Comienza en el astillero de Navantia – San Fernando la construcción de las corbetas para la dictadura saudí contra el pueblo yemení

El astillero de Navantia en San Fernando (Cádiz) ha celebrado el pasado martes 15 de enero el inicio simbólico de la construcción de la primera de las cinco corbetas contratadas por la sangrienta dictadura de Arabia Saudí, cuya firma definitiva se produjo el pasado mes de diciembre. El acto ha consistido en el corte de la primera plancha del que será el primer buque a entregar, perteneciente al bloque 401 de la cámara de máquinas, con unas dimensiones de 12 x 2,4 metros, un espesor de 7 milímetros y un peso de 1.254 kilos.

La ceremonia, organizada por la empresa, ha reunido posteriormente a más de 500 trabajadores, buena parte de la plantilla que diseñará y construirá estos buques de guerra y los sistemas integrados, ante los que se ha realizado una presentación del programa. Además han estado presentes en ella delegaciones de las armadas del Estado  Español y de Arabia Saudí, encabezadas por el almirante José Luis Urcelay y contralmirante Fahad Ali Alfuraidan, respectivamente.

Previamente a la realización del acto, la delegación militar de la Armada saudí  fue recibida y agasajada en el Ayuntamiento de la localidad gaditana, a lo “bienvenido Mister Marshall,” por la alcaldesa de San Fernando, Patricia Cavada, que preside un “progresista” y “andalucista”  gobierno de coalición PSOE-PA. Cavada ha recalcado en la recepción la importancia que tiene el contrato de las cinco corbetas en cuanto a generación de empleo y riqueza, “en una ciudad como San Fernando que tiene en su industria naval un potencial muy importante”, y ha puesto de manifiesto que este contrato “lo deseaban los isleños e isleñas, que han considerado desde el primer momento que el acuerdo entre Arabia Saudí y Navantia debía de producirse porque la industria naval es un pilar esencial para la economía de la ciudad”, soslayando en su demagogia que lo que se debatía, lo que estaba en juego, nunca fue la fabricación de barcos, la industria naval, sino la de estos barcos.

Durante el acto de inicio de la “faena” en las instalaciones del astillero, la presidenta de Navantia, Susana de Sarriá, ha destacado que “se trata de un programa estratégico para la compañía, que además de impulsar la actividad económica y el empleo, nos posiciona internacionalmente como una empresa que contribuye a la seguridad y defensa”. Además, ha añadido, “pone en el escaparate un barco de altas capacidades que puede satisfacer las necesidades de otros potenciales clientes en esta región del mundo y otros puntos de interés”. También ha lanzado un mensaje a los trabajadores, afirmando que “con el plan estratégico se va a impulsar una nueva Navantia entorno a su plantilla, rejuvenecida para garantizar su futuro (implica igualmente la prejubilación de todos los mayores de 61 años de edad) y sus señas de identidad como empresa al servicio de la seguridad y defensa de los ciudadanos”.

Lo que Navantia y el Ayuntamiento de San Fernando obvian intencionadamente es mencionar sobre qué se asienta tanta supuesta ventaja y beneficio: sobre la contribución técnica al ejercicio del crimen y el terror de Estado. Que, que con toda seguridad, estas cinco corbetas que ha comenzado su proceso  de construcción, serán usadas por los saudíes, como lo está siendo el resto de su flota naval, para continuar con el bloqueo del Yemen, en un intento de rendir a su población por hambre, así como para bombardearla desde el mar, como consecuencia de una guerra imperialista de agresión que ya ha causado decena de miles de muertos entre la indefensa población civil.

También que con este contrato Navantia se convierte en cómplice del genocidio, ya que el contrato no se limita a la construcción de las corbetas. Incluye que la empresa será responsable del apoyo al ciclo de vida de las mismas durante cinco años, con opción a otros cinco años adicionales. Además al suministro de otros servicios como el apoyo logístico integrado, el adiestramiento operacional y de mantenimiento, el suministro de centros de formación y el adiestramiento para el sistema de combate y el sistema de control de plataforma de los buques, así como de los sistemas para el mantenimiento de los buques en su Base Naval.

En definitiva, que Navantia no sólo construirá los buques, sino que los mantendrá en perfecto estado de uso y enseñarán a hacerlo, para cumplir con su función genocida cuando estos ya se encuentren operativos frente a las costas yemeníes, así como que adiestrará a sus tripulaciones para que manejen eficazmente las naves y así llevar a cabo eficientemente su labor asesina contra la población.

Complicidad que también compartirán esos trabajadores que, manipulados por unos sindicatos vendidos a los intereses de la empresa y embaucados por unos políticos sin más escrúpulos que los derivados de conservar el sillón, han sido arrastrados a defender, incluso a exigir esta “faena”, como si se tratara de una cualquiera. Una “carga de trabajo” que les proporciona un trabajo de sangre y sólo les prolonga la agonía en la continuidad de sus empleos unos pocos años más. Que no conlleva estabilidad. Que nada les soluciona a largo plazo. Que sólo beneficia realmente a la Sociedad y sus directivos, al Estado y a los saudíes.

Pan para hoy y hambre para mañana, a cambio de plegarse a las necesidades del Capital, las agresiones del totalitarismo saudí y los planes de imperialismo occidental. Ciegos frente al sufrimiento de otro pueblo, de otros que se encuentran en circunstancias infinitamente peores a las suyas, y sordos ante sus peticiones de ayuda. Mirando para otro lado y parapetándose tras sus familias cuando se les habla de solidaridad internacionalista. Justificando lo injustificable y dando la espalda a los pocos que les señalan el error y el horror de su actuación, sin ambages ni medias tintas, en toda su dimensión. Aquello que es obvio pero que no quieren ver porque les han inducido a creer que sus intereses pasan por no verlo cómo es.

Paco Campos para La Otra Andalucía

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