Córdoba: “Es duro ver cómo la gente pasa hambre en la tierra más fértil de Andalucía”

La llamada crisis de la naranja en el pueblo cordobés de Palma del Río y su comarca ha dejado a sus vecinos en una más que complicada situación laboral y social. “Si no se respeta el convenio agrícola en las peonadas, vamos a volver a las condiciones que tenían nuestros padres hace cincuenta años”.

José Parra tiene 55 años y lleva toda la vida recogiendo la naranja en su pueblo natal. “Desde chico llevo trabajando la tierra. A los once años gané mi primer jornal”. Incluso en las malas cosechas, José siempre había podido sellar su cartilla del paro agrícola, pero ahora resulta imposible llegar a las 35 peonadas -que dan derecho a cobrar el subsidio agrario- con la mano de obra que llega de fuera. “La competencia con las cuadrillas hace que solo se pueda trabajar dos días a la semana y no llegamos a ganar ni 400 euros al mes”, apunta este jornalero. Por ello, casi la totalidad del pueblo está con el agua al cuello. “Primero las facturas, luego la comida. Eso, siempre”.

Parra no solo labra la tierra, también es el secretario del sindicato CTA en la Comarca del Bajo Guadalquivir. “Hemos puesto más de 200 denuncias porque en la mayoría de los casos no dan de alta a los trabajadores agrícolas en Palma, no les sellan la peonada y no pueden llegar a cobrar el paro cuando no hay trabajo ni cosechas”.

El convenio actual de los cítricos, firmado en el año 2013 por ASAJA y UGT, estipula el jornal diario en 47,54 euros brutos, quitando de media unos cinco euros de rebaja por el IRPF, por una jornada de seis horas y media. “Las cuadrillas de sin papeles de rumanos, búlgaros y africanos trabajan por menos de la mitad, llegando a cobrar por peonada 20 euros sin estar dados de alta en la Seguridad Social”, explica Parra.

 

NI BEBER AGUA EN JORNADAS DE SOL A SOL

El sindicato CTA (Coordinadora de Trabajadores de Andalucía)  relata cómo esta mano de obra explotada e ilegal amenaza de manera grave la situación y condiciones de los jornaleros en los diecisiete municipios del Valle del Guadalquivir donde hay campos de naranja. “Cuando hablamos con estas cuadrillas de rumanos, nos cuentan que algunos agricultores no les dejan beber agua ni fumarse ni un cigarro cuando lo necesitan, ni parar para poder hacer su trabajo como personas”, aclara Parra. Jornadas de sol a sol con doce horas en el campo y sin estar dados de alta en el régimen agrario. “La última denuncia nos llegó era de una cuadrilla de cincuenta rumanos que llegaron a cobrar menos de dos euros la hora y luego al no haber contrato, el propietario se negó a pagar gran parte de los sueldos”, denuncia.

Desde CTA presionan para que haya más inspecciones de trabajo, pero no es fácil: “Muchos inspectores nos dicen que no tienen medios ni recursos para ir en coche hasta allí y hay una dejadez absoluta por parte del Gobierno para hacer que se cumpla el convenio, que solo respetamos algunos jornaleros que no renunciamos a nuestros derechos”.

 

PLANES MUNICIPALES DE EMPLEO

José Antonio Ruiz Almenara, alcalde de Palma del Río (PSOE), ha relatado a Andalucesdiario.es que el presupuesto del Ayuntamiento para planes de empleo ha aumentado de “30.000 euros a 500.000 desde el inicio de la crisis para sensibilizarnos con nuestros vecinos y la situación que están pasando”. El compromiso se ha materializado también en una visita que ha hecho el alcalde a Bruselas para informar a representantes de la Unión Europea de la grave situación de los jornaleros en esta comarca del Guadalquivir. “Hemos creado planes de trabajo para la contratación durante 15 días, prestando servicios a la comunidad”.

Almenara señala que entre los trabajos a realizar se encuentra pintar fachadas de colegios, pasos de peatones, limpieza de calles, etc. El coste del peón por esos trabajos de quince días asciende por parte del consistorio a 718 euros y si hablamos del trabajo, por ejemplo, de un oficial de albañilería durante un mes la cifra asciende ya a 1.757 euros, en otro de los planes de ayuda. Almenara destaca así que “se garantiza el sustento básico de las familias que lo están pasando tan mal con la subida del paro” y rozan el riesgo de exclusión social.

“En la tierra más fértil de Andalucía es duro ver cómo la gente pasa hambre”, destaca el sindicalista Parra después de toda una vida entre los naranjos. A una década de su jubilación, prefiere no plantearse el futuro: “He cotizado lo máximo muchos años de mi vida, pero al final solo cuentan los últimos quince, así que me va a quedar una pensión que no va a llegar ni a los 500 euros”, aclara.

 

UN PARO QUE TAMBIÉN AFECTA A LAS MUJERES

Parra no quiere dejar de lado la situación de las mujeres. El paro femenino ha aumentado con el cierre de muchos almacenes desde que la agroindustria valenciana compra gran parte de esta producción, sin hacer la selección previa que se hacía antes de la naranja desde el pueblo. “La selección y clasificación ya no la hacemos desde nuestros almacenes y muchas de las mujeres de este pueblo y de lo más cercanos también han perdido este sustento”, señala Parra.

“Buscamos solo justicia social y que se respete el convenio de una vez para todos, no solo para los de aquí”. Parra espera que la renovación del nuevo convenio a finales de año permita que la ley llegue hasta la tierra, para que el que la trabaja y la conoce y lleva labrándola toda una vida.

(Fuente: andaluces.es / Autora: María Serrano)

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