Japón abandona la CBI y reanudará la pesca de ballenas bajo el pretexto de que existe una población abundante

Japón confirmó ayer su retirada de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), creada hace siete décadas para garantizar la preservación de esos cetáceos y evitar su caza indiscriminada en los océanos, y la reanudación en julio de 2019 de la pesca comercial de esos animales bajo el argumento de que existe una población abundante.

Yoshihide Suga, ministro portavoz del Gobierno, informó la decisión y despejó así rumores al respecto que circulaban desde mediados de este mes. Suga dijo que la CBI ha sido dominada por conservacionistas y que Japón estaba decepcionado de las labores de la comisión para manejar las poblaciones de ballenas, aun cuando tiene el mandato tanto de conservar las ballenas como de desarrollar la industria ballenera. “Lamentablemente, hemos tomado la decisión de que es imposible que en la CBI coexistan países con diferentes puntos de vista”, añadió.

De hecho, desde septiembre pasado Tokio venía ya amenazando con abandonar la CBI pues el organismo le rechazó con un voto 41-27 un texto que buscaba instaurar un mecanismo de apoyo a la preservación y a la polémica caza de los cetáceos.

La reanudación de la pesca comercial afectaría a especies como la minke (rorcual aliblanco) y debe realizarse en los mares cercanos al archipiélago y su zona económica exclusiva. Sin embargo, Japón se abstendrá de cazar «en aguas de la Antártida o en el hemisferio Sur», precisó el representante del ejecutivo, Yoshihide Suga, en una rueda de prensa. La caza estará «limitada a las aguas territoriales y a la zona económica exclusiva» de Japón, «conforme a las cuotas de capturas calculadas según el método de la CBI para no agotar los recursos», aseguró.

Suga justificó la decisión de abandonar el CBI por la «ausencia de concesiones por parte de los países únicamente comprometidos con la protección de las ballenas», y ello, «pese a que elementos científicos confirmen la abundancia de ciertas especies de ballenas», según él. El desacuerdo pareció «evidente» durante la última reunión de la CBI en septiembre pasado, lo que llevó a Japón a tomar esta medida, explicó. Esta instancia rechazó en ese momento el texto presentado por Japón, llamado «el camino a seguir».

Este pretendía poner en marcha una doble vía dentro de la CBI, una organización con 89 países miembros, para incluir la preservación y la caza comercial de ballenas. Esta última habría sido gestionada por un «comité de la caza de ballenas sostenible». La propuesta habría puesto fin además a la moratoria impuesta a esta actividad en 1986, que Japón firmó. Pero los países defensores de las ballenas, con Australia, la Unión Europea y Estados Unidos a la cabeza, rechazaron el texto nipón, con 41 votos contra 27.

Seguía cazándolas amparado en supuestos  fines “científicos”

Japón es firmante de la moratoria sobre esa actividad decidida por la CBI en 1986 para conservar a las ballenas, pero siempre aprovechó una laguna del texto que permite hacerlo con fines investigativos y las capturó mediante sus programas en el Pacífico Norte y en el Antártico. No obstante, es un secreto a voces que la carne terminó en los mostradores de las pescaderías, aunque la mayoría de los ciudadanos del país aseguran que apenas la consumen. Esta excepción ha permitido a Japón capturar entre 200 y 1200 ballenas al año.

Varios miembros del Partido Liberal Demócrata (PLD), formación conservadora del primer ministro Shinzo Abe, defienden «la riqueza de esta cultura», según las palabras de Suga. «Esperamos que esta decisión permita transmitirla a la próxima generación», señaló.

En realidad, Japón nunca dejó totalmente de cazar ballenas, sirviéndose de un punto de la moratoria de 1986 que autoriza la captura de esos animales para la investigación. Pero ahora, retomará públicamente la caza con fines comerciales, como ya hacen Islandia y Noruega.

Al respecto, el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó en 2014 que Japón había tergiversado el programa de caza de ballenas japonés conocido como ‘JARPA II’ como un programa científico, considerándolo una empresa comercial que violaba la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas.

Japón se convertirá en una “nación pirata»

El gobierno nipón abre así un nuevo frente entre los detractores y los defensores de la caza de cetáceos, que los japoneses, especialmente los más nacionalistas, consideran como una importante tradición nipona. Las organizaciones ecologistas no tardaron en reaccionar, condenando la noticia.

La organización ambientalista Greenpeace condenó la decisión y cuestionó el punto de vista de Japón sobre que la población de ballenas se ha recuperado, apuntando que la vida marina está amenazada por la contaminación, así como por la sobrepesca.

«Está claro que el gobierno intenta hacer llegar este anuncio de forma discreta, a finales de año, lejos de los focos de los medios internacionales, pero el mundo no es tonto», comentó en un comunicado Sam Annesley, responsable de Greenpeace en Japón. «La decisión de Japón está completamente desfasada con la comunidad internacional, e ignora la necesidad de proteger nuestros océanos y estas criaturas majestuosas», sostuvo.

“El anuncio de hoy está en desacuerdo con la comunidad internacional y con la protección necesaria para salvaguardar el futuro de nuestros océanos y de estas creaturas majestuosas. El gobierno de Japón debe actuar de manera urgente para conservar los ecosistemas marinos, en lugar de reanudar la caza comercial de ballenas”, aseveró Annesley.

Por su parte, la asociación estadounidense Humane Society International (HSI) lamentó por su parte que el archipiélago «se convierta en una nación pirata» de caza de ballenas. Japón, precisó la HSI, es el mayor contribuyente financiero de la Comisión Ballenera, que deberá reemplazar su parte de los fondos.

Pese al argumento científico esgrimido desde hace tres décadas por Japón para cazar ballenas, la carne del cetáceo suele ir a parar a las pescaderías. Aunque constituyó una importante fuente de proteínas en la posguerra, en la actualidad la mayoría de los japoneses aseguran que no la consumen, o que lo hacen muy de vez en cuando.

Las críticas no han tardado en llegar por parte de otros gobiernos del Pacífico. El gobierno australiano se dijo «extremadamente decepcionado» y exhortó a Japón a reconsiderar su posición. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores neozelandés Winston Peters envió a Tokio un mensaje similar, criticando «una práctica anticuada e inútil».

(Fuentes: AFP / Associated Press  / Prensa Latina / Hispan Tv)

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