Última hora: Abdelaziz Bouteflika anuncia su dimisión como presidente de Argelia. Los argelinos se echan a la calle para celebrarlo

El jefe de Estado de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, ha presentado oficialmente su dimisión al cargo ante el presidente del Consejo Constitucional, horas después de que el Ejército la consideró una cuestión »inmediata e irrevocable» y tras semanas de multitudinarias manifestaciones en el país.

La agencia estatal APS emitió un escueto despacho en el que indicó que el jefe de Estado adoptó una decisión “que puso fin a su mandato”, el cual expiraba el 28 de abril, según los términos de la Constitución del país. “El presidente de la República, Abdelaziz Bouteflika, ha notificado oficialmente al presidente del Consejo Constitucional (Tayez Belaiz) su decisión de poner fin a su mandato”, refiere textualmente el comunicado.

Hace escasas horas, el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Ahmed Gaid Salah, subrayó que la dimisión del mandatario era “irrevocable” y pasaba por “aplicar inmediatamente una solución constitucional” para acabar con la crisis política agravada desde el 22 de febrero.

En una reunión con el alto mando militar del país, el también viceministro de la Defensa Nacional aseguró que la institución castrense estaba comprometida con “hallar una solución a la crisis que emane exclusiva y estrictamente de su lealtad a la patria”.

A partir de la presentación de la renuncia, el Consejo Constitucional deberá ratificarla y la Carta Magna contempla que el presidente del Senado (cámara alta del parlamento), Abdelkader Bensalah, asuma de forma interina la jefatura del Estado durante un período máximo de 90 días.

Según el procedimiento constitucional, en ese lapso debería convocarse a nuevas elecciones, pero todo apunta a que el Ejército hará valer la hoja de ruta trazada por Bouteflika para la transición, a saber, una conferencia nacional inclusiva y una asamblea constituyentes para una nueva ley de leyes.

Ayer, el jefe del Estado Mayor del Ejército reiteró la disposición de la institución militar a acoger favorablemente la demanda de los inconformes para que se tuviera en cuenta el artículo siete de la Constitución, y días atrás él mismo añadió el ocho. El siete refiere que “el pueblo es la fuente de todo poder’ y ‘la soberanía nacional reside exclusivamente en el pueblo”, y el ocho añade que “el poder constituyente pertenece al pueblo” y que “el pueblo ejerce su soberanía por medio de las instituciones que se dan”.

Del mismo modo, ese texto indica que tal soberanía “el pueblo la ejerce también por vía de referéndum y por medio de sus representantes elegidos”, y añade que “el presidente de la República puede directamente recurrir a la expresión de la voluntad del pueblo”.

Las calles de Argelia pasaron súbitamente hoy de acoger manifestaciones de ira y reivindicaciones a canalizar sentimientos de júbilo y honda satisfacción entre quienes reclamaron durante casi siete semanas la renuncia del presidente Abdelaziz Bouteflika.

Aunque Argel es un buen medidor, los reportes de varios canales televisivos y páginas digitales de las principales publicaciones reseñaron que la algarabía por la dimisión del octogenario estadista se propagó desde anoche por toda la geografía de este país árabe del norte de África.

Cientos de residentes en Argel se dirigieron esta noche hacia la Grande Poste, un punto del centro capitalino devenido epicentro de las protestas durante los últimos seis viernes, y entre cánticos, consignas y el accionar de bocinas de vehículos celebran lo que llaman ‘fin de era Boute’.

“Al fin, eso es bueno, pero todavía falta que se vayan todos”, gritaban grupos de personas en alusión a la dirigencia histórica que ha estado vinculada a Bouteflika durante sus 20 años en el poder, a la cual responsabilizan de muchos de los males sociales y económicos de Argelia.

La espontaneidad se reflejaba en los rostros de los cientos de ciudadanos que se congregaron la noche del martes en inmediaciones de la Grande Poste, el museo de correos cuya escalinata y portal se convirtieron en tribuna para las demostraciones de descontento iniciadas el 22 de febrero.

El anuncio de que el jefe de Estado notificó al Consejo Constitucional su decisión de poner fin a su mandato se regó como pólvora tanto en el boca a boca como en las redes sociales, y bastó para que las calles que cada viernes veían un mar de gente enardecida, las acogiera ahora henchidas de alegría.

El ambiente pacífico y festivo, coloreado siempre de blanco, rojo y verde (los colores de la bandera argelina) y de amarillo, verde, azul y rojo (los del pabellón del pueblo bereber), aportaron desde el inicio de las marchas -y no podía ser diferente esta noche- un sello singular al movimiento.

Quienes lograron abortar la intención de Bouteflika de aspirar a un quinto mandato consecutivo, decisión que anunció el 22 de febrero y declinó el 11 de marzo, aseguraron estar también de plácemes porque ‘ni la soberanía, ni la seguridad de nuestra Argelia se vio afectada por la crisis’, dijo Hassan.

El rechazo a cualquier atisbo de injerencia foránea, con advertencias directas a Francia y Estados Unidos, se escuchó lo mismo cuando un afinado e improvisado coro popular cantó el himno nacional argelino, que en la entonación de otras canciones patrióticas acompañadas de tamboriladas.

Las danzas tradicionales bereberes en aceras y calles de esa parte del centro capitalino tampoco se ausentaron del ágape, en medio del ensordecedor bocinar de los automóviles que por momentos impedían grabar y entrevistar a reporteros radiales y de canales televisivos locales.

Sin dudas, los develados celebrantes hicieron que la noche se trastocara en día, ayudada también por fuegos artificiales que iluminaron de colores a una gélida Argel. Todos se sentían ganadores, se veían convencidos de haber desatado un nudo de la crisis, pero bastaba solo uno para evidenciar un optimismo contagioso.

Muchos lo multiplicaron cuando vieron a efectivos y carros de la policía antidisturbios abandonar el área de celebración, dejando en manos de fuerzas de seguridad pública la vigilancia de una noche que se antojaba interminable.

La crisis política de esta nación norafricana estalló el 22 de febrero cuando Bouteflika anunció que se postularía a un quinto mandato, lo cual luego declinó debido a las protestas populares, pero aplazó las elecciones del 18 de abril y trazó una hoja de ruta para la transición.

(Fuente: Prensa Latina)

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