Euskal Herría: Comunicado de Aurrerantz por el Gudari Eguna 2018

Menos de dos meses antes de su muerte en la cama, el dictador Franco mandó asesinar el 27 de septiembre de 1975, mediante fusilamiento al alba, a dos militantes de ETA y a tres españoles, pero el fascismo no ha muerto y menos aún lo ha hecho el nacionalismo imperialista español. Al contrario, las bandas franquistas se han envalentonado en Catalunya mientras que seiscientos militares españoles exigen rehabilitar al dictador y las manadas reaccionarias acuden a rendir homenaje a su momia, incitadas por una fanática campaña mediática y por el aviso del PP de que las movilizará en la calle.

Pero esto es la forma externa de un movimiento de fondo que recorre al capitalismo mundial y que tiene en la Administración Trump –felicitada por EH Bildu en su tiempo– el exponente más peligroso de la ola de neofascismo rampante, mientras que otro exponente más cercano a nosotras es el autoritarismo creciente del Gobierno de Nafarroa expresado en su ataque al gaztetxe Maravillas. Son dos formas diferentes de la misma tendencia que podríamos acompañar con otras muchas más: la limitación de derechos de huelga en Alemania, la involución militarista en el Estado francés, el neofascismo en Polonia, Hungría, Italia…

¿Qué tiene que ver todo esto con los fusilamientos del 27-S? Todo. Frecuentemente es mejor empezar por lo general para iluminar lo singular. De hecho, los asesinatos del 27-S solo se comprenden en su pleno sentido en el contexto de crisis agónica del franquismo dentro de una crisis prerrevolucionaria del imperialismo: y en medio, ETA y el FRAP. Más exactamente, en medio se encontraba la lucha armada por la independencia socialista de Euskal Herria. El franquismo y la OTAN podían aguantar mal que bien al FRAP pero no a la revolución vasca. ETA resistió cuarenta y dos años porque la lucha nacional de clase en Euskal Herria tenía y tiene una lógica propia, diferente a la española, pero al final ETA entregó las armas al opresor y con ellas todo el tesoro de coherencia y dignidad heroicamente acumulado.

En las últimas cuatro décadas el capitalismo ha introducido un cambio importante en su forma de explotación, aunque sigue siendo el mismo: el poder del capital financiero-especulativo. En Euskal Herria la financiarización ha transformado a las burguesías autonomistas y regionalistas, y junto a las nuevas estrategias de contrainsurgencia ha debilitado a la clase obrera industrial anterior y sus formas de autoorganización, facilitando el ascenso a la dirección de fuerzas reformistas que han forzado la rendición de ETA que abandonó a su suerte a la militancia prisionera, exiliada o huida.

La claudicación de EH Bildu y Sortu ante el PNV para lograr que este firmase el pomposo «Nuevo Estatuto» ha demostrado ser uno de tantos giros ciegos hacia el centro que solo concitan las risotadas del poder, al igual que sucedió con esa aberrante firma de EH Bildu de la declaración oficial del Congreso español, junto al PPPSOE, C’s, Podemos, etc. La pasividad o la colaboración de EH Bildu con las presiones de Geroa Bai contra la juventud trabajadora en Iruñerria, por citar un caso reciente, son otro ejemplo del posicionamiento reformista asumido como estratégico. Mientras, el nuevo gobierno psoecialista se niega a cualquier gesto de solución siquiera con las prisioneras y prisioneros políticos vascos, aunque necesite vitalmente los votos de PNV y EH Bildu: el actual gobierno español se sabe con fuerza, conoce al dedillo el desmoronamiento interno de EH Bildu y de Sortu y la eterna mansedumbre egoísta del PNV ¿Para qué va a ceder algo importante frente a esos dóciles escaños?

Todo indica, además, que se está debilitando la bonanza económica que ha beneficiado a la burguesía en su conjunto desde 2015 y que ha empobrecido a los pueblos desde 2010. En Hego Euskal Herria la juventud, la mujer trabajadora y el pensionado son la punta de lanza de un pueblo obrero que busca cómo reorganizarse. Pero el desplome del reformismo abertzale ha sumido a muchos luchadores en el desconcierto y a otros les ha noqueado políticamente. Las sucesivas contrainsurgencias y la pasividad de la izquierda desde 2009 han hecho que se debilite mucho la presencia del 27-S en la cotidianeidad del pueblo trabajador.

La rendición de ETA y el reformismo abertzale han roto los vitales canales de continuidad de la memoria nacional, de clase, política, militar, etc., fruto de medio siglo de lucha constructiva y plantea un presente sin pasado y sin futuro de libertad. Ese pasado se ha esfumado por la pasividad e indiferencia del reformismo abertzale, obsesionado en pedir perdón al torturador y en vaciar el contenido revolucionario de la historia del MLNV, término del que se arrepiente, No puede haber libertad en el presente ni en el futuro cuando se ha aceptado la legalidad opresora.

Sin embargo, de 2008 a 2018 han surgido nuevas levas de jóvenes que no conocieron el pasado reciente pero que malviven en peores condiciones que entonces y que, sobre todo, saben por amarga experiencia diaria que ya no tendrán los pocos derechos y libertades de sus padres. Y también, poco a poco, empiezan a moverse sectores que habían bajado o parado su militancia. Muchos creyeron las promesas de la «nueva estrategia» y al ver su humillante fracaso empiezan a hacerse preguntas. Mediáticos dirigentes reformistas les han vuelto a prometer el paraíso si apoyan el Nuevo Estatuto, vacío de contenido porque así lo exige el PNV.

Las tareas que se nos presentan son abrumadoras, pero tienen una constante de esperanza: ahora hay más movimiento de liberación nacional de clase que hace tres o cuatro años, las nuevas fuerzas militantes que irrumpen ya no se creen la demagogia de los genuflexos ni sus excusas, en estos y en otros sectores se ha hundido el mito del legalismo parlamentarista e institucional como la panacea de todas las soluciones, se empieza a recuperar y actualizar la siempre necesaria autoorganización…

El recuerdo del 27-S, de aquellos gudaris revolucionarios, nos golpea con miles de preguntas que debemos responder en el presente y para el futuro que hemos vuelto a abrir.

Es necesario construir y organizar un nuevo proceso que vertebre, en este siglo XXI, al pueblo trabajador vasco actual en la lucha contra la opresión de clase, nacional y de género, nudo gordiano que no se ha conseguido desatar en los últimos sesenta años. La creación de una nueva estrategia revolucionaria es la principal tarea a desarrollar en los próximos tiempos. En la medida que construyamos organizaciones y movimientos revolucionarios avanzaremos para desatar ese nudo que nos ahoga. La rebelión es necesaria para los pueblos que oprimidos. Es hora de organizarse.

¡Socialismo e independencia!

Aurrerantz

26 de septiembre de 2018

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