Francia: Decena de miles de trabajadores marchan en la huelga convocada contra las políticas socioeconómicas de Macron

Organizaciones sindicales, apoyadas por estudiantiles, convocaron ayer a una huelga general para hoy en Francia dirigida a expresar la oposición al gobierno y a demandar una mayor justicia social. El llamado fue lanzado por los sindicatos Confederación General del Trabajo, Fuerza Obrera y Solidarios, y las organizaciones estudiantiles que apoyaban, UNL y Unef.

A ella respondieron decenas de miles de trabajadores franceses que protestaron este martes, marchando tanto en la capital como en el resto del país. Una jornada en la que se registraron en total unas 150 acciones a nivel nacional. En París tuvo lugar la principal manifestación con la asistencia de unas 50 mil personas, según los organizadores, mientras en toda Francia se alcanzó la cifra de 350 mil.

La movilización se dirigía a expresar la oposición al gobierno y a demandar una mayor justicia social. El principal reclamo fue el aumento del salario mínimo en un 20%, así como medidas fiscales que permitan aumentar el poder adquisitivo de la población, principalmente los sectores menos favorecidos.

El manifiesto de la  convocatoria al paro señaló que los anuncios hechos por el presidente galo, Emmanuel Macron, y su gobierno, no responden a las expectativas del movimiento social, pues el precio de los productos de primera necesidad sigue en aumento, se mantiene la supresión del impuesto sobre la fortuna para favorecer a los ricos, entre otras cuestiones similares.

El texto agregó que la movilización se dirige a reclamar “el aumento de los salarios, de las pensiones y de las ayudas sociales, la igualdad entre hombres y mujeres, y un verdadero derecho a la educación y la formación”.

De acuerdo con la convocatoria, las protestas se encaminaron además a reclamar el aumento “de las pensiones y de las ayudas sociales, la igualdad entre hombres y mujeres, y un verdadero derecho a la educación y la formación”. “Se trata de reforzar nuestra protección social y nuestro sistema solidario de jubilaciones”, indicó el texto.

La huelga tuvo un impacto notable en sectores como la educación, pues un 24 por ciento de maestros se declaró en paro, según cifras oficiales. También se registraron perturbaciones en el transporte, y en algunos servicios públicos como la agencia Pole Emploi, encargada de ayudar a los desempleados a encontrar trabajo.

Por otro lado, una encuesta del instituto Odoxa mostró que un 73% de los ciudadanos respaldó la movilización, mientras entre los trabajadores del sector público el apoyo alcanzó un 88%. La manifestación fue la segunda del año convocada por los sindicatos, luego de una primera realizada el 5 de febrero en la que participaron más de 300 mil personas en todo el país.

(Fuente: Prensa Latina)

Decenas de miles marchan en Francia en una nueva huelga general contra Macron

Decenas de miles de personas se movilizaron este martes en las calles en Francia, en el marco de una convocatoria de huelga llamada por dos de los grandes sindicatos (CGT y FO), para reclamar subidas salariales, medidas en favor del poder adquisitivo y contra el gobierno de Macron.

En París, donde tuvo lugar la concentración principal, se movilizaron 50.000 personas según la Confederación General del Trabajo (CGT). La marcha en la capital, se desarrolló sin incidentes, mientras otros 150 actos se dieron por todo el país en una jornada a la que también se sumaron otras centrales y organizaciones de estudiantes.

En sus reivindicaciones, la CGT dio prioridad al incremento del salario mínimo hasta 1.800 euros brutos y a la apertura de negociaciones salariales en las empresas y administraciones públicas. Mientras que el secretario general de FO, Yves Veyrier, aprovechó para lanzar una advertencia sobre la reforma de las pensiones prevista por el presidente francés, Emmanuel Macron.

El debate sobre la reforma previsional tomo fuerza estos días al calor de unas declaraciones de la ministra de Sanidad y Solidaridad, Agnès Buzyn, que el domingo dijo: «un día estaremos obligados a trabajar más porque, si no, nuestro sistema de pensiones no podrá aguantar». Esas declaraciones fueron bien recibidas por la patronal, pero no por los sindicatos, que consideran que cuestionan las promesas de Macron, quien ha asegurado que la reforma no modificará los 62 años como edad para la jubilación voluntaria.

La movilización se da a pocos días de la última jornada de manifestaciones de los chalecos amarillos, donde se vio una fuerte represión policial y una dura resistencia de los manifestantes. Tras esa jornada el Gobierno francés anunció el lunes una autoritaria medida que no permitirá las manifestaciones de «chalecos amarillos» en la parisina avenida de los Campos Elíseos ni en otros lugares señalados si sospecha que pueden volver a repetirse enfrentamientos.

Este martes los principales sindicatos que movilizaron fueron los que nuclean a docentes y empleados estatales, mostrando una creciente predisposición de sectores de los trabajadores en salir a enfrentar las medidas del gobierno. Según una encuesta del instituto Odoxa, un 73 por ciento de los ciudadanos respalda la movilización organizada por los sindicatos.

Macron no tiene la intención de detener la aplicación de su plan neoliberal, amenazando con una nueva reforma laboral, del sistema de seguro de desempleo y la reforma previsional. Si no logra continuar con su avance es producto del freno y la crisis abierta por la movilización de los chalecos amarillos. Si la movilización de los trabajadores no ha terminado de derrotar el ajuste que propone el gobierno es por la falta de continuidad a las huelgas y la pasividad que imponen las direcciones sindicales. Si los trabajadores con sus formas de lucha se unen a la ira social de los chalecos amarillos, Macron tendría los días contados.

Los chalecos amarillos convergieron con ambientalistas y antirracistas este sábado

Para el acto 18, el “acto ultimatum” al resultado del “Gran Debate” organizado por Macron, 3 marchas fueron organizadas al mismo tiempo: la de los chalecos amarillos, la jornada por el ambiente y la marcha de las Solidaridades contra el racismo de Estado y la violencia policial. La marcha de este sábado cobraba una importancia central según los diferentes voceros de los chalecos amarillos, mandando un mensaje claro a Macron que su “Gran Debate Nacional” no logró apaciguar el movimiento y “hacernos volver a nuestras casas”.

La maniobra del presidente lanzada el 15 de enero pasado frente al carácter disruptivo de los chalecos amarillos, consistía en el encuentro de Macron con alcaldes y representantes de la República a través de todo el país así como de sectores “ciudadanos” claramente seleccionados. Una maniobra digna de un monarca que llega a su fin y que tiene ya por principal conclusión que los chalecos amarillos siguen en las calles, con todavía un apoyo de la opinión pública importante así como de sectores amplios del activismo. Este sábado, en convergencia con los sectores ambiantalistas y antirracistas, los chalecos amarillos fueron 10.000 según la prefectura de París en la capital.

Cada sábado se ridiculiza más el discurso oficial para manchar el movimiento emparentándolo con la derecha y acusándolos de ser «refractarios al cambio». A lo largo de la marcha de las solidarides, la bandera que encabezaba la columna afirmaba “De las revueltas del 2005 a los chalecos amarillos, de Zineb Redouane a Sebatian Maillet: basta de violencias policiales”, vinculando las violencias racistas de las cuales sufren históricamente los barrios populares y los chalecos amarillos. Desde la participación abierta del Comité Adama a los actos de cada sabado, los sectores antiracistas vinieron tomando más peso en las marchas.

Por su parte, el fenómeno de la juventud que atravesó Europa y varios otros países, se sumó a la denuncia de las violencias policiales durante la “marcha del siglo” convocada mundialmente por organizaciones ecologistas. A las 15hs, las tres columnas se pusieron de rodilla, el puño levantado durante un minuto de silencio para denunciar las violencias policiales.

También se organizaron acciones de solidaridad en solidaridad con la lucha del pueblo Argelino contra el presidente Bouteflika, en el poder desde hace 20 años, y su régimen político directamente apoyado por el presidente Macron por sus intereses imperialistas en ese país del Magreb. Desde febrero, aparecen en las marchas banderas argelinas y afirmaciones como “Macron, Bouteflika, misma lucha. Los chalecos amarillos apoyan al pueblo argelino”.

Por su parte, los trabajadores ferroviarios del Intergare, coordinación antiburocrática de trabajadores ferroviarios y de otros sectores de París invitaron a los chalecos amarillos para una acción de protesta en la estación Norte de París. Los chalecos amarillos se hicieron presente en gran número para expresar su unidad a uno de los sectores más combativos de los últimos años.

Contra las denuncias de Castaner, ministro de Seguridad, e Hidalgo, alcalde de París, los chalecos amarillos muestran una combatividad sin límite. Castaner afirmó que los chalecos amarillos ya desaparecieron de la realidad. Los chalecos amarillos respondieron contundentemente.

(Fuente: La Izquierda Diario / Autor: Julien Anchaing)

El gobierno, incapaz de parar las movilizaciones, pretende prohibir manifestaciones en los Campos Elíseos

El gobierno francés está considerando la posibilidad de prohibir la celebración de manifestaciones en los Campos Elíseos de París que, desde hace meses, es uno de los escenarios de las protestas. Es la constatación de un fracaso. Al final del decimoctavo sábado de manifestaciones de chalecos amarillos, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha admitido la incapacidad para impedir los disturbios. “Se ha hecho mucho desde noviembre”, ha dicho en alusión al mes en que comenzaron las protestas. “Pero la jornada de hoy muestra que, en estos temas, no lo hemos logrado”.

El gobierno francés está considerando la posibilidad de prohibir la celebración de manifestaciones en los Campos Elíseos de París que, desde hace meses, es uno de los escenarios de las protestas. Acusados de uso excesivo de la fuerza, los responsables policiales también afrontan críticas por no atajar la violencia. “Quiero que cuanto antes tomemos decisiones fuertes para que no vuelva a ocurrir”, ha dicho el presidente.

Tras cuatro meses de protestas, los chalecos amarillos, que desde el otoño piden desde mejoras salariales y bajadas de impuestos hasta la caída de Macron, languidecían. Casi han desparecido de las rotondas y carreteras, y las manifestaciones del sábado en París cada vez eran más minoritarias y llamaban menos la atención de los medios de comunicación. Hasta este sábado. Los saqueos e incendios en los Campos Elíseos parecen una repetición de las escenas del otoño. Y reabren el debate sobre la eficacia de la policía y la impotencia del Estado ante una explosión violenta poco habitual en las democracias desarrolladas.

Macron, que se encontraba de fin de semana en los Pirineos, adelantó el regreso a París. Las críticas, no solo por estar esquiando mientras volvían las imágenes de “París en llamas”, le llegaron de todos los flancos. “Es tiempo de reaccionar, es tiempo de actuar”, instó en la red social Twitter Laurent Wauquiez, presidente de Los Republicanos, el partido de la derecha tradicional. La alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, declaró al diario Le Parisien: “Mi sentimiento es que deberíamos ser capaces de controlar una situación como la que acabamos de vivir. Espero explicaciones”.

En la última manifestación de París, acudieron unas 10.000 personas. Aunque es una cifra modesta, son más que los fines de semana anteriores. Pero en todo Francia fueron unos 30.000, lejos de los 280.000 de la primera jornada, el 17 de noviembre. Lo novedoso fue el regreso de una violencia contra mobiliario urbano, comercios de lujo y edificios de los barrios más opulentos. Y la evidencia de que las fuerzas del orden, o bien no saben o no pueden evitarlo.

La paradoja es que, en las últimas semanas, se ha redoblado la presión para que las fuerzas del orden revisasen sus métodos, considerados demasiado contundentes. Las denuncias se centran en las llamadas LBD-40, o lanzaderas de balas de defensa. Según el recuento del periodista David Dufresne, estas balas de caucho han dejado 231 heridos. El Ministerio del Interior registra 2.200 heridos entre los manifestantes con esta arma y otras. Once personas han muerto, diez de ellas accidentalmente en las carreteras bloqueadas por los chalecos amarillos. En Marsella, una anciana murió al caer en su apartamento una granada de gases lacrimógenos.

El 6 de marzo, en un discurso sobre las desigualdades la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, señaló varios episodios de protestas contra las desigualdades que toparon con una respuesta represiva. Bachelet citó cuatro países: Sudán, Zimbabue, Haití y Francia. “Insto [al gobierno francés] a una investigación de todos los casos denunciados de uso excesivo de la fuerza”, dijo.

También la comisaria de los derechos humanos en el Consejo de Europa, Dunja Mijatovic, publicó en febrero un informe en el que se declaraba “extremadamente preocupada” por las denuncias de violencia policial contra los chalecos amarillos. En Francia, el defensor de los Derechos —equivalente al Defensor del Pueblo—, el veterano político conservador Jacques Toubon, ha pedido la supresión de las lanzaderas de balas de defensa.

Un factor que complica la tarea de las fuerzas del orden, y facilita la de los chalecos amarillos violentos y de los infiltrados ajenos al movimiento, es que las manifestaciones no suelen estar anunciadas y carecen de itinerario, horario y servicio del orden. En algunas manifestaciones, policías y gendarmes han dado muestras de pasividad. En otros momentos, han actuado con dureza.

Una nueva ley antidisturbios permitirá impedir la asistencia de ciertas personas a las protestas, registrar previamente a los asistentes y acudir enmascarado a las manifestaciones. La ley está pendiente del visto bueno del Consejo Constitucional.

(Fuente: Resumen Latinoamericano)

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