La precariedad y la brecha salarial sitúan a más de un 40% de las mujeres trabajadoras, dos millones, con salarios menores a 864€

El salario medio anual se situó en 1.889 euros en 2017, son once euros más que en 2016 y casi cinco menos que en 2015. Sube el salario medio y sin embargo desciende el salario mediano, que surge de la división en dos de los diez deciles, los cinco con peor retribución y los cinco con sueldos más altos. La recuperación de los salarios, además, se nota más en los deciles altos y menos en los que agrupan a la población con peores salarios.

El sábado 10 de noviembre comenzaba a andar el reloj del tiempo que las mujeres españolas trabajan gratis como consecuencia de la brecha salarial, que conlleva que las mujeres ganan un 14,2% menos que los varones.

La distribución de los distintos deciles deja en evidencia la feminización de las capas más pobres entre los asalariados. El 40,3% de las mujeres cobran menos de de 1.230 euros brutos mensuales, mientras que entre los varones, solo el 20,6% se encuentra en esa situación. En el decil de trabajadores netamente pobres, quienes cobran menos de 717,2 euros mensuales se halla el 15,1% de las trabajadoras asalariadas y solo el 5,3% de los varones.

Por el contrario, solo hay un 24,9% de las asalariadas en los tres deciles superiores, mientras que hay un 34,7% de varones en ese pack. El INE achaca estas desigualdades “por sexo” en que “las mujeres trabajan a tiempo parcial, con contratos temporales y en ramas de actividad menos remuneradas en mayor proporción que los hombres”.

Por el contrario, solo hay un 24,9% de las asalariadas en los tres deciles superiores, mientras que hay un 34,7% de varones en ese pack. El INE achaca estas desigualdades “por sexo” en que “las mujeres trabajan a tiempo parcial, con contratos temporales y en ramas de actividad menos remuneradas en mayor proporción que los hombres”.

Extremadura cuenta con la mayor proporción de trabajadores en el decil uno, el que tiene salario medio de 464 euros. Islas Canarias y Andalucía —que por población es la comunidad con más trabajadores pobres— son también las que encabezan el ránking negativo. La mayor proporción de asalariados con más poder adquisitivo se encuentra en Ceuta y Melilla, aunque Madrid y País Vasco son las comunidades con mayor número de trabajadores en los deciles superiores.

Devaluación salarial

Tomando 2006 como año de referencia, los salarios de los deciles más bajos se encuentran un 2,1% peor que en aquel año. Hace una década comenzó la deriva negativa, que contrasta con el incremento de los deciles altos y la media de salarios.

Adrián Rial, economista especializado en productividad de la Universidad Complutense, define como un fuerte debate las dos visiones enfrentadas sobre la devaluación salarial como una clave para la recuperación económica: “La visión convencional es que esta contención salarial permitió que las empresas redujesen costes, lo cual limitó la expulsión de empresas del mercado y puso en marcha la nueva fase expansiva al impulsar los beneficios, la inversión y las exportaciones”.

“Por el contrario, otros economistas enfatizan la doble naturaleza del salario: este no es solo un coste para las empresas, sino que también es fuente de demanda. De esta manera, desde esta posición se sostiene, en primer lugar, en que la contención salarial frenó la expansión de la demanda y del empleo y, en segundo, que no impulsó las exportaciones porque las empresas no trasladaron a los precios de exportación la contención salarial”, añade.

Para Rial, las medidas más eficaces para mejorar las condiciones de los trabajadores de los tres deciles más desfavorecidos, “en el medio y largo plazo pasarían por intentar resolver el gran problema de la economía española: el estancamiento de la productividad. Otras medidas como combatir el fraude de ley en la utilización de formas de empleo atípico también podrían ser bastante útiles para mejorar las condiciones de estos colectivos”.

La respuesta más repetida es “regular”. La pregunta “¿Cómo calificaría Ud. su situación económica personal en la actualidad: muy buena, buena, regular, mala o muy mala?”. La mitad de la población —según el último CIS— considera su situación “regular” y hay más personas satisfechas, un 28% que descontentas o preocupadas, 20,4. La población, no obstante, cree que la situación económica ha empeorado respecto a octubre de 2017, sin embargo, un 17% cree que 2019 traerá una mejora económica. Uno de cada diez habitantes piensa que la economía empeorará en el próximo año electoral.
Salario mínimo

El 11 de octubre, el Gobierno de Pedro Sánchez y Unidos Podemos anunciaban una serie de acuerdos para los Presupuestos Generales del Estado. La medida estrella se anunciaba como un incremento del salario mínimo interprofesional (SMI) de 164 euros mensuales sobre el actual, hasta alcanzar los 900 en catorce pagas en 2019. En dicho acuerdo se especificaba además que el impacto presupuestario para el Estado rondará los 340 millones de euros.

Inicialmente predispuesta al plan enviado por el Gobierno de Sánchez a Bruselas, el mismo 8 de octubre, la Comisión Europea advertía que la subida del SMI prevista para enero de 2019 puede alterar el mercado de trabajo con un descenso de 70.000 puestos de trabajo.

¿Es matemática la fórmula más salarios igual menos empleos? Adrián Rial responde que no lo es: “El signo y la magnitud de esa relación dependen del contexto, con lo que el impacto de la subida del SMI sobre el empleo es ambiguo. Por un lado, podría argumentarse que la subida del SMI puede desacelerar la contratación de nuevos empleados, expulsar a empresas poco competitivas del mercado o impulsar la economía sumergida.

Por esta vía la subida del SMI afectaría negativamente a la demanda y al empleo. Por otro lado, el incremento del SMI aumenta el ingreso de aquellos trabajadores que no ven afectadas sus horas de trabajo, impulsando la demanda y el empleo. Por consiguiente, el efecto neto sobre demanda y empleo depende de cuál de estos efectos prevalezca”. Así, concluye Adrián Rial, es posible que el efecto neto de la subida anunciada “no sea significativo” tras el anuncio del pasado 11 de octubre.

(Fuente: El Salto / Autora: Ana Álvarez y Pablo Elorduy)

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