Bernat Dedéu: “Los líderes independentistas han preferido el martirio de la prisión y el exilio antes que cumplir su compromiso”

Bernat Dedéu (Barcelona, 1979), filósofo, escritor y comentarista político, forma parte del selecto ramillete de intelectuales de cabecera del independentismo catalán. Su elocuencia y su pluma afilada le han granjeado miles de seguidores y sus opiniones son siempre tenidas en cuenta en los núcleos de poder en Cataluña, precisamente por su capacidad de influencia en el votante medio. Por eso, su reciente viraje preocupa y mucho. Dedéu está cansado del ‘procés’, movimiento del que ya habla con una mezcla de desprecio y cinismo. Se siente engañado y su objetivo es convencer al votante independentista de que sus políticos, se llamen Carles Puigdemont, Quim Torra o Gabriel Rufián, le están robando la cartera.

Ha pasado de ser un referente moral del independentismo antes del 1 de octubre a que le llamen “españolista” y “troll de Ciudadanos”. No está mal.

Un maestro me dijo que los buenos filósofos son los que te hacen pensar de otro modo, y siempre he creído que la base de nuestro trabajo es ser tocapelotas. ¿Eso te hace ser un disidente? Pues quizá. Pero me dan igual los elogios de antes y los insultos de ahora. Ya he pagado un precio por decir según qué cosas.

¿Qué precio?

Que los tuyos te quiten el trabajo. Me pasó en Catalunya Ràdio, en las universidades… Son los tentáculos [del poder].

Ponga algún ejemplo.

Mire, le diré una cosa que me sorprendió. Una miembro del entorno del ‘president’ a la que aprecio mucho me dijo ‘tienes que ir con cuidado porque tú no tienes cojín’. Le dije ‘si no te conociera diría que me estás amenazando’. Y me respondió ‘no, pero mucha gente en el entorno del ‘president’ tiene cojín y tú no lo tienes’. Pues bueno, ‘freedom is no free’ como dicen. Cayó mi colaboración en un espacio de filosofía en Catalunya Ràdio que funcionaba como un tiro y en TV3 seguí por casualidad, luego proyectos profesionales que un día son fantásticos al día siguiente no lo son… Pero lo asumo, estamos en las trincheras. Lo grave es cuando esas cosas pasan en un lugar donde la gente tiene pretensiones de moral.

Y todo por ser un purista de la independencia de Cataluña y exigir a los políticos que implementen la república ya. Menuda paradoja.

Existe la tentación de creer que han pasado muchas cosas desde el referéndum porque nos hemos basado todos en una dialéctica de jornada histórica cada semana, pero eso a lo que llamamos ‘procés’ no ha variado. Tenemos a una administración catalana que intenta hacer un proceso insurreccional de independencia negociando paralelamente con el gobierno español, y eso ya se puede afirmar objetivamente. El 1 de octubre fue un éxito operativo, político y hasta propagandístico, ese día el mundo sí nos miró. Pero ese referéndum no se hizo con intención de aplicarlo, sino de presionar a un Estado que no se dejó presionar. Hoy sabemos que hay una clase política que no solo dijo medias verdades, sino que nos engañó, haciéndolo de una forma muy catalana: con la apariencia de hacer las cosas muy bien, con unas leyes de transitoriedad cuyo objetivo era no aplicarlas. Todo el lío del 6 y 7 de septiembre se reduce a que el único acto de desobediencia que hemos visto en el ‘procés’ es el de los parlamentarios catalanes desobedeciendo las leyes que ellos mismos aprobaron. Todas esas mandangas las lees ahora y piensas “¿pero qué se fumaron estos tíos?”. No hacían falta esas leyes. Tampoco necesitaba el Estado usar la violencia el 1 de octubre y se equivocó.

Ese día España perdió la cara ante Europa pero parece que no le ha pasado mucha factura, justicia belga aparte.

España es un estado con profundos déficits democráticos, pero aún con eso es, según todos los barómetros internacionales, perfectamente democrático, y eso hace más difícil la independencia. Luego hay otra cosa aún más dolorosa y es que los líderes independentistas han preferido el martirio de la prisión y el exilio antes que cumplir su compromiso. Otra cosa que ahora hemos sabido: Carles Puigdemont mintió cuando atribuyó a una mediación internacional la suspensión de la declaración de independencia. Lo demuestra estos días pidiendo la mediación de Donald Tusk [presidente del Consejo Europeo], el líder de un partido conservador en Polonia, un señor más a la derecha que Mariano Rajoy. Así pues, tenemos un lenguaje republicano que se complementa con la dialéctica autonomista de toda la vida. Un presidente [Quim Torra] que reclama una gran marcha por la libertad y la gente, como no es gilipollas, dice “oiga esto qué significa”. No solo eso. El ‘president’ baja el lunes a dar palmadas en la espalda a la gente acampada en la plaza Sant Jaume y el martes les envía los Mossos d’Esquadra para desalojarlos. La gente empieza a preguntarse “¿para qué salimos a la calle?”. En la última Diada la gente no sabía para qué se manifestaba.

¿El Estado español está pues ganando la partida?

El Estado piensa que ha ganado la partida y la quiere administrar de forma razonada. Hoy se sabe que la clase política catalana habría acatado el 155 si Rajoy lo hubiera implementado una semana antes del referéndum. Mandar a la policía a repartir palos fue su gran cagada y hacer el referéndum fue la gran victoria del independentismo. Solo con echar a Trapero unos días antes, tomar las riendas de la consejería de Interior e impedir la votación en Barcelona el referéndum se acaba, porque, como digo, los políticos catalanes lo habrían acatado todo. Eso nos hace ver que necesitamos una regeneración urgente. Tu pareja puede engañarte muchos años, pero al final el engaño te da una ética del ‘me da igual todo’ que un día llegas a casa con un chupetón, despeinado y oliendo a perfume de señora o de señor. Y tu esposa o marido dice “a ver si quizá no vienes del gimnasio”. Estamos en un momento muy interesante de clarificación de las cosas y ya tenemos mucha información de lo que ha pasado. Ya nadie puede decir que la clase política catalana quería aplicar el referéndum, eso ya es indefendible.

Usted ha bautizado esta nueva era como la segunda transición española. Explique.

En resumen, consiste en que la gente en prisión salga a cambio de renunciar a la independencia. La segunda transición será el retorno a dinámicas que muchos creíamos que este proceso superaría. El caso de Ernest Maragall [alcaldable por ERC en Barcelona] es sintomático, un partido republicano que hace una sucesión monárquica en Barcelona, compra un apellido y compra un modelo de ciudad concreto [el de Pasqual Maragall]. Es la sensación de volver a tener 18 años, pero con barriga y canas. Vivo con perplejidad este retorno al pasado, estoy viendo este Delorean que es el pujolismo resucitado por la clase política catalana. Se está incluso creando un nuevo Jordi Pujol, que en este caso es Oriol Junqueras, con la idéntica mística de la prisión. Reivindicación, prisión y retorno. Es la vuelta al autonomismo de toda la vida. La táctica va por ahí.

Pero un indulto de los políticos presos desarma el discurso actual del Govern, que hoy ya no es independencia sino libertad.

Eso es lo que inteligentemente piensa Pedro Sánchez, porque en Madrid, contrariamente a lo que creen mis colegas independentistas, la gente no es idiota. Sánchez cree que tiene la partida ganada y ahora tiene que dosificar la victoria con la aprobación del independentismo para gestionar los indultos. Esta semana hemos visto a [la delegada del Gobierno en Cataluña] Teresa Cunillera lanzar un globo sonda, a ver qué pasa. Aunque para que haya indulto antes debe de haber condena y admisión de los delitos por parte de los presos. Pero si al final Cataluña ha de ser una autonomía de España, esta gente algún día tiene que volver, y la historia nos enseña que cuando un presidente vuelve del exilio lo hace con un pacto que básicamente beneficia a quien tiene la sartén por el mango. Por eso Ciudadanos, que es la nueva Convergencia, reclama tanto a Tarradellas, que es el paradigma del ‘primero te echamos’, que hay que ver cómo vivía Tarradellas en el exilio, no le funcionaban ni los enchufes de la casa, no como lo que con todos lo respetos vive Puigdemont, y luego te cogen de las pelotas y te dicen “¿quieres volver? Pues vuelves pero con calma y con un estatutito y aquí mandamos nosotros”.

El trauma social de regresar al autonomismo puede ser muy duro.

A la gente no le puedes prometer una cosa y luego dejarla en pelotas tan fácilmente. Si la clase independentista dice ahora “oigan, nosotros imaginamos una aventura y por falta de previsión nos hemos equivocado”, argumento que sería falso pero bueno, pues volvemos al autonomismo, no pasa nada, pero han de dimitir al instante. El otro día Gabriel Rufián salió diciendo que quieren pinchar el globo del independentismo mágico, ¡pero es que ese globo lo ha creado él! A eso en Occidente se le llama dimitir. Los diputados catalanes en ejercicio prometieron al pueblo unas restituciones que ellos sabían que no estaban dispuestos a hacer. Un problema es que no hemos tenido el nivel de exigencia hacia nuestros políticos que tenemos en nuestra vida diaria o en nuestros trabajos. La ilusión y el sentimentalismo a menudo ha superado la racionalidad y lo estamos pagando caro.

¿Augura protestas en el Parlament en contra del Govern por incumplir sus promesas?

No lo sé, pero vaya, cuando un líder falla buscas a otro. Hoy la ‘sociovergencia’ sigue mandando, se llame Ernest Maragall o Manuel Valls. Un país no cambia de la noche a la mañana. Cuando la gente por fin entienda que esto no tira pues buscará alternativas. Y si no lo hace y lo que le interesa es seguir con el chantaje emocional de los presos y verter la lagrimita con tal de no pensar, pues quizá es que merecemos ser una autonomía del Reino de España. El tiempo del 155 post 1 de octubre nos enseña una cosa: una parte de la clase política catalana no aguanta cinco meses sin sueldo. Gente que nunca ha dejado de cobrar un sueldo público como Pere Aragonès o Elsa Artadi no está preparada para iniciar un proceso de independencia que, siendo optimistas, puede durar 5 o 10 años. Por eso ante los cambios que algunos proponemos de regeneración política, de listas abiertas, los cargos de la Generalitat responden atrincherándose aún más. Esto va por fases y aún no hemos llegado a tener una clase política capaz de sacrificarse. La historia del 155 es eso, la de una clase política que no puede estar unos meses sin cobrar. Recuerdo cuando la investidura de Quim Torra que hubo abrazos en el Parlament, unos estallidos de júbilo… Es que hay gente ahí que no ha ganado en su vida 5.000 euros, o 2.500, y que por primera vez en su vida come bien, y taxis, y aves, y claro dejar eso cuando no has vivido nada más es muy difícil, sobre todo cuando vas por los sitios y la gente te echa flores. Los funcionarios del Estado que vinieron a Cataluña pensaron que se encontraría a una administración de uñas y en realidad dimitió muy poca gente.

Se le ha criticado por frivolizar el trauma nacional de los presos políticos.

Si los políticos en prisión no han hecho nada tenemos que ayudarlos a salir de ahí y que puedan tener una vida tranquila. Pero si no hicieron nada, políticamente les tendremos que pedir explicaciones. Yo creo que no hicieron nada más allá de un delito de desobediencia, quizá malversación, pero cualquier jurista sabe que no hay rebelión. Que vuelvan pues con sus hijos y sus esposas, estupendo, es muy doloroso lo que están pasando, pero también es muy grave que se saltasen las leyes [de transitoriedad] firmadas por el Parlament, porque entonces ¿para qué hemos hecho todo esto? El problema es que si tú criticas a los presos no eres pueblo. Te dicen “¡no eres catalán! ¡dices lo mismo que Ciudadanos!”.

Se les ha atribuido a los presos cierta ingenuidad. El famoso farol admitido por la ‘exconsellera’ Clara Ponsatí que se les fue de las manos.

Fíjese si es delirante lo de los presos, y triste para ellos, que están en prisión por una cosa que no hicieron. Porque si tú cometes un delito y te pescan, vale, pero si no lo cometes y terminas en prisión es lo peor que te puede pasar. Muchos de ellos pensaban, y alguno ya lo está contando, que estarían diez días y saldrían. Recuerdo una campaña que decía “si quieres que vuelva el ‘president’, vota al ‘president'”. Y ahí sigue, en Bruselas. Es esa cosa que tiene Convergencia que siempre se inventa algo para darle la vuelta a las encuestas y ganar a ERC. En tres años se inventarán otra cosa, una confederación de repúblicas en España o vete a saber. Pero la gente un día dice “hasta aquí”. Hemos comprado nueve camisetas para nueve manifestaciones, venido del Valle de Arán a Barcelona para estar seis horas bajo el sol, hemos votado lo que nos habéis dicho, vemos los culebrones de TV3, oigan, ya no podemos más.

Los críticos califican el ‘procés’ de estafa. ¿Lo es?

Es una estafa, no hay otra forma de decirlo. Pero las estafas siempre caen, como la de Madoff. Al final la gente que se cree inmune cae por mucho que la justicia sea lenta, y en este caso la gente es juez de los políticos. Hemos tenido que esperar muchos años para revisar el pujolismo o el aznarismo, pero al final se ha hecho. Harán las cabriolas o dirán las monsergas que quieran, pero esto ya no da más de sí y la gente se da cuenta. ¿Que hay una segunda transición española? Pues habrá que explicárselo a la gente, y posiblemente muchos dirán que alabado sea Dios y así ya vivimos bien. ¿Seguir siendo autonomía es nuestro destino como generación? Sería una pena, pero empecemos ya a decirnos la verdad. Cambiemos el ‘digámonos cosas bonitas’ por el ‘digámonos la verdad’.

Qué imprudente parece inflamar las calles cuando no se está dispuesto a hacer nada políticamente. Qué debe de pensar por ejemplo ese hombre que perdió un ojo el 1 de octubre [el músico Roger Español] al ver que no se hace nada.

Bueno, a ese chico le han dado una Cruz de Sant Jordi. Es que son muy buenos folclorizándolo todo. Hay que reconocer que haciendo chantaje emocional son extraordinarios. Son ese boxeador que cuando está arrinconado en el ring se saca un gancho ganador y dices “¿cómo lo ha hecho?”. Ese chico que perdió un ojo debería de estar muy cabreado con su clase política. Pues toma una Cruz de Sant Jordi y ya lo convertimos en símbolo de una cosa que no sabemos adónde va, pero tú dale para adelante. Con los familiares de los presos ya verá, formarán parte de candidaturas electorales. Pero ninguna guerra se gana desde la condición de víctima.

¿En el futuro la gente votará independentismo sabiendo que solo hay autonomismo?

Es lo que se ha hecho toda la vida.

Pero antes era distinto.

Quizá a la gente le gusta más querer ser independentista que serlo de verdad. Ya veremos. Lo preocupante es que mientras el independentismo autonomista negocia en Madrid tienes a un ‘president’ que dice lo que dice, aunque sean mandangas, y dice que la gente salga a la calle. Eso puede ser peligroso. No creo en ese discurso de Ciudadanos de que existe violencia, pero sacar a la gente a la calle constantemente te expone a que un día ocurra un accidente, sobre todo si la sacas sin tener una agenda ni decirle por qué.

¿Cómo ve a Quim Torra?

Torra ha venido a intentar resucitar la Convergencia de siempre, a blanquearla con un lenguaje republicano y a folclorizar la república, que es lo último que les faltaba. Primero folclorizaron el derecho a decidir, luego la independencia, luego la autodeterminación y ahora la república. Torra estará un tiempo de presidente, en parte porque Puigdemont no puede volver mientras no haya un pacto. Y se intentará un pacto tácito con Sánchez para mitigar el eje nacional en favor de esa tontería del eje social. Torra hará lo mismo que Sánchez, decir “yo haría esto o lo otro pero no puedo, la derecha no me deja”.

¿Contra el PP se vivía mejor?

Pedro Sánchez tiene una ventaja enorme y es que Rajoy le hizo todo el trabajo sucio. Lo que haga Sánchez por desescalar lo podrá vender como un triunfo. Torra se podría haber convertido en alguien que dijera la verdad a los catalanes. En su discurso de inicio de curso en el Teatro Nacional esperaba honestamente que dijera “esto no ha funcionado porque estos señores han preferido el autonomismo, y yo que soy un editor independiente propongo que montemos otra cosa porque con esta gente es imposible”.

Pero esa gente incluye a Carles Puigdemont, que es su padre político.

Siempre hay que matar al padre para prosperar en la vida, eso lo sabemos todos.

Puigdemont es el mesías del ‘procés’, cómo va a hacer eso.

Y también lo fue Artur Mas, y lo fue Jordi Pujol. Y mire.

¿Cómo ve el papel de TV3 y Catalunya Ràdio, siempre en el ojo del huracán?

En Cataluña se han hecho cosas mal a nivel comunicativo. Tenemos una tele de las más plurales de España, pero no podemos tener a una opinadora que cada día habla sola en televisión, sea Pilar Rahola, Empar Moliner o yo mismo si me lo pidieran. No podemos tener a gente dando sermones en la tele. Los medios catalanes ahora mismo son una ‘consellería’ más, aunque está bien que un medio público pueda hacer propaganda en momentos concretos, la BBC hizo campaña por el ‘no’ en el Brexit.

¿Seguirá Torra inflamando a la gente en el segundo aniversario del referéndum dentro de 12 meses o no aguantará tanto el castillo de naipes?

A la gente que me pregunta siempre le digo que lo más parecido a mañana es el día de hoy. Es decir, que la vida al final no cambia demasiado. Lo normal sería que los partidos, mediante las elecciones municipales y europeas en las que seguramente presentarán a los exiliados, intenten explotar su victimismo y la falsa república. Nos esperan unos años de máxima degradación, pero decía Hegel que las épocas solo se entienden en su ocaso, cuando algo no puede bajar más es cuando entiendes los cambios. La clase política catalana tiene pocos visos de cambiar. Las ilusiones que nos haremos dentro de un año serán las mismas que nos hemos hecho este año y las incumpliremos de la misma manera hasta que la gente un día reaccione. Y ese día, cada cual en lo más íntimo, decidirá cómo quiere seguir.

(Fuente: El Confidencial / Autor: David Brunat)

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *