Un bombero de Sevilla se enfrenta a una pena de hasta 20 años de cárcel en Italia por rescatar a migrantes en el Mediterráneo (vídeo)

Un bombero del Ayuntamiento de Sevilla, Miguel Roldán, se enfrenta a una pena de hasta 20 años de cárcel por rescatar inmigrantes en el Mar Mediterráneo. Este funcionario participó en una misión solidaria durante el mes de junio de 2017 con otros nueve voluntarios de una ONG alemana. Estuvo durante veinte días salvando las vidas de numerosos inmigrantes subsaharianos que salían de la costa libia y se dirigían a Italia.

Un año después de este servicio, Roldán recibió una notificación de la Justicia italiana, que le acusa de cometer un delito de tráfico de personas. Este cargo está castigado en Italia con hasta 20 años de cárcel. Todavía desconoce los detalles de la investigación contra él y otros nueve compañeros de la ONG Jugend Rettet, entre los que hay siete alemanes, una escocesa y un portugués.

«Se nos acusa de colaboración con el tráfico de personas. Estamos en la fase de la investigación y no se desvelerá el resultado de la misma hasta el verano, cuando se prevé que acabe esta etapa. El juicio, de haberlo, podría empezar a final de año, pero evidentemente nuestra idea es que ese juicio no se celebre porque se archive el caso», ha explicado a este periódico el bombero imputado, que este jueves está de guardia en el parque del Polígono Sur.

Para la Justicia italiana, los bomberos eran un eslabón más de la cadena de traficantes. «Por el mero hecho de sacar a una persona del agua y llevarla a un barco ya nos acusan», ha lamentado Roldán. «Todo está bajo secreto de sumario y tampoco sabemos qué hemos hecho mal, pero que vengan un año después con esto resulta raro».

Durante la misión, ni la Policía ni las autoridades italianas se dirigieron a ellos en ningún momento. El servicio estaba autorizado por el Gobierno italiano, al que los bomberos tuvieron que entregar sus datos y sus currículos y el puesto en el que trabajaban durante los trabajos. El bombero español era el nadador de rescate.

«Todo estaba reglado por Roma. Cualquier ONG no puede entrar allí porque se precisa un presupuesto elevado. Hace falta estar en alta mar con un barco durante veinte días con combustible y víveres». El trabajo de Roldán y sus compañeros consistía en recoger personas que iban a bordo de unas embarcaciones de una «precariedad absoluta».

«Eran unas gomas malas. Las barcas de juguete tienen mejor calidad. Un bote de este tipo tiene una capacidad para 30 personas y en ellos se hacinaban 200, sin ningún elemento de flotabilidad y exhaustos por la travesía». Explica el bombero que los subsaharianos que pretendían cruzar el Mediterráneo en estas rudimentarias barcas se encaminaban a una «muerte segura». «Ni siquiera tenían nociones básicas de natación, y estaban exhaustos tras cruzar varios países. Si caían al agua, o los cogías al segundo, o se ahogaban».

Miguel Roldán es natural de Cuevas Bajas (Málaga) y lleva trabajando en el cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Sevilla desde 2013. La misión en el Mediterráneo la hizo durante sus vacaciones y terminó superorgulloso» porque rescataron a muchas personas. «Y no todo fueron rescates fáciles. Me fui con una gran satisfacción personal y ahora un año después nos llega esto».

El caso de este bombero sigue al de otros tres funcionarios del Ayuntamiento de Sevilla que fueron juzgados por el mismo delito en Grecia tras un rescate de inmigrantes en las costas de Lesbos. Los tres fueron absueltos. Sin embargo, hay tres grandes diferencias: «Ellos eran tres y yo estoy solo. La ONG era española y esta es alemana. Y quien les acusaba a ellos era la Justicia griega y no la de Italia, donde ya sabemos todos cómo es el Gobierno».

Ha decidido iniciar una campaña para dar a conocer el caso, que ha tenido un gran impulso ya en las redes sociales. El Ayuntamiento de su pueblo natal ha aprobado una moción de apoyo y ha invitado a sumarse a ella al resto de municipios cercanos. «Son continuas las muestras de apoyo. Lo estoy pasando mal porque todo esto me supera. Soy muy discreto y nunca he querido dar a conocer lo que hecho y no me siento cómodo teniendo que explicarlo».

También hay quien se alegra de su mal. «En este mundo hay de todo. No entro en polémicas con nadie, pero cuando escuchas a gente decir que estas personas nos quitan las ayudas. ¿Pero qué te quitan, tío? Si éstos quieren venir a Europa para poder vivir. Vienen de sitios en guerra, en los que hay hambrunas… Hay una falta de empatía absoluta, no nos ponemos en el lugar del otro. Todo el mundo debería ver lo que pasa allí, estar al menos una hora en el Mediterráneo viéndolo».

Lo que pasa allí, dice, es que miles de subsaharianos se juegan la vida sin nada más que una pulsera de plástico con el nombre y el número de teléfono de un familiar o amigo que vive en Europa, para poder llamarlo si consigue llegar y que éste se haga cargo. «Gente que no sabe nadar y se arriesga a meterse en una travesía inviable para esas embarcaciones, con un motor barato de 10 caballos».

Muchos llegaban, además, con quemaduras de tercer grado, provocadas por el derrame de los depósitos de combustible en el suelo de las barcas. «Con el agua se crea una película que quema».

Este bombero cree que por culpa de este proceso, Italia ha conseguido que no haya ONG en el Mediterráneo. «La gente sigue cruzando, pero ya no tienen posibilidad de que los salven ni de que nadie divulgue el mensaje. Tiene que quedar claro para que hagan algo. Yo no soy la principal víctima de esto porque tengo un respaldo brutal. Pero ellos no tienen ni voz ni voto. Si ya pasaban desapercibidos, ahora mucho más».

(Fuente: Diario de Sevilla / Autor: Fernando Pérez Ávila)

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