Introducción de armas en las mezquitas de Bosnia – Herzegovina. El oscuro plan del que se acusa a la inteligencia croata

Ha sido el diario de investigación bosnio Zurnal quien ha desatado el escándalo. A mediados de la semana pasada, esta publicación independiente desveló un supuesto plan de los servicios de inteligencia de Croacia para plantar armas en determinadas mezquitas de Bosnia, para posteriormente “descubrir” esos arsenales y demostrar efectivamente, como llevan tiempo asegurando las autoridades croatas, que el país vecino es un “nido de yihadistas” y supone un peligro para Europa. Las acusaciones fueron confirmadas al día siguiente por el Ministro de Seguridad bosnio, Dragan Mektic, en entrevistas con el diario New York Times y otros medios.

De acuerdo con Zurnal -que publicaba documentos y testimonios con algunos de los presuntos implicados en el plan-, varios ciudadanos bosnios fueron abordados por la inteligencia croata (SOA) y presionados para que colocasen pequeños arsenales en mezquitas de su país. El asunto ha sido considerado lo suficientemente serio como para que la fiscalía bosnia haya iniciado una investigación al respecto.

“Un fiscal en el departamento especial para crimen organizado, crimen económico y corrupción llevará a cabo acciones urgentes para determinar todas las circunstancias y alegaciones en los medios relacionados con el presunto reclutamiento de miembros del movimiento salafista para introducir armas de contrabando en Bosnia”, ha dicho la fiscalía bosnia en un comunicado. Algunos periodistas lo han calificado de “el mayor escándalo desde la guerra de Bosnia”, situándolo al nivel del Irán-Contra.

Zurnal reproduce el testimonio de un presunto miembro de la comunidad salafista, identificado con las iniciales H.C., que afirma haber cooperado con los servicios de inteligencia croatas durante cuatro meses, bajo la amenaza de no volver a permitirle la entrada en Croacia e incluso de encarcelarle con el pretexto de suponer “una amenaza a la seguridad nacional”, y de causarle dificultades a su familia. Según su relato, se le ordenó crear un falso perfil en las redes sociales y proclamar su adhesión al Estado Islámico, para posteriormente contactar con ciertas personas.

En un momento dado, le pidieron que “de regreso a Bosnia, transportase un paquete de armas a la zona de Doboj y las llevase a la mezquita en la localidad de Stranjani, cerca de Zenica”, indicó, para posteriormente “enviar un mensaje a un tal Davor de Zagreb, que entonces informaría a las agencias policiales en Bosnia, provocando una acción [policial] y el descubrimiento de armas y explosivos en una mezquita salafista”. En ese momento, H.C. se dio cuenta de que tenía que hacer algo y abortó la cooperación.

El objetivo era presentar a Bosnia como “un país de terroristas y campamentos terroristas, y una amenaza para la seguridad regional”, ha declarado el ministro Mektic al New York Times. “Escarbaron en su pasado y le chantajearon para que hiciera esto. Este ciudadano estaba empleado en un país de la Unión Europea, y le amenazaron con crearle problemas allí”, ha indicado.

«Un sinsentido»

Otro ciudadano bosnio, Sabahudin Jasarevic, relata una historia similar, asegurando que jamás había tenido ningún problema para obtener visados de larga estancia en Croacia hasta el pasado octubre, cuando la agencia de inteligencia croata pidió verle. Jasarevic fue sometido a un largo interrogatorio sobre la guerra y sus conocimientos sobre las fuerzas armadas bosnias. Después se le prohibió oficialmente la entrada a Croacia sin ninguna explicación.

Aunque la población bosnia creyente practica en su mayoría una forma moderada de islam, existe una comunidad más radical, generada alrededor de los yihadistas voluntarios que combatieron en la guerra de 1992-1995 y que tras ésta se quedaron en el país. Alrededor de 270 bosnios de ambos sexos han viajado a Siria e Irak en los últimos años para integrarse en las filas yihadistas, y Bosnia ha sido uno de los primeros países en recibir a sus ciudadanos capturados durante esa campaña. Pero el fenómeno ha sido exagerado sobremanera por las autoridades de Croacia, cuya presidenta, Kolinda Grabar-Kitarovic, ha asegurado repetidamente que Bosnia es “un punto caliente del terrorismo”, con “al menos 10.000 radicalizados”, y que esos retornados suponen una grave amenaza para la Unión Europea.

El Ministerio de Exteriores de Croacia ha “desmentido categóricamente las afirmaciones y alegaciones hechas por Dragan Mektic. Las declaraciones sin base alguna y abiertamente tendenciosas tienen el claro objetivo de poner en duda la exitosa cooperación entre ambos países”, ha dicho la diplomacia croata en un comunicado. El primer ministro Andrej Plenkovic lo califica de “sinsentido”, y lo ha negado rotundamente.

La SOA ha confirmado al diario croata Nacional que ha mantenido contactos con miembros del movimiento salafista, pero lo ha justificado alegando que Sarajevo es “demasiado blando” con los extremistas, y asegura que los interrogatorios a presuntos militantes fueron hechos en coordinación con la agencia de inteligencia de Bosnia (OSA). Un extremo que Mektic niega, asegurando que las autoridades croatas nunca informaron a su Gobierno sobre estos individuos.

Para el Gobierno bosnio, este plan no es sino el último intento de injerencia croata en los asuntos de su país, parte de una tendencia iniciada hace aproximadamente un año. Las autoridades bosnias creen que el objetivo es incrementar la influencia política sobre los croatas de Bosnia, con la intención, en último término, de establecer una entidad croata separada similar a la República Srpska para los serbobosnios.

(Fuente: El Confidencial / Autor: Daniel Iriarte)

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