Cuba: 58º aniversario de la invasión contrarrevolucionaria en Playa Girón, primera derrota del imperialismo estadounidense en América (vídeos)

Las moralejas de Playa Girón

La redoblada política agresiva del gobierno de los Estados Unidos contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, en pleno siglo XXI, induce al recuerdo de su primera gran derrota en América hace 58 años. De aquel descalabro del Imperio hay muchas lecciones sumamente útiles para los tiempos que corren

Si queremos ver la salida a la complicada situación que atraviesan Venezuela, Cuba y Nicaragua al finalizar la segunda década del siglo XXI, azotadas por las agresiones del gobierno imperialista de Estados Unidos, hay que volver los ojos a los primeros años de la Revolución cubana bajo la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro, para encontrar el camino a seguir, teniendo como centro los hechos que culminaron en Girón y la Crisis de octubre del 62.

Recordemos que tras el triunfo de enero de 1959 y acostumbrado a consumar siempre sus promesas al pueblo, Fidel no tardó en comenzar la aplicación de las primeras leyes de beneficio popular en cumplimiento del Programa del Moncada, pero la represalia no se hizo esperar, pues las compañías norteamericanas dejaron de importar petróleo y, al Cuba adquirirlo en la URSS, se negaron a refinarlo.

La opinión pública mundial, pendiente de esa prueba de fuerzas, quedó en vilo, pues todo apuntaba al quiebre económico de la Patria de Martí, que fue lo que ocurrió siempre de este lado del mundo con los gobiernos que adversaban a Washington; pero Fidel Castro no titubeó y les concedió el “honor” de ser de las primeras empresas yanquis en la isla en pasar a ser propiedad del pueblo.

Como respuesta, el Presidente Dwight D. Eisenhower decidió reducir la cuota de importación de azúcar del mercado cubano con la intención de colapsarlo. En defensa de su derecho soberano, Cuba nacionalizó las empresas y propiedades estadounidenses en su territorio y los EE.UU. liquidaron totalmente la cuota azucarera de la isla, al tiempo que daban los pasos iniciales del bloqueo y orquestaban un plan coherente de agresiones contra nuestra nación.

Al analizar aquellos hechos, 58 años después, causa hoy redoblada admiración constatar que, en ese enfrentamiento desigual, la Cuba revolucionaria bajo la dirección de Fidel Castro no solo no retrocedió en su camino de profundización del proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales; sino que siempre tuvo una respuesta contundente a las agresiones en su contra.

Fidel intuía que era una lucha a muerte donde se jugaba el todo por el todo, y que vacilar o detenerse equivalía a la derrota, como había acontecido en la historia de América Latina y el Caribe con otros procesos, frustrados por la acción injerencista de Estados Unidos valiéndose de la reacción interna que actúa siempre como quinta columna, traidora a los intereses de sus pueblos.

La escalda que condujo a Playa Girón

En fecha tan temprana como el 15 de abril de 1959, una nutrida delegación cubana encabezada por Fidel Castro viajó a Washington en un intento por mejorar las relaciones entre los dos países, que no eran normales y que fluctuarían entre malas y peores a lo largo de las siguientes seis décadas.

Aquel periplo, iniciado exactamente dos años antes del criminal ataque a los aeropuertos cubanos en igual día de 1961, suscitó esperanzas en medios de las dos naciones, pero los síntomas de hostilidad no tardarían en producirse cuando Eisenhower declinó recibir a Fidel y dejó la atención a su importante huésped en manos del secretario interino de Exteriores, Christian Herter, y el vicepresidente Richard Nixon.

En medio de una amplia agenda de reuniones y contactos con diferentes sectores de la sociedad norteamericana, Fidel fue recibido por Nixon el 19 de abril en su despacho, en una entrevista que se extendió por algo más de dos horas, en la cual el sucio Dick —como luego darían en llamarle— hizo algunas preguntas y formuló sugerencias, pero sobre todo se dedicó a escuchar al líder cubano tratando de descubrir sus verdaderas intenciones.

Aunque más tarde Nixon hizo pública su versión de lo tratado con Fidel y lo que dijeron ambos —que describió en tono moderado reconociendo las cualidades innatas de liderazgo de su interlocutor—, lo cierto es que, según trascendió años después, a pocas horas de la entrevista recomendó a Eisenhower “derrocar a Castro por cualquier vía”, lo que Ike —como le llamaban sus íntimos— no tardó en aceptar.

Pronto empezaron las conspiraciones contra Cuba, aceleradas a partir de que el 17 de mayo de ese propio año 1959 se proclamara en la isla la Ley de Reforma Agraria y que, transcurridos siete meses del encuentro de Fidel con Nixon, J. C. King, un alto ejecutivo de la CIA, exhortó a “analizar minuciosamente la posibilidad de eliminar a Fidel Castro”.

El 17 de marzo de 1960, el Presidente de los EE.UU. ordenó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que preparara una fuerza paramilitar de exiliados cubanos con el fin de agredir a Cuba. A partir de esa fecha, fueron establecidos 13 campos de entrenamiento en Guatemala, Nicaragua y en bases norteamericanas existentes en Puerto Rico, la zona del canal de Panamá y en territorio continental estadounidense.

En este propio año Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) y su Gobierno revolucionario fue demonizado por los medios de desinformación del imperio, que, como Radio Swan, y las agencias AP, UPI y AFP, vertieron una cascada de calumnias y mentiras sobre la Revolución para hacer camino a la agresión mercenaria en ciernes, dando inicio a las fake news.

Simultáneamente con las medidas de estrangulamiento económico, Estados Unidos dio pleno apoyo a las acciones terroristas en las ciudades del vecino archipiélago y a las bandas de alzados que infestaron regiones enteras de la isla. El Presidente Eisenhower decidió que era necesario aplicar la receta que tanto éxito había tenido en 1954 contra la Guatemala progresista de Jacobo Árbenz, donde el régimen impuesto asesinó a cientos de miles de ciudadanos.

A modo de colofón de múltiples hechos vandálicos que se sucedieron en los primeros meses de 1961, como atentados con explosivos, incendios de comercios, asesinatos, quema de caña y sabotaje a los centrales azucareros, se produjo al amanecer del 15 de abril el criminal ataque por sorpresa a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con saldo de siete muertos y decenas de heridos.

¡Cuidado!, Fidel Castro al mando

No se trata de describir aquí la Batalla de Girón, profusamente abordada en libros de texto y en los medios; sino de llamar la atención sobre un grupo de aspectos que resultaron básicos para obtener la victoria. En primer lugar, la escalada de acciones agresivas de Estados Unidos y sus títeres dentro y fuera de Cuba sirvieron a Fidel para profundizar el proceso y descifrar las intenciones del enemigo.

Cuando se produce el alevoso ataque contra los aeropuertos cubanos, en el acto multitudinario de despedida de duelo a las víctimas, Fidel aprovechó aquella oportunidad, en medio del fervor y la indignación del pueblo, para proclamar el carácter socialista de la Revolución cubana. El acto vandálico, cuyo objetivo era destruir en tierra la reducida aviación de caza de que entonces disponía el país, le sirvió para deducir que el desembarco mercenario ocurriría en las próximas horas, por lo que dio allí mismo la orden de alarma de combate.

La artera agresión, al estilo de las de los nazifascistas en la confluencia de las décadas del 30 y del 40 del siglo XX, no logró su propósito, porque Fidel había ordenado previamente desconcentrar los aviones en los aeropuertos. Gobernar es el arte de prever, había dicho Martí, y el Comandante en Jefe había previsto casi cada paso dado por el enemigo, adaptando a ello su estrategia.

Así, cuando en marzo de 1960 un sabotaje destruyó parte importante de las armas traídas desde Bélgica a bordo del mercante francés La Coubre y las presiones de Eisenhower dificultaron la compra de esos pertrechos en Europa, Cuba empezó a adquirirlos en la URSS y Checoslovaquia y entrenó el personal a marchas forzadas en el manejo de tanques, artillería y medios antiaéreos.

En el momento de la invasión, Fidel mantuvo el control desde el primer instante, adoptando las disposiciones pertinentes, como la de ordenar a la Fuerza Aérea que hundiera los barcos que componían la flota mercenaria, dejándolos sin protección aérea ya el propio día del desembarco y hundiendo o averiando a varios de ellos donde venían tropas y medios de guerra.

En pleno desarrollo de las acciones combativas en la Ciénaga de Zapata, Fidel no cayó en la trampa de los amagos de algunas unidades de la flota estadounidense cerca de la costa norte de Pinar del Río, ni de otros barcos con mercenarios en las cercanías de Baracoa, en la antigua provincia de Oriente. En cambio, se presentó en el central Australia, donde estableció su puesto de mando y concentró los esfuerzos para arrebatar a los paracaidistas invasores las cabezas de playa obtenidas por ellos en Pálpite, Soplillar y otros puntos.

Simultáneamente, hizo adelantar a la Escuela de Responsables de Milicias y a otras tropas bajo el mando operativo de José Ramón Fernández, el Gallego Fernández, con la orden de tomar Playa Larga y avanzar sobre la de Girón, donde se encontraba la jefatura de la Brigada invasora 2506.

El Comandante en Jefe sabía que el enemigo tenía preparado un gobierno títere en la Florida, con la intención de transportarlo a la zona de acciones militares para que ese régimen prefabricado pidiera desde allí el respaldo de la OEA, que no tardaría en otorgarle reconocimiento y solicitaría a las fuerzas de EE.UU. y otros países que le prestaran ayuda a los mercenarios en el terreno.

Pero una vez más no contaron con Fidel, quien ordenó someter la pista aérea de Girón a un continuo bombardeo, concentrando sobre los agresores gran número de tropas del Ejército Rebelde y las Milicias, dotados con tanques, artillería y medios antiaéreos, los que lograron en apenas 66 horas causarles a los invasores la debacle total en la tarde del 19 de abril de 1961, propinando al imperialismo estadounidense su primera gran derrota en América. Como dijo Fidel, después de Girón los pueblos de América fueron un poco más libres.

Girón demostró que, con una dirección lúcida, previsora, ágil y valiente, con el apoyo del pueblo, se puede derrotar al enemigo sin importar su poder y su perfidia. De ello dan fe los 60 años de victorias del pueblo cubano contra una docena de administraciones yanquis desde Dwight D. Eisenhower hasta Donald Trump.

(Fuente: periódico cubano Escambray / Autor: Pastor Guzmán)

Vídeos:

 

 

 

 

 

 

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *