desde el 22 de febrero gran parte de la ciudadanía exige su salida de escena.

“El Club de Magistrados (con poco más de mil afiliados aunque está en proceso de formación y registro legal) decidió boicotear la supervisión de la elección presidencial, si tiene lugar en el marco de la ley electoral vigente”, declaró un juez de instrucción en la provincia noreste de El Oued. La argumentación de los juristas, dado que también se les adhirieron otros abogados, es que la cúpula política afín a Bouteflika es “incapaz de garantizar una votación libre, justa y transparente”, aunque Bensalah prometió crear una instancia que velaría porque se desarrollasen de ese modo.

Nuevo mensaje de la cúpula militar

En este contexto, el viceministro de la Defensa de Argelia, general Ahmed Gaid Salah, tras el anuncio de dimisión de Belaiz, declaró que consideraba abiertas todas las variantes de solución a la crisis política. El militar de alto rango aseberó que “todas las perspectivas posibles permanecen abiertas a fin de superar las dificultades y hallar una solución a la crisis puntualmente”.

No obstante, en un comunicado del citado ministerio informó que el también jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional Popular (ANP, por sus siglas en francés) mantiene la postura de conducir dentro del marco constitucional la transición que debe emprender el país tras la renuncia del presidente Abdelaziz Bouteflika. “En tanto Alto Comandante del ANP y frente a la responsabilidad histórica que asumimos, respetamos perfectamente las disposiciones de la Constitución para conducir la Constitución”, precisó la nota divulgada en esta capital y atribuida a Gaid Salah.

En el mensaje difundido por el Ministerio de la Defensa, estimó que los pasos a emprender “deben hacerse de manera de servir al interés supremo de la patria, sin considerar los intereses del individuo, y que no tenemos otra ambición que proteger al país”. “Velar porque rija la seguridad y la estabilidad, y preservar la imagen del país como lo hubieran querido nuestros valientes mártires, y que Allah sea mi testigo”, agregó el general de cuerpo de Ejército.

Recalcó, asimismo, el compromiso “inamovible” del ANP de “acompañar la fase de transición”, y subrayó una vez más “la necesidad de seguir la vía de la sensatez y de la paciencia ya que la situación al comienzo de esta transición es excepcional y compleja”. “Requiere los esfuerzos combinados de todos los patriotas decididos a salir indemnes de esta prueba”, prosiguió Gaid Salah al acotar que por la parte de la cúpula militar argelina se reitera “el compromiso de apoyar a las instituciones estatales durante esta transición”.

Al mismo tiempo, remarcó, subrayamos que “todas las perspectivas posibles permanecen abiertas para superar las dificultades y encontrar una solución a la crisis cuanto antes, porque la situación no puede perdurar más tiempo, en vista de que el tiempo es corto”. Gaid Salah señaló que el Ejército “se considera siempre movilizado al lado de todos los consagrados al servicio de su pueblo y de su Patria”.

De esa forma, aseveró, la institución castrense “honra el compromiso que ha tomado para materializar las reivindicaciones y las legítimas aspiraciones del pueblo por construir un Estado fuerte, seguro y estable, un Estado donde cada ciudadano halle su lugar natural y sus merecidas esperanzas”.

Debate sobre la transición

Lo cierto es que, una vez salido de escena el presidente del Consejo Constitucional, Tayez Belaiz, bastaría que también lo hicieran el jefe de Estado interino Abdelkader Bensalah y el primer ministro Noureddine Bedoui, para dejar allanada la salida más viable de la crisis: la política. Analistas y directivos de medios de prensa que debido a sus responsabilidades oficiales prefirieron no ser citados explicaron a Prensa Latina que la verdadera transición podría emanar de la voluntad popular, si la presión de la calle hiciera posible el panorama arriba enunciado.

Belaiz, de 71 años; Bedoui (59) y Bensalah, que estuvo 17 de sus 77 años al frente del Consejo de la Nación (Cámara alta del Parlamento), representan las “tres B” más reprochadas de la palestra política argelina en virtud de sus fuertes compromisos con el ya exjefe de Estado. En todas las movilizaciones las consignas impresas en pancartas o gritadas a coro exigen la dimisión de esas tres figuras para propiciar el ‘cambio radical’ y la ‘limpieza total del sistema’ que personificaron el Frente de Liberación Nacional (FLN) desde hace casi 60 años y Bouteflika durante 20.

En el noveno viernes consecutivo de multitudinarias protestas en toda la nación africana, los manifestantes insisten en que se apliquen los artículos siete y ocho de la Constitución argelina, los que anteponen la soberanía popular, frente al continuista 102 que invocó el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Ahmed Gaid Salah. Mientras tanto el movimiento se radicaliza. Las marchas de la pasada semana fueron las primeras con violentas cargas policiales y choques entre uniformados y opositores, sobre todo en Argel, episodios que abrieron un debate nacional en diversos frentes.

Las fuentes consultadas sostienen que la Constitución no hace referencia explícita a “período de transición”, aunque traza la senda para la sucesión presidencial mediante la declaración de vacante por el Consejo Constitucional y la designación de un nuevo mandatario por las dos cámaras del Parlamento.

Bensalah asumió el pasado día 9 las riendas del Estado argelino por un período máximo de 90 días en el que tiene que organizar elecciones presidenciales, sin posibilidad de postularse (102), y ya las convocó para el 4 de julio. Si bien se siguen los derroteros de la ley de leyes, las movilizaciones se radicalizan en la misma medida en que la vieja guardia se aferra a puestos clave de la cúpula de poder y pretende manejar la transición, con elecciones incluidas, a pesar de reprochársele un supuesto pasado manchado de fraude.

Los partidos políticos opositores ya anunciaron que no concurrirán a los comicios del 4 de julio, gran número de jueces adelantó su negativa a supervisarlos y validarlos, y el movimiento popular que se manifiesta en la calle ni tiene líderes ni podría organizarse con vistas a la votación.

No es casual que a la luz de tal atolladero político, el jefe del Estado Mayor del Ejército volviera a intervenir con mensajes claros y algunos subliminales, pero sobre todo con advertencias a políticos y ciudadanos. Muchos consultados coinciden en que la ‘mejor solución’ sigue siendo la fórmula político-constitucional: renuncia de todos y con ese vacío de poder, el pueblo haría valer sus poderes recogidos en los artículos siete y ocho.

El artículo constitucional siete refiere que “el pueblo es la fuente de todo poder” y ‘la soberanía nacional reside exclusivamente en el pueblo’, y el ocho añade que “el poder constituyente pertenece al pueblo” y que “el pueblo ejerce su soberanía por medio de las instituciones que se dan”. Además, indica que tal soberanía “la ejerce también por vía de referéndum y mediante sus representantes elegidos”, y que “el presidente de la República puede directamente recurrir a la expresión de la voluntad del pueblo”.

Amparado en esos textos, se reafirma como válida la opción de que, sin ninguna figura del viejo sistema (el aún vigente) en el poder, se proponga para la conducción provisional del Estado una suerte de coité o consejo presidencial o, en su defecto, se elija una personalidad aceptada por todos.

Suman mayoría quienes aquí creen inevitable el escenario de una transición prorrogada por consenso nacional, en lugar de las presidenciales de julio, y evitar así una confrontación político-social que, además de acentuar el estancamiento, podría derivar en violencia con consecuencias impredecibles.

Incluso, ya gana aceptación la alternativa de ajustar el calendario a otra efeméride patriótica y, en lugar de votar en la víspera del día de la independencia del dominio colonial francés (5 de julio de 1962), hacerlo previo al día de inicio de la revolución argelina (1 de noviembre de 1954).

(Fuente: Prensa Latina)

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