Brasil: Comienza la represión. Leyes contra el MST y el comunismo. Bolsonaro avisa, “o los de izquierdas se van del país o irán a prisión”

El pasado 15 de octubre, el gobierno de Michel Temer aprobaba el Decreto presidencial Nº 9.527, que acaba de ser sancionado, por el que autoriza “la creación de una Fuerza de Tareas de Inteligencia para enfrentar al crimen organizado en Brasil”.

El presidente electo, Jair Bolsonaro, elegido por 57,8 millones de personas representa el creciente apoyo al conservadurismo, el protagonismo de valores religiosos, el encarcelamiento y la represión como mecanismos de su gobierno.

Durante su campaña, el candidato logró imponerse con su discurso de odio y su referencia a la dictadura militar, lo que nos lleva a asociar esta medida con la de los Destacamentos de Operación Interna (DOI) y los Centros de Operaciones y Defensa Interna (CODI) que fueron creadas en la dictadura militar que gobernó el país desde de 1964 hasta 1985.

Estos destacamentos se ocupaban de controlar la información y reprimir a los opositores al régimen en Brasil, entre ellos movimientos estudiantiles, colectivos sociales, investigadores y resto de opositores.

El actual decreto Nº 9.527 afirma en su artículo primero que la fuerza de tareas tiene el objetivo de “enfrentarse al crimen organizado en Brasil, teniendo la competencia de analizar y compartir datos y generar informes de inteligencia, con el objetivo de servir de base a políticas públicas y a la acción del gobierno, en el enfrentamiento a organizaciones criminales que atacan al estado brasileño y a sus instituciones”, pero el mismo no concreta a que denomina “organizaciones criminales” quedando así abierta la interpretación para la agencia de inteligencia militar.

Criminalizar el comunismo y movimientos sociales como el MST

El Senado brasileño, apenas un día tras las elecciones, realizó una consulta a través de la disposición SUG 2/2018: “¿Vd. está a favor o en contra de criminalizar al Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), al Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST), y otros movimientos llamados sociales, que invaden propiedades?”.

Al mismo tiempo, la Cámara de Diputados acepta deliberar sobre el proyecto de ley Nº 5358/16, presentado por el hijo del presidente electo, Eduardo Bolsonaro. El proyecto propone la criminalización de la apología del comunismo.

Bolsonaro ya anunció con anterioridad su intención de “borrar a los marginales rojos”, así como el fomento a la lucha de clases e incluye el castigo con reclusión (de dos a cinco años) y multa, a quien elabore, comercialice o difunda símbolos de propaganda que utilicen la hoz y el martillo, o cualquier otro medio de divulgación favorable al comunismo.

Por su parte, la diputada Ana Carolina Campagnolo, del partido de Bolsonaro (PSL) suma a esta situación en Brasil la presentación de una propuesta que pide que se permita que los estudiantes puedan denunciar a los profesores que expresen opiniones críticas sobre el presidente electo.

“O los de izquierdas se van del país o irán a prisión”

Estas primeras actuaciones de Bolsonaro y la ultraderecha no resultan sorpresivas para los brasileños. El propio Bolsonaro ya advirtió cuál sería su actitud con respecto a la oposición político-social antes, durante y tras finalizada la campaña electoral, y de hecho y son miles de brasileños ya se planteaban antes dejar su país en busca de mejores oportunidades. La victoria del ultraderechista ha terminado de convencerles de que es lo mejor para ellos.

“No podemos continuar flirteando con el socialismo, con el comunismo y con el extremismo de izquierdas”, afirmó el futuro presidente de Brasil en su primer discurso tras los resultados. Mientras tanto, sus electores congregados frente a su residencia gritaban “Mito”, el apodo que le dan los seguidores, con sus esperanzas de cambio para un país que a partir del 1 de enero estará gobernado por la extrema derecha.

A los opositores, Bolsonaro les recomendó el exilio o la prisión. “Esos marginales de izquierdas serán expulsados de nuestra patria. Esta patria es nuestra, no de esa pandilla de la bandera roja y cabeza lavada”, declaró hace poco más de una semana este político. “Será una limpieza nunca vista en la historia de Brasil”, añadió.

Para Matías Ferreira —nombre ficticio, porque el entrevistado pidió anonimato por miedo a las represalias—, su principal proyecto de vida ahora es la migración. “Salir de Brasil es mi única opción ahora para sobrevivir”, afirma este investigador de filosofía que desde que vio el ascenso de la extrema derecha en la primera vuelta de las elecciones decidió poner la quinta marcha para terminar cuanto antes su doctorado y abandonar el país.

“Bolsonaro va a acabar con la investigación universitaria, no me veo futuro en este país, donde además él ya está estimulando una persecución política a la oposición”, explica Ferreira, que desde hace unas semanas está buscando una opción de posdoctorado para poder mudarse el año que viene a Reino Unido o Canadá, y afirma que muchos de sus compañeros también consideran migrar una opción probable.

Este futuro doctor en filosofía política considera que internet ha abierto un espacio de discurso político todavía inmaduro donde nacen nuevas técnicas de manipulación a través de WhatsApp y con influencias de empresas extranjeras como Cambridge Analytica.

En su análisis sobre el futuro político de Brasil, considera que la extrema derecha puede provocar un aumento de la violencia urbana, un recorte de gastos públicos y una destrucción de los mecanismos de distribución de renta. “Dentro de mi grupo de investigación en política, filosofía y economía, las previsiones son de un posible aumento de las desigualdades y un colapso económico, porque el PSL quiere aplicar un proyecto neoliberal y sin consistencia en sus propuestas de gobierno”, explica Ferreira.

“Crónica de una muerte anunciada”

No hacía falta tan siquiera que Bolsonaro hablase de exilio para que muchas personas comenzasen a pensar en la vía migratoria como una apuesta de futuro. Julián Sánchez y Cecilia Porto, una pareja argentino-brasileña que vive en una pequeña ciudad del interior de Minas Gerais, ya están decidiendo qué ciudad podría acogerles. Para ellos, la victoria de la extrema derecha representa “el fin de un proceso de descalificación de la cultura y del conocimiento, así como el triunfo absoluto de las leyes de mercado”. A pesar de que ambos poseen trabajos estables —Sánchez como investigador en arqueología y Porto como profesora de historia— y gestionan un pequeño bar que, tras muchos esfuerzos, comienza a dar sus frutos, no les importa migrar y trabajar en cualquier otro sector.

“Buscamos un país democrático que tenga un Estado de bienestar preservado y que nos permita crecer como seres humanos”, explica Sanchez, que hace ocho años salió de Argentina en busca de un futuro más estable en el país vecino, donde encontró a su actual compañera. Ahora, para él, una nueva migración puede ser inminente, pero explica estar menos angustiado que hace unas semanas, cuando comenzó a asumir el ascenso de Bolsonaro. “Esto era la crónica de una muerte anunciada”, afirma.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil estimó en 2016 que hay entre dos y tres millones de brasileños residiendo en el extranjero, con Estados Unidos como primer destino seguido de Japón, Portugal, Italia y España. La crisis económica de Brasil, junto con los altos índices de violencia, es el principal argumento de quienes deciden irse a otro país. Al 62% de los jóvenes entre 16 y 24 años le gustaría migrar, de acuerdo con una investigación Datafolha publicada en junio de este año.

También los medios amenazados

También los medios críticos son objetivos de Bolsonaro. Para el presidente electo de Brasil, no es suficiente con atacar a los medios de prensa críticos casi a diario en las redes sociales. Cuando asuma el cargo, su intención será lograr su objetivo final.

Ahora que tendrá 500 millones de dólares en los presupuestos de publicidad para el sector público a su discreción, el capitán en retiro del ejército amenaza con recortar la compra de anuncios en los grupos de medios adversarios, con lo que ataca los fundamentos financieros de la prensa libre de Brasil.

Después de una campaña en la que Bolsonaro rechazó los reportajes de investigación y los tachó de noticias falsas, inventadas por un sistema corrupto, y en la que sus partidarios persiguieron a periodistas, las amenazas comienzan a preocupar en las salas de redacción del país.

Cuando le preguntaron en una entrevista televisiva la semana pasada si respetaría la libertad de prensa incluso para su mayor crítico, Folha de Sao Paulo, el diario de mayor circulación de Brasil, la respuesta de Bolsonaro fue breve. “Ese diario se acabó”, sostuvo en una tensa entrevista para TV Globo. En lo que a mí concierne con la publicidad oficial, la prensa que actúa así, mintiendo descaradamente, no tendrá ningún apoyo del gobierno federal.

Aunque los fondos públicos son sólo una fracción de los ingresos en la mayoría de los principales grupos de medios, la perspectiva de un presidente castigando la cobertura hostil ha puesto a muchos reporteros al límite. Varios periodistas experimentados que trabajan para las empresas informativas más importantes de Brasil dijeron a Reuters que han empezado a suavizar sus críticas por temor a las represalias de un gobierno de Bolsonaro y a la violencia de sus simpatizantes.

 

(Fuentes: LibreRed / El Confidencial / Prensa Oaxaca)

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