Sánchez cumple el mandato del amo y reconoce a Guaidó con lenguaje y actitudes colonialistas. Exposición de como se le impuso (vídeo)

El presidente no electo del gobierno español, Pedro Sánchez, ha reconocido al no electo Juan Guaidó, como “presidente encargado” de Venezuela, incumpliendo las normas de actuación más elementales de la diplomacia y el derecho internacional, el principio de no injerencia, y el de que no se reconocen personas sino estados, trabajándo y acordando consecuentemente con los gobiernos existentes.

En una actuación prepotente, que recuerda la etapa colonial, Sánchez dio ocho días a Maduro para que convocase unas elecciones y, si no cumplía su orden, reconocería al golpista Guaidó. Por eso comenzó ayer su discurso afirmando que “hoy lunes, cuatro de febrero, se cumplen ocho días desde que España, junto a otros socios europeos, instó al régimen de Maduro a la convocatoria de elecciones presidenciales libres, democráticas y transparentes. Llegado este día y sin que se haya dado paso alguno en esta dirección por parte del régimen de maduro, el gobierno de España anuncia que reconoce oficialmente al presidente de la asamblea de Venezuela, al señor Guaidó Márquez, como presidente encargado de Venezuela”.

Por un memento, escuchándole pareciese que habíamos retrocedido doscientos años. Como si el Estado Español aún fuese la potencia colonial administradora de un dominio propio llamado Venezuela, en el que impone su legalidad, poniendo y quitando administradores en ella, según cumplimenten o no sus mandatos, el gobierno del “cambio progresista” pretende excluir a Maduro y sustituirlo por el golpista Guaidó en la presidencia de la República Bolivariana.

“El reconocimiento al presidente Guaidó tiene un horizonte claro que también quiero subrayar, y que me parece importante. El horizonte es el de convocar unas elecciones en el menor plazo de tiempo posible. Unas elecciones que tienen que ser libres, democráticas, con garantías y sin exclusiones. Unas elecciones en la que los venezolanos decidan con su voz y con su voto su futuro, sin miedo sin presiones y sin amenazas” añadió. O sea, que continuando con el lenguaje y las actuaciones colonialistas, el gobierno español no sólo pretende determinar la legalidad en Venezuela, y decidir quién es su presidente  y cual deben ser sus decisiones, sino que, tras pretendidamente destituirlo por no cumplimentar sus órdenes, imponerle también las tareas a su supuesto sustituto.

En definitiva, Sánchez pretende aplicar el 155 a Venezuela pero, muy a su pesar, choca con una realidad muy diferente a la de la indefensa Catalunya. La República Bolivariana de Venezuela es un Estado soberano, independiente, sobre el que el español no posee jurisdicción alguna que le permita obligarle a obedecer. Mientras Catalunya es un país ocupado administrativa y militarmente, lo que le posibilita al Estado Español impuesto el doblegar e imponerse a sus autoridades mediante su “ley” y el uso de la fuerza contra su pueblo, en Venezuela no hay subdelegados, jueces, policías o soldados al servicio del imperialismoo español que se lo permita. En Venezuela son los venezolanos los que ponen y quitan presidentes. Los que deciden libremente su presente y su futuro.

Y él lo sabe. Luego con esta decisión realmente ni puede ni pretende modificar la situación en Venezuela, sino cumplimentar la orden recibida por el amo estadounidense, mostrándose públicamente tras su trasero, como diría Maduro,  para así demostrarle al amo Trump que es un fiel subdelegado de gobierno, del gobierno de los EEUU, en la Península Ibérica. Con su actuación no pretende sustituir a Maduro por Guaidó, sino que el amo no le sustituya a él por otro.

Paco Campos, para La Otra Andalucía

A continuación os ofrecemos un artículo publicado hace unos días en El País, en que se expone como se le impuso al gobierno de Sánchez el reconocimiento de Guaidó por parte del norteamericano, así como el vídeo de la declaración íntegra de Sánchez.

Los porqués del reconocimiento: Trump le exigió romper todo diálogo con Maduro

La Administración estadounidense avisó al Gobierno español antes de que el líder de la Asamblea venezolana, Juan Guaidó, se proclamara presidente interino y ha presionado luego para que España y la UE lo reconozcan y rompan cualquier canal de diálogo con Nicolás Maduro. “Tenemos mucha presión, no les voy a decir de quién, pero se lo pueden imaginar, para que votemos en contra de la creación de este grupo”, admitió el ministro de Exteriores, Josep Borrell, en el Congreso. Aludía al grupo de la UE para propiciar el diálogo en Venezuela.

El pasado día 22 (de enero), el secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, estaba de visita en Washington, donde se reunió con la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, y con responsables del Consejo de Seguridad Nacional. La situación de Venezuela, donde Nicolás Maduro había iniciado el 10 de enero su segundo mandato presidencial (en base a unas elecciones cuya limpieza niega la UE), estuvo sobre la mesa. Los interlocutores del diplomático español le anunciaron que se avecinaban “acontecimientos importantes” en Venezuela, pero evitaron los detalles.

La concreción llegó a primera hora de la tarde del día 23 (de enero), a través de una llamada de la Embajada estadounidense en Madrid: “Es probable de Guaidó se proclame presidente hoy y nosotros lo vamos a reconocer”. En un artículo publicado ese mismo día en The Wall Street Journal, el vicepresidente Mike Pence dio su apoyo a Guaidó, con quien se había reunido la semana anterior.

El vaticinio se cumplió pocas horas después. Ante una manifestación de cientos de miles de personas que llenó Caracas, Guaidó juró como presidente encargado de Venezuela. Menos de un cuarto de hora después, lo reconocía oficialmente Donald Trump. A continuación lo hicieron los países latinoamericanos del llamado grupo de Lima, los más activos hasta ahora en su rechazo a Maduro, con la excepción de México.

La noticia pilló a Borrell reunido en Madrid con su homólogo portugués, Augusto Santos Silva. Los dos ministros habían discutido la puesta en marcha del llamado grupo de contacto internacional que la UE acordó crear en octubre y no acababa de arrancar. Se trataba de que varios países europeos y latinoamericanos sirvieran de facilitadores, que no mediadores, para restaurar los canales de diálogo cortados entre el régimen de Maduro y la oposición.

Los jefes de la diplomacia de los dos países de la UE con mayores intereses en Venezuela (casi la mitad del millón de europeos que residen allí son españoles o lusos) reaccionaron con cautela. “No vamos a hacer seguidismo de nadie”, dijo Borrell. “Para nosotros, no basta con que Estados Unidos lo reconozca [a Guaidó]”, apostilló Santos. Ambos apelaron a la necesidad de salvaguardar la unidad de la UE.

Borrell abandonó precipitadamente una conferencia en Casa de América para atender una llamada de la Embajada estadounidense en Madrid (el embajador, Duke Buchan III, quería verlo) y hablar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Foro de Davos (Suiza).

El análisis del Palacio de Santa Cruz (sede de Exteriores) era inicialmente diferente al de La Moncloa, admiten fuentes gubernamentales. Sánchez no quería quedar al margen de una ola a la que se habían subido la mayoría de los Gobiernos iberoamericanos y que PP y Ciudadanos usaban para erosionarle. Las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, a favor de la oposición venezolana contrastaban con el silencio de Sánchez.

Exteriores, de su lado, recelaba de las consecuencias imprevisibles de dar un paso sin precedentes. No se trataba solo de las dudas jurídicas sobre la autoproclamación de Guaidó, sino de la ruptura de la tradicional doctrina Estrada, según la cual lo que se reconoce diplomáticamente es el Estado, no el Gobierno de turno. Por vez primera, se iba a reconocer a un presidente que no controla el aparato del Estado y romper con quién ostenta el poder de facto, aunque se cuestione su legalidad.

El jueves 24 de enero, Borrell se reunió con el embajador Duke Buchan III. El representante de Trump le trasladó, según distintas fuentes, la importancia que Washington atribuye a España y Portugal en la crisis de Venezuela por su capacidad de arrastrar al resto de la UE. Y le planteó dos demandas: que reconociera de inmediato a Guaidó como presidente legítimo y que renunciara a mantener cualquier canal de diálogo con Maduro. “Estados Unidos está convencido y nos lo ha hecho saber”, admitió Borrell el miércoles en el Congreso, “de que no ha lugar a más mediación, ni más facilitación, ni más conversaciones, ni más nada”. Volar todos los puentes, aislar a Maduro y elevar la presión para hacerlo caer.

El día 25 (de enero), tras el Consejo de Ministros, el jefe de la diplomacia española anunció que España reconocería a Guaidó si en un “plazo razonablemente corto”, que no quiso concretar, Maduro no convocaba elecciones con garantías y bajo supervisión internacional.

Incluso la creación del grupo de contacto parecía tambalearse. “Hemos impulsado en los últimos meses esta idea (…). Se estaba a punto de conseguir su formalización (…), pero los acontecimientos han cambiado las circunstancias y estamos adaptando nuestra actuación”, alegó.

El día 26 (de enero), Sánchez hablaba por primera vez en público sobre la crisis venezolana. Tras reunirse en Davos con los presidentes de Colombia, Iván Duque; Ecuador, Lenin Moreno; y Costa Rica, Carlos Alvarado, que ya habían reconocido a Guaidó, y hablar telefónicamente con el presidente de la Asamblea Nacional, daba un ultimátum de ocho días a Maduro.

El jueves, en Bucarest, Borrell confirmó que España reconocerá el lunes a Guaidó y la UE dio finalmente a luz al grupo de contacto, pero con un objetivo limitado (propiciar la celebración de elecciones en Venezuela) y un plazo tasado (90 días). “Aunque algunos de los más poderosos actores de este problema me digan que ya no es tiempo de mediaciones, nosotros creemos que puede servir”, argumentó.

“El tiempo corre en contra de la democracia en Venezuela”, advirtió el embajador estadounidense en un artículo en el diario El Mundo.  “La estrategia de Washington la conocemos bien, lo que no sabemos”, admiten fuentes diplomáticas, “es cuál es su hoja de ruta para el día después ni si tiene  plan b”.

(Fuente: El País / Autor: Miguel González)

Vídeo:

 

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