68ª aniversario de Al Nakba, el día más negro de la historia palestina (vídeos)

Hace 68 años, bandas paramilitares sionistas iniciaron el proceso de la limpieza étnica y expulsión masiva de los palestinos de sus hogares. Casi el 80% de ellos, fueron violentamente expulsados de sus casas y tierras. Hoy, unos 6 millones de refugiados palestinos esperan con ansias e inquebrantable decisión retornar a sus hogares de origen.

Al Nakba (catástrofe o desastre en árabe), tiene un doble significado. Por un lado, se trata de uno 540 pueblos que fueron arrasados en 1948 y los cientos de miles de refugiados que fueron expulsados violentamente de sus hogares. Hoy los refugiados palestinos suman casi 6 millones. Por otro lado, los palestinos siguen sufriendo diariamente las consecuencias de Al Nakba. La limpieza étnica continua, ahora en forma más solapada, pero más metódica y peligrosa. Israel, permanentemente dicta leyes racistas y lleva a cabo maniobras administrativas con el objetivo de hacer imposible la vida de los palestinos, la separación de las familias, continuas confiscaciones (robos) de tierras y construcción de asentamientos ilegales y muros que asfixian y ahogan cada barrio, pueblo y ciudad palestina.

Esta expulsión no fue, como se ha divulgado durante años la propaganda israelí: consecuencia “desafortunada”, ocasionada por la guerra, ni las matanzas que se perpetraron contra la población palestina fueron resultado de actos de grupos extremistas incontrolados. Al contrario, el vaciamiento de Palestina de sus históricos habitantes y las centenares de matanzas perpetradas, corresponden a una estrategia planificada dentro del marco de la política sionista trazada desde principios del siglo pasado. La expulsión del 78% de la población de Palestina que quedó bajo el dominio de Israel el año 1948, no podía ser posible sin la existencia de un plan político militar basado en matanzas y destrucción masiva de los pueblos, aldeas y barrios palestinos, este plan, llamado por los propios israelíes Plan Dalet, formaba parte del deseo y la estrategia sionista de un objetivo mayor: la transferencia masiva o traslado de la población palestina, es decir, la expulsión a gran escala.

Los palestinos hoy conmemoramos estos macabros 68 años del inicio de Al Nakba. No se conmemora un acontecimiento histórico del que se ha pasado mucho tiempo, o un momento triste en un lejano pasado, todo lo contrario, es el horror diario que seguimos viviendo cada instante. El dolor de la herida abierta que no ha cicatrizado y solo el retorno de toda la población que fue expulsada puede mitigar en parte.

Sesenta y ocho años de Al Nakba, los palestinos aún seguimos sufriendo la limpieza étnica, guerras, matanzas, aún no tenemos estado y menos justicia. Los campamentos de refugiados aún existen en todo el mundo y la mayoría de los palestinos vivimos en la diáspora y la desesperanza.

A pesar del horror, el pueblo palestino, no se cansa de luchar y pedir justicia, no se cansa de mantener viva la llama de la esperanza y la libertad. Al Nakba, es la memoria colectiva que vive en todos y cada uno de nosotros y se transmite de generación en generación hasta el logro de la tan anhelada justicia y el retorno a nuestros hogares usurpados.

Al-Nakba: la limpieza étnica sobre la que se construyó Israel

Miércoles, 10 de marzo de 1948. 11 hombres ultiman en un edificio de Tel Aviv conocido como La Casa Roja un plan que cambiará la historia del mundo.

El Plan Dalet, por la 4º letra del alfabeto hebreo, tendrá dos enormes consecuencias: la definición sociopolítica del Estado de Israel y lo que autores como el historiador Ilan Pappé han denominado la limpieza étnica de Palestina. Había nacido la Catástrofe o, en árabe, Al-Nakba, día que los palestinos conmemoran cada 15 de mayo.

Un Estado Judío como meta

Aquellos hombres de La Casa Roja tenían un líder. David Ben-Gurión es conocido como el ideólogo, el arquitecto del Estado de Israel. Su nombre es lo primero que lee cualquier persona que aterrice en el aeropuerto de Tel Aviv.

Nada más terminar la II Guerra Mundial, Ben-Gurión fue capaz de advertir que el Mandato británico de 1922 sobre Palestina estaba de retirada, ya que los laboristas iban a dedicar todo su esfuerzo político a construir un estado de bienestar en Gran Bretaña.

La meta de Ben-Gurión y sus hombres no era la creación de Israel, sino que este fuera un Estado judío.

Para sortear el enorme problema que presentaba al hecho de que en 1948 la comunidad judía poseía solo el 5,8% de la tierra en Palestina, trataron de que los colonos judíos llegados a territorio palestino se establecieran en zonas rurales. En vano, ya que preferían las ciudades.

La consecuencia de aquello fue que las colonias judías rurales estaban muy aisladas entre sí y rodeadas de árabes, alimentando el concepto sionista de bitachon, o percepción de amenaza y maximización de la seguridad. A pesar de que esto hacía imposible una partición del territorio, la ONU había tomado esta decisión en 1947 en unas negociaciones boicoteadas por las autoridades palestinas.

A Ben-Gurión y sus compañeros sionistas no les parecia suficiente. Todo pasaba por desarabizar Palestina.

Pasaron meses ultimando un detalladísimo mapa de todas las aldeas que conformaban el territorio palestino, con información incluso de propiedades o de la cría de animales de cada pueblo… y encomendaron la ejecución de su idea a decenas de miles de hombres armados de grupos paramilitares como Irgún, Palmaj o Haganá, cuya unión acabó formando el germen del actual ejército israelí.

“Matad a cualquier árabe que os encontréis”

En los Archivos Estatales Israelíes existen hoy documentos como una carta en la que Ben-Gurión afirma que “podríamos matar de hambre a los árabes de Haifa y Jaffa [si quisiéramos hacerlo]”.

En su Diario, el futuro primer ministro escribía el 1 de enero de 1948: “Necesitamos ser certeros a la hora de elegir el momento, el lugar y los blancos oportunos de nuestros golpes. Si acusamos a una familia, necesitamos dañarla sin piedad, lo que incluye a sus mujeres y niños. De otro modo, no se tratará de una reacción eficaz. Durante la operación no hay necesidad de distinguir entre culpables y no culpables”.

Los líderes sionistas nunca dudaron de su superioridad militar a pesar de las dificultades sociológicas de la empresa: en lo que después sería Israel había 1 millón de palestinos y 600.000 miembros de la comunidad judía.

El primer ataque a gran escala fue la Operación Najsón. En abril, las aldeas palestinas que conectaban Tel Aviv con Jerusalén fueron “limpiadas”. Una de ellas era Deir Yassin. De 600 habitantes, fueron asesinados —muchos a sangre fría— alrededor de 100. 30 eran bebés. Deir Yassin funcionó como advertencia al resto de aldeas.

El terrorismo en las formas no era otra cosa que la traducción de órdenes como la de Mordechai Maklef, jefe de la brigada Carmeli que capturó la próspera ciudad de Haifa: “Matad a cualquier árabe que os encontréis, quemad todos los objetos inflamables y forzad las puertas con explosivos”. Maklef sería posteriormente jefe del Estado Mayor del ejército israelí.

La Haganá utilizaba altavoces de los que salían mensajes como “el día del juicio ha llegado”. Del puerto de Haifa huyeron miles de palestinos. Muchas barcas se hundieron a los pocos metros. Iban atestadas de refugiados.

Algunos llegaron a Acre, durante cuyo asedio la Haganá introdujo en el agua potable gérmenes de tifus. En Safed, de 9.500 árabes, solo quedaron 100 ancianos que poco después fueron expulsados al Líbano.

En el primer mes y medio de Plan Dalet, los hombres de Ben-Gurión tomaron unas 200 aldeas o ciudades. Más de 175.000 palestinos habían sido ya desplazados de sus hogares.

Las Llaves

El 14 de mayo de 1948 Ben-Gurión leyó en Tel Aviv la declaración de independencia del Estado de Israel. Lo hizo bajo un retrato de Theodor Herzl, el fundador del sionismo moderno y abriendo las puertas a la llegada “de todos los judíos del mundo”.

El día siguiente, tropas transjordanas, egipcias, sirias, libanesas e iraquíes cruzaron la frontera israelí y el nuevo Estado pudo hablar de la primera “guerra árabe-israelí”. Las fuerzas eran desiguales y Ben-Gurión completó su sueño, ya como primer ministro del país, de un Israel exclusivamente judío.

Las ofensivas se recrudecieron. Demoliciones de casas. Bombardeos aéreos. El 14 de julio se produjo la expulsión más grande del proceso, cuando 60.000 personas huyeron de Lydda y Ramla bajo un ataque liderado por el después primer ministro Isaac Rabin.

El nuevo Estado plantó pinos entre los escombros de las casas árabes mientras se arrancaban olivares, uno de los símbolos tradicionales de Palestina.

531 aldeas o pueblos fueron literalmente borrados del mapa o repoblados por colonos judíos. 750.000 personas forzadas a abandonar su hogar. Hoy, sus descendientes en Gaza, Cisjordania, Líbano y Jordania suman unos 7 millones.

Cada 15 de mayo celebran el Yawm an-Nakba, el Día de la Catástrofe. Su lema, “volveremos”. Su símbolo, las llaves de las casas de las que fueron arrancados.

(Fuente: Palestina Libre)

 

 

 

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