17 de noviembre: Grecia vive una jornada de movilizaciones en recuerdo y reivindicación de la revuelta de la Politécnica de Atenas de 1973

“¡Aquí el Politécnico de Atenas!”. Con estas palabras, integradas en el imaginario colectivo griego y locutadas desde una radio de fabricación propia, estudiantes de la céntrica y prestigiosa Universidad Politécnica de Atenas arengaban al pueblo y al Ejercito a levantarse contra la Junta, la dictadura militar que gobernaba el país con puño de hierro desde el golpe de Estado de 1967. Eran las 3 de la mañana del 17 de noviembre de 1973.

Tan solo unos minutos después, un tanque AMX 30 derribaba una de las puertas de acceso al campus, violando el hasta entonces respetado asilo universitario y aplastando mortalmente a entre dos y tres estudiantes. El corresponsal Albert Coerant filma la escena para la posterioridad. La puerta de hierros retorcidos descansa tumbada a escasos metros de su emplazamiento original, convertida en un símbolo que recibe una masiva ofrenda floral en la víspera del aniversario de la matanza.

La irrupción del blindado en el recinto provoca que los cerca de 1.500 estudiantes atrincherados en la universidad, desde dos semanas atrás, huyan en estampida por las aledañas calles de Tositsa y Stournari. Es entonces cuando policías apostados en los edificios colindantes abren fuego matando a un número de estudiantes que todavía es motivo de controversia.

Acorde con la última investigación oficial llevada a cabo en 2003 por la Fundación Nacional de Investigación, el cómputo de muertos ascendería a 40, dieciséis de los cuales no habrían podido ser identificados aún. Otras fuentes hablan de un número mayor elevando el número hasta 83. El suceso también produjo cientos de heridos y otros tantos detenidos.

En los días siguientes, se impuso la ley marcial y la línea dura del aparato tomó el poder mediante un golpe de Estado en el seno de la Junta. Estos paralizaron las tímidas reformas implantadas por Papadopoulos, fruto del fin del periodo de bonanza económica, como consecuencia de la Crisis del Petróleo de 1973. El nuevo gobierno intenta legitimarse embarcándose en una aventura militar en Chipre que acaba en desastre y pone punto y final al periodo dictatorial comenzado siete años atrás.

Atenas recuerda

Atenas ha vuelto a las calles para recordar la revuelta de la Universidad Politécnica de 1973. La marcha reunió en el aniversario de este año a cerca de 12.000 manifestantes, según la Policía que, por su parte, desplegó más de 5.000 efectivos, así como helicópteros y drones teledirigidos. Después de la manifestación se produjeron disturbios en la avenida Alexandras, en el barrio de tradición libertaria de Exarjia, colindante con el Politecnio. Hubo varios heridos y al menos 19 detenidos.

La jornada, de lucha y recuerdo, sirve como catalizador de un extenso número de demandas sociales y canaliza parte del descontento de la sociedad civil englobada en torno a la lucha antifascista. Es por ello que reúne a un conjunto muy ecléctico de organizaciones e individuos. Desde los movimientos estudiantiles autónomos, agrupados por facultades situados en cabecera, pasando por el mosaico de partidos comunistas como KKE, KKE Μ-Λ o EEK, colectivos anarquistas, sindicatos como KEERFA o PAME o, simplemente, agrupaciones de la sociedad civil como Diktio Metanaston, que trabaja en la inclusión de la comunidad migrante.

El cortejo desembocó, como es tradicional, frente a la embajada de Estados Unidos, país que prestó su apoyo y complicidad a la dictadura helena en el marco de la Guerra Fría. De hecho, el propio nombre del directorio militar, la Junta, remite a las dictaduras militares latinoamericanas establecidas en el mismo periodo.

En ese momento, se empieza a desarrollar un guión que se repite cada 17 de noviembre y en el que los actores ya conocen su rol, variando en intensidad y forma. Los grupos anarquistas tomaron el protagonismo, enfrentándose a la policía en las cercanías del metro Ambelokipi y llevando el conflicto al cercano Exarjia, barrio autoorganizado y meca de los anarquistas europeos, cuya presencia se dejó sentir con al menos un detenido de nacionalidad italiana. El Gobierno había preparado un extenso dispositivo de seguridad, cerrando varias calles principales y estaciones de metro.

La chispa que hizo saltar por los aires la hasta entonces pacífica marcha es controvertida. Una de las posibles causas es que integrantes del bloque anarquista decidieron tomar el metro de Ambelokipi al pasar por delante, pero estaban flanqueados por antidisturbios y al intentar pasar se produjo un encontronazo de efecto dominó. Hubo un intercambio de petardos y gas lacrimógeno que terminó con detenciones y varios heridos.

Entonces, el escenario de los disturbios se trasladó al Politécnico y Exarjia, donde se levantaron barricadas y fuegos en torno a la plaza. El conflicto se ha prolongado hasta más o menos la medianoche y se ha saldado con 19 detenidos. Por primera vez, tomó parte la Fuerza Aérea Griega, que disparó con cañones de agua al interior del recinto universitario desde donde algunos individuos lanzaban cócteles molotov y piedras. La Policía, por su parte, hizo uso de gas lacrimógeno y granadas aturdidoras.

Un legado disputado

No es casualidad que la cabecera de la marcha correspondiera a colectivos universitarios propios de la Politécnica y no afiliados a partidos u organizaciones políticas. La huella del Politecnio deja un rastro continuo hasta el día de hoy. Muchos son los partidos políticos y colectivos que se consideran herederos de ese espíritu y del que, a veces pugnan por capitalizar su simbolismo.

El PASP, sindicato estudiantil y cantera política del socialdemócrata PASOK, enarbola orgulloso cada año la bandera ensangrentada que usaron los estudiantes en 1973. El vertiginoso ascenso del PASOK se remonta de hecho al final de la dictadura y a nacimiento de la actual democracia representativa helena. Dominará la escena política nacional hasta derrumbarse en 2015.

Le sucede en el Gobierno, Syriza, que el viernes emitió un comunicado recordando la “lucha y el sacrificio” de aquellos que participaron en el levantamiento y reivindicando “que todos somos uno” en la lucha por la “libertad, la democracia y los derechos políticos y laborales”.

La autodenominada Coalición de la Izquierda Radical no cosechó tanto éxito sobre el terreno. El mismo día a una delegación del partido, encabezada por los parlamentarios Theodoris Dritsa y Panos Skourtetis, le fue impedido el paso al recinto universitario cuando se disponían a colocar una corona de flores sobre la histórica puerta. Los políticos tuvieron que abandonar el lugar por el lanzamiento objetos como botellas de agua y cafés para llevar. Una situación parecida tuvo lugar al llegar a la embajada americana, cuando los representantes de Siryza fueron increpados y humillados de forma pública.

La disputa por el espacio y fecha históricos no es nada nuevo. El año pasado, grupos anarquistas entre los que se encontraban colectivos internacionales, decidieron ocupar unilateralmente la universidad, impidiendo el acceso a la misma y por tanto los actos políticos y los stands políticos o trapezakia, montados por diferentes agrupaciones políticas.

Pero no todos reivindican y rememoran el levantamiento. De igual manera, el delegado del sindicato de trabajadores de enseñanza privada escribió una carta al Gobierno denunciando que muchos centros privados hacían caso omiso a la hora de recordar en sus centros escolares la matanza.

En la víspera de la matanza, miembros de la organización paramilitar EOKA B merodeaban los alrededores del Politecnio para dar caza a estudiantes. Entre ellos se encontraba un tal Nikolaos Micholaikos, de 16 años, quien unos años después, en 1980, y junto a restos del aparato de la dictadura y antiguos simpatizantes, formaría un grupo político que en 1985 cristalizaría en forma del partido de extrema derecha Amanecer Dorado, del que ahora es líder.

(Fuente: El Salto / Autor: Miguel Carvajal Saiz)

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