Para las mujeres que viven en los campos de refugiados situados en territorio de Grecia, hasta las duchas se han vuelto inseguras

Muchas de las mujeres que viven en los campos de refugiados en Grecia no se atreven a salir de noche o a utilizar las duchas. Además, muchas mujeres embarazadas se ven obligadas a dormir en el suelo en condiciones insalubres. Así lo ha denunciado hoy Amnistía Internacional.

Más de la mitad de los refugiados y migrantes que llegan a Grecia son mujeres y niños, según datos de ACNUR, la agencia para los refugiados de las Naciones Unidas. Las cifras de los recién llegados son pequeñas comparadas con las de 2015. Sin embargo, la lentitud de los procedimientos de asilo significa que miles de demandantes se encuentran atrapados en campos hacinados en unas pocas islas.

Según el último informe de Amnistía Internacional, incluso actividades de la vida diaria como ducharse se han vuelto peligrosas para mujeres y niñas. La ausencia de canalización y de agua potable, así como las corrientes de aguas residuales sin tratar y las plagas de ratones, se han vuelto fenómenos comunes.

“El agua de la ducha sale fría y no hay cerrojo. Los hombres entran mientras tú estás dentro. En los baños no hay luz,” explicó una mujer de la República Democrática del Congo, cuyo nombre es citado como Adele. “Por las noches, a veces voy al baño con mi hermana, o si no orino en un cubo,” agregó la mujer, que llegó a la isla de Samos en diciembre.

Algunas demandantes de asilo embarazadas explicaron a Amnistía Internacional que se veían obligadas a dormir en el suelo y que apenas tenían acceso a servicios médicos prenatales. Otras mujeres se gastaban su escaso dinero en efectivo en comprar compresas.

“Todo está sucio. Es imposible mantenerse limpia, y cuando tienes la regla es muy complicado,” lamentó Adele.

Algunas de las islas griegas están tan colapsadas que están operando al doble de su capacidad, según los últimos datos del Gobierno. Para aliviar ligeramente la situación, las autoridades han comenzado a trasladar a cientos de refugiados a tierra firme.

“Nos sentimos totalmente olvidadas. Algunas de nosotras hemos estado en este campo desde hace dos años, y nada ha cambiado. No sabemos lo que nos va a pasar,” denunció una mujer yazidí procedente de Irak que vive en el campo de Skaramagás, cerca de Atenas.

Algunas organizaciones por los derechos humanos han informado de que en el campo han entrado traficantes y otras personas armadas.

“El enorme fracaso de los gobiernos europeos a la hora de abrir rutas seguras y legítimas para los refugiados que huyen de la guerra pone a mujeres y niñas en peligro de sufrir abusos,” dijo el Secretario General de Amnistía Internacional Kumi Naidoo, que visitó la isla de Lesbos el jueves.

Amnistía Internacional insta a Grecia a proteger a las mujeres refugiadas

La organización pro-derechos humanos Amnistía Internacional presentó el pasado sábado una lista con diez puntos para evitar los abusos a mujeres y niños en los campos de refugiados en Grecia.

En su informe, Amnistía denuncia que muchas de estas mujeres y niñas han huido de la persecución y de la violencia –en ocasiones, sexual- en su país, albergando la esperanza de un futuro mejor en Europa.

El informe, titulado “Quiero decidir mi futuro: Las mujeres desplazadas en Grecia se hacen oír”, destaca las míseras condiciones y los peligros a los que se enfrentan mujeres y niñas en los campos de refugiados.

El documento incluye entrevistas con más de 100 mujeres residentes tanto en campos de refugiados como en apartamentos, en la periferia de Atenas y en las islas griegas. En base a los testimonios recogidos, Amnistía anuncia 10 medidas concretas que ayudarían a eliminar los abusos experimentados por las mujeres refugiadas.

El sufrimiento de estas mujeres no termina cuando llegan a las costas de Europa. La mayoría se ven atrapadas en los campos hacinados e insalubres de las islas, donde están expuestas a peligros que incluyen el acoso y la violencia sexuales. Más del 60% de los recién llegados a Grecia en 2018 son mujeres y niños.

“El hacinamiento en los campos se ha convertido en una crisis. Más de 15.000 personas viven en cinco “hotspots” en las islas que tienen capacidad para 6.400 personas. Miles de personas con necesidades especiales, entre ellas bebés y discapacitados, se ven forzadas a vivir en tiendas de campaña en las inmediaciones de los campos. La falta de cerrojos en los baños y la mala iluminación hacen que actividades de la vida diaria como usar el servicio, darse una ducha o caminar de noche sean más peligrosas para las mujeres y las niñas,” denuncia el informe.

“Hay cerca de 45.500 migrantes que viven en centros urbanos y en los campos de Grecia continental. Las condiciones de vida en los campos de Grecia continental siguen siendo malas. Los tres campos que habían cerrado dado que no cumplían con estándares humanitarios han sido abiertos de nuevo, con la justificación de que no había otro espacio en el que alojar refugiados, sin que hubiera ninguna mejora significativa de las condiciones,” añade el documento.

“El hecho de que los gobiernos europeos han evitado de momento proporcionar una vía de pasaje segura y legal a los refugiados que huyen de la guerra también incrementa el peligro de que mujeres y niñas se vean sometidas a terribles abusos,” señaló por su parte del secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo.

Los 10 puntos para poner fin a los abusos

1   Alojamiento adecuado

2   Poner fin al confinamiento en las islas

3   Proteger a las mujeres que están en riesgo de sufrir violencia

4   Más mujeres intérpretes y más personal femenino

5   Acceso a la información

6   Acceso complete a todos los servicios

7   Espacios seguros solo para mujeres

8   Oportunidades para ganarse la vida

9   Bienvenida de los refugiados

10 Participación integral

(Fuente: Monitor de Oriente)

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