Transfeminismos en rebeldía: 60.000 mujeres diversas y disidentes en la Argentina se dan cita en el 33º Encuentro Nacional de Mujeres

Entre trenzas para el viento, crestas verdes, brillantinas, carmines y torsos desnudos vuelan polleras, chándals, pañuelos, pinturas y tambores de guerra. Olor a hierbas y cocina popular, sonido de kultrun y trutruka con murmuros y gritos. Estamos en Trelew, por tres días la ciudad de las mujeres: un lugar en medio de la patagonia, sur de sures, territorio de ballenas, guanacos y coirones es la sede del 33 Encuentro nacional de mujeres, que tuvo lugar entre el 13 y el 15 de octubre. Un acontecimiento que cada año se desarrolla en algún punto de la geografía argentina.

Mochila, saco de dormir, tienda de campaña y mucho mate para cebar alegrías son parte de los útiles comunes de estos viajes. Cientos, en algunos casos miles de kilómetros por recorrer. Pibas del secundario que se organizan para ir, agrupaciones villeras, colectivas trans y lesbianas, sindicatos, centros culturales, radios comunitarias y múltiples etcéteras, todas se dan cita en la ciudad chubutense, otrora centro de detención y ejecución de militantes políticos.

Nuestro autobús de línea sale de estación Retiro, Buenos Aires, frontera con la Villa 31. Nos esperan veinte horas de viaje. Pero no estamos solas: los asientos al completo están llenos de mujeres hacia el mismo destino. Dormimos, charlamos y cuidamos a les bebes entre todas. Cuando el sol empieza a calentar vamos despertando. Nos paran en un control que comienza fitosanitario y termina siendo de narcóticos. Nos retienen por una hora. Después nos dirigen a otro donde sacaremos nuestras mochilas para que sean olfateadas por perros y revisadas en el escáner. Tras varias horas de incertidumbre logramos reanudar la marcha hacia Trelew. A nuestras espaldas quedan todavía detenidos cuatro autobuses de mujeres.

A pesar de la campaña de desprestigio llevada a cabo por medios locales y nacionales, de los dispositivos de control, requisas e impedimentos en la llegada de cientos de vehículos colectivos; a pesar de las represiones y las detenciones, el encuentro se materializa del 13 al 15 de octubre. De camino a Trelew, escuchamos corear entre buses: “¡queeé momento, queeé momento, a pesar de todo nos hicimos el encuentro!”.

Llegamos con tres horas de retraso. Ya arrancaron más de 70 talleres y actividades culturales. Se discute, se debate y se propone, pero sobre todo se comparte. Compartimos experiencias, vivencias, problemáticas, conflictos e inventamos modos de hacer. Los desafíos del autodenominado movimiento de mujeres son muchos; algunos de los platos fuertes de este año son: la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito; ampliar el tejido de organización barrial en temáticas de interseccionalidad, educación, salud, comunicación, trabajo o vivienda; armar redes de apoyo a nivel internacional y la necesidad de acompañar mejor las diversidades étnicas, sexuales y de género dentro del movimiento.

“Queremos un encuentro donde las diferentes subjetividades sean igual de importantes para el movimiento feminista”, escuchamos. “Estoy muy contenta de que cada vez haya más espacios donde la gente no viene a hablar de los problemas de nuestros barrios, sino que venimos nosotras mismas con nuestra voz a hablar de lo que nos pasa”, dice una vocera de La Garganta Poderosa. Y esto no tarda en llegar: el sábado a la tarde marchamos para repudiar y condenar los travesticidios y transfemicidios, la convocatoria más importante en la trayectoria del movimiento. Sin ellas, no hay Ni una menos. Repensando las propias palabras del Encuentro Nacional de Mujeres, se plantea que la junta del próximo año se nombre plurinacional y transfeminista.

Por tres días las calles están tomadas por cuerpos en primera línea de batalla. Cuerpos y rostros diversos, coloridos, mestizos, originarios, migrantes. Trelew se convierte en una manifestación festiva en el solo deambular de las mujeres por la ciudad. Un lugar para nosotras donde el cuidado, el respeto y la sororidad marcan la entrada al baño, la vuelta a casa, el alojamiento solidario, el ubicarse y el perderse. Este encuentro, más allá de las actividades previstas, más allá de los talleres y las fiestas, es un lugar de expresiones diversas, una algarabía de distintas. Un ritual de color y purpurina, metáfora de transformación afirmativa y alegre. Los cuerpos se preparan para volverse otros: se maquillan, visten o desvisten entre sí, las energías vibran en un trance de resistencia y creación. Gritamos, “¡Y ahora que estamos juntas y ahora que sí nos ven, que sí nos ven, abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer!”.

Bajamos por la calle San Martín acompañadas por miles de mujeres y nos dirigimos al punto de inicio de la manifestación. No hay pérdida, desde más de cuatro cuadras las vemos. Suenan bocinas, megáfonos, cantos, pitos, gritos. Las pancartas agitan el cielo de Trelew. Es la manifestación más grande que han visto sus calles, y además, esta vez, es toda de nosotras. Vecinas de esta ciudad del sur argentino se acomodan en sus ventanas, muchas ondean el pañuelo verde del aborto legal, otras bajan a la calle a ver pasar las ‘hordas tribales’. Algunos hombres nos miran con asombro, otros con enfado, algunos espían asomando la nariz, otros venden choripanes o cervezas.

Tambores y cantos, bengalas, grafitis y afiches marcan el paso. La energía es tal que no sabemos qué sentir. La emoción nos invade: nos miramos y vamos adelante. Las agrupaciones están vestidas con indumentaria para todos los gustos: pasamontañas, palestinas, pelucas rosas, camisetas rojas, moradas, azules, torsos desnudos, máscaras. Cada columna está organizada por un cordón de cuidado que se dispone con pulcritud festiva.

La manifestación va avanzando por sus cinco kilómetros previstos. Doblamos la esquina y encontramos una mujer desnuda, quieta y agitando un cascabel como invocando un cuidado cósmico. Más adelante nos espera una imagen que nos sobrecoge: la marcha inunda una subida de diez cuadras en medio de la villa. Emoción, lágrimas y gritos de cada grupo al alcanzar esa vista. Nos sorprendemos de tantas que somos, de haberlo logrado, de sentir una lucha ancestral que, nos dicen, sale de la guata. De saber que somos, como cantamos, “las nietas de las brujas que no pudieron quemar”. Como una bocanada de aire, un pie seguro clavado en la tierra, una voz coral y un pulso al tiempo. Y resuena, “¡Se cuidan los machistas, América Latina va a ser toda feminista!”.

El Encuentro Nacional de Mujeres es uno de los mejores ejemplos de articulación política en un país que enfrenta una de las épocas más regresivas de los últimos tiempos. El movimiento feminista argentino no solo marca la agenda de los movimientos en América Latina sino que se posiciona como referente a nivel mundial.

Hoy más que nunca, con el fascismo empujando nuestras puertas y el avance de las políticas neoliberales en la región, la organización de las mujeres se vuelve indispensable. Quizá, como fue hablado en alguno de los talleres, toca replantearnos las cargas —íntimas, colectivas— que asumimos arreglando las consecuencias de un pasado sin nosotras.

Perdimos mucho antes de encontrarnos. Es hora ya.

(Fuente: El Salto / Autoras: Verónica francés y Andrea Ana Gálvez)

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