El plan del gobierno ultraderechista para crear “nuevos polacos”: Alumnos “obedientes como ovejas, xenófobos, racistas y sin imaginación”

Como cada año, comienza un nuevo curso y en cada escuela pública polaca tiene lugar una solemne ceremonia a la que asisten todos los padres y alumnos. El ritual de bienvenida incluye un homenaje a la bandera, cantar el himno nacional y, durante los últimos años, una exaltación del patriotismo y el martirologio nacional. En una escuela primaria de Cracovia, la directora pronuncia un discurso recordando a los héroes de la Segunda Guerra Mundial, los “oscuros años del comunismo” y menciona las palabras “tradición” y “patria” varias veces. A continuación, una niña con uniforme paramilitar canta a capella una emotiva canción sobre el levantamiento de Varsovia mientras se proyectan diapositivas de la ocupación nazi y de ciudades en ruinas.

No falta detalle: Un delegado del Instituto de la Memoria nacional entrega a cada alumno una bolsita donde hay una banda magnética con los colores de la bandera y un pin metálico de la resistencia polaca entre otros objetos. Durante el curso, algunas clases viajarán al cementerio -en horas lectivas- para limpiar las tumbas de héroes de guerra. Los que lo deseen podrán recibir entrenamiento paramilitar con el Ejército. Es parte de la formación de los “nuevos polacos” que quiere crear el gobierno de este país.

Con una inversión por alumno que es la mitad que en España, el informe PISA (una referencia mundial en educación) colocaba hace pocos años a Polonia entre los cinco mejores países de Europa y los diez mejores del mundo por sus brillantes resultados. A pesar de ello, el gobierno ha puesto en marcha una reforma que ha movilizado en su contra a más de un millón de personas y que ha sido calificada de desastrosa, apresurada y orientada a la creación de alumnos “obedientes como ovejas, xenófobos, racistas y sin imaginación”, según el PiS, el partido ultranacionalista en el poder desde hace dos años, es crear “un nuevo polaco”.

En una entrevista con El Confidencial, Sławomir Broniarz, presidente del Sindicato de Profesores de Polonia (ZNP), asegura que “el gobierno no solo ha cambiado el sistema escolar, el currículo y los libros de texto, sino también la manera en que se va a valorar el trabajo de los maestros y su proyección profesional. Ahora cada maestro será evaluado por ´la actitud patriótica´de sus estudiantes”. El cambio al que se refiere el señor Broniarz consiste en reducir en un año la duración de la enseñanza obligatoria, que pasa del sistema 6+3 (seis años de primaria y tres de secundaria) a solo 8, lo que califica como “una gran pérdida”. “En todo el mundo se extiende el periodo de enseñanza obligatoria y nosotros lo reducimos”, señala.

Con esta medida se eliminarán entre 9.000 y 10.000 puestos de trabajo para profesores y se cerrarán más de 5.000 escuelas, lo que ha puesto en pie de guerra a este gremio. El sueldo medio de un profesor polaco ronda los 500 euros, mucho menos de lo que cobra un trabajador de la construcción, por ejemplo, y una cifra llamativamente baja en el buen contexto económico que atraviesa Polonia desde hace años. “Hay escasez de maestros en las grandes ciudades, porque nadie quiere trabajar con un sueldo bajo y además aceptar la imposición de esta reforma”. Por su parte, los maestros se quejan no solo de las condiciones laborales sino también de los controvertidos cambios en libros de texto y programas curriculares que reducen las horas dedicadas a Historia Natural o Literatura en favor de la asignatura de Historia, que se ha convertido en un contenedor ideológico del programa político del gobierno.

Volver a “cristianizar Europa”

La reforma, que ha provocado las mayores manifestaciones de estudiantes en el país desde la era comunista, elimina las referencias a métodos anticonceptivos, iniciará la enseñanza de Historia con el primer rey polaco, en el el siglo X, en lugar de Grecia y Roma, se minimiza la figura de Lech Walesa, el premio Nobel de la Paz que disiente con el actual gobierno, y se magnifica la del papa Juan Pablo II. Según su Constitución, Polonia es una república laica, pero en casi todas las aulas del país se puede ver un crucifijo en la pared y en los pasillos se pueden ver paneles con estampas religiosas junto a lemas nacionalistas y fotografías bélicas. En los libros de texto se define al darwinismo como “una alternativa” al creacionismo y durante el curso se incluyen visitas a actos religiosos e incluso misas para los estudiantes.

“Es vergonzoso”, afiirma el presidente del Sindicato de profesores; “indigno de la Polonia del siglo XXI”. “La ministra Anna Zalewska está aplicando el programa político del PiS”. “Pone en peligro los buenos resultados que estábamos obteniendo, va contra toda lógica”. Este periódico intentó contactar con la ministra Zalewska pero no obtuvo respuesta. En declaraciones a medios polacos, la señora Zalewska ha dicho que su gobierno quiere “que los estudiantes valoren su lengua, cultura e historia en vez de seguir métodos educativos generalistas que se basan solo en pasar exámenes”. Hace poco se remitieron más de 900.000 firmas de padres de alumnos al ministerio para intentar frenar la reforma, y las movilizaciones tienen lugar regularmente en todas las grandes ciudades y universidades del país, pero el gobierno ha manifestado su determinación de seguir adelante con un proyecto que considera una pieza clave de su programa político.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, declaró al ser nombrado su deseo de “re-cristianizar Europa” y el Presidente Andrzej Duda asistió el año pasado a una ceremonia religiosa en la que se proclamó a Jesucristo “rey de Polonia”. Por su parte, el líder del partido en el poder, Jarosław Kaczynski, se muestra paciente ante la oleada de críticas a este proyecto: “los comunistas no consiguieron controlar a los profesores en 45 años, así que yo no cuento con hacerlo en solo cuatro”.

A pesar de que Polonia es el país que más fondos para el desarrollo recibe de la Unión Europea, Kaczynski y su partido han mostrado repetidamente sus desavenencias con Bruselas. Desde la capital europea, la Comisión Europea se plantó este lunes y dio un paso más, sin precendentes, para llamar al orden a Varsovia, a la vista de que sus esfuerzos por el momento no han tenido frutos. El premier Morawiecki afirmó hace poco que “la UE es un club imaginario de poca importancia para los polacos”. Y la Universidad Pública de Varsovia imparte el curso “La sociología de Jarosław Kaczynski”, con un temario sobre “la visión del mundo” y “el alto apoyo social” del líder polaco.

La universidad, campo de batalla

Precisamente la universidad se presenta como el próximo campo de batalla del pulso entre gobierno y estudiantes. Con la nueva reforma se permitirá que la mayoría del consejo rector esté formado por “personas del entorno universitario” que no tienen por qué ser académicos, y ni siquiera el rector de estos centros deberá ser profesor. Esto abre las puertas a que sean representantes del gobierno o de grandes empresas quienes controlen el cuerpo administrativo de las universidades públicas y que, en última instancia, se prime la enseñanza técnica frente a las Humanidades, ya que el nuevo sistema otorgará más medios a los centros que resulten más rentables económicamente y que reciban una evaluación más favorable por parte del gobierno.

Las universidades de ciudades pequeñas perderán competitividad e importancia frente a las grandes universidades de Varsovia, Cracovia o Breslavia. Además, la llamada “Ley 2.0” estipula que las profesoras e investigadoras deberán jubilarse a los 60 años de edad, en vez de a los 65 como sus colegas masculinos. Teniendo en cuenta que durante su vida laboral una mujer puede tener bajas por maternidad, esta ley les coloca en clara desventaja frente a los hombres a la hora de extender sus estudios, llevar a cabo investigaciones de gran calado, obtener post doctorados o tener una carrera más destacada. En todo el país se han sucedido las sentadas y manifestaciones de estudiantes universitarios y el año pasado, la residencia oficial del rector de Varsovia fue ocupada por manifestantes.

Reescribir la historia en los libros de historia

Para muchos, la reforma educativa es una expresión más de la voluntad del PiS de reescribir la historia. Recientemente, la ley que criminaliza negar la participación de Polonia en el Holocausto judío levantó protestas en todo el mundo. La implementación de la “ley de decomunización”, que intenta borrar todo rastro del pasado comunista en el país destruyendo cualquier monumento que ensalce o recuerde este periodo señala 2019 como el año en que deberán haber desaparecido todos los vestigios de la era comunista. Periódicamente renacen los rumores sobre la demolición del mayor rascacielos del país, el Palacio de la Cultura de Varsovia, de 237 metros de alto, que fue un “regalo de Stalin al pueblo polaco”. Otros edificios han sido “indultados, como la antigua sede de la KGB, que actualmente alberga la Bolsa de Varsovia.

El año próximo habrá elecciones generales en Polonia, y a pesar de que el PiS ostenta la mayoría en el Parlamento y lidera la intención de voto, el gobierno está implantando la reforma educativa a marchas forzadas. Las consecuencias a largo plazo están aún por ver, pero el caótico estado actual del entorno académico hace dudar que se repitan los éxitos alcanzados en años anteriores. Mientras se aclara el futuro dentro y fuera de las aulas, en la puerta de una escuela de Cracovia los alumnos de una clase de quinto curso se dividen en dos grupos para una actividad extraescolar: los chicos van a practicar tiro con pistolas de bolas, las chicas van a resolver puzles en una sala de juegos.

(Fuente: El Confidencial / Autor: Miguel Gayo Marcías)

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