14 de noviembre: 43º aniversario del Acuerdo Tripartito que escenificó el pacto entre Hassan II y Juan Carlos I que decidió el futuro saharaui

En estos días se cumplen 43 años del inicio de la Marcha Verde, que supuso la invasión marroquí a los territorios del Sahara Occidental, el 6 de noviembre de 1975, y de las posteriores conversaciones que dieron lugar a los llamados Acuerdos Tripartitos, del 14 de ese mismo mes, mediante los que El Reino de España cedía ilegalmente el Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, compañero de viaje del expansionismo territorial alauita que ampliaba así sus dominios costeros.

El 6 de noviembre de 1975 el ejército marroquí, parapetado tras decena de miles de civiles, penetraba en territorio saharaui. La conocida como Marcha Verde fue la jugada política de la monarquía feudal marroquí que se llevó a cabo con el propósito de ocupar el Sahara Occidental. Marruecos envió a unos 350.000 civiles y 25.000 soldados para invadir el que por entonces aún era territorio español, oficialmente una provincia más, incluso con representación en las Cortes. Pero siempre se ha sospechado, y desde hace poco documentos desclasificados de la CIA lo han confirmado, que tras aquella marcha no sólo estaba el gobierno marroquí sino igualmente el español.

El entonces Príncipe de España, Juan Carlos, nombrado como su sucesor por el Dictador, asumía en funciones la Jefatura de Estado ante la debilidad física de Franco, y las agresivas actitudes y reivindicaciones marroquíes sobre el Sahara Occidental, poniéndose a la cabeza del Estado para hacer frente a las mismas, según la versión oficial. “Se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intacto su prestigio y su honor”, afirmó el príncipe Juan Carlos en una visita a El Aaiún en vísperas de los acontecimientos, el 2 de noviembre, aparentando hipócritamente fortaleza y determinación cuando, en realidad, como diría el Dictador, también en este aspecto del futuro ya todo estaba previamente “atado y bien atado”.

(Juan Carlos en el Sahara Occidental el 2 de noviembre)

Documentos de la CIA desclasificados hace poco más de un año en EE.UU. detallan que el papel del actual “rey emérito” no se limitó a mediar para resolver un conflicto que terminó con la retirada del Sáhara del Ejército español. Al menos, eso le confesó entonces el príncipe Juan Carlos al embajador de EE.UU., Wells Stabller: “Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sáhara español y que permanecerán un corto periodo de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas”.

Dicho informe de la agencia de inteligencia estadounidense continúa con más detalles de los pactos secretos para celebrar la Marcha Verde: “El príncipe ha añadido que delegación representativa de unos 50 marroquíes tendrán permitido entrar en la capital territorial de El Aaiún”.

El documento está fechado el 6 de noviembre de 1975, el mismo día en el que arrancó la invasión. “La zona en la que no está prevista que caminen los manifestantes está claramente marcada como campos de minas. Juan Carlos dijo que las fuerzas españolas usarán cualquier medio a su disposición para evitar que los marroquíes crucen esta línea”. “Una vez que los manifestantes crucen la frontera, la situación puede descontrolarse fácilmente”, esgrime el documento, incluido en el Boletín de Inteligencia Nacional, que también habla de los movimientos del Frente Polisario. “Algunos de sus miembros están en el área que ya han abandonado las tropas españolas”, detalla. “Casi con total seguridad intentarán atacar a los manifestantes” el añadió.

Con el pretexto de la “sorpresa” que les supuso la Marcha verde así como el evitar un baño de sangre ante el hecho consumado de que ésta ya había sobrepasado la frontera saharaui y sólo una intervención armada podría hacerla retroceder, el último gobierno de la Dictadura, dirigido por Arias Navarro y presidido por Juan Carlos, se apresto a llamar a conversaciones a los invasores.

Además de que, como ahora sabemos por los papeles de la CIA, la marcha verde no fue más que un paripé justificativo, ideado por Juan Carlos y Hassan II para salvaguardar las apariencias, argüir tal “sorpresa” era absurdo, puesto que el propio  Hasán II la había  anunciado públicamente el 16 de octubre de 1975, tres semanas antes, tras conocerse el informe de la misión de visita enviada por las Naciones Unidas al territorio en el mes de mayo, primero, y el dictamen del Tribunal Internacional de Justicia después, contrarios ambos a las pretensiones imperialistas marroquíes y partidarios de la autodeterminación saharaui.

(Firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid)

El 14 de noviembre de 1975 se consuma la traición. Ese día se firma en Madrid los acuerdos por el que el último gobierno franquista decidió la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos y a Mauritania, aunque en el mismo se hablase sólo de constituir una Administración temporal conjunta “en la que participarán Marruecos y Mauritania en colaboración con la Yemaá (la asamblea de notables locales) y a la cual serán transmitidas las responsabilidades y poderes”, razón por la que son conocidos como Acuerdos Tripartitos o Acuerdos de Madrid, aunque su denominación oficial es la de“Declaración de principios entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sahara Occidental”. En el colmo de la hipocresía, en el texto se afirmaba igualmente que dicha administración  declaraban que sería “respetada la opinión de la población saharaui, expresada a través de la Yemaá”.

Con la firma de dichos acuerdos, España no solo dejaba de cumplir con su papel jurídico, como potencia colonizadora, según el derecho internacional, de facilitar la autodeterminación de un “territorio bajo su administración”, sino que entregaba al “noble pueblo saharaui”, como paternalistamente era denominado por el régimen, en manos de unos países vecinos decididos a anular su identidad y a anexionarse el territorio por la fuerza. En el sumun del cinismo, el gobierno declaraba que a través de estos acuerdos España ratificaba su resolución “de descolonizar el territorio del Sahara occidental poniendo término a las responsabilidades y poderes que tiene sobre dicho territorio como Potencia Administradora”.

Los acuerdos de Madrid constaban de una declaración de principios para justificar e instrumentar la entrega del territorio a Marruecos y a Mauritania, pero también además, de unos acuerdos-marco en materia de pesca y de “cooperación económico-industrial”, O sea de explotación conjunta de los recursos saharauis. Estos últimos constituían el pago a España por la entrega del Sahara.

El último Jefe de Estado de la Dictadura y primero de su continuidad pseuodemocrática, Juan Carlos de Borbón, comenzaría pocos días después su reinado impuesto por Franco, traicionando al pueblo saharaui y realizando su primer “negocio de Estado”, la venta a la marroquí Office Chérifien des Phosphates de la mayor parte del capital de Fosbucraa S.A., la empresa del conjunto estatal  de empresas públicas conocido como Instituto Nacional de Industria (INI) que ya había comenzado a explotar las grandes reservas de fosfatos del Sáhara unos años antes.

Paco Campos para La Otra Andalucía

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