Golpe de Estado en Sudán: El ejército derroca al presidente Omar al Bashir y asume directamente el poder en el país africano

Después de casi cuatro semanas de protestas ininterrumpidas al país, el ejército de Sudán dio un Golpe de Estado y derribó y arrestar este jueves 11 de abril el Presidente Omar al Bashir (un general que llegó al poder en 1989 mediante otro Golpe de Estado contra el gobierno islamista de Sadiq al-Mahdi), poniendo así punto final de forma abrupta a las tres décadas en qué éste ha controlado de forma autocrática el país.

Punto final al régimen de Omar al Bashir en el Sudán. En una declaración retransmitida a través de la televisión estatal, el ministro de Defensa sudanés,el general  Awad Ibn Auf, anunció este jueves 11 de abril que Bashir se encuentra retenido en un lugar seguro que no reveló, y que a partir de ahora será un consejo militar el que tome las riendas del país. Al frente del órgano se situará el mismo Ibn Auf, que tendrá como número dos el jefe del ejército, Kamal Abdel Marouf al-Mahi, y segundos aseguró el general, la fase de transición será de dos años, después de la cual se celebrarán elecciones presidenciales (*).

Paralelamente, el ministro anunció también una serie de medidas que tenían efecto inmediato, como el mantenimiento del estado de emergencia, la suspensión de la Constitución, la declaración de un alto al fuego nacional y el cierre del espacio aéreo durante 24 horas y el de las fronteras terrestres hasta nuevo aviso. Horas antes del parlamento de Ibn Auf, la agencia de noticias del país había informado que los servicios de seguridad liberarían todos los presos políticos de Sudán, algunos de los cuales ya han salido a la calle. A última hora de la tarde, la televisión estatal anunció que entre las 10 de la noche y las 4 de la madrugada se había decretado un toque de queda, que buscaba placar el estado de movilización permanente en que vive instalado el país desde el pasado sábado.

Las sospechas que las Fuerzas Armadas habían intervenido para derribar Bashir empezaron a circular durante la madrugada del mismo jueves, cuando transcendió que el ejército haría un anuncio importante de forma inminente mientras los militares se habían desplegado por diferentes puntos estratégicos de Jartum, la capital del país. Entre otros, soldados sudaneses habían irrumpido en la sede del Movimiento Islámico, el partido de Bashir.

La oposición, a su vez, esperó con recelo el anuncio de la cúpula castrense, y rechazó de forma categórica su decisión luego que se produjo el parlamento de Ibn Auf. En este sentido, desde la Asociación de Profesionales Sudaneses, un paraguas que aglutina varios sindicatos del país y que se ha erigido como una de las organizaciones más activas durante las protestas contra el régimen de Bashir, se instó las sudanesas a mantener las movilizaciones hasta que se acepte un gobierno de transición civil.

Respondiendo al llamamiento, miles de personas salieron por las calles de la capital, mientras miles más se reunían ante la sede del Ministerio de Defensa, donde manifestantes sudanesas llevan acampadas desde el el pasado sábado. Según la agencia Reuters, las manifestaciones y concentraciones continuaron ayer más allá de las 10 de la noche, en un evidente desafío al toque de queda en vigor.

El destino de Bashir, a su vez, es hoy por hoy un misterio, pero el anuncio que el ejército lo había retenido disipó los rumores iniciales sobre una posible fuga del país. Aunque sobre

Bashir pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por el genocidio de unas 300.000 personas a la región de Darfur, y que últimamente había ido quedando cada vez más aislado a nivel internacional, el ya exmandatari todavía mantenía relación con algunos líderes de la zona.

En este sentido, uno de los primeros líderes internacionales al reaccionar al golpe del ejército sudanés fue el Presidente de Turquía y aliado de Bashir Recep Tayyip Erdogan, quien desde Ankara expresó su deseo de ver en el país una transición pacífica y construida en base a la reconciliación nacional. Por otro lado, un portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos anunció que Washington suspendería las negociaciones en curso con Jartum para normalizar las relaciones entre ambos países, y apuntó que las sudanesas tendrían que poder escoger un liderazgo civil transitorio antes de dos años.

El derrocamiento de Bashir, además, se produce escasos días después de que el ex-Presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, se viera también forzado a dimitir después de veinte años al cargo por la presión de seis semanas de multitudinarias manifestaciones al país (mayores que las vividas en el Sudán) y la retirada del apoyo de la cúpula castrense. La caída de los dos mandatarios supone un contratiempo por algunos regímenes de la zona, en especial lo de Egipto, que a pesar de mantener relaciones complejas con ambos países, en última instancia había apostado por el mantenimiento de un statu quo que ahora podría reconfigurarse.

Los últimos días de Bashir

Las protestas en el Sudán estallaron inicialmente el pasado 19 de diciembre, siguiendo la decisión del gobierno de subir el precio del pan. Una medida que se enmarcaba en un nuevo paquete de reformas liberales que si bien aspiraba oficialmente a rehacer una economía nacional en crisis profunda desde el 2011, hasta entonces se había traducido solo en una fuerte inflación, falta de liquidez y una fuerte caída del poder adquisitivo de las sudanesas. Rápidamente, las protestas adquirieron naturaleza política y empezaron a exigir la caída del régimen de Bashir, hasta el punto de acabarse convirtiendo en el mayor –y último– desafío al cual había tenido que hacer frente el mandatario.

A lo largo de los casi cuatro meses en que se han prolongado las movilizaciones, las fuerzas de seguridad del país han recorrido de forma regular al uso de gas lacrimógeno y munición, y se han registrado decenas de muertes. Finalmente, las manifestaciones escalaron sustancialmente el pasado sábado, cuando Jartum vivió las mayores movilizaciones registradas hasta el momento, un hecho que algunos vincularon al éxito de las protestas en Argelia, que ya habían conseguido hacer caer Bouteflika.

Aquel día coincidía también con el cumpleaños del golpe de estado que vivió Sudán en 1985 contra el autocrático Presidente del momento, y que había sido precedido por fuertes protestas exigiendo su caída. En aquella ocasión, el derrocamiento del mandatario fue seguido por unas elecciones y la formación de un gobierno civil que sería a su vez apartado a la fuerza por la vez ejecutada el 1989 por Bashir. Para conmemorarlo, las manifestantes se dispusieron a entregar un mensaje al ejército del país en que los pedían que se posicionaran de parte suya.

Aprovechando el nuevo momentum que se había generado, miles de sudanesas decidieron acampar ante el complejo donde se encuentra la residencia del Presidente, así como las sedes del ministerio de Defensa y de la Inteligencia. En un movimiento que recordó los vividos durante la Primavera Árabe de 2011 en ciudades como El Cairo, las manifestantes anticiparon que permanecerían ante el complejo hasta que Bashir finalmente cediera el poder.

Desde el primer día de la acampada, las fuerzas de seguridad sudanesas intentaron en varias ocasiones –y siempre sin éxito– irrumpir para desmantelarla, haciendo uso de gases lacrimógenos y provocando enfrentamientos que causarían varias muertes y numerosos heridos. En un movimiento clave, pero, el pasado lunes soldados sudaneses intervinieron en el primer intento de aquel día de las fuerzas de seguridad de dispersar la concentración, y lo hicieron para proteger las manifestantes. En los siguientes dos días, los servicios de seguridad volverían a intentar desmantelar la acampada hasta cuatro veces, pero en todas ellas toparon tanto con la resistencia de las congregadas como con la intervención de los militares, que de nuevo se posicionaron del lado de estas últimas, dejando entrever el golpe de gracia final que estaba para llegar.

(Fuente: Directa.cat / Autor: Marc Español)

(*) Nota de LOA: Ahmed Awad Ibn Auf dimitió como líder de la junta militar constituida para dirigir el país al día siguiente de su autonombramiento, el viernes  12 de abril, obligado por las presiones populares. Miles de manifestantes rodearon el Ministerio de Defensa exigiéndolo.

El mismo Ahmed Awad Ibn Auf dijo en un mensaje en la televisión estatal sudanesa este 12 de abril que su decisión busca «preservar la unidad del Ejército». El líder militar renunció así a la cabeza del Consejo militar de transición del país, tan solo un día después de haberse posicionado. «Anuncio, como líder del Consejo militar de transición, que renunció a esta posición para seleccionar a alguien en quien pueda confiar. Confío en que llevará la nave a la orilla de la seguridad», declaró.

Ibn Auf también dijo que será el teniente general Abdel Fattah Abdelrahman Burhan quien lo reemplazará: «He elegido, después de deliberar, considerar y discutir, al amable hermano, el teniente general Abdel Fattah Burhan Abdelrahman como presidente del Consejo militar de transición». También anunció la renuncia del teniente general Kamal Abdul Murof Al-mahi Bashir como vicepresidente del Consejo Militar

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